Cómo conocer la voluntad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cómo conocer la voluntad de Dios

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Cómo buscar la voluntad de Dios.

Cuando las personas tratan de encontrar la voluntad de Dios, normalmente se preocupan por tomar las decisiones correctas según el plan general de Dios para sus vidas. Esto es cierto, ya sea que estemos tomando decisiones para nosotros mismos o ayudando a nuestros seres queridos a tomar decisiones cruciales en sus vidas. Estas decisiones pueden ser asuntos como cuál carrera universitaria elegir, con quién casarse, cuándo tener hijos y cuántos tener, cómo educar a nuestros hijos, a cuál iglesia asistir, dónde vivir y cuál tratamiento médico seguir.

Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios.

Estos asuntos son importantes y no debemos minimizar su valor. Sin embargo, tomarlos en serio no significa intentar descifrar la mente de Dios para entonces estar seguros de haber tomado la decisión correcta. La realidad es que no podemos comprender la mente de Dios ni tampoco podemos conocer la voluntad secreta o decretiva de Dios (voluntad de decreto), la cual es Su plan eterno establecido soberanamente para toda la creación. Por otro lado, sí podemos conocer la voluntad revelada o preceptiva de Dios (voluntad de precepto), la cual envuelve lo que Dios nos ha revelado soberanamente en la Escritura sobre Sí mismo, Sus caminos y Su ley para nosotros. La voluntad preceptiva de Dios nos dice lo que es agradable ante Él según Su carácter santo.

Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios. Cuando buscamos la Palabra de Dios para ayudarnos a tomar decisiones, aprendemos a pedirle al Señor por sabiduría y por la guía del Espíritu Santo, aprendemos a caminar por el Espíritu en humildad y santidad, a buscar sabiduría en consejeros y ancianos sabios y confiables, a escuchar y a honrar a nuestros padres y madres, a considerar nuestros dones, prioridades y recursos, a no atravesar una puerta simplemente porque está abierta y, a veces, a derribar una puerta cuando parece estar cerrada, a simplemente hacer algo, y en otros momentos, a esperar en el Señor hasta que nuestro camino se aclare. Porque, como dice Pablo: «No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Rom 12:2).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

5 – LA LEY DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

5 – LA LEY DE DIOS

R.C.Sproul

Dios gobierna a su universo por la ley. La propia naturaleza funciona bajo su gobierno providencial. Las así denominadas leyes de la naturaleza son simples descripciones de la manera normal que Dios tiene de ordenar su universo. Estas «leyes» son expresiones de su voluntad soberana.

Dios no le rinde cuentas a ninguna ley fuera de sí mismo. No existen normas cósmicas independientes que obliguen a Dios a obedecerlas. Por el contrario, Dios es su propia ley. Esto decir que Dios actúa de acuerdo con su propio carácter moral. Su propio carácter no es solo moralmente perfecto, sino que es el patrón estándar de la perfección. Su acciones son perfectas porque su naturaleza es perfecta, y Él siempre actúa de acuerdo con su naturaleza. Por lo tanto, Dios nunca es arbitrario, caprichoso o antojadizo. Siempre hace lo que es correcto.

Como criaturas de Dios, a nosotros también se nos exige que hagamos lo que es correcto. Dios nos exige que vivamos una vida de acuerdo a su ley moral, la cual nos ha revelado en la Biblia. La ley de Dios es el estándar de justicia y la norma suprema para juzgar el bien y el mal. Dios tiene la autoridad para imponernos obligaciones, para exigir nuestra obediencia, y exigir el compromiso de nuestras conciencias, porque Él es nuestro soberano. También tiene el poder y el derecho para castigar la desobediencia cuando violamos su ley. (El pecado puede ser definido como la desobediencia a la ley de Dios.)

Algunas leyes de la Biblia están directamente basadas en el carácter de Dios. Estas leyes reflejan los elementos transculturales y permanentes de las relaciones, tanto divinas como humanas. Otras leyes obedecieron a condiciones pasajeras de la sociedad. Esto significa que algunas leyes son absolutas y eternas, mientras que otras pueden ser anuladas por Dios por razones históricas, como las leyes ceremoniales y de dieta de Israel. Solo Dios puede abolir dichas leyes. Los seres humanos nunca tienen la autoridad para abolir la ley de Dios.

No somos autónomos. Es decir, no se nos permite vivir de acuerdo con nuestra propia ley. La condición moral de la humanidad es la de heteronomía: vivimos bajo la ley de otro. La forma específica de heteronomía bajo la cual vivimos es la teonomía, o la ley de Dios.

Resumen

l. Dios gobierna al universo por leyes. La gravedad es un ejemplo de las leyes de Dios para la naturaleza. La ley moral de Dios está en los Diez Mandamientos.

2. Dios tiene la autoridad para imponer obligaciones a sus criaturas.

3. Dios actúa de acuerdo a la ley de su propio carácter.

4. Dios nos revela su ley moral a nuestras conciencias y en la Escritura.

5. Solo Dios tiene la autoridad para abolir sus leyes.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ex. 20:1-17

Ps. 115:3

Mat. 5:17-20

Rom. 7:7-25

Gal. 3:23-29

Autonomía = Auto nomos = Ley propia

Heteronomía = Hetera nomos =  Ley de otros

Teonomía =  Theo nomos =  Ley de Dios

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

El Credo de Atanasio

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VII

El Credo de Atanasio

Atanasio

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VII

Desde que las epístolas del Nuevo Testamento fueron escritas, los cristianos han recibido consejo sobre cómo deben vivir la vida cristiana. ¿Cuánto debemos orar? ¿Cuán lejos podemos llegar en el logro de la santidad bíblica en esta vida? ¿Es la perfección un Quicumque vult: esta frase es el título atribuido a lo que se conoce popularmente como el Credo de Atanasio. A menudo se le llamaba Credo de Atanasio porque durante siglos la gente atribuyó su autoría a Atanasio, el gran campeón de la ortodoxia trinitaria durante la crisis de la herejía del arrianismo que estalló en el siglo IV. Esa crisis teológica se centró en la naturaleza de Cristo y culminó en el Credo Niceno en el 325. En el Concilio de Nicea de ese año, el término homoousios fue la palabra polémica que finalmente se vinculó a la confesión de la Iglesia sobre la persona de Cristo. Con esta palabra, la Iglesia declaró que la segunda persona de la Trinidad tiene la misma sustancia o esencia que el Padre, afirmando así que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en ser y en eternidad. Aunque Atanasio no escribió el Credo Niceno, él fue su principal campeón contra los herejes que siguieron a Arrio, quienes argumentaron que Cristo era una criatura exaltada pero menos que Dios.

Atanasio murió en el año 373 d. C., y el epitafio que apareció en su lápida es famoso hoy en día, ya que captura la esencia de su vida y ministerio. Decía simplemente: «Atanasius contra mundum», es decir, «Atanasio contra el mundo». Este gran líder cristiano sufrió varios exilios durante la amarga controversia arriana debido a la firme profesión de fe que mantuvo en la ortodoxia trinitaria.

Aunque el nombre de «Atanasio» se le dio al credo a lo largo de los siglos, los estudiosos modernos están convencidos de que el Credo de Atanasio fue escrito después de la muerte de Atanasio. Ciertamente, la influencia teológica de Atanasio está incrustada en el credo, pero con toda probabilidad él no fue su autor. El título que presenta, Quicumque Vult, sigue la tradición que la Iglesia católica romana utiliza para las encíclicas y los credos. Estas afirmaciones eclesiásticas obtienen su nombre de la primera palabra o palabras del texto latino. El Credo de Atanasio comienza con las palabras quicumque vult, que significa «todo el que quiera o, quienquiera que desee», debido a que esta frase introduce la primera afirmación del Credo Atanasiano. La afirmación es esta: «Todo el que quiera salvarse debe, ante todo, guardar la fe católica». El Credo Atanasiano busca presentar de manera resumida aquellas doctrinas esenciales para la salvación que la Iglesia afirma con referencia específica a la Trinidad.

Con respecto a la historia de los orígenes del Credo Atanasiano, en la actualidad generalmente se considera que el credo se escribió por primera vez en el siglo V, aunque también es posible que haya sido en el siglo VII, ya que el credo no aparece en los anales de historia sino hasta el año 633, en el cuarto Concilio de Toledo. Fue escrito en latín y no en griego. Si fue escrito en el siglo V, varios posibles autores han sido mencionados debido a la influencia de su pensamiento, incluyendo a Ambrosio de Milán y Agustín de Hipona, pero más probablemente fue escrito por el santo francés Vicente de Lerins.

El contenido del Credo Atanasiano enfatiza la afirmación sobre la Trinidad de que todos los miembros de la Deidad son considerados increados y coeternos y de la misma sustancia. En la afirmación de la Trinidad, la naturaleza dual de Cristo recibe una importancia central. Así como el Credo Atanasiano en un sentido reafirma las doctrinas de la Trinidad expuestas en el siglo IV en Nicea, así también recapitula las fuertes afirmaciones del Concilio de Calcedonia en el siglo V (451). Luego de que la Iglesia luchó contra la herejía arriana en el siglo IV, el siglo V produjo las herejías del monofisismo, que redujeron a la persona de Cristo a una sola naturaleza, mono fisis, una sola naturaleza teantrópica (Dios-hombre) que no era puramente divina ni puramente humana. En la herejía monofisita de Eutiques, la persona de Cristo era vista como una persona con una sola naturaleza, la cual no era ni verdaderamente divina ni verdaderamente humana. Desde este punto de vista, las dos naturalezas de Cristo se confundieron o se mezclaron. Al mismo tiempo que la Iglesia luchaba contra la herejía monofisita, también luchaba contra la visión opuesta, el nestorianismo, la cual buscaba no tanto confundir y mezclar las dos naturalezas sino separarlas, llegando a la conclusión de que Jesús tenía dos naturalezas y era por lo tanto dos personas, una humana y una divina. Tanto la herejía monofisita como la herejía nestoriana fueron claramente condenadas en el Concilio de Calcedonia en el 451, donde la Iglesia, reafirmando su ortodoxia trinitaria, declaró su creencia de que Cristo, o la segunda persona de la Trinidad, era vere homo y vere Deus, verdadero hombre y verdadero Dios. Además, declaró que las dos naturalezas en su perfecta unidad coexistían sin mezcla, confusión, separación o división, cada naturaleza conservando sus propios atributos. Así que con una afirmación de credo se condenó tanto la herejía del nestorianismo como la herejía del monofisismo.

El Credo Atanasiano reafirma las distinciones establecidas en Calcedonia, en donde la declaración atanasiana llama a Cristo «perfecto Dios y perfecto hombre». A los tres miembros de la Trinidad se les considera increados y, por lo tanto, coeternos. También, luego de las afirmaciones anteriores, se declara que el Espíritu Santo procede del Padre «y del Hijo», afirmando el concepto llamado filioque que fue tan controversial con la ortodoxia oriental. La ortodoxia oriental hasta el día de hoy no acepta la idea filioque.

Finalmente, los estándares atanasianos examinaron la encarnación de Jesús y afirmaron que en el misterio de la encarnación la naturaleza divina no mutó o cambió a una naturaleza humana, sino que la naturaleza divina inmutable tomó sobre sí misma una naturaleza humana. Es decir, en la encarnación la naturaleza divina asumió una naturaleza humana y no hubo mutación de la naturaleza divina en una naturaleza humana.

El Credo Atanasiano es considerado uno de los cuatro credos autoritativos de la Iglesia católica romana y, de nuevo, declara en términos concisos lo que es necesario creer para ser salvo. Aunque el Credo Atanasiano no recibe tanta publicidad en las iglesias protestantes, prácticamente todas las iglesias protestantes históricas afirman las doctrinas ortodoxas de la Trinidad y la encarnación.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Motivando la Oración Bíblica

9Marcas

Serie: Discipulado

Clase 7

Motivando la Oración Bíblica

Hoy vamos a hablar acerca de: (1) la importancia de la oración; (2) ayudar a otros a orar regular y fielmente; (3) motivar a otros a orar de manera efectiva y según la voluntad de Dios; (4) ayudar a otros a entender como Dios responde a las oraciones.

  1. La oración es importante

Necesitamos recordar que el objetivo principal del discipulado es exhortar a nuestro amigo a una mayor comunión con Dios y santidad personal que glorifique a Dios. Necesitamos enseñar a los demás a conocer, amar y obedecer a Dios, y esto no será alcanzado sin la oración.

1 Corintios 3:5-9 ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. (RVR60)

El punto destacado aquí es que si no hay oración, hay muchas probabilidades de que tus esfuerzos de discipulado fracasen. Lo primero que hago por alguien que estoy discipulando es orar por ellos diariamente. Si hoy olvidas todo lo demás pero recuerdas esto, consideraré que la clase fue un éxito.

Se nos dice en Juan 17:3: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» (RVR60) Así como podemos conocer a otras personas cuando hablamos con ellos, la oración es una de las maneras principales en que podemos llegar a conocer a Dios, y una de las maneras claves en que glorificamos a Dios y decimos que amamos glorificar. Por tanto, necesitamos motivar a nuestros amigos a orar de forma regular.

Hablándoles de nuestro Señor como nuestro ejemplo más importante, vemos que Jesús apartó tiempo para orar.

En Mateo 14:23 y Marcos 1:35, vemos a Jesús yendo hacia un lugar solitario. Todo el capítulo 17 del libro de Juan habla de la oración que Jesús hizo a Dios antes de ser traicionado y arrestado.

Jesús también instruyó a sus discípulos a orar repetidas veces.

En Mateo 6:5-15, Jesús da instrucciones específicas sobre la oración, incluyendo la oración del Señor como un ejemplo para ellos. Jesús comunica la parábola de la viuda y el juez injusto en Lucas 18:1-8 reflejando la importancia de la oración insistente a un Dios justo. Presta una  atención especial al versículo 8; la oración insistente muestra tu fe porque la oración es un acto de fe.

A lo largo de todas las epístolas del Nuevo Testamento, somos motivados a orar.

En Filipenses 4:6Colosenses 4:2 y Tesalonicenses 5:17, por ejemplo, somos exhortados a orar y presentar nuestras peticiones a Dios, a ser dedicados a la oración y a orar sin cesar.

La oración es muy importante. Sin ella el crecimiento es atrofiado, la fe es débil y la santificación es obstaculizada.

La oración en el discipulado

Si reconocemos que la oración es importante, ¿cómo la podemos motivar en el discipulado?

Motiva a la oración a través del ejemplo (Lucas 11:1)

Una de las maneras más naturales y efectivas es simplemente a través del ejemplo. Si realmente pasas tiempo orando, tu amigo escuchará la manera en que oras. Al igual que nosotros como congregación podemos aprender a orar cuando escuchamos las oraciones de los domingos en la mañana y la noche (AM: tipos de oración – HECHOS; orando por otras iglesias, personas en autoridad, la expansión del evangelio hacia otros países; PM: cambios de vida; evangelismo), ¡podemos transmitir la oración apropiada y efectiva a nuestros amigos simplemente orando con ellos!

Lucas 11:1 Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. (RVR60) Vemos en Lucas 11:1 la manera en que Jesús dio ejemplo de la oración frente a sus discípulos y como ellos respondieron a este ejemplo.

Motiva la oración a través de la instrucción (Lucas 11:2)

Además, debemos ayudar a nuestros amigos de manera intencional enseñándoles cómo orar. Con esto NO me refiero a darle a alguien las palabras exactas para sus oraciones («Bob, haz esta oración después de mí… ̒Yo, Bob, me arrepiento de mis pecados y le pido a Cristo que entre a mi corazón.̓ )

En lugar de eso, puedes enseñarles cómo orar:

  1. Comparte peticiones de oración y acuerden orar uno por el otro. Recuérdense el pacto de la iglesia[1] y motiven la comunidad de la iglesia.
  2. Den ejemplo de una buena oración al darle seguimiento a tu amigo durante la semana. Envía peticiones de oración.
  3. Para ir un paso hacia adelante, desafía a tu amigo a apartar tiempo para orar cada día.
  4. Cuando él se encuentre enfrentando decisiones importantes, motívalo a orar por ellas.

Utilizando un libro para enseñar a orar: A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], Don Carson, IVP.

Más que eso, lleva a cabo algunas discusiones acerca de la oración, o utiliza algún tiempo para estudiar libros o Escrituras relacionados con la oración. Durante el resto de la clase de hoy hablaremos acerca de como orar de manera efectiva y regular. ¡Piensa acerca de como transmitir estas ideas! ¡Un buen libro que puedes consultar es el de D. A. Carson titulado A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], que utilicé mucho para la clase de hoy! (Busca una copia del libro para mostrarla a la clase. Comunica que está disponible en la librería de CHBC).

  1. Ayudando a los demás a orar regular y fielmente

Planifica orar

Es muy probable que no oremos a menos que planifiquemos orar. Aparta tiempo durante el día para orar y motivar a tu amigo a hacerlo. Periódicamente, pregúntales cómo lo están haciendo y comparte como están tus tiempos de oración. Ejemplo para DVR: comenzando la oración primero en QT.

Maneras de evitar la desviación mental

Adopta algunas maneras prácticas para evitar la desviación mental. Algunas ideas útiles: habla en voz alta las palabras y ten un diario (donde escribimos el contenido de nuestras oraciones de cada día). Ora las oraciones escritas por otras personas utilizando un libro como El Valle de la Visión. Ora a través de la Escritura, utilizando el enfoque en un pasaje como un resumen de lo que orarás O utilizando las palabras, frases e ideas bíblicas del pasaje en tus oraciones. Ora por el directorio de la membresía. Cuando oras una página o dos por día, estás dándole forma a tus motivos de oración.

Ora con otro cristiano

Desarrolla relaciones de oración. Aparta tiempo para reunirte con personas simplemente para orar. Haz que cada uno rinda cuentas de la oración regular. ¡Esto funciona de maravilla en un discipulado!

