Mis pecados fueron borrados

Lunes 9 Noviembre

No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros… ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos… heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados… santificados… justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
1 Corintios 6:9-11

Mis pecados fueron borrados

Carlos había tenido una juventud disoluta, pero cuando se convirtió a Jesucristo pasó a ser un ferviente predicador del Evangelio. Una tarde, al entrar al salón donde iba a predicar, alguien le dio un papel en el que decía: «Eres un hipócrita. Te voy a refrescar la memoria. Recuerda esto… aquello… ¿Vas a tener la osadía de levantarte en esta sala para predicar?».

El golpe fue brutal. Carlos subió al estrado, abrió su Biblia y leyó: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15). Hizo una pausa y empezó diciendo: «Amigos, cuando entré en la sala, alguien me entregó un mensaje. El autor, quien me conoce, me recuerda mi conducta escandalosa de otro tiempo. Tengo tres cosas que decirles:

– La primera es que él tiene la razón. Reconozco con vergüenza y tristeza los errores de mi juventud.

– La segunda es que todo está perdonado, pues si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonarnos debido a la obra que Jesús cumplió en la cruz.

– La tercera es que, si Dios puede perdonar a alguien tan culpable como yo, no hay nadie que sea un pecador demasiado grande para no obtener el perdón divino…».

La Biblia nos dice: “Y a vosotros, estando muertos en pecados… os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2:13).

Deuteronomio 32:29-52 – Hebreos 1 – Salmo 119:161-168 – Proverbios 27:7-8
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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De qué manera no debemos buscar a Dios

Soldados de Jesucristo

Noviembre 1

Solid Joys en Español

De qué manera no debemos buscar a Dios

John Piper

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La mano paralizada

Domingo 8 Noviembre

He aquí había allí uno que tenía seca una mano… (Jesús) dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.
Mateo 12:10, 13

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas.
Eclesiastés 9:10

La mano paralizada

¡Es grave tener una mano paralizada! La autonomía se reduce, y la acción más sencilla se vuelve complicada. Tal vez algunos de nuestros lectores lo experimenten a diario. En el evangelio según Mateo hallamos la historia de un hombre que tenía esta discapacidad. Pero Jesús le pidió que hiciese una cosa imposible para él: “Extiende tu mano”, le dijo. Al obedecer, el inválido dio prueba de su fe. Su mano fue restaurada; la sanación milagrosa fue evidente para todo

Por naturaleza, cada uno de nosotros es incapaz de hacer algo bueno para Dios. Este es el sentido simbólico de la mano paralizada. La curación que este hombre experimentó en su cuerpo, nosotros podemos experimentarla desde hoy en nuestra alma. Para ello tenemos que confiar plenamente en el Señor Jesús. Todo el que va a Jesús con fe, reconociendo su incapacidad, y lo acepta como su Salvador, pasa a ser una “nueva criatura” (2 Corintios 5:17). No podía hacer nada para ser liberado, pero ahora puede ser salvo por gracia, por medio de la fe. Pasa a ser un nuevo hombre, creado en “Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano” (Efesios 2:8-10).

Jesús puede transformar nuestras manos, inútiles en otro tiempo, en manos activas, diligentes y hacedoras de buenas obras. Ahora la Palabra de Dios nos anima a hacer el bien: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

Deuteronomio 32:1-28 – Juan 21 – Salmo 119:153-160 – Proverbios 27:5-6
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El amor de Dios: ¿es condicional?

Soldados de Jesucristo

Noviembre 7

Solid Joys en Español

El amor de Dios: ¿es condicional?

