EL CRISTIANO Y LA PSICOLOGÍA

EL CRISTIANO Y LA PSICOLOGÍA

Por Gary E. Gilley

Traducción: Armando Valdez

Por cualquier estándar la psicología ha tenido un gran impacto sobre la comunidad cristiana durante los pasados treinta años. Ya sea que el impacto haya sido positivo, negativo o neutral es a menudo el tema de un debate candente.

Los integracionistas creen que puesto que toda la verdad es la verdad de Dios la integración de la verdad bíblica con la “verdad” psicológica no es un gran problema. Siempre y cuando la “verdad” Psicológica no contradiga la Biblia puede ser de confianza. Los Narramores así como Minrith Y Meier serían buenos representantes de este campo. Vea el libro de Bruce Narramore: The Integration of Psychology and Theology [La integración de la Psicología y la Teología].

Los no integracionistas, por el otro lado, creen que es imposible integrar la Palabra de Dios con las perspectivas humanas de la sociología. Insisten en que la Biblia y la psicología no tiene una base en común. En este campo estarían Jay Adams, los Bobgans, y Jim Owen. Un excelente libro defendiendo esta posición es el libro de Owen Christian Psichology’s War on God’s Word [La Guerra Psicológica Cristiana sobre la Palabra de Dios].

Una tercera perspectiva separa la verdad bíblica de la verdad psicológica y no hace ningún intento de reconciliar a las dos. La idea detrás de esta posición es que las Escrituras tratan con los temas espirituales y teológicos, mientras que la psicología maneja los problemas mentales y psicológicos que están fuera del alcance de la Biblia. Si uno tiene un problema espiritual debe ir a la Biblia; si alguien tiene un problema como la ansiedad, la culpa, la aceptación de sí mismo, inseguridad, etc. Debe ir a la psicología.

Entonces existen aquellos que afirmarían ser consejeros bíblicos quienes simplemente toman prestado lo mejor que la psicología puede ofrecer sin integrarla realmente con la Palabra. Larry Crabb toma este enfoque el cual llama: “Amargar a los egipcios” (Effective Biblical Counseling, p. 47-56). Lo siguiente es lo que Crabb ha tomado prestado de los egipcios (psicólogos seculares) que el siente es necesario para su sistema. Como puede verse fácilmente, Crabb es un integracionista ya sea que acepte el título o no:

El hombre es responsable (Glasser) de creer la verdad la cual resultará en una conducta responsable (Ellis) que le proveerá significado, esperanza (Frankl) y amor (Fromm) y servirá como una guía (Adler) para vivir eficazmente con otros como – el yo y los demás- un persona aceptada (Harris) que se comprende a sí mismo (Freud) que se expresa adecuadamente (Perls), y quien conoce como controlarse a sí mismo (Skinner) (Ibid., p. 56).

Al escribir este artículo, nos damos cuenta que la Psicología Cristiana se ha convertido en una especie de “vaca sagrada”; como Jim Owen dice en Christian Psychology’s War on God’s Word: “La presuposiciones y los métodos de consejería de la psicología se han convertido tan integradas al pensamiento evangélico en cada nivel que atreverse a criticar es invitar a la ira y a la censura. Las verdades “descubiertas” practicadas por la sociología ‘cristiana’ se están acercando rápidamente al estatus reservado a la Escritura.” Sin embargo, es importante que analicemos este movimiento a la luz de la Palabra.

¿QUE ES LA PSICOLOGIA?

La palabra misma significa el estudio del alma. Minirth y Meier dan una amplia definición en su Introduction to Psychology and Counseling: “Psicología es el estudio científico de la conducta del organismo. Los psicólogos básicamente tratan de encontrar lo que mueve a la gente y cómo funciona su mente. La psicología se puede pensar como el estudio de cómo las criaturas vivientes son capaces de interactuar con su entorno y el uno con el otro, y como hacen frente con y sin éxito con ese entorno” (p.15). En otras palabras, la psicología es el estudio de cómo viven las personas, por que hacen lo que hacen y que se puede hacer para ayudarlas como vivir mejor. Estos temas, por cierto, se tratan mas directamente por las Escrituras, pero los psicólogos cristianos minimizan esta verdad. Por ejemplo M&M dice: “uno podría difícilmente esperar encontrar material relacionado con el campo de la psicología dentro de las Escrituras, excepto en donde ilustra directamente o discute un aspecto particular del comportamiento humano” (Ibid., p. 16). Entonces, mientras que la Biblia afirma ser suficiente para equiparnos para toda buena obra (2 Tim. 3:15, 16) y para proveer, a través del conocimiento de Cristo, todo lo que necesitamos para la vida y la piedad (2 Ped. 1:3, 4), los sociólogos cristianos nos dicen que la psicología y las Escrituras ni siquiera hacen frente a los mismos temas. Que triste sería si fuese cierto, sobre todo puesto que la psicología tiene apenas 100 años de antigüedad ¿Estaban los creyentes antes de la era de la Psicología, sin recursos para hacer frente a la vida y sus problemas? ¿Hemos de creer que Dios olvidó incluir instrucciones sobre el manejo de las dificultades de la vida a través de los autores inspirados de la Escritura, y en lugar de esto esperó revelar recientemente esas instrucciones a hombres inconversos tales como Freud, Jung, y Rogers? Encontramos que esto es difícil de creer y esta en directa contradicción con la afirmación de la Biblia sobre su suficiencia.

Es muy importante entender que cuando hablamos de la psicología no estamos hablando acerca de un cuerpo coherente de creencias, sino de un amplio rango de opiniones y teorías. Se estima que existen hoy más de 250 grandes filosofías psicológicas y miles de sistemas dentro de estas. Claro las muchas teorías están a menudo en conflicto. Así, cuando hablamos de psicología tenemos que aclarar de cual sistema estamos hablando. Aunque existen muchos sistemas psicológicos, los tres más grandes son el psicoanálisis, el conductismo, y el humanismo. La siguiente gráfica demostrará sus distintivos en contraste con las Escrituras.

PANORAMA DE LOS METODOS DE PSICOLOGIA


PSICOANALITICO
CONDUCTISTAHUMANISTICOCONSEJERIABIBLICA
Otros nombresPsicología ProfundaDeterminismo PsíquicoTercera FuerzaConsejería Noutética
LíderesFreud / Jung / Minrith Y MeierSkinner / Watson / DobsonRogers / Allport / Maslow / Adler / Ellis / CrabbAdams / Bobgan
Hombre (Antropología)Instinto animalIdentidad – Instintos básicosSuperego – aprendidoConcienciaOrientado a la realidad del egoToma decisionesAnimal condicionadoEvolucionado, dependiente y determinado por el entorno.Determinismo por ExperienciaBásicamente buenoPotencial internoMaduro como una florCreado por Dios / imagen de DiosPecado Original / CaídaSer lo que Dios quiere que sea
ProblemaConflicto entre la identidad y el superegoSocialización pobreNegaciónAcondicionamiento ambientalEl entorno social obstaculiza la realización del potencialPecador caído por elecciónHa pecado en contra de Dios
ResponsabilidadNo es del hombre sino de otroVíctima, no un violadorNo del hombre sino del entornoNo del hombre – pero responsable solo para sí mismoDel hombre – pero con dependencia en Dios
CulpaFalsaInnecesaria eliminada por reacondicionamientoInnecesariaReal – debido a la elección voluntaria de desobedecer los estándares de Dios
Tratamiento (General)Identidad libre / a lado con la identidadIgnorar el superego / Encontrar le origenResocialización por un expertoControl / (“apoyo” y drogas) sin cura.Reestructurar el entornoReacondicionamiento por un expertoCondicionamiento operanteAyudarle a realizar su potencialReflejar – enfocar en los sentimientos, no en los hechosRecursos propiosEncontrar respuestas dentro de uno mismo con una aceptación incondicional del terapeuta y consideración positivaJustificación por la feSantificación / cambio bíblico mediante el Espíritu y la PalabraEnseñar la Palabra y la doctrina correcta
Tratamiento de CulpaDirigir la culpa aEtiquetarla como falsaEstándar de cambioSolución internaAmarse a sí mismoAutorrealizarseEnfocarse en los hechos (culpa real)Tratar con el pecado (responsabilidad personal)
ConsejeroExpertoTécnico / ClínicoEspejo (centrado en los sentimientos)Biblista
TécnicasJuego de papelesHipnosis de vidas pasadasRecompensa / castigoControles de aversión para la modificación de la conductaTerapia de la realidad GlasserCentrado en el cliente, terapia no directivaGrupos TGestaltEntrenamiento de sensibilidadEntrenamiento en la piedad a través de escuchar la PalabraTransformación mediante la renovación de la menteOraciónEnseñanza
Elemento de Verdad“las personas ejercen una 8influencia significativa sobre las demás”“el entorno es una gran influencia sobre el hombre”.Existe una necesidad de una estructura de recompensa/castigo disciplinada“el hombre tiene recursos que puede aprovechar” (peor no aparte de la voluntad de Dios discernida mediante la morada de Su Espíritu Santo”

Como puede verse en la ilustración de arriba, el enfoque para nuestros problemas difiere ampliamente dependiendo sobre cual modelo siga usted. La psicología, el cual sigue el modelo médico, enseña que los problemas “mentales” son realmente una enfermedad. Llegan a una persona al igual que llegan a una gripe, y por lo tanto no son culpa de la persona. Puesto que las personas no pueden ayudarse a si mismas no necesitan tomar responsabilidad por sus actos, y pueden buscar alguien o algo que culpar. Por ejemplo, un hombre con un mal temperamento puede culpar su ira a su padre abusivo. Profundamente arraigado en su “subconsciente” esta un resentimiento y amargura hacia su padre (el cual el pede no reconocer), que esta siendo “actuado” en su sus propias rabietas tentadoras. Desafortunadamente, el hombre no sabe esto. Así, él intenta contener su ira a través de la oración y lectura bíblica, pero esto no sirve de nada. Lo que el necesita es un experto psicólogo para descubrir las fuerzas de raíz detrás de su conducta. Cuando el descubre que es un hombre airado debido a su padre, el puede culpar sus problemas a su padre, y sentirse mejor acerca de sí mismo. Una vez que todo esto sucede (lo cual puede tomar años) el comenzará a comportarse mejor, o eso dice la teoría.

El enfoque bíblico, sin embargo, es que nuestro hombre es responsable de sus propios actos. Mientras que es verdad que el puede haber copiado un mal comportamiento de su padre, y mientras que es verdad que su pasado afectará su presente, no obstante, esta no es excusa para sus actos pecaminosos. No es necesario para este hombre el comprender todo lo que ha sucedido en su pasado, ni es útil ara él culpar a otro. El debe tomar responsabilidad o sus propios actos, confesar sus pecados y buscar cambiar de acuerdo a los principios bíblicos.

Puede ser útil en este punto mencionar algunos otras diferencias fundamentales entre la psicología y la Escritura:

DIFERENCIA DE ENFOQUE: La Escritura esta centrada en Dios, la psicología esta centrada en el hombre. La Biblia enseña que nuestro propósito en la vida es glorificar a Dios. Por tanto, todo lo demás esta subyugado a ese propósito. La psicología siendo centrada en el hombre, tiene como su máximo objetivo la felicidad del individuo.

DIFERENCIA EN LA PERSPECTIVA DE LA NATURALEZA HUMANA: Uno de los graves defectos de la psicología es su antropología. La psicología enseña que la naturaleza humana es básicamente buena, o al menos neutral. La única razón que las personas se comportan mal es debido a fuerzas externas (tales como la sociedad o los padres) que les causan daño. Siendo este el caso, cuando un psicólogo esta aconsejando a una persona se comporta de forma inapropiada, debe encontrar la fuente del dolor y eliminarlo. La Escritura enseña, sin embargo, que las personas se portan mal debido a que son pecadores con una naturaleza defectuosa y depravada.

DIFERENCIA EN LA PERSPECTIVA DE VALORES: La Biblia enseña absolutos. Existe lo malo y lo bueno en este mundo. La psicología enseña el relativismo. Yo puedo tener, mis propios puntos de vista y usted puede tener los suyos; pero por todos los medios, no debo imponer mis valores sobre los suyos. Las implicaciones para la consejería son obvias.

DIFERENCIA EN NUESTRA FUENTE PARA LAS RESPUESTAS: La Psicología enseña que el individuo tiene las respuestas dentro de sí mismos. El trabajo del consejero es ayudar al aconsejado a descubrir estas respuestas. La Biblia dice que las respuestas son encontradas dentro de la Escritura según las ha revelado Dios.

