La mayoría de nosotros se conforma muy fácilmente. No es que pidamos mucho de nuestro Salvador. El problema es exactamente lo contrario —estamos dispuestos a conformarnos con muy poco. Nuestras metas personales, nuestros deseos y sueños son demasiado cortos en comparación con los planes y propósitos de Dios.
Él no se conformará con nada menos que asemejarnos completamente a la imagen de su Hijo. Él derrotará final y completamente al pecado y a la muerte. No abandonará su propósito por ninguna razón y en ningún momento. El problema es que frecuentemente no coincidimos con su pensamiento ni aceptamos su propósito. Otras mentalidades nos capturan obstaculizando nuestro crecimiento espiritual:
1. La mentalidad consumidora. En ella somos como compradores religiosos. Realmente no tenemos lealtad al plan de Dios. Buscamos una experiencia religiosa que sea cómoda y satisfaga lo que percibimos como necesidades; no tenemos problema en movernos cuando nos sentimos insatisfechos.
2. La mentalidad de “bien es lo suficientemente bueno”. En ella estamos satisfechos con los cambios que la gracia ha traído a nuestras vidas, pero nos conformamos con facilidad. Estamos satisfechos con un poco de literatura cristiana o conocimiento teológico, un matrimonio un poco mejor, un poco de crecimiento espiritual, por citar algunos ejemplos. Dejamos de buscar, pero Dios está lejos de haber terminado de transformarnos.
3. La mentalidad de “esta cosa mala podría funcionar”. En ella intentamos sacar lo mejor de lo que Dios dice que no es bueno. Por ejemplo, un matrimonio está satisfecho con la distensión matrimonial; es decir, aprenden a negociar las idolatrías de cada uno en lugar de trabajar por un matrimonio piadoso.
4. La mentalidad de la comodidad personal contra la santidad personal. En ella lo que captura nuestros corazones es el anhelo de una vida cómoda, placentera, predecible, y libre de problemas. Acostumbramos a juzgar la bondad de Dios basados en qué tan bien funciona la vida para nosotros y no basados en su promesa de que todo nos ayuda para bien (Ro. 8:28).
5. La mentalidad evento contra proceso. En ella somos impacientes. Queremos que Dios haga las cosas buenas que nos ha prometido, pero no queremos perseverar a través de un proceso que dura toda la vida. Queremos que la obra de Dios sea un evento en lugar de un proceso, y cuando no lo es, nuestro compromiso comienza a disminuir.
Pregúntate a ti mismo hoy: “¿Qué es lo que quiero realmente de Dios?”. ¿Has hecho de los propósitos de su gracia tu propósito de vida? ¿Quieres lo que Él desea o simplemente te conformas muy fácilmente? Recuerda: Bien no es suficiente; una completa semejanza a la imagen de Cristo es el objetivo de la gracia (Ef. 4:13; Ro. 8:29).
Paul Tripp es pastor, autor y conferencista internacional. Él es el presidente de Ministerios Paul Tripp y trabaja para conectar el poder transformador de Jesucristo con la vida cotidiana. Esta visión lo ha llevado a escribir libros sobre vida cristiana y a viajar por todo el mundo predicando y enseñando. La pasión que guía a Paul es ayudar a la gente a comprender cómo el evangelio de Jesucristo habla con esperanza práctica en la vida cotidiana.
Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com
Hoy continuamos con esta serie sobre el carácter del cristiano. Estamos explorando cómo los diversos requisitos del carácter de los ancianos son en realidad un llamado de Dios para todos los cristianos. Mientras que los ancianos tienen como propósito ejemplificar estos rasgos, todos los cristianos deben mostrarlos igualmente. Quiero que examinemos si es que estamos mostrando estos rasgos y aprender juntos cómo podemos orar para tenerlos en mayor medida.
Nuestro tema de hoy es una calificación que Pablo repite tanto en 1 Timoteo 3: 2 como también en Tito 1:6. La LBLA lo traduce como “marido de una sola mujer”, una descripción común del griego, que significa, literalmente, “hombre de una sola mujer.” Hay varias maneras en que podríamos interpretar esta calificación. ¿Significa que Pablo está diciendo que un pastor no puede ser un polígamo? ¿Quiere decir que un anciano debe estar casado? ¿Quiere decir que el pastor no puede haber sido previamente divorciado y vuelto a casar? Ninguna de estas cosas llega al fondo del asunto. John MacArthur dice, “No es algo relativo al estado civil, sino al carácter. No es una cuestión de circunstancia, es una cuestión de virtud. Y el asunto aquí tiene que ver con un hombre que se halle total y exclusivamente dedicado a la mujer que es su esposa. Es una cuestión de carácter. Es hombre de una sola mujer. Cualquier cosa menos que esto es una descalificación”.
De manera similar, en su libro Liderazgo Bíblico de Ancianos, Alexander Strauch nos recuerda que la primera calificación, irreprensible, es un resumen que se define por las virtudes que le siguen. Él escribe: “En las dos listas de calificaciones de Pablo, él coloca la calificación “marido de una sola mujer” inmediatamente después de “irreprensible.” Así que la primera y más importante área en la que un anciano debe ser irreprensible es en su vida conyugal y sexual. … La frase “marido de una sola mujer” está destinada a ser una declaración positiva que expresa fidelidad conyugal, monogamia. En español diríamos, “fiel y verdadero a una mujer.” Philip Ryken dice que Pablo “quiere que los líderes de la iglesia sean ejemplos vivos de un matrimonio bíblico: Un hombre y una mujer en un pacto de amor de por vida”.
De la misma manera en la que un anciano debe ser un ejemplo de integridad sexual, también hay un llamado dirigido a todos los cristianos a “abstengáis de inmoralidad sexual” (1 Tesalonicenses 4: 3). Esto es cierto ya sea que el cristiano esté casado o sea soltero, hombre o mujer. Pablo ordena a toda la congregación en Corinto a “Huid de la fornicación” y advierte que “Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo.” (1 Corintios 6:18). Al escribir a la iglesia reunida en Éfeso, Pablo establece un estándar tan alto como para exigir “Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos;” (Efesios 5:3). Si tú eres “inmoral o impuro”, dice, no tienes ninguna “herencia en el reino de Cristo y de Dios.”(Efesios 5: 5). Escribiendo de nuevo a toda una congregación, Pablo llama tal fornicación una de las “obras de la carne” (Gálatas 5:19).
Por supuesto, al igual que con todos estos requisitos, no vamos a ejemplificarlos perfectamente por lo que siempre hay que volver a las buenas nuevas de salvación y santificación por medio de Jesucristo. Pablo también dice que a pesar de que algunos miembros de la congregación habían sido “fornicarios” y por lo tanto no tenían herencia en el reino de Dios, comienza a alegrarse al expresar, “Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.”(1 Corintios 6: 9-11). Les recuerda que su pecado sexual está relacionado con el viejo hombre y sus malos caminos, no con el nuevo hombre y sus caminos rectos. Aun así, el llamado a la pureza sexual es uno de los mandatos más importantes y repetidos en el Nuevo Testamento.
Por lo tanto, esta calificación es un llamado a la devoción—devoción primeramente a Dios y luego a un cónyuge dado por Dios. Sin lugar a dudas es un llamado a alejarnos del adulterio, pero también a alejarnos de un corazón errante, de ojos errantes, o manos errantes. Es un llamado para cada uno de nosotros a ser puros y castos, a ser ejemplos en carácter y conducta, ya sea en el matrimonio o en la soltería. Es un llamado a los casados a buscar y disfrutar la relación sexual con su cónyuge y un llamado a los solteros a someter voluntariamente su sexualidad a la voluntad y el cuidado de un Dios de amor.
