Deconstruye tu cultura, no tu fe

Coalición por el Evangelio

Deconstruye tu cultura, no tu fe

HUNTER BEAUMONT

Nota del editor: Este artículo fue adaptado del capítulo escrito por Hunter Beaumont en Before You Lose Your Faith (Antes de que pierdas la fe) (The Gospel Coalition, 2021).

Muchos de mis amigos y miembros de iglesia que emprenden un viaje de deconstrucción no están tratando de perder su fe. No quieren terminar en un lugar sin Jesús. Solo quieren darle sentido a la fe en la que crecieron y dejar ir las cosas que están viciadas o son represivas. Ellos en realidad quieren una fe más fuerte, no ninguna fe; más de Jesús, no menos.

Si esto te describe, piensa en lo siguiente: lo que estás buscando en realidad no es una deconstrucción. Lo que estás buscando es una desculturización.

La desculturización es el proceso utilizado por los misioneros para diferenciar el evangelio de la cultura. Habiendo pasado de una cultura a otra, los misioneros pueden ver que el evangelio es como una semilla protegida por una cáscara externa (cultura). Su trabajo es asegurar que la semilla del evangelio sea libre de entrar a nuevas culturas sin estar cautiva dentro de su antigua cáscara. Esto se remonta al momento en el que el evangelio entró en la cultura gentil en el libro de los Hechos. Desde ese entonces, la iglesia primitiva tuvo que diferenciar el evangelio del judaísmo.

De la misma manera, es posible que debas diferenciar el evangelio de la subcultura evangélica. ¡He pasado por este proceso! No crecí en el evangelio, pero me convertí dentro de una escuela secundaria evangélica. Me enamoré del evangelio que me enseñó mi escuela, pero también pude ver que este mundo evangélico tenía mucha cultura que no era parte del evangelio. Aprender a desculturizar el evangelio del evangelicalismo no solo ha salvado mi fe. Me ha ayudado a amar más el evangelio en sí mismo.

Si deseas emprender un viaje de desculturización en lugar de un viaje de deconstrucción, te muestro el camino por donde debes comenzar.

1. Aprende a ver la cultura

Como un pez en el agua que no sabe que está mojado, a menudo no reconocemos nuestra cultura, el vocabulario y las historias que explican nuestro mundo. Las culturas fomentan hábitos que constituyen lo que se considera como una buena vida y los mecanismos de defensa que desvían las preguntas de los que están afuera. Las culturas elevan a las celebridades que ejemplifican sus ideales. Tras lograr todo esto, ellas son sigilosas: pretenden no existir. Se presentan a sí mismas como “la manera como son las cosas”. Pero la cultura siempre está presente y siempre juega un papel en nuestra experiencia de fe.

Aprender a desculturizar el evangelio del evangelicalismo no solo ha salvado mi fe. Me ha ayudado a amar más el evangelio en sí 

Es por esto que el primer paso es aprender a ver la cultura y su poder. Mis amigos que crecieron dentro de una subcultura evangélica no empezaron a dudar del cristianismo hasta que abandonaron esa subcultura. ¿Coincidencia? Probablemente no. La subcultura había sustentado su fe.

Pero esto también significa que la cultura contribuyó a sus nuevas preguntas. Lo que muchos llaman duda es en realidad un cambio cultural que desplaza las viejas estructuras de credibilidad. Lo que muchos llaman “deconstruir mi fe” es en realidad un cambio de ubicación cultural que me hace repensar viejas suposiciones. Cuando aprendes a ver el poder de la cultura, ves lo que realmente está sucediendo: aprendiste el cristianismo en una cultura. Ahora te has mudado a una nueva cultura. Entonces, el primer paso es reconocer las cosas por lo que son: una tensión causada por un cambio de cultura y no necesariamente por el cristianismo en sí.

2. Lucha con los problemas correctos 

La duda puede ser desorientadora. La desculturización no puede salvarte de esta lucha, pero puede enfocarla en los lugares correctos. Al diferenciar la semilla del evangelio de la cáscara cultural, la desculturización dice: “Lucha con los problemas de la semilla”.

Cuando dejé mi escuela secundaria cristiana, comencé a luchar con el juicio de Dios. Allí me habían enseñado sobre la santidad de Dios y la pecaminosidad de las personas, por lo que para mí era una experiencia sorprendente entablar amistad con no cristianos amables. No me parecieron malas personas, pero de repente la doctrina del juicio sí me pareció mal.

Reflexionando sobre esto, vi que estaba luchando en parte con algo bíblico y en parte con algo meramente cultural. El Nuevo Testamento enseña que el Señor juzgará a vivos y muertos por medio de un Hombre a quien Él ha designado (Hch 17:31Ro 2:5-16). Jesús usó imágenes como “infierno de fuego”, “el llanto y el crujir de dientes” y “las tinieblas de afuera” para describir lo que era estar fuera de su reino (Mt 5:228:1222:13). No había forma de evitar este telón de fondo del evangelio.

Sin embargo, algo de mi repulsión se debió a la forma en que se había enseñado sobre el juicio dentro de la subcultura evangélica. Los sermones ejercían mucha presión y se enfocaban más en escapar del infierno que en conocer a Dios. El pecado era representado en formas grotescas y caricaturizadas. El aliento del predicador olía a desprecio.

Por varios años traté de volver a aprender lo que la Biblia dice (semilla) mientras desconectaba las voces de los predicadores en mi cabeza (cáscara). También busqué maestros que explicaran el juicio de una manera que no dejara la Biblia a un lado, pero que tampoco sonara como aquellos evangelistas. Gradualmente, esto me llevó a algunos descubrimientos sorprendentes. Vi cómo el juicio hablaba de mi profundo anhelo de vivir en un mundo de justicia donde Dios corrige todas las cosas. Pude ver esto por primera vez porque volví a aprender esta doctrina fuera de mi subcultura evangélica de una manera que abordaba mis preguntas y preocupaciones dentro de ella.

3. Encuentra una iglesia que involucra tanto el evangelio como la cultura 

La desculturización nos muestra que es posible diferenciar el evangelio de la cultura, pero no significa que el evangelio se pueda experimentar sin cultura alguna. El objetivo de liberar el evangelio de una cultura es que pueda echar raíces en otra. Esto significa que tu tarea no es encontrar una utopía, un cristianismo libre de cultura. Más bien, es aprender y vivir tu fe en tu cultura actual.

¿Cómo se hace eso en la práctica? Las iglesias encarnan el evangelio en una cultura particular. Una vez que hayas aprendido a ver la cultura, no podrás dejar de notar que cada iglesia tiene la suya. Las mejores iglesias son conscientes de ella. Dejan que el evangelio dé forma a la cultura dentro de la iglesia. Enseñan el evangelio de una manera que se conecta con la cultura fuera de la iglesia. Ellos discipulan a sus miembros para que vivan en esa cultura circundante de una manera que se distingan por asemejarse a Cristo.

Busca una de estas iglesias e involúcrate. Una iglesia que ama el evangelio y la cultura circundante se complace en dar la bienvenida a personas que luchan con preguntas difíciles sobre el cristianismo. Lo notarás en sus posturas, lo escucharás en los sermones y lo sentirás de los líderes.

4. Espera ver el evangelio de una manera nueva

Una iglesia que ama el evangelio y la cultura circundante se complace en dar la bienvenida a personas que luchan con preguntas difíciles sobre el cristianismo 

Cuando el evangelio se libera de su cáscara cultural y se lleva a una nueva cultura, a menudo brilla de una manera fresca y hermosa.

Uno de mis ejemplos favoritos es un renombrado sermón de Matt Chandler. Este pastor en Texas describe un vergonzoso evento de ministerio juvenil de la década de 1990 sobre la abstinencia sexual. El predicador hace pasar una rosa por toda la audiencia hasta que vuelve destrozada, una analogía de lo que les sucederá a los que tienen relaciones con varias personas. “¿Quién querría esta rosa ahora?”, dice el predicador con desdén. Chandler concluyó: “¡Jesús quiere esa rosa! ¡Ese es el punto del evangelio!”.

¿Por qué esta es una imagen tan poderosa? Porque muchos en la audiencia de Chandler crecieron en el movimiento evangélico de pureza. No solo se les enseñó una ética sexual bíblica; se les enseñó en un entorno que se basaba en el miedo, la presión, la vergüenza y la fuerza de voluntad. Dentro de este mundo, la ética del sexo cristiano sonaba como una gravosa mala noticia. Peor aún, muchos de los que pecaron sexualmente comenzaron a sentirse sin esperanza, ya que la cultura de pureza tendía a oscurecer la gracia de Dios.

¿Cómo Chandler sabía todo esto? Había salido de su subcultura. Él presentó la historia contando que una madre soltera tenía una relación fuera del matrimonio. Chandler se había hecho amigo de ella y la invitó al evento esa noche, sin saber que incluiría un sermón sobre el tema sexual. Tan pronto comenzara la predicación, Chandler sabía que su amiga se sentiría avergonzada y la alejaría más de Dios. Muchos que escucharon el sermón de Chandler habían experimentado lo mismo. Pero cuando Chandler grita: “¡Jesús quiere la rosa!”, puso la cultura de pureza en la bandeja de “ignorar” y el evangelio se libera para brillar en toda su belleza.

Sé que los mismos beneficios de la desculturización están disponibles para ti. No deconstruyas tu fe. En su lugar, atraviesa el proceso de la desculturización.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Hunter Beaumont es el pastor principal de la iglesia Fellowship Denver Church y sirve en la junta de directores de Denver Institute for Faith and Work y de Acts 29 U. S. West.

¿Cómo serán nuestros cuerpos glorificados?

The Master’s Seminary

¿Cómo serán nuestros cuerpos glorificados?

Michael Riccardi

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas – Filipenses 3:20-21

Si tratamos de resumirlo en una sola palabra, la perspectiva del ciudadano celestial es la glorificación. La glorificación es esa etapa final en el proceso de redención en la cual Cristo resucita los cuerpos de todo creyente de entre los muertos, reúne esos cuerpos con sus almas e instantáneamente cambia los cuerpos de aquellos creyentes que se encuentren vivos en cuerpos libres de pecado, perfectos, tal como el suyo cuando resucito de entre los muertos.

«El cuerpo de la humillación»

Diferentes traducciones toman estas palabras de distintas formas, por ejemplo: «el cuerpo de nuestro estado de humillación» (LBLA) o «nuestro cuerpo miserable» (NVI). Cuando comparemos estas traducciones debemos entender que Pablo no tiene la intención de degradar el cuerpo de ninguna manera, como si el cuerpo físico fuese malo en sí mismo. Tal idea no es bíblica, pues proviene de enseñanzas paganas y de filosofías erróneas (recuerde que Adán y Eva fueron creados a la perfección, a imagen y semejanza de Dios, como una entidad compuesta de un cuerpo y un alma).

Por lo tanto «el cuerpo de la humillación» no tiene nada que ver con una maldad inherente del cuerpo físico. Más bien, se refiere a nuestros cuerpos que actualmente están marcadas por la humillación causada por el pecado, caracterizados por debilidad, decadencia física, indignidad, enfermedad, sufrimiento y humillación mental. El cuerpo, aunque no intrínsecamente pecaminoso en sí mismo, a menudo es el instrumento de nuestros actos pecaminosos y el vehículo a través del cual buscamos satisfacer nuestros deseos pecaminosos.

Cuando entendemos que estamos llamados a estar apartados y nuestros cuerpos consagrados como el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19) y al mismo tiempo vemos como presentamos nuestros cuerpos como instrumentos de iniquidad (Romanos 6:13), nos damos cuenta que en realidad estamos lidiando con un «cuerpo de la humillación.» Ciertamente en este cuerpo gemimos (2 Corintios 5:2; cp. Romanos 8:23) y nos unimos al apóstol Pablo en decir: «¿quién me librará de este cuerpo de mal?» (Romanos 7:24).

¿Cómo serán nuestros cuerpos glorificados?

En 1 Corintios 15, Pablo defiende la resurrección corporal, pues ciertas personas en Corinto lo negaban. Hacia el final del capítulo, nos da una idea de la naturaleza de nuestros cuerpos glorificados después de la resurrección al contrastarlos con nuestros cuerpos mortales.

Imperecedero

Primeramente serán imperecederos. 1 Corintios 15:42 nos dice: «Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.»

Nuestros cuerpos resucitados no estarán sujetos a la corrupción y la decadencia que nuestros cuerpos actuales están sujetos. No envejecerán, ni se terminarán ni sufrirá enfermedades o dolencias. La Biblia nos enseña que el estado eterno de nuestros cuerpos jamas mostrará señales de envejecimiento pero, como Waynn Grudem lo dice, «va a tener características juveniles pero completa madurez masculina o femenina para siempre» (Teología Sistemática, 832).

Glorioso

En segundo lugar será un cuerpo glorioso, según nos dice 1 Corintios 15:43: «Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder.» Es difícil entender todas las implicaciones de lo que significa que un cuerpo sea glorioso. Yo me imagino que serán cuerpos atractivos y completamente libres de vergüenza.

¿Por qué? Porque 1 Corintios 12:23 habla de los miembros de nuestro cuerpo que nos parecen «menos dignos», o, como lo dice 1 Cor 15:43, «deshonra» (ambos utilizan la misma palabra en el original). Por lo tanto, ya que nuestros cuerpos resucitados no serán caracterizados por alguna tipo de deshonra, cualquiera que sea el significado de «deshonra» no estará presente en nuestros cuerpos después de la resurrección, pues cada miembro será glorioso.

