La vara de almendro

Sábado 4 Marzo

La palabra del Señor vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. Y me dijo el Señor: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.

Jeremías 1:11-12

La vara de almendro

El nombre hebreo del almendro es «el árbol que vela» (Shaqed). De forma concreta y sorprendente, Dios imprimió en la memoria de su joven profeta Jeremías la seguridad de que él vela sobre su palabra para ejecutarla.

Jesús lo confirma: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18).

Pero en la Biblia la vara de almendro también tiene un significado particular: para poner fin a una controversia sobre la legitimidad del sacerdote Aarón, Moisés pidió que cada uno de los doce jefes de tribu llevase una vara al tabernáculo sagrado. Dios designaría claramente al hombre que había escogido. “El día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras” (Números 17:8). Dios no solo mostró quién estaba a cargo del servicio religioso, sino que dio a ese milagro un significado concreto, es decir, anunció la resurrección. ¡Una vara seca y podada recobró vida en una noche, reverdeció, produjo brotes, flores y almendras maduras!

¡Sí! El almendro es a la vez figura del que vela para que su palabra y el anuncio de la resurrección se cumplan. ¡Qué consuelo cuando pensamos en nuestros seres queridos que partieron de este mundo habiendo puesto su confianza en Jesús! ¡Sabemos que el Señor cumplirá su promesa de resucitarlos en el día postrero! (Juan 6:3911:24).

2 Samuel 23 – Hechos 12 – Salmo 29:7-11 – Proverbios 10:29-30

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¿Usted qué opina?

Viernes 3 Marzo

(Jesús preguntó a sus discípulos:) Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Mateo 16:15-16

Sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.

Juan 4:42

¿Usted qué opina?

Cuando estuvo exiliado en la isla de Santa Elena, Napoleón recibió desde Francia una Biblia decorada con las armas imperiales. Como no tenía nada que hacer, se puso a leerla y se interesó especialmente en la persona y la obra de Jesucristo. Parece que la comparación de la vida santa de Jesucristo con su propia carrera lo impresionó profundamente.

Un día, mientras paseaba, preguntó a su asistente militar, quien caminaba a su lado:

–Montholon, ¿qué piensa de Cristo?

–Sir, disculpe, no tengo ninguna opinión con respecto a él.

El emperador continuó su camino y respondió él mismo su pregunta:

–Alejandro, César, Carlomagno y yo fundamos imperios, pero ¿sobre qué basamos nuestro poder? Sobre la guerra, la fuerza. En cambio, Jesucristo fundó su imperio sobre el amor.

Solo Dios sabe si el ilustre prisionero aceptó a Jesús como su Salvador y obtuvo el perdón de sus pecados. El relato de sus últimos días no revela nada al respecto.

¿Decimos como el marqués de Montholon: no tengo ninguna opinión con respecto a Cristo? ¿O pensamos que el perdón que nos ofrece es menos necesario para nosotros que para el emperador destronado? Pero la Biblia dice: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Solo creyendo personalmente en el Hijo de Dios, quien fue crucificado y luego resucitó, podemos ser salvos. ¡Aún hoy él nos ofrece su gracia! Por la fe, ¡recibamos del Salvador la vida eterna!

2 Samuel 22:31-51 – Hechos 11 – Salmo 29:1-6 – Proverbios 10:27-28

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Estar cerca de Jesús

Jueves 2 Marzo

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Juan 6:68

María… sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.

Lucas 10:39

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.

1 Corintios 1:9

La comunión (1)

Estar cerca de Jesús

En 1972, cuando se publicó en Francia una nueva novela de Gilbert Cesbron (1913-1979), se le pidió responder el famoso cuestionario psicológico: el «cuestionario de Proust».

A la pregunta: «¿Cuál sería su mayor desgracia?», respondió: «Dejar de vivir en la proximidad de Jesús de Nazaret». Algunos años más tarde, tras la publicación de otra de sus novelas, se le pidió responder nuevamente el cuestionario. A la misma pregunta, su respuesta fue: «Dejar de vivir en la compañía de Cristo de Nazaret». ¡Qué constancia! El novelista nunca había escondido su fe, y todos sus libros estaban impregnados de ella.

