El mal va en aumento

¿Se juntará contigo el trono de iniquidades que hace agravio bajo forma de ley?
Salmo 94:20
El mal va en aumento
En este salmo, el Espíritu Santo describe proféticamente el momento en que el “misterio de la iniquidad” habrá alcanzado su punto álgido y en el que el “hombre de pecado” se haya sentado en el trono del templo de Dios (véase 2 Ts. 2:3-8). El anticristo perseguirá al remanente piadoso en Israel, pero estos fieles esperarán la intervención del Señor (vv. 4-9, 21-23). Los creyentes de este salmo hacen una pregunta sorprendente: “¿Se juntará contigo (con Dios) el trono de iniquidades?” Claramente no, los días del anticristo están contados y el Señor vendrá al rescate de su pueblo, entonces juzgará el “trono de iniquidades”.

Después de su liberación, “el juicio será vuelto a la justicia” (v. 15). Esto significa que llegará el momento en que la justicia ya no estará corrompida. El juicio realizado al Señor Jesús, que lo llevó a la crucifixión, dejó de manifiesto que el juicio y la justicia están separados. Pilato sabía que lo correcto hubiera sido liberar a Cristo, ¡pero lo condenó a muerte! Pilato separó así el juicio de la justicia. Lo mismo ocurre hoy en día, cuando lo políticamente correcto, y lo que es conveniente, deja de lado lo que es moralmente correcto y transparente. Y, sin embargo, Dios es soberano, como escribió un poeta: “La verdad por siempre en el estrado, el error por siempre en el trono; no obstante, ese estrado balancea el futuro, y detrás de la oscura incertidumbre, Dios está entre las sombras, cuidando de los suyos”.

Hay otro elemento sorprendente en la confesión del remanente en Israel: ellos dicen que el trono de iniquidades “hace agravio bajo forma de ley”. Esto significa que las autoridades civiles aprobarán leyes inicuas y harán que la maldad esté legalmente permitida. ¡La persecución de los judíos justos se aprobará legalmente (v. 21)! Muchos gobiernos están legalizando la iniquidad, por ejemplo, cambiando el fundamento mismo del matrimonio (que es una institución divina), permitiendo que la perversión moral sea una ley nacional. Nuestro recurso no es político sino espiritual, pues nosotros también esperamos el del juicio de Dios sobre este mundo para que la justicia sea establecida.

Brian Reynolds
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Un hombre llamado Itai (2)

Respondió Itai al rey… para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo.
2 Samuel 15:21
Un hombre llamado Itai (2)
La devoción de Itai a David resplandeció vívidamente en esta escena tan oscura, al igual que una antorcha brilla en la más espesa oscuridad. Nada pudo disuadirlo de su decisión de seguir al rey, su señor (v. 21). El reinado de David parecía desmoronarse repentinamente cuando Absalón dio un golpe de estado exitoso, después de atraer los corazones de los hombres de Israel. Incluso su consejero cercano, Ahitofel, se había asegurado un puesto junto a Absalón, la superestrella emergente del momento

Y esto es lo que convierte a la devoción de Itai en algo tan sorprendente. David había sido rechazado por su pueblo. La moda en esos momentos era jurarle lealtad a Absalón. Además, Itai venía de Gat, la ciudad de los enemigos de David. Conocía a David hacía poco tiempo, y David no lo presionó para que se convirtiera en su siervo, sino todo lo contrario. Pero Itai no se iba a apartar de David tan fácilmente. Su sincera expresión de devoción a David nos recuerda las palabras de Pablo en Filipenses 1:21. No le importa el costo y el peligro que esto conllevaría. Le importaba poco lo que otros pudieran pensar o hacer. Su corazón estaba puesto en David y consideraba un gran honor seguir al rey rechazado en su exilio.

La devoción de Itai era tan contagiosa que hubo 600 hombres de Gat que lo siguieron. Estos hombres, con todos sus pequeños, se unieron a él cuando puso su vida en juego. ¿Quién de ellos conocía los verdaderos peligros que corrían al seguir a David? Pronto Itai sería puesto a cargo de un tercio del ejército de David mientras se preparaban para la batalla decisiva contra las fuerzas de Absalón.

