6. Los profetas de Dios

Hombre Reformadograndes

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

6. Los profetas de Dios

Los profetas del Antiguo Testamento fueron personas llamadas exclusivamente por Dios y a quienes Dios les entregó en forma sobrenatural sus mensajes para que nos los entregaran. Dios habló su palabra por medio de los labios y los escritos de los profetas.

La profecía implicaba tanto la predicción sobre el futuro (el predecir) como la exhortación y la proclamación presente de la palabra de Dios (el proclamar). Los profetas fueron dotados por

el Espíritu Santo para que sus palabras fueran las palabras de Dios. Por eso es que los mensajes proféticos solían estar precedidos por la expresión: «Así dice el Señor».

Los profetas fueron reformadores de la religión de Israel. Llamaron al pueblo a volverse a la adoración pura y a la obediencia a Dios. Aunque los profetas criticaron la manera como la adoración judía muchas veces se había degenerado y se había convertido en un simple ritual, no condenaron ni atacaron las

formas originales de adoración que Dios había encomendado a su pueblo. Los profetas no fueron revolucionarios ni anarquistas religiosos. Su tarea consistía en purificar, no en destruir; en reformar, no en sustituir la adoración de Israel.

Los profetas también estaban profundamente preocupados por la justicia y la equidad social. Eran la conciencia de Israel, llamando al pueblo al arrepentimiento. También actuaron como los defensores del pacto de Dios. Ellos «entregaron citaciones a comparecer» a la nación ante el juez divino por violar los términos del pacto con Dios.

Los profetas hablaron con una autoridad divina porque Dios los había llamado específicamente para ser sus voceros. El profeta no era un cargo hereditario, ni tampoco eran elegidos para ocupar dicha función. Las credenciales de los profetas la constituían el llamado directo e inmediato de Dios unido al poder del Espíritu Santo.

Los falsos profetas fueron constantemente un problema en Israel. En lugar de transmitir los oráculos de Dios, relataban sus propios sueños y opiniones  – diciéndoles a las personas únicamente lo que ellas deseaban escuchar. Los verdaderos profetas fueron muchas veces perseguidos y rechazados por sus contemporáneos por rehusarse a comprometer la proclamación del consejo de Dios.

Los libros de los profetas suelen dividirse en los libros de los «profetas mayores» y los «profetas menores». Esta diferenciación solo se refiere a la extensión de los escritos canónicos y no constituye ninguna referencia a la mayor o menor importancia de los profetas. Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel son conocidos como los profetas mayores porque fueron los que más escribieron; mientras que Amós, Oseas, Miqueas, Jonás, etc. son los profetas menores porque sus libros son más pequeños.

Los apóstoles del Nuevo Testamento también tuvieron muchas de las características de los profetas del Antiguo Testamento. Los apóstoles junto con los profetas son llamados el fundamento de la iglesia.

Resumen

1. Los profetas del Antiguo Testamento fueron agentes de la revelación divina.

2. La profecía implicaba la predicción sobre el futuro y la proclamación.

3. Los profetas fueron reformadores de la adoración y la vida israelita.

4. Solo quienes habían sido llamados directamente por Dios tenían la autoridad para ser sus profetas.

5. Los falsos profetas expresaban sus propias opiniones y le manifestaban a la gente solo lo que esta deseaba escuchar.

6. La división en profetas mayores y menores es una diferencia establecida en base a la extensión de sus escritos y no en base a su importancia.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Deut. 18:15-22

Is. 6

Joel 12:28-32

Mat. 7:15-20

Eph. 4:11-16

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

El Uso de Libros Cristianos en el Discipulado

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 8

El Uso de Libros Cristianos en el Discipulado

I. ¿POR QUÉ UTILIZAR LIBROS CRISTIANOS EN EL DISCIPULADO?

¿Por qué aun consideramos utilizar cualquier otro libro adicional a la Biblia cuando estamos discipulando a otro cristiano? ¿Es que la Biblia no contiene en sí misma todo lo que necesitamos saber para la vida y la piedad? Bueno, sí, pero hay varios beneficios que se obtienen de la lectura de libros de autores cristianos.

Primero, es muy beneficioso para los cristianos tener conversaciones acerca de cosas espirituales. Nadie negaría eso. Cuando le hablamos a otra persona acerca de la vida o doctrina cristiana, eso puede ayudarte a entender a Dios más claramente y puede hasta llevarte a amarlo más que si te dedicas a las cosas espirituales por ti mismo. Leer un libro cristiano es como tener una conversación con una persona que no puede estar contigo personalmente. Miles de cristianos han pensado en Dios y escrito esos pensamientos en papel. Es maravilloso poder aprender de ellos, ser enseñados por ellos, ¡aun cuando no puedan estar contigo personalmente!
Es importante para los cristianos recordar que no estamos solos en la historia. El cristianismo no comenzó con nosotros y no terminará con nosotros si el Señor tarda en venir. A pesar de que la Biblia contiene toda la verdad que es necesaria para la salvación y la piedad, Dios ha estado trabajando entre su pueblo durante los últimos 2000 años enseñándoles y entrenándoles para que lean Su Palabra y la entiendan. Existe una gran cantidad de conocimiento y sabiduría y los libros del pasado que sería bueno leer y considerar. Seríamos muy orgullosos si pensamos que podemos descubrir toda la verdad de las Escrituras que la iglesia universal ha estado enseñando a través de la historia por nosotros mismos. Por supuesto, aun el más grande autor cristiano no es inspirado ni autoritativo como la Biblia, ¡pero que beneficio hay en estar dispuesto a leer sus pensamientos acerca de la Palabra de Dios y aprender lo que el Espíritu Santo les enseñó!
Tienes el tiempo limitado. Tal vez has decidido que hay un tema que ambos desean estudiar (como la oración o el carácter de Dios), pero no tienes tiempo suficiente como discipulador para organizar un estudio comprensivo del tema. Alabado sea Dios porque hay muchos buenos autores cristianos haciendo un buen trabajo por adelantado, y es una gran ayuda para ti aprovecha su buen trabajo. / Leer un buen libro cristiano puede facilitar tus discusiones acerca de aspectos importantes de la vida cristiana, la fe y la piedad. Algunas veces y debido a tu tiempo limitado no están en la disposición de que ambos enseñen un buen material cristiano y también tener tiempo para hablar sobre el mismo y aplicarlo a sus vidas.
II. CÓMO LEER UN LIBRO

Lee un libro con un lápiz en la mano. ¡Marca el libro! ¡El libro no es importante! De hecho, la mejor manera de recordar ciertos pasajes del libro es marcándolos. ¡Discute con el autor! Ten una conversación con el autor. Eso te ayudará a entender mejor el material. Marcar un libro también facilita tu discusión personal con un amigo porque tendrás una mejor disposición a encontrar un pasaje que recuerdas. Con frecuencia las personas recuerdan un pasaje y luego pierden el tiempo por diez minutos tratando de encontrarlo en el libro. Una marca sencilla en la página de un libro podría hacer la diferencia entre un punto beneficioso para la vida del discípulo y una pérdida completa de su tiempo.
Lee un libro de dos maneras diferentes. Primero, léelo para ti mismo y observa cómo te afectan las ideas. La mayoría de las veces los lugares del libro que te afectan también afectarán al discípulo. También, lee el libro buscando puntos específicos de conversación para ti y el discípulo. Marca esos lugares y conviértelos en un punto de conversación para ser trabajado con el discípulo.
Haz buenas preguntas. Nunca, nunca, nunca hagas preguntas cuya respuesta solo sea sí o no. Nada termina una conversación más rápido que eso. «¿Es que el autor piensa que Jesús es Dios?» «Sí.» «Ummm… si él lo hace.» ¡No! Pregunta algo como, «¿Por qué es importante que el autor piense que Jesús es Dios? ¿Por qué es eso importante con relación a lo que dice?» Otras buenas preguntas son, «¿Cómo es que esta idea cambia la manera que pensamos acerca de Dios?» o «¿Cuáles presuposiciones equivocadas esta idea busca eliminar?»
También, no preguntes «¿Qué dice el autor?» Esta no es la reseña de un libro ni tampoco una prueba para evaluar su comprensión. Tu trabajo es aplicar el libro a la vida de la persona, su pensamiento, su corazón. (En este punto busca algunos párrafos favoritos de diferentes libros, léelos o repártelos, y haz que la práctica de la clase desarrolle buenas preguntas a partir de esos párrafos. Por ejemplo, este pasaje de la página 31 del libro de John Piper: The Pleasures of God [Los Deleites de Dios]:
Por tanto, cuando decimos que Dios ama a su hijo no estamos hablando acerca de un amor que es de auto-negación, sacrificio o misericordia sino de un amor de deleite y placer. Dios no está dejando de tener compasión hacia el que no lo merece cuando ama al Hijo, así es como Dios nos ama a nosotros y no como Él ama a su Hijo. Él está muy complacido con su Hijo. ¡Su alma se deleita en el Hijo! Cuando Él ve a su Hijo disfruta, admira, aprecia, valora y se entusiasma con lo que ve. El primer gran placer de Dios es su placer en el Hijo.

¿Cómo puede esta idea cambiar la manera que pensamos acerca de Dios el Padre y su relación con Jesús el Hijo? ¿Cómo cambia la manera que pensamos acerca de nuestra posición en el universo? ¿Cómo esta idea serviría para eliminar una visión del universo enfocada en el hombre?

III. ESCOGIENDO UN LIBRO

Existen principalmente dos tipos de libros que puedes escoger para leerlos con un discípulo—los doctrinales y los devocionales. Los libros doctrinales trabajarán más directamente con la enseñanza cristiana, serán didácticos y sistemáticos y tratarán de enseñar verdades de la fe cristiana. Los libros devocionales buscarán tomar la verdad que ya conocemos y la aplicarán de manera forzosa a nuestra vida. Ahora dicho esto, la mayoría de los libros caen en algún lugar del centro de esa continuidad. Muy pocos libros tendrán solo doctrina o solo devocional, la mayoría tendrá ambas cosas mezcladas.
El libro que escoges para la persona que estás discipulando dependerá mayormente de su necesidad e intereses. Los jóvenes cristianos muchas veces se benefician grandemente de un libro que busca enseñarles las verdades profundas de la fe cristiana. Los cristianos mayores pueden necesitar tener verdades que ya tienen plantadas en su consciencia diaria. Se sabio al escoger un libro para el discípulo. No satisfagas totalmente su interés sino investiga también cual es su necesidad en este momento de su vida. Tal vez la persona tiene un profundo interés en la apologética pero se beneficiaría más aprendiendo acerca de la soberanía de Dios o reflexionando acerca del significado de la muerte de Cristo en su propia vida. En general, los libros que escoges deben tener en cuenta tanto la necesidad como el interés.
Cuida de no escoger libros basados únicamente en el título. Muchos cristianos jóvenes caen en esa trampa. Ellos ven un título que parece interesante, lo leen y se dan cuenta que fue escrito por un monje liberal que niega la divinidad de Cristo. Escoge el libro por su autor y no por su título. Busca algunos autores en quienes confíes, lee sus obras y muévete fuera de allí. En CHBC hemos tratado de reunir en la librería una fuerte colección de libros que puedes utilizar en el discipulado. Todos esos libros son de buenos autores y casi todos han sido leídos por un anciano o miembro del personal. Puedes cerrar tus ojos y escoger uno, y será bueno y edificante para ti y la persona que estás discipulando.
IV. OTRAS COSAS QUE LEER ADEMÁS DE LIBROS

Algunas veces es beneficioso leer otras cosas además de libros. Por ejemplo, puedes anhelar leer una confesión de fe con un discípulo y hablar acerca de las doctrinas que son explicadas allí. Podrías también leer artículos, ya sea de fuentes cristianas o de revistas seculares. Las noticias de las revistas seculares y los editoriales de los periódicos son muy buenos para llevar al discípulo a identificar y hablar acerca de la visión del mundo que tiene la opinión de un autor. Ese tipo de ejercicio puede servir mucho para mostrar la gran diferencia que hay entre la mente de Cristo y la mente del mundo.

