La Importancia de la Santidad

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 4

La Importancia de la Santidad

Introducción: Breve reseña de las 3 primeras semanas

Comencemos con un pequeño recordatorio de lo que hemos estado haciendo hasta ahora.

Semana 1 – comenzamos estableciendo una definición de discipulado, lo cual definimos como: la exhortación intencional de los cristianos bajo el fundamento de relaciones amorosas deliberadas y entrenamiento en la Palabra de Dios. Intencional o deliberado es la palabra operativa aquí, y esto no sucede pasivamente. También hablamos acerca de como serás un instrumento de la verdad, comunicando a los demás lo que Dios te ha dado.

Semana 2 – Reflexionamos acerca de las razones por las que debemos discipular – para tu gozo y para la gloria de Dios. Estuvimos sorprendidos de la primera razón porque habíamos asumido que tener gozo en hacer esto podía ser egoísta, pero vimos el ejemplo de Pablo de como él sentía un gran gozo por el fruto del discipulado fruto de su obra y de ministrar a los demás. También quisimos ser cuidadosos al no decir que esto se trata de nosotros, sino de enfocarnos en lo correcto—la gloria de Dios. Él es el único que sembrará la semilla en el corazón de las personas, y por tanto es quien también producirá la cosecha. Nosotros simplemente tenemos el privilegio de ser un medio que Dios utiliza para ayudar a otros.

Semana 3 – Reflexionamos acerca de las barreras, excusas y temores del discipulado. Recuerda algunos ejemplos: «no quiero estar en una posición de autoridad» o «no tengo tiempo.» En cada caso, vimos como la Biblia elimina nuestras excusas y temores y nos lleva nuevamente a vivir sin excusas.

Durante las próximas semanas comenzaremos a reducir nuestro enfoque un poco mientras estudiamos aspectos específicos del discipulado, como estudiar la Escritura juntos, leer un buen libro juntos, ministrar a personas heridas, etc. Sin embargo, hoy queremos ver como el discipulado puede producir santidad personal en la vida de las personas involucradas en una relación de discipulado.

Mi objetivo para nuestro tiempo juntos es que entendamos el lugar que la santidad tiene en una relación de discipulado y que reflexionemos de manera práctica sobre cómo podemos motivarnos a la santidad personal.

EL OBJETIVO FINAL DEL DISCIPULADO – OBEDIENCIA

Comencemos reflexionando acerca de la importancia de la obediencia en la vida cristiana. Sobre todas las cosas, el discipulado finalmente nos lleva a la obediencia las palabras y mandatos de Cristo. Ese es el gran objetivo del discipulado. Una persona puede leer todos los libros cristianos del mundo u orar con otro cristiano de mayor edad todos los días, pero si no hay un verdadero cambio en su vida marcado por una obediencia en aumento hacia Cristo entonces esa persona es muy probable que no sea un discípulo. El discipulado no se trata simplemente de un cambio de conducta, sino de corazones cambiados que llevan vidas cambiadas.

Existen dos razones por las que la obediencia es un objetivo importante de cualquier relación de discipulado.

Primero, la obediencia es importante porque Dios es glorificado en la manera en que vivimos. Dios es glorificado en nuestras vidas conforme reflejamos su carácter al mundo que nos rodea, no sólo a través de lo que decimos sino de la forma en que vivimos. Si nos llamamos cristianos pero vivimos de una manera que es claramente contraria al carácter de Dios, entonces estamos haciendo que los que nos rodean tengan una mala interpretación de Dios.

Otro versículo, Filipenses 1:9-11« Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.» ¿Por qué Pablo desea tanto que su amor por Cristo crezca/abunde? Fíjate en la palabra que los une «a fin» – denota que el propósito viene después. A fin de que puedan «discernir (aprobar) lo que es mejor» (para que puedan decir no al pecado) y «sinceros e irreprensibles» (es decir, que puedan ser santos). ¿Y ese es el objetivo supremo de estas cosas? «¡Para la gloria y alabanza de Dios!» Una vez más, vemos que mucho amor tiene como resultado mucha obediencia. Ambas tienen una relación muy estrecha.

Si la manera en que vivimos alaba el evangelio que profesamos, entonces daremos gloria a Dios y un poderoso testimonio de la verdad del evangelio. La regeneración se trata finalmente de glorificar a Dios.

Segundo, la obediencia es importante porque es una marca de los verdaderos cristianos. La obediencia se manifiesta en aquellos que aman a Dios.

Jonathan Edwards pasó mucho tiempo considerando todas las marcas de la conversión que asistieron la obra del Espíritu durante el gran avivamiento. Al final concluyó diciendo que el crecimiento en santidad personal con el tiempo era la mayor y más confiable evidencia de una verdadera obra del Espíritu. Es lo mismo para nosotros hoy en día.

Un cambio interno (por ejemplo, un amor por Cristo) debe manifestarse a través de un cambio externo de vida (por ejemplo, mayor obediencia). Piensa en Juan 14:15, «si me amáis, guardad mis mandamientos.» Existe una relación inevitable entre nuestro amor por Cristo y nuestra obediencia a Cristo. Nuestro amor por Cristo produce en nosotros un deseo de agradarle. Si verdaderamente hemos sido regenerados y tenemos al Espíritu Santo morando en nosotros, nuestro mayor deseo será hacer la voluntad de Cristo.

1 Juan 1:3-6«lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad.»

¿Cómo sabemos que estamos en Cristo? ¡Es por medio de nuestra obediencia! ¿Qué dice Juan acerca de la persona que dice, «conozco a Cristo» y no obedece sus mandatos? ¡Esa persona es mentirosa! ¡Eso puede sonar como una declaración dura, pero es importante para nosotros entender que la prueba final del cristianismo en una vida cambiada marcada por un aumento de la santidad personal!

Esto significa que una razón por la que queremos ayudar a alguien a vivir una vida que se caracterice por una gran obediencia, es que la obediencia le dará una oportunidad de mostrar el amor que tienen hacia Dios proveyendo así la seguridad de su salvación. Obviamente, esa obediencia no les hace creyentes sino que nos muestra lo que hay en su corazón.

Entonces, ¿suena esto al revés? Si veo un campo de flores y quiero agrandarlo y hacer que brille más, no hago eso masajeando las hojas y pintándolas de colores más brillantes. Claro que no. Le echo agua a las plantas y las cuido, sabiendo que si las plantas están saludables los colores de las flores serán más brillantes. Así como los nutrientes y el agua son necesarios para producir flores más grandes y brillantes, la fe es la fuente de la obediencia. Y si la fe es la fuente de la obediencia, ¿por qué hablamos tanto acerca de la santidad y la obediencia? ¿No deberíamos en su lugar hablar acerca de la fe?

Si alguien es cristiano, entonces obedecerá a Dios. Eso es verdad parte de tu responsabilidad como discipulador es ayudarles a crecer en su obediencia a Dios. Y dices, «¿Cuál es el punto?» Ellos lo harán de todos modos si son cristianos. Es verdad, Dios hará que sus verdaderos hijos produzcan fruto, sin embargo, ¿tal vez Dios puede usarte para ayudar a producir ese fruto de obediencia? Tú puedes ser un medio que Dios utilice para ayudar a promover una mayor obediencia en su vida.

Además, es importante para nosotros darnos cuenta de que no solo buscamos cambios externos ni conocimiento teológico interno. Buscamos motivar un crecimiento y conocimiento interno que dé lugar a una vida más piadosa, un mayor amor por los cristianos y los perdidos, y una vida de santidad que muestre evidencias de un corazón cambiado y maduro. La verdad no es buena si vive en una torre de marfil. Debe mostrar evidencia a través de la manera en que cambia la forma en que vive, promoviendo así un corazón renovado y una vida redimida.

Existe una paradoja aquí que es importante abrazar si vamos a ser efectivos y útiles en discipular a otros. Reconocemos que el verdadero arrepentimiento y la obediencia es algo que solo Dios puede producir. Y por tanto nos llama a ayudar a motivar la santidad en nuestros hermanos y hermanas en Cristo.

Recuerda, eres el canal de la obra de Dios en la vida de esa persona. Por tanto, no debe ser una sorpresa que te encuentres ante todo ayudando a promover algo en ellos que Dios ya ha prometido hacer. El gozo del discipulado es ver a Dios cumplir su obra prometida a través de ti, no hacer algo que Dios nunca podría hacer cumplir por sí mismo sin tu ayuda. Pero permíteme recordarte también que tu objetivo no es el cambio de comportamiento sino la madurez en Cristo. Si una persona cambia su comportamiento simplemente para agradarte, entonces no has tenido éxito en glorificar a Dios, ni le has mostrado como expresar amor por Cristo a través de la obediencia, ni le has ayudado a alcanzar la verdadera seguridad de su salvación. Pero si puedes ayudarles a identificar áreas de su vida que necesitan aumento de obediencia, y si puedes ofrecer motivación y sabiduría en esa tarea, entonces le has ayudado en una manera que será útil para ellos.[PAUSA PARA PREGUNTAS]

MOTIVANDO LA SANTIDAD EN EL DISCÍPULO

Por tanto, ¿cómo es que podemos motivar la santidad en la vida de alguien que estamos discipulando? Comencemos por diferenciar entre lo que sucede inmediatamente y lo que llegar a ser un proceso gradual cuando alguien se convierte en cristiano.

La Biblia habla acerca de diferentes cosas que cambian inmediatamente luego de la conversión de una persona. (haz que varias personas busquen estos versículos)

Juan 5:24«De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.» Jesús dice que la condición de la persona cambia inmediatamente. Existe un cambio de perspectiva en la vida y una nueva esperanza en la promesa de salvación de Dios. Eso puede hacer una gran diferencia en la manera como una persona maneja las dificultades casi de forma inmediata (ver también Ef. 5:8Ro. 6:18He. 12:18-24).

Marcos 1:8«Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Una de las cosas luego de la conversión es que el Espíritu Santo hace morada en nosotros. Como resultado, tendremos una mayor convicción del pecado; nuestras consciencias serán más sensibles. (ver también Ro. 8:13-141 Co. 3:16Gá. 5:16-26).

Marcos 2:5, «Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.» Nuestros pecados son perdonados de manera inmediata, lo cual es otro efecto instantáneo de la conversión. Esa verdad puede ser la fuente de un nuevo optimismo acerca de la vida, o una gratitud hacia Dios (ver también Ro. 8:11 Jn. 1:9He. 10:12-14).

Cuando una persona se convierte su identidad cambia. Es un recién justificado, recién convertido discípulo de Cristo. Ya no es más lo que era sino que ahora tiene una nueva condición, una nueva vida y un nuevo gozo en Cristo. Sin embargo, esto no significa que todos sus malos hábitos y deseos desaparecerán de forma mágica. Observa en algún momento a Romanos 6. Es un pasaje maravilloso acerca del poder del cristiano sobre el pecado. No obstante, es interesante ver que Pablo nunca dice una palabra acerca de que la tentación es quitada. La misma idea es expresada en Gálatas 5:16-17. Aún después que somos cristianos, la naturaleza pecadora continúa luchando contra nosotros. Aunque como cristianos tenemos el poder del Espíritu Santo para ayudarnos a vencer cada vez más el pecado.