DIFERENCIA EN LA METODOLOGIA: La mayoría de las formas de la psicología enseñan que la clave para los problemas personales yace en algún momento en nuestro pasado. Como resultado, Dios puede ordenar que dejemos de estar enojados o ansiosos inmediatamente, sin buscar causas de raíz basadas en el pasado.

¿FUNCIONA LA PSICOLOGIA?

El verdadero problema nunca es si algo funciona, sino si es bíblico. Sin embargo, el “éxito” de la psicología debe ser al menos abordado. Si uno fuese a escuchar sin sentido crítico tanto por los medios de comunicación seculares y cristianos, estarían convencidos de la eficacia de la psicología. Pero todo es exaltado como el salvador del hombre moderno, sino los estudios que lo corroboran. Algunos años atrás Bernie Zilbergeld, un bien conocido psicólogo inconverso, escribió un libro exponiendo la ineficacia de su campo. El libro fue titulado The Shrinking of America: Myths of Psychological Change [La Disminución de América: Mitos del Cambio Psicológico] (un extracto puede también ser encontrado en Leadership [Liderazgo] Vol. 5 #1 pp. 87-91). Lo siguiente es una sinopsis de sus pensamientos:

Zibergeld afirma que existen ocho mitos de la psicología moderna. Después de enlistar cada mito resumiremos su crítica de ese mito. Tome en cuenta que la mayoría de los autores y lectores de Leadership apoyarían la “Psicología Cristiana”.

Existe solo una mejor terapia –De hecho el mismo resultado se puede esperar independientemente de que terapia se utilice.

La consejería es igualmente efectiva para todos los problemas –En general funciona mejor para las dificultades persistentes menos serias. Por ejemplo, no funciona bien para la depresión, las adicciones o la esquizofrenia.

El cambio de conducta es el resultado más común de la terapia –De hecho el cambio de conducta no es común, sin embargo el cliente a menudo se siente mejor simplemente porque el ha sido escuchado, comprendido, atendido y valorado. Por ejemplo, el cliente ha recibido en consejería lo que el estaba buscando para una buena relación con las personas.

Los grandes cambios son la regla –La evidencia es abrumadora de que los cambios fundamentales son raros. El cambio típico es mucho más modesto y muy lejos de las afirmaciones que se manejan. En pocas palabras, la cura en la terapia no es común.

Entre mas larga la terapia, mejores son los resultados –El hecho es que ninguna relación entre los resultados y la duración de la consejería ha sido demostrado. Sin embargo, es positivo para las finanzas de los consejeros.

Los cambios de la terapia son permanentes o al menos más duradero –Las tasas de reincidencia de más del cincuenta por ciento son comunes y en el caso de las adicciones más del noventa por ciento.

En el peor de los casos la consejería es inofensiva –Un estudio de encuentro de grupos halló que el dieciséis por ciento de los participantes, estaban en peores condiciones como resultado directo de estar en el grupo.

Un ciclo de terapia es la regla en la mayoría de los clientes –Uno de los efectos más consistentes e importantes de la consejería es el deseo de más consejería.

Zilbergeld luego señala su conclusión:

El mensaje transmitido en la terapia y en la cultura a la larga es que si usted experimenta casi toda forma de descontento, usted debe conseguir la asistencia de expertos… Esto es desafortunado, porque muchos clientes serán decepcionados, por dos razones. La primera: no existe absolutamente evidencia que los terapeutas profesionales tengan un conocimiento especial sobre como cambiar la conducta, o para que obtener mejores resultados – con cualquier tipo de cliente o problema – que aquellos con poco o sin entrenamiento formal. En otras palabras, la mayoría de la gente puede probablemente obtener la misma clase de ayuda de los amigos, familiares, u otros que la que pueden obtener de los terapeutas. La segunda: como hemos visto, la gente no es del todo fácil de cambiar. Simplemente no podemos alterar nuestras vidas en las formas que ahora pensamos que queremos (Ibid., p. 92)

Gary Collins, un conocido psicólogo cristiano que enseña un enfoque integracionista, sorprendentemente esta de acuerdo. El dice que durante los pasados treinta años, literalmente miles de estudios de investigación han examinado la efectividad de la psicología y han demostrado que lo que Zilbergeld informa es verdad (Ibid., p. 93).

Un artículo de Time Magazine titulado “The Assault on Freud” (Nov. 29, 193) [El Ataque sobre Freud] resalta: “Un torrente de nuevos libros atacando a Freud y a su idea genial del psicoanálisis por un amplio conjunto de errores, duplicidades, evidencia engañosa y disparates científicos” (p. 47). En el artículo un académico ocupándose de los más importantes principios del Freudianismo dijo que: “Todos son minados por el fracaso de Freud en probar una relación casual entre la represión y la patología. Eso por esto que el fundamento del psicoanálisis es muy tambaleante” (p. 49). El pensamiento final de este artículo es: “Lo que Freud dejó no fue (a pesar de sus argumentos contrarios), ni ha demostrado ser, una ciencia. El Psicoanálisis y todos sus vástagos puede finalmente resultar más fiable que la frenología o el mesmerismo o cualquiera de las otras innumerables seudo-ciencias una vez demostrada, ofrecen respuestas o consuelo falso” (p. 51). Esto es una declaración dañina de una revista secular liberal del nivel de Time para todos aquellos que afirman que la psicología es una ciencia.

LA INFLUENCIA DE LA PSICOLOGIA SOBRE EL CRISTIANISMO

A la luz de los comentarios de arriba podría parecer extraño que los cristianos tuviesen tal interés en la psicología, pero la tienen. Christianity Today dice: “Justo ahora los evangélicos están nadando en la psicología como un perro de aves en el lago; difícilmente recen darse cuenta cuanto han cambiado (en el cristianismo por lo últimos treinta años). Ciertamente no perciben el peligro. Pero existe un peligro…” (Christianity Today, 17 de Mayo de 1993; p.31). Tanto el cristianismo como la psicología tratan con el tema de cómo vivir, pero, pero vienen de diferentes ángulos, sacan diferentes conclusiones y básicamente no son compatibles.

Entonces ¿Por qué la psicología tiene tal influencia sobre el cristianismo en los últimos 30 años? Podemos sugerir varias razones. Primero, Satanás esta siempre ocupado intentando minimizar la autoridad de la Palabra de Dios. La primera tentación registrada en el Jardín del Edén fue dudar de la Palabra de Dios (Gen. 3:1) y este ha sido el enfoque de Satanás desde entonces. Hoy, prácticamente todo error encontrado en las filas cristianas pueden ser trazadas hasta alguna forma de rechazo de la Biblia como autoridad final de Dios. Puede ser el pragmatismo (el cual añade éxito a la Biblia); el misticismo (el cual añade experiencia); la tradición (la cual añade el pasado); el legalismo (el cual añade reglas humanas); o la filosofía tal como la psicología (la cual añade la sabiduría humana). El resultado final es siempre el mismo: la Palabra de Dios ocupa un lugar secundario a las invenciones del hombre.

En segundo lugar, existe hoy muy poco entendimiento o deseo de la verdad bíblica y de teología. La Biblia no esta siendo expuesta en muchos púlpitos el día de hoy. La radio cristiana satura las ondas de radio con programas de entrevistas y psicología popular. Las revistas cristianas dirigidas a los laicos, están llenas de testimonios pero carecen de alimento solido espiritual, y muy pocos creyentes estudian la Palabra por sí mismos. Como resultado, somos un pueblo muerto de hambre espiritual, que ya no son capaces de discernir la verdad del error. Así, cuando un error atractivo como la psicología levanta la cabeza, todos estamos demasiado dispuestos para aceptarlo como si fuera de Dios.

En tercer lugar, instituciones cristianas aparentemente buenas y respetadas, y líderes apoyan una mezcla de Escritura/psicología. Algunos de nuestros más finos seminarios, escuelas bíblicas, y organizaciones de misiones promueven la “Psicología cristiana”. Numerosas organizaciones paraeclesiásticas han surgido con el principal propósito de esparcir este error. ¿Es de extrañar que el creyente común este confundido?

Finalmente, la confusión sobre el concepto de: “Toda verdad es la verdad de Dios”. Esto se ha vuelto el grito de guerra de aquellos que desean integrar la psicología con la Escritura. La idea dice de esta manera: Dios es el autor de toda verdad, por tanto, cualquier verdad que se descubra podemos estar seguros de que proviene de Dios. Si la verdad matemática y científica pudiera ser descubierta aparte de la Palabra de Dios, por qué la verdad psicológica no podría ser encontrada y aceptada en la misma manera. En respuesta podemos hacer algunas observaciones: 1) Existe una diferencia entre hechos y verdad. Dos mas dos es igual a cuatro, ese es un hecho, pero no es una verdad en el sentido en la cual la Biblia utiliza la verdad. Note que Jesús afirmó ser la “verdad” (Juan 14:6). En otras palabras, debemos tener cuidado en definir nuestros términos correctamente. 2) Aparte de la comprobación de la Palabra de Dios las observaciones de la humanidad nunca pueden ser probadas como “verdad”. Por ejemplo, muchos “hechos” o “verdades” médicas y científicas demostrarán ser erróneas en el futuro. Colocar las observaciones de la humanidad, en cualquier campo, a la par de la verdad de Dios es un error. La verdad infalible es encontrada solamente en las Escrituras. 3) La Biblia no afirma ser un libro de texto sobre matemáticas o medicina o ciencia. Cuando habla sobre estos temas es precisa, pero estas cosas no son su enfoque. Las Escrituras declaran ser capaces de prepararnos para vivir la vida de una manera tal que agrade a Dios (2 Tim.3:16,17; 2 Ped. 1:3). Implicar que la Palabra de Dios es insuficiente para enseñarnos a vivir en este mundo es negar su poder y suficiencia.

Sin embargo, aun cuando la psicología ha hecho grandes avances en el cristianismo, esto no significa que haya unanimidad entre los psicólogos cristianos. De hecho, no existe tal cosa como una rama de la psicología conocida como “Psicología cristiana”. En vez de esto, lo que encontramos es una variedad de maneras en que varios tipos de psicología secular han sido integrados con el cristianismo. A continuación haremos un breve resumen de los sistemas aceptados por algunos de los prominentes individuos en el campo de la Psicología cristiana:

PANORAMA GENERAL DE LAS ENSEÑANZAS
DE VARIOS PSICOLOGOS CRISTIANOS

Todos los hombres mencionados abajo creen en y promueven buenas causas y conceptos bíblicos. No dudamos que estos individuos sean creyentes, ni tampoco intentamos juzgar sus motivos. Por lo que sabemos, todos aman al Señor y desean servir a Su pueblo. Sin embargo, el Dios que nos advierte no juzgar los motivos (1 Cor. 4:3-5), nos llama a discernir lo que esta siendo enseñado en Su nombre (Tito 1:9). El propósito de esta sección es llamar la atención a algunas áreas en las que los “Psicólogos cristianos” se han apartado de las enseñanzas de la Escritura.

Bruce Narramore:

El es básicamente un Rogeriano (vea la gráfica) con algunos principios cristianos. En Integration of Psychology and Theology, Bruce Narramore dice: “Toda verdad es la verdad de Dios, donde sea que se encuentre” (p. 13). “No hay claramente una teoría o modelo o investigación cristiana (de la psicología)” (p.15). “La iglesia tiene la responsabilidad de responder a las afirmaciones de la psicología re-estudiando, clarificando, reafirmando, ampliando, o corrigiendo su comprensión” (p. 19). Todo este clarificar y corrección, por supuesto, será a la luz de la recientemente “verdad” psicológica descubierta fuera de la Biblia.

Con esta filosofía en mente no nos sorprende encontrar esta declaración de Bruce Narramore: “Bajo la influencia de los psicólogos humanistas como Carl Rogers y Abraham Maslow, muchos de nosotros los cristianos hemos comenzado a ver nuestra necesidad de amor propio y autoestima” (You’re Someone Special, p. 22).

Gary Collins:

En su libro Can You Trust Psychology? [¿Puedo Confiar en la Psicología?] Collins tiene estos pensamientos: La Psicología es un campo de conocimiento dado por Dios capacitándonos para ayudar mas adecuadamente a la gente que vive en una sociedad impregnada con cambio y complejidad desconocida en los días de Jesús y Pablo (p. 91). “Dios nos ha permitido descubrir técnicas e ideas psicológicas que El no ha querido revelar en la Biblia (pp. 96, 97). “La Palabra de Dios nunca afirma tener todas las respuestas a todos los problemas de la vida” (p. 97). Uno de los problemas por los que la Escritura no tiene respuesta es nuestro deseo humano básico para la auto-realización y una imagen propia positiva (pp. 144-146). (Por supuesto, La Escritura no nos da una respuesta para este problema porque no es una necesidad que Dios ha colocado en nuestros corazones. Más bien, es una de esas “verdades” psicológicas que Dios ha decidido aparentemente revelar fuera de Su Palabra, y esto a un hombre impío).

