En Apuros

Isha – Salmos

DÍA 107 – Salmo 70

Dosis: Ayuda

En Apuros

“Apresúrate, oh Dios, a rescatarme; ¡apresúrate, SEÑOR, a socorrerme!…Yo soy pobre y estoy necesitado; ¡ven pronto a mí, oh Dios! Tú eres mi socorro y mi libertador; ¡no te demores, Señor!” (Salmo 70:1, 5) (NVI)

¿Cuántas veces has estado en apuros, necesitando desesperadamente del socorro de Dios? En este breve salmo, David se encuentra en problemas. Así que suplica a Dios que venga en su ayuda a toda prisa porque parece ser que ya no puede más. Lo curioso es que aún, en medio de su pánico, no olvida alabar a Dios. Parece increíble que alguien que está en aprietos pueda pronunciar estas palabras: “Pero que todos los que te buscan se alegren en ti y se regocijen; que los que aman tu salvación digan siempre: «¡Sea Dios exaltado!»”

En ocasiones queremos ver a Dios como un Papá Noel o una máquina que vende productos. “Presione el botón y obtenga sus deseos”. “Haga una lista, y recibirá sus peticiones”. Sin embargo, Dios es una persona. Y como David, debemos reconocer que al pedir ayuda podemos alabar también a Dios, sin importar lo hondo del pozo en el que estemos.

Analizando el salmo: ¿Quién necesita ayuda? David comienza con una confesión: “Soy pobre y estoy necesitado”. Si recordamos las bienaventuranzas, el Señor Jesús llama dichosos a los pobres de espíritu, y ser pobre de espíritu significa reconocer nuestra necesidad de Dios. ¿Somos pobres de espíritu? En ocasiones no. Creemos tener todo resuelto y no acudimos a Dios. Que este día podamos aceptar que lo necesitamos.

Sigue una súplica. “¡Ven pronto!” Cuanto más apremiante es el dolor, más necesitaremos de su gracia. Tal vez este versículo nos haga recordar también el anhelo de la iglesia por la segunda venida de nuestro Señor, conforme a la promesa que Él nos hizo de volver.

Después viene el reconocimiento. David declara que el Señor es su socorro y su libertador. David sabía en quién podía confiar. No tenía ninguna duda de ello. ¿Y nosotras confiamos así? El otro día enfermó mi hijo. Empezó a vomitar y a llorar. Sentí pánico. ¿Sabes qué hice? Llamé a mi madre, pero no estaba. Busqué en el Internet para ver qué remedios encontraba. Hice todo, menos acudir a Dios. Cuando finalmente, aturdida porque nada salía, me arrodillé y oré, vi las cosas con claridad. ¡Qué pobre y necesitada estaba! En cualquier situación, primero acudamos a Él.

Oración: Señor, reconozco que soy pobre y necesitado. ¡Ven pronto a socorrerme! Sí, ¡ven, Señor Jesús! Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 123). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

Su venida a la tierra

Miércoles 25 Diciembre

María… dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Lucas 2:7

(El ángel dijo a los pastores:) Os ha nacido hoy… un Salvador, que es Cristo el Señor.

Lucas 2:7, 11

El Dios Creador (2)

Su venida a la tierra

http://labuenasemilla.net/20191225

Julio de 1969: durante la misión Apolo 11, por primera vez unos hombres pusieron los pies sobre la luna y dieron unos pasos en ella. A su regreso fueron aclamados como héroes. Un desfile, conferencias, entrevistas, marchas y recepciones se sucedieron en diferentes países. Semejante honor fue dado a esos hombres porque habían caminado sobre la luna. Sin embargo, algunos años más tarde, el astronauta James Irwin dijo: «Lo más grande en la humanidad no es que el hombre haya caminado sobre la luna, sino que Dios haya caminado sobre la tierra en la persona de Jesucristo».

En la Biblia, el evangelio según Lucas nos relata el nacimiento del Hijo de Dios, quien vino a la tierra en la persona de un recién nacido. Su nacimiento fue anunciado siglos antes por los profetas. No obstante, nadie estaba allí para recibirlo. María, su madre, y José tuvieron que hacer un largo viaje para ser censados en Belén. Allí los albergues estaban llenos. Entonces, en un establo, María dio a luz al Hijo de Dios, Jesucristo. Su cuna fue un pesebre destinado a los animales. Algunos pastores fueron a ver al niño, advertidos por un ángel de Dios: “Os doy nuevas de gran gozo… que os ha nacido hoy… un Salvador, que es Cristo el Señor”. Unos magos de oriente fueron a rendirle homenaje en secreto (Mateo 2:1-12).

Más de dos mil años después, ese motivo de gran gozo sigue siendo actual: aún hoy Jesús ofrece la salvación a todo el que cree en él.

Zacarías 9-10 – Apocalipsis 18 – Salmo 147:1-6 – Proverbios 30:24-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Qué es el libre albedrío?

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

¿Qué es el libre albedrío?