Los discipuladores frecuentemente hacen las cosas al revés. Muchas veces queremos ver los malos hábitos y deseos desaparecer inmediatamente en aquellos que estamos discipulando. ¡No esperes eso! Espera ver el Espíritu de Dios obrar efectivamente para quitar esos deseos y hábitos durante un período de tiempo. Los teólogos se refieren a esta santificación progresiva como nuestra conformidad gradual y en aumento hacia la imagen de Cristo. Puede que el cambio sea rápido y dramático o puede que sea lento y con interrupciones. Dios no promete que siempre será de una u otra manera, pero promete que sucederá así que no te rindas o desanimes si no sucede inmediatamente.

Más bien, lo que buscas en un discípulo de Cristo es un carácter en formación que puede ser definido como fortaleza moral o formación. Romanos 5:3-4 nos dice como es desarrollado el carácter. «Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.» En nuestros sufrimientos y luchas aun con el pecado, Dios está desarrollando carácter en nosotros. ¿Y por qué el carácter produce esperanza? Porque cuando vemos la fidelidad inquebrantable de Dios sosteniéndonos a través del sufrimiento, aprendemos a depender de Él más y más. Recuerda, el objetivo aquí no es un cambio de comportamiento porque eso nunca alcanzará las metas que tenemos de darle gloria a Dios y ofrecer seguridad de salvación. Tu objetivo es trabajar gentil y amorosamente en ayudar a fortalecer el carácter moral de la persona que estas discipulando para que en por sí misma pueda vivir una vida de gozo para el deleite y la gloria de Dios.

Por tanto, de manera práctica, ¿cómo motivamos la santidad en las vidas de aquellos que discipulamos?

Primero y ante todo, ora para que Dios te de conocimiento de sus luchas con el pecado y sabiduría sobre como puedes ser de ayuda para ellos.

Segundo, asegúrate de discutir modelos de obediencia en la Escritura o varios mandatos bíblicos en los que discutas como comparar sus vidas. La Biblia es la mejor herramienta diagnóstica que tienes para ayudar a esa otra persona a ver el pecado en su vida. Utilízala.

Tercero, no dejes de compartir las preocupaciones que puedas tener acerca de diferentes aspectos de su vida. Algunas veces, el pecado está claro y es tu trabajo confrontar a tu amigo con la realidad de lo que está haciendo. «¿Entiendes de la Escritura que mentir es pecado?» «¿Pero sigues mintiéndoles a tu jefe?» «¿Estas en la disposición de cambiar y dejar de vivir de esa manera?

Sin embargo, es caso más frecuente es que las cosa no están tan claras. Algunas veces, puedes sospechar que hay una actitud pecaminosa detrás de alguna acción pero nunca puedes estar seguro. Aunque sea incómodo, y aunque puedas estar equivocado, como hermano o hermana en Cristo con una relación estrecha con esta persona, es tu responsabilidad hacerle preguntas difíciles y estar dispuesto a hablarles acerca de ello. No obstante, mientras haces eso recuerda que no conoces sus motivos o ni tampoco tiene una imagen perfecta como vive su vida. En humildad, explica que aunque solo Dios conoce el estado de su corazón ante Él, desde tu perspectiva la manera en que describe una situación en particular o la respuesta a los demás con relación a una acción específica te ha hecho preocuparte de que puede haber una actitud pecaminosa oculta. Luego discute con ellos si llegan a la misma conclusión mientras son honestos acerca de su corazón ante Dios.

Algunas veces, el asunto no es que el estado de su corazón no está claro, es que su actitud no es necesariamente pecaminosa sino simplemente imprudente. Esto parece presentarse mucho en relaciones de pareja y asuntos de finanzas. Tal vez están empleando mucho tiempo solo y se están tentando sexualmente. Tal vez gastan mucho en cosas que parecen necias. Obviamente, no eres su padre ni tampoco la policía del pensamiento pero como alguien en quien también mora el Espíritu de Dios, pienso que es bueno compartir con ellos la sabiduría y experiencia que Dios te ha dado. Recuérdales que nuestro objetivo como cristianos no es simplemente evitar el pecado sino buscar obediencia y sabiduría. Y adviérteles sobre las consecuencias potenciales de seguir en el camino en que están.

Cuarto, en la medida en que Dios hace cosas buenas en tu vida, no dejes de mantenerte como un ejemplo. Sabemos que no eres perfecto, pero tu vida puede ser muy útil como modelo para desarrollar los principios de la Escritura en un formato muy práctico. Dale el crédito a Dios por la cosas buenas que ha hecho en ti, y permítele utilizar esas buenas obras para motivar a otros cristianos. Cuida siempre de darle la gloria y el honor a Dios.

Quinto, asegúrate lo más que puedas de que cualquier persona que discipules se encuentre bajo la autoridad de una iglesia local (preferiblemente la tuya).

Brian Fujito, uno de los ancianos de Capitol Hill Baptist Church escribió lo siguiente acerca de la importancia de la iglesia local en el discipulado:

En dos ocasiones en mi vida he discipulado individuos que se envolvieron en pecados escandalosos e impenitentes. En una situación, la persona en primera instancia no estuvo de acuerdo en que lo que hacía era pecaminoso. Tuvimos largas conversaciones juntos y con uno que otro amigo cristiano que sabía que él respetaba. En última instancia y debido a que no era miembro de una iglesia local, al final del día, todo lo que pude ofrecer fue mi opinión sobria. En la segunda situación, la persona nuevamente no estuvo de acuerdo en que lo que hacía era pecaminoso, por lo menos no inicialmente. Pero yo no estaba solo porque era miembro de mi iglesia. Por tanto, recibí ayuda de otras personas de la congregación, de los ancianos, y finalmente de la iglesia como cuerpo mientras ejercía la disciplina de iglesia [excluyéndolo de la membresía.] Esa fue una experiencia desalentadora y difícil, pero sabía que donde terminaban mis esfuerzos era respaldado por la fuerte autoridad de toda una comunidad de creyentes cristianos. La disciplina de iglesia es un respaldo importante mientras motivas a las personas hacia la santidad personal. – Brian Fujito

Con esto no estoy sugiriendo que debes verte como el policía de la santidad o que tu trabajo es reunir y escoger cada detalle. Para algunos de ustedes, puede ser una gran tentación ejercer un control arbitrario de la vida de alguien, y para ti esto es algo que necesitas abordar en tu propia vida para no hacer daño a otros. Recuerda que el autor de los Hebreos nos dice que consideremos como motivarnos unos a otros hacia el amor y las buenas obras, sin exasperarnos o criticarnos unos a otros hacia la santidad.

LA SANTIDAD EN EL DISCIPULADOR

Una manera clara en que puedes evitar tener una actitud no saludable en el discipulado, es que tú también debes estar creciendo en santidad. Y mientras lo haces, Dios te usará como un ejemplo beneficioso en la vida de aquellos a quienes estas discipulando.

Después de todo, ¿cómo es que un discípulo aprende como luce ser santo? Observa Juan 13:15. Cristo le dice a sus discípulos, «Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.» Jesús modeló todo lo que los discípulos necesitaban saber acerca de la santidad. Él no solo les dijo como ser santos, sino que les mostró como hacerlo.

De la misma manera, nosotros como discipuladores debemos también ser santos para establecer un ejemplo a aquellos que estamos discipulando. Observa estos pasajes:

  • 1 Corintios 11:1, «Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.»
  • Filipenses 3:17, «Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.»
  • 1 Tesalonicenses 1:6«Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo.»
  • 2 Timoteo 1:13«Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús.»

Todos estos pasajes hablan acerca del ejemplo de Pablo hacia los creyentes. Pablo esperaba que los demás siguieran su ejemplo. ¿Es eso algo único de un apóstol? No. Lee Tito 2:7 – aquí Pablo le dice a Timoteo que sea un ejemplo para los hombre jóvenes. Ahora leemos 1 Timoteo 4:12 – una vez más le dice a Timoteo, un hombre joven, que sea un ejemplo para los creyentes. Ser un ejemplo para los demás es el deber de cada cristiano y una de las maneras más importantes en que enseñamos y aprendemos acerca de la santidad.

¿Cuáles son algunas maneras en que aseguramos que permanecemos santos en nuestra propia vida?

  • Asistencia regular a la iglesia
  • Tiempo personal regular con el Señor
  • Lectura regular acerca del carácter de Dios en su Palabra
  • Rendición de cuentas regular a otros cristianos de tu iglesia
  • Esfuerzo regula por servir a otros (especialmente tu iglesia)
  • Etc.

Ser ejemplo no significa que siempre haremos lo correcto. Después de todo, todos seguimos estando en pecado. ¡El proceso de ser hechos santos continúa sucediendo aun en el discipulador! Sin embargo, significa que aun cuando pecamos los cristianos más jóvenes ven la manera como manejamos ese pecado. ¿Nos reímos de esto, o es un asunto serio? ¿Hacemos cambios, o esperamos que nadie diga nada? Es seguro que esto nos hace vulnerables, pero no existe una mejor manera para un cristiano joven aprender que vernos luchar para ser santos.

Conclusión

Pablo escribe en 1 Corintios 9, «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado» (24-27). Él quiere que nosotros lleguemos al final.

No sé si alguna vez has escuchado a aquellos que han cuidado bien de otros, han sido fructíferos en discipular a otros, y aun así ellos (al final de la historia) no terminan la carrera.

No permitas que ese seas tú. Aunque su santidad es importante, la tuya también lo es.

Resumen

  • Crecer en santidad personal es un objetivo primario de nuestra exhortación en las relaciones de discipulado.
  • Un discipulador fiel motivará de manera específica una mayor santidad en cualquier amigo que se encuentre discipulando.
  • Crecer en santidad es esencial para todos los cristianos… el discipulado y el discipulador por igual.

Por CHBC Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

Desenmascarando la herejía

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo III

Desenmascarando la herejía

Por John D. Hannah

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo III

Nuestros predecesores se habrían ahorrado mucho tiempo, esfuerzo y dolor si Dios nos hubiera dado un glosario de términos cuando se reveló a nosotros a través de las Escrituras. La Biblia no es una teología sistemática, con todas las preguntas difíciles, que nosotros podríamos exigirle, claramente respondidas en oraciones completas formando un bosquejo perfecto. En ciertas maneras, no es un libro fácil de entender.

Hay varias razones para esto. Primero, en el libro que nos dio, Dios se describe como incomprensible, más allá de nuestro entendimiento. Si bien Dios verdaderamente se ha revelado a Su pueblo, Él no ha querido revelarse completamente. Segundo, y estrechamente relacionado con la idea anterior, si bien Dios en Su gracia ha condescendido a hablarnos en símbolos lingüísticos que podemos entender, el lenguaje finito no es capaz de captar con precisión la realidad infinita. En tercer lugar, las mentes de los redimidos están deterioradas por el pecado remanente que se adhiere a todas nuestras facultades y lo continuará haciendo hasta que recibamos nuestros cuerpos nuevos en la resurrección final. Cuarto, el diablo y su séquito batallan contra la verdad, aprovechando cada instancia posible para pervertir nuestras mentes, distorsionar nuestros afectos y desviar nuestras voluntades.

Aceptamos muchas cosas porque Dios se ha revelado a nosotros por Su Espíritu, dando testimonio de la viva Palabra de Dios, Cristo, a través de las páginas de la Biblia. Si bien es difícil para la mente humana comprender estas cosas, afirmamos que es irracional creer lo contrario. Entre las verdades que son difíciles para los que no han conocido al Salvador es la naturaleza trinitaria de la Deidad, la Trinidad. Sin embargo, esta visión es la base sobre la cual se levanta el cristianismo. Si Dios no es trino, Él no es el Redentor, ya que la Biblia es clara en que uno solo es salvo a través de la obra trina de Dios (el Padre redimiendo, el Hijo comprando y el Espíritu aplicando por medio de Su morada; Ef 1:3-14). La verdad de que Jesucristo es Dios (Jn 1:1) es parte integral del mensaje del evangelio.