Puesto que Collins claramente apoya la posición integracionista a lo largo de su libro, nos sorprende encontrar esta declaración al final: “Es demasiado pronto responder de manera decisiva si la psicología y el cristianismo pueden ser integrados” (p. 130). Esta es una respuesta asombrosa para la propia pregunta de Collins “¿Puedo confiar en la psicología?” En esencia, el no lo sabe; sin embargo, la incertidumbre no lo aleja, ni ha otros psicólogos cristianos, del aumento del mercado cristiano con respuestas psicológicas a los problemas de la vida.

James Dobson:

Dobson enseña muchas ideas novedosas antibíblicas y anticientíficas tales como la teoría Freudiana de que nuestras vidas están básicamente fijadas a los seis años; el lado derecho del cerebro, el mito de lado izquierdo; la psicología popular del orden del nacimiento; la mente de la nueva era sobre la materia. Su enseñanza fundamental, sin embargo, tiene que ver con la autoestima. Sus ideas sobre este tema no se originan en la Escritura porque no se encuentran en la Escritura, sino más bien en las enseñanzas humanistas de Adler, Fromm, Maslow, y Rogers.

Las creencias de Dobson con respecto a nuestra necesidad de tener una buena imagen propia pueden ser encontradas en todos sus libros y prácticamente en cada programa radial de “Enfoque a la Familia”. Su famosa ilustración de Lee Harvey Oswald (Hide or Seek, p. 18ff.) explica sus puntos de vista. En Prophets of Psychoheresy II, los autores lo resumen de esta manera: “la descripción de Dobson de la vida de Oswald revela una punto de vista psicológico influenciado por ideologías subyacentes del subconsciente Freudiano, la inferioridad Adleriana, y la creencia humanista en la bondad intrínseca del hombre y la victimización universal del individuo por los padres y la sociedad. El culpable es la sociedad (principalmente los padres) y el diagnóstico es una baja autoestima con sentimientos de inferioridad e insuficiencia. De hecho, esos sentimientos se presentan como agobiantes e incontrolables y causar así rebelión. Por lo tanto, la solución universal a los problemas personales, la rebelión, la infelicidad y la hostilidad presentada en los libros de Dobson es elevar la autoestima” (pp. 24-25).

La siguiente cita de Lo Que las Esposas Desean que los Maridos Sepan Sobre las Mujeres, el libro establece el sistema de Dobson: “Si pudiera escribir una receta para la mujer del mundo, proporcionaría a cada una de ellas una dosis saludable de autoestima y valía propia (tome tres veces diarias hasta que los síntomas desparezcan). No tengo duda que de esto es su mas grande necesidad” (p. 35).

Larry Crabb:

En Understanding People, Crabb afirma: “Es mi punto de vista que los modelos de consejería deben demostrar mas que consistencia con la Escritura; deben de hecho emerger de ella” (p. 29). Pero, al mismo tiempo el cree en lo que él llama: “Amargar a los Egipcios” (vea p.1 de su folleto) por ejemplo tomando lo mejor de la psicología secular y combinándola con el cristianismo (algo que ni siquiera Collins esta seguro que se pueda hacer).

Pero como Martin Bobgan dice: “La responsabilidad de Glasser no tiene nada que ver con Dios o Su medida de lo malo y lo bueno; Ellis iguala la impiedad con la salud mental; la esperanza que Fanal da no es una esperanza segura porque está centrada en el hombre; el amor de Fromm está muy lejos del amor que Jesús enseña y da; la guía de Adler es del ego en vez de Dios; la aceptación de Harris no toma en cuenta la ley de Dios; Freud difícilmente se comprende así mismo y repudia a Dios; la expresión de Perl se enfoca en los sentimientos y en el yo; y los métodos de Skinner de autocontrol funcionan mejor con los animales que con los humanos ¿Por qué no dar crédito donde es debido? ¡Al Señor y a Su Palabra! ¿Por qué no echar una mirada a la Palabra de Dios acerca de la responsabilidad, la verdad, el significado, la esperanza, el amor, la guía para la vida efectiva, la comprensión de uno mismo, la expresión y el auto-control en lugar de rebuscar en las cisternas rotas de las opiniones de los hombres no redimidos?” (Prophets of Psychoheresy I, p.134).

Freud y Adler juegan un papel importante en la manera en que Crabb ve al hombre. Freud enseña que cada uno de nosotros esta controlado por un depósito de energía e impulsos que el llama subconsciente. Este es el tema básico de Inside Out, como Crabb nos enseña a entrar en las regiones oscuras del alma para encontrar luz (p. 32). Mientras que en la cueva oscura del alma, exploraremos la imperfección de relaciones clave hasta que experimentemos una profunda decepción (p. 107). Esta confusión y decepción autoinducida supuestamente conduce a una conciencia de nuestro pecado de autoprotección para el amor (p. 196).

Adler, por el otro lado, enseña que la conducta es dirigida al objetivo de vencer la inferioridad y de este modo ganar un sentido de valía tanto en las relaciones como en las tareas de la vida. Es de Adler que Crabb desarrolla su teoría de que nuestra conducta es motivada por las necesidades de valía (anhelos profundos) a través de la seguridad (relaciones) y significado (impacto) (vea Bobgan, p. 132).

Pero como consejero bíblico Wendell Millar dice: “La luz no es encontrada en las regiones oscuras de nuestras almas sino en Jesús (Juan 14:6) y en Su Palabra (Salmo 119:130). El crecimiento cristiano no se logra por conciencia propia sino en lugar de esto, es una obra de Dios (Fil. 1:6; 2:13) en el que el creyente obediente hace “Su buena voluntad”.

Minirth & Meier

En los escritos y ministerios de difusión de estos hombres, así como los psicólogos cristianos mencionados arriba, mucho de sus enseñanzas no surgen de la Escritura sino que pueden ser trazados hacia los psicólogos seculares. Si usted desea ser un Freudiano con una fachada bíblica, Minirth y Meier sería una buena opción.

Note los siguientes puntos de vista, no encontrados en la Escritura sino en Freud, que son enseñados por estos hombres:

Depresión es la ira dirigida hacia el interior.
La existencia de la mente subconsciente (en Happiness is a Choice [La Felicidad es una Elección] ellos igualan el “corazón” en Jeremías 17:9 con el “subconsciente”, ningún léxico estaría de acuerdo).
En Introduction to Psychology and Counseling (p. 298) dicen: “Uno puede ver en los escritos de Pablo a los cristianos primitivos algunas de las ideas desarrolladas mas tarde por Sigmund Freud (identidad, superego, ego)”
Al menos parcialmente creen en el Complejo de Odeipus (vea Happiness, pp, 80-97).
Creen en el análisis del sueño (en Happiness, pp. 114, 115 dicen: “En nuestros sueños todos nuestro conflictos actuales subconscientes están simbolizados. Cada sueño tiene un significado simbólico. Los sueños son normalmente deseos subconscientes en una forma simbólica”).
Creen en un mecanismo de defensa subconsciente.
Enseñan que 85% de los patrones de conducta adulta son establecidos por su sexto cumpleaños.
A menudo recomiendan una terapia de intuición (en Psychotherapy Handbook dicen: “la historia de la psicoterapia de intuición puede ser trazada hasta Freud”).
Además de la fuente de su información, Minirth y Meier a menudo hacen declaraciones que pretenden ser un hecho y que ni siquiera tienen una base de investigación. Por ejemplo, en Happiness dicen: “El rencor agota ciertas sustancias químicas del cerebro y por tanto resulta en depresión. El perdón restaura esos químicos”. La primera declaración no está demostrada y la segunda es algo insólito en la investigación. Otra es que la homosexualidad es el resultado de un padre ausente, mientras que el lesbianismo es resultado normalmente de una madre ausente y hostil y, por necesidad Freudiana, antes de los seis años de edad (vea Bobgan, p. 303).

LA ALTERNATIVA BIBLICA

Debería ser obvio a estas alturas que creemos que la psicología secular y el cristianismo bíblico son totalmente incompatibles. Al mismo tiempo queremos dejar en claro que no estamos en contra de la consejería que está alineada con las Escrituras. La Biblia está llena de instrucción con respecto a la consejería, asesoramiento, amonestación, advertencia, reprensión, etc. (vea Rom. 15:14; Sal. 1; el libro de Proverbios por ejemplo). Sin embargo, encontramos que la consejería no debe dejarse a los profesionales sino que es simplemente parte de la vida del cuerpo de Cristo. No dudamos que algunos tienen grandes dones, experiencia, y conocimiento en esta área que otros, pero un gran consejo puede darse por cualquier creyente que conozca su Biblia. Puede ser de ayuda señalar algunas de las características de la verdadera consejería bíblica:

v La consejería bíblica enseña que la verdad emerge de la Biblia. Los integracionistas afirman que no contradicen la Biblia, pero no creemos que eso sea suficiente. En vez de esto, toda verdad respecto a la “vida y la piedad” debe surgir de la Palabra.

v La consejería bíblica enseña que nuestro estándar de pensamiento y conducta es encontrado en las Escrituras.

v La consejería bíblica utiliza principios encontrados en la Palabra de Dios junto con el poder del Espíritu Santo para lograr un cambio en el pensamiento y en la conducta.

v La consejería bíblica enseña que el propósito principal de las personas es glorificar a Dios con sus vidas. El objetivo de la consejería bíblica no es principalmente para eliminar el juicio, sino ser del agrado de Dios, es decir, ayudarnos a ser conformados a la imagen de Cristo (Romanos 8:28, 29).

v La consejería bíblica tiene el mismo objetivo como predicación y enseñanza bíblica: glorificar a Dios, evangelizar a los perdidos, y discipular a los creyentes.

COMO CAMBIAR Y CRECER

La necesidad de cambio y crecimiento: Las características de la inmadurez espiritual son encontradas en pasajes como Gal. 5:19-21, Col. 3:5, 8, 9 y 2 Tim. 3:2-7. Dios nos dice en estos pasajes y en otros que debemos espera que la gente no viva en el camino de Dios, siendo inestables y fácilmente engañadas, personas culpables, egoístas, y divisivas quienes aman las cosas malas, los chismes, con falta de autocontrol, enojados con la vida, mentirosos, engañadores, etc. Sin embargo, vivir de esta manera resultará en una serie de lo que muchos llaman hoy problemas emocionales y psicológicos. Si las personas están esclavizadas a tales pecados porque nos sorprendería que se sintieran no amados, paranoicos, ansiosos, encendidos, alterados, deprimidos, nerviosos y así sucesivamente.

Los problemas que la gente enfrenta hoy son reales, y el mundo psicológico a menudo reconoce este hecho. Sin embargo, basado en una antropología defectuosa, los psicólogos nunca descubrirán el verdadero origen de los problemas de las personas. Por lo tanto, no pueden ofrecer una ayuda genuina y duradera. Si usted recuerda, la psicología enseña que el hombre es básicamente bueno o al menos neutral. Además, enseña que las personas tienen la respuesta, a sus problemas dentro de sí mismo y es el trabajo de los psicólogos ayudarlos a descubrir estas respuestas. También, la mayoría de los psicólogos que existe solamente un valor real, y esto es que no existe ningún valor. Por tanto, los psicólogos no presionan a sus pacientes con valores o verdades objetivas. Es fácil discernir entonces, que la piedra fundamental de toda psicología moderna contradice las Escrituras, las cuales enseñan que:

La humanidad esta perdida, moralmente depravada, básicamente pecadores malvados que no desean la verdadera vida o la justicia (Efesios 2).}

Nuestros corazones (intelecto, emociones, voluntad) están distorsionados y corruptos. Las únicas respuestas dentro de nosotros son aquellas que engañan y nos decepcionan (Jeremías 17:9).

Dios nos ha dado, valores eternos y objetivos en la Escritura que deben regir y gobernar nuestras vidas. Rechazar estos valores solo traerá consecuencias eternas, pero en los tipos de problemas para los que las personas buscan terapia.

Si hemos de manejar los problemas que enfrentamos en una manera que agrade a Dios, debemos crecer espiritualmente (2 pedro 1:5-8; Santiago 1:2-5) a través de la obediencia a la Palabra de Dios, (Colosenses 3:16; hechos 20:32; 2 Timoteo 3:16, 17) al permitir al Espíritu Santo tener Su control sobre nuestras vidas (Gálatas 5:16, 22-25). (También vea Hebreos 5:12-14).