V. SEIS BUENOS LIBROS CRISTIANOS

(Sería bueno para ti el maestro estar por lo menos un poco familiarizado con los siguientes libros antes de presentarlos a la clase. Sería poco útil si la única información que puedes ofrecer es el título y el autor. La clase sería más edificada si estás familiarizado con lo que el autor está diciendo en el libro y lo que espera de aquellos que leen su obra. Toma tiempo para leer uno o dos capítulos de cada libro en la clase. Eso te permitirá destacar algunos buenos pasajes de esos capítulos y estarás en la disposición de dar a tu clase una mejor percepción del tema del libro.)

(Mientras enseñas en la clase, pregunta si alguien de la clase ha leído cada libro en particular. Si lo ha hecho, permite que haya una discusión acerca de los beneficios de cada libro y su utilidad para un discípulo. ¿Cuáles son los aspectos más útiles de este libro? ¿De qué necesitamos cuidarnos? ¿Qué tipo de discípulo-joven cristiano, no cristiano, cristiano maduro o cristiano herido-recibiría el mejor beneficio de este libro?

Nine Marks of a Healthy Church [Nueve marcas de una iglesia sana], Mark Dever
Este es un libro de tu propio pastor aquí en CHBC, acerca de lo que significa para nosotros vivir nuestra vida juntos como cristianos. Tiene nueve características que deben ser presentadas en cualquier iglesia que busca honrar a Cristo y el ejemplo que Él nos da en el Nuevo Testamento. Este sería un libro maravilloso para un discípulo que está comenzando a familiarizarse con el cristianismo. No es muy común que un joven cristiano sea enseñado acerca de la importancia de ser parte de una iglesia sana, pero la Biblia enseña que es importante para el crecimiento como cristiano. Este libro podría también ser útil para cristianos más maduros mientras reflexionan sobre el significado y el papel de la iglesia en sus vidas.

A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], D. A. Carson
El libro de Carson es un llamado a los cristianos a aprender cómo orar a partir de las Escrituras. El primer capítulo es muy práctico y ofrece un buen consejo sobre cómo cultivar una vida de oración. El resto del libro examina las diferentes oraciones de Pablo que encontramos en el Nuevo Testamento y nos enseña de la oración a través de ellas. Este sería un buen libro para cualquier cristiano. Es un libro maravilloso escrito de forma devocional, que puede servir para despertar la vida de oración de un cristiano.

Ten Questions to Diagnose your Spiritual Health [Diez preguntas para diagnosticas tu salud espiritual], Don Whitney
Este es uno de los libros más útiles que he encontrado para reunirme con alguien que no conozco muy bien. Es también útil cuando nos reunimos con alguien de quien no tengo seguridad que sea cristiano. En él Don Whitney establece 10 marcas tomadas de la Escritura que deben caracterizar un cristiano sano: hambre por la Palabra, ser más amoroso, crecer en santidad, etc. Cada capítulo contiene un diagnóstico «soy más amoroso» y una prescripción «cómo puedo ser más amoroso.» Es una buena manera de darle seguimiento a un amigo cristiano a partir de la Palabra de Dios, que puede ayudar a establecer la dirección de una relación futura de discipulado.

The Pleasures of God [Los Deleites de Dios], John Piper
Este es un libro maravilloso. Hasta el subtítulo es edificante—«Meditations on God´s Delight in being God [Meditaciones sobre el deleite de Dios en ser Dios].» ¡Qué pensamiento tan maravilloso justo allí en la cubierta! Las ideas de este libro son extraordinarias y son muy útiles para explotar la falsa idea de que los humanos son el centro del universo de Dios. De hecho, ¡es Dios quien está en el centro del universo de Dios! Este es un buen libro para introducir a un joven cristiano en las doctrinas de la gracia. Piper explica los conceptos claramente y les permite ser tan fuertes como la Biblia. Aunque todos los conceptos son verdad y bíblicos, los cristianos jóvenes serán desafiados por algunas de las ideas—por ejemplo, que Dios se deleita en todo lo que hace y que todo lo que sucede es ordenado por Él. Asegúrate de que estás listo para algunas buenas pero intensas conversaciones si utilizas este libro. ¡Pero utilízalo!

Spiritual Disciplines of the Christian Life [Disciplinas Espirituales de la Vida Cristiana], Don Whitney
Este es un libro muy práctica que explora algunas de las disciplinas que los cristianos deben cultivar en su vida. Oración, lectura de la Biblia, meditación, ayuno—todas estas están incluidas. Whitney habla acerca de ellas a partir de la Escritura y ofrece maneras concretas y prácticas que pueden desarrollar estas disciplinas en nuestra vida. Sería un buen libro para cualquier joven cristiano, y te permitirá a ti y tu discípulo establecer algunos objetivos juntos.

What is the Gospel [Qué es el evangelio], Greg Gilbert
Un libro sobre el evangelio y un buen resumen de lo que muchas veces hablamos cuando describimos la respuesta Dios-hombre-Cristo.

OTROS LIBROS
Lleva contigo cualquier otro libro que hayas encontrado útil en tus propias relaciones de discipulado. Menciona que la mayoría, sino todos, de los libros que están más arriba están disponibles en el puesto de libros de CHBC o en la librería.

VI. CÓMO COMENZAR A LEER UN LIBRO CON ALGUIEN

Se valiente y busca oportunidades

Estarás en un error si piensas que discipular es solo para extrovertidos. Hemos afirmado una y otra vez que discipular es un requerimiento para cada creyente—independientemente de que te encuentres siendo discipulado, discipulando a otros o haciendo ambas cosas. En cuyo caso necesitas orar y buscar oportunidades de forma proactiva si no aun no estás en una relación de discipulado. Comienza orando por el directorio y pidiéndole al Señor que provea a alguien con quien puedas reunirte, y luego mira a tu alrededor en tu propia vida y ora acerca de las personas con quienes interactúas en la iglesia o grupo pequeño. Busca oportunidades en las reuniones de miembros que añadimos nuevos miembros. De manera deliberada presentamos una foto e información de contacto para motivar a los miembros a acercarse y comenzar a cuidar de los nuevos miembros (especialmente los creyentes jóvenes). Si ninguna de estas cosas ayuda, pídele consejo a un anciano. Si vas a ser el discipulador, entonces el próximo paso es simplemente tomar la iniciativa.

Se valiente y está disponible para hacer la sugerencia

Seamos francos, acercarse a alguien para cualquier tipo de relación deliberada puede ser intimidante. A nadie le gusta ser rechazado. Esto es verdad en la mayoría de las relaciones… y es verdad en lo que se refiere al discipulado. Invitar a alguien a leer un libro o reunirse regularmente para cualquier propósito y que tu oferta sea rechazada es decepcionante, vergonzoso y tal vez doloroso… pero vale la pena. Vale la pena por el bien que podrías hacerle y que podría hacerte a ti. Por tanto, ¡se valiente y disponte a ejercer esta posibilidad con tus amigos! Cualquier decepción que puedas recibir si no funciona es pequeña comparado con el gozo potencial de ser un catalizador para el crecimiento espiritual que bendecirá a tu amigo ahora y por la eternidad.

Pide una recomendación si deseas, pero disponte a seleccionar por tu amigo

En lo que se refiere a seleccionar un libro para leer es mejor tener uno en mente. Puedes decir «he estado pensando leer Knowing God [Conociendo a Dios] de J. I. Packer (o leerlo nuevamente) y preguntar si estaría interesado en leerlo juntos.» Muchas veces los creyentes jóvenes pueden no querer leer el tipo de libros que pueden hacer el mayor bien, y tú ciertamente no siempre estás seguro de saber cual es mejor. Pero si eres más maduro espiritualmente probablemente estás en una mejor posición que ellos de tomar una buena decisión.

Recuerda tu propia motivación y deseo para los demás

Una de las mejores maneras de motivarte a leer un libro con alguien es pensar acerca del bien que has experimentado a través de una buena enseñanza bíblica, ya sea de una persona o de un libro. No seas como un hombre que atesora buenas cosas sin compartirlas con los demás. Considera compartir con los demás la motivación que has recibido tanto de buenos libros cristianos como de la motivación de conversaciones con otros creyentes.

Mark Deve

EL IDEAL MORAL CRISTIANA

Alimentemos El Alma

LIBRO: ÉTICA CRISTIANA

Gerald Nyenhuis & James P. Eckman

Contiene las obras Ética cristiana: Un enfoque bíblico-teológico, por Gerald Nyenhuis; Ética cristiana en un mundo postmoderno, por James Eckman. Obtenga la guía de estudio de FLET en http://www.logos.com/es/flet.

Capítulo 4

EL IDEAL MORAL CRISTIANO, EL CONCEPTO DEL SUMMUM BONUM, Y EL IDEAL MORAL SEGÚN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Vivimos por los ideales. Cada vida consciente es una vida que tiene unos ideales. Una vida sin ideales, si fuera posible, sería una vida sin progreso, sin propósito y sin sentido. El vivir por los ideales es lo que distingue la vida humana de las otras formas de la vida. Aunque podemos notar que aun en la vida vegetal y animal existen ciertas direcciones y metas, no podemos afirmar que sean los ideales conscientes alrededor de los cuales estas formas de vida organizan sus actividades y orientan su existencia. Sin lugar a dudas, la vida biológica es una «interacción» en que todas las fuerzas del organismo cooperan para dirigirse hacia una meta. Pero, el organismo no se da cuenta de la meta, ni conscientemente se esfuerza para lograrla. La meta es consciente solamente en la vida humana. Lo que en la vida biológica es meramente instinto, inclinación, empuje, o tendencia, llega a ser propósito consciente en la vida humana. El hombre se esfuerza por alcanzar lo que haya puesto como su meta. Se hace propósitos, se dirige hacia sus fines, y abraza un ideal. Sus ideales pueden ser indignos de él como ser humano, pueden ser equivocados y perversos ya que muchos se esfuerzan para lograr fines ilegítimos o placeres prohibidos y dañinos, o se orientan para buscar venganza u otros tipos de metas nocivas. Sin embargo, cada ser humano orienta su vida para lograr algo, aunque sea una inactividad casi absoluta.

¿Qué cosa es un ideal?

Un ideal es la representación mental de lo bueno que anhelamos. Es lo que nos esforzamos para lograr. Queremos alcanzarlo. (El término «bueno» en esta definición no implica que lo es objetivamente sino que el que se esfuerza lo considera así). Es la meta para cuya realización nos esforzamos. Es lo deseable a tal grado que da sentido a nuestra existencia. Existen ideales grandes y los hay también pequeños. Cada vida humana contiene un verdadero complejo de ideales. Pero los fines menores, las metas y los ideales pequeños, están subordinados a la relación de un ideal, único, grande, omni-inclusivo y final. Este sublime ideal, que cada persona inteligente tiene (más o menos conscientemente), es su fin principal, el ideal de su vida, el bien más alto (concreto o teórico): es su summum bonum.

Es el gran ideal lo que da unidad a la vida humana. El hombre lo hace todo a fin de realizar ese ideal. En sus términos abandona ciertos empeños y, por otro lado, apenas se molesta en llegar a otras metas difíciles de lograr. Por ello, lo que corresponde a nuestro ideal, toca a las fuentes mismas de nuestra vida moral. La vida moral se determina por aquel ideal, y está formada por él.

De todo esto deducimos que el summum bonum de una persona es aquel bien que anhela por su propio valor, y en términos de ese bien busca todos los otros bienes. Esta exposición de la idea del summum bonum se encuentra ya en Aristóteles, el primer escritor sistemático sobre ética.

Dice Aristóteles: «Si existe un fin de nuestros actos deseados por sí mismo, y los demás por él, y es verdad también que no siempre elegimos una cosa en vista de otras, ello sería tanto como remontar al infinito, y nuestro anhelo sería vano y miserable. Es claro que ese fin último sería entonces no solo el bien sino el bien soberano» (Ética Nicomaquea, Libro I, cap. II).

