Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estado nosotros muertos en pecado, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).Efesios 2:4-5
¿Quién es Jesucristo? (2)Testimonio
¿Qué le pasa?, me preguntó el predicador. Estoy conmovido… le respondí. Entonces me dijo: Leamos la Biblia, busquemos 1 Juan 1: 7. Leí, pero no entendí la primera parte del versículo; sin embargo, cuando llegué a la parte que dice: “Y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”, me detuve. El predicador me pidió que lo leyera otra vez, y subrayó las palabras: “Y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. Luego me preguntó: ¿Quién es Jesucristo? Yo le respondí: ¡Mi salvador!
Me mostró Romanos 8: 1: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.
El predicador salió y yo seguí repitiendo: ¡Mi Salvador, mi Salvador! “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. ¡Él murió por mí!
Luego, un pequeño grupo cantó el himno “Cuán glorioso es el cambio operado en mi ser”. Allí estaban los rostros alegres de mi abuela, mi mamá, la vecina, mi tía, y mi papá.
Mi papá también aceptó al Señor Jesús como su Salvador. Esa noche, mientras yo hablaba con el predicador, él, arrepentido de sus muchos pecados, clamó al Señor por la salvación de su alma.
Doy gracias a Dios por todos los que fueron usados para llevarme al conocimiento de la verdad…
Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.1 Timoteo 2:5, 6
¿Quién es Jesucristo? (1)Testimonio
“Ese mes de septiembre de 1980 estaba de vacaciones en la casa de mi abuela. Una tarde me invitó a escuchar una predicación del Evangelio; durante dos semanas la acompañé todos los días. Yo había ido a la escuela bíblica cuando era niño, así que para mí esto no era extraño. Cada tarde, mientras caminábamos, mi abuela me recordaba la necesidad de ser salvo; yo la escuchaba con mucho respeto y cariño. Algo estaba sucediendo en mi interior desde hacía tiempo, la Palabra de Dios me había alcanzado lo suficiente para convencerme de mi triste condición de pecador perdido delante de Dios.
Cuando volví a la casa de mis padres animé a mi papá a ir también a las reuniones; solo asistimos tres noches antes de que sucediera un cambio. Yo había dicho a mi mamá que estaba pensando en la salvación, ella lo dijo a su vecina y hermana en la fe, y ambas oraron por mi salvación. El tercer día, estando con mi papá en la reunión, el predicador habló sobre el juicio del trono blanco (Apocalipsis 20:11-15); para terminar, cantaron el himno: “Cuando allá se pase lista yo estaré”. Él predicador dijo que solo los creyentes en Jesucristo podían cantar ese himno.
Miré a mi papá, y él también me miró; nos dimos cuenta de que esas palabras nos tocaban a ambos. Al finalizar la reunión, la vecina me saludó y me preguntó: Gilberto, ¿cuándo vas a ser salvo? Como no le respondí, ella me habló de la importancia de la salvación, y al ver lágrimas en mis ojos me animó a hablar con el predicador.”Gilberto(mañana continuará)
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se acercan a ti.Salmo 32:8-9
Conocer la voluntad de Dios (6): Te enseñaré el camino
¡Qué bella promesa! “Te haré entender, y te enseñaré el camino…”. El Señor desea guiarnos en el camino de la vida, cuando todo parece oscuro, pero también cuando todo nos parece fácil.
Dios fija su mirada de bondad sobre nosotros: nos conoce, nos dirige, también nos corrige y nos advierte: “No seáis como el caballo, o como el mulo…”. En efecto, podríamos desviarnos del camino que Dios quiere que sigamos, mostrándonos impulsivos como el caballo, al cual hay que detener, u obstinados como el mulo, al cual es necesario aguijonear para que avance. ¡Cuánta energía se derrocha, a veces, en cosas inútiles! Entonces Dios, con sabiduría, actúa por medio de circunstancias difíciles, como el “cabestro” o el “freno”, para refrenar nuestra precipitación o para hacer ceder nuestra obstinación: ¡Nos cuesta tanto obedecer! De esta manera busca traernos nuevamente a él cuando nos alejamos. Desea que permanezcamos a su lado, para nuestro bien.
Somos sus hijos, él se ocupa de nosotros a fin de formarnos “para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad” (Hebreos 12:10).
Dios no nos olvida; mantiene sus ojos fijos en nosotros. Es el Maestro atento que nos enseña por medio de su Palabra, para conducirnos según su voluntad al objetivo que se propuso. Leamos la Biblia atentamente y pidámosle, como el autor del salmo: “Enséñame, Señor, tu camino, y guíame” (Salmo 27:11).
Conocer la voluntad de Dios (5): No hay un método fácil
¿No habrá un “método” rápido para conocer la voluntad de Dios para mi vida? Este tema preocupa a muchas personas, y encuentra respuestas en las prácticas más o menos ocultas de todo tipo de religiones. Los cristianos deben huir absolutamente de esas prácticas y considerarlas como un pecado grave.
Hay personas que utilizan la Biblia de una manera un tanto mágica. Por ejemplo, la abren al azar y leen un versículo que supuestamente contiene la respuesta a su pregunta. Claro, puede suceder que obtengamos respuestas al abrir la Biblia de esta manera, pero seleccionando así un versículo corremos el riesgo de aplicarlo a una situación que no tiene ninguna relación con él, y de torcer la enseñanza de la Santa Escritura (2 Pedro 3:16).
Otros echan suertes para determinar la voluntad de Dios. Piensan que Dios, quien es soberano, puede intervenir para que su voluntad sea revelada de esta manera. Es cierto que Dios puede actuar así, y lo hizo con creyentes antes de la era cristiana, en respuesta a sus oraciones. Pero actualmente los cristianos no pueden obligar a Dios a mostrar su voluntad echando suertes.
El único medio para conocer la voluntad de Dios es buscar diligentemente su pensamiento en la Biblia, vivir cerca de él, orarle y estar atentos a lo que su Espíritu nos revela. Él nos guiará, sin duda, pero no de una manera mágica. ¡Dios es fiel, debemos confiar en él!(mañana continuará)