Autoevaluación Para fortalecer tu lucha contra la inmoralidad sexual y tu esfuerzo hacia la pureza sexual, te animo a evaluarte a ti mismo a la luz de preguntas como las que están a continuación: – A pesar de que tú eres imperfecto, ¿podrías estar delante el Señor y decir honestamente, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”(Salmo 139: 23-24)?
– ¿Existen pecados sexuales que hayas cometido los cuales tienes que confesar y arrepentirte? ¿Hay algún o algunos pecados que hayas estado escondiendo y que necesitas sacar a la luz? (Salmo 32:3-7)
– ¿Existen ciertos escenarios o contextos donde eres especialmente propenso al fracaso sexual? ¿Qué precauciones has tomado para evitar estas situaciones? ¿Existen acciones radicales que todavía necesitas tomar? (Mateo 5: 27-30)
– ¿Sirve tu matrimonio como un ejemplo del diseño ideal de Dios para el matrimonio? ¿Estás enamorado de tu cónyuge? ¿Buscas regularmente la unión sexual con tu cónyuge? (1 Corintios 7: 3-5)
– ¿Disfrutas regularmente de entretenimiento que muestra desnudo explícito o que envilecen el diseño y el propósito de Dios para la sexualidad? ¿Te abstienes voluntariamente de toda forma de mal y te niegas a hacer del mismo un asunto trivial? (1 Tesalonicenses 5:22; Efesios 5: 3)
Puntos de oración Si vamos a incrementar nuestra pureza sexual, mantenerla, y crecer en ella, debemos orar. Les animo a orar de esta manera:
– Oro para que me des el deseo y la sabiduría de proteger mi corazón de todas las formas de inmoralidad sexual. Yo oro para ser diligente en confesar y abandonar todo pecado sexual conocido. [Considera orar a través de Proverbios 6:23-35]
– Para los hombres: Oro para considerar a las ancianas, como a madres y a las mujeres jóvenes, como a hermanas, con toda pureza. (1 Timoteo 5: 1-2)
– Para las mujeres: Oro para considerar a los hombres mayores como a padres y a los hombres más jóvenes como a hermanos, con toda pureza. (1 Timoteo 5: 1-2) – Oro para que purifiques mi corazón para que el pecado de adulterio—expresado incluso en pensamientos y miradas lujuriosas—pierda todo su poder sobre mí. (Mateo 5: 27-30) “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” (Salmo 19:14)
– Oro para no desanimarme cuando peque. Por favor, déjame tener consuelo en el conocimiento de que cuando confieso mis pecados, eres fiel y justo para perdonar mis pecados y limpiarme de toda maldad. (1 Juan 1: 9)
Publicado originalmente en Challies.com | Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio
Una vez me presentaron en una convención como el hombre que es mucho más simpático en persona que en sus libros. No pude evitar reírme, ya que esta presentación era sin duda una broma amistosa. Pero había verdad en esas palabras, y yo lo sabía.
Entiendo que muchos -tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella- me consideren un cascarrabias, hiperdoctrinal, duro, inflexible e intransigente. Incluso me han llamado mezquino. Y, en cierto modo, entiendo por qué la gente me ve así; después de todo, parece que casi siempre estoy en el centro de algún debate evangélico. Algunas de las personas más cercanas a mí me han dicho que ya es hora de explicar por qué. Este pequeño libro es mi intento de hacerlo.
Cuando era joven y me preparaba para el ministerio, nunca pensé que me pasaría la vida luchando. No sabía que este era el ministerio que Dios tenía para mí. Pero aquí estoy.
Y cuanto más reflexiono sobre el ministerio, más me doy cuenta de que hay una cierta esquizofrenia en él, una especie de mundo dual en el que vivo. Mi trabajo es tratar a aquellos que Dios ha puesto bajo mi cuidado -la gente de Grace Community Church- con amor, ternura, amabilidad, misericordia y compasión. Tiene que haber confianza entre un pastor y su pueblo, la suavidad del cuidado pastoral. Y sin embargo, al mismo tiempo, tengo que librar batallas para proteger a las ovejas de Grace Church.
Dios me ha dado la responsabilidad de luchar por mi rebaño, y estoy llamado a llegar muy lejos para hacerlo.
Charles Spurgeon utilizó la imagen de la espada y la paleta para describir esta doble realidad pastoral: con la paleta, el pastor está construyendo cuidadosamente su iglesia. Y con la espada en la otra mano, está luchando para proteger lo que ha construido. La imagen de un pastor como alguien que, por un lado, es un pastor tierno y, por otro, un guerrero que lucha contra el enemigo, es fundamental para la noción bíblica de pastor.
Pablo advierte a los ancianos de Éfeso de esta realidad en Hechos 20: que entrarían lobos de entre ellos, que no perdonarían al rebaño (Hechos 20:29). Hombres malvados se levantarían y llevarían a muchos por mal camino, y hoy estamos presenciando exactamente eso. Este es el estado actual de nuestra iglesia.
Pero entre muchos líderes evangélicos de estos días, parece haber una renuencia a luchar. La iglesia cree ahora que el papel del pastor es complacer y mimar a los inconversos; los líderes de hoy se apresuran a evitar la más mínima ofensa, cuando, en realidad, todo su ministerio estaba destinado a ser una ofensa. Como resultado, hay mucho menos convicción en la iglesia de lo que solía haber. Muchos pastores ya no defienden los temas por los que nuestros padres en la fe una vez perdieron sus vidas.
Mi oración y anhelo, no sólo por los pastores sino por todos los creyentes, es que lleguen al final de sus vidas y puedan exhalar con el apóstol Pablo, He peleado la buena batalla. Y mientras estemos vivos, esta lucha nunca terminará. Los personajes cambian, los escenarios cambian, pero la batalla sigue siendo la misma: la lucha es siempre y para siempre por la Palabra de Dios.
Y, por desgracia, he perdido a muchos amigos en esta lucha. He visto -lenta y constantemente- cómo se adelgazaban las filas ministeriales. ¿Por qué hemos perdido a tantos? Porque ya no estaban dispuestos a librar la batalla cuando y donde ésta era más feroz.
Hay un viejo refrán que dice que si luchas la batalla en todas partes menos donde es más intensa, eres un soldado infiel. He visto la triste realidad de ese dicho ante mis ojos. Los líderes de la iglesia deben ir al punto del conflicto más feroz, y luego deben permanecer allí.
No basta con adoptar una postura donde no hay lucha. El terreno donde se libra la batalla es donde se demuestra la fidelidad.
Pero comprendo los estragos que puede causar la lucha. Recuerdo haber leído la triste biografía de A.W. Pink, una mente tan formidable y un erudito tan fiel. Pasó la mayor parte de su vida estudiando, predicando y pastoreando y, sin embargo, en sus últimos días, se encontró recluido en un pequeño apartamento de la costa norte de Escocia. Lo único que le quedaba era hostilidad hacia el mundo.
¿Cómo acabó así?
A.W. Pink se cansó del rechazo, de la batalla. Dejar el pastorado fue potencialmente el momento decisivo en la caída de A.W. Pink. Se alejó de una congregación amorosa de personas que equilibraban los desafíos y las decepciones del ministerio con amor y aliento. Abandonar el ministerio pastoral y convertirse en un pastor errante sin ningún lugar al que acudir para ser abrazado y amado es algo peligroso. Deja al pastor vulnerable al cansancio de la lucha. El ministerio consiste en luchar contra el enemigo por el bien de la verdad y la protección de tu pueblo, y luego derramar tu corazón a una congregación de personas que te amarán y te sostendrán en sus corazones. Esto es lo que llena de alegría mi corazón de pastor.
