«No tengas miedo de lo que estás por sufrir. Te advierto que a algunos de ustedes el diablo los meterá en la cárcel para ponerlos a prueba, y sufrirán persecución durante diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida». (Ap. 2:10). Estas fueron las palabras del Señor Jesús a la iglesia de Esmirna. La mayoría de los escritores antiguos coinciden en que el líder de esta iglesia era Policarpo, un discípulo del apóstol Juan.
Después de un tiempo, el pastor Policarpo y su congregación empezaron a sufrir la persecución. Los amigos de Policarpo trataron de esconderle, sin embargo, sus perseguidores le descubrieron. Fácilmente hubiera podido huir, pero no quiso hacerlo, diciendo: «Sea hecha la voluntad de Dios». Recibió cordialmente a sus perseguidores y les preparó comida; además, les imploró por una hora de soledad. Durante esa hora, revisó su vida y luego encomendó su congregación a Dios. Al terminar la oración le arrestaron.
Ya preparado para el sacrificio y puesto sobre la leña empezó a orar a Dios: “Te agradezco que me contaste digno de tener lugar entre los santos mártires; y digno de compartir de la copa de sufrimiento que bebió Jesucristo; para sufrir junto con Él y compartir sus dolores…” Finalizando su oración, los verdugos prendieron fuego a la leña. Así murió Policarpo en el año 168 d.C.
Conductor: Nicolás Osorio.
Guión: Giovanny Gómez Pérez.
Producción: Pilar Prieto.
Edición del video: Fernando Ordóñez.
Apoyo gráfico: Nayibe Gómez.
Música: Envato Elements y Biblioteca de audio de Youtube.
Antes de cumplir los doce años John Gibson Paton tuvo que dejar la escuela para empezar a trabajar en casa. Sin embargo, en sus tiempos libres aprovechaba para leer la Biblia.
Fue ordenado ministro en 1858, se casó y 14 días más tarde partió para el Pacifico Sur. Después de una travesía larga y agotadora, John y su esposa finalmente llegaron a Tanna, un territorio habitado en ese momento por caníbales.
Su primer reto fue construir su casa sobre las ruinas de la casa del anterior misionero que había sido comido por los caníbales. El 12 de febrero de 1859 nació su primogénito y tan sólo 19 días después su esposa Mary murió de fiebre tropical. Quince días más tarde, su hijo también dejaría de existir y se quedaría solo.
Las tribus isleñas tenían prácticas muy violentas, cuando moría un hombre, mataban a la esposa para que ésta le sirviera en la vida próxima. Cuando había guerras o peleas entre ellos, los victoriosos cocinaban y comían a los perdedores. John se preguntaba cómo iba a evangelizarlos, pero continuó con su trabajo arduo.
Luego de varios años y de estar en riesgo de ser asesinado y comido por las tribus varias veces, su trabajo tuvo un gran éxito. Con el tiempo, se crearon en la región iglesias, casas para huérfanos y escuelas.
Conductor: Nicolás Osorio.
Guión: Lucas Abadía y Giovanny Gómez Pérez.
Producción: Pilar Prieto y Giovanny Gómez.
Edición del video: Fernando Ordóñez.
Música: Envato Elements.
Erasmo nació como un hijo ilegítimo de un sacerdote holandés y de la hija de un médico. Vivió en busca del conocimiento, en busca de la piedad, enamorado de los libros y oprimido por el miedo a la pobreza. En el camino, sus escritos y erudición comenzaron un terremoto teológico que no se detuvo hasta que la cristiandad de Europa occidental se dividió.
Nacido en Rotterdam, huérfano de la peste, Erasmo fue enviado inicialmente a la escuela capitular de St. Lebuin, que enfatizaba en el aprendizaje clásico y en las humanidades. Pero luego fue llevado a una escuela dirigida por los Hermanos de la Vida Común. Allí absorbió el énfasis de una relación personal con Dios pero le repugnaban las severas reglas de la vida monástica y la actitud de los teólogos intolerantes.
Pero era pobre, y tanto a él como a su hermano no les quedaba otro camino que la vida monástica; Erasmo entonces decidió unirse a los agustinos. Quería viajar y ganar algo de espacio académico. Y tan pronto como fue ordenado sacerdote en 1492, lo hizo, convirtiéndose en secretario del obispo de Cambrai, quien lo envió a París para estudiar teología.