Al hablar del ideal humano, el summum bonum, debemos distinguir entre el ideal actual y el ideal verdadero, que es su summum bonum. Esta también es la diferencia entre lo que es el ideal actual de la vida y lo que debe serlo. El ideal actual siempre es provisional, aunque funciona en el momento como si fuera el verdadero. Cada persona consciente tiene algún summum bonum, que es suyo propio, pero esto no es necesariamente su verdadero summum bonum. En cuanto al summum bonum actual de los hombres encontramos la más grande diversidad. Aquí se representan grandes conflictos. Para el hedonista, el placer es el summum bonum. No solamente es el placer su propio summum bonum, está convencido que lo es para otros también. Para el racionalista es la racionalidad, el vivir en armonía con «la razón», y este piensa que todos deben pensar como él. Para otro la autorrealización, el desarrollo de sus capacidades inherentes, que se aplica a sí mismo y a todos los demás. Y aun para otro el humanitarismo, etc.

Pero el verdadero summum bonum del hombre no puede ser sino uno, único y unificado. Al considerar el ideal humano, no nos interesa saber empíricamente lo que sean los ideales actuales ni describirlos. Es posible hacer una larga investigación para encontrar los ideales que, consciente o inconscientemente, están en función hoy; pero tal investigación tardaría mucho, y aunque pudiera ser de valor, no es nuestro propósito aquí. Este sería el punto de vista de la ética puramente empírica. Nosotros afirmamos una norma objetiva. Nuestra ética es objetiva y no meramente subjetiva. Nos preguntamos, entonces: ¿Qué cosa es el verdadero summum bonum? ¿Cuál debe ser el ideal de todo ser humano? ¿Cuál es el último, el único satisfactorio ideal? Este, lo afirmamos, es el ideal cristiano.

La segunda parte de este libro está dedicada a una consideración del ideal verdadero y cristiano, el summum bonum. Da por sentado el hecho de que Dios nos lo ha revelado y lo tenemos que comprender por su Palabra. Aceptamos la unidad de las Escrituras, por eso empezaremos con el Antiguo Testamento y luego estudiaremos el ideal moral del Nuevo Testamento.

I. El ideal moral según el Antiguo Testamento

Por cuanto la Biblia es la fuente última de toda verdad, también lo es en la esfera de lo moral. Por eso, debemos procurar determinar el verdadero ideal moral a la luz de sus enseñanzas. No podemos empezar con el Nuevo Testamento descartando el Antiguo, a pesar de que comúnmente se hace, aun por teólogos conservadores en nuestro tiempo. Que lo hagan se debe a una falta de entendimiento de la unidad y la continuidad de la divina revelación, sobrenatural y redentiva, a través de todas las épocas de los dos testamentos, tanto del antiguo como del nuevo. Creemos que los fundamentos de la verdad, tanto los doctrinales como los morales, se encuentran ya en el Antiguo Testamento. Nunca se logrará entender correctamente el Nuevo Testamento sin estudiar el Antiguo. A la verdad, como queremos mostrar, el ideal moral es esencialmente el mismo en los dos testamentos, por grande e importante que fuese el cambio que introdujera Jesucristo en su venida en la carne. Todos los principios morales del Nuevo Testamento se hallan ya en el antiguo. Jesús mismo dio énfasis sobre el Antiguo Testamento, basando sus enseñanzas, éticas y doctrinales, en él. Naturalmente, pues, empezamos el estudio del ideal moral con el Antiguo Testamento.

A. Jehová y la Ley

Al fondo de toda la ética antiguo-testamentaria y su ideal está una cadena de tres verdades que pueden llamarse «los supuestos teológicos del ideal moral del Antiguo Testamento». Esas tres verdades se enfocan en tres palabras: JEHOVÁ, BERITH, y TORAH.

1. La verdad básica de toda la teología y ética del Antiguo Testamento es la realidad de JEHOVÁ, el Supremo, el Transmundano, el Personal Dios-Creador, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Soberano, el Santo, el Sabio, el Perfectamente Bueno, el Lleno de Gracia, el Misericordioso, y el Salvador. Jehová es el nombre que Dios dio a su pueblo para que este le pudiera invocar. Es el nombre del Dios que se revela, que se hace conocido, y por el cual se relaciona con su pueblo. Esta verdad, básica y revelada, determina todo lo que sigue. Implícito en esta verdad está el íntimo e inseparable nexo entre la religión y la moralidad. Es la característica más notable de toda la ética bíblica. La verdad religiosa y la verdad moral son, en el fondo, dos aspectos de la misma realidad. El ideal religioso es intrínsecamente moral, y el ideal moral es esencialmente religioso.

2. Una segunda verdad básica y fundamental de la ética antiguo-testamentaria está inseparablemente ligada con la primera. Se la puede expresar de esta manera: la relación que Jehová mantiene con su pueblo es una relación de pacto, BERITH. El pacto fue hecho con Abraham (Gn 15); fue renovado con Isaac y Jacob (Gn 26:24 y 28:13); y fue solemnemente ratificado por toda la nación israelita bajo la dirección de Moisés en el monte Sinaí (Éx 34:27–28). Dios se revela como Jehová, el Dios del pacto, y su pueblo es el pueblo del pacto. Esto involucra privilegios tanto como responsabilidades para el pueblo de Dios.

La revelación del pacto de Jehová con su pueblo se presenta repetidas veces como una relación semejante a la de marido y esposa, o, a veces, la de un padre y sus hijos. (Notamos que la primera está empleada particularmente en los libros de Isaías, Jeremías, Ezequiel, y Oseas.) En ambos casos no debemos pensar en las relaciones conyugales o paternales como las vemos representadas en los enlaces individualistas y fraccionados de la vida moderna, sino según se veían representadas en las asociaciones autoritativas de los tiempos antiguo-testamentarios. Relacionada con estas dos analogías está una tercera: la de un rey con sus súbditos, y los súbditos con el rey. En todas las ilustraciones, destaca el hecho de que el pacto es una relación de mutuas responsabilidades. El Dios que establece el pacto, lo hace soberanamente y, además de otorgar a su pueblo las solemnes promesas, le exige ciertas responsabilidades. De esto aprendemos que el pacto no es meramente un convenio entre iguales. Desde su principio y su fundamento el BERITH entre Jehová y su pueblo es unilateral. El pacto no es el resultado de una consulta que sostuviera Jehová con su pueblo sobre lo conveniente que le sería a este último entrar en tal pacto. Jehová hizo el pacto. Su origen está en la iniciativa divina. Es una muestra de su soberna gracia. Por esto la relación del pacto, en su presentación antiguo-testamentaria, se basa en la elección divina. La vida moral del pueblo de Jehová, tanto como la religiosa, está determinada (idealmente) por la relación del pacto, precisamente porque el pueblo es el Pueblo del Pacto.

3. Una tercera verdad básica y fundamental de la ética antiguo-testamentaria, y que es inseparable de las dos que precedieron, se puede formular así: la (TORAH) la Ley de Jehová. Esta expresión de las condiciones divinas para una relación de pacto incluye todos los principios y preceptos para la vida y la conducta del pueblo de Dios. La Ley de Jehová se arraiga en el pacto y depende de él. Por esto existe una relación íntima entre BERITH y TORAH (Jer 31:33; Éx 19:7). Debemos notar que en Éxodo 34:28 el decálogo se designa como «las palabras del pacto». La TORAH es la codificación de la voluntad de Jehová, quien es la Primera y la Divina parte del pacto y es quien lo redacta. El pueblo de Dios es la segunda parte y tiene que rendir obediencia para alcanzar paz y felicidad.

El concepto de «ley» tiene también connotaciones más amplias. «Ley» es una característica de toda la creación. Toda la creación está bajo la Ley. Estar bajo la Ley es una de los atributos esenciales de toda criatura. En su encarnación, Cristo «nació bajo la Ley» (Gl 4:4). La ley moral es más especifica. Tiene que ver con el pueblo de Dios, y fue promulgada a fin de que le fuera bien a su pueblo y que sus días fueran prolongados. Más que una simple exigencia moral, la Ley de Jehová es una bendición a su pueblo ya que proporciona comunión con Dios. De esto tenemos que hablar más.

Las relaciones morales del Antiguo Testamento se basan en esas tres verdades y están determinadas por ellas. Sobre esos fundamentos la estructura entera de la ética antiguo-testamentaria está edificada.

B. La Ley y la virtud en el Antiguo Testamento

En esta sección se emplea la palabra «virtud» en un sentido especial. El sentido en que la usamos no es de poder, ni de capacidad, ni de bondad (que suelen ser las acepciones más usuales en nuestros diccionarios). Para nosotros, la idea es más bien la que reúne las cualidades de integridad, rectitud, y probidad. Notamos algo de ello en el uso de algunos adjetivos relacionados con la palabra, como por ejemplo «virtuoso».

Debido a que la esencia de toda moralidad para el creyente antiguo-testamentario giraba alrededor de la Ley de Jehová, nos es fácil determinar que la naturaleza de virtud consiste en obedecer la Ley de Jehová.

1. La virtud en el Antiguo Testamento como obediencia

El hombre bueno es el hombre que obedece la Ley de Jehová. Debido a que la relación entre Jehová y su pueblo es una relación del pacto, y puesto que la Ley es la formulación de las rectas condiciones que impone Jehová al pueblo del pacto, la obediencia a la Ley es evidencia de fidelidad al pacto con Jehová. Por esto, la obediencia a la voluntad de Dios, expresada en la TORAH, era la condición fundamental de la vida moral del creyente en el tiempo del Antiguo Testamento. Esta es la verdad que se enseña a través del Pentateuco y los profetas. Otra afirmación de esta verdad se encuentra en Eclesiastés 12:13.

Otra caracterización muy típica del Antiguo Testamento para expresar la virtud de obediencia es la palabra TSEDEQ, rectitud. El hombre obediente es el hombre recto, es el que anda en el camino recto de los mandamientos de Jehová. El libro de los Salmos está repleto de este pensamiento. La importancia de la virtud de obediencia se acentúa en toda la historia de Israel y se expresa especialmente en los Salmos. Lo notamos en la historia de Adán y Eva, también en la de Abraham en Génesis 12. Asimismo en los discursos de Moisés en Deuteronomio, y de la misma manera en la exhortación de Josué antes de su muerte (Josué 24:21–24). La obediencia conduce hacia la felicidad. «Bienaventurado es aquel varón cuya delicia está en la Ley de Jehová.» «En guardar la Ley hay gran premio. » (Véanse los Salmos 1 y 119.)

2. La virtud del Antiguo Testamento como santidad

Otra perspectiva desde la cual el Antiguo Testamento ve a la virtud fundamental del creyente es la de la santidad. El hombre bueno es el hombre santo. Se puede decir que la actitud correcta en cuanto a la Ley de Jehová es la de obediencia. Pero hay que añadir de inmediato que el resumen de las demandas de la Ley, en cuanto a su contenido, se expresa en términos de santidad. La Ley entera conduce hacia la santidad. (Lv 19:2: «Santos seréis porque santo soy, yo Jehová, vuestro Dios». Véase también Lv 2:7; 21:8; 1 P 1:16.)

La etimología del adjetivo QAADOOSH (santo) se encuentra en la palabra que quiere decir separado, elevado, por encima. De la idea de separación espacial y física se deriva su significado espiritual y moral. En cuanto a Dios, la santidad tiene un significado sinónimo con trascendencia y majestad divina. El término describe a Jehová en su carácter enaltecido y en su gloria trascendente. Un nombre predilecto de Isaías para referirse a Jehová es QEDOOSH YISRAAEEL «El Santo de Israel». En otro lugar Isaías habla de Dios en esos términos: «El Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo» (57:15).

Este concepto de la santidad divina, como la exaltación y trascendencia divina, presenta implicaciones tanto metafísicas como morales. Dios está infinitamente enaltecido por encima del hombre finito, tanto en su Ser divino como en Su perfección moral. En el Antiguo Testamento, sin embargo, no es la trascendencia metafísica la que está más en la escena, sino la moral; pero a la vez debemos notar que la trascendencia moral presupone la metafísica. La santidad moral de Dios se entiende en su pleno significado solamente al notar el contraste entre la santidad de Dios, no meramente con la finitud del hombre, sino más bien con la pecaminosidad de este. Jehová no solamente «habita la eternidad», siendo de «ojos muy limpios para ver el mal» (Hab 1:13), también odia todo pecado. Un pasaje donde vemos la trascendencia divina combinada con la santidad es en la visión de Isaías (6:1–5). Por lo tanto, la santidad encuentra su antítesis en la iniquidad, la impureza, y la injusticia. A la verdad, la santidad de Dios es, en un sentido, el punto focal de todas sus perfecciones morales. Está claro que QAADOOSH no es una palabra que exprese solamente un atributo de la divinidad, sino la divinidad en sí.