Fuerte y Poderoso

En tercer lugar, será un cuerpo fuerte y poderoso. En 1 Corintios 15:43 leemos: «se siembra en debilidad, resucitará en poder.» Nosotros estamos conscientes de las limitaciones físicas de nuestro cuerpo, ¿no es así? Sabemos lo que es ser débil. Pero no será así en nuestros cuerpos glorificados.

Ahora bien, no está diciendo que todos vamos a ser versiones cristianas de algún superhéroe, como los Increíbles, o Hulk o Ironman. Lo que está diciendo es que nuestros cuerpos glorificados tendrán toda la fuerza y ​​el poder que Dios le otorgó a los seres humanos cuando los hizo perfectos y sin pecado. Wayne Grudem comenta: «Tendremos, por lo tanto, la fuerza necesaria para hacer todo lo que deseemos hacer en conformidad con la voluntad de Dios» (Teología Sistemática, 832).

Espiritual

Finalmente nuestros cuerpos glorificados estarán completamente sujetos a y en perfecta armonía con el Espíritu Santo: «Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual» (1 Corintios 15:44).

Ahora, la palabra «espiritual» en este versículo no quiere decir algo que no es físico, pues sabemos que nuestros cuerpos glorificados serán cuerpos físicos, tal como lo dice Filipenses 3:21 cuando menciona que serán transformados en conformidad con el cuerpo de la gloria suya (de Cristo). Y sabemos también que Jesús tenía un cuerpo físico después de la resurrección. Él no pretendió haber sido resucitado, espíritus sin cuerpo no tienen estómagos o sistemas digestivos para comer pescado (Lucas 24:39-43), son sólo cuerpos físicos que pueden hacer esto. Jesús cuando resucitó de entre los muertos resucitó en su propio cuerpo, y lo mismo será con nosotros (1 Corintios 15:20-23).

El punto de Pablo al decir que nuestro cuerpo va a ser espiritual es que será un cuerpo físico sometido plenamente a, y en perfecta armonía con el Espíritu Santo. ¡Imagine! Tendremos un corazón sin distracciones y sin tentaciones de deseos engañosos y pecaminosos. Tendremos ambiciones santas y aspiraciones verdaderamente piadosas. Tendremos la habilidad de llevar acabo todas estas cosas sin distracciones o fatiga alguna, y podremos disfrutar las bondades de la creación física tal como Dios en un principio diseñó el mundo para que lo disfrutáramos!

Querido lector, si esa perspectiva de cómo serán nuestros cuerpos glorificados no le conduce a adorar y si no le hace desear aún más el regreso de nuestro gran Salvador, entonces no entiende lo que Pablo quiso enseñar en 1 Corintios 15. Indiscutiblemente, si su alma ha sido hecha viva por vida divina, guiada por el Espíritu Santo a odiar el pecado y anhelar el día en que esté completamente apartado de todo pecado y tentación, entonces el saber más acerca de nuestro glorioso futuro debería impulsar su corazón a adorar y crecer en piedad y santidad.

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Mike Riccardi, graduado de The Master’s Seminary con una Maestría en Divinidades (M.Div.) y otra en Teología (Th.M.), es el pastor de evangelismo local de la iglesia Grace Community Church. Él y su familia viven en Los Ángeles, California.

Una era crucial

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo IV

Una era crucial

Por John D. Hannah

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo IV

Fue un siglo extraordinario. Lo que inició como la «Era de los mártires» bajo Diocleciano, culminó con el surgimiento del cristianismo como religión del Imperio. El futuro de la Iglesia pasó rápidamente del ámbito de lo marginado y perseguido a lo victorioso, de no tener estatus legal a ser la hegemonía religiosa. Y así comienzan catorce siglos de dominio de la fe cristiana en el mundo occidental

El triunfo del cristianismo

Como creía que el Imperio estaba en decadencia, Diocleciano se dispuso reformar el Estado. La historia ha demostrado que, a menudo, los dictadores vienen disfrazados de libertadores, apelando a las necesidades de las masas; y este fue el caso aquí. Diocleciano creó una monarquía absoluta engrandeciendo al senado y declarándose a sí mismo como monarca semidivino. Sus talentos organizacionales resultaron ser beneficiosos a medida que el Imperio era asegurado y se extendía geográficamente. Sin embargo, en el año 303 desató una brutal persecución contra los cristianos por no ofrecer sacrificios a los dioses. Los persiguió quemando iglesias y destruyendo libros cristianos. Esto alcanzó al clero en el 305, lo que trajo encarcelamiento, tortura y muerte.

Constantino intentó unir a la Iglesia y al Estado; la Iglesia fue concebida como una institución de utilidad pública. Se hicieron reparaciones por la destrucción de la propiedad cristiana durante las persecuciones; al clero le fueron dadas concesiones tributarias y autoridad judicial para decidir en litigios privados. El culto al emperador cesó, los dioses desaparecieron de las monedas y a los funcionarios públicos les fue prohibido presidir ritos paganos. Constantino destruyó templos paganos, recompensó a las ciudades que suprimieron la adoración pagana y prohibió los juegos de gladiadores. Se adoptó un calendario cristiano con el domingo como día santo.

La explicación del cristianismo
En la nueva era del dominio de la Iglesia por medio del apoyo del Estado, surgieron obispos poderosos. Muchos de los avances organizacionales de Diocleciano, como la división del Imperio en doce diócesis, fueron incorporados a la Iglesia, añadiendo complejidad y eficiencia a su estructura de gobierno. En este siglo surgieron obispos poderosos tales como Ambrosio de Milán (340-97), quien fue conocido por sus habilidades retóricas que tuvieron gran influencia en Agustín, en la música de la Iglesia y en el ideal monástico. Ambrosio también condenó la persecución de paganos cometida por Teodosio I en Tesalónica (390) y lo excomulgó. Jerónimo fue un gran erudito bíblico y monje (fundó un monasterio en Belén). Es mayormente conocido por su traducción de la Biblia desde las lenguas originales, bajo la dirección de Dámaso, obispo de Roma; la Vulgata Latina, la Biblia de la Edad Media. Juan Crisóstomo (345-407), que fue una vez patriarca de Constantinopla, fue un predicador elocuente y un reformador moral; ha sido llamado el expositor cristiano más grande de su época. Eusebio (c. 263-340), obispo de Cesarea, aunque manchado por su posición moderadamente arriana, fue un erudito y clérigo. Su Historia eclesiástica, la fuente principal de nuestro conocimiento de la Iglesia en los primeros siglos, le ha hecho merecedor del título de «Historiador de la Iglesia». Cirilo de Jerusalén (c. 315-86) fue un destacado pastor, escritor y catequista.

Uno de los mayores beneficios del nuevo protagonismo de la Iglesia en el Imperio fue que los asuntos teológicos podían ser discutidos con una base más extensa que en siglos anteriores. De hecho, los emperadores jugaron un rol para resolver asuntos que amenazaban la tranquilidad del Imperio. Los obispos a lo largo del Imperio podían reunirse a discutir y formular respuestas a preguntas complejas. Los académicos hablan de la «era ecuménica», un período de varias reuniones mundiales de obispos para desenredar problemas y redactar credos. Como resultado, los clérigos ayudaron a definir la fe ortodoxa. Ellos no inventaron la fe, sino que pudieron explicarla de manera que fuera recibida por todas las iglesias.

Una vez que la paz llegó a las iglesias, el emperador se interesó profundamente en el bienestar del cristianismo; los asuntos religiosos se convirtieron en preocupaciones para el Estado. El tema que dominó el siglo, la deidad de Jesucristo, se encuentra en el corazón de la fe cristiana. Los clérigos se habían empeñado por un tiempo en explicar la relación del Padre con el Hijo. ¿Cómo podría la Iglesia proclamar de manera creíble que Jesucristo es Dios y, al mismo tiempo, declarar que «Dios, el Señor uno es» (Dt 6:4)? Al extender la deidad al Salvador, el monoteísmo parecía estar bajo amenaza.

Cuando en el siglo IV cierto presbítero buscó explicar la relación del Padre con el Hijo, negando su igualdad absoluta, el escenario quedó preparado para una resolución. Arrio de Alejandría (c. 250-336) se enfrentó a su obispo. Fue condenado en un concilio local en el año 321, pero su visión dividió a los obispos y amenazó la armonía del mundo de Constantino. En consecuencia, Constantino convocó al primer concilio ecuménico, o mundial, de obispos de la Iglesia en Nicea (una residencia de verano cerca de la, aún por terminar, nueva capital Constantinopla). El emperador favoreció la posición de Atanasio (c. 296-373), reciente sucesor de Alejandro. Esto ayudó a determinar las conclusiones del concilio. Arrio negó la igualdad del Padre con el Hijo para evitar el modalismo (la posición que él pensaba que Atanasio sostenía); Atanasio negó la desigualdad entre el Padre y el Hijo (posición que él acusaba a Arrio de defender). Más de trescientos obispos se reunieron y condenaron las enseñanzas de Arrio. Atanasio y Constantino, entre otros, sintieron que la frase «de una sustancia con el Padre» expresaba la coigualdad del Padre y del Hijo.

En parte, las continuas tensiones fueron el resultado de diferencias lingüísticas. El occidente latino hacía una distinción entre los términos «persona» y «sustancia». Se podía hablar, tal como lo hizo Tertuliano el siglo anterior, de dos personas y una sustancia. El oriente griego veía ambos términos como sinónimos y acusaba al occidente de apoyar el modalismo. El apoyo aumentó para la visión adopcionista de Arrio (una visión que afirmaba la deidad del Salvador a costa de Su eternidad).

La obra monumental de los tres obispos de Capadocia (Basilio de Cesarea [c. 330-97]; Gregorio de Nacianzo [c. 329-89]; y Gregorio de Nisa [c. 330-95]), al desenredar la confusión lingüística, abrió el camino a un segundo concilio ecuménico. Convocado por Teodosio I en Constantinopla (381), este concilio afirmó y amplió el Credo Niceno. Se distinguieron los términos «sustancia» y «personas». El primero, se refiere a los atributos de Dios que son igualmente compartidos por el Padre y por el Hijo; el segundo, se refiere a funciones que destacan las distinciones no en tipo sino en función. Las distinciones dentro de la Deidad se relacionan con la redención de la creación.

Un corolario a la discusión de la relación entre el Padre y el Hijo fue la comprensión del Espíritu Santo. La pregunta que dominaba la insistencia de Atanasio en que Jesús es Dios era: «¿Cómo podría un ser inferior a la divinidad absoluta proveernos de la redención divina, la vida de Dios para el alma?». La pregunta concerniente al Espíritu Santo era: «¿Cómo podría un ser inferior a Dios traernos la santidad de Dios?». En Constantinopla, la Iglesia pudo articular la doctrina de la tri-unidad de Dios. Hablar de la Trinidad apropiadamente es hablar de Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios Espíritu Santo, el gran tres en uno. La doctrina de la Santísima Trinidad continuó sin ser cuestionada en las iglesias cristianas por más de un milenio. Este fue el mayor logro de la Iglesia del siglo IV. Los obispos no inventaron la doctrina de la igualdad del Padre y del Hijo, sino que nos dieron una explicación importante de lo que la Iglesia siempre confesó. Dios es uno y Jesucristo es Dios.

El concilio también abordó un tema que se resolvería en el siglo V en el Concilio de Calcedonia (451). En Nicea y en Constantinopla, la Iglesia luchó por explicar la relación preencarnada del Hijo con el Padre. Un tema relacionado con eso fue el siguiente: ¿Cuál es la relación entre la deidad y la humanidad de Cristo cuando Cristo se encarnó? La lucha por explicar estas cosas comenzó aquí, pero la explicación final llegaría más tarde.

Apolinar (c. 310-90), obispo de Laodicea, afirmó que Cristo fue siempre completamente Dios, pero estuvo dispuesto a denigrar Su humanidad para preservar la unicidad de Cristo. Él argumentaba que Cristo no poseía una mente o un alma humana; sino que en su ausencia, moraba la deidad. Cristo era verdaderamente Dios pero no verdaderamente hombre. Su visión acerca de Cristo fue condenada, pues se entendió que podía ser tan destructiva como la de Arrio.

Intemporalidad y cambio
¿Qué podemos aprender del siglo IV como ciudadanos del siglo XXI? Para los santos que soportaron las aterradoras purgas de Diocleciano, es importante estar consciente de que Dios es soberano tanto en los momentos más oscuros como en los momentos más agradables. Él está obrando Su gran e inalterable plan incluso cuando no podemos ver qué cosas buenas podrían salir de una tragedia. ¿Quién hubiera imaginado que la ira de Diocleciano era el último respiro del paganismo y que la Iglesia estaba siendo preparada para una era completamente nueva? Es bueno saber que las apariencias pueden no ser la realidad.

Sin embargo, hay un factor constante en el siglo IV que provee continuidad para todos los cristianos. El común denominador es la pasión de la Iglesia por definir y defender las doctrinas de los apóstoles. Cuando las persecuciones terminaron y la Iglesia se encontró en un ambiente favorable, se propuso inmediatamente a explicar las maravillas de su proclamación: la deidad absoluta de Jesucristo, la belleza del Salvador encarnado. ¿Por qué? En el corazón de la fe cristiana están las buenas nuevas de redención del pecado por medio de Uno que tomaría el lugar del pecador, cargando su culpa y satisfaciendo la deuda de la justa y eterna ira de Dios. Solo Dios podía hacer esto; el gran Juez de la humanidad fue juzgado por nosotros. Sin embargo, solamente un ser humano debía estar en lugar de los humanos; y a la vez tenía que ser perfecto. ¿Quién podía hacer eso? Aquel que es Dios y, al mismo tiempo, un hombre perfecto, el Señor Jesucristo.