Odió estar allí también. Los dormitorios olían a orina, la comida era mala, los estudios mecánicos y la disciplina brutal. Pero pudo comenzar una carrera como escritor y viajero que lo llevó a la mayoría de los países de Europa. Aunque a menudo se quejaba de su mala salud, se sentía impulsado por el deseo de buscar a los mejores teólogos de su época. En un viaje a Inglaterra en 1499, se quejó de la mala cerveza, la barbarie y el clima inhóspito, pero también conoció a Tomás Moro, con quien entabló una amistad por el resto de su vida.
En el mismo viaje escuchó a John Colet enseñar las Escrituras de forma clara y profunda, no las capas de comentarios que había estudiado en París. Colet alentó a Erasmo a convertirse en un estudioso de los textos clásicos del cristianismo y a estudiar las Escrituras como los Padres de la iglesia, no como los escolásticos.
La relación de Erasmo con la teología escolástica fue muy difícil. Siempre pensó que los escolásticos le habían arrancado al cristianismo su verdadera identidad, y para comprobarlo se dedicó al estudio de los clásicos y del Nuevo Testamento en su idioma griego original, idioma que llegaría a dominar como pocos en su tiempo.
El resultado fue la obra más importante que le legó al cristianismo: una edición del Nuevo Testamento en griego original, llamada Textus Receptus, publicada en 1516. El nombre Textus Receptus se le asignaba a la sucesión de textos impresos griegos del Nuevo Testamento, de los cuales los más antiguos databan de aproximadamente el siglo décimo.
El Textus Receptus es muy importante, ya que constituyó la base de traducción para la Biblia alemana original de Martín Lutero, la traducción del Nuevo Testamento al inglés de William Tyndale, la versión Reina-Valera en español y la mayoría de las traducciones del Nuevo Testamento de la época de la Reforma a lo largo de toda Europa.
La edición publicada por Erasmo, fue acompañada de notas de estudio y una traducción al latín, corrigiendo al menos 600 errores de la Vulgata Latina de Jerónimo.
Dos de los elogios más notables del trabajo de Erasmo vinieron del Papa León X y de un monje alemán llamado Martín Lutero.
Antes de ese punto de inflexión, Erasmo se había hecho famoso por otros escritos, como El elogio de la locura, que había sido publicado en 1511.
Su traducción del Nuevo Testamento también le dio fama. Esto y sus ataques a la iglesia llamaron la atención de Lutero, quien le escribió pidiendo apoyo.
Lutero y Erasmo nunca se conocieron, pero sus causas se entrelazaron. Los enemigos de Erasmo lo acusaron de inspirar a Lutero. Y de hecho, Erasmo encontró mucho de lo que le gustaba en los escritos del alemán, describiéndolo como «una poderosa trompeta de la verdad del evangelio». Reconoció que Lutero tenía razón en sus opiniones, pero, añadió que había cometido dos errores graves, atacar la tiara papal y el vientre de los monjes.
George Whitefield fue probablemente la figura religiosa más famosa del siglo XVIII. Los periódicos le llamaban «la maravilla de la época».
Whitefield era un predicador capaz de comandar a miles en dos continentes a través del poder puro de su oratoria. En su vida, predicó por lo menos 18.000 veces a tal vez 10 millones de oyentes.
George Whitefield era hijo de una viuda que administraba un hotel y desde muy niño le gustó el teatro y la actuación. Como provenía de una familia muy pobre y no tenía el dinero para pagar la matrícula, entró en Oxford como un «servitor», la categoría más baja entre los estudiantes de esa casa de estudios, es decir, que, a cambio de su matrícula, fue asignado como asistente de un cierto número de estudiantes de más alta categoría social. Entre sus deberes figuraban: despertar a estos jóvenes por la mañana, sacar lustre a sus zapatos, cargar sus libros y hasta redactar sus trabajos académicos. Mientras estaba allí, se encontró con un grupo de piadosos «metodistas» que se llamaban a sí mismos «el Santo Club» dirigidos por los hermanos Wesley, John y Charles. Bajo su influencia, Whitefield experimentó un «nuevo nacimiento» y decidió convertirse en un misionero en la nueva colonia de Georgia en el otro lado del Océano Atlántico.
El viaje fue retrasado y Whitefield fue ordenado diácono en la iglesia anglicana con tan solo 21 años, y comenzó a predicar alrededor de Londres. Se sorprendió al descubrir que dondequiera que hablaba, las multitudes eran muy receptivas a su mensaje. No eran sermones comunes. Él retrataba las vidas de los personajes bíblicos con un realismo que nadie había visto antes. Lloraba, bailaba y gritaba al hacerlo.
