Tronos y gloria

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

Tronos y gloria

Por Greg Bailey

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

Los notables emperadores romanos del siglo II, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio, siguieron las tradiciones de sus predecesores imperiales, incluso aquella crueldad inquebrantable hacia los cristianos.

No obstante, sin saberlo, fueron parte de una tradición que precedió al Imperio romano. Marcharon d entro de una línea real que incluía al faraón de Egipto (Ex 9:16), a Nabucodonosor de Babilonia (Dn 2:37), a Ciro de Persia (Is 45:1,13), y, de hecho, a todos los monarcas desde de los albores del tiempo. Todos se sentaron en tronos que les otorgó el Dios Todopoderoso, Aquel que, según Daniel, «quita reyes y pone reyes» (Dn 2: 21b).

En Romanos 9, Pablo nos dice que tal soberana Soberanía es poderosamente intencionada. Citando Éxodo 9:16, declara el derecho de Dios de salvar o pasar por alto a quien Él quiera, para exaltar y humillar, para ordenar las vidas de Sus criaturas con el fin de lograr Sus propósitos.  «Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para demostrar mi poder en ti, y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra» (Rom 9:17).

Hasta donde sabemos, Dios nunca le dijo a Trajano, a Adriano, a Antonino o a Marco por qué los eligió para empuñar el cetro sobre el mayor imperio del mundo antiguo. Pero de lo que no puede haber ninguna duda es que, por ellos haber estado sentados en el trono mientras la Iglesia de Cristo florecía, el nombre de Dios fue proclamado. La crueldad de ellos hizo esto.

Las verdades de la Palabra de Dios no cambian.

Leamos las palabras de Ignacio de Antioquía, quien escribió a la iglesia de Roma mientras viajaba a la capital imperial para ser martirizado: «Fuego y cruz, manadas de fieras, quebrantamientos de huesos, descoyuntamiento de miembros, trituramiento del cuerpo, atroces torturas del diablo, ¡vengan sobre mí con tal de alcanzar a Jesucristo!».

O consideremos el testimonio de Policarpo, quien tranquilamente informó a quienes lo preparaban para la muerte que no había necesidad de clavarlo en la hoguera. Y luego oró: «Oh Padre, te bendigo, porque me has tenido por digno para recibir mi porción y ser contado entre Tus mártires».

Estos y muchos otros que encontraron la muerte bajo los llamados «emperadores buenos» del siglo II hicieron que el nombre de su Dios fuera exaltado. Como siempre, Dios usó a los que había puesto en los pináculos del poder para glorificarse a Sí mismo.

Nuestros hermanos del siglo II fueron «levantados» providencialmente en un tiempo difícil. En comparación, nuestra carga es ligera. Sin embargo, las verdades de la Palabra de Dios no cambian. Los presidentes y primeros ministros ejercen el poder por el decreto de Dios. Y estamos aquí porque Él quiso que así fuera. Nuestro llamado no es diferente al de Ignacio, Policarpo y tantos otros santos del siglo II: vivir de tal manera que Dios sea exaltado. Que Su nombre sea proclamado en nuestro tiempo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Greg Bailey
Greg Bailey

Greg Bailey es director editorial de la división de libros de Crossway en Wheaton, Illinois.

Venciendo las barreras y las excusas

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 3

Venciendo las barreras y las excusas

Idea básica:

Hemos pensado acerca de como luce generalmente el discipulado, y hemos visto que Jesús nos llama a todos a discipular a otros. Y hemos visto por que discipular concluyendo que es muy importante para nuestro gozo y para la gloria de Dios.

Ahora, esta semana veremos algunas barreras o excusas para no discipular. Y luego responderemos a esas barreras y excusas con la Biblia con el objetivo de responder la pregunta ¿cómo podemos vencer estas barreras y excusas?

Y la afirmación al responder esta pregunta es que todos los que estamos en este salón tenemos barreras y excusas que pueden impedirnos discipular.  Por mucho que podamos ascender intelectualmente en la importancia del discipulado, especularía que para muchos de nosotros existen razones por las que discipular aun es difícil para ponerlo en práctica. Por tanto, simplemente quiero comenzar preguntándote:

¿Cuáles son algunas razones por las que una persona puede optar por no involucrarse en relaciones de discipulado? ¿Qué piensas al respecto?

Espero que nuestra clase de hoy vea que pueden haber algunas barreras (incluso inconscientes) que nos impiden ser fructíferos en nuestras relaciones intencionales de motivación espiritual. Pero aun si no estás siendo detenido por estos asuntos lo discutiremos, apuesto que a alguien con quien pasas tiempo le está sucediendo. Pensar claramente en las barreras y excusas para no involucrarnos en el discipulado, te ayudará a ser un mejor discipulador para aquellos que influencias.

En esta clase veremos específicamente 5 excusas. Y para pensar acerca de estas excusas podemos dividirlas en tres categorías: un problema de teología (excusas 1 y 2), un problema de complacencia (excusa 3), y un problema de insuficiencia (excusas 4 y 5).

Excusa #1: no quiero estar en una posición de «autoridad.»

Algunas veces las personas no quieren ser colocadas en una posición de «autoridad.» Como están las cosas, nuestra cultura produce independencia y la idea de tener una autoridad o ser visto como una figura de autoridad no es muy atractiva. Y entonces, menos aun ¡el deseo de enseñar e instruir a otros!

¿Cómo es que el mundo describe la autoridad? ¿Qué piensas de la autoridad? Más importante, como cristiano queremos saber como la Biblia ilustra la autoridad. Jesús modela la autoridad para nosotros. Considera como la Escritura se refiere a la enseñanza de Jesús como algo «autoritario» (Marcos 1:22). En y a través de Jesús, vemos la postura correcta de uno en «autoridad,» la de un siervo amoroso. Jesús establece el ejemplo para nosotros sobre como una persona de autoridad puede ser un líder siervo amoroso:

Juan 13:13-14: Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.

  1. Oswald Sander en su libro «Spiritual Leadership [Liderazgo Espiritual]» dice lo siguiente acerca de lo que él llama «el principio maestro del Maestro:»

A la luz del tremendo estrés que hay sobre el papel de liderazgo tanto el mundo secular como en el religioso, es sorprendente descubrir que en la versión King James de la Biblia, por ejemplo, el término «líder» aparece solo seis veces, tres en singular y tres en plural. Eso no quiere decir que el tema no es relevante en la Biblia, sino que frecuentemente se refiere a diferentes términos siendo el más destacado ser un «siervo.» No es «Moisés mi líder,» sino «Moisés mi siervo.» El énfasis está acorde con la enseñanza de Cristo sobre el tema[1].

Mateo 20:25-28 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Tener esta actitud en tu corazón, la actitud que pone el bienestar de la otra persona antes que el tuyo. Encontrarás que aunque el discipulado te pone en una posición de autoridad, una actitud de amor sacrificial se unirá a la iniciativa con el servicio y la humildad. No estamos «ejerciendo señorío» sobre los demás cuando los discipulamos; en lugar de eso estamos sirviéndoles aun cuando ellos no lo perciben como tal.

Debemos ser muy cuidadosos en tener una visión apropiada de nuestra autoridad en estas relaciones. La autoridad bíblica no es una autoridad abusiva, sino una autoridad de servicio. Pregúntate: ‘¿estoy reflejando el amor de siervo de Cristo en uso de la autoridad? ¿O estoy utilizándola para mi gloria?’ ‘¿Estoy dirigiéndoles hacia la Palabra de Dios o hacia mí?’

Cuando los dirigimos hacia la Palabra de Dios (y no hacia nuestras opiniones personales), estas siendo un sirviente amoroso. No te jactes porque sirves de esta manera sino regocíjate de la bondad de Dios al usarte para llevar fruto a la vida de los demás.

Excusa #2: el discipulado intencional convierte a los amigos en proyectos.

Algunas personas pueden oponerse al hecho de que si desarrollo una relación con otro cristiano que de forma deliberada está enfocada en exhortarle espiritualmente y no simplemente en disfrutar su compañía o amistad como objetivo principal, entonces he disminuido la realidad de mi verdadera amistad con ellos y los he convertido en un proyecto de discipulado.

Para ayudarnos a entender y lidiar con esta segunda oposición potencial, sería útil hacernos esta simple pregunta… «¿Qué son en realidad el verdadero amor y amistad bíblica?» (toma una o dos respuestas de la clase)

En Juan 15 Jesús dice que el verdadero amor es cuando amamos a los demás como Jesús nos amó a nosotros. Si reconocemos el ejemplo del amor de Jesús por sus discípulos como cualquier tipo de modelo, entonces no podemos concluir que el verdadero amor es simplemente afirmar afecto y camaradería. Jesús amó al establecer fundamentalmente hacer un bien espiritual a los demás como una marca suprema de su amor por ellos.

La semana pasada leímos las palabras de Jesús a sus discípulos de Juan 15:15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. Por tanto, la amistad de Jesús era manifestada al revelar la voluntad de su Padre. ¿Escuchaste eso? La amistad de Jesús era manifestada al revelar al Padre. «Porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.» La amistad es mostrada al compartir la voluntad del Padre. Ellos no eran simplemente un proyecto para Él sino que Él los amaba al revelarles la verdad.

Fíjate en Efesios 5:1-2 Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

Una vez más vemos aquí el deseo de Cristo de disponerse a hacer el bien a todos sus hijos como una gran marca de su amor por ellos, y como modelo a seguir para nosotros. Debemos vivir una vida llena de amor por los demás de la misma manera que Cristo vivió una vida de amor por los demás. El verdadero amor establece a propósito hacer un bien espiritual y eterno al amado.

Dicho esto, es posible convertir a las personas en proyectos. Podemos hacer que un amigo sea un proyecto al demandar una adherencia rígida a algún «programa» establecido, o cuando no nos preocuparnos por los sentimientos actuales de nuestro amigo, o cuando compartimos simples versículos bíblicos sin tomar tiempo para entender la lucha que enfrentan.