Lo que debe estar en el centro o ser la preocupación de la Iglesia es siempre Cristo y Sus misericordias. Somos deudores de hombres y mujeres, clérigos y laicos, de este maravilloso siglo por modelar eso para nosotros. Nuestra oración es que Él se convierta en la preocupación central de la Iglesia en el siglo XXI.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John D. Hannah

El Dr. John D. Hannah es profesor y presidente del departamento de teología histórica del Seminario Teológico de Dallas, Texas.

1 – La revelación divina

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

1. La revelación divina

R.C. Sproul

Traductora: Marcela Robaína

Todo lo que conocemos sobre el cristianismo nos ha sido revelado por Dios. Revelar significa «quitar el velo». Implica el retirar la cubierta de algo que estaba oculto.

Cuando mi hijo estaba creciendo, desarrollamos una tradición anual para festejar su cumpleaños. En lugar de seguir el procedimiento normal de repartir los regalos, lo hacíamos mediante una modalidad que era nuestra versión casera del programa televisivo de entretenimientos «Hagamos un trato». Escondía sus regalos en lugares secretos tales como un cajón, o debajo del sillón, o detrás de una silla. Luego le daba opciones: «Puedes tener lo que está en el cajón del escritorio o lo que está en mi bolsillo». El juego alcanzaba su clímax cuando llegábamos al «gran trato de día». Colocaba en fila a tres sillas que cubría con una manta. Cada manta ocultaba un regalo. Una de las sillas tenía un pequeño regalo, la segunda silla tenía su regalo más grande, y la tercera silla tenía una muleta que había utilizado cuando se fracturó la pierna a los siete años.

¡Por tres años consecutivos mi hijo eligió la silla que tenía la muleta! (Siempre terminaba permitiéndole canjear la muleta por el verdadero regalo.) Al cuarto año, él estaba resuelto a no elegir la silla con la muleta debajo de la manta. Esta vez oculté su regalo grande junto con la muleta y dejé que la punta de la muleta asomara por debajo de la manta. Al ver la punta de la muleta, evitó elegir esa silla. ¡Nuevamente lo había atrapado!

La diversión del juego consistía en adivinar dónde estaba escondido el tesoro. Pero se trataba únicamente de adivinar, de pura especulación. El descubrimiento del tesoro verdadero no podía concretarse hasta tanto la manta no hubiera sido retirada y el regalo quedara al descubierto.

Lo mismo sucede con nuestro conocimiento de Dios. La especulación ociosa sobre Dios es tarea para un tonto. Si deseamos conocerle en verdad, debemos confiar en lo que Él nos dice sobre sí mismo.

La Biblia nos indica que Dios se revela a sí mismo de diversas maneras. Despliega su gloria en la naturaleza y por medio de la naturaleza. En los tiempos antiguos se reveló por medio de sueños y de visiones. La marca de su providencia está demostrada en las páginas de la historia. Se revela a sí mismo en las Escrituras inspiradas. Y podemos ver el zenit de su revelación en Jesucristo que se hizo hombre – lo que los teólogos denominan la Encarnación».

El autor de la epístola a los Hebreos escribe:

Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (Heb. 1:1-2).

Si bien la Biblia habla de las «muchas maneras» en que Dios se ha revelado a sí mismo, debemos distinguir entre dos tipos principales de revelación – la general y la especial.

La revelación general se llama «general» por dos razones: (1) es general en cuanto a su contenido, y (2) ha sido revelada a un público en general.

El contenido general.

La revelación general nos provee del conocimiento de que Dios existe. «Los cielos declaran la gloria de Dios», nos dice el salmista. La gloria de Dios la vemos desplegada en la obra de sus manos. Este despliegue es tan claro y manifiesto que ninguna criatura puede dejar de apreciarlo. Nos revela la deidad y el poder eterno de Dios (Rom. 1:18-23). La revelación en la naturaleza no nos brinda una revelación completa de Dios. No nos brinda la información sobre Dios el Redentor que encontramos en la Biblia. Pero el Dios revelado en la naturaleza es el mismo Dios revelado en las Escrituras.

El público en general

No todas las personas en el mundo han leído la Biblia o escuchado la proclamación del evangelio. Pero la luz de la naturaleza brilla sobre cada uno en cualquier lugar y en cualquier tiempo. La revelación general de Dios tiene lugar todos los días. El nunca se queda sin ningún testigo. El mundo visible es como un espejo que refleja la gloria de su Hacedor.

El mundo es el escenario de Dios. El es el actor principal que aparece al principio y en el centro. No puede caer ningún telón que oscurezca su presencia. De una simple mirada a la creación podemos saber que la naturaleza no es su propia madre. No hay nada de «madre» en la Madre Naturaleza. La naturaleza en sí misma no tiene ningún poder para producir ningún tipo de vida.

En sí misma, la naturaleza es estéril. El poder para producir la vida reside en el Autor de la naturaleza -Dios. El sustituir la naturaleza como la fuente de vida es confundir a la criatura con el Creador. Cualquier forma de adoración de la naturaleza es un acto de idolatría y como talle resulta detestable a Dios.

Debido a la fuerza de la revelación general, todos los seres humanos saben que Dios existe. El ateísmo consiste en la negación lisa y llana de algo que se sabe ser cierto. Por eso es que la Biblia dice: «Dice el necio en su corazón: No hay Dios» (Salmo 14:1). Cuando las Escrituras tratan de este modo al ateo, llamándolo «necio», le están haciendo un juicio moral. Ser un necio en términos bíblicos no es ser de pocas luces o ser poco inteligente; es ser inmoral. Así como el temor de Dios es el principio de la sabiduría, la negación de Dios es el colmo de la necedad.

DIOS  > Revelación > Seres humanos

El agnóstico, asimismo, niega la fuerza de la revelación general. El agnóstico es menos estridente que el ateo; no niega de manera tajante la existencia de Dios. Sin embargo, el agnóstico declara que no hay evidencia suficiente para decidirse por una cosa u otra con respecto a la existencia de Dios. Prefiere dejar su juicio en suspenso, dejar la cuestión sobre la existencia de Dios con un signo de interrogación. Sin embargo, a la luz de la claridad de la revelación general, la postura que asume el agnóstico no es menos detestable para Dios que la del ateo militante.

Pero para todo aquel cuya mente y corazón estén abiertos, la gloria de Dios es maravillosa de contemplar -desde los billones de universos en los cielos hasta las partículas subatómicas que componen la más pequeña de las moléculas. ¡Qué Dios increíble es este a quien servimos!

Resumen

1. El cristianismo es una religión revelada.

2. La revelación de Dios es Dios revelándose. Dios mismo quita el velo que nos impide conocerle.

3. No podemos llegar a conocer a Dios por medio de la especulación.

4. Dios, a lo largo de la historia, se reveló a sí mismo de diversas maneras.

5. La revelación general ha sido dada a todos los seres humanos.

6. El ateísmo y el agnosticismo se basan en la negación de lo que las personas saben que es cierto.

7. La necedad se funda sobre la negación de Dios.

8. La sabiduría se funda en el temor de Dios. La revelación general:

Dios el Creador

La revelación es dada a todos los seres humanos

La revelación especial:

Dios el Redentor se revela a quienes escuchan

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ps. 19:1-14

Eph. 3:1-13

2 Tim. 3:14-17

Heb. 1:1-4

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

¿Qué es la verdad?

Got Questions

¿Qué es la verdad?

Hace casi dos mil años la Verdad fue sometida a juicio y juzgada por la gente que era adicta a las mentiras. De hecho, la Verdad enfrentó seis juicios en menos de un día completo, tres de los cuales fueron religiosos, y tres fueron legales. Al final, pocas personas implicadas en esos acontecimientos podían responder a la pregunta, «¿Qué es la verdad?».

Después de ser arrestado, la Verdad fue conducida primeramente a un hombre llamado Anás, un corrupto ex sumo sacerdote de los judíos. Anás quebrantó numerosas leyes judías durante el juicio, incluyendo la celebración del juicio en su casa, tratando de inducir auto acusaciones en contra del acusado, y golpeando al acusado, quien hasta ese momento no se le había declarado culpable de nada. Después de Anás, la Verdad fue llevada al sumo sacerdote en funciones, Caifás, quien resultaba ser yerno de Anás. Ante Caifás y el Sanedrín judío, se acercaron muchos falsos testigos para hablar en contra de la Verdad, pero no se pudo probar nada, y no podía encontrarse evidencia de algún delito. Caifás rompió no menos de siete leyes mientras trataba de condenar a la Verdad: (1) el juicio fue mantenido en secreto; (2) se llevó a cabo de noche; (3) implicó soborno; (4) el acusado no tuvo a nadie presente que actuara en su defensa; (5) el requerimiento de dos o tres testigos, no se cumplió; (6) utilizó un testimonio auto incriminatorio contra del acusado; (7) decretaron la pena de muerte contra el acusado el mismo día. Todas estas acciones estaban prohibidas por la ley judía. A pesar de todo, Caifás declaró culpable a la Verdad, porque la Verdad aseguró ser Dios encarnado, algo que Caifás llamó una blasfemia.

Cuando llegó la mañana, se llevó a cabo el tercer juicio de la Verdad, con el resultado de que el Sanedrín judío pronunció la sentencia de que la Verdad debía morir. Sin embargo, el concilio judío no tenía derecho legal para llevar a cabo la pena de muerte, así que se vieron forzados a traer a la Verdad ante el gobernador romano en turno, un hombre llamado Poncio Pilato. Pilato fue asignado por Tiberio como el quinto prefecto de Judea y sirvió en ese cargo del año 26 al 36 d.C. El procurador tenía el poder de decidir la vida o la muerte, y podía revertir la sentencia capital dictada por el Sanedrín. Mientras la Verdad se encontraba ante Pilato, más mentiras fueron declaradas en Su contra. Sus enemigos decían, «A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey» (Lucas 23:2) Esto era mentira, puesto que la Verdad había dicho a todos que pagaran sus impuestos (Mateo 22:21) y jamás habló de Él mismo como un desafío para César.

Después de esto, se produjo un diálogo interesante entre la Verdad y Pilato. «Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?» (Juan 18:33-38). La pregunta de Pilato, «¿Qué es la verdad?» ha reverberado a través de la historia. ¿Era un deseo melancólico de saber lo que nadie más podría decirle, un cínico insulto, o tal vez una irritada e indiferente respuesta a las palabras de Jesús?

En el mundo postmodernista que niega que la verdad pueda ser conocida, es más importante que nunca antes de responder a la pregunta. ¿Qué es la verdad?

Una propuesta definición de la Verdad

Al definir la verdad, primero es útil notar lo que la verdad no es:

• La verdad no es simplemente lo que funciona. Esta es la filosofía del pragmatismo – un enfoque del tipo de, un fin justifica los medios. En realidad, las mentiras pueden parecer que «funcionan,» pero aun así son mentiras y no la verdad.

• La verdad no es simplemente lo que es coherente o comprensible. Un grupo de gente puede reunirse y formar una conspiración basándose en una serie de falsedades en la que todos convienen en contar la misma historia falsa, pero eso no hace que su declaración fuera una verdad.

• La verdad no es lo que hace sentir bien a la gente. Desafortunadamente, las malas noticias pueden ser la verdad.

• La verdad no es lo que la mayoría dice que es la verdad. Cincuenta y un por ciento de un grupo puede llegar a una conclusión equivocada.

• La verdad no es lo que resulta comprensible. Aún una larga y detallada presentación puede resultar en una conclusión falsa.

• La verdad no se define por lo que se pretende. Las buenas intenciones pueden estar equivocadas.

• La verdad no es cómo la conocemos; la verdad es lo que conocemos.

• La verdad no es simplemente lo que se cree. Una mentira creída sigue siendo una mentira.

• La verdad no es lo que es demostrado públicamente. Una verdad puede ser conocida privadamente (por ejemplo, la ubicación de un tesoro enterrado).

La palabra griega para «verdad» es alētheia, la cual, literalmente significa «no-escondida» o «nada escondido». Transmite la idea de que la verdad siempre está ahí, siempre abierta y disponible para que todos puedan verla, con nada escondido u oculto. La palabra hebrea para «verdad es emeth, que significa «firmeza» «constancia» y «duración». Tal definición implica una sustancia eterna y algo en que se puede confiar.

Desde la perspectiva filosófica, hay tres maneras simples de definir la verdad:

1. Verdad es lo que corresponde a la realidad.

2. Verdad es lo que concuerda con su objeto.

3. Verdad es simplemente decirlo tal como es.

Primero, la verdad corresponde a la realidad o «lo que es». Es real. La verdad también es correspondiente en la naturaleza. En otras palabras, concuerda con su objeto y es conocida por su referente. Por ejemplo, un maestro frente a una clase puede decir, «La única salida de este salón se encuentra a la derecha». Para la clase que está frente al maestro, la puerta de salida puede estar a su izquierda, pero es absolutamente cierto que la puerta, para el profesor, está a la derecha.