Whitefield eventualmente llegó a Georgia pero se quedó por sólo tres meses. Cuando volvió a Londres, encontró muchas iglesias cerradas a sus métodos no convencionales. Luego experimentó con la predicación al aire libre, extemporánea, donde no había ningún documento o púlpito de madera entre él y su audiencia.
En 1739, Whitefield emprendió una gira de predicación en las colonias americanas. Eligió a Filadelfia, la ciudad más cosmopolita del Nuevo Mundo, como su primera parada. Pero incluso las iglesias más grandes no podían sostener a las 8.000 personas que vinieron a verlo, así que los llevó al aire libre.
Cada parada a lo largo del viaje de Whitefield fue marcada por audiencias récord, excediendo a menudo la población de las ciudades en las cuales él predicó. Su tema principal era la necesidad del «nuevo nacimiento», con lo que se refería a una experiencia de conversión.
Whitefield también hizo de la comunidad esclava una parte importante de sus viajes y siempre buscó llegar a más audiencias de esclavos. La respuesta fue tan grande que algunos historiadores catalogan estos eventos como el nacimiento del cristianismo afroamericano.
Whitefield tenía dividido su día así: 8 horas para dormir, 8 horas para orar y para estudiar la Biblia y 8 horas para estar con las personas. Era profundamente elocuente. Casi siempre lloraba al predicar. Vivió casi toda su vida en la pobreza pero con una fe ardiente.
Whitefield después fijó sus ojos en Escocia, a la cual él haría 14 visitas en toda su vida. Su visita más dramática fue la segunda, cuando visitó la pequeña ciudad de Cambuslang, que ya estaba experimentando un avivamiento.
Su servicio nocturno atrajo a miles y terminó alrededor de las 2:00 de la mañana. El sábado, Whitefield, en un acuerdo con los pastores de la zona, predicó a unas 20.000 personas en servicios que se extendían hasta bien entrada la noche.
Con cada viaje a través del Atlántico, se hizo más popular. De hecho, gran parte de la primera controversia que rodeó los reavivamientos de Whitefield desapareció. Antes de finalizar sus visitas a las colonias americanas, prácticamente todos los hombres, mujeres y niños habían oído el «Gran Itinerante» al menos una vez.
Tan penetrante fue el impacto de Whitefield en los Estados Unidos que él puede ser llamado el primer héroe cultural de América.
En 1770, a los 55 años continuó su gira de predicación en las colonias como si todavía fuera un joven itinerante. Ignoró las señales de peligro, en particular los resfriados asmáticos que le causaban gran dificultad en su respiración. Su último sermón tuvo lugar en los campos, encima de un gran barril. A la mañana siguiente murió.
Su último sermón en esta gira fue dado en Boston Commons antes de 23.000 personas, probablemente la mayor reunión en la historia de Estados Unidos hasta ese momento.
El avivamiento espiritual que encendió, el Gran Despertar, se convirtió en uno de los eventos más formativos de la historia americana.
Martín Lutero dio sus primeros pasos en el ministerio como un fiel monje agustino.
La Orden agustina era muy conocida por su disciplina. Los monjes descansaban y estudiaban en pequeñas habitaciones sin calefacción. Hacían votos de castidad, de obediencia y de pobreza. Todos debían participar en una misa diaria que empezaba a la 1:00 a.m, sesión que se realizaba siete veces al día.
Pero Lutero luchaba con crecientes sentimientos de duda y culpabilidad. Así que buscó en su religión y a sus líderes para que le ayudaran con su culpa. Entonces, se volvió a los sacramentos de la Iglesia, específicamente a la confesión.
Pero la confesión se convirtió en un suplicio para Lutero, y para sus confesores. El joven monje se confesaba frecuentemente, a veces a diario, y en ocasiones se tardaba hasta seis horas en una sesión de confesión.
Si la confesión no estaba resolviendo la culpa de Lutero, tampoco lo estaban logrando los ayunos.
Pero el contacto de Martín Lutero con las Sagradas Escrituras empezó a darle una salida de su angustia.
Lutero formuló las preguntas correctas: ¿Como puedo salvarme siendo Dios justo y yo injusto? y recibió las respuestas correctas. Leyendo el inicio de la Carta a los Romanos el Apóstol Pablo afirma que “en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: mas el justo por la fe vivirá”.
Antes, Lutero entendía que la justicia de Dios mencionada en este versículo se refería a Su justicia activa y vengadora que castiga a pecadores, y por eso odiaba la justicia de Dios.
Pero mientras meditaba en este pasaje, en lo que posteriormente Lutero llamaría “La experiencia de la torre”.