«Vivir en la proximidad de Jesús», o «vivir en la compañía de Cristo», significa tener comunión con el Señor. Una vida así supone que primero hayamos creído en Jesucristo y que por medio de él hayamos recibido el perdón de Dios. Pero la comunión es más que eso, es conocer al Señor como aquel con quien tengo una relación viva, a quien permito intervenir en mi vida. La Biblia emplea varias imágenes para evocar la comunión:

– caminar con un amigo y hablar con él,

– pasar algún tiempo en su casa,

– intercambiar pensamientos y sentimientos,

– compartir una comida con él.

Los próximos jueves hablaremos de estas imágenes, pero desde ahora podemos expresar esta petición: Señor, concédeme el deseo de vivir a tu lado, ¡te necesito!

2 Samuel 22:1-30 – Hechos 10:25-48 – Salmo 28:6-9 – Proverbios 10:26

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Ni yo te condeno

Miércoles 1 Marzo
Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Juan 8:11-12

Ni yo te condeno

Leer Juan 8:1-11

Jesús estaba en el templo de Jerusalén y enseñaba a la multitud. Los escribas y los fariseos le llevaron una mujer sorprendida en adulterio, la pusieron en medio y dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?”.

Jesús no respondió nada, sino que se agachó y empezó a escribir en el suelo. Esta posición de humildad caracterizó su vida entre los hombres. Los acusadores insistieron. Entonces Jesús se levantó y dijo: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Luego se agachó nuevamente y continuó escribiendo. ¡Los acusadores fueron confrontados con sus propias conciencias! Habían interrogado a Jesús, y ahora ellos mismos eran interpelados. Querían la ley para esta mujer, y esta misma ley valía también para ellos. Entonces se retiraron uno a uno… reducidos al silencio. ¡Ellos, que señalaban con el dedo el pecado de la mujer, debieron reconocer su verdadero estado moral!

Jesús quedó solo con la mujer. El pasaje precisa que ella permanecía ahí en medio. Fue la única que no huyó y escuchó lo que Jesús dijo aún: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. En Jesús estaba “la verdad”, que manifiesta el pecado del hombre, y “la gracia” que lo quita delante de Dios y libera al culpable. Esta mujer pudo ser liberada de su pecado porque escuchó y creyó lo que Jesús le dijo. Cada uno de nosotros puede recibir esta palabra de Jesús y experimentar la fuerza y todo el bien que ella hace, si la acepta plenamente.

2 Samuel 21 – Hechos 10:1-24 – Salmo 28:1-5 – Proverbios 10:24-25

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Amar a alguien no significa aprobar sus actos

Martes 28 Febrero
(Jesús dijo:) Amad a vuestros enemigos… y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos.
Mateo 5:44-45
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.
Romanos 5:5

Amar a alguien no significa aprobar sus actos

Mensajes de cristianos perseguidos

“Amar a sus enemigos… no es una misión fácil. Tenemos la tendencia a no amar a los que nos hacen daño, y pensamos que la mejor cosa que podamos hacer es ignorarlos. Pero Dios nos pide algo diferente. Quiere que hagamos bien a los que nos odian, que oremos por los que nos persiguen. Esto parece absolutamente imposible. Si oramos por alguien, eso no significa que aprobemos sus actos. Desaprobamos su conducta, pero esa persona necesita a Dios. Por eso tenemos que orar por ella y mostrarle en qué consiste el amor del Señor.

Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos. Por nosotros mismos, jamás podremos hallar el deseo ni la fuerza para amar a un enemigo. ¡Es contrario a nuestra naturaleza!

Entonces, ¿quiénes pueden hacer esto en el mundo? Los que ya no pertenecen a este mundo, sino al reino de Dios. En Cristo, quien nos perdonó primero, y solo en él, podemos encontrar la fuerza para llevar a cabo estos actos inhabituales, como dar un abrazo a un enemigo, amar a los que nos odian, orar por los que nos persiguen y bendecir a los que nos maldicen.

Y así, a través de nosotros, Dios puede alcanzar esos corazones endurecidos, de tal forma que podrán descubrir el perdón de Cristo y recibir la vida eterna.”

Constantin Caraman (Rumanía), encarcelado tres veces
2 Samuel 20 – Hechos 9:23-43 – Salmo 27:9-14 – Proverbios 10:22-23

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Dios está por mí

Lunes 27 Febrero
Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Romanos 8:31-32

Dios está por mí

Como Dios es amor, me ama tal como soy, y se ocupa de mí con ternura y fidelidad.