Siendo ello el significado de la palabra que expresa la santidad de Dios, está claro que al aplicar la misma palabra a los creyentes del Antiguo Testamento se hace hincapié en el hecho de que ellos están separados, traídos, apartados y dedicados al servicio de Jehová (véase Éx 19:5–6a). Tiene para ellos un significado ceremonial y moral. En el sentido ceremonial indica que el pueblo está dedicado para el culto de Jehová. Esto no era solamente en los momentos especiales para realizar las ceremonias, sino el culto tenía que ver con toda su vida. En este sentido no solamente a las personas sino también a las cosas se llamaban santas. Lugares y objetos (como, por ejemplo, los lugares y utensilios apartados para el servicio en el templo) eran santos tanto como los sacerdotes. La aplicación ritualista de la santidad exigía a los israelitas una estricta limpieza y una rígida pureza en los asuntos de sacrificios de comida y bebida (véase Éx 22:31; Lv 11:44, 45).

La santidad de este tipo era simbólica; simbolizaba una santidad más alta, la santidad moral. En este último sentido, la santidad más alta y más profunda, consiste en conformarse a la enaltecida naturaleza moral de Dios. Esta semejanza con la naturaleza moral de Dios se puede lograr por solo un camino, el de la obediencia a la Ley de Dios, e implica una conformidad perfecta a la voluntad de Jehová expresada en su Ley. La santidad, en este sentido, es asemejarse a Dios en su perfección moral y en su repugnancia al pecado. Es a la vez la esencia y el fruto de la perfecta obediencia a la Ley de Jehová.

3. La virtud del Antiguo Testamento como sabiduría

El Antiguo Testamento retrata al hombre bueno como hombre sabio. Un contraste muy usual en el Antiguo Testamento es aquel entre el sabio y el necio. Esto se encuentra especialmente en los libros de los Proverbios, de Eclesiastés, y de los Salmos. La idea de sabiduría en el Antiguo Testamento no es una de mera prudencia o sagacidad; tampoco es de astucia. El sabio es el que conoce y hace la voluntad de Dios, la entiende intelectualmente, ama la Ley de Jehová, escucha al buen consejo de los ancianos, no actúa por impulso de la pasión momentánea, y ordena correctamente su vida. Tal como ganamos «sabiduría» para jugar el fútbol o para manejar un coche cumpliendo con las reglas, el cumplir con la Ley de Jehová nos dará una sabiduría para vivir en el sentido más profundo y completo.

La sabiduría del Antiguo Testamento es una sabiduría religiosamente condicionada. Solamente el que conoce verdaderamente a Dios, a Jehová el Dios verdadero, es sabio. Se puede decir que el verdadero sabio es el que vive en armonía con el gran plan y propósito de Dios para la vida humana. La sabiduría se manifiesta en la activa dirección de la inteligencia y la voluntad hacia la realización de la meta divina para la vida humana. Entonces «el temor de Jehová es el principio de la sabiduría». («Principio» en este sentido tiene el significado de fuente y fundamento, y no solamente de inicio. Véase Job 28:28; Sal 111:10; Prv 9:10.) Esa sabiduría es el summun bonum del hombre. Está elogiada por ser el bien más alto para el hombre (véase Proverbios, especialmente los capítulos 3, 8, y 9; también Job 28 y Eclesiastés 9 y 10).

El elemento religioso, básico al ideal antiguo-testamentario de la sabiduría, se ve más claro en su oposición a la necedad. El necio no se da cuenta de lo que sea bueno para él y, además, ni lo haría porque desprecia la voluntad de Dios. La sabiduría no es primariamente intelectual sino es en primer lugar un asunto del corazón, de la conciencia y del propósito moral. Por esto, el ateo es el necio típico (Sal 14:1; 53:1). En ambos textos debemos notar que el ateo necio es corrompido, hace iniquidades abominables, y no procura hacer ningún bien. El necio va corriendo hacia la destrucción, no porque no sepa mejor (según el concepto griego) sino porque no quiere estar atento a la sabiduría y al consejo sano, y también porque desprecia la Ley de Jehová. La sabiduría es saber, estudiar, y meditar sobre la Ley de Jehová, y ponerla por obra.

4. La piedad como principio radical de los tres anteriores conceptos

Los tres aspectos que hemos mencionado del ideal moral del Antiguo Testamento encuentran su unidad subjetiva en la piedad. La obediencia, la santidad, y la sabiduría se arraigan en la verdadera piedad, y constantemente toman aliento de ella. El «temor de Jehová» es la raíz de toda moralidad. El ideal de la piedad se presenta en distintas formas en el Antiguo Testamento. En los primeros capítulos de Génesis aparece como comunión con Dios; andar con Él, como vemos en los casos de Enoc y Noé (Gn 5:22–24; 6:9). En los libros de sabiduría, la piedad se manifiesta en «el temor de Jehová». Pero, a través del Antiguo Testamento, la piedad es el substrato y la raíz principal de la verdadera bondad, y se ve como obediencia, santidad, y sabiduría. La piedad es la sinceridad subjetiva en cuanto a la moralidad. En el Antiguo Testamento (de hecho, en toda la Biblia) la piedad es vivir constante y conscientemente en la presencia de Dios. El impío es el que vive como si Dios no existiera. La impiedad es vivir alejado de Dios, olvidándose y no pensando en Él por dedicarse a las cosas del mundo, como si uno nada tuviera que ver con Dios, su voluntad y su Palabra. La piedad es todo lo contrario.

De acuerdo con este principio subjetivo de la unidad de los varios aspectos de la virtud en el Antiguo Testamento, el principio objetivo de la unidad para la totalidad de la vida moral en el Antiguo Testamento es Dios mismo, el último punto de referencia y el objeto final de toda piedad y bondad. Arriba ya hemos considerado la Torah como el ideal objetivo de la vida moral antiguo-testamentaria. Pero, más básico aun, más básico que la Torah, es Dios, cuya voluntad se formula y se codifica en la Torah. Toda la vida del creyente del Antiguo Testamento gira alrededor de Dios, en todas sus expresiones y ramificaciones. La obediencia, arraigada en la piedad, es la conformidad con la voluntad revelada de Dios. La santidad, arraigada en la piedad, es la conformidad con la excelencia moral de Dios. La sabiduría, arraigada en la piedad, es la característica sobresaliente de quien tiene el recto discernimiento en cuanto a la voluntad y el propósito de Dios, y por eso sabe dirigir su vida. El ideal moral del Antiguo Testamento es por tanto un ideal teocéntrico. Dios es el verdadero summun bonum. Toda verdadera moralidad es, en el fondo, la piedad.

El Antiguo Testamento expresa el carácter teocéntrico del ideal moral en la Shema: «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón y de toda tu alma y de todas tus fuerzas» (Dt 6:4, 5). El amor a Dios y una devoción piadosa para con Dios, que constituyen el sumo bien para el creyente, resultan en paz para el alma, serenidad perfecta, y gozo supremo aun ante las circunstancias más difíciles de la vida. Asimismo, se constituyeron en la cima máxima de la vida moral y religiosa del israelita devoto. Tenemos dos formulaciones inmortales de este ideal en forma piadosa, una en el Salmo 73 y la otra en la oración de Habacuc.

«¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y porción es Dios para siempre» (Sal 73:25–26).

«Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación» (Hab 3:17–18).

C. La Ley en la historia

Hemos visto que la Ley está profundamente envuelta en la relación del pacto que existe entre Jehová y su pueblo. Hemos intentado exponer las virtudes típicas del «santo» antiguo-testamentario: la obediencia, la santidad, la sabiduría. Aquel triple ideal, cuyo principio fundamental se expresa en la idea de la piedad, también se relaciona con la Ley. Claro, toda la vida moral y religiosa del Antiguo Testamento encuentra su criterio, su norma, y su ideal en la Torah de Jehová. Debido a su importancia y prominencia dirigiremos nuestra atención al papel de la Ley en el pueblo de Dios, y también señalaremos la actitud del pueblo del pacto hacia la Ley en las distintas épocas de su historia.

La Torah es la codificación de la voluntad revelada de Jehová para la vida de Israel como el pueblo del pacto. Es instrucción. Nos enseña cómo amar a Dios sobre todo y al prójimo como a sí mismo. En este sentido, es correcto decir que la Torah, la Ley, es instrucción en el amor. Pero, nunca se debe olvidar que la Torah son las direcciones de cómo andar bien en comunión con Dios. En el sentido amplio el término la «Ley de Jehová» (o Torah) se refiere a la entera revelación de Jehová para su pueblo. Sin embargo, en un sentido más limitado designa los mandamientos revelados por Jehová para guiar la vida y la conducta de su pueblo. Podemos distinguir tres etapas en la historia de la Torah: 1. La mosaica; 2. la profética; 3. la post-exílica. La primera es la etapa de su promulgación; la segunda, la de su profunda interpretación espiritual; y la tercera, la de la desintegración de la Torah.

1. La época mosaica

Es esta la etapa de la promulgación de la Torah. La Torah se la reveló Jehová a Moisés. La Torah en la vida de Israel no se consideraba como tres unidades (civil, moral, y ceremonial, como hoy en día solemos dividir-la) sino como una unidad. Pero la Torah, la unidad, sin mencionarlos por separado tocaba los tres aspectos de la vida israelita. El aspecto civil siempre tiene que ver con condiciones especiales («si uno tiene un buey que suele cornear…»). La ley ceremonial fue básicamente pedagógica para enseñar el camino de la salvación, que se cumple en la obra de Cristo. La ley moral trata de los principios básicos que forman la base de nuestras decisiones ético-morales.

a. La vida civil

Un código extenso fue promulgado para la vida civil. Fue entretejido entre los dos otros aspectos, pero son muy claros los asuntos que tocaban la vida «civil». No cabe duda que el creyente en el Antiguo Testamento tenía que vivir su vida civil religiosamente, como un aspecto importante de su relación con Dios. Este aspecto de la Torah regulaba las relaciones sociales y políticas del pueblo. Son las reglas para vivir en sociedad y amar al prójimo. Siempre tiene que ver con un principio que se aplica a situaciones o condiciones particulares. Un principio notable de la legislación civil de la Torah es el de jus talionis o la justa retribución, «ojo por ojo; diente por diente» (Éx 21:23–25; Lv 24:17–21; Dt 19:21; Mt 5:38). Hoy en día solemos entender esta ley a revés, como si el objetivo fuera las duras penas, cuando en realidad su intención fue de un límite al castigo. La severidad del castigo nunca debe ser mayor que el crimen. Fue una disciplina al ser humano que siempre quiere «dar doble» en venganza de la ofensa.

b. Las ceremonias y el rito religioso

También la Ley incluía lo que conocemos como la ley ceremonial, y pertenecía al modo de culto, la manera de alabanza y adoración, el sistema de sacrificios, la actuación de los sacerdotes y levitas, y el servicio religioso.

El principio fundamental de esa legislación era la pureza ceremonial, la santidad, y la pureza interna. El israelita había de ser puro, separado de lo profano y dedicado a Jehová en el culto, o sea en el sentido ceremonial, pero también en toda su vida.

Las ceremonias, como hemos mencionado arriba, fueron actividades pedagógicas. Los sacrificios, los ritos, la actuación de los sacerdotes, el poner la Ley en los postes de las puertas encontró su sentido en lo que enseñaban. Toda la ley ceremonial apuntaba hacia Cristo y a la salvación en Él. Habiendo cumplido Cristo con esta ley, no tenemos que cumplirla también nosotros; más bien tenemos que entender la enseñanza de los ritos. No repetimos la pascua, pero tenemos que entender su significado.

c. La vida moral

Este aspecto no ha de considerarse como meramente coordinado con los aspectos civiles y ceremoniales de la vida israelita. Es mucho más. Por ser la formulación de la voluntad revelada de Dios en cuanto a toda la vida moral, la Torah se relaciona con la totalidad de la vida en su más profundo significado moral. El Decálogo es el resumen antiguo-testamentario de la voluntad de Dios y su aplicación a la vida moral. A pesar de la forma antiguo-testamentaria del Decálogo, que nos parece negativa, su significado y su orientación tienen una importancia más amplia que las restricciones nacionales de Israel. Los aspectos civiles y ceremoniales han sido reemplazados en la iglesia novo-testamentaria, pero la ley moral queda en pie por todas las edades.