Los hombres de David, incluido Itai, ganaron esa batalla, pero eso no es lo importante aquí. Lo relevante es la sencilla devoción de Itai, cuya atracción por David lo hizo poner su vida a los pies de este a pesar de todos los obstáculos. ¡Oh, que hoy en día haya más “Itais” en el ejército de Cristo!

Grant W. Steidl
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Un hombre llamado Itai (1)

Vive Dios, y vive mi señor el rey, que o para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo.

2 Samuel 15:21

Un hombre llamado Itai (1)

Estas conmovedoras palabras fueron pronunciadas por un hombre llamado Itai. Había pocas razones para explicar su gran devoción por el rey David. Era de Gat, una ciudad de los filisteos, tradicionalmente enemiga de Israel; era la ciudad de la que procedía Goliat, el gigante al que David había vencido unos años antes. Ahora David ya no era un gran hombre, humanamente hablando, pues estaba huyendo de Jerusalén debido a la sublevación de su hijo Absalón.

La popularidad de David parecía derrumbarse. Usando términos actuales, todas las encuestas de opinión pública estaban en su contra. A diferencia de él, Absalón tenía buen aspecto, era popular y atractivo; era el ídolo del momento. Además, Itai conocía a David hacía poco tiempo; no era un amigo de toda la vida, pues solo se había unido a él el día anterior (v. 20).

Este hermoso testimonio nos hace pensar en algunas personas que conocemos y que están verdaderamente unidas al Señor Jesucristo. Ellos mismos se dan cuenta de que antes estaban alejados de Dios por sus malas obras, pero que han sido reconciliados con Dios por la muerte del Señor Jesús en la cruz. Reconocen que Cristo no es realmente popular, y que seguirlo siempre ha implicado rechazo, incomprensión e incluso persecución. No han sido forzadas a servirlo, en lugar de eso, el amor del Señor Jesucristo es el que ha ganado su confianza, consagración y lealtad. Su lema es: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Fil. 1:21).

¿Forma usted parte de este grupo de “Itais” contemporáneos!

Grant W. Steidl

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Nuestro Dios puede hacer infinitamente más

Nuestro Dios puede hacer infinitamente más

A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo.
Hechos 23:11
El Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas.
2 Timoteo 4:17
Estos pasajes de la Escritura marcan el comienzo del cautiverio de Pablo en Jerusalén (Hch. 23) y el final de su cautiverio en Roma (2 Ti. 4). Creemos que este periodo fue aproximadamente de unos diez años, incluyendo un corto período de libertad, pero el Señor Jesús estuvo junto al apóstol desde el principio hasta el final, conforme a su promesa: “No te desampararé, ni te dejaré” (He. 13:5; Jos. 1:5).

El apóstol Pablo estaba ansioso por ir a Jerusalén. Más de una vez sus hermanos le habían aconsejado, por el Espíritu, que no fuera; pero él estaba dispuesto no solo a ser encarcelado allí, sino a morir por el nombre del Señor Jesús (Hch. 21:13). Solo una semana después de su llegada, él estuvo a punto de ser linchado por los judíos antes de que la guarnición romana acudiera en su ayuda y lo encadenara (Hch. 22:27-34). Algunos podrían pensar que él era responsable de esto y que debía ser culpado; pero el Señor no lo culpó, sino que lo animó.

Los motivos de Pablo eran puros. El Señor Jesús vio un fiel reflejo de su propio amor en el corazón de su siervo: “Tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne” (Ro. 9:2-3). Al igual que Moisés, con celo santo, él estaba dispuesto a sacrificarse en la conducción del pueblo a los pies del Señor (Ex. 32:32).

