Vamos a analizar el problema que las investigaciones muestran como la razón número uno que la gente da para el quiebre y ruptura del matrimonio; y como ustedes lo imaginarán, el problema número uno en Norteamérica para los pleitos y la disolución de los matrimonios en Estados Unidos es: el sexo –la falta de armonía, la falta de comunicación, la falta de intimidad y la adaptación a las dimensiones sexuales del matrimonio. Eso puede parecer como una sorpresa para nosotros, dado que en las últimas décadas hemos pasado por una explosión, no solo en el interés, sino en la literatura de las relaciones sexuales y su armonía.
Pueden ir a cualquier tienda de libros, a la sección de autoayuda de la librería, o incluso a secciones separadas sobre sexo y matrimonio, y encontrar docenas de manuales de matrimonio, libros de instrucciones y consejería sobre cómo tener una gran vida sexual en tu matrimonio. Pero aún así, todavía estamos experimentando problemas graves de armonía sexual en el matrimonio. También tengo que decir en este punto, que aunque la investigación indica que esta es la razón número uno para la ruptura de los matrimonios en nuestro país, personalmente no creo que sea la razón número uno. Creo que es la razón número uno que la gente dice, pero creo que hay una razón subyacente más profunda aún que la dimensión sexual, la cual veremos en otra sesión. Pero como esta es una que tiene a la gente muy, muy preocupada, creo que tenemos que pasar un poco de tiempo en eso.
Uno de los mayores problemas, por supuesto, que enfrentamos al adaptarnos a la dimensión sexual del matrimonio, en especial como cristianos, es hacer la transición de vivir en una condición de vida en la que hasta llegar al matrimonio, Dios nos decía: «No», y luego, de repente, se espera que entremos en una relación donde lo que una vez estaba prohibido, ahora no solo está permitido, sino que, en términos bíblicos, se nos ordena. Eso es muy difícil de entender para muchas personas, que lo que está prohibido en un contexto está ordenado por Dios de manera absoluta dentro del vínculo del matrimonio. Ahora, la iglesia ha luchado durante siglos con esa dimensión. La semana pasada, por ejemplo, estaba leyendo un ensayo del gran teólogo, San Agustín, que es uno de mis escritores y teólogos favoritos de todos los tiempos.
En ese ensayo, en particular, estaba argumentando que la única justificación moral para el matrimonio –para las relaciones sexuales dentro del matrimonio– es con un propósito específico de concebir y tener hijos. Es decir, Agustín no vio lugar dentro del matrimonio y la relación matrimonial para el disfrute del sexo como un vínculo físico, que implica placer físico entre un esposo y una esposa. En otras palabras, era una especie de mal necesario por el que uno tenía que pasar para propagar la especie. Ahora, estoy convencido de que ese punto de vista, que incluso el gran San Agustín defendió, es uno que no se encuentra en la Escritura, sino que tiene sus raíces en antiguas creencias griegas y orientales que depreciaron el valor de cualquier cosa física.
Sabemos cuál es el pecado del materialismo en este mundo, donde las personas buscan toda la vida y todo su significado a través de cosas físicas, a través del dinero, la comida, el vino, mujeres y música, a través de la satisfacción del cuerpo, y llamamos a eso materialismo. Sabemos que eso es una distorsión de la realidad que Dios ha hecho y a veces al contrarrestarlo nos vamos al otro extremo y caemos en el error de lo que se puede llamar espiritualismo, donde lo único que tiene valor es la dimensión espiritual, el alma. Pero creemos en un Dios que hizo un mundo físico, que hizo al hombre, no solo como un espíritu desencarnado, sino como una persona que tiene un alma y un cuerpo; y el Nuevo Testamento, por ejemplo, en la enseñanza de Jesús, muestra una profunda preocupación por el bienestar material del hombre, estamos llamados a dar de comer al hambriento, a vestir al desnudo, a dar refugio al que no tiene hogar.
Esas son preocupaciones físicas y entonces, aún el apóstol, nos dice que el cuerpo del hombre le pertenece a la mujer en el matrimonio y el cuerpo de la mujer le pertenece al hombre; y no debemos privarnos el uno al otro. Así que, no encontramos esta visión negativa de la dimensión física de nuestra humanidad en las Escrituras. Pero Dios es muy claro sobre el contexto en el que el sexo se puede disfrutar. Recuerdo, no hace mucho, que hice un estudio de cómo el Nuevo Testamento aborda el tema del sexo y simplemente aislé esos pasajes en el Nuevo Testamento donde Jesús y los apóstoles hablan sobre el sexo; y en mis estudios, fui a lo que se llama el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, que fue producido por un grupo de estudiosos alemanes que no tienen nada de cristianos evangélicos y no son para nada conservadores en su forma de ver las cosas.
Y el estudioso específico que había hecho su análisis de la postura del Nuevo Testamento sobre el sexo, llegó a esta conclusión, a pesar de que él mismo no adoptó la posición: «No podemos negar que el Nuevo Testamento enseña claramente que a la vista de Dios, el sexo premarital y el sexo extramatrimonial, son ofensas graves contra Su santidad», de modo que el apóstol, por ejemplo, nos dice que nunca, nunca, nunca; debemos ser hallados en fornicación. Si lees a los apologistas del siglo I, a finales del siglo I y hacia inicios del siglo II, cuando tratan de defender la fe cristiana contra los ataques provenientes de círculos paganos, no solo defienden filosóficamente las afirmaciones de la verdad del cristianismo, sino que dicen: «Si realmente quieres ver de qué se trata el cristianismo, mira nuestras vidas» y él dijo: «Examina el comportamiento moral de los cristianos. Examina nuestra comunidad. Ve si encuentras adulterio. Ve si encuentras fornicación». Imaginen eso.
Nunca me enfrentaría hoy a un secularista del siglo XX y le diría: «Si quieres ver pruebas de la fe cristiana, mira el comportamiento sexual de los cristianos», porque los cristianos están tan atrapados en el adulterio y la fornicación, en algunos casos, tanto como los incrédulos. Pero si vemos el Nuevo Testamento, encontramos esa prohibición. Es tan severa, que forma parte de los Diez Mandamientos. «No cometerás adulterio». Ahora, esto no se debe a que Dios esté en contra del placer o que Dios esté en contra de la realización humana, sino que, Dios entiende la santidad de esa intimidad, que se da cuando dos personas pueden estar desnudas y sin vergüenza dentro del contexto del matrimonio.
Así es que Dios no está diciendo que el sexo está mal. Él lo crea. Él lo ordena, pero Él lo regula. Él dice, «En esta circunstancia no es bueno. No lo permito aquí. Es destructivo. En esta circunstancia es hermoso. Es expresivo. Es parte de lo que he hecho para tu disfrute». Así es como los cristianos tenemos ese problema al hacer la transición. Bueno, ahora que la transición ya pasó. Entonces, ¿qué problemas descubrimos en términos de satisfacción sexual en el matrimonio? Los dos mayores problemas que encontramos en el matrimonio con respecto al sexo son, en el caso de los hombres, la impotencia – ¿lo deletreé bien? – y en el caso de las mujeres, usamos términos como frigidez. Esos términos me molestan porque ninguno de ellos es preciso en términos absolutos. Nadie es absolutamente impotente y nadie tiene absoluta frigidez.
Estos términos representan una gama, grados que se refieren a cuán libres nos sentimos para expresarnos sexualmente en la unión matrimonial, por lo que tenemos que pensar en términos de grados de impotencia o grados de frigidez. Ahora la impotencia, por supuesto, solo significa una falta de fuerza o una falta de poder. La palabra frigidez es un término interesante porque sugiere frialdad. Sugiere que alguien está congelado. Lo que ambos términos están describiendo es un cierto nivel de parálisis en la actividad sexual. Lo que hemos estado pasando por alto en matrimonios saludables es el problema de la parálisis sexual, y se ha vuelto tan significativo que ahora vemos clínicas que surgen en todo Estados Unidos, dirigiendo la atención médica a una investigación científica de lo que se llama disfunción sexual, con el fin de ayudar a quienes tienen problemas que están destruyendo sus matrimonios.
El problema es serio, lo tengo que decir, son pocas, si es que hay, las clínicas cristianas notables que investiguen la disfunción sexual, porque si alguien debe ser consciente de lo grave que es esto en los matrimonios, esa debe ser la iglesia. El pastorado tiene que lidiar con eso todos los días y tenemos muy pocos recursos a los que podamos orientar a las personas que tienen problemas serios como ese y que puedan asistir sin comprometer sus propios sistemas de valor y ética cristiana. Pero necesitamos ayuda para hacer frente a estas formas de parálisis. Ahora, cada vez que encuentro una forma de parálisis, busco de inmediato una de dos cosas. Hay dos cosas en nuestras experiencias emocionales que contribuyen una y otra vez a todo tipo de parálisis y son – las escribiré en la pizarra – miedo y culpa y estas dos, por cierto, a menudo están muy relacionadas.