Por tanto, simplemente para hacer una pregunta: ¿cómo podemos evitar hacer de una persona un proyecto? ¿Qué piensas acerca de esto?

Al final del día necesitamos ser fieles a Dios y la Escritura en esto. Habrá momentos cuando tendremos relaciones con personas que simplemente no se «sentirán» amados a través de una relación intencional enfocada en su bien espiritual. Algunas veces esto sucede porque creen que tu discipulado intencional no tiene sentido de obligación, ni de un amor real hacia ellos. Otras veces esto sucederá cuando alguien realmente no cree que cuidar su alma es lo más importante de su vida.

Para muchos una relación enfocada principalmente en la motivación espiritual, puede ser algo emocionalmente insatisfactorio. Te exhorto a mantener un buen balance de la gentileza, la amabilidad y la claridad en este punto. Queremos ser amables y gentiles para ayudar a una persona a entender y percibir el amor que tenemos hacia ellos en Cristo. Al mismo tiempo, especialmente con cristianos menos maduros, no quieres ver tu forma de relacionarte con ellos ser dirigida por sus «necesidades superficiales» sino que quieres que sea formada por la Palabra de Dios. Así que se un amigo, compartan un rato si puedes, pero recuerda dirigirlos hacia el Padre para un mayor gozo y obediencia porque esa es la mejor manera de amarles.

Excusa #3: Simplemente no siento hacerlo, y no tengo tiempo para ello

Vivimos en una ciudad acelerada, en un país acelerado, en una era acelerada del mundo. La mayoría de las personas que viven en los alrededores y muchos de nuestra ciudad están llenos hasta el punto de saturación de cosas que son relativamente buenas. Considerando todo lo que hemos recibido de Dios y su iglesia, ¿qué dice acerca de nuestro entendimiento de la gracia y el amor el hecho de que acaparemos esas bendiciones para nosotros?

Muchas veces ayuda a establecer un enfoque en las cosas que realmente son importantes en la vida, las cosas que la Biblia especifica como más importantes. Piensa en cómo Dios te ha cuidado, amado, perdonado, bendecido y consolado. Mientras piensas acerca del amor, el perdón y el cuidado de Dios para ti, este pensamiento debería hacerte/motivarte a hacer lo mismo por los demás (Juan 15:15Efesios 4:322 Corintios 1:3-5). Amamos a los demás porque Dios nos amó primero.

Recuerda que la vida no está completa sin Cristo. Si nuestros amigos no viven la vida de la manera en que Dios espera que lo hagan, entonces no están viviendo su vida al máximo. Elegir no motivarlos a vivir la vida con Cristo no es amoroso. (Repetir) Permíteme remover las negaciones de la oración anterior y decírtelo de otra manera: desafiarlos a vivir su vida con Cristo es lo más significativo que puedes hacer por ellos.

Piensa en las personas que te han motivado a través de tu fe y que te han desafiado a luchar contra el pecado. La gran comisión estaba destinada a tener un efecto de difusión—y no a terminar contigo.

¿Y si tu problema es el tiempo? ¿Qué sucede si no sientes que tienes el tiempo para discipular a otros? Puede muy bien ser que aun con agenda absurda puedas hacerlo. (Es bueno hablar sobre esto con alguien más, como un amigo cercano o pastor, como luciría una agenda edificante).

Es casi seguro que si observas tu programa encontrarás que hay cosas de menor valor que podrías eliminar para tener tiempo para ser una motivación para otros en esta iglesia. Más que nada, sospecho que se trata de un asunto de deseos y prioridades.

No sé si alguna vez has considerado como las expectativas pueden llevarnos a hacer menos en la vida cristiana. Toma por ejemplo tu tiempo de quietud. Para muchos, si tú no puedes tener un tiempo de quietud de 30 minutos con todas las cosas buenas que puedas imaginar (oración extensa, estudio profundo de un pasaje, meditación en la aplicación, etc.), entonces muchos no lo hacen para nada. Esa es una expectativa muy inútil. Muchos de nosotros tiene una expectativa estática similar de nuestras relaciones—no tenemos el tiempo para hacer todas las cosas que pudieran ayudar y por eso no nos molestamos en hacer nada para ayudar. A continuación una cita de mi suegro: «si vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo mal.» ¿Está él defendiendo el poco trabajo o la pereza? No, él está defendiendo la importancia del trabajo. Aun cuando no es hecho conforme a nuestras expectativas.

Más tarde en la clase consideraremos cómo hacer un estudio de la Biblia unos con otros, y cómo orar juntos. Pero si no tienes mucho tiempo para prepararte para una relación de discipulado, considera cómo puedes utilizar el ministerio local de enseñanza y predicación como fundamento para la enseñanza sobre relaciones de discipulado.

  • Asiste a una clase de seminario de fundamento y luego reúnete durante el almuerzo para discutir el contenido.
  • Reúnete para discutir el sermón del domingo en la mañana.
  • El simple hecho de reunirte con alguien para tener una discusión acerca de contenido que la otra persona ha preparado y comunicado es también un liderazgo bueno y útil en el discipulado.

Excusa #4: no tengo nada que pueda «enseñar»

Todo cristiano tiene por lo menos una cosa importante que comunicar a los demás—el evangelio de Jesucristo. En el mejor de los casos, si no sientes que tienes nada que puedas enseñar puedes buscar a alguien con quien compartir el evangelio. Puedes pensar en el evangelio como algo que Dios usa para llevar a los incrédulos a la salvación en Cristo. Eso es cierto, pero el mismo evangelio que nos salva es el mismo que nos santifica diariamente. Cuando fue discutido la semana pasada, ¡los puntos del evangelismo y el discipulado no siempre son presentados claramente!

A lo largo del libro de Tito, Pablo declara que una de las mejores cosas que podemos hacer es recordarle a otros creyentes las verdades básicas del evangelio. Lee Tito 3:1-8

Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.

Debemos recordarnos constantemente y a los demás la verdad básica del evangelio. Puedes formar una buena relación de discipulado con alguien simplemente pasando tiempo repasando estas verdades profundamente. Como dice Pablo, ellas son «excelentes y beneficiosas para todo el mundo.»

Además, puedes utilizar libros de los cuales hablaremos en una lección más adelante. Muestra libros.

Independientemente de la etapa que te encuentres como cristiano, siempre tienes algo que puedes enseñar. Tu vida diaria, tu vida de oración, tus palabras, y todo lo que sucede en tu vida es un medio a través del cual puedes discipular a otros.

Excusa #5: no tengo dones para discipular a otros. Otros están más dotados que yo. Deja que ellos discipulen a los demás.

Necesitamos reconocer que todos tenemos dones diferentes que podemos pasar a cristianos más jóvenes. No se trata simplemente de un asunto de teología o experiencia en exposición bíblica. Puedes discipular a alguien al enseñarles como orar diligente y efectivamente, simplemente escuchando sus luchas, permitiéndoles estar contigo mientras modelas tu vida para ellos, etc. (Ejemplo de hombres y mujeres casados que involucran solteros en su vida; hombres y mujeres de carrera solteros que involucran estudiantes universitarios o de escuela en su vida; etc.)

El discipulado se trata fundamentalmente de llevar personas a la verdad de Dios. Debes ser un instrumento para esa verdad. Si en este punto de tu vida cristiana no te sientes competente o con confianza para enseñar a otros la Biblia, entonces considera leer un buen libro de Cristo con alguien. Si es un buen libro, entonces incluye sabiduría y verdad bíblica que puedes discutir y compartir con alguien mientras lo lees.

Discipular no es algo que hacer por ti mismo. Fundamentalmente, además de nuestro propio entendimiento del evangelio lo más importante que puedes hacer por un amigo cristiano es ayudarle a involucrarse en la iglesia local. Quieres que tu amigo se involucre en tu iglesia (u otra iglesia que cree en la Biblia) para que él o ella pueda ser discipulado por otra persona de tu congregación que tenga dones que no tienes. Recuerda—¡es necesario una iglesia! ¡El discipulado nunca debe ser visto como una tarea individualista sino como un asunto comunitario!

Aquí la discusión de otras «excusas» generales si el tiempo lo permite: ¿puedes darme algunas otras razones por las que luchas con el discipulado, o sugerir algunas maneras en que piensas que tu y otros pueden tener excusas?

Venciendo los temores del discipulado

Aun si usamos las «excusas» anteriores para no discipular, muchos de nosotros tendrá ciertos temores acerca del discipulado. De hecho, ¡es probable que sea bueno tener alguna medida de un temor saludable y santo sobre la tarea que tienes por delante!

Reconoce el compromiso. Discipular no debe ser tomado a la ligera, y un poco de temor es algo bueno.

En Mateo 18, recuerda el tiempo cuando Jesús recibió a los niños. Muchos piensan en este pasaje como algo que solo se trata de niños, y a pesar de que ciertamente implica niños (especialmente lo que se encontraban parados frente a Jesús), nuestro Señor también utilizó a los niños como una analogía sobre cómo lidiar espiritualmente con cualquier cristiano, sea adulto o niño. En el versículo seis leemos que no quieres ser piedra de tropiezo para los niños de Dios (o cualquier creyente).

En 2 Pedro 2:1, encontramos a Pedro advirtiéndole a la gente no seguir a los falsos maestros. A lo largo de la Biblia, encontramos advertencias sobre los falsos maestros que llevan a la gente por mal camino. Tú no quieres ser uno de esos—ni siquiera en el sentido más sutil.

Cuando te comprometes de manera intencional a pasar un tiempo significativo con alguien, debes reconocer que puedes tener una gran influencia en su caminar cristiano—especialmente si nos ven como alguien con alguna autoridad y como alguien que pueden tomar como modelo. No queremos enseñar o dar ejemplo de falsedad. Por tanto, ¡debemos abordar el discipulado con temor santo para no hacer que ninguno de los hijos de Dios tomen una dirección equivocada!

Lidiando con temores de fracaso/y con un temor general de tu ministerio de discipulado

¿Cuáles son algunos temores que podemos tener mientras desarrollamos una relación de discipulado?