Soy un defensor de la verdad, y la Iglesia es el pilar y el apoyo de la verdad. En definitiva, vivo para la verdad. Nunca quiero tergiversar la verdad. Pero una vez que comprendo la Palabra de Dios, no se me pasa por la cabeza lo que puedan pensar los demás. Mi suposición es que los santos abrazarán la verdad, y los perdidos la rechazarán. Nuestro Señor enseñó la verdad pura y fue crucificado a mano de las multitudes. El mundo es hostil a la verdad, que es la razón por la que hay una batalla.
Mi trabajo es defender fielmente la verdad, no complacer a los hombres.
En los primeros años de mi vida y de mi ministerio pastoral, el enemigo solía estar fuera de la Iglesia: en las sectas, en las falsas religiones y en la flagrante impiedad. Pero ahora el enemigo -parece que cada día- encuentra nuevas grietas por las que colarse en la Iglesia. En mi ministerio de hoy, apenas recibo hostilidad de los que están fuera de la iglesia, pero recibo mucha de los que están dentro de ella. Y esto es exactamente lo que Judas dijo que sucedería. Judas escribe:
Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos. Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo. (Judas 3-4, la cursiva es mía)
¿Por qué lucho? Sencillamente, porque se me ha ordenado hacerlo.
En este pasaje se me ordena contender fervientemente por la fe revelada en las Sagradas Escrituras que ha sido “transmitida una vez para siempre a los santos.” Esta es la esencia misma de la vida cristiana.
La vida cristiana no trata de personalidades u opiniones; trata de la verdad.
Judas es el único libro de las Escrituras enteramente dedicado a la lucha por la verdad. En el Nuevo Testamento, Judas se sitúa a la sombra del libro del Apocalipsis, y sigue inmediatamente a 1-3 Juan, libros enteramente dedicados al concepto de la verdad. Por ejemplo, los primeros versículos de 2 Juan dicen:
El anciano a la señora escogida y a sus hijos, a quienes amo en verdad, y no solo yo, sino también todos los que conocen la verdad, a causa de la verdad que permanece en nosotros y que estará con nosotros para siempre: Gracia, misericordia y paz serán con nosotros, de Dios Padre y de Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y amor. Mucho me alegré al encontrar algunos de tus hijos andando en la verdad, tal como hemos recibido mandamiento del Padre. (2 Juan 1-4a, la cursiva es mía)
La verdad se repite cinco veces en el discurso inicial de esta carta. El mismo énfasis puede encontrarse en las palabras iniciales de 3 Juan:
El anciano al amado Gayo, a quien yo amo en verdad. Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena salud. Pues me alegré mucho cuando algunos hermanos vinieron y dieron testimonio de tu verdad, esto es, de cómo andas en la verdad. No tengo mayor gozo que este: oír que mis hijos andan en la verdad. (3 Juan 1-4, la cursiva es mía)
Las últimas cartas del último apóstol vivo estaban dedicadas a la preeminencia de la verdad. E inmediatamente después de las últimas cartas de Juan está el libro de Judas. El mensaje de Judas es que los creyentes van a tener que luchar hasta el final por la verdad. A medida que se acerca el fin, los falsos maestros se multiplicarán, propagando mentiras que muchos creerán. Como resultado, esta Era de la Iglesia es esencialmente una lucha incesante por la verdad, hasta que el Señor regrese.
Fue el Señor quien preguntó: “Cuando venga, ¿encontrará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). Qué pregunta tan sorprendente, sobre todo a la luz de lo vibrante que fue el comienzo de la iglesia. El día de Pentecostés, tres mil almas se convirtieron a la Iglesia. Luego, en los días y semanas siguientes, miles y miles se arrepintieron y creyeron. Esto fue solo en los primeros meses de la iglesia.
Pero la pregunta de Jesús aún permanece: “Cuando Él venga, ¿encontrará fe en la tierra?”
La implicación es clara: no podemos dar por sentado que la fe se va a extender como un reguero de pólvora por todo el mundo. Las mentiras del enemigo van a intentar -por todos los métodos imaginables- ahogar la expansión de la iglesia. Las batallas implican oposición. Y si usted piensa que es menos que una batalla, el ministerio será un shock total.
Pablo escribe sobre estos últimos días:
Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. (1 Tim. 4:1)
Este versículo advierte de los falsos maestros que han perdido todo temor de Dios, que han cauterizado de tal manera sus conciencias que sus conciencias están marcadas en silencio.
Pablo advierte a los creyentes tesalonicenses: “Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición,” (2 Tesalonicenses 2:3). Viene una apostasía, una enorme deserción de la iglesia.
El libro de 2 Pedro advierte que vendrán falsos maestros. Pedro escribe:
Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina. Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado; y en su avaricia os explotarán con palabras falsas. El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida.. (2 Pedro 2:1-3)
La batalla se libra entre la verdad y los que propagan el error. Pedro escribe que ya vienen; y luego Judas dice que ya están aquí. Llegaron los falsos maestros. Y ahora es una parte esencial de la vida cristiana de cada creyente ejercitar el discernimiento y entrar en batalla contra estas amenazas inminentes sobre y dentro de la iglesia.
La historia de la Iglesia es una larga guerra. Es implacable y exige valentía. El discernimiento es necesario en todo momento. Requiere audacia y sacrificio, sacrificio de popularidad, relaciones y amistades queridas. Pero la verdad merece la pena.
John MacArthur
Es el pastor-maestro de Grace Community Church en Sun Valley, California, así como también autor, orador, rector emérito de The Master’s University and Seminary y profesor destacado del ministerio de medios de comunicación de Grace to You.
Hay un tipo de humildad que Dios odia. Conozcamos a un hombre que encarna esta odiosa humildad. Veamos cómo vive el día a día.
En primer lugar, fijémonos en lo mucho que habla de la humildad. Es su adverbio preferido. En la conversación, este hombre dice a menudo «me someto humildemente» o «pienso humildemente» o «me pregunto humildemente». Nótese el uso farisaico del lenguaje. Sutilmente, este hombre se ha apoderado de la moral. Ha puesto en evidencia a su compañero de trabajo, a su amigo, a su familiar: «Debido a que hablo desde un sitio de humildad, entonces hablo con autoridad superior, excelencia y sabiduría». Fíjate también en cómo prefiere la autopromoción con frases como «No pretendo presumir» o «Me sorprendí igual que todos cuando yo» o «Soy un tipo humilde, así que no se lo tome a mal». En casi todas las frases de este hombre que pregona la humildad, utiliza el pronombre personal «yo». Además, confía humildemente en que tiene mucho que aportar a la conversación, así que ¿por qué iba a contenerse? Sería un perjuicio para la audiencia a la que siempre quiere hacer crecer, ya sea en línea o en persona. En las conversaciones con él, las preguntas son escasas. Si hay preguntas, las hace al principio, como preparación—es una introducción y oportunidad—para que los demás participantes se sientan incluidos una vez que ambos están inmersos en el tema que elija este humilde hombre.
Ahora pasemos a los ojos del hombre cuando entra en una habitación llena de gente. Busca al rico, al bien relacionado, al atractivo, al inteligente, al gracioso. Pasan por alto al solitario, al inadaptado, al socialmente torpe (ver Stg. 2:1–9). Debido a que este hombre quiere la proximidad al poder, no el poder en sí, no se considera orgulloso. Con toda humildad, cree que puede beneficiarse de los que están por encima de él en el estrato social y que no tiene nada que sacar de la multitud que está por debajo de él. Para este hombre, los títulos son importantes. Otorgan propósito, dignidad y autoridad. Mientras se hable de su título, y no de sus talentos, entonces es humilde. Si se elogia o promociona el cargo, y no al individuo que lo ocupa, entonces el individuo conserva su humildad. Esta división entre el título y el individuo exime, al que ocupa un puesto tan prestigioso, del mandato de Jesús: «el mayor de vosotros será vuestro servidor» (Mt. 23:11).