Dale seguimiento a las oraciones y las respuestas

Desarrolla un sistema de seguimiento de tus oraciones. Considera escribir notas de las peticiones de oración en una mascota de espiral o una hoja de Excel. Recuérdate darle seguimiento a la persona acerca de peticiones específicas de oración. ¡Puedes ser muy motivado cuando tomas tiempo para revisar y darte cuenta de cómo Dios ha respondido tus oraciones!

Ora hasta que ores

Ora hasta que realmente comiences a orar. Cuando comenzamos a orar nuestra mente muchas veces lucha para calmarse y enfocarse en nuestras oraciones. Cuando comiences a orar toma tiempo para que tu mente se calme y se enfoque en Dios.

Este es solo un ejemplo rápido de algunos puntos útiles acerca de la oración que pueden ser discutidos en el contexto de una relación de discipulado. Habla acerca de algunos de estos temas en tus relaciones de discipulado. Decide que vas a mostrar amor a tu amigo cuando le preguntes acerca de sus tiempos de oración de forma específica y hablen sobre maneras en las que pueden crecer en la oración. [PAUSA PARA PREGUNTAS]

Venciendo las excusas de la falta de oración

¿Qué haces si la persona con la que estás reuniéndote no pasa mucho tiempo en oración y tiene una razón o excusa que te comunica para justificar su falta de fidelidad en la oración? Durante los próximos minutos consideraremos algunas excusas para la falta de oración y cómo responder a ellas.

Estoy muy ocupado para orar (Lucas 10:38-42)

¿Es el trabajo diario más importante que la oración? En Lucas 10:38-42, ¡la historia de María y Marta muestra que Dios debe estar en primer lugar! Nuestro trabajo nunca debe reemplazar nuestra relación con Dios. Si estás muy ocupado para orar, considera cómo tu vida necesita cambiar para orar de manera más consistente.

  1. ¿Ayudaría comenzar tu día con oración?
  2. ¿Necesitan dejar de hacer algo para tener más tiempo en tu agenda? (Ejemplo: yo tenía un amigo que leía religiosamente el periódico cada mañana durante el desayuno, pero nunca leía la Biblia ni oraba. Él dejó de leer el periódico para tener tiempo para leer la Escritura y orar).
  3. ¿Qué harías para hacerlo una parte integral de todo el día? En 1 Tesalonicenses 5:17 Pablo nos pide que «oremos sin cesar.»

Estoy muy frío espiritualmente para orar

Cuando estás frío, la última cosa que quieres hacer es leer u orar. Este es el momento cuando necesitas considerar vivir de forma obediente aún cuando no tengas deseos de orar. Estás permitiendo que tus acciones (tu obediencia) dirijan tu corazón.

Durante estos tiempos de frialdad espiritual, es bueno orar de manera específica para que Dios renueve tu corazón y vida. Ver Ez. 37:1-10.

No siento la necesidad de orar

Algunas veces, durante las crisis de nuestra vida, puede haber arrogancia y orgullo que nos llevan a abandonar la oración.

Cuando nos sentimos suficientes en nosotros mismos por la tarea que tenemos y realmente no creemos que es Dios quien está haciendo el trabajo, caemos en la falta de oración. Richard Sibbes habla de dos pecados más peligrosos todos los demás: el orgullo y la seguridad espiritual.[2] Necesitamos aprender a confrontar nuestro orgullo y crecimiento en nuestro sentido de dependencia de Dios. Ver Santiago 4:6 y Salmo 127:1-3.

Estoy muy amargado para orar

La amargura, los rencores y tener algo en contra de alguien, puede ser un obstáculo para tu vida de oración. En Mateo 6:14 vemos que la falta de perdón hacia los demás perjudica tus oraciones. No seas como el siervo ingrato de Mateo 18, no puedes devolver la deuda (v. 26) y perdonas porque Cristo te perdonó (v. 33) no porque se lo merezca. Cuando perdonamos a los demás, demostramos que realmente deseamos el perdón de Dios.

Me siento muy avergonzado para orar

La vergüenza nos lleva a escondernos de Dios porque no queremos que las partes pecaminosas de nuestra vida sean expuestas. Sin embargo, el nosotros actuar como si estuviéramos escondiéndonos de Dios es falso. Hebreos 4:13 dice que cada parte de nuestra vida es vista claramente por Dios. Debido a que Dios ya conoce tu vida, es bueno no ser alejados por la vergüenza sino confesar regularmente tu pecado a Dios y pedir misericordia. Ver Salmo 51:4 y Proverbios 28:13

Dios parece no responder a mis oraciones

Dios no siempre responde a nuestras oraciones con un «sí.»

Algunas veces oramos con motivaciones equivocadas y Dios muestra bondad cuando no nos concede nuestros deseos egoístas (Santiago 4:3). La oración no se trata de nosotros obtener lo que queremos. Hay asuntos más importantes disponibles—como la gloria de Dios, el cumplimiento de la voluntad de Dios, la proclamación del evangelio (para mencionar algunos).

Algunas veces necesitamos esperar la respuesta de Dios, porque su tiempo de respuesta es muy diferente del nuestro. Tus expectativas harían una gran diferencia en la manera en que oras y lo que esperas de tus oraciones. Estarías decepcionado de las expectativas equivocadas. Alinea tus expectativas con Dios y no contigo mismo. Espera que Dios sea fiel, pero en su tiempo y no en el tuyo. Recuerda que Dios quien está a cargo y no tú.

  1. Motivando a otros a orar efectivamente

Otra tarea del discipulador es enseñar a las personas a orar efectivamente.

Una tendencia de los cristianos jóvenes es orar según su propia voluntad y deseos. Es muy fácil citar versículos como Mateo 7:7-11 (pide, busca, halla), Mateo 21:21-22 (si crees, puedes mover montañas), y Santiago 1:5-8 (Dios le da sabiduría a los que piden) y clama para que podamos obtener cualquier cosa que pidamos de Dios. En dicho caso, nos estamos poniendo ante Dios. La oración nunca debe ser un conjuro persona para obtener las cosas que queremos. DA Carson escribe: «la oración efectiva es fruto de una relación con Dios, no una técnica para la adquisición de bendiciones» (A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual], Carson, Pág. 33)

Para enseñar a las personas a orar efectivamente debemos enseñarles a orar según la voluntad de Dios. Enseñarles a orar con las motivaciones correctas, para que puedan acercarse a Dios correctamente.

1 John 5:14-1 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Nuestras peticiones deben estar alineadas con la voluntad de Dios, es decir sus prioridades en las cosas específicas y en el enfoque general de nuestras oraciones.

Por tanto, ¿cómo seguimos la voluntad de Dios en nuestras oraciones? ¿Cómo sabemos si lo que pedimos está de acuerdo con la voluntad de Dios? ¡La Escritura! Estúdiala, y obtén entendimiento de lo que Dios ha hecho. La manera más segura de orar conforme a la voluntad de Dios es orar a través de la Escritura. Después que lees un pasaje que te desafía en cierta manera, hay varias formas en las que puedes responder a ese pasaje. Lo más simple que puedes hacer es orar utilizando el pasaje, haciendo que las palabras de la Escritura se conviertan en tus propias palabras. Puedes también orar para que Dios te ayude a crecer y cambiar según lo que has visto en el pasaje. Puedes ofrecer una oración de acción de gracias por una verdad que leíste. Puedes también revisar tus motivaciones. ¿Están glorificándote a ti o a Dios? ¿Los intereses de quien estás tratando de promover? De la misma manera, habla con otras personas. Haz que oren por ti. ¡Haz que oren para que ores por las cosas correctas!

Cuando estudias la Biblia, presta una atención especial a las oraciones que encuentras en la Escritura. Podemos aprender a orar efectivamente cuando estudiamos las oraciones de Jesús y Pablo y vemos como las prioridades de sus oraciones reflejan claramente la voluntad de Dios. Ver 1 Ts. 3:11-13. Examina las oraciones de la Biblia en tu propio tiempo. Aun mejor, ¡examina estas oraciones con las personas que discipulas! Puedes comenzar con la oración del Señor en Mateo 6. El libro de D. A. Carson titulado A Call to Spiritual Reformation [Un Llamado a la Reforma Espiritual] es un gran libro para ti y tu amigo discípulo examinar juntos. Analiza las oraciones de Pablo en la Escritura y destaca las prioridades que debemos tener en la oración.

Mateo 7:7 promete buenos dones para los hijos de Dios que los pidan a Dios. Como discipuladores que verán diferentes respuestas a diferentes oraciones, debemos reconocer que independientemente de la petición, la voluntad de Dios es prioritaria. Dios sabe lo que es mejor para nosotros, aun cuando pensemos que lo que nos sucede es malo. La fe cree que Dios es bueno y es galardonador de los que le buscan. (Marcos 10:18Hebreos 11:16).

A pesar de todo nuestro estudio de la Escritura, habrá ocasiones en que no siempre sabremos cual es la voluntad de Dios. Pero afortunadamente, el Seño nos ayuda. Romanos 8:26-27 habla de la manera en que el Espíritu Santo intercede por nosotros en oración.

  1. Entendiendo cómo Dios responde a la oración

Finalmente, esto nos lleva al asunto importante de entender como Dios responde a nuestras oraciones. Nosotros podemos pensar en 3 respuestas de Dios en términos de espera, sí o no.

Algunas veces Dios nos tiene esperando,  y es en esos casos en que Él nos llama a perseverar. Como discipuladores, necesitamos motivar a nuestros amigos a perseverar en oración. Recuerda esa parábola de la viuda y la persistencia de la viuda en procurar al juez (Lucas 18:2-8). Continúa apoyando a tu amigo en la oración y motivándole a continuar orando acerca de ello semanalmente. Trata de ayudarle a reconocer su dependencia total de Dios durante dichos momentos.

Algunas veces vemos a Dios responder con un «sí.» Como discipulador, deléitate con tu amigo, y motiva a tu amigo a hacer una oración de acción de gracias allí mismo en el acto. ¡Graba este recuerdo en su mente para que más tarde puedan recordar lo que Dios ha hecho por ellos!

¿Pero qué sucede si tu amigo ha orado sincera y desinteresadamente, pensado que oraba según la voluntad de Dios, pero al final ve que Dios responde con un «no?» Como discipulador, parte de tu trabajo es estar presente para ayudar. Recuérdale que Dios es bueno y confiable. Algunas veces no conocemos sus planes y sus caminos (Romanos 11:33-36). Oramos para que Dios sane al enfermo, y sin embargo el amigo querido muere y no sabemos porque. Existen muchas otras maneras en que podemos orar por un cambio de circunstancias (por ejemplo, queremos ver cambios en nuestro trabajo, en personas que conocemos, u otros cambios en el mundo que nos rodea), y aun así esos cambios no suceden. Al final, independientemente de cuál sea nuestra oración necesitamos confiar en Dios.

Hablaremos más detalladamente sobre esto dentro de varias semanas, acerca de ayudar a las personas a manejar el dolor. Por ahora, me gustaría leer una cita que nos motiva a perseverar y someter totalmente nuestra voluntad a la de Dios:

«Independientemente del gigante espiritual en que te conviertas, habrá días cuando la respuesta de Dios a tus oraciones será no. A pesar de tu petición, búsqueda y derramamiento de tu alma, tu Padre celestial ha decidido responder de tu petición de forma contraria. Cuando esto sucede tu actitud se convierte en un factor importante. ¿Estás dispuesto a entregar tu herida, decepción, tal vez hasta tu dolor a Cristo quien murió por ti… y luego comenzar a orar nuevamente? Los problemas con la oración son muchas veces intelectuales y no de la voluntad. Cuando oras efectivamente, la sumisión de tu voluntad está directamente relacionada con encontrar la voluntad de Dios. La oración que Dios responde es ofrecida con una actitud de sumisión. ¿Estás dispuesto a decir lo siguiente cuando la respuesta de Dios a tu oración urgente no sea la que quieres: ̒ Señor, haz tu voluntad ̓ ?»[3]

En conclusión:

  • La oración es una parte importante de la vida cristiana. Necesitamos ayudar a las personas a mirar dentro de sí mismos, para que vean cuales son los pecados que los han hecho dejar la oración y ayudarles a buscar la Escritura para ver cómo orar bíblica y efectivamente.
  • Motivar una vida de oración bíblica puede ser uno de los mejores dones que podemos darle a amigo cristiano que amamos.

[1] Caminaremos juntos en amor fraternal cuando nos convertimos en miembros de una iglesia cristiana, ejercemos un cuidado y vigilancia afectiva unos con otros, y amonestamos y rogamos fielmente unos por otros según la ocasión lo requiera.

[2] Richard Sibbes, The Bruised Reed [La Caña Cascada],(Carlisle, PA:  The Banner of Truth Trust, publicado primeramente en 1630) Pág. 95.

[3]W. Bingham Hunter, The God Who Hears [El Dios que Escucha], (Downers Grove, IL:  IVP Books, 1986) Pág. 65.

Mark Deve

La soberanía divina y la responsabilidad humana

Alimentemos El Alma

Serie: El Evangelismo Y La Soberanía De Dios

J.I. Packer

Capítulo II

La soberanía divina y la responsabilidad humana

Realizamos este estudio con el propósito de circunscribir los límites de la obra evangelística del cristiano de acuerdo al supuesto de que Dios es soberano en cuanto a la salvación. Ahora bien, es importante que nos demos cuenta que esta tarea no es nada fácil. Todos los temas teológicos contienen algunas barreras repentinas y obstáculos inesperados, pues la verdad de Dios nunca suele ser lo que el hombre espera. Nuestra tarea es sin duda, una de las más difíciles en toda la disciplina de la teología evangélica. Esto se debe a que tenemos que tratar con una antinomia en la revelación bíblica y que, en tales cuestiones, nuestras mentes caídas y finitas son mucho más inclinadas a equivocarse.

¿Qué es una antinomia? El Diccionario Usual de Larousse define la palabra de la siguiente manera: “una contradicción entre dos leyes o principios racionales.” Sin embargo, conforme a nuestro estudio, esta definición carece de exactitud, pues la definición debería comenzar diciendo, “una contradicción aparente.” En la teología usamos la palabra antinomia para referirnos a algo que parece contradictorio pero que en realidad no lo es. Queremos decir que dos verdades son aparentemente inconsistentes. Una antinomia ocurre cuando dos principios irrefutables no compaginan al verlos juntos. Los dos principios son válidos y hay evidencias claras y convincentes que apoyan a cada uno, pero reconciliarlos es un misterio. Es obvio cómo uno es verdadero aislado del otro, pero juntos no pueden ser conjugados. Permítanos ejemplificar: la física moderna se enfrenta a una antinomia semejante a la nuestra en su estudio de la luz. Hay evidencia convincente en apoyo de la teoría de que la luz consiste de ondas, pero, a la misma vez, existe evidencia tan convincente como la anterior en apoyo de la teoría de que la luz consiste de partículas.

No es claro cómo la luz puede consistir de ondas y de partículas simultáneamente pero la evidencia existe. Entonces, no se puede decir que la luz consiste de ondas y no de partículas, ni tampoco se puede decir que la luz consiste de partículas y no de ondas. Ninguna de las dos teorías puede reducirse a la otra, ni puede definirse una teoría en términos de la otra. Hay que afirmar que las dos teorías incompatibles son verdaderas a la misma vez, puesto que la evidencia lo exige. La necesidad de aceptar algo antinómico escandaliza nuestras mentes bien-ordenadas y bien-definidas, pero no hay otra posibilidad, si hemos de ser fieles a la evidencia.

Antes de seguir, sin embargo, será conveniente demarcar la diferencia entre una paradoja y una antinomia. Una paradoja es un juego de palabras, una figura de dicción. Es una especie de proposición que une dos ideas opuestas o que niega algo por medio de los mismos términos que se han utilizado en afirmarla. Hay muchas verdades de la vida cristiana que se pueden expresar en forma paradójica. Por ejemplo, el hombre se libera cuando se hace esclavo. El Apóstol Pablo destaca varias paradojas acerca de su experiencia cristiana: “como entristecidos, pero siempre gozosos… como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo”; “porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”2

La paradoja crea una contradicción aparente por medio de las palabras usadas y no por los conceptos manejados. La contradicción es verbal, no es real, y con un poco de astucia se puede expresar la misma idea de una forma no paradójica. En otras palabras, una paradoja siempre es dispensable. Volviendo a los ejemplos citados: en 2 Corintios 6:10, Pablo pudiera haber dicho que en su experiencia se han mezclado la tristeza por las circunstancias actuales y el gozo en el Señor, y luego que, aunque no era propietario de terrenos ni tenía cuentas bancarias, él sentía que todo le pertenecía a él, porque él pertenece a Cristo y Cristo es Señor de todo. De nuevo en 2 Corintios 12:10, Pablo pudiera haber dicho que Dios le da mayor fuerza cuando está más conciente de su malestar natural. Tales afirmaciones no paradójicas resultan insensatas y áridas en contraste con las paradojas que pretenden reemplazar, pero expresan exactamente lo mismo. La paradoja depende sólo del uso de las palabras; es una forma retórica muy eficaz, pero su uso no implica una contradicción lógica en los hechos acontecidos.

También debemos señalar que la paradoja tiene que ser entendida. El escritor u orador viste sus ideas en un ropaje paradójico para hacerlas más memorables o interesantes. Pero el que escucha la paradoja debe ser capaz de descifrar su significado real; de otra manera la paradoja carecerá de efectividad y así de significado. Pues una paradoja que no es entendida es sólo una contradicción en términos; la paradoja, en este caso, pierde su fuerza y se convierte en un disparate.