La verdad también concuerda con su objeto. Puede ser absolutamente cierto que alguna persona pueda necesitar determinada cantidad de miligramos de un medicamento, pero otra persona puede necesitar más o menos del mismo medicamento para producir el efecto deseado. Esta no es una verdad relativa, sino solo un ejemplo de cómo la verdad debe ajustarse a su objeto. Sería erróneo (y potencialmente peligroso) para un paciente, solicitar a su médico que le dé una cantidad inadecuada de un medicamento en particular, o decir que cualquier medicina funcionará para su padecimiento específico. En pocas palabras, la verdad es simplemente decirla tal como es; es la manera en que las cosas son en realidad, y cualquier otro punto de vista es incorrecto. Un principio fundamental de la filosofía, es ser capaz de discernir entre la verdad y el error, o como Tomás de Aquino observó, «Es la tarea del filósofo, hacer distinciones.»

Desafíos de la Verdad

Las palabras de Aquino no son muy populares hoy en día. El hacer distinciones parece estar pasado de moda en una era postmoderna de relativismo. Es aceptable decir, «Esto es verdad», en tanto no sea seguido por un, «y por lo tanto eso es falso». Esto es especialmente observable en asuntos de fe y religión, en donde se supone que cada sistema de creencias se encuentra en igualdad de condiciones respecto a la verdad.

Hay una variedad de filosofías y cosmovisiones que desafían el concepto de la verdad, sin embargo, cuando se les analiza detenidamente, resultan ser auto excluyentes en su naturaleza.

La filosofía del relativismo dice que toda verdad es relativa y que no hay tal cosa como la verdad absoluta. Pero uno se pregunta: ¿la afirmación de que «toda verdad es relativa» es una verdad relativa o una verdad absoluta? Si es una verdad relativa, entonces realmente carece de sentido; ¿cómo sabemos cuándo y dónde se aplica? Si es una verdad absoluta, entonces la verdad absoluta existe. Más aún, el relativismo traiciona su propia postura cuando establece que la posición del absolutismo es errónea – ¿por qué no pueden estar también en lo correcto, aquellos que dicen que la verdad absoluta existe? En esencia, cuando el relativista dice que, «La verdad no existe», te pide que no le creas, y lo mejor por hacer es seguir su consejo.

Aquellos que siguen la filosofía del escepticismo simplemente dudan de toda verdad. Pero ¿está escéptico el escéptico del escepticismo; duda él de la verdad de su propia afirmación? Si es así, entonces ¿para qué prestarle atención al escepticismo? Si no es así, entonces podemos estar seguros de al menos una cosa (en otras palabras, la verdad absoluta existe) – el escepticismo, el cual, irónicamente, se convierte en la verdad absoluta en ese caso. El agnóstico dice que no puedes conocer la verdad. Sin embargo, esta mentalidad es autoexcluyente, porque asegura conocer al menos una verdad: que tú no puedes conocer la verdad.

Los discípulos del postmodernismo, simplemente no afirman ninguna verdad en particular. El santo patrón del postmodernismo – Frederick Nietzsche – describió la verdad de esta manera: «¿Qué es entonces la verdad? Un ejército móvil de metáforas, metonimias y antropomorfismos… verdades son ilusiones… monedas que han perdido sus imágenes y que ahora cuentan solo como metal, ya no como monedas». Irónicamente, aunque el postmodernismo mantiene monedas en su mano que ahora son «meramente metal». éste afirma al menos una verdad absoluta: la verdad absoluta de que ninguna verdad debe ser afirmada. Al igual que las otras cosmovisiones, el postmodernismo es autoexcluyente y no puede sostenerse bajo su propia afirmación.

Una cosmovisión popular es el pluralismo, el cual dice que todas las afirmaciones de la verdad son igualmente válidas. Desde luego, esto es imposible. ¿Pueden dos afirmaciones – una diciendo que una mujer está embarazada y la otra diciendo que no lo está – ser ciertas al mismo tiempo? El pluralismo se deshace a los pies de la ley de la no-contradicción, la cual dice que algo no puede ser tanto «A» como «No-A» al mismo tiempo y en el mismo sentido. Como un filósofo dijo sarcásticamente, que cualquiera que crea que la ley de la no-contradicción no es verdad (y de forma predeterminada, el pluralismo es verdad) debe ser golpeado y quemado, hasta que admita que ser golpeado y quemado, no es la misma cosa a no ser golpeado y quemado. También, noten que el pluralismo afirma que es verdad, y que cualquier cosa que se le oponga es falsa, la cual es una afirmación que niega su propio principio fundamental.

El espíritu detrás del pluralismo, es una actitud de brazos abiertos a la tolerancia. Sin embargo, el pluralismo confunde la idea de que todos tienen igual valor, con que cada afirmación de la verdad sea igualmente válida. Más sencillo, toda la gente puede ser igual, pero no todas las afirmaciones de la verdad lo son. El pluralismo no entiende la diferencia entre la opinión y la verdad, una distinción que Mortimer Adler señala: «El pluralismo es deseable y tolerable, solo en aquellas áreas en que son cuestiones de gusto, y no en asuntos de la verdad».

La ofensiva naturaleza de la Verdad

Cuando el concepto de la verdad es difamado, generalmente es por una o más de las siguientes razones:

Una queja común en contra de cualquiera que asegura tener la verdad absoluta, en cuestiones de fe y religión, es que tal postura es «intolerante». Sin embargo, el crítico no entiende que, por naturaleza, la verdad es intolerante. ¿Es intolerante un maestro de matemáticas, por sostener la creencia de que 2 + 2 solo es igual a 4?

Otra objeción a la verdad, es que es arrogante asegurar que alguien esté en lo cierto y la otra persona esté equivocada. Sin embargo, regresando al ejemplo anterior con las matemáticas, ¿es arrogante para el maestro de matemáticas insistir en que solo hay una respuesta correcta al problema matemático? ¿O es arrogante para un cerrajero asegurar que solo una llave abrirá una puerta cerrada?

Un tercer cargo contra aquellos partidarios de la verdad absoluta en materia de fe y religión, es que tal posición excluye a la gente, en lugar de incluirla. Pero tal queja fracasa en entender que la verdad, por naturaleza, excluye a su opositor. Todas las respuestas, a excepción del 4 son excluidas de la realidad que resulta del 2 + 2.

Hay aún otra protesta en contra de la verdad absoluta, y es que es ofensivo y divisivo asegurar que uno tiene la verdad. En cambio, el crítico sostiene, todo lo que importa es la sinceridad. El problema con esta postura, es que la verdad es inmune a la sinceridad, la creencia y el deseo. No importa cuán sinceramente crea uno que la llave equivocada abrirá la puerta; aun así la llave no entrará y la cerradura no se abrirá. La verdad tampoco es afectada por la sinceridad. Si alguien toma un frasco de veneno, y sinceramente cree que es limonada, aun así sufrirá los infortunados efectos del veneno. Finalmente, la verdad es insensible al deseo. Una persona puede desear fuertemente que su auto no se haya quedado sin gasolina, pero si el indicador dice que el tanque está vacío, y el auto ya no arranca, entonces no hay deseo en el mundo que haga que milagrosamente el auto siga adelante.

Algunos admitirán que la verdad absoluta existe, pero dirán que tal postura solo es válida en el área de la ciencia y no en cuestiones de fe y religión. Esta es una filosofía llamada positivismo lógico, el cual fue popularizado por filósofos tales como David Hume, y A. J. Ayer. En esencia, tales personas declaran que las afirmaciones de la verdad deben ser, o (1) tautologías (por ejemplo, que todos solteros son hombres solteros), o (2) empíricamente verificable (esto es, verificable mediante la ciencia). Para el positivista lógico, toda conversación sobre Dios es una tontería.

Aquellos que se adhieren a la noción de que solo la ciencia puede hacer afirmaciones de la verdad, no reconocen en que hay muchas realidades de la verdad, donde la ciencia es impotente. Por ejemplo:

• La ciencia no puede probar las disciplinas de las matemáticas y la lógica, porque las presupone.

• La ciencia no puede probar verdades metafísicas, tales como, las mentes además de la mía, realmente existen.

• La ciencia es incapaz de proporcionar la verdad en las áreas de la moral y la ética. Por ejemplo, tú no puedes usar la ciencia para probar que los Nazis eran malvados.

• La ciencia es incapaz de declarar verdades sobre disposiciones estéticas, como la belleza de un amanecer.

• Por último, cuando alguien hace la declaración de que «la ciencia es la única fuente de verdad objetiva», acaba de hacer un reclamo filosófico – que no puede ser probado por la ciencia.

Y hay aquellos que dicen que la verdad absoluta, no se aplica en el área de la moralidad. Sin embargo, la respuesta a la pregunta, «¿Es moral torturar y asesinar a un niño inocente?» es absoluta y universal: No. O, para hacerlo más personal, aquellos que se adhieren a la verdad relativa con respecto a la moral, siempre parecen desear que su cónyuge les sea absolutamente fiel a ellos.

Por qué es importante la Verdad

¿Por qué es tan importante entender y adherirse al concepto de la verdad absoluta en todas las áreas de la vida (incluyendo la fe y la religión)? Simplemente porque la vida tiene consecuencias por estar equivocado. El dar a alguien la cantidad equivocada de medicamento, puede matarlo; el tener un asesor inversionista que tome las decisiones monetarias equivocadas, puede empobrecer a una familia; el abordar el avión equivocado, te llevará donde no deseas ir; y lidiar con una pareja que es infiel en el matrimonio, puede resultar en la destrucción de una familia, y potencialmente en enfermedad.

Como el cristiano apologista Ravi Zacharias lo expresa, «El hecho es, que la verdad importa – especialmente cuando estás en el lado receptor de la mentira». Y en ninguna parte es más importante, que en el área de la fe y la religión. La eternidad es un tiempo tremendamente largo como para arriesgarse a equivocarse.

Dios y la Verdad

Durante los seis juicios de Jesús, el contraste entre la verdad (justicia) y las mentiras (injusticia) fue inconfundible. Ahí estaba Jesús, la Verdad, siendo juzgado por aquellos cuyas acciones, estaba bañadas en mentiras. Los líderes judíos quebrantaron casi cada ley diseñada para proteger al acusado de condenas injustas. Trabajaron fervientemente para encontrar cualquier testimonio que pudiera incriminar a Jesús, y en su frustración, se basaron en evidencias falsas, presentadas por mentirosos. Pero aún eso no podía ayudarlos a lograr su objetivo. Así que quebrantaron otra ley y forzaron a Jesús a implicarse a Sí Mismo.

Una vez frente a Pilato, los líderes judíos mintieron nuevamente. Acusaron a Jesús de blasfemia, pero puesto que sabían que esto no sería suficiente para convencer a Pilato de condenar a muerte a Jesús, afirmaron que Jesús desafiaba a César y quebrantaba la ley romana, soliviantando a la gente para no pagar impuestos. Pilato rápidamente detectó su engaño superficial, y ni siquiera hizo mención del cargo.

Jesús, el Justo, estaba siendo juzgado por los injustos. La triste realidad es que éste último siempre perseguirá al primero. Es por lo que Caín mató a Abel. El vínculo entre la verdad y la justicia, y entre la falsedad y la injusticia, está demostrado por una serie de ejemplos en el Nuevo Testamento:

• «Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia» (2 Tesalonicenses 2:11 y 12, énfasis añadido)

• «Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad» (Romanos 1:18, énfasis añadido).

• «… el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia» (Romanos 2:6-8, énfasis añadido).

• «[el amor] no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad» (1ª Corintios 13:5-6, énfasis añadido).

Conclusión

La pregunta que hizo Poncio Pilato hace siglos, debe ser reformulada, a fin de ser completamente exacta. El comentario del gobernador romano, «¿Qué es la verdad?» pasa por alto el hecho de que muchas cosas pueden tener la verdad, pero solo una cosa puede realmente ser la Verdad. La verdad debe provenir de alguna parte.

La cruda realidad, es que Pilato estaba mirando directamente al Origen de toda la Verdad en esa madrugada de hace casi dos mil años. No mucho antes de ser arrestado y traído ante el gobernador, Jesús había hecho esta simple declaración «Yo soy la verdad» (Juan 14:6), lo que fue una declaración bastante increíble. ¿Cómo un simple hombre podía ser la verdad? No era posible, a menos que Él fuera más que un hombre, que en realidad fuera lo que Él aseguraba ser. El hecho es que, la afirmación de Jesús fue validada cuando Él resucitó de los muertos (Romanos 1:4).

Hay una historia acerca de un hombre que vivía en París, quien fue visitado por un forastero del campo. Queriendo mostrar al forastero la magnificencia de París, lo llevó al museo de Louvre para ver lo grandioso del arte, y luego a un concierto en una majestuosa sala de conciertos, para escuchar tocar a una gran orquesta sinfónica. Al final del día, el forastero del campo comentó que a él no le gustó en particular ni el arte ni la música. A lo que su anfitrión replicó, «Ellos no están en juicio, usted lo está». Pilato y los líderes judíos pensaron que estaban juzgando a Cristo, cuando, en realidad, ellos eran los que estaban siendo juzgados. Además, Aquel a quien condenaron, realmente servirá como su Juez un día, como lo hará para con todos los que con injusticia detienen la verdad.

Evidentemente, Pilato nunca llegó a conocer la verdad. Eusebio, el historiador y Obispo de Cesárea, registra el hecho de que Pilato finalmente cometió suicidio en algún momento durante el reinado del emperador Calígula (37-41 d.C.) – un triste final y un recordatorio para todos, que el ignorar la verdad, siempre conduce a consecuencias indeseables.

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¿Quién decís que soy yo?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo IV

¿Quién decís que soy yo?