Ningún retrato de este hombre estaría completo sin una descripción de su ética de trabajo. Es implacable. Las jornadas de diez horas son días de descanso. Quince horas en el trabajo es la norma, aunque el empleador no exija jornadas tan largas. Este hombre humilde trabaja duro porque no cree que esté dotado por naturaleza. Piensa humildemente que debe compensar sus debilidades. Lo hace a través de la fuerza de voluntad. Por supuesto, lo que subyace es la desesperación por hacerse notar. El deseo de ser grande. Así que una humilde desconfianza en su propia capacidad le lleva a trabajar duro porque quiere esa grandeza. Anhela que su vida cuente, por lo que piensa que únicamente contará si cada momento se contabiliza. Le falta confianza en su agenda. Se niega a delegar, temiendo que un subordinado no cumpla su voluntad a su manera. Le aterra el fracaso. El pasaje favorito de este humilde adicto al trabajo es Proverbios 6:10–11: «Un poco de dormir, un poco de dormitar, un poco de cruzar las manos para descansar, y vendrá como vagabundo tu pobreza, y tu necesidad como un hombre armado». Pero aún no se ha empapado del Salmo 127:2 «Es en vano que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde, que comáis el pan de afanosa labora, pues Él da a su amado aun mientras duerme». Esta es la humildad del tipo «arréglatelas por ti mismo», no la versión que dice «Dios gobierna soberanamente todos los aspectos de la creación, incluido mi trabajo, y Él decidirá la cantidad de mi éxito». Hay una humildad que glorifica a Dios y que duerme ocho horas por noche, y no trabaja los fines de semana, especialmente durante el día del Señor. Pero hay otra forma de humildad—un tipo insidioso—que dice «No tengo suficiente talento para tomarme tiempo libre». Nadie es tan importante. Nadie es tan necesario. Este hombre humilde ha olvidado ese hecho glorioso.
Por último, esta humildad se manifiesta en la perspectiva que este hombre tiene de sí mismo. Es salvajemente autocrítico. Si se enfada, lo hace consigo mismo. Se castiga a sí mismo después de cometer errores y se critica por sus defectos. Es un tipo de humildad que se deleita en su insuficiencia. Es la humildad contra la que advirtió C.S. Lewis: la de un hombre «que la mayoría de la gente llama ‘humilde’ hoy en día… una especie de meloso grasiento que siempre te dice eso».
Ahora que hemos conocido a nuestro «hombre de humildad», consideremos su futuro. No es prometedor. Sus constantes referencias a sí mismo—a su humildad—lo alejarán de relaciones profundas e íntimas en las que conozca a otra persona. No habrá «amigo más unido que un hermano» (Prov. 18:24) porque nadie puede acercarse a alguien con este tipo de humildad. Más adelante en la vida, se encontrará cada vez más solo, hasta que los que estén junto a su lecho de muerte serán pocos, y los que estén en su funeral apenas conocerán al hombre que están recordando. Encontrará decepción en su carrera, aunque tenga éxito a los ojos del mundo. Uno que no desea el poder—sino solo estar lo suficientemente cerca—nunca tendrá suficiente proximidad. El que quiere influencia, quiere llenar un pozo sin fondo y si nuestro humilde hombre—tan inseguro de sus talentos, y tan obsesivo con su ética de trabajo—es capaz de mantener una familia sin verla, lo más probable es que no viva para disfrutarla. La falta de sueño, la comida a deshoras, el estrés del trabajo, el descuido de los buenos dones de Dios en esas áreas, quebrarán su cuerpo prematuramente. Su corazón fallará antes de lo que debería, y no vivirá para ver que «en los ancianos está la sabiduría, y en largura de días el entendimiento» (Job 12:12). Es como si Dios se resistiera a este hombre (ver 1 Ped. 5:5).
Afortunadamente, aún hay tiempo. Nuestro hombre es joven (como muchos con este tipo de humildad). Hay abundante sabiduría en la Palabra de Dios. Dios puede aborrecer a este hombre ahora, pero su gracia está disponible. La verdadera humildad todavía es posible. Y Dios no quiere más que un pecador contrito y humillado. «Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás» (Salmo 51:17). La verdadera humildad procede del verdadero arrepentimiento. Se aparta de sí misma para dirigirse al Salvador. Uno con verdadera humildad ve el orgullo como lo hizo John Bunyan cuando dijo: «¡La mejor oración que he orado tiene suficiente pecado para condenar al mundo entero!» El tipo de humildad que Dios ama no ve ninguna diferencia entre él mismo y lo más bajo de lo bajo. Tampoco ve la necesidad de trabajar constantemente. Se deleita en el descanso, en el juego, en las maravillas de la creación de Dios, en la familia y los amigos que Dios, en su gracia, le ha proporcionado. Comprende la sabiduría de Salomón: «He aquí lo que yo he visto que es bueno y conveniente: comer, beber y gozarse uno de todo el trabajo en que se afana bajo el sol en los contados días de la vida que Dios le ha dado; porque esta es su recompensa» (Ecl. 5.18). Esa es la verdadera humildad. La que Dios ama.
Corey Williams Corey Williams is the Chief Communication Officer at The Master’s Seminary.
¿QUÉ DICE REALMENTE LA BIBLIA ACERCA DE “ATAR A SATANÁS”? POR NATHAN DÍAZ
Uno de los principales debates que existen en escatología tiene que ver con la naturaleza de la atadura de Satanás en Apocalipsis 20:2. Pero, ¿cómo define el resto del Nuevo Testamento la idea de atar a Satanás?
SATANÁS FUE DERROTADO POR CRISTO EN SU PRIMERA VENIDA La idea de que Satanás está atado en el presente queda bien desarrollada desde los Evangelios. Ellos afirman que esta atadura es la derrota real y tangible de Satanás a manos de Cristo en Su muerte y resurrección. La atadura de Satanás es el cumplimiento de Génesis 3:15, en donde se presenta la promesa de que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente.
Estoy convencido, no por Apocalipsis 20:2, sino por el resto del Nuevo Testamento, de que Satanás está atado hoy. Sé que algunos podrán cuestionar esta afirmación. ¿No dice 1 Pedro 5:8 que Satanás anda como león rugiente buscando a quien devorar? ¿No es él considerado el dios de este mundo (2Co 4:4)?
En primer lugar, consideremos los siguientes versículos que explican lo que Jesús logró en Su primera venida respecto a Satanás:
Si Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, el reino de Dios ha llegado a ustedes. ¿O cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata? Y entonces saqueará su casa (Mt 12:28-29).
Los setenta regresaron con gozo, diciendo: “Señor, hasta los demonios se nos sujetan en Tu nombre”. Y Él les dijo: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren, les he dado autoridad para pisotear sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, y nada les hará daño. Sin embargo, no se regocijen en esto, de que los espíritus se les sometan, sino regocíjense de que sus nombres están escritos en los cielos” (Lc 10:17-20).
Ya está aquí el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Pero Yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a Mí mismo (Jn 12:31-32).
Y habiendo despojado a [habiéndose desecho de] los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él [de Jesús] (Col 2:15).
El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo (1Jn 3:8).
Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las Puertas del Hades [es decir, los poderes de la muerte] no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos (Mt 16:18-19).
Acercándose Jesús, les dijo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden [he aquí]! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28:18-20).
En resumen: Jesús mismo dijo que Satanás estaba siendo derrotado en la inauguración de Su ministerio (Lc 10:17-18; Jn 12:31-32) y usó el lenguaje de “atar” como la descripción de lo que vino a hacer con Satanás (Mr 3:27). Asumir que Satanás no está atado en un sentido muy real al ser derrotado por Cristo en Su primera venida es minimizar tanto el valor como el impacto que la muerte de Jesús tuvo en el historial de la batalla contra el enemigo (Col 2:15).