PUNTOS DE VISTA DEFECTUOSOS DE LA SANTIFICACION

La confusión provocada por la sociología secular a un lado, otro problema importante para el cristiano es una doctrina errónea del crecimiento. El ejemplo clásico del Perfeccionismo Wesleyano, iniciado por Juan Wesley y enseñado por muchas ramas del cristianismo.

Wesley enseñó que la naturaleza pecadora debe ser erradicada en una experiencia de crisis con el resultado que podemos alcanzar la perfección sin pecado en esta vida. En ese momento a través de un acto de rendición total de la fe, dejamos nuestras luchas con el pecado, con el vivir para Dios, etc. En los 1800 Charles Finney y el Movimiento Keswick de “Déjalo y Deja que Dios”, así como los predicadores metodistas, popularizaron esta perspectiva del crecimiento cristiano. Sin embargo, el Nuevo testamento no enseña ninguna forma de madurez instantánea. Debemos estar seguros que el apóstol Pablo estaría muy sorprendido al descubrir que toda la santificación (o cualquier cosa que se le parezca) es posible en esta vida a la luz de su testimonio en 1 Corintios 9:24-27.

Desafortunadamente, muchos que rechazarían esta doctrina Wesleyana han sido grandemente influenciados por ella. Los cristianos por todos lados están buscando una experiencia que les haga la vida cristiana fácil o que los lleve a la perfección. En los círculos fundamentalistas y evangélicos llamamos a esto “re-dedicación” o “compromiso total”, con la implicación que de una vez por todas volvamos nuestras vidas hacia Dios y nunca vacilemos de nuevo. Sin embargo, Jesús nos dice que existe una elección constante (Lucas 9:23), y Pablo dice que siempre estaremos en una lucha (Efesios 6:10-18). Muchos de nosotros no queremos hacer el trabajo difícil necesario para crecer; que se nos daría un poder sobrenatural en la forma de una dotación instantánea que nos cambiaría inmediatamente. Nos encontramos haciendo la misma cosa que cuando se trata de la toma de decisiones. Cuan más fácil sería hacer “sentimos que el Espíritu” quiere que hagamos, mas que la ardua tarea del estudio bíblico y la aplicación de los principios bíblicos.

Si tratamos con los problemas y las oportunidades de la vida a la manera de Dios, debemos cambiar y crecer. Con el propósito de cambiar y crecer, debemos comprender que a Biblia no enseña la madurez instantánea. No enseña que existe una “segunda bendición” donde nos hacemos santos o espirituales. Entonces ¿Qué dice la Biblia acerca del cambio y el crecimiento?

El Nuevo Testamento enseña que existen cinco partes para la santificación bíblica:

Primero, la actividad de la Trinidad. El Padre (Juan 15:1-2), El Hijo (Juan 15:4,5); El Espíritu (2 Corintios 3:18). Los sistemas que ignoran a Dios pueden producir un cambio externo, pero no la madurez espiritual.

Segundo, la actividad del hombre. No existen mandamientos en la Escritura dirigidos al Espíritu Santo en lo que respecta a nuestro crecimiento espiritual, pero note que esta muestra de mandamientos dados al creyente: 2 Cor. 7:1; Efes. 4:1; 4:22-24; 1 Tim. 6:1; 2 Tim. 2:22; 1 Cor. 9:24-27.

Tercero, la Palabra de Dios. El cambio en nuestra conducta y sentimiento debe comenzar en nuestro pensamiento. Por lo tanto, es imperativo que nuestras mentes sean renovadas (Rom. 12:1,2; Efes. 4:23). Esta renovación puede solamente tener lugar a través de la Palabra de Dios (Heb. 5:11-14). Una verdadera renovación de nuestro pensamiento conducirá a una conducta y sentimientos transformados (Fil. 4:8,9; Efes. 4:22-24). Cualesquier sistema que deje a un lado la Palabra de Dios nos dejará a merced de nuestros propios corazones (Jer. 17:9) los cuales nos llevará por mal camino (Prov. 14:12).

Cuarto, el tiempo – es un proceso gradual. Muchos anhelan un cambio instantáneo, pero el crecimiento requiere tiempo (Heb, 5:11-14).

Quinto, esfuerzo es requerido por el creyente. Esto equilibra la actividad de Dios en nuestra representación. Que Dios esta activamente involucrado es verdad, pero que el creyente debe estar activamente involucrado es también verdad. Este equilibrio esta perfectamente enseñado en Filipenses 2:12,13. Otros pasajes incluyen a: 1 Corintios 9:24-27 –“corro” “peleo” y “pongo”; Efesios 6:10-13 –“fortaleceos”, “vestíos”, “lucha”, “tomad”, “estar firmes”, y 2 Tim. 4:6,7 –“peleado”, “acabado”, “guardado”. (Adaptado de The Doctrine of Spiritual Growth por William W. Goode.).

Un buen estudio sería los primeros once versículos de 2 Pedro. En los versículos 1-4, encontramos la actividad de la Trinidad concediéndonos la apropiación de los dones de Dios al creyente (versículos 5-7). Esto es posible solo a través del conocimiento de Cristo como es encontrado en la Palabra enfatizado en el versículo tres. Sin embargo, el crecimiento toma tiempo, y Pedro enseña esta verdad en el versículo ocho cuando habla de las cualidad cristianasen aumento. Aun, todo esto requiere esfuerzo, y se nos dice que seamos “diligentes” (versículos 5, 10) acerca de nuestro crecimiento a la madurez.

EL PROCESO DE CRECIMIENTO

El Nuevo Testamento enseña que aquí hay algunas cosas básicas que un creyente debe comprender con el propósito de crecer en la santidad. Debemos primero comprender que somos una nueva criatura en Cristo (Efesios 2:1-6; Romanos 6:11). Luego, debemos comprender la naturaleza de la tentación. La tentación viene del mundo, la carne y el diablo (Santiago 1:13-15; 1 Juan 2:15,16; 1 Pedro 5:8; 2 Corintios 11:13, 14). Un creyente puede, sin embargo, vencer la tentación mediante la fortaleza de Dios (Mateo 4:2-11; 1 Corintios 10:13), a través del uso correcto de la Palabra de Dios (Mateo 4:2-11; 2 Timoteo 3:16, 17). Debemos entonces comprender que el propósito de Dios para nuestras vidas es glorificarle y agradarle al conformarnos El a la imagen de Cristo (2 Corintios 5:9; 1 Corintios 10:31; Romanos 8:28, 29). Cuando comprendemos esto, nos permitirá establecer las prioridades correctas. Al final de todo, debemos comprender que Dios espera obediencia. Esta obediencia es hecha posible a través del poder del Espíritu Santo (Gálatas 5:16; Juan 15:7, 8; Filipenses 4:13), al presentar nuestros cuerpos a Dios para que Su voluntad sea hecha (Romanos 12:1, 2; Romanos 6:12, 13) y aprender el principio de “quitarse/ponerse, la renovación de su mente”, como es encontrado en Efesios 4:22-24.

Deja de buscar la iglesia perfecta

Deja de buscar la iglesia perfecta

Emanuel Elizondo

En mi iglesia perfecta los hermanos siempre llegan a tiempo. La predicación expositiva es aplicable a la vida diaria. Rara vez hay malos entendidos. Casi nunca escuchamos chisme, y las familias viven prácticamente sin problemas, poniendo en práctica lo que oyen los domingos. Nuestra casa de reunión es preciosa: la arquitectura ni demasiado contemporánea, ni muy anticuada. Los jóvenes viven en santidad para Cristo, los padres son líderes en la casa, y las esposas se someten amorosamente a sus maridos.

Excepto, por supuesto, que esta iglesia existe solo en la imaginación.

Mi iglesia, en realidad, es muy diferente. Es más hospital que museo de cera. Hay personas que llegan siempre a tiempo… a la predicación. Y nuestro local de reunión es pequeño y multipropósito.

Mi iglesia está muy lejos de ser la iglesia perfecta.

¿Y sabes? Me encanta.

El mito de la iglesia perfecta
Un pastor me advirtió hace tiempo de los “brinca iglesias”. Son hermanos que van de iglesia en iglesia, siempre buscando una que satisfaga sus necesidades. Se caracterizan por ser amables, pero algo críticos de “su antigua iglesia”. Normalmente prefieren ayudar pero no comprometerse. Y al año o dos se retiran porque la gente no era lo suficientemente amable, o el pastor no los visitó con frecuencia, o el programa de niños no era muy bueno, o la predicación era a veces aburrida. Así que se retiran a buscar otra iglesia. Siempre buscando la perfecta. Nunca encontrándola.

El problema es que nunca la encontrarán. La iglesia perfecta no existe, o por lo menos, no como la están buscando.

Déjame repetir eso de nuevo: la iglesia perfecta no existe. Antes de que respondas: “¡Por supuesto que es perfecta, ya que es el cuerpo de Cristo!”, sí, en eso tienes razón, y hablaremos de eso más abajo. A lo que me refiero es que hay muchas personas que buscan iglesias de la misma manera que buscan restaurantes: buen ambiente, asientos cómodos, y un menú para cualquier paladar. Los cristianos nos hemos vuelto bastante requisitosos al ir de compras en busca de iglesia. Rara vez se piensa en términos de lo que se puede aportar. Más bien, en lo que se puede recibir.

Por supuesto, hay congregaciones que hace mucho que deberían haber hecho algunos cambios, y soy el primero en decir que me desespera ver la increíble desorganización y falta de esfuerzo que abunda en las iglesias hispanas. Pero al mismo tiempo me entristece la constante rotación de personas en nuestras congregaciones debido a que “no encuentran lo que estaban buscando”, sea lo que sea.

Perfecta y perfeccionándose
“Por tanto”, dice Pablo, “ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8:1). De manera real, todo hijo de Dios es perfecto. Ha sido declarado justo por el poder de Dios y a través de la obra santificadora en Cristo. Esta es una verdad impresionante. A los ojos de Dios somos declarados perfectos con base en la obra perfecta de Jesucristo. De manera posicional, somos justos, ¡aunque sigamos cometiendo pecado en nuestra carne! De allí que Lutero decía que somos simul justus et peccator: simultáneamente justos y pecadores.

En Cristo, la iglesia es santa y perfecta, ya que “Cristo amó a la iglesia y se dio El mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado por el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada” (Ef. 5:25b-27). En ese sentido, ¡toda verdadera iglesia es perfecta! Cristo mismo la ha santificado y purificado, con el propósito de presentársela a sí mismo. De una manera real, toda (verdadera) iglesia imperfecta es en realidad perfecta en Cristo.

Pero al mismo tiempo, toda iglesia —compuesta por cristianos individuales— está en un proceso continuo de santificación. Por eso los apóstoles constantemente exhortan a la santidad.

Escucho a personas decir que debemos ser como a las iglesias del Nuevo Testamento. Me pregunto, a qué iglesia en específico se refieren. ¿La de Corinto? ¿La de Galacia? ¿Pérgamo? Uno no tiene que ser un erudito para ver que la mayoría de las iglesias del Nuevo Testamento tenían problemas. Muchos problemas. Serios problemas.

En realidad, todas dejan mucho qué desear. Los corintios tienen un desorden en la iglesia (1 Cor. 14:40). A los gálatas Pablo dice, “¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién los ha fascinado…?” (Gál. 3:1). La palabra “fascinó” puede traducirse como “hechizó” (léxico BDAG). Pablo simplemente no podía creer lo sucedido en Galacia. ¡Era como si alguien los hubiera hechizado! En Apocalipsis, las iglesias de Éfeso, Pérgamo, Tiatira, Sardis, y Laodicea son exhortadas a arrepentirse (Apoc. 2:5, 16, 21–22; 3:3, 19).

En este otro sentido, no hay iglesia perfecta. Solo iglesias en perfeccionamiento.

Pero hay algo que me llama la atención. Aun con los problemas, con las rebeldías, con las malas actitudes, siguen siendo iglesias de Jesús. A los Corintios, Pablo los llama la “iglesia de Dios”, y “santificados” (1 Co. 1:2). A los Gálatas los llama “hijos” (Gá. 4:6). Inclusive las siete iglesias de Asia claramente pertenecen a Jesucristo mismo; el hecho de que las llame al arrepentimiento habla de la preocupación que Jesús tiene por ellas.

Buscando una buena iglesia
¿Y entonces? ¿Qué esperanza hay? Mucha. Si estás buscando iglesia, busca una iglesia fiel. Que ame a Cristo y predique la Palabra. No te enfoques en los programas o instalaciones (por importante que eso pueda ser). Tampoco en que todos se vistan como tú y siempre te saluden. Mejor busca una iglesia compuesta por gente imperfecta que está en Cristo y en proceso de perfección por el poder del Espíritu. Busca una iglesia en donde se predique la palabra de Dios, se administren las ordenanzas con fidelidad, y se busque vivir en santidad.