John Piper

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Ven a ver

Sábado 7 Noviembre

Escucha esto, Job; detente, y considera las maravillas de Dios… ¿Has conocido tú las diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?
Job 37:14, 16

Señor… desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
Salmo 90:1-2

Ven a ver

En esa fresca tarde de otoño en nuestra aldea de Suiza, mientras preparaba la comida, miré por la ventana y quedé extasiada. «¡Teresa, ven rápido!, grité precipitándome hacia la puerta, ¡ven a ver!». Mi hija dejó lo que estaba haciendo, tomó su chaqueta y corrimos hasta el campo situado en la parte baja del jardín. A nuestros ojos se ofrecía uno de los cuadros más magníficos que jamás había visto. Todo el horizonte era como el fuego. Todo parecía cubierto de colores brillantes: el cielo y los árboles, el horizonte y las nubes. Permanecimos silenciosas, impregnadas de aquel espléndido espectáculo. Luego, poco a poco, los magníficos tonos comenzaron a perder su resplandor. Maravilladas, permanecimos allí hasta la caída de la noche.

De regreso a casa desbordábamos de admiración ante la grandeza y la perfección de Dios, perceptibles en su creación. Estábamos emocionadas por ese recordatorio del poder del Señor, siempre presente a nuestro lado.

Padres cristianos, ¡qué felicidad poder mostrar a nuestros hijos las numerosas pruebas del poder, de la gloria y de la presencia divinas en nuestra vida! Mostrándoles, más allá de lo terrenal, las maravillas creadas por Dios, les enseñamos a contemplarlas en sus obras, a adorarlo y a glorificarlo.

Esto es como una muestra de la belleza de la nueva creación que esperamos.

“Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable” (Salmo 145:3).

Deuteronomio 31 – Juan 20 – Salmo 119:145-152 – Proverbios 27:3-4
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Ámense unos a otros con alegría

Soldados de Jesucristo

Noviembre 6

Solid Joys en Español

Ámense unos a otros con alegría

John Piper

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¿Cuál es su refugio?

Viernes 6 Noviembre


Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Salmo 46:1

Señor… yo cantaré de tu poder, y alabaré de mañana tu misericordia; porque has sido mi amparo y refugio en el día de mi angustia.
Salmo 59:8, 16

¿Cuál es su refugio?

Esa mañana la prensa relató un suceso trágico ocurrido en el Monte Blanco (montaña más alta de la Unión Europea): cuatro alpinistas fueron sorprendidos por una fuerte tormenta a 4.000 metros de altura. Cegados por la nieve, entumecidos por el frío y frenados por la violencia del viento, trataron de llegar al refugio de Goûter, 100 metros más abajo. Solo dos de ellos, totalmente agotados, lo lograron. Los otros dos fueron hallados muertos mucho más tarde, bajo una espesa capa de nieve.

Cuando una tempestad azota nuestra vida (enfermedad, duelo, desempleo, separación…?), ¿dónde buscamos ayuda? ¿Encontramos refugio en el alcohol o la droga? ¿O en el olvido, multiplicando las actividades y distracciones? ¿Y después? Al levantar la cabeza nos volvemos a encontrar en el mismo punto de partida, ante la realidad: la tempestad sigue ahí.

Entonces, ¿quién puede ayudarnos realmente? Dios nos propone refugiarnos en aquel que quiere conducir las circunstancias de nuestra vida: Dios mismo. Desde siempre, ese Dios de compasión ha sostenido y levantado a hombres y mujeres desesperados. Depositando su confianza en él hallaron la fuerza para enfrentar la adversidad, encontraron un nuevo sentido a su vida trastornada y una razón para esperar.

Si está desconcertado, acérquese a Dios con humildad, sinceridad, fe, y déjele actuar. Él conoce las circunstancias de su vida y quiere darle la paz… ¡la paz con Dios!

Deuteronomio 30 – Juan 19:31-42 – Salmo 119:137-144 – Proverbios 27:1-2
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¿Está descuidando su salvación?

Soldados de Jesucristo

Noviembre 5

Solid Joys en Español

¿Está descuidando su salvación?

