Jesús venció en la cruz

Domingo 13 Septiembre


(Ellos) escarneciéndole (a Jesús)… decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar.
Mateo 27:41-42

(Jesús) es la cabeza de todo principado y potestad… Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
Colosenses 2:10, 15

Jesús venció en la cruz

Contrariamente a lo que niegan algunos, Jesús venció en la cruz, a pesar de que a primera vista pareciese lo contrario. Desde su nacimiento fue rechazado por su pueblo. Vivió en la pobreza, sufrió, fue traicionado y abandonado. El primer versículo del día muestra el desprecio con el que los adversarios de Cristo hablaban de él. Finalmente Jesús fue crucificado y murió. Sin embargo, esta derrota solo es aparente. Cuando estuvo en la tierra, Jesús sanó a los enfermos, los demonios huyeron ante su palabra, los ciegos vieron y los sordos oyeron. Satanás mismo fue vencido cuando trataba de tentar a Jesús en el desierto.

Pero en la cruz, la victoria sobre el pecado, la muerte y todos los poderes del mal fue definitivamente ganada. Este triunfo se demuestra por el hecho de que el Señor Jesús no quedó en la tumba, ¡sino que resucitó! Después de su muerte, muchos testigos vieron a Jesús vivo. Luego subió al cielo, prueba de que la obra estaba perfectamente cumplida para la gloria de Dios.

Hoy es necesario creer en él para estar con el Vencedor eternamente. Jesús nos dice: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). El Señor Jesús volverá pronto para reinar en la tierra, para destruir definitivamente a todos sus enemigos; y sus redimidos reinarán con él. Jesucristo es el Vencedor por la eternidad.

Jeremías 45-46 – 2 Corintios 2 – Salmo 105:16-22 – Proverbios 23:9-11
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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El combate cristiano (2): el modelo perfecto

Sábado 12 Septiembre


Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
Mateo 4:10

Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
1 Juan 3:8

El combate cristiano (2): el modelo perfecto

Cuando Jesús estaba en la tierra, el poder de Satanás se desencadenaba. Pero el Hijo de Dios echaba fuera los demonios.

En su condición de hombre, Jesús, después de haber ayunado cuarenta días, fue tentado por el diablo en el desierto. Pero no cedió a sus ataques frontales ni a sus insinuaciones enmascaradas. En tres ocasiones Satanás lo incitó a desobedecer a Dios, pero Jesús respondió mediante la Palabra de Dios, diciendo: “Escrito está”. No solo las trampas del diablo quedaron desbaratadas, sino que él mismo se retiró cuando Jesús le dijo con autoridad: “Vete, Satanás”.

Este es un ejemplo para nosotros. Jesús obtuvo la victoria sobre Satanás mediante su obediencia a la Palabra de Dios. Nos maravillamos ante la sabiduría y el discernimiento de Jesús para anular, bajo todas sus formas, este poder de maldad. Nosotros solo podemos ser fuertes mediante el poder del Señor, al colocarnos bajo su protección. Como él, debemos utilizar la Palabra de Dios citándola con propiedad, por medio del Espíritu, en sumisión al Señor. Satanás huye ante la presencia y la autoridad del Señor. Estamos del lado del vencedor cuando estamos en comunión con él. El cristiano no debe ignorar ese poder del diablo en el mundo; puede verlo en acción en todas partes, desde el momento en que hay confusión, desánimo, conflicto, pecado… Pero el origen de estas cosas está simplemente en el corazón humano (Marcos 7:21-23), pues el creyente tiene además otro adversario, un enemigo interior, animado por Satanás, y por lo tanto otro combate que enfrentar.

(continuará el próximo sábado)

Jeremías 44 – 2 Corintios 1 – Salmo 105:7-15 – Proverbios 23:6-8
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Solo una mirada

Viernes 11 Septiembre


El Señor dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.
Números 21:8

Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:14-15

Solo una mirada

Lea Números 21:4-9

En el curso de su viaje por el desierto, el pueblo de Israel se encontró con serpientes “ardientes”, cuya mordedura era mortal. Pero Dios dio un remedio: una serpiente de bronce alzada en una vara bien visible. El que era mordido solo tenía que mirar la serpiente de bronce para ser curado. ¿Qué nos enseña este pasaje?