Una antinomia, en contraste, no es dispensable ni entendida. No es una figura de dicción, sino es una relación observada entre dos proposiciones verdaderas. No es producida para alcanzar algún propósito, sino que los mismos hechos nos obligan a enfrentarla. No la podemos evitar, ni la podemos resolver. No la inventamos, ni la podemos explicar. La única manera de deshacernos de ella es falsificando los mismos hechos que nos la introdujeron.

¿Qué haremos con una antinomia? Aceptarla y vivir con ella. Ignorar la apariencia convincente de contradicción, y admitir que la misma es producto de nuestra propia ceguera. Pensar que los dos principios inconsistentes se reconcilian y se complementan de una manera misteriosa que nuestras mentes finitas son incapaces de comprender. No debemos crear un dilema, ni debemos suponer cosas que eliminarían la validez de un principio o del otro (pues inferencias de ese tipo, obviamente, serían falsas). Debemos usar cada principio según su marco de referencia, es decir, el contexto en que se recogió la evidencia. También debemos definir las relaciones, tanto entre los dos principios como entre los dos cuadros de referencia, y así podremos crear una realidad donde las dos verdades puedan coexistir, pues en la realidad se nos manifestó la antinomia. Es de esta manera que debemos pensar en las antinomias, tanto en la naturaleza como en las Escrituras. Supongo que es así que la física moderna entiende la antinomia concerniente a la luz, y es así que el cristiano debe entender la antinomia de las enseñanzas bíblicas.

La antinomia que nos interesa es la oposición aparente entre la soberanía divina y la responsabilidad humana, o (en términos más bíblicos) entre lo que Dios hace en Su oficio de Rey y lo que hace en Su oficio de Juez. Las Escrituras enseñan que Dios, en Su oficio de Rey, ordena y controla todas las cosas, incluyendo las acciones humanas, conforme a Su propósito divino.

Las Escrituras también enseñan que Dios, en su oficio de Juez, condena a todos los hombres por sus acciones. Por lo tanto, aquellos que escuchan la Palabra de Dios son responsables por su reacción frente a ella; si lo rechazan serán condenados por incredulidad. “El que cree en Él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”5 Pablo también fue responsable por predicar el evangelio; si rechazara su comisión, sería condenado por infidelidad. “Porque si anuncio el evangelio, no tengo de que jactarme, porque me es impuesta necesidad; pues ¡ay de mí si no anuncio el evangelio!” La Biblia enseña la soberanía de Dios y la responsabilidad humana simultáneamente; y a veces las enseña hasta en el mismo versículo.7 Los dos principios están garantizados y defendidos por la misma autoridad; por consiguiente, los dos son verdaderos, válidos y autoritarios. Por eso es obvio que los dos principios deben creerse juntos y no se puede poner uno contra el otro. El hombre es un ser responsable moralmente, pero también es un ser controlado divinamente. El hombre es controlado divinamente y también es responsable moralmente. La soberanía de Dios es real y la responsabilidad humana es real también. Es en términos de esta antinomia revelada, entonces, que debemos formular nuestro pensamiento acerca del evangelismo.

Claro que la antinomia parece ser inexplicable a nuestras mentes finitas. Nos parece una contradicción y nos quejamos porque nos parece absurda. Pablo responde a esta queja en Romanos 9. “Luego me dirás: ¿Por qué todavía inculpa? Porque, ¿quién ha resistido a Su voluntad?” Si Dios, nuestro Señor, controla todas nuestras acciones, ¿cómo puede juzgarnos por nuestra desdicha?

Fijémonos en la respuesta que da Pablo. El apóstol no intenta justificar las acciones de Dios para con el hombre, sino condena el espíritu maligno en que se expone la pregunta. “Antes que nada, oh hombre, ¿quién eres tú para que contradigas a Dios? Dirá el vaso formado al que lo formó: ‘¿Por qué me hiciste así?’ ” El que expone esta pregunta tiene que darse cuenta que él, como criatura y pecador, no tiene el derecho de juzgar las acciones de Dios. Las criaturas no pueden rebelarse contra su Creador. Como dice Pablo, la soberanía de Dios es justa y su libertad para hacer lo que le plazca con sus criaturas no puede ser restringida.10 Al principio de la epístola, el apóstol muestra que la condenación de los pecadores por Dios es correcta, justa e inapelable. Continúa diciéndonos que debemos reconocer esto y adorar la justicia de nuestro Creador tanto en Su oficio de Rey como en Su oficio de Juez. No nos es dada la libertad para especular sobre la consistencia de Su soberanía y Su justicia, ni nos es proporcionado el derecho de decirle a Dios que Él es injusto, pues nosotros somos incapaces de comprender a Dios en toda su naturaleza. La medida de nuestro Dios es mucho más grande que nuestras especulaciones. Nos debemos conformar con que Dios nos haya dicho que es un rey soberano y un juez justo y misericordioso. ¿Por qué resistimos? ¿Por qué no confiamos en Él?

No nos debe sorprender cuando nos encontramos con misterios tales como éste en la lectura de la Biblia. Porque la criatura no puede entender toda la naturaleza de su Creador. Un Dios que pudiéramos entender completamente, un Dios cuya revelación no nos proporcionara ningún misterio, sería un Dios hecho a la imagen del hombre. Este tipo de Dios es imaginario y, definitivamente, no concuerda con el Dios de las Sagradas Escrituras. El Dios de la Biblia dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová. Pues así como los cielos son más altos que la tierra, así son mis caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Nos enfrentamos ahora con una de las muchas antinomias en la Biblia.

Estamos seguros que cada antinomia se reconcilia en la sabiduría y en el santo consejo de Dios, pero mientras nosotros no la podemos entender, tenemos que darle el mismo énfasis a cada uno de los principios aparentemente contradictorios; debemos guardar estas verdades de la misma manera en que Dios nos las reveló; y, finalmente, debemos reconocer que es un misterio irresoluble con nuestra mentalidad finita.

Todo esto es más fácil dicho que hecho, claro está. Nuestras mentes aborrecen las antinomias. Nos gusta el orden y la definición, nos gusta aniquilar el misterio de tal modo que a veces nos encontramos tentados a deshacernos de una antinomia por medios ilegítimos. Usamos una verdad para usurpar a la otra, y otras veces nos deshacemos completamente de las dos, pues añoramos una teología bien-ordenada y bien-definida. Nuestra antinomia no se escapa de tales tendencias. La tentación es socavar y debilitar un principio por la manera en que acentuamos el otro: afirmamos tanto la responsabilidad del hombre que Dios ya no es soberano, o acentuamos tanto la soberanía de Dios que el hombre ya no es responsable. Debemos estar seguros de no caer en ninguno de los dos errores, pero nos interesa más la manera en que estas tentaciones surgen en conexión con el evangelismo.

Hablaremos primero de la tentación de enfocarse exclusivamente en la responsabilidad del hombre. Como hemos visto, la responsabilidad humana es un hecho plenamente verdadero. La responsabilidad del hombre a su Creador es algo muy serio, es el hecho fundamental de su vida, es lo que rige la conducta del hombre tanto hacia su Creador como hacia su prójimo. Dios nos hizo seres morales y es de acuerdo a eso que trata con nosotros. Su Palabra se dirige a cada uno de nosotros individualmente, y cada uno es responsable por su reacción a la misma —por su atención o inatención, su creencia o incredulidad, su obediencia o desobediencia. No podemos evadir la responsabilidad de nuestras reacciones hacia la Palabra de Dios. Vivimos bajo Su Ley, y tendremos que responder por la manera en que conducimos nuestras vidas.

El hombre es un pecador, y sin Cristo es culpable y condenado por la Ley de Dios. Por eso necesita el evangelio. Cuando el hombre escucha el evangelio, es responsable por la decisión que hace. El evangelio le da al hombre la elección libre entre la vida y la muerte; es la elección más decisiva que uno puede enfrentar. Cuando presentamos el evangelio a un inconverso, es muy probable que él trate de cegarse a la importancia y urgencia del problema, y así podrá ignorar la advertencia que se le ha dado. En tales casos, nosotros tenemos que insistir que él vea la gravedad de la situación, y que use su elección con prudencia. Cuando predicamos las promesas e invitaciones del evangelio, cuando ofrecemos a los pecadores la sangre redentora de Cristo Jesús, nuestra tarea abarca más que anunciar las buenas nuevas; tenemos que poner y reponer énfasis en la responsabilidad del hombre en cuanto a su reacción al evangelio de la gracia de Dios.

De la misma manera, somos responsables por predicar el evangelio. El mandato de Cristo a sus discípulos fue: “Por tanto, id, y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Este mandato se dirigió a los discípulos, pero se extiende a toda la Iglesia. El evangelismo es la responsabilidad no enajenable de todo creyente y toda comunidad de creyentes. Todavía estamos comisionados para predicar el evangelio y para hacer que se escuche por toda la tierra. Por lo tanto, el cristiano debe autoevaluar su conciencia preguntándose si ha hecho todo a su alcance para predicar la Palabra por todo el mundo. Esto también es su responsabilidad y tendrá que responder a Dios por ello.

La responsabilidad humana en cuanto al evangelismo se extiende no sólo al oyente sino al predicador también, y en ambos casos es una responsabilidad seria y pesada. A pesar de lo antedicho, no nos podemos olvidar de la soberanía divina. Mientras estemos concientes de nuestra responsabilidad de proclamar el evangelio, nunca debemos olvidar que es Dios quien salva. Es Dios quien trae los hombres a escuchar el evangelio, y es Él quien los lleva a la fe en Cristo. Nuestra obra evangelística es el instrumento de la obra salvadora de Dios; el poder de salvar no se encuentra en el instrumento, sino en la mano que utiliza el instrumento. Nunca debemos olvidar eso. Pues si olvidamos que es Dios quien da resultados cuando se proclama el evangelio, intentaremos dar resultados por nuestro propio esfuerzo. Y si olvidamos que es sólo Dios quien puede dar fe, comenzaremos a pensar que la cantidad de conversiones efectuadas depende de nosotros y nuestros medios y métodos del evangelismo. Si pensamos así, nuestra obra evangelística glorifica a nosotros mismos en vez de glorificar a Dios.

Analicemos esto más a fondo. Si nuestra tarea no es solamente la de presentar las buenas nuevas de Cristo, sino también la de producir conversos —de evangelizar con fidelidad y eficacia— nuestro método de evangelizar debe ser pragmático y calculador. Nuestro equipo, tanto en el evangelismo personal como en la predicación pública, consiste en dos cosas. Además de un entendimiento claro y conciso del significado y la práctica del evangelio, necesitamos una técnica irresistible e infalible para que nuestros oyentes nos escuchen. Entonces, es nuestro deber producir y desarrollar tal técnica. También debemos evaluar la evangelización —la nuestra como la de otros— no sólo por el mensaje que se predica, sino también por los resultados de la predicación. Si nuestra obra no es fructuosa, debemos mejorar nuestra técnica. Debemos pensar en el evangelismo como una lucha entre voluntades, la nuestra contra la de nuestros oyentes, una batalla donde el que tiene las mejores armas gana. Si éste fuera el caso, nuestra filosofía del evangelismo no sería distinta a la filosofía de un lava-cerebros. Tampoco podríamos defender nuestro concepto del evangelismo cuando el mundo nos acusa de hacer lo mismo. Si la producción de creyentes fuera nuestra responsabilidad, entonces ésta sería una buena filosofía del evangelismo, pero no lo es, porque Dios se ha otorgado esa responsabilidad a Sí mismo.

Ésta es una muestra lúcida de lo que sucede cuando nos olvidamos de la soberanía de Dios. Es correcto que reconozcamos nuestro deber de evangelizar agresivamente y con mucho fervor. Es correcto que anhelemos ver a los incrédulos voltear sus rostros a Cristo. Es correcto que deseemos que nuestras presentaciones del evangelio sean claras, fructuosas y eficaces. Si no queremos que nuestras proclamaciones sean eficaces, entonces tenemos un problema muy grave. Pero no es correcto atribuirnos más trabajo de lo que se nos ha asignado. No es correcto, por ejemplo, pensar que somos nosotros los que llevamos el incrédulo a la fe. No es correcto elaborar y desarrollar nuestras propias técnicas y métodos para cumplir lo que sólo Dios puede llevar a cabo. Cuando hacemos esto, nos estamos poniendo en el lugar del Espíritu Santo de Dios, y nos estamos auto-exaltando diciendo que la redención proviene de nuestra propia afán. Sólo podemos esquivar esta blasfemia si dejamos que nuestro conocimiento de la soberanía de Dios controle nuestros planes, nuestras oraciones y nuestra obra en el servicio del Señor. Pues cuando no estamos confiando concientemente en el Señor, estamos confiando en nosotros mismos. No hay nada que le haga más daño al evangelismo que el espíritu de la auto-suficiencia. Pero, lamentablemente, esto es lo que sucede cuando nos olvidamos de la soberanía de Dios en la conversión de almas.

Existe otra tentación que es tan peligrosa como la anterior, es decir, la tentación de enfocarse exclusivamente en la soberanía divina.

Algunos cristianos piensan incesantemente en la soberanía de Dios. Esta verdad se les hace muy importante. Les ha llegado de súbito y con la fuerza de una revelación tremenda. Dirían que este concepto causó una auténtica revolución copérnica en sus vidas cristianas, pues les ha dado un nuevo centro del universo. Anteriormente, ellos habían creído que el hombre era el centro del universo, y que Dios estaba sólo en la circunferencia. Habían pensado en Dios como el espectador y no como el Autor de los sucesos que acontecen en el mundo. Habían postulado que el factor decisivo en cada situación terrenal era el afán del hombre y no el plan de Dios; y habían supuesto que la felicidad del hombre era lo más interesante e importante en el universo, tanto para el hombre mismo como para Dios. Pero ahora ven que este concepto antropo-céntrico es pecaminoso y anti-bíblico. Ahora ven que el propósito de la Biblia es aniquilar este concepto y que tales libros como Deuteronomio, Isaías, el Evangelio según San Juan y la Epístola a los Romanos, derriban el concepto en casi cada versículo. Ahora se dan cuenta que Dios tiene que ser el centro de sus vidas, así como es el centro de la realidad en su propio mundo. Ahora sienten el golpe de la primera pregunta del Catecismo Menor de Westminster:

“¿Cuál es el fin principal del hombre? El fin principal del hombre es glorificar a Dios y (en hacerlo) gozar de Él para siempre.”

Ahora entienden que la manera de hallar la felicidad que promete Dios no es buscarla como fin en sí, sino es olvidarse de uno mismo buscando la gloria de Dios, haciendo Su voluntad y verificando Su poder en las penas y en las alegrías de la vida cotidiana. Ellos saben que la gloria y la alabanza a Dios es la que los absorberá desde ahora hasta la eternidad.

Ven que el significado de sus existencias radica en adorar y exaltar a Dios. En cada situación, en cualquier circunstancia, su mayor preocupación es: ¿Cómo glorificaré más al Señor? ¿Cómo puedo exaltar a Dios en esta circunstancia?

Y ahora entienden, cuando hacen esta pregunta, que aunque Dios usa al hombre para llevar a cabo sus propósitos, en última instancia, nada depende del hombre. Todo depende de Dios que usa al hombre para hacer Su voluntad. También reconocen que Dios ha resuelto cada acontecimiento de antemano, aun antes de que el hombre existiera; y que cuando el hombre se encuentra en una situación, Su mano todavía permanece ahí, ordenando todo de acuerdo a Su voluntad. Ven cómo Dios es Autor de todo lo que hacen, ya sean fracasos y errores o éxitos. Son concientes de que no necesitan preocuparse del arca de Dios como lo hizo Uza, porque Dios sostendrá Su propia causa. Ven que no tienen que cometer el error de Uza de tomar demasiada responsabilidad, y hacer la obra de Dios de una manera prohibida, temiendo que si no fuera hecha así, no se cumpliría. Ya saben que, como Dios está en control, ellos nunca tienen que temer que Dios sufrirá algún daño o pérdida si se limitan a hacer las cosas como Él les ha dicho. Se dan cuenta que hacer las cosas de otra manera sería una transgresión de Su sabiduría y soberanía. Reconocen que el cristiano nunca debe pensar que es indispensable para Dios, ni se debe conducir como si lo fuera. El Dios que lo mandó no lo necesita. Debe entregarse por completo a la obra que Dios le ha asignado, pero nunca debe jactarse de su posición ni pensar que no puede ser reemplazado. Nunca debe decir, “la obra de Dios sería un fracaso si no fuera por mí y el trabajo que yo hago.” No hay porqué pensar así. Dios no depende de nosotros ni de nadie. Aquellos que han empezado a entender la soberanía de Dios pueden ver todo esto, y así intentan realizar la obra del Señor humildemente y, a veces, anónimamente. Por lo tanto, atestiguan su creencia que Dios es grande y reina en el mundo, haciéndose pequeños delante del trono del más grande y conduciéndose de una manera que manifiesta su reconocimiento que lo fructuoso de su obra depende de Dios y sólo de Dios. Y hasta aquí no están equivocados.

Sin embargo, la tentación que les atormenta es exactamente lo opuesto a la que describimos anteriormente. En su deseo de glorificar a Dios por medio del reconocimiento de Su soberanía en la gracia y rechazando cualquier noción de su propia indispensabilidad, están tentados a olvidarse completamente de la responsabilidad de la Iglesia en cuanto al evangelismo. La tentación se formula de la siguiente manera: “Reconocemos que el mundo es injusto, pero Dios se glorifica más cuando nosotros hacemos menos, pues así la obra es plenamente de Él. Lo que debemos hacer es siempre dejar la iniciativa en Sus manos.” Están tentados a suponer que cualquier empeño evangelístico, intrínsecamente, exalta al hombre. Les asusta la idea de rebasar a Dios en su plan evangelístico, y por lo tanto, adoptan una posición militante en contra del evangelismo en sí.