Pero eso no iba a pasar. Pablo, al igual que su Maestro, el Señor Jesús, había llorado por Jerusalén: “Como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste” (Mt. 23:37). Las puertas del templo se cerraron (Hch. 21:30) y Pablo no pudo continuar su testimonio en Jerusalén. Pero el Señor, en su gracia soberana, transformó todo en una bendición mucho más amplia. Pablo iba a testificar en Roma, anunciando allí el misterio de Cristo y la Iglesia a través de sus escritos. Sí, nuestro Dios “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Ef. 3:20).

Simon Attwood
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El mundo no ha reconocido a su Mesías

El mundo no ha reconocido a su Mesías

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos… Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Mateo 2:1-3

Así es como Emanuel vino a esta tierra. Nació sin intervención humana, pero también privado de las comodidades de los hogares humanos: fue “acostado en un pesebre” (Lc. 2:12). Había que constatar solemnemente dos hechos: (1) los hombres no podían traer a la existencia a este gran Redentor, que es el único que puede traer descanso a los hombres y dar gloria a Dios; y (2) no lo iban a recibir cuando viniera.

Sí, pero el Hijo de la virgen, acostado en un pesebre, era “Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mt. 1:23). Aquel Niño era “Dios… manifestado en carne… visto de los ángeles” (1 Ti. 3:16). Y de los labios de Dios surgió el mandato: “Adórenle todos los ángeles de Dios” (He. 1:6).

Sí, los ángeles lo adoraron, pero los hombres permanecieron indiferentes. Solo unos pocos, como aquellos sabios del lejano Oriente y los humildes pastores de las colinas circundantes, fueron tocados por este gran acontecimiento. Cegada por la incredulidad, la multitud no pudo reconocer la “señal” que Dios había dado (véase Is. 7:14); para ellos, Emanuel no era más que el “hijo del carpintero” (Mt. 13:55), y se creían tan buenos o incluso mejores que él. “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Jn. 1:10-11).

Dios vio con qué desprecio era tratado su Hijo unigénito, y por eso, desde su trono eterno, pronunció estas palabras: “Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones” (Sal. 2:7-8). Pero cuando estuvo en este mundo, Jesús no pidió el trono universal, ni el poder para doblegar a los rebeldes con una vara de hierro (Sal. 2:9). En lugar de eso, él anduvo entre los hombres, lleno de gracia y de verdad. Emanuel había venido a reconciliar al mundo con Dios.

J. T. Mawson

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El Señor Jesús, ¡un desconocido tan accesible!

Domingo 22 Octubre
Jesús… vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.
Marcos 6:34
El Señor Jesús, ¡un desconocido tan accesible!
Alguien dijo de Cristo: “Él fue el Hombre de mayor gracia, el más accesible que jamás hubo”. En su forma de ser vemos una ternura y una bondad nunca vistas en otros hombres y, sin embargo, vemos que siempre fue un “extraño” en la tierra. Sin embargo, estuvo muy cercano tan pronto como la miseria o la necesidad humanas lo reclamaban. Tanto la distancia a la que se mantenía como la intimidad que expresaba eran perfectas. Hacía mucho más que observar la miseria a su alrededor: se compenetraba de ella, demostrando una simpatía que le era peculiar. Por otro lado, hacía mucho más que repudiar la corrupción que lo rodeaba: mantenía siempre una plena distancia entre la santidad misma y toda contaminación y mancha.

Véanlo manifestando esta combinación de distancia y de proximidad en el relato de Marcos 6. Es una escena impresionante. Tras un largo día de servicio, los discípulos vuelven a él; Jesús se interesa por ellos; la fatiga que sienten toca su corazón; él lo toma en cuenta y de pronto provee lo necesario: “Venid vosotros aparte… y descansad un poco” (v. 31). Pero la multitud los siguió, y él se vuelve hacia ella con la misma prontitud; conoce su estado moral y, viendo que se hallan como ovejas sin pastor, comienza a enseñarles.