De pronto, como si un rayo de luz divino hubiera alcanzado su oscuro corazón, Lutero comprendió el verdadero significado del texto: la justicia de Dios es recibida como un regalo únicamente por medio de la fe en Jesucristo. Luego dijo al respecto:
“Al fin, por la misericordia de Dios, meditando día y noche, presté atención al contexto de las palabras ‘en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: ‘El justo vivirá por la fe’’. Allí comencé a comprender que la justicia de Dios es aquello por lo cual el justo vive gracias al don de Dios, es decir, la fe. Y este es el significado: la justicia de Dios es revelada por el evangelio, es decir, la justicia pasiva con la cual el Dios misericordioso nos justifica por fe, como está escrito: ‘El justo vivirá por la fe’. Entonces sentí que había nacido de nuevo por completo y que había entrado al paraíso a través de puertas que estaban abiertas”.
Lutero entendió que la justicia de Dios tenía dos dimensiones. Por un lado se trataba de una cara que exige que los hombres fueran justos y que anunciaba un juicio pero, por otro lado, poseía también un rostro salvífico que actuaba en los seres humanos mediante la fe en Cristo. El descubrimiento de esa doctrina provocó en Lutero un cambio definitivo.
Así fue que Lutero entendió que el hombre pecador no es salvo por sus buenas obras. Más bien, la justicia de Cristo es imputada a los pecadores sólo sobre la base de la fe, Lutero llamó a esto una «justicia ajena», es decir, no del hombre. Dicha justicia viene de fuera de él y es dada libremente por Dios. Gracias a su entendimiento de esta verdad, la justificación que es solamente por la fe —sola fide— se convirtió en la esencia de la Reforma, es decir, la materia misma del evangelio.
Según el propio Lutero semejante experiencia lo liberó de la ansiedad, del temor del pecado y lo llenó de paz y de sosiego.
¿Quién era MARCIÓN y por qué su proyecto podría seguir vivo?
Serie: Biografías
La iglesia cristiana de los primeros tres siglos sufrió una gran ola de herejías. De hecho, podríamos decir que es la época de la historia en la que los pastores, escritores, teólogos y apologistas estuvieron enfocados casi totalmente en atacar las herejías que se propagaban como un virus. Lo paradójico es que la gran mayoría de estas herejías han vuelto a surgir con el pasar de los siglos y siempre encuentran la manera de regresar y actualizarse.
Esto es especialmente cierto en el marcionismo, con su intención de eliminar al Dios enojado del Antiguo Testamento, su optimismo sobre la supuesta capacidad del hombre de ser mejor por sí mismo, y su afán por dejar de lado la Biblia que Jesús leyó.
Entonces, ¿quién era Marción y por qué su proyecto podría estar aún vigente?
Marción nació en Sinope, actual Turquía, en el año 85 d.C en la provincia norteña del Ponto en la costa del Mar Negro. Marción, era hijo de un obispo; era un hombre inteligente, capaz, duro, inflexible, vanidoso, rico y ambicioso. Se dirigió a Roma en algún momento entre el año 135 y el 139 d.C y fue aceptado como miembro en la iglesia de la ciudad. Incluso dio una gran ofrenda a la congregación: 200,000 sestercios, que podrían equivaler a más de cien salarios anuales del momento. Su paso por la iglesia en Roma, sin embargo, no duró mucho. Fue formalmente excomulgado en el año 144 d.C. y sus ofrendas se fueron con él.
Las razones por las que fue excomulgado fueron muchas y muy graves.
Durante casi un siglo después de su muerte, fue el hereje más reconocido de la iglesia, con la oposición de Policarpo que lo llamó el primogénito de Satanás, Justino Mártir, Ireneo, Clemente, Tertuliano, Hipólito y Orígenes. Fue uno de los pocos herejes que los cristianos griegos y latinos se unieron para condenar.
Después de su excomunión, viajó por el mundo como misionero con su peculiar versión del cristianismo. Y ganó muchos conversos. Según Tertuliano, Marción plantó iglesias como «las avispas hacen nidos». La iglesia de Marción era rigurosa, exigente, bien organizada, y durante aproximadamente un siglo fue bastante exitosa.