La escatología estudia y resume los eventos proféticos de la Biblia. Pero la escatología práctica tiene que ver con una teología de las últimas cosas que va más allá de solo examinar eventos futuros. Este libro analiza los temas escatológicos que la Biblia presenta y explica cómo estos temas afectan no solo nuestra teología, sino también nuestra conducta como cristianos hoy.
Todas estas victorias reales sobre Satanás fueron obtenidas por Cristo en Su primera venida. Cualquiera que sea tu interpretación de Apocalipsis 20:1-3 —Vi entonces a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en su mano. El ángel prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Lo arrojó al abismo, y lo encerró y puso un sello sobre él para que no engañara más a las naciones, hasta que se cumplieran los mil años. Después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo— tienes que reconocer que hay un sentido real en el cual Satanás está atado, ha sido ya derrotado y no puede detener el plan de Dios de avanzar Su reino por medio de la predicación del evangelio, que es la misión de la iglesia. Pero, considerando la naturaleza cíclica de Apocalipsis, ahora veamos lo que el capítulo 12 dice sobre la serpiente “Satanás”:
Entonces apareció otra señal en el cielo: Un gran dragón rojo que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas había siete diademas [o coronas]. Su cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró delante de la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo cuando ella diera a luz. Y ella dio a luz un Hijo varón, que ha de regir [o pastorear] a todas las naciones con vara de hierro. Su Hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta Su trono. La mujer huyó al desierto, donde tenía un lugar preparado por Dios, para ser sustentada allí por 1260 días. Entonces hubo guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón. Y el dragón y sus ángeles lucharon, pero no pudieron vencer, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. Fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía:
Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de Su Cristo [del Mesías], porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado. Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte. Por lo cual regocíjense, cielos y los que moran en ellos. ¡Ay de la tierra y del mar!, porque el diablo ha descendido a ustedes con gran furor, sabiendo que tiene poco tiempo. Cuando el dragón vio que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al Hijo varón. Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila a fin de que volara de la presencia de la serpiente al desierto, a su lugar, donde fue sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempo. La serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que ella fuera arrastrada por la corriente. Pero la tierra ayudó a la mujer, y la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había arrojado de su boca. Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y salió para hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús (Ap 12:3-17).
Aquí claramente hay una batalla en el cielo (Ap 12:7) conectada con la ascensión de Cristo (Ap 12:5). Esta batalla es para expulsar a Satanás del cielo (Ap 12:9) y esta expulsión está relacionada con el engaño de Satanás a las naciones (Ap 12:9). Es difícil ignorar este pasaje como un paralelo del capítulo 20. Usa el mismo lenguaje, pero tiene un énfasis diferente. En el capítulo 12, la destrucción del engaño de las naciones tiene que ver con que “… ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de Su Cristo [del Mesías], porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado. Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte” (Ap 12:10-11).
En Apocalipsis 12, Satanás no puede acusar a los redimidos delante de Dios. En Apocalipsis 20, Satanás no puede engañar a las naciones para atacar a los redimidos de Dios. Estas dos restricciones se complementan para mostrarnos todo lo que Cristo ha logrado en Su primera venida (Mt 28:18-20). El juicio sobre Satanás se desarrolla en tres etapas.
ASÍ QUE ¿TIENE SATANÁS PODER HOY? “Atado” es la idea de restricción, no de erradicación completa. Satanás solo ha sido atado “para no engañar más a las naciones” (Ap 20:3), lo cual significa que ya no puede hacer pensar al mundo que la salvación es de los judíos solamente, que no puede hacer guerra a una escala mundial contra la iglesia hasta el final en que sea soltado (Ap 11:7; 13:7; 16:12-16; 19:17-21; 20:7-9) y, respecto a los escogidos, que no puede acusarlos más delante del trono de Dios (Ap 12:10-11). Esta es una victoria real sobre Satanás que no debemos minimizar. Las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia de Dios porque es protegida por Dios (Mt 16:18-19; 28:18-19; Ef 1:15-23; Ap 7:3; 11:5). El enemigo puede atacar y lastimar, pero ningún ataque será triunfante a largo plazo sobre los escogidos de Dios. Eso debe ser un consuelo real y constante para nosotros hoy.
Este artículo ¿Qué dice realmente la Biblia acerca de “atar a Satanás”? fue adaptado de una porción del libro Escatología práctica, publicado por Poiema Publicaciones.
Hay diversas clases de vanidad: el bonete y los cascabeles del payaso, la alegría del mundo, el baile, la lira y la copa del libertino. Los hombres saben que todas estas cosas son vanidades. Ellas ostentan en sus frontispicios sus propios nombres y sus títulos. Mucho más traicioneras son estas otras, igualmente vanas: las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas. El hombre puede ir en pos de la vanidad tanto en la oficina como en el teatro. Si emplea su vida en acumular riquezas, entonces la está pasando en una vana función. A menos que sigamos a Cristo y hagamos de nuestro Dios el gran objeto de nuestra vida, solo en apariencia nos distinguiremos de los más frívolos.
Esto nos muestra que tenemos mucha necesidad de la primera oración de nuestro texto: «Aparta mis ojos, que no vean la vanidad». «Avívame en tu camino». El Salmista se confiesa torpe, tedioso, inactivo, enteramente muerto. Quizá, querido lector, tú te sientas igual. Somos tan flojos que, aparte del Señor, ni aun los mejores incentivos nos pueden avivar. ¡Qué! ¿No me avivará el Infierno? ¿Puedo pensar en los pecadores que perecen, sin ser, no obstante, avivado? ¿No me avivará el Cielo? ¿Puedo pensar en el galardón que aguarda a los justos y permanecer indiferente? ¿No me avivará la muerte? ¿Puedo pensar en la muerte, y estar ante mi Dios y, sin embargo, ser indolente en el servicio de mi Maestro? ¿No me constreñirá el amor de Cristo? ¿Puedo yo pensar en sus amadas heridas y sentarme al pie de su cruz sin enardecerme con fervor y celo? ¡Parece que sí! Una mera reflexión no puede avivar nuestro celo; Dios mismo tiene que hacerlo, de ahí el clamor: «Avívame».
El Salmista exhala toda su alma en vehemente intercesión; su cuerpo y su alma se unen en la oración. «Aparta mis ojos», dice el cuerpo; «avívame», clama el alma. Es esta una oración apropiada para todos los días. ¡Oh Señor oye, en mi favor, esta plegaria en esta noche!
No eres Dios: Ciencia cognitiva para abrazar tus límites Ana Ávila
¿Por qué me resulta tan difícil enfocarme? ¿Por qué me toma tanto tiempo aprender y memorizar los conceptos que estudio? ¿Por qué olvido la mayor parte de lo que leo? ¿Por qué estoy tan cansada y tengo mis pensamientos borrosos, incluso cuando dormí bien durante la noche? ¿Qué me pasa?
Mis compromisos teológicos me obligan a examinar mi corazón inmediatamente: busca el pecado, arrepiéntete del pecado, huye del pecado. ¿Soy el perezoso del que habla el libro de Proverbios? ¿Me estoy rebelando en contra de lo que he sido llamada a hacer? ¿Estoy amargada con mi trabajo?
Seguramente algunas veces soy alguna de esas cosas… quizá incluso la mayoría de las veces. Pero no siempre. ¿Qué es lo que siempre soy? Una criatura limitada.
Una ciencia de ciencias La ciencia cognitiva en realidad no es una ciencia, sino un grupo de ciencias trabajando juntas. ¿La meta? Entender la mente humana; estudiar no solo lo que pensamos, sino cómo pensamos.