En todo esto lo vemos cercano, muy cercano a las múltiples necesidades que se van suscitando a su alrededor, ya sea la fatiga de sus discípulos o el hambre de la multitud. Pero de repente los discípulos se muestran algo resentidos al ver la atención de Jesús hacia la muchedumbre y le piden que la envíe a sus casas. Sin embargo, esto no lo afectará en ningún sentido; y en ese mismo instante se produce un distanciamiento entre Jesús y los discípulos, el que hallará su expresión cuando poco después les manda entrar en la barca. Los vientos y las olas se levantaron contra ellos en el mar, y entonces, en medio de su angustia, ¡Jesús nuevamente se les acercó para socorrerlos y ponerlos a salvo!

J. G. Bellett
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Jeroboam y su culto falso

Sábado 21 Octubre
Y habiendo tenido consejo, hizo el rey [Jeroboam] dos becerros de oro, y dijo al pueblo… he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.
1 Reyes 12:28-30
Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres.
2 Crónicas 11:16
Jeroboam y su culto falso
Después de los tiempos gloriosos de gran consagración a Dios bajo el reinado de David y Salomón, ¡qué triste es ver cómo se impuso una nueva forma de adoración que era, ciertamente, una adoración falsa! Con esto los hijos de Israel abandonaron a Dios por los ídolos. Sin embargo, hubo quienes permanecieron fieles porque sus corazones permanecieron en Dios.

Es terrible ver lo cambiante que es el corazón del hombre: convencido de algo un día, abandona al siguiente lo que creía tan verdadero. Puede ser por conveniencia que cambie de opinión de esta manera, o por lazos o influencias familiares, o para obtener, más o menos conscientemente, alguna ventaja. O puede ser que esta nueva forma de pensar sea más atractiva que la anterior. Nuestras mentes están, por supuesto, convencidas de que tenemos razón, pero debemos recordar que nuestro corazón natural es engañoso y desesperadamente perverso.

Sin embargo, leemos que los “que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel” hicieron lo que Dios quería. Se dieron cuenta de que este nuevo culto no era conforme a la Palabra de Dios, y lo rechazaron, porque querían ser fieles a Dios y obedecerlo. Buscaban su aprobación y su comunión. Que nosotros también tengamos un corazón que busque a Dios y su gloria, dándole el lugar que le corresponde.

Albert Blok
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Tenemos acceso con confianza a Dios

Miércoles 11 Octubre
Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.
Efesios 3:11-12
Tenemos acceso con confianza a Dios
Podemos ver ilustrada esta verdad, la cual nos es abierta en el Nuevo Testamento, en un acontecimiento del Antiguo Testamento, pero en forma de contraste. Durante la época de la reina Ester, se había desatado una viciosa amenaza contra las familias judías de Persia, una amenaza de muerte estimulada por el odio hacia Mardoqueo, el primo mayor que había cuidado de Ester cuando era niña. Este le advirtió que incluso ella sería arrastrada por la violencia a menos que el rey actuara para evitar tal desenlace.

Ester le recordó a Mardoqueo que el acceso al rey era muy limitado. Se sentaba en un trono real en una casa real. Por ley, entrar incluso en el patio que rodea esa casa se castigaba con la muerte. Aunque el rey había hallado gran complacencia en Ester y la amaba por encima de todas las mujeres de su corte, Ester no tenía ninguna seguridad de que fuera a ser bienvenida. De hecho, no había sido llamada ante el rey desde hacía un mes; y cuando aceptó ir sin invitación, anticipó plenamente que podría significar su muerte (Est. 4:11-16).

¡Qué contraste con el pasaje de hoy! En la época de la Iglesia, mediante la fe en Cristo Jesús, nuestro Señor, todo creyente tiene acceso con confianza a la presencia de Dios. Venimos con valentía ante el trono de la gracia para buscar ayuda oportuna, y venimos con la seguridad de que Dios se deleita en vernos allí. La reina Ester solo podía esperar, con incertidumbre, que el rey extendiera su cetro de oro, indicando su aprobación por el momento. Sin embargo, el cristiano ve a Cristo mismo en la presencia de Dios y, por lo tanto, tiene una aceptación inmediata allí. “Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Jn. 5:14). Estos versículos del Nuevo Testamento son como el cetro de oro de Dios, siempre extendido en gracia hacia nosotros.