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo IV

En el principio existía el Verbo. Y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios».

El segmento introductorio del prólogo del Evangelio de Juan fue el texto más cuidadosamente examinado del Nuevo Testamento durante los primeros tres siglos de la historia cristiana. De todos los temas teológicos y preguntas que enfrenta la Iglesia primitiva, ninguno fue más agudo que el entendimiento de la Iglesia de la persona de Jesucristo.

El Nuevo Testamento dedica mucha atención a la persona y obra de Jesús: lo que dijo, lo que hizo, de dónde vino y adónde fue. Pero nada cautivó tanto las mentes de los líderes intelectuales de la Iglesia primitiva como la pregunta: «¿Quién era Él?».

La pregunta «¿quién era Jesús?» obligó a prestar atención al concepto juanino del logos. Este término griego, simplemente traducido como «verbo», era la idea más profunda sobre Jesús presentada en el Nuevo Testamento.

Notamos la distinción que hace Juan cuando escribe: «El Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». En el peor de los casos, Juan cae en una horrible contradicción entre dos afirmaciones hechas acerca del Logos con apenas un suspiro entre ellas. Cuando decimos que alguien o algo está con otro, eso normalmente indica una distinción entre ellos. Notamos una diferencia obvia entre distinción e identidad. Cuando afirmamos que dos cosas son idénticas, generalmente queremos decir que no hay diferencia o distinción entre ellas. Sin embargo, aquí Juan hace dos cosas: por un lado, distingue entre el Logos y Dios, mientras que, por el otro, identifica al Logos con Dios.

¿Contradicción? No necesariamente, aunque vivimos en una época en la que los teólogos, tanto liberales como conservadores, no solo se contentan, sino que se deleitan en las contradicciones. Sin embargo, si queremos conservar la cordura teológica, debemos rechazar la idea de que estas afirmaciones son de hecho contradictorias. Tampoco deseamos sucumbir a la noción popular pero mortal, que ahora es popular en los círculos anteriormente reformados, de que las verdaderas contradicciones pueden resolverse en la mente de Dios. Este nuevo irracionalismo nos da un Dios irracional con una Biblia irracional y una teología irracional; todo esto defendido por una apologética irracional. Este movimiento se basa en la falsa premisa de que la única alternativa al irracionalismo es el racionalismo. Pero uno no necesita ser racionalista para ser racional. Los vuelos a lo absurdo pueden deleitar a los filósofos existenciales, pero calumnian al Espíritu Santo de la verdad.

Tampoco podemos resolver la tensión en Juan apelando a la ausencia del artículo definido (como lo hacen los mormones y los testigos de Jehová) y traducir el texto: «Y el Verbo era un Dios». Este débil intento de resolución solo produce politeísmo.

Este fue el tipo de pregunta que impulsó a la Iglesia a examinar y probar las formulaciones cristológicas durante tres siglos. La confesión decisiva  del Credo Niceno del siglo IV no saltó de repente a la escena como Atenea de la cabeza de Zeus. La formulación de la doctrina de la Trinidad fue codificada en el siglo IV, pero de ninguna manera nació en ese momento. La Tri-unidad en la Deidad tuvo sus raíces en el suelo fértil del texto bíblico del primer siglo.

La cuestión del monoteísmo estuvo presente desde el principio. Se discutió en términos de la idea del monarquianismo. Estamos familiarizados con las palabras monarca o monarquía en una conversación normal, ya que las usamos con respecto a las mariposas y los gobernantes. En griego, el término tiene un prefijo y una raíz.

Irónicamente, la raíz de monarca «arc» aparece en Juan 1. El apóstol escribe: «En el principio…,» y la palabra traducida «principio» es archè. Esta palabra también significa «jefe» o «gobernante». En español hablamos de arcángeles, archienemigos, arquitectos (jefes de construcción), arzobispos, etc. En todas estas palabras, archè significa «jefe» o «gobernante». Por lo tanto, cuando agregamos el prefijo «mono» a la raíz archè, obtenemos la idea de «un gobernante». Un monarca, entonces, es un único gobernante sobre cualquier reino (generalmente un rey o una reina).

En los primeros siglos, la Iglesia tuvo que mantener la noción claramente enseñada del monoteísmo, con la igualmente clara afirmación de la deidad de Cristo. La forma en que el monoteísmo pudo mantenerse mientras se afirmaba la deidad de Cristo alcanzó proporciones de crisis en el siglo III y IV.

El tercer siglo fue testigo del fuerte asalto contra el cristianismo por diversas formas de gnosticismo que engendraron una especie de monarquianismo llamado «monarquianismo modalista». Para entender esto debemos comprender algo del significado del término «modo». Un modo era un «nivel» o «manifestación» particular de una realidad dada. La idea popular entre los gnósticos era que Dios es la realidad suprema. Su Ser irradia o emana del núcleo de Su Ser. Cada radiación o emanación representa un nivel de Su ser. Cuanto más lejos esté la emanación, o nivel, del núcleo del Ser divino, menos «puro» es su Ser divino.

El hereje Sabelio enseñó tal concepto. Comparó la relación del Logos con Dios como análoga, como lo es un rayo de sol con el sol. El rayo de sol es de la misma esencia o ser del sol, pero puede distinguirse del sol. En términos modernos, decimos que el sol está a ciento cincuenta millones de kilómetros de nosotros y, sin embargo, nos calientan los rayos que están cerca. Sabelio argumentó que Jesús era de la «misma esencia» (gr. homo-ousios) que Dios, pero era menos que Dios. Sabelio y su monarquianismo modalista fueron condenados como herejía en Antioquía en 267, y la Iglesia utilizó la expresión «de esencia similar» (homoi-ousios) para referirse al Logos. Aquí la idea era que el Logos, aunque se distinguía del Padre, compartía plenamente «de manera similar» con el Padre en Su Ser divino.

Poco después de la derrota de Sabelio y el monarquianismo modalista, surgió una nueva y más virulenta forma de monarquianismo. Irónicamente, su cuna fue Antioquía, el mismo lugar donde Sabelio fue condenado. La nueva herejía ha sido llamada «monarquianismo dinámico» y, a veces, «adopcionismo». La escuela antioqueña de Luciano, Pablo de Samósata y otros produjeron su representante más formidable: Arrio. Fue la enseñanza de Arrio y sus seguidores lo que provocó el crítico Concilio de Nicea y el Credo Niceno en 325.

Ya que esto será discutido más adelante en esta serie de Tabletalk, restringiré mis comentarios aquí para indicar que Arrio claramente negó la deidad eterna del Logos. Se defendió a sí mismo, irónicamente, apelando a la frase ortodoxa «esencia similar» (homoi-ousios). El Logos es solo «similar» a Dios; Él no es Dios mismo. La mayoría de los herejes como Arrio intentaron enmascarar su herejía utilizando lenguaje ortodoxo para transmitirla. La amenaza arriana fue tan grande que la Iglesia retrocedió en su elección de términos para definir la relación del Logos con el Padre. El término que la Iglesia había rechazado previamente en la disputa del siglo III con Sabelio, homoousios («de la misma esencia») fue elevado a la ortodoxia. Por supuesto, el término ahora no fue usado para volver al modalismo de Sabelio; más bien, se usó para afirmar que el Logos es de la misma esencia divina que Dios: coeterno, coesencial, no creado.

La importancia de la elección de esta palabra subraya en rojo cuán seriamente la Iglesia tomó la amenaza del arrianismo y cuán resuelta fue la Iglesia para mantener su confesión de la deidad plena de Cristo. Este fue el momento decisivo del cristianismo del siglo IV.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

El discipulado en la iglesia local

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 5

El discipulado en la iglesia local

Introducción

Durante las últimas cuatro semanas hemos reflexionado mucho acerca del tema del discipulado. Hemos hecho la pregunta «¿qué es el discipulado?» y hemos concluido consiste en relacionarse deliberada e intencionalmente con otro cristiano con el fin de hacerle un bien espiritual. Hemos preguntado «¿por qué participar en el discipulado?» y concluimos que es algo crítico para el bien de los demás, para nuestro gozo y para la gloria de Dios. Consideramos varias «barreras y excusas del discipulado» y prescindimos de ellas basado en el razonamiento lógico y la enseñanza de la Escritura. Finalmente, consideramos el objetivo y la meta de nuestras relaciones de discipulado y concluimos que el mayor objetivo de esta maravillosa obra es motivar a nuestro amigo a crecer en santidad, según lo evidenciado por una mayor obediencia a la voluntad revelada de Dios.

Hay una pregunta más que debemos responder antes de ir a asuntos específicos y prácticos que ocuparán el resto de esta clase. Nuestras últimas preguntas generales son: «¿qué lugar es mejor para establecer relaciones de discipulado?» y «¿cómo comenzamos?» Hoy hablaremos del razonamiento práctico, pero basado más que todo en el modelo de la Escritura de que el lugar principal para las relaciones de discipulado debe ser la iglesia local dondequiera que seamos miembros.

Ahora, primeramente quiero establecer que con esto NO estamos diciendo que es un error tener relaciones intencionales espiritualmente motivadoras con personas que no son de tu iglesia local. Eso no es lo que estamos diciendo. Y no estamos diciendo que está mal iniciar ese tipo de relaciones con un amigo de la escuela o el trabajo.

Lo que estoy diciendo es que el mejor lugar para tener relaciones de discipulado es en tu iglesia local. Eso parece ser una idea muy sencilla, pero aclaremos lo que quiero decir con ello. Lo que NO estoy diciendo es que todo discipulado debe tener lugar en el local de la iglesia, o que solo los líderes reconocidos de la iglesia local deben discipular, NI TAMPOCO pretendo decir que está mal invertir en personas que no son miembros de tu iglesia, como son los amigos cristianos del trabajo o la escuela.

Lo que ESTAMOS diciendo es que es bíblicamente sabio que la mayoría de nosotros tenga la mayor parte de nuestras relaciones de discipulado en el contexto de la iglesia local. Debemos tener una relación de discipulado con alguien que también es miembro de la misma iglesia, donde comparten la misma enseñanza y la misma comunidad cristiana.

¿Por qué discipular en el contexto de la iglesia local?

Comencemos con diez razones por las que debemos discipular en nuestra iglesia local, y luego presentaremos algunas ideas sobre cómo puede ser hecho esto. Esta lista no es exhaustiva ni tampoco se encuentra en orden de importancia.

Hacer que tu iglesia sea la plataforma primaria para las relaciones de discipulado individuales tiene sentido y es una implicación necesaria de la enseñanza general de la Escritura con relación a la iglesia.

¿Por qué discipular en tu iglesia local?

Razón #1: porque Dios ha llamado a la iglesia a ser pura.

Considera el discipulado en tu iglesia local porque Dios ha llamado a la iglesia a ser pura. Leemos en Tito 2:14 que parte de la razón por la que Jesús vino al mundo fue para llamar y crear un pueblo puro para sí mismo conocido como la iglesia.

Pablo escribe: Tito 2:11-14 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. (RVR60)

Es en parte a través de las relaciones de discipulado que ayudamos a los demás cristianos a crecer en conocimiento y en santidad personal. Esta es una gran parte de lo que Jesús vino a hacer al mundo. Cuando trabajamos en relaciones de motivación especialmente entre aquellos que están en la iglesia, fomentamos el testimonio corporativo de la iglesia como cuerpo.

Este debe ser nuestro deseo para nuestra propia iglesia local, que sea un ejemplo radiante de la santidad y el poder transformador de Dios en la vida de su pueblo.

Razón #2: porque no tienes todos los dones espirituales. (Ver 1 Co. 12)

Debemos considerar el valor de la iglesia estableciendo el discipulado como una manera de equilibrar nuestra propia debilidad y falta de ciertos dones. Ser una fuente de motivación espiritual para los demás es mandatorio para la vida cristiana, pero tenemos áreas de debilidad y ceguera espiritual que también pueden limitar nuestra utilidad en el discipulado. Cuando nuestras relaciones de discipulado son establecidas en la comunidad de una iglesia local, hay otros en la mezcla relacional que ayudan a equilibrar la diferencia.

¿Dudas sobre participar en relaciones de discipulado porque eres tímido? ¿Estás dudando sobre participar en relaciones deliberadas de discipulado porque sientes que te falta capacidad y sabiduría para la tarea?

Bueno, tengo buenas nuevas: Dios sabe que no eres suficiente para esta gran tarea. En su bondad Dios nos la ha dado a nosotros la iglesia, y la iglesia es suficiente para la obra que pretende darle. Cuando discipulas en una relación de experiencia de iglesia compartida estas reconociendo que no tienes toda la sabiduría y exhortación que tu amigo necesita, pero te das cuenta de que a la iglesia como un cuerpo le es dada toda cosa buena que es necesaria para la tarea de evangelismo y discipulado. Dios no ha prometido darte todos los dones necesarios para exhortar y edificar a otros. Esa es una promesa que Él le ha hecho a toda la iglesia. No tienes todo lo que tu amigo necesita-por tanto tu amigo necesita una iglesia.

Tercero, debemos darnos cuenta de que en el contexto de relaciones de discipulado la iglesia provee una mejor y mayor rendición de cuentas que solo la de nuestro amigo. En la iglesia encontramos una red de relaciones con personas que nos conocen de una manera diferente y que ven nuestra relación con una perspectiva o preocupaciones diferentes. Esta red de relaciones significativas forma una «red de protección» espiritual que ayudará a tu amigo en los momentos difíciles más que solamente en tu relación.