Los errores teológicos de Marción tuvieron una raíz principal: él se negaba a creer que el Dios del Antiguo Testamento fuera el mismo que el Padre del Señor Jesucristo. Marción simplemente no podía creer en un Dios lleno de ira. Así que tiró el Antiguo Testamento y creó su propia versión del Evangelio de Lucas y versiones editadas selectivamente de las epístolas de Pablo. Cuando terminó con todo su trabajo de corte y pegado, Marción tenía el cristianismo que quería: un Dios de bondad y nada más; un mensaje de inspiración; una Biblia que eliminaba las partes incómodas sobre la ira de Dios y el infierno.
Para él, había una contradicción fundamental entre la ley y el amor, la justicia y la gracia. Marción pensaba que el verdadero cristianismo era defectuoso por las incompatibilidades en el corazón de su enseñanza. Su solución fue radical. Lo que había que hacer era una reafirmación de la fe, y para Marción esa reafirmación debía centrarse en lo que para él era el evangelio esencial, es decir, el amor, la misericordia y la compasión que se muestran en la vida y en las enseñanzas de Jesús. Esto, para él, era todo lo necesario, era el plan para una humanidad nueva y pura. Según Marción, no había otra base verdaderamente cristiana para la fe o la moralidad.
Según él lo veía, era necesario purgar el cristianismo de su tiempo para que el evangelio puro pudiera ser recibido en toda su simplicidad radical y apelar al corazón. Como la Biblia no tenía el Dios que él quería, Marción decidió hacer una supuesta «mejor» Biblia.
Y así el marcionismo sigue vivo. La idea de adaptar e incluso refundar el cristianismo para un nuevo tiempo, en tonos más suaves y complacientes, con mensajes centrados solamente en las enseñanzas sobre el amor de Jesús más que en su muerte llena de dolor y sacrificio, siempre serán populares.
Aquellos que solo predican de amor, cuyos sermones son terapéuticos y centrados en lo que el hombre puede lograr; que poco predican del infierno o del pecado, que no enseñan toda la Biblia sino solamente sus partes favoritas, y que definitivamente no quieren molestar a nadie con su mensaje, es probable que encuentren en Marción y en el marcionismo un gran eco de su entendimiento del evangelio.
Blaise Pascal nació el 19 de junio 1623 en la ciudad de Clermont-Ferrand, en el centro de Francia.
La madre de Pascal murió cuando él tenía 3 años, y su padre trasladó a la familia a París, donde él mismo le enseñó en el hogar a Blaise y a su hermana.
A la edad de 10 años, Pascal estaba haciendo experimentos originales en matemáticas y ciencias físicas.
En 1640, con 16 años de edad, publicó un ensayo sobre las secciones del cono que fue muy elogiado. Entre 1642 y 1644, Pascal desarrolló un máquina de cálculo para que su padre pudiera usarla en su trabajo, ya que era un recaudador de impuestos. Luego inventó la jeringa, refinó el barómetro de Torricelli y creó la prensa hidráulica, un instrumento basado en el principio que llegó a conocerse como la Ley de Pascal de la presión. Realizó trabajos importantes sobre el problema del vacío, y es conocido también por su trabajo sobre el cálculo de probabilidades. También se le atribuye la invención del reloj de pulsera y el trazado de la primera ruta de autobús en París.
Mientras el pietismo florecía en Alemania y la santidad wesleyana se extendía por Inglaterra, la Francia católica sentía los efectos del jansenismo, una forma de agustinismo que enseñaba la soberanía de DIos y la gracia divina, en lugar de las buenas obras, como algo vital para la salvación.
En 1646 Pascal entró en contacto con el jansenismo y se lo presentó a su hermana. Pascal, sin embargo, continuó luchando espiritualmente: luchó con la dicotomía entre el mundo y Dios.
Pero el 23 de noviembre de 1654, Pascal experimentó una «conversión definitiva» durante una visión de la crucifixión.
Escribió su experiencia en un pergamino, que llevó consigo el resto de su vida, cosido dentro de su abrigo.
Sus mejores obras no son solo obras maestras de la prosa francesa o documentos científicos, sino también defensas de la fe cristiana.
Los Provinciales, 18 ensayos considerados como una brillante ironía y sátira, atacaron a la clase religiosa de su tiempo y defendieron la exigencia jansenista de un retorno a la moralidad y la creencia de Agustín en la gracia divina. La iglesia católica colocó a Los Provinciales en el índice de libros prohibidos, pero no logró calmar la controversia que provocó.
Pensamientos, una colección de «ideas» de Pascal que pretendía presentar como una apología cristiana, se publicó después de su muerte. En ellos, retrató a la humanidad como suspendida entre la miseria y la felicidad, e indefensa sin Dios. Pascal denunció la idea de que la razón y la ciencia por sí solas pueden llevar a una persona a Dios. Solo al experimentar a Cristo, las personas pueden conocer a Dios.
