¿Qué es un medio de gracia?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Los medios ordinarios de gracia

¿Qué es un medio de gracia?
Por Nicholas T. Batzig

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Los medios ordinarios de gracia

n pequeño análisis de los cincuenta libros cristianos más vendidos revela cuáles son los temas de mayor y menor interés para la mayoría de quienes profesan ser cristianos. Los libros que predominan en la lista tienen que ver con propósito, las finanzas, la personalidad, la autoestima, los lenguajes del amor y los límites relacionales. Lamentablemente, los libros sobre el Dios triuno, Cristo, el pecado, el evangelio, la Escritura, la predicación, los sacramentos, la oración, la disciplina eclesiástica y la iglesia local brillan por su ausencia. Ya que Jesucristo y Su obra salvadora son el fundamento de nuestra fe (1 Co 2:23:11), lo que más debería preocuparnos es saber cómo crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo (2 Pe 3:18). Nuestro crecimiento en la gracia de Cristo será proporcional a nuestro uso de los medios ordenados por Dios. Los teólogos se refieren a ellos como los «medios de gracia» (media gratia).

Los medios de gracia son los instrumentos ordenados por Dios que el Espíritu Santo usa a fin de capacitar a los creyentes para recibir a Cristo y los beneficios de la redención. Aunque Él pudo haber decidido revelarle a Cristo de forma inmediata a Su pueblo, Dios determinó hacerlo a través de ciertos medios. Designó la Palabra, los sacramentos y la oración como los medios principales que Él usa para comunicar a Cristo y Sus beneficios a los creyentes.

Jesús enseña que las Escrituras son el medio de salvación principal e indispensable (Lc 16:3124:2744-45). La predicación de la Palabra de Dios era central en el ministerio de los apóstoles (Hch 2:22414:45:206:712:2415:7323616:1419:2020:32). Pablo explica en Romanos 10:17: «La fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo». Los apóstoles le dieron suma importancia a la Palabra de Dios como el medio de la salvación y la santificación de los creyentes (Col 3:16Heb 5:14Stg 1:1821251 Pe 2:2).

La Escritura también enseña que Dios instituyó los sacramentos como medios de gracia. Pablo vincula el bautismo con la gracia de la salvación cuando escribe: «[Dios] nos salvó… por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo» (Tit 3:5). Habla de la «copa de bendición» (1 Co 10:16) cuando se refiere a la Cena del Señor. La gracia salvadora de Cristo es comunicada espiritualmente a los creyentes cuando ellos participan de la Cena por fe. Por el contrario, los que participan «indignamente» (es decir, en incredulidad) pueden ser objetos del juicio de Dios (11:27-32).

La oración también es un medio de gracia según la Escritura. Dios ha prometido redimir a todos los que lo invocan en verdad. El día de Pentecostés, Pedro afirmó: «Y SUCEDERÁ QUE TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERÁ SALVO» (Hch 2:21).

Encontramos una definición histórica útil de los medios de gracia en el Catecismo Menor de Westminster, donde leemos: «Los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención son, Sus ordenanzas, y especialmente la Palabra, los sacramentos y la oración; todos los cuales son hechos eficaces para aquellos que han sido elegidos para la salvación» (Catecismo Menor de Westminster, pregunta 88).

¿Cómo es que los medios de gracia son hechos eficaces? ¿Cómo operan? No operan por sí mismos (ex opere operato), como insiste la Iglesia católica romana. Más bien, operan a través del Espíritu de Dios en el corazón de los elegidos por medio de la fe. Como lo explica la pregunta 91 del Catecismo Menor de Westminster:

Los sacramentos llegan a ser medios eficaces de salvación, no porque haya alguna virtud en ellos, o en el que los administra; sino solamente por la bendición de Cristo, y la obra de Su Espíritu en los que por fe los reciben.

Sin embargo, los miembros de la asamblea de Westminster no creían que todos los medios de gracia son igualmente eficaces: «El Espíritu de Dios hace que la lectura, y, más especialmente, la predicación de la Palabra, sean medios eficaces de convencer y de convertir a los pecadores, y de edificarlos en santidad y consuelo, por medio de la fe, para la salvación» (Catecismo Menor de Westminster, pregunta 89). El teólogo reformado Geerhardus Vos dio un motivo para priorizar la Palabra por sobre los sacramentos cuando escribió:

De ser necesario, podemos pensar en la Palabra como un medio de gracia sin los sacramentos, pero es imposible pensar en los sacramentos como medios de gracia sin la Palabra. Los sacramentos dependen de la Escritura, y la verdad de la Escritura habla en ellos y a través de ellos.

De igual forma, la oración se transforma en un medio de gracia solo cuando está moldeada por la verdad de la Escritura. El Espíritu Santo toma la Palabra y permite que los creyentes oren en armonía con la voluntad de Dios.

Si vamos a crecer en la gracia, debemos reconocer que Dios ha instituido ciertos medios para ese crecimiento. Debemos acercarnos a esos medios con ávida expectación y una confianza como de niño en Aquel que les añade Su bendición. Además, debemos reposar contentos en el uso correcto de esos medios, sabiendo que Dios ha prometido bendecirlos cuando los usamos con corazones de arrepentimiento y fe.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Nicholas T. Batzig
Nicholas T. Batzig

El Rev. Nicholas T. Batzig es editor asociado de Ligonier Ministries. Escribe en su blog Feeding on Christ.

Tesis #33 – Ovejas sin pastor serán llevadas por el Señor de las ovejas a lugares de verdes pastos

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 33

Ovejas sin pastor serán llevadas por el Señor de las ovejas a lugares de verdes pastos

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

¿Por qué Dios no elimina el sufrimiento? Sobre «El problema del dolor»

BITE

¿Por qué Dios no elimina el sufrimiento? Sobre «El problema del dolor»

C.S.Lewis

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Si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué no hace que seamos felices? Hilos de pensamiento que cambian la vida: sobre El problema del dolor de C. S. Lewis.

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Conductor: Nicolás Osorio.
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13 – LA OMNIPOTENCIA DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

R.C.SPROUL

2. LA NATURALEZA Y LOS ATRIBUTOS DE DIOS

13 LA OMNIPOTENCIA DE DIOS

A todos los teólogos, tarde o temprano, un estudiante les planteará una pregunta que resulta ser un rompedero de cabeza. Esta pregunta tan antigua es la siguiente: ¿puede Dios crear una roca tan grande que no la pueda mover? A primera vista esta pregunta parece crear un cerco que encierra al teólogo en un dilema sin solución. Si contestamos que sí, entonces estamos diciendo que hay algo que Dios no puede hacer; no puede mover la roca. Si contestamos que no, entonces estamos diciendo que Dios no puede construir dicha roca. Cualquiera sea la respuesta que demos estamos forzados a establecerle límites al poder de Dios.

Este problema se asemeja a otro: ¿qué sucede cuando una fuerza irresistible se enfrenta con un objeto inamovible? Es posible concebir una fuerza irresistible. También es posible concebir un objeto inamovible. Lo que nos resulta imposible de concebir es la coexistencia de ambos. Si una fuerza irresistible se enfrentara con un objeto inamovible y el objeto se moviera, entonces no podría ser con propiedad llamado inamovible. Si el objeto no se moviera, entonces nuestra fuerza «irresistible» no podría ser llamada con propiedad irresistible. Vemos, entonces, que la realidad no puede contener a ambos – una fuerza irresistible y un objeto inamovible.