Solemos decir que alguien está paralizado de miedo, congelado de miedo. Se detiene en su andar. No puede moverse. No puede gritar. Duda. El miedo paraliza, por lo que descubrimos que en problemas sexuales hay una enorme cantidad de miedo en el dormitorio cristiano. ¿En qué consisten esos miedos? ¿A qué le tememos? Bueno, hay muchas cosas. Creo que, tanto en el caso de la impotencia como de la frigidez, uno de los elementos más significativos del miedo es el miedo a cómo nos desempeñamos. Esta es una de las consecuencias al problema de la explosión de la literatura sexual, donde ahora abunda el mito de que para que alguien sea sano y normal, tiene que ser capaz de tener súper sexo, tanto la mujer como el hombre. Tenemos todas estas imágenes, que son imágenes mitológicas, que Hollywood muestra, del súper atleta sexual masculino y la mujer que es una modelo de pasarela, ya saben. Simplemente no es cierto, pero no se le puede decir eso a esa persona cuando está entrando en la relación y están sintiendo la presión para desempeñarse bien.
El año pasado vi una lista de las diez fobias más comunes de los estadounidenses. ¿Sabes cuál era la fobia número uno en los Estados Unidos? No sé dónde estaba la muerte. El miedo a la muerte llegó 4 o 5, en algún lugar de la lista. Me sorprendió. ¿Sabes cuál era la fobia número 1 en los Estados Unidos de América? Miedo a ponerse de pie frente a un grupo y hablar. Eso es lo que asusta a más gente que cualquier otra cosa, damas y caballeros, puedo identificarme con eso. Todos ustedes han vivido la situación en la que alguien se levanta para hablar y abre la boca, pero nada sale porque han sido paralizados por su miedo. Cuando siento miedo a hablar no es porque voy a enseñar lo incorrecto o porque voy a olvidarme las palabras, sino es por la presión para hacerlo bien. Uno pensaría que cuanto más hables, más fácil se le hace a uno hablar.
En cierto sentido, sí; pero cuanto más hablas, alcanzas una reputación por cómo hablas y mayor es la expectativa del público, y mientras mayor sea la expectativa, más presión hay sobre ti y más presión, de hecho, creo que pararé ahora mismo y saldré de aquí porque no lo soporto. Saben, casi estoy ahogado. Hablamos de ahogarnos y ahogarse es una parálisis del cuello traída y provocada por el miedo. Lo vemos con los atletas bajo estrés porque tienen miedo de no rendir al nivel de la expectativa que se espera de ellos. Bueno, nuestra relación sexual no está en exhibición. Nadie está llevando la cuenta. Es para la intimidad de dos personas que están involucradas y debe afianzarse sobre la base del amor; eso no significa solo un sentimiento emocional. Eso significa un fundamento donde el sexo no es arrancado de la relación de amor, sino que el sexo se convierte en una expresión del amor. Escucho a la gente decir, «Tuvimos sexo dos veces la semana pasada», como si el sexo fuera algo distinto al amor. El sexo fue simplemente una actividad física.
Bueno, para los hombres – parece más fácil – separar el sexo del amor. Eso es lo que las investigaciones indican, que los hombres pueden disfrutar del sexo sin amor. Es por eso que existen las prostitutas y es por eso que es la profesión más antigua, para que los hombres puedan tener placer sin amor y cada mujer lo sabe. Cada mujer duda cuando el hombre dice: «Te amo», porque al traducirse, la mujer escucha: «Quiero sexo contigo y para tener sexo contigo, tengo que decirte que te amo». Se espera que la mujer, entonces, muestre su amor por su marido, no dándole amor, sino dándole sexo y eso acumula resentimientos y mala comunicación que estrangula y paraliza la relación.
Pero si el sexo es una expresión de amor, y entiendo que mi esposa está comprometida conmigo y ella entiende que la amo, entonces la presión para desempeñarse disminuye. Mientras más demuestro mi amor, más libre se sentirá mi esposa para relajarse sexualmente. Mientras más me demuestre amor mi esposa, más podré vivir sin miedo porque es el perfecto amor, dice la Biblia, el que echa fuera el temor. ¿Qué otras cosas están involucradas en el temor al sexo? Una de las cosas que cada vez son más evidentes en nuestra sociedad, en especial para la mujer, es el miedo a ser lastimada físicamente. El maltrato a la mujer no es solo una rara incidencia en nuestra sociedad. No puedo decirles cuántas mujeres he tratado en consejerías que han sido maltratadas como esposas o cuando eran niñas. Han sido abusadas sexualmente. Han resultado heridas. Los hombres han utilizado su fuerza para obligar a las mujeres a someterse a sus insinuaciones y ellas tienen miedo de ser lastimadas físicamente.
También oímos hablar del hombre que es tosco, pero no tierno. Juntas a mujeres y les preguntas: «¿Cuáles son las cualidades que quieres en un esposo?» Sí, quieren que sean seguros; sí, quieren que tengan confianza; pero también ponen muy alto en la lista, la sensibilidad. Uno de los mayores problemas de madurez sexual en nuestra nación es la falta de sensibilidad masculina en el acto del amor. Él tiene que probar su hombría viviendo el viejo mito cavernícola, el cual lastima físicamente a la mujer. No es de extrañar que ella no quiera estar involucrada en el sexo más a menudo, dado que es una experiencia dolorosa para ella en lugar de algo tierno y amoroso. Tenemos que recordar que el miedo al dolor puede ser una fuerza paralizante.
Bueno, hay otros miedos. Hay miedo a ser descubiertos, ese es uno muy real. He hablado con innumerables parejas donde la mujer dice, por ejemplo, que disfruta mucho más de la relación sexual, disfruta de la relación sexual con su esposo cuando están lejos de su casa, cuando están de vacaciones en un hotel o algo así, donde estén solos. Empiezas a explorar eso, empiezas a ver que ella tiene miedo, o puede ser que él; podría ser el hombre, que tiene miedo de que los niños entren, o los escuchen, o lo que sea. Así que una de las mejores inversiones que puedes hacer en tu matrimonio es una cerradura a la puerta de tu dormitorio. Una vez más, este es el lugar donde puedes estar desnudo y sin vergüenza, pero no vas a estar desnudo y sin vergüenza si en cualquier momento entra alguien, porque tu hija no es tu esposa, el vecino de al lado no es tu esposo; y si la gente tiene miedo de que alguien los vea, entonces están inhibidos. Y luego la pareja toma eso como un acto de rechazo personal.
El miedo al embarazo es otro temor importante y podríamos seguir enumerando estos temores que la gente tiene y que los inhibe. Es aquí donde necesitamos comunicación, donde el esposo y la esposa necesitan hablar, tenemos que expresarnos el uno al otro ¿a qué le tienes miedo? ¿Tienes miedo de algo? ¿Cómo puedo ayudar? No voy a ayudar a mi esposa obligándola a hacer cosas a las que ella teme. Ahora el segundo es el que casi nadie habla: la culpa. Me gustaría expresar un patrón que me resulta familiar en la consejería matrimonial. Cuando un hombre entra a mi oficina y me dice, ya saben, «Quiero divorciarme de mi esposa. Nuestra relación se ha deteriorado, ella ya no me responde sexualmente y todo eso», le hago la siguiente pregunta directamente, directo y sin titubear, «Dime, aquí en la privacidad de la oficina, ¿tenías relaciones sexuales con tu esposa antes de casarte?»
Ahora, mi experiencia en consejería no puede ser una prueba suficiente de todo el universo, como para darte un porcentaje que cubra toda la nación, pero te contaré mi experiencia. No sé a cuántos hombres les he hecho esta pregunta, ¿cien? A cada hombre que he aconsejado sobre esta pregunta, le he preguntado, «¿Tenías relaciones sexuales con tu esposa antes de casarte?», cada uno de ellos me dijo que sí. Todos. El esposo virginal es casi inexistente, así como la esposa virginal. Así que, después de que me dijeran esto, que sí tuvieron relaciones sexuales con su esposa antes de casarse, les hago esta pregunta: «En tu opinión, ¿tu esposa era más receptiva sexualmente o menos receptiva sexualmente antes de casarse?» Sus ojos se iluminan y dicen, «Ella era más receptiva antes de casarnos» y me mira como si yo fuese un médico brujo que hace vudú. Él dice, «¿Cómo sabías eso?», «Lo sé porque lo he oído tantas veces, por eso estoy haciendo la pregunta».
¿Por qué tantos hombres dicen que sus esposas fueron más receptivas hacia ellos, les correspondían, antes de casarse que después de casarse? ¿Es porque simplemente han idealizado los viejos buenos tiempos? Puede ser. ¿Es porque el sexo era más emocionante como novedad de lo que se ha vuelto ahora a lo largo de los años? Esa es otra posibilidad y hay una tercera posibilidad, de que la mujer solo puede responder cuando se encuentra en una situación tabú, cuando le es permitido desenvolverse sexualmente se aburre y no le importa. Hay todo tipo de razones que explicarían por qué los hombres dicen que sus esposas fueron más receptivas antes, pero un factor que tenemos que considerar aquí: es que puede ser cierto. De hecho, sí puede ser que la mujer fuese más receptiva y de repente sea menos receptiva, puede que lo sea porque llevó al matrimonio toda carga de culpa y resentimiento, porque el marido la manipulaba y persuadía para hacer lo que estaba tratando de no hacer antes de casarse.