2. La etapa profética

La etapa profética es la etapa de la interpretación más profunda y espiritual de la Ley. Los profetas alzaron sus voces en protesta contra la práctica de poner los ritos ceremoniales en lugar de la rectitud moral. El gran mal que siempre tienta al pueblo nomístico (de nomos=ley, hoy en día diríamos «legalista», pero esta palabra también tiene otras connotaciones) es el de caer en una observancia externa de la Ley, en lugar de una recta disposición interior. Los israelitas cayeron en este pecado en los días del reino. Eran estrictos y puntuales en la observación de ordenanzas rituales, pero su corazón estaba lejos de Dios.

Los profetas pregonaban contra el ritualismo y el formalismo. Esto es verdad sobre todo en cuanto a los profetas del séptimo y octavo siglo, pero no se restringe a ellos. Cierto está que la condenación de todo ello está explícita desde los días de Samuel. Samuel reprobaba a Saúl precisamente sobre esto cuando Saúl, bajo el pretexto de hacer sacrificio a Jehová, negó las instrucciones explicitas que había recibido de Dios de que tenía que destruir a los amalecitas y todas sus posesiones (1 S 15). El mismo mensaje, que obedecer es mejor que el sacrificio, es el que repetidas veces habían proclamado los profetas posteriores: Isaías, Amós, Miqueas y Joel (Is 1:10–17; Am 5:21–24; Mi 6:6–8; Jl 2:13).

No se debe malentender a los profetas. A veces se les interpreta como si fueran antagónicos a la Torah, pero hacer esto es errar seriamente en la interpretación de su actitud. Ellos no se oponían a la Torah en su carácter de ley; lo que condenaban y denunciaban era el externalismo. Lejos de contraponerse a la revelación mosaica, cimientan la estructura de su propia enseñanza sobre los fundamentos de esa revelación. Exhiben el profundo significado espiritual y la importancia moral de la Ley. La obediencia, insisten, no es asunto meramente de «dientes para afuera» sino del corazón. La religión verdadera no es meramente traer sacrificios sino consagrarse, en una sincera devoción de todo corazón, a Jehová. En el desarrollo ético (así como en el doctrinal) del Antiguo Testamento, notamos un continuo progreso desde la primera etapa, con su carácter prominente de una doctrina de leyes y deberes, hasta la ética de los profetas que acentuaban una doctrina de lo interior. El Señor requiere rectitud, sinceridad, integridad y pureza del corazón; y esto tanto en las actividades religiosas como en las relaciones civiles y sociales.

3. La etapa post-exílica

Esta etapa se caracteriza por la desintegración de la Ley. Cuando regresaron del exilio, los judíos habían aprendido a estimar en gran valor la Torah. Se daban cuenta de que habían estado esclavizados precisamente porque habían olvidado la Ley de Jehová. Por esto se aplicaron diligentemente al estudio de la Ley. Esdras es el ejemplo típico de esta espiritualidad. Las sinagogas que se levantaron llegaron a ser centros del estudio popular de la Ley. Los líderes de este movimiento fueron los escribas.

Pero antes de que pasara mucho tiempo el pueblo cayó en una forma extrema de legalismo. La Ley se hizo un fin en sí misma. Más bien adoraban la Ley en lugar de adorar a Jehová, de cuya voluntad la Ley era una proclamación. Apenas había revelación especial en esta época, y el espíritu profético dio lugar al espíritu de «escribas». Los escribas fueron los guardianes de la Ley. Los chasidim (o fariseos) se constituyeron en una aristocracia moral y llegaron al extremo de exhibir una observación tan puntual de la Ley que, con todas sus interpretaciones puestas como apéndices, la gente común y corriente no la podía cumplir. Lejos de enseñar la importancia espiritual de la Ley, guardaban escrupulosamente su letra. La ley moral fue despojada de su ideal y de su meta divina. La ética judaizante llegó a ser moralista y legalista. Así perdió su base distintivamente religiosa y, además, el principio de unidad. Todo esto resultó en la desintegración de la Ley. A pesar de que la Torah era una expresión unificada de la voluntad de Dios para la vida humana, la dividieron minuciosamente en un sinnúmero de pedazos, en reglas desconectadas, en preceptos aislados, y en reglamentos sueltos. Esto también caracteriza la ética de los libros apócrifos del Antiguo Testamento (que está en la Biblia católico-romana) y la del talmud, el comentario judío sobre la Ley. Hasta el día de hoy se nota esta característica en la ética del judaísmo.

Todo esto ocurrió junto con una actitud creciente de rígido separatismo. Bajo la dirección del chasidim, la mayoría del pueblo reaccionó contra toda liberalización y helenización de las tendencias del día (cuyo ejemplo mejor eran los saduceos), y pronto cayeron en una actitud estrecha, nacionalista, particularista y autojustificadora de una presuntuosa autosatisfacción. Lo que había de universalismo en la actitud anterior fue completamente borrado por la nueva actitud. El primer libro de los Macabeos muestra los aspectos mejores y peores del tal espíritu.

Fue contra este formalismo, el materialismo, y el estrecho particularismo de los escribas y fariseos que Jesús alzó su voz en protesta. Repetidamente acusó a los judíos de haber cambiado el énfasis y valor espiritual de los mandamientos de Dios en meros preceptos y tradiciones de hombres. La tradición llegó a ser un criterio igual a la revelación.

D. El carácter provisional de la Ley

Mucho más importante que la actitud de los israelitas hacia la Ley es la misma intención de la Ley, vista en su lugar en la historia de la revelación. De esto nos conviene hablar.

El ideal moral del Antiguo Testamento tiene a la vez un carácter provisional y proléptico. La plenitud del Sumo Bien quedaba por revelarse en el porvenir. Es una nota constante en el Antiguo Testamento entero. La ética antiguo-testamentaria es inseparable de la esperanza y la orientación mesiánica. El propósito redentivo de todo el Antiguo Testamento se cumpliría en el Nuevo Testamento, y esto tiene significado fundamental en cuanto al ideal moral del Antiguo Testamento. Desde el principio existía una orientación más definida y universal en cuanto a las promesas de Dios. Aunque Dios hizo su pacto con la nación elegida, su propósito era bendecir a la totalidad de la humanidad a través de esta nación. Esto fue revelado ya en su pacto con Abraham, «en ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Gen 12:3; 22:18). El fin del pueblo escogido no es el particularismo nacionalista sino el de servir a un propósito más alto. Su meta es la de hacerse universal. El pacto tenía una meta cosmo-histórica que trascendería los limites de la época antiguo-testamentaria.

Después de la caída, el Sumo Bien se proyecta hacia el porvenir, a un venidero más allá, el de una esperanza mesiánica. Es la misma esperanza mesiánica que ilumina la visión humana, y a través de esta esperanza, el bien supremo se hace en la gran meta del mundo y del proceso histórico. El propósito final, hacia el cual todo el Antiguo Testamento se mueve, es el establecimiento del reino de justicia, el Reino del Mesías, en el cual todos participarán en las bendiciones prometidas al fiel patriarca. Todos los que son llamados hijos de Abraham, o sea, todos los que tienen la misma fe de Abraham (Gl 3:7, 8, 29; cf. Ro 4:16).

La anticipación de un orden nuevo, posterior y ulterior, de las cosas, de un universalismo que no era realizable bajo la ética antiguo-testamentaria, fue expresada repetidas veces por los profetas. Bellos cantos del universalismo venidero se encuentran en la profecía de Isaías (por ejemplo, 56:1–8). Ni el pacto ni la Ley tenían la intención de quedar para siempre en su forma antiguo-testamentaria como la final. Siempre se presuponía una etapa venidera más gloriosa del pacto y de la promulgación de la Ley (Jer 31:31–33). Jehová solemnemente declaró que vendrían los días en que haría un pacto nuevo con su pueblo, la esencia del cual sería espiritual, y lo expresó con estas palabras: «Daré mi ley en su mente [entrañas: versión de 1909) y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios y ellos me serán por pueblo». Esta profecía se cumplió en el Nuevo Testamento, como nos enseña la Epístola a los Hebreos (8:7–13; 10:16). Cristo se distingue de Moisés en que es el Mediador de un pacto mejor. En la dispensación del pacto nuevo la profecía fue cumplida, que la Ley de Dios sería escrita en el corazón.

Notamos también que el Nuevo Testamento habla de la etapa antiguo-testamentaria como una figura, o una sombra de la realidad venidera en Cristo. Tal como la sombra de alguien que nos sigue puede llegar antes y anunciar su presencia, así la sombra de Cristo cae sobre todo el Antiguo Testamento, anunciando su presencia y su venida. En Hebreos 10:1 notamos la distinción entre skia toon mellontoon agathoon (la sombra de bienes venideros) y eikoon toon pragmatoon (la imagen de las cosas). Aquí notamos que la realidad está representada como si ya se estuviera en el cielo. De esta realidad la revelación novo-testamentaria tiene la imagen eikoon, mientras que la revelación del Antiguo Testamento tiene la sombra aki. «la figura del Verdadero» (Heb 9:24). Encontramos semejante contraste en Colosenses 2:17, donde el apóstol habla de los mandamientos que tratan de la comida, la bebida, los sábados, las lunas, y las fiestas, y dice de estas cosas que son una sombra de lo venidero (skia toon mellontoon) pero que el cuerpo, es decir la realidad, se encuentra en Cristo (to de sooma tou christou).

Todo esto implica el carácter provisional y proléptico del ideal moral del Antiguo Testamento, que se cumpliría en el Nuevo Testamento. Y se concentra en la persona de Jesucristo. La realización redentiva del reino de Dios, prefigurado en el Antiguo Testamento, no se verificó hasta ser revelado en la persona y obra de Jesucristo. El ideal novotestamentario es tema del siguiente capítulo.

 Nyenhuis, G., & Eckman, J. P. (2002). Ética cristiana (pp. 79–101). Miami, FL: Editorial Unilit.

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108 – Las Escrituras

Entendiendo los Tiempos

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

108 – Las Escrituras

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

La lucha por encontrar la voluntad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

La lucha por encontrar la voluntad de Dios

Por Thomas Brewer

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

«¿Qué quiere Dios que haga?». ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? Yo me la he hecho. Me he preguntado: ¿Quiere Dios que viva aquí? ¿Quiere Dios que me case con esta persona? ¿Quiere Dios que tome este trabajo? ¿Qué quiere Dios que haga? Responder estas preguntas puede ser agonizante, porque son muy significativas. Queremos la mayor certeza posible para responder a preguntas importantes. ¿Por qué? Porque cuando nos falta seguridad, a menudo sentimos miedo. Al no saber lo que debemos hacer sentimos como que vamos a fallar. Nos pone ansiosos. De hecho, aunque no lo admitamos, a veces tememos pasar por alto la voluntad de Dios.

La lucha por encontrar la voluntad de Dios es una lucha contra la certeza. Naturalmente buscamos la mayor certeza posible con respecto a las decisiones. La certeza nos ayuda a sentirnos más en control y cuando nos sentimos en control, nos sentimos seguros.

Métodos incorrectos

Al buscar lo que Dios no ha revelado —Su voluntad secreta— a menudo utilizamos varios métodos. A veces tomamos mandatos bíblicos, que son buenos y los torcemos para usarlos para nuestros propósitos. Por ejemplo, obtener consejos para tomar decisiones, es bueno (Pr 11:1415:22). Los pastores, familiares y amigos a menudo destacan y afirman el amor y la dirección de Dios por nosotros en situaciones particulares. Ellos pueden ayudar y nos ayudan a tomar decisiones. Pero a veces en vez de sencillamente buscar la sabiduría de un consejero, lo usamos como una forma de «encontrar» la voluntad secreta de Dios. Tomamos la opinión de nuestro pastor sobre un tema como si él fuera Dios mismo diciéndonos Su voluntad o confiamos en que nuestro amigo ha escuchado «una palabra del Señor». La oración también es algo encomiable hacer y estamos llamados a pedir sabiduría (1 Tes 5:17Stg 1:5). Podemos y debemos orar por dirección. Pero a veces los cristianos se van más allá. Le piden a Dios que les dé una señal divina como enviarle una llamada en un momento exacto o que en una valla aparezca un mensaje en particular para ellos en su viaje diario al trabajo. 