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/39759930

Quiero llamar su atención a una evaluación de lo que entendemos al decir las palabras ‘libre albedrío’. ¿Qué significa tener libre albedrío? ¿Qué significa ser un agente moral libre, una criatura volitiva bajo la soberanía de Dios?

En primer lugar, déjenme decir que hay distintos puntos de vista en cuanto a lo que incluye el libre albedrío que se usan en nuestra cultura, y creo que es importante que reconozcamos estos puntos de vista.

Al primero lo voy a llamar el punto de vista ‘humanista’, el cual diría que es la posición más ampliamente aceptada de la libertad humana que encontramos en nuestra cultura. Y me entristece decir, en mi opinión, que es la postura más difundida dentro de la iglesia, así como fuera de ella.

 

En este esquema, el libre albedrío es definido como nuestra capacidad para elegir de forma espontánea; las elecciones que hacemos no están de ninguna modo condicionadas o determinadas por prejuicios, inclinaciones o disposiciones previas.

Permítanme repetirlo: tomamos decisiones de forma espontánea, sin antecedentes previos a la decisión que determinen nuestra elección, sin prejuicio, sin preferencias o inclinaciones previas; viene literalmente por sí misma como una acción espontánea de la persona.

Ahora, desde el principio puedo ver dos problemas serios que enfrentamos como cristianos con esta definición de libre albedrío. El primero es un problema teológico o moral, el segundo es un problema racional. Y en realidad debería decir que hay tres problemas ya que todo el tema se centrará en el tercero, pero empecemos viendo, en este momento, dos problemas.

El primero es, como dije, un problema teológico, moral. Si nuestras elecciones son hechas meramente de forma espontánea, sin inclinación previa, sin preferencias, en cierto sentido lo que estamos diciendo es que no hay razón alguna para tal elección.

No hay motivación o motivo para la elección. Solo sucede de forma espontánea. Y si así operan nuestras elecciones entonces enfrentamos inmediatamente este problema: ¿cómo podría tal acción tener algún significado moral?

Porque, una de las cosas, por ejemplo, que la Biblia se preocupa en cuanto a las elecciones que hacemos, no es solo lo que elegimos, sino cuál fue nuestra intención al hacer esa elección. Recordamos, por ejemplo, la historia de José cuando fue vendido como esclavo por sus hermanos. Cuando él se reúne con ellos años más tarde, y ellos se arrepienten de ese pecado, ¿qué le dice José a sus hermanos? Cuando los acepta y los perdona, él dice: “Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien.”

Así que Dios hizo una elección al respecto. Dios había elegido, al menos al permitir que esto pasara y que le sucediera a José. Sus hermanos tomaron una decisión en cuanto a qué hacer con José. Su inclinación al hacerla fue perversa.

Dios también hizo una elección al permitir que esto suceda, pero la razón de Dios, la intención de Dios en este acto, era completamente justa y santa. Entonces, Dios, al considerar una buena obra, por ejemplo, no solo examina la acción externa en sí (el hecho), sino que también considera ¿el qué? las motivaciones internas, la intención detrás del hecho.

Pero si no hay motivaciones internas, si no hay intenciones, no hay intencionalidad real, usando el término filosófico, entonces ¿cómo podría la acción tener algún significado moral? Solo sucede. Pero incluso más profundo que este problema, nos enfrentamos de inmediato a la pregunta de si en realidad se podría o no hacer tal elección, no simplemente si sería moral si se hiciera, sino que, ¿podría incluso una criatura sin ninguna disposición previa, inclinación, preferencia o razón hacer una elección?

Veamos esto con un par de ejemplos. Si no tengo una inclinación o disposición previa, lo atractivo de esta idea es que eso significaría que mi voluntad es neutral. No está inclinada ni a la izquierda ni a la derecha.

No está inclinada hacia la rectitud ni hacia el mal, sino que es simplemente neutral. No hay inclinación o preferencia previa. Pienso en la historia de Alicia en el país de las maravillas, cuando en sus viajes llega a una bifurcación de caminos y ella no puede decidir si escoger hacia la izquierda o la derecha. Y levanta la vista y está el gato Risón en el árbol sonriéndole y le pregunta al gato: “¿Qué camino debería yo tomar?”

Y el gato Risón responde diciendo: “Eso depende.  ¿A dónde vas?” Y ella responde: “No sé”. Entonces, ¿qué le dice él? “Entonces supongo que no importa”.  Si no tienes intención, no tienes plan, no deseo de llegar a algún sitio, ¿qué más da si vas a la izquierda o a la derecha?

Bueno, en este caso, lo vemos y pensamos: “Ahora Alicia tiene dos opciones. Ella puede ir a la izquierda o puede ir a la derecha.” Pero, en realidad, ella tiene cuatro opciones. Ella puede ir a la izquierda, puede ir a la derecha, ella puede regresar por donde vino o ella puede quedarse parada y no hacer nada, lo cual es también una opción, quedarse ahí hasta que perezca de inactividad.

