Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… no con… oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.1 Pedro 1:18-19
Las verdaderas riquezas
“¡Me gané el premio mayor de la lotería! ”, exclama usted. Y ya se cree rico. Pues escuche lo que Jesucristo nos dice a todos, ricos y pobres: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? (Mateo 16:26).
Las verdaderas riquezas, que son eternas, no se pueden obtener con el dinero. Pero lo que usted no puede adquirir mediante el dinero, Dios se lo ofrece gratuitamente.
En este mundo, con el dinero usted puede:
– adquirir placeres pasajeros, pero no la paz ni la felicidad,
– comprar un seguro de vida terrenal, pero no para la vida eterna,
– obtener una alta posición en este mundo, pero no en el cielo…
Sin embargo, lo que nadie puede conseguir por medio de su trabajo ni con el dinero, Dios se lo ofrece.
– La paz, la reconciliación con él y la verdadera felicidad. Jesús hizo ”la paz mediante la sangre de su cruz“ (Colosenses 1:20). ”Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios“ (Romanos 5:1-2).
– La vida eterna: ”Vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios… tenéis vida eterna“ (1 Juan 5:13).
– Un lugar en el cielo: ”Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis“ (Juan 14:3).
Todo esto es gratuito porque Jesús pagó el precio.
Cada persona tiene su definición de pecado, su propia opinión sobre este tema.
– Uno dirá: Es una idea de la Edad Media inventada por la iglesia para asustar a los fieles y mantenerlos subyugados.
– ¿El pecado?, responderá otro. Esa palabra se refiere a un asesinato, a una violación, a una malversación de fondos, a crímenes contra la humanidad, a todas esas cosas que merecen la cárcel. ¡Yo no hago nada de eso!
– Una tercera persona tratará de convencernos: afortunadamente somos menos severos hoy que en otro tiempo. Las antiguas nociones de pudor, de pureza e incluso de fidelidad en el matrimonio son anticuadas. Conllevan mucha hipocresía…
Pero lo importante no es cómo definimos el pecado usted y yo, sino cómo lo juzga Dios; esto lo muestra él en la Biblia. El pecado es toda acción contraria a la voluntad de Dios, o que no la tiene en cuenta. Por ejemplo, toda mentira es un pecado. Dios es santo y debe condenar el pecado, pero lo perdona gracias al sacrificio de Jesucristo, quien murió en nuestro lugar.
¿Y a quién perdona? Las respuestas también son diferentes. ¿A los mejores? ¿A los menos culpables? No, responde la Palabra de Dios. Una sola condición basta para que usted, yo, o el peor criminal seamos perdonados: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). “La dádiva de Dios” mencionada en el versículo de hoy es para todo el que se arrepiente, cree en el Señor Jesús y lo reconoce como su Salvador.
Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas… el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos… yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.Juan 10:7, 9-10
Yo soy la puerta (3)
Jesús nos dice que él es la puerta, la puerta de las ovejas; si deseamos acercarnos a Dios, estar seguros “en el redil”, al abrigo del juicio que merecemos, la única solución es creer en él. Jesús mismo dijo: “El que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9). “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
Eso no significa que las ovejas deban permanecer siempre en el redil, que no puedan ir a comer la hierba de los prados, sino todo lo contrario: el que cree en él “entrará, y saldrá, y hallará pastos” (alimento). Jesús es a la vez nuestra libertad y nuestra seguridad, el que nos acompaña cada día y a quien podemos ir en todo tiempo.
Jesús es nuestra libertad: en efecto, la ley dada en otro tiempo por Dios a Moisés era buena, pero ella solo podía obligarnos y condenarnos. Demostró la pretensión y la incapacidad de los que decían: “Todo lo que Dios ha dicho, haremos” (Éxodo 19:8). “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20). Pero los cristianos ya no estamos sometidos a una ley, pues “la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17). La fe en Jesús nos dio una vida nueva, cuyo objetivo es agradar a Dios.
Jesús también es nuestra seguridad, pues el pastor cuenta sus ovejas a la entrada y a la salida del redil. Si una oveja se aleja o se pierde, él la busca hasta encontrarla (Lucas 15:3-6).(continuará el próximo martes)
Enséñame, oh Señor, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre.Salmo 86:11
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar.Salmo 32:8
¿Dónde estoy? ¿Cuál es mi destino?
Me están esperando en una ciudad que no conozco. Voy conduciendo mi auto, y estoy cerca de mi destino, pero me cuesta ubicarme, sobre todo en medio del estrés provocado por el pito de los vehículos. Prefiero estacionarme para conectar el GPS*. En poco tiempo el sistema me ubica; introduzco el nombre de la calle que busco, y rápidamente el itinerario aparece en la pantalla. Sigo las instrucciones y pronto escucho esa voz que me asegura: “Usted ha llegado a su destino”.
Pues bien, para nuestra vida ¡la Biblia es mucho más que un GPS! Ella es el método seguro que conduce al objetivo deseado. En un asunto tan serio, no confiemos en la intuición o en los consejos de personas cuya competencia ignoramos, porque esto solo puede desviarnos. El ser consciente de que estoy perdido me muestra la necesidad de recurrir a la Biblia.
Primera pregunta: ¿Dónde estoy? ¿Me encuentro en un callejón sin salida? Llamémosla, por decir algo, la calle de la Perdición, de la Desesperación, del Pecado, de la Muerte. ¿Realmente deseo permanecer en ese lugar siniestro y sin salida? ¡No, es tiempo de salir!
Segunda pregunta: ¿Cuál es mi destino? No busco la muerte, sino la vida, la vida eterna. La Biblia me indica un itinerario perfecto. Jesús dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). Y todos los que creen escuchan entonces este feliz mensaje: “Vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios… tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios.Isaías 41:10
Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.1 Tesalonicenses 5:16-18
¡Estad siempre gozosos! ¡Qué hermosa actitud! Sin embargo, tendemos más bien a insistir en las dificultades de la vida. Y es cierto que la vida conlleva muchas preocupaciones y contrariedades para cada uno de nosotros.
El apóstol Pablo nos revela su secreto para estar gozosos, independientemente de nuestras condiciones de vida: “Dad gracias en todo”. Hay temas por los que nos es fácil dar gracias a Dios. Pero hay otros por los que nos parece muy difícil expresar nuestro agradecimiento.
Sin embargo, sabemos que Dios nos ama. Todo lo que permite es para nuestro bien. Lo sabemos porque la Biblia lo afirma, pero otra cosa es creerlo y vivirlo. Pidamos a Dios que nos ayude a entender que la prueba por la que estamos pasando viene de su mano. Aceptemos con confianza ese sufrimiento, pues si lo permitió en nuestra vida, es fruto de su sabiduría, como todo lo que hace.
Entonces hallaremos el gozo y la confianza en él. Eso será visible, pues nuestro rostro reflejará la paz y será un testimonio de la gracia de Dios.Señor ¡cuán admirable es tu constante amor!Es fuente inagotable de gracia y de fervor;Desde el cielo nos miras con tierna compasión,Y nueva fe Tú inspiras a nuestro corazón.Gozosos te alabamos por tan sublime amor,Y humildes te rogamos nos des mayor fervor;Que en pos de Ti andemos con alma y corazón,Más cerca siempre tennos en toda sumisión.Himnos & Cánticos, n.°125