John Piper

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Jul 29 – Canta conmigo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 29 – Canta conmigo

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/canta-conmigo/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que tú tienes cosas asombrosas por las cuales cantar.

Nancy Leigh DeMoss: El testimonio de la fidelidad de Dios en tu vida necesita ser compartido con los demás. En ese sentido, le estás poniendo música para que otros puedan escuchar la melodía y cantarla, y puedan ser bendecidos por ella.

«Engrandeced al Señor conmigo,» dijo David, «y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores» (Salmo 34:3-4).

David dijo, «Yo he estado ahí. He estado desesperado. He estado en las profundidades de la desesperación, pero Dios me ha librado. Él me rescató. Él se ha revelado a sí mismo. Me regocijo en el Señor, y ahora quiero que lo exaltes conmigo».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Durante las últimas semanas, Nancy nos ha llevado a través de un fascinante estudio de Habacuc. Si te has perdido alguno de estos programas, puedes escucharlos visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana escucharemos de algunas de nuestras oyentes sobre formas prácticas de aplicar el mensaje de este libro. Sin embargo, hoy descubriremos por qué este profeta prorrumpió en una canción.

Nancy: Bueno, hemos atravesado un buen trecho con Habacuc.

Recientemente me estaban haciendo una entrevista en la radio. En ese momento estaba estudiando este libro, y me preparaba para enseñarlo. El hombre que me estaba haciendo la entrevista sabía que yo estaba estudiando el libro de Habacuc y que había estado estudiándolo por un largo tiempo. Él me dijo, «Cuando lleguemos al cielo, ¿me podrías presentar a Habacuc? Creo que seguramente lo conocerás en cuanto lo veas».

La Escritura nos dice muy poco acerca de este hombre, de qué tipo de familia venía, donde vivía, o cosas por el estilo. Pero creo que hemos echado un buen vistazo a su corazón al estudiar este libro juntas durante las últimas semanas. Hemos estado en un peregrinaje, en una jornada con Habacuc.

Hemos visto como va de batallar a observar y a adorar. Hemos visto el libro y de un diálogo que tuvo Habacuc con Dios en el capítulo 1 a un canto fúnebre en el capítulo 2, y a él pronunciar ayes y juicio sobre los babilonios.

Sin embargo, el capítulo 3 se ha convertido en una doxología. Él comenzó en los lugares bajos de desaliento en el capítulo 1. En el capítulo 2 se fue a un puesto de guardia, su atalaya, y dijo, «Velaré para ver lo que Él me dice».

En ese lugar Dios lo impulsó hacia arriba, allí fue donde lo vimos en la última sesión. Él dijo, «Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por alturas me hace caminar» (3:19).

Aquí está un hombre que es constante a través de la adversidad, a través de la decepción, a través de tantas preguntas sin respuesta. No es como si todo fuera feliz para siempre -no todavía. Todavía está frente a la inminente invasión de los babilonios.

Los judíos todavía son apóstatas. Ellos todavía necesitan un avivamiento. Nada ha cambiado en sus circunstancias. Pero todo ha cambiado en su perspectiva acerca de su situación porque él ha recibido una nueva visión de quién es Dios. Y eso es lo que tú necesitas en tus circunstancias, en tu dificultad – una nueva visión de Dios.

Aquí está un hombre que ha peleado con Dios. Él ha luchado con Dios. Habacuc significa «uno que lucha».

Pero también significa «el que abraza». Él ha ido de luchar con Dios, cuando no entendía el plan de Dios ni sus propósitos, hasta abrazar a Dios, aferrándose fuertemente a Él, por la fe, a Dios.

¡La fe! Dijimos que esto era el corazón de este libro. «El justo por la fe vivirá» (2:4), la fe en Cristo que te ama y dio Su vida por ti. Así que, hemos sido desafiadas a vivir nuestras vidas por fe.