Así que tiene cuatro opciones. Y la pregunta que nos haremos es: “Por qué tomaría alguna de esas cuatro opciones? Si no tuviese razón alguna, o inclinación detrás de la elección, si su voluntad fuera completamente neutral, ¿qué le sucedería a ella en realidad? Si no hay razón para preferir la izquierda o derecha, permanecer ahí hasta el punto de regresar, ¿qué opción ella elegiría? Ella no haría una elección.  Ella estaría paralizada.

Entonces el problema que tenemos con la noción humanista de libertad es que se trata del mismo problema del conejo fuera del sombrero que se queda sin sombrero y sin mago.

Es algo que sale de la nada, un efecto sin una causa. Una elección espontánea, en otras palabras, es una imposibilidad racional. Tendría que ser un efecto sin una causa.

Ahora, solo de paso, añadiría que, desde una perspectiva bíblica, desde una perspectiva cristiana, el ser humano en su caída, no se ve como estando en un estado de neutralidad con respecto a las cosas de Dios.

Él tiene un prejuicio, él tiene un sesgo. Él tiene una inclinación y su inclinación es hacia la maldad y lejos de las cosas de Dios. Pero permítanme decirlo, de paso, al observar varios puntos de vista cristianos sobre la libertad de la voluntad.

Personalmente pienso que el mejor libro que se haya escrito en este tema, se titula simplemente: “La libertad de la voluntad” escrito por el más grande erudito de Estados Unidos, Jonathan Edwards. (Y dicho sea de paso, esa designación de “el mejor erudito de Estados Unidos” no es mía. Viene de la Enciclopedia Británica, que ha votado a Jonathan Edwards como la más grande mente erudita que los Estados Unidos jamás haya producido; y su obra: “La libertad de la voluntad”, creo que es la evaluación más profunda y el análisis de esta espinosa pregunta que yo haya leído.)

Por supuesto, la famosa obra de Martin Luther sobre la esclavitud de la voluntad es también uno muy importante, que creo que los cristianos tienen que leer. Pero veamos por un momento la definición de Edwards acerca de la libertad de la voluntad.

Edwards dice que: “La libertad o libre albedrío es la elección de la mente”. Ahora, lo que dice es que, aunque él distingue entre la mente y la voluntad, está diciendo que los dos están relacionados de forma inseparable.

No hacemos elecciones morales sin que la mente apruebe la dirección de nuestra elección. Esa es una de las dimensiones que está muy relacionada con el concepto bíblico de conciencia: que en las elecciones morales está– la mente está involucrada en esas elecciones.

Me doy cuenta de ciertas opciones y si prefiero una sobre la otra, para hacerlo tengo una preferencia, antes de poder hacer la elección, tengo que tener una idea de cuáles son esas opciones para que sea una decisión moral. De modo que la voluntad no es algo que actúa de forma independiente de la mente, sino que actúa en conjunción con la mente.

Cualquier cosa que la mente considere como deseable, es lo que la voluntad está inclinada a elegir. Ahora, además de las definiciones, Edwards nos da una especie de regla de oro a la que llamo: “Ley de libre albedrío de Edwards” y creo que esta es quizá su contribución más importante a la discusión en cuanto a la libertad humana.

Edwards declara esto: que “los agentes morales libres siempre actúan de acuerdo con la inclinación más fuerte que tienen en el momento de la elección”.Para decirlo de otra manera, siempre elegimos según nuestras inclinaciones y siempre elegimos según nuestra inclinación más fuerte en un momento dado.

Déjenme decirlo de forma simple. Cada vez que pecas, lo que esa acción indica es que al momento de pecar, tu deseo de cometer el pecado es mayor en ese momento que tu deseo de obedecer a Cristo.

Si tu deseo de obedecer a Cristo fuera mayor que tu deseo de cometer el pecado, ¿qué harías?
¡No pecarías! Pero al momento de la elección, siempre seguimos nuestra inclinación más fuerte, nuestra disposición más fuerte o nuestros deseos más fuertes.

Ahora, nos parece, sin embargo, en este tema de la elección, que hay muchas veces que elegimos cosas sin alguna razón aparente en lo absoluto. Por ejemplo, si tuviera que preguntarte: “Por qué estás sentado en la silla en la que estás sentado en este momento?

¿Podrías analizar tus propios procesos de pensamiento interno y las respuestas a las opciones que tenías delante cuando entraste a esta sala y decir con claridad: “La razón por la que estoy sentado aquí es porque siempre me gusta sentarme en la última silla” o “porque quería sentarme junto a Carmen” o “quería estar en primera fila para salir en la cámara” o “era la única silla que quedaba libre y no que quería quedar de pie y prefiero sentarme que estar de pie; y entonces, mi deseo por sentarme era mayor que mi deseo por estar de pie”.

Lo que les estoy diciendo es que hay una razón por la que están sentados donde están sentados y pudo haber sido una decisión muy rápida. Puede ser que simplemente seas perezoso y no te guste caminar y que la silla que viste vacía era la más cercana que estaba disponible.