  • Tu amigo hará preguntas que no puedes responder
  • Dirás algo equivocado
  • No vivirás una vida cristiana perfecta frente a tu amigo
  • Eres muy inmaduro para ayudar a alguien
  • Puedes fracasar en esto
  • Puede que no le caigas bien a la otra persona, y (como la mayoría) odias el rechazo

En todas estas cosas, necesitamos recordar que Dios nos ayuda a vencer el temor (ver Salmos 53 y 56) y la debilidad. Y no solo eso, sino que Él encuentra maneras de trabajar a través de nosotros a pesar de nuestras limitaciones.

  • 1 Corintios 16:10-11: Pablo no condenó a Timoteo por su temor, ni tampoco Dios nos condena a nosotros.
  • 1 Corintios 1:25-29: Dios trabaja a través de lo necio, humilde, despreciado, y débil del mundo. En esa descripción, encontramos que estamos incluidos. Particularmente, Dios trabaja a través de nosotros—cristianos débiles y que tienen luchas; y utiliza estos vasos quebrantados para llevar la verdad a los demás. ¡Alabado sea Dios porque un buen ministerio de discipulado no consiste en predicar nuestra capacidad, sabiduría o fortaleza!
  • 2 Timoteo 1:7: Dios nos da la fortaleza donde la necesitamos. Él nos dio un espíritu de poder, amor y dominio propio.
  • 1 Timoteo 4:12: Recuerda lo que Dios te ha dado. No permitas que una visión pobre de tus habilidades te desanime de tratar de motivar a otros creyentes, en cambio aférrate a la justicia a la que Dios te ha llamado. Pablo exhorta a Timoteo a ser un ejemplo en su forma de hablar, con su vida, su amor, su fe y su pureza.

Además, recuerda que no somos perfectos. Cuando tropezamos necesitamos enfrentar nuestros errores. Necesitamos mostrarle a aquellos que discipulamos como lidiamos con el pecado y las fallas. Modela confesión, arrepentimiento y oración de acción de gracias por el perdón. Si pecas contra tu amigo, pídele perdón. Si dices algo equivocado, corrígelo la próxima vez que se encuentren. Al mundo no le gusta admitir el pecado y la debilidad. Podemos modelar la vida cristiana cuando lidiamos con ello directamente y forma honesta.

Reflexiones finales

A pesar de los temores involucrados en ello, discipular es un proceso que tiene recompensa—no solo para el discípulo sino también para la persona que discipula. Esto es algo muy importante para la expansión del reino de Dios. ¡De su propia gracia y amor, Dios nos escogió para hacer su obra! Algunas veces necesitamos tomar el coraje que viene de ser un instrumento de Dios y simplemente sumergirnos en la tarea.

Dios nos dará la fortaleza para hacer el trabajo que nos llamó a hacer. Debemos agradecer a Dios por todo lo que nos ha dado en Cristo, y considerar el hecho de que nos ha llamado a—comunicar todo lo que se nos ha dado a otros cristianos.

Y después de todo lo que he dicho esta mañana, si aun tienes temor de participar en un ministerio de discipulado, recuerda que en última instancia Dios no depende de nosotros sino de su Palabra. El verdadero poder del discipulado se encuentra en el poder de la Palabra de Dios y su aplicación en la vida de los demás.

COSAS QUE HACER ESTA SEMANA/3 PASOS PRÁCTICOS:

  • Escribe tus propias barreras y excusas para el discipulado. Considera las razones no bíblicas que te hacer evitar el discipulado. Toma esa lista y haz lo que hicimos hoy en esta clase—observa si las razones son razonables a la luz de la Escritura. Probablemente encontrarás que la mayoría de tus excusas pueden ser tiradas por la ventana una vez que la luz de la Escritura se refleje en ellas.
  • Piensa en tu agenda, y piensa acerca de cómo hacer que una agenda desorganizada sea más desorganizada para que así puedas tener tiempo de comenzar a edificar a otros. Buscar especialmente cosas que puedas eliminar que sean de menor valor. (Ejemplo: leer el periódico versus tener un desayuno reunión con un amigo cada semana.)
  • Toma alguna enseñanza de este seminario de fundamento o del sermón de la mañana y comienza a hablar de ello con un amigo esta semana. Aun cuando sea una conversación breve sobre la verdad, eso es un paso hacia la dirección correcta. Comienza probando esta semana que ya no retendrás la verdad.

Gálatas 5:13-14 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.[PAUSA PARA PREGUNTAS]

[1] Paul S. Rees citado por J. Oswald Sanders en Liderazgo Espiritual, (Chicago: Moody Press, ©1967, 1980 The Moody Bible Institute of Chicago), Pág. 29.

Te exhorto a comenzar a pensar en cómo puedes crecer en tu propio discipulado de Cristo, al convertirte en un contribuidor intencional y deliberado de la cultura de discipulado de Capitol Hill Baptist Church.

Por CHBC Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

Testigos de la persecución

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

Testigos de la persecución

Por Tom Nettles 

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

Rústico, el prefecto de Roma, estaba tan decidido a obligar a los cristianos a obedecer los dioses romanos que les prometió una muerte extremadamente dolorosa si se rehusaban. Pero Justino Mártir, un maestro de la fe cristiana que residía en Roma en ese tiempo, resistió su acoso con una presentación calmada y firme de la verdad cristiana. Finalmente, el prefecto confrontó a Justino con una pregunta fundamental: «¿Supones entonces que ascenderás al cielo a recibir alguna recompensa?». Justino le respondió: «No lo supongo, sino que lo sé y estoy totalmente persuadido de ello».

Tan seguro estaba Justino de las verdades de la fe cristiana que podía decir con confianza: «Ninguna persona que piense correctamente se aleja de la piedad a la impiedad». Pero no siempre había estado tan seguro.

Aprendemos de su diálogo con Trifón, un inquisidor judío, que Justino nació de padres paganos en Flavia Neapolis, una ciudad de Samaria en Palestina. Estudió filosofía intensamente bajo varios maestros: un estoico, un peripatético, un pitagórico y un platonista. Aunque el platonismo le dio a Justino más satisfacción que los otros sistemas filosóficos, no le proveyó la certeza de la verdad que estaba buscando.

La conversión de Justino en el año 130 d. C. vino después de una vigorosa discusión con un cristiano experimentado. Tal conversación expuso la superficialidad de la comprensión de Justino de la verdad y lo llevó a considerar seriamente a Cristo. Consumido por un celo por conocer a los profetas y a los «amigos de Cristo», comenzó a estudiar las palabras de Jesús. Concluyó, como lo dice en sus palabras a Trifón, que la enseñanza de Cristo «era la única filosofía verdadera».

Después de su conversión, Justino estableció una «escuela» en Roma para enseñar la fe cristiana y debatir con los paganos. Procuró también hacer evangelismo entre los judíos. Sus enseñanzas le dieron una amplia notoriedad entre los intelectuales de la ciudad y le llevaron a un debate con un influyente filósofo cínico llamado Crescente. El derrotar a Crescente en este debate fue probablemente lo que condujo a su arresto y a su eventual decapitación en el año 165 d. C., inmediatamente tras el juicio de Rústico. 

La mayoría de los escritos de Justino no están disponibles para nosotros hoy. Nuestro conocimiento de su pensamiento, por lo tanto, viene de dos obras conservadas: Apología (I y II) y Diálogo con Trifón. Estas obras nos facilitan una deleitante entrada a la mente de Justino y nos muestran cómo presentó el evangelio a su cultura, dándole forma y definición a la fe de paganos y judíos.

Tres Temas Comunes 

Hay tres características que son comunes al testimonio de Justino tanto a los paganos como a los judíos. Lo fundamental de todo es la regla de la fe, es decir, los aspectos históricos de la misión redentora de Jesús.. En segundo lugar, el cumplimiento de Jesús de la profecía del Antiguo Testamento encuentra aplicación apropiada e ingeniosa para las muy diferentes audiencias de Justino. En tercer lugar, Justino presenta claramente a Jesús como el eterno Hijo de Dios, digno de adoración, y desde Su encarnación, un verdadero hombre. En todas sus presentaciones, Justino sostiene la Escritura como la más alta y única inerrante autoridad, incapaz de contradicción. Su apego profundo a las doctrinas del cristianismo, por las cuales está dispuesto a morir, le da poder a su enérgica defensa.  

Por ejemplo, Justino presenta repetidamente los eventos de la vida de Cristo ante Trifón como virtualmente auto-evidentes de Su mesianismo. «Pero si Juan llegó como precursor —señala Justino— exhortando a los hombres a que se arrepientan, y luego llegó Cristo …y predicó el evangelio en persona, afirmando que el Reino de los cielos es inminente, y que tenía que sufrir mucho en manos de los escribas y fariseos, y ser crucificado, y levantarse otra vez al tercer día, y aparecer nuevamente en Jerusalén para comer y beber con Sus discípulos», estos hechos en sí mismos muestran que Él cumple todas las profecías y tipos del Antiguo Testamento. Justino cita y ofrece exposición de grandes porciones de la profecía para demostrar que en la aparición de Cristo en el mundo, Sus enseñanzas, Sus sanaciones, Sus sufrimientos y muerte, Su resurrección y ascensión, y Su promesa de venir otra vez, solo Él podía cumplir las profecías del Antiguo Testamento. 

Estos mismos hechos del evangelio sirvieron a Justino para argumentar tanto la claridad y la antigüedad de la verdad en el cristianismo como la vaguedad del paganismo y la filosofía griega.  Aunque Justino concede demasiado al decir que «los que han vivido por la razón son cristianos», incluyendo a varios de los antiguos filósofos griegos, su punto es que cualquier verdad real que hayan descubierto se hace más clara en la persona, enseñanzas y obra de Cristo. «Por  todo lo que se ha dicho —argumentó Justino insistentemente— un hombre inteligente puede entender por qué, a través del poder de la Palabra, de acuerdo con la voluntad de Dios, el Padre y Señor de todo, Él nació como hombre de una virgen, se le puso por nombre Jesús, fue crucificado, murió, resucitó y ascendió a los cielos» (Apología, 46). La aparición de Cristo en la tierra para hablar las palabras que el Padre le dio y para llevar a cabo la tarea redentora que el Padre le asignó, así como Su cumplimiento de todo lo que los profetas dijeron sobre Él, le da credibilidad superior a todas las enseñanzas del cristianismo.