Ahora, al llegar a la última frase del libro de Habacuc, solo déjame regresar y leer el último párrafo de nuevo para entender el contexto. Habacuc se da cuenta de que viene destrucción y devastación. Él tiembla al pensar cómo va a ser ese día y lo que la gente va a tener que soportar- lo que él va a tener que soportar.

Pero a pesar de esa sensación de estremecimiento, él dice en Habacuc capítulo 3 en los versículos 17-18:

«Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar.»

Aquí vemos lo que un comentarista llamó el «pináculo de alabanza» en este libro. Él dice que «es el destino, en la cima de la montaña, de una jornada que comenzó en el valle de la angustia».1

Quiero recordarte que esta jornada no es solo para Habacuc. Es una jornada que Dios quiere que yo experimente, es una jornada que Dios quiere que tú experimentes. Podemos comenzar en el valle de la angustia, Dios puede llevar nuestros corazones hacia arriba y hacia adelante a una tierra más alta, viviendo por fe en medio de este mundo caído y desesperado.

Luego tenemos una frase al final en el libro, y al leerlo una primera vez uno se pregunta por qué está esto aquí. Asumiendo que Dios lo puso ahí por una buena razón, uno se pregunta, «¿Es realmente importante?»

Pienso que muchas de nosotras seriamos tentadas a obviar esta frase, pero creo que es hermosa y digna de que le dediquemos toda una sesión.

La frase final – después que ha cantado esta canción, después que él ha hecho esta oración; luego que ha leído este Salmo – él dice, «Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda» (3:19). «Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda».

Es como si Habacuc, después de haber pasado esta increíble jornada -yendo de luchar con Dios hasta abrazar a Dios- su desesperación se convirtió en un canto de alabanza, su temor se convirtió en fe, él lo escribe o lo ora, y luego se da vuelta y entrega las letras de esta canción al líder del coro, al líder de alabanza, al líder de adoración, y le dice, «Aquí está Ponle música a esto. Y que sea acompañado, y quiero ser parte del acompañamiento».

«Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda». ¿Te das cuenta? Él comenzó con una queja en Habacuc capítulo 1: «¿Por qué Señor? ¿Hasta cuándo?»

Si estuviste con nosotras en la primera parte de la serie, recordarás que él estaba gimiendo. «No tiene sentido». Él estaba luchando con cosas demasiado grandes para que cualquiera de nosotras las entienda.

Lo que comenzó como una queja terminó como un cántico. Como una canción. Por cierto, no es la única vez que esto sucede en las Escrituras. Hay muchos ejemplos en los Salmos, pero uno que viene a mi mente es el Salmo 13.

Escucha cómo este salmo comienza, y luego escucha cómo termina. Comienza de la misma forma como comenzó el libro de Habacuc.

«¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?» Luego el Salmista describe las circunstancias que él está confrontando que lo hacen clamar en desesperación. «Señor, ¿hasta cuándo seguirá esto?»

Pero luego llegamos al versículo 5 del Salmo 13: «Mas yo en tu misericordia he confiado.» ¿Cuál es el punto del giro? Es la fe, ¿no es cierto? la que te lleva de la desesperación, la queja, el llanto a un himno de alabanza.

Es la fe. «Mas yo en tu misericordia he confiado». Esto se parece mucho a Habacuc. «Mi corazón se regocija en Tu salvación». El Salmista dice esto antes de ver el resultado, antes de que pudiera ver la salvación del Señor.

«Mi corazón se regocijará en tu salvación,» y luego el versículo 6, «Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes».

Ahora, seis versículos antes este hombre estaba diciendo, «¿Hasta cuándo oh Señor?» No puedo soportar esto. No puedo seguir adelante. Su auto-compasión, su lloriqueo, sus quejas se convirtieron en un festival de alabanzas.

¿Qué hizo la diferencia? «En tu misericordia he confiado». Una decisión. «Mi corazón se regocijará en Tu salvación,» y por lo tanto «cantaré al Señor».