Ahora ella lleva ese resentimiento, pero lo que es peor, sigue cargando la culpa. ¿Qué haces en un caso así? Bueno, de nuevo, podemos recibir todo tipo de terapia médica del mundo, de consejeros seculares y de ministros, y la terapia habitual en nuestros días es algo como lo siguiente: Tienes que entender que lo que hiciste antes de casarte estaba bien. Todo el mundo lo hace. El Informe Kinsey, el Informe Chapman indican que la abrumadora mayoría de la gente lo hace y dado que la abrumadora mayoría de la gente lo hace, eso indica que es normal y si es normal, es saludable. Y esto es solo parte de tu proceso de maduración para convertirte en un ser humano responsable. Hemos oído esa frase un millón de veces.
Hice que una mujer que estaba a punto de casarse viniera a verme. Ella había estado comprometida durante más o menos, un año; cuando vino, ella se sentía con mucha culpa y me dijo: «¿Qué voy a hacer?» me dijo, «Me siento tan culpable». «He estado teniendo relaciones sexuales con mi prometido». Ella me dijo: «Y fui a ver a mi ministro y mi ministro me dijo: «Mira, la manera de superar esto, es entender que la razón por la que te sientes culpable es que has sido víctima de esta cultura estricta, rígida, victoriana, puritana con sus tabúes y ahora- tienes que crecer, madurar y entender que no eres promiscua. Tú solo has sido un adulto responsable. » Y ella dijo: «He intentado eso, pero todavía me siento culpable».
Entonces le dije, «Bueno, la razón por la que todavía te sientes culpable es porque eres culpable». Le dije: «La prohibición de las relaciones sexuales prematrimoniales no fue inventada por Jonathan Edwards o por la reina Victoria. Fue Dios quien dijo que no, y tú has ofendido a Dios. Has transgredido Su ley. No importa el hecho de que todos los demás lo estén haciendo. La ley no viene de los psiquiatras. No viene de los ministros. No viene de los consejeros. Viene de Dios y Dios dijo que no, aún así lo hiciste de todos modos.
Así que eres culpable y lo único que sé es que no lo curará la racionalización. Tu culpa es real y si quieres sanarte, tienes que ser realmente perdonada. La única manera que sé cómo conseguir eso, es que vayas a tu casa, te pongas de rodillas, le digas a Dios lo que has hecho y confieses tu pecado. Entonces, «Dios te perdonará de eso. ¿Entiendes que puedes ser virgen de nuevo a la vista de Dios?» De modo que necesitamos limpiar el matrimonio, lidiando con la culpa no resuelta. Y Dios nos hará libres.
Serie: El sufrimiento: un caso de estudio – 1ra parte
La batalla contra la carne
R.C. Sproul
Antes de empezar formalmente esta serie breve de enseñanza, hay un par de cosas que quiero decir a todos ustedes. En primer lugar, reconozco que entre la amplia audiencia de toda la región hay personas en diferentes ocupaciones, doctores, empleados, pastores. Personas en diferentes actividades.
Y, en un grupo de gente tan variado, es habitual que el orador se dirija de una manera más abstracta y académica, quisiera pedirles de su paciencia, si es posible, para aclarar que estoy dirigiendo estas charlas a los que padecen alguna enfermedad, y luego a los amigos y familiares que han tenido que enfrentar de primera mano niveles profundos de dolor, de incertidumbre, de aflicción y en muchos casos hasta la muerte misma.
Y lo otro que quiero decir a manera de prefacio es que en la medida que toco estos asuntos tan delicados, no voy a estar hablando como doctor, ni como sicólogo, ni como filósofo como aún podría suponerse; pero estaré hablando desde una perspectiva doble, primero como teólogo, pero más importante como ser humano, porque el problema del sufrimiento es algo que inmediatamente nos saca del mundo de lo abstracto y nos toca en el punto de nuestra propia humanidad.
Y cada vez que me encuentro con este tema del sufrimiento, ya sea como una pregunta filosófica o como un grito de dolor de alguien que está en medio de ese sufrimiento en el momento que la hace, la pregunta que escucho en mi profesión es inevitablemente: “¿Dónde está Dios en todo esto?”
Y luego, la siguiente pregunta es una a la que todo teólogo teme oír, y la pregunta es: “¿Por qué?”. Cuando estoy afligido, cuando tu estás afligido, cuando el dolor invade tu vida y llega la amenaza de muerte, lo primero que preguntamos es “¿Por qué?, ¿Por qué yo?, ¿Por qué pasó esto?, ¿Cómo pudo permitir Dios que estas cosas sucedan?”
Ahora, cada vez que hacemos esta simple pregunta “¿por qué?”, estamos haciendo una pregunta acerca del propósito. Las preguntas de “por qué” son las preguntas sobre el propósito. Las preguntas de “por qué” preguntan sobre el significado.
No estamos preguntando “cómo”, no preguntamos “cuándo”, no preguntamos “qué”; preguntamos “por qué”. Y creo que hay una razón por la cual hacemos esa pregunta. Una cosa es experimentar dolor, pero otra cosa es anticipar que mi sufrimiento y mi dolor no valen nada.
Si voy a tener que pasar por el dolor, si voy a tener que pasar por el sufrimiento, tengo que saber dentro de mi mismo que hay algún tipo de razón para eso, que no se trata solo de un ejercicio inútil.
Esto vino a mi mente de una manera muy vívida y muy personal hace solo unas semanas atrás. Mi esposa, Vesta, y yo habíamos regresado a Orlando después de un viaje y habíamos estado hablando en… ni siquiera recuerdo dónde estábamos, pero cada vez que estamos lejos del hogar y volvemos a casa, es una experiencia de gran alegría.
Recuerdo que mientras entrábamos al estacionamiento le dije a mi esposa, dije: “Al fin en casa”, “qué maravilla”. Seguimos estacionándonos y ya en el garaje mientras apagaba el motor, salía del auto y daba la vuelta por detrás del auto, la puerta de nuestra cocina se abrió y mi hija apareció en la puerta.
Tan pronto como ella nos vio, se echó a llorar y soltó de golpe estas palabras: “Papi, acabo de perder a mi bebé”. Y ella se acercó a mí y yo solo extendí mis brazos a ella y me agarró y la abracé mientras lloraba en mi hombro. Y le tomó unos minutos el reponerse de la impresión de vernos regresar y de explicarnos lo que había sucedido.
Ella acababa de empezar su noveno mes de embarazo, un embarazo que había sido muy difícil y que había involucrado un período largo de náuseas matutinas y algunas dificultades con hemorragias. Pero justo ese día ella sintió la ausencia de vida en su interior y fue a ver a su médico, el doctor la examinó, le hizo varios exámenes y le dio la noticia, con tristeza, de que el bebé había muerto.
Bueno, por supuesto, eso siempre será algo realmente difícil de oír para cualquier futura madre. Pero además de eso, el médico le explicó que el procedimiento que era necesario que ella siguiera sería este: que la llevarían al hospital a la mañana siguiente e inducirían el parto; hablamos de eso y ella dijo: “Papi, ellos quieren que pase por el trabajo de parto, pero mi bebé está muerto”.
A menudo me he quedado profundamente admirado por la fuerza de las mujeres para pasar por el trabajo de parto y a menudo me he preguntado cómo después de haber pasado por eso toman la decisión de hacerlo de nuevo, y algunas veces, muchas veces más.
Y mientras hablo con mujeres de esto, les digo: “¿Cómo pueden soportar pasar por este proceso que eufemísticamente llamamos trabajo de parto?”
Y ellas dicen: “es por lo que sabemos que nos espera al final del dolor”. Es una mujer que está dispuesta a soportar el dolor del parto porque espera con ansias el momento en que una vida emergerá. Y una vez que esa vida está allí y sostiene a su bebé por primera vez, el dolor queda en el olvido, al menos por ese momento, y ella dice: “vale la pena, lo haría de nuevo”.
Pero ¿cómo vas al hospital a dar a luz y pasar por el trabajo de parto sabiendo que lo que te espera al final de tu dolor es muerte? Y de eso es de lo que mi hija y yo tuvimos que hablar; ella buscaba en mí al teólogo, no solo al padre. Ella quería tener algunas respuestas de peso a su pregunta y francamente no tenía ninguna.
Así que fuimos al hospital al día siguiente, su esposo, su madre y yo, la ingresaron y le indujeron el parto. Nos sentamos allí en la sala de partos junto a ella contando las contracciones y ella estaba siendo heroica, pensé. Estaba orgulloso de ella.
Y después que habían pasado varias horas ella dijo: “Papi, por qué no bajas un rato y comes algo y luego regresas en unos minutos ya que me siento bien”. Entonces, me excusé. Me alegré por el respiro, bajé las escaleras y pedí algo rápido para comer. Solo me tomó 15 o 20 minutos y luego regresé apurado para continuar con la espera.
Y mientras me acercaba, abriendo puertas que llevaban a la sala, de repente me quedé paralizado por un grito largo y espeluznante. Me tomó unos momentos para darme cuenta de que era mi hija la que estaba gritando de esa forma. Y para serles honesto, yo estaba aterrorizado de avanzar por esas puertas y llegar a la sala, y en lo que me acercaba al lugar, una enfermera me detuvo, levantó sus manos y me dijo: “Ya viene el bebé”.
Así que corrí de vuelta hacia el pasillo por unos momentos y luego finalmente la enfermera salió y me dijo: “Está bien, ya puede entrar”.
Entonces entré y vi algo que nunca olvidaré; mi esposa nunca olvidará, mi yerno nunca olvidará, y yo sé que mi hija nunca olvidará mientras yo viva.