Argumentos para los paganos 

Justino usó algunos argumentos especialmente diseñados para confrontar el paganismo. Uno era su insistencia en la superioridad moral del cristianismo. Él usa muchos ejemplos de la crudeza de la cultura pagana, de cómo excusan injustamente sus abominaciones y cómo hipócritamente acusan a los cristianos de crímenes morales de los cuales ellos mismos son los verdaderos perpetradores.  Escribe: «Nosotros los que antes nos deleitabamos en las impurezas, ahora nos aferramos a la pureza» porque «nos consagramos al buen e inconcebido Dios» (Apología, 14).  Los dotados artesanos que hacían dioses paganos son «hombres licenciosos… experimentados en todo vicio conocido», quienes «hasta deshonran a las doncellas que trabajan con ellos». ¡Qué estupidez! Las enseñanzas de Cristo, citadas abundantemente por Justino, muestran la clara superioridad moral del cristianismo y también lo absurdo de las acusaciones falsas presentadas contra los cristianos.

La determinación de los cristianos de escapar de la contaminación mundana y revertir los estándares aceptados de crueldad e irrespeto por la vida, aunque provocan la ira del mundo en el proceso, muestra que su entendimiento moral está fundamentado en la verdad eterna.

Justino también argumentó que el cristianismo se destingue en la claridad de la verdad. Ridiculizó la ingenuidad y criticó la inconsistencia de los griegos que recibían, sin prueba, las enseñanzas de que, cuando se trataba sobre Cristo con mayor amplitud y con demostración histórica, lo condenaban como un absurdo. Justino se aprestó a demostrar que el absurdo pertenecía a los paganos porque la verdad estaba en Jesús.

En el argumento de Justino, la prueba consiste de tres elementos: realidad histórica, cumplimiento de la profecía y argumentos superiores. Primero, el cristianismo se deleita en la irreducible realidad de sus eventos históricos. No existe evidencia histórica o documentación para las fábulas que se cuentan de Zeus, Júpiter, Minerva y demás. Aun si existiera evidencia histórica, sería inservible ya que esas deidades no inspiran o redimen la humanidad sino que la brutalizan y la degradan. No obstante, la certeza de las acciones y las palabras de Jesús va mucho más allá de todo cuestionamiento, como materia de documentación y como tema recordado en las comunidades cristianas.   

Segundo, el cumplimiento de la profecía de Jesús, como ya se mencionó, fue dominante, preciso e imposible de inventar. El mundo estaba cuidadosamente preparado para Su venida a través de las Escrituras del Antiguo Testamento. Juan el Bautista la anunció inmediatamente antes de Su aparición, y Jesús reclamó ser el cumplimiento de todas las profecías. Estos hechos muestran que Él nos da verdadero conocimiento de Aquel que creó el mundo, lo sostiene, conoce todas las cosas y da tanto recompensas como castigos eternos de acuerdo con los principios de justicia inefable. 

Tercero, por causa de que Jesús es la manifestación histórica de la verdad, y no hay verdad que Él no haya originado, todo lo que es verdadero tiene su fundamento en Cristo. Justino argumentaba que todo lo que fue correctamente planteado por los filósofos vino como resultado de la contemplación seria y dificultosa de «alguna parte del Logos». Por causa de que no podían contemplar la «Palabra completa», aun cuando hablaban bien, algunas veces se contradecían a sí mismos y siempre sabían que hablar de Dios era un asunto difícil. Cristo, sin embargo, habló con amplitud, precisión absoluta y confianza total. Sus palabras provenían de Su propio poder, que surgiendo del entendimiento intrínseco y divino. Nadie está dispuesto a morir por Sócrates o Heráclito. Pero por la causa de Cristo, no solo el educado y filosófico, sino también el obrero, los esclavos y el inculto, no solo menosprecian toda gloria, sino que tampoco le temen a la muerte. 

Justino argumentó de forma convincente contra los principios dominantes de varios sistemas filosóficos, mostrando la absurdidad a la que conducían. Tales fueron sus interacciones con el cinismo y el estoicismo, así como sus claras opiniones sobre los epicúreos y de gran número de poetas obscenos.  A pesar de su gran respeto por el platonismo, lo veía como inadecuado, porque la «simiente de algo y su imitación …es una cosa, pero la cosa misma, que es compartida e imitada de acuerdo a Su gracia, es totalmente otra».  

El propósito de Justino no era puramente defensivo ante el paganismo, sino que «de modo que si fuera posible, llegaran a convertirse». Concluyó su segunda apología con la plegaria de que «los hombres de toda nación consideren conveniente el recibir la verdad». 

Argumentos para los judíos 

La presentación de Justino a los judíos tenía mucho del mismo contenido teológico pero el contexto y empuje de sus argumentos eran diferentes. No obstante, su celo por la evidencia permaneció intacto. Él le dice a Trifón: «Te probaré, aquí y ahora, que no creemos en mitos infundados ni en enseñanzas que no estén basadas en la razón, sino en doctrinas que son inspiradas por el Espíritu Divino, abundantes de poder y llenas de gracia».  

Justino compartió con su audiencia judía la creencia en la revelación divina, en la inspiración del Antiguo Testamento, en la unidad de Dios y en la promesa de un Mesías. Sin embargo, de varias maneras infinitamente importantes, vió el cristianismo como superior. Los cristianos tienen un entendimiento preciso del significado del Antiguo Testamento porque perciben su tipología (tales como el Éxodo, la serpiente en el desierto, el sistema de sacrificios, la redención de Rahab y así sucesivamente) como cumplida en Cristo. Saben que la circuncisión es cumplida en la circuncisión del corazón. La profecía es clara para ellos porque la ven en el contexto de los eventos de la vida de Cristo. Su conocimiento del pacto es más completo porque son los recipientes del nuevo pacto prometido en el antiguo. Y mantienen un conocimiento más maduro de Dios porque conocen al Ungido, el verdadero Hijo de Dios, cuyo engendramiento asegura que Él es de una naturaleza con el Padre y por lo tanto es digno de adoración. 

Después de laborar con profundo denuedo e intensidad para convencer a Trifón y a sus amigos de la verdad de la obra de Cristo para la redención de los pecadores, Justino cerró su diálogo con estas palabras: «Les ruego que pongan todo su esfuerzo en esta gran lucha por su propia salvación, y que abracen al Cristo del Dios Todopoderoso en lugar de a sus maestros». 

De la misma manera, nuestra pasión por la verdad también debe incluir una preocupación por las almas.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Tom Nettles
Tom Nettles

Tom sirvió por muchos años como profesor de teología histórica en el Southern Baptist Theological Seminary.

HAZ QUE LOS HOMBRES VUELVAN A SER MASCULINOS

Lumbrera

HAZ QUE LOS HOMBRES VUELVAN A SER MASCULINOS

Make Men Masculine Again presentado por Allie Stuckey

Violación, asesinato, guerra, todos tienen una cosa en común: los hombres.

La agresión, la violencia, la ambición sin control de la conciencia, todo lo relacionado con la “masculinidad tóxica”, ¿verdad?

Y la solución es obvia: hacer que los hombres sean menos tóxicos.

Haz que los hombres sean menos masculinos.

Haz que los hombres se parezcan más a las mujeres.

Pero estoy aquí para decirte que esta forma de pensar no solo está mal, es peligrosa.

He aquí por qué: Cuando tratas de hacer que los hombres se parezcan más a las mujeres, no obtienes menos “masculinidad tóxica”, obtienes más.

¿Por qué? Porque los hombres malos no se vuelven buenos cuando dejan de ser hombres; se vuelven buenos cuando dejan de ser malos. La agresión, la violencia y la ambición desenfrenada no se pueden eliminar de la psique masculina; solo se pueden aprovechar. Y cuando se aprovechan, son herramientas para el bien, no para el daño.

Los mismos rasgos masculinos que traen destrucción también derrotan la tiranía. Los rasgos que fomentan la codicia también construyen economías. Los rasgos que impulsan a los hombres a tomar riesgos tontos también impulsan a los hombres a asumir riesgos heroicos.

La respuesta a la masculinidad tóxica no es menos masculinidad; es mejor masculinidad. Y sabemos cómo se ve eso.

Es un joven que abre la puerta a una chica en su primera cita. Es un padre que trabaja largas horas para mantener a su familia. Es un soldado arriesgando su vida para defender su país.

El problema creciente en la sociedad actual no es que los hombres sean demasiado masculinos; es que no son lo suficientemente masculinos. Cuando los hombres abrazan su masculinidad de una manera saludable y productiva, son líderes, guerreros y héroes. Cuando niegan su masculinidad, huyen de las responsabilidades, dejando destrucción y desesperación a su paso.

Las consecuencias se pueden ver en todas partes.

Uno de cada cuatro padres ahora vive separado de sus hijos. Y los niños que crecen sin un padre generalmente están más deprimidos que sus compañeros que tienen una madre y un padre. Están en mucho mayor riesgo de encarcelamiento, embarazo adolescente y pobreza. El 71 por ciento de los que abandonan la escuela secundaria son huérfanos.

“De todas las rocas sobre las que construimos nuestras vidas… la familia es la más importante. Y estamos llamados a reconocer y honrar lo crítico que es cada padre con esa fundación”.

Eso dijo el entonces senador Barack Obama en 2008.

“Si somos honestos con nosotros mismos”, continuó, “admitiremos que… demasiados padres están… desaparecidos de demasiadas vidas y demasiados hogares”.

Por mucho que tratemos de negar la necesidad de una fuerza real y masculina en la sociedad, no se puede negar su necesidad. Las familias sanas y las comunidades fuertes dependen del liderazgo y la valentía de los hombres buenos.