El acontecimiento clásico de este punto de vista se llevó a cabo hace dos siglos cuando el director de la fraternidad de ministros reprendió a Guillermo Carey (por su idea de fundar una sociedad misionera) diciendo: “Siéntate, señor. ¡Cuando Dios se plazca en convertir al incrédulo, lo hará sin la ayuda de tí!” La noción de tomar una iniciativa en buscar a hombres de todo el mundo para Cristo le pareció algo presumida.

Antes de condenar al señor director, sin embargo, debemos de analizar un poco. Lo podemos entender, pues él había comprendido que es Dios quien salva, que esto lo hace de acuerdo a Su voluntad, y que Dios no se arrodilla delante de ningún hombre. También había entendido que sin nosotros Dios es tan poderoso como siempre, que Dios no necesita del hombre. En fin, este señor director entendió el significado completo de la soberanía de Dios. No obstante, se equivocó en no entender el mandato que Cristo le dio a la Iglesia, es decir, la responsabilidad evangelística. Se olvidó de que Dios salva al hombre por medio de los testimonios de Sus siervos y que por eso el deber de predicar el evangelio hasta lo último de la tierra se le ha comisionado a la Iglesia.

Pero esto es algo que nunca debemos olvidar. El mandamiento de Cristo significa que debemos dedicar todos nuestros talentos, esfuerzos y dones a proclamar el evangelio en todas las naciones. La inactividad, el desempeño y la despreocupación frente a la comisión de Cristo son inexcusables. Si hemos de ignorar o quitar prioridad y urgencia al imperativo evangelístico, entonces seremos culpables de mal-interpretar la doctrina de la soberanía divina. No se puede usar una verdad revelada como excusa para el pecado. Dios no nos reveló su naturaleza para que la usáramos como pretexto para desobedecer su mandato.

En la parábola de nuestro Señor acerca de los talentos, los siervos “justos y fieles” son aquellos que avanzan con el plan de su amo haciendo uso fructífero de sus talentos. Y aunque el siervo que escondió sus talentos y no hizo nada para refinarlos se creyó justo y fiel, su amo pensó que era “malvado, perezoso e inútil.” Pues los dones que Cristo nos ha dado son para usarlos; no los podemos ocultar. Esto lo podemos aplicar a nuestra mayordomía del evangelio. La verdad de la salvación nos es dada gratuitamente; no la debemos esconder sino que la debemos proclamar y compartir con nuestro prójimo. La luz no puede ser ocultada en las tinieblas. La luz tiene que brillar, y es nuestro deber asegurar que así se realice. El Señor ha dicho, “Vosotros sois la luz del mundo.…” Por lo tanto, el que no hace todo a su alcance para proclamar el evangelio de nuestro Señor Cristo Jesús, no es un siervo “justo y fiel.”

Ya hemos visto dos trampas opuestas, una Escila y Caribdis (escollos a la navegación) del error. Ambas son el resultado de una visión parcial, o sea de una ceguera parcial. Ambas revelan la terquedad del hombre frente a la antinomia bíblica de la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre. Pero mirar las dos juntas y sus trampas implícitas nos advierte que no podemos oponer las dos verdades ni podemos resaltar una a expensa de la otra. Las dos se funden para advertirnos que ir de un extremo al otro es erróneo y peligroso. Debemos navegar nuestra barca por el estrecho que corre entre Escila y Caribdis, es decir, debemos evitar los dos extremos. Estas dos verdades las debemos creer y usar como la guía y el gobierno en nuestras vidas.

En las siguientes páginas examinaremos estas dos doctrinas en su relación positiva y bíblica. No opondremos la una contra la otra, porque la Biblia no las opone. Tampoco calificaremos o modificaremos una en términos de la otra, pues la Biblia no lo hace así. Pero la Biblia afirma las dos doctrinas con énfasis y audacia en términos autoritarios y no ambiguos y, por lo tanto, ésta será nuestra posición. Se le preguntó una vez a Spurgeon si él podía reconciliar las dos verdades, y él dijo: “Ni lo intentaría, yo nunca reconcilio a los amigos.” Sí, amigos. Éste es el punto que tenemos que entender. En la Biblia, la soberanía divina y la responsabilidad humana no son enemigos.

Tampoco son vecinos molestos ni se encuentran en una perpetua guerra fría. Son amigos y trabajan juntos. Espero que mis observaciones sobre el evangelismo clarifiquen este asunto.

 Packer, J. I. (2008). El Evangelismo y la Soberanía de Dios. (G. A. Martínez, Trad.) (pp. 19–37). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

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EL AGENTE MORAL CRISTIANO EN LOS ESTADOS DEL PECADO Y DE LA REDENCIÓN

Alimentemos El Alma

LIBRO: ÉTICA CRISTIANA

Gerald Nyenhuis & James P. Eckman

Contiene las obras Ética cristiana: Un enfoque bíblico-teológico, por Gerald Nyenhuis; Ética cristiana en un mundo postmoderno, por James Eckman. Obtenga la guía de estudio de FLET en http://www.logos.com/es/flet.

Capítulo 3

EL AGENTE MORAL CRISTIANO EN LOS ESTADOS DEL PECADO Y DE LA REDENCIÓN

I. En el estado del pecado

Según el testimonio de la Biblia (confirmado en la experiencia humana), el desarrollo del hombre, hecho a la imagen divina, no ha sido gradual ni normal. Una catástrofe trastornó su desarrollo moral. Esta catástrofe en la historia de la moralidad humana se conoce como «la caída», la primera entrada del pecado en la historia humana. A fin de que nuestra ética quede estrechamente relacionada con la vida del hombre, nos conviene entender la naturaleza del pecado.

A. La naturaleza del pecado

Pecado es una palabra que rápidamente está perdiendo su sentido teológico en el vocabulario del hombre moderno. Por supuesto, nadie puede negar la realidad del pecado, ya que seguimos construyendo cárceles, cerramos nuestras casas y ponemos llave a nuestros coches, y hay policías en todos los comercios. Aunque no es posible negar su realidad, hay una renuencia para emplear el término «pecado». El hombre moderno que todavía retiene el término, lo usa con acepciones nuevas y le quita su significado original.

En nuestro estudio del pecado debemos notar dos conceptos modernos muy comunes en cuanto a la naturaleza del pecado —el concepto naturalista-humanista y el concepto panteísta-especulativo—, y contrastarlos con el concepto cristiano.

1. Concepto naturalista-humanista

La base de este concepto es, por supuesto, el punto de vista naturalista de la realidad. Tanto el hombre como el mundo se interpretan en términos de fuerzas naturales. La única explicación del ser humano para los que aceptan el punto de vista naturalista es que el hombre mismo y, por ende, toda su conducta y actuación es producto de fuerzas naturales. La vida humana es por consecuencia un proceso de ajuste al ambiente que es esencialmente físico y biológico. Los factores espirituales de la vida son en esencia mecánicos o biológicos. Desde este punto de vista, el pecado no es más que un mal ajuste del ambiente; y el bien, según este concepto, es meramente lo más útil y lo mejor ajustado. En términos más humanistas, el pecado no es más que una desadaptación al ambiente social. Algunas veces este concepto se expresa en términos mecánicos. El ser humano es considerado como una máquina, finamente ajustado, pero que a veces pierde su afinación. El tiempo interno, como un motor, hace que todas las partes se acoplen bien y el engranaje funcione sin estorbos, pero a veces se pierde el ritmo y hay discordancia. La ética entonces tiene que «poner a tiempo» de nuevo esta fina máquina que es el ser humano. La analogía funciona tal vez como ilustración en algunos casos, pero representa un concepto del ser humano que no sirve de base para la ética cristiana. Todo tipo de ética materialista se puede incluir en el concepto naturalista-humanista.

2. Concepto panteísta-especulativo

El concepto panteísta-especulativo es el concepto predilecto del pecado de los que aceptan un tipo idealista de la filosofía. Según ellos, el pecado es la falta de ver las cosas en su totalidad, en su integridad. El pecador es el que ve las cosas parcialmente y fuera de su verdadera relación. El estado del pecado es igual a tener un punto de vista incompleto de la realidad. El pecado desaparecerá tan pronto como tengamos un punto de vista más comprensivo, algo que se logra con el cultivo intelectual.

El ser humano es considerado como portador de ciertos aspectos de la divinidad. Habiendo emanado del ser divino y siendo una manifestación de él no hay limites para su desarrollo. Todo ser humano tiene dentro de sí las posibilidades de grandeza, y al quitar lo que estorba su desarrollo la humanidad llegará a nuevas alturas. Esto se realiza con el desarrollo de sus capacidades intelectuales y artísticas, y sobre todo de la imaginación. Por decirlo en una forma metafórica: la semilla de la divinidad en el ser humano se desarrollará en una transformación gradual de la naturaleza humana en algo muy divino. El pecado en este sistema de pensamiento es básicamente social. Es lo que hay en el ambiente lo que estorba este deseado desarrollo del ser humano. No cabe duda que para el mundo actual que no toma en serio el hecho de que el ser humano es un ser creado, este concepto es muy atractivo.

3. Concepto cristiano y bíblico

Ninguno de los dos conceptos mencionados arriba basta para expresar la verdadera naturaleza del pecado. Podemos notar que los que tienen estos conceptos ven algo correcto en el pecado y algo muy noble en su pensamiento, pero el concepto que tienen no concibe el pecado desde la misma perspectiva que la Biblia. Su concepto del pecado no es adecuado y no proporciona los elementos necesarios para una ética cristiana auténtica.

El concepto cristiano y bíblico es muy diferente. Para los propósitos de este estudio no encontramos una expresión más correcta y más completa que la respuesta a la pregunta catorce del Catecismo menor de Westminster: «El pecado es la falta de conformidad con la Ley de Dios y la trasgresión de ella» (cf. 1 Juan 3:4).

Esto involucra las siguientes características:

a. El pecado tiene «esencia» espiritual, es decir, pertenece, esencialmente, no a la esfera física, ni a la especulativa y filosófica (la mera racionalidad) sino a la esfera moral. Aun «las pasiones de la carne» no son principalmente carnales, sino son una disposición o actitud del espíritu, que involucra todo el ser humano.

b. El pecado es asunto de la voluntad; es una voluntad contra otra. Esto no quiere decir que los sentimientos y el intelecto no estén involucrados. El pecado ha infectado todo el ser humano, pero la esencia del pecado es de ir voluntariamente contra la voluntad de Dios.

c. El pecado es pecaminoso (en distinción de lo meramente malo) porque es una violación de la voluntad de Dios. Todo pecado es contra Dios; es oposición a Él. No se puede entender lo que es el pecado y evitar una consideración de Dios. El pecado no es solamente trasgresión de la Ley; es trasgresión de la Ley de Dios. Cada ofensa contra el prójimo, o contra la sociedad, es primeramente una ofensa a Dios.

d. El pecado implica una antítesis radical, una antítesis que no se puede resolver en una síntesis sino que muestra un gran conflicto moral. El mal no es simplemente «el bien todavía por realizarse». El pecado nunca puede desarrollarse en el bien, aunque Dios puede trascender los motivos y la naturaleza del pecado y usarlo para sus propios propósitos. El pecado sigue siendo pecado y es oposición a Dios y sus propósitos, y siempre queda relacionado antitéticamente con el bien. El hecho de que los planes de Dios prevalecen, hasta invalidar el pecado y sus efectos en ciertos casos, no nulifica lo pecaminoso del pecado. (Ejemplos de ello se ven en la historia de José en Génesis 37, 39–46).

Además de estas cuatro características, que debemos acentuar hoy día en contra de los muchos conceptos erróneos actuales, la Biblia nos enseña que el pecado es universal; que es condición tanto como acción; y que ha corrompido toda la naturaleza humana (la depravación total). Esto es decir que el pecado afecta a todo ser humano y todo el ser del ser humano.

B. La influencia del pecado

Podemos ver la influencia del pecado sobre el hombre como agente moral desde tres perspectivas que son las mismas que hemos examinado como las implicaciones morales de la naturaleza esencial del hombre: 1. la de su verdadero fin o ideal, 2. la de su libertad, y 3. la de su conciencia.

1. La influencia del pecado en cuanto al fin, o ideal, verdadero del hombre

El hombre en el estado de pecado no ha perdido la idea de un fin o ideal. La tiene y lo motiva. Mientras que no degenere en bruto puede concebir una meta para su vida. Pero cualquier concepto que tenga de su fin, siendo pecador, será un concepto torcido y tergiversado. Odia a Dios y, por tanto, el ideal de su vida no es ya el de hacer la voluntad de Dios. A veces hace lo que pueda parecer ser moralmente bueno, pero no lo hace para agradar a Dios. Todo su esfuerzo es para beneficio propio, o, si es más altruista, para mejorar ciertas condiciones sociales en beneficio de la «humanidad». El ideal teocéntrico de la vida, que le orientaba en su estado original, es decir, antes del pecado, está totalmente ausente.

2. La influencia del pecado sobre la libertad humana

Anteriormente hemos visto que con referencia a la voluntad podemos hablar de tres tipos de libertad: el psicológico, el teológico, y el moral. Este último es el más importante para nuestro estudio, pues está relacionado con la capacidad humana de alcanzar su verdadero fin. El primer tipo de libertad sí está afectado por la caída del hombre en el pecado, pero solamente en sentido indirecto. Sigue con la experiencia de «autodeterminación» dentro de los límites que le impone su ambiente. El hombre sigue sintiéndose libre ya que sus actos son resultado de fuerzas puramente naturales. Sigue actuando como ser racional-moral. El segundo tipo de libertad tampoco está modificado por el pecado. El hombre es libre pues no está obligado a actuar por voluntad ajena contra la suya propia, ni aun por la voluntad de Dios. Pero la libertad en el tercer sentido sí está perdida. Y este es el sentido en que los teólogos suelen hablar de la libertad de la voluntad. Debido a su caída en el pecado el hombre ya no tiene facultad de escoger y vivir según su verdadero propósito, su summun bonum, la voluntad de Dios. El estado de posse non peccare se ha cambiado en el de non posse non peccare. El hombre en el estado de pecado siempre es esclavo del pecado. Vive en la servidumbre. Es cierto que en un sentido puede hacer algo de lo relativamente bueno, lo que nuestros teólogos antepasados llamaban «bienes cívicos», pero esto es el resultado de la bondad común (se refiere a la actitud bondadosa de Dios hacia el hombre cual hombre, sin que resulte necesariamente en su salvación). Esta actitud de Dios restringe el pecado y limita sus efectos, es lo que algunos llaman la «gracia común». El hombre no puede hacer lo bueno en el sentido más profundo, en el sentido verdadero: lo que es bueno ante Dios. Lo que escoge el hombre en el estado de pecado siempre está de acuerdo con los principios y el poder del pecado, e invariablemente conduce a una vida de enajenamiento y enemistad contra Dios.

3. La influencia del pecado en cuanto a la conciencia humana

La caída en el pecado no borra el carácter moral del hombre. Este sigue siendo un ser moral. El hombre no perdió la conciencia. Todo lo que hemos dicho sobre la conciencia se puede aplicar también a la conciencia del ser humano en el estado de pecado. Sin embargo, tenemos que afirmar que seguramente la conciencia había sido afectada por el pecado, y esto en dos sentidos:

a. El conocimiento de la norma con que la conciencia juzga y regula la conducta humana está pervertido y, por tanto, en su ejercicio la conciencia está equivocada. El sentido de lo recto y lo equivocado está tergiversado. Aunque varía de individuo a individuo, fundamentalmente la perversión es total en todos porque la voluntad de Dios ya no es su norma. La perversión total quiere decir que la totalidad del hombre está pervertida, no hay aspecto alguno en él que no esté afectado, pero no podemos decir que el grado de su perversión sea el máximo posible. Todos los hombres pecan constantemente y no pueden dejar de pecar, pero ninguno peca todo lo que le sea posible pecar.

b. La sensibilidad de la conciencia para discernir el mal se ha debilitado. Aunque el grado de debilidad varía de individuo a individuo, la habilidad de la conciencia está enormemente reducida. No hay persona humana que pueda confiar en el funcionamiento de su conciencia como guía incuestionable. Sin embargo, con todas estas consideraciones, afirmamos que la conciencia se encuentra en cada ser humano, y sigue operando, aun con serias limitaciones, también en el estado de pecado.

II. En el estado de redención

El principio y el fin del sistema bíblico de la verdad es Dios; pero el centro del sistema cristiano es la redención en y por Cristo. El aspecto soteriológico de la verdad cristiana tiene por ello gran significación para la ética cristiana. Precisamente por esto, tenemos la doctrina de la redención como un supuesto básico para la vida moral cristiana. La soteriología tiene dos fases: la objetiva y la subjetiva. Son dos fases de una sola redención, de una sola salvación realizada por Dios tanto fuera como dentro del ser humano. La primera fase habla de la redención realizada objetivamente por Cristo, en su vida y en su muerte; la segunda trata de la redención aplicada por el Espíritu Santo al corazón del creyente. La parte objetiva se realiza en la historia humana, fuera del ser humano, y la parte subjetiva se realiza dentro del corazón humano. La doctrina básica tanto de la fase objetiva como de la subjetiva es la regeneración.

A. La fase objetiva de la soteriología en cuanto a la ética, o las implicaciones éticas de la redención

Se la puede resumir de la siguiente manera:

1. El pecado humano es perdonable porque es esencialmente la violación de la voluntad de Dios. Tratamos aquí la posibilidad del perdón hasta donde esta posibilidad sea determinada por la naturaleza moral del pecado. El pecado no es elemento constituyente de la realidad en sí. Es decir, no pertenece a la constitución de las cosas. Es más bien una falta; es la falta de conformidad con la voluntad de Dios. Si el pecado fuera necesario, o esencial, para la existencia finita (o creada) del hombre, la redención no sería posible. O sea, el pecado no es parte de la esencia del hombre, creado a la imagen de Dios. (En el caso de que fuera, por supuesto, tampoco habría sido posible la caída, porque el pecado habría comenzado con la existencia del hombre finito). Desde este punto de vista, la única «salvación» posible al hombre hubiera sido su propia destrucción como ser finito, y así dejaría de ser hombre. Es precisamente esto lo que se enseña en algunas de las soteriologías contemporáneas. Dicen que el pecado es inherente a la constitución finita de las cosas. La salvación humana se logra al dejar la existencia finita para sumergirse en el océano del Gran Todo. (Nirvana es precisamente esto). ¡Cuán diferente es del verdadero cielo!