Mi hija estaba en la cama y estaba sosteniendo en su seno una pequeña niña de 8 meses que no tenía vida. Y yo estaba preocupado por los procedimientos médicos, los reglamentos. ¿Cómo se les ocurre dejar a este bebé sin vida en los brazos de una madre?
¿Por qué no se la llevaron y procedieron de la manera que ellos lo hacen? Y mientras discutía eso con las enfermeras, me dijeron: “La madre necesita ver el fruto de su trabajo de parto”.
Ella sostuvo al bebé por 45 minutos, por una hora. Entraron y tomaron fotos, un mechón de cabello, le pusieron nombre e hicieron todas esas cosas; y mi hija lloraba, yo lloraba, su esposo lloraba y todos lloraban. Pero, mientras hablamos de esto hoy, en las últimas semanas, ella me dijo: “Papi, tenía que cargar a mi bebé porque tenía que saber que mi trabajo de parto no fue en vano, que mi dolor no fue en vano”.
Justo este lunes recibía en mi oficina la noticia, de que la esposa de una figura deportiva muy famosa en Estados Unidos había fallecido. Judi, esposa joven de Bob Griese, el ex mariscal del campo de los delfines de Miami murió esta semana después de luchar contra el cáncer por varios años.
Ahora, no soy un amigo personal cercano de la familia Griese, pero estuve en Miami hace un mes dando una serie de conferencias y después de una de ellas, una mujer se me acercó, atravesando a toda la gente, llegó a mí y me dijo: “RC”, ella dijo, “Quiero pedirte un favor personal”. Y yo dije: “¿De qué se trata?”. Ella dijo: “Tengo una amiga muy querida que está luchando contra el cáncer por varios años y ahora se encuentra realmente deprimida”.
Y pasó a contarme algo de la historia de Judi Griese. Y me dijo: “Judi ha estado escuchando tus grabaciones y te conoce, no en persona, pero a través de ese material educativo”. Luego dijo: “Estoy segura de que significaría mucho para ella si tú, de alguna manera, pudieras ir y verla”. Y yo dije: “Claro, iré”.
Y seré honesto con ustedes, no recuerdo haberme sentido más incapaz que cuando me subí a ese auto para ir a visitar a esa mujer que había estado luchando con esa enfermedad por varios años. Y nos dirigimos a esta hermosa sección de Miami y vi el hogar de los Griese. La casa de los Griese es una casa muy bonita, y la ironía era que al otro lado de la calle estaba la casa de la familia Buoniconti, y ustedes recordarán, aquellos de ustedes que miran los deportes profesionales, saben que Nick Buoniconti fue un jugador profesional en Miami que ha estado en las noticias durante los últimos años porque su hijo, quien era un atleta muy talentoso, quedó paralizado por una lesión y ahora está parapléjico.
Así que una nube de sufrimiento se cernía sobre estos vecinos, estos amigos de mucho tiempo. Bueno, esta señora me llevó a la casa y tocó el timbre. Bob abrió la puerta y me hizo entrar a la sala de estar donde Judi estaba sentada en una silla. Entré y me senté junto a ella en la silla, y, queridos amigos, no tenía idea de qué decirle.
Ella me miró y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas y me dijo: “RC, no creo que pueda resistirlo mas”. Yo no sabía qué decir. O sea, ¿qué puedes decir? ¿Acaso dices: “No digas eso”? o dices: “Tú tienes que soportar, no te rindas, tienes que resistir”.
Y pensé, ¿quién soy yo para decirle a esta mujer cuánto tiene que soportar? Así que no dije nada. Solo tomé su mano y me senté allí sintiéndome cada vez más y más incapaz en ese momento mientras sostenía su mano por cerca de 45 minutos y solo la escuchaba hablar.
Y cuando terminamos, tuvimos un tiempo de oración y me retiré. Al día siguiente recibí la noticia de que ella se había caído por las escaleras y la llevaron de urgencia al hospital, y ella nunca regresó a casa del hospital. Fue básicamente el fin.
Pero esta señora vino a verme al día siguiente y estaba muy emocionada y me dijo: “Oh”, ella dijo, “no te imaginas cuán maravilloso fue anoche cuando visitaste a Judi Griese”. Respondí: “Yo no dije nada”. Le dije: “Estaba tan avergonzado”; le dije: “Yo sé que ella estaba esperando que yo le diera algunas palabras de consuelo y sabiduría y que le explicara el consejo secreto del Dios Todopoderoso, para lo cual no estoy preparado, no importa cuánto de teología he estudiado”. Y le dije: “Yo no hice nada, todo lo que hice fue sentarme allí y sostener su mano por 45 minutos”. Ella me dijo: “Pero, eso era todo lo que ella quería y era todo lo que necesitaba”.
Ella ha escuchado todos los sermones y ha escuchado todos los temas, pero ella solo quería que alguien le mostrara que ella importaba. Y me dijo: “Te guste o no, porque eres un ministro, representas la presencia de Cristo para ella”.
Yo dije: “Ey, es una pobre representación”. Y pensé en ese momento en una declaración que Martin Lutero hizo alguna vez. Él dijo: “Es deber de todo cristiano el ser Cristo para su prójimo”. Ahora, Lutero era muy bueno como teólogo como para afirmar eso de manera literal. Martín Lutero entendió que a todos nosotros nos quedaban muy grandes los zapatos de Cristo, pero ser cristiano significa representarlo, llevar su consuelo, su paz, su comprensión y no su juicio a las personas que están en dolor.
No tengo muy a menudo la oportunidad de escuchar a los televangelistas, esa es la nueva palabra que se ha acuñado este año, los predicadores televisivos, pero escuché, no hace mucho, escuché a uno de estos predicadores, ni siquiera podía recordar en ese momento quién era, pero él estaba de pie e hizo esta declaración a la gente que estaba viendo la televisión.
Él dijo: “Quiero que entiendan que Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento y que Dios, Dios no tiene nada que ver con la muerte. La muerte es algo que se entromete en la creación de Dios.”
Y, por supuesto, este ministro continuó diciendo y asignando todo dolor, todo sufrimiento, toda enfermedad y toda muerte al diablo. Y mientras escuchaba eso, para ser honesto con ustedes, quería arrojar algo a través de la pantalla del televisor. Y ahora intento… trato de entender qué pasa por la cabeza de un ministro, ya sea un ministro de televisión o cualquier otra clase de ministro, para ponerse de pie y decir a la gente que Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento o que Dios no tiene nada que ver con la muerte y la única cosa que se me ocurre es que este ministro de alguna forma quería responder a los problemas que las personas tienen cuando les sobreviene el sufrimiento, porque algunos se enojan con Dios.
Mucha gente se enoja con Dios. Dicen: “Oye, tú sabes que esto no es justo, ¿cómo puedes dejar que estas cosas me pasen a mí? Otra vez, ¿por qué? ¿Dónde está Dios en todo esto? Lo que el ministro televisivo estaba tratando de hacer con tanto cuidado, era absolver a Dios de toda culpa y toda responsabilidad por permitir que algo desagradable le ocurra a una de sus queridas criaturas.
Así como los filósofos solían decir, que si Dios es realmente amoroso y si Dios es realmente poderoso, entonces no podría permitir que suceda toda la tragedia, dolor, sufrimiento y tristeza que suele suceder en este mundo.
Así que, el ministro televisivo lo envolvió todo en papel de regalo y dijo: “Dios simplemente no tiene nada que ver con esto”. Ahora, estoy seguro de que lo que él estaba tratando de hacer era lograr que las personas se sintieran cómodas, porque ellos no podían… ellos no querían pensar en un Dios que, de hecho, podía estar involucrado en su dolor.
Pero dos cosas vinieron a mi mente en ese momento. Lo primero que pensé fue: “me pregunto si este hombre alguna vez ha leído el Antiguo Testamento”. “Me pregunto si este hombre alguna vez leyó el Nuevo Testamento” porque el Dios del judaísmo, el Dios del cristianismo es un Dios que se especializa en sufrimiento.
Cuando Martín Lutero dijo que la tríada de enemigos de la vida cristiana incluía al mundo, la carne y el diablo, él no incluyó la última, el diablo, solo como una abstracción teológica o como un asunto de doctrina, sino que Lutero tenía una aguda y profunda conciencia personal de la realidad de Satanás; pero hay que entender que cuando la gente estaba preocupada por vivir la vida cristiana en el siglo XVI, tenían una visión de la realidad ligeramente diferente de lo que es normal hoy en día. Lutero estaba tan profundamente consciente de la presencia de Satanás que a menudo hablaba del Anfenctung – el «ataque desenfrenado» que el enemigo, el Príncipe de las Tinieblas, estaba trayendo contra él en su vida personal y Lutero encontraba que la presencia de Satanás a veces era tan tangible que, en una ocasión, tomó un tintero que estaba en su escritorio mientras escribía y lo arrojó en dirección hacia donde todos pensaban que Satanás estaba de pie. Lo que consiguió por su reacción fue una pared llena de tinta. Tenía otras formas menos artísticas para deshacerse de Satanás, y no las mencionaré en esta sesión.