Sin embargo, la tendencia actual es feminizar a los hombres jóvenes con la esperanza de lograr alguna noción utópica de igualdad y paz. Y comienza a las edades más tempranas. En el aula de la escuela, los niños son invariablemente “el problema”. En el patio de recreo, los juegos agresivos como el dodgeball han sido desterrados durante mucho tiempo. Le decimos a los jóvenes que su deseo intrínseco de competir es incorrecto. Todo el mundo recibe un trofeo. No suba la puntuación. Esta inclinación anti-masculina continúa a través de la educación superior y en el lugar de trabajo. Ha creado millones de hombres tentativos, mujeres infelices y niños y niñas confundidos.

Aquí hay un secreto que todas las mujeres saben: las mujeres quieren hombres de verdad, hombres con los que puedan contar y, sí, mirar hacia arriba. Ninguna cantidad de teoría feminista cambiará eso. No conozco a ninguna mujer, a ninguna edad, que se sienta atraída por un hombre pasivo que la mira como su proveedora, protectora y líder. Cada mujer que conozco quiere un hombre fuerte y responsable. Eso no es una consecuencia de una construcción social o presión cultural, es innato.

La devaluación de la masculinidad no terminará bien porque los hombres femeninos y pasivos no detienen el mal. Los hombres pasivos no defienden, protegen ni proporcionan. Los hombres pasivos no conducen. Los hombres pasivos no hacen las cosas que siempre hemos necesitado que los hombres hagan para que la sociedad prospere.

En su libro, The Abolition of Man, el filósofo social inglés C.S. Lewis escribe sobre este problema. Describe la tensión “entre el hombre cerebral y el hombre visceral”. “Por su intelecto”, explica Lewis, el hombre “es mero espíritu y por su apetito mero animal”.

Necesitamos ambas cosas. Quítate uno y te quedarás con un hombre que es débil o malo. Y en un mundo de maldad, los hombres débiles no son más que facilitadores de hombres malvados.

Violación, asesinato, guerra: todos tienen dos cosas en común: hombres malos que violan, asesinan y pelean; y hombres débiles que no los detienen. Necesitamos hombres buenos que lo hagan.

No es la masculinidad lo que es tóxico. Es la falta de ella.

Violación, asesinato, guerra – todo eso tiene una cosa en común: los hombres. La solución parece simple: hacer a los hombres menos tóxicos – hacer a los hombres menos masculinos. En este video, Allie Stuckey, presentadora de «Alli» en CRTV y el podcast «Relatable», explica porque satanizar la masculinidad no es la solución sino el problema. ¡Haga su donación hoy a PragerU! ttp://l.prageru.com/2eB2p0h

Cinco características de un esposo bondadoso

Soldados de Jesucristo Blog

Cinco características de un esposo bondadoso

Por Douglas Wilson

Encontramos varios maridos en la Biblia, pero no muchos destacan como algo ideal. Uno de los hombres que sí resalta es Booz. A lo largo del libro de Rut, se muestra como modelo de lo que debe ser un esposo como tal. Es un empleador piadoso y considerado (Rt. 2:4). Su bondad hacia Rut es clara y bien marcada antes de pensar en sí mismo como posible marido para ella. Su carácter de marido piadoso se manifiesta en su bondad al asumir el papel de pariente-redentor de Rut. Así que, la próxima vez que leas el libro de Rut, piensa en la bondad de este hombre.

¿Qué hacen los malos maridos? Entre otras cosas, predican la herejía en el comedor de sus propios hogares. Pablo les dice a los maridos que amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia (Ef. 5:25). Esto no se da como una simple ilustración agradable. Un esposo es la cabeza de su esposa de la misma manera que Cristo es la cabeza de la Iglesia (Ef. 5:23). Esto significa que los maridos hablan todo el día, todos los días, de lo que Cristo piensa de la Iglesia. Y cómo ese mensaje que transmiten es ineludible: o dicen la verdad, o mienten. Ningún marido tiene la opción del silencio.

Las mentiras del maltrato

Y por desgracia, aunque todo maltrato es una mentira, es posible que haya más de una mentira. Por ejemplo, ¿Qué mentira dicen los maridos amargados? Pablo dice a los maridos que no se amarguen contra sus esposas (Col. 3:19). Pero algunos hombres piensan que han sido provocados lo suficiente como para que el resentimiento sea su única opción. ¿Cuál es la mentira? La mentira es que Cristo tiene una actitud pésima cada vez que es provocado, lo cual pensamos que debe ser todo el tiempo.

Otra mentira es la del marido lujurioso. Algunos hombres piensan que un ojo extraviado es algo natural. ¿Cuál es la mentira? La mentira es que Cristo es un adúltero, que es infiel a su novia.

Luego está la mentira que dicen los maridos flojos. Algunos hombres no proporcionan ningún liderazgo a sus esposas. ¿Cuál es la mentira? La mentira es que Cristo es un debilucho perdedor. Que esto sea bastante común en nuestros días no es sorprendente, dada la doctrina de Cristo que sostienen muchos.

Por último, los maridos orgullosos dicen otra mentira. Algunos hombres desprecian las capacidades de las mujeres, incluidas sus esposas e hijas. ¿Cuál es la mentira? Dicen que Cristo desprecia a Su Iglesia, burlándose de ella cada vez que tiene ocasión.

Características de un marido bondadoso

Entonces, ¿qué es un marido bondadoso? Así como vemos el ideal de bondad de un marido mostrado por Booz, también deberíamos complementar nuestra comprensión de esa bondad a partir de la enseñanza de la Biblia en otros lugares. Quizá estemos acostumbrados a la fraseología del mandato paulino de amar a nuestras esposas, por lo que esto podría ayudarnos a pensar en este deber central en términos de bondad.

En primer lugar, un marido bondadoso está incompleto. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, hombre y mujer los creó (Gén. 1:27). El hombre y su mujer se convierten en una sola carne (Gén. 2:24), lo que indica la intimidad de la unión sexual (1 Cor. 6:16). Sin la intervención de Dios con el don del celibato, no es bueno que el hombre esté solo (Gén. 2:18). La verdadera confianza masculina opera, por tanto, en el contexto de la bondad mutua. La “confianza” que de alguna manera insinúa, indica o dice a una esposa que “no te necesito” no es una verdadera confianza en absoluto, sino una mera fanfarronada arrogante. Los hombres que se edifican a sí mismos derribando a sus esposas están siguiendo la “sabiduría” del infierno. Un marido es bondadoso con aquella que le completa.

En segundo lugar, un marido bondadoso es amoroso. El ideal aquí es el amante retratado en el Cantar de los Cantares. Es ardiente, devoto, fuerte y con confianza sexual. Pero recuerde el primer punto; esta confianza no es en sí mismo, sino en su capacidad para cumplir con su papel asignado, que es sólo la mitad de lo que debe hacerse. Con demasiada frecuencia olvidamos lo que manda la Biblia (Prov. 5:15-19). Un marido es bondadoso con su amada.

Un marido bondadoso es un proveedor. Un hombre que no provee para su hogar es peor que un incrédulo (1 Tim. 5:8). Dado que su esposa es el miembro más importante de su hogar, él tiene la profunda obligación de proveer para ella. En concreto, le proporciona comida, ropa y derechos conyugales (Éx. 21:10). Un marido es bondadoso con la que depende de él.

En cuarto lugar, un marido bondadoso es alguien que nutre. Un marido cristiano está llamado a alimentar y cuidar (Ef. 5:29). En este sentido, la falta de ternura, cuando es apropiada, muestra una falta de masculinidad. Un marido es bondadoso con el objeto de su bondad.

Por último, el marido es un pariente-redentor. Un marido está cerca de su mujer; ella es su hermana, su esposa (Can. 5:1). En un sentido muy real, él modela para ella la idea de salvador y redentor (Ef. 5:25-26). ¿Qué marido es suficiente para eso? Ninguno, pero nosotros vivimos y amamos por gracia. El marido es bondadoso con su hermana, a la que trae consigo.

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Douglas Wilson

La exposición de los lobos

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

La exposición de los lobos

Por Harold O.J. Brown

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

El siglo II de la era cristiana vio a la Iglesia emerger de las sombras y comenzar a empuñar armas en el mundo de las ideas. 

El inicio no fue fácil. A principios de siglo, el emperador Trajano (98-117), uno de los cuatro «emperadores buenos» (junto con sus sucesores Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio), tomó como política no buscar cristianos y rechazar las denuncias anónimas. De este modo, los cristianos eran perseguidos solamente cuando se daban a conocer. Esta política pudiera entenderse como tolerante y benevolente, pero el resultado, por supuesto, fue el martirio precisamente de aquellos cristianos que no estaban dispuestos a guardar silencio sobre su fe. 

Las autoridades imperiales no fueron los únicos que hostigaron a los cristianos. La hostilidad pagana hacia el cristianismo creció a lo largo del siglo, y numerosos paganos escribieron duramente en contra de este. Los más famosos fueron Luciano de Samósata y el filósofo Celso, cuya diatriba anticristiana, Discurso Verdadero, inspiró la obra apologética de Orígenes de Alejandría, Contra Celso

No obstante, fue un movimiento al interior de la misma Iglesia, un movimiento que se mostraba a sí mismo como una élite, con un entendimiento superior del cristianismo, el que presentó el desafío más significativo a la Iglesia creciente. Este movimiento fue conocido como gnosticismo. 

Irónicamente, el martirio de Potino, obispo de Lyon en la Galia, quien fue llevado a la muerte por Marco Aurelio, el «emperador filósofo», alrededor del 177 d. C., trajo a la fama al hombre que más hábilmente respondió a los gnósticos. Ireneo sucedió a Potino como obispo y llegó a ser uno de los más efectivos defensores tempranos de la verdad cristiana, entregándole a la Iglesia una clara definición frente a la desviación más peligrosa de la ortodoxia cristiana. 