Pero ¿cómo puede alguien con coherencia racional creer la verdad de Deuteronomio 6:4 («El SEÑOR uno es») y la verdad de que Dios es tres (Mt 28:192 Co 13:14)? ¿Cómo expresar la singularidad de Dios y al mismo tiempo afirmar la pluralidad de Dios, Su unidad y Su trinidad? O, para exponer el problema con el que luchó la Iglesia primitiva, ¿cómo puede alguien confesar que Dios es uno y, sin embargo, confesar que Jesucristo es Dios? No es una pregunta fácil. Y aun así, los padres de la Iglesia primitiva entendieron que era esencial el encontrar una respuesta. Ignacio de Antioquía, un discípulo de Juan el apóstol, se refirió a Cristo con palabras tales como «Dios encarnado», «nuestro Dios» y «Dios manifestado como hombre» (Ignacio de Antioquía, «Carta a los efesios», caps. 7:2 y 19:3). Y Tertuliano (c. 160-225) acuñó el término trinidad al hablar de la Deidad de esta manera: «Si bien yo siempre mantengo una única sustancia en tres (personas) coherentes e inseparables, sin embargo estoy  obligado a reconocer… que Aquel que ordena es diferente de Aquel que ejecuta» (Contra Práxeas, 12).

Tomó tres siglos de discusión, avivada por críticos fuera de la Iglesia (que usaron el aparente dilema para atacar su credibilidad) y por maestros dentro (que enseñaron el error mientras pretendían defender la verdad) hasta llevar a la Iglesia a los concilios de Nicea (325) y de Constantinopla (381). En esas reuniones, nuestros antepasados resolvieron el problema al eliminar formas erróneas de definir la relación entre el Padre y el Hijo y al declarar la verdad en un credo.

La aparición de dos intentos erróneos de explicar la diversidad y la unidad en la Deidad condujo las cosas a una resolución. Una de ellas fue la enseñanza llamada adopcionismo o monarquianismo dinámico (este último término, acuñado por Tertuliano, se refiere a la singularidad de Dios, que Dios es uno). Esta visión planteaba la solución subordinando el Hijo al Padre. Los defensores del modalismo, como Pablo de Samósata y, más tarde, los arrianos, los socinianos y figuras del actual movimiento liberal dentro de la cristiandad, argumentaron que Jesucristo no posee una igualdad absoluta con el Padre. Más bien, debido a las habilidades, la moral y las ideas únicas de Jesús, Dios escogió honrarlo con el título «Hijo de Dios» (una designación no ontológica).

La influencia del modalismo presentó un peligro igual o incluso mayor para la salud de las iglesias porque varios obispos de Roma (papas) lo adoptaron en el siglo III. En un intento por preservar la verdad de la unidad de Dios, varios eclesiásticos enseñaron que los nombres de Dios expresan múltiples manifestaciones de Dios. Dios es uno y se revela a Sí mismo, no en varias personas, sino que se metamorfosea en la apariencia de uno o de otro, ya sea como Padre, como Hijo o como el Espíritu Santo. Tertuliano resumió la visión de Práxeas, declarando: «Es imposible creer en un solo Dios a menos que se diga que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son la mismísima persona» (Contra Práxeas, 2).

La persona cuyo nombre en la práctica se identificó con el modalismo fue Sabelio de Pentápolis. Gregorio Nazianceno, el obispo de Constantinopla del siglo IV, criticó a Sabelio diciendo: «Porque tampoco el Hijo es el Padre, porque el Padre es Uno, pero el Hijo es lo que el Padre es; tampoco el Espíritu es el Hijo porque Él es de Dios, porque solo hay un Hijo: el Unigénito; pero el Espíritu es lo que el Hijo es. Los tres son Uno con respecto a la Divinidad, y el Uno es tres respecto a Sus características» (Los cinco discursos teológicos, 5.9).

Mientras la posición adopcionista, que fue condenada en el Sínodo de Antioquía en el año 269 d. C., parecía preservar la unidad de la Divinidad denigrando la deidad de Cristo, la visión modalista exageró la unidad de la Divinidad, destruyendo el carácter distintivo de las personas en Ella.

La persecución romana del cristianismo terminó a principios del siglo IV. La defensa del cristianismo y la tranquilidad en el imperio se volvieron tan importantes que el emperador Constantino convocó al primer gran consejo en la historia de la Iglesia para resolver la controversia sobre la relación entre el Padre y el Hijo. De los obispos que se reunieron en Nicea, cerca de Constantinopla, tres partes se hicieron evidentes: los que temían el adopcionismo, los que temían el modalismo y una mayoría que no parecía haber comprendido la gravedad de los problemas.

El Credo Niceno del 325 no acabó con el acalorado conflicto. Atanasio sintió que era un golpe mortal para cualquier intento de subordinar el Hijo al Padre pero otros pensaron que permitía el error del modalismo. En consecuencia, la controversia continuó en la Iglesia durante décadas, hasta el Concilio de Constantinopla (381 d. C.). Allí, con las definiciones cuidadosamente elaboradas por los eclesiásticos, la relación de las tres personas divinas fue finalmente aclarada. Se estableció que la Divinidad era una en esencia, una comunidad compartida de características a las que llamamos los atributos de Dios. Además, tres personas distintas comparten este fondo de atributos comunes y lo comparten por igual. Por lo tanto, es apropiado hablar de la Deidad como compuesta por Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo.

Aun así, la explicación modalista de Jesucristo no se extinguió con el rechazo por parte de la Iglesia en el siglo IV. El «padre del liberalismo moderno», Friedrich Schleiermacher (1768-1834), explicó la Trinidad como una manifestación múltiple de la conciencia de Dios; él rechazó la noción de distintas personas en la Deidad. Incluso hoy en día, la Iglesia Pentecostal Unida niega la existencia de las tres personas en la Deidad.

En última instancia, los enfoques modalistas de la Trinidad de Dios convierten la Biblia en un caos. El uso de frases tales como «Hagamos» en la narrativa de la creación indica la pluralidad de número en la Divinidad. Además, en el bautismo de Cristo, Dios habla desde el cielo y dice: «Este es mi Hijo amado». No dijo: «Me estoy hablando a Mí mismo». El modalismo hace a Dios un esquizofrénico furioso. Sin embargo, una lectura cuidadosa de tales pasajes de la Biblia nos lleva a creer que hay distintas personas en la Deidad. Este entendimiento de las Escrituras es un precioso legado de nuestros padres de la Iglesia primitiva.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John D. Hannah
John D. Hannah

El Dr. John D. Hannah es profesor y presidente del departamento de teología histórica del Seminario Teológico de Dallas, Texas.

¿Eres Presa Fácil Para Los Falsos Maestros?

Evangelio Blog

¿Eres Presa Fácil Para Los Falsos Maestros?

Por Costi Hinn

La cultura cristiana moderna está obsesionada con la experiencia. La Biblia se ha convertido en una nota al pie.

La verdad, decimos, es importante, pero debe venir después de nuestra experiencia. Los místicos modernos afirman: “¡Le debemos un encuentro al mundo!” Se refieren a su capacidad de ayudar a las personas a experimentar una unción especial de Dios. Uno de los sanadores de fe más nuevos del circuito declara: “La cruz, para mí, no es una revelación de mi pecado, ¡es una revelación de mi valor!” El preferiría que no habláramos del pecado.

La Palabra de Dios se tergiversa groseramente y en lugar de desafiar el divorcio entre la verdad y la experiencia, la iglesia en general ha adoptado la experiencia como la prueba más importante de la madurez espiritual. El que dice: “Dios me dijo …”, gana la multitud. La experiencia centrada en el hombre y los evangelios centrados en el hombre están barriendo el paisaje evangélico. La gente lo ama y los falsos maestros también.

Es una batalla cuesta arriba, y una pelea de maratón, pero nunca debemos dejar de contestar por la fe llamando al mundo de hoy a la verdad atemporal de la Palabra de Dios.

  • ¿Conoces tu Biblia?
  • ¿Utilizas las Escrituras con precisión y confiadamente?
  • ¿Confías en las “impresiones” subjetivas sobre la verdad objetiva de la Palabra de Dios?
  • ¿Ofreces sentimientos tales como “pienso” y “siento” a otros o los señalas a la verdad de Dios?
  • ¿Te encuentras capaz de discernir las enseñanzas falsas porque conoces la verdad de la Palabra de Dios?

La forma en que responde esas preguntas le proporciona un indicador preciso de lo útil que es en la lucha contra la buena batalla de la fe en este momento. En pocas palabras, conocer su Biblia es una de las más altas prioridades de la vida cristiana. ¿De qué otra manera conocerás la voluntad de Dios para tu vida? La voz de Dios no es el “susurro” en tu cabeza o el viento que sopla a través de tu cabello, es la Biblia, y es conocimiento que necesitas para sobrevivir y prosperar si te llamas cristiano.

“Vivir según las impresiones es a menudo vivir la vida de un tonto e incluso caer en una rebelión directa contra la Palabra revelada de Dios. No son tus impresiones, sino que lo que está en esta Biblia siempre debe guiarte. “A la Ley y al Testimonio’. Si no está de acuerdo con esta Palabra, la impresión no proviene de Dios: ¡puede proceder de Satanás o de tu propio cerebro desmembrado! Nuestra oración debe ser: “Ordena mis pasos en tu Palabra”. Hoy, esa regla de vida, la Palabra de Dios escrita, debemos estudiar y obedecer “. – Charles Spurgeon

Algunas personas piensan que conocer la Biblia se trata de ser un super-cristiano que puede golpear a todos en la cabeza con su asombroso conocimiento, pero eso es solo egoísmo. Los fariseos sabían mucho sobre la Ley. Mucho bien hicieron. Conocer la Biblia es conocer a tu Dios y, por lo tanto, permite que tu vida y tu adoración estén enraizadas en quién es Dios. El que es bueno conocer; el porqué es igualmente importante.

En el espíritu de conocer por qué debería tomar con seriedad su conocimiento de la Biblia, estos son 3 peligros de no saber cómo usar su Biblia en estos momentos impulsados ​​por la experiencia:

  1. Eres Presa Fácil De Los Depredadores

¿Alguna vez has visto uno de esos espectáculos de animales donde el león hambriento se arrastra en la hierba alta de la sabana africana mientras un Impala pacientemente pacía? El león tiene la estrategia perfecta en juego, ya que se funde con la hierba y silenciosamente se acerca más y más. Cuando parece que el Impala está acabado, su cabeza se anima, de alguna manera escuchan al león, y se van antes de que el león pueda dar el paso completo.

¿Qué le salva la vida al Impala?¡Esas orejas grandes y un salto rápido que les permite cubrir 30 pies de una sola vez! Un bello diseño de nuestro Creador para nivelar un poco el campo de juego: pueden escuchar caer un alfiler en una tormenta de granizo y pasar del plato de home a la primera base en 3 saltos. Eso les da una oportunidad de luchar contra un león rugiente, y esa es la imagen exacta de lo que un cristiano armado con la Palabra de Dios puede hacer. Un Impala sin orejas grandes es como tú sin biblia: almuerzo de leones.

