Preparar su viaje

Sábado 12 Junio

Estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.Mateo 24:4425:13

Preparar su viaje

¡Mucha gente prepara con diligencia la llegada de un bebé, la entrada de un hijo a la escuela, el comienzo de las vacaciones, un viaje, una mudanza…!

Cada uno puede preguntarse: ¿Me he preparado con la misma diligencia para ese gran viaje hacia la eternidad? Después de la muerte, el espíritu vuelve “a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12:7). Ante nuestro Creador, cada uno de nosotros tendrá que rendir cuenta de su vida en la tierra y de su respuesta a las advertencias hechas por Dios en su Palabra: “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (Amós 4:12).

Dios nos pide que no menospreciemos “las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad” nos guía al arrepentimiento (Romanos 2:4). Dios es santo, ¿quién pretendería presentarse ante él con sus pecados? Nadie tendrá una circunstancia atenuante para escapar a la ira de Dios contra el pecado.

Sin embargo, Dios también es amor; él puede y quiere perdonarnos, incluso lo que podríamos considerar imperdonable. Si creemos que Jesús sufrió en la cruz el castigo que merecíamos, Dios puede perdonarnos. Bajo este castigo de Dios, Cristo fue el sustituto de todos los que creen: él “padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Él nos asocia a Cristo como sus hijos muy amados, para siempre. ¡Este es el “pase” que nos permite entrar eternamente en el gozo de su presencia! Dios quiere que todos los hombres sean salvos; aceptemos la gracia que nos ofrece hoy.

2 Reyes 13 – Efesios 1 – Salmo 69:29-36 – Proverbios 17:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Solid Joys en Español – Junio 11

Soldados de Jesucristo

Mayo 21/2021

Solid Joys en Español

Solid Joys en Español – Junio 11

John Piper

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Y si haces alguna locura?

Viernes 11 Junio

Somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre… porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.Hebreos 10:1014

¿Y si haces alguna locura?

Álvaro y Jorge son cristianos, pero a Álvaro le preocupa la idea de perder su fe y, como consecuencia, su salvación. Jorge, por su parte, está totalmente seguro de su salvación. Vive tranquilo. Un día trató de explicar esto a su amigo, quien le preguntó sorprendido:

– ¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Y si mañana haces una locura?

– Eres hijo de tu padre -respondió Jorge-. Si mañana haces una locura, él se entristecerá, pero tú nunca dejarás de ser su hijo. Cuando somos hijos de Dios, lo somos para siempre. Recibiste la vida de Dios “por gracia… por medio de la fe… es don de Dios” (Efesios 2:8). Eres su hijo. ¿Negaría Dios a sus hijos? Si eres salvo por la fe en Jesús, Dios no te pide conservar tu salvación mediante tu conducta, sino mostrar por tu conducta que eres su hijo. Si tu salvación dependiera de tu actitud y de tus obras, aunque fuera en lo más mínimo, ya no sería la salvación por gracia. ¡Y si pudieses perder la vida eterna, ya no sería la vida eterna!

Jorge tiene razón; la salvación del creyente, incluso del más débil, está sólidamente establecida por la obra de Jesús en la cruz. Nada puede destruirla. ¡Es perfecta! ¡Jesús la llevó a cabo una vez para siempre! Obtuvo una redención eterna. Dio su vida por sus ovejas. Ellas le pertenecen, están seguras en las manos del Padre y en las Suyas (Juan 10:28-29). Nadie puede arrebatarlas de su mano; ninguna oveja está fuera de la protección de su buen pastor. ¡Y si se extravía y “hace una locura”, Su mano poderosa la encontrará y la traerá al redil!

2 Reyes 12 – Romanos 16 – Salmo 69:19-28 – Proverbios 17:3-4

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Cuando la razón sirve a la rebelión

Soldados de Jesucristo

Junio 10/2021

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Cuando la razón sirve a la rebelión

John Piper

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La oración es para pecadores

Soldados de Jesucristo

Junio 02/2021

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 La oración es para pecadores

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Decir sí a Dios

Miércoles 9 Junio

(Jesús dijo:) No queréis venir a mí para que tengáis vida.Juan 5:40

Mirad que no desechéis al que habla… al que amonesta desde los cielos.Hebreos 12:25

Decir sí a Dios

En una de sus obras, el célebre biólogo Jean Rostand (1894-1977) escribió: “Le dije no a Dios, afirmando las cosas un poco brutalmente, pero a cada instante la pregunta resurge… Y me digo: ¿Es posible?”. Atraído constantemente por las maravillas de la naturaleza que no podría atribuir al azar, este hombre se negaba a reconocer la mano de Dios en ella.