En su análisis del hombre, Pascal se centra en dos lados muy contradictorios de la naturaleza humana caída. El hombre es, a la vez, noble y miserable. Noble, porque ha sido creado a la imagen de Dios; miserable, porque ha caído y está alejado de Dios.
Pascal comenzó su apologética con un análisis de la condición humana tomado de la experiencia del hombre nuevo, moderno. Mostró en qué condición terrible se encuentra el hombre, y sostuvo que el hombre no es capaz de encontrar todas las respuestas a través de la razón. Insistió en que el enfoque deísta de Dios era inadecuado, y proclamó a Cristo, cuyas afirmaciones encontraron apoyo en evidencias válidas, como las profecías y los milagros. Luego pidió a las personas que se abrieran paso a través de los vínculos emocionales que las mantenían separadas de Dios y que se pusieran en el lugar donde pudieran encontrar a Dios o, más bien, ser encontrados por Él.
En Pensamientos, Pascal también presenta su famoso argumento para la fe: la apuesta. Este argumento dice que dado que la razón no puede dar una certeza absoluta, toda persona debe arriesgarse a creer en algo. Cuando se trata de la fe cristiana, dijo, una persona sabia apostará porque «si gana, gana todo, si pierde, no pierde nada». En pocas palabras, un ateo corre muchos más riesgos que un creyente.
Pascal fue en esencia un gran apologista. Cristo y la necesidad de redención a través de Él eran fundamentales en la defensa del cristianismo.
Voltaire y otros eruditos denunciaron a Pascal como un fanático triste. Apesadumbrado o no, vivió la mayor parte de su vida con un cuerpo frágil, y sus muchas enfermedades finalmente cobraron su precio. El gran genio murió en 1662 a los 39 años. Sus últimas palabras fueron: «¡Que Dios nunca me abandone!».
Este gran matemático y físico francés, aunque planteado en el apogeo del pensamiento de la Ilustración, encontró el camino del Señor.
George Müller nació en Prusia en 1805. Su madre murió cuando tenía 14 años y a los 16 fue encarcelado por robar.
Cuando tenía 20 años, fue invitado a un estudio bíblico, ese día se convirtió y abandonó su vida pecaminosa. Se obsesionó con ser misionero lo que lo llevó a Inglaterra. Allí empezó a ser pastor
y a interesarse por la enseñanza, las misiones y la evangelización, pero especialmente por los niños sin hogar.
En 1836, junto a su esposa, estableció en su propia casa un albergue para 30 niñas. La obra creció y fue necesario construir un edificio con capacidad para 300 niños. 21 años después, cerca de 2.000 niños estaban hospedados en 5 diferentes hogares.
Müller confiaba ciegamente en Dios, Muchas veces, careciendo de alimentos que dar a los niños, recibía horas antes donaciones anónimas. En aquellos hogares, los niños recibían educación, alimentación, vestido y la fe en Cristo.
Müller nunca sacó un préstamo ni se endeudó, nunca recibió un salario en sus 68 años de su ministerio. Predicó al menos 10.000 veces, 3 veces a la semana a un promedio de 3 millones de personas.
John Bunyan nació en 1628 en Elstow, Bedfordshire, hijo de Thomas y Margaret Bunyan.
El padre de Bunyan era un calderero que viajaba por la zona reparando ollas y sartenes.
Cuando era niño, Bunyan aprendió el oficio de su padre y recibió una educación rudimentaria. En el verano de 1644 perdió tanto a su madre como a su hermana Margaret. Ese otoño, cerca de cumplir los dieciséis años, se enlistó en el ejército para luchar durante la primera etapa de la Guerra Civil Inglesa.
Bunyan pasó casi tres años en el ejército, dejándolo en 1647 para regresar a Elstow a su oficio como calderero. Su padre se había vuelto a casar y tenía más hijos y Bunyan se mudó a una casa de campo en Elstow High Street.
Dos años después de dejar el ejército, Bunyan se casó. El nombre de su esposa y la fecha exacta de su matrimonio no se conocen, pero Bunyan recordó que su esposa, una mujer piadosa, trajo consigo al matrimonio dos libros puritanos que ella había heredado de su padre. También recordó que, aparte de estos dos libros, solamente tenían un plato y una cuchara para los dos. La primera hija de la pareja, Mary, nació en 1650, y pronto se hizo evidente que era ciega.