Este tipo de prácticas son a menudo realizadas con un deseo sincero de conocer y hacer la voluntad de Dios y son muchos los que han tomado decisiones buenas y correctas usando esas prácticas extrañas. Por ejemplo, podríamos tomar decisiones acertadas si confirmamos la voluntad secreta de Dios al ver una valla con un mensaje inusual. Sin embargo, buscar la confirmación de Dios, de Su voluntad secreta, en estas formas peculiares no es bíblico. La Escritura no dice que podemos encontrar la voluntad secreta de Dios a través de consejeros, sensación de paz, coincidencias inusuales u otras cosas. Su voluntad secreta, es por naturaleza, oculta.

¿Esto hace que Dios esté distante de nosotros? No, porque la incertidumbre no significa que Dios está distante. Considera qué tanta incertidumbre y miedo tenían los israelitas cuando llegaron al mar Rojo y se les acercaban los ejércitos de Faraón (Ex 14:10-14). El pueblo de Israel no estaba seguro, pero Dios estaba con ellos. Él los protegió de los egipcios e hizo a Su pueblo cruzar de manera segura el mar Rojo. Nosotros también podemos sentirnos inseguros sobre una decisión o situación en particular, pero aun así podemos descansar en el conocimiento de que Dios está con nosotros. Podemos confiar en Él aun cuando no ha revelado exactamente lo que debemos hacer. Él dirige nuestros pasos aun cuando ya hemos tomado nuestras decisiones.

La necesidad de la fe

He conocido muchos hombres y mujeres mayores en la fe que miran atrás en sus vidas y entienden de una forma profunda, pero casi indescriptible, cómo Dios ha estado con ellos en su caminar. Frecuentemente, estos santos mayores se sorprenden de cómo Dios los ha traído hasta donde están. A menudo me dicen que ellos han tenido muy poco que ver con esto, aunque si les pregunto, me dirían que han estado tomando decisiones todo el tiempo. A veces me pregunto si sería así que Abraham se sentía cuando miraba atrás en su vida. Lo que encuentro tan reconfortante sobre estas historias es el recordar que Dios está con nosotros donde quiera que vamos y que está dirigiendo, aunque misteriosamente, nuestros pasos (Pr 16:9).

Pensando en estas historias recuerdo cómo Dios trabaja en nuestras vidas. Él nos llama a que confiemos en Él. Abraham fue llamado a tener fe y también nosotros. La fe es confianza en Dios, verdaderamente en Dios. Eso es lo que los fariseos no tenían. Después de todo, no fue un fariseo, sino un pescador común quien caminó sobre el agua con Jesús. Por la fe Pedro se paró en el mar de Galilea como si fuera en tierra firme. Su seguridad, aunque imperfecta, estaba en Dios. Cuando dudó, se volvió al Señor y gritó: «¡Sálvame!» (Mt 14:30). Jesús extendió Su mano, lo sostuvo y le preguntó: «¿Por qué dudaste?».

Eliminar nuestra lucha con la incertidumbre es eliminar la necesidad de la fe. Nosotros no sabemos todo lo que Dios sabe. Sin embargo, estamos llamados a confiar en Dios cuando damos pasos inciertos, como Pedro. Cuando confiemos, Dios estará con nosotros. A veces vamos a tomar decisiones que lucirán ser muy exitosas. En otros momentos, vamos a tomar decisiones que lucirán ser un error. Podemos dudar. Sin embargo, Dios tiene una forma peculiar de cambiar nuestras debilidades en fortalezas y hacer que la maldad resulte en bien (Gn 50:202 Co 12:9). Y cuando clamemos como Pedro: «Sálvame», Él estará listo y dispuesto a salvar.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Thomas Brewer
Thomas Brewer

Thomas Brewer es editor en jefe de Tabletalk Magazine y un anciano docente en la Iglesia Presbiteriana en América.

El estado del hombre después de la muerte y la resurrección final

Palabra de Vida Almería

El estado del hombre después de la muerte y la resurrección final

Will Graham

I. Los cuerpos de los hombres después de la muerte vuelven al polvo y ven la corrupción, pero sus almas (que ni mueren ni duermen), teniendo una subsistencia inmortal, vuelven inmediatamente a Dios que las dio. Las almas de los justos, siendo entonces hechas perfectas en santidad, son recibidas en los más altos cielos en donde contemplan la faz de Dios en luz y gloria, esperando la completa redención de sus cuerpos. Las almas de los malvados son arrojadas al infierno, en donde permanecen atormentadas y envueltas en densas tinieblas, en espera del juicio del gran día. Fuera de estos dos lugares para las almas separadas de sus cuerpos, la Escritura no reconoce ningún otro.

II. Los que se encuentren vivos en el último día, no morirán sino que serán transformados, y todos los muertos serán resucitados con sus mismos cuerpos, y no con otros, aunque con diferentes cualidades, los cuales serán unidos otra vez a sus almas para siempre.

III. Los cuerpos de los injustos, por el poder de Cristo, resucitarán para deshonra; los cuerpos de los justos, por su Espíritu, para honra; serán hechos entonces semejantes al cuerpo glorioso de Cristo.

Confesión de fe de Westminster
Capítulo 32

Pastor Will Graham

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

¡Bienvenidos a su página oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

Cómo conocer la voluntad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cómo conocer la voluntad de Dios

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cuando las personas tratan de encontrar la voluntad de Dios, normalmente se preocupan por tomar las decisiones correctas según el plan general de Dios para sus vidas. Esto es cierto, ya sea que estemos tomando decisiones para nosotros mismos o ayudando a nuestros seres queridos a tomar decisiones cruciales en sus vidas. Estas decisiones pueden ser asuntos como cuál carrera universitaria elegir, con quién casarse, cuándo tener hijos y cuántos tener, cómo educar a nuestros hijos, a cuál iglesia asistir, dónde vivir y cuál tratamiento médico seguir.

Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios.

Estos asuntos son importantes y no debemos minimizar su valor. Sin embargo, tomarlos en serio no significa intentar descifrar la mente de Dios para entonces estar seguros de haber tomado la decisión correcta. La realidad es que no podemos comprender la mente de Dios ni tampoco podemos conocer la voluntad secreta o decretiva de Dios (voluntad de decreto), la cual es Su plan eterno establecido soberanamente para toda la creación. Por otro lado, sí podemos conocer la voluntad revelada o preceptiva de Dios (voluntad de precepto), la cual envuelve lo que Dios nos ha revelado soberanamente en la Escritura sobre Sí mismo, Sus caminos y Su ley para nosotros. La voluntad preceptiva de Dios nos dice lo que es agradable ante Él según Su carácter santo.

Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios. Cuando buscamos la Palabra de Dios para ayudarnos a tomar decisiones, aprendemos a pedirle al Señor por sabiduría y por la guía del Espíritu Santo, aprendemos a caminar por el Espíritu en humildad y santidad, a buscar sabiduría en consejeros y ancianos sabios y confiables, a escuchar y a honrar a nuestros padres y madres, a considerar nuestros dones, prioridades y recursos, a no atravesar una puerta simplemente porque está abierta y, a veces, a derribar una puerta cuando parece estar cerrada, a simplemente hacer algo, y en otros momentos, a esperar en el Señor hasta que nuestro camino se aclare. Porque, como dice Pablo: «No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Rom 12:2).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

5 – LA LEY DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

5 – LA LEY DE DIOS

R.C.Sproul

Dios gobierna a su universo por la ley. La propia naturaleza funciona bajo su gobierno providencial. Las así denominadas leyes de la naturaleza son simples descripciones de la manera normal que Dios tiene de ordenar su universo. Estas «leyes» son expresiones de su voluntad soberana.

Dios no le rinde cuentas a ninguna ley fuera de sí mismo. No existen normas cósmicas independientes que obliguen a Dios a obedecerlas. Por el contrario, Dios es su propia ley. Esto decir que Dios actúa de acuerdo con su propio carácter moral. Su propio carácter no es solo moralmente perfecto, sino que es el patrón estándar de la perfección. Su acciones son perfectas porque su naturaleza es perfecta, y Él siempre actúa de acuerdo con su naturaleza. Por lo tanto, Dios nunca es arbitrario, caprichoso o antojadizo. Siempre hace lo que es correcto.

Como criaturas de Dios, a nosotros también se nos exige que hagamos lo que es correcto. Dios nos exige que vivamos una vida de acuerdo a su ley moral, la cual nos ha revelado en la Biblia. La ley de Dios es el estándar de justicia y la norma suprema para juzgar el bien y el mal. Dios tiene la autoridad para imponernos obligaciones, para exigir nuestra obediencia, y exigir el compromiso de nuestras conciencias, porque Él es nuestro soberano. También tiene el poder y el derecho para castigar la desobediencia cuando violamos su ley. (El pecado puede ser definido como la desobediencia a la ley de Dios.)

Algunas leyes de la Biblia están directamente basadas en el carácter de Dios. Estas leyes reflejan los elementos transculturales y permanentes de las relaciones, tanto divinas como humanas. Otras leyes obedecieron a condiciones pasajeras de la sociedad. Esto significa que algunas leyes son absolutas y eternas, mientras que otras pueden ser anuladas por Dios por razones históricas, como las leyes ceremoniales y de dieta de Israel. Solo Dios puede abolir dichas leyes. Los seres humanos nunca tienen la autoridad para abolir la ley de Dios.

No somos autónomos. Es decir, no se nos permite vivir de acuerdo con nuestra propia ley. La condición moral de la humanidad es la de heteronomía: vivimos bajo la ley de otro. La forma específica de heteronomía bajo la cual vivimos es la teonomía, o la ley de Dios.

Resumen

l. Dios gobierna al universo por leyes. La gravedad es un ejemplo de las leyes de Dios para la naturaleza. La ley moral de Dios está en los Diez Mandamientos.

2. Dios tiene la autoridad para imponer obligaciones a sus criaturas.

3. Dios actúa de acuerdo a la ley de su propio carácter.

4. Dios nos revela su ley moral a nuestras conciencias y en la Escritura.

5. Solo Dios tiene la autoridad para abolir sus leyes.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ex. 20:1-17

Ps. 115:3

Mat. 5:17-20

Rom. 7:7-25

Gal. 3:23-29

Autonomía = Auto nomos = Ley propia

Heteronomía = Hetera nomos =  Ley de otros

Teonomía =  Theo nomos =  Ley de Dios

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

El Credo de Atanasio

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VII

El Credo de Atanasio

Atanasio

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VII

Desde que las epístolas del Nuevo Testamento fueron escritas, los cristianos han recibido consejo sobre cómo deben vivir la vida cristiana. ¿Cuánto debemos orar? ¿Cuán lejos podemos llegar en el logro de la santidad bíblica en esta vida? ¿Es la perfección un Quicumque vult: esta frase es el título atribuido a lo que se conoce popularmente como el Credo de Atanasio. A menudo se le llamaba Credo de Atanasio porque durante siglos la gente atribuyó su autoría a Atanasio, el gran campeón de la ortodoxia trinitaria durante la crisis de la herejía del arrianismo que estalló en el siglo IV. Esa crisis teológica se centró en la naturaleza de Cristo y culminó en el Credo Niceno en el 325. En el Concilio de Nicea de ese año, el término homoousios fue la palabra polémica que finalmente se vinculó a la confesión de la Iglesia sobre la persona de Cristo. Con esta palabra, la Iglesia declaró que la segunda persona de la Trinidad tiene la misma sustancia o esencia que el Padre, afirmando así que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en ser y en eternidad. Aunque Atanasio no escribió el Credo Niceno, él fue su principal campeón contra los herejes que siguieron a Arrio, quienes argumentaron que Cristo era una criatura exaltada pero menos que Dios.