Así que a Habacuc, después de haber pasado por este proceso…le tomó un poco más de seis versículos, pero ha caminado a través de este peregrinaje. Me alegro de que tengamos a Habacuc en la Biblia ya que da esperanza a las personas como yo, que nos tomamos más de seis versículos para ir de quejarnos a adorar.

Yo miro a Habacuc y digo, «Le tomó tres capítulos enteros, ¡y quien sabe que tan largo fue ese proceso! Sin embargo, llegó hasta allí. Él llegó a la meta».

Así que dice, «pongámosle música a esto». Pienso que hay unas cuantas razones por las cuales él quería ponerle música.

En primer lugar, él quería recordarlo. No te parece que cuando hay una melodía o una rima o algo que tú… Aun los niños pequeños aprendiéndose el abecedario, cuando se lo aprenden con una canción, con música, les ayuda a recordarlo, ¿no es cierto?

Creo que él quería poder recordar siempre lo que había aprendido, lo que había visto, lo que Dios le había mostrado. «Mi fuerza está en el Señor. Calladamente esperaré a que llegue el día del Señor, el día en que Dios cumpla Sus promesas».

Él quería recordar lo que había visto de la majestad, el poder, la gloria, la maravilla, el plan y los propósitos de Dios. Así que él dijo, «si tiene música, podré recordarlo con mayor facilidad».

Pienso que quería recordarlo, pero pienso que también él quería reproducirlo en otros. Él quería que los demás fueran capaces de recordar este mensaje. Él quería que los demás se beneficiaran de este peregrinaje en la cual él había estado. Él quería asegurarse de que no se les olvidara.

Los hijos de Israel estaban en un lugar muy bajo en su historia en este punto, y creo que él quería que se escribiera como un cántico para que ellos lo entonaran. Hoy, unos 2,600 años más tarde, estamos siendo bendecidas, desafiadas y alentadas en nuestra fe, porque Habacuc dijo «Denle esto al director del coro y que lo escriba como un canto».

Hay un poder increíble en el mensaje de una vida, algo con lo que has luchado y has experimentado en tu propio caminar con Dios. Yo creo que es la voluntad Dios que cuando conocemos Sus caminos, cuando aprendemos Su verdad, creo que primero Él quiere que cantemos la canción, que la vivamos nosotras mismas; no solo que se la contemos a otros, sino que la experimentemos nosotras mismas.

Así que primero es una canción que necesitamos cantar. No podemos estar diciéndole a los demás…Yo no puedo estar diciendo en la radio 260 veces al año que confíes en el Señor y que te regocijes en todas tus circunstancias, si yo misma no canto eso en mi vida.

Él quiere que tengamos nuestro propio mensaje de vida, que hagamos nuestro ese cántico. Y luego, cuando Él ya ha puesto un canto en nuestro corazón, que entonces le pongamos música para que otros lo puedan cantar.

No estoy hablando literalmente aquí. Quizás no seas una escritora de himnos o una escritora de canciones. Desde luego que yo no lo soy. Sin embargo, tu propio testimonio de la fidelidad de Dios en tu vida necesita ser compartido con los demás. En ese sentido le estás poniendo música para que otros puedan escuchar la canción y la canten, y puedan ser bendecidos por ella.

«Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores». (Salmo 34:3-4)

David dijo, «Yo he estado ahí. He estado desesperado. He estado en las profundidades de la desesperación, pero Dios me ha librado. Me rescató. Él se ha mostrado a mí. Me regocijo en el Señor, y ahora quiero que lo exaltes conmigo».

Le ponemos música a nuestro mensaje de vida, a nuestro testimonio, para que otros lo puedan cantar. Y quiero decirte, que esto no es solo para unos cuantos, aunque tu esfera de influencia sea pequeña. Los que están escuchando y cantando tu cántico puede que estén en las cuatro paredes de tu propia casa o en tu pequeña iglesia o en tu pequeño grupo de estudio Bíblico o en tu pequeño grupo de amigas.