Volvamos ahora al tema de la roca inamovible. El dilema que se plantea aquí (como en el caso de la fuerza irresistible) es un falso dilema. Es falso porque se funda sobre una premisa falsa. Está suponiendo que la «omnipotencia» significa que Dios puede hacer cualquier cosa. Sin embargo, considerado como un término teológico, la omnipotencia no significa que Dios pueda hacer cualquier cosa. La Biblia nos señala varias cosas que Dios no puede hacer. No puede mentir (Heb. 6: 18). No puede morir. No puede ser eterno y a la vez haber sido creado. No puede actuar en contra de su naturaleza. No puede ser Dios y no ser Dios al mismo tiempo y en el mismo sentido.

La omnipotencia significa que Dios tiene el poder sobre su creación. No hay ninguna parte de la creación fuera del alcance de su control soberano. Por lo tanto, hay una respuesta correcta al dilema de la roca. El problema tiene solución. La respuesta es no. Dios no puede construir una roca tan grande imposible de mover. ¿Por qué? Si Dios construyera dicha roca estaría creando algo sobre lo que no podría ejercer su poder. Estaría destruyendo su propia omnipotencia. Dios no puede dejar de ser Dios; no puede no ser omnipotente.

Cuando la Virgen María se vio confundida por la anunciación de Gabriel sobre la concepción de Jesús en su vientre, el ángel le dijo: «porque nada hay imposible para Dios» (Lk 1:37). El ángel le estaba recordando a María la omnipotencia de Dios. Creo que hasta los ángeles son capaces de usar hipérboles. En un sentido restringido, el ángel estaba expresando una teología incorrecta. Pero en un sentido bíblico más amplio entendemos que el poder de Dios supera al de la criatura. Lo que para nosotros es imposible para Dios es posible. Decir que nada es imposible para Dios significa que Dios puede hacer cualquier cosa que sea su voluntad. Su poder no está limitado por limitaciones finitas. Nada o «ninguna cosa» puede restringir su poder. Sin embargo, su poder todavía está limitado por lo que él es. El pecado le es imposible porque uno no puede pecar si no lo desea. Dios no puede pecar porque nunca tendrá la voluntad de pecar. Job llegó al meollo de este asunto cuando dijo: «Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti» (Job 42:2).

Para el cristiano la omnipotencia de Dios es una enorme fuente de consuelo. Sabemos que el mismo poder que Dios desplegó al crear el universo está a su disposición para asegurarnos la salvación. Demostró su poder en el Éxodo de Egipto. Demostró su poder sobre la muerte en la resurrección de Cristo. Sabemos que ninguna parte de la creación puede frustrar sus planes para el futuro. No hay moléculas perdidas al azar en el universo que puedan destruir sus planes. Aunque los poderes y las fuerzas de este mundo amenacen con destruirlos, no tenemos por qué temer. Podemos descansar confiados en el conocimiento de que nada puede superar el poder de Dios. Dios es el Todopoderoso.

Resumen

l. La omnipotencia no significa que Dios puede hacer cualquier cosa. Dios no puede actuar en contra de su naturaleza.

2. La omnipotencia se refiere al poder, la autoridad y el control soberano que Dios ejerce sobre el orden creado.

3. La omnipotencia es una amenaza para los malvados, y es una fuente de consuelo para los creyentes.

4. El mismo poder que Dios exhibió en la creación lo demostró en nuestra redención.

5. No existe nada en el universo que pueda desbaratar los planes de Dios.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Gen. 17: l

Ps. 115:3

Rom. 11:36

Eph. 1:11

Heb. 1:3

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

Los medios ordinarios de gracia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Los medios ordinarios de gracia

Los medios ordinarios de gracia
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Los medios ordinarios de gracia

unca he escuchado a un cristiano decir que no cree que Dios es soberano, pero sí he escuchado a muchos cristianos profesantes definir la soberanía de Dios de una manera que, a fin de cuentas, hace que el hombre sea soberano sobre Dios. Tienen una visión de la soberanía en la que el hombre es grande y Dios es pequeño. La gente dice: «Sé que Dios es soberano, pero…». A decir verdad, muchos cristianos profesantes en realidad no creen que Dios es soberano. Y si no creemos que Dios es soberano, en realidad no creemos que Dios es Dios; pero el problema es mucho más profundo.

Muchos cristianos que profesan creer que Dios es soberano sobre todo creen en un tipo de soberanía que es más similar al determinismo islámico que al teísmo bíblico, una especie de nihilismo teísta que cree que nada de lo que hacemos realmente importa: que Dios es soberano y nosotros somos simples títeres movidos por un hilo. Eso no es lo que la Biblia enseña sobre la soberanía de Dios. Él revela en la Escritura que de verdad es soberano sobre todas las cosas, que ordenó de antemano todo lo que acontece y que no es autor del pecado ni lo aprueba (Is 46:10Stg 1:13; Confesión de Fe de Westminster 3.1). Él revela que es soberano sobre todo y que nosotros somos culpables por nuestras acciones (Hch 2:23). Nos muestra que Él es la causa primaria y que usa causas secundarias ―como nosotros― para llevar a cabo Sus propósitos supremos (Pr 16:33Jn 19:11). Revela que, aunque ha ordenado los fines de todas las cosas, también ha ordenado los medios para todos los fines (Hch 4:27-28).

Cuando se trata de nuestra adoración a Dios, demasiados cristianos piensan que en verdad no importa lo que hagamos ni cómo lo hagamos porque nuestro Dios soberano puede usar cualquier medio para cumplir Sus propósitos supremos. Sin embargo, eso no justifica que usemos medios que Dios no nos ha dado. No obstante, hay muchos cristianos y muchas iglesias que creen que podemos usar cualquier medio ingenioso que inventemos para conseguir los fines que deseamos.

Si de verdad creemos que Dios es soberano, debemos confiar en los medios que Él ordenó soberanamente para producir los fines que Él desea. Los medios que Dios instituyó para nuestro sustento y crecimiento espiritual en la gracia son los que denominamos medios ordinarios de gracia, es decir, la Palabra, la oración, los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor, además de la disciplina eclesiástica y el cuidado de las almas, que van necesariamente ligados a los anteriores. Estos medios son designados por Dios, tienen el poder del Espíritu Santo y nos apuntan a Cristo. Además, nos sostienen y alimentan en nuestra unión con Cristo mientras descansamos en los fines soberanos de nuestro Dios trino.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

El tiempo venidero

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Serie: Tiempo

El tiempo venidero
Por William Boekestein

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Tiempo

Por primera vez en mi vida, la gente a mi alrededor está dándole seguimiento diario a las tasas de mortalidad. Las pandemias mundiales nos hacen pensar acerca de la muerte y hacen que la eternidad luzca menos distante. Los antiguos indicadores de estabilidad —una economía en crecimiento, rutinas predecibles— se han visto socavados. Surgen preguntas nuevas, preguntas que antes la gente no se hacía. ¿Existe algo más allá de esta era presente? ¿En qué consiste la vida? ¿Tiene alguna relevancia para mi vida, aquí y ahora, la enseñanza bíblica sobre la eternidad?

LA REALIDAD DE LA ETERNIDAD

La suposición occidental común de que la vida termina con la muerte enfrenta al menos dos problemas. Primero, el escepticismo sobre la eternidad no puede disuadir la obstinada sensación en nuestras almas de que la vida persiste más allá de la muerte. «La creencia en la inmortalidad del alma se da en todos los pueblos… dondequiera que no haya sido minimizada por las dudas filosóficas o relegada a un segundo plano por otras causas… Es la muerte, no la inmortalidad, lo que requiere una explicación» (Herman Bavinck, Reformed Dogmatics [Dogmática reformada]). Todos sentimos lo antinatural que parece ser la mortalidad. «Gemimos agobiados, pues no queremos ser desvestidos [es decir, no gemimos simplemente por morir] sino vestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida» (2 Co 5:4; ver Rom 8:22-23). Salomón identifica la razón de ser del sentido de permanencia en todos nosotros: Dios «ha puesto la eternidad en sus corazones» (Ec 3:11).