Como es soberano, su amor y su bondad hacia mí se ejercen continuamente, siempre y en todo lugar.

Como Dios es sabio, sabe mejor que yo lo que necesito.

Como Dios es luz, ilumina los lugares sombríos de mi vida para ponerlos en armonía con lo que él es.

Como Dios es omnisciente (lo sabe todo), sabe en dónde estoy con respecto a él. Conoce mis necesidades interiores, mis preocupaciones, mis tristezas, mucho antes de que yo las sienta.

Como es omnipotente (todopoderoso), me protege en toda situación. Puede liberarme de las tentaciones, vengan de donde vengan, y darme la victoria.

Como Dios es omnipresente (está en todo lugar a la vez), está justo donde yo estoy en este momento, para decirme: «Ánimo, aquí estoy, comprendo las heridas que la vida te inflige… ¡Yo puedo darte la calma, la paz y el gozo! ¡Sí, estoy muy cerca de ti, a tu lado!».

Como Dios es misericordioso, da sin exigir nada a cambio, pero se goza al verme apreciar las bendiciones que me brinda.

“Fíate del Señor de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas”.
Proverbios 3:5-6
2 Samuel 19:24-43 – Hechos 9:1-22 – Salmo 27:5-8 – Proverbios 10:20-21

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Jesús – su fidelidad

Domingo 26 Febrero
Ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.
Romanos 15:3
El testigo verdadero libra las almas; mas el engañoso hablará mentiras.
Proverbios 14:25

Jesús – su fidelidad (8)

Jesús estaba lleno de bondad y, a la vez, de una fidelidad perfecta a Dios. No halagaba a nadie, no huía cuando era necesario hablar severamente o hacer un reproche. Nunca atenuaba la verdad para adaptarla a la moda reinante o para evitar reacciones fuertes. Su pensamiento no iba más allá de su palabra (Salmo 17:3). Lo que decía y hacía estaba en perfecta armonía.

La fidelidad de Jesús reflejaba su amor a Dios y al hombre. Jesús no trataba de agradar a los demás o de ser popular, pues solo le importaba la aprobación de su Padre:

– Cuando vio el comercio que se realizaba en el templo, la casa de su Padre, volcó las mesas de los vendedores. Lleno de celo, consideró el honor a Dios más importante que todo lo demás (Marcos 11:15-17).

– Denunció enérgicamente la hipocresía y la mentira de los jefes religiosos, y por ello lo criticaron (Mateo 23).

– Cuando Pedro quiso convencerlo para que no fuese a la cruz, le respondió severamente, pues su muerte era indispensable para la gloria de Dios y para la salvación de los hombres (Mateo 16:21-23).

– Cuando hizo reproches a sus discípulos, lo hizo para estimular su débil fe y para enseñarles que siempre podían contar con él.

Por último, los hombres crucificaron a ese fiel testigo que les molestaba, pero Dios lo resucitó y lo glorificó.

(fin el próximo domingo)
2 Samuel 19:1-23 – Hechos 8:26-40 – Salmo 27:1-4 – Proverbios 10:19

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Es duro contender con Dios | Charles Spurgeon

25 de febrero
«Pero Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos de la presencia del SEÑOR y descendiendo a Jope…».
Jonás 1:3

En lugar de ir a Nínive para predicar la Palabra, como Dios le había mandado, Jonás no sintió gusto por la obra y se fue a Jope para huir de ella. Hay ocasiones en que los siervos de Dios evaden el deber. No obstante, ¿cuál es la consecuencia? ¿Qué perdió Jonás con su conducta? Perdió la presencia y el goce consolador del amor de Dios. Cuando servimos al Señor Jesús, como los creyentes debemos hacerlo, nuestro Dios está con nosotros; y aunque tengamos al mundo entero en nuestra contra, ¿qué nos importa? Sin embargo, si retrocedemos y buscamos nuestras propias conveniencias, nos hallamos sin piloto en el mar.