Durante su juventud Bunyan había disfrutado de una vida libertina, bailando y disfrutando del juego incluso el domingo, actividades que estaban prohibidas por los puritanos, quienes tenían una visión estricta del domingo. Un domingo, el vicario de Elstow predicó un sermón contra el quebrantamiento del Día del Señor, y Bunyan tomó en serio este sermón.
Durante este tiempo, mientras estaba de viaje, pasó junto a un grupo de mujeres que hablaban de asuntos espirituales en la puerta de su casa. Quedó tan impresionado por la naturaleza de esta charla que decidió unirse a la iglesia. Un grupo inconformista que se reunía bajo el liderazgo del ex oficial del ejército realista John Gifford. Por instigación de otros miembros de la congregación, Bunyan comenzó a predicar.
El ascenso de Bunyan como un predicador popular coincidió con la Restauración de Carlos II. La libertad de culto que los separatistas habían disfrutado durante 20 años se terminó rápidamente; aquellos que no se ajustaran a la Iglesia de Inglaterra serían arrestados. En enero de 1661, Bunyan se encontraba recluido en la cárcel del condado.
Bunyan podría haberse liberado prometiendo no predicar, pero se negó.
El encarcelamiento le dio el incentivo y la oportunidad de escribir. Escribió al menos nueve libros entre 1660 y 1672.
Profitable Mediations, Christian Behavior y The Holy City fueron seguidas por The Holy City Grace Abounding to the Chief of Sinners, considerada la mejor autobiografía puritana de la historia. Pero desde 1667 hasta 1672, Bunyan probablemente pasó la mayor parte de su tiempo en su mayor legado, El progreso del peregrino.
Carlos II eventualmente cedió en 1672, emitiendo una Declaración de Indulgencia. Bunyan fue liberado, licenciado como ministro congregacional y llamado a ser pastor de la iglesia de Bedford. Cuando se renovó la persecución, Bunyan fue nuevamente encarcelado durante seis meses. Después de su segundo encarcelamiento, en 1678, su libro, El progreso del peregrino, fue publicado.
El libro trata sobre una narración alegórica que describe el propio proceso de conversión de Bunyan. El protagonista, como Bunyan, es un calderero. Vagabundea desde la Ciudad de la Destrucción a la Ciudad Celestial, una peregrinación hecha difícil por la carga del pecado, que representado por un yunque sobre su espalda. El protagonista viaja a través de el Desierto de la Desesperación, la Feria de la Vanidad y otras estaciones simbólicas.
El protagonista se llama Cristiano, y la mayoría de los personajes son llamados por su característica más evidente. Toda la novela relata el viaje de Cristiano por su vida, buscando la salvación.
El libro fue instantáneamente popular en todas las clases sociales. Cada hogar inglés que poseía una Biblia también tenía una copia del libro. Eventualmente, se convirtió en el libro más vendido, después de la Biblia, en toda la historia editorial.
A pesar de que el libro le dio a Bunyan una gran fama, nunca abandonó su labor pastoral. Él continuó escribiendo novelas, obras doctrinales, un libro de versos y un libro para niños.
A los 59 años, Bunyan era uno de los escritores más famosos de Inglaterra. En agosto de 1688, cabalgó bajo fuertes lluvias para pastorear a un padre y a su hijo, y a causa de este viaje enfermó y murió.
Testimonios no cristianos de la existencia de Jesús de Nazareth
No fue considerado significativo para los historiadores de su tiempo aunque Flavio Josefo y Tácito se refieren a Cristo en sus escritos
¿Padeció bajo el poder de Poncio Pilato? De la existencia de Jesús de Nazareth no duda ningún historiador serio. Para el historiador especializado en culturas antiguas Michael Grant, ya fallecido, hay más evidencia de que existió Jesús que la que tenemos de famosos personajes históricos paganos. También James H. Charlesworth escribió: «Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier palestino judío antes del 70 d.C.». E. P. Sanders en «La figura histórica de Jesús» afirma: «Sabemos mucho sobre Jesús, bastante más que sobre Juan el Bautista, Teudas, Judas el Galileo y otra de las figuras cuyos nombre tenemos de aproximadamente la misma fecha y el mismo lugar». y F.F. Bruce, autor de «¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?», sostiene que «para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César».
«La muerte en cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús», señala a ABC Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Jesús no fue considerado como significativo por los historiadores de su tiempo. Si aparece en la literatura pagana y judía de la época fue por el empuje de los cristianos que le siguieron. «Ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande», explica Guijarro en «El relato pre-marcano de la Pasión y la historia del cristianismo».