Entiende que en parte la iglesia existe con el único propósito de aumentar la rendición de cuentas. La iglesia está formada no solo por el amor de Cristo sino también por su autoridad correctiva. Mateo 18 es Jesús dirigiendo a la iglesia sobre cómo actuar con alguien que no se arrepiente de su pecado.

Debemos darnos cuenta con toda humildad que un grupo de personas de una comunidad puede conocer a una persona mucho mejor de lo que puedes hacerlo a solas. Si te reúnes con un amigo del trabajo una vez a la semana para un café y discipular, hay limitaciones importantes en la manera que puedes conocer la vida de esa persona, pero en el contexto de una comunidad de iglesia hay por lo menos una mejor oportunidad de que la mezcla de relaciones provea una profundidad y textura de visión que produzca una mejor rendición de cuentas y protección.

Razón #4: porque tienes una cantidad de tiempo limitada. (Ver Efesios 5:16 y 1 Corintios 7:29)

Cuarto, todos somos desafiados por el hecho de que la vida es corta y nuestro tiempo es precioso. Para muchos de ustedes espero que sientan una gran presión tratando de equilibrar las demandas de su trabajo, parejas, hijos, familiares, ministerios de iglesia, evangelismo de vecindario y el deseo de tener relaciones de discipulado significativas. Piensa en algunas de las maneras en que el ministerio de la iglesia puede expandir tu ministerio de discipulado. Por ejemplo, hablamos acerca del uso previo de los momentos de enseñanza regular de la iglesia como el contenido de tus relaciones de discipulado—esto puede ser una manera de maximizar tu tiempo y ser fructífero en la vida de los demás en tu iglesia. Por tanto, considera reunirte con alguien de esta iglesia y hacer que el sermón del domingo en la mañana, o la conversación del domingo en la noche, o la clase del seminario de fundamento sea el contenido de tu relación de discipulado. Pueden hablar juntos sobre aplicación—como el sermón, la conversación o la lección aplican para sus vidas. No necesitan planificar y preparar un estudio bíblico ustedes mismos, en lugar de eso porque no permitir que la enseñanza pública de esta iglesia ayude a crecer y darle forma a ese hermano o hermana en Cristo aun cuando tu tiempo es muy limitado.

Razón #5: porque Dios es glorificado cuando el cuerpo crece unido. (Ro. 14:191 Co. 14:3-512)

Quinto, el cristianismo individualista es una contradicción. No fuiste hecho para vivir la vida cristiana solo. Si sientes que estas creciendo en madurez como cristiano mientras ignoras a los que están a tu alrededor, te desafío en lo que se refiere a la madurez que tienes. ¿En qué punto estas madurando si el cuerpo de Cristo no está reflejando su carácter con mayor claridad? Dios busca que nosotros le glorifiquemos primeramente a través de nuestra vida juntos como iglesia, por tanto debemos esforzarnos en crecer juntos en Él.

Independientemente de que te guste o no, cuando vives en el contexto de la comunidad tu vida está llamada a estar conectada con los demás. Mi hijo – amo verlo crecer. ¿No sería extraño si solo sus pies crecieran, pero su espalda y cuerpo permanecieran del mismo tamaño? Él se vería desproporcionado. El cuerpo de Cristo está llamado a crecer juntos. Mientras creces esto es recibido por los demás, quienes también crecen. Dios espera que nosotros maduremos juntos como comunidad, creciendo juntos hacia un mayor parecido a Cristo.[PAUSA PARA PREGUNTAS]

Razón #6: porque edificar la iglesia es para lo que fuiste dotado.

Sexto, debemos darnos cuenta de que este tipo de iglesia fundamentada en el discipulado está cerca del enfoque de lo que el Espíritu Santo buscaba cuando se te otorgaron los dones espirituales. Tus dones están destinados a bendecir el reino de Dios, si, pero especialmente a bendecir y edificar la iglesia local.

Pablo escribe acerca de esto en 1 Corintios 12:4-7 donde dice: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (RVR60)

De la misma manera, en 1 Corintios 14:12 Pablo nos dice: Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia. (RVR60)

Existen muchos debates entre los evangélicos acerca de como exactamente pensar sobre estos dones espirituales. En la mayoría de los debates el propósito de estos dones es muchas veces pasado por alto. Los dones espirituales no son para tu satisfacción personal sino para la edificación de la iglesia.

Razón #7: porque discipular es una manera fundamental de mostrar amor por Cristo y por su iglesia.

Siete, si estás buscando una forma de mostrar amor por la iglesia de Dios, si estás agradecido por la manera en que Dios ha usado esta iglesia para impactar tu vida, entonces no puedo pensar en algo mejor que establecer hacer un bien intencional a otro miembro de tu iglesia local.

Tal y como consideramos anteriormente en este curso, Juan 15:12-15 nos dice como Jesús nos amó al entregar su vida y revelarnos la verdad del Padre. Podemos mostrar nuestro amor a aquellos que Dios a puesto en nuestra iglesia haciendo lo mismo. Puedes mostrar amor por este cuerpo local estableciendo hacer un bien intencional a otros miembros al motivarles y guiarles hacia una consideración más profunda y personal de la Palabra de Dios.

De la misma manera considera 1 Juan 4:19-21 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. (RVR60)

Demostramos nuestro amor por Dios cuando amamos a los demás. Juan nos dice «quien ama a Dios debe amar a su hermano.» Lo segundo es una implicación necesaria de lo primero. Asimismo, Juan dice que si amas a Dios y odias a tu hermano, eres un mentiroso. Este lenguaje fuerte expresa que el amor por Cristo y por su pueblo está interrelacionado y no se separa fácilmente. Tu discipulado en la iglesia local es un manera de demostrar a los demás que realmente amas a Dios.

Razón #8: porque el discipulado fundamentado en la iglesia parece ser la hipótesis de todo el Nuevo Testamento.

Ocho, cuando observamos a lo largo del Nuevo Testamento vemos cristianos reunidos en la iglesia con el propósito de la edificación mutua.

Considera Hebreos 10:23-15 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. (RVR60)

Nota: cuando el autor nos dice que consideremos como podemos motivarnos unos a otros al amor y las buenas obras, su próximo pensamiento es que no debemos dejar de congregarnos como algunos tienen la costumbre de hacer.

Prácticamente cada epístola del Nuevo Testamento fue escrita para iglesias locales específicas con el fin de motivar el crecimiento espiritual mutuo. 1 y 2 de Corintios fueron escritas a los cristianos de Corinto para  oponerse a las situaciones entre los miembros, para motivar la pureza sexual, para exhortarles a tener un orden en la adoración congregacional, y para aclarar la importancia de la resurrección de Cristo. Los gálatas ayudaron a los creyentes de Galacia a luchar contra el legalismo y la vida de fe. Las cartas pastorales fueron escritas a Timoteo y Tito para ayudarles a enseñar y motivar mejor a los creyentes en el contexto de las iglesias locales de Creta y Éfeso. Cada epístola establece que el discipulado y el crecimiento tienen lugar en el contexto de la iglesia local.

Razón #9: porque el discipulado fundamentado en la iglesia refleja unidad en medio de la adversidad. (Ver Ap. 5:9-10)

Nueve, el discipulado fundamentado en la iglesia refleja unidad en medio de la adversidad. En su libro titulado «The Disciple-Making Church» [La Iglesia que hace Discípulos], el autor Bill Hull establece que fácil formar un ministerio para-eclesiástico de discipulado de personas similares con intereses similares. En las entrevistas de membresía, muchas veces le digo a las personas que no solo se compartan con personas que son igual a ellos. En la iglesia vemos la gloria y el valor del evangelio reflejado cuando las personas que no son iguales se relacionan amándose con un amor que está enfocado en el evangelio. Fortalecemos nuestro testimonio cristiano cuando mostramos unidad en medio de nuestra diversidad.

Por tanto considera cuanto de tus amigos se parecen a ti—tienen más o menos la misma edad, los mismos intereses, el mismo estilo de vida, los mismos pasatiempos, la misma etapa de vida? ¿O has dejado eso para cultivar relaciones con personas muy diferentes a ti? Pienso que compartir con personas que son como tú es una señal de egoísmo; y aprender a amar a otros que no son como tu es un buen indicador de alguien que está creciendo a la imagen de Cristo.

Razón #10: porque la iglesia es más sana cuando tiene una «cultura de discipulado.» (Ver Dt. 11:18-21)

Finalmente, debemos retroceder y tomar una visión panorámica de como luce el discipulado en el contexto de una iglesia local. Ciertamente, esto puede tomar la forma de un programa pero eso no es lo que la Escritura busca. Parece ser que en el cuerpo de una iglesia local la naturaleza de las relaciones de discipulado es más orgánica, intencional pero no necesariamente estructurada, deliberada pero no definida claramente. El lenguaje de la Escritura no gira alrededor de la teoría de la organización o la administración sino del amor. El amor de Dios por nosotros y nuestro amor por los demás.

Eso es lo que los ancianos de esta iglesia desean motivar y puedes gozarte de ser parte de ello. De no ser un programa de discipulado sino una cultura de discipulado—una red amorosa de relaciones donde es normal que los miembros de CHBC determinen hacerse un bien espiritual unos a otros.

  1. Donde las personas no necesitan inscribirse para nada, o ser reclutados, o buscar un permiso antes de establecer una relación de discipulado de motivación mutua.
  2. Donde los miembros simplemente entienden que es bueno para ellos reunirse a almorzar o tomar un café para hablar acerca de cosas espirituales.
  3. Donde la motivación mutua es vista como un ministerio normal y básico en la iglesia.
  4. Donde la rendición de cuentas y la transparencia son estratégicas y un deleite como buenos dones de un Dios amoroso y sabio.
  5. Eso es lo que queremos motivar en CHBC y esperamos que Dios te ayude a ser parte de ello. Queremos que de manera instintiva defiendas y aumentes esa cultura a través de tu propia iniciativa amorosa de motivar espiritualmente a otros miembros de CHBC.

¿Cómo hacemos que esa cultura crezca? Cuando hacemos que los líderes la modelen. No creando barreras estructurales que la inhiban. Motivando a las personas a tomar una responsabilidad personal en ello. Enseñándolo desde el púlpito y en nuestros seminarios de fundamentos.

Cómo comenzar

Una vez que decidimos hacia dónde vamos a enfocar nuestro esfuerzo por construir relaciones de discipulado, necesitamos abordar la pregunta práctica de cómo comenzar. Algunos de ustedes han sido anteriormente parte de ministerios de discipulado que estaban muy bien estructurados, como un ministerio para-eclesiástico universitario. Puede que te identifiques con esta idea de utilizar la iglesia como una plataforma para el discipulado, pero encuentras más difícil la idea de cómo llevarlo a cabo. Para considerar esto podríamos dividir la discusión restante en tres partes sencillas—quien, cuando, que.

¿En quién invertirás tu tiempo? ¿Cuándo se reunirán? ¿Qué harás durante el tiempo de reunión? Hablaremos más profundamente de esto más tarde en el curso, pero hablemos brevemente de estos 3 elementos ahora.

Quién

¿En quién debes invertir tu tiempo? Existen varias consideraciones importantes que debes tomar en cuenta. ¿A quién conoces aquí en CHBC? ¿A quién piensas que estarías más dispuesto a motivar? ¿Cuáles son las mayores necesidades de la iglesia? Todas estas son buenas preguntas para hacer.

Gran parte del enfoque de esta lección es ayudarte a ver más del beneficio de invertir en la vida de otras personas aquí en tu iglesia local. Una de las mejores cosas que puedes hacer es simplemente trabajar deliberadamente en establecer relaciones con personas aquí en CHCB. Puedes pasearte alrededor del puesto de libros y buscar nuevos hermanos que aun no tengan personas con quien hablar el domingo en la mañana e iniciar una conversación. Puedes conocer las personas que están trabajando contigo en el ministerio o están en tu grupo pequeño.

Una de las ventajas de estar en una iglesia transicional es que constantemente tiene nuevos miembros que están dispuestos a conocer a otros. Si estás teniendo un tiempo difícil tratando de conocer a otros, entonces deja de tratar de «forzar» los encuentros sociales. Los nuevos miembros están más dispuestos a conocer a otros.

Puedes decirle al personal que estás interesado en reunirte con otra persona para exhortación mutua. Es probable que ellos tengan sugerencias y personas que puedes contactar.

En realidad no existe una respuesta a la pregunta quién. Solo necesitas decidir que quieres comenzar a reunirte para tener conversaciones espiritualmente motivadoras y hacerlo.

Cuándo

¿Cuándo debes reunirte con esta persona? Bueno, eso puede en gran medida ser parte de tu propia agenda. Ciertamente, debe ser lo suficientemente frecuente como para permitir una rendición de cuentas útil y significativa. Si solo ves a alguien cada 2 ó 3 meses, eso no permitirá el tipo de contacto con sus vidas que pueda ser más útil para su crecimiento espiritual. La mayoría de las personas encuentran útil reunirse por lo menos cada dos semanas, o como mínimo una vez al mes.

Qué

Para muchas personas es una de las preguntas más difíciles de responder para comenzar a bendecir a otros en una relación de discipulado. Como mencioné hace un momento, lo que queremos cultivar es una cultura y no un programa. Queremos modelar y motivar una cultura de vivir juntos con un enfoque en hacernos un bien espiritual unos a otros. Por tanto, lo que haces no es tan importante como el hecho básico de que se encuentre enfocado en la Biblia y sea espiritualmente edificante. Lee un libro. Discute un sermón. Oren juntos por el directorio de CHBC. No existe un programa específico o libro a seguir. Tienes muchas buenas opiniones, así que es tu responsabilidad escoger una.