El pecado es comparable a la mordedura de una serpiente, nos conduce a la muerte eterna. “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Jesús se compara a esta serpiente de bronce. ¡Él es el remedio ofrecido a todos los hombres! Una mirada de fe a Jesús levantado en la cruz basta para curar la terrible mordedura. El que mira hacia Jesús es salvo del justo juicio de Dios. ¡Tiene la vida eterna!

Dios no le pedía al israelita mordido por una serpiente que se desplazara hasta la serpiente de bronce para tocarla. El remedio estaba a su alcance: ¡bastaba una sola mirada!

Y usted, ¿piensa que Dios le pide grandes esfuerzos para merecer su salvación? ¿Debe hacer una penosa peregrinación, infligirse sufrimientos como señal de penitencia para obtener su perdón? Aunque usted tuviese la fuerza para dar la vuelta a la tierra de rodillas, con eso no podría obtener de Dios el perdón de uno solo de sus pecados. Pero una sola mirada de fe a la cruz de Jesús es suficiente. Desde el momento en que uno reconoce que es pecador, y cree en Jesucristo, recibe el perdón.

Jeremías 43 – 1 Corintios 16 – Salmo 105:1-6 – Proverbios 23:4-5
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Bienaventurados los pobres en espíritu

Jueves 10 Septiembre


Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Mateo 5:3

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
1 Pedro 5:5

Bienaventurados los pobres en espíritu

Las estadísticas revelan que el abismo entre los más ricos y los más pobres ha crecido estos últimos diez años, tanto en los países cristianizados como en los otros.

La Biblia reconoce que siempre habrá pobres en la sociedad (Deuteronomio 15:11). Jesús lo confirma (Juan 12:8) y nos exhorta enérgicamente a ser generosos (Mateo 5:42).

Pero existe otra pobreza que Jesús nos presenta como una virtud que debemos cultivar: la pobreza en espíritu. Esta consiste en ser conscientes de que no conocemos todo y permanecer humildes como un hijo al que Dios revela sus secretos (Lucas 10:21). Podemos acumular conocimientos bíblicos, históricos, lingüísticos, científicos, así como amontonamos bienes materiales. Pero esto no ayuda a comprender la Biblia, pues no podemos acercarnos a Dios solo mediante la inteligencia.

Para nosotros los cristianos, el simple conocimiento de la santa Escritura sin el amor divino no sirve de nada. Pues este amor divino no busca su propio interés, no se envanece y echa fuera el orgullo (1 Corintios 13:4). Los fariseos, aunque eran conocedores del Antiguo Testamento, rechazaron al Señor Jesús, la Palabra viva. Solo tenían un conocimiento intelectual de estos textos. ¡Confundían el conocimiento y la fe! Pero la fe no debe descansar “en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:5). La fe viene por escuchar y obedecer la Palabra de Dios (Romanos 10:17), y conduce a confiar en él.

Jeremías 42 – 1 Corintios 15:29-58 – Salmo 104:27-35 – Proverbios 23:1-3
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Una gran incoherencia

Miércoles 9 Septiembre


Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Juan 17:3

Una gran incoherencia

Es sorprendente ver que muchas personas pasan su vida sin preocuparse por Dios o, incluso, negando su existencia. Sin embargo, consideran la posibilidad de ir al cielo después de su muerte porque dicen que no le hicieron mal a nadie. Esta actitud es la prueba de que hay un gran malentendido. El cielo es la morada, “el trono de Dios” (Mateo 5:34). ¿Cómo puede uno imaginar ser feliz en el cielo con un Dios al que ignoró durante toda la vida?

A menudo el hombre es incoherente, pero Dios no. Él es “Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:3-4). Pero si usted no quiere saber nada de él ahora, estará lejos de él durante la eternidad.

Para ir al cielo es necesario tener contacto con el que vive allá, hay que conocerlo personalmente. Recibimos este conocimiento mediante la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27).

Jesús nos lo reveló. Para ello aceptó dejar su condición gloriosa en el cielo y venir a la tierra. Al final de una vida de servicio, de sufrimiento y rechazo, pagó la deuda por nuestros pecados. Cada persona que cree en él entra en una relación filial con su Padre. Dios forma parte de su vida actual; así puede esperar con certeza el día en que será recibida en el cielo.