Pero, ¿sabes qué? Mientras tú cantas el canto de la fidelidad de Dios y de Su gracia, y mientras los que están a tu alrededor se aprenden el coro y el estribillo y comienzan a cantar, ¿sabes qué pasa? Se propaga.

Y un día, esta es la meta: un día toda la tierra temerá ante la presencia del Señor y cantarán, «Grande es Tu fidelidad, Oh Señor». Toda la tierra cantará. Toda la tierra.

Tú dirás, «Bueno, yo estoy cantando mi pequeña parte. Pero nadie a mi alrededor está cantando este canto». Tú sigue adelante y de todas formas cántalo. Canta de la fidelidad de Dios. De nuevo, no estoy hablando de forma literal aquí, aunque no es una mala idea tampoco.

Estoy hablando de vivir tu mensaje de vida, tu mensaje de fe en la fidelidad de Dios, para que luego puedas ver como los demás a tu alrededor empiezan a contagiarse. Estoy pensando en una mujer específicamente que yo sé que hace muchos años no tenía un matrimonio que glorificaba a Dios.

Ella no estaba viviendo para la gloria de Dios como mujer. Ella vivía para su propia felicidad. Vivía para su propio placer. Y no estaba siendo el tipo de esposa que su esposo necesitaba, y él no estaba siendo el tipo de esposo que ella necesitaba.

Pero Dios, durante estos últimos años, puso un cántico en el corazón de esta mujer, un canto de fe, de obediencia, de sumisión al Señor y de vivir para Su gloria. ¿Sabes qué? Su esposo ha comenzado a cantar ese canto.

Ahora como pareja y como familia, lo están cantando en Su iglesia, la promesa de que Dios es fiel. Ellos son un testimonio de ello, y Dios está usando esta mujer para tocar, para alcanzar y bendecir las vidas de muchas otras mujeres con su historia de la fidelidad de Dios. Otros se han dando cuenta, y sigue y sigue y sigue hasta el día cuando todo el mundo cante para la gloria de Dios.

Así que cuando estés preocupada, canta. Cuando no sepas que hacer, canta. Yo hago esto, literalmente, gran parte del tiempo. No soy cantante. Si me has escuchado cantar te habrás dado cuenta; pero yo le canto al Señor.

Hay algo poderoso al cantar… literalmente: cantar. ¿Por qué Dios nos dice tantas veces que lo hagamos? Porque expresa fe. Yo comencé mi día esta mañana cantando un cántico al Señor del Salmo 18, con mi pequeño salterio que he estado usando, cantándole al Señor de Su fuerza, de Su grandeza, de Su bondad.

Pero no quiero solo cantar de forma literal. Quiero vivir una vida que sea una canción. «Para el director de coro, con mis instrumentos de cuerda,» dice Habacuc. Ponle música y que sea cantado para que las vidas de los demás puedan ser bendecidas, y para que los demás crean y reflejen la gloria de Dios.

La mayoría de ustedes probablemente ha oído esta historia, pero creo que vale la pena repetirla. Horacio Spafford fue un exitoso abogado y hombre de negocios en la ciudad de Chicago a mediados de los 1800s. Él y su esposa, Anna, eran íntimos amigos y contribuyentes importantes del evangelista D.L. Moody.

En 1870 el único hijo de los Spafford murió de fiebre escarlata a la edad de cuatro años. Un año más tarde, todas las propiedades inmobiliarias de los Spaffords, ubicadas a orillas del lago (si alguna vez has estado allí, sabrás que es una propiedad muy costosa) fueron destruidas por el gran incendio de Chicago.

Sufrieron dos grandes pérdidas; claro, una más grande que la otra, perder un hijo a la edad de cuatro años, y luego perder todos sus inmuebles.