Y entonces comprométete. Asiste. Ponte bajo la autoridad de los ancianos. Busca servir en lugar de criticar. Recuerda, la posición del crítico es la más cómoda: no hace nada pero encuentra fallas en todo.

Y si ya te encuentras en una iglesia fiel pero imperfecta, deja de esperar a que la gente se te acerque, ¡tú acércate! Deja de esperar a que alguien te visite, ¡tú visita! Conviértete en un agente de cambio con toda humildad y mansedumbre. Emociónate con tu iglesia. Apoya a los líderes. Involúcrate con los hermanos.

Las iglesias necesitan una multitud de hermanos comprometidos con el servicio y sacrificio. Que piensen más en otros y menos en ellos mismos.

Si tu iglesia parece más hospital que museo de cera, da gloria a Dios. Estás en el lugar correcto.

Imagen: Lightstock.
Emanuel Elizondo (MDiv, DMin) es editor en jefe de Biblias Holman. Enseña teología en la UCLA y predica en la iglesia Vida Nueva en Monterrey, México, donde vive con su esposa Milka. Tiene un doctorado en predicación expositiva en The Master’s Seminary. Puedes seguirlo en Facebook y Twitter.

El corazón conoce la amargura de su alma | Por Jaime Mirón

UN EXAMEN
«El corazón conoce la amargura de su alma»
(Proverbios 14:10).
Antes de exponer el antídoto bíblico para la amargura, tomemos un examen para averiguar si ha brotado raíz de amargura en la vida. Recomiendo que, en oración, el lector medite sobre cada pregunta.
1) ¿Existe una situación en su vida que aparece frecuentemente en la mente o le despierta durante la noche?
2) ¿Está maquinando maneras de vengarse si tan sólo tuviera oportunidad de hacerlo? Varias personas me han dicho que estas maquinaciones son, precisamente, lo que les privan del sueño.
3) ¿Recuerda hasta los más ínfimos detalles de un evento que sucedió hace tiempo? La amargura tiene una memoria de elefante, y recuerda hasta los detalles más oscuros de un incidente. Tiempo atrás dos vecinas nuestras, cristianas, tuvieron una fuerte riña en plena calle. Fue sorprendente que una de las contrincantes, sin sacar apuntes pero con lujo de detalles, nombró cada vez que su vecina le había pedido prestado algo durante los últimos cinco años. Después de haber sembrado resentimiento, éste brotó en amargura cuando se presentó el ambiente apropiado.
¿Por qué recordamos ese tipo de detalles con tanta facilidad? En primer lugar, porque tal como mencionamos en la sección I siempre recordamos las heridas y las ofensas. Pero la razón principal es que repasamos y repasamos los detalles.
Cuando yo era estudiante en la secundaria, un maestro nos enseñó cuál era, según él, la mejor manera de recordar el material del curso: repasar, repetir y repasar. ¡Si pudiéramos recordar los buenos momentos o aun los pasajes de la Biblia tanto como recordamos las ofensas!
4) ¿Se siente ofendido y, debido a que usted estima es víctima, está justificando el resentimiento? Aquí la frase clave es “pero yo tengo razón». No hay situación más difícil de solucionar que cuando la persona ofendida tiene razón.
Carlos, un brillante y joven empresario, ascendió rápidamente en la empresa y a los 36 años llegó a ser vicepresidente con miras a llegar aun más arriba. Aunque el mismo director y fundador de la organización lo había empleado, llegó a sentir que Carlos era una amenaza y buscó motivos para despedirlo. Este, un creyente en Cristo, ignoraba el complot que se gestaba en la oficina a sólo cinco metros de la suya. Finalmente, un viernes por la tarde el director comunicó a Carlos en palabras terminantes que no tenía que volver a trabajar el lunes. Cuando preguntó por qué, el director, también cristiano, presentó una serie de mentiras y medias verdades.
Carlos encontró otro empleo pero sigue amargado. Envenenó de amargura a su esposa (que, por supuesto, tomó sobre sí la ofensa y está más amargada que él) y a sus mejores amigos.
Ahora bien, Carlos tenía toda la razón. Cada vez que escucho la historia yo mismo me enojo, porque era y sigue siendo injusto. Admito que es difícil quitar la amargura de la vida de quien fue ofendido, herido, pisoteado, marginado, pasado por alto, o algo similar. Es difícil porque esa persona es víctima. Sin embargo, la Santa Palabra de Dios interviene con el mandamiento “quítense de vosotros toda amargura…” (Efesios 4:31).
5) ¿Hay explosiones desmedidas en cuanto a incidentes que de otra manera tendrían menor importancia? Sucede a menudo en la vida matrimonial cuando uno de los cónyuges por algún motivo está amargado. Tal amargura se entremete en todas las contiendas con el cónyuge, y es como un volcán esperando el momento de erupción. Súbitamente y sin previo aviso, comienza a salir todo tipo de veneno antes escondido bajo la superficie. El cónyuge se sorprende por la reacción violenta y se pregunta cuál es la razón.
6) ¿Le sucede que al leer la Biblia casi inconscientemente aplica la Escritura a otros en vez de a sí mismo? Muchas personas amargadas hallan en la Biblia enseñanzas que aplican a otros (en forma especial al ofensor).
Una de las pruebas de que yo me libré de la amargura fue que al leer el libro de Proverbios me encontré aplicando sus enseñanzas a mi propia vida en vez de a la vida de otros involucrados en el incidente en la iglesia.
7) Por lo general ¿usa usted expresiones que incluyen “ellos” o “todo el mundo” para apoyar sus argumentos? Durante el problema que experimentamos en nuestra iglesia entró en combate uno de los amigos más íntimos de la amargura: el chisme. La persona amargada piensa que tiene razón (y probablemente sea cierto), busca a otros, comparte su experiencia, fundamenta su actitud con exageraciones y generalizaciones refiriéndose a “todo el mundo». Para poder enterrar el problema en nuestra congregación, entre otras cosas tuvimos que disciplinar a una dama que cayó en el pecado de ser chismosa.
Enfrentada con los pecados de la amargura y el chisme, se justificó diciendo que “tenía razón», y junto con su esposo se fueron de la iglesia ofendidos.
8) Cuando se refiere a su iglesia local, ¿habla de “ellos” o de “nosotros»? La persona amargada empieza a distanciarse de la congregación, cuando dice “ellos” al referirse a otros miembros de la iglesia.

Mirón, J. (1994). La amargura, el pecado más contagioso (pp. 13-17). Editorial Unilit.

LAS CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA | Por Jaime Mirón

LAS CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA
Para motivar a una persona a cumplir con el mandamiento bíblico “despréndanse de toda amargura…” (Efesios 4:31 NVI), veamos las múltiples consecuencias (todas negativas) de este pecado.
1) El espíritu amargo impide que la persona entienda los verdaderos propósitos de Dios en determinada situación. Job no tenía la menor idea de que, por medio de su sufrimiento, el carácter de Dios estaba siendo vindicado ante Satanás. Somos muy cortos de vista.
2) El espíritu amargo contamina a otros. En uno de los pasajes más penetrantes de la Biblia, el autor de Hebreos exhorta: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (12:15). La amargura nunca se queda sola en casa; siempre busca amigos. Por eso es el pecado más contagioso. Si no la detenemos puede llegar a contaminar a toda una congregación, o a toda una familia.
Durante la celebración de la pascua, los israelitas comían hierbas amargas. Cuando un huerto era invadido por estas hierbas amargas, no se lo podía limpiar simplemente cortando la parte superior de las plantas. Cada pedazo de raíz debía extraerse por completo, ya que de cada pequeña raíz aparecerían nuevos brotes. El hecho de que las raíces no se vean no significa que no existan. Allí bajo tierra germinan, se nutren, crecen, y los brotes salen a la superficie y no en un solo lugar sino en muchos. Algunas raíces silvestres son casi imposibles de controlar si al principio uno no las corta por lo sano. El escritor de Hebreos advierte que la amargura puede quedar bajo la superficie, alimentándose y multiplicándose, pero saldrá a la luz cuando uno menos lo espera.
Aun cuando la persona ofendida y amargada enfrente su pecado de la manera prescrita por Dios, no necesariamente termina el problema de la contaminación. Los compañeros han tomado sobre sí la ofensa y posiblemente se irriten con su amigo cuando ya no esté amargado.
Hace poco un médico muy respetado y supuestamente cristiano había abandonado a su esposa y a sus tres hijos, yéndose con una de las enfermeras del centro médico donde trabajaba. Después de la sacudida inicial, entró en toda la familia la realización de que el hombre no iba a volver. Puesto que era una familia muy unida, se enojaron juntos, se entristecieron juntos, sufrieron juntos y planearon la venganza juntos, hasta que sucedió algo sorprendente: la esposa, Silvia, perdonó de corazón a su (ahora) ex esposo y buscó el consuelo del Señor. Ella todavía tiene momentos de tristeza y de soledad, pero por la gracia de Dios no está amargada. Sin embargo, los demás familiares siguen amargados y hasta molestos con Silvia porque ella no guarda rencor.
3) El espíritu de amargura hace que la persona pierda perspectiva. Nótese la condición del salmista cuando estaba amargado: “… entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti” (Salmo 73:21, 22 BLA). La persona amargada toma decisiones filtradas por su profunda amargura. Tales decisiones no provienen de Dios y generalmente son legalistas. Cuando la amargura echa raíces y se convierte en norma de vida, la persona ve, estima, evalúa, juzga y toma decisiones según su espíritu amargo.
Nótese lo que pasó con Job. En su amargura culpó a Dios de favorecer los designios de los impios (Job 10:3). Hasta lo encontramos a aborreciéndose a sí mismo (Job 9:21; 10:1).
En el afán de buscar alivio o venganza, quien está amargado invoca los nombres de otras personas y exagera o generaliza: “…todo el mundo está de acuerdo…” o bien “nadie quiere al pastor…” Las frases “todo el mundo” y “nadie” pertenecen al léxico de la amargura.
Cuando la amargura llega a ser norma de vida para una persona, ésta por lo general se vuelve paranoica e imagina que todos están en su contra. Un pastor en Brasil me confesó que tal paranoia tomó control de su vida, y empezó a defenderse mentalmente de adversarios imaginarios.
4) El espíritu amargo se disfraza como sabiduría o discernimiento. Es notable que Santiago emplea la palabra “sabiduría” en 3:14–15 al hablar de algunas de las actitudes más carnales de la Biblia. La amargura bien puede atraer a muchos seguidores. ¡Quién no desea escuchar un chisme candente acerca de otra persona! La causa que presentó Coré pareció justa a los oyentes, tanto que 250 príncipes renombrados de la congregación fueron engañados por sus palabras persuasivas. A pesar de que la Biblia aclara que el corazón de Coré estaba lleno de celos amargos, ni los más preparados lo notaron.
5) El espíritu amargo da lugar al diablo (Efesios 4:26). Una persona que se acuesta herida, se levanta enojada; se acuesta enojada, y se levanta resentida; se acuesta resentida, y se levanta amargada. El diablo está buscando a quien devorar (1ª Pedro 5:8). Pablo nos exhorta a perdonar “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). Satanás emplea cualquier circunstancia para dividir el cuerpo de Cristo.
6) El espíritu amargo puede causar problemas físicos. La amargura está ligada al resentimiento, término que porviene de dos palabras que significan “decir de nuevo». Cuando uno tiene un profundo resentimiento, no duerme bien o se despierta varias veces durante la noche, y vez tras vez en su mente repite la herida como una grabadora. Es un círculo vicioso de no dormir bien, no sentirse bien al siguiente día, no encontrar solución para el espíritu de amargura, no dormir bien, ir al médico, tomar pastillas, etc. Algunas personas terminan sufriendo una gran depresión; otros acaban con úlceras u otras enfermedades.
7) El espíritu amargo hace que algunos dejen de alcanzar la gracia de Dios (Hebreos 12:15). En el contexto de Hebreos, los lectores estaban a punto de volver al legalismo y a no valerse de la gracia de Dios para su salvación. La persona amargada sigue la misma ruta porque la amargura implica vivir con recursos propios y no con la gracia de Dios. Tan fuerte es el deseo de vengarse que no permite que Dios, por su maravillosa gracia, obre en la situación.

Mirón, J. (1994). La amargura, el pecado más contagioso (pp. 8-12). Editorial Unilit.