Suponer que la muerte cancela la vida también contradice las promesas de Dios acerca de la vida eterna (1 Jn 2:25). La frase vida eterna ocurre unas cincuenta veces en el Nuevo Testamento, invitándonos a considerar esta vida presente y temporal como una preparación para una vida futura y sin fin. Para comprender la eternidad, reflexionemos en los beneficios que reciben los creyentes en la muerte y en la resurrección.

Beneficios de los creyentes al morir. Cuando los creyentes mueren, sus almas pasan inmediatamente a la gloria (Lc 23:43). La muerte del creyente es «solo una abolición del pecado y un paso a la vida eterna» (Catecismo de Heidelberg 42). Ciertamente, para el creyente, es mucho mejor partir de esta vida y estar con Cristo (Flp 1:23). Los cuerpos de los creyentes, estando todavía unidos a Cristo, descansan en sus tumbas esperando la resurrección (Dn 12:2Hch 24:151 Tes 4:14). Pero Jesús enseñó que un día «todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán» (Jn 5:28–29).

Beneficios de los creyentes en la resurrección. Cuando cantamos «Gracias, Señor, por salvar mi alma», podemos olvidar que no es un alma nueva lo que nos hace completos. Dios hizo a los humanos para que tuvieran comunión con Él en alma y en cuerpo. La salvación debe incluir ambos. Cuando Cristo regrese, Él «transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria» (Flp 3:21). Permitamos que la reacción de Juan ante el Cristo transformado dé energía al símil de Pablo: «cuando le vi, caí como muerto a sus pies» (Ap 1:17). «Se siembra un cuerpo corruptible, se resucita un cuerpo incorruptible; se siembra en deshonra, se resucita en gloria; se siembra en debilidad, se resucita en poder» (1 Co 15:42-43).

A pesar de los prejuicios de la cultura occidental contra la eternidad, Jesús regresará en el momento preciso para dar inicio a la era venidera. Eliminará a Sus enemigos para siempre y recibirá a Sus amigos redimidos. La muerte no deshace la existencia. La vida eterna no se contrasta con la aniquilación en la muerte, sino con un morir sin fin (Jn 3:16; ver Mr 9:42-48Lc 16:19-31). La eternidad hace que la incredulidad sea realmente trágica. Pero la eternidad es «muy deseable y consolador[a] para los justos y los elegidos porque entonces su plena liberación será perfeccionada» (Confesión Belga, Art. 37). En la era venidera, para los elegidos «el tiempo está cargado con la eternidad de Dios. El espacio está lleno de Su presencia. El devenir eterno está unido al ser inmutable» (Bavinck, Reformed Dogmatics [Dogmática reformada]). La intención de Dios es: «confortaos unos a otros con estas palabras» (1 Ts 4:18). 

EL CONSUELO DE LA ETERNIDAD

Sin la eternidad, el cristianismo es una cosmovisión miserable que ofrece poco consuelo (1 Co 15:19). Pablo sabía por experiencia que la fe puede contribuir a la aflicción, la perplejidad y la persecución (2 Co 4:8-92 Tim 3:12). «Muchas son las aflicciones del justo» (Sal 34:19). No te sorprendas si te sientes desilusionado por el camino de Cristo en esta era presente. Nuestras aflicciones son reales; muchas no serán resueltas en esta era. Pero, como dijo Tomás Moro, «No hay dolor en la tierra que el cielo no pueda sanar». «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Co 4:17).

La eternidad promete la absolución de la culpa. El evangelio declara la promesa de perdón de Dios. Pero olvidamos fácilmente. Estamos plagados de dudas. ¿Seré demasiado pecador como para ser perdonado?

Los creyentes —al igual que los no creyentes— se presentarán ante el tribunal de Dios. Todos nuestros pensamientos, palabras y actos serán publicados. Ninguno de nosotros habrá sido tan santo como lo es Dios. Sin embargo, el mundo entero escuchará a Dios decirle a Su amado: «Bien, siervo bueno y fiel… entra en el gozo de tu señor» (Mt 25:23). Al principio de la eternidad, Cristo reconocerá y absolverá públicamente a Sus hijos, silenciando definitivamente toda acusación en contra de ellos (ver Catecismo Menor de Westminster 38).

La eternidad promete la liberación del pecado. Oramos por ser rescatados del mal (Mt 6:13) y Dios responde. Aun así, repetimos nuestra necedad «como perro que vuelve a su vómito» (Pr 26:11). ¿Cuántas veces te has prometido genuinamente que la próxima vez lo harás mejor, confiando verdaderamente en la justicia de Jesús, agradecido por Su liberación, solo para caer una vez más? El pecado es así de frustrante. 

En la eternidad, las almas redimidas serán hechas perfectamente santas. Alrededor del trono de Dios, ahora mismo, se encuentran «los espíritus de los justos hechos ya perfectos» (Heb 12:23). En la eternidad nuestra familiaridad con el pecado terminará. Ya no nos marchitaremos ante la vergüenza del pecado pasado. Ya no pecaremos más. Ni siquiera seremos tentados a pecar. El cielo es un lugar de justicia (2 Pe 3:13); su clima es totalmente inhóspito para el pecado. 

La eternidad promete cuerpos restaurados. A medida que envejecemos entendemos mejor la afirmación de Pablo: «nuestro hombre exterior va decayendo» (2 Co 4:16). Pero hasta los niños quedan ciegos, se rompen huesos, les da cáncer y lloran. Los niños mueren. Nuestros cuerpos son problemáticos. Nos esforzamos mucho para cuidarnos —higiene, entrenamiento y vestimenta— solo para vernos presentables. Pero nuestros cuerpos no cooperan. Nos avergüenzan. Se cansan. Se lastiman. Se vuelven en contra nuestra.

Nuestros cuerpos celestiales serán inmunes al dolor y a la muerte (Ap 21:4), no en deshonra sino gloriosos. Entonces seremos como Dios (1 Jn 3:2), perfectamente adecuados para una amistad con Él que no tendrá fin.

La eternidad promete comunión gozosa con Dios. Fuimos creados para glorificar a Dios y disfrutarlo. Y los creyentes hoy hacemos esto, pero todavía no disfrutamos completamente a Dios. Apenas lo entendemos. No siempre estamos de acuerdo con Él. Nuestros deseos más bajos resisten Su voluntad inmaculada. Ni siquiera deseamos intimidad total con Dios. Pero ya estamos empezando. El Catecismo de Heidelberg resume así el consuelo de la eternidad: «ahora siento en mi corazón el comienzo del gozo eterno, luego de esta vida heredaré la salvación perfecta, la cual “ojo no vio, ni oído oyó, ni ha entrado al corazón del hombre”. Esto será así para que allí alabe yo a Dios por siempre» (Pregunta 58).

«Dios nos ha dado vida eterna» (1 Jn 5:11). Esta promesa es un tremendo consuelo para los hijos de Dios. Pero la eternidad también involucra responsabilidades.

DISCIPLINAS DE LA ETERNIDAD

El gran capítulo de Pablo sobre la resurrección termina con un llamado a la acción: «Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano» (1 Co 15:58). ¿Qué disciplinas requiere la eternidad?

Anticipación. Anticipar es darse cuenta de algo antes de que ocurra. La fe es una anticipación confiada. Por fe, nos esforzamos por ver, escuchar e imaginar la eternidad que Dios ha preparado para nosotros. Y el Espíritu nos ayuda a ver estas cosas profundas (1 Co 2:9-19). Por medio de la anticipación, la fe y la vista se acercan.