Stephen Campbell
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Un espíritu quebrantado como sacrificio a Dios

Martes 10 Octubre
Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará… misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.
Oseas 6:1, 6
Un espíritu quebrantado como sacrificio a Dios
Este capítulo comienza de una forma mucho más alegre que el anterior. Los tratos de Dios con Israel habían obtenido el resultado deseado. Hubo un verdadero retorno a Dios. Llegaron a confiar en él, quien, a pesar de sus fracasos, los vendó amorosamente debido a Su propia bondad. Conocieron a su Dios, y él los bendijo.

¿Perduró este cambio? Lamentablemente, pronto se envolvieron de un espíritu fariseo. No dejaron de observar la ley de Moisés, sino que enseñaban meticulosamente todos los mandamientos de Dios. Incluso el Señor Jesús pudo decir: “Todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo” (Mt. 23:3). Sin embargo, su corazón estaba lejos de Dios. Por eso Dios les dijo que no quería sacrificios ni holocaustos. Pero ¿por qué los pidió entonces en primer lugar?

He aquí una lección para nosotros, una lección que David comprendió después de haber caído tan profundamente (Sal. 51:16-17). Dios quiere sacrificios solo cuando están acompañados de un espíritu de obediencia, de corazón contrito, de amor y de conocimiento de Dios.

Hoy en día, los cristianos también pueden conducirse y servir de forma meticulosa y perfecta; pueden, como los fariseos, aplicar la Palabra al pie de la letra en todo lo que hacen. Pero todo esto no tiene valor si no muestran la bondad y el carácter de Dios. Si pisoteamos la conciencia de nuestros hermanos y hermanas y despreciamos sus ejercicios de corazón y de conciencia, nuestros orgullosos sacrificios serán una abominación para Dios. Porque entonces no estaremos manifestando el carácter de nuestro Señor en nuestra vida práctica, por muy bíblica que esta luzca. Actuar con un espíritu de orgulloso legalismo es un gran peligro para todos los que buscan obedecer la Palabra de Dios. ¡Cuidémonos de ello!

John van Dijk
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Una herramienta para el maestro

Lunes 9 Octubre
Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
1 Corintios 12:4-6
Una herramienta para el maestro
En los primeros capítulos de esta epístola podemos encontrar ejemplificado lo que leemos en el texto de hoy. En el capítulo 2, versículos 1 al 5, encontramos un ejemplo de cómo el Espíritu Santo actúa como el poder detrás de los diversos dones espirituales. Pablo llegó a Corinto con mucha debilidad, temor y temblor. Sin embargo, les habló “con demostración del Espíritu y de poder”. ¡Qué contraste! Cuando no confiamos en nuestra propia sabiduría y fuerza, el Espíritu Santo nos dará poder y nos usará como instrumentos suyos para glorificar a Cristo (Jn. 16:14). Cuando nos damos cuenta de que somos débiles, incluso en el servicio, entonces somos fuertes (2 Co. 12:10).

En el capítulo 3 vemos que es el Señor quien distribuye los servicios. Le da a cada siervo el trabajo que tiene que hacer. Él le encargó a Pablo que plantara en Corinto, y a Apolos que regara lo plantado (vv. 5-6). Este capítulo 3 también nos presenta a Dios como el que obra todo en todos. Pablo había plantado, Apolos había regado, pero solo Dios es quien podía dar el crecimiento (v. 7).

Como siervos debemos llevar a cabo la tarea que se nos ha encomendado y dejar espacio para que otros hagan lo que el Señor les ha encomendado. Sin embargo, no podemos producir el resultado en los corazones. Esa es la obra de Dios, para su propia gloria, y a otro no dará su gloria. Esto elimina toda oportunidad de gloria en el hombre, ya sea en nosotros mismos o en otros siervos del Señor. Cada uno tiene su papel de siervo, y debemos apreciar a cada siervo por su trabajo (1 Ts. 5:12, 13). Pero toda la gloria le pertenece solo a Dios. “El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Co. 1:31).

Kevin Quartell
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