Pero, lo que sí tenemos es esta casi preocupación, en el siglo XVI, con respecto a la realidad de Satanás. Pero los tiempos han cambiado y la gente, en su mayoría, no vive de esta forma en nuestros días. Hace unos años estaba enseñando un curso de filosofía aquí en los Estados Unidos en una universidad secular y tenía alrededor de 30 estudiantes en mi clase y de alguna manera el tema del diablo o Satanás surgió y hubo una especie de discusión animada y debate entre los estudiantes, por lo que finalmente decidí hacer una encuesta para saber qué era lo que pensaban todos. Les dije, «¿Cuántos de ustedes creen que realmente hay un demonio personal?». Tres de 30 levantaron sus manos. Ese es el 10%, por lo que, mientras hacía la pregunta, el 90% de mis estudiantes, en este curso de filosofía contemporánea, no creían en la existencia de un verdadero diablo personal. Así que continuamos con más discusiones y les hice la siguiente pregunta. Les dije: «¿Cuántos de ustedes creen en Dios?».
Ahora, no sabía qué esperar con esa pregunta, pero en ese salón de clases en particular, todos levantaron la mano. Es decir, no todos creían necesariamente en la misma idea de Dios, pero todos creían en algún tipo de Ser Supremo, todos los que estaban en ese salón. Entonces dije, «Bueno, eso es desconcertante para mí. ¿Por qué estamos 100% de acuerdo con la idea de Dios y solo el 10% está de acuerdo con la idea de Satanás?». Les dije, «Díganme», les dije, «¿Cuántos – déjenme preguntarles esto, ¿Cuántos de ustedes creen en Dios, si es que yo defino a Dios de la siguiente manera: que Dios es un Ser sobrenatural que tiene la capacidad o habilidad de influir en los seres humanos para hacer el bien?». Todos estuvieron de acuerdo con eso.
Les dije: «ahora, ¿qué pasa si defino a Satanás como un ser sobrenatural con la capacidad de influir en las personas hacia el mal? ¿Qué es lo que los hace estar tan dispuestos a ratificar el Ser sobrenatural que puede influir en nosotros hacia el bien, pero son igualmente rápidos en negar el ser sobrenatural que podría influir en nosotros hacia el mal? ¿Es acaso que en nuestra experiencia vivimos en una cultura y un mundo que están tan abrumadoramente inclinados en favor del bien en vez del mal – que hay mucha mayor evidencia de la influencia sobrenatural hacia el bien de lo que hay influencia sobrenatural hacia el mal, que no damos ninguna credibilidad a la mala influencia?». Ellos dijeron, «No, no, no. Esa no es la razón».
Entonces le dije, «Bueno, ¿por qué afirmas lo uno y niegas lo otro?» Y uno – uno de los estudiantes respondió y dijo, «Bueno, no puedes estar involucrado en el sofisticado reino de la ciencia contemporánea y todavía creer en cosas como demonios». Y dije, «Oh, ¿es la revolución científica la que ha puesto fin a la creencia de Satanás en la civilización occidental?». Dijeron: «Sí». Dije, «Bueno, ayúdenme aquí. Yo no sé de las ciencias naturales. Sé de filosofía. Así que tendrán que aguantar mi ignorancia en este tema. Díganme, ¿qué hay en los laboratorios científicos o en la teoría científica que de repente ha hecho insostenible la existencia de Satanás? ¿Es la segunda ley de la termodinámica o el descubrimiento del código genético que de repente ha desterrado a Satanás de la credibilidad científica?»
Esperé un buen tiempo para que los estudiantes plantearan algún argumento, algún descubrimiento que haya salido del ámbito científico que arrojara una sombra sobre la idea de Satanás, nadie podía llegar a nada hasta que finalmente uno de los estudiantes dijo, «¿Pero no ve que en nuestra literatura ponemos al diablo en la misma categoría que ponemos a las brujas y duendes y elfos y gnomos y ese tipo de cosas?» Yo les dije: «Bueno, ¿saben? Yo he notado también eso en nuestra cultura, aglutinamos todas estas cosas en la misma categoría». Entonces pensé: «¿Me pregunto por qué?». Obviamente tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre los duendes y tenemos razones sólidas para ser escépticos sobre las brujas, pero Satanás es algo diferente. ¿Por qué? Porque cada vez que estamos debatiendo el tema de la existencia de una cosa u otra, queremos considerar cuál es la fuente para afirmar estas realidades. ¿Es la fantasía de alguien y su imaginación o hay algo más?
Ahora, no puedo alejarme del hecho de que las Sagradas Escrituras enseñan enfáticamente la realidad de Satanás y que, como fuente, ha sido objeto del análisis científico más crítico que cualquier fuente escrita en este planeta. Ahora, puede que no estés convencido de que es una fuente muy creíble. Resulta que estoy muy convencido de que es una fuente creíble y cuando Satanás me dice que – es decir, discúlpenme – cuando las Escrituras me dicen que hay algo como Satanás, eso tiene mucho más peso para mí que el testimonio personal de Shirley MacLaine sobre la reencarnación. Saben, miles de millones de personas creerán en eso solo porque ella lo dice – o el Dalai Lama – o algo así. Así que tenemos que considerar la fuente.
Ahora, una de las razones por las que estoy convencido de que la idea de Satanás ha caído en la incredulidad, es por un profundo malentendido de la historia medieval. En la Edad Media – en la Edad Media la iglesia creía en el verdadero Satanás y la iglesia estaba muy preocupada por encontrar maneras de resistir la influencia de Satanás. Déjenme retroceder un segundo. ¿Se dan cuenta de cuántas veces Jesús habla de la realidad de Satanás y de cómo Jesús ora fervientemente por la protección para Su pueblo de Satanás? ¿Cuántos de ustedes conocen la oración del Señor? Vamos, ustedes saben la oración del Señor, la oración más famosa de la historia. «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días». Sin duda, el bien y la misericordia– esas dos características del Antiguo Testamento. ¡No! «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» y sigue, y sigue. Y continúa la oración del Señor, diciendo, «Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal». Esa es la traducción moderna: «Líbranos del mal».
Ahora, en el Nuevo Testamento, la palabra general y usual para el mal es «poneron», esas dos últimas líneas dicen algo. ¿Recuerdan cuando tenían que tomar clases de griego y tenían que estudiar las diferentes desinencias para el acusativo, el nominativo y ablativo y el genitivo y todo eso que los volvían locos tratando de mantener bien todas esas terminaciones distintas? Bueno, no solo tienen desinencias para los casos, sino que también tienen desinencias para el género, ya sea masculino, femenino o neutro. ¿Recuerdan todos esos ejercicios que tenían que hacer? Bien, la palabra «poneron» es neutra y esa es la palabra habitual que se usa para referirse al mal. Si esta terminación neutra es cambiada a primera persona singular masculina, que termina en «-os», entonces se convierte en lo que llamamos un «terminus technicus»– un término técnico, el título para una persona específica. La palabra «poneros» en el Nuevo Testamento es un título reservado para Satanás. «Ho poneros», significa literalmente «el malvado».
Ahora, damas y caballeros, la oración del Señor, así como está registrada en el Nuevo Testamento, no usa «poneron», sino que utiliza «poneros». Lo que Jesús estaba diciendo a Sus discípulos era lo siguiente: «Cuando ores, ora así: No nos metas en tentación, mas líbranos del enemigo, del maligno. Dios protégenos de las maquinaciones y de las influencias de Satanás». Si eres cristiano, entonces eso quiere decir que le das algo de peso y credibilidad a las enseñanzas de Cristo. Ser cristiano es seguir a Cristo, seguir la enseñanza de Cristo; y lo que estoy tratando de decirles es que, en el corazón de la enseñanza de Jesús había una profunda preocupación por la cruda realidad de Satanás.
Pero a pesar de la centralidad de la enseñanza de Jesús sobre la realidad de Satanás, en nuestros tiempos existe esta persistente oposición a ella. Pero de nuevo, cuando hablo de esto con las personas, me dicen, «Bueno R. C., reconocemos que, tal vez, hay algún tipo de fuerza malvada allá afuera. Es cuando empiezas a hablar de eso en términos personales, como de un individuo en particular, ya saben, eso es lo que nos hace sentir asfixiados. Pero sí creemos que hay algún tipo de fuerza maligna operando por ahí en el universo». ¿Has oído hablar de eso, que Satanás – la idea de Satanás, si va a ser creída por el hombre moderno, debe ser más sofisticado, tiene que ser entendido como una fuerza malvada en lugar de un ser malo, o una persona?
Ahora, hacemos ese cambio para hacerlo más agradable a nuestro progreso intelectual del siglo XX. Si lo analizamos, creo que veremos que lo que hemos hecho es sustituir un concepto intelectualmente fiable por uno que claramente no lo es. Piénsenlo por un momento. ¿Cómo es posible tener una fuerza malvada a menos que esa fuerza sea personal? ¿Pueden el viento o un huracán ser juzgados como inmorales, damas y caballeros? ¿Entienden lo que digo? Las fuerzas, las fuerzas puras, no tienen capacidad moral en ellos, de modo que no es correcto hablar de una fuerza malvada a menos que estemos hablando de una fuerza que proviene de un ser personal que tiene una mente, una voluntad y conciencia. Porque no decimos que las flores están realmente pecando. No pueden pecar porque no están equipadas de forma natural para hacerlo. ¿Entienden lo que digo?