Conclusión

Que bendición tan maravillosa es la iglesia local para nosotros. Vivir juntos como iglesia ofrece una oportunidad de ser fructífero en la vida de los demás. Aquí en Capitol Hill Baptist estás rodeado de cientos de otras personas que se han comprometido a buscar tu bienestar espiritual y permitir que otros los motive a ellos también. Cuando nos convertimos en miembros firmamos un pacto que dice que trabajaremos por el bienestar de los demás miembros.

Por tanto y en resumen, no estamos afirmando que otros lugares de discipulado son equivocados sino que no es la perspectiva que vemos en la Escritura. La manera principal que Dios parece habernos dado para ser fructíferos en el discipulado es a través de la red de relaciones de la iglesia local.

Aparte de nuestro amor por Cristo y su iglesia, este debe ser tu enfoque principal para el discipulado. Las personas con las que hemos pactado son un enfoque maravilloso para manifestar nuestro amor y preocupación por el discipulado.

Recuerda que la iglesia existe en parte para ayudarte a discipular, así que valórala como tal.

Cierro con 1 Tesalonicenses 5:9-11 Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él. Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. (RVR60)

Por CHBC Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

El siglo IV: un tiempo trascendental

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo IV

El siglo IV: un tiempo trascendental

Por Sinclair B. Ferguson

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo IV

El siglo IV fue uno de los períodos más significativos durante los primeros mil quinientos años de la existencia de la Iglesia. En él ocurrieron una serie de eventos que marcaron la trayectoria de la Iglesia hacia el futuro.

El siglo comenzó con dos acontecimientos importantes.

PERSECUCIÓN

Los cristianos son llamados a vivir en paz con los demás en la sociedad (ver Rom 12:18). Pero a pesar del deseo de la Iglesia de contribuir a la sociedad y vivir en paz, la persecución continúa. Los emperadores o dictadores casi nunca comprenden el hecho de que los cristianos serán sus mejores ciudadanos. Trágicamente, los gobernantes suelen preferir el totalitarismo por encima de la gracia y sus efectos.

Cuando inició el siglo, Diocleciano (245-313) ya llevaba una década y media siendo emperador romano. Nacido en el anonimato, ascendió entre los rangos militares y fue declarado emperador en 284. Era un organizador y administrador extraordinariamente talentoso y, a su manera, un reformador del ahora inestable Imperio. Durante la mayor parte de su reinado, los cristianos disfrutaron de una paz relativa. Pero Diocleciano se convenció de que la única forma de fortalecer el Imperio romano era mediante un gobierno virtualmente totalitario. Esto a su vez requería un compromiso por parte de cada ciudadano a ver a su autoridad «divina» como sacratissimus Dominus noster (nuestro más sagrado Señor). Todo lo que se interpusiera en el camino de este gran plan era reprimido.

En el 303, la persecución estalló y las iglesias fueron destruidas. Al darse cuenta de que el cristianismo era una fe anclada en libros, Diocleciano también trató de destruir los libros de los cristianos, especialmente las Escrituras. Luego trató de destruir a los líderes de la Iglesia, y más adelante a los cristianos en general, si se negaban a inclinarse ante su decreto de que todos los ciudadanos del Imperio debían hacer sacrificios a los dioses de Roma. Por la gracia de Dios, muchos cristianos tuvieron el valor para permanecer firmes.

Diocleciano abdicó en el 305 y vivió los últimos años de su vida retirado en lo que ahora es Split, Croacia. Pero la persecución continuó.

Cuando leemos relatos de martirios, a veces es difícil distinguir la verdad de la exageración. En ocasiones, parecen exagerados. Pero tal vez la exageración surgió del deseo de establecer un contraste con otros cristianos que fueron intimidados, algunos de los cuales entregaron copias de las Escrituras que fueron quemadas. Esto hizo que la Iglesia tuviera otro problema: los cristianos fracasados, los traditores. ¿Qué pasaría si en tiempos posteriores de relativa calma quisieran regresar al redil?

Diocleciano se quitó la vida en el 313. Dos años antes, el Edicto de Nicomedia (311) había puesto fin a la persecución.

EL CULTO A LA SUAVIDAD

Los sufrimientos soportados por tantos cristianos resaltaron una segunda tendencia: una sensación creciente de calma y consuelo en aquellos que profesaban ser seguidores del Crucificado.

En la fe cristiana hay misterios y doctrinas que retan nuestras mentes. Pero a veces lo que más nos desafía no son las enseñanzas complejas, sino las más claras y sencillas. Confiamos en un Salvador crucificado que resucitó de entre los muertos, y le seguimos. En consecuencia, nuestras vidas estarán marcadas por la cruz. El camino a la vida es el camino de la muerte.

Puesto que nos alejamos instintivamente del sufrimiento, no debería sorprendernos que la misma reacción haya estado presente a principios del siglo IV.

La respuesta de unos cuantos al «amor sutil por suavizar las cosas» fue rechazar al mundo, abandonar la sociedad y vivir como ermitaños, distanciados del mundo y separados de los cristianos mundanos. Este movimiento ganó fuerza especialmente en Egipto, donde los hombres se mudaron al desierto para vivir vidas totalmente solitarias, anhelando contemplar las glorias de Dios y buscando Su presencia y poder para vencer la tentación. Sin embargo, muchos de ellos descubrieron que el desierto no está fuera del alcance del diablo.

ANTONIO

El más influyente de estos ermitaños fue Antonio (251-356), quien nació en Coma, Egipto. Mientras estaba en un servicio de su iglesia poco después de la muerte de sus padres, fue sobrecogido por las palabras de Jesús al joven rico cuando le dijo que vendiera todo y le siguiera. Tomando las palabras literalmente, se comprometió con un estilo de vida ascético en el desierto más o menos desde el 285 hasta el 305, donde formó a un grupo de monjes. Más adelante, regresó al desierto. Era ampliamente admirado, especialmente cuando Vida de Antonio (escrita por Atanasio) se hizo popular.

Paradójicamente, ambas influencias —la persecución y la vida monástica— tenían el potencial para destruir el testimonio de los cristianos. Si la oscuridad vence a la luz o la luz es eliminada del mundo, el mundo se oscurece. Si sacamos la sal del mundo, la decadencia moral y espiritual es inevitable. Así que las vidas de estos monjes del desierto, a pesar de su notable ascetismo, nos advierten que Cristo nos ha llamado a no abandonar el mundo, sino a vivir sacrificialmente en él.

Además de estos movimientos, debemos tomar nota de tres eventos importantes que tuvieron lugar durante el siglo IV.

CONSTANTINO

El primero fue que Constantino se convirtió en emperador. Según el autor cristiano del siglo IV llamado Lactancio, mientras Constantino luchaba por el control del Imperio romano, tuvo un sueño notable justo antes de la Batalla del Puente Milvio. Como resultado, luchó bajo el signo de la cruz, el cual se convirtió en el famoso monograma chi-rho (por las dos primeras letras de la palabra “Cristo” en griego). Cualquiera que sea la verdad, Constantino ganó la batalla y atribuyó su victoria al poder de Cristo. Inmediatamente comenzó a relajar las leyes penales contra los cristianos, y con el tiempo logró que el cristianismo fuera la religión oficial del gran Imperio romano.

Eran buenas noticias: el fin de la persecución. Pero también eran malas noticias. Era bueno en el sentido de que los cristianos ahora eran libres de adorar a Cristo sin obstáculos físicos. Pero era malo en el sentido de que, por primera vez, el cristianismo se había convertido en la religión del Estado. Los ciudadanos del Imperio romano ahora se verían a sí mismos como cristianos de facto. La distinción bíblica básica entre nacimiento natural y nacimiento espiritual se había perdido. Constantino hizo mucho para ayudar a la Iglesia. Pero este error fatal estorbó a la Iglesia a largo plazo al minimizar la diferencia entre un ciudadano de este mundo y un ciudadano del mundo venidero. La Iglesia en Occidente nunca ha sido la misma desde entonces.

NICEA

El segundo evento importante del siglo IV fue el Concilio de Nicea en el 325. Resolvió de manera oficial (pero no final) un amargo debate en la Iglesia sobre la identidad de Cristo.

Las semillas de este debate se pueden encontrar en la forma en que los primeros escritores cristianos respondieron la pregunta: ¿En qué sentido es Cristo completamente divino? El problema llegó a un punto crítico a través de la enseñanza de un presbítero (ministro) llamado Arrio, quien había argumentado que si el Hijo fue, como confesaba la Iglesia, «engendrado del Padre», entonces «hubo un tiempo en el que el Hijo no existió».

Frente a Arrio estaba la heroica figura de Atanasio. Este argumentó poderosamente que si el Hijo no es completamente Dios, entonces Él no puede reconciliarnos con Dios ya que Su muerte no tendría un poder infinito para salvarnos del pecado contra un Dios infinito y santo. Cristo solo puede reconciliarnos con Dios si es completamente divino. Además, Atanasio argumentó que si Cristo no es verdaderamente Dios (y, por implicación, lo mismo sería cierto acerca del Espíritu Santo), entonces los cristianos son bautizados en el nombre de un Dios y de dos de Sus criaturas. En otras palabras, el rito cristiano inaugural del bautismo en el único nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo requiere la plena deidad del Hijo para que tenga sentido.

Por su obstinada fidelidad, Atanasio (apodado «el enano negro» por su color y altura) fue exiliado en no menos de cinco ocasiones. Pero aun si el mundo entero hubiera estado en su contra, él estaba decidido a defender la deidad completa de su Salvador (de ahí la expresión Athanasius contra mundum, «Atanasio contra el mundo»). El concilio que convocó Constantino en Nicea en el 325 confirmó la convicción neotestamentaria de Atanasio sobre la deidad absoluta de nuestro Señor Jesucristo.

AGUSTÍN

Un tercer evento importante del siglo IV tuvo lugar en la vida de un individuo cuyos escritos lo han convertido en el pensador más influyente de la Iglesia desde los días de los apóstoles. El evento fue, por supuesto, la conversión de Agustín.

Aurelius Augustinus nació en el 354 en Tagaste, África del Norte (Annaba en la Argelia moderna), hijo de un padre pagano y una madre cristiana, Mónica (a cuyas oraciones Agustín luego atribuyó en parte su conversión). Las nuevas formas de pensar y las experiencias vanguardistas le fascinaban. A la edad de dieciocho años, tomó una concubina con la que vivió durante los siguientes quince años. Parecía haber intentado todo, incluyendo una nueva religión y hasta dietas extraordinarias (en un momento perteneció a una secta que creía que uno debía comer tantos melones como fuera posible).

No halló satisfacción. Al escribir sobre su experiencia en su obra más famosa, Confesiones, señala que por mucho que buscara lo que pensaba era la verdad, realmente estaba huyendo de ella y de la gracia de Dios en Jesucristo.

Años después, Agustín tomó un prestigioso trabajo como profesor de retórica en Milán, Italia. Comenzó a escuchar la predicación del gran Ambrosio, obispo de Milán. Un día, mientras estaba sentado en un jardín, escuchó a un niño en un jardín vecino gritar algunas palabras que pensó eran parte de un juego: tolle lege (toma y lee). Eso desencadenó algo en su mente. Tomó una copia del Nuevo Testamento que yacía sobre una mesa y la abrió en Romanos 13:14: «Antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Sintió que Dios le había hablado con la misma claridad con que había escuchado la voz del niño. Hizo exactamente lo que decía el texto. Confió en Cristo. Su antigua manera de vivir había llegado a su fin. Había hallado descanso en Dios, y en ese momento supo que había sido creado para descansar en Él. De ahí en adelante, fue un servidor devoto de Jesucristo. Su pensamiento y escritura determinaron de muchas maneras el curso de la historia de la teología cristiana, hasta los tiempos de la Reforma.

Una de las declaraciones más fascinantes de Confesiones es un comentario que hizo Agustín sobre Ambrosio. Estaba describiendo el momento de su vida en que llegó a Milán. ¿Qué fue lo que le impresionó del obispo? Él nos dice en su soliloquio de oración a Dios: «Empezó a agradarme, no como maestro de la verdad, porque al principio no tenía absolutamente ninguna confianza en Tu Iglesia, sino como un ser humano que fue amable conmigo… Sin embargo, gradualmente, aunque no me daba cuenta, me estaba acercando».

Justino Mártir conoció a Cristo por medio de un cristiano anciano mientras caminaba tranquilamente por la costa; Agustín llegó a la fe a través de la bondad de un obispo elocuente y de las oraciones de una madre. El nombre de Justino sigue vivo en la historia de la Iglesia, pero el anciano que le predicó a Cristo fue olvidado. Muchos cristianos están familiarizados con el nombre de Agustín. Pocos saben el nombre de su madre o el nombre de su ministro, Ambrosio.

Aquí hay un patrón y una lección. Al leer sobre las vidas de hombres y mujeres que han sido utilizados estratégicamente por Cristo para construir Su Reino, notamos que los nombres de aquellos que los condujeron a la fe en Jesucristo tienden a olvidarse o a perderse. Pero su importancia es incalculable. Dios se deleita en usar a personas corrientes y a los que han sido olvidados.

Esto es, sin duda, un gran estímulo para los que vivimos nuestras vidas cristianas en cierto anonimato. No esperamos encontrar nuestros nombres en ningún libro de historia de la Iglesia. Y, sin embargo, pudiera ser que alguien con quien seamos amables, porque amamos a Jesús, sea adoptado y usado extraordinariamente por Dios para construir la Iglesia de Jesucristo.