Entonces podemos lamentar largamente y gemir diciendo: «¡Oh Dios mío!, ¿adónde te has ido?; ¿cómo puedo yo ser tan necio para apartarme de tu servicio y, de este modo, perder todo el radiante esplendor de tu rostro? Este es un precio demasiado elevado: permíteme volver a serte fiel para que pueda regocijarme en tu presencia». En segundo lugar, Jonás renunció a toda su tranquilidad. El pecado destruye pronto el bienestar del creyente: es un árbol venenoso cuyas hojas destilan gotas mortíferas que matan la vida hecha de gozo y paz. Jonás perdió todo aquello de que hubiera podido recibir aliento en cualquier otra situación. No le era posible, por ejemplo, demandar la promesa de la protección divina, porque no andaba en los caminos del Señor. No podía decir: «Señor, hallo dificultades en el cumplimiento de mi deber, ayúdame». Jonás estaba cosechando lo que había sembrado.

Cristiano, no imites a Jonás, a no ser que desees que todas las ondas y las olas pasen sobre tu cabeza. Descubrirás que, al fin y al cabo, es más duro rehuir la obra y la voluntad de Dios que hacerlas. Jonás perdió el tiempo, ya que finalmente tuvo que ir a Nínive. Es duro contender con Dios: rindámonos a él enseguida.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 64). Editorial Peregrino.

Una sorprendente oración

Sábado 25 Febrero
Dos cosas te he demandado… Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario. No sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es el Señor? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios.
Proverbios 30:7-9

Una sorprendente oración

¿Quién pone en duda que la vida en la tierra es más fácil para los ricos y los que tienen salud que para los pobres y los que están enfermos? Sin embargo, el libro de los Proverbios nos muestra la oración de Agur, la cual contrasta con este principio. Él se presenta con estas palabras: “Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, ni tengo entendimiento de hombre” (Proverbios 30:2-3). Pero pide a Dios que le dé, mientras viva en la tierra, dos cosas que para él son de gran importancia.

– En primer lugar, no pide buena salud, sino: “Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí”. Desea que Dios lo guarde del mal, porque desconfía de sí mismo. Y este hombre, que se siente ignorante y sin entendimiento, comprendió que “el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28:28).

– En segundo lugar, no pide riquezas, sino: “No me des pobreza ni riquezas”. Teme que la pobreza lo lleve a maldecir a Dios, y que la riqueza lo lleve a olvidarlo…

El mundo que nos rodea nos confirma que Agur tenía razón. Muchos pobres hacen a Dios responsable de su estado, y muchos ricos viven sin él… Por medio de su oración, Agur muestra que posee valores más seguros que los que rigen la vida de nuestras sociedades. Tiene a Dios como referencia y considera todo desde este ángulo. Esto hace a este hombre admirablemente sabio e inteligente, su alma goza de buena salud y es “rico para con Dios” (Lucas 12:21).

2 Samuel 18 – Hechos 8:1-25 – Salmo 26:8-12 – Proverbios 10:17-18

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¿Los videojuegos o la verdadera vida?

Viernes 24 Febrero

Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana.

Salmo 39:6

(Jesús dijo:) Yo he venido para que (mis ovejas) tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Juan 10:10

¿Los videojuegos o la verdadera vida?

A mi nieto le encantan los videojuegos, pero sabe que no debe dejar de lado su trabajo de la escuela para meterse durante horas en ese mundo virtual fascinante. Sin embargo, miles de jóvenes dejan que esos juegos absorban la mayor parte de su tiempo y así, desconectados de la realidad, entran en un universo fantástico, identificándose con héroes terroríficos de poderes extraordinarios. Las escenas violentas son frecuentes, y la misma muerte no es más que un incidente, seguido por otra «vida». ¡Cuidado! Detrás de lo que parece una simple diversión se esconde un peligro real. Muchos educadores estiman que la mayoría de esos juegos pueden ser nocivos y llevan a algunos a perder la noción misma de la realidad, que confunden con la ficción. Esto preocupa a muchos sociólogos, quienes no dudan en considerarla como una adicción peligrosa.

Amigos cristianos, ¡tengan cuidado! Todos sabemos que es más fácil abrir un juego en el ordenador o en el teléfono que dejarlo. ¡No perdamos nuestro tiempo! Dios nos invita a vivir una vida en abundancia, mucho más rica, fundada en una relación sólida con él por medio de la oración y la lectura de la Biblia, y que resplandece en el mundo real. Pensemos en los consejos del apóstol Pablo a Timoteo, su hijo espiritual: hagamos el bien, seamos ricos en buenas obras, atesorando un buen fundamento para el futuro, echando mano de la vida eterna (1 Timoteo 6:17-19).

2 Samuel 17 – Hechos 7:30-60 – Salmo 26:1-7 – Proverbios 10:15-16

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