2. El pecado humano, siendo violación de la santa voluntad de Dios, no es perdonable sin que haya una satisfacción moral. El pecado, ya descrito arriba, hace que la reconciliación entre Dios y el hombre se efectúe solamente al quitar la ofensa que forma una barrera moral y destruye la comunión entre el hombre y su Dios. Se ha violado la santa voluntad de Dios y, sin que haya una satisfacción no habrá reconciliación. Dios no descarta su santa y perfecta voluntad.

Se puede objetar: Pero si un padre humano puede hacer esto, ¿no puede hacer Dios lo mismo que hace un padre humano?

Respondemos: En cuanto la rotura de las relaciones entre un padre y su hijo sea personal entre los dos, una reconciliación entre ellos es posible. Pero Dios está en relación cósmica con la humanidad. El pecado tiene implicaciones cósmicas respecto a toda la humanidad. Mientras que no se haga satisfacción por la ofensa de la humanidad contra su Dios, el pecado no será perdonable. El perdonar sin satisfacción sería una anulación de la santa y perfecta voluntad de Dios y, por ende, de la naturaleza misma de Dios.

3. El sacrificio infinito de Jesucristo, el momento crucial en la redención objetiva, ha dado completa satisfacción por el pecado del hombre; y por este sacrificio la barrera entre el hombre y Dios está, en un principio, quitada. El calvario, la revelación del misterio de la redención, es la redención cósmica de Dios, según su propia voluntad. De esta manera se ha dado satisfacción a la justicia, y el amor abrió paso hacia una nueva humanidad en Cristo.

B. La fase subjetiva de la soteriología en cuanto a la ética, o las implicaciones éticas de la redención

Se requiere nada menos que un cambio radical (radix raíz) en el alma humana para que esta conozca y sirva verdaderamente a Dios. Se necesita la redención, y no meramente el desarrollo de algunas capacidades inherentes al hombre (el ideal de los paganos griegos). Esto se logra, según la clara enseñanza de la Escritura, por la operación del Espíritu Santo. En la redención subjetiva el hombre es transformado en kainee ktisis, una criatura nueva (2 Co 5:17). Es la obra de Dios en el creyente. Se quiere decir con esto que lo más profundo de su naturaleza está transformado, sus sentimientos están radicalmente cambiados, su capacidad de conocer a Dios es renovada, y su vida tiene una nueva dirección: hacia Dios. Esta obra del Espíritu, la regeneración, es la implantación de la nueva vida en el creyente. El lado externo, experimentado y manifestado de esta obra es la conversión.

El bendito resultado es la personalidad regenerada que es el agente moral cristiano, es decir, el sujeto (el agens, actor) de la vida moral que estudiamos en la ética cristiana. Anteriormente hemos visto a tal agente bajo dos aspectos diferentes; ahora lo vemos desde un tercer y definitivo punto de vista. Hemos visto las implicaciones éticas de la doctrina de la creación del hombre; hemos considerado las implicaciones éticas de la doctrina de la caída y el pecado; pero ahora nos dirigimos a investigar las implicaciones éticas de la redención del hombre.

1. La redención y la libertad de la voluntad

Cuando la vida nueva esté implantada en el hombre, el creyente quedará restaurado a su verdadera libertad: la libertad espiritual. Nuevamente puede escoger el bien. Su servidumbre al pecado queda anulada. Los impulsos más profundos de su corazón regenerado le empujan hacia el bien. Para el redimido, el hacer la voluntad de Dios es comida y bebida, y disfruta ya la libertad de los hijos de Dios. El significado de esta libertad se enseña en muchas partes de la Biblia, como por ejemplo en Juan 8:32–34; en Romanos 8:2 (véase también Ro 6:16–23), y en Santiago 1:25; 2:12.

2. La regeneración y el verdadero fin del hombre, su ideal

El hombre regenerado tiene una nueva perspectiva hacia toda la vida. Ha redescubierto el verdadero fin de toda su existencia. Su ideal otra vez es el verdadero, el original, el teocéntrico, el ideal de glorificar a Dios. El que odiaba a Dios, ahora lo ama, y esto implica la recuperación del ideal verdadero de la vida. Cumple ahora, en sus intenciones, con el propósito de su creación: el glorificar a Dios. El Catecismo menor de Westminster empieza con esta idea: el propósito del hombre es el de glorificar a Dios y gozar de Él para siempre.

3. La regeneración y la conciencia

Hemos notado anteriormente, al considerar la conciencia, que el hombre a pesar de su pecado no había perdido su conciencia. Pero su concepto de la norma, de acuerdo con la cual una conciencia rinde juicio, está torcido. Además, es muy poco sensible al pecado. Y por haberla maltratado por tanto tiempo podemos decir (figurativamente) que está cubierta con una gruesa capa de callos. Pero ahora, en el proceso de la santificación, que comienza con la regeneración, la conciencia del creyente está sujeta a una doble influencia.

Primero, su conciencia de la verdadera norma, de lo correcto y lo equivocado está restaurado. Ello, en cuanto a su conciencia, es un proceso gradual. Es decir, el creyente progresivamente se apropia, hace suyas, a través de la aplicación de la Palabra a su conciencia, las nuevas normas e ideales para su nueva vida. La base objetiva de la norma es la voluntad de Dios revelada en la Biblia. Por supuesto, se da por sentado que se eduque la conciencia regenerada, y esta es una de las principales tareas de todo cristiano. Hay que adiestrarla y disciplinarla constantemente, aplicándole la norma objetiva de la voluntad revelada de Dios. El progreso en la santificación es crecer en saber y hacer la voluntad de Dios. De acuerdo con su progreso, el hacer la voluntad de Dios se constituye en una «segunda naturaleza» para el creyente. De esta manera la conciencia cristiana gradualmente asimila la norma objetiva moral. La norma de la conciencia progresivamente la ocupa y la guía para alcanzar el alto nivel del ideal objetivamente revelado.

Segundo, la influencia de la regeneración en la conciencia es tal que la hace progresivamente más sensible a fin de que responda en su debida manera. Empieza a juzgar sus pensamientos, actitudes y actos con un nuevo criterio. Se hace más consciente de su pecado y, a la vez de la grandeza de la redención, y goza subjetivamente la realización objetiva de ella.

 Nyenhuis, G., & Eckman, J. P. (2002). Ética cristiana (pp. 65–77). Miami, FL: Editorial Unilit.

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4 – Revelaciones especiales y la Biblia

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

1. LA REVELACIÓN

4. Revelaciones especiales y la Biblia

Cuando Jesús fue tentado por Satanás en el desierto, reprendió al demonio con estas palabras: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mat. 4:4). Históricamente, la iglesia se ha hecho eco de la enseñanza de Jesús al afirmar que la Biblia es la vox Dei, la «voz de Dios» o el verbuni Dei, la «Palabra de Dios». Llamar a la Biblia la Palabra de Dios no significa sugerir que fue escrita por la propia mano divina de Dios o que nos cayó del cielo en un paracaídas. La Biblia misma dirige nuestra atención hacia muchos de sus escritores humanos. Si estudiamos la Escritura diligentemente, notaremos que cada uno de sus escritores humanos tiene su estilo literario propio, su vocabulario, su énfasis especial, su perspectiva, y otras características. Si la producción de la Biblia implicó el esfuerzo humano, ¿cómo es posible considerarla la Palabra de Dios?

A la Biblia se la llama la Palabra de Dios porque ella misma declara, y la iglesia lo cree, que los escritores humanos no escribieron simplemente sus propias opiniones, sino que sus palabras fueron inspiradas por Dios.

El apóstol Pablo escribe:»Toda la Escritura es inspirada por Dios» (2 Tim. 3: 16). La palabra inspiración es una traducción de la palabra griega que significa «exhalado por Dios». Dios exhaló la Biblia. De la misma manera que exhalamos el aire a través de nuestras bocas cuando hablamos, así la Escritura es Dios hablando.

Aunque la Escritura llegó a nuestras manos de las plumas de los autores humanos, la fuente originaria de la Escritura es Dios. Por eso es que los profetas podían anteponer a sus palabras este prefacio: «Así dijo el Señor». Por eso es que Jesús pudo decir: «Tu palabra es verdad» (Jn. 17:17), y «la Escritura no puede ser quebrantada» (Jn. 10:35).

La palabra inspiración también dirige nuestra atención al proceso utilizado por el Espíritu Santo para supervisar la producción de la Escritura. El Espíritu Santo guió a los autores humanos para que sus palabras no fueran otra cosa que la palabra de Dios. No sabemos cómo supervisó Dios los escritos originales de la Biblia. Pero la inspiración no implica que Dios dictó sus mensajes a quienes escribieron la Biblia. El Espíritu Santo comunicó las propias palabras de Dios por medio de los escritores humanos.

Los cristianos afirman la infalibilidad y la inerrabilidad de la Biblia porque en última instancia Dios es el autor de la Biblia. Y como es imposible que Dios inspire falsedades, su palabra debe ser completamente cierta y confiable. Cualquier producto literario preparado normalmente por los humanos es factible de contener errores. Pero la Biblia no es un proyecto humano normal. Si la Biblia ha sido inspirada y supervisada por Dios, entonces no puede equivocarse.

Esto no significa que las traducciones de la Biblia con las que contamos hoy en día no contengan errores, sino que los manuscritos originales eran absolutamente correctos. Tampoco significa que todas las afirmaciones contenidas en la Biblia sean verdaderas.

El escritor del libro de Eclesiastés, por ejemplo, declara que «en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría» (Eclesiastés 9: 10). El escritor estaba escribiendo desde una perspectiva de desesperación humana, y sabemos que su afirmación no es verdadera a la luz de otras partes de la Escritura. Pero hasta cuando nos revela los falsos razonamientos de un hombre desesperado, la Biblia nos dice la verdad.

Resumen

INSIRACION: DIOS = Autor Supremo > Los seres humanos > La Biblia

l. La inspiración es el proceso por el cual Dios ha exhalado su palabra.

  1. Dios es la fuente originaria de la Biblia.
  2. Dios es el supervisor final de la Biblia.
  3. Solamente los manuscritos originales de la Biblia no contenían ningún error.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ps. 119

Jn. 17:17

1 Thes. 2: 13

2 Tim. 3:15-17

2 Pet. 1:20-21

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

La blasfemia contra el Espíritu Santo

Palabra de Vida Almería

Martyn Lloyd-Jones: La blasfemia contra el Espíritu Santo

Will Graham

¿Cuál es esta blasfemia o pecado contra el Espíritu Santo? Los cristianos suelen estar preocupados por esta cuestión y se sienten culpables por ello. La respuesta es esta: si esto nos preocupa, podemos estar completamente seguros de que no somos culpables de ello.

Podemos ver este pecado en Hebreos 6:4-6; 10:26 y en 1 Juan 5:16 donde el apóstol dice, «Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida».

Estos pasajes significan que un hombre (o una mujer) puede rechazar a Cristo y su gloria deliberadamente, quizá hasta atribuyendo al diablo los poderes de Cristo, tal cual como hicieron los fariseos cuando dijeron, «Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios» (Mateo 12:24).

Así pues, las personas que son culpables de pecar contra el Espíritu Santo no solo no creen en Cristo, no quieren creer en Él, lo ridiculizan, se mofan de Él, le dan la espalda y le desprecian.

Si nos preocupa haber pecado contra el Espíritu Santo y queremos estar reconciliados con Dios y con Cristo y sentimos que hemos pecado rompiendo así la relación, si gemimos por estar fuera de la relación en lugar de dentro de ella, entonces no solamente no somos culpables de haber pecado contra el Espíritu Santo, sino que estamos lo más lejos de ello que una persona pueda estar.

Estas otras personas están contentas, se regocijan en ello; se glorían en ello, están orgullosas de sí mismas y de su rechazo.

Somos exactamente lo opuesto. Nos provoca angustia y nos preocupa y daríamos cualquier cosa por conocerle y estar reconciliados con Él.

No escuchemos la mentira del diablo que está intentando deprimirnos y robarnos nuestro gozo. Plantémosle cara y digamos: Mi máximo deseo es conocerle, y estar reconciliado con Él es la prueba de que no he cometido una blasfemia contra el Espíritu Santo.

Y si lo hacemos, puedo asegurar que encontraremos la liberación definitiva. Encontraremos la paz, y el gozo del Señor y de la salvación se nos restaurará. Y luego nos podremos dirigir a Dios, dándole las gracias por la misericordiosa obra del Espíritu Santo

Pastor Will Graham

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

¡Bienvenidos a su página oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

La soberanía divina

Alimentemos El Alma

Serie: El Evangelismo Y La Soberanía De Dios

J.I. Packer

Capítulo I

La soberanía divina 1

No intentaré probar la verdad general de la soberanía de Dios en el mundo, pues no hay necesidad. Sé que si usted es cristiano, esto ya lo cree. ¿Cómo lo sé? Bueno, pues, sé que si usted es cristiano, usted ora, y el fundamento de sus oraciones es la seguridad de la soberanía de Dios en el mundo. En sus oraciones, usted pide y agradece. ¿Por qué? Porque sabe que Dios es el autor y la fuente de todo lo que usted tiene ahora y de lo que espera tener en el porvenir. Ésta es la filosofía básica de la oración cristiana. La oración de un cristiano no es un acto que intenta exigir que Dios actúe según nuestros deseos, sino es un reconocimiento humilde de nuestra dependencia y desamparo total. Cuando nos arrodillamos, sabemos que no estamos en control de los eventos de este mundo; asimismo reconocemos que somos impotentes para satisfacer nuestras necesidades terrenales; todo lo que queremos, ya sea para nosotros o para otros, proviene de la mano todopoderosa de Dios. En el Padre Nuestro vemos que éste es el caso aun con “nuestro pan de cada día.” Si la mano de Dios nos provee con nuestras necesidades físicas, sería inconcebible sugerir que no nos provee con nuestras necesidades espirituales. A pesar de lo que postulemos después en discusiones teológicas, todo esto es tan claro cuando estamos orando, como la luz del sol. Efectivamente, lo que hacemos cada vez que nos arrodillamos para orar es reconocer la impotencia de nosotros mismos y la soberanía de Dios. Por lo tanto, el hecho de que un cristiano ore es una confesión positiva de su creencia en la soberanía de Dios.

Tampoco intentaré demostrar la validez de la verdad específica de la soberanía de Dios en cuanto a la salvación. Pues esto usted también lo cree. Esto lo afirmo por dos razones. Primero, usted le da gracias a Dios por su regeneración, y ¿por qué hace usted esto? Porque usted sabe que Dios es el único responsable por ella, pues usted no se salvó a sí mismo, sino que Él fue quien lo salvó. En agradecimiento usted reconoce que su conversión no fue el resultado de su propio afán, sino fue obra de la mano todopoderosa de Dios. Reconoce que su conversión no fue producto del azar, la probabilidad, o las circunstancias ciegas. No fue producto de un accidente que usted asistió a una iglesia cristiana, escuchó el evangelio, y vio que su vida carecía del Señor. Si usted se convirtió por medio de sus propias lecturas de la Biblia o por medio de algunos amigos cristianos, o aun por medio de un evangelista, usted sabe que su arrepentimiento y su fe no provienen de su propia sabiduría y prudencia. Quizá usted buscó y rebuscó a Cristo, quizá usted pasó por muchas tribulaciones en su búsqueda de un significado, y quizá usted leyó y meditó mucho tratando de encontrar una orientación, pero ninguna de esas cosas hace que la salvación sea obra suya. Cuando usted se entregó a Cristo, el acto de fe fue suyo, pero esto no quiere decir que usted se salvó a sí mismo. De hecho, ni se le ocurre pensar que la salvación sea obra suya.

Se siente responsable por sus pecados, indiferencias y obstinaciones frente al mensaje del evangelio, y nunca se glorifica por su santificación en Cristo Jesús. A usted nunca se le ha ocurrido dividir el mérito de su salvación entre sí mismo y Dios. Nunca ha pensado que la contribución decisiva de su salvación fue suya y no de Dios. Usted nunca ha dicho a Dios que, aunque Él le diera la oportunidad de la salvación, usted se da cuenta de que no hay que darle gracias a Él porque usted mismo tuvo la astucia de aprovechar la oportunidad. Su corazón se repugna y sus rodillas tiemblan al pensar en hablarle a Dios de esa manera. Pues nosotros agradecemos que Dios nos haya dado un Cristo de quien recibir confianza, consuelo, fe y arrepentimiento. Desde su conversión, su corazón le ha guiado de esta manera. Usted da toda la gloria a Dios por todo lo que Él hizo en salvarle, y usted sabe que sería blasfemia y soberbia no agradecerle por llevarle a la fe. Entonces, en su concepto de la fe y cómo la fe es otorgada, usted cree en la soberanía divina; así también creen todos los cristianos en el mundo.

En conexión a esto, será de gran beneficio escuchar unas palabras de una conversación entre Charles Simeon y John Wesley, anotada el 20 de diciembre de 1784 en el Diario de Wesley.

“Señor, entiendo que a usted se le llama un Arminiano, y a mí a menudo me llaman un Calvinista; por lo tanto, entiendo que debemos sacar nuestras espadas. Pero antes del comienzo de la batalla, con su permiso le haré algunas preguntas… Disculpe, buen señor, ¿se siente usted una criatura depravada, tan depravada que nunca hubiera contemplado voltear su rostro a Dios, si Dios no hubiera puesto esa disposición en su corazón de antemano?”