Cuando Jesús está construyendo Su Iglesia, la fidelidad es mucho más significativa que la fama.

Extracto adaptado de In the Year of Our Lord [En el año de nuestro Señor] por Sinclair B. Ferguson, © 2018, pp. 41-46.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson

El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

¿QUÉ DIJO JESÚS EN CUANTO AL INFIERNO?

Lumbrera

¿QUÉ DIJO JESÚS EN CUANTO AL INFIERNO? – C.S. LEWIS

Por Randy Alcorn

Muchos libros niega en el infierno. Algunos adoptan el universalismo, la creencia de que toda la gente, al final, será salva. Algunos consideran que el infierno es la invención de profetas de mirada furiosa obsesionados con la ira. Sostienen que los cristianos deberían adoptar el camino más elevado del amor de Cristo. Pero esta perspectiva pasa por alto una realidad muy notoria: En la Biblia, Jesús dice más que nadie sobre el infierno [Mt. 10:28; 13:40-42; Mc. 9:43-44]. Se refiere al infierno como un lugar y lo describen términos gráficos, incluyendo fuegos ardientes y el gusano que no muere. En su historia del hombre rico y Lázaro, Jesús enseñó que en el infierno los malvados sufren terriblemente, están completamente conscientes, retienen sus deseos, recuerdos y razonamiento, anhelan alivio, no pueden ser consolados, no pueden salir de ese tormento, y han sido despojados de esperanza [Lc. 16:19-31. El Salvador no pudo haber pintado un cuadro más desolador o gráfico.

     ¿Cuánto va durar el infierno? “Aquellos irán al castigo eterno—dijo Jesús de los injustos— “y los justos a la vida eterna”. ‭‭Mateo‬ ‭25:46‬ ‭‬. Aquí, en la misma frase, Cristo usa la misma palabra traducida “eterno” (aionos) para describir la duración de ambos. Así que, si el cielo va hacer una experiencia consciente para siempre, el infierno debe ser una experiencia consciente para siempre.

    Si yo tuviese elección, es decir, si la Escritura no fuera tan clara y concluyente, desde luego que no creería en el infierno. Créanme cuando les digo que no quiero creer en él. Pero si hago de lo que yo quiero —o de lo que otros quieren— las bases para mis creencias, entonces soy un seguidor de mí mismo y de mi cultura y no un seguidor de Cristo. «Parece haber una clase de conspiración», escribe la novelista Dorothy Sayers, para olvidar u ocultar de dónde viene la doctrina del infierno. La doctrina del infierno no es “una maquinación clerical medieval” para asustar a la gente para que le dé dinero a la iglesia: Es el juicio deliberado de Cristo sobre el pecado… “no podemos repudiar el infierno sin repudiar a la vez a Cristo“. En su libro El problema del dolor, C. S. Lewis: “No hay una doctrina que yo quitaría con más disposición que ésta, si estuviera en mi poder. Pero tiene el apoyo completo de las Escrituras y, especialmente, de las propias palabras de nuestro Señor: los cristianos siempre la han adoptado; y tiene el apoyo de la razón“.

   Dios nos ama lo suficiente como para decirnos la verdad: Hay dos destinos eternos, no uno, y debemos elegir la senda correcta si vamos a ir al Cielo. No todos los caminos conducen al Cielo. Solo uno lo hace: Jesucristo. Él dijo: “Nadie llega al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Todos los demás caminos llevan al infierno.

     Lo que está en juego en la elección entre el cielo y el infierno causará que apreciemos el Cielo de maneras más profundas, nunca dándolo por sentado, y siempre alabando a Dios por su gracia que nos libra de lo que merecemos y nos concede para siempre lo que no merecemos.

Tomado de: https://lumbrera.me/2016/05/17/que-dijo-jesus-en-cuanto-al-infierno-randyalcorn-cslewis/

Un evangelio sin infierno no es el verdadero evangelio

Soldados de Jesucristo Blog

Un evangelio sin infierno no es el verdadero evangelio

Por Greg Gilbert

Para algunos, el horror de la doctrina cristiana del infierno –que es un lugar de tormento eterno y consciente donde los enemigos de Dios son castigados– los ha llevado no solo a evitarlo, sino a negarlo enteramente. «Seguro», dicen ellos, «el infierno es una construcción ficcional utilizada para oprimir a las personas con el miedo; un Dios de amor nunca permitiría que tal lugar realmente exista». Por supuesto que este argumento tiene un poder emocional. A nadie, ciertamente a ningún cristiano, le gusta la idea del infierno. 

Al mismo tiempo, esta doctrina no es solo un pequeño detalle de la cosmovisión cristiana, algo que no tiene relevancia para la estructura de la fe en sí misma. Ni es la doctrina del infierno una verruga embarazosa, innecesaria y primitiva que creemos simplemente porque se nos dice que tenemos que hacerlo. 

Por el contrario, la doctrina y realidad del infierno hacen verdaderamente que la gloria del evangelio se convierta en un alivio para nosotros. Nos ayuda a entender lo grande que Dios realmente es, lo pecaminosos que realmente somos y cuán increíblemente asombroso es que él nos muestre gracia. Además, la realidad del infierno –si no la evitamos– nos enfocará, sobre todo, en la tarea de proclamar el evangelio a aquellos que están en peligro de pasar la eternidad allí. 

Con eso en mente, a continuación presento cinco declaraciones bíblicas sobre el infierno, que si las vemos como un todo, demuestran por qué el infierno es una parte integral del evangelio. 

1. Las Escriturasenseñan que existe un lugar real llamadoinfierno. 

No voy a extenderme en este punto. Otros han argumentado con claridad cristalina a favor de esta realidad. Basta decir que los obispos medievales no inventaron la doctrina del infierno como una manera de asustar a los siervos; la obtuvieron de los apóstoles. Y los apóstoles no la inventaron para asustar a los paganos; la obtuvieron de Jesús. Y Jesús no la tomó prestada de los zoroastrianos para asustar a los fariseos; Él es Dios, así que Él sabía que es real, y lo dijo. Además, la realidad del infierno ha sido ya revelada en el Antiguo Testamento. 

En el nivel más básico, por lo tanto, si decimos ser cristianos y creer que la Biblia es la Palabra de Dios, tenemos que reconocer que la Biblia enseña la realidad del infierno. Pero eso no es todo. 

2. El infiernonosenseña lo enorme que realmente es nuestropecado. 

¿Alguna vez has escuchado a alguien hacer el comentario de que ningún pecado humano podría posiblemente merecer tormento eterno en el infierno? Es un comentario interesante, uno que revela mucho sobre el corazón humano. ¿Por qué es que cuando las personas piensan en el infierno siempre concluyen que Dios debe estar equivocado y no ellos? Puedes ver como la doctrina revela nuestros corazones: cuando consideramos nuestro propio pecado nuestra primera inclinación es siempre minimizarlo, protestarque no es tan malo y que Dios está equivocado en decir que merece castigo. 

La realidad del infierno se levanta como una refutación masiva a esa auto justificación. Los no cristianos siempre verán los horrores del infierno como una razón para acusar a Dios. Sin embargo, como cristianos que conocen a Dios como perfectamente justo y recto, debemos entender que los horrores del infierno realmente nos acusan a nosotros. Podemos querer minimizar nuestro pecado, excusarlo o tratar de discutir con nuestras consciencias. Pero el hecho de que Dios ha declarado que merecemos tormento eterno por nuestro pecado debería recordarnos que no son tan pequeños. Son enormemente malos. 

3. El infiernonosmuestracuáninamovible e irreprochablementejusto es Dios. 

A través de la historia, las personas han sido tentadas a pensar que Dios es un juez corrupto, uno que pone a un lado las demandas de la justicia simplemente porque a él le gusta el acusado. «Todos somos hijos de Dios», dice el argumento. «¿Cómo podría Dios dictar una sentencia tan horrible contra algunos de sus hijos?». La respuesta a esa pregunta es simple: Dios no es un juez corrupto. Él es absolutamente justo y recto. 

Una y otra vez la Biblia trata este punto. Cuando Dios se revela a sí mismo a Moisés se declara compasivo y amoroso, pero también dice «que no deja al culpable sin castigo».  Los Salmos declaran que «la rectitud y la justicia son el fundamento de su trono». ¡Qué declaración tan asombrosa! Si Dios continúa siendo Dios, no puede simplemente dejar la justicia a un lado y poner el pecado bajo la alfombra. Él debe lidiar con él –de manera decisiva y con justicia exacta. Cuando Dios finalmente juzgue, ningún pecado recibirá más castigo que el que merece. Tampoco nadie recibirá menos de lo que merece. 

La Biblia nos dice que en aquel día, cuando Dios sentencie a sus enemigos al infierno, todo el universo reconocerá y admitirá que lo que él ha decidido es irreprochablemente justo y recto. Isaías 5 trata este punto con mucha claridad: «Por tanto el Seol ha ensanchado su garganta y ha abierto sin medida su boca». Es una imagen grotesca, la tumba ampliando su boca para tragar a los habitantes de Jerusalén. Y sin embargo por este medio Isaías declara: «Pero el Señor de los ejércitos será exaltado por su juicio,
y el Dios santo se mostrará santo por su justicia». Igualmente, Romanos 9:22 nos dice que, a través de los tormentos del infierno, Dios mostrará su ira y dará a conocer su poder para dar a conocer las riquezas en gloria a los objetos de su misericordia. 

Podemos no entenderlo totalmente ahora, pero un día el infierno declarará por sí mismo la gloria de Dios. Lo hará –aún en su horror– y testificará junto con el salmista, «rectitud y justicia son el fundamento de su trono». 

4. El infierno nosmuestra lo horroroso que la cruzrealmentefue y lo grandiosa que es la gracia de Dios. 

Romanos 3 nos dice que Dios propuso a Jesús como sacrificio de expiación «para demostrar su justicia». Él hizo esto porque en su paciencia dejó los pecados cometidos de antemano sin castigo. 

¿Por qué Jesús tuvo que morir en la cruz? Porque esa era la única manera en que Dios podía rectamente no enviarnos a todos nosotros al infierno. Jesús tenía que tomar lo que era debido a nosotros, y eso significa que él tenía que enfrentar algo equivalente al infierno mientras era colgado en una cruz. Eso no significa que Jesús fue de hecho al infierno, más bien significa que los clavos y las espinas fueron solo el comienzo del sufrimiento de Jesús. El verdadero peso de su sufrimiento vino cuando Dios derramó su ira sobre Jesús. Cuando cayó la oscuridad Dios no solo estaba cubriendo el sufrimiento de su Hijo, como algunos han dicho. Eso era la oscuridad de la maldición, la ira de Dios. Era la oscuridad del infierno, y en ese momento Jesús estaba enfrentando toda su furia – la furia de la ira del Dios Todopoderoso. 

Cuando entiendes la cruz a la luz de esto, comienzas a entender mejor lo magnífica que la gracia de Dios es hacia ti, si eres un cristiano. La misión de la redención que Jesús emprendió involucró un compromiso a enfrentar la ira de Dios en tu lugar, tomar el infierno que tú merecías. ¡Qué muestra tan maravillosa de amor y misericordia! Sin embargo, sólo verás y entenderás esta muestra de amor claramente cuando entiendas, aceptes y te estremezcas con el horror del infierno. 

5. El infiernoenfocanuestramenteen la tarea de proclamar el evangelio. 

Si el infierno es real, y las personas verdaderamente están en peligro de pasar la eternidad allí, entonces no hay tarea más importante y urgente que hacer precisamente lo que Jesús les dijo a sus apóstoles que hicieran antes de ascender al cielo: ¡proclamar al mundo las buenas nuevas de que el perdón de los pecados es ofrecido a través de Jesucristo! 

Pienso que John Piper da en el blanco en una entrevista con Coalición por el Evangelio: «Es muy difícil renunciar al evangelio si crees que hay un infierno y que después de esta vida hay un sufrimiento eterno para aquellos que no creen en el evangelio». Existen toda clase de cosas buenas que los cristianos pueden hacer – y de hecho ¡deberíamos hacer! Pero el infierno es real, vale la pena mantenerlo en mente – mejor dicho, es imperativo que lo tengamos en mente. Lo único que los cristianos pueden hacer, que nadie más en el mundo puede hacer, es decirles a las personas cómo pueden ser perdonados de sus pecados, cómo pueden evitar pasar la eternidad en el infierno. 

Conclusión 

No hay duda de que la doctrina del infierno es horrible. La doctrina es horrible porque la realidad es horrible. Pero esa no es una razón para desviar nuestros ojos e ignorarla, mucho menos rechazarla. 

Hay algunos que piensan que, rechazando o ignorando la doctrina en su predicación hacen que Dios se vea más glorioso y amoroso. ¡Están muy lejos lograr su objetivo! Lo que realmente están haciendo es robando, inconscientemente, la gloria del Salvador Jesucristo, como si aquello de lo que él nos salvó fue… bueno, no tan malo después de todo. 

De hecho, la naturaleza horrible de aquello de lo que hemos sido salvados sólo aumenta la gloria de aquello para lo que hemos sido salvados. No solo eso, sino que conforme vemos más claramente el horror del infierno, veremos con más amor, más gratitud y más adoración al Único que enfrentó ese infierno por nosotros y nos salvó. 

Este artículo fue traducido por Samantha Paz.