La base de la fe es responder sí a la invitación de Dios. La bondad de Dios nos invita a arrepentirnos para ser salvos, pero no nos obliga a hacerlo.

Decir no a Dios es rechazar los llamados de su gracia, que nos hace de diversas maneras; por ejemplo a través de las maravillas de la naturaleza, un mensaje del Evangelio, una conversación con un creyente, o la voz de nuestra conciencia.

Pero, ¿cómo “decir sí a Dios”? Imagínese que está en una habitación cuyas persianas cerradas impiden que la luz del sol entre. ¡Para que la luz llegue basta con abrir las persianas! No se trata de fabricar la luz, sino de dejarla entrar, quitando el obstáculo que le impide expandirse. Sucede lo mismo en el ámbito de la fe. ¿Cuáles son los obstáculos entre Dios y nosotros? Dejémonos iluminar por la luz que viene de lo que él nos dice en la Biblia. Pidámosle que Jesús, quien es esta luz, muestre en nuestra vida todo lo que se opone a él, y que llene nuestro corazón de sus pensamientos y su amor. Jesucristo quiere entrar como huésped y salvador. ¡Decir sí a Dios significa confiar en él en todas las cosas! Ahí empiezan la paz y las certezas.

2 Reyes 10 – Romanos 15:1-13 – Salmo 69:1-8 – Proverbios 16:33

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 Glorifiquemos a Dios en nuestro cuerpo

Soldados de Jesucristo

Junio 08/2021

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 Glorifiquemos a Dios en nuestro cuerpo

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Un huerto abandonado

Martes 8 Junio

Sobre la tierra de mi pueblo subirán espinos y cardos, y aun sobre todas las casas en que hay alegría en la ciudad de alegría. Isaías 32:13

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17

Un huerto abandonado

Cuando vemos un huerto abandonado suponemos que no hay hortelano. Igualmente, como el mundo está en desorden, se llega a la conclusión de que no hay Dios.

En un huerto todo depende del hortelano; este siembra, planta, labra… La tierra se deja cultivar; todo parece obedecer al que la trabaja. El mundo, por el contrario, es un lugar de libertad donde los hombres actúan como quieren y obedecen lo menos posible. Son capaces incluso de hacer morir de hambre a su prójimo o de declararle la guerra. El resultado es un mundo contaminado, violento, con pocos valores morales… El abandono es total; las malas hierbas invadieron todo.

Pero Dios no trata de mejorar lo que el hombre deterioró. En la Biblia nos revela que tiene un plan para fundar “un cielo nuevo y una tierra nueva” donde vivirá con los hombres. “Ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:13-4).

¿Quién será admitido en ese lugar? La Biblia nos da un ejemplo: el malhechor crucificado al lado de Jesús, que lo reconoció como Señor, recibió de su parte este mensaje: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El que cree que Jesús sufrió el castigo que él merecía por sus pecados recibe la gracia de Dios, la vida eterna y un lugar en el cielo.

2 Reyes 9 – Romanos 14 – Salmo 68:28-35 – Proverbios 16:31-32© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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El temor a un mundo cambiante

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El temor

El temor a un mundo cambiante

Por Keith A. Evans

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El temor.

Los cambios. A pocos de nosotros nos gustan; a muchos nos asustan; la mayoría tratamos de prevenirlos. Sin embargo, hay cambios en todas partes. Para reconocerlos, no hace falta que nos sentemos en una mecedora de nuestra terraza, levemente irritados y reflexionando con la mirada perdida: «Cuando tenía tu edad…». Repasamos las noticias que han salido en las últimas veinticuatro horas mientras aconsejamos frenéticamente a nuestros propios corazones para que no se turben. Hacemos una pausa para charlar con nuestros vecinos de al lado —quienes no comparten el mismo apellido— o con la pareja que vive al otro lado de la calle —cuyos nombres son Jaime y Juan— y nos preguntamos nerviosamente qué ha sucedido con la familia nuclear. Experimentamos cambios incluso en nuestros propios huesos; pasamos de un día a otro, recordando esos «buenos tiempos» en los que nuestros cuerpos no nos dolían tanto, o al menos respondían mejor a las órdenes de nuestros cerebros. Hay cambios en todas partes. No importa cuáles sean, hay algo en nosotros que grita: «¡Las cosas no deberían ser así!».