Ahora, de regreso a la Edad Media. ¿Por qué tenemos esta resistencia en nuestros tiempos? En la Edad Media, la iglesia creía en la realidad de Satanás y estaban preocupados en definir formas de protegerse de sus ataques e idearon varias formas – Lutero con su tintero y otras formas más– pero ellos hicieron lo siguiente: Dijeron: «Lo que sabemos de Satanás es que Satanás cayó debido al orgullo y con toda probabilidad, el mayor punto de vulnerabilidad del enemigo está en su orgullo; la Biblia dice, «Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros». Así que la iglesia juntó todo eso y dijo, «Bueno, la mejor manera de resistir a Satanás es burlarse de Satanás – atacar su orgullo, humillarlo – y eso lo alejará porque no puede soportar ser humillado».
Así que, lo que haría la iglesia sería inventar caricaturas, dibujos groseros de Satanás, haciéndole parecer el bufón de la corte, donde lo mostraban con cuernos y pezuñas hendidas y un traje de franela roja y un tridente y todo lo demás, parecido a Mefistófeles. Luego pondrían estas horribles caricaturas en la pared para burlarse de Satanás. Pero lo que sucedió fue que, la siguiente generación vio las pinturas, y dijeron, «No me digas que mis padres creyeron en este pequeño tipo con un traje rojo de franela que andaba con un tridente y pezuñas y cuernos. ¿Qué clase de ingenuidad es esa? ¿Qué tipo de mitología están creyendo?».
Ahora, ciertamente, una lectura superficial de las Escrituras te muestra que Satanás no se describe en ninguna parte como un bufón con traje rojo. Por el contrario, su primera introducción en el Antiguo Testamento es ¿cómo? «Ahora la serpiente era la más astuta»– o sutil –«de todas las criaturas». Podría añadir en primer lugar que, Satanás, desde una perspectiva bíblica, es una criatura, pero es una criatura con dones extraordinarios, si lo quieren poner así. El primer don que se muestra es el don de astucia o sutileza que utilizó con Adán y Eva. El Nuevo Testamento dice que Satanás aparece como un ángel de luz. Aparece como un ángel de luz.
Tenemos una frase, en filosofía y teología, que dice: sub specie boni. Eso significa «algo que parece», «sub specie boni» significa que «se manifiesta aparentando ser del bien, pero de hecho es malévolo». Es decir, el hipócrita más grande de todo el universo es Satanás. Satanás no viene como Darth Vader e intenta hacer un trato contigo, no, no. Él se hace pasar por un ángel de luz. Su sutileza, su astucia está en ser sofisticado, elocuente, atractivo, engañoso. Todo lo que las Escrituras dicen sobre el anti-Cristo y su conexión con Satanás es importante. Permítanme otra vez, permítanme decir esa palabra «anti-Cristo». La palabra «anti» en el Nuevo Testamento se usa de dos maneras, hay un juego de palabras con respecto al anti-Cristo.
Obviamente, ustedes saben la forma en que se usa. «Anti» significa «en contra», alguien que se opone a algo, así que el anti-Cristo es aquel que está en contra y difiere, está opuesto a Cristo. Pero también en anti-Cristo, la palabra «anti» significa «en vez de» o «en lugar de», la forma en que el anti-Cristo se manifiesta bíblicamente es como un sustituto de Cristo. Es la falsificación tratando de imitar lo genuino. Las advertencias de las Escrituras dicen que Satanás y el anti-Cristo, etc., son tan buenos en lo que hacen que, si es posible, podrían engañar incluso a los mismos escogidos. Así que, estoy elaborando este punto, que como verán, el retrato de Satanás que veo en la Escritura es tan diferente de cómo nosotros… – de cómo se retrata en la cultura moderna; no es de extrañar que ya nadie crea en Satanás. ¿Quién creería en caricaturas tan ridículas? Pero Satanás en las Escrituras es el ángel de luz que no se manifestará como un Hitler o un Mussolini o un Idi Amin o algo así, sino vendrá como alguien más parecido a Billy Graham.
Ahora, no quiero sugerir ni por un segundo que Billy Graham esté en alianza con el diablo. No distorsionen lo que he dicho allí, lo que quiero decir es que es ese tipo de persona quien tendrá ese tipo de credenciales, yo creo, nos engañará. Es un ángel de luz, y al mismo tiempo es llamado uno que ruge o devora, un león rugiente que busca, que está buscando a quienes devorar. Así que las Escrituras nos dicen que Satanás no solo es real e inteligente, sino que es tremendo, tan tremendo que el mismo término de fuerza, damas y caballeros, que se utiliza para Cristo, se utiliza para Satanás. Cristo es llamado el «León de Judá», la figura de la realeza. Satanás es llamado «el león rugiente –mentiroso– que busca a quienes devorar». Quiero decir, él es mucho más fuerte que yo, mucho más fuerte que tú, que su oposición, como digo, es tremenda.
Recuerdan a Pedro, cuando Jesús le advirtió de que Satanás entraría en su corazón diciendo: «Me vas a traicionar». «Oh, no, no lo haré» le dijo a Jesús. Pedro dijo «Nunca haría eso». Jesús respondió, «Lo harás en las próximas 24 horas, y lo harás tres veces». «¡Yo no! Deja que todos los demás caigan en ese tipo de tentación, Jesús, pero tú sabes que te seguiré hasta el final del camino. Nunca podría hacerlo». ¿Alguna vez has hablado así? ¿Qué dijo Jesús? «Simón, Simón, Satanás te tendrá y te zarandeará como a trigo» El gran pescador, el fuerte e impetuoso Pedro, el que puede enfrentarse a cualquiera – Jesús le dijo, «Eres pan comido – arcilla en la mano – trigo cernido». Nunca subestimes el poder de Satanás. Es más fuerte que tú. Es más listo que tú. Es más engañoso de lo que tú nunca serás.
Cuando miro las advertencias sobre esto en las Escrituras, es suficiente para hacerte querer correr por tu vida. Escucha lo que Pablo dice en un pasaje de Efesios que has oído muchas veces. «Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes».
El cristianismo es completamente sobrenatural. Quita lo sobrenatural del Nuevo Testamento y habrás destripado el Nuevo Testamento. De hecho, tratar de reconstruir el cristianismo sin lo sobrenatural creo que es fundamentalmente una tarea deshonesta. Aquí el apóstol, de una manera didáctica, está diciendo: «Mira, estás en una lucha. Estás tratando de agradar a Dios. Quieres vivir una vida que es una que muestre la santificación, pero es una batalla. Es una batalla con la carne. Es una batalla con el mundo. Pero la batalla en la que estás va más allá de esto. No estamos luchando contra carne y sangre, sino contra poderes, principados, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, en los «uranos» en los cielos. Un mal cósmico es con lo que estamos lidiando aquí en un reino invisible. Ese es el reino de lo sobrenatural.
¿Ven? En el corazón mismo del manifiesto cristiano está el hecho de que el cristianismo está basado en una revelación – que recibimos información que está fuera del alcance de la percepción normal y empírica – que obtenemos información del reino metafísico, del reino noúmeno, de lo que trasciende lo observable. Dios nos dice que hay una dimensión de la realidad allí que no es visible a simple vista; pero que esa realidad que no es visible a simple vista tiene una profunda influencia en nuestras vidas. Ahora podemos entender esto a modo de analogía, ¿cierto? Me refiero a que, hay partículas submicroscópicas y realidades que hemos sido capaces de descubrir en los últimos siglos que las generaciones anteriores de seres humanos no conocían en absoluto, sobre un mundo invisible que tiene un profundo impacto en sus vidas.
Ahora, hay dos problemas que el cristiano tiene con Satanás. Uno está en subestimar la realidad y el poder de Satanás. Para Satanás – no hay nada que lo haga más feliz que una generación de cristianos que no creen que exista porque entonces puede trabajar tranquilo. Tiene una tarjeta diabólica de American Express. Puede ir a donde él quiera y entrar. Nadie lo va a molestar porque nadie cree que esté allí. ¿Qué mejor ventaja podría tener? Pero si eso no funciona en una cultura, la gente tiende a ir al otro extremo. El otro peligro es sobreestimar el poder de Satanás. Nuestra propia cultura cristiana, ha reaccionado de tal forma que ahora está tan preocupada con Satanás, que ya no queda espacio para la actividad humana. Todo mal y todo pecado es el resultado de la opresión o posesión satánica. De hecho, es la acusación de Satanás, la cual creo que es la obra principal del diablo en la vida del cristiano, y esa es la dimensión que vamos a abordar en nuestra próxima sesión, donde consideraremos lo importante que es tener una conciencia limpia, tener una fuerte certeza de la seguridad del perdón a medida que libramos esta lucha por el crecimiento personal.
Esta es una serie de enseñanza de 6 edificantes lecciones donde el Dr. Sproul nos muestra cómo ser diligentes para vencer a nuestros enemigos: el mundo, la carne y el diablo. Esta serie es una mirada alentadora y realista a ese proceso que dura toda la vida: la santificación.
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Una de las interrogantes que escucho con frecuencia de personas que buscan sinceramente hacer la voluntad de Dios es la pregunta: «¿Qué es lo más importante que Dios desea de mí en la vida cristiana?» Es como el hombre de negocios que siempre hace la pregunta, «¿Cuál es el asunto principal?» Vamos a obviar todos los detalles y el sinfín de posibilidades y los mil y tantos preceptos. ¿Qué es lo que realmente le importa a Dios en términos del enfoque principal, el objetivo principal, el fin principal de la vida cristiana? Y lo que me gustaría hacer en esta sesión es centrarme en lo que creo que la Biblia dice que es la respuesta a esa pregunta. Al leer las Escrituras, me parece que el asunto central, el objetivo principal de la vida cristiana es la justicia, que lo que Dios quiere de nosotros más que cualquier otra cosa es la justicia.