Los falsos maestros confían en el analfabetismo bíblico para explotarte con su avaricia (2 Pedro 2: 3), establecer el poder abusivo y cumplir las órdenes de Satanás. Un cristiano con un conocimiento creciente de la Palabra de Dios es capaz de discernir cuándo se tuerce esa Palabra. Si su mente está enraizada en las Escrituras, no puede ser “sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error” (Efesios 4:14). Esto comienza pidiéndole al Espíritu Santo que ilumine la verdad de la Biblia a tus ojos ignorantes, encuentres recursos confiables de la Biblia de los que aprender, conectarte a una iglesia confiable para crecer y seguir a pastores calificados que toman en serio su papel (1 Timoteo 3:1- 7, Hebreos 13:17). La alfabetización bíblica será un desafío que disfrutarás y te salvará del dolor de cabeza de los herejes que saquean tu billetera.

  1. No Puedes Ayudar A Nadie Más

¿Cómo llamas a una persona que no puede nadar pero que salta a una piscina para salvar a un amigo que se está ahogando? Complete el espacio en blanco: ______________. Apuesto a que su palabra de elección no fue “útil” o “de ayuda”. Lo mismo ocurre con la persona que no está creciendo en el uso de la Biblia, pero está tratando de ayudar a todos con sus opiniones. Si los cristianos no se dedican continuamente a internalizar la sabiduría de la Palabra de Dios, ¿qué información útil pueden ofrecer? Sin rumbo fijo dependen de las puñaladas salvajes de “ese único verso que creo que está en la Biblia”, libros de autoayuda y la extraña pepita de sabiduría que su abuelo les contó.

Cuando se necesitan respuestas a las preguntas más difíciles de la vida, solo la sabiduría intemporal de la Palabra de Dios servirá. La sabiduría divina es lo que las personas necesitan. Los cristianos bíblicos analfabetos solo pueden intentar vender a los individuos desesperadamente necesitados su propia palabrería vacía.

Esto se ha vuelto cada vez más problemático en el liderazgo de la iglesia también. En un esfuerzo pobre para hacer que el evangelio sea relevante, hemos permitido que el “factor genial” de un hombre dicte que se convierta en un pastor contratado. Los pastores pueden ser contratados en una iglesia por lo populares que son por cosas que no sean pastorear a las personas. No importa cuán fieles hayan sido con las Escrituras o cuán dedicados estén a crecer en profundidad doctrinal. Se trata de cuántos seguidores tienen en Twitter, Facebook o Instagram. Los pastores pueden ser contratados en una iglesia porque escribieron algunos libros de autoayuda o parecen modernos. Los pastores pueden ser contratados en una iglesia sin saber que sus cualidades se enumeran en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9. Si nuestro liderazgo es bíblicamente analfabeto e incondicional, y el evangelicalismo en general lo apoya, no debería sorprendernos que tantos que los siguen sean bíblicos analfabetos.

El mundo no necesita a más líderes cristianos famosos que se muevan en el medio del evangelicalismo con una navaja de bolsillo en la mano. El mundo necesita hombres y mujeres de Dios que puedan tomar la espada del Espíritu y esgrimirla fielmente a Cristo.

  1. Te Estás Hundiendo

Los cristianos que no conocen su Biblia están en un barco que se hunde. Es decir, o su iglesia, su propia vida o ambas cosas se están hundiendo. Puedes intentar sacar un “Jonás” y tirar cosas por la borda, sacar agua de una cubeta a la vez, u orar con el corazón, pero esa nave está bajando y solo la devoción total a la suficiencia de la Biblia puede salvarla. Este no es un problema nuevo para la iglesia.

Una mega-iglesia estaba a la vanguardia del cristianismo por décadas. Llenaban los asientos con decenas de miles, atrayendo a personas de todos los sectores de la sociedad y escribiendo libros de gran éxito sobre crecimiento y liderazgo de la iglesia. Solo había un problema flagrante del que aún no se habían dado cuenta. Cuando la congregación fue encuestada, resulta que el barco tenía un agujero en el casco.

Cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde. La congregación fue encuestada sobre su crecimiento espiritual y los resultados fueron aleccionadores por decir al menos. La iglesia fue asombrada al hacer que la gente entrarase por la puerta, pero una vez en la puerta, fueron espiritualmente ineptos, es decir, no tenían raíces profundas en Cristo y mucho menos tenían un manejo sobre Su Palabra. Las ovejas son a menudo las que se convierten en víctimas de la guerra espiritual cuando un pastor no exige que la gente se dedique a la Palabra de Dios, y esta no fue la excepción.

Después de un examen de conciencia, uno de los pastores dijo:

Deberíamos haber comenzado a contarles a las personas y enseñarles a las personas que deben asumir la responsabilidad de alimentarse por sí mismas … Deberíamos haberle enseñado a la gente cómo leer sus Biblias entre servicios, cómo hacer prácticas espirituales … Lo que le está pasando a estas personas [es eso] cuanto más viejos se vuelven, más esperan que la iglesia los alimente, cuando, de hecho, mientras más maduro se vuelve un cristiano, más un cristiano debería alimentarse a sí mismo … subimos el nivel de responsabilidad nos revestimos de las personas mismas para que puedan crecer incluso si la iglesia no satisface todas sus necesidades.

Ahora, así esta mejor.

La Biblia habla del tipo de sabiduría terrenal que no produce fruto espiritual duradero.

  • Isaías dijo que la Palabra de nuestro Dios perdura para siempre (Isa 40: 8).
  • Isaías también profetizó: “¡Ay de los que son sabios en sus propios ojos …” (Isaías 5:21).
  • Jeremías declaró que un hombre no debería jactarse en su propia sabiduría sino conocer a Dios (Jeremías 9: 23-24)
  • Pablo llamó a la sabiduría de este mundo “necedad” (1 Corintios 3:19).
  • Jesús dijo que aquellos que escuchan Sus palabras y no las hacen se fundamentan en la arena que se hunde (Mateo 7:26).

No es una mala idea ir con las Escrituras cuando se trata de establecer el fundamento espiritual de la sabiduría en tu vida. De hecho, es la mejor idea.

Muchos cristianos están en diferentes lugares cuando se trata del conocimiento de la Biblia, pero se supone que cada cristiano está disfrutando el mismo proceso cuando se trata del conocimiento de la Biblia: ¡progresión!

Y seamos honestos, nadie lo hace bien todas las veces. No hay un solo pastor que haya dominado el arte de la perfección interpretativa. Aún así, cada cristiano está llamado a un crecimiento continuo en el manejo de la Palabra de Dios. No hay buenas excusas para el analfabetismo bíblico.

El salmista declaró: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119: 105). No tienes que vivir al amparo de la oscuridad. Toma tu Biblia y deja que la luz de la Palabra de Dios fluya.

Fuente


Recursos Recomendados:

Defining Deception, desafiará los movimientos de milagros místicos de hoy en día que sostienen que la verdad objetiva es secundaria a la “experiencia”. Esperamos que la gente mire hacia la suficiencia de Cristo y Su Palabra sobre las últimas tendencias falsas.

A continuación se enumeran otras herramientas específicas de líderes cristianos probados:

Cómo Estudiar la Palabra de Dios – John MacArthur

Buscando las Escrituras – Chuck Swindoll

El origen de la Biblia – FF. Bruce, JI Packer, Philip Comfort, Carl FH Henry

Mujeres de la Palabra – Jen Wilkin

EL AUTOEXAMEN

Esclavos de Cristo

EL AUTOEXAMEN

J.C.Ryle

“Y después de algunos días, Pablo dijo á Bernabé: Volvamos á visitar á los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están.” (Hechos 15:36)

Después de su primer viaje misionero el apóstol Pablo sugirió a Bernabé, que volvieran a visitar las iglesias que habían establecido para ver como estaban. Estaba ansioso para saber si estaban creciendo espiritualmente. Entonces dijo: “Volvamos a visitar a nuestros hermanos para ver cómo están”. Hay algo que todos podemos aprender de esto: necesitamos examinarnos a nosotros mismos para saber cómo está nuestra relación con Dios.
Vivimos en una época de grandes privilegios espirituales. El evangelio ha sido predicado casi en todo el mundo. La Biblia está disponible en más idiomas que en cualquier otro tiempo en el pasado. En muchas partes del mundo las iglesias han crecido rápidamente. Pero debemos preguntarnos a nosotros mismos ¿Cómo nos ha beneficiado todo esto?
Vivimos en una época de muchos peligros espirituales. Nunca antes tantas personas han profesado ser cristianos. Pero, ¿Son todos estos profesantes personas realmente convertidas? A muchos les gusta asistir a las campañas evangelísticas en donde parece que están sucediendo muchas cosas emocionantes. Pero el emocionalismo es una cosa muy diferente al crecimiento espiritual, y es de mucha importancia que frecuentemente hagamos un alto y nos preguntemos a nosotros mismos en dónde estamos espiritualmente.
Déjeme hacerle diez preguntas que le ayudarán a descubrir la verdad acerca de su condición espiritual. Le hago estas preguntas solamente para su propio beneficio. Si al principio algunas le parecen como muy bruscas, recuerde que la persona que le dice la verdad, éste es en realidad su verdadero amigo.

1. ¿Ha pensado seriamente acerca de su condición espiritual?

Tristemente, hay muchos que nunca piensan acerca de su salvación. Nunca se detienen para pensar seriamente acerca de la muerte y el juicio, acerca de la eternidad, acerca del cielo y el infierno. Están demasiado ocupados con sus negocios, sus placeres, sus familias, las cosas de la política o el dinero. Ellos viven como si nunca fueran a morir y comparecer ante el tribunal de Dios. Tales personas están viviendo en realidad al nivel de los animales, porque nunca piensan acerca de las cosas más importantes de la vida. ¿Piensa usted acerca de las cosas más importantes?

2. ¿Qué ha hecho usted acerca de su salvación?

Hay muchas personas que en ocasiones piensan acerca del cristianismo, pero nunca van más allá de meros pensamientos. Quizás cuando están en problemas, cuando ha fallecido algún conocido, quizás cuando conocen a algún creyente sincero o cuando leen un libro cristiano, piensan acerca de su salvación; pero no van más allá de pensarlo. Pero no se separan de servir al pecado y al mundo pecaminoso; no toman su cruz para seguir a Cristo. Recuerde, que no es suficiente simplemente pensar acerca de Dios y la salvación. Usted tiene que hacer algo al respecto o no puede ser salvo.

3. ¿Está usted tratando de acallar su conciencia con una religiosidad externa?

Muchos cometen este error. Su cristianismo consiste enteramente del cumplimiento de deberes externos. Ellos asisten a todos los cultos y participan sin fallar en la cena del Señor. Se aferran tenazmente a las enseñanzas particulares de su Iglesia y discuten con cualquiera que no está de acuerdo con ellas. Pero a pesar de esto, no tienen una devoción a Cristo en sus corazones. Su religión no les da satisfacción porque no conocen nada del gozo y la paz interiores. Quizás, en lo secreto de sus corazones saben que algo está mal, pero no saben qué es. Yo le ruego a usted entonces, que se examine a sí mismo. Si se preocupa por su salvación, no se contente con una mera observancia externa de algunos deberes. Usted necesita mucho más que eso para ser salvo.

4. ¿Han sido perdonados sus pecados?

