Vete a tu casa

Miércoles 1 Junio

Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo.

Marcos 5:19

Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha.

Filipenses 2:14-15

Vete a tu casa

El Señor Jesús acababa de liberar a un hombre poseído por los demonios. Este hombre, lleno de agradecimiento, pidió al Señor que le permitiese quedarse con él y acompañarle. Pero el Señor no aceptó su petición y le dijo: “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. Esto nos muestra la importancia que el Señor da al testimonio de los cristianos en medio de sus familiares.

Cuando Andrés encontró a Jesús, dijo a su hermano Simón: “Hemos hallado al Mesías”, y lo llevó a Jesús (Juan 1:41-42). Entonces Jesús se reveló a Simón y le cambió su nombre: lo llamó Pedro. Él también se convertiría en un discípulo de Jesús.

Una persona recién convertida al Señor, que vive el mensaje del Evangelio en su frescor, sigue a su Maestro dando testimonio a su alrededor.

La vida que el Señor da a los suyos puede y debe manifestarse todos los días, en los pequeños detalles de la vida cotidiana. Un niño puede vivir su fe obedeciendo a sus padres en las pequeñas cosas. ¡Puede agradar al Señor, por ejemplo, poniendo la mesa! Vivir como Cristo y poner en práctica el mensaje del Evangelio en las circunstancias cotidianas de la vida es realmente algo grande y valioso a los ojos de Dios. Y para el cristiano es un gozo muy grande ver a su familia venir al Señor.

No olvidemos que los que nos conocen bien y nos ven vivir pondrán a prueba la realidad de nuestra fe.

Levítico 13:1-28 – Romanos 8:28-39 – Salmo 66:8-15 – Proverbios 16:17-18

La misericordia del juez

Lunes 30 Mayo

Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

1 Pedro 3:18

Tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.

Salmo 86:5

La misericordia del juez

Hace más de cien años, en una pequeña ciudad provinciana, a veces el juez celebraba una sesión judicial rápida. Cierto día un hombre fue acusado de haber robado un pan grande. Cuando el juez le preguntó por qué lo había hecho, él respondió confundido:

 – Mi familia tenía hambre, y no sabía qué darle de comer hoy.

 – La ley es la ley, decretó el juez. Debo ponerle una multa de cinco francos.

Naturalmente, el pobre hombre no tenía dinero para pagar esta suma. Entonces el juez abrió su monedero y le dio cinco francos para que cancelase su deuda. El hombre estaba arrepentido. Luego, la comunidad le ayudó a encontrar trabajo para que pudiese alimentar a su familia.

El centro del Evangelio es la cruz de Jesucristo. Su mensaje es tan sencillo que incluso un niño puede comprenderlo. En la cruz del Calvario, Jesús el Salvador tomó mi lugar de culpable ante Dios y murió por mí. Si reconozco mis pecados y creo que Jesucristo llevó mi castigo ante Dios, entonces mi deuda está pagada.

La misericordia del juez, en este relato, es una débil ilustración que me ayuda a comprender mejor la gracia de Jesús, el Hijo Dios. Tendría que haberme condenado debido a mis pecados, pero él mismo pagó por mí. ¡Lo hizo por todos los que van a él! Aún hoy perdona a todos los que reconocen su culpabilidad y creen en él.

Levítico 11:1-28 – Romanos 8:1-17 – Salmo 65:9-13 – Proverbios 16:13-14

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Cristo en la tormenta

Domingo 29 Mayo
Se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él (Jesús) estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?
Marcos 4:37-38
Cristo en la tormenta
En el año 1633, el famoso artista Rembrandt, a la edad de 27 años, pintó “La tormenta”. En un mar tempestuoso de Galilea, los discípulos de Jesús tratan, por todos los medios, de evitar que su barca se hunda, mientras su Maestro duerme en la popa del barco. Los discípulos no pueden controlar la situación; sus rostros están marcados por el miedo. Se sienten abandonados…

Contando los personajes del cuadro, ¡descubrí un decimotercero discípulo a bordo, parecido extrañamente al mismo Rembrandt! El pintor quiso figurar en su obra, y es el único que me mira a los ojos, como si quisiese decirme: ¿Y si hubieses sido tú?