Y la mentalidad celestial no es contraria a la productividad terrenal. Soñar no es lo opuesto a hacer. ¿Acaso no inician con un sueño la mayoría de las grandes producciones? El mejor combustible para la piedad disciplinada es una visión clara de la recompensa celestial del creyente. Fueron los sueños acerca de la plenitud de gozo que disfrutaría en la presencia de Dios (Sal 16:1117;15) lo que fortaleció a David para perseverar en piedad mientras contemplaba la muerte (16:18; 17:5). Asimismo, el Apocalipsis de Juan confirma la utilidad de anticipar la eternidad. Dios adjunta esta promesa a Su anticipación de la eternidad: «Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad» (Ap 22:14). La anticipación certera de la eternidad, energizada por el Espíritu, agudizará nuestra visión de la esperanza de justicia que tanto esperamos (Gal 5:5).

Preparación. Después de enseñar a Sus discípulos a imaginar el reino venidero de Dios (Mt 6:10), Jesús exhortó acerca de la importancia de invertir en el cielo (vv. 19-20). Jesús no estaba denunciando la riqueza material; los ricos tienen un lugar honroso en Su reino (Is 53:9Jn 19:38-42). Pero advirtió sobre no aprovechar la riqueza de este mundo en beneficio del tesoro eterno (Lc 16:9). En uno de sus últimos discursos públicos antes de ir a la cruz, Jesús enfatizó este punto en tres parábolas consecutivas: la mayordomía y la generosidad terrenales obtienen una recompensa eterna (Mt 25). Cuando confiamos en Jesús, la muerte se convierte en el portal a través del cual cosechamos lo que plantamos en esta era (Gal 6:7). Si no hubiera más que esta vida presente, podríamos vivir sin pensar en el futuro (1 Co 15:32). Pero si nuestra lucha actual nos está preparando para «un eterno peso de gloria», tenemos razones suficientes para invertir con diligencia (2 Co 4:17).

Sumisión. La eternidad nos enseña la dura pero gratificante tarea de la espera. Esperar en el Señor es una forma de someternos a Él. Esperamos con paciencia por aquello que no vemos (Rom 8:25) al no desanimarnos cuando las cosas parecen ir en contra de nosotros. Eso es difícil. Pero la eternidad nos ayuda a esperar con la perspectiva correcta. Jesús le dijo a Sus discípulos: «Un poco más, y ya no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis» (Jn 16:16). No parece que el curso natural de la vida sea «un poco», especialmente cuando enfrentamos dificultades. Pero Matthew Henry está en lo cierto: «¿Qué son los días del tiempo comparados con los días de la eternidad?».

La eternidad también nos ayuda a someternos al juicio de Dios. El mandamiento de Pablo es duro: «nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios» (Rom 12:19). Pero la eternidad es la forma en que Dios logra la justicia perfecta. Ya que Jesús pondrá a todos Sus enemigos bajo Sus pies, es errado y mezquino buscar venganza personal; el Dios de gloria no necesita nuestra ayuda.

UN VISTAZO A LA ETERNIDAD

La adoración congregacional nos lleva a un contacto especial con el Dios eterno y nos afina para descansar verdaderamente en Él.

El propósito de la adoración congregacional. La adoración congregacional es la piedra angular de un día diseñado para ayudarnos a «comenzar en esta vida el reposo eterno». La eternidad es un reposo. Los creyentes ascendidos «descansan de sus trabajos, porque sus obras van con ellos» (Ap 14:13). La eternidad no se caracterizará por la inactividad (Ap 21:24-25). Pero en ella no estaremos luchando con el sudor de nuestros rostros (Gn 3:19) ni contra la carne (Rom 7:23). Cuando adoramos al Señor en verdad, descansamos de nuestras maquinaciones pecaminosas. Encontramos más satisfacción en adorar a Dios que en perseguir las ambiciones personales. Estamos más convencidos que nunca de que nuestras vidas están bellamente ligadas con la de Dios (Hch 17:28).

No podemos mantener ese descanso holístico en esta época. Si modificamos la analogía del matrimonio que usa Pablo, seguimos atados a esta vida; preocupados «por las cosas del mundo» porque nuestros corazones no están enfocados al máximo en glorificar y disfrutar a Dios (1 Co 7:33). Pero como dice Calvino, el día del Señor, y la adoración de manera particular, nos ayuda a «meditar en un eterno reposo de nuestras obras para que el Señor obre en nosotros por medio de Su Espíritu». El día de reposo cristiano prepara a los creyentes para la eternidad. En la eternidad, la diferencia «entre el día de reposo y los días de trabajo ha sido suspendida» (Bavinck, Reformed Dogmatics [Dogmática Reformada]). La adoración congregacional, que se vuelve más importante a medida que se acerca el día del Señor (Heb 10:25), comienza a suspender la diferencia entre esta era y la venidera. 

La práctica de la adoración congregacional. ¿Qué podemos hacer para maximizar el potencial de la adoración congregacional para prepararnos para la gloria?

  1. Participa. La voluntad de Dios para ti en el cuarto mandamiento —«Acuérdate del día de reposo para santificarlo» (Ex 20:8)— es que «en especial en el día de reposo, asista[s] diligentemente a la Iglesia de Dios». Los rituales requieren diligencia. Participar esporádicamente en la adoración congregacional sugiere una anticipación pobre de la eternidad.
  2. Ofrece una adoración aceptable (Heb 12:28). La estructura y el contenido de los cultos de adoración bíblicos ayudan a enfocar los ojos de nuestros corazones en Jesús. En la adoración, la lumbrera de la eternidad (Ap 21:23) ilumina nuestras mentes y alumbra nuestros corazones. Pero la adoración aceptable es más que calentar un asiento en una iglesia fiel. La adoración espiritual verdadera requiere una ofrenda completa de nosotros mismos como sacrificios vivos, consagrando nuestros corazones, mentes y cuerpos en la presencia de Dios (Rom 12:1). 
  3. Sé festivo y reverente. El Catecismo de Heidelberg está en lo correcto al decir que el día del Señor es «un día festivo de descanso» (Preguntas y respuestas 103, versión en inglés). La Confesión de Westminster también está en lo correcto al decir que debemos adorar con reverencia humildad (21.3). Festivo y reverente no son opuestos. Las primeras mujeres en enterarse de la resurrección de Jesús experimentaron ambas emociones: «temor y gran gozo» (Mt 28:8). La adoración marca el ritmo para la eternidad cuando nos acercamos a Dios tanto como «fuego consumidor» (Heb 12:29) como también el sol que calienta nuestro rostro e ilumina nuestro camino (Ap 21:23-24).
  4. Descansa de verdad. La adoración gira en torno a dos verdades: «la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom 6:23). El encuentro con Dios en la adoración destroza cualquier pretensión de justicia propia. Él es santo. Nosotros somos pecadores. Pero por medio de la fe, los pecadores encuentran un hogar en el refugio de un Dios santo. El Salmo 84 se usa a menudo en los funerales por una buena razón. Es un bello resumen del mensaje de la Escritura que dice que el alma que «desea con ansias los atrios del SEÑOR» (v. 2) puede también encontrar fortaleza en el Señor ahora (v. 5). El sol que alumbrará los cielos nuevos y la tierra nueva ya está alumbrando sobre nosotros (v. 11).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
William Boekestein
William Boekestein

El Reverendo William Boekestein es pastor de Immanuel Fellowship Church en Kalamazoo, Michigan. Es autor de varios libros, incluso The Future of Everything [El futuro de todo].

La oración de fe sanará al enfermo

Coalición por el Evangelio

La oración de fe sanará al enfermo

MIGUEL NÚÑEZ • JOSÉ «PEPE» MENDOZA • FABIO ROSSI

La Biblia dice que la oración de fe sanará al enfermo, y que todo lo que pidamos al Padre en el nombre de Jesús, nos será dado. Pero, ¿cómo debemos orar por los enfermos? ¿Cómo debemos entender estos pasajes y cómo se aplican a la vida cristiana hoy? De eso es lo que hablaremos en este episodio, con nuestro invitado especial, el pastor Miguel Núñez.

Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

​José «Pepe» Mendoza es el Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en twitter.

Fabio Rossi sirve como Director Ejecutivo en Coalición por el Evangelio, estando a cargo de la administración general del equipo de trabajo, liderando todas nuestras iniciativas y supervisando el funcionamiento de nuestras diferentes plataformas. También sirve como Anciano Pastor en la Iglesia Centro Bíblico El Camino, en la Ciudad de Guatemala, donde vive junto a su esposa Carol, y sus dos hijos.

¿Debo salir de mi iglesia?

Coalición por el Evangelio

¿Debo salir de mi iglesia?

SUGEL MICHELÉN • SAM MASTERS

Sugel Michelén: Es indudable que hay momentos en que un creyente tiene que salir de su Iglesia local, sin embargo, la membresía de la Iglesia no es algo ligero. Por lo tanto, para que una persona salga de una Iglesia local tiene que tener muy buenas razones para hacerlo. Eso no tiene que ver con el hecho de que tal vez hay algunos programas en la Iglesia que a mí no me agradan, ni con el hecho de que tal vez hay otros lugares donde hay otros pastores que predican de una manera que es más afín a mí. Si estás en una iglesia donde se predica el evangelio (sabiendo de antemano que no es una iglesia perfecta porque iglesia perfecta no existe en la tierra), estás en una Iglesia donde el pastor o los pastores son hombres de carácter probado, y estás en una iglesia que no está predicando herejías, yo te animaría a que te quedaras en tu iglesia. Te animaría a que ores al Señor para que tú mismo puedas ser un agente de cambio en la vida de tu iglesia local, porque la iglesia somos todos. La iglesia no son los pastores, la iglesia no son sus líderes únicamente. Por lo tanto, nosotros somos parte del problema que pueda haber en una iglesia, y en todas las iglesias los hay, pero también somos parte de la solución. Nosotros vemos en el Nuevo Testamento una iglesia como los Corintios, y el apóstol Pablo no anima a los hermanos de esta iglesia a que se vayan de ahí, a pesar de que era una iglesia que tenía muchos problemas.

Sam Masters: Exactamente. A veces sí tenemos que salir, pero es muy complicado y es un tema muy sensible que requiere de mucha sabiduría. Los reformadores hacían la misma pregunta, porque ellos salen de la iglesia católica, pero hay que entender que esa distinción es muy grande; entre la iglesia católica y una iglesia protestante o evangélica. Y ellos decían que hay que definir qué es una iglesia sana, una idea básica, y decían que es donde se predica la Palabra de Dios (se predica la salvación); es donde se usan los sacramentos de forma correcta, (o sea, no la misa que entendemos; la idea de que me salva hacerlo); y en algunos casos se practicaba la idea de la disciplina bíblica. Entonces eso nos da un marco. Si no estamos en una iglesia que sea así, quizás haya que salir. Por ejemplo, en Argentina, de donde vengo yo, hay iglesias que enseñan nada más que el evangelio de la prosperidad, y el verdadero evangelio nunca se predica. También hay otras iglesias donde todo es pura psicología y sinceramente nunca se predica la Palabra. Bueno, quizás en ese momento si debas salir. Pero como tú decías, muchas veces hay muchas variables. A lo mejor nosotros vamos a ser de influencia para bien en la iglesia, y si nos vamos se pierde esa oportunidad.

Sugel Michelén: También deberías tomar en cuenta si los que están dirigiendo la iglesia o el pastor de la iglesia es un hombre enseñable; un hombre que tiene un carácter probado normalmente es un hombre enseñable. Un miembro de la Iglesia debe orar por sus pastores y aún regalarle buenos libros que puedan ser de influencia. Pero sobre todas las cosas, debe orar por su iglesia y amarla, porque creo que nosotros como pastores (solo voy hablar como un pastor), cuando tenemos un miembro que evidentemente es parte de la congregación, está involucrado en la iglesia, ama su iglesia, y viene a nosotros con alguna duda o aún con un comentario de algo que piensa que debería cambiar en la iglesia, nosotros vamos a tener un mejor oído para este hermano. Vamos a tener un mejor oído para él que para una persona que está continuamente criticando, chismeando o hablando a espaldas de los líderes, y eso es un mal espíritu que Dios no bendice.

Sam Masters: Hay que encontrar un equilibrio que a veces es difícil encontrar. Como miembros de la iglesia tenemos una responsabilidad de cuidar la sana doctrina, pero tenemos que hacerlo de una forma muy respetuosa y llena de amor.

Sugel Michelén: Y Dios está obrando a través de iglesias pequeñas, a través de iglesias que no son conocidas. Hay un mal en esta época, y es que todo el mundo quiere dejar las iglesias pequeñas para irse a las iglesias grandes. Creo que de esa manera no estamos edificando el Reino de Dios. No estamos edificando el Reino. Así que yo te animaría a que pensaras muy bien antes de dar ese paso de irte de la iglesia. Aunque como decía Sam, hay ciertas marcas que una iglesia de Dios tiene: se predica la Palabra, se practican las ordenanzas del Señor (el bautismo y la Santa Cena), se practica la disciplina eclesiástica, hay una membresía definida; si estás en una iglesia así, apoya a tu Iglesia.

​Sugel Michelén

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.

Samuel E. Masters

 Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Está casado con Carita y tienen tres hijos. Vive desde hace 32 años en Argentina. Es el pastor fundador de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer (En Córdoba, Argentina), presidente de The Crecer Foundation (EE. UU.), y rector del Seminario Bíblico William Carey. Obtuvo su Masters of Arts In Religion en Reformed Theological Seminary y tiene un doctorado en Biblical Spirituality del Southern Baptist Theological Seminary.

El tiempo y el individuo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Tiempo

El tiempo y el individuo
Por Joe Holland

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Tiempo

engo que imaginar que estarían aterrorizados; agradecidos, pero aterrorizados. 

El Dios olvidado, revelado a Moisés por medio de un fuego inusual, acababa de poner al ejército más grande del mundo en el fondo del mar mientras abría un camino para que Su pueblo andrajoso se escapara entre dos imponentes muros de agua. ¿Quién era ese Dios? ¿Cómo es Él? ¿Qué requiere de aquellos que son llamados por Su nombre? ¿Podría acaso ese pueblo terminar en el fondo del mar? Estas eran preguntas que probablemente estaban en la mente de los israelitas, estas interrogantes y la emocionante gratitud de ser un pueblo libre por primera vez en su historia.

Dios daría respuestas a estas preguntas, respuestas enmarcadas en Su amor abundante e inquebrantable. Estas respuestas vinieron por medio de esta ley, especialmente los Diez Mandamientos, pacientemente dados en dos ocasiones. En estas leyes, los israelitas encontraron que este Dios, su Dios del pacto, no era caprichoso en lo absoluto. En este simple Decálogo, encontraron un breve resumen de la vida humana según la manera en que Dios había diseñado que se viviera, una respuesta resumida a todas las grandes preguntas de la vida.

La razón por la que inicio aquí, con el Decálogo, es para tener un marco de referencia en nuestro uso del tiempo como individuos, como personas creadas a imagen de Dios (Gn 1:26-27) y como personas que están siendo redimidas a imagen de Dios (Rom 8:29), según el diseño de Dios para el uso del tiempo individual. No lo he mencionado todavía, pero un vistazo rápido a los Diez Mandamientos, usando como filtro el tema del tiempo, nos lleva directamente al final de la primera tabla, al cuarto mandamiento. El cuarto mandamiento dice:

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es día de reposo para el SEÑOR tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo. Porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el SEÑOR bendijo el día de reposo y lo santificó (Ex 20:8-11).