Es probable que las razones sean más profundas que eso. Hay algunos que si caminas con ellos al parque donde hay una banca desocupada con espacio para tres personas, entonces esas personas, si los llevas a una banca del parque, o los llevas a un parque y hay una banca vacía y se sientan en la banca, cien de cada cien se sentarán en el extremo de la banca en vez de sentarse en el medio de la banca.

De hecho, generalmente se sentarán en el extremo izquierdo o en el derecho, donde otras personas siempre elegirán el medio. ¿Por qué? A algunos les gustan las multitudes. Les gusta estar en medio de la acción. Ellos tienen una personalidad gregaria. A otras personas les gusta estar seguros donde puedan tener una salida segura, se quedarán en el extremo de la banca.
Y permítanme decir, no siempre estamos sentados allí analizando con sumo cuidado el por qué hacemos las elecciones que hacemos, pero hay una razón para cada elección y siempre actuamos de acuerdo con la inclinación más fuerte del momento.

 

Ahora, hay dos cosas que Podemos plantear de inmediato para objetar la ley de elección de Edwards. La primera es: “Bueno, puedo decirte que muchas veces he hecho cosas que en realidad no quería hacer y he experimentado coerción.”

Bueno, la coerción involucra fuerzas externas que entran en nuestras vidas y buscan obligarnos a hacer las cosas que, en igualdad de condiciones, no elegiríamos hacer. Pero, en la mayoría de los casos, el poder de la coerción puede generalmente reducir nuestras opciones a dos: pueden reducir drásticamente nuestras opciones.

El pistolero se acerca a mí en la calle, me pone una pistola en la cabeza y dice: “Tu dinero o tu vida”.  Él acaba de reducir mis opciones a dos. ¿Cierto? Por fuerza externa y coerción.

Ahora, al ser todas iguales, no estaba buscando a alguien a quien darle mi billetera esa noche, así que no tenía ningún deseo de darle mi dinero a ese hombre. Pero cuando el arma está en mi cabeza y mis opciones son mi sangre en la acera o mi billetera en el bolsillo, de repente tengo un deseo fuerte de vivir y perder mi dinero, en vez de morir y también perder mi dinero.

Y entonces, en ese momento, mi nivel de deseo de vivir podría ser más fuerte que mi nivel de deseo de resistir a ese hombre, por eso le doy mi billetera. Ahora, podría haber personas en esa misma situación que dirían: “prefiero morir antes que ceder a la coerción, aunque sé que si me niego a darle la billetera, me matará de todos modos y se llevará mi dinero. Aún así, de ninguna manera voy a ayudarlo”.

Entonces dicen: “Dispárenme”. Pero aún ahí, su deseo de resistir es mayor que su deseo de no resistir y entonces se resisten. ¿Está claro? Por lo que incluso cuando nuestras opciones se reducen severamente y las fuerzas externas cambian nuestros niveles de deseo, porque este es el otro punto del que tenemos que estar conscientes, es que los deseos humanos fluctúan y son muchos.

En situaciones donde hacemos elecciones, es raro que solo elijamos entre dos opciones, o incluso solo entre una buena opción y una mala. Una de las elecciones morales más difíciles para un cristiano es entre cosas buenas. “Tenemos dos oportunidades, pero no estoy seguro con cuál es con la que puedo servir mejor a Cristo.”

Y eso resulta muy difícil. Sabemos que nuestros niveles de deseo cambian y fluctúan. Pero la segunda objeción que puedo escuchar es la declaración del apóstol pablo cuando dice: “lo bueno que quiero no lo hago, y lo que no quiero es lo que hago.” Y pareciera sugerir allí mismo que el apóstol Pablo, mediante autoridad apostólica, nos está diciendo que, de hecho, es posible que una persona elija en contra de sus deseos, elegir en contra de sus anhelos.

Solo puedo decir en respuesta a eso que no creo que haya sido la intención del apóstol el darnos un tratamiento técnico de las complejidades del funcionamiento de la facultad de elegir; pero lo que él está expresando es algo que todos experimentamos, que tengo dentro de mí un deseo de agradar a Cristo, pero ese deseo presente no siempre triunfa cuando llega el momento de la verdad.

Todo es igual como cristiano, si me dijeras: “RC, ¿te gustaría liberarte del pecado? Yo diría: “Por supuesto que me gustaría ser libre del pecado”.  Sin embargo, lo digo ahora hasta que la tentación del pecado me presione y mi deseo por ese pecado se intensifique: y luego me rindo a él, libremente.

Porque cuando obro y actúo según mis deseos, estoy obrando y actuando libremente.
Bien, déjenme continuar.  Calvino, al examinar el asunto del libre albedrío, dijo: “si queremos decir por libe albedrío que el hombre caído tiene la capacidad de elegir lo que quiere, entonces por supuesto, el hombre caído tiene libre albedrío.