En Eclesiastés 7:10, Salomón expresa estas luchas del corazón cuando nos instruye a no preguntar: «¿Por qué fueron los días pasados mejores que estos?». Aquí Dios está identificando nuestra tendencia natural cuando vemos cambios en el mundo: somos tentados a creer que el pasado era inherentemente mejor que el futuro amenazante que se aproxima. Pero Salomón explica por qué no debemos dejar escapar tal pregunta de nuestros labios: «Pues no es sabio que preguntes sobre esto».

La libertad del miedo al cambio no resulta de la ausencia de cambio, sino de la presencia de un Dios inmutable.

El padre de Salomón lo expresó de una manera ligeramente diferente cuando observó en el Salmo 11:3: «Si los fundamentos son destruidos; ¿qué puede hacer el justo?». ¿Sientes el peso de la pregunta de David? Al mirar a tu alrededor, ¿puedes identificarte con el mismo sentimiento de que los fundamentos están siendo destruidos? David usa imágenes de su contexto para establecer la escena: «¿Cómo decís a mi alma: “Huye cual ave al monte”? Porque, he aquí, los impíos tensan el arco, preparan su saeta sobre la cuerda» (vv. 1-2). Podríamos situar la pregunta en nuestro entorno moderno de esta manera: «¿Cómo puedo consolar mi corazón cuando la sociedad se está descomponiendo a un ritmo vertiginoso? ¿Dónde está mi esperanza cuando el mal parece predominar?».

Sin embargo, tanto la razón por la que Salomón nos llama a no asumir la superioridad del pasado como la fuente de la esperanza que ofrece David tienen que ver con el lugar donde ponemos nuestra confianza. La historia no está en manos de una suerte aleatoria ni es controlada por un destino desconocido e impersonal. El Salmo 11 saca esta conclusión de manera sucinta: «El SEÑOR está en Su santo templo, el trono del SEÑOR está en los cielos» (v. 4). Hay un Supervisor completamente sabio y soberano, y todo lo que sucede es ordenado por nuestro Padre de gracia y bondad.

Amados, Dios no se pasa el día viendo las mismas noticias ni se queda perplejo ante lo que ocurre en el mundo. Nuestro trino Señor no se llena de pánico al asomarse y ver cómo la cizaña va creciendo en medio del trigo. El Dios que nos llama a no preocuparnos por el mañana y a no estar ansiosos es el Dios que nunca está ansioso ni se preocupa.

De hecho, el Salmo 46 pinta un cuadro aún más sombrío que el Salmo 11. El Salmo 46:2 nos dice que los montes inamovibles se mueven y una tierra imperturbable es sacudida: «Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios, y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares». Por otro lado, las potencias mundiales se levantan contra el Reino de Dios: «Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos» (v. 6). Pero en medio de todo esto, Dios está en control. Él habla y el mal es desarmado por la fuerza: «Hace cesar las guerras hasta los confines de la tierra; quiebra el arco, parte la lanza, y quema los carros en el fuego» (v. 9). Él truena: «Estad quietos, y sabed que Yo soy Dios», y el reino de la maldad tiene que obedecer (v. 10). Él proclama: «Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra» (v. 10), y todo lo que se opone a Él no tiene más remedio que obedecer.

La solución a un mundo cambiante no es tratar desesperadamente de estabilizar un mundo inestable (v. 11). La cura para el pánico por los vientos y los torrentes que arremeten constantemente contra la casa no es reforzar las ventanas con tablas (Mt 7:258:27). La libertad del miedo al cambio no resulta de la ausencia de cambio, sino de la presencia de un Dios inmutable (Mal 3:6). Cuando seas tentado a creer que tu Padre solo te está dando piedras y serpientes en este mundo cuando estás pidiéndole pan (Mt 7:9-11), solo recuerda que la sabiduría no se pregunta con temor: «¿Por qué fueron los días pasados mejores que estos?» (Ec 7:10). La sabiduría espera en Aquel que está en control (Pr 9:10).

Este artículo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Keith A. Evans
Keith A. Evans

Keith A. Evans es profesor de Consejería Bíblica y director del Biblical Counseling Institute en el Presbyterian Theological Seminary de Pittsburgh.

Vivimos por Fe

Soldados de Jesucristo

Junio 07/2021

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