Ahora, lo resalto por una razón. Escucho a los cristianos hablar todo el tiempo sobre la piedad, sobre la espiritualidad e incluso sobre la moralidad, pero casi nunca escuchas a nadie hablar de justicia. De hecho, nunca he tenido un estudiante en el seminario que se me acerca y me diga: «Profesor Sproul, ¿cómo puedo llegar a ser una persona justa?» Ahora, tal vez eso dice más de mí que de mis estudiantes, que ni se preocupan en hacerme tal pregunta, pensando que están perdiendo su tiempo. Pero los escuchas preocupados por «Quiero ser más espiritual», «Quiero ser más moral», y cosas así, o más piadosos, pero le huyen a ese término ‘justo’, y tal vez sea porque nadie quiere pecar de santurrón; y en nuestro vocabulario actual, la misma palabra ‘justicia’ se ha convertido en una especie de carga. Pero si Jesús entrara a este salón, en este momento, y le decimos: «Señor, ¿cuál es la prioridad principal que tienes para tu iglesia?» Si Él respondiera ahora mismo a esa pregunta de la manera en que respondió en el período del Nuevo Testamento, Él diría esto: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas».
Veamos por un momento este texto que todos hemos oído. Cuando Jesús dice: «Busca primero su reino y su justicia», la palabra para ‘primero’ es la palabra ‘protos’, y en el idioma griego, el término ‘protos’ no significa simplemente ‘primero en una secuencia de eventos, es decir, un procedimiento serializado donde tienes el primero y el segundo y el tercero y el cuarto y el quinto y así por el estilo. Jesús no se refiere simplemente al número uno en términos de orden cronológico, sino que esta palabra ‘protos’ en el Nuevo Testamento lleva la connotación de lo que es primero, no solo en orden de secuencia, sino que es lo principal en términos de importancia. Es decir, cuando Jesús dice: «Busca primero el reino de Dios», está diciendo: «Esta es la prioridad máxima de la vida cristiana, buscar el reino de Dios y la justicia de Dios», y entonces lo que Cristo quiere de su pueblo y de sus discípulos es que sean personas que realmente muestran justicia.
Ahora, a menudo digo que una de las afirmaciones más aterradoras que jamás haya salido de los labios de Cristo fue aquella que hizo cuando dijo: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». Ahora, todos han oído de ese pasaje, ¿cierto? Y creo que lo que me desconcierta es que no parecemos estar demasiado preocupados por ello. Es decir, aquí Jesús da una advertencia espantosa. Él da una condición necesaria: si-entonces. A menos que «A» tenga lugar, «B» no puede suceder. A menos que tu justicia supere – es decir, que vaya más allá – de la justicia de los escribas y los fariseos, no tienes oportunidad de entrar en el reino de Dios.
Ahora, hay un par de maneras en que podemos interpretar lo que Jesús está diciendo. Algunos comentaristas miran esa frase de Jesús, y dicen: «Bueno, no tenemos nada de qué preocuparnos porque de lo que Jesús está hablando aquí es de la justicia que es necesaria para nuestra justificación». Para ser justificados, debemos tener la justicia perfecta, y obviamente la justicia de los escribas y de los fariseos era imperfecta; y la única manera de entrar en el cielo es por una justicia perfecta, y gracias a Dios, eso es lo que tenemos por fe en Cristo, donde recibimos por decreto de Dios la imputación de la justicia de Cristo. Y obviamente, su justicia superó la de los escribas y los fariseos, y como poseemos por fe la justicia de Cristo, podemos dar un suspiro de alivio, y no tenemos que preocuparnos por esa terrible advertencia que Jesús dio en esa ocasión.
Ahora, creo que es muy posible que eso sea exactamente lo que Jesús tenía en mente. Que cuando Él dijo: «A menos que tu justicia supere la de los escribas y los fariseos nunca entrarás en el reino de Dios», que tal vez lo que Él tenía en mente era la imputación de su propia justicia que es la única manera en que podemos estar en presencia de Dios. Pero recuerdas que en tiempos de la Reforma, cuando Lutero iba por ahí enseñando la justificación solo por la fe, utilizó una frase latina que desde entonces se ha hecho tan famosa que todo cristiano puede recitarla, que esa persona que está justificada es ‘simul justus et peccator’. Todos conocen esa frase, ¿cierto? ¿ah? ‘Al mismo tiempo, justo y pecador’. «Justo» por la aplicación de la justicia de Cristo, sin embargo, recibimos la justicia de Cristo mientras que todavía, somos pecadores en y por nosotros mismos.
Pero Lutero dijo que en nuestra santificación eso no se queda así – que la persona que es declarada justa por fe, si esa fe es en sí genuina y no solo un alegato de fe o una farsa, sino que es una fe auténtica, entonces Cristo en verdad comenzará a formarse en la vida de esa persona, y esa persona comenzará a mostrar el fruto de la justicia. Y entonces, la otra mitad de los comentaristas ven la advertencia de Jesús y dicen que lo que Jesús quiere decir es que a menos que nuestras vidas empiecen a manifestar una cualidad de justicia que supere la de los escribas y fariseos, entonces esa es la señal más segura que existe de que la fe que profesamos no es genuina. Así que, a pesar de que no enseñamos la justificación por obras, todavía estamos muy preocupados por el hecho de que el Nuevo Testamento nos llama a dar muestra de nuestra fe por nuestras obras; y la justificación es por fe, pero la santificación es donde crecemos en auténtica justicia.
Ahora, si esa declaración de Jesús no les pone los pelos de punta, permítanme empezar a hervir el caldero porque lo que me gustaría hacer en el tiempo que queda en esta sesión es considerar la justicia de los escribas y los fariseos– considerar ese nivel de justicia que estamos llamados a superar si es que queremos complacer a Dios con nuestra vida. Es muy fácil para nosotros simplemente descartar esa declaración de Jesús porque decimos: «Bueno, superar la justicia de los escribas y los fariseos, eso es pan comido. ¡Eso es recontra fácil, por favor! Ellos son los que fueron el objeto principal de la ira de Jesús». Cada vez que pensamos en los malos del Nuevo Testamento, pensamos en los fariseos. Fueron lo peor de lo peor. ¿Por qué los fariseos eran llamados ‘fariseos’? No leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento, ¿verdad? La razón por la que no leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento es porque no existían fariseos en el Antiguo Testamento. Los fariseos, como un partido en Israel, surgieron después del exilio y del regreso del exilio.
Bueno, lo que ocurrió fue que la nueva generación de israelitas empezó a adoptar las prácticas paganas de aquellos que estaban en el lugar, y olvidaron sus tradiciones. Olvidaron la Ley de Moisés y las promesas del pacto que Dios había hecho, y entonces, un grupo de personas especialmente devotas surgió en la nación, eran el equivalente antiguo –damas y caballeros– de los puritanos. Tenían este profundo deseo de reformar la fe de Israel y de restaurar la devoción en la nación. Ellos eran los conservadores de Israel que querían volver al pasado y recuperar la pureza prístina de la comunidad de Israel, por eso se apartaron, a raíz de este celo estricto por obedecer la ley de Dios; y debido a su deseo cerrado obstinado hacia la justicia, fueron llamados los ‘apartados’, los ‘fariseos’.
En otras palabras, lo que digo es esto: que los fariseos como agrupación tienen su inicio en la historia como un grupo de hombres cuya única actividad en la vida era la búsqueda de la justicia. Se especializaron en la búsqueda de la justicia. No había nada casual o superficial en su celo por lograr la justicia. Dudo que sepan de alguien que tenga el mismo tipo de determinación de encontrar la justicia que tenían los fariseos como grupo. Pero pensamos, «Oh, bueno, sí. Tal vez así es como empezaron, pero ya para el primer siglo habían degenerado en tal grado de impiedad que eran un grupo de hipócritas y tanto así que Jesús los llamó «víboras» y los amenazó con el infierno y todo lo demás.
Bueno, veamos si estas personas del siglo I que incurrieron en la ira de Cristo lograron algún elemento de justicia, al menos por el testimonio de Jesús. Escuchamos a Jesús denunciando a los fariseos cuando Él les dice: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros». Ahora, esta es una acusación bastante incisiva que Jesús hace de estas personas, pero mientras Él está haciendo esta crítica, Él reconoce que son evangélicos, o al menos evangelistas, no en el sentido de que estaban yendo por ahí predicando el Evangelio, sino que tenían un celo por el alcance misionero, un celo por el evangelismo y la conversión que no tenía paralelo en el mundo antiguo.
Así que, en ese sentido, digamos que lo primero que aprendemos sobre los fariseos del Nuevo Testamento es que eran evangelistas. ¿Qué tan preocupados por las misiones y el evangelismo estaban estas personas conservadoras? Jesús dijo que recorrerían el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión: recorrer el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión. Yo paso nueve meses de cada año, lejos de mi casa, viajando de un lado a otro y dando conferencias, enseñando y todo eso, y lo hago porque ese es mi trabajo y ese es mi llamado. Esa es mi vocación, pero dudo que si llegara una invitación a nuestra oficina en Orlando, y dijera: «RC, vivo aquí en el estado de Washington, y no he tenido la oportunidad de escuchar mucha enseñanza sobre el libro de Romanos en mi vida. Me pregunto si estarías dispuesto a volar hasta aquí y pasar un par de días enseñándome unas clases sobre Romanos».