Como podrías imaginar (ya que eres un ser humano y posees una mente), entender el funcionamiento cognitivo —nuestro razonamiento, percepción, memoria, la manera en que nos comunicamos y todo lo que sucede dentro de nuestra mente, estemos conscientes de ello o no— no es una tarea sencilla. Diferentes disciplinas —desde la antropología hasta las ciencias informáticas, incluyendo la filosofía, la neurociencia, la psicología y lingüística— contribuyen estudiando desde neuronas individuales hasta datos conductuales.
La ciencia cognitiva tiene el objetivo de proveer una descripción de nuestros procesos mentales desde lo general a lo específico: qué es lo que logra un sistema cognitivo (como el sistema visual, que nos ayuda a reconocer y localizar objetos), cuál es el proceso a través del cual ese sistema cognitivo consigue su objetivo y cuáles son las estructuras cerebrales que permiten que el sistema logre dicha tarea.
No necesito ser fuerte. Necesito admitir que soy débil
La ciencia cognitiva es una empresa bastante reciente (se cristalizó en la década de los setenta) pero ya ha producido ideas en las que vale la pena reflexionar. Una de ellas es la dura realidad de los límites de nuestra mente.
¿Todo es posible? Durante gran parte del siglo XX, el conductismo —la idea de que solo se debe estudiar la conducta observable y medible— fue la perspectiva dominante en el campo de la psicología. Los conductistas, quienes fueron capaces de enseñar trucos a las palomas y hacer que niños pequeños temieran a los conejos (usando recompensas de comida y acompañando la presentación del animal con un fuertísimo sonido), se animaron por sus descubrimientos acerca del aprendizaje asociativo. Estaban convencidos de que cualquiera podía ser transformado en cualquier cosa:
Entrégame una docena de infantes saludables, bien desarrollados, y mi propio mundo en el que pueda criarlos, y garantizaré tomar cualquiera de ellos al azar y lo entrenaré para convertirse en cualquier clase de especialista que pudiera seleccionar: doctor, abogado, artista, jefe mercante y sí, incluso un mendigo y un ladrón, independientemente de sus talentos, inclinaciones, tendencias, habilidades, vocaciones y la raza de sus ancestros.1
Los conductistas desarrollaron una perspectiva muy optimista de las habilidades humanas. No existía límite para lo que la mente de una persona pudiera lograr. Su credo era que «todas las cosas son posibles para el que tiene el entrenamiento conductual correcto»… un credo que neciamente intento seguir todavía, a pesar de que la evidencia muestra que es engañoso.
Aunque el análisis conductual fue y sigue siendo valioso (¡nunca refuerces con recompensas los berrinches de tus hijos!), la ciencia cognitiva retó los sueños de la mente humana ilimitada con mucha fuerza. Los experimentos de George A. Miller mostraron que las personas solo podían manejar más o menos siete elementos de información al mismo tiempo. Los estudios de Donald Broadbent revelaron cómo debemos enfocarnos en un canal de información a la vez si vamos a encontrarle sentido a los estímulos que estos canales nos hacen llegar. Lento pero seguro, comenzó a acumularse la evidencia de que nuestras capacidades mentales, así como las físicas, son limitadas.
Tu mente es limitada Siempre he tenido el delirio de que, si paso el tiempo suficiente entre libros y hago suficientes tarjetas de estudio, seré capaz de saberlo todo. Quizá no completamente todo, pero casi.
Como cristiana, tomo el mandamiento de amar a Dios con toda mi mente muy seriamente, en respuesta al amor de Dios mostrado en la cruz. Esa es la razón por la que me siento decepcionada cuando los versículos que pasé horas memorizando hace quince años desaparecen de mi mente. Me reprocho a mí misma por no captar el nombre de la nueva mujer que se presentó en la iglesia mientras sonaba una canción de fondo muy pegadiza. Me avergüenza que me tome diez horas escribir un artículo en lugar de cinco.
La ciencia cognitiva nos invita a mantener los pies en la tierra, conscientes de nuestros límites naturales como seres humanos
Mi instinto para la santidad (¿o la autojusticia?) me obliga a señalarme a mí misma y a otros que puedan cometer estos mismos errores como pecadores perezosos y centrados en uno mismo. Pero la ciencia cognitiva me invita a detenerme y considerar: ¿No es esto simplemente parte de lo que significa ser un ser humano limitado?
Los recuerdos que no se repasan constantemente se pierden de la memoria a largo plazo. Esa es la razón por la que no puedo recordar los 176 versículos del Salmo 119. Si un canal auditivo está ocupado recibiendo una canción a todo volumen, no va a registrar un nombre. Esa es la razón por la que no sé el nombre de mi nueva conocida. Mi memoria de trabajo solo puede sostener una limitada cantidad de información al mismo tiempo, sin importar lo mucho que me esfuerce. Esa es la razón por la que repasar mis libros y crear algo nuevo me toma el tiempo que me toma.
No me gusta enfrentarme a la realidad de mi debilidad; admitir mis limitaciones cognitivas es humillante. Pero las palabras del apóstol Pablo me hacen recordar que, aunque no lo parece, esto glorifica a Dios: «[Él] me ha dicho: “Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí» (2 Co 12:9). No necesito ser fuerte. Necesito admitir que soy débil.
La ciencia cognitiva nos invita a mantener los pies en la tierra, conscientes de nuestros límites naturales como seres humanos. Curiosamente, también nos permite examinar nuestros corazones, los cuales —de acuerdo con la Biblia— no solo representan nuestros afectos posiblemente pecaminosos, sino también los pensamientos y procesos dentro de nuestras mentes.
1 John B. Watson, Behaviorism, 2nd ed. (London: Kegan Paul & Co., 1931), 82. Vía Barrett, Justin L.. Cognitive Science, Religion, and Theology (Templeton Science and Religion Series) p. 174.
Ana Ávila es escritora senior en Coalición por el Evangelio, Química Bióloga Clínica, y parte de Iglesia El Redil. Es autora de «Aprovecha bien el tiempo: Una guía práctica para honrar a Dios con tu día». Vive en Guatemala junto con su esposo Uriel y sus dos hijos. Puedes encontrarla en YouTube, Instagram y Twitter.
¿Acaso la iglesia tal y como la conocemos ha pasado su fecha de vencimiento? ¿Necesitamos rediseñar nuestras congregaciones para adaptarlas a las sensibilidades modernas y a los avances tecnológicos?
Este es precisamente el argumento presentado en una reciente serie de artículos de The Christian Post en los que se promueven las congregaciones virtuales e iglesias diseñadas para el metaverso.
Como vimos la última vez, la Palabra de Dios es suficiente y autoritativa para la conducta de la iglesia, por lo que no somos libres de reorganizar la iglesia a nuestro antojo. Al contrario, debemos procurar que cada aspecto de nuestra práctica cristiana esté en conformidad con las Escrituras.
Por el contrario, The Christian Post parece asumir que la práctica familiar y bíblica de la asamblea de la iglesia se formó por motivos puramente pragmáticos. Uno de los supuestos expertos del artículo escribe: “Las plataformas digitales trastornan las iglesias. Esto no ocurrió durante la pandemia. Ocurrió cuando apareció la Web 2.0. Así que, si observa la historia de la iglesia, ve que nuestro modelo, el que prevalece ahora mismo, se inventó hace 1.700 años”. Según él, este modelo de iglesia se diseñó para adaptarse a una época y cultura diferentes.
En realidad, la práctica de que los creyentes se reúnan regularmente el primer día de la semana no se “inventó hace 1.700 años” con fines pragmáticos. Fue establecida hace 2.000 años por Cristo mismo. La naturaleza de la iglesia, la práctica de los apóstoles y los mandamientos de las Escrituras lo demuestran claramente.