En el recuento del Decálogo en Deuteronomio se observa el único cambio de contenido en el cuarto mandamiento, ya que en esta oportunidad el mandamiento se basa en la redención —«Y acuérdate que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el SEÑOR tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido; por lo tanto, el SEÑOR tu Dios te ha ordenado que guardes el día de reposo» (Dt 5:15)— a diferencia del énfasis en la creación que vemos en la versión del cuarto mandamiento en Éxodo, un cambio que resalta la experiencia de los esclavos liberados: creados por Dios y redimidos por Dios. Podemos ver, entonces, que el Decálogo habla específicamente de cómo el individuo usa el tiempo y lo hace dentro del marco de la historia redentora, creación por medio de la redención.

El cuarto mandamiento, como los otros mandamientos, comunica tanto en lo que no dice como en lo que dice. Algunos mandamientos equilibran un positivo tácito con un negativo claro: no matarás claramente implica el mandato positivo a proteger la vida. Pero cuando llegamos al cuarto mandamiento, no es un negativo-positivo lo que encontramos, sino un ritmo: descanso y trabajo. En la economía del Antiguo Testamento, el descanso ocurría al final de la semana, un punto muy claro para todo aquel que trabaja arduamente de lunes a sábado. Pero, con la muerte y resurrección de Jesús, el día de reposo cambia, de forma gloriosa y aparentemente incongruente, del último día de la semana al primer día de la semana (Hch 20:71 Co 16:2Ap 1:10). Este cambio en el día de reposo tiene sentido en varios frentes teológicos diferentes, sin mencionar la forma en que la obra redentora de Jesús replantea el tiempo para la Iglesia, pasando de un enfoque en la creación a un enfoque en la redención, o cómo iniciamos nuestras semanas como cristianos desde un lugar de descanso, ya que nuestro Descanso, Jesús, ha venido. Pero este cambio de nuestro calendario semanal es además una especie de cumplimiento del patrón de la creación.

Lo que muchos cristianos pasan por alto en su estudio del Génesis es la forma en la que se definen los días. El estribillo a lo largo del primer capítulo dice: «y fue la tarde y fue la mañana: el… día» (Gn 1:5813192331). El punto a enfatizar es que cada día inicia con la tarde y es seguido por la mañana. Lo que encontramos en el reposo cristiano, y lo que es útil para nuestra consideración del individuo y el tiempo, es que tanto en los días de la creación como en la semana bajo la economía del Nuevo Testamento, el descanso viene antes del trabajo. Un compromiso activo y una planificación para la pasividad preceden a un compromiso activo y una planificación para el trabajo. Esta es la aparente incongruencia del tiempo bajo la provisión de la gracia soberana de Dios.

¿Por qué hemos pasado tanto tiempo en el cuarto mandamiento? La respuesta simple es que antes de considerar el tema de este artículo —el tiempo y el individuo, con un énfasis especial en el descanso y la revitalización personal— debemos reconsiderar la forma en que pensamos acerca del descanso. El estado actual del pensamiento bíblico sobre estos temas es deplorable. El descanso y la revitalización personal no son cosas que ocurren luego de haber trabajado tan duro que no hay otra opción para el uso de nuestro tiempo. No somos máquinas. No cumplimos ciclos de operación. No nos «recargamos». Todos estos puntos de vista sobre el tiempo, el individuo y el descanso impregnan nuestra noción moderna de la productividad. ¿Debemos ser productivos? Absolutamente. Debemos abundar en frutos para el Señor (Jn 15:6). ¿Es la pereza un pecado? Absolutamente (2 Tes 3:10). ¿Pueden el descanso y la revitalización llegar a ser vistos como lujos en vez de mandatos bíblicos? Absolutamente.

Este es el punto que se demuestra en el cuarto mandamiento, el único que habla acerca del tiempo: cuando hablamos acerca del tiempo, especialmente el uso que el individuo hace del tiempo, el énfasis está en el descanso. Este punto se resalta aún más por las dos pruebas que hemos visto. En primer lugar, el mandamiento acerca del tiempo que rige tanto el descanso como el trabajo fiel está formulado de tal manera que hace del descanso —del día de reposo— el énfasis, ya que aparece primero, mientras que el mandato bíblico de una labor diligente sigue al mandato de descansar. En segundo lugar, tanto la definición del día en la creación como la definición de la semana después de la resurrección de Jesús enfatizan que iniciamos períodos de tiempo partiendo de un estado de descanso y luego nos movemos hacia el trabajo: una noche de descanso inicia el día bíblico y un día de descanso inicia la semana bíblica. Este cambio en nuestra visión de cómo invertimos nuestro tiempo personal es tan radical que requiere más que una nueva visión de un mandamiento, de un día y de una semana.

Debería señalar también que este artículo se enfoca en nuestro uso personal del tiempo, tiempo que normalmente queda fuera de nuestra agenda de trabajo, el tiempo en el que estamos inactivos, el tiempo de revitalización. Este tiempo contrasta con nuestras horas de trabajo, sin importar cómo definimos estas horas de trabajo. Mi argumento es que Dios tiene la intención de que comencemos partiendo del descanso y la revitalización y solo entonces procedamos con nuestro trabajo. Para poner en práctica una visión bíblica del tiempo personal, debemos tener una visión correcta de nosotros mismos en referencia a Dios. Comparemos dos puntos de vista.

Al primer punto de vista lo podemos llamar la visión deísta moderna del tiempo. Nuestro cristiano promedio —llamémosle Juan— tiene esta posición. Él ama a Dios, a su iglesia y a su familia. Juan trabaja en finanzas corporativas y tiene la posibilidad de comprar una casa para su familia en los suburbios. Él trabaja sesenta o más horas a la semana durante esta etapa de su carrera profesional, a la que aquellos que trabajan en finanzas le llaman «su mejor momento». Él gana un buen salario, pero le sale muy caro al final del día. Estar exhausto es lo normal. Su familia recibe las sobras, cuando las sobras están disponibles y no están comprometidas a lo que Juan llama su «tiempo personal» en su «cueva masculina». Los sábados los dedica a las actividades deportivas de sus hijos. Las mañanas de los domingos son para la iglesia. Juan no sabe qué hacer los domingos en la tarde. Juan se está desgastando lentamente, pero él no se ha dado cuenta. Sus relaciones en el hogar están sufriendo. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que leyó la Biblia y oró por más de veinte segundos antes de quedarse dormido. Le digo a los hombres que discipulo, que este tipo de semana durante todo el año no termina en nada bueno. Juan ha perdido el punto de vista bíblico con respecto al tiempo y el descanso.

En nuestro segundo punto de vista, intentaremos reorientar nuestra visión del tiempo tomando como referencia el cuarto mandamiento, la creación y la redención. Ahora examinemos a Roberto. Él tiene un punto de vista más bíblico sobre el descanso. Roberto también es cristiano y trabaja en la misma oficina que Juan. Sin embargo, aunque Roberto es un trabajador diligente, no pasa tanto tiempo en la oficina. Él no se queda más horas de la cuenta para hacer el trabajo «opcional» en proyectos importantes. De hecho, Roberto cree que un descanso apropiado le permitirá lograr más en el trabajo que trabajar horas extra. Él ve el descanso no solo como un mandato de parte de Dios para él, sino como un regalo de Dios. Gracias a su cuidado en no sobrecargarse de trabajo, Roberto puede ofrecer más de sí mismo a su familia. Su tiempo en las tardes lo dedica a su esposa e hijos. Él no tiene que colapsar en el sofá. Él escoge revitalizarse haciendo actividades en familia. De manera intencional duerme lo suficiente cada noche, ora, lee su Biblia y disfruta la adoración y el tiempo de descanso los domingos. Roberto valora el descanso y el tiempo personal como un regalo de Dios para prepararlo para ser diligente en su trabajo, no como las sobras de su tiempo después de una labor ardua.