Usted sabe en su corazón que es un pecador, que se ha quedado corto de las normas divinas, en pensamiento, en palabra y en hechos. Por lo tanto, usted sabe que si en el día del juicio sus pecados no han sido perdonados, entonces usted tendrá que ser condenado para siempre. La gloria de la fe cristiana es que provee precisamente el perdón que usted necesita; un perdón completo, gratuito y eterno. Este perdón ha sido comprado para nosotros (los creyentes) por nuestro Señor Jesucristo. Cristo realizó este perdón a través de su encarnación, viniendo al mundo para ser nuestro salvador, y por su vida perfecta, su muerte y su resurrección como nuestro sustituto. Pero aunque este perdón es perfectamente gratuito, no nos es dado en forma automática. Uno no puede recibirlo simplemente asistiendo a una Iglesia cristiana, ni siquiera uniéndose a su membresía. Este perdón es algo que cada persona debe abrazar por sí mismo ejercitando la fe en Cristo. Si usted no se ha apropiado la obra de Cristo por la fe, entonces respecto a usted, es como si Cristo no hubiera muerto. La fe es una confianza sincera y humilde en el Señor Jesucristo para salvación. Todos aquellos que personalmente confían en El como Señor y salvador, son aceptados de inmediato y perdonados; pero sin esta confianza no hay ningún perdón en lo absoluto.
Entonces, usted puede ver que no es suficiente simplemente conocer los hechos acerca del Señor Jesucristo. Tal vez usted crea que El es el salvador de los hombres, pero la pregunta es si El es su salvador. ¿Sabe si sus pecados han sido perdonados?

5. ¿Ha experimentado la realidad de una conversión a Dios?

“Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 18:3) “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17) Por naturaleza somos tan débiles, terrenales, mundanos y pecaminosos que sin un cambio completo en lo interior, no podemos servir a Dios en esta vida, y no podremos disfrutar de El en el cielo. Tal como los patitos se acostumbran naturalmente al agua, así nosotros desde que nacemos estamos inclinados al pecado. Si vamos a dejar el pecado y a aprender a amar a Dios, tiene que suceder un gran cambio en nuestras vidas. Si este cambio ya ha sucedido, entonces será manifiesto por sus frutos. ¿Tiene usted una sensibilidad y odio hacia el pecado? ¿Tiene usted fe en Cristo y amor a El? ¿Ama usted la santidad y anhela ser más santo? ¿Encuentra usted en sí mismo un amor creciente por el pueblo de Dios y un disgusto por los caminos del mundo? Estas son las evidencias que siempre siguen a una conversión verdadera hacia Dios. ¿Cuál es su condición?

6. ¿Sabe usted algo de la práctica de la santidad cristiana?

La Biblia deja claro que “sin santidad nadie verá al Señor”. La santidad es el resultado inevitable de la conversión verdadera. Ahora, la santidad no es la perfección absoluta, la libertad completa del pecado. Esto existirá solamente en el cielo. La santidad tampoco es algo que podemos obtener sin un esfuerzo y una lucha constante. Pero aunque la santidad en esta vida es imperfecta, sin embargo es real. La santidad real hará que el hombre cumpla sus deberes en su hogar y en su trabajo, y afectará su forma de vivir en su vida cotidiana y su manera de enfrentar sus problemas. La santidad le hará humilde, bondadoso, dadivoso, considerado con los demás, amable y perdonador. No le conducirá a descuidar los deberes ordinarios de la vida, sino que le capacitará para vivir la vida cristiana, donde quiera que Dios le haya llamado.

7. ¿Conoce usted algo del gozo dado por los medios de gracia?

Por “los medios de gracia” quiero decir cinco cosas: la lectura de la Biblia, la oración secreta, la oración pública de Dios en la Iglesia, la participación en la cena del Señor y la santificación del día del Señor. Estas cosas han sido ordenadas por la gracia de Dios con el fin de traernos a la fe en Cristo y ayudarnos a crecer como creyentes. Nuestra condición espiritual dependerá en gran medida de la manera en que usamos estos medios. Fíjese que digo; la manera en que los usamos, porque no recibimos ningún beneficio automático de sólo cumplirlos. Entonces tengo que preguntarle; ¿Se deleita usted en la lectura de la Palabra de Dios? ¿Derrama usted su corazón a Dios en la oración? ¿Se deleita usted en el día del Señor al dedicarlo a la adoración, la oración y el compañerismo cristiano? Aún si “los medios de gracia” no tuvieran ningún otro propósito, nos servirían como indicadores de nuestra condición espiritual verdadera. Dígame lo que un hombre hace con respecto a estas cosas y le diré si está en el camino hacia el cielo o el infierno.

8. ¿Se está esforzando para hacer algo bueno en este mundo?

Mientras estuvo en la tierra el Señor Jesús “anduvo haciendo bienes” (Hech. 10:38) Desde entonces, los creyentes verdaderos siempre han tratado de seguir su ejemplo. Cuando el Señor Jesús relató la historia del buen samaritano (Luc. 10:25–37), terminó diciendo: “Vé, y haz tú lo mismo”. Siempre existen oportunidades para hacer el bien, la única pregunta es si realmente queremos hacerlo. Aún aquellos que no tienen dinero para dar, pueden hacer bien a los enfermos y a otros que tienen problemas, si están dispuestos a dedicarles tiempo y a mostrarles simpatía y atención. Lea la historia del buen samaritano. ¿Conoce usted algo de este tipo de amor al prójimo? ¿Trata usted de hacer bien a otros aparte de sus amigos, su familia o la Iglesia? ¿Está viviendo usted como un discípulo de Aquel que “anduvo haciendo bienes” y que nos mandó a seguir su “ejemplo”? (Jn. 13:15)

9. ¿Conoce usted algo de una vida de continuo compañerismo con Cristo?

Por “compañerismo” quiero decir el hábito de “permanecer en Cristo”, lo cual nuestro Señor señala como necesario si hemos de llevar fruto como creyentes (Jn. 15:4–8) Debemos entender claramente que tener compañerismo con Cristo es más que el mero hecho de ser un creyente. Todos los que se han arrepentido y venido a Cristo son creyentes, y le pertenecen. Pero hay muchos que nunca van mucho más allá de esta etapa, debido a su ignorancia, su flojera, el temor de los hombres, la influencia del mundo, o algún pecado persistente que no ha sido mortificado. Ellos tienen solamente la poca fe, una esperanza pequeña, un poco de paz y un poco de santidad. Ellos viven toda su vida llevando fruto solamente “a treinta” (Mat. 13:8)
El compañerismo con Cristo es diferente. Es algo experimentado por aquellos que se esfuerzan constantemente para crecer en la gracia: en fe, en conocimiento, y en conformidad a la voluntad de Cristo en todo. Es experimentado por aquellos que “prosiguen al blanco” (Fil. 3:14) El gran secreto del compañerismo es el de siempre vivir por la fe en Cristo, y depender continuamente de El para todos los recursos que necesitamos. El apóstol Pablo pudo decir: “Para mí el vivir es Cristo” (Fil. 1:28), y “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí”. (Gál. 2:20) Esta clase de compañerismo es perfectamente consistente con una convicción profunda de nuestros pecados y corrupción. No nos libra de la experiencia (el conflicto contra el pecado) descrita en el capítulo siete del libro de Romanos. Pero sí nos capacita para no mirarnos a nosotros mismos sino a Cristo, y a regocijarnos en El.

10. ¿Sabe usted algo de lo que significa estar preparado para la segunda venida de Cristo?

Una de las grandes certidumbres de la Biblia es que Cristo vendrá otra vez a este mundo. Vendrá tanto para castigar a los pecadores, como para perfeccionar la salvación de su pueblo en su reino eterno de justicia. ¿Está usted preparado para su venida? Estar preparado significa simplemente ser un creyente sincero y consistente. No significa abandonar su trabajo cotidiano como algunos piensan, más bien significa cumplir con su trabajo cotidiano como creyente, y siempre estar dispuesto a dejar todo cuando El aparezca. Le pregunto otra vez ¿Está usted preparado?

Conclusión: Déjeme terminar con algunas palabras de aplicación:

1. ¿Está usted dormido y descuidado respecto a las realidades espirituales? ¡Despierte! Usted es como alguien que está en un bote a la deriva, que es arrastrado por la corriente para estrellarse en las rocas. ¡Despiértese e invoque a Dios!
2. ¿Se siente usted como condenado y sin esperanza? Eche a un lado sus temores y escuche a Cristo. El dice: “Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.” (Mate

Ryle, J. C. (2002). Caminando con Dios: Un tratado sobre las implicaciones prácticas del cristianismo. (O. I. Negrete & T. R. Montgomery, Trads.) (pp. 3–8). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

«Mira más a Jesús y menos a ti mismo» — J.C.Ryle (1816 – 1900)

John Charles Ryle, escribió más de 200 folletos y tratados, y se vendieron millones de copias de ellos y muchos de sus escritos fueron traducidos a varios idiomas

Vasos de barro

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo III

TENIÉNDOLO POR SUMO GOZO: LOS HECHOS DE CRISTO EN EL TERCER SIGLO

Vasos de barro

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo III

R.C. Sproul

Si existe un padre de la Iglesia cuyas ideas hayan sido rigurosamente distorsionadas y tergiversadas para que se ajusten a las agendas modernas y al revisionismo histórico, ese es Tertuliano, el apologista del siglo III.

Tertuliano, cuyo nombre completo era Quinto Septimio Florente Tertuliano, se ganó el título de «padre de la teología latina». Vivió principalmente en Cartago, en el norte de África, entre los años 160 y 200 d. C. Luego de convertirse durante su adultez, usó sus habilidades como abogado profesional para la defensa intelectual de la fe cristiana.

Hay dos frases que con frecuencia se le atribuyen a Tertuliano. La primera seguramente es genuina; con respecto a la segunda, hay muchas sospechas.

La primera frase es esta: «¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué relación hay entre la academia y la Iglesia?». Estas preguntas son retóricas y se asume que la respuesta a cada una de ellas es una enfática negación. Tertuliano sostenía enérgicamente la superioridad de la revelación apostólica frente a la filosofía especulativa. Era un fuerte crítico de los filósofos de Atenas —Platón, Aristóteles, y otros— pero no tan crítico hasta el punto de nunca apelar a ellos cuando podían servir a la causa de la defensa del cristianismo. Tertuliano estaba inmerso en un combate intelectual con los herejes de su tiempo, especialmente con los gnósticos, que a ratos intentaban suplantar la revelación bíblica con sus propias teorías místicas y especulativas, y en ocasiones intentaban atribuirles respaldo apostólico a sus posturas.

Tertuliano defendió tanto la autoridad de la Escritura como la autoridad de la Iglesia, parándose sobre los hombros de Ireneo.

El segundo enunciado es probablemente espurio, pero con frecuencia se le atribuye a Tertuliano. Es la frase: «Credo ad absurdum», que literalmente significa «creo porque es absurdo». La idea de que hay alguna clase de virtud en creer algo porque es absurdo es un credo bien recibido en una cultura posmoderna fuertemente influenciada por el irracionalismo existencial. Toda una escuela de teólogos «dialécticos» del siglo XX se glorió en lo irracional, siendo Karl Barth quien afirmó que uno no alcanza la madurez como cristiano hasta que está dispuesto a afirmar los dos polos de una contradicción. Su compatriota Emil Brunner insistió en que la contradicción es el distintivo de la verdad. Estos teólogos tenían tal aversión al racionalismo que terminaron sacrificando la racionalidad.

Este enfoque hacia la teología da luz al fideísmo, que no sólo distingue a la fe de la razón, sino que la separa de ella como la sola base de la verdad cristiana. Los fideístas tienden a ser escépticos con respecto al uso de la razón o la evidencia para defender las pretensiones de verdad del cristianismo. Según su postura, ser «racional» es hundirse en un modo de pensamiento greco-pagano subcristiano o anticristiano.