¿QUÉ SIGNIFICA SER CRISTIANO? | Sinclair Ferguson

¿QUÉ SIGNIFICA SER CRISTIANO?

ADOPTADOS, PRIMOGÉNITOS Y HEREDEROS

Sinclair Ferguson

En el primer capítulo de Efesios, Pablo proporciona la perspectiva más amplia posible de lo que significa ser cristiano. Él rastrea los orígenes de nuestra salvación hasta la elección de Dios en la eternidad pasada (Efesios 1:4) y mira hacia adelante a su consumación en las glorias de la eternidad venidera (Efesios 1:10).

La abrumadora naturaleza de esta visión a veces nos hace perder de vista una particular característica de la enseñanza paulina que para él tiene enorme importancia: su exposición está saturada del lenguaje de la familia. El Padre nos elige (v. 3) para ser adoptados como sus hijos (v. 5). Él nos ha dado su Espíritu como la garantía de nuestra herencia (v. 14). Él ora al Padre de la gloria (v. 17) que nuestros ojos puedan ser abiertos para apreciar su gloriosa herencia en los santos (v. 18).

La salvación significa ser incorporado en los privilegios de la vida en una nueva familia. Si uno es un hijo adoptivo de Dios, es heredero de Dios y coheredero con Cristo (Romanos 8:17). Es una persona rica.

EL HEREDERO
Convertirse en heredero significa recibir el derecho a poseer riquezas que primero posee otro. La idea tiene especial significado en la enseñanza bíblica. El Padre es el Creador y Señor de todo. Pero en su generoso amor, la riqueza del universo iba a ser la herencia de Adán en cuanto imagen e hijo de Dios (Génesis 1:26; Lucas 3:38). Cuando Adán no era más que un “niño”, Dios le dio parte de su herencia, el Jardín del Edén, para que se hiciera responsable de él y lo disfrutara. Pero Adán intentó robar lo que no era suyo; a consecuencia de ello, perdió toda su herencia por su pecado. A la manera de Esaú, Adán y Eva vendieron el Edén “por un plato de lentejas” y se les prohibió la entrada al jardín que había sido las primicias de su herencia.

Pero el Padre había determinado que la herencia debía ser restaurada. En efecto, él ya había trazado un plan para su restauración. Él adelantó un atisbo al respecto: la Simiente de Eva rompería la cabeza de la serpiente cuyas tentaciones habían llevado a la catástrofe (Génesis 3:15). También a Abraham se le dio a conocer el plan posteriormente. En su simiente, todas las naciones heredarían bendición en lugar de maldición (Génesis 12:3).

Un bosquejo de la estrategia se hizo lentamente visible por medio de revelación divina: la Simiente de la mujer, un descendiente de Abraham, un hijo de David, un Profeta, Sacerdote y Rey mesiánico, y un Siervo Sufriente —un Hombre que también era el Hijo de Dios— cumpliría todas las promesas de Dios. Sería un segundo Hombre que haría un nuevo comienzo. Él también sería el último Adán. Él haría todo lo que Adán no había logrado cumplir a fin de entrar en una plena herencia. Pero perdería su propia vida a fin de soportar el castigo divino por el pecado adámico. A diferencia de Adán, sería el manso y heredaría la tierra. En él se restauraría el derecho a la herencia. Él sería designado “heredero de todo” (Hebreos 1:2).

Con mente de teólogo y corazón de pastor, el doctor Ferguson ayuda a los creyentes a alcanzar un mejor entendimiento de su Salvador y Señor, y luego les muestra cómo deben vivir la fe cristiana día a día. Estos cincuenta breves capítulos de Solo en Cristo son un paquete lleno de carbones de verdades bíblicas que avivarán la llama del amor cristiano por el Salvador.

Con toda certeza, el heredero vino. Obedeció al Padre y resistió la tentación donde Adán había cedido. Por su obediencia se ganó el derecho a poseer la totalidad de la herencia. Ahora todo le pertenece a Cristo. Él es “el primogénito de toda la creación” (Colosenses 1:15); toda autoridad en el cielo y en la tierra es suya, incluyendo el poder sobre el pecado, la muerte, y Satanás (Mateo 28:18); en él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento, porque en él está la plenitud de Dios (Colosenses 2:3; 1:19).

Este Hijo y Heredero oyó a su Padre decir: “Pídeme, y como herencia te entregaré las naciones” (Salmo 2:8 NVI). Pero el Hijo respondió, “Padre, déjame compartir mi herencia con los pobres y desheredados. Adóptalos en tu familia como tus hijos también; dales mi Espíritu [ver Hechos 2:33; Romanos 8:15]; permíteles usar mi nombre [ver Juan 16:24]”.

El Padre oyó la oración del Hijo; él nos hizo sus hijos.

Escuchemos, entonces, el razonamiento de Pablo: entonces, si somos hijos, somos herederos (Romanos 8:17).

NUESTRA HERENCIA
Según la Ley, como sabía Pablo, el primogénito recibía una doble herencia, mientras los demás recibían una sola porción (Deuteronomio 21:17; cf. 2 Reyes 2:9). Pero ni el Padre ni el Hijo se obligan a los límites de la Ley. Pablo declara: “[Todos somos] herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17).

¿Logras ver la implicación? Todo lo que le pertenece al último Adán es para nosotros. Como se deleitaban en decir los primeros padres de la iglesia, Cristo tomó lo que era nuestro para que pudiéramos recibir lo que era suyo. Todo lo suyo es nuestro: “Todo es de ustedes:… el mundo, la vida, la muerte, lo presente o lo por venir, todo es de ustedes, y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios” (1 Corintios 3:21-23).

Cuando yo era niño en Escocia, ocasionalmente leía confusas noticias en el diario local, como la siguiente:

Podría Angus MacDonald por favor contactar a McKay, Campbell, y Ross (Abogados) en Calle Bannockburn, donde se enterará de algo para su beneficio.

Entonces yo no percibía a qué se referían esas crípticas palabras, “algo para su beneficio”. Angus, quienquiera que fuese, era un beneficiario del testamento de alguien, y él aún no lo sabía. Angus de pronto se había vuelto rico.

¿Pero qué tal si Angus no veía ni respondía al aviso? Entonces su pobreza continuaba. Si Angus no reclamaba su derecho a su herencia, él no disfrutaría de sus riquezas.

¡No cometamos tal error! Si eres cristiano, entonces eres rico en Cristo; disfruta y comparte tus riquezas.

Este artículo sobre ¿Qué significa ser cristiano? fue adaptado de una porción del libro Solo en Cristo, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Muerte de Juan el Bautista

Jueves 22 Junio
Otros fueron atormentados… Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá… angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno.
Hebreos 11:35-38
Muerte de Juan el Bautista
Leer Marcos 6:14-29
Juan el Bautista, precursor de Jesús, sabía que el rey Herodes se había divorciado para casarse con su cuñada Herodías, y se lo reprochó valientemente. Entonces Herodes se deshizo de este molesto testigo encarcelándolo. Juan estaba en una prisión mientras Herodes celebraba su cumpleaños. La hija de Herodías bailó delante de todos y agradó tanto al rey, que este le prometió darle todo lo que ella quisiera. Por consejo de su madre, la hija pidió que le trajesen la cabeza de Juan en un plato. Herodes se entristeció, pero demasiado orgulloso para cambiar de opinión, mandó decapitar a Juan. Así, un día de fiesta, por culpa de una joven que bailó bien, de los celos de una mujer y de la soberbia de un rey impulsivo, la cabeza del más grande de los profetas fue cortada (Mateo 11:11). Y Dios lo permitió…

A lo largo de los siglos, la historia dramática de la muerte de Juan el Bautista se ha repetido más de una vez. ¡Cuántos cristianos han sido condenados a muerte en condiciones indescriptibles, para satisfacer las ambiciones o los caprichos de los grandes de este mundo! Tales muertes son indignas y repugnantes, pero para Dios tienen un valor que el mundo no puede discernir: “Estimada es a los ojos del Señor la muerte de sus santos” (Salmo 116:15).

El mundo no era digno de todos estos mártires de la fe, nos dice el versículo del día, pero Dios no se avergüenza de ellos (Hebreos 11:16, 38).

2 Reyes 22 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Detectar, evaluar y formar líderes para los ministerios de la iglesia | Por Joel Kurz

Detectar, evaluar y formar líderes para los ministerios de la iglesia
«¡Ayuda! ¡No veo a ningún líder!»

Conozco ese sentimiento. Los pastores a menudo luchan con encontrar líderes para los ministerios de la iglesia. Los necesitamos, pero no los vemos. E incluso si los viéramos, seríamos incapaces de formarlos lo suficientemente rápido como para satisfacer las crecientes demandas ministeriales.

Después de algunos años de pastorado, es fácil cansarse de esto. Como un mago prestidigitador que juega con nuestra mente: «Ahora los ves, ahora no»; nos preguntamos: «¿Adónde se fueron todos los líderes? ¿Qué ha pasado con todos los prospectos emocionantes de ayer?». Pensamos que se quedarían y ayudarían con el trabajo. A medida que enumeramos los nombres de los posibles líderes ministeriales que se esfumaron a lo largo de los años, nos sentimos tentados a sentirnos desanimados.

La falta de líderes sobrecarga al personal —especialmente a los pastores— y desanima a los líderes ministeriales que necesitan ayuda. Limita nuestra capacidad para alcanzar a los perdidos, cuidar de los que sufren y hacer discípulos.

Necesitamos encontrar y formar líderes. ¿Pero cómo?

NO ESTÁS SOLO, PERO DEBES ORAR
Empecemos por las malas noticias: los obreros son pocos. Este ha sido un problema durante al menos dos mil años. En Mateo 9, el corazón de Jesús se conmovió por las multitudes que andaban como ovejas sin pastor: «Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos» (Mt. 9:37). Que esto te sirva de aliento: No estás solo.

Cuando (pecaminosamente) comparamos nuestros ministerios con otros, podemos suponer que ellos tienen más líderes, mejores obreros y una ayuda inagotable. Propongo que esto es simplemente falso. Todos luchamos con encontrar y entrenar nuevos obreros. «Pocos obreros» es la realidad de todos. Estamos juntos en esto.

¿Entonces qué hacemos? Oramos. Es importante notar lo que Jesús no dijo. No dijo: «Los obreros son pocos, así que vayan a reclutar a otras iglesias, inicien una pasantía o lancen un programa anual de capacitación». No, el programa principal de Jesús para el desarrollo del liderazgo es la oración. Los obreros son pocos; «rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mt. 9:38).

Pastor, ¿estás orando por líderes ministeriales? Mientras tu corazón se conmueve por las ovejas y arde de deseo por la mies, ¿te postras ante el Dios de la mies en oración y le ruegas por obreros? ¿Oras por ojos para ver a quién puedes formar, incluso ahora, en tu propia congregación?

TIENES LO QUE NECESITAS, PERO DEBES FORMAR
Ya están entre nosotros. Al orar por obreros, reconozcamos que Dios ya ha dado a la iglesia lo que necesita. Los futuros obreros por los que oramos pueden estar entre nosotros. Somos un solo cuerpo, con muchos miembros. «[Tenemos] diferentes dones, según la gracia que nos es dada» (Ro. 12:6).

En Efesios 4, Dios da miembros a la iglesia con el propósito de equipar «a los santos para la obra del ministerio». En Tito 2, el pastor Tito recibe instrucciones de formar en la fe a los ancianos para que «enseñen a los jóvenes» (Tit. 2:4).

El ejemplo del Nuevo Testamento nos anima a mirar hacia adentro, estar agradecidos por quienes ya tenemos, y entrenarlos para hacer la obra del ministerio. Puede que el superhéroe líder ministerial de tus sueños no llegue. Sin embargo, tienes una congregación entera de tías, tíos, abuelos, estudiantes, jubilados y obreros comunes y corrientes, gente normal que Dios ha rehecho como bloques de construcción para su templo.

DOS PRINCIPIOS

  1. Empieza por las personas, no por los programas

Si puedo ofrecer humildemente algunos consejos: No empieces con un programa de prácticas. No empieces con un programa de liderazgo. No empieces con la contratación de personal externo. Si aún no estás haciendo el trabajo de formar a los santos, empieza por ahí.

También quiero decir esto como una palabra de aliento. No necesitas un programa milagroso. Has sido dotado con miembros regenerados a quienes Dios ha dado particularmente para su iglesia. Hay un tiempo y lugar para reclutar obreros de otras iglesias (si el Señor quiere, en asociación con esas iglesias). Puede que con el tiempo sea prudente iniciar una pasantía o construir una cantera. Pero primero, confía en que Dios ya ha equipado a la iglesia con futuros líderes ministeriales.