Si queremos decir con ese término que el hombre en su estado caído tiene el poder moral y la capacidad de elegir la rectitud, entonces Calvino dijo, “el libre albedrío es un término demasiado grandioso como para aplicarlo al hombre caído.”

Y con esa opinión, yo estaría de acuerdo. Hemos visto el punto de vista de Edwards, el punto de vista de Calvino, ahora veremos el punto de vista Sprouliano del libre albedrío, apelando a la ironía o a una forma de paradoja.

Me gustaría hacer esta afirmación: que en mi opinión, cada elección que hacemos es libre y cada elección que hacemos está determinada. Cada elección que hacemos es libre y cada elección que hacemos está determinada.

Ahora, eso suena completamente contradictorio porque normalmente vemos las categorías de “determinar” y “libre” como categorías mutuamente excluyentes. Decimos que si algo está determinado por otra cosa, quiere decir que es causado por otra cosa, pareciendo indicar que no puede ser libre.

Pero a lo que me refiero aquí, de lo que estoy hablando, no es determinismo.  El determinismo significa que las cosas me pasan estrictamente en virtud de fuerzas externas. Pero además de las fuerzas externas, que son factores determinantes en lo que nos pasa, también hay fuerzas internas que son factores determinantes.

Lo que hemos estado diciendo todo este tiempo, junto con Edwards y Calvino, es que si mis elecciones fluyen de mi disposición y de mis deseos, y si mis acciones son un efecto que tienen causas y razones detrás de ellas, entonces mi deseo personal, en un sentido muy real, determina mi elección personal.

Ahora, si mis deseos determinan mi elección, ¿cómo puedo ser libre? ¿Recuerdan que dije que en cada opción, nuestra elección es libre y determinada? Pero lo que la determina soy yo, y a esto llamamos ‘auto’, tú la completas con determinación. Auto-determinación, lo cual no es la negación de la libertad, sino la esencia de la libertad.

Para que mi yo pueda determinar sus propias elecciones es de lo que se trata el libre albedrío. Ahora, de manera simple trato de plantear que no solo podemos elegir de acuerdo con nuestros propios deseos, sino que de hecho siempre elegimos según nuestros deseos; y llevaré esto al grado superlativo y diré que, de hecho, debemos elegir siempre según la inclinación más fuerte en ese momento. Y esa es la esencia de la libre elección: poder elegir lo que quieres.

Ahora, el problema con el pecador, obviamente, no es que el pecador en su caída haya perdido la facultad de elección. Los pecadores todavía tienen mentes, pueden pensar, todavía tienen deseos, tienen voluntades. Y la voluntad sigue siendo libre en la medida que sea capaz de hacer lo que el pecador desea hacer.

¿Dónde radica el problema? El problema está en la raíz de los deseos del corazón del ser humano caído porque tiene una inclinación al mal, un deseo por el pecado, él peca.

Los pecadores pecan porque ellos quieren pecar.  Por lo tanto, pecan libremente. Los pecadores rechazan a Cristo porque ellos quieren rechazar a Cristo. Por lo tanto, lo rechazan libremente.

Y antes de que una persona pueda responder positivamente a las cosas de Dios y elegir a Cristo y elegir la vida, debe tener un deseo de hacer eso. Ahora, la pregunta es: ¿conserva el hombre caído algún deseo en su corazón por Dios y por las cosas de Dios? Rápidamente presentaré nuestro siguiente tema, es la visión bíblica del carácter radical de la caída del hombre con respecto a su deseo por las cosas de Dios.

Pero antes de llegar a ese tema, vamos a concluir hablando de otra distinción que Jonathan Edwards ha hecho famosa. Él hace una distinción entre habilidad moral y habilidad natural.

La habilidad natural tiene que ver con habilidades que tenemos por naturaleza. Como ser humano tengo la habilidad natural de pensar. La habilidad de hablar. Puedo caminar erguido.

No tengo la capacidad natural de volar por el aire sin ayuda de máquinas. Los peces tienen la capacidad de vivir bajo el agua por largos periodos de tiempo sin tanques de oxígeno ni equipos de buceo, porque Dios les ha dado aletas y branquias.

Les ha dado el equipo natural necesario para que puedan vivir en ese entorno. Por lo tanto, tienen una habilidad natural que yo no tengo. Dios ha dado a las aves habilidades naturales que yo no tengo. ¿Correcto? Pero estamos hablando de habilidad moral; estamos hablando de la capacidad de ser rectos, así como de ser pecadores.

El ser humano fue creado con la habilidad de ser recto o ser pecador, pero el hombre ha caído. Y lo que Edwards está diciendo es que, en su estado caído, ya no tiene la capacidad en sí mismo de ser moralmente perfecto porque ha nacido en pecado, en pecado original.

Tiene una naturaleza caída, una naturaleza pecaminosa, lo que hace que sea totalmente imposible para él alcanzar la perfección en este mundo. Todavía tiene la facultad de pensar, la facultad para tomar decisiones.