Incluso en la teología reformada moderna, vemos una tendencia hacia el irracionalismo, aun al punto de que algunos académicos «reformados» de hecho sostengan que el principio de no contradicción no tiene aplicación para la mente de Dios. Esta postura podría destruir toda la confianza en la Escritura porque todo lo que la Biblia enseña podría significar su antítesis en la mente de Dios. En Su mente, Jesús podría ser tanto el Cristo como el anticristo al mismo tiempo y en la misma relación.

Para pensadores como estos, que detestan la lógica, Tertuliano se erige como un héroe. Sin embargo, cuando examinamos los escritos de Tertuliano, especialmente sus Prescripciones contra todas las herejías [De Praescriptionibus Haereticorum], vemos que no estaba opuesto a la razón. La frase que se le atribuye fue, de hecho, una alusión a la idea bíblica de que lo que es verdadero puede ser considerado necio por los que tienen la mente oscurecida por el pecado. Tertuliano también apeló a la revelación natural como la base de ciertas verdades que fueron entendidas y defendidas por los filósofos paganos. Su crítica hacia el pensamiento gnóstico nos entrega ricas reflexiones que son de extrema necesidad en nuestro tiempo en que presenciamos el resurgimiento del neognosticismo, no solo en la cultura, sino también en la Iglesia.

Al igual que Tertuliano, Orígenes (186-255 d.C.) fue un apologista del siglo III. Su ministerio se desarrolló, en su mayoría, en Alejandría, que había sido un centro del judaísmo helenístico. El mayor centro intelectual de Egipto vio nacer a líderes como Clemente, que también trabajó como apologista.

Orígenes no fue muy diferente a la famosa niña de la leyenda que tenía un pequeño rizo justo en el medio de la frente. Al igual que esta damisela, Orígenes, cuando era bueno, era muy, muy bueno, pero cuando era malo, era horrendo. En Orígenes vemos la unión de fortalezas y debilidades que tendía a caracterizar a los primeros padres de la Iglesia. En la era subapostólica, la Iglesia carecía del poder titánico de los apóstoles originales. Tampoco gozaba del cúmulo de entendimiento que demoró siglos en desarrollarse y requirió de genios como Agustín para ser expresado.

Dentro de los logros de Orígenes estuvo su respuesta apologética al filósofo Celso (Contra Celso) y su defensa de la inspiración divina de la Biblia. Tristemente, en su defensa de la Biblia, Orígenes manifestó un entendimiento débil de la confiabilidad histórica de la Escritura. Para defender la Biblia, se precipitó a utilizar un método de interpretación alegórico, método que fue perjudicial para el entendimiento de la Escritura por parte de la Iglesia en los siglos subsiguientes.

Lo irónico del enfoque alegórico a la Escritura por parte de Orígenes queda en evidencia en su impulsivo acto de autocastración. Ya que tanto hombres como mujeres estaban asistiendo a sus clases, procuró guardarse de la tentación sexual. Interpretó las palabras de Jesús, «hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos» (Mt 19:12b), con una literalidad radical sin refugiarse en la alegorización de este texto. Esta acción le creó un problema de credibilidad, y pronto Orígenes fue atacado por el obispo Demetrio, que le hizo la vida miserable durante los años posteriores.

En cuanto a su doctrina, Orígenes adoptó una postura griega sobre la preexistencia del alma, enseñó el universalismo, planteó interrogantes con respecto a la naturaleza física del cuerpo con el que Cristo resucitó y sostuvo una posición deficiente sobre la Trinidad (debemos recordar que la Iglesia aún estaba en una profunda reflexión con respecto al tema de la Trinidad y todavía no había llegado a una postura firme sobre este asunto). Sin embargo, su obra sobre la oración ha llegado hasta nosotros como un tratado muy valorado, al igual que su enseñanza sobre el martirio. Orígenes expresó la esperanza de que su vida terminaría de la forma más virtuosa posible, sufriendo el martirio por causa de Cristo. Eso no ocurrió, ya que murió por causas naturales en el año 255 d. C. No obstante, el historiador eclesiástico Eusebio testifica que Orígenes padeció una profunda agonía durante la persecución de Decio, sufriendo el estiramiento de sus extremidades y siendo torturado y encerrado en un calabozo, donde fue encadenado.

El amor personal y la devoción de Orígenes por Cristo nos dan un destello de la piedad cristiana del siglo III.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

¿La PANDEMIA reveló la gran SOLEDAD espiritual de muchos?

BITE

¿La PANDEMIA reveló la gran SOLEDAD espiritual de muchos?

Uno de los hechos más preocupantes que ha revelado la pandemia durante este último año es la falta de conexión social y espiritual existente entre los fieles de muchas congregaciones protestantes americanas.

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CRÉDITOS

Conductora: Pilar Prieto.
Adaptación del guión: Giovanny Gómez Pérez.
Artículo original: https://bit.ly/3r2M0aZ
Producción: Giovanny Gómez Pérez.
Edición del video: Fernando Ordoñez.
Apoyo gráfico: Nayibe Gómez.
Edición del audio: Alejandra Narváez.
Música: Envato Elements.

Por qué debemos predicar la palabra

The Master’s Seminary

Por qué debemos predicar la palabra

John MacArthur

Para todo expositor bíblico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versículo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrían después de él. El ministro del evangelio está llamado a «¡predica (r) la Palabra!»

Pablo, a punto de morir e inspirado por el Espíritu, escribió este texto para que sirviese como sus últimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versículo se sitúan en el inicio del último capítulo de su última carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una última carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro después de él, a proclamar las Escrituras con convicción y valentía.

Pablo entendía lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomía del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabía que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón él escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo había informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseño que además de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseñar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bíblico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseñar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el púlpito «a tiempo y fuera de tiempo» y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentía el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella está escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando así la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión debería llevarse acabo con “toda paciencia y doctrina”, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bíblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del púlpito está en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el Espíritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaño con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentará el crecimiento.

En los versículos antes y después de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas están en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

5 maneras en que Dios puede usar tu estrés para bien

Coalición por el Evangelio

5 maneras en que Dios puede usar tu estrés para bien

RANDY ALCORN

Hace un tiempo compartí con personas a quienes les he dado consejería algunas cosas que he escrito sobre cómo Dios usa el estrés en nuestras vidas. Fue oportuno para mí en ese momento y ahora, porque estoy en un momento de estrés, ¡y de hecho Dios lo está usando para mi bien!

1) Dios usa el estrés para llamar nuestra atención. Dios creó nuestros cuerpos. Los diseñó para enviarnos mensajes. Si meto la mano en el fuego, mi cuerpo me enviará un mensaje, rápido y claro. Si lo ignoro, llevaré las consecuencias.

C. S. Lewis dijo que “el dolor es el megáfono de Dios”. Algunos de nosotros tenemos problemas de oído. Ignoramos las señales de advertencia físicas, mentales, y espirituales. Somos como la mula terca que el granjero tiene que golpear en la cabeza para llamarle la atención. Dios quiere que nuestros oídos estén en sintonía con los mensajes que nos envía a través de nuestras mentes y cuerpos.

2) Dios usa el estrés para ayudarnos a redefinir o redescubrir nuestras prioridades. Cuando abandonamos nuestras prioridades dadas por Dios, nos estamos preparando para aprender una dura lección. En esencia, hacemos lo que hicieron los israelitas: vivían en casas de lujo mientras que la casa de Dios estaba en ruinas (Hag. 1:4). En respuesta, Dios envió como mensajeros la falta de cumplimiento, la desilusión, y el fracaso. Les retuvo su bendición hasta que el pueblo redescubrió sus prioridades:

“Ahora pues, así dice el SEÑOR de los ejércitos: ‘¡Consideren bien sus caminos! Siembran mucho, pero recogen poco; comen, pero no hay suficiente para que se sacien; beben, pero no hay suficiente para que se embriaguen; se visten, pero nadie se calienta; y el que recibe salario, recibe salario en bolsa rota’. Así dice el SEÑOR de los ejércitos: ‘¡Consideren bien sus caminos! Suban al monte, traigan madera y reedifiquen el templo, para que me agrade de él y Yo sea glorificado’, dice el SEÑOR. ‘Esperan mucho, pero hay poco; y lo que traen a casa, Yo lo aviento. ¿Por qué?”, declara el SEÑOR de los ejércitos. “Por causa de Mi casa que está desolada, mientras cada uno de ustedes corre a su casa. Por tanto, por causa de ustedes, los cielos han retenido su rocío y la tierra ha retenido su fruto. Llamé a la sequía sobre la tierra, sobre los montes, sobre el trigo, sobre el vino nuevo, sobre el aceite, sobre lo que produce la tierra, sobre los hombres, sobre el ganado y sobre todo el trabajo de sus manos’”, Hageo 1:5-11.

El pueblo de Dios es dos veces amonestado: “¡Consideren bien sus caminos!”. El estrés debería llevarnos de vuelta a lo básico. Es una oportunidad para reevaluar nuestras prioridades y alinearlas con las de Dios.

3) Dios usa el estrés para atraernos a Sí mismo. Una y otra vez se decía del pueblo de Israel: “Pero en su angustia se volvieron al SEÑOR, Dios de Israel, y Lo buscaron, y Él se dejó encontrar por ellos” (2 Cr. 15:4). Fue en la hora más oscura de Jonás, en sus circunstancias más estresantes, que dijo: “En mi angustia clamé al Señor, y Él me respondió” (Jon. 2:2). Los Salmos están llenos de referencias de volverse a Dios, buscarlo, y encontrarlo en momentos de intenso estrés.

Cuando nos sentimos cómodos y sin estrés, con demasiada frecuencia nos alejamos del Señor. 

“En mi angustia invoqué al SEÑOR, y clamé a mi Dios; desde Su templo oyó mi voz, y mi clamor delante de Él llegó a Sus oídos”, Salmo 18:6.

“En la angustia llamaste, y Yo te rescaté; te respondí en el escondite del trueno; en las aguas de Meriba te probé”, Salmo 81:7.

“En mi angustia clamé al SEÑOR, y Él me respondió”, Salmo 120:1.

Cuando nos sentimos cómodos y sin estrés, con demasiada frecuencia nos alejamos del Señor y seguimos nuestros propios caminos de independencia espiritual y aislamiento. Engreídos y satisfechos de nosotros mismos, nos olvidamos de qué se trata realmente la vida. Pero así como los sedientos buscan agua, aquellos bajo estrés a menudo buscan a Dios. Muchos no creyentes han venido a Cristo y muchos creyentes han regresado a Él en momentos de estrés.

4) Dios usa el estrés para disciplinarnos. Citando las palabras de Salomón a su hijo, el escritor de Hebreos ofrece una palabra de aliento:

“’Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él. Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo’. Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?”, Hebreos 12:5-7.

La palabra hijo, por supuesto, es un término general para un niño, y se aplica igualmente a las hijas. Para algunos de nosotros, esto no suena alentador. Pero no nos damos cuenta de lo esencial que es la disciplina. Las Escrituras dicen que retener la disciplina de un niño es, en esencia, abuso infantil: “El que evita la vara odia a su hijo, pero el que lo ama lo disciplina con diligencia” (Pr. 13:24).

La disciplina es correctiva. Es correctiva, no vengativa. Dios envía tensiones no para vengarse de nosotros por hacer algo malo, sino para profundizar nuestra dependencia de Él y para que hagamos lo correcto. Aunque la experiencia del estrés puede parecerte insoportable, en última instancia es para bien:

“Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia”, Hebreos 12:11.