Volvamos al relato de la Biblia. Los discípulos despertaron al Maestro. Entonces, mostrando su poder de Hijo de Dios, Jesús calmó la tempestad, reprendió al viento y dijo al mar: “Calla, enmudece”. El viento desapareció y se hizo gran bonanza.

Como los discípulos, nos turbamos fácilmente cuando las dificultades aparecen y pensamos que el Señor no interviene. Cuando todo va bien, descansamos creyendo que le dejamos el control de todo; pero cuando llega la adversidad, podemos verificar si realmente Él es quien está al timón de nuestro barco.

¿Cuál fue el resultado de esta liberación para los discípulos? Ellos dijeron: “¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Marcos 4:41). Igualmente, a través de nuestras pruebas, podemos aprender quién es el Señor. Aún hoy, ¡él tiene el poder para liberarnos, y nos ama!

Levítico 10 – Romanos 7 – Salmo 65:5-8 – Proverbios 16:11-12

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El dolor de hoy

Sábado 28 Mayo
Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
Lamentaciones 3:22-23
Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas… Irán de poder en poder.
Salmo 84:5-7
El dolor de hoy
Alguien dijo: “Solo sufrimos un instante; pero nos desanimamos y nos desesperamos porque pensamos en el pasado y en el futuro”. Estas palabras son instructivas. ¿Cómo reaccionamos ante el sufrimiento y las pruebas de la vida?

Podemos echar de menos la tranquilidad del pasado, la alegría y la facilidad en las que vivíamos. Pero Dios nos invita a no mirar hacia atrás para lamentarnos.

“Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría” (Eclesiastés 7:10). Al contrario, recordemos que hasta el día de hoy Dios nunca nos ha abandonado.

También solemos preocuparnos por el futuro: nuestras fuerzas declinan, la sociedad evoluciona de forma inquietante… Pero el apóstol nos dice: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). No podemos cambiar nada de nuestro pasado, y el futuro no nos pertenece. Todo está en las manos del “Dios que me favorece” (Salmo 57:2).

“Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:34). El mal del momento presente puede ser soportado con la ayuda de Dios. Él comprende nuestros sufrimientos y es misericordioso con nosotros. Nos dará las fuerzas día tras día. Aprendamos a pedírselas cada mañana, descansando en su fidelidad. Él nos prometió: “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20).

Levítico 9 – Romanos 6 – Salmo 65:1-4 – Proverbios 16:9-10

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Tú me hiciste en el vientre de mi madre

Viernes 27 Mayo
Tú me hiciste en el vientre de mi madre… Estoy maravillado… No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo… Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.
Salmo 139:13-16
El salmo de las futuras madres
Cuando mi bebé nació, el médico lo puso en mis brazos y me dijo: “Y ahora, señora, ¡admire su obra!”.

Me quedé pensativa… ¿Ese bebé era realmente “mi obra”? Es cierto que lo tuve en mi vientre y lo traje al mundo, pero ¿quién presidió la fecundación, la división y la multiplicación de las primeras células, sus maravillosas y continuas etapas? ¿Quién trabajó en lo secreto, durante el embarazo, hasta el momento en que un ser humano naciese en este mundo, con un cuerpo admirable, pero también con un espíritu y un alma? ¡La madre solo es un instrumento en las manos del Creador!

Mis pensamientos me llevaron al Salmo 139. David se maravillaba de la manera en que Dios lo formó, cuidándolo desde los primeros momentos de su existencia. ¡Fue “entretejido en lo más profundo”! Cuando aún era un frágil embrión, Dios lo veía y anotaba cuidadosamente las etapas de su maravilloso desarrollo.

Futuras madres, este salmo es para ustedes. Les muestra que el Creador se interesa y cuida con esmero al pequeño ser que llevan en sus vientres; toma nota de todas las etapas de su formación secreta, desde el primer día de su concepción hasta su nacimiento.

Este niño, uno entre tantos otros bebés que nacen cada día, es para Dios un ser único, precioso, amado. Él lo formó tal como es, y desea tenerlo con él en el cielo eternamente. ¡Jesucristo vino por él!