En esas descripciones, nos vemos tentados a comparar a Juan y Roberto por sus actividades. Pero esa sería una comparación equivocada. A pesar de que ambos son cristianos genuinos, tienen puntos de vista radicalmente diferentes acerca de la gracia soberana de Dios. La única forma en que puedes priorizar el descanso es creyendo en el control bondadoso y providencial de Dios sobre todas las cosas. Si Dios no está en control, o si Él no es abundantemente bondadoso o no es quien nos asigna nuestras tareas diarias, entonces nuestra protección y éxito futuro dependerá completamente de nosotros. Tenemos que renunciar al descanso, sacrificar el descanso a nuestros ídolos del éxito y la seguridad. Nos colocamos en la posición de asegurar lo que solo Dios puede proveer y, como resultado, no tenemos lugar en nuestra vida para el descanso. Pero cuando empezamos con la gracia soberana de Dios, podemos empezar desde el descanso hacia el trabajo. Cada día empezamos con la noche: nosotros dormimos y Dios está despierto trabajando (Sal 121:3-4); nos despertamos cada mañana para unirnos al Señor en Su labor, involucrarnos en las obras que Él ha preparado de antemano para nosotros (Ef 2:10). Cada semana iniciamos con un día de celebración, un día de inactividad, un día de descanso; iniciamos la semana en el segundo día de la semana proclamando que nuestro Dios es tan fuerte que Él no necesita nuestra ayuda para iniciar cada semana: Él lo logra por Su cuenta.

Empezar partiendo desde el descanso hacia el trabajo, como hemos visto, incluye tanto un punto de vista bíblico del cuarto mandamiento como de la gracia soberana de Dios. De manera práctica, esto significa que nuestro descanso adquiere un sabor diferente, incorporando distintas prácticas, específicamente descanso físico, el descanso de la adoración y el descanso que viene al celebrar entre amigos.

Los cristianos tienen la orden de descansar físicamente. Esta es una gran parte del cuarto mandamiento, del día de reposo y de los días que inician con el sueño. Una parte importante del descanso físico es dormir lo suficiente. Como dice Matthew Walker en su libro Why We Sleep [Por qué dormimos]: «Dormir es la acción más eficaz que podemos hacer para restablecer la salud de nuestro cerebro y nuestro cuerpo cada día». Walker descubrió esto en su investigación científica; los cristianos lo conocemos como una verdad bíblica. Debemos dormir. Dios diseñó nuestro sueño de tal manera que estamos eficazmente paralizados mientras dormimos. El dormir es la forma en que Dios asegura que manejemos el tiempo, el descanso y nuestra propia mortalidad. Una de las cosas más poderosas que puedes hacer físicamente para demostrar tu confianza en el gobierno soberano y bondadoso de Dios es tener una buena noche de descanso (Sal 127:2). Los otros aspectos del descanso físico giran en torno a esta práctica central.

A los cristianos también se les manda a disfrutar el descanso de la adoración. En última instancia, Dios es nuestro descanso (Sal 4:8), Él es nuestro reposo eterno (Heb 4:11). Esta es la forma en que la adoración es un descanso para nuestras almas. Recibimos refrigerio espiritual cuando pasamos tiempo privado en la oración y la lectura de la Biblia. Recibimos un descanso especial cuando adoramos junto a nuestros hermanos y hermanas cada domingo. El cristianismo supera con creces a los bancos en número de días feriados. Nuestro Dios ha ordenado un día feriado cada semana, un día para regocijarnos y descansar en Él.

En tercer lugar, a los cristianos se les ordena experimentar el descanso de la celebración con amigos y familia. La Cena del Señor el domingo es un modelo de celebración que debemos disfrutar a través de la semana, reunidos con amigos y familiares para agradecer a Dios por Su provisión, para cantar y para reír. Cuando los científicos sociales seculares hablan acerca de la importancia de las cenas familiares, solo se hacen eco de la antropología bíblica. Fuimos diseñados para recibir el descanso y el refrigerio que vienen al celebrar y festejar con amigos y familiares.

Así que, hablando de manera práctica, lo mejor que puedes hacer para disfrutar tu tiempo personal es, en primer lugar, deshacerte de los puntos de vista no bíblicos sobre el trabajo, el descanso y el carácter bondadoso de Dios. Luego, enfócate en glorificar a Dios por medio del descanso físico, unas cuantas horas cada día y un día a la semana. Este descanso físico se podrá apreciar especialmente en tu compromiso de dormir lo suficiente. Además, enfócate en tu descanso espiritual, la renovación que viene por medio de la adoración pública y privada al Señor. Por último, enfócate en el descanso que proviene de las relaciones, celebraciones, actividades y fiestas con familiares y amigos, regocijándote con gratitud en el Dios de tu salvación.

Al final, lo que estas prácticas y el cuarto mandamiento nos presentan es un cuadro de la vida de nuestro Señor, Jesús el Cristo. Él obedeció todas las leyes de Dios, incluyendo el cuarto mandamiento, por nosotros y para nuestra salvación. Él vino a hacer la voluntad de Su Padre y confió en el gobierno soberano de Su Padre, aun de camino a la cruz y a través de la misma. Jesús descansó y durmió, a veces tan profundamente que ni una tormenta podía despertarlo (Lc 8:22-25). Jesús comió y celebró con Sus amigos y familiares frecuentemente (Lc 7:34), mientras Él, en Su humanidad, se benefició del refrigerio de Sus amigos (Jn 15:15). Jesús es quien nos invita a seguirle en el uso bíblico de nuestro tiempo personal para el descanso y la revitalización en el servicio a Él y a los demás. Al final, es en Jesús que encontramos nuestro descanso (Mt 11:28).


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Joe Holland
Joe Holland

El Rev. Joe Holland es un editor asociado de Ligonier Ministries y un anciano docente en la Presbyterian Church in America.

El tiempo y la vocación

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Tiempo

El tiempo y la vocación
Por Grant R. Castleberry


Nota del editor:
 Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Tiempo

odos sabemos que el tiempo es un bien preciado. Siempre me ha impresionado la quinta resolución de Jonathan Edwards: «Resuelvo nunca perder ni un momento de mi tiempo, sino perfeccionarlo de la forma más provechosa que pueda». Pablo dijo algo similar en Efesios 5:15-16: «Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos». Por tanto, como cristianos, debemos preguntarnos: «¿Cómo puedo usar mejor mi tiempo en esta vida para honrar al Señor y avanzar Su reino?».

CREADOS PARA TRABAJAR POR SU GLORIA

Los primeros capítulos de Génesis nos enseñan que Dios nos creó con un propósito específico, que incluye el trabajo. Dios nos creó como portadores de Su imagen para pasar nuestras vidas cumpliendo lo que algunos teólogos denominan el mandato cultural. En Génesis 1:28, Dios manda a Adán y Eva, diciendo: «Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra». En Génesis 2:15, Dios específicamente pone a Adán en el jardín del Edén para que «lo cultivara y lo cuidara». Aquí vemos tanto el tiempo como el trabajo vinculados juntamente. Adán debía pasar su vida y energía trabajando y protegiendo el jardín.

EL TIEMPO Y LA VOCACIÓN EN UN MUNDO CAÍDO

Sin embargo, cuando Adán y Eva pecaron, este llamado honorable de Dios al trabajo fue puesto bajo maldición. Dios le dijo a Adán en Génesis 3:17-19: «Entonces dijo a Adán: Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: “No comerás de él”, maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás». Esta maldición significa que nuestro trabajo será difícil. En un mundo caído, lo que tenía la intención de traernos satisfacción y dar gloria a Dios a menudo resulta en pecado y fracaso.