En 1873, después de haber pasado todo esto, Horacio decidió llevar a su familia a Inglaterra para un descanso muy necesario. Estaban agotados por toda la experiencia, y Moody estaba en Gran Bretaña, conduciendo allí reuniones de evangelización en ese tiempo.

La familia planeaba irse a reunir con él allí y ayudar en el ministerio. Los Spaffords viajaron juntos a Nueva York desde Chicago, donde iban a bordo de un barco para cruzar el Atlántico.

Justo antes de zarpar, surgió un problema de negocios de último minuto que Horacio debía atender. En lugar de que toda la familia retrasara su viaje, él decidió enviar a su familia primero, como habían planeado, y él los seguiría después de atender su negocio.

Así que su esposa Anna y sus cuatro hijas se fueron en el barco, mientras que Horacio se fue hacia el Oeste, a Chicago, para resolver el problema. Nueve días después, Spafford recibió un telegrama de su esposa, quien estaba, para ese entonces, ya en Gales.

El telegrama simplemente decía, «Salvada sola». En el camino de Nueva York a Europa, el barco en el que estaba su esposa y sus hijas chocó con otro barco, y en 12 minutos el barco donde estaba su esposa y toda su familia se había hundido, y 226 personas habían perdido sus vidas.

Anna había estado en la cubierta del barco con sus hijas, Anna, Maggie y Bessie, mientras estas se aferraban desesperadamente a ella, y luego ella vio cómo fueron arrastradas hacia el mar.

Su último recuerdo fue de su bebé, una niña llamada Tinetta, de cómo esta era arrancada de sus brazos por las agitadas aguas. Anna, también, fue lanzada al mar y quedó inconsciente, pero se salvó porque una tabla flotaba debajo de su cuerpo y la sostuvo hasta que fue rescatada.

Cuando Horacio se enteró de esta horrible noticia, tomó el próximo barco desde Nueva York para reunirse con su esposa en Europa. En un punto del viaje, mientras estaban todavía en el Atlántico, el capitán llamó a Horacio al puente y le dijo, «Creo que este es el lugar donde se hundió el barco en el que iba tu familia».

Horacio regresó a su cabina en el barco y fue ahí donde escribió los versos de este himno que todas hemos cantado, y que desde entonces ha traído consuelo a tantos millones de creyentes durante muchos años:

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción,

Cualquiera que sea mi suerte, diré:

Estoy bien, tengo paz, gloria a Dios!

Estoy bien (estoy bien) gloria a Dios (gloria a Dios) Tengo paz en mi ser, gloria a Dios

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No amengua mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán

Y Su sangre obrará en mi favor

Oh cuánto me gozo en Su salvación

Fue pleno Su amor y perdón

Clavó mi pecar en la cruz lo olvidó

¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Hijo de Dios!

La fe tornaráse en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios

Ahora recuerda, que el hombre que escribió estas palabras, estaba en ese momento en un barco en el océano, justo en el lugar donde acababa de perder a sus cuatro hijas. ¿Qué estaba él pensando? Él estaba ejercitando su fe.

La fe. «El justo por su fe vivirá» (Habacuc 2:4). Él estaba enfocado en la obra redentora de Dios que hace que cualquier otro sufrimiento en la vida luzca sin importancia en comparación con la pérdida tan grande que Él tuvo.

Y luego, con los ojos de la fe, uniéndose a Habacuc y a Pedro, a Pablo, a Santiago y a Jesús, y a los santos a través de todos los siglos quienes se han unido a esta canción, él escribió al director de coro para que le pusiera música a las palabras de esta última estrofa:

La fe tornaráse en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios

Amigas, vendrá el día en que nuestra fe será vista. Sé que puede parecer un largo camino, pero la realidad es que no lo es. Así que, ¿qué haces hasta entonces? Haz lo que hizo Habacuc. Espera en silencio, e intencionalmente regocíjate.