  1. Forma a aquellos que responderán a tu formación, y que luego formarán a otros

Antes de organizar un programa formal de prácticas, Mark Dever explicaba así su proceso de descubrimiento de nuevos aprendices:

«Tomándome muy en serio la preparación de mis sermones; orando por la evangelización y el discipulado; tratando de modelar eso al hacerme amigo de los no cristianos; compartiendo el evangelio con ellos; haciéndome amigo de los miembros de la iglesia y tratando de ayudarles a crecer en Cristo; observando quién responde a mi trabajo, quién capta el modelo y quién empieza a repetir lo que yo hago con otros; orando en particular por esos hermanos»1.

on the day before my wedding with my friends at “Mittag”
Personalmente, me vuelco en todos los que puedo, y luego veo quién responde. Desmitificamos así el desarrollo del liderazgo. Comienza con la formación a través del ejemplo, explica qué haces y por qué lo haces, y luego dedica tiempo y recursos adicionales a aquellos que:

Responden a tu trabajo.

Captan el modelo.

Empiezan a reduplicar lo que haces con los demás.

¿QUÉ HACEMOS?
¿Cómo debo formar a los líderes de mi ministerio? Volvamos a las instrucciones de Pablo para el pastor Tito:

  1. Fórmalos con tu ejemplo (Tit. 2:7)

No conozco un mejor «programa» que pasar tiempo con el que está siendo capacitado. Cuando participes en una tarea en particular, llévalos contigo. Muéstrales cómo doblas los boletines y se los pasas. Cuando trabajes en el presupuesto anual, no lo hagas solo. Cuando asistas a una comida de trabajo o a una sesión de consejería, si es oportuno, ve con un aprendiz. Deja que te vean en tus mejores y peores momentos. Cuando te vean en tu peor momento, modela arrepentimiento y humildad.

  1. Enséñeles a ser moderados (Tit. 2:2)

Esto significa tener autocontrol y una mente clara. El ministerio a menudo está lleno de drama y decisiones impopulares. Una mente sobria es importante. El extremismo es una amenaza. Considera utilizar estudios de casos de dilemas ministeriales con el aprendiz. Guíalo a través de los principios de la sabiduría bíblica.

  1. Enséñales a ser dignos de respeto (Tit. 2:8)

La santidad personal es de suma importancia. Cuando un líder ministerial fracasa, no siempre es por falta de habilidad. Fracasan debido a distracciones pecaminosas, tentaciones, la inhabilidad de refrescarse en la Palabra, o fallas morales. Además, algunos líderes serían más eficaces si simplemente crecieran en autoconciencia, accesibilidad, compasión, calidez y habilidades sociales. Muchos hombres piadosos sufren simplemente porque parecen distantes, duros o indiferentes. Es sabio corregir las formas en que el aprendiz pierde involuntariamente el respeto de los demás.

  1. Enséñales a dominarse a sí mismos (Tit. 2:6)

Pablo reformula esta amonestación para las mujeres mayores: «no calumniadoras, no esclavas del vino». La persona que es competente en su trabajo, pero falla en su dominio propio destruirá su ministerio. ¿Cuántas iglesias han sufrido porque un líder ha tenido un temperamento fuerte y una lengua suelta? El dominio propio no es algo que se puede enseñar en una clase o evaluar en un examen. Se coge, se enseña, y se corrige a través de la vida juntos.

  1. Instrúyelos para que sean sanos en la fe, el amor y la perseverancia (Tit. 2:2)

Pablo vuelve a redactar esto para las mujeres: «maestras del bien». ¿Cómo? En primer lugar, en tu propia enseñanza, muestra integridad y seriedad (2:7). Personalmente, mi objetivo es enseñar a los aprendices a leer la Biblia. Solo si leen la Biblia correctamente, podrán enseñarla correctamente.

También deben leer y discutir buenos libros sobre doctrina y teología bíblica. Lean la Biblia juntos y enseña el estudio inductivo de la Biblia a lo largo del camino. Discute los sermones con el aprendiz y recibe sus comentarios. Mientras escribo esto, he hecho una pausa para pedirle a Alton, uno de los miembros de nuestra iglesia, su opinión acerca del texto de mi sermón para este domingo. Procura incorporar la formación a sus pautas habituales de ministerio y a sus conversaciones cotidianas.

Sí, los obreros son pocos. No estás solo. Pero la buena noticia es que ya tienes lo necesario para empezar a formar. No es ninguna ciencia. No necesitas un nuevo programa ni una costosa residencia. Simplemente transmite a otros lo que has recibido (2 Ti. 2:2). Confía en que Dios levantará servidores para su iglesia y enviará obreros a la mies. ¡Y qué cosecha tenemos ante nosotros!

LA AMARGURA, EL PECADO MAS CONTAGIOSO | Jaime Mirón

LA AMARGURA, EL PECADO MAS CONTAGIOSO

Por Jaime Mirón

Hace tiempo prediqué en una iglesia donde el pastor deseaba que yo hablase con Alberto, uno de los diáconos de su congregación. Tres años antes la esposa de Alberto había hecho abandono del hogar y se había ido con otro hombre a la ciudad capital, dejando a su marido y a sus dos hijos.

Me explicó el pastor que los esposos eran buenos cristianos y que “no había motivo” para que ella abandonara a su familia. Aproximadamente seis semanas después, la mujer entró en razón y volvió a casa arrepentida. En forma inmediata, pidió perdón a Alberto, a los hijos y hasta se presentó ante la congregación para mostrar públicamente su arrepentimiento y su disposición a sujetarse a la disciplina de la iglesia. Alberto me explicó en palabras terminantes que aunque había permitido que su esposa regresara al hogar, no la había perdonado y no la perdonaría. Peor todavía, declaró que estaba dispuesto a esperar el tiempo necesario (hasta que los hijos de 6 y 9 años crecieran y se hicieran mayores) para entonces vengarse de ella. Aunque había transcurrido poco tiempo desde el incidente con su esposa, ya se veían huellas de amargura en el rostro de Alberto.

La amargura no se ve solamente en casos tan extremos. Conozco centenares de otros ejemplos de personas que sufrieron ofensas por cosas que parecieran triviales. Menciono sólo tres:

(1) Una mujer se ofendió porque el pastor no estaba de acuerdo con su definición de “alabanza», y desde aquel momento empezó a maquinar para sacarlo de la iglesia;

(2) un hombre vivió amargada desde que lo pasaron por alto para un ascenso en su empleo.

(3) El intercambio de cartas con una profesora de Centroamérica ilustra cuán sutil puede ser la amargura en la vida del creyente.

El problema de presentación era que esta mujer se sentía sola y triste porque su hija, yerno y nietos se habían mudado a los Estados Unidos de América. En su segunda carta no utilizó la palabra “sola” sino “abandonada», y en lugar de “triste” surgió el término “enojada». En las siguientes misivas se hizo evidente que estaba sumergida en autocompasión y amargura. No sólo se sentía herida porque su hija vivía en otro país, sino además resentida porque (según ella) los otros familiares que vivían cerca no la tomaban en cuenta “después de todo lo que ella hizo por ellos».

En lo personal, empecé a estudiar el tema de la amargura poco después de un grave problema que tuvimos en la iglesia a que asistimos desde hace varios años. La dificultad radicaba en una seria diferencia de filosofía de ministerio entre los diáconos y los ancianos. Pero lo que causó la desunión no fue el problema en sí –que se habría podido resolver buscando a Dios en oración, en su Palabra y con un franco diálogo entre las partes – sino las personas ofendidas, los chismes, y la amargura resultante. En medio de esa crisis en nuestra iglesia, tuve que viajar a otro país para enseñar sobre el tema “Cómo aconsejar empleando principios bíblicos». Era domingo por la mañana y esperaba que me pasaran a buscar para llevarme a la iglesia.

Puesto que el culto comenzaba tarde contaba con un par de horas para descansar, y prendí la televisión para escuchar la transmisión del sermón del pastor de la iglesia más grande de la ciudad. No podía creer lo que oía: ese pastor estaba predicando sobre el tema que yo había enseñado el día anterior, el perdón. Como si un rayo penetrara en mi corazón, el Espíritu Santo me mostró que yo también era culpable de estar dejando crecer una raíz de amargura en mi vida por lo que ocurría en nuestra congregación. En forma inmediata me arrodillé para confesar el pecado, recibir el perdón de Dios y perdonar a los que me habían hecho daño. ¡Qué alivio trajo a mi alma! Era como si alguien sacara un peso enorme de mis hombros.

La amargura es el pecado más fácil de justificar y el más difícil de diagnosticar porque es razonable disculparlo ante los hombres y ante el mismo Dios. A la vez, es uno de los pecados más comunes, peligrosos y perjudiciales y –como veremos– el más contagioso.

Es mi esperanza y oración que la persona amargada no solamente se dé cuenta de que en verdad eso es pecado, sino que además encuentre la libertad que sólo el perdón y la maravillosa gracia de Dios le pueden ofrecer.

Mirón, J. (1994). La amargura, el pecado más contagioso (pp. 3-5). Editorial Unilit.

Dios quiere que conozcamos Su sabiduría | Kevin DeYoung

Dios quiere que conozcamos Su sabiduría

Kevin DeYoung

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado del libro Haz algo: Descubre la voluntad de Dios (Poiema Publicaciones, 2020), por Kevin DeYoung.

Lo que los creyentes necesitamos para vivir una vida piadosa es sabiduría. Dios no nos dice el futuro, ni espera que lo adivinemos. Cuando no sabemos hacia dónde ir y tenemos que enfrentar decisiones difíciles en la vida, Dios no espera que andemos a tientas en la oscuridad tratando de encontrar Su voluntad en Su dirección. Él espera que confiemos en Él y seamos sabios.

Dios quiere que conozcamos Su sabiduría
La Palabra de Dios es viva y eficaz. Cuando leemos la Biblia, escuchamos a Dios con una seguridad que no encontramos en ningún otro libro y en ninguna otra voz. Podemos leer las Escrituras sabiendo que esto es lo que dice el Espíritu Santo. Y a medida que las leemos, las releemos, las meditamos y las digerimos, llegaremos a tener «la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Ti 3:15).

Pero la Biblia no es un libro de casos. No nos da información explícita sobre el noviazgo o las carreras, o sobre cuándo empezar una iglesia o comprar una casa. Todos hemos deseado que la Biblia fuera ese tipo de libro, pero no lo es, porque Dios está más interesado en algo más que el hecho de que podamos cumplir con Su listado de tareas: Él quiere nuestra transformación.

Dios quiere que lo conozcamos íntimamente
Dios no solo quiere que obedezcamos Sus mandamientos de manera externa. Él quiere que lo conozcamos tan íntimamente que Sus pensamientos se conviertan en nuestros pensamientos, Sus caminos en nuestros caminos, Sus deseos en nuestros deseos. Dios quiere que bebamos tan profundamente de las Escrituras que nuestras mentes y corazones sean transformados para que podamos amar lo que Él ama y odiar lo que Él odia. Romanos 12:1-2 es el texto clásico sobre este tipo de transformación espiritual:

Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.

Aquí hay tres mandamientos: (1) Ofrecer nuestros cuerpos como sacrificios vivos, (2) no amoldarnos al mundo actual, (3) ser transformados mediante la renovación de nuestras mentes. Si hacemos estas tres cosas, podremos discernir cuál es la voluntad de Dios. Así funciona la vida cristiana. No hay atajos. Dios quiere que nos ofrezcamos a Él por completo, que nos apartemos de los caminos del mundo y así seamos transformados. Solo entonces tendremos algo mejor que revelaciones especiales sobre el futuro. Tendremos sabiduría.

Dios quiere que desarrollemos un gusto por la piedad
Mi esposa, Trisha, no aprecia mi —¿cómo decirlo?— paladar sensible. La verdad: soy difícil para comer. Hay demasiadas comidas que no me gustan, y puedo detectar muy fácilmente cuando hay algún ingrediente nuevo en una receta que ya es familiar. Así debiéramos ser con la Palabra de Dios. Debemos ingerirla y digerirla con tanta regularidad que lleguemos a desarrollar un gusto por la piedad. Eso es sabiduría.

La sabiduría es la diferencia entre conocer a un biólogo de clase mundial que pueda escribir tus ensayos por ti y aprender de un biólogo de clase mundial para poder escribir ensayos como él.