¡Seamos coherentes! Si queremos vivir un día con Dios en el cielo, ¡aprendamos desde ahora a conocer al Dios salvador por medio de Jesucristo!

Jeremías 41 – 1 Corintios 15:1-28 – Salmo 104:19-26 – Proverbios 22:29
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¿Ama usted a Dios?

Martes 8 Septiembre


Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
Deuteronomio 6:5

(Jesús dijo:) Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
Juan 15:9

¿Ama usted a Dios?

Desde hace dos años soy profesora de ciencias naturales en un instituto. Al comienzo del año académico cada alumno debe llenar una ficha de presentación que contiene, entre otras, la siguiente pregunta: «¿Qué le gusta?». Esto me permite conocer un poco a los alumnos y saber qué les interesa. A veces las respuestas me parecen divertidas: me gusta el deporte, la televisión, ir de compras, la música, la vida, los automóviles… Este año hay una respuesta que me preocupa: ¡no me gustan las ciencias! Pero de repente otra respuesta me llega al corazón: «Me gusta Dios».

¡Qué felicidad leer este testimonio! Me emociona esta respuesta valiente de una alumna; esto me alegra mucho el resto del día. Entre estos adolescentes, quizás algunos creen en Dios, pero esta joven va más allá, es decir, ¡cree en Dios, lo ama y da testimonio de ello!

Entonces me surge una pregunta: ¿Y yo? ¿Puedo escribir que amo a Dios?

Desde mi infancia mi madre me enseñó la fe en Jesucristo, y la acompañé a reuniones cristianas. Cuando era muy joven creí en el Señor Jesús; le entregué mi vida. Pude amarlo desde que era pequeña. Sabía que era salva, que pertenecía al Señor.

Los años han pasado, he tenido altibajos, pero en el fondo de mi corazón formo parte de los que aman a Dios. Cada día pongo mi vida en sus manos. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Jeremías 40 – 1 Corintios 14:20-40 – Salmo 104:14-18 – Proverbios 22:28
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Tú eres mío

Lunes 7 Septiembre


Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo.
1 Pedro 1:18-19

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿… y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.
1 Corintios 6:15, 19-20

Tú eres mío

Bruno es cristiano desde hace algún tiempo. Es salvo y vive tranquilo. Tiene un carácter independiente y le gusta hacer sus cosas y organizar su vida como le parece, sin pedir la opinión de nadie.

Pero cierta noche, una expresión de la Biblia llamó su atención: “No sois vuestros… habéis sido comprados por precio”.

Pensativo, Bruno miró el bolígrafo que tenía en la mano. Él había comprado ese bolígrafo, por lo tanto le pertenecía y podía utilizarlo.

Súbitamente Bruno se dio cuenta de lo que significa la expresión “comprados por precio”: Jesús lo había comprado, había pagado un precio por él. ¡Y qué precio!: su preciosa sangre, por lo tanto su propia vida. Bruno concluyó que él no era dueño de sí mismo, sino que era propiedad de Jesús. A partir de entonces tomó conciencia de que Jesús tiene derecho sobre su vida y sobre todos los detalles de su existencia. Se acostumbró a pedirle su opinión en cada situación. Esto no era una penosa obligación. Jesús había demostrado su amor al dar su propia vida en la cruz para redimirlo.

Usted es feliz de ser salvo, tiene la vida eterna, pertenece a Jesús: escuche su voz en cada circunstancia, pequeña o grande. Siga las directrices de ese Maestro en un mundo difícil donde hay que vivir contra la corriente. ¡Y no olvide que nada nos puede separar de él!

Jeremías 39 – 1 Corintios 14:1-19 – Salmo 104:5-13 – Proverbios 22:26-27
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El Evangelio, poder de Dios para dar vida

Domingo 6 Septiembre
Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas…
El Evangelio, poder de Dios para dar vida

Para los primeros discípulos, el mensaje del Evangelio era el cumplimiento de la promesa mucho tiempo esperada: la venida de Dios a su pueblo. Este cumplimiento fue proclamado primero por Juan el Bautista: “El reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Era el “principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (cap. 1:1).