Pero lo que le falta es la inclinación o la disposición hacia la piedad. Ahora vamos a ver si eso concuerda o no con lo que la Biblia enseña acerca de la condición caída del ser humano, pero solo te lo estoy dando a manera de adelanto. Hasta ahora, Edwards simplemente está repitiendo lo que Agustín había enseñado siglos antes con una distinción similar.

Agustín dijo que el hombre tenía un “liberum arbitrium” o un libre albedrío, pero que el hombre perdió en la caída era “libertas” o libertad, lo que la biblia llama libertad moral. La biblia habla de los humanos caídos como esclavos del pecado. Y aquellos que están en esclavitud han perdido alguna dimensión de libertad moral.

Todavía toma decisiones, todavía tiene libre albedrío, pero esa voluntad ahora se inclina hacia el mal y no se inclina hacia la rectitud. No hay quien haga el bien. No hay justo. No hay quien busque a Dios, ni aún uno. Eso indica que algo nos ha sucedido en el interior.

Jesús habla de que el fruto del árbol proviene de la naturaleza del árbol; la higuera no produce naranjas. No obtienes un fruto corrupto de un árbol recto. Hay algo malo dentro de nosotros, en donde residen nuestros deseos, nuestras inclinaciones. Es eso lo que está en esclavitud.

Pero incluso esa caída no elimina la facultad de elegir. Así que realmente no hay diferencia entre lo que Agustín llama cuando dice: “Todavía tenemos libre albedrío, pero no libertad”, que es la misma distinción que Edwards hace entre la habilidad moral y la habilidad natural.

Bueno, necesito parar porque mi tiempo se está acabando y solo quisiera decir que en nuestra próxima sesión veremos esto desde una perspectiva bíblica para ver lo que la Biblia dice de la capacidad moral del ser humano o la falta de ella con respecto a las cosas de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

Los Sufrimientos de nuestro Señor

Isha – Salmos

DÍA 106 – Salmo 69

Dosis: Identificación

Los Sufrimientos de nuestro Señor

“Tú bien sabes cómo me insultan, me avergüenzan y denigran; sabes quiénes son mis adversarios. Los insultos me han destrozado el corazón; para mí ya no hay remedio. Busqué compasión, y no la hubo; busqué consuelo, y no lo hallé. En mi comida pusieron hiel; para calmar mi sed me dieron vinagre… Y a mí, que estoy pobre y adolorido, que me proteja, oh Dios, tu salvación.” (Salmo 69:19–21, 29) (NVI)

Este es otro de los salmos que más se citan en el Nuevo Testamento. David se encontraba en desgracia, físicamente exhausto y cansado de llorar. Poco sabía que al enunciar sus penas, describiría los sufrimientos de alguien superior a él: Jesús mismo. Repasemos este salmo para después agradecer a Jesús por su inagotable amor.

“Muchos son los enemigos gratuitos que se han propuesto destruirme.” Después de haber sanado a multitudes, el Señor Jesús se encontró rodeado de enemigos. La noche que fue apresado incluso sus más cercanos seguidores lo abandonaron. David profetiza: “Soy como un extraño para mis hermanos; soy un extranjero para los hijos de mi madre”.296 Poco pensamos en la familia cercana de Jesús, pero Él tenía hermanos que no creyeron en sus palabras sino hasta después de su resurrección. ¿Te imaginas que tu propia carne y sangre te abandone? Eso padeció Cristo por nosotras.

El verso 9 muestra el celo de David por su Dios, pero el Señor Jesús ardió en celo cuando observó el templo convertido en un mercado, más en un negocio que un lugar santo. ¿Y a nosotras nos consume el celo por su casa? ¿Ardemos cuando miramos cómo otros usan lo sagrado para fines viles? Pablo también usó el verso 9 para explicar cómo el Señor no buscó lo suyo: “Cada uno debe agradar al prójimo para su bien, con el fin de edificarlo. Porque ni siquiera Cristo se agradó a sí mismo sino que, como está escrito: «Sobre mí han recaído los insultos de tus detractores.»”

Finalmente llegamos a los versos que se cumplirían en la cruz: “Los insultos me han destrozado el corazón; para mí ya no hay remedio. Busqué compasión, y no la hubo; busqué consuelo, y no lo hallé. En mi comida pusieron hiel; para calmar mi sed me dieron vinagre”. ¡Cuánto amor de nuestro Señor! Lo que David sufría no se comparaba con lo que el Hijo de David debería de padecer siendo inocente.

Pero al concluir el salmo, David ruega por venganza, y tanto Pablo como Pedro ven en sus palabras lo que ciertamente ocurrió. Judas traicionó a su Señor y quedó desierta su habitación. Los judíos cerraron sus corazones y sus ojos fueron cegados. No importa cuánto estemos sufriendo, recordemos que el Señor padeció aún más pues lo hizo por amor a nosotras, sin merecer el castigo. No olvidemos que la salvación de Jesús nos protege, nos ampara y nos auxilia en cualquier tribulación.