Dudo que aceptemos esa invitación para enseñar, ir hasta el otro lado de los Estados Unidos para hablar con una persona. No creo que lo haría porque no tengo el celo por ir más allá, como estas personas lo tenían: que recorrían tierra y mar para hablar con una persona, para persuadir a una persona de su forma de pensar. Entonces, al menos en ese sentido, en términos de fervor misionero y celo evangelista, los fariseos hacen que me avergüence, y sospecho que ese es el mismo efecto en la mayoría de ustedes. ¿Qué más nos dice de los fariseos? «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas».
Ahora, lo segundo que aprendemos de los fariseos es que eran diezmadores. No solo diezmaban, damas y caballeros, sino que eran escrupulosos en obedecer las leyes de Dios en cuanto al diezmo. En otras palabras, ellos practicaban lo que predicaban. La última encuesta que vi, una que hicieron a «cristianos evangélicos» en los Estados Unidos, indicaba que el cuatro por ciento de los que dicen ser cristianos evangélicos diezman de sus ingresos. Cuatro por ciento. Recuerdan el libro de Malaquías donde el profeta Malaquías es enviado por Dios a la casa de Israel, prácticamente como fiscal. Esa fue una de las funciones del profeta en el Antiguo Testamento, convocar al pueblo de Israel ante el tribunal de Dios, a veces para presentar cargos contra ellos por violar los términos de su pacto; y en este caso, Malaquías viene, y la acusación que trae al pueblo es la acusación de cometer robo contra Dios. Y entonces dice, «¿Robará el hombre a Dios?»
Él plantea la pregunta, y es una pregunta retórica como, «¿Qué podría ser más impensable que el que un ser humano tenga la audacia de robarle al Dios Todopoderoso?» Y entonces la respuesta es… ¿qué? «¿En qué te hemos robado?» «En los diezmos y en las ofrendas». Y el profeta habla a la nación y dice: «Al retener tus ofrendas y tus diezmos, en realidad le estás robando a Dios». Ponlo en términos del Nuevo Testamento. ¿Cómo alguien podría buscar primero el reino de Dios y robar del reino de Dios al mismo tiempo? ¿Eso es concebible para ustedes? Y ahora los fariseos escucharon eso, y comprendieron el deber que todo miembro de la comunidad del pacto tenía ante Dios, y el deber era pagar ese diez por ciento, pagar ese diezmo al almacén en Israel. Ahora, eran tan, como dije, tan escrupulosos al respecto que no solo diezmaban en general.
Ahora, el diezmo, en su mayor parte, se pagaba en productos o ganado, y funcionaba así: Si criaste ganado y en un año dado nacieron diez terneros nuevos, entonces ¿qué había que hacer? Uno de esos diez terneros sería devuelto a Dios. Si sembraste trigo, cebada o avena, el diez por ciento de la producción iba a Dios, y era lo primero que se hacía, cabe destacar. ¿Bien? Ahora, lo que hicieron los fariseos y los escribas fue esto: si cultivaban verduras o algo más y tenían 50 barriles de trigo, diezmaban cinco barriles de trigo, pero si encontraban unas: diez plantas pequeñas de menta que crecieron junto a su puerta tomaban una y la entregaban a la iglesia. Así de escrupulosos eran. Sería algo así: Si tú, a fin de mes haces los cálculos de todo el ingreso que tuviste, y entregas tu diez por ciento a Dios, pero estás caminando por la calle y te encuentras una moneda de 10 centavos en la vereda. Lo que pasaría con el fariseo es que su conciencia le molestaría a menos que tome un centavo y se asegure de diezmar ese centavo de diez que encontró y mantener esas cuentas bien saldadas con Dios.
Ahora, Jesús dijo: «Eres escrupuloso con el diezmo, pero omites los asuntos de más peso de la ley». ¡Uf! Es buena noticia saber que Jesús no consideraba el diezmo como uno de los asuntos de más peso de la ley. ¡Eso era una pequeñez! Ese era un asunto menor de la ley. Él dijo, «Estas cosas que deberías haber hecho, me alegro de que hayas dado tu diezmo», eso dijo. «Pero ustedes han omitido los asuntos de más peso de la ley – justicia y misericordia y fe». Ahora, cuando escucho a Jesús hablar así con ellos, puedo oír nuestra defensa como cristianos contemporáneos diciendo: «Bueno Señor, sí, hemos sido negligentes con el diezmo. El 96% de nosotros te hemos robado sistemáticamente y no hemos hecho de la expansión de tu reino una prioridad tal que estemos dispuestos a desprendernos de nuestros propios recursos para darte de lo que tú nos has dado, y como una medida real de nuestra obediencia y fe, etc.».
Y ya escucho a la gente diciendo: «¡Ah! ese es el Antiguo Testamento. Ya no hay que hacer eso». Así es. Fue más fácil en el Antiguo Testamento. El nuestro es un pacto mejor, un pacto más rico, con muchos más beneficios de los que recibieron en el Antiguo Testamento y, podría agregar, muchas más obligaciones y responsabilidades. El punto de partida de la vida cristiana es el diezmo. Eso es una pequeñez, es simple. Eso es una cosita. Pero decimos: «Podríamos decirle a Jesús: Jesús, queremos complacerte con nuestras vidas y por eso no nos preocuparemos por los asuntos menores y más ligeros de la ley como el diezmo. Te ofrecemos justicia, misericordia y fe». Me pregunto cómo nos iría con eso. Creo que a menos que seamos fieles en pequeñas cosas, es muy poco probable que seamos fieles en los asuntos de más peso de la ley. Y así, aun cuando Jesús está reprendiendo a los fariseos, al menos los felicita reconociendo el hecho de que al menos ellos diezman. Eran diezmadores.
¿Qué más? Estaban en debate continuo con Jesús sobre lo que dice la Escritura, y Jesús dijo: «Examináis las Escrituras. Haces bien. Pensando que en ellas tenéis vida eterna». Pero este grupo de personas, una vez más, que recibieron la denuncia más vehemente de Jesús durante el ministerio terrenal de Jesús, fueron reconocidos por Jesús como estudiantes serios de la Biblia. Dudo que hubiera un fariseo en todo Israel que no creyera en la inspiración de la Biblia, la infalibilidad de la Biblia y la inerrancia de la Biblia. Su doctrina de las Escrituras era impecablemente ortodoxa, y no solo tenían una buena perspectiva de las Escrituras, sino que estudiaban la Escritura. La memorizaban. Siempre ganaban los concursos bíblicos en las iglesias. El problema fue que nunca entró en su torrente sanguíneo, ¿cierto? ¿Ven por qué esto es tan espantoso?
Es decir, hay todo tipo de personas en la iglesia quienes no se preocupan en absoluto por el evangelismo, que no pensarían en el diezmo y que nunca han abierto la Biblia. Ni siquiera han cumplido con los requisitos mínimos de los fariseos, pero ¿qué pasa si hemos hecho todas estas cosas, si somos evangelistas, damos nuestros diezmos, estudiamos la Biblia al revés y al derecho? Eso no prueba nada. Un punto más en cuanto a los fariseos – y eso que hay mucho más por decir, pero el tiempo no lo permite – es que una de las cosas que Jesús se quejó de los fariseos fue su ostentosa exhibición de piedad a través de sus oraciones largas. Los fariseos pasaban, mucho tiempo en ejercicios rigurosos y espirituales, y en oración. De hecho, les encantaba que en reuniones públicas los llamaran para orar porque eran muy elocuentes y la gente los aplaudía.
Eran los maestros, los predicadores, los que oraban, los evangelistas, los religiosos profesionales de su época. Pero el único problema que surge una y otra y otra en lo que vemos el patrón del Fariseo del Nuevo Testamento es que la religión del fariseo era estrictamente externa. La palabra que Jesús usa para ellos una y otra vez es la palabra «hupokrités» – hipócrita – que significa «uno que es un actor de teatro», uno que en la superficie manifiesta una religiosidad, una especie de piedad, pero cuya vida, en la dimensión más profunda, nunca, nunca alcanza la justicia auténtica. Ahora, de nuevo, el peligro aquí de reducir la vida cristiana a lo exterior es un peligro que sucede en todas las épocas. No estoy diciendo que se supone que debamos descuidar lo exterior.
De nuevo, aquí no se trata de lo uno o lo otro. Jesús dice: «Estas son las cosas que debías haber hecho, sin descuidar aquellas». No estoy sugiriendo que podamos decir: «Oh, bueno, podemos prescindir de la oración, de las disciplinas espirituales, podemos prescindir de la lectura bíblica y de todo eso siempre y cuando realmente seamos amables con nuestro prójimo y procuremos la justicia y todo eso y olvidemos toda esta piedad». No, no, no. Esa no es la letra o el espíritu, pero la piedad es la letra y el espíritu. Es lo externo y lo interno. Es el exterior y el interior. No es el interior sin el exterior, y no es el exterior sin el interior; pero la justicia auténtica implica obediencia a los mandamientos de Dios.
R.C. Sproul
El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
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