El Evangelio no es, pues, primeramente una enseñanza, sino la proclamación de un acontecimiento. Dios visitó a su pueblo enviándole a su Hijo Jesucristo. De este modo, el reino de Dios se hizo presente entre los hombres en la persona de Jesús y en su servicio. Dios «entró» en la historia para cumplir su plan redentor, y Jesucristo lo llevó a cabo.

Para entrar en el reino de Dios es necesario creer en el Señor Jesús, a fin de recibir la nueva vida mediante el poder de Dios. Recibir el Evangelio conduce al arrepentimiento, es decir, a reconocer nuestro pecado y volvernos a Dios. Él quiere producir un cambio moral completo en nosotros, ahora, y darnos la vida nueva.

El Evangelio tampoco es un acontecimiento del pasado. Es la proclamación de que hoy Dios todavía obra en todos los que creen. Él los libera del poder del mal para que vivan según los caracteres de su reino, que “no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).

El combate cristiano (1): sus armas

Sábado 5 Septiembre
Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
El combate cristiano (1): sus armas
Lectura propuesta: Efesios 6:10-20

El cristiano está en un país enemigo en el mundo, pues Satanás es el príncipe del mundo. Él debe estar listo para enfrentarse a las “huestes espirituales de maldad” que se manifiestan permanentemente en su vida cotidiana.

Tres actitudes son indispensables para vencer:

1. Fortalecerse “en el Señor”, sabiendo que él obtuvo la victoria sobre todas las fuerzas del mal y que tiene el poder para guardarnos. Debemos “estar firmes” en todo lo que sabemos que es bueno según Dios.

2. Vestir “toda la armadura de Dios”. Las seis piezas de esta armadura son necesarias para mantener un buen estado moral en el creyente. Evocan seis cualidades espirituales:

–fundar sus pensamientos en las verdades bíblicas (el cinturón),

–ser justo, honesto y recto en la vida cotidiana (la coraza),

–estar preparado para andar en paz en medio del desasosiego del mundo (el calzado),

–tener fe en Dios, quien está por encima de todo y nos ama (escudo),

–saber que Jesús nos salvó y nos librará (el casco o yelmo),

–conocer la Palabra de Dios para poder citarla y resistir al mal (la espada).

3. Estar unido al Señor mediante la oración, nuestro sostén en el combate. La oración, séptimo elemento de la armadura, debe ser manejada con celo. Debemos orar con discernimiento, por “el Espíritu”, estando atentos a la voluntad del Señor. Por último, es necesario perseverar, es decir, “orar siempre, y no desmayar” (Lucas 18:1).

(continuará el próximo sábado)

 

El gozo, un canto que atraviesa la Biblia

Viernes 4 Septiembre
Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
El gozo, un canto que atraviesa la Biblia

El gozo es un canto, una luz, un resplandor que emana del Evangelio. Desde su nacimiento, el cristianismo fue la proclamación del gozo. Los primeros cristianos ardían de este gozo de tal manera que incluso las persecuciones no podían apagarlo. El apóstol Pablo escribió: “Sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones” (2 Corintios 7:4). ¿De dónde venía este gozo? De la vida divina que cada creyente recibe gratuitamente. Es la vida de Cristo, la vida eterna. Animado por esta vida, el mismo apóstol podía decir: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21). Este gozo era un testimonio poderoso, como una antorcha que brilla en la noche. Así debería ser nuestra alabanza al Cristo resucitado. Luz para aquellos con quienes nos encontramos y que, a la vez, experimentan el verdadero gozo al ir a Jesús por medio de la fe.

En nuestra época de ocio y de consumo desenfrenado, muchos corazones sordos a la voz de Dios están insatisfechos, llenos de tristeza e indiferentes a los demás. Por el contrario, cuando el mensaje del Evangelio llena el corazón, la vida de Cristo recibida por el creyente es una vida abundante que desborda hacia los demás. Jesús incluso nos dice que es más bie?naventurado dar que recibir (Hechos 20:35). Es el gozo del amor. Como la estela de un barco, nuestra vida debería dejar un rastro del amor y del gozo. Al dejarnos amar por Dios, experimentaremos el gozo de ser amados, pero también el de amarlo sirviéndole y haciendo bien a todos.