Levítico 8 – Romanos 5 – Salmo 64 – Proverbios 16:7-8

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No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy

Jueves 26 Mayo
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento… Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.
Eclesiastés 12:1, 7
Mañana
Un dicho popular declara: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Razonable en muchas áreas, esta declaración se vuelve imperativa cuando se trata de un asunto fundamental y urgente que ya no podremos solucionar mañana.

Por ejemplo, si se trata de la salud de una persona, aplazarlo para más tarde puede ser catastrófico. Para una persona gravemente enferma, el medicamento prescrito para hoy no producirá ningún efecto si no lo toma. Es muy grave si esta persona rehúsa tomar el medicamento.

Entonces, ¿por qué cuando se trata de la salvación eterna, muy a menudo la gente dice: me ocuparé de ello cuando la muerte se acerque? Pero, ¿sabemos si veremos llegar la muerte? ¡Ella no siempre se anuncia! También podemos cerrar voluntariamente los ojos para no verla venir. La prudencia más elemental debería incitar a cada persona a preguntarse ahora mismo sobre su encuentro inevitable con su Creador, el Dios santo.

“En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Levítico 7 – Romanos 4 – Salmo 63:5-11 – Proverbios 16:5-6

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¿De qué sirve confiar en Dios?

Miércoles 25 Mayo

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados… Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

2 Corintios 5:19-20

¿De qué sirve confiar en Dios? (2)

Cuando Adán pecó, su primer reflejo fue acusar indirectamente a Dios: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:12). Desde la entrada del pecado en el mundo, el hombre se halla en un estado de rebeldía contra Dios. La historia del rey Joram, mencionada ayer, es una ilustración de ello. El mundo de hoy actúa de la misma manera respecto a Dios:

 – La miseria reina en algunas partes del planeta, las guerras hacen estragos entre la población debido a la maldad, al egoísmo y a la violencia del hombre, los niños sufren y mueren… Nosotros nos indignamos, acusamos a Dios, e incluso tratamos de eliminarlo con este triste argumento: Si existiese un Dios, ¿habría todo este sufrimiento?

 – En nuestra vida personal sucede lo mismo. Cuando Dios no nos da lo que queremos (sanar a un ser querido, una situación económica menos precaria, una mejor salud…), olvidamos nuestra responsabilidad frente a él y nuestra culpa debido a nuestros pecados. Lo acusamos, o lo eliminamos…

Sin embargo, Dios envió a su Hijo unigénito a esos hombres rebeldes contra él. Lea la vida de Jesús en los evangelios. Allí comprobará que Dios no es insensible al sufrimiento de los niños, ni a todas las dificultades que los hombres deben soportar a causa de sus propios pecados. Por medio de su muerte en la cruz, Jesús reconcilió con Dios a todos los que creen en él.

¡Y nos dio la prueba de que Dios es digno de toda nuestra confianza!

Levítico 6 – Romanos 3 – Salmo 63:1-4 – Proverbios 16:3-4

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Cómo perdonar las heridas

MEDITACIÓN DIARIA
Cómo perdonar las heridas
Así como hemos sido perdonados, nosotros debemos perdonar a los que nos han herido.

24 de mayo de 2022

Colosenses 3.12-15

A menudo tratamos de justificar un corazón resentido, pensando: Bueno, el Señor sabe lo que esa persona me hizo. Así que Él entiende por qué me siento así. Sin duda, el Señor Jesús, quien es Dios y hombre por completo, conoce nuestras emociones humanas. De hecho, Él mismo experimentó la traición y el abandono, así que entiende nuestro dolor. Sin embargo, no aprueba que nos neguemos a perdonar.

A través del Salvador, vemos cómo Dios ve el perdón, incluso cuando se trata de las ofensas más viles. Considere el hecho de que somos nosotros quienes lo traicionamos continuamente. ¿De qué manera? Le hemos negado el lugar que le corresponde en nuestra vida, hemos dudado de su Palabra e ignorado sus instrucciones. Hay momentos en que lo echamos de nuestras actividades y decisiones diarias para poder perseguir las cosas más a nuestro gusto. Además, hemos pecado contra Él y también contra otras personas.