5) Dios usa el estrés para fortalecer nuestra fe1 Pedro 1:7 dice: “para que la prueba de la fe de ustedes, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo”.

El estrés es una prueba a nuestra fe. Sin eso, nuestra fe no crecerá; no puede crecer. 

Los músculos crecen de una forma: a través del estrés. Un músculo que rara vez se ejercita, se atrofia y se hace inútil. Un músculo que rara vez se estira se quedará igual. No puede crecer. Para crecer, un músculo debe pasar por dolor. Se le debe imponer una prueba inusual. El estrés es una prueba a nuestra fe. Sin eso, nuestra fe no crecerá; no puede crecer.

¿Alguna vez has visto hierba que crece en el asfalto? Es asombroso, si lo piensas. ¿Cómo crece la hierba, prensada y sin luz? Sin embargo, sucede. De alguna manera, Dios hizo que esas pequeñas briznas de hierba crezcan ante un desafío grande. Nanci y yo hemos visto a muchas personas persistir contra viento y marea.

En medio del estrés, a medida que recurrimos a Cristo, Él nos da fe y fuerza para romper y salir sobre la capa de asfalto. Esa superficie dura deja enterrados por siempre a algunos, pero para otros es el punto definitivo, el cual les permite abrirse paso y prosperar, por la gracia de Dios.

Publicado originalmente en EMP. Traducido por Equipo Coalición.

Randy Alcorn es el autor de más de 40 libros y también el fundador y director de Ministerios Eterna Perspectiva. Él ama a Jesús, su esposa Nanci, sus hijos, y sus cinco nietos

¿Es el movimiento evangélico realmente evangélico?

Palabra de Vida Almería

Will Graham

John MacArthur: ¿Es el movimiento evangélico realmente evangélico?

¿Qué etiqueta denominacional describiría mejor las creencias religiosas de la siguiente persona?

Dice ser un cristiano comprometido, nacido de nuevo, pero no está seguro de que Jesús sea verdaderamente Dios encarnado. No está convencido de que Dios tenga conocimiento infalible del futuro (y mucho menos control soberano sobre él). No cree que la Biblia es verdad sin ninguna mezcla de error. No cree lo que la Biblia dice sobre cómo fue creado el universo. No cree que la gente deba reconocer a Cristo como Señor y Salvador –o incluso saber algo sobre Él– para tener el favor de Dios. No cree que Satanás es literalmente real. No cree que Dios está lleno de ira contra el pecado. Y, por supuesto, no cree en el castigo eterno. De hecho, no se preocupa particularmente por palabras como “pecado, sustitución, arrepentimiento, expiación, o propiciación”. Desestima ese tipo de terminología como jerga religiosa que falla en comunicar algo a la gente normal. Pero en realidad, lo que más desprecia acerca de esas palabras es la subyacente doctrina de sustitución vicaria, la cual tampoco cree. Está convencido de que Dios perdonará sin demandar ningún pago por la culpabilidad.

Además, mientras no tiene claro que Jesús sea “perfecto”, esta persona cree que la naturaleza humana es básicamente buena. Cree que Dios acepta la adoración de todas las religiones. Cree que los actos benévolos pueden reparar nuestros fallos morales. Cree que la ciencia ha refutado partes de la Biblia. Al mismo tiempo, sin embargo, cree que la biología no determina el género de una persona; que es determinado solamente por cómo la persona se siente.

También cree que está mal considerar que la orientación sexual de alguien sea pecaminosa. De hecho, aunque no está dispuesto a llamar “pecado” o “malo” a ningún acto personal inmoral, cree –con todo su corazón– que la gente de ascendencia europea ha heredado culpa colectiva porque sus ancestros esclavizaron u oprimieron a otros grupos étnicos. No considera a Adán como una persona histórica o al diluvio del Génesis como verdadero, así que ve a la humanidad como un surtido de razas rivales. También cree que cada raza es o bien privilegiada u oprimida, y el color de la piel es lo que determina la diferencia. Continuará contándote que muchos otros factores, incluyendo género, orientación sexual, discapacidad, peso corporal, y cosmovisión pueden marginalizar más a un individuo ya oprimido (o al revés, amplificar el empoderamiento de una persona ya privilegiada). Cree que la justicia demanda nivelar toda diferencia socio-económica, y que el fin supremo de la religión es perseguir esa meta.

En otras palabras, cree totalmente en la Teoría de Crítica Racial e Interseccionalidad. Es, por tanto, activista progresista (“woke”), culturalmente entendido, políticamente liberal y, en su propia valoración, profundamente espiritual.

¿Cómo clasificarías una cosmovisión así?

LA EROSIÓN DEL EVANGÉLICO

Se llama a sí mismo “evangélico”. Y las voces líderes del actual movimiento evangélico están contentos de darle la bienvenida a sus filas sin objeción alguna a su sistema de creencias, incluso a pesar de que cada una de sus fuertes opiniones sostenidas es una negación directa de uno de los más vitales puntos de la convicción evangélica histórica.

El perfil que acabo de describir no es, de ninguna manera, inusual. Recientes estudios revelan que un amplio porcentaje de gente que se identifica a sí misma como “evangélica” ni siquiera entiende los principios más básicos de la verdad del evangelio. En una reciente estadística de autollamados evangélicos, un 52% dijo que rechazaba el concepto de verdad absoluta; un 61% no lee la Biblia a diario; un 75% cree que la gente es esencialmente buena; un 48% cree que la salvación puede ganarse mediante buenas obras; un 44% cree que la Biblia no condena el aborto; un 43% cree que Jesús pudo haber pecado; un 78% cree que Jesús es el primer ser creado por Dios; un 46% cree que el Espíritu Santo es una fuerza en lugar de una Persona; un 40% cree que mentir es moralmente aceptable en determinadas circunstancias; un 34% acepta el matrimonio del mismo sexo como consistente con la enseñanza bíblica; un 26% rechaza la Escritura como Palabra de Dios; y un 50% dice que asistir a la iglesia no es necesario.

La mayoría de esas perspectivas son categóricamente incompatibles con la fe salvífica. En otras palabras, muchos que se identifican a sí mismos como evangélicos no son creyentes en absoluto.

No importa. Los medios los consideran evangélicos. Iglesias evangélicas les conceden la membresía. En algunos casos, publicaciones evangélicas promueven sus escritos, y las conferencias evangélicas los presentan como conferencistas principales.

En consecuencia, “evangélico” ha venido a significar de todo y cualquier cosa. Y esto es por lo que, como es acostumbrado hoy en día, la Palabra raramente es importante.

La raíz de la expresión es el término griego para “evangelio” –euangelion. Esa palabra y otras relativas se usan unas 130 veces en el Nuevo Testamento, reflejando el compromiso apostólico a la centralidad del mensaje del evangelio y la importancia de comprenderlo y predicarlo correctamente. Los “Evangélicos” son la gente del evangelio. El término está cargado con profundo significado bíblico y teológico, y el pueblo de Dios no debe esperar pasivamente mientras éste es vaciado de todo su significado implícito. Tristemente, sin embargo, lo que la mayoría de la gente piensa hoy del “evangelicalismo” sostiene poco parecido a la rica herencia del evangelicalismo histórico.

¿Cómo ha podido pasar esto? Sólo mediante un catastrófico fracaso de liderazgo.

Las instrucciones bíblicas para líderes de iglesia no pueden ser más claras: “Predica la palabra … a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta” (2 Tim. 4:2). Esa es la tarea, incluso cuando gente con comezón de oír demanda ser afirmada, distraída, apaciguada, o entretenida en varias maneras. Pablo dice a Timoteo que predique la Palabra de Dios “con toda paciencia y doctrina” –es decir, que él debía continuar fielmente enseñando doctrina sana, bíblica, incluso cuando la gente pareciera incapaz de soportarla porque sus oídos tuvieran ganas de algo diferente. El apóstol dice a otro pupilo, Tito, “esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie” (Tito 2:15).

El estilo de liderazgo favorito en el movimiento evangélico de hoy es precisamente lo opuesto. La mayoría de predicadores se esfuerzan para no usar un tono de autoridad, y se esmeran por ser tan disimulados y poco definidos como sea posible cuando se refieren a la Escritura. Ellos anhelan la popularidad, y saben que a la audiencia posmoderna no le gustan las declaraciones rotundas de verdad, doctrina precisa, o convicciones decididas. La gente sin iglesia hoy no quiere oír, especialmente, a un predicador que seriamente sostiene la exclusividad de Cristo. Ellos quieren que su religión sea tan carente de ataduras como el aire libre, tan relajante como una canción de cuna, y tan variable como la incesante corriente de encuestas de opinión pública. También quieren que sea superflua, no desafiante, y de moda. Los líderes evangélicos están voluntariamente obligados.

Demasiados de los que no están cualificados para servir como diáconos o ancianos en la iglesia por cualquier estándar bíblico, a pesar de ello, mantienen posiciones de liderazgo e influencia en el movimiento evangélico. Eso es evidente desde cada oleada tras oleada de escándalos morales que han sacudido al movimiento por los últimos cuarenta años. También se refleja en la llamativa superficialidad que es sello distintivo de la mayoría de la religión televisada. El testimonio de la verdadera iglesia está siendo ahogado por las voces de gente aparentemente evangélica, que se predica a sí misma en lugar de a Cristo Jesús como Señor.

Mientras tanto, el evangelio está siendo desatendido y, en algunos casos, radicalmente modificado, incluso por hombres y movimientos que no hace tanto tiempo decían creer que el evangelio era la única base posible para la unidad cristiana. Estos son líderes que describen sus ministerios como “centrados en el evangelio”. La palabra “Evangelio” es integrada en los nombres de sus organizaciones. Pero ellos están dejando a un lado la ofensa del evangelio en favor de un tema que es tendencia en el mundo secular: “activismo progresista” (“wokeness”). De acuerdo a ellos, una de las amenazas más serias de hoy para el bienestar espiritual de alguien es la injusticia sistémica –no solo en la sociedad secular, sino también en la iglesia. Los remedios ofrecidos para este percibido mal consisten en saturar con palabras alborotadoras de moda y dogmas de lo políticamente correcto– incluyendo doctrinas seculares con descaradas alusiones Neo-Marxistas.

No creo que sea exageración decir que el verdadero evangelio está en peligro de ser arrollado con el aluvión de grandilocuencia de algunos de los más conocidos pensadores e influyentes líderes en el movimiento evangélico.

Esta degradación no sucedió repentinamente. Por décadas, líderes clave en el movimiento evangélico, obsesionados con ganar el aplauso y la aprobación del mundo, han mostrado una preocupante disposición a ajustar sus posturas políticas y doctrinales a lo que fuera que prevaleciese en las opiniones del mundo académico, cultura popular, y (más recientemente) en las redes sociales. El pragmatismo orientado a que el no cristiano se sienta aceptado (“seeker sensitive”) ha dominado desde hace tiempo al movimiento evangélico y ha marginado la enseñanza bíblica en nombre de la relevancia cultural. Como resultado, el significado del término “evangélico” ha llegado a ser tan meticulosamente nublado que demanda una urgente necesidad de reclamación y redefinición.