Después de que mi padre muriera en un accidente de avión, mi abuelo, un veterano oficial de la Infantería de Marines y un cristiano sólido, se encargó de enseñarme la disciplina del trabajo duro. Tanto como puedo recordar, yo recogía ramas en su jardín y limpiaba los armarios de almacenamiento en su oficina. Con el tiempo, comencé a apreciar el valor del trabajo duro, pero esto fue algo que tuve que aprender. Al principio, odiaba la idea misma de «trabajar». Esta era mi renuencia caída hacia aquello para lo que Dios me había creado. 

Desgraciadamente, debido a la maldición, la humanidad pecadora está naturalmente inclinada a malgastar el tiempo preciado que Dios nos ha dado. Somos propensos a la pereza o al exceso de trabajo. A veces lo somos a ambas cosas. Descuidamos los roles de padres y madres en los que Dios nos ha puesto. Tomamos malas decisiones que nos hacen perder tiempo valioso. Trabajamos por nuestro propio honor en lugar del de Dios.

LA REDENCIÓN DEL TIEMPO Y LA VOCACIÓN

Recuerdo exactamente dónde estaba cuando escuché por primera vez una simple frase en latín que cambiaría mi vida. Yo era oficial del Cuerpo de Marines con un poco más de veinte años y trotaba en el malecón de la estación aérea del Cuerpo de Marines en Iwakuni, Japón. Estaba escuchando la primera conferencia del Dr. R.C. Sproul acerca de la santidad de Dios. Recuerdo haber escuchado sobre la asombrosa realidad de la «otredad de Dios», un Dios que es santo, perfecto y digno de ser honrado. Me quedé aún más paralizado por la frase en latín que el Dr. Sproul introdujo al final de la conferencia: coram Deo. Significa «ante el rostro de Dios». El término habla sobre cómo los creyentes, a través de nuestra unión con Cristo y Su Espíritu que mora en nosotros, vivimos ahora nuestras vidas completamente en Su santa presencia.

El conocimiento de esta «vida coram Deo» cambió todo para mí. Mi servicio como un oficial de los marines, como un miembro de la iglesia y como un estudiante de seminario no eran medios temporales para un fin. Mi trabajo tenía un significado eterno. Ahora trabajaba para la gloria de Dios y lo hacía en la presencia de Dios a través de Su Espíritu Santo (Jn 14:20).

Este es exactamente el mismo descubrimiento al que llegó Martín Lutero como resultado de su entendimiento de la doctrina de la justificación por la fe sola. En la época de la Reforma protestante, la Iglesia católica romana enseñaba que la mayoría de las vocaciones eran «seculares» mientras que las vocaciones «sagradas» solo se encontraban en la Iglesia. Lutero comprendió que la doctrina bíblica de la justificación demolía esta distinción. El trabajo de todo cristiano debe hacerse «de corazón, como para el Señor y no para los hombres», y «es a Cristo el Señor a quien [servimos]» porque todo cristiano vive ahora en la presencia de Dios (Col 3:23-24).

LA TRANSFORMACIÓN DEL TIEMPO Y LA VOCACIÓN

Este descubrimiento del coram Deo nos impulsa a pensar en nuestro tiempo y trabajo de una forma diferente. Estamos, como dijo Juan Calvino, viviendo nuestras vidas en el gran «teatro de Dios».

Los roles en los que Dios nos ha colocado no son simples trabajos sino llamados providenciales. La palabra vocación literalmente proviene del verbo en latín que significa «llamar». Una vocación es una tarea o papel que Dios providencialmente nos ha llamado a realizar en esta tierra.

Algunas vocaciones en las que servimos —ya sea como pintor, dentista, obrero de construcción, enfermera, periodista o gobernador— se realizan para el honor de Dios y el beneficio de la cultura en general. Otras vocaciones tienen lugar en nuestra vida familiar a medida que vivimos nuestros llamados como hijo, hija, madre, padre, esposa, esposo, o abuelo. Estas vocaciones familiares son de vital importancia y sirven como la base de una iglesia vibrante y una cultura floreciente.

Además, como cristianos, estamos llamados a responsabilidades únicas dadas por Dios. Todo cristiano es llamado por Dios para ser uno de Sus hijos (Jn 1:12Rom 8:14). Todo cristiano es llamado a ser parte del glorioso cuerpo de Cristo y a ejercitar sus dones espirituales para la edificación del cuerpo en una iglesia local (Rom 12:3-8Ef 4:1-16). Todo cristiano es llamado a caminar en comunión con otros creyentes para que podamos estimularnos unos a otros hacia la piedad (Heb 10:24-25). Además, Pedro nos recuerda en 1 Pedro 1:15-16 que esta vida cristiana a la que Dios nos ha llamado tiene dimensiones éticas: «como aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo». Obviamente, estos llamados de Dios afectan la forma en que vemos nuestro tiempo y el trabajo que llevamos a cabo a lo largo de nuestra vida.

PRINCIPIOS BÍBLICOS PRÁCTICOS PARA EL TIEMPO Y LA VOCACIÓN

Quisiera terminar apuntando a algunos principios prácticos que la Palabra de Dios nos da al llevar a cabo nuestras vocaciones para «redimir el tiempo» mientras vivimos coram Deo:

  1. Integridad y excelencia. Todo cristiano debe esforzarse por alcanzar integridad y excelencia en todo lo que hace para que brillemos para Cristo como «luces» resplandecientes en este mundo oscuro (Mt 5:14).
  2. Disciplina y productividad. Debemos disciplinarnos para producir un trabajo de calidad para la gloria de Dios (1 Cor 10:31). En un mundo distraído, esto a menudo significará dejar de lado el teléfono durante períodos largos de tiempo para concentrarnos en las tareas que tenemos a mano y en las personas a las que estamos llamados a servir. Como se nos recuerda en Eclesiastés 9:10: «Todo lo que tu mano halle para hacer, hazlo según tus fuerzas». 
  3. Priorización y delegación. A medida que nos enfrentamos a los plazos y a las responsabilidades inminentes, tenemos la oportunidad de priorizar qué tareas completar y qué tareas delegar a otros. En nuestras debilidades, tenemos la oportunidad de empoderar a otros, como Jetro enseñó a Moisés cuando lo vio abrumado con sus responsabilidades en el desierto (Ex 18:1-27).
  4. Iniciativa y juicio. Gran parte de nuestro éxito depende de la buena iniciativa y el buen juicio. Cuando Nehemías vio que el muro de Jerusalén seguía derribado, tomó la iniciativa de reconstruirlo (Neh 2:17-18). También ejerció buen juicio en la forma en que se acercó al rey Artajerjes con respecto al problema (Neh 2:4-8). Como creyentes, debemos buscar al Señor en oración y buscar consejo sabio en todas nuestras decisiones (Pr 15:22).
  5. Descanso y ritmos. El sueño es una dependencia literal de Dios. Podemos dormir tranquilamente porque Dios nunca lo hace (Sal 121:4). A través del sueño, Dios nos capacita para las tareas y el trabajo que nos tiene reservado para mañana. Además, Dios ha ordenado que uno de cada siete días sea un día de descanso sabático, un día dedicado al Señor (Ex 20:8-11). Al descansar en el día del Señor, estamos confesando que Dios es Dios y que nosotros no lo somos y que nuestro trabajo depende enteramente de Su provisión (Sal 127:1).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Grant R. Castleberry
Grant R. Castleberry

El reverendo Grant R. Castleberry es pastor de discipulado en Providence Church en Frisco, TX., y está cursando su doctorado en historia de la iglesia y teología sistemática en el The Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, KY.