Oración: Señor, gracias porque sufriste en mi lugar y te puedes identificar con el sufrimiento de la humanidad. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 122). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

Las maravillas de su creación

Señor… cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria…?

Salmo 8:3-4

Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles… siendo entendidas por medio de las cosas hechas.

Romanos 1:20

El Dios Creador (1)

Las maravillas de su creación

21 de diciembre de 1968: con el cohete Saturno 5 de la misión Apolo 8, por primera vez unos hombres fueron enviados más allá de la órbita terrestre. Su misión era ir hasta la luna, dar vuelta alrededor de ella en órbita y volver a la tierra. La misión era peligrosa, pero sería un éxito tecnológico. Era también la revelación del esplendor del espacio celeste. Por la ventanilla de su módulo, los tres astronautas asistieron a un espectáculo inolvidable: la salida de la tierra, el «planeta azul», más allá del horizonte lunar. Se estima que mil millones de personas vieron las fotos y tomaron conciencia de la belleza de su planeta.

El 24 de diciembre los astronautas declararon que tenían un mensaje para «los de la tierra». Por turno, leyeron los primeros versículos de la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra… Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche… Y vio Dios que era bueno”.

Menos de un año después, el astronauta Aldrin, quien en el transcurso de la misión Apolo 11 había dado algunos pasos sobre la luna, recitó el Salmo 8 (versículo del día).

Esos astronautas le rindieron homenaje a Dios por haberles develado una parte de las maravillas del espacio que nos rodea.

Y todo creyente, maravillado a su vez, también puede dar gloria a su Creador.

(mañana continuará)

Zacarías 8 – Apocalipsis 17 – Salmo 146:8-10 – Proverbios 30:21-23

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Repartición de Dones

Isha – Salmos

DÍA 105 – Salmo 68

Dosis: Dones y Talento

Repartición de Dones

“Cuando tú, Dios y Señor, ascendiste a las alturas, te llevaste contigo a los cautivos; tomaste tributo de los hombres, aun de los rebeldes, para establecer tu morada.” (Salmo 68:18) (NVI)

El salmo 68 describe a Dios como un conquistador que marcha a las puertas de la ciudad y toma el tributo que la ciudad caída le otorga. ¡Por eso el pueblo debe alegrarse! Pablo usa este mismo cuadro en Efesios 4:8 para enseñar cómo nuestro Señor Jesús venció a Satanás en su crucifixión y resurrección, y además, en su generosidad, al tomar tributo nos repartió regalos a nosotros, sus hijos. ¡Qué maravilloso! Cada una de nosotras tiene un regalo especial a través de Jesús.

Veamos algunos de los muchos dones que Jesús ha repartido entre sus hijos. Algunos son buenos para presentar la palabra de Dios de modo persuasivo. Otros se acercan a una persona de modo individual para consolar, animar o corregir con amor. Sin embargo, existen aquellos que logran comprender las verdades de forma sistemática y la transmiten en orden y con palabras sencillas. ¿Tienes algunas de estas cualidades? ¿Te gusta hablar con otros y explicar lo que aprendes de la Biblia? ¿Te agrada enseñar a niños o a otras mujeres?

A otras personas les gusta dar de modo deliberado y abundante. Hay quienes son sensibles y se ponen en los zapatos de aquellos que están sufriendo, así que piensan en maneras de visitarles, ayudarles y animarles. Incluso ciertas personas buscan formas de llevar las pesadas cargas de trabajo que tienen otros para que se concentren en la enseñanza o en otras áreas de oportunidad. Tal vez a ti no te gusta estar frente a un grupo, pero te agrada visitar a los enfermos y llevarles un poco de sopa caliente, o limpias las aulas de clases antes de que lleguen los maestros o das de tu tiempo y de tu dinero para el servicio de Dios. ¡Esto también edifica a la iglesia!

Admiro a las personas que comunican el Evangelio con poder y persuasión, y que no cierran la boca ante ninguna circunstancia. También están los que inspiran a otros a ir y servir, y que con su ejemplo respaldan sus palabras. Existen los que organizan todo, y desarrollan planes para seguir una ruta y lograr un objetivo. Pero siempre hace falta aquel que ante cualquier obstáculo sabe que Dios nos ayudará. ¿Estás en algunas de estas categorías?

¿Sabes cuál es ese regalo que Jesús te ha dado? La mejor manera para saberlo es buscando oportunidades para servir a Dios y ejercitar tus habilidades. Lo que Dios te ha dado es aquello que haces bien y que disfrutas hacer.

Oración: Señor, gracias porque nos has dado dones para servir en tu iglesia. Muéstrame cuál es mío y permite que lo use para ti. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 121). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

 

Malhumor

Lunes 23 Diciembre

He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.