Vive tu salmo, tu oración, tu cántico. Dáselo al director del coro. Dile «ponle música, para que yo lo pueda cantar, para que mi familia lo pueda cantar, para que otros lo puedan cantar». Y luego únete con las multitudes celestiales cantando, «¡Alabado sea el poder del nombre de Jesús!»

Vivimos para ese día cuando la fe será vista, la oración se convertirá en alabanza, toda lágrima será enjugada, y por siempre cantaremos y cantaremos y cantaremos en la presencia del Señor.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado invitando a cantar, no importa lo tristes que se vean las cosas en el momento. Ella regresa ahora para orar.

Bueno, hemos estado en toda una aventura con el profeta Habacuc, viendo su intenso cuestionamiento, sus dudas, su sorpresa por el plan de Dios, y finalmente, su canto.

En las diferentes etapas de tu vida, te encontrarás en varios puntos de este proceso.

Un grupo de mujeres ha estado escuchando la enseñanza de Nancy acerca de Habacuc. Pueden identificarse con las dudas y preguntas que marcan el comienzo del libro. Mañana escucharemos acerca de sus luchas y como Habacuc las ha moldeado.

Ahora, Nancy está de regreso para orar.

Nancy: Oh Señor, has puesto un nuevo cántico en mi corazón, ofreciendo alabanzas a nuestro Dios. Nosotras creemos que Tú eres nuestra salvación, nuestra fuerza y nuestra canción.

Aun a través de nuestras lágrimas, elegimos este día para cantar y decir, «estoy bien con mi Dios, está bien con mi alma,» porque Tú todavía estás en Tu trono. Tú eres bueno. Estás cumpliendo todos Tus propósitos eternos. Nada ni nadie en este planeta puede frustrar Tu plan, y nos regocijamos por la fe en ese día, cuando la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, así como las aguas cubren el mar.

Hasta ese día Señor, ayúdanos a cantar. Te lo pido en el Nombre de Jesús, amen.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 Walvoord/Zuck, Biblie Knowledge Commentary, Victor 1985, 1507

2 «It is well with my soul.» Horatio Spafford. «Estoy bien» traducción de Crystal Lewis.

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Dos diálogos empezados por el diablo

Jueves 5 Noviembre

La serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
Génesis 3:1

Vino a él (a Jesús) el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Mateo 4:3-4

Dos diálogos

Lea Génesis 3 y Mateo 4:1-11: Los dos versículos de hoy fueron extraídos de dos diálogos empezados por el diablo.

–El primero se sitúa justo después de la creación del hombre, en el huerto de Edén. Adán y Eva vivían en condiciones ideales, y Satanás fue a tentarlos afirmando que Dios quería privarlos de algo. Sabemos lo que sucedió: escucharon esa mentira y pusieron en duda lo que Dios les había dicho. Luego desobedecieron a su Creador y fueron echados de su presencia.

–Miles de años más tarde tuvo lugar otra escena: Jesús estaba en el desierto, después de haber ayunado 40 días. Entonces el diablo vino a tentarlo en tres ocasiones. Y las tres veces Jesús se basó en las Santas Escrituras conocidas en aquella época (Antiguo Testamento), para rechazar sus propuestas. El diablo, vencido, no insistió más y huyó.

¡Qué contraste! La primera pareja humana puso en duda la palabra de Dios, mientras Jesús, el hombre que vino del cielo, la tomó como referencia. Los primeros se dejaron tentar por el diablo, pero Jesús salió victorioso.

Estemos alerta, pues la táctica de Satanás no ha cambiado. Si logra sembrar la duda en nuestra mente sobre la exactitud o actualidad de tal o cual pasaje bíblico, está a punto de ganar la partida. Leamos la Biblia con sencillez. ¡Dios ha hablado, creámosle!

Deuteronomio 29 – Juan 19:1-30 – Salmo 119:129-136 – Proverbios 26:27-28
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