“Sí,” contesta el veterano, “definitivamente soy una criatura depravadísima y no puedo hacer nada por mi propia disposición.”

“Y ¿se siente usted inquieto al recomendarse a sí mismo a Dios por su propio mérito, o busca usted la salvación sólo por la sangre y justicia de Jesucristo?”

“Sí, no hay otro camino a la salvación que no sea por Cristo.”

“Pero suponemos, mi apreciado señor, que usted fue salvado primero por Cristo, ¿no necesitará usted salvarse luego por obras?”

“No, Cristo salva desde el principio hasta el fin.”

“Si admite usted que Dios volteó el rostro de usted a Él por medio de la gracia, ¿seguirá usted el camino estrecho de la salvación por sus propios esfuerzos?”

“No.”

“Entonces ¿será usted guiado a cada hora y a cada minuto como un bebé en los brazos de su madre?”

“Sí, así me guiará Dios.”

“Y ¿está toda su esperanza de llegar al Lugar Santísimo envuelto en la gracia y misericordia de Dios?”

“Sí, toda mi esperanza está en El.”

“Entonces, señor, con su permiso guardaré de nuevo mi espada, porque éste es mi Calvinismo, ésta mi elección, mi justificación por fe, mi perseverancia final; en fin, es en sustancia todo lo que creo, y así lo creo; y, por lo tanto, en vez de buscar términos y frases que nos separen, busquemos mejor aquellas cosas en las cuales estamos de acuerdo.”

La segunda manera en que reconocemos la soberanía de Dios en la salvación es que oramos por la conversión de otros. Ahora, ¿sobre qué fundamento debemos interceder por ellos? ¿Nos limitamos a pedirle a Dios que los lleve a un punto donde ellos mismos puedan decidir si quieren ser salvos, independientemente de Él? Yo dudo que usted ore así. Creo, más bien, que usted ora en términos categóricos que Dios, simple y decisivamente, los salve; que Él les abra los ojos ciegos, endulce sus corazones amargos, renueve sus naturalezas depravadas e incite sus voluntades para recibir a Jesucristo como su Salvador. Usted le pide a Dios que prepare todo lo necesario para que ellos puedan ser salvos. Usted nunca le pediría a Dios que no los lleve a la fe, porque usted ya sabe que eso es algo que Dios no puede hacer. ¡Nunca haría usted tal cosa! Cuando usted ora por los incrédulos, reconoce que está dentro del poder de Dios llevarlos a la fe. Pide que Él lo haga, y reposa en el conocimiento que Su poder es lo suficientemente grande para cumplir con su petición. El poder de Dios es aún más grande: esta creencia que anima su intercesión es la gran verdad de Dios escrita en nuestros corazones por la obra milagrosa del Espíritu Santo. Entonces, cuando usted ora (y cuando un cristiano ora es de lo más sano y sabio), usted sabe que es Dios quien salva al hombre; usted sabe que lo que hace a los hombres voltear sus rostros hacia Cristo es la voz misericordiosa de Dios llamándolos hacia Él. Por consiguiente, tanto por la práctica de intercesión para otros como por el hecho de dar gracias por nuestra propia salvación, nos damos cuenta de que la gracia de Dios es soberana, y así es que todos los cristianos en el mundo reconocen la gracia soberana de Dios.

Hay una controversia perenne en la Iglesia concerniente al señorío de Dios en cuanto a la conducta humana y la fe redentora. Lo que se dijo anteriormente debe definir nuestra posición al respecto. La esencia del problema es distinta a lo que aparenta. Pues no es cierto que algunos cristianos creen en la soberanía divina mientras que otros adoptan una perspectiva opuesta. La verdad es que todo cristiano cree en la soberanía divina, pero algunos no saben que lo creen; así, imaginan e insisten que rechazan la doctrina. ¿Cuál es la causa de esta situación inoportuna? La raíz del problema es la misma de casi todos los problemas en la Iglesia —la introducción de especulaciones racionalistas, la pasión por la consistencia sistematizada, el rechazo del misterio, la idea de que Dios no puede ser más sabio que el hombre y la subyugación de las Escrituras a la lógica humana. La Biblia enseña que el hombre es responsable por sus acciones, pero el hombre no ve (ni puede ver) cómo esto puede compaginar con el señorío soberano de Dios. Creen que las dos ideas no pueden co-existir, aunque co-existen en la Biblia y, por lo tanto rechazan la idea bíblica de la soberanía, para preservar la idea de la responsabilidad humana. El deseo de simplificar la Biblia por medio del abandono de doctrinas bíblicas es un acto de lo más natural para nuestras mentes perversas y depravadas. Tampoco nos sorprende que aun los hombres más buenos se encuentren atrapados por esa inclinación. Ésta es la razón por la que esta controversia ha persistido en la Iglesia por tantos siglos. Sin embargo, la ironía de la situación se manifiesta cuando los defensores de cada partido oran. En la oración vemos que aquellos que rechazan la doctrina realmente lo afirman con la misma certeza que aquellos que la defienden.

¿Cómo ora usted? ¿Pide usted su pan de cada día? ¿Usted le agradece a Dios por su salvación? ¿Ora usted por la conversión de otros? Si ha contestado “no”, sólo puedo decir que dudo que usted haya nacido de nuevo. Pero si ha contestado “sí”, pues eso afirma que, a pesar de cómo usted había pensado antes con respecto a este tema teológico, en su corazón usted cree en la soberanía de Dios, así como cualquier otro cristiano. De pie podemos construir argumento tras argumento, pero de rodillas todos estamos de acuerdo. Y ahora, tomemos este acuerdo como punto de partida.

 Packer, J. I. (2008). El Evangelismo y la Soberanía de Dios. (G. A. Martínez, Trad.) (pp. 11–17). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

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Y ¿CÓMO ESCUCHARÁN SIN UN PREDICADOR? UNA TEOLOGÍA BÍBLICA DE ROMANOS 9-11

Evangelio Blog

Y ¿CÓMO ESCUCHARÁN SIN UN PREDICADOR? UNA TEOLOGÍA BÍBLICA DE ROMANOS 9-11

Gregory H. Harris

IMAGEN TOMADA DE: PRIMEROSCRISTIANOS.COM

Profesor Emérito de Exposición Bíblica en The Master’s Seminary

Romanos 10:14 (“¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”) y los versículos que lo acompañan se usan frecuentemente completamente fuera de contexto para las ordenaciones o los servicios de comisión misionera, como si en estos versículos Dios está llamando a que se envíen predicadores. Otros predicadores y maestros omiten completamente Romanos 9-11 en gran parte o toda su enseñanza o predicación, y, por defecto, estos versículos no tienen ninguna influencia en su teología. Como este artículo mostrará, estas Escrituras inspiradas por el Espíritu Santo: (1) No son preguntas retóricas hechas por Dios; (2) más bien son parte de las respuestas de Dios dadas por medio del apóstol Pablo en cuanto a su confiabilidad y omnipotencia, particularmente relacionadas con su Palabra. Además, (3) cuando “la plenitud de los gentiles haya entrado”, esto también significará que “el endurecimiento parcial del Israel [nacional]” ha terminado y así se cumplirá Romanos 11:25, (4) cuando el Libertador de Israel venga de Sión y a través de la sangre del Nuevo Pacto, Él removerá su pecado e impiedad del remanente judío prometido, (5) finalmente bendiciendo al mundo entero de judíos y gentiles redimidos.

Introducción
Dos pasajes de la Escritura se usan frecuentemente en los servicios de comisión de pastores y misioneros, o como un llamado a la predicación/enseñanza expositiva:

Isaías 6:8 “Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí: Heme aquí; envíame a mí.”

Romanos 10:14-15 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!

Aquí hay algunos ejemplos de tal interpretación y uso, específicamente Romanos 10:14-15.

D.Martyn Lloyd-Jones: “Estos versículos [Rom 10:14-15] son la gran carta para las empresas de misiones extranjeras. Se aplican, por supuesto, a cualquier empresa misionera, pero son en particular, y siempre han sido considerados como, la gran carta para la obra misionera extranjera.” [1]

Ministerios Ligonier: “Los predicadores, además, no pueden ir a menos que la iglesia los envíe, comisionándolos para el ministerio y apoyando sus necesidades físicas (Rom 10:14-15). La tarea de alcanzar a las naciones no la realizan los misioneros solitarios que se lanzan a la tarea por su cuenta. En vez de ello, la iglesia entrena y envía predicadores sanos del evangelio. El Dr. R.C. Sproul escribe en su comentario sobre Romanos que ‘no todos en la iglesia están llamados a ser misioneros, pero cada miembro de la iglesia es responsable de asegurarse de que la actividad misionera se lleve a cabo’. La Gran Comisión no es para unos pocos elegidos, sino que es dada a toda la iglesia. Algunos de nosotros iremos hasta los confines de la tierra. Algunos de nosotros enviaremos misioneros, apoyándolos financieramente y en oración. Pero todos nosotros debemos participar en esta gran obra.” [2]

Steve Lawson: “La Gran Comisión es nuestro manifiesto. Es nuestro mandato. Son nuestras órdenes de marcha desde el cuartel general. Así que esta mañana quiero que veamos algunos versículos extremadamente importantes que bosquejan y nos dan el mandato divino para las misiones. Los encontramos en el capítulo 10 de Romanos. Hoy quiero leer los versículos 13 a 17… En estos versículos el apóstol Pablo está hablando de las misiones. Está hablando de evangelización.[3]

Dios envía personas al ministerio. Jesús explicó en Lucas 10:2, al enviar a los setenta, “La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, por tanto, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.” Sin embargo, ni Romanos 10:14-15 ni Isaías 6:8 son los puntos de partida apropiados para la enseñanza bíblica sobre el envío de los obreros del ministerio, de lo contrario la interpretación exacta de estos versículos será sacrificada. Los contextos de los versículos revelan una usanza totalmente diferente de Dios, con significados que son eternamente profundos y consecuentes en cuanto a las cosas pasadas, presentes y futuras, de maneras distintas.[4]

Un amplio recorrido por Romanos. La Epístola que Pablo compuso a la(s) iglesia(s) de Roma no fue un mensaje evangelístico a la ciudad de Roma. La naturaleza cristiana de esta epístola inspirada por el Espíritu se ve fácilmente en los primeros versículos de Romanos 1:1-7:

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que Él ya había prometido por medio de sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, y que fue declarado Hijo de Dios con poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien hemos recibido la gracia y el apostolado para promover la obediencia a la fe entre todos los gentiles, por amor a su nombre; entre los cuales estáis también vosotros, llamados de Jesucristo; a todos los amados de Dios que están en Roma, llamados a ser santos: Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.[5]

Pablo escribió además, en el versículo 15: “Estoy deseoso de anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.” Escribió acerca de lo ansioso que estaba de predicar el evangelio a los cristianos y a los no salvos en Roma. ¿Por qué los Cristianos que ya habían recibido el evangelio necesitan escuchar el evangelio que Pablo predicó? Una gran parte de la respuesta fue que Pablo quería usar Roma como su base de operaciones, especialmente a la luz de su deseo de continuar sus viajes misioneros a España, como se ve en Romanos 15:20-25:

20 De esta manera me esforcé en anunciar el evangelio, no donde Cristo ya era conocido, para no edificar sobre el fundamento de otro; 21 sino como está escrito:

Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de Él, verán,
y los que no han oído, entenderán.

22 Por esta razón muchas veces me he visto impedido de ir a vosotros, 23 pero ahora, no quedando ya más lugares para mí en estas regiones, y puesto que por muchos años he tenido un gran deseo de ir a vosotros, 24 cuando vaya a España iré a vosotros. Porque espero veros al pasar y que me ayudéis a continuar hacia allá, después de que haya disfrutado un poco de vuestra compañía. 25 Pero ahora voy a Jerusalén para el servicio de los santos,

Bajo la soberanía de Dios, Pablo tenía diferentes razones para escribir la epístola a los Cristianos en Roma. Primero, era una medida preventiva/protectora contra los falsos maestros/falsos apóstoles. Anteriormente, de cada lugar después de que Pablo había salido de una iglesia o iglesias, los falsos maestros siempre se colaban y atacaban las iglesias, causando mucho daño espiritual como se muestra en Gálatas, 1 y 2 Tesalonicenses, y 1 y 2 Corintios. Segundo, esto le dio a Pablo la oportunidad de escribirles de antemano las verdades bíblicas que él había enseñado/estaría enseñando.[6] Pablo no fue el fundador de la iglesia en Roma. En Hechos 2:10, con el nacimiento de la iglesia y el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, los romanos son parte de la gente que asistió ese día: “de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma [literalmente “los romanos residentes”], tanto judíos como prosélitos.”[7] Los romanos salvados ese día probablemente fueron los que Dios usó para fundar la iglesia en Roma.[8] Así que, sin que Pablo haya conocido previamente a la mayoría de ellos, si la iglesia en Roma iba a ser su base misionera, Pablo debía tener a su iglesia de origen en acuerdo doctrinal antes de poder confiar en que los falsos maestros no vendrían después de que él se fuera y engañaran a la iglesia en Roma.

La tercera razón por la que Pablo escribió Romanos fue en vista de la mentalidad de los romanos no salvos y los obstáculos que podían impedir que muchos otros recibieran el evangelio. Como el texto bíblico mostrará, dos preguntas específicamente importantes tenían que ser tratadas. Primero, ¿cómo puede alguien decir que Jesús es el Cristo/Mesías y el Hijo de Dios cuando su propio pueblo Israel lo rechazó? Segundo, ¿cómo puede alguien decir que el Dios de la Biblia es en realidad el Dios que dice la verdad, y que Su Palabra es verdadera? No solo la mayoría de los Judíos rechazaron al Mesías de Dios – incluyendo a la mayoría de los Judíos hasta el presente – sino que también la mayoría de lo que está escrito en el Antiguo Testamento, especialmente las profecías, aún no se ha hecho realidad.

En términos más amplios, estas son las divisiones del libro: Romanos 1-11 es la porción doctrinal, y 12:1-15:13 es la sección de aplicación de las verdades bíblicas en la vida piadosa. La sección de aplicación de Romanos comienza con estos versículos familiares para muchos, 12:1-2: “Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.”

Pablo siguió estos versículos con muchos saludos informativos a diferentes personas (15:14-16:24), y concluyó con una hermosa y doctrinalmente rica bendición, en Romanos 16:25-27:

Y a aquel que es poderoso para afirmaros conforme a mi evangelio y a la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que ha sido mantenido en secreto durante siglos sin fin, pero que ahora ha sido manifestado, y por las Escrituras de los profetas, conforme al mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las naciones para guiarlas a la obediencia de la fe, al único y sabio Dios, por medio de Jesucristo, sea la gloria para siempre. Amén.

La primera porción doctrinal importante de la epístola está en Romanos 1:18-5:21 y presenta la doctrina de la justificación por la fe en la obra terminada del Señor Jesucristo.[9] Debe enfatizarse que no es justo decir “justificación por la fe.” Debe haber algún objeto de esa fe, especialmente un objeto de fe aceptado por Dios como satisfacción suficiente para la salvación de uno. No es solamente la fe, sino que hasta los demonios tienen la fe para creer que hay un solo Dios (Stg 2:19). Por lo tanto, una creencia amplia en Dios no es suficiente aquí. Tal fe salvadora está puesta únicamente en la persona y la obra terminada del Señor Jesucristo, su vida perfecta y su sacrificio perfecto, aceptada por Dios en nuestro favor por aquellos que ya ha redimido o por aquellos a quienes redimirá.

En términos generales, Pablo comenzó con las malas noticias en Romanos 1:18-3:20 de que todos los humanos – excepto Jesús mismo – están condenados ante Dios por cada pecado que han cometido, lo que hace apropiado que la ira de Dios sea derramada sobre ellos. No hay individuos, grupos o personas justas, y esto es cierto para los gentiles, cierto para los judíos, a través de todo el tiempo (Romanos 3:9-18). Después de establecer bíblicamente las malas noticias de la condenación total de cada persona nacida naturalmente, Pablo empezó a construir el argumento para “las buenas noticias,” el evangelio del Señor Jesucristo. Hasta qué punto estas buenas noticias significan para nosotros en nuestra posición ante Dios es contestado -entre otros lugares- en Romanos 5:1-2: “Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” Romanos 5:9-11 continúa con otros beneficios maravillosos de la salvación que Dios da a los redimidos: “Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de Él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.”

La segunda gran división de la porción doctrinal del libro de Romanos es 6:1-8:17, presentando la doctrina de la santificación posicional, la cual enfatiza que la santificación posicional es un estatus espiritual otorgado a todos los cristianos por Dios en el punto de salvación. Los redimidos actualmente poseen este estatus espiritual en Cristo Jesús, pero tendrán que esperar hasta el cielo para ver la plenitud de muchas de estas benditas promesas. Tal énfasis es resaltado por John MacArthur y Richard Mayhue:

Así, cuando el Espíritu imparte vida espiritual en el alma del pecador muerto, abriendo sus ojos a la inmundicia del pecado y a la gloria de Jesús (2 Cor 4:4, 6), la naturaleza del hombre es santificada -definitivamente transformada de la muerte espiritual a la vida espiritual, de tal manera que la Escritura lo llama una nueva creación (2 Cor 5:17)…. Por esta razón, el Nuevo Testamento emplea a menudo la terminología de la santificación en tiempo pasado, caracterizando al cristiano como alguien que ha sido inicialmente santificado por Dios.[10]

La instrucción de Pablo acerca de la santificación progresiva del cristiano -vivir la vida y el andar cristiano, y crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo – no comienza hasta Romanos 12:1 (“Os ruego, hermanos, que presentéis vuestros cuerpos…”). En esta porción doctrinal de Romanos, Pablo escribió acerca de la santificación posicional dando muy pocos mandatos durante esta sección; en cambio, Pablo repitió las verdades doctrinales bíblicas que son verdaderas para cada cristiano.