En una época se creyó que el gnosticismo había surgido desde dentro de los círculos cristianos, esto debido a que se había hecho notorio principalmente por los intentos de los cristianos ortodoxos de refutarlo. Más recientemente ha salido a la luz que el gnosticismo, por el cual se entiende un fenómeno subversivo existente dentro del campo cristiano, era el aspecto cristiano de un movimiento gnóstico mucho más grande, que incluso afectaba al judaísmo y al mundo pagano. Hoy existe un paralelo distinto al movimiento gnóstico del segundo siglo. Es conocido como Nueva Era, y tal como el antiguo gnosticismo, tiene representantes dentro de la cristiandad y fuera de ella. 

El gnosticismo, así como el movimiento gnóstico más amplio fuera de la Iglesia, era un fenómeno de muchos rasgos como para caracterizarlo en un par de párrafos —tal como lo es hoy la Nueva Era— pero hay algunas características sobresalientes que eran comunes a la mayoría de los gnósticos. Como su nombre implica (tomado de la palabra griega gnosis, que significa «conocimiento»), los gnósticos consideraban que el conocimiento, o un tipo particular de conocimiento, era la clave para la comprensión de toda verdad y la fuente de salvación. Los gnósticos «cristianos» enseñaron que el Cristo de los Evangelios y los Evangelios mismos eran de hecho una revelación, pero de un nivel inferior, adecuada para los de mente simple (tal como el mundo intelectual y la élite mediática mira hoy a la religión evangélica).

Por lo tanto, el gnosticismo era elitista, pues consideraba que solo una parte de la humanidad, la verdaderamente espiritual, era capaz de recibir la gnosis salvadora o conocimiento oculto, que se transmitía en secreto y que no estaba disponible para la gran masa de personas. Las personas menos espirituales, irremediablemente sumidas en el mundo material, eran rechazadas como «terrenales».

En términos tanto de contenido como de actitud, el movimiento gnóstico representaba una tendencia humana recurrente; como ya se ha sugerido, ha reaparecido en nuestra propia época como el movimiento Nueva Era, con su increíble variedad de ideas fantásticas. Por esta razón, es útil observar el gnosticismo cuasi-cristiano y ver cómo la Iglesia evitó ser subvertida por él, con Ireneo como figura destacada en la lucha.

El combate no solamente se libró en el plano intelectual; parte de la razón del éxito que tuvo la Iglesia en su autodefensa yació en la prontitud con la que líderes de congregaciones individuales tomaron medidas contra los infiltrados o conversos gnósticos. Estos fueron rápidamente identificados, denunciados como falsos creyentes y expulsados. La mayoría de los líderes verdaderamente cristianos reconocieron instintivamente el peligro de tolerar sus ideas, que alegaban, tal como lo ofrecieron, un tipo de conocimiento más elevado a la élite intelectual o la élite en potencia en sus congregaciones. Aún así, la pronta acción disciplinaria de los líderes congregacionales no habría sido suficiente sin el trabajo de los primeros teólogos, quienes contrarrestaron la amenaza gnóstica al tratar en detalle tanto sus principios generales como sus errores particulares.

Uno de los enfoques favoritos de los gnósticos era afirmar que creían y respetaban las enseñanzas del evangelio, y que simplemente estaban trayendo verdades más grandes y secretas a aquellos que eran lo suficientemente espirituales como para recibirlas. En consecuencia, una de las principales tácticas de opositores tales como Ireneo fue insistir en que el mensaje canónico del evangelio era completamente suficiente y que otras verdades aparentes no eran mejoras sino que, de hecho, representaban un peligro real para la salvación, porque la salvación viene por creer en el evangelio, no por aceptar una gnosis elitista.

La necesidad de definir, aclarar y justificar la legítima creencia cristiana frente a las nociones fantasiosas del gnosticismo llevó a Ireneo a producir una de las primeras obras importantes en la teología cristiana, Adversus Haereses [Contra las herejías]. Al leer a Ireneo, incluso podríamos decir que el gnosticismo fue una ayuda para el cristianismo porque estimuló la buena teología cristiana.

Ireneo sucedió a Potino como obispo de Lyon alrededor del 177 d. C., luego de que Potino fuera martirizado. Anteriormente, había sido discípulo de Policarpo, quien también había sido martirizado ya anciano cerca del 167 d. C., durante el reinado del mismo «emperador bueno», Marco Aurelio. Por lo tanto, Ireneo sabía de primera mano el peligro de defender a Cristo en el mundo multicultural y tolerante a la religión del emperador filósofo. Los cristianos del siglo XXI en Estados Unidos probablemente no enfrentan un peligro mayor que ser despreciados y posiblemente perder sus empleos por presentar la enseñanza exclusivista de que la salvación se encuentra solo en Jesucristo. Pero si Ireneo pudo defender la verdad cristiana contra el gnosticismo en los días en que atraer la atención pública como cristiano podía llevar a la muerte, ciertamente deberíamos ser capaces de rechazar sus variantes modernas cuando el peor peligro que corremos es ser denunciados como políticamente incorrectos o intolerantes. Desde la perspectiva de los protestantes ortodoxos del siglo XXI, la exaltación de Ireneo de la suficiencia del evangelio contra las supuestas mejoras de los gnósticos también ofrece un ejemplo útil de cómo manejar la afirmación del catolicismo romano de que la tradición es una fuente esencial de doctrina además de las Escrituras.

El gnosticismo presentaba tres grandes amenazas para los primeros cristianos. Primero, se agregaron «verdades» gnósticas secretas al registro del evangelio, diluyendo los fundamentos de la fe bíblica con enseñanzas extrañas y a menudo fantásticas. Segundo, la afirmación de los maestros gnósticos de tener acceso a verdades secretas socavaba la autoridad de los obispos y presbíteros. Tercero, la impartición de la gnosis solo a un cuerpo selecto o autoseleccionado de buscadores dividió las congregaciones y les dio a los gnósticos neófitos una razón para exaltarse a sí mismos como miembros verdaderamente «espirituales» de una clase de élite muy por encima del rebaño común de aquellos que tenían únicamente una «fe simple».

Además de la Nueva Era, el gnosticismo del siglo II tiene un paralelo en nuestros días en otro tipo de tentación gnóstica, a saber, una fascinación por la experiencia teológica y una disposición acompañante para tomar lo que los «expertos» nos dicen en sus palabras. Algunos que han obtenido doctorados y otras distinciones en el estudio de las Escrituras y la teología actúan como si supieran algo nuevo y verdaderamente esencial, a lo que los cristianos más simples solo pueden acceder al escucharlos. Naturalmente, estos «cristianos más simples», crédulos, inadvertidamente alimentan el elitismo autoinfatuado de estos maestros cuando con su aprendizaje superior difieren, cuestionan o contradicen las claras enseñanzas de las Escrituras.

Como obispo, Ireneo comenzó insistiendo en la autoridad de la comunidad de obispos, afirmando que uno puede estar seguro de la verdad solo si está en comunión con los líderes que han sido designados para defenderla. Su insistencia en la autoridad de los obispos como grupo y no en el obispo de Roma como único jefe de la Iglesia a menudo se ha utilizado como argumento en contra de la supremacía papal. En un controvertido pasaje en Contra las herejías, Ireneo habla de Roma como el lugar donde las iglesias se reúnen y dan fe de su unidad, pero no el lugar al que se someten.

Nadie de la generación de Ireneo pudo estar mejor arraigado que él en la tradición ni, de haber sido necesario, tenido un mejor acceso al conocimiento secreto, porque Ireneo había sido alumno de Policarpo, y Policarpo había sido alumno del apóstol Juan. Esta herencia le da a sus escritos la autenticidad inusual de una conexión distante con el último de los discípulos originales de Cristo. Si Cristo realmente hubiera impartido un conocimiento secreto a su círculo más íntimo durante los 40 días posteriores a la resurrección, que es una de las supuestas fuentes de gnosis, Ireneo habría estado en una buena posición para aprenderlo.

Al igual que Lucas en su Evangelio y en Hechos, Ireneo escribió Contra las herejías para un amigo. El amigo le había preguntado sobre el sistema de Valentín, un atractivo maestro que quería ser considerado un verdadero cristiano, solo que más conocedor (gnóstico) que el rebaño común. Valentín, el gnóstico más importante del siglo II, era un hombre altamente educado y sensible, lleno de celo y pathos religioso. Desafortunadamente, sus doctrinas transformaron la fe simple del evangelio en algo muy diferente. Podríamos comparar a Valentín con un teólogo moderno cuya genialidad y encanto nos hacen perder de vista la naturaleza errónea de sus enseñanzas.

En varios capítulos del Libro I, Ireneo describe el elaborado sistema de Valentín con cierto detalle; de hecho, Contra las herejías es una de nuestras mejores fuentes para conocer a Valentín y su típico rechazo gnóstico de la doctrina bíblica de la creación. Para los gnósticos, la entidad espiritual suprema era demasiado elevada para que se contaminara (a sí misma) mediante la producción o interacción con la materia básica. (La adhesión de la mayor parte del mundo educativo contemporáneo a la evolución naturalista es una presuposición tan grande como la idea gnóstica de que el espíritu no puede afectar la materia). A los ojos gnósticos, la materia era mala y el único Proarché (Protoprincipio) espiritual del cual vinieron todas las cosas no pudo haberse contaminado mediante el contacto con ellas. Valentín, por lo tanto, concibió un orden descendente de entidades espirituales, llamadas eones, un número inmenso con muchos nombres exóticos, agrupados en formaciones con otros nombres exóticos, que incluyen, por ejemplo, la Pléroma (plenitud), la Ogdóada (grupo de ocho), la Década (10) y la Docena (12). Finalmente, al final de una larga y confusa lista de entidades espirituales cada vez menos puras, se genera el mundo burdo de la materia.

Por supuesto, Valentín realmente no tuvo éxito en explicar cómo la creación ex nihilo de la Escritura pudo ser pasada por alto por los eones espirituales que gradualmente se convirtieron en materia, pues nunca resolvió realmente la cuestión de cómo la materia puede existir a través de la degeneración de aquello que es espiritual. La proliferación de sus eones simplemente ocultó la contradicción.