La actual generación de evangélicos son los hijos malformados de tales influencias utilitarias. El movimiento está lleno de predicadores que usan la Escritura solo para abusar de ella. Manipulan a la gente con fábulas, homilías sentimentales, lecciones de auto-ayuda, y visiones moralistas. Tales métodos han seducido a multitudes analfabetas doctrinal y bíblicamente para pensar que son cristianos. No hay peor marca de pecado para matar almas.

¿DEBERÍAMOS ABANDONAR EL TÉRMINO “EVANGÉLICO”?

Antes de que fuera a la gloria, R.C. Sproul y yo tuvimos varias conversaciones sobre cómo la acomodación y corrupción en la iglesia visible habían arruinado términos teológicos vitales a través de nublar sus definiciones. Por ejemplo, la palabra “fundamentalista” una vez significó alguien que estaba comprometido con la defensa de las doctrinas cardinales del Cristianismo. Pero demasiados en el Movimiento Fundamentalista perdieron de vista las doctrinas esenciales y, en su lugar, llegaron a obsesionarse con preferencias insignificantes. Como resultado, el Movimiento Fundamentalista se corrompió por legalismo y nominalismo. Hoy, “fundamentalista” es un término de burla.

Similarmente, el noble término “Reformado” ha sido elegido desde generaciones por incontables iglesias y denominaciones que trazan su linaje denominacional desde el comienzo del protestantismo, pero que hace tiempo han abandonado cualquier compromiso a los principios bíblicos que impulsaron la Reforma. El hecho de que una iglesia tenga la palabra “Reformada” en su nombre, no es garantía de que el mensaje que predica tendrá algo en común con aquello por lo que los Reformadores magisteriales estaban dispuestos a morir.

El término “evangélico” está sufriendo un destino similar. El movimiento que viste esa etiqueta ha llegado a ser tan teológicamente diverso que contradice su propio nombre. Hoy, el barrizal evangélico está repleto de charlatanes, herejes, socialistas, marxistas, y estafadores. No hay nada verdadera y bíblicamente “evangélico” en ello.

¿Pero cual es la respuesta? ¿Deberíamos abandonar el término evangélico en favor de un nombre más preciso? Aquellos que desde hace tiempo han lamentado la degeneración del Movimiento Evangélico han tenido dificultades para proponer un mejor nombre. R.C. Sproul una vez sugirió el término “imputacionistas”, en honor a uno de los artículos principales de la verdad del evangelio: que el pecado de todos los creyentes fue imputado a Cristo y su rectitud es imputada a ellos. Pero eso es probablemente un término demasiado oscuro para reemplazar “evangélico” –sin mencionar el hecho de que la gente que desconoce la terminología doctrinal pudiera pensar que tiene algo que ver con “amputación”.

¿Entonces cuál es mi etiqueta preferida? ¿Con qué grupo me identifico? Yo deseo que pudiéramos simplemente reclamar la palabra “cristiano”. No sé si puedes identificarte con Cristo más cercanamente que usando ese término. Los discípulos fueron llamados “cristianos” por primera vez en Antioquía en Hechos 11. Se nos llama a regocijarnos de llevar el nombre “cristiano” (1 Pe. 4:16). Pero esa palabra, igualmente, ha sido tan contaminada que apenas tiene un significado genérico. Podría ser resuelto con “cristiano bíblico”, pero eso parece redundante.

Acepto completamente el compromiso clásico al evangelio del evangelicalismo, pero el movimiento que también ha elegido el nombre “evangélico” claramente no. Todo ataque a la Escritura –tanto abierto como encubierto, descarado o sutil– ha producido un tipo de tibieza “evangélica” laodicea, evocando el lenguaje de Apocalipsis 3:15-22, donde nuestro Señor amenaza con vomitar esa iglesia de su boca.

No puedo apoyar la jerga popular o las causas favoritas con las que los evangélicos de moda hoy están tan embelesados: racismo sistémico, privilegio blanco, culpa blanca, teoría racial crítica, interseccionalidad, socialismo, neo-marxismo, reparaciones, atracción del mismo sexo, aborto, homosexualidad, trasgenerismo, y evolución. No tengo aprecio por la red de organizaciones evangélicas populares (“Big Eva”), o la cultura de celebridad que honra la moda más que la fidelidad, y estima a las grandes multitudes por encima de la enseñanza bíblica.

MI CONFESIÓN DE FE

¿Entonces cuál es mi confesión de fe?

Estoy obligado por la Escritura y la razón a declarar que Jesús es Señor, en el sentido pleno del término, y soy su esclavo, también en el sentido pleno del término. Le amo. Me arrodillo ante Él como Dios el Hijo en toda la plenitud de su deidad y con fe en toda la plenitud de su obra. Mi esclavitud a él brota de un corazón de amor que me conduce a obedecer su Palabra con satisfacción. Esto es un reflejo perfecto de su mente infinita y santa naturaleza. ¿Qué Cristo amo? ¿Qué Cristo predico? Predicamos a Cristo, quien es el eterno Hijo, uno en naturaleza con el eterno Padre, y uno con el eterno Espíritu –el Dios trino. Él es el Creador y Dador de vida, así como quien sostiene el universo, y todo lo que vive en él. Él es el Hijo de Dios e Hijo del Hombre, nacido de una virgen –completamente divino y completamente humano. Él es Aquel cuya vida en la tierra satisfizo perfectamente a Dios, y cuya rectitud es dada a todo los que por gracia a través de la fe llegan a ser uno con Él. Él es el único sacrificio aceptable por el pecado que satisface a Dios, y cuya muerte bajo el juicio divino pagó completamente el castigo por los pecados de su pueblo, proveyendo para ellos perdón y vida eterna. Él vive, habiendo sido resucitado de los muertos por el Padre, validando su obra de sustitución expiatoria, declarándole justo públicamente, y proveyendo resurrección para la santificación y glorificación de los elegidos, para llevarlos seguros a su presencia celestial. Él está ante el trono del Padre intercediendo por todos los creyentes. Yo me acerco a su perfecta, pura, inspirada, inerrante, y verdadera Palabra con objetiva, racional, veraz, autoritaria, incompatible, íntegra, e incondicional fe.

Por tanto, cuando busco un término para describir esta confesión de fe, me doy cuenta de que esto es históricamente lo que fue el significado del término “evangelicalismo”. Esta es la fe que ha sido una vez dada a los santos mediante la inerrante Escritura –el verdadero evangelio de la soberana gracia de Dios derramada sobre pecadores a través de la fe sólo en Cristo. Esto es doctrina evangélica. Aquellos que se han vuelto de estas verdades hacia sustitutos baratos de inmoralidad mundana, políticas socialistas, o diseñadores de doctrinas personalizadas que rehacen una versión de Dios a la imagen del hombre son los que han abandonado el evangelio. Como quiera que se llamen a sí mismos, ellos no son evangélicos. Aquellos de nosotros que nos aferramos a la genuina doctrina evangélica –a los fundamentos de fe en el único evangelio que salva– debemos reclamar nuestro derecho sobre este fundamento doctrinal, y debemos resistir a aquellos que, mientras comprometen y corrompen el evangelio, reclamen el nombre “evangélico”.

El registro bíblico e histórico revela que la apostasía es común, pero el Señor siempre preserva su verdad a través del testimonio de un remanente fiel. Mi deseo es ser parte solamente de ese remanente firme, “estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Co. 15:58).

WILL GRAHAM

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

¡Bienvenidos a su página oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

¿Qué es el don espiritual de liderazgo?

Got Questions

¿Qué es el don espiritual de liderazgo?

La Biblia analiza las formas en que la Iglesia realiza labores, desarrolla la congregación local, atiende las necesidades de la comunidad, y ayuda a establecer una comunidad testigo. La Biblia describe estas formas como dones espirituales, de los cuales uno es el don de liderazgo. El don espiritual de liderazgo en la iglesia local aparece en dos pasajes, Romanos 12:8 y 1 Corintios 12:28. La palabra griega traducida para «regir» o «gobernar» en estos versículos, designa a uno que se establece sobre los demás o quien preside, gobierna o quien atiende un asunto con diligencia y cuidado. En 1 Tesalonicenses 5:12 la palabra es usada en relación a los ministros en general: » Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor». Aquí la palabra se traduce «presidir».

Todas las cosas surgen y caen con el liderazgo. Entre más hábil y eficaz sea el liderazgo, la organización va a funcionar mucho mejor y aumenta mucho más el potencial de crecimiento. En Romanos 12:8, la palabra traducida para «preside”, indica cuidado y diligencia con referencia a la iglesia local. El que preside está para atender con constante dedicación su trabajo, que consiste en velar por el rebaño y estar dispuesto a sacrificar su comodidad personal para cuidar ovejas necesitadas.

Hay varias características que identifican a aquellos con el don espiritual de liderazgo. En primer lugar, ellos reconocen que su posición es por el nombramiento del Señor y están bajo la dirección de Él. Entienden que nos son gobernantes absolutos, sino que ellos mismos están sometidos a Aquel que está sobre todos, el Señor Jesús, quien es la cabeza de la iglesia. Reconociendo su lugar en la jerarquía de la administración del cuerpo de Cristo, impide que el talentoso líder caiga en el orgullo o a una especie de derecho. El verdadero líder cristiano talentoso, reconoce que él no es sino un esclavo de Cristo y un siervo de aquellos que dirige. El apóstol Pablo reconoció esta posición, refiriéndose a sí mismo como un «siervo de Cristo Jesús» (Romanos 1:1). Al igual que Pablo, el talentoso líder reconoce que Dios lo ha llamado a su cargo; él no se ha llamado a sí mismo (1 Corintios 1:1). Siguiendo el ejemplo de Jesús, el talentoso líder también vive para servir a aquellos a quienes él dirige, y no para ser servido o señorear sobre ellos (Mateo 20:25-28).

Santiago, el medio hermano del Señor Jesús, tenía el don de liderazgo ya que dirigió la iglesia en Jerusalén. Él también se refirió a sí mismo como «un siervo de Dios y del Señor Jesucristo» (Santiago 1:1). Santiago mostró otra cualidad del liderazgo espiritual, la habilidad para influir a otros a pensar acertada, bíblica, y piadosamente en todos los asuntos. En el concilio de Jerusalén, Santiago trató con el controvertido asunto de cómo relacionarse con los gentiles que se acercaban por la fe a Jesús el Mesías. «Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre» (Hechos 15:13-14). Con esa declaración de apertura, Santiago llevó a los delegados a pensar clara y bíblicamente, permitiéndoles llegar a una correcta decisión sobre este asunto (Hechos 15:22-29).

Como pastores del pueblo de Dios, los líderes talentosos gobiernan con diligencia y poseen la habilidad de discernir verdaderas necesidades espirituales de las necesidades «sentidas». Ellos llevan a otros a la madurez en la fe. El líder cristiano lleva a otros a crecer en su capacidad de discernir por sí mismos aquello que viene de Dios, frente a lo que es cultural o temporal. Siguiendo el ejemplo de Pablo, las palabras del líder de la iglesia no son «sabias y convincentes» desde el punto de vista de la sabiduría humana, sino que están llenas con el poder del Espíritu Santo, dirigiendo y animando a otros a descansar su fe en ese mismo poder (1 Corintios 2:4-6). El objetivo de un líder con el don, es proteger y guiar a aquellos que dirige «hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:13).

El don espiritual de liderazgo es dado por Dios a los hombres y mujeres, quienes a su vez ayudarán a que la iglesia crezca y florezca más allá de la generación actual. Dios no ha dado el don de liderazgo para que el hombre sea exaltado, sino para que Él sea glorificado cuando los creyentes usan los dones que Dios da para hacer Su voluntad.