En Romanos 6:11, Pablo escribió que aquellos justificados por Jesucristo están muertos al pecado como amo sobre nosotros: “Aún así, considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.” En Romanos 7, Pablo instruyó que el creyente está muerto a la ley como el amo que gobierna sobre los redimidos. Sin embargo, también reconoció la lucha presente que vendrá, y a menudo gana, al cristiano que está viviendo estas verdades, como demuestra Romanos 7:24-25: “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios, pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado.” De hecho, tan grandes y maravillosas son estas verdades que son aplicables para los redimidos que podemos regocijarnos por tales verdades doctrinales en Romanos 8:1-2: “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.”

Romanos 8:18-39 es la tercera parte de la sección doctrinal de Romanos. Dios Espíritu Santo, a través del Apóstol Pablo, revela la glorificación futura de los redimidos y de la tierra, que no sólo se relaciona con muchos de los problemas de la situación actual sino que también mira hacia el futuro. Romanos 8:18-21 muestra que esto es cierto:

Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

Matt Waymeyer muestra cómo muchos amilenaristas consideran las verdades bíblicas de Romanos 8:17-23 como “su argumento final” en su caso contra el premilenarismo:

Los amilenaristas también señalan a Rom 8:17-23 como una indicación de que el pecado y la muerte ya no existirán después de la Segunda Venida. En este pasaje, no sólo la creación misma “será liberada de su esclavitud a la corrupción” (21), sino que los hijos de Dios serán glorificados con Cristo, siendo completamente liberados del pecado (17-23). Pablo se refiere específicamente a ser “glorificados” con Cristo (17); “la gloria que nos ha de ser revelada” (18); “la revelación de los hijos de Dios” (19); “la gloria de los hijos de Dios” (21); y “nuestra adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo” (23). De acuerdo a los amilenaristas, esto indica que la Segunda Venida será un tiempo de liberación total del pecado y de todos sus efectos, un tiempo en el que la maldición será levantada y todo rastro de maldad será removido de la totalidad del orden creado, incluyendo a los hijos de Dios. Por lo tanto, se dice que Romanos 8:17-23 excluye claramente la posibilidad de un reino intermedio en el que el pecado y la muerte continúen después de la Segunda Venida (Venema, The Promise of the Future, 94; Riddlebarger, A Case for Amillennialism, 166; Hoekema, The Bible and the Future, 282; Storms, Kingdom Come, 153–54; 551). [11]

Mientras que se anticipa fervientemente y anhela las glorias de Dios que vendrán y que afectarán al mundo entero, la sección doctrinal no termina en Romanos 8, sin importar si encaja o no en la teología preestablecida de uno. Los próximos capítulos también son parte del “evangelio de Dios” que Dios le dio al apóstol Pablo (Romanos 1:1).

Romanos 9-11 debe ser considerado como la cuarta y última parte de la porción doctrinal de Romanos. Esta sección explica mucho acerca del pueblo judío, su futuro y su relación con las promesas y las obras de Dios. Estos capítulos son tan verdades doctrinales inspiradas por el Espíritu como cualquiera de las maravillosas promesas de Dios que se encuentran en Romanos 5 o Romanos 8, por ejemplo. Tristemente, sin embargo, esta verdad doctrinal está lejos de ser aceptada universalmente por muchos expositores que a propósito ignoran mucho o todo el contenido de Romanos 9-11, porque no se alinea con su escatología previamente establecida. Por lo tanto, esta sección sobre el Israel nacional es igual de doctrina -no opinión, y no opcional – si uno va a predicar y enseñar la Palabra de Dios de manera correcta. Pablo dijo en Romanos 1:1 que fue apartado para el evangelio de Dios, el evangelio que incluye a Romanos 9-11.[12]

Es en esta sección de Romanos que Dios el Espíritu Santo a través del apóstol Pablo se dirigió a las dos preguntas críticas de cómo Jesús podría ser el Mesías de Dios si incluso su propio pueblo lo rechazaba, y cómo Dios puede ser el Dios Todopoderoso si su propia Palabra no se ha hecho realidad todavía. Esta última pregunta se hace porque la Biblia contiene muchas profecías-especialmente en el Antiguo Testamento-que aún no se han cumplido. Ambas son preguntas que los escépticos y los críticos de Dios y Su Palabra todavía usan actualmente.[13]

Como consideración final, Gentry y Wellum, en los versículos iniciales de Kingdom Through Covenant (El Reino a Través del Pacto), hacen afirmaciones conformes respecto a los pactos de Dios:

El propósito de este libro es demostrar dos afirmaciones. Primero, queremos mostrar cuán central es el concepto de “pacto” en la estructura de la trama narrativa de la Biblia, y segundo, cómo un número de diferencias teológicas cruciales, y la resolución de esas diferencias, están directamente ligadas a la comprensión de uno de cómo los pactos bíblicos se desarrollan y se relacionan entre sí…. En cambio, afirmamos que los pactos forman la columna vertebral de la meta-narrativa de la Escritura y, por lo tanto, es esencial “juntarlos” correctamente para discernir con precisión “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27).[14]

Además, escriben:

Michael Horton capta muy bien este punto cuando escribe que los pactos bíblicos son “la estructura arquitectónica que creemos que las mismas Escrituras nos dan…. No es simplemente el concepto del pacto, sino la existencia concreta de los tratos del pacto de Dios en nuestra historia que provee el contexto dentro del cual reconocemos la unidad de las Escrituras en medio de su variedad remarcable.” Si este es el caso, el cual afirmamos que es, aparte de entender apropiadamente la naturaleza de los pactos bíblicos y cómo se relacionan entre sí, uno no discernirá correctamente el mensaje de la Biblia y por lo tanto la auto-revelación de Dios que se centra [sic] y culmina en nuestro Señor Jesucristo.[15]

Se hará evidente que lo que difiere enormemente es la identificación y/o la implementación de lo que son los pactos de Dios, así como su importancia. Esto se debe a que la sección de Romanos 9-11 tiene muy poco que ver con el entendimiento de Gentry y Wellum de la Biblia como un todo, especialmente de sus pactos. Moo afirma correctamente: “¿Es esta sección, entonces, un desvío de la línea principal del argumento de Pablo en Romanos, un excurso que interrumpe el flujo natural de la carta? No, en absoluto. Romanos 9-11 es una parte importante e integral de la carta. Aquellos que relegan los capítulos 9-11 a la periferia de Romanos han malinterpretado el propósito de Rom 9-11, o de la carta, o de ambos.”[16]

La Importancia Teológica De La Doctrina Bíblica De Romanos 9:1-5
Los versículos introductorios de Romanos 9:1-5 comienzan la cuarta y última parte de la sección doctrinal de Romanos 9-11 al enumerar algunos de los maravillosos beneficios/bendiciones que Dios ha dado al pueblo judío. La ESV tradujo estos versículos iniciales de la siguiente manera:

Estoy hablando verdad en Cristo, no estoy mintiendo; mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo de que tengo una gran pena y una angustia incesante en mi corazón. Porque podría desear que yo mismo fuera maldito y cortado de Cristo por causa de mis hermanos, mis parientes según la carne. Son israelitas, y a ellos pertenecen la adopción, la gloria, los pactos, la entrega de la ley, el culto y las promesas. A ellos pertenecen los patriarcas, y de su raza, según la carne, es el Cristo, que es Dios sobre todo, bendito por siempre. Amén.[17]

Al escribir acerca de sus compañeros judíos, Pablo declara en el versículo 4, “Son israelitas, y a ellos pertenece la adopción, la gloria, los pactos, la entrega de la ley, el servicio del templo y las promesas” (énfasis añadido). Se debe hacer especial mención de que todos estos privilegios pertenecen actualmente -no en tiempo pasado- al pueblo judío, a pesar de que los servicios del templo, que estaban funcionando en ese momento, pronto terminarán por un período prolongado a partir del año 70 d.C. Esto no significa que todo judío es salvo, pero sí muestra, si se limita a esta única verdad doctrinal, que “a ellos pertenecen… los pactos” (plural αἱ διαθῆκαι ).

Hay diferentes maneras en que los amilenaristas responden a lo que significan estos versículos de apertura y cómo deben ser interpretados. Por mucho, la respuesta más fácil es la que se encuentra en Kingdom Through Covenant, de Gentry y Wellum, que no incluye Romanos 9:1-5 en su índice bíblico. Parece evidente que estos versículos no desempeñan ningún papel en su interpretación de la Biblia. Morris reconoce al menos que estas promesas enumeradas sí existen, pero ve que “los pactos [que todavía pertenecen a los judíos en Romanos 9:4] son tal vez sorprendentes.”[18] Luego recorre un amplio espectro de posibles opciones interpretativas, algunas de ellas más bien esotéricas. Sam Storms, en Kingdom Come, escribe:

La clave de la argumentación de Pablo en Romanos 11 es un problema que abordó en Romanos 9:1-5, al que debo referirme brevemente. Si Israel es la gente del pacto de Dios a la que se le han dado muchos privilegios gloriosos (9:4-5), ¿cómo es posible que tan pocos sean salvos y tantos malditos estén separados de Cristo (9:1-3)? ¿Ha fallado la “palabra” de Dios, su promesa de pacto y propósito eterno? ¿La incredulidad de la mayoría de los parientes de Pablo según la carne ha frustrado el decreto salvífico de Dios, socavando así la confiabilidad y la fidelidad de la palabra de Dios? La respuesta de Pablo a esto es un rotundo ¡No! Él trabajará para demostrar que el propósito eterno de Dios nunca incluyó la salvación de cada judío étnico. Su incredulidad, por lo tanto, difícilmente puede ser citada como evidencia contra la veracidad e inmutabilidad de la palabra de Dios.[19]

A favor de Storms, en contra de Wellum y Gentry, al menos trata algunas de las cuestiones que comienzan en Romanos 9-11, pero lo hace de una manera un tanto volátil. Primero, pregunta, “Si Israel es el pueblo de Dios a quien se le han dado muchos privilegios gloriosos (9:4-5)…,” pero luego mantiene estos versículos cerrados. De las promesas gloriosas dadas al pueblo judío, escribe: “Son israelitas, y a ellos pertenece la adopción, la gloria, los pactos, la entrega de la ley, el servicio del templo y las promesas.”[20] En segundo lugar, Storms lleva a cabo la eisegesis, trayendo sobre el texto su propia interpretación: “¿Ha fallado la “palabra” de Dios, su promesa de pacto y propósito eterno?.”[21] Storms escribe “su promesa de pacto” (singular), pero el texto del que escribe (Rom 9:4) registra que “a ellos pertenecen… los pactos” (plural). La reducción de dos pactos en este pasaje a un solo pacto es algo que se trae al texto basado en un sesgo teológico predeterminado y no se toma del texto mismo.

De Romanos 9:1-5 (especialmente el v. 4), ¿qué pactos le pertenecen todavía al pueblo judío hasta hoy, cuando la iglesia se ha establecido y el evangelio va a los gentiles? Todos los nacidos reciben el beneficio del Pacto con Noé, incluyendo los animales. Las promesas eternas de Dios en el Pacto con Abraham todavía pertenecen al pueblo judío. El Pacto mosaico ya había pasado por ese tiempo, así que, junto con el Pacto abrahámico (por ejemplo, Génesis 17:7-8), Pablo también se habría estado refiriendo al Pacto Davídico y al Nuevo Pacto como pertenecientes todavía al pueblo judío. Esto está claramente explicado y debe ser fácilmente entendido: esta es verdad/doctrina bíblica de Dios. Pablo podría haber escrito sólo una frase para decir que “los pactos de Dios solían pertenecer al pueblo judío, pero ahora ya no tienen relevancia ni beneficios de estos pactos basados en todos los pecados que el pueblo judío ha cometido, especialmente al matar al Mesías de Dios.” Pero Pablo no escribió eso… de hecho, escribió justo lo contrario.

La Doctrina Bíblica de Romanos 9:6-19
Romanos 9:6a establece la argumentación contra una pregunta anterior (“Pero no es que la palabra de Dios haya fallado”), en cuanto a si la Palabra de Dios falló porque lo que Él había prometido todavía no se había cumplido. Lo que sigue en el resto de Romanos 9:6-29 es la sección sobre cómo el Espíritu Santo “por medio del apóstol Pablo” responde a estas preguntas. Para empezar, Dios en Su soberanía escogió al pueblo judío como un pueblo selecto, en esencia, porque Él quiso. Los versículos 22-24 muestran que Dios hizo esto como parte de Sus propósitos divinos generales: “¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a demostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción? Lo hizo para dar a conocer las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano Él preparó para gloria, es decir, nosotros, a quienes también llamó, no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles.”

Mientras que Romanos 9 muestra a Dios escogiendo al Israel nacional, es necesario establecer que otras Escrituras prueban que Dios en Su soberanía prometió salvar a un remanente del pueblo judío. Cuando Dios comisionó a Isaías, Yahvé reveló su promesa de que salvaría “la décima parte” del Israel nacional (Isaías 6:13). Más tarde, y de manera apropiada, la sección de Isaías a la que a menudo se hace referencia como “el libro de Emanuel” (Is 7-12) registra muchas profecías y promesas acerca de la persona y la obra del Mesías de Dios.[22] Dentro de la sección del libro de Emanuel viene la promesa de un futuro regalo de gracia de Dios a una porción del pueblo judío en algún momento no revelado de la historia futura. Isaías 10:20-23 revela esta promesa:

Sucederá en aquel día que el remanente de Israel y los de la casa de Jacob que hayan escapado, no volverán a apoyarse más en el que los hirió, sino que en verdad se apoyarán en el Señor, el Santo de Israel.

Un remanente volverá, el remanente de Jacob, al Dios poderoso.

Pues aunque tu pueblo, oh Israel, sea como la arena del mar, solo un remanente de él volverá; la destrucción está decidida, rebosando justicia.

Pues una destrucción completa, ya decretada, ejecutará el Señor, Dios de los ejércitos, en medio de toda la tierra. (Énfasis añadido)

La palabra “remanente” aparece cuatro veces en el pasaje, lo cual es vital para la verdad bíblica. Aparte de haber desarrollado un fuerte sesgo teológico en contra de esta doctrina, ¿por qué alguien no aceptaría que esta es la promesa de Dios de lo que haría en algún momento en el futuro por un remanente del pueblo judío que Él redimirá? La cita se relaciona directamente con el Mesías prometido por Dios (Isaías 7-12). Además, si Dios no quiso decir que algún día salvaría a un remanente del pueblo judío, ¿qué quiso decir exactamente con la repetición, y cómo podría uno darle sentido a cualquier otra cosa que Dios dijera?

Siglos después del tiempo de Isaías, Dios prometió en Zacarías 13:8-9 que en los tiempos de los gentiles durante la tribulación, Yahvé traerá el tercio restante del pueblo judío de vuelta a Él en plena obediencia al pacto y la restauración de la fraternidad con Él. Incluido en esto está su aceptación completa de ese remanente en ese tiempo, después de que los salve:

Y sucederá en toda la tierra —declara el Señor— que dos partes serán cortadas en ella, y perecerán; pero la tercera quedará en ella.

Y meteré la tercera parte en el fuego, los refinaré como se refina la plata, y los probaré como se prueba el oro. Invocará él mi nombre, y yo le responderé; diré: «Él es mi pueblo», y él dirá: «El Señor es mi Dios»

Con la doctrina bíblica de la promesa de Yahweh de salvar a un remanente judío, un tercio de ellos durante la Tribulación, Pablo citó Isaías 10:22-23 en Romanos 9:27-28: “Isaías también exclama en cuanto a Israel: Aunque el número de los hijos de Israel sea como la arena del mar, solo el remanente será salvo; porque el Señor ejecutará su palabra sobre la tierra cabalmente y con brevedad.’” Continuando su enseñanza sobre el remanente judío, en vez de mirar hacia el futuro, Pablo miró hacia atrás. Citó Isaías 1:9, del panorama general del libro de Isaías (caps. 1-5): aun con la profundidad del pecado del Israel nacional, la total fidelidad de Dios para cumplir sus propias promesas continúa. En Romanos 9:29 escribió: “Y como Isaías predijo: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, hubiéramos llegado a ser como Sodoma, y hechos semejantes a Gomorra.”

La promesa y la obra de Dios de mantener un remanente del pueblo judío, en el contexto de Isaías 1:9, estaba en medio de la magnitud del pecado del Israel nacional ante Él. Si Dios había querido destruir o rechazar al pueblo judío, tuvo muchas oportunidades de hacerlo. Tristemente, en esta sección, el pecado del Israel colectivo y nacional se mostró tan grande o peor que el pecado de Sodoma y Gomorra, lo cual es una proporción asombrosa. Sin embargo, Dios todavía prometió cumplir fielmente Su Palabra, no solo preservando un remanente del pueblo judío, sino también salvando a un tercio de ellos en el futuro, durante la Tribulación (Zacarías 13:8-9). Cumplir estas promesas es totalmente por la gracia de Dios solamente, es totalmente por la fidelidad de Dios a Su Palabra y es otro ejemplo bíblico de que Dios escogió obligarse a Sí mismo por Su propia Escritura. Yahweh tiene que mantener el Israel nacional hasta el final de la tribulación, y más allá, para que pueda salvar a un tercio del remanente después de que dos tercios del pueblo judío sean destruidos durante ese tiempo.