Atanasio murió en el año 373 d. C., y el epitafio que apareció en su lápida es famoso hoy en día, ya que captura la esencia de su vida y ministerio. Decía simplemente: «Atanasius contra mundum», es decir, «Atanasio contra el mundo». Este gran líder cristiano sufrió varios exilios durante la amarga controversia arriana debido a la firme profesión de fe que mantuvo en la ortodoxia trinitaria.

Aunque el nombre de «Atanasio» se le dio al credo a lo largo de los siglos, los estudiosos modernos están convencidos de que el Credo de Atanasio fue escrito después de la muerte de Atanasio. Ciertamente, la influencia teológica de Atanasio está incrustada en el credo, pero con toda probabilidad él no fue su autor. El título que presenta, Quicumque Vult, sigue la tradición que la Iglesia católica romana utiliza para las encíclicas y los credos. Estas afirmaciones eclesiásticas obtienen su nombre de la primera palabra o palabras del texto latino. El Credo de Atanasio comienza con las palabras quicumque vult, que significa «todo el que quiera o, quienquiera que desee», debido a que esta frase introduce la primera afirmación del Credo Atanasiano. La afirmación es esta: «Todo el que quiera salvarse debe, ante todo, guardar la fe católica». El Credo Atanasiano busca presentar de manera resumida aquellas doctrinas esenciales para la salvación que la Iglesia afirma con referencia específica a la Trinidad.

Con respecto a la historia de los orígenes del Credo Atanasiano, en la actualidad generalmente se considera que el credo se escribió por primera vez en el siglo V, aunque también es posible que haya sido en el siglo VII, ya que el credo no aparece en los anales de historia sino hasta el año 633, en el cuarto Concilio de Toledo. Fue escrito en latín y no en griego. Si fue escrito en el siglo V, varios posibles autores han sido mencionados debido a la influencia de su pensamiento, incluyendo a Ambrosio de Milán y Agustín de Hipona, pero más probablemente fue escrito por el santo francés Vicente de Lerins.

El contenido del Credo Atanasiano enfatiza la afirmación sobre la Trinidad de que todos los miembros de la Deidad son considerados increados y coeternos y de la misma sustancia. En la afirmación de la Trinidad, la naturaleza dual de Cristo recibe una importancia central. Así como el Credo Atanasiano en un sentido reafirma las doctrinas de la Trinidad expuestas en el siglo IV en Nicea, así también recapitula las fuertes afirmaciones del Concilio de Calcedonia en el siglo V (451). Luego de que la Iglesia luchó contra la herejía arriana en el siglo IV, el siglo V produjo las herejías del monofisismo, que redujeron a la persona de Cristo a una sola naturaleza, mono fisis, una sola naturaleza teantrópica (Dios-hombre) que no era puramente divina ni puramente humana. En la herejía monofisita de Eutiques, la persona de Cristo era vista como una persona con una sola naturaleza, la cual no era ni verdaderamente divina ni verdaderamente humana. Desde este punto de vista, las dos naturalezas de Cristo se confundieron o se mezclaron. Al mismo tiempo que la Iglesia luchaba contra la herejía monofisita, también luchaba contra la visión opuesta, el nestorianismo, la cual buscaba no tanto confundir y mezclar las dos naturalezas sino separarlas, llegando a la conclusión de que Jesús tenía dos naturalezas y era por lo tanto dos personas, una humana y una divina. Tanto la herejía monofisita como la herejía nestoriana fueron claramente condenadas en el Concilio de Calcedonia en el 451, donde la Iglesia, reafirmando su ortodoxia trinitaria, declaró su creencia de que Cristo, o la segunda persona de la Trinidad, era vere homo y vere Deus, verdadero hombre y verdadero Dios. Además, declaró que las dos naturalezas en su perfecta unidad coexistían sin mezcla, confusión, separación o división, cada naturaleza conservando sus propios atributos. Así que con una afirmación de credo se condenó tanto la herejía del nestorianismo como la herejía del monofisismo.

El Credo Atanasiano reafirma las distinciones establecidas en Calcedonia, en donde la declaración atanasiana llama a Cristo «perfecto Dios y perfecto hombre». A los tres miembros de la Trinidad se les considera increados y, por lo tanto, coeternos. También, luego de las afirmaciones anteriores, se declara que el Espíritu Santo procede del Padre «y del Hijo», afirmando el concepto llamado filioque que fue tan controversial con la ortodoxia oriental. La ortodoxia oriental hasta el día de hoy no acepta la idea filioque.

Finalmente, los estándares atanasianos examinaron la encarnación de Jesús y afirmaron que en el misterio de la encarnación la naturaleza divina no mutó o cambió a una naturaleza humana, sino que la naturaleza divina inmutable tomó sobre sí misma una naturaleza humana. Es decir, en la encarnación la naturaleza divina asumió una naturaleza humana y no hubo mutación de la naturaleza divina en una naturaleza humana.

El Credo Atanasiano es considerado uno de los cuatro credos autoritativos de la Iglesia católica romana y, de nuevo, declara en términos concisos lo que es necesario creer para ser salvo. Aunque el Credo Atanasiano no recibe tanta publicidad en las iglesias protestantes, prácticamente todas las iglesias protestantes históricas afirman las doctrinas ortodoxas de la Trinidad y la encarnación.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Motivando la Oración Bíblica

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 7

Motivando la Oración Bíblica

Hoy vamos a hablar acerca de: (1) la importancia de la oración; (2) ayudar a otros a orar regular y fielmente; (3) motivar a otros a orar de manera efectiva y según la voluntad de Dios; (4) ayudar a otros a entender como Dios responde a las oraciones.

  1. La oración es importante

Necesitamos recordar que el objetivo principal del discipulado es exhortar a nuestro amigo a una mayor comunión con Dios y santidad personal que glorifique a Dios. Necesitamos enseñar a los demás a conocer, amar y obedecer a Dios, y esto no será alcanzado sin la oración.

1 Corintios 3:5-9 ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. (RVR60)

El punto destacado aquí es que si no hay oración, hay muchas probabilidades de que tus esfuerzos de discipulado fracasen. Lo primero que hago por alguien que estoy discipulando es orar por ellos diariamente. Si hoy olvidas todo lo demás pero recuerdas esto, consideraré que la clase fue un éxito.

Se nos dice en Juan 17:3: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (RVR60) Así como podemos conocer a otras personas cuando hablamos con ellos, la oración es una de las maneras principales en que podemos llegar a conocer a Dios, y una de las maneras claves en que glorificamos a Dios y decimos que amamos glorificar. Por tanto, necesitamos motivar a nuestros amigos a orar de forma regular.

Hablándoles de nuestro Señor como nuestro ejemplo más importante, vemos que Jesús apartó tiempo para orar.

En Mateo 14:23 y Marcos 1:35, vemos a Jesús yendo hacia un lugar solitario. Todo el capítulo 17 del libro de Juan habla de la oración que Jesús hizo a Dios antes de ser traicionado y arrestado.

Jesús también instruyó a sus discípulos a orar repetidas veces.

En Mateo 6:5-15, Jesús da instrucciones específicas sobre la oración, incluyendo la oración del Señor como un ejemplo para ellos. Jesús comunica la parábola de la viuda y el juez injusto en Lucas 18:1-8 reflejando la importancia de la oración insistente a un Dios justo. Presta una  atención especial al versículo 8; la oración insistente muestra tu fe porque la oración es un acto de fe.

A lo largo de todas las epístolas del Nuevo Testamento, somos motivados a orar.

En Filipenses 4:6Colosenses 4:2 y Tesalonicenses 5:17, por ejemplo, somos exhortados a orar y presentar nuestras peticiones a Dios, a ser dedicados a la oración y a orar sin cesar.

La oración es muy importante. Sin ella el crecimiento es atrofiado, la fe es débil y la santificación es obstaculizada.

La oración en el discipulado

Si reconocemos que la oración es importante, ¿cómo la podemos motivar en el discipulado?

Motiva a la oración a través del ejemplo (Lucas 11:1)

Una de las maneras más naturales y efectivas es simplemente a través del ejemplo. Si realmente pasas tiempo orando, tu amigo escuchará la manera en que oras. Al igual que nosotros como congregación podemos aprender a orar cuando escuchamos las oraciones de los domingos en la mañana y la noche (AM: tipos de oración – HECHOS; orando por otras iglesias, personas en autoridad, la expansión del evangelio hacia otros países; PM: cambios de vida; evangelismo), ¡podemos transmitir la oración apropiada y efectiva a nuestros amigos simplemente orando con ellos!

Lucas 11:1 Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. (RVR60) Vemos en Lucas 11:1 la manera en que Jesús dio ejemplo de la oración frente a sus discípulos y como ellos respondieron a este ejemplo.

Motiva la oración a través de la instrucción (Lucas 11:2)

Además, debemos ayudar a nuestros amigos de manera intencional enseñándoles cómo orar. Con esto NO me refiero a darle a alguien las palabras exactas para sus oraciones («Bob, haz esta oración después de mí… ̒Yo, Bob, me arrepiento de mis pecados y le pido a Cristo que entre a mi corazón.̓ )

En lugar de eso, puedes enseñarles cómo orar:

  1. Comparte peticiones de oración y acuerden orar uno por el otro. Recuérdense el pacto de la iglesia[1] y motiven la comunidad de la iglesia.
  2. Den ejemplo de una buena oración al darle seguimiento a tu amigo durante la semana. Envía peticiones de oración.
  3. Para ir un paso hacia adelante, desafía a tu amigo a apartar tiempo para orar cada día.
  4. Cuando él se encuentre enfrentando decisiones importantes, motívalo a orar por ellas.

Utilizando un libro para enseñar a orar: A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], Don Carson, IVP.

Más que eso, lleva a cabo algunas discusiones acerca de la oración, o utiliza algún tiempo para estudiar libros o Escrituras relacionados con la oración. Durante el resto de la clase de hoy hablaremos acerca de como orar de manera efectiva y regular. ¡Piensa acerca de como transmitir estas ideas! ¡Un buen libro que puedes consultar es el de D. A. Carson titulado A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], que utilicé mucho para la clase de hoy! (Busca una copia del libro para mostrarla a la clase. Comunica que está disponible en la librería de CHBC).

  1. Ayudando a los demás a orar regular y fielmente

Planifica orar

Es muy probable que no oremos a menos que planifiquemos orar. Aparta tiempo durante el día para orar y motivar a tu amigo a hacerlo. Periódicamente, pregúntales cómo lo están haciendo y comparte como están tus tiempos de oración. Ejemplo para DVR: comenzando la oración primero en QT.

Maneras de evitar la desviación mental

Adopta algunas maneras prácticas para evitar la desviación mental. Algunas ideas útiles: habla en voz alta las palabras y ten un diario (donde escribimos el contenido de nuestras oraciones de cada día). Ora las oraciones escritas por otras personas utilizando un libro como El Valle de la Visión. Ora a través de la Escritura, utilizando el enfoque en un pasaje como un resumen de lo que orarás O utilizando las palabras, frases e ideas bíblicas del pasaje en tus oraciones. Ora por el directorio de la membresía. Cuando oras una página o dos por día, estás dándole forma a tus motivos de oración.

Ora con otro cristiano

Desarrolla relaciones de oración. Aparta tiempo para reunirte con personas simplemente para orar. Haz que cada uno rinda cuentas de la oración regular. ¡Esto funciona de maravilla en un discipulado!

Dale seguimiento a las oraciones y las respuestas

Desarrolla un sistema de seguimiento de tus oraciones. Considera escribir notas de las peticiones de oración en una mascota de espiral o una hoja de Excel. Recuérdate darle seguimiento a la persona acerca de peticiones específicas de oración. ¡Puedes ser muy motivado cuando tomas tiempo para revisar y darte cuenta de cómo Dios ha respondido tus oraciones!

Ora hasta que ores

Ora hasta que realmente comiences a orar. Cuando comenzamos a orar nuestra mente muchas veces lucha para calmarse y enfocarse en nuestras oraciones. Cuando comiences a orar toma tiempo para que tu mente se calme y se enfoque en Dios.