Una Asamblea Convocada
Cuando el estado de California prohibió que las iglesias se reunieran en cualquier capacidad, los ancianos de Grace Community Church respondieron diciendo: “La iglesia por definición es una asamblea. Ese es el significado literal de la palabra griega para ‘iglesia’—ekklēsia—la asamblea de los llamados. Una asamblea que no se reúne es una contradicción en términos”.
Además, John MacArthur comenta sobre las palabras de Cristo: “Edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18) diciendo:
“La palabra ekklēsia (iglesia) significa literalmente ‘los llamados’, y se usaba como un término general y no técnico para cualquier grupo oficialmente congregado de personas. Se usaba a menudo para reuniones cívicas como cabildos municipales, donde se hacían importantes anuncios y se debatían asuntos comunitarios. Ese es el sentido en que Esteban utilizó ekklēsia en Hechos 7:38 para referirse a ‘la congregación’ de Israel llamada por Moisés en el desierto (cp. Ex. 19:17). Lucas la utilizó para una turba desenfrenada (‘asamblea’) incitada por los plateros efesios en contra de Pablo (Hch. 19:32, 41).
“Mateo 16:16 contiene el primer uso de ekklēsia en el Nuevo Testamento, y Jesús no ofrece aquí ninguna explicación calificada. Por consiguiente, los apóstoles no la habrían entendido en ninguna otra manera que su sentido común y general. Las epístolas utilizan el término en una manera más distinta y especializada, y dan instrucciones para su adecuado funcionamiento y para su liderazgo. Pero en Cesárea de Filipo el uso que Jesús da a ekklēsia solo pudo haber llevado la idea de ‘asamblea’, ‘comunidad’ o ‘congregación’”[1].
Aunque Jesús habla de la iglesia de modo universal en Mateo 16:18, el término ekklēsia también se utiliza a lo largo de las Escrituras para referirse a iglesias locales específicas. Mark Dever señala: “El libro de los Hechos normalmente se refiere a reuniones locales especificas cuando usa la palabra ekklēsia, como las asambleas en Jerusalén, Antioquía, Debe, Listra, y Éfeso”[2].
Como señaló John MacArthur, el Nuevo Testamento utiliza esta palabra en su sentido más natural. No se puede tergiversar para que signifique algo distinto a una asamblea real. Por lo tanto, la iglesia es por naturaleza, una asamblea.
La Práctica de Congregarse
Debido a que la iglesia es una asamblea por naturaleza, vemos asambleas organizadas en la práctica de los apóstoles. John MacArthur escribe:
“Aprendemos de las Escrituras, por ejemplo, que el primer día de la semana era el día en que la iglesia apostólica se reunía para celebrar la Cena del Señor: ‘El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba’ (Hechos 20:7). Pablo instruyó a los corintios para que hicieran sus ofrendas sistemáticamente en el primer día de la semana, implicando claramente que ése era el día en que se reunían para adorar (1 Corintios 16:2). La historia revela que la iglesia primitiva se refería al primer día de la semana como el Día del Señor, una expresión que se encuentra en Apocalipsis 1:10”[3].
En el Nuevo Testamento, la Iglesia comenzó a llamar al domingo “el Día del Señor”, porque ese es el día en que Jesús resucitó de entre los muertos. Cuando Juan escribió el Apocalipsis, alrededor del año 95 d.C., ese término ya era tan familiar que el apóstol pudo utilizarlo sin más explicaciones (Apocalipsis 1:10)[4].
Como explica Dever:
“El cuarto mandamiento estableció un ritmo semanal en el pueblo de Dios, y cualquiera que fuera la relación entre el sabbat del Antiguo Testamento y el día del Señor en el Nuevo Testamento, la naturaleza de la obediencia cristiana siempre demandaba que los creyentes se reunieran habitualmente. No es sorprendente que las iglesias del Nuevo Testamento se reunieran por lo menos semanalmente (si no más) y hasta comenzaran a referirse al ‘día del Señor’”[5].
Él añade que la reunión semanal era necesaria para las prácticas de la predicación, la mesa del Señor y la disciplina eclesiástica. Entonces, aunque no se ordena explícitamente en estos pasajes, está claro que la iglesia apostólica se reunía constantemente en el Día del Señor para la adoración corporativa y la comunión.
El Mandamiento a Congregarse
Además del hecho de que ekklēsia significa literalmente “asamblea” y que la iglesia apostólica se reunía en el Día del Señor, el Nuevo Testamento también ordena explícitamente a los creyentes que se reúnan. Hebreos 10:24-25 dice: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.
El autor de Hebreos escribió a una audiencia judía tentada a volver a las prácticas del Antiguo Pacto, ya fuera parcial o totalmente. Como explica John MacArthur:
“Los lectores judíos no la estaban pasando bien en su rompimiento con el antiguo pacto, el templo y los sacrificios. Todavía se aferraban al legalismo, a los rituales y a las ceremonias, las cosas externas del judaísmo. De modo que el escritor les dice que una de las mejores formas de mantenerse firmes en las cosas divinas –las cosas divinas que solo se encuentran en el nuevo pacto de Jesucristo– es estar en la comunidad del pueblo de Dios, donde puedan amar y ser amados, servir y ser servidos. No hay mejor lugar… para esperar continuamente en Él que la Iglesia, su cuerpo”[6].
Hebreos 10:24 contrasta “estimularnos al amor y a las buenas obras” con “no dejando de congregarnos” en el versículo siguiente. La implicación evidente es que reunirse como iglesia produce estímulo mutuo para la semejanza a Cristo en los miembros.
F. F. Bruce escribe: “Sin embargo, esto nunca sucederá si se mantienen distantes los unos de los otros. Por lo tanto, cada oportunidad de reunirse y disfrutar de su comunión en la fe y la esperanza debe ser bienvenida y utilizada para el estímulo mutuo. Nuestro autor exhorta a sus lectores a seguir reuniéndose con mayor fervor, porque sabe de algunos que se estaban alejando de la comunión cristiana”[7].
Lamentablemente, quienes proponen la “iglesia” de la realidad virtual están sugiriendo que abandonemos el reunirnos en persona, aunque no se den cuenta de ello. El resultado es que los creyentes pierden la oportunidad de “estimularse los unos a los otros al amor y a las buenas obras”. Así que rechazar el mandato de Dios de reunirse no sólo es una evidente desobediencia, sino que también paraliza espiritualmente a la iglesia.
¿La Iglesia del Futuro?
Desde la era del Nuevo Testamento, los cristianos entendieron que debían reunirse regularmente debido a la naturaleza de la iglesia, la práctica de los apóstoles y los mandamientos de las Escrituras. Pero los discípulos de la revolución digital de hoy quieren derrocar esta práctica bíblica que ha sido probada a través del tiempo por un modelo nuevo, creado por el hombre.
Otro supuesto experto en este artículo afirma: “La Iglesia del futuro es una red. Y estará basada digitalmente. No va a estar situada geográficamente”. Este nuevo método no sólo pasa por alto el imperativo bíblico de reunirse e ignora el modelo bíblico de reunión, sino que propone cambiar la naturaleza misma de la iglesia—al abogar por una asamblea que no se reúne.
En otras palabras, esta “Iglesia del futuro” no es una iglesia en absoluto.