¿Y cuál es la actitud del Señor hacia nosotros? “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11.28). Ahora bien, ¿de verdad cree que Él justificará nuestra falta de perdón? No. Él quiere que miremos la cruz. Allí descubriremos el precio que pagó por nuestro perdón. Así como hemos sido perdonados, nosotros debemos perdonar a los que nos han herido (Col 3.13).

Biblia en un año: Esdras 5-7

¿De qué sirve confiar en Dios?

Martes 24 Mayo
Así dijo el Señor… En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis.
Isaías 30:15
¿De qué sirve confiar en Dios? (1)
El rey Joram reinó en tiempos del profeta Eliseo (hace unos 900 años antes de Cristo). Vivía en Samaria, ciudad muy corrompida, y se preocupaba muy poco por Dios. Pero Dios, quien es paciente, le advirtió varias veces, por medio del profeta Eliseo, sobre las trampas que el rey de Siria le tendía; y lo liberó del peligro. Sin embargo, Joram permaneció sordo a los llamados de Dios, y continuó despreciándolo. Entonces, con el fin de atraer al rey y a su pueblo, Dios permitió que Samaria fuese asediada y que hubiese una hambruna tan terrible y fuerte, que condujo a algunos a comportarse como caníbales (2 Reyes 6:28-29).

Cuando Joram oyó esto se horrorizó. En vez de arrepentirse y pedir ayuda al profeta de Dios, atacó a Eliseo. Lo acusó de ser responsable de todos sus males, quiso deshacerse de él y ordenó decapitarlo. Pero Dios protegió a su profeta. Las intenciones de Joram fracasaron y pronunció palabras amargas (2 Reyes 6:33). Es como si hubiese dicho: “Ya que Dios me hizo mal, ¿de qué sirve confiar en él?”. Y en vez de arrepentirse e ir a Dios, lo acusó, se rebeló y le dio la espalda…

¡Esta es precisamente la reacción de muchos de nosotros! La desobediencia del hombre y su pecado introdujeron el sufrimiento y la muerte en este mundo. Como Joram, el hombre sufre por su propio error. Dios lo protege, lo llama y trata de atraerlo hacia él. Pero él se rebela y acusa a Dios, ese Dios que lo ama y lo llama pacientemente. “El Señor esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque el Señor es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él” (Isaías 30:18).

Levítico 5 – Romanos 2 – Salmo 62:9-12 – Proverbios 16:1-2

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Era Jesús quien me hablaba

Lunes 23 Mayo
Felipe… le anunció el evangelio de Jesús.
Hechos 8:35
Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
Juan 6:35
Era Jesús quien me hablaba
Testimonio
“Siempre busqué la justicia, la verdadera justicia. Viví la revolución de mayo de 1968 con la certeza de que al fin la igualdad y la fraternidad llegarían. Pero tuve que reconocer que yo también era una persona capaz de cometer la injusticia. Busqué en otra parte, incluso en la India… pero siempre hallé las mismas miserias, las mismas injusticias, los mismos problemas. Luego entré en un albergue del Ejército de Salvación. Cierto día, una oficial me dijo: “Jesús cambió mi vida”. No era alguien que me decía: “Creo en Dios, Dios existe…”, sino: “Jesús cambió mi vida”. Ese fue un primer shock para mí.

Más tarde otra persona me dijo: “Soy médica, hace veinte años que conozco a Jesús, y nunca me defraudó”. ¡Segundo shock en mi vida! Entonces entré en mi habitación para orar; ¡tenía que encontrar a ese Jesús! Al menos durante media hora experimenté una gran lucha. Luego me derrumbé y me puse de rodillas. Oré a Jesús: “No sé… No te conozco, no sé si todo lo que me cuentan es verdad. Pero si existes, deseo realmente que cambies mi vida, que vengas a mi vida”. Las lágrimas me inundaron. Abrí la Biblia y pude leer en el evangelio donde Jesús dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). Para mí ya no era un libro, sino Jesús quien me hablaba. Mi vida se transformó en aquel momento… ¡Encontré a Jesús!”.

Lea la historia de aquel etíope al cual Felipe anunció a Jesús (Hechos 8:26-40). Habiendo creído en Jesucristo, ese hombre “siguió gozoso su camino” (v. 39).

Denise B.
Levítico 4 – Romanos 1 – Salmo 62:5-8 – Proverbios 15:33

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