Muchos de nosotros queremos que Dios sea un académico de clase mundial que escriba nuestros ensayos y viva nuestras vidas, pero Dios quiere que nos sentemos a Sus pies y leamos Su Palabra para poder vivir una vida que refleje a Su Hijo. Dios no quiere revelarnos el futuro por una sencilla pero profunda razón: nos convertimos en aquello que contemplamos. Dios quiere que le contemplemos en Su gloria para ser transformados a Su semejanza (2 Co 3:18). Si Dios nos resolviera todo, no tendríamos que confiar en Él ni aprender a deleitarnos en Su gloria. Dios dice: «No te voy a dar una bola de cristal. Te voy a dar mi Palabra. Medita en ella; contémplame en ella; sé como yo».

Busca la sabiduría de Dios en comunidad
Los sabios leen y memorizan la Escritura. Les encanta escuchar a otros leerla, predicarla y cantarla. Pero los sabios también saben que necesitan leer la Biblia en comunidad. Necesitamos escuchar lo que dicen los demás cristianos que leen sus Biblias. Si queremos tomar decisiones sabias, debemos buscar el consejo de los demás. Esto es particularmente importante al tomar decisiones amorales o decisiones sobre asuntos que no se tratan claramente en las Escrituras. Esto no quiere decir que tenemos que hacer lo que crea la mayoría, ni que las decisiones que tomemos tienen que agradarle a todo el mundo, ni que debemos consultar a todo cristiano que tengamos cerca. Pero cuando la Palabra de Dios no habla decisivamente, o cuando el tema que tienes por delante ni siquiera es mencionado en la Escritura, es sabio escuchar a otros cristianos.

Considera estas palabras de Proverbios:

El sabio oirá y crecerá en conocimiento,
Y el inteligente adquirirá habilidad (1:5).

El camino del necio es recto a sus propios ojos,
Pero el que escucha consejos es sabio (12:15).

Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan (15:22).

Escucha el consejo y acepta la corrección,
Para que seas sabio el resto de tus días (19:20).

Una de las virtudes que más aprecio en los demás, y una que espero reflejar, es el ser enseñable. ¿Estás dispuesto a cambiar tu parecer cuando el argumento de otro tiene más peso que el tuyo? ¿Estás dispuesto a escuchar un buen consejo de otros labios que no sean los tuyos, y que tal vez contradiga tus ideas preconcebidas? ¿Estás dispuesto a decir: «Eso no se me había ocurrido» o «Puedo ver tu punto»? Si nadie te ha escuchado cambiar de opinión acerca de algo, o eres un dios o te crees que lo eres. Puedo decir sin temor a equivocarme que tomo mejores decisiones cuando las consulto con mi esposa. Tomo mejores decisiones cuando lo hago junto con los demás pastores de mi iglesia. Soy más sabio cuando escucho primero a mis amigos.

Por supuesto, muchas veces tienes que decidir las cosas por ti mismo. En ocasiones tendrás que ir contra la corriente porque sabes que es lo correcto. Pero para la mayoría de nuestras decisiones, haría mucho bien el simplemente preguntar a otro: «¿Qué piensas?». Nos la pasamos preguntándole a Dios: «¿Cuál es tu voluntad?», cuando Él probablemente está pensando: «Pues, consíguete un amigo. Ve y habla con alguien. Por algo redimí a tantas personas: cometen menos errores cuando hablan entre ustedes. Pide consejo».

Adquiere el libro

Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

¿Quién? ¿Yo? | Pepe Mendoza

¿Quién? ¿Yo? | Reflexión

Pepe Mendoza

1 Reyes 18 – 20  y   1 Juan 1 – 2

Cuando Acab vio a Elías, Acab le dijo: “¿Eres tú, perturbador de Israel?” Y él respondió: “Yo no he perturbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, porque ustedes han abandonado los mandamientos del Señor y han seguido a los baales”. 

(1 Reyes 18:17-18)

Todos nosotros deseamos ser personas a carta cabal porque estamos dotados para desarrollar nuestras personas. Es nuestra responsabilidad, entonces, organizarla para hacer de ella una vida efectiva y fructífera. Todos queremos desarrollarnos como personas sin convertirnos en personajes de ficción que son solo una actuación para agradar a los demás y ocultar lo que en verdad somos. Tampoco queremos ser parte del personal, convirtiéndome en parte de una masa impersonal, un número, una cuenta bancaria, un mero código de barras. La verdad es que todos queremos ser identificados por nuestros nombres de manera individual y reconocidos por nuestras características particulares.

Todos los seres humanos tenemos características comunes que expresamos, usamos y las hemos hecho crecer de diferentes maneras. Tenemos capacidad de nuestra propia existencia, gozamos de memoria, capacidad de reflexión y afectos particulares. Tenemos voluntad y somos capaces de tomar decisiones y ejecutarlas.

El problema es que toda esta constitución perfecta se ve afectada por problemas de índole espiritual y de formación (o deformación) en el devenir de nuestra existencia. Así es que cada uno de nosotros lleva la carga de algún tipo de deterioro anímico y personal que nos hace infelices e incapaces de alcanzar el pleno de nuestras potencialidades. Sin embargo, todo esto no nos hace irresponsables, sino que nos obliga a poder trabajar y encontrar respuestas para cada uno de nuestros dilemas.

John Quincy Adams, sexto presidente de Estados Unidos, escribió en su diario: “Soy un hombre reservado, frío, austero y cohibido: mis adversarios políticos dicen que soy un sombrío misántropo* y mis enemigos personales me tildan de salvaje insociable. Pese a que conozco el defecto de mi carácter, no por eso tengo la maleabilidad necesaria para reformarlo *(que manifiesta aversión por el trato humano)”.

Los que conocen la obra política de este hombre podrían sorprenderse con esta afirmación tan oscura de sí mismo. Como ministro de Estado fue uno de los formuladores de la política exterior norteamericana. Él fue un defensor destacado de la libertad de expresión y portavoz de la causa antiesclavista. Sin embargo, todos los logros profesionales, la fuerza y pujanza para sacar adelante un ideal, y hasta un país, se ven empañados por un hombre que no podía lidiar con las debilidades de su propio carácter.

Como ven, no podemos dejar el trabajo de nuestro carácter a la casualidad. Puede decirse sin exageración que los individuos que fracasan con el desarrollo de su carácter son una gran tragedia porque las guerras llegan y se van las circunstancias económicas se modifican de acuerdo con los diferentes factores en juego; las desventajas naturales y las catástrofes inherentes a la existencia humana afectan con frecuencia variable a todo el mundo; las desigualdades sociales son crueles con algunos, y la prosperidad arruina a otros; pero a través de todas las situaciones de esta escena complicada, en la mansión como en la choza, en la guerra como en la paz, en opulencia o pobreza, en felicidad doméstica o discordia, entre los ignorantes o los académicos; por doquier, solo un carácter afirmado, sano y vibrante puede dar la posibilidad de vivir por encima de todo aquello que nos toca vivir y no podemos modificar.

Elías iba a tener su primer encuentro con el temible rey Acab. Las primeras palabras de Acab al ver a Elías demuestran el grado de desarticulación de su carácter. Le increpó al profeta los daños que el juicio de Dios había producido sobre toda la nación. Elías tuvo que corregirlo y decirle: “Tú eres el culpable” a lo que el rey no respondió ni una sola palabra, se quedó pasmado, incapaz de entender lo que Elías le decía. El problema de Acab, al igual que el de muchos hombres y mujeres del siglo XXI, es que era incapaz de reconocer un esquema valórico superior a su propia e irrefrenable voluntad, y menos podía aceptar como propias las consecuencias de sus funestas decisiones.

Desde los tiempos de Jeroboam, todo Israel había perdido el norte y cada uno se había dejado llevar por sus propios desvaríos y opiniones. Todo el pueblo mantenía la misma actitud irresponsable de Acab. Elías lo supo describir muy bien cuando se presentó delante del pueblo diciéndoles: “¿Hasta cuándo vacilarán entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, síganlo; y si Baal, síganlo a él. Pero el pueblo no le respondió ni una palabra” (1 Re. 18:21b).

La nueva religión de Israel mostraba la desarticulación del carácter de los hebreos. Ahora adoraban a una pequeña estatuilla de barro llamada Baal (Señor) y tenían un culto sin valores o demandas. Todo se basaba en la búsqueda de su propio provecho y satisfacción. Aun las prácticas religiosas eran inhumanas y hasta sanguinarias, pero eso era lo que al pueblo, al parecer, le agradaba. Esas tristes convicciones de los profetas de Baal se observan durante su enfrentamiento con Elías:

 “Entonces tomaron el novillo que les dieron y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: Oh Baal, respóndenos. Pero no hubo voz ni nadie respondió. Y danzaban alrededor del altar que habían hecho… Y gritaban a grandes voces y se sajaban, según su costumbre, con espadas y lanzas hasta que la sangre chorreaba sobre ellosPasado el mediodía, se pusieron a gritar frenéticamente” (1 Re. 18:26,28,29a).

Esa era la triste realidad de un pueblo distanciado de Dios que había caído en la locura al abandonar la cordura que solo el Señor puede brindar.

Ninguno de nosotros está libre de perder el control sobre su propio carácter. Es un trabajo diario, constante y persistente, no podemos soldarlo para que quede inamovible; es más bien como un río, cuya corriente debe llegar al mar; tendrá remolinos, crecidas, caminos tortuosos, pero siempre se dirigirá en la misma dirección. Y esa es nuestra tarea: tener una sola dirección que nos permita saber que estamos yendo a alguna parte.

Nuestro carácter tiene que ser ejercitado de manera permanente porque los embates contra él son permanentes. Por ejemplo, Elías había tenido sucesivas victorias espirituales. Sin embargo, sus fortalezas se vieron debilitadas cuando, de repente, se vio amenazado por Jezabel, la temible esposa de Acab. Ella decretó su muerte inmediata, y Elías, lleno de temor, huyó despavorido: “y anduvo por el desierto un día de camino, y vino y se sentó bajo un arbusto; pidió morirse y dijo: Basta ya, Señor, toma mi vida porque yo no soy mejor que mis padres” (1 Re. 19:4).

La grandeza de un carácter está tanto en su grandeza como en su delicadeza. Elías era un hombre como cualquiera de nosotros y podía sucumbir ante la prueba como cualquiera de nosotros. Pero el Señor estuvo cerca para fortalecer su carácter, así como está cerca de nosotros para fortalecernos de la misma manera. La solución para Dios no radicaba en cambiar las circunstancias, sino en devolverle el norte a Elías con su voluntad. El Señor le hizo la misma pregunta dos veces: “¿Qué haces aquí, Elías? ” (1 Re. 19:9b,13b).

Elías respondió desde su propio corazón, con miedo pero sin excusas: “Entonces él respondió: He tenido mucho celo por el Señor, Dios de los ejércitos; porque los Israelitas han abandonado Tu pacto, han derribado Tus altares y han matado a espada a Tus profetas. He quedado yo solo y buscan mi vida para quitármela” (1 Re. 19:14). El Señor no lo dejó escondido, no le secó las lágrimas, no le justificó su miedo, lo que hizo fue simplemente devolverle la dirección perdida: “Y el Señor le dijo: “Ve, regresa por tu camino” (1 Re. 19:15a).

Elías no podía dejar de ser Elías, así como tú no puedes dejar de ser tú. Todos nosotros debemos volver sobre nuestros pasos para saber quiénes somos y adónde vamos. ¿Dónde estás ahora? ¿En qué líos estás metido? ¿Por qué estás allí? Si no eres sincero en tus respuestas, antes de buscar tener un carácter organizado, preferirás organizar coartadas y justificaciones que quiten de en medio tu responsabilidad. Puedes también manifestarte impotente ante las circunstancias, que es también una de las mayores puertas de escape a la responsabilidad.

En realidad, el fatalismo es uno de los estados más cómodos en los que puede vivir el hombre. Pero si eres sincero, podrás compartir lo que dijo el apóstol Juan: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:8-9). Reconocer nuestras faltas, pecados y dificultades delante del Señor es el primer gran paso para empezar a superarlas.

Solo la Palabra de Dios aplicada al corazón y a la vida práctica puede ayudarnos a fortalecer nuestro carácter y ayudarnos a alcanzar siempre un grado elevado de unidad en nuestra vida. Sin ella, nuestras vidas estarían divididas y diseminadas, pero con ella en el corazón alcanzarán totalidad, responsabilidad y coherencia. Así como cuando falla el sistema nervioso y el cuerpo puede empezar a manifestar desórdenes en su comportamiento que le impiden actuar en unidad; así también los reflejos, impulsos, deseos, emociones, pensamientos y propósitos deben hallarse coordinados en la Palabra de Dios para formar un carácter efectivo.

Nuevamente te pregunto: ¿QUÉ HACES AQUÍ…? Una respuesta sincera puede marcar la diferencia.