La palabra «teología» proviene de dos palabras griegas que significa «Dios» y «palabra». Al combinarlas, la palabra «teología» significa «el estudio de Dios». La teología cristiana es el estudio de lo que la biblia enseña y lo que los cristianos creen. Muchos creyentes consideran la teología cristiana como algo que trae división, o algo que hay que evitar. ¡En realidad, la teología cristiana debería unir! La palabra de Dios enseña la verdad y debemos estar unidos tras esa verdad. Sí, hay desacuerdos y disputas en la teología cristiana. Sí, hay libertad para discrepar sobre aspectos que no son importantes de la teología cristiana. Por otra parte, hay muchas cosas en las cuales los cristianos deberían estar unidos. Una teología cristiana basada en la biblia nos permitirá comprender mejor a Dios, la salvación y nuestra misión en este mundo.
Para algunos, la palabra «teólogo» evoca imágenes de ancianos malhumorados examinando minuciosamente polvorientos volúmenes de textos antiguos en habitaciones con muy poca luz, estudiando cosas que están completamente lejos de la vida real. Nada podría estar más lejos de la verdad. Segunda Timoteo 3:16-17 nos dice que toda la escritura es inspirada por Dios, literalmente fue hablada por Dios, y es indispensable para nosotros porque nos hace completos y sin faltarnos absolutamente nada. Ser un teólogo, es ser uno que busca el rostro de Dios para encontrar al creador del universo y a su hijo Jesucristo, y abrazarlo como el señor de nuestras vidas, de modo que él se convierta en el centro de nuestros deseos, afectos y conocimiento. Esta intimidad se extiende a todos los aspectos de nuestras vidas, estremeciéndonos con sus bendiciones, consolándonos en tiempos de pérdida, fortaleciéndonos en nuestras debilidades y sosteniéndonos hasta el fin de nuestras vidas cuando lo veamos cara a cara. La escritura es la historia de Dios, y entre más estudiemos su palabra, mejor le vamos a conocer.
A continuación se presentan las diferentes categorías de la teología cristiana. El entender lo que la biblia dice acerca de las diferentes áreas de la teología cristiana, es clave para el crecimiento espiritual y la efectividad en la vida cristiana.
Teología propiamente dicha / Paterology – el estudio de Dios el padre.
Cristología – el estudio de la persona y la obra de Jesucristo.
Pneumatología – el estudio de la persona y la obra del Espíritu Santo.
Bibliología – el estudio de la palabra de Dios.
Soteriología – el estudio de la salvación a través de Jesucristo.
Antropología cristiana – el estudio de la naturaleza de la humanidad.
Hamartiología – el estudio de la naturaleza y los efectos del pecado.
Angelología – el estudio de los ángeles.
La demonología cristiana – el estudio de los demonios.
Eclesiología – el estudio de la naturaleza y la misión de la iglesia.
Escatología – el estudio de los tiempos finales / los últimos días.
GotQuestion.org es un ministerio de siervos voluntarios dedicados y preparados, que tienen el deseo de asistir a otros en su entendimiento de Dios, la Escritura, la salvación y otros tópicos espirituales. Somos cristianos protestantes, conservadores, evangélicos, fundamentalistas y sin denominación. Nos consideramos como un ministerio paralelo al de la iglesia, trabajando hombro con hombro con la iglesia para ayudar a la gente a encontrar respuestas a sus preguntas de índole espiritual.
3 preguntas rápidas antes de dejar su iglesia Por: Tim Challies
Todos sabemos que hay momentos y circunstancias en los que el único plan de acción correcto es dejar una iglesia. Si los líderes de la iglesia han apostatado o han demostrado no estar calificados para el ministerio, si están predicando un falso evangelio, si se han rendido a la cultura, necesitamos salir. Podemos abandonar estas iglesias de una manera valiente y sin mirar atrás, sacudiendo el polvo de nuestros pies.
Sin embargo, la mayoría de las veces, dejamos las iglesias por lo que podríamos considerar razones personales. No necesitamos irnos, pero elegimos irnos. Normalmente lo hacemos cuando nos sentimos cansados de las personas, cuando sentimos que ya no se interesan por nosotros, cuando las relaciones se sienten frías en lugar de cálidas, cuando sentimos que necesitamos un nuevo inicio.
Me pregunto si estás en ese lugar ahora mismo, eres parte de una iglesia pero te sientes incómodo, listo y dispuesto a salir. Tal vez has asistido a otra iglesia una o dos veces y te sientes atraído por esa congregación, por esos cristianos. No siempre es incorrecto dejar una iglesia bajo tales circunstancias, pero antes de hacerlo, me gustaría hacer tres preguntas importantes, las cuales he hecho muchas veces como anciano y pastor de la Iglesia Fellowship Grace en Toronto, Canadá:
Aquí está la primera pregunta: ¿has estado orando por los hermanos de la iglesia donde te encuentras? Tu amor por los demás crece en proporción a tu oración por ellos. A medida que oras por las personas, comienzas a experimentar amor hacia ellas. Estás llamado a orar por tus enemigos con la esperanza de que se conviertan en tus hermanos y hermanas y por los extraños con la esperanza de que se conviertan en tus amigos. ¿Cuánto más, entonces, debes orar por los miembros de la iglesia? Cuando no oras por los hermanos de tu iglesia, pronto encontrarás tu corazón enfriándose hacia ellos. Una vez que tu amor se enfría por ellos quizás te encuentres echándoles la culpa por tu falta de contentamiento cuando realmente empezó dentro de ti. Antes de salir de una iglesia, primero determina que te tomarás un tiempo para orar específicamente y por nombre por las personas de la iglesia. Luego examina si tu corazón permanece frío y distante.
Aquí está la segunda pregunta: ¿Ha estado sirviendo a la gente de esta iglesia? Tu amor por los demás crece en la misma medida de tu servicio hacia ellos. A medida que sirves a los demás, naturalmente sentirás amor por ellos. Demasiados cristianos prefieren que se les sirva en lugar de buscar todas las oportunidades para servir. Miden su reacción emocional a la iglesia por las acciones que otros han tomado o no han tomado hacia ellos. Sin embargo, el primer llamado de Dios a nosotros no es para que nos sirvan sino para servir (Marcos 10:45, Filipenses 2:5-11). A medida que imitamos a Cristo en su servicio abnegado, nuestro amor se vuelve más cálido. Antes de dejar una iglesia, primero determina que te tomarás un período de tiempo para servir a esa iglesia… …para buscar de forma creativa oportunidades para servirles y sorprenderles. Luego examina si tu corazón permanece frío y distante.
Y una última pregunta: ¿Ha estado con la gente de esta iglesia? ¿Has estado allí el domingo por la mañana, y si lo has hecho, has estado en todo momento, buscando gente con quién hablar, gente nueva a la que conocer, café para preparar, sillas para acomodar? ¿Ha estado en los servicios de los domingos por la noche o a mitad de semana, o en las reuniones de oración, o en los grupos celulares? Si todos los demás en la iglesia se reúnen tres veces a la semana mientras tú caes como paracaidista para un rápido encuentro el domingo por la mañana, inevitablemente te sentirás como un extraño mirando hacia adentro. Necesitas involucrarte en la vida de una iglesia, no sólo en la reunión principal. Antes de salir de una iglesia, primero determina que por un tiempo te comprometerás con ella de lleno. Luego examina si tu corazón permanece frío y distante.
Ante muchas circunstancias tenemos libertad ante Dios para movernos de una iglesia a otra. En algunos casos es un plan de acción necesario, mientras que en otros es una acción pecaminosa. Sin embargo, la mayoría de las veces es algo a discreción personal, dependiendo de los particulares, las circunstancias, y el corazón. Antes de hacer tal movimiento, considera las preguntas: ¿Has estado orando por la gente de la iglesia? ¿Has estado sirviendo a la gente de la iglesia? ¿Has estado con la gente de la iglesia? El amor se enfría donde no hay oración. El amor se enfría donde no hay servicio y no hay unión. En otras palabras, el amor se enfría donde no hay amor, no hay expresión de amor a través de la oración, las obras y la comunión.
Tim Challies Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.