Este es solo un ejemplo rápido de algunos puntos útiles acerca de la oración que pueden ser discutidos en el contexto de una relación de discipulado. Habla acerca de algunos de estos temas en tus relaciones de discipulado. Decide que vas a mostrar amor a tu amigo cuando le preguntes acerca de sus tiempos de oración de forma específica y hablen sobre maneras en las que pueden crecer en la oración. [PAUSA PARA PREGUNTAS]

Venciendo las excusas de la falta de oración

¿Qué haces si la persona con la que estás reuniéndote no pasa mucho tiempo en oración y tiene una razón o excusa que te comunica para justificar su falta de fidelidad en la oración? Durante los próximos minutos consideraremos algunas excusas para la falta de oración y cómo responder a ellas.

Estoy muy ocupado para orar (Lucas 10:38-42)

¿Es el trabajo diario más importante que la oración? En Lucas 10:38-42, ¡la historia de María y Marta muestra que Dios debe estar en primer lugar! Nuestro trabajo nunca debe reemplazar nuestra relación con Dios. Si estás muy ocupado para orar, considera cómo tu vida necesita cambiar para orar de manera más consistente.

  1. ¿Ayudaría comenzar tu día con oración?
  2. ¿Necesitan dejar de hacer algo para tener más tiempo en tu agenda? (Ejemplo: yo tenía un amigo que leía religiosamente el periódico cada mañana durante el desayuno, pero nunca leía la Biblia ni oraba. Él dejó de leer el periódico para tener tiempo para leer la Escritura y orar).
  3. ¿Qué harías para hacerlo una parte integral de todo el día? En 1 Tesalonicenses 5:17 Pablo nos pide que «oremos sin cesar.»

Estoy muy frío espiritualmente para orar

Cuando estás frío, la última cosa que quieres hacer es leer u orar. Este es el momento cuando necesitas considerar vivir de forma obediente aún cuando no tengas deseos de orar. Estás permitiendo que tus acciones (tu obediencia) dirijan tu corazón.

Durante estos tiempos de frialdad espiritual, es bueno orar de manera específica para que Dios renueve tu corazón y vida. Ver Ez. 37:1-10.

No siento la necesidad de orar

Algunas veces, durante las crisis de nuestra vida, puede haber arrogancia y orgullo que nos llevan a abandonar la oración.

Cuando nos sentimos suficientes en nosotros mismos por la tarea que tenemos y realmente no creemos que es Dios quien está haciendo el trabajo, caemos en la falta de oración. Richard Sibbes habla de dos pecados más peligrosos todos los demás: el orgullo y la seguridad espiritual.[2] Necesitamos aprender a confrontar nuestro orgullo y crecimiento en nuestro sentido de dependencia de Dios. Ver Santiago 4:6 y Salmo 127:1-3.

Estoy muy amargado para orar

La amargura, los rencores y tener algo en contra de alguien, puede ser un obstáculo para tu vida de oración. En Mateo 6:14 vemos que la falta de perdón hacia los demás perjudica tus oraciones. No seas como el siervo ingrato de Mateo 18, no puedes devolver la deuda (v. 26) y perdonas porque Cristo te perdonó (v. 33) no porque se lo merezca. Cuando perdonamos a los demás, demostramos que realmente deseamos el perdón de Dios.

Me siento muy avergonzado para orar

La vergüenza nos lleva a escondernos de Dios porque no queremos que las partes pecaminosas de nuestra vida sean expuestas. Sin embargo, el nosotros actuar como si estuviéramos escondiéndonos de Dios es falso. Hebreos 4:13 dice que cada parte de nuestra vida es vista claramente por Dios. Debido a que Dios ya conoce tu vida, es bueno no ser alejados por la vergüenza sino confesar regularmente tu pecado a Dios y pedir misericordia. Ver Salmo 51:4 y Proverbios 28:13

Dios parece no responder a mis oraciones

Dios no siempre responde a nuestras oraciones con un «sí.»

Algunas veces oramos con motivaciones equivocadas y Dios muestra bondad cuando no nos concede nuestros deseos egoístas (Santiago 4:3). La oración no se trata de nosotros obtener lo que queremos. Hay asuntos más importantes disponibles—como la gloria de Dios, el cumplimiento de la voluntad de Dios, la proclamación del evangelio (para mencionar algunos).

Algunas veces necesitamos esperar la respuesta de Dios, porque su tiempo de respuesta es muy diferente del nuestro. Tus expectativas harían una gran diferencia en la manera en que oras y lo que esperas de tus oraciones. Estarías decepcionado de las expectativas equivocadas. Alinea tus expectativas con Dios y no contigo mismo. Espera que Dios sea fiel, pero en su tiempo y no en el tuyo. Recuerda que Dios quien está a cargo y no tú.

  1. Motivando a otros a orar efectivamente

Otra tarea del discipulador es enseñar a las personas a orar efectivamente.

Una tendencia de los cristianos jóvenes es orar según su propia voluntad y deseos. Es muy fácil citar versículos como Mateo 7:7-11 (pide, busca, halla), Mateo 21:21-22 (si crees, puedes mover montañas), y Santiago 1:5-8 (Dios le da sabiduría a los que piden) y clama para que podamos obtener cualquier cosa que pidamos de Dios. En dicho caso, nos estamos poniendo ante Dios. La oración nunca debe ser un conjuro persona para obtener las cosas que queremos. DA Carson escribe: «la oración efectiva es fruto de una relación con Dios, no una técnica para la adquisición de bendiciones» (A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], Carson, Pág. 33)

Para enseñar a las personas a orar efectivamente debemos enseñarles a orar según la voluntad de Dios. Enseñarles a orar con las motivaciones correctas, para que puedan acercarse a Dios correctamente.

1 John 5:14-1 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Nuestras peticiones deben estar alineadas con la voluntad de Dios, es decir sus prioridades en las cosas específicas y en el enfoque general de nuestras oraciones.

Por tanto, ¿cómo seguimos la voluntad de Dios en nuestras oraciones? ¿Cómo sabemos si lo que pedimos está de acuerdo con la voluntad de Dios? ¡La Escritura! Estúdiala, y obtén entendimiento de lo que Dios ha hecho. La manera más segura de orar conforme a la voluntad de Dios es orar a través de la Escritura. Después que lees un pasaje que te desafía en cierta manera, hay varias formas en las que puedes responder a ese pasaje. Lo más simple que puedes hacer es orar utilizando el pasaje, haciendo que las palabras de la Escritura se conviertan en tus propias palabras. Puedes también orar para que Dios te ayude a crecer y cambiar según lo que has visto en el pasaje. Puedes ofrecer una oración de acción de gracias por una verdad que leíste. Puedes también revisar tus motivaciones. ¿Están glorificándote a ti o a Dios? ¿Los intereses de quien estás tratando de promover? De la misma manera, habla con otras personas. Haz que oren por ti. ¡Haz que oren para que ores por las cosas correctas!

Cuando estudias la Biblia, presta una atención especial a las oraciones que encuentras en la Escritura. Podemos aprender a orar efectivamente cuando estudiamos las oraciones de Jesús y Pablo y vemos como las prioridades de sus oraciones reflejan claramente la voluntad de Dios. Ver 1 Ts. 3:11-13. Examina las oraciones de la Biblia en tu propio tiempo. Aun mejor, ¡examina estas oraciones con las personas que discipulas! Puedes comenzar con la oración del Señor en Mateo 6. El libro de D. A. Carson titulado A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual] es un gran libro para ti y tu amigo discípulo examinar juntos. Analiza las oraciones de Pablo en la Escritura y destaca las prioridades que debemos tener en la oración.

Mateo 7:7 promete buenos dones para los hijos de Dios que los pidan a Dios. Como discipuladores que verán diferentes respuestas a diferentes oraciones, debemos reconocer que independientemente de la petición, la voluntad de Dios es prioritaria. Dios sabe lo que es mejor para nosotros, aun cuando pensemos que lo que nos sucede es malo. La fe cree que Dios es bueno y es galardonador de los que le buscan. (Marcos 10:18Hebreos 11:16).

A pesar de todo nuestro estudio de la Escritura, habrá ocasiones en que no siempre sabremos cual es la voluntad de Dios. Pero afortunadamente, el Seño nos ayuda. Romanos 8:26-27 habla de la manera en que el Espíritu Santo intercede por nosotros en oración.

  1. Entendiendo cómo Dios responde a la oración

Finalmente, esto nos lleva al asunto importante de entender como Dios responde a nuestras oraciones. Nosotros podemos pensar en 3 respuestas de Dios en términos de espera, sí o no.

Algunas veces Dios nos tiene esperando,  y es en esos casos en que Él nos llama a perseverar. Como discipuladores, necesitamos motivar a nuestros amigos a perseverar en oración. Recuerda esa parábola de la viuda y la persistencia de la viuda en procurar al juez (Lucas 18:2-8). Continúa apoyando a tu amigo en la oración y motivándole a continuar orando acerca de ello semanalmente. Trata de ayudarle a reconocer su dependencia total de Dios durante dichos momentos.

Algunas veces vemos a Dios responder con un «sí.» Como discipulador, deléitate con tu amigo, y motiva a tu amigo a hacer una oración de acción de gracias allí mismo en el acto. ¡Graba este recuerdo en su mente para que más tarde puedan recordar lo que Dios ha hecho por ellos!

¿Pero qué sucede si tu amigo ha orado sincera y desinteresadamente, pensado que oraba según la voluntad de Dios, pero al final ve que Dios responde con un «no?» Como discipulador, parte de tu trabajo es estar presente para ayudar. Recuérdale que Dios es bueno y confiable. Algunas veces no conocemos sus planes y sus caminos (Romanos 11:33-36). Oramos para que Dios sane al enfermo, y sin embargo el amigo querido muere y no sabemos porque. Existen muchas otras maneras en que podemos orar por un cambio de circunstancias (por ejemplo, queremos ver cambios en nuestro trabajo, en personas que conocemos, u otros cambios en el mundo que nos rodea), y aun así esos cambios no suceden. Al final, independientemente de cuál sea nuestra oración necesitamos confiar en Dios.

Hablaremos más detalladamente sobre esto dentro de varias semanas, acerca de ayudar a las personas a manejar el dolor. Por ahora, me gustaría leer una cita que nos motiva a perseverar y someter totalmente nuestra voluntad a la de Dios:

«Independientemente del gigante espiritual en que te conviertas, habrá días cuando la respuesta de Dios a tus oraciones será no. A pesar de tu petición, búsqueda y derramamiento de tu alma, tu Padre celestial ha decidido responder de tu petición de forma contraria. Cuando esto sucede tu actitud se convierte en un factor importante. ¿Estás dispuesto a entregar tu herida, decepción, tal vez hasta tu dolor a Cristo quien murió por ti… y luego comenzar a orar nuevamente? Los problemas con la oración son muchas veces intelectuales y no de la voluntad. Cuando oras efectivamente, la sumisión de tu voluntad está directamente relacionada con encontrar la voluntad de Dios. La oración que Dios responde es ofrecida con una actitud de sumisión. ¿Estás dispuesto a decir lo siguiente cuando la respuesta de Dios a tu oración urgente no sea la que quieres: ̒ Señor, haz tu voluntad ̓ ?»[3]

En conclusión:

  • La oración es una parte importante de la vida cristiana. Necesitamos ayudar a las personas a mirar dentro de sí mismos, para que vean cuales son los pecados que los han hecho dejar la oración y ayudarles a buscar la Escritura para ver cómo orar bíblica y efectivamente.
  • Motivar una vida de oración bíblica puede ser uno de los mejores dones que podemos darle a amigo cristiano que amamos.

[1] Caminaremos juntos en amor fraternal cuando nos convertimos en miembros de una iglesia cristiana, ejercemos un cuidado y vigilancia afectiva unos con otros, y amonestamos y rogamos fielmente unos por otros según la ocasión lo requiera.

[2] Richard Sibbes, The Bruised Reed [La Caña Cascada],(Carlisle, PA:  The Banner of Truth Trust, publicado primeramente en 1630) Pág. 95.

[3]W. Bingham Hunter, The God Who Hears [El Dios que Escucha], (Downers Grove, IL:  IVP Books, 1986) Pág. 65.

Mark Deve