Sin embargo, Ireneo lo expuso de manera brillante y con mucho humor. Luego de entrar en el sistema de eones de Valentín, con sus nombres imaginativos y fascinantes, Ireneo escribió una parodia que expone lo absurdo de evadir la doctrina de la creación mejor que cualquier descripción que podamos idear:

Nada obstaculiza a nadie, al tratar el mismo tema (el origen de la materia a partir del espíritu), para colocar nombres de la siguiente manera: hay un cierto Proarché (Protopincipio), real, que supera todo pensamiento, un poder que existe antes que cualquier otra sustancia, y extendido en el espacio en todas las direcciones. Pero junto con él existe un poder que yo llamo Calabaza, y junto con esta Calabaza existe un poder que nuevamente llamo Vacío Absoluto. Esta Calabaza y este Vacío, dado que son uno, produjeron (y, sin embargo, no produjeron, para estar separados de sí mismos), una fruta, visible en todas partes, comestible y deliciosa, que el lenguaje de las frutas llama Pepino. Junto con este Pepino existe un poder de la misma esencia, que nuevamente llamo Melón. Estos poderes, la Calabaza, el Vacío Absoluto, el Pepino y el Melón, produjeron la multitud restante de los melones delirantes de Valentín.

Ireneo merece respeto por la amplitud y claridad de su pensamiento, y se ubica entre los principales teólogos del cristianismo primitivo. Hizo mucho más que refutar el gnosticismo, contribuyendo a nuestra comprensión de la encarnación, de la obra de Cristo y de la naturaleza humana. Sin embargo, su exitosa defensa contra el gnosticismo haría más para las futuras generaciones que cualquier otro trabajo suyo. ¿Podemos seguir su ejemplo de los melones delirantes al tratar con los innumerables absurdos de la Nueva Era?

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Harold O.J. Brown
Harold O.J. Brown

El Dr. Harold O.J. Brown fue profesor de teología en Reformed Seminario Theological Seminary en Charlotte, N.C.

Cambia tus pensamientos… ¿y cambiará tu mundo?

Coalición por el Evangelio

Cambia tus pensamientos… ¿y cambiará tu mundo?

CATHERINE SCHERALDI DE NUÑEZ

“Cambia tus pensamientos y cambiará tu mundo”. – Norman Vincent Peale

Toda verdad es verdad de Dios, sin importar quién lo ha dicho. Entonces al leer el famoso dicho de Norman Vincent Peale: “Cambia tus pensamientos y cambiará tu mundo”, me pregunto si será que esta frase contiene alguna verdad bíblica. Es importante aclarar que estoy en desacuerdo con la teología de Peale. Con toda probabilidad, él se estaba refiriendo más al poder de la positividad de las palabras y no de la Palabra de Dios. Otra conocida frase es: “Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus palabras, tus palabras en tus acciones, tus acciones en tus hábitos, tus hábitos en tu carácter, y tu carácter en tu destino”. Es fácil estudiar la Biblia y distorsionar su mensaje, ¿no? Por eso es tan importante seguir lo que la Palabra enseña en Juan 5:39: “Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio de Mí!”.

Cuando el mundo habla sobre el poder del pensamiento positivo, ¿qué está diciendo realmente? Todos hemos oído el refrán, “¿Estas viendo el vaso medio lleno o medio vacío?”. Es cierto. Hay diferentes formas de ver la misma cosa o situación. Tu cosmovisión puede llevarte a tener una perspectiva positiva. No se trata de ver todo a través de un lente rosado e ignorar la realidad para ver bien las cosas. Más bien el dicho enseña que debemos buscar el beneficio no importa la situación. En otras palabras: tener una perspectiva positiva.

El psicólogo Martin Seligman explica que esa es la forma en la que debemos ver la vida. Él explica que las personas positivas aceptan el crédito cuando las cosas van bien pero culpan a otros cuando van mal. Su última esperanza está en que todo va a salir bien en el final. Por otro lado, los pesimistas creen que las cosas siempre saldrán mal y que será su propia culpa. Hasta Abraham Lincoln dijo: “La mayoría de las personas solo son tan contentas como deciden serlo”.

Como nuestros pensamientos están cimentados en nuestras creencias, y hay algo de verdad en lo que estos dos hombres están diciendo, es necesario preguntarnos, ¿qué dice la Biblia al respecto? ¿Debo ver el vaso medio lleno o medio vacío? La realidad es que los cristianos pueden quedarse contentos sea que el vaso esté medio lleno o medio vacío. Dios es quien nos lo ha dado todo, y Él ha prometido suplir todas nuestras necesidades (Fil. 4:19). Esto no necesariamente significa que nada malo nos pasará, y tampoco que tendremos todo lo que deseamos, sino que cuando tengamos una necesidad, podemos saber que hay un propósito tras él y Dios lo usará para nuestro bien (Ro. 8:28-29). Si el vaso está medio vacío es porque Dios ha decidido que eso es precisamente lo que necesito en ese momento. En otras palabras, en nuestro momento de necesidad, necesitamos esa carencia para que la imagen de Cristo sea formada en nosotros. Esto cambia nuestra perspectiva de un vaso medio vacío a uno completamente lleno, porque sabemos que en Cristo tenemos todo lo que necesitamos en ese momento.

Dios tiene que moldear nuestro corazón. Después de todo: “…del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. Estas cosas son las que contaminan al hombre” (Mt. 15:19-20). Nuestro corazón es engañoso (Jer. 17:9), y al igual que con los judíos, a veces el Señor necesita traernos al desierto para que veamos la gravedad de nuestro pecado en nuestro corazón y en nuestros pensamientos.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón”, Hebreos 4:12.

La Palabra de Dios es suficiente para destruir las pensamientos que se levantan contra el conocimiento de Dios, y traerlos a la obediencia a Cristo (2 Co. 10:5Fil. 4:8).

Entonces, es verdad que el cristiano debe ser una persona “positiva”. No porque el positivismo mejorará mi vida, sino porque Cristo dio Su vida para darnos vida eterna (Ro. 8:32). Esta verdad nos muestra la verdadera libertad que tenemos en Cristo (Gál. 5:1); una libertad que sobrepasa cualquier sufrimiento de este tiempo (Ro. 8:18). Dios es quien controla las circunstancias, y transforma mi forma de pensar. Cuando nuestra mente es renovada a través de un estudio de la Palabra, y esa Palabra es aplicada a nuestra vida, Dios cambiará no solo nuestra perspectiva sino también nuestro corazón.

​Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Radio Eternidad. Puedes seguirla en Twitter.

Por qué debemos predicar la palabra

The Master’s Seminary

Por qué debemos predicar la palabra

John MacArthur

Para todo expositor bíblico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versículo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrían después de él. El ministro del evangelio está llamado a «¡predica (r) la Palabra!»

Pablo, a punto de morir e inspirado por el Espíritu, escribió este texto para que sirviese como sus últimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versículo se sitúan en el inicio del último capítulo de su última carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una última carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro después de él, a proclamar las Escrituras con convicción y valentía.

Pablo entendía lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomía del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabía que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón él escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo había informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseño que además de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseñar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bíblico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseñar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el púlpito «a tiempo y fuera de tiempo» y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentía el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella está escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando así la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión debería llevarse acabo con “toda paciencia y doctrina”, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bíblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del púlpito está en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el Espíritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaño con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentará el crecimiento.

En los versículos antes y después de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas están en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

Conociéndome a mí mismo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Conociéndome a mí mismo

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

Por R.C. Sproul 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

¿Qué quieres ser cuando seas grande?». Prácticamente todas las personas enfrentan esta pregunta en algún momento de su niñez.

Cuando yo era pequeño, las respuestas más comunes de los niños varones incluían «vaquero», «bombero» o  «jugador de béisbol», sin embargo, pocos de nosotros terminamos siendo vaqueros, bomberos o jugadores de béisbol. En algún momento, cuando la persona deja la niñez, pasa por la adolescencia y entra en la adultez, la pregunta «¿quién soy?» se libera (al menos en parte) de la fantasía infantil y es respondida en términos más serios, términos que a menudo están determinados por los duros golpes de la realidad.

Lo que es cierto para niños y niñas suele también serlo para las instituciones. De la misma forma que los individuos buscan una identidad, así también lo hacen las organizaciones . La Iglesia no es la excepción. Durante el segundo siglo de la historia cristiana, la Iglesia estuvo ocupada respondiendo la pregunta «¿quiénes somos?». Fue un tiempo de amalgama, codificación y definición. En ese siglo, la Iglesia reflexionó sobre su autoridad suprema (la Escritura), su teología y su organización.

Muy frecuentemente las organizaciones, incluso las naciones, se ven forzadas a definirse con mayor claridad y precisión por sus competidores o enemigos. Eso fue lo que le ocurrió a la Iglesia. Los primeros apologistas cristianos, como Justino Mártir, se esmeraron por clarificar la naturaleza de la Iglesia y el cristianismo para contrarrestar las falsas concepciones difundidas por personas ajenas a la Iglesia como los paganos y los judíos. De forma similar, la doctrina «ortodoxa» fue forjada con el martillo de la herejía. En ese entonces, al igual que ahora, la mayoría de los herejes afirmaban ser defensores del cristianismo verdadero. Sus errores y tergiversaciones obligaron a la Iglesia a definir sus creencias con más claridad.

La Iglesia del siglo II hizo importantes avances para definir la vida eclesiástica y la práctica cristiana.

El año 2001 Hans Küng, el controvertido teólogo católico-romano, publicó un nuevo libro sobre la Iglesia. Este tenía el simple título de La Iglesia católica: breve historia universal. Küng observó un cambio decisivo en cuanto a la actividad y la autoconciencia de la Iglesia prístina del primer siglo y la «institucionalización» de la Iglesia en el segundo siglo. Él señala que, para responder a los gnósticos y otros herejes como Marción y Montano, la Iglesia estableció claros cánones o estándares con respecto a lo que es verdaderamente cristiano, dentro de los cuales tenemos:

  1. Un credo resumido que comúnmente se usaba en el bautismo. El primer credo bautismal fue la simple afirmación «Jesús es el Señor». Más tarde, esta fórmula fue expandida para incluir afirmaciones de fe en el Dios Todopoderoso y en Jesucristo, el Hijo de Dios nacido el Espíritu Santo. Los rudimentos de lo que llegó a conocerse como «el Símbolo» o el Credo Apostólico, fueron añadidos en este momento. Posteriormente, se agregaron más afirmaciones para formar la versión final del credo.
  2. El canon del Nuevo Testamento. La elaboración de la lista de los libros inspirados fue provocada en gran parte por el trabajo del hereje Marción, que produjo su propio Nuevo Testamento expurgado. A pesar de que el canon neotestamentario no fue finalizado sino hasta finales del siglo IV, casi todo estaba formalmente en su lugar para fines del siglo II.
  3. El oficio docente episcopal. Este oficio evolucionó a medida que la Iglesia se movía en dirección al episcopado monárquico. Se volvió común apelar a las enseñanzas de los obispos para resolver las controversias teológicas. Küng sostiene que este tercer estándar representó un giro con respecto a la Iglesia de la era apostólica, que estaba compuesta por comunidades libres sin un único episcopado ni presbiterio. Él considera que las comunidades apostólicas eran iglesias completas y bien equipadas, que no carecían de nada. Más adelante, las iglesias congregacionalistas (y muchos puritanos) apelarían a estas comunidades como representantes de la estructura original de la Iglesia.

A pesar de que en ciertos aspectos estos cambios históricos lo entristecen, Küng afirma: «No se puede ignorar el hecho de que con los tres estándares mencionados anteriormente, la Iglesia católica creó una estructura para la teología y la organización, y junto a ella, un orden interno muy sólido».

La apreciación de Küng no es muy diferente del análisis protestante. En el libro Historia de la Iglesia cristiana, Williston Walker señala: «Así, de la lucha contra el gnosticismo y el montanismo surgió la Iglesia católica, con su fuerte organización episcopal, estándar de credo y canon autoritario. Era muy diferente de la Iglesia apostólica, pero había preservado el cristianismo histórico y lo había resguardado durante una tremenda crisis». 

Por cierto, Küng señala que los tres estándares establecidos por la Iglesia en el siglo II fueron atacados en eras posteriores. En el siglo XVI, la Reforma planteó dudas con respecto a la estructura episcopal de Roma. Luego, la Ilustración cuestionó tanto el canon de la Escritura como también la Regla de la fe del credo.

La Iglesia del siglo II también hizo importantes avances para definir la vida eclesiástica y la práctica cristiana. Durante los comienzos de la historia del cristianismo, la Iglesia hizo una distinción entre la proclamación (kerygma) y la instrucción (didache). La Iglesia apostólica era una iglesia misionera que iba más allá de las fronteras del judaísmo. Los gentiles eran alcanzados por la proclamación del evangelio en su forma básica. Se hacía énfasis en la persona y la obra de Cristo, en Su muerte y resurrección. Cuando los convertidos abrazaban a Cristo por medio de la fe, eran bautizados e ingresaban a la comunidad de la Iglesia. Luego, se les daba una instrucción más rigurosa en cuanto a la fe. Para este fin, en el siglo II se produjo un manual de orden eclesiástico conocido como Didaché o «La enseñanza de los doce apóstoles».

Este manual, descubierto apenas en 1873, provee reglas simples para las congregaciones locales, y aborda el bautismo, el aborto (que era considerado como asesinato), las limosnas, el ayuno, la Cena del Señor y otros asuntos. Establece un marcado contraste entre dos caminos: el camino de la vida y el camino de la muerte. Muchas de las amonestaciones que se encuentran en él son citas textuales de las Escrituras del Nuevo Testamento.

La Didaché terminó siendo utilizada como herramienta catequística y también como una guía para la vida cristiana. Como tal, representa el primer código escrito posapostólico de moralidad cristiana. A pesar de que no forma parte del canon de la Escritura, ofrece valiosas perspectivas sobre la manera en que la Iglesia primitiva se veía a sí misma.

La Iglesia del siglo II desarrolló un fuerte sentido de identidad. Este proceso continuó hasta bien entrado el siglo III, cuando nuevas herejías y nuevos conflictos con el Estado produjeron incluso más desarrollo y nuevas estructuras en la Iglesia.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

La plenitud del tiempo

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo I

La plenitud del tiempo

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el sexto y último capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo I

En el principio creó Dios…». Estas cinco palabras, las primeras en la Biblia, son como una bullosa trompeta retumbando en los oídos de los naturalistas seculares, porque ellas afirman tres verdades fundamentales con las que los hijos del postmodernismo siempre se atragantan. Esta tríada de verdades establece el escenario para toda la historia bíblica de la redención: hay un Dios, el universo fue creado por Dios y la historia tuvo un principio en el tiempo.

Los temas sobre la existencia de Dios y Su creación del universo son puntos de conflicto fundamentales frente a todas las formas de naturalismo. Estos temas, aunque merecen una atención especial, están fuera del alcance de este artículo. Quiero centrarme en el tercer punto, la verdad de que el universo tuvo un principio en el tiempo. Esto hace que la preocupación se reduzca a solo las primeras 3 palabras de la Biblia: «En el principio».

En el conflicto que existe entre el cristianismo y el naturalismo, la popularidad de la cosmología del big bang pareciera forzar un acuerdo en cuanto al punto de que el universo tuvo un principio en el tiempo. Se suele argumentar que el big bang, a través del cual toda la energía y la materia del universo explotó desde un «punto de singularidad» infinitesimal y comprimido, ocurrió hace unos 12 000 a 17 000 millones de años (suma o resta mil millones). Sin embargo, acechando bajo la superficie de la teoría se esconde la idea de que algo precedió al principio, que la materia y la energía existían antes de la explosión, en la eternidad pasada. De modo que, para algunos naturalistas, el big bang no describe realmente el principio  como tal, sino a un cambio radical en la forma y estructura de la realidad para la que no hay un principio. 

En el propósito eterno de Dios, el nacimiento de Jesús tuvo lugar en «la plenitud del tiempo».

En el mundo antiguo, la afirmación hebrea de un principio era algo radical. La teoría favorita de la historia, adoptada particularmente (pero no exclusivamente) por los filósofos griegos, fue la postura cíclica. Según este punto de vista, la historia no es lineal ni progresiva, más bien, da vueltas y vueltas en un círculo interminable. No tiene punto de origen ni punto de destino específico. Esto a menudo es visto como un esquema en el que la historia no tiene un propósito. Esta perspectiva pesimista es explorada y contrarrestada en el libro de Eclesiastés. El estribillo: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad», describe una visión de la historia en la que el sol se pone y sale, pero nada nuevo aparece «bajo el sol». 

En contra de las teorías cíclicas de la historia se encuentra la perspectiva judeo-cristiana de una historia lineal progresiva que tiene un punto de partida específico y una consumación futura. Esta afirmación es crucial no solo para el conflicto entre el cristianismo y el naturalismo, sino también para las teorías críticas de interpretación bíblica. 

El enfoque neo-gnóstico de Rudolf Bultmann en cuanto a la teología fue la visión más influyente de la segunda mitad del siglo XX. Él hizo una distinción en la Biblia entre lo que era historia y lo que era un mito. Partiendo de un marco de referencia naturalista, negó todas las cosas milagrosas de la narración bíblica. En su opinión, los milagros eran la cáscara mítica que necesitaba ser pelada para llegar al núcleo de la verdad histórica. A Bultmann no le molestó en su comprensión de la fe el afirmar que la Biblia estaba llena de mitología en sus narraciones cuasi-históricas. Intentó construir una teología de intemporalidad. Para él, la salvación no se lleva a cabo dentro de los límites de la historia, sino que es «supratemporal» o «transtemporal». El ámbito supra o trans es aquel que está por encima del ámbito de la historia y no está contenido en este. Bultmann abogó por una salvación que tiene lugar en el «aquí y ahora», en un plano existencial vertical, no en el plano horizontal de la historia. En este esquema, el contenido histórico de la Biblia no tiene por qué ser cierto en el sentido de la realidad. En el análisis final, ni siquiera importa si hubo un Jesús histórico. 

El historiador y erudito bíblico suizo Oscar Cullmann escribió en contra de esta violación radical al cristianismo bíblico. Al examinar las referencias cronológicas de la Biblia, Cullmann concluyó que el cristianismo bíblico es ininteligible aparte de su contexto histórico. La visión hebreo-cristiana de la historia está ligada a la fe judeo-cristiana. El cristianismo es acerca de un Dios que crea la historia, la gobierna y lleva a cabo Su plan de salvación en ella. Arrancarle al contenido de la Biblia su contexto histórico no es rescatarla de la crítica filosófica naturalista, sino entregarla al naturalismo filosófico. Un naturalismo cristiano es un oxímoron. 

Cullmann señaló la diferencia entre dos palabras griegas para «tiempo», chronos kairosChronos se refiere al paso normal del tiempo, momento a momento, a la historia normal de la que se hace una «crónica». Kairos se refiere a un momento específico en el tiempo que es especialmente significativo. Un momento kairos o «kairótico» define la importancia del pasado y del futuro. Para hacer esta distinción, veamos lo que significa que algo sea «parte de la historia» y que algo sea «histórico». Todo lo que sucede es parte de la historia, pero no todo es histórico. Sin embargo, todo lo que es histórico es también parte de la historia en el sentido de que toma lugar dentro del tiempo. Por lo tanto, los momentos kairos de los que habla la Biblia no son momentos fuera del tiempo, sino que tienen lugar en el contexto del chronos

En el propósito eterno de Dios, el nacimiento de Jesús tuvo lugar en «la plenitud del tiempo». Dios había gobernado la historia en preparación para ese momento kairótico, que ocurrió en la historia real. Es por esa historia real que el cristianismo se mantiene en pie o se cae.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.