Lucas 2:10-11

Malhumor

http://labuenasemilla.net/20191223

Basta tomar un transporte público para leer en muchos rostros el cansancio, las preocupaciones, la tristeza, el malhumor engendrados por las tensiones de la vida moderna. Se puede comprender que esto ocurra en aquellos que no tienen otro horizonte que esta tierra. Al raudal de noticias a menudo preocupantes que se oyen a diario se agregan los problemas personales. Pero para el creyente esto no es normal. Nada debería quitarle su gozo. Y si cada mañana pasa un rato con su Dios mediante la lectura de la Biblia y la oración, en su rostro debería reflejarse la tranquilidad y el sosiego.

Una niña de un barrio miserable fue llevada un día de Navidad a un hospital cristiano. Allí oyó contar la historia de Jesús, la que la llenó de alegría.

–¡Oh, qué hermosos días voy a pasar aquí!, dijo ella a la enfermera. ¿Sabe usted que Jesús ha nacido?

–Por supuesto, contestó la enfermera.

–¿Usted lo sabía? No tiene aspecto de saberlo.

–¿Qué aspecto tengo entonces?, preguntó la enfermera, algo desconcertada. En este momento tomó conciencia de que su rostro malhumorado contradecía “las nuevas de gran gozo” que pretendía conocer.

Jesús nació, murió por nosotros y está con nosotros todos los días. ¿No hay suficiente motivo para que nuestro corazón cante durante todo el día?

“Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos” (Filipenses 4:5-6).

Zacarías 7 – Apocalipsis 16 – Salmo 146:1-7 – Proverbios 30:18-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Jesucristo vino

Domingo 22 Diciembre

Vino y anunció las buenas nuevas de paz.

Efesios 2:17

El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.

1 Juan 4:14

Jesucristo vino

http://labuenasemilla.net/20191222

En los evangelios varias veces escuchamos a Jesús decir: “He venido” (Marcos 1:38; Juan 5:43; 8:14). Esta expresión tan simple y clara nos habla de la bondad de aquel que “no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Jesús vino voluntariamente, por sí mismo, y al mismo tiempo fue enviado por Dios. Estas dos palabras: “venido” y “enviado”, muestran a la vez el amor del Hijo que vino, y el del Padre que lo envió.

Él vino. El Hijo de Dios se encarnó y vivió como un hombre. Soportó el cansancio, los sufrimientos, la discriminación. Aceptó morir en la cruz por cada uno de nosotros. Lo hizo para librarnos de la maldición atribuida a nuestras faltas. Jesús fue condenado por Dios en nuestro lugar. Gracias a su venida, a su muerte y su resurrección, somos librados de la esclavitud del pecado y podemos vivir gozosos en la fe.

Jesús no fue vencido por la muerte. Salió de ella victorioso. Por ello, así como los prisioneros de guerra se gozan cuando su país sale victorioso, la esperanza brota en el corazón de aquel que piensa en los resultados de la venida de Cristo a la tierra. Sabe que la muerte y el mal han sido vencidos.

Además de esto, habiendo acabado su obra, Jesús desea habitar en nuestro corazón. Él mismo nos dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Zacarías 6 – Apocalipsis 15 – Salmo 145:14-21 – Proverbios 30:17

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Por qué, Señor?

Sábado 21 Diciembre

¿Por qué estás lejos, oh Señor, y te escondes en el tiempo de la tribulación?

Salmo 10:1

¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva?

Job 7:19

Tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.

Salmo 86:5

¿Por qué, Señor?

http://labuenasemilla.net/20191221

A menudo dirigimos esta pregunta al Señor cuando permite que atravesemos días difíciles, cuando estamos solos o nos sentimos incomprendidos.

«¿Por qué, Señor?», fue el clamor de muchos hombres de Dios mencionados en la Biblia. Esto nos consuela a nosotros que tenemos una fe tan débil. En los momentos más duros, ¿quién de nosotros no ha tenido la impresión de que Dios no respondía, como si nos hubiera olvidado o no nos escuchara? En esos momentos, pidámosle que nos ayude a ser valientes, que aprendamos a esperar pacientemente su respuesta, sin perder la confianza en él, sin olvidar cuánto nos ama.

Pidámosle también que transforme esos tristes «por qué» en «para qué», es decir, «con qué fin». Entonces el Señor nos revelará que él obra para nuestro bien, para el bien de cada uno de aquellos a quienes ama. Nos mostrará lo que quiere corregir en nuestros pensamientos o comportamiento, para que confiemos más en él y nos parezcamos más a su Hijo. Y si no siempre entendemos la razón de tal o cual prueba, tendremos la explicación en el cielo, cuando la historia de nuestra vida será como proyectada ante nuestros ojos a la luz de la gracia de Dios. Entonces no diremos más: «por qué», sino, «gracias».

“Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13:12).

Zacarías 4-5 – Apocalipsis 14 – Salmo 145:8-13 – Proverbios 30:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Episodio 15 – ¿Cómo puedo saber el llamado de Dios para mi vida?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Cómo puedo saber el llamado de Dios para mi vida?

Episodio 15

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.