El historiador norteamericano John P. Meier relata en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico» cómo «cuando en conversaciones con gente de la prensa y el libro (…) ésta fue casi invariablemente la primera pregunta: Pero ¿puede usted probar que existió? Si me es posible reformular una interrogación tan amplia en una más concreta como «¿Hay pruebas extrabíblicas en el siglo I d.C. de la existencia de Jesús? Entonces creo que, gracias a Josefa (Flavio Josefo), la respuesta es sí».
Flavio Josefo (93 d.C.)
El historiador judío romanizado (37 a 110 d.C.) recoge en el texto conocido como «Testimonium flavianum» de su libro «Antigüedades judías (91-94)» una referencia a Jesús que si bien se cree que fue retocada con las frases abajo entre paréntesis, se considera auténtico: «En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. (Él era el Mesías) Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profestas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él) Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido».
En Ant. 20.9.1. también hace referencia a «Jesús, que es llamado Mesías» al dar cuenta de la condena a Santiago a ser apedreado.
Tácito (116 d.C.)
El historiador romano (56 a 118 d.C) menciona a «Cristo» en sus « Anales» escritos hacia el año 116 d.C. al hablar sobre Nerón y el incendio de Roma en el año 64. Informa de la sospecha que existía de que el propio emperador había ordenado el fuego y recoge cómo «para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba “crestianos”, [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo».
Los historiadores consideran a Flavio Josefo y Tácito como los testimonios primitivos independientes relativos al mismo Jesús más consistentes, aunque también hay otras fuentes que recogen datos sobre los primeros cristianos:
Plinio, el joven (112 d.C.)
Procónsul en Bitinia del 111 al 113 y sobrino de Plinio el Viejo. Se conservan 10 libros de cartas que escribió. En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano para preguntarle qué debía hacer con los cristianos, a los que condenaba si eran denunciados. En ella cita tres veces a Cristo y señala que los cristianos decían que toda su culpa consistía en reunirse un día antes del alba y cantar un himno a Cristo «como a un dios»: «Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem. Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen».
Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos, pero que, cuando se les acusara, debían ser castigados a menos que se retractaran.
Suetonio (120 d.C.)
El historiador romano (70-140 d.C.) hace una referencia en su libro «Sobre la vida de los Césares» donde narra las vidas de los doce primeros emperadores romanos. En el libro V se refiere a un tal «Chrestus» al mencionar la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio: «Expulsó de Roma a los judíos que andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus».
La mayoría de los historiadores coinciden en que Chrestus es Cristo porque era frecuente que los paganos confundieran Christus y Chrestus y no existe ningún testimonio sobre ningún Chrestus agitador desconocido.
En los Hechos de los Apóstoles se recoge este acontecimiento: «[Áquila y Priscila] acababan de llegar [a Corinto] desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma».
Luciano (165 d.C.)
El escritor griego Luciano de Samosata satiriza a los cristianos en su obra «La muerte de Peregrino»: «Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón…, sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres (…) Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes».
Mara Bar Sarapión (Finales del siglo I)
Existe una carta de Mara Ben Sarapión en sirio a su hijo en la que se refiere así a Jesús, aunque no lo menciona por su nombre: «¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates, delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras, si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al ejecutar a su sabio rey, si al poco se vieron despojados de su reino? Un dios de justicia vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió gracias a Platón; tampoco Pitágoras a causa de la estatua de Era; ni el rey sabio gracias a las nuevas leyes por él promulgadas».
Celso (175 d.C.)
En «Doctrina verdadera» ataca a los cristianos. Aunque no se conserva su libro, sí muchas de sus citas por la refutación que escribió Orígenes unos 70 años después.
«Colgado» en el Talmud
El gran erudito judío Joseph Klausner ya escribió a principios del s.XX que las poquísimas referencias del Talmud a Jesús son de escaso valor histórico. En el tratado Sanhedrin 43a se menciona a «Yeshú»: «Antes pregonó un heraldo. Por tanto, sólo (inmediatamente) antes, pero no más tiempo atrás. En efecto contra esto se enseña: ´En la víspera de la pascua se colgó a Jesús´. Cuarenta días antes había pregonado el heraldo: ´Será apedreado, porque ha practicado la hechicería y ha seducido a Israel, haciéndole apostatar. El que tenga que decir algo en su defensa, venga y dígalo´. Pero como no se alegó nada en su defensa, se le colgó en la víspera de la fiesta de la pascua».
«Muy probablemente el texto talmúdico se limita a reaccionar contra la tradición evangélica», considera John P. Meier en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico»