¿Qué es la Teología Reformada? | James Montgomery Boice

¿Qué es la Teología Reformada?
Por James Montgomery Boice

La teología reformada toma su nombre a partir de la Reforma protestante del siglo XVI, con sus diferentes énfasis teológicos, sino que es la teología sólidamente basada en la Biblia misma. Los creyentes en la tradición reformada consideran muy en alto las contribuciones específicas de personas tales como Martin Lutero, John Knox y especialmente Juan Calvino, pero también encuentran sus fuertes distintivos en los gigantes de la fe antes que ellos, como Anselmo y Agustín, y en última instancia en las cartas de Pablo y las enseñanzas de Jesucristo. Los cristianos Reformados sostienen que las doctrinas propias de todos los cristianos, incluyendo la Trinidad, la deidad verdadera y la verdadera humanidad de Jesucristo, la necesidad de la expiación de Jesús por el pecado, la iglesia como una institución ordenada por Dios, la inspiración de la Biblia, el requisito de que los cristianos vivan vidas morales, y la resurrección del cuerpo. Ellos sostienen otras doctrinas en común con los cristianos evangélicos, como la justificación solo por la fe, la necesidad del nuevo nacimiento, el regreso personal y visible de Jesucristo, y la Gran Comisión. ¿Cuál es, entonces, el distintivo de la teología reformada?

  1. La Doctrina de la Escritura.

El compromiso reformado a la Escritura hace hincapié en la inspiración, autoridad y suficiencia de la Biblia. Puesto que la Biblia es la Palabra de Dios y por lo tanto tiene la autoridad de Dios mismo, los reformados afirman que esta autoridad es superior a la de todos los gobiernos y todas las jerarquías de la iglesia. Esta convicción ha dado a los creyentes reformados el valor de enfrentarse a la tiranía y ha hecho de la teología Reformada una fuerza revolucionaria en la sociedad. La suficiencia de la Escritura significa que no tiene que ser complementada con revelación especial nueva o continua. La Biblia es la guía más que suficiente para lo que hemos de creer y cómo debemos vivir como cristianos.

Los reformadores, y en particular Juan Calvino, hicieron hincapié en la forma en que la Palabra objetiva y escrita y el ministerio interno, sobrenatural del Espíritu Santo trabajan juntos, el Espíritu Santo iluminando la Palabra para el pueblo de Dios. La Palabra sin la iluminación del Espíritu Santo sigue siendo un libro cerrado. La supuesta dirección del Espíritu sin la Palabra lleva a errores y excesos. Los reformadores también insistían en el derecho de los creyentes a estudiar la Biblia por sí mismos. Aunque no se puede negar el valor de los maestros capacitados, ellos entendieron que la claridad de las Escrituras en asuntos esenciales para la salvación hace de la Biblia perteneciente a cada creyente. Con este derecho de acceso siempre viene la responsabilidad de una interpretación cuidadosa y precisa.

  1. La Soberanía de Dios.

Para la mayoría de los reformados el principal y más distintivo artículo del credo es la soberanía de Dios. La soberanía significa gobierno, y la soberanía de Dios significa que Dios gobierna sobre Su creación con absoluto poder y autoridad. Él determina lo que va a suceder, y sucede. Dios no está alarmado, frustrado o derrotado por las circunstancias, por el pecado, o por la rebelión de Sus criaturas.

  1. Las Doctrinas de la Gracia.

La teología reformada enfatiza las doctrinas de la gracia, más conocidas por el acrónimo TULIP aunque esto no se corresponde con los mejores posibles nombres para las cinco doctrinas.

La “T” representa la Depravación Total. Esto no significa que todas las personas son tan malas como podría ser. Significa más bien que todos los seres humanos se ven afectados por el pecado en cada área de pensamiento y conducta, de manera que nada de lo que salga de cualquier persona aparte de la gracia regeneradora de Dios pueden agradar a Dios. En lo que se refiere a nuestra relación con Dios, todos estamos tan arruinados por el pecado que nadie puede entender correctamente ni a Dios ni los caminos de Dios. Tampoco buscamos a Dios, a menos que Él primero obre dentro de nosotros para llevarnos a hacerlo.

La “U” Representa la Elección Incondicional. Un énfasis en la elección molesta a mucha gente, pero el problema que sienten no es en realidad con la elección; es con la depravación. Si los pecadores son tan indefensos en su depravación, como dice la Biblia que lo son, incapaces de conocer e indispuestos a buscar a Dios, entonces la única forma en que posiblemente se podrían salvar es que Dios tome la iniciativa para cambiarlos y salvarlos. Esto es lo que significa la elección. Es Dios eligiendo para salvar a los que, aparte de su elección soberana y acción posterior, sin duda perecerían.

La “L” Representa la Expiación Limitada. El nombre es potencialmente engañoso, porque parece sugerir que las personas reformadas desean de alguna manera limitar el valor de la muerte de Cristo. Este no es el caso. El valor de la muerte de Jesús es infinito. La pregunta más bien es ¿cuál es el propósito de la muerte de Cristo, y lo que Él logró en el misma? ¿Tuvo Cristo la intención de solo hacer posible la salvación? ¿O en realidad salvó a aquellos por quienes Él murió? La teología reformada hace hincapié en que Jesús realmente pagó por los pecados de aquellos que el Padre había escogido. De hecho propició la ira de Dios hacia Su pueblo al llevar su juicio sobre Sí mismo, en realidad redimió, y de hecho reconcilió a personas concretas a Dios. Un mejor nombre para la expiación “limitada” sería redención “particular” ó “específica.”

La “I” Representa la Gracia Irresistible. Pero cuando Dios obra en nuestros corazones, regenera y crea una voluntad interior renovada, entonces lo que era indeseable antes se vuelve algo deseable, y corremos hacia Jesús tal como antes huíamos de El. Los pecadores caídos se resisten a la gracia de Dios, pero Su gracia regeneradora es eficaz. Vence el pecado y lleva a cabo el propósito de Dios.

La “P” Representa la Perseverancia de los Santos. Un mejor nombre podría ser “la perseverancia de Dios con los santos,” pero ambas ideas están realmente involucradas. Dios persevera con nosotros, nos impide apartarnos, como sin duda lo hacemos si El no estuviera con nosotros. Pero debido a que Él persevera, también nosotros perseveramos. De hecho, la perseverancia es la prueba definitiva de la elección. Nosotros perseveramos porque Dios nos preserva de una completa y definitiva caída fuera de Él.

  1. El Mandato Cultural.

La teología reformada también hace hincapié en el mandato cultural, o la obligación de los cristianos de vivir activamente en la sociedad y trabajar para la transformación del mundo y de sus culturas. Los reformados han tenido diferentes puntos de vista en esta materia, en función del grado en que ellos creen que esa transformación sea posible, pero en general están de acuerdo en dos cosas. En primer lugar, somos llamados a estar en el mundo y no apartarnos de él. Esto separa a los creyentes reformados del monasticismo. En segundo lugar, hemos de alimentar al hambriento, vestir al desnudo, visitar al preso. Pero las principales necesidades de las personas siguen siendo espirituales, y el trabajo social no es una alternativa adecuada para el evangelismo. De hecho, los esfuerzos para ayudar a las personas sólo serán verdaderamente eficaces mientras sus mentes y corazones son cambiados por el evangelio. Esto separa a los creyentes reformados del simple humanitarismo. Se ha objetado a la teología reformada que cualquiera que crea lo reformado perderá toda la motivación por el evangelismo. “Si Dios hace todo el trabajo, ¿por qué habría de preocuparme?” Pero no funciona de esa manera. Es debido a que Dios hace la obra, que nosotros podemos tener valor para unirnos a Él en ello, mientras Él nos manda hacerlo. Lo hacemos con gozo, sabiendo que nuestros esfuerzos no serán en vano.

Doctrina del Aniquilacionismo | Pablo Santomauro

Doctrina del Aniquilacionismo
¿Doctrina Bíblica o Doctrina de Hombres?
Pablo Santomauro

Breve Historia

La doctrina del Aniquilacionismo postula que el hombre fue creado inmortal, pero aquellos que continúan en pecado, son privados del don de la inmortalidad por un acto positivo de Dios, y en última instancia, destruidos. Algunos aniquilacionistas proponen que los inconversos dejan de existir en el momento de la muerte, otros en el momento de la resurrección, y otros luego de un período de castigo después de la resurrección. Cualquiera sea la variante, el destino final de los que rechazan a Cristo es la cesación de la existencia, o sea, extinción total.

El concepto medular de la teoría se originó con Arnobio, un supuesto apologista cristiano del siglo cuarto. Luego de él, ningún Padre de la Iglesia de importancia significativa endorsó la doctrina. Tertuliano, Ambrosio, Crisóstomo, Jerome, Agustín, etc., enseñaron claramente la doctrina del estado consciente después de la muerte y el castigo eterno.

El Aniquilacionismo está directamente relacionado con una doctrina llamada Inmortalidad Condicional. Si bien ambos nombres se manejan en forma intercambiable, en realidad no son sinónimos. La doctrina de la Inmortalidad Condicional dice que la inmortalidad no es un don natural del hombre, sino un don de Dios en Cristo sólo para aquellos que creen. La persona que no acepta a Cristo es, en última instancia, aniquilada y pierde todo estado de consciencia. Algunos de los adherentes de estas doctrinas, como ya mencionamos, enseñan un sufrimiento consciente de duración limitada para el inconverso después de la muerte, luego del cual serán aniquilados por Dios. El Condicionalismo fue formalmente condenado como herejía en el Segundo Concilio de Constantinopla (353 d.C.).

La doctrina prácticamente pasó a hibernar por un largo período de aproximadamente ocho siglos, luego del cual fue reanimada por grupos como los Valdenses (siglo 12) y más adelante por los Anabautistas y los Socinianos (siglo 16). Existen indicios de que durante el período pre- Reforma, tanto Wycliffe como Tyndale, enseñaron la doctrina del Sueño del Alma, más que nada a modo de refutación de la enseñanza católica del Purgatorio. Esta doctrina del sueño del alma enseña que los hombres, justos e injustos por igual, luego de su muerte, duermen hasta el día de la resurrección. En otras palabras, pasan a un estado de inactividad inconsciente, o un largo sueño en que no son conscientes de nada, hasta el día de la resurrección cuando recuperarán el conocimiento.

Corresponde aclarar que el hecho de que alguien crea que el alma no está en estado consciente entre la muerte y la resurrección (doctrina del sueño del alma), no necesariamente significa que esa persona también crea o esté lógicamente comprometida con la idea de que los inconversos son destruidos y pasarán a un estado de inexistencia después de la resurrección (aniquilacionismo).

Al paso del tiempo, los principales credos Protestantes, como la Confesión de Westminster y otras, reiteraron y confirmaron su adherencia a las doctrinas del estado consciente y el castigo eterno. Muchos de estos credos contienen referencias directas rechazando contundentemente las teorías del sueño del alma y la aniquilación de los incrédulos. A su vez, los grandes evangelistas como Edwards, Whitefield, Wesley, Spurgeon y Moody, sostuvieron también la posición ortodoxa.

En tiempos modernos, las doctrinas del sueño de alma y el aniquilacionismo son promovidas primariamente por sectas como los Testigos de Jehová y los Cristadelfos, grupos aberrantes como los Adventistas del Séptimo Día y otros grupos adventistas, y en forma individual por teólogos herejes como Charles Pinock y ortodoxos como John Stott. Este último de filas anglicanas, desde donde todo tipo de aberraciones vienen siendo propagadas.

La realidad presente es que la doctrina del aniquilacionismo ha logrado avances dentro del campo evangélico, principalmente gracias a editoriales otrora conservadoras e impecables, pero que hoy han sucumbido ante la mentalidad materialista de nuestros días. Me refiero a casas de publicaciones como Intervarsity, Zondervan, Moody y Baker. Estas han sido adquiridas por liberales y están poniendo a la venta cualquier cosa que atente contra la fe cristiana ortodoxa. No podemos dejar de mencionar que seminarios que fueron antaño de orientación tradicional, hoy han sido copados o invadidos por profesores liberales. Todo esto, sumado a la falta de preparación académica de un gran sector de pastores evangélicos, contribuye al avance de doctrinas antibíblicas como el aniquilacionismo.

Un Análisis Teológico

Aquellos que reclaman que la Escritura enseña la aniquilación, dicen que si bien el infierno en sí es eterno, el castigo no es eterno. Los aniquilacionistas citan, por ejemplo, el Salmo 37, el cual tiene expresiones como: “se desvanecerán como el humo” y “cuando sean destruidos los pecadores”. Señalan además al Salmo 145:20, donde David dice: “Jehová guarda a los que le aman, mas destruirá a todos los impíos”. Isaías 1:28 es también un favorito: “Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová será consumidos”. También afirman que las metáforas usadas por Jesús apoyan la aniquilación.

Todo esto puede parecer muy convincente, pero un examen estricto de la evidencia muestra lo contrario. Cuando estamos tratando de entender lo que un autor enseña, debemos comenzar por los pasajes claros, o sea aquellos pasajes en los cuales el autor trata con el tema en cuestión, para luego movernos a los pasajes menos claros donde el autor no intentó enseñar sobre el tema.

Por ejemplo, hay pasajes en la Biblia que enseñan que Jesucristo murió por todos. También nos encontramos con Gálatas 2:20, donde el apóstol Pablo dice que Cristo murió por él. ¿Debemos suponer entonces que Cristo murió sólo por Pablo? ¡Por supuesto que no! Porque hay pasajes claros que dicen que Cristo murió por todos. Debido a esto sabemos que Pablo no quiso decir que Jesús murió sólo por él, porque interpretamos lo que no es claro a la luz de lo que sí es claro.

Es por demás significativo que los aniquilacionistas nunca mencionan ni por casualidad los pasajes del Antiguo Testamento que hablan claro del infierno. Estos pasajes son definitivos respecto a que el infierno es eterno. Daniel 12:2 es un claro ejemplo. El versículo dice que al final de las eras, los justos serán resucitados para vida eterna, y los otros para vergüenza y confusión eterna. La misma palabra hebrea para “eterna” (olam) es usada en ambas instancias. Por lo tanto, si alguien afirma que la gente será aniquilada en el infierno, también debería decir que la gente será aniquilada en el cielo. Es gramaticalmente imposible darle dos significados diferentes a la misma palabra en este texto. La intención del autor en este pasaje fue claramente enseñar en el tema de la vida después de la muerte.

Una vez que hemos aislado un pasaje de claridad meridiana, podemos entonces interpretar los pasajes ambiguos o disociados con el tema que usan los aniquilacionistas. Todo ese lenguaje en el Antiguo Testamento de ser destruidos, quemados como la paja, etc., es usado comúnmente para describir individuos “cortados” de Israel y de la tierra (territorio de Israel). La mayoría de esos pasajes tienen poco o nada que ver con la vida eterna. Sí tienen que ver con ser separado en esta vida de las promesas dadas a Abraham con respecto a la tierra.

En el Nuevo Testamento, la existencia de un lugar donde los injustos pasarán la eternidad en sufrimiento se hace aun más patente. Tomaremos como ejemplo estas palabras de Jesucristo:

Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles … E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. Mateo 25 41, 46.

En este pasaje lleno de escenas y vocabulario rabínicos, Jesús está hablando de la Segunda Venida del Hijo del Hombre al final de los tiempos, para separar las ovejas de los cabritos. Jesús está hablando en una época en la cual se sobreentendía que Satanás y sus huestes sufrirían un castigo eterno. Los rabinos que creían esto usaban las palabras “fuego eterno” como una metáfora para expresar el castigo eterno. Es por ello que en el verso 16 Cristo no repite “fuego eterno”, sino que lo sustituye por “castigo eterno”. Es por demás obvio que ambas expresiones significan lo mismo. Jesucristo establece aquí, más allá de toda duda, que el estado final tanto de Satanás y sus ángeles, como el de los pecadores en rebeldía, es el castigo eterno.

No importa cuantos malabares podamos hacer con nuestra imaginación, es imposible que los postulados de la teoría aniquilacionista puedan adaptarse a las palabras de Jesucristo. La mera mención de la palabra “castigo” (kolasis) implica que necesariamente debe existir un sujeto receptor que sufre el castigo, algo que sólo puede suceder cuando se es consciente. Castigo implica sufrimiento, y sufrimiento necesariamente implica estado consciente.

Un punto crítico relacionado con Mateo 25:46 es que el versículo dice que el castigo es eterno. No hay forma de que el aniquilacionismo o la extinción de la consciencia pueda ser introducida a fuerza dentro de este pasaje. El adjetivo ,I>aionion en este versículo significa literalmente “eterno, sin final”. El mismo adjetivo es usado para Dios, el Dios eterno, en 1 Timoteo 1:7; Romanos 16:26; Hebreos 9:14, 13:8, y Apocalipsis 4:9. El castigo de los incrédulos es tan eterno en el futuro como nuestro eterno Dios.

Otra incongruencia de la posición aniquilacionista es el hecho de que no existen grados de aniquilación. Una persona no puede ser un poco aniquilada, bastante aniquilada o muy aniquilada. O se es aniquilado o no se es. Las Escrituras, por el contrario, enseñan que habrá grados de castigo en el día del juicio (Mt. 10:15; 11:21-24; 16:27; Lc. 12:47-48; Jn. 15:22; He. 10:29; Ap. 20:11-15; 22:12).

Como vemos, la idea de que los pecadores que no aceptan a Cristo como salvador serán aniquilados es también “aniquilada” por el sentido común.

La Falacia Hermenéutica

El Libro de Eclesiastés

Los grupos que enseñan el aniquilacionismo y el sueño del alma usan Eclesiastés como principal fuente de prueba para sus posición. Por ejemplo:

Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. Eclesiastés 9:5

Los aniquilacionistas razonan que si los muertos nada saben, eso significa que están en un estado inconsciente esperando la resurrección, y en el caso específico de los inconversos, han sido destruidos de tal forma que ya no existen. El problema con estos grupos es su ignorancia total de las reglas básicas de hermenéutica. Malinterpretan estos pasajes porque en realidad no saben cómo interpretar nada en la Biblia.

En el caso de Eclesiastés, ignoran los antecedentes y el contexto histórico, cultural y linguístico de un libro que pertenece al género de literatura antigua, que confronta a dos expositores con filosofías opuestas acerca de la vida. La gramática del idioma hebreo es indiscutible en este punto.

La perspectiva del expositor número uno de Eclesiastés se extiende desde el capítulo 1 hasta el 11, y es secular, material, o mundana. Es un punto de vista terrenal sin revelación divina. Estamos frente a las opiniones de un hombre debajo del sol (Ec. 1:3,9,13,14). Para él la vida no tiene sentido, todo da lo mismo, y por ello expresa que no importa cuán rico o sabio sea usted, todo es vanidad. El otro expositor, el teísta, hace su aparición en el capítulo 12.

Desde la perspectiva de un hombre debajo del sol, sin esperanza en Dios, podemos decir que los muertos nada saben. Lo cierto es que nada saben de este mundo. Job está de acuerdo con esto cuando dice, hablando acerca de que cuando el hombre perece, se le despide, y sus hijos tendrán honores, pero él no lo sabrá, o serán humillados y él no se enterará (Job 14:21).

La frase “nada saben” no significa que los muertos pasan a un estado inconsciente en alguna burbuja de tiempo. Obsérvese que la frase “ni tienen más paga”, por otra parte, significaría que los justos tampoco tendrían ninguna recompensa después de la resurrección. Esto no es lo que enseña la Biblia.

La Revelación Progresiva

Otro problema hermenéutico que aqueja a los grupos como los adventistas y los Testigos de Jehová es que son totalmente dependientes del Antiguo Testamento para sus interpretaciones, y excluyen casi totalmente al Nuevo Testamento. Fallan en ignorar la naturaleza de la Revelación Progresiva de la Escritura, la información elemental y difusa en algunos temas del A.ntiguo Testamento, y la prioridad o supremacía del N.T. sobre el A.T.

La Revelación de Dios no fue dada a la humanidad en un solo instante, sino que fue recibida gradualmente en diferentes formas, por diferentes culturas y durante varios siglos. ¿Acaso Hebreos 1:1,2 no nos recuerda que la revelación especial vino a nosotros durante un proceso gradual que tomó un largo tiempo? ¿Acaso la Biblia cayó del cielo en su forma completa? ¿No habló Dios a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras revelando información poco a poco? Por supuesto que sí, las preguntas son retóricas. Cada revelación informativa fue como una nueva pieza en un mosaico gigante. La revelación final pudo finalmente verse en el Nuevo Testamento. De todo este proceso surge el principio bíblico de Revelación Progresiva. Derivado de éste, surge otro principio fundamental de hermenéutica que dice que siempre se debe interpretar el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo Testamento. Hacerlo a la inversa es un error fatal.

El principio de Revelación Progresiva nos explica el porqué no encontramos ninguna doctrina desarrollada totalmente en el libro de Génesis. Si bien las semillas fueron plantadas en Génesis, el desarrollo gradual de las doctrinas se dio con la venida de los profetas y los apóstoles. Estos, a medida que recibieron más revelaciones, pudieron entender más de las doctrinas que aquellos que los precedieron. Cada revelación fue como un giro del enfocador de un par de binoculares ajustando la imagen.

El principio de Revelación Progresiva lo podemos apreciar en doctrinas como: la doctrina del pecado, de la salvación, la venida del Mesías, la doctrina de Dios (el concepto y naturaleza de Dios), la vida después de la muerte, etc. Es esta última doctrina la que nos ocupa en este trabajo. Es obvio que no podemos basar nuestro entendimiento de la muerte y la vida en el más allá solamente en pasajes del Antiguo Testamento. Los profetas del A.T. esperaban la llegada del N.T. para poder tener las últimas piezas del rompecabezas y poder apreciar el cuadro en su totalidad. El intérprete bíblico debe reconocer que la visión de los profetas del A.T. era borrosa, difusa, y como resultado escasa en detalles.

Este último punto aplica directamente a los grupos como los Adventistas y los Testigos de Jehová, ya que una simple recorrida por sus materiales escritos demuestra su total dependencia en los textos del A.T. para fundamentar sus doctrinas del aniquilacionismo y el sueño del alma. Cuando alguien les confronta con un texto del N.T. que expresa cristalinamente lo contrario de lo que ellos enseñan, simplemente lo ignoran y retroceden a refugiarse en el Antiguo Testamento. Esto se debe a que le han otorgado prioridad interpretativa al A.T., un error garrafal.

Otro componente del principio de Revelación Progresiva es que las palabras bíblicas cambian su significado a medida que el pueblo de Dios profundiza su entendimiento. Un ejemplo claro es el de Génesis 2: 7:

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser (alma) viviente”.

Alguien no muy brillante dedujo de este verso que la palabra “alma” significaba “ser viviente”, y de inmediato se decretó que esa era la única definición de alma en toda la Biblia. Nunca consideraron la posibilidad de que ese fuera el significado de la palabra sólo durante los tiempos de Moisés.

Observemos lo que dice una página de La Voz de la Profecía, ministerio de los Adventistas del Séptimo Día:

CÓMO NOS HIZO DIOS
Para entender realmente la verdad que la Biblia nos presenta acerca de la muerte, comencemos viendo cómo nos hizo nuestro Creador.
“Entonces JEHOVÁ DIOS formó al hombre (Adam, en hebreo) del polvo de la tierra (adamah, en hebreo)”. — Génesis 2:7.
El Creador hizo a Adán “del polvo de la tierra”. Después que hubo combinado los elementos deseados, su energía creadora le dio vida a la forma inerte.
Para ello, Dios sopló en sus narices “el aliento de vida”, y Adán pasó a ser un “ser viviente” (en hebreo, “un alma viviente”). Note que la Biblia no dice que Adán recibió un alma, sino que el hombre “fue un ser viviente”. De modo que podríamos resumir la ecuación humana en esta fórmula:
“Polvo de la tierra” + “Aliento de vida” = “Un alma viviente”
Cuerpo sin vida + Aliento de Dios = Un ser viviente
De modo que somos una entidad completa, no dos o más partes distintas que fueron juntadas. Mientras respiremos seremos un ser humano viviente, un alma viviente.
http://www.discoveronline.org/spanish/span05.htm

De esta forma, los Adventistas, al igual que los Testigos de Jehová, “prueban” que el hombre no tiene una naturaleza material e inmaterial, distintas una de la otra. Según ellos, el hombre no recibió un alma, sino que fue un alma, una persona viviente. Por lo tanto, deducen que el hombre no posee una naturaleza inmaterial (alma o espíritu) que continúa viviendo como una personalidad inteligente después de la muerte. El espíritu del hombre es definido como el “aliento de vida”, “principio de vida”, o “fuerza de vida” dentro de él, que en el momento de la muerte se extingue, y por ende la personalidad consciente del hombre deja de existir.

Es cierto que la palabra del hebreo para alma (nepesh) puede ser usada en referencia a un ser viviente, pero ello no significa que el término esté limitado a esa definición, o sea que el hombre no tiene una naturaleza inmaterial. En la Biblia vemos que existen muchos pasajes donde el significado de nepesh es exactamente lo opuesto. Es por ello que cuando aparecen otros pasajes donde debido al contexto se debe reevaluar el significado de la palabra, niegan este hecho y retroceden hasta Génesis 2:7. A esto se le conoce también como la falacia de equivocación (suponer que una palabra tiene el mismo significado sin importar el contexto). A continuación, para beneficio del lector damos una serie de pasajes que le ayudarán a refutar las posiciones aniquilacionistas y del sueño del alma: Mt. 10:28; Lc. 20:38; Lc. 23:46; Hch. 7:59; 2 Co. 5:6-8; Fil. 1:21-23; 1 Tes. 4:13-17; Ap. 6:9,10.

Mientras que los aniquilacionistas no reconozcan el carácter progresivo de la Escritura, el cual resulta en un entendimiento más profundo de las palabras y los conceptos, van a seguir empantanados en Génesis 2:7. La palabra “alma” pudo tener para Moisés un significado diferente o más simple de lo que significó para David o Pablo. La resistencia de algunos a aceptar esto se debe a la suposición inconsciente de que la Biblia fue un libro que se escribió de un solo golpe.

Conclusión: La definición de la palabra “alma” debe buscarse desde una aproximación contextual, analizando toda la gama de significados que la palabra tiene.

Como nota adicional, digamos que La Biblia nunca habla de la resurrección del alma, y se entiende, porque el alma es inmortal. El hombre no puede ser reducido a un ser totalmente material o totalmente inmaterial, como sostienen algunas posiciones. La iglesia de Cristo siempre vio al hombre, si bien es una unidad, como un ser compuesto de dos aspectos. El aspecto material es su cuerpo. El hombre fue creado como un ser material para que pueda interrelacionarse con otros seres materiales y los objetos materiales en el mundo. Debido a la Caída, la muerte provoca un desgarro o una separación de lo inmaterial y lo material del ser humano. Por ello es que la resurrección es esencial en el pensamiento cristiano. La salvación, en la Escritura, siempre es vista en última instancia como la reunión de una alma perfeccionada con un cuerpo perfeccionado. La visión bíblica holística presenta la salvación como involucrando ambos aspectos del hombre.

Las posiciones reduccionistas y las definiciones simplísticas se deben a que muchos cometen la falacia de la presuposición escondida. En este tema, la presuposición es que el significado de una palabra en cierto pasaje inicial, en el comienzo de la Escritura, debe ser de ahí en adelante siempre el mismo.

La Falacia Moral

Las teorías de la aniquilación y la inmortalidad condicional adolecen también de fallas morales. Una de ellas es que niegan un atributo esencial de la naturaleza de Dios, su justicia. Cuando los cristianos decimos que Dios es justo, no solamente afirmamos que Dios es justo, sino que él también hace justicia. En otras palabras, Dios es el Juez absoluto y supremo de todo el universo y la historia.

¿Es moralmente justo que asesinos de la talla de Hitler, Stalin, Saddam Hussein y otros, no reciban la retribución divina correspondiente por sus crímenes? Obviamente, la extinción de su consciencia sería en realidad una bendición, no una pena. Cuando Saddam Hussein recientemente fue linchado, recibió por sus crímenes la justa pena que la justicia terrenal demandaba. Según el aniquilacionismo, Saddam simplemente no existe más. No tuvo que responder ante ningún tribunal divino por usar gas letal para matar mujeres y niños kurdos, uno de sus tantos crímenes. De la misma forma, el aniquilacionismo implica que una persona que vivió una vida moralmente aceptable pero no creyó en la provisión salvadora de Dios, también dejará de existir en el momento de su muerte (o luego de su resurrección, según la variante). Teniendo en cuenta que los proponentes de la aniquilación afirman que la anulación de la existencia es un castigo en sí, escapa a nuestro razonamiento cómo es que un Saddam puede recibir el mismo castigo que una persona que nunca quitó la vida a nadie. ¿Dónde está el factor justicia?

Lo anterior nos lleva a considerar si el carácter de Dios demanda un castigo divino para el pecado. La justicia y la rectitud de Dios son atributos de su carácter moral (Dt. 32:4; Sal. 89:14; Sof. 3:5; 1 Jn. 1:9). Como Dios es justo y recto, él nunca hará nada que contradiga sus atributos (Gé. 18:25; Ro. 9:14). Es por ello que la Escritura indica que Dios no puede simplemente pasar por alto los pecados sin aplicar castigo o sentencia. Todo gobierno humano reconoce la importancia y necesidad de juzgar a los elementos criminales a los efectos de proteger la sociedad, y mantener la paz y el bienestar de sus integrantes. Si esto es así en lo referente a los gobiernos terrenales, ¿cuánto más no lo será en el reino celestial? Enfatizo, ¿qué respeto se le puede tener a un gobierno que perdona gratuitamente a todos los delincuentes y elementos destructivos de la sociedad y les pone en libertad? Es en línea con esto que Dios dice a Moisés: “Porque yo no justificaré al impío” (Ex. 23:7). En otras palabras, “Yo no declararé inocente al pecador”. Exodo 34:7 expresa que Dios “de ningún modo tendrá por inocente al malvado”. El mismo principio lo encontramos en Romanos 2:5,6: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras”.

La justicia y la rectitud de Dios demanda que el pecado sea castigado. O el pecador mismo debe ser castigado, o un sustituto apropiado debe ser hallado, uno que tenga la capacidad de llevar sobre sí todo el castigo por el pecado.

Las Falacias Lógicas

La mayoría de los argumentos extra-escriturales que los aniquilicionistas presentan son falacias lógicas fáciles de detectar. Daremos algunos ejemplos a continuación.

  1. Argumento de tiempo vs. eternidad.

¿Cómo puede Dios condenar eternamente al pecador por pecados cometidos en un lapso de tiempo finito?

El aniquilacionista comete el error de crear una relación proporcional entre la magnitud o gravedad de un crimen y el tiempo que lleva cometer ese crimen. Ilustración: Un asesinato puede tomar cinco segundos en consumarse. Robar puede tomar horas o días si en el proceso hubo que excavar túneles para llegar a una bóveda con dinero. El punto es que el castigo correcto o la sentencia apropiada para una persona no se da en función del tiempo que toma cometer el crimen, sino en función de la gravedad de ese crimen.

Pregunta: ¿Cuál es el crimen más horrendo que una persona puede cometer en esta vida? La mayoría de la gente que no tiene una relación con Dios, diría que es maltratar animales, destruir la naturaleza, la pedofilia, matar a una persona, o cosas por el estilo. Claro que estas cosas son graves, pero en realidad son ínfimas comparadas con el rechazo, la burla, la negación, y el rehusar amar a la persona que le debemos absolutamente todo, nuestro Creador.

El pecado más grande que una persona puede cometer es vivir toda su vida ignorando a Dios, y diciendo: “Me importa un rábano el propósito para el cual me pusiste en esta tierra. Me importan un comino tus valores y tus mandamientos, y la muerte de tu Hijo por mí. He decidido ignorar todo eso”. El único castigo apropiado para tal pecado es la separación de Dios por la eternidad. El apologista Alan Gomes señala lo siguiente en “Evangélicos y la Aniquilación del Infierno”, Parte II, Christian Research Journal 13 (verano 1991), 8-9:

La naturaleza de la Persona contra la cual es cometido el crimen, así como la naturaleza del crimen mismo, ambas deben ser tomadas en cuenta para determinar el grado de gravedad del crimen. Considerando también las palabras de Jesús cuando se le preguntó cuál era el mayor mandamiento, podemos formarnos el concepto de cuán grave es el rechazo de Dios y Su salvación. En muchos países el asesinato es castigado con la sanción más severa que el código de leyes de esos países poseen, prisión de por vida. Esto significa separación de la sociedad por el resto de la vida del reo. Espero que el lector observe la analogía con el castigo que sufre el pecador rebelde al ser separado de Dios y su pueblo por toda la eternidad. Claro que yo puedo estar equivocado, y el asesino puede quejarse y decir: “¿Por qué me condenan a cadena perpetua si sólo me tomó 30 segundos asesinar a la víctima? ¡Eso es crueldad!”

Nuestra evaluación nos indica que el argumento que contrapone tiempo vs. eternidad, finito vs. infinito, es un non sequitur, o sea, un razonamiento donde la conclusión es obtenida de premisas que no están lógicamente conectadas con ésta.

  1. Argumento de los santos tristes.

¿Cómo pueden los santos en el cielo vivir felices sabiendo que sus seres queridos inconversos están sufriendo un eterno tormento?

Este argumento es un ad misericordiam, o en su defecto, falacias donde se busca manipular los sentimientos de las personas con argumentos llamando a compasión. En lenguaje popular, estamos frente a un “rompecorazones” al mejor estilo de novela televisiva. Los que plantean la objeción parecen ignorar que en cierto punto, los salvos verán las cosas exactamente como Dios las ve y comprenderán que justicia es justicia.

Podemos sugerir además, que sin duda toda lágrima y dolor serán borrados en la presencia de Dios (Ap. 21:4). Por otra parte, el argumento parece basarse en la idea de que el infierno contiene llamas de fuego literales. Este es un grave error de interpretación. El lenguaje de fuego y azufre literal debe ser abandonado por los cristianos responsables, no importa cuán solemne y respetable sea la memoria de los grandes hombres de Dios que lo emplearon en el pasado.

Los aniquilacionistas, a su vez, observan también que todo el lenguaje bíblico sobre fuego es evidencia de que la gente es destruida en vez de padecer en el infierno por siempre. Dicen que lo que es arrojado al fuego no es indestructible. El fuego es lo que es eterno y nunca se apagará. Pero lo que se arroja al fuego será destruido.

Nosotros contestamos que el lenguaje de fuego, llamas y humo, es figurado. En Apocalipsis se habla de que la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Pensemos por un momento: el Hades es algo que no puede ser quemado. Es una dimensión. Es como decir que el cielo también puede ser quemado. El cielo no es el tipo de cosa que puede quemarse. Y la muerte, ¿cómo puede ser quemada?. La muerte no es algo a lo que le podemos acercar un encendedor y quemarla.

Sabemos que la referencia al fuego es figurada porque si la tomamos literalmente no tiene sentido. El infierno es descrito también como “las tinieblas de afuera”, sin embargo también contiene fuego. No podría ser, las llamas iluminarían el lugar. Jesucristo retornará, según Apocalipsis 1, con sus ojos como llama de fuego. Sus pies serán como bronce estando en un horno. Las llamas significan que Cristo vendrá en juicio. Hebreos 12:29 dice que Dios es fuego consumidor. Nadie se imagina a Dios como un gigante lanzallamas cósmico.

Resumiendo, el fuego del infierno simboliza juicio. El castigo del infierno es separación de Dios, y ésta traerá verguenza, angustia y remordimiento. Debido a que las personas tendrán cuerpo y alma en su estado de resurrección, las miserias que se sufrirán serán mentales y físicas. El dolor que se experimentará será el resultado del exilio final y sin término alejados de Dios, de su reino, y de la buena vida para la que fuimos creados en primera instancia. La gente en el infierno se lamentará profundamente (más allá de lo que las palabras pueden describir) de todo lo que perdieron.

Es obvio que el lago de fuego es simbólico de juicio. Cuando la Biblia dice que el Hades tendrá un fin, la palabra Hades se refiere al estado temporario entre la muerte y la resurrección final. En ese momento, las personas tendrán sus cuerpos otra vez, y serán localizadas lejos de Dios. La muerte también tendrá fin porque ya no habrá más gente que muera. Conclusión: el lenguaje sobre fuego y lago de fuego es un recurso literario, no se trata de fuego literal.

  1. Argumento ad populum (estrategia de los improperios)

“Dios es un torturador sadístico”. “Dios pierde la batalla por las almas”. “Dios no es un Dios de amor”, etc., etc., etc.

Frases como éstas son usadas para criticar la posición que sostiene que los pecadores que rechazaron la provisión salvadora de Cristo, pasarán la eternidad en estado consciente y separados de Dios, sumidos en tormento. Este tipo de improperio no es más que un intento de manipular las emociones de la gente y obtener apoyo para la teoría de la aniquilación. En lógica se les llama argumentos ad populum. Es una estrategia que recurre a las emociones y que es la artimaña de todo propagandista y demagogo. Es una falacia porque reemplaza la laboriosa tarea de presentar pruebas y argumentos racionales con un lenguaje expresivo y otros recursos para provocar entusiasmo, angustia, furia u odio.

Ante este seductivo lenguaje engañoso, podemos contestar que aquellos que son condenados escogieron libremente terminar en el infierno. Dios no es ningún torturador. Esto lo comprendemos cuando llegamos a saber que el infierno no es un lugar de fuego, sino un estado eterno (sin dejar de ser un lugar) de angustia, remordimiento, deshonor, vergüenza y soledad. Es una condición que el pecador trar sobre sí mismo. Su rebeldía contra Dios continuará aun en el infierno. Como bien dijo C. S. Lewis, las puertas del infierno serán trabadas desde adentro. Podemos agregar, también, que la misericordia de Dios se extiende hasta el infierno, ya que habrá allí grados o niveles de desolación, de acuerdo a la gravedad de los pecados de cada individuo. En el infierno, todos serán perfectamente miserables, pero no igualmente miserables.

Conclusión

Deseamos señalar que hemos evitado, en lo posible, sobrecargar el estudio con numerosos pasajes bíblicos usados para defender el aniquilacionismo con su correspondiente refutación. Tampoco hemos sobreabundado en pasajes esgrimidos a favor del castigo eterno, por considerar que existe ya abundante información al respecto en la internet. Hemos preferido hacer una aproximación al tema del aniquilacionismo desde el punto de vista histórico al principio, aunque breve, para luego abordar sus yerros teológicos, hermenéuticos y morales, finalizando con las falacias lógicas de los argumentos extrabíblicos empleados por los aniquilacionistas.

Lo cierto es que la doctrina del castigo eterno es enseñada claramente en la Escritura, por más impopular que parezca ser. Los aniquilacionistas tratan de ocultarla mediante el uso deshonesto de la distorsión de pasajes, tergiversación del lenguaje, razonamientos erróneos y sobre todo, la manipulación de los sentimientos. Es allí donde los aniquilacionistas toman ventaja de las emociones humanas, porque saben que el impacto de la doctrina hace blanco en las vidas de muchos que tuvimos familiares cercanos que nunca formaron parte de la familia de Dios.

Termino con una nota personal. No hay un solo día en que yo no recuerde al progenitor de mis días. Mi padre murió hace quince años y todo parece indicar que murió sin Cristo. Lo digo porque no estuve junto a él en sus últimos días, nos separaban diez mil millas de distancia. Fue un hombre de orígenes humildes que trabajó arduamente hasta convertirse en el hombre proveedor por excelencia, estimado en gran forma por los que lo conocieron, dadivoso, siempre listo a ayudar y a proteger. Un hombre sencillo, íntegro y fiel, aunque lejos de ser perfecto (¿quién lo es?). En realidad no sé si alguna vez alguien le presentó el evangelio. Recuerdo que durante mi niñez, mi madre pareció buscar al Señor integrándose a un grupo de estudios bíblicos. Lamentablemente, la dama a cargo de los estudios impartía una enseñanza legalística en extremo (pintarse los labios era tabú), tal es así que mi padre sólo conoció esa rama evangélica deformada que hace del cristianismo algo inatractivo, algo que ahuyenta en lugar de provocar interés. ¡Con razón mi padre no quiso saber nada con el evangelio! Cualquier persona en sus cabales rechaza tal caricatura de la vida cristiana. ¿Estoy acaso justificando a mi padre? En ninguna manera. La Escritura nos dice que nadie tendrá excusas que presentar ante Dios. Yo quisiera de todo corazón que los aniquilacionistas tuvieran razón, pero el árbitro final en estas cosas no son mis deseos ni mis razonamientos, sino la Palabra de Dios. Es realmente angustiante pensar que un ser querido esté sufriendo, pero en última instancia sólo puedo descansar en la misericordia y bondad de Dios, y le agradezco que en su plan para mi vida, en su Providencia, me dio el padre que me dio. En el análisis final, el tiempo, lugar, condiciones y padres de los cuales nacimos, fueron ordenados soberanamente por Dios. No hablo de determinismo ni fatalismo, sino de la soberanía de Dios actuando entrelazada con la voluntad y los caminos del hombre en ese majestuoso plan de los siglos diseñado por Dios. ¡A él sea toda la gloria!

Por lo demás, el saber que existe un futuro de angustia eterno para aquellos que rechazaron a Dios, debería ser razón suficiente para predicar con más denuedo el evangelio de Cristo. La doctrina de la aniquilación, por otra parte, no estimula al cristiano a predicar el evangelio. Después de todo, no hay nada de que advertirle al impío. El malvado no tiene que nada que temer, ya que en última instancia no tendrá que pagar por sus transgresiones. ¿Qué impresión podemos causar en el pagano moderno cuando le decimos que si no acepta a Cristo se extinguirá como la llama de una vela? Eso es lo que él cree en primer lugar, y no necesita a Cristo en la ecuación.

Fuentes:

 Death and the Afterlife, Robert Morey, Bethany House, 1984.
 The Case for Christ, Lee Strobel, Zondervan, 1998.
 Reasoning from the Scriptures with the Jehovah’s Witnesses, Ron Rhodes, Harvest House, 1993.
 The Kingdom of the Cults, Walter Martin, Bethany House, 1992.
 Blow Out the Candle, A Critical Look at Annihilationism, James Patrick Holding
http://www.tektonics.org/af/annix.html
 Inerrancy, Editado por Norman L. Geisler, Zondervan, 1980.
 Seventh Day Adventist Believe, A.G.I.A.S.D., Pacific Press, 1988.

El cuidado de Dios para su pueblo | John Flavel

El Misterio de La Providencia
(Publicado originalmente en 1677 en Inglaterra)

El cuidado de Dios para su pueblo

 John Flavel

Cristo es tanto cabeza de su pueblo, como gobernador del mundo entero. Controla los eventos en el mundo para el máximo beneficio de su Iglesia. Mi propósito en esta parte no es el de tratar con aquellos que no creen en Dios. Quiero convencer a todos los que dicen que Dios existe, que las obras especiales de su providencia no son meros accidentes. Hay muchas personas que se identifican como creyentes, que consideran las cosas que ocurren en sus vidas como si solo fueran eventos naturales. Piensan que los asuntos de este mundo y de los hijos de Dios no son gobernados por la providencia, sino por causas naturales. ¡Esto significa vivir como si Dios no existiera! Los que piensen de este manera deben considerar las siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo es entonces que en tantas ocasiones, el pueblo de Dios ha sido rescatado del peligro y del mal, por un poder superior al poder de la naturaleza, y aún frecuentemente en una forma contraria al curso normal de la naturaleza?
    El agua inunda y ahoga a todo lo que pueda, pero el mar rojo fue dividido y un muro de agua se formó a cada lado para que el pueblo de Israel pasara sano y salvo por en medio. El fuego quema hasta lo máximo de su poder, pero cuando Nabucodonosor, el Rey de Babilonia, echó a los tres judíos piadosos al horno de fuego, la intensa llama no tuvo poder para dañar ni siquiera un cabello de sus cabezas, pero al mismo tiempo mató a quienes les habían echado al fuego. Es natural que las bestias salvajes y hambrientas maten y coman a los hombres, pero aquellas que se encontraban en el foso donde Daniel fue puesto, pasaron toda la noche sin dañarle.
  2. Si no son ordenadas por una providencia especial ¿Cómo es que las causas naturales trabajan juntas, de una forma tan extraña, para el beneficio de los creyentes?
    En la historia de José hay doce pasos de la providencia a través de los cuales llegó a ser Primer Ministro de Egipto. Si uno solo de ellos hubiera fallado, entonces la historia habría terminado en una forma distinta. En tiempos de Esther, hubo siete actos de la providencia, los cuales se combinaron para producir la caída de Amán y salvar a los judíos de la destrucción. Dios es capaz de hacer diferentes cosas para cuidar a su pueblo, tal como un trabajador usa toda clase de herramientas en su trabajo. En la misma forma que un artesano toma un trozo de madera rústica y la convierte en una obra de arte, de igual manera las manos más dotadas usan las herramientas en el taller de la providencia.
  3. Si los asuntos del pueblo de Dios no son gobernados por una providencia especial, ¿Cómo es que los medios más poderosos y astutos empleados para su destrucción no tienen efecto, y los medios más débiles e insignificantes empleados para su protección tienen éxito?
    Tal fue el gran poder y habilidad usados por faraón en su intento para destruir al pueblo de Israel, que parecería a la razón natural que sería imposible escapar. Los emperadores romanos quienes conquistaron el mundo usaron todo su poder contra la pobre e indefensa Iglesia, ¡Pero la Iglesia sobrevivió! Si la mitad de ese poder hubiera sido empleado contra cualquier otro pueblo, ciertamente lo habría destruido por completo. Dios hizo buenas sus promesas: “Destruiré a todas las naciones … pero a tí no te destruiré.” (Jer. 30:11) “Ningún arma forjada contra tí prosperará …”(Isa. 54:17).
    Por otro lado, cuán débiles e inseguros medios fueron escogidos para plantar el cristianismo en el mundo. Cristo no escogió a hombres de autoridad en las cortes de los reyes, sino doce hombres comúnes siendo pescadores los principales entre ellos. Estos fueron enviados no juntos, sino unos a un país y algunos a otro; y no obstante en un corto período de tiempo el evangelio se esparció e iglesias fueron plantadas en los diferentes reinos del mundo. Desde aquel entonces hasta el día de hoy, una providencia especial ha guardado a los creyentes en tiempos de peligro y ha prevenido todos los intentos para destruirles.
  4. Si todas las cosas son gobernadas por causas naturales ¿Cómo es que los hombres fueron convertidos del mal camino en el cual corrían a toda velocidad?
    Pablo iba camino a Damasco para matar a los creyentes cuando de repente fue tumbado por una luz del cielo. Fue convertido de su mal propósito y posteriormente hecho apóstol de Jesucristo (Hech. 9:1–18). Más tarde, los judíos planeaban matarlo cuando fuera llevado prisionero de Cesarea a Jerusalén. El gobernante Festo (aunque no sabía del complot) decidió juzgar a Pablo en Cesarea y no en Jerusalén, así deshizo sus planes (Hech. 25:1–4).
    Agustín, un líder en el cristianismo de la iglesia primitiva, se dirigía a cierto pueblo para enseñar y un guía le acompañaba para mostrarle el camino. El guía se perdió y sin embargo, llegaron sanos y seguros a su destino por otro camino. Después descubrieron que habían escapado de la muerte a manos de sus enemigos quienes le esperaban en el camino normal. ¿Quién puede dejar de ver el dedo de Dios en estas cosas?
  5. Si no hay una providencia dominante ordenando todas las cosas para el bien de su pueblo, ¿Cómo es que el bien o mal que les es hecho en este mundo es retornado a quienes traen el bien o el mal sobre ellos?
    Cuando faraón ordenó matar a todos los niños recién nacidos de Israel, las parteras de ellos rehusaron obedecer su mandato. Por esto, Dios les trató bien a ellas (Ex. 1:21). Rahab ocultó a los espías enviados a Jericó, y fue salvada cuando toda la gente de la ciudad fue destruida (Jos. 6:25). La mujer sunamita fue bondadosa para con el profeta Eliseo proporcionándole un cuarto para su hospedaje y Dios le bendijo con un hijo. (2 Rey. 4:9–17) Publio, el principal de la isla de Melita, dio hospedaje a Pablo después del naufragio y el Señor de inmediato le devolvió el pago sanando a su padre de una enfermedad. (Hech. 28:7–8)
    En la misma manera, los males hechos contra el pueblo de Dios han sido devueltos a sus enemigos. Como ya hemos visto, fue el propósito de faraón destruir a los hijos inocentes del pueblo de Israel. Dios le pagó su mal, matando a todos los primogénitos de Egipto en una sola noche. (Ex. 12:29) Amán hizo una gran horca para colgar a Mardoqueo, pero Dios ordenó que Amán y sus diez hijos fueran colgados en ella. (Est. 7:10) Ahitofel hizo un complot contra el rey David y dio su consejo para derrocar a David. Este mismo consejo provocó su propia ruina. (2 Sam. 17:23)
    Después de que el cruel emperador Maximus ordenó la completa abolición de la religión cristiana, fue echado a la cama por una terrible enfermedad como Herodes en los días de los apóstoles (Hech. 12:23). Algunas veces el pago del mal ha sido muy exacto. Cuando Nabot fue muerto, a Acab le fue dicho: “En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, la tuya misma.” Y eso fue exactamente lo que pasó. (1 Rey. 21:19 y 22:38)
    Entonces, Las Escrituras son hechas buenas por la providencia. “El que cava foso caerá en El; y al que revuelve la piedra, sobre él le volverá.” (Prov. 26:27) “Con la misma medida que medís, os volverán a medir.” (Mat. 7:2)
  6. Si todas estas cosas son meros accidentes ¿Cómo es que concuerdan tan exactamente con Las Escrituras en todos los detalles?
    ¿Suspende Dios milagrosamente el poder de las causas naturales? Esto no es ningún accidente, sino que es conforme a la Palabra:“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en tí.” (Isa. 43:2) ¿Obran las causas naturales para el beneficio del pueblo de Dios? Esto está de acuerdo con la Escritura: “Todo es vuestro … y vosotros de Cristo.” (1 Cor. 3:21–23)
    Cuando la providencia guarda a los hombres buenos de caer en el mal, o detiene a los malos de hacer el mal, la verdad y la certeza de las siguientes escrituras quedan verdaderamente manifiestas: “el hombre no es el señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.”(Jer. 10:23) “El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos.” (Prov. 16:9) Cuando las cosas malas que los hombres han hecho, se vuelven en su contra, entonces se manifiesta la verdad del Salmo 9:16 “En la obra de sus manos fue enlazado el malo.” Ciro, cabeza del imperio Persa, dejó libre al pueblo de Dios porque la Escritura decía que debía hacerlo, aunque fue en contra de sus propios intereses (Isa. 45:13). Toda la gente en el mundo siempre cumple los propósitos de Dios, aún cuando no quieran hacerlo.
  7. Si todas estas cosas suceden por casualidad, ¿Cómo es que ocurren exactamente en el tiempo oportuno?
    El antiguo testamento está lleno de ejemplos de tales sucesos. A Agar le fue dicho del pozo de agua cuando pensaba que su hijo Ismael iba a morir de sed. (Gen. 21:16 y 19) El ángel llamó a Abraham y le mostró un carnero para el holócausto justamente cuando estaba a punto de matar a su hijo Isaac. (Gen. 22:10–14) Al rey Saúl le fue dicho: “los filisteos han hecho una invasión al país” justamente cuando estaba a punto de prender a David y matarlo. (1 Sam. 23:27) Noticias de un ataque de otra dirección provocaron al ejército asirio su retiro de Jerusalén, justamente cuando se aprestaban a avanzar contra la ciudad. (Isa. 37:7–8) Cuando el complot de Amán contra los judíos estaba listo para ponerse en acción, “aquella noche se le fue el sueño al Rey.” (Est. 6:1) Muchas cosas similares que ocurrieron al pueblo de Dios en años posteriores, pudieran ser citadas como más evidencias, de la manera muy exacta en que la providencia obra a favor de ellos.
  8. Si estas cosas son meramente accidentales, enteonces ¿Cómo es que suceden en relación con las oraciones de los creyentes quienes saben que han recibido respuestas muy claras a las peticiones particulares que han hecho? (1 Jn. 5:15)
    El siervo de Abraham oró por encontrar una esposa para Isaac. Su oración fue contestada exactamente en conformidad con las palabras que él usó. (Gen. 24:14 y 46) Los hijos de Israel clamaron al Señor cuando faraón y los egipcios los perseguían, y el mar Rojo se dividió enfrente de ellos. (Ex. 14:10) El rey Asa se enfrentó con un numeroso ejercito mucho más grande que el suyo y clamó al Señor su Dios. El dijo: “Oh Jehová, para tí no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas. Ayúdanos, Oh Jehová Dios nuestro, porque en tí nos apoyamos y en tu nombre venimos contra este ejercito.” (2 Cron. 14:11) Cuando Pedro fue encarcelado, la Iglesia oró de día y de noche por él. Vea como sus oraciones fueron contestadas en Hechos 12:1–12.
    ¿Quién puede decir que las providencias de Dios no enseñan que El es un Dios que escucha y contesta las oraciones? “Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con El.” (2 Cron. 16:9).

Flavel, J. (2001). El misterio de la providencia (O. I. Negrete & T. R. Montgomery, Trads.; pp. 7-12). Publicaciones Faro de Gracia.

La ley de la no contradicción | Sugel Michelén

La ley de la no contradicción

Sugel Michelén

En la discusión que ha generado los artículos sobre el ateísmo, a raíz de la entrevista que salió publicada recientemente en uno de nuestros diarios sobre la formación de la Asociación de Ateos Dominicanos (Ateodom), hemos estado tratando de señalar algunas incongruencias en las que incurrió su presidente en la entrevista (“Las incongruencias de Ateodom” y “El amor según Ateodom“).

Al hablar de “incongruencia” nos estamos refiriendo a algo que es ilógico. Por tal razón, pensé que era importante hablar un poco de la lógica para que esta discusión pueda ser significativa y edificante.

La lógica es una de las herramientas fundamentales de la filosofía. Según Aristóteles, la lógica no es un campo científico separado del resto, sino más bien un instrumento necesario para el quehacer científico en cualquier área.

Sin la lógica la ciencia no es posible, ya que lo que es ilógico es incomprensible y, por lo tanto, imposible de conocer. La lógica es esencial para que podamos entender. Ahora bien, la ley fundamental de la lógica es la ley de la no contradicción.

La forma más sencilla de definir la ley de la no contradicción es con la siguiente ecuación: A no puede ser igual a B y a noB (que ahora reseñaremos como –B) al mismo tiempo y en el mismo sentido. Por ejemplo, una idea (A) no puede ser verdadera (B) y falsa (-B) al mismo tiempo y en el mismo sentido. Una figura (A) no puede ser cuadrada (B) y redonda (-B) al mismo tiempo. Yo puedo hacer con masilla una figura cuadrada y luego hacer otra redonda, pero no puedo hacer una que sea cuadrada y redonda al mismo tiempo.

En cierta ocasión un joven fue llamado a comparecer a la oficina de impuestos internos de EUA para ser auditado, debido a que no había llenado su declaración de impuestos por varios años.

Cuando el agente de impuestos internos le preguntó por qué no lo había hecho, el joven replicó que cuando estaba en la universidad a él se le enseñó que la ley de la no contradicción era un principio opcional que no teníamos que acatar necesariamente.

Por lo tanto, si no hay diferencia entre B y -B fue solo asunto de tiempo para llegar a la conclusión de que no hacía ninguna diferencia si llenaba la planilla de impuestos o no. Al oír la explicación, el agente de impuestos le dijo: “Eso es muy interesante. Nunca antes había escuchado una explicación como esta. Pero ya que Ud. cree que no existe ninguna diferencia entre B y -B, estoy seguro que también creerá que no existe ninguna diferencia entre estar en la cárcel y no estarlo”.

EL CARÁCTER AUTOEVIDENTE DE LA LEY DE LA NO CONTRADICCION:

Hay algunas cosas que todo ser humano debe dar por sentado o aceptar a priori. La ley de la no contradicción es una de ellas. Como dice R. Nash: “Estrictamente hablando, la ley de la no contradicción no puede ser probada”. Cualquier prueba que se presente a su favor tiene que presuponer la veracidad de esa ley.

Sin embargo, podemos probar la validez de esta ley a través de argumentos negativos o indirectos. Toda negación de la ley de la no contradicción nos lleva al absurdo, tanto en nuestra forma de pensar como en nuestra forma de vivir.

A. La lógica y la comunicación humana significativa:

Las personas que intentan negar la validez de la ley de la no contradicción están envueltas en una tarea condenada al fracaso, ya que están obligados a usar el mismo principio que están tratando de negar para poder negarlo. Si queremos hablar inteligiblemente no podemos atribuir significados contrarios a la misma palabra al mismo tiempo y en el mismo sentido.

Ronald Nash dice al respecto: “Ya que cualquier refutación de la ley de la no contradicción tendría que ser expresada en una lenguaje inteligible y ya que un hablar significativo presupone la ley, en principio es imposible usar el lenguaje para negar la ley de la no contradicción”.

Y luego añade: “Si la ley de la no contradicción es negada, nada tiene significado, incluyendo las oraciones de las personas que piensan estar negando la ley”. Así que “la ley de la no contradicción es una ley del ser y del pensamiento necesaria e indispensable”.

B. La lógica y las acciones humanas significativas:

Las personas que intenten negar la ley de la no contradicción rápidamente se encontrarán en situaciones muy difíciles. Por ejemplo, si B = -B, entonces no habría ninguna diferencia entre tomarse un jugo de naranja (B) y un veneno (-B). Tampoco podríamos señalar la pecaminosidad de un adúltero porque estar con su esposa (B) sería lo mismo que estar con otra que no lo sea (-B).

ALGUNOS EJEMPLOS DE IRRACIONALIDAD:

A. El escepticismo:

El escepticismo puede ser propuesto de dos maneras distintas.

  1. Nadie puede conocer nada.
  2. Ninguna proposición es verdadera.

En cuanto a la primera, tendríamos que preguntar al escéptico: “¿Tú sabes que nadie puede conocer nada?” Si el escéptico responde que sí, es obvio que se está contradiciendo a sí mismo; pero si responde que no, entonces está admitiendo que él no sabe de qué está hablando.

Por otra parte, si alguien dice que ninguna proposición es verdadera, entonces debemos preguntarle: ¿Es tu proposición verdadera? Cualquier respuesta que dé a esta pregunta coloca al escéptico en un callejón sin salida.

B. Evidencialismo:

La esencia del evidencialismo fue expresado por un pensador del siglo XIX, W. K. Clifford, quien escribió: “Es erróneo siempre, dondequiera y para cualquiera, creer alguna cosa sin evidencia suficiente”.

Y ya que según Clifford, nunca podríamos encontrar suficientes evidencias para las creencias religiosas, todo el que acepte una creencia religiosa está actuando en una forma inmoral, irresponsable e irracional.

He aquí una vez más una declaración que se refuta a sí misma. Basta con pedir al evidencialista una prueba de su aseveración. Como es imposible presentar evidencias para probar tal cosa, tenemos que llegar a la conclusión de que la verdadera irracionalidad se encuentra en la proposición del evidencialismo.

C. Deconstruccionismo:

Según el deconstruccionismo el significado de las palabras cambia continuamente, pues dependen del contexto cultural de cada cual, lo mismo que de su trasfondo y experiencia; de manera que no podemos asignarle a las palabras un significado inherente, estable y universal.

De ese modo el deconstruccionismo pone bajo cuestionamiento la noción fundamental de la tradición intelectual de Occidente y que el deconstruccionista Jaques Derrida (fallecido el 8 de octubre de 2004) llama “logocentrismo”.

Tal como el término sugiere, las palabras han ocupado un lugar central en la historia del pensamiento como un vehículo confiable de verdad y significado. Derrida, en cambio, insiste en que toda oración está sujeta a muchas interpretaciones legítimas.

Como ha dicho alguien: “El lector va generando su propia comprensión del texto a través de la lectura. No hay una interpretación mejor y otra peor del texto. Todas las interpretaciones son válidas”.

Pero una vez más, esta postura es irracional. Ellos están usando palabras para decirnos que no creen que podemos comunicarnos con palabras. Como bien señala Lindsley: “Toda negación de que las palabras sean significativas usa palabras para negarlo. Esta asume que tu puedes comunicar que no puedes comunicarte”.

Una estudiante, cuyo profesor era deconstruccionista, relató la siguiente historia verídica. Su profesor anunció que el examen final requería un ensayo sobre la novela Moby Dick. Esta joven comenzó su ensayo con estas palabras: “Moby Dick es la República de Irlanda”.

En los próximos 90 minutos siguió desarrollando su tesis con la cual ganó una “A” y la siguiente nota del profesor: “Qué ensayo más creativo”. Y lo cierto es que el ensayo fue muy creativo, el único problema es que no tenía nada que ver con la novela de Herman Melville.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

¿Cómo hacemos lugar para el pecado? | Joe Rigney

¿Cómo hacemos lugar para el pecado?

Joe Rigney

En el libro de Romanos, el apóstol Pablo da una exhortación simple pero profunda a los cristianos que ilumina nuestra lucha contra el pecado:

No hagáis provisión para la carne, para satisfacer sus deseos. ( Romanos 13:14 )

La exhortación sugiere que no solo pecamos al satisfacer los deseos pecaminosos, sino que en realidad podemos crear espacio para tal indulgencia. ¿Qué significa eso y cómo funciona?

Deseos de la carne
Comencemos con el hecho de que la carne tiene deseos impíos. En Gálatas 5:17 , Pablo insiste en que los deseos de la carne son contrarios al Espíritu; literalmente, «la carne desea contra el Espíritu». Satisfacer un deseo carnal es completar, complacer y cumplir el deseo, ir a donde el deseo quiere llevarte. Tal indulgencia se llama “las obras de la carne”, que Pablo expone en Gálatas 5:19–21 :

Ahora bien, las obras de la carne son evidentes: inmoralidad sexual, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistad, contiendas, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, divisiones, envidia, borracheras, orgías y cosas semejantes. Les advierto, como les advertí antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

En Romanos 13 , Pablo las llama “obras de las tinieblas”, y proporciona una lista similar de ejemplos:

La noche está muy avanzada; el día está a la mano. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, no en orgías y borracheras, no en fornicación y sensualidad, no en pleitos y celos. ( Romanos 13:12–13 )

En estas listas, vemos pecados relacionados con nuestra vida sexual (inmoralidad sexual, impureza, sensualidad), pecados relacionados con nuestros deseos de comida, bebida y refrigerio (ebriedad), y pecados relacionados con nuestra vida social (enemistad, contienda, rivalidades celos, peleas, arrebatos de ira, divisiones). Todos estamos familiarizados con estos pecados en nuestras vidas. Pero, ¿qué significa “hacer provisión” para ellos?

Cómo hacemos provisiones
“Proveer para la carne” implica que podemos optar por ponernos en el camino de la tentación. Podemos hacer espacio y crear espacio para que los deseos pecaminosos se despierten, se persigan y se satisfagan. Esencialmente, podemos darle la vuelta al Padrenuestro y decir: “Llévame a la tentación para que pueda entregarme al mal”.

A nivel práctico, podemos planear sutilmente estar en un ambiente de tentación, sabiendo (o al menos esperando) que las tentaciones vendrán y despertarán nuestros deseos para que podamos gratificarlos. Sin embargo, es importante enfatizar la sutileza. Cuando hacemos provisión para la carne, nuestras mentes funcionan de tal manera que a menudo racionalizamos y excusamos nuestro comportamiento, incluso ante nosotros mismos. Nuestras mentes se emplean para satisfacer los deseos carnales, y luego nuestras mentes se emplean para excusar y justificar nuestro comportamiento. Eso es lo que significa hacer provisión para la carne, satisfacer sus deseos.

Considere, en particular, cómo nuestra tecnología nos permite hacer provisión para la carne. Podríamos elegir usar aplicaciones o visitar sitios web donde sabemos que probablemente aparecerán imágenes sexualmente explícitas (ya sea a través de anuncios o publicaciones). No buscábamos descaradamente tales imágenes. Pero estábamos creando espacio para que aparecieran. Estábamos previendo que despertaran nuestros deseos. La carne nos lleva allí a través de la curiosidad pecaminosa, pero luego nuestra mente intenta racionalizar lo que sucede: «Estaba revisando las redes sociales».

Lujuria, celos, envidia e ira
Si bien la inmoralidad sexual es una tentación obvia en esta área, la misma dinámica está en funcionamiento con otras pasiones y deseos. ¿Con qué frecuencia hacemos provisión para la carne visitando sitios y usando aplicaciones que regularmente despiertan nuestros celos y envidia? Creamos espacio para la codicia al frecuentar sitios que muestran una imagen de la vida que desearíamos tener. “Mira su casa/familia/ropa”. “Mira sus oportunidades/éxitos/bendiciones”.

O si no es envidia, tal vez sea ira y peleas. Sabemos que leer ese artículo, ver ese clip de noticias o escuchar ese podcast despertará frustración, ansiedad, miedo o ataques de ira. Y, sin embargo, hacemos provisión para esos pecados al ponernos en una posición para ser despertados. Proveemos al someternos al conocimiento que daremos vuelta en nuestras mentes con malicia y amargura (tal como podríamos acariciar una lujuria). Y luego lo justificamos y lo racionalizamos, diciendo: “Solo me mantengo al día con las noticias. Es importante mantenerse informado sobre lo que sucede en el mundo”.

En cada uno de estos casos, estamos creando lugar, dando espacio y haciendo provisión para que la carne nos lleve a la tentación y al pecado.

Despertar y dar un paseo
Afortunadamente, Pablo no nos dice simplemente qué evitar. También nos dice qué hacer.

Primero, nos despertamos .

Sabéis la hora, que ha llegado la hora de despertaros del sueño. Porque la salvación está más cerca de nosotros ahora que cuando creímos por primera vez. La noche está muy avanzada; el día está a la mano. ( Romanos 13:11–12 )

En otras palabras, nos damos cuenta de la forma en que nuestra mente y nuestra carne trabajan juntas para llevarnos al pecado. Hacer provisión para la carne nos adormece y nos mata. Espiritualmente, nos quedamos dormidos. Seguimos nuestras pasiones en una niebla de deseos, apetitos, excusas y racionalizaciones, ahuyentando la voz de nuestra conciencia y del Espíritu Santo. Así que debemos despertar.

En segundo lugar, nos cambiamos de ropa . “Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” ( Romanos 13:12 ). Más tarde, nos exhorta a “vestirnos del Señor Jesucristo” ( Romanos 13:14 ). En lugar de usar nuestras mentes para crear espacio para la carne y luego racionalizar nuestros deseos, usamos nuestras mentes para considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo ( Romanos 6:11 ). Consideramos quiénes somos a la luz de la obra de Cristo. Este es un esfuerzo mental lleno de gracia para poner nuestra mente en las cosas de arriba, donde está Cristo ( Colosenses 3:1–4 ).

“No es suficiente simplemente evitar el pecado y la tentación; debemos buscar activamente matar nuestro pecado.”

Y fíjate que cambiarse de ropa implica tanto quitarse como ponerse. “Desechando las obras de las tinieblas” implica hacer morir lo terrenal en nosotros ( Colosenses 3:5 ). Esto implica que no es suficiente simplemente evitar el pecado y la tentación; debemos buscar activamente matar nuestro pecado. En otras palabras, nos negamos a permitir que la curiosidad pecaminosa se instale en nuestros corazones sin hacer esfuerzos intencionales para matarla. No jugamos simplemente a la defensa; también vamos a la ofensiva.

Finalmente, vamos a dar un paseo . “Andemos decentemente como de día, no en orgías y borracheras, no en fornicación y sensualidad, no en pleitos y celos” ( Romanos 13:13 ). Estamos despiertos y alertas; estamos apropiadamente vestidos en la justicia de Cristo. Y ahora caminamos de una manera que se ajusta a nuestra unión con él.

Lo que no podemos ocultar
Lo fundamental para caminar correctamente es reconocer que es de día. Habiendo sido llevados de la muerte y el pecado a la vida y la justicia, hemos sido llevados de las tinieblas a la luz. Dicho de otra manera, somos vistos.

“Al hacer provisión para la carne, una de las mentiras que estamos tentados a creer es que podemos escondernos”.

Cuando hacemos provisión para la carne, una de las mentiras que estamos tentados a creer es que podemos escondernos. Y aunque es posible esconderse de otras personas, no podemos escondernos de Dios. Nunca lo engañamos con nuestras excusas y sutilezas. Él nos ve haciendo espacio para que fluyan nuestros apetitos pecaminosos. Nuestras racionalizaciones están vacías ante su omnisciencia. Somos como el niño que va de puntillas a la cocina por la noche para robar una galleta de la alacena mientras su madre observa desde la sala. Nuestros intentos de sigilo son una locura ante el brillo de su mirada que todo lo ve. Como dice el libro de Hebreos: “Ninguna criatura está oculta a su vista, sino que todas están desnudas y expuestas a los ojos de aquel a quien debemos dar cuenta” ( Hebreos 4:13 ).

Entonces, el llamado de Pablo es simple (incluso si la obediencia es difícil de ganar). Despertar. Cambia tu ropa. Vestíos del Señor Jesús y de su armadura. Y luego camine de manera apropiada delante de él. No hagáis provisión para la carne, para satisfacer sus deseos.

Joe Rigney ( @joe_rigney ) se desempeña como miembro de teología en New Saint Andrews College. Es esposo, padre de tres hijos y autor de varios libros, incluido Más que una batalla: cómo experimentar la victoria, la libertad y la curación de la lujuria .

¿CÓMO SÉ SI TENGO EL SELLO DEL ESPÍRITU SANTO? | Geoffrey Thomas

¿CÓMO SÉ SI TENGO EL SELLO DEL ESPÍRITU SANTO?

Geoffrey Thomas

Hay diferentes maneras de saber que tenemos el sello de la morada del Espíritu en nosotros:

EL ESPÍRITU SANTO ME MINISTRA
Cada vez me deleito más al estar y conversar con aquellos que tienen el Espíritu. Me deleito en el Día del Señor, en el tiempo de adoración y de oración. Amo escuchar la predicación de la Biblia con el Espíritu Santo enviado del cielo. Si una persona llamada por Dios está dirigiendo una reunión en la que se predicará la Palabra de Dios, me gustaría estar en esa reunión. Creo que la Biblia es inspirada por Dios. Oro por mí y por aquellos que amo (amigos, familia y conocidos). Anhelo que esas personas conozcan a Dios y que den sus vidas para glorificarlo y honrarlo. Me siento mal cuando peco; siento la necesidad de confesarle mi pecado a Dios. Quiero agradar a Dios en todo lo que hago, por lo que presento mi cuerpo a Él como sacrificio vivo. Esta es mi oración: “Que mi vida entera esté consagrada a Ti, Señor… Traigo a Ti mi vida para ser, Señor, Tuya por la eternidad”. Estos deleites son las marcas de mi sellado; son las consecuencias de la morada del Espíritu Santo en mi vida. No hay otra explicación para este comportamiento tan contrario a los apetitos mundanos; es consecuencia de que Dios ha estado obrando en mi vida.

EL FRUTO DEL ESPÍRITU ES EVIDENTE EN MI VIDA
Gálatas 5:22-23 dice: “En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas”. Los componentes del fruto del Espíritu aún no son perfeccionados en mí. Mi anciana madre sufría de demencia. Vivía con nosotros y hacía la misma pregunta cada pocos minutos durante horas, noche tras noche. Debí haber sido más paciente y bondadoso con ella. Debí haber mostrado más dominio propio. Sin embargo, este fruto no está totalmente ausente en mí. Tengo el amor, el gozo y la paz divinos que Pablo enlistó, incluso en los tiempos de profunda angustia. Sería mucho más egoísta, desagradable y despiadado sin la obra del Espíritu Santo en mi vida.

CONOZCO LA BENDICIÓN DEL ESPÍRITU
Fui llamado al ministerio en 1963 y por cuarenta años he predicado la Palabra de Dios. ¿Ha sido este un largo viaje de mi ego? No niego la posibilidad. Estar de pie frente a cientos de personas y predicar la Palabra de Dios semana tras semana podría satisfacer el ego de algunos. No obstante, he experimentado una y otra vez una ayuda más allá de mis fuerzas al preparar mis sermones y predicar de la Biblia. A través de los años muchos grandes hombres de esta congregación han sido llamados al ministerio. Creyentes de diferentes trasfondos y personalidades me dicen que mis sermones los ayudan. Eso solo es posible por medio de los dones de enseñanza, pastorado y liderazgo que el Espíritu Santo ha puesto en mí.

VEO LA DIRECCIÓN DEL ESPÍRITU EN MI VIDA
Dios me ha guiado en las sendas de justicia. Esa ha sido la irresistible trayectoria de mi vida. He pecado todos los días y he tenido caídas importantes; Dios me ha levantado muchas veces. Todos los días he conocido el perdón. Nunca he vivido un día en que no haya sabido que Jesucristo es mi Salvador y que debo estar caminando más cerca de Él. El Espíritu me ha guiado a servir a los demás, a poner la otra mejilla a los insultos, a negarme y a adorar al Rey del cielo.

Por consiguiente sé que el Espíritu Santo está en mi vida puesto que Dios dice que el Espíritu está en la vida de todo el que cree en Su Hijo. Por medio de las marcas del Espíritu veo la confirmación de Dios, de que Sus promesas son verdad. Ese es el sello del Espíritu de Dios. ¿Has sido marcado en Cristo con este sello? ¿Es visible en tu vida el fruto del Espíritu? ¿Los demás reconocen estos dones en ti? ¿Estás siendo guiado por el Espíritu año tras año? ¿Eso, a su vez, guía a otros a Cristo?

Estas preguntas no se refieren a tu ortodoxia. Ni siquiera son acerca de tus sentimientos y emociones. Se refieren a tu espiritualidad. Esa palabra se ha vuelto muy común hoy en día. Los jóvenes afirman que en sus valores buscan la espiritualidad en vez del materialismo. Me pregunto si realmente es así. La espiritualidad que es agradable a Dios es el resultado de la obra del Espíritu en nuestras vidas. Lleva fruto santo por el camino angosto de servir a los demás en el nombre de Jesucristo. El Espíritu de Dios crea y sostiene la verdadera espiritualidad. ¿Has sido marcado en Cristo con el sello del Espíritu Santo?

Este artículo ¿Cómo sé si tengo el sello del Espíritu Santo? fue adaptado de una porción del libro El Espíritu Santo, publicado por Poiema Publicaciones.

Páginas 208 a la 210

¿Qué dice la biblia acerca de la amargura?

La amargura es un cinismo rencoroso que se traduce en una intensa discordia o aversión hacia los demás. La biblia nos dice: «Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia». Y a continuación nos dice cómo lidiar con esa amargura y sus frutos, siendo «benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo » (Efesios 4:31-32).

Como adjetivo, la palabra amargo significa «afilado como una flecha o picante al gusto, desagradable, venenoso». La idea es la del agua amarga que se les dio a las mujeres sospechosas de haber cometido adulterio en Números 5:18: «las aguas amargas que acarrean maldición». En su sentido figurado, la amargura se refiere a un estado mental o emocional que corroe o «carcome». La amargura puede afectar a alguien que experimenta una profunda tristeza o cualquier cosa que actúa sobre la mente, de la misma forma como el veneno actúa sobre el cuerpo. La amargura es ese estado mental que intencionalmente se aferra a los sentimientos de enojo, listo para ofenderse, capaz de estallar en ira en cualquier momento.

El principal peligro de sucumbir a la amargura y permitir que gobierne nuestros corazones, es que es un espíritu que se niega a la reconciliación. Como resultado, la amargura conduce a la ira, que es la explosión externa de los sentimientos internos. Esa ira y enojo desenfrenado, a menudo conducen a la «riña», que es el egoísmo impulsivo de una persona furiosa que necesita que todo el mundo escuche sus quejas. Otro mal provocado por la amargura, es la calumnia. Tal como se usa en Efesios 4, no se está refiriendo a la blasfemia contra Dios, o simplemente una calumnia contra los hombres, sino cualquier comentario que brota de la ira y está pensado para herir o lastimar a otros.

Todo esto conduce a un espíritu de maldad, que simboliza una mentalidad perversa o sentimientos de odio intenso. Esta clase de actitud es carnal y diabólica en sus influencias. La maldad es un intento deliberado de dañar a otra persona. Por lo tanto, «toda forma de maldad» debe desaparecer (Efesios 4:31).

La persona que es amargada a menudo es resentida, cínica, cruel, indiferente, implacable, y desagradable como para estar con ella. Cualquier expresión de estas características es pecado contra Dios; son características de la carne y no de Su Espíritu (Gálatas 5:19-21). Hebreos 12:15 nos advierte: «Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados». Siempre debemos tener cuidado de no permitir que las «raíces de amargura» crezcan en nuestros corazones; esas raíces harán que estemos lejos de la gracia de Dios. Dios desea que Su pueblo viva en amor, gozo, paz y santidad; no en amargura. Por tanto, el creyente debe siempre vigilar diligentemente, estando en guardia contra los peligros de la amargura.

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: https://www.gotquestions.org/Espanol/

Un Enfoque Bíblicamente Robusto a la Depresión | Dave Dunham

Un Enfoque Bíblicamente Robusto a la Depresión

Dave Dunham

En esta serie pretendemos explorar cómo las Escrituras nos proporcionan marcos sólidos para los problemas de la vida. Un marco es algo más que una serie de versículos bíblicos sobre un tema. Las Escrituras reconocen las diversas formas en que Dios ha diseñado a los seres humanos, las diversas formas en que experimentamos los problemas y las diversas formas en que se manifiestan los problemas. Por lo tanto, no nos proporciona un único enfoque para un problema común, sino diversos enfoques que se adaptan a cada uno de nosotros en el punto en el que nos encontramos en los problemas de la vida. En lo que se refiere a la depresión, la Biblia nos ofrece al menos cuatro marcos diferentes para afrontarla.

Empezamos de nuevo, sin embargo, tratando de entender la depresión y las diversas experiencias de la depresión. David Murray, en su maravilloso librito Christians Get Depressed Too (Los Cristianos También Se Deprimen), sugiere que la depresión se desarrolla en cinco ámbitos diferentes: Situación vital, pensamientos, sentimientos, cuerpos y comportamientos. Veamos cada uno brevemente.

Situación de vida – A veces la depresión surge debido a lo que está sucediendo en nuestras circunstancias. Los cambios en la vida pueden tener un efecto dramático en nuestra salud mental. Los detalles circunstanciales pueden ayudarnos a distinguir entre la tristeza desordenada y la tristeza lógica.

Pensamientos – Nuestra vida de pensamientos es probablemente el factor que más contribuye a la depresión. La manera en que pensamos sobre nosotros mismos, nuestras circunstancias y nuestro Dios puede afectar dramáticamente nuestra salud mental. Proverbios 23:7 establece que como un hombre piensa en su corazón así es él. Las cosas en las que más pensamos se convierten en convicciones del alma.

Sentimientos – Obviamente entendemos la depresión como un sentimiento. Cómo nos sentimos es un reflejo de lo que pensamos. Si mis pensamientos están dominados por problemas y evaluaciones negativas de mí mismo y de la vida, entonces voy a sentirme negativo. Estos sentimientos negativos tienden a reforzar mis valoraciones negativas. Se crea un pequeño círculo en el que cuanto más intensos son mis sentimientos, más convencido estoy de su legitimidad.

Cuerpo – Las luchas a largo plazo contra la depresión pueden manifestarse en enfermedades físicas. Sin embargo, también es importante tener en cuenta que algunas enfermedades físicas pueden cultivar lo que parece depresión Condiciones médicas como el hipotiroidismo, la anemia y la hipercalcemia (por nombrar algunas) pueden cultivar sentimientos y síntomas de depresión. Por lo tanto, siempre es importante hacerse un chequeo médico.

Comportamiento – por último, debemos tener en cuenta que la depresión afecta a nuestro comportamiento. La depresión afecta a nuestra motivación y a nuestra capacidad para disfrutar de cosas que antes nos gustaban. También puede tentarnos a encontrar medios destructivos de escape como el abuso de sustancias, la pornografía o la vida imprudente.

Centrémonos ahora en un enfoque bíblico de la depresión. Reconocemos que en el corazón de la depresión hay una pérdida de esperanza. Podría ser temporal o podría ser más duradera, pero sentimos esa tristeza intensa y prolongada porque no vemos un camino a seguir en nuestra circunstancia o en la vida en general. La Biblia proporciona al menos cuatro marcos diferentes para navegar por la depresión.

En primer lugar, podríamos considerar un Marco de Pecado. La depresión tiene muchas causas y a pesar de lo que algunos cristianos piensan, el pecado no es la causa de toda depresión. Pero es la causa de algunos tipos de depresión y por eso vale la pena investigarlo. En medio de la depresión causada por el pecado, Dios nos invita a arrepentirnos y a recibir el perdón. El Salmo 32 nos da un ejemplo de depresión de raíz espiritual. Los versículos 3-4 hablan de lo que sucede cuando el salmista no se ocupa de su pecado: experimenta síntomas de depresión: pérdida de apetito (los huesos se desgastan), gemidos (sonidos de desesperación), pérdida de energía. ¿Cómo afronta este pecado? Lo confiesa (v. 5). Los versículos 1-2 inician el salmo con la base de la esperanza: ¡bienaventurado aquel a quien se le perdonan las transgresiones! Así, con la depresión queremos considerar siempre el contexto de la vida. A veces el pecado puede ser la causa.

En segundo lugar, consideremos el Paradigma de la Tristeza. En medio de la depresión causada por la tristeza, Dios nos invita a mirar el panorama general. El Salmo 73 ilustra este principio. El Salmo está escrito retrospectivamente. Es decir, el autor mira hacia atrás, a una época en la que sus pies estuvieron a punto de resbalar (v. 2). Y estuvieron a punto de resbalar porque el sufrimiento había estrechado su visión. Sólo veía la injusticia y la maldad de su mundo (v. 3-12). Se ayuda a sí mismo a salir de este dolor encontrando una base firme en una perspectiva eterna (v. 16-20; 27-28). Al recordarse a sí mismo la justicia y el plan de Dios, es capaz de reorientar su corazón en medio de la tristeza.

En tercer lugar, considere un Paradigma de Autoconversación. Dado que la depresión suele estar muy relacionada con nuestros pensamientos y las cosas que nos decimos a nosotros mismos, voy a dedicar más tiempo a este enfoque. En medio de la depresión causada por la autoconversación, Dios nos invita a contraatacar con la verdad. El Salmo 42 es un gran ejemplo de esta práctica.

El Salmo comienza señalando cómo el dolor ataca nuestra experiencia de Dios. En las primeras líneas, el salmista anhela a Dios, como el ciervo anhela el agua. Pero en el versículo 2 vemos que siente que el Señor no le concederá una audiencia o prestar oído. “¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” El verso 3 enfatiza la pena que esta sintiendo – esta tan deprimido que no come, solo llora. » Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche». Y de nuevo, se pregunta, ¿dónde estás Dios? De hecho, describe poéticamente sus lágrimas como burlándose de su fe.

En el versículo 4 está recordando cómo solía ser la vida, cómo solía sentirse. A veces la depresión empeora al recordar cuánta alegría solíamos experimentar. La pérdida de interés y motivación es dura porque hubo un tiempo, al menos para algunos, en que la vida no era así. La vida no siempre fue gris y aburrida, pero ahora lo es. El salmista describe cómo solía dirigir a la multitud en la procesión y en la adoración.

El versículo 5 es un momento de contraste en el salmo. Aquí el salmista cambia el enfoque y empieza a hablar a su alma desanimada sobre la esperanza: Espera en Dios, porque volverás a alabarle. Y luego le dice a su alma quién es ese Dios: ¡El Dios de mi salvación! Se permite entristecerse, pero también responde a esa tristeza con esperanza.

El versículo 6 continúa centrándose en Dios, hablando más específicamente de quién es este Dios. Aquí menciona: » Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.» Se trata de lugares históricos clave en la vida de Israel, donde Dios se había revelado de manera extraordinaria. El salmista se aferra a verdades sobre Yahvé. En medio de la depresión, nuestra esperanza no está en Dios genéricamente, sino específicamente. Queremos recordar a nuestras almas quién es Dios.

El versículo 9 toma todo este discurso sobre Dios y lo devuelve al lugar de la confusión. Si Dios eres así, ¿por qué siento que me has olvidado? ¿Por qué me lamento y no recibo respuesta de ti? Sus enemigos, en este caso personas literales, se burlan de él diciendo: «¿Dónde está tu Dios?». Antes eran sus propias lágrimas las que se burlaban de él, ahora son voces ajenas. La cuestión, por supuesto, es que el dolor prolongado hace que dudemos de Dios, ¿no es así?

El versículo 10, sin embargo, vuelve a esa importante conversación del alma: espera en Dios, porque volverás a alabarle. Así que aquí aprendemos a ser honestos con nuestro dolor, a hablar con Dios de nuestro dolor, confusión y frustración, y aprendemos a hablarnos a nosotros mismos de esperanza en medio del dolor.

Por último, consideremos un Marco de Resistencia. A veces la depresión puede parecer imposible de entender. ¿Por qué me deprimo? ¿Por qué dura tanto? ¿De dónde viene? A menudo no hay respuestas claras, sencillas y directas. Y en tales situaciones, la Biblia nos anima simplemente a resistir, a creer que Dios está con nosotros en el valle de sombra de muerte.

El Salmo 88 es útil en este punto porque es un salmo muy oscuro. El Salmo 88 ha sido calificado como el salmo más oscuro de las Escrituras. La mayoría de los salmos de lamento contienen al menos un giro de esperanza. Están llenos de palabras duras y amargas, se sienten pesados, y el salmista está frustrado y abatido. Pero siempre dice algo como: «Pero confiaré en el Señor». El Salmo 88 no tiene vuelta atrás. Las últimas palabras del Salmo son simplemente: la oscuridad es mi única amiga.

Entonces, ¿cómo es posible que un Salmo tan deprimente pueda ser útil para el deprimido? En parte, creo que la respuesta es que fomenta la honestidad y la resistencia. Así, por ejemplo, este salmo nos anima a soportar nuestro dolor. Es decir, a sentir nuestro dolor. No te resistas, no te sientas mal por sentirte mal, reconoce tus sentimientos… aunque duren mucho tiempo. No tienes que reprimir esas emociones oscuras, puedes reconocerlas. El salmista ciertamente lo hace.

En segundo lugar, el Salmo nos anima a soportar con el Señor. El salmista comienza en el versículo 1 «clamando al Señor». Incluso en su desesperación, incluso en su frustración, sigue hablando con el Señor. Así que no abandones tu fe cuando la fe sea dura, cuando la vida sea dura. Sigue acudiendo a Dios. Dios conoce la depresión e incluyó un salmo oscuro en la Biblia para reflejar los estados en los que podemos encontrarnos. Lo escribió por nuestro bien, para ayudarnos a seguir adelante, a aguantar y a seguir adelante. Casi todas las depresiones requieren ciertos niveles de resistencia, y las Escrituras y el Espíritu de Dios pueden ayudarnos a resistir.

Por supuesto, hay mucho más que hacer para ayudar a las personas a superar la depresión. Debemos considerar cuestiones como la medicación, el apoyo social, el ejercicio y la dieta, y estrategias prácticas para poner en práctica los pensamientos adecuados. Pero si no empezamos con un marco útil, estas estrategias parecerán inútiles, aleatorias y alejadas de la esperanza. Identificar el marco adecuado para uno mismo o para alguien a quien se está ayudando requiere escuchar mucho, hacer buenas preguntas y orar. Pero gracias a Dios, Él no se limita a darnos clichés y consejos trillados. Nos da múltiples enfoques para comprender nuestra experiencia de la depresión y responder a ella. Un enfoque sólido de la depresión ofrece diversos medios de esperanza.

Artículo tomado de Evangelio Blog: https://evangelio.blog/2023/05/04/un-enfoque-bblicamente-robusto-a-la-depresin/

¿Se salvan los católicos?

La pregunta de «¿se salvan los católicos?» no se puede responder con un «sí» o un «no» a nivel general. De igual manera, tampoco se puede responder en sentido universal a las preguntas «¿se salvan los bautistas?» o «¿se salvan los presbiterianos?» o «¿se salvan los metodistas?». Uno no se salva por ser católico, bautista, presbiteriano o metodista. La salvación es sólo por gracia a través de la fe sólo en Cristo (Juan 14:6; Efesios 2:8-9). Posiblemente no exista ninguna denominación o división de la fe cristiana en la que cada miembro haya confiado realmente en Cristo como Salvador.

Además, se estima que hay más de mil millones de católicos romanos en el mundo. Entre esos más de mil millones de adeptos, hay una cantidad significativa con respecto a las creencias y prácticas. Los católicos romanos de Estados Unidos no tienen las mismas creencias y prácticas que los católicos romanos de Italia. Los católicos de América Latina no son el reflejo de los católicos de África. Aunque la jerarquía católica romana promueve la idea de que todos los católicos romanos tienen las mismas creencias y observan las mismas prácticas, esto no es así. La diversidad dentro del catolicismo es otra razón por la que la pregunta «¿se salvan los católicos?» no se puede responder de forma absoluta.

Sin embargo, si cambiamos la pregunta para que sea más específica, podemos tener una respuesta definitiva: «¿se salvan los católicos que se adhieren a las creencias y prácticas oficiales del catolicismo romano?». La respuesta a esta pregunta es «no». ¿Por qué? Porque la enseñanza oficial del catolicismo romano es que la salvación no es sólo por fe, sólo por la gracia, sólo en Cristo. La Iglesia Católica Romana enseña que uno debe hacer buenas obras y seguir los rituales del catolicismo romano para ser salvo.

Resumir el concepto católico de la salvación es difícil porque es extenso. He aquí un resumen de la enseñanza oficial del catolicismo romano sobre la salvación: para ser salvo, una persona debe recibir a Cristo como Salvador por la fe, ser bautizado siguiendo la fórmula trinitaria, obtener una gracia adicional observando los sacramentos católicos, especialmente la Eucaristía, y luego morir sin ningún pecado mortal no confesado. En caso de que una persona cumpla con lo anterior, se salvará y se le concederá la entrada al cielo, probablemente después de un extenso tiempo de purificación adicional en el purgatorio.

El proceso católico romano es significativamente diferente de la enseñanza del apóstol Pablo sobre cómo se recibe la salvación: «Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo» (Hechos 16:31). Juan 3:16 atribuye la salvación a todo aquel que cree en Cristo. Efesios 2:8-9 enseña explícitamente que la salvación no es por obras, y el versículo 10 aclara que las obras son el resultado de la salvación. En pocas palabras, la enseñanza católica sobre la salvación es muy diferente de lo que enseña la Biblia.

Así que, no, si una persona se aferra al concepto oficial católico romano de la salvación, no se salva. A pesar de sus fuertes afirmaciones, el catolicismo romano no sostiene verdaderamente la salvación por gracia a través de la fe.

Habiendo dicho esto, es importante recordar que no todos los católicos defienden el concepto católico romano de la salvación. Hay católicos que creen verdadera y plenamente que la salvación es sólo por gracia a través de la fe. Hay católicos que siguen los sacramentos como un aspecto del crecimiento espiritual y de la intimidad con Dios, y no para intentar ganarse la salvación. Hay muchos católicos que creen en la doctrina bíblica de la salvación y no entienden que la enseñanza oficial de la Iglesia Católica Romana es algo muy distinto.

¿Se salvan los católicos? ¿Los católicos van al cielo? Depende. Si la pregunta es «¿hay católicos salvos?» entonces la respuesta es «sí». Si la pregunta es «¿una persona irá al cielo si se atiene a la doctrina oficial católica romana de la salvación?» la respuesta es «no».

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: https://www.gotquestions.org/Espanol/

¿Cómo identificar la doctrina de los falsos maestros? | Sugel Michelén

¿Cómo identificar la doctrina de los falsos maestros?

Sugel Michelén

Sería imposible en un sólo artículo hablar detalladamente de las diversas doctrinas erróneas enseñadas por los falsos profetas. No obstante, en el pasaje de Mateo 7:15-23 nuestro Señor Jesucristo nos da una clave que nos ayudará a englobar sus enseñanzas.

¿Cuál es el contexto en que aparece esta advertencia sobre los falsos profetas? La invitación a entrar por la puerta estrecha, y la advertencia de que también existe una puerta ancha, que no es otra cosa que la oferta del enemigo de nuestras almas, quien nos asegura que podemos alcanzar el reino de los cielos sin tener que sufrir todos los inconvenientes que trae consigo el camino de Cristo (comp. Mt. 7:13-14).

El Señor está persuadiendo aquí a Su auditorio a entrar por la puerta estrecha, porque a pesar de ser estrecha, es la única vía de acceso al reino de los cielos. Y es en ese contexto que dice en el vers. 15: “Guardaos de los falsos profetas”. De donde deducimos que la característica general de los falsos profetas es que prometen salvación, pero rebajando al mismo tiempo las demandas del evangelio.

Ofrecen salvación sin tener que entrar por la puerta estrecha ni caminar por el camino angosto. Aquietan la intranquilidad de sus corazones con algo menos que una verdadera obra de gracia en el corazón; de manera que al final los pecadores se sienten tranquilos y en paz, a pesar de no ver en sus vidas las señales que acompañan el verdadero arrepentimiento y la verdadera fe.

¿Cuáles son los pasos que debe dar el pecador para entrar por la puerta estrecha? Arrepentirse de sus pecados, y creer en Cristo; tomar la decisión de divorciarse de su vida de pecado, y abrazar a Cristo tal como es ofrecido en el evangelio: Como el Sacerdote que te redime, como el Profeta que te revela la voluntad de Dios, y como el Rey que gobierna sobre tus pasiones y deseos.

Ese es el mensaje claro que encontramos en todo el NT (comp. Mr. 1:14-15; Hch. 20:18-21). Cualquier persona que enseñe un camino diferente para llegar al cielo que no sea a través de esa puerta estrecha del arrepentimiento y la fe, es un falso profeta aunque cite media Biblia en cada sermón.

La salvación que Cristo ofrece al pecador por medio de la fe no es simplemente un pasaje gratis al cielo, sino reconciliación con Dios y la liberación del dominio del pecado sobre nuestras vidas. Incluye el destronamiento del pecado y la entronización de la gracia, como dice Pablo en Rom. 6:14: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. Si estáis bajo la gracia el pecado no puede seguir reinando. Luchamos diariamente contra él, sigue siendo nuestro enemigo, pero ya no es nuestro rey. Y en ese mismo capítulo de Romanos, en el vers. 20, dice Pablo: “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin la vida eterna”. ¿Quiénes son los que tienen como fin la vida eterna? Aquellos que tienen ahora por fruto la santificación porque han sido libertados del pecado.

El falso profeta excluye de su mensaje este aspecto esencial del evangelio. Entretienen a los hombres con diversos temas, algunos muy útiles por cierto, pero no les hablan del arrepentimiento, no los enfrentan con sus pecados, no les hablan de esa fe en Cristo que nos lleva a abrazarlo tal como Él es ofrecido en el evangelio; no sólo como nuestro Sacerdote, sino también como nuestro Profeta y como nuestro Rey.

En otras palabras, introducen su veneno a través de lo que dicen, pero también a través de lo que callan (comp. Ap. 22:18-19). Ellos no echan a un lado la Biblia completamente, pero le añaden y le quitan. Mantienen ciertas cosas esenciales de la Biblia, hablan de Cristo, de Su muerte en la cruz, de confiar en Él; pero todo esto viene a ser en su predicación un conjunto de frases sin sentido. “Debemos confiar en Jesús”, “debemos dejar que Jesús guíe nuestros pasos”, “debemos tener un encuentro personal con Jesús”.

Todo eso suena muy bien, pero ¿cuáles son las implicaciones prácticas de esas cosas? ¿Qué significa la guía de Jesús sobre nuestras vidas? ¿Cómo me afectará esto en mis negocios, en mi relación con el mundo que me rodea, en el uso de mis bienes? ¿Qué significa realmente confiar en Jesús? ¿Cuáles consecuencias vendrán a mi vida por confiar en Él? Esa es la parte que el falso profeta prefiere callar. Es por eso que el ministerio de los falsos profetas generalmente resulta muy consolador al principio.

Con esto no estoy diciendo que los verdaderos predicadores no deban consolar con la Palabra de Dios. Gracias a Dios que en la Biblia encontramos textos tan consoladores como Rom. 8:28 o el Salmo 23. Pero noten que la Biblia consuela al que debe consolar. Pablo señala en Rom. 8:28, por citar un texto, quiénes son los que tienen derecho a ampararse en esas palabras tan consoladoras: “Los que aman a Dios”. Y ¿quiénes son los que aman a Dios? El Señor responde a esto en Jn. 14:21-23: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”. El falso profeta se limita a citar la consolación, pero no lleva a su auditorio a examinar con objetividad sin tienen derecho a apropiarse de tales promesas.

En Jer. 6:14 el Señor nos advierte que los falsos profetas “curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz”. Eso es lo que el pueblo quería oír, y por lo tanto es lo que los profetas falsos les decían (comp. Is. 30:9-10). Ahora, imaginen el contraste entre el mensaje de estos hombres, siempre tan consolador, tan tranquilizante, con el mensaje de Isaías (comp. Is. 1:10-18). Mientras los falsos profetas decían al pueblo que todo estaba bien y que no tenían nada de qué preocuparse, Isaías les decía que ellos no tenían garantía alguna de tener sobre ellos la bendición de Dios, mientras establece la base apropiada para recibir la bendición divina (comp. Is. 1:18-19).

Y ¡cuántos van hoy camino al infierno, tranquilos y confiados, sin haber entrado nunca por la puerta estrecha del verdadero arrepentimiento y la verdadera fe, y sin estar transitando por el camino angosto de una vida santa! Prestaron oídos a estos falsos profetas que hablan de paz cuando no hay paz, y ahora caminan tranquilos hacia las llamas del infierno (comp. Ez. 13:21-23). No son pocos, sino muchos, los que el día del juicio escucharán aquellas solemnes palabras del Señor: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores del maldad” (Mt. 7:23).

La Biblia advierte que muchos se enfrentarán con la muerte sumidos en una falsa paz; si no deseas pertenecer a ese grupo asegúrate de haber entrado por la puerta estrecha, y de que estás transitando en estos momentos por el camino angosto.

​Sugel Michelén

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios. Es autor de varios libros, incluyendo De parte de Dios y delante de Dios y El cuerpo de Cristo. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 5 nietos. Puedes seguirlo en Twitter.