Por lo tanto, en la lógica de Dios en la primera parte de la respuesta de cuatro partes que se encuentra en Romanos 9-11, el Espíritu Santo por medio del apóstol Pablo, después de mostrar las promesas ganadas, la selección divina y los privilegios que había dado al pueblo judío, incluyó que sus pactos con ellos todavía estaban vigentes, aunque no se habían revelado en su totalidad todavía. Romanos 9 muestra cómo Dios había formado y mantenido soberanamente al pueblo judío como la nación judía, y armoniza con pasajes anteriores, tales como Zacarías 13:8-9, donde Dios esperaba con anticipación “los últimos días”/final de los días en los que Él actuaría soberanamente para remover a dos tercios del pueblo judío y traer a la tercera parte del pueblo judío “a través de la vara/bajo la vara” a Sí mismo y aceptarlos, trayéndolos a la obediencia plena del pacto y a la comunión con Él.

Un punto que es relevante para ver la siguiente sección sobre la lógica de Pablo y su respuesta a las preguntas sobre Dios y los judíos involucra la inusual presentación de Pablo del versículo del Antiguo Testamento: “También Isaías clama,” en el 9:27 (énfasis añadido). El uso del tiempo preestablecido es relativamente raro en tales citas del Antiguo Testamento, mientras que el tiempo pasado es mucho más común (por ejemplo, Mateo 4:14: “para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías..”). Se deben destacar varias verdades bíblicas importantes. (1) Que el mensaje del libro de Isaías exclama es similar a la forma en que la Sabiduría clama en Proverbios, de manera continua (e.g. Prov 8:1-9:12). (2) La cita que Pablo usó es en realidad Yahvé clamando, no la persona de Isaías clamando. (3) Esta porción de Isaías con respecto al Israel nacional clama en tiempo presente, no en tiempo pasado – todavía clama hoy con respecto al Israel nacional. (4) Además, Isaías 1:1 y 2:1-4 hablan directamente sobre Judá y Jerusalén y el fin de los días/últimos días. Y finalmente, (5) la fuerza y el enfoque de estos versículos miran a una obra futura que Dios hará, no a una obra pasada que ya ha realizado. El tiempo pasado se hubiera esperado si Dios hubiera terminado con el Israel nacional, con la idea de que Dios hubiera clamado al Israel nacional pero hubiera dejado de hacerlo en algún momento, pero esto no es en absoluto lo que el texto afirma, ni lo que Dios promete hacer.

La Importancia Teológica Y La Bisagra De Romanos 9:30-10:3
Vale la pena notar que las divisiones de capítulos en la Biblia son divisiones hechas por el hombre que son, en su mayoría, precisas y maravillosamente útiles; sin embargo, estas divisiones no son inspiradas, y a veces podrían haber sido ajustadas de alguna manera. Tal es el caso de las divisiones de capítulos de Romanos 9 y 10. En la primera parte de Romanos 9-11, la sección doctrinal va desde Romanos 9:1-29, describiendo cómo Dios soberanamente seleccionó al pueblo judío por Su deseo de hacerlo. En la transición a la segunda parte de la respuesta cuádruple en Romanos 9-11, la respuesta acerca de los Judíos es, Sí, Dios en Su soberanía escogió al Israel nacional. La segunda parte, 9:30-10:3, explica la parte del Israel nacional en su situación actual -incluyendo los asuntos que permanecen hasta el presente día – todo basado en el rechazo pecaminoso de la mayoría del pueblo judío a la Palabra de Dios. Pablo no se refería a cada miembro del pueblo judío, como a aquellos como él que eventualmente recibieron al Mesías Jesús como Salvador y Señor.

En esta sección escribe sobre las severas consecuencias del rechazo de la nación de Israel a Jesús el Mesías, a quien Dios ya había enviado a ellos. Aborda específicamente la razón de la actual pérdida espiritual de la mayoría del pueblo judío y las cuatro razones de su actual situación espiritual, como se ve en Romanos 9:30-10:3:

¿Qué diremos entonces? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, alcanzaron justicia, es decir, la justicia que es por fe; pero Israel, que iba tras una ley de justicia, no alcanzó esa ley. ¿Por qué? Porque no iban tras ella por fe, sino como por obras. Tropezaron en la piedra de tropiezo, tal como está escrito:

He aquí, pongo en Sión una piedra de tropiezo y roca de escandalo;
y el que crea en Él no será avergonzado.

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación. Porque yo testifico a su favor de que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.

El Espíritu Santo, por medio del apóstol Pablo, enumera cuatro pecados específicos que los judíos no redimidos han cometido a nivel nacional hasta el día de hoy. Primero, el Israel no salvo purificó las obras de la ley – no la fe – y sin embargo, con todas sus obras, no han llegado, y nunca llegarán a la justicia bajo la ley por la cual se esfuerzan. ¿Por qué? Porque no iban tras ella por fe, sino como por obras.” (9:32).

Segundo, mientras que muchos de los judíos no salvos trataron o intentan guardar todas las obras de la ley, su pecado más horrible fue el rechazo del Mesías que Dios ya les había enviado. Dios, a través de Pablo, usó dos referencias a las Profecías de la Piedra sobre el Mesías (Romanos 9:32b-33).[23] “Tropezaron en la piedra de tropiezo [de Isaías 8:14, en la sección “El Libro de Emanuel”] tal como está escrito [Isaías 28:16]: HE AQUÍ, PONGO EN SIÓN UNA PIEDRA DE TROPIEZO Y ROCA DE ESCANDALO; Y EL QUE CREA EN ÉL NO SERÁ AVERGONZADO.”

Así, al explicar el estado espiritual presente del Israel nacional no salvo, Pablo argumentó que no sólo intentan la justificación por obras en vez de por fe, sino que han pecado colectivamente contra Dios al rechazar al Mesías y ahora sufren las consecuencias subsecuentes de no haber recibido a Jesús el Mesías que Dios les había enviado.[24] Aparte de los que son salvos o que serán salvos, el Israel nacional no creyente colectivamente todavía tropieza con la piedra de tropiezo. Dios declara en Isaías 28:16 que Él personalmente colocó la piedra en Sión. Jesucristo es por lo tanto la piedra de tropiezo y una roca para ser tropezada. Sólo hay dos opciones disponibles cuando se trata de Él: la gente “creerá en Él” – en Él, no en ello – o tropezarán eternamente con Él hasta la condenación eterna.

Tercero, en Romanos 10:1-2, Pablo añadió la explicación del estado espiritual actual del Israel nacional no salvo, de aquellos que intentaron la salvación por medio de las obras de la ley en vez de por la fe, que rechazaron el Único objeto de fe al que debían mirar, Jesús el Mesías. Él escribió: “Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para su salvación [el Israel nacional no salvo]. Porque yo testifico a su favor de que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento.”

Por lo tanto, a la lista de acciones pecaminosas que actualmente realizan se le agregan sus propias “obras de justicia,” tal como las entienden. Muchos judíos no salvos tienen un celo por Dios que no concuerda con el verdadero conocimiento bíblico. Pasajes como Isaías 64:6 revelan cómo Dios ve sus fútiles intentos de hacer obras de justicia: “Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas; todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran.”

Cuarto, en esta sección, Pablo explica en Romanos 10:3, “Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.” Muchos que no eran salvos del Israel nacional creían entonces colectivamente y de manera equivocada, como muchos lo hacen actualmente, que al guardar la ley podrían alcanzar la justicia de Dios por sus propios méritos. Esta creencia habría sido cierta para el joven y rico gobernante Saulo de Tarso, el fariseo que más tarde se convirtió en Saulo el cristiano y finalmente en Pablo el apóstol. Tal es la verdad para los judíos ortodoxos hasta el presente y finalmente será verdad para algunos en la Tribulación. Romanos 10:4, sin embargo, muestra la percepción eternamente diferente de la verdad bíblica para los salvos: “Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree.”

Hablando ampliamente, entonces, primero, Dios soberanamente escogió y trajo al Israel nacional a la existencia (Romanos 9:1-29); segundo, el Israel nacional cometió cuatro pecados específicos que explican la pérdida actual de la mayoría de pueblo judío, especialmente al no recibir al Mesías que Dios les había enviado (9:30-10:3); tercero, Romanos 10:4 comienza la tercera parte de las cuatro respuestas de Dios que Él da en la sección doctrinal en los capítulos 9-11.

¿Y Cómo Van A Escuchar Sin Un Predicador?
Romanos 10:4-10 era y es la lógica de Pablo, y se divide entre los versículos 4-7 y 8-10. Si alguno de los judíos no salvos afirmaba que el mensaje del evangelio de Dios es inalcanzable porque está oculto en el cielo o inalcanzable en las profundidades del abismo, y por lo tanto está fuera de su alcance, entonces los versículos 4-7 ofrecen la refutación:

Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree. Porque Moisés escribe que el hombre que practica la justicia que es de la ley, vivirá por ella. Pero la justicia que es de la fe, dice así: No digas en tu corazón: «¿Quién subirá al cielo?» (esto es, para hacer bajar a Cristo), o «¿Quién descenderá al abismo?» (esto es, para subir a Cristo de entre los muertos).

Romanos 10:8-10 cuenta que en vez de estar lejos, al contrario, la Palabra de Dios está muy cerca: “Mas, ¿qué dice? CERCA DE TI ESTÁ LA PALABRA, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.” El mensaje del evangelio no estaba fuera del alcance del pueblo judío no salvo, ni tampoco era inalcanzable en su entendimiento. Era y está tan cerca como su boca y su corazón, y es un mensaje que ellos pueden confesar con su boca.

En Romanos 10:11-13 Pablo explicó además cómo los gentiles son salvos de la misma manera y con el mismo mensaje que Dios había dado al Israel nacional, es decir, por Jesús, “la piedra probada” que Dios mismo pondrá en Sión: “Pues la Escritura dice: Todo el que cree en Él no será avergonzado.’ [Isaías 28:16]. Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan; porque: Todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.”

Es dentro de esta tercera parte de la respuesta de Pablo en cuatro partes, en Romanos 10:14-15, que se plantea la famosa pregunta, “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito [en Isaías 52:7]: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien. Es esencial enfatizar que en su contexto, Romanos 10:14-15 no es un llamado general a los expositores de la Biblia ni a los predicadores para que se levanten y sean enviados. Una vez más, Moo ha inferido de manera útil:

Antes de que estudiara o enseñara Romanos, a menudo había oído citar el 10:14-15 en los sermones misioneros para demostrar la necesidad de ‘enviar’ misioneros. Al igual que muchos que escuchaban tales sermones, no tenía un buen sentido del contexto del cual los versículos fueron tomados. Cuando estudié ese contexto, me di cuenta de que la aplicación usual de los versículos no estaba en el blanco. Ese texto no nos anima a enviar misioneros. Más bien, está afirmando que Dios ya lo ha hecho. Ha enviado a personas como Pablo y los demás apóstoles a predicar las buenas nuevas. Israel ha escuchado esa buena noticia, pero no la ha creído. Este es el tema en Romanos 10.[25]

Por lo menos dos preguntas deben ser determinadas en Romanos 10:14-15: (1) ¿Quiénes son “aquellos” de los que Pablo habló cuando preguntó “y cómo oirán” y (2) ¿Cómo respondió Dios a los críticos que podrían haber afirmado que el Israel nacional no recibió el evangelio del Mesías porque nunca se les dijo?

Con respecto a la primera pregunta, el “aquellos” se refiere al Israel nacional no salvo, la mayoría del pueblo judío, a quien Dios había dado muchas oportunidades de escuchar y recibir su evangelio, las que fueron introducidas por primera vez en los primeros versículos de la sección (Rom 9:1-5). Algunos creyeron, pero la mayoría no creyeron ni recibieron al Mesías de Dios, que les había sido dado (Juan 1:11-13). Estas son las mismas personas a las que Pablo llama “mis hermanos, mis parientes según la carne” (Romanos 9:3). En el contexto inmediato, “aquellos” son los que intentaron hacer obras de justicia (y muchos todavía lo hacen o lo intentarán más tarde) en un esfuerzo por asegurar su salvación (9:30-32a). Ellos son los que han tropezado con la piedra de tropiezo de Jesús el Mesías, el Único Dios puesto en Sión, en quien ellos no creerían (9:32b-33). Son el grupo específico con el que Pablo se asoció física y étnicamente, pero no espiritualmente, porque estas personas judías perdidas necesitaban la salvación que se encuentra sólo en Jesucristo (10:1). Ellos son los que tienen un celo por Dios pero no de acuerdo a conocimiento (10:2). Todas estas declaraciones están escritas específicamente sobre el pueblo judío incrédulo.

Siguiendo con la misma lógica, “aquellos” son también el Israel nacional no salvo que ha descuidado la justicia de Dios y que, en cambio, ha buscado establecer su propia justicia. Por consiguiente, “no se sujetaron a la justicia de Dios,” de la cual Cristo es el fin para todo el que cree, y “aquellos” de los que se está escribiendo, con toda seguridad, no creyeron ni recibieron, por lo menos en el momento en que Pablo escribió Romanos (10:3). A ellos son a los que se les ofreció el simple mensaje del evangelio como algo que podrían haber comprendido o creído, si hubieran estado dispuestos a hacerlo.

Muchos de los judíos que se presentarán ante Jesús Mesías en el Juicio del Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:11-15) argumentarán que nunca tuvieron la oportunidad de escuchar. Al contrario, se les ha dicho repetidamente y todavía se les dice (i.e., Rom 9:27, “También Isaías clama tocante a Israel”), marcando casi tres mil años en los que Dios ha testificado de su Mesías. Los “aquellos” eran los que no creían o recibían este mensaje evangélico maravillosamente simplista pero eternamente profundo, aunque Pablo les recordaba además lo cerca que estaba y está de ellos, y sin embargo lo lejos que está ese mensaje para los corazones judíos no regenerados (cf. 10:8-9, “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón”). Pablo, y otros enviados por Dios, habían estado predicando la palabra de fe y el evangelio de salvación a través de la obra terminada de Jesús el Mesías al pueblo judío. Los “aquellos” anteriores, son por lo tanto, inequívocamente el pueblo judío no salvo durante la vida de Pablo. Ellos rechazaron y murieron ajenos a la oferta de gracia de Dios a través de Jesús el Mesías y están eternamente condenados. Ellos son los que actualmente rechazan, o los que rechazarán aún durante la tribulación, la oferta de salvación de Dios a través de Jesús el Mesías.

La identidad de los judíos nacionales no salvos continúa ahora y conecta la respuesta de Dios con cualquiera de los judíos que afirmen que nunca escucharon el mensaje del evangelio ni tuvieron la oportunidad de recibirlo. Comenzando con el versículo de contexto inmediato de Romanos 10:13: “porque: TODO AQUEL QUE INVOQUE EL NOMBRE DEL SEÑOR SERÁ SALVO, viene Romanos 10:14: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” Los versículos siguientes continúan la misma progresión lógica y el mismo argumento: Dios mismo ha enviado profetas, predicadores, y aun Jesús el Mesías mismo para traer a la nación de Israel las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo, como se muestra en Romanos 10:15: ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡CUAN HERMOSOS SON LOS PIES DE LOS QUE ANUNCIAN EL EVANGELIO DEL BIEN!

¿Cuál fue la respuesta de la mayoría del pueblo judío a los diferentes medios que Dios usó para traerles el evangelio? Romanos 10:16 lo explica: “Sin embargo, no todos [el pueblo judío no salvo] hicieron caso al evangelio, porque Isaías dice: SEÑOR, ¿QUIÉN HA CREÍDO A NUESTRO ANUNCIO?” Notablemente, la mayoría del pueblo judío no salvo no hizo caso o no recibió el evangelio, un acto que en el fondo es pecado. Las Escrituras muestran claramente que el rechazo de la Palabra de Dios es un asunto de pecado, y uno de los más serios (e.g., Mateo 21:23-32; 23:34-39; Juan 5:37-47; 8:43-47; 12:35-40). La falta de aceptación del evangelio no es un asunto de ignorancia, como si Dios nunca hubiera enviado a nadie al pueblo judío para proclamar su mensaje de salvación. Dios había enviado mensajeros al pueblo judío, por lo menos remontándose a Isaías 53:1: “¿Quién ha creído a nuestro mensaje?” (Isaías 1:1; 2:1-2a). En este contexto, el mensaje era para aquellos judíos que eran desobedientes, es decir, no creyentes que no recibirían la persona y la obra de Jesús el Mesías. El resto de Isaías 53 describe tan hermosamente a aquellos judíos que eventualmente tendrán sus ojos abiertos a la persona y la obra de Jesús el Mesías y serán salvos sobre la misma base en que los gentiles se salvan: solamente por la gracia de Dios y su voluntad predeterminada.

En Romanos 10:17-18, versículos que a menudo se citan fuera de contexto, Pablo continuó con la misma argumentación que hemos visto repetidamente: “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo. Pero yo digo, ¿acaso nunca han oído? Ciertamente que sí: POR TODA LA TIERRA HA SALIDO SU VOZ, Y HASTA LOS CONFINES DEL MUNDO SUS PALABRAS.” Usando la misma línea de razonamiento que antes en el 10:19, el apóstol Pablo pregunta: “Y añado: ¿Acaso Israel no sabía? En primer lugar, Moisés dice: YO OS PROVOCARÉ A CELOS CON UN PUEBLO QUE NO ES PUEBLO; CON UN PUEBLO SIN ENTENDIMIENTO OS PROVOCARÉ A IRA.”

Continuando la misma lógica en el 10:20, Pablo habla del rechazo de Israel nacional a Dios y a Su Mesías: “E Isaías [65:1] es muy osado, y dice: Fui hallado por los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí.” A los necios e ingenuos israelitas no salvos que protestarían que Dios nunca les envió ninguna Palabra, y si lo hizo, lo hizo sólo por un corto tiempo, Romanos 10:21 cita de Isaías 65:2: “Pero en cuanto a Israel, dice: TODO EL DÍA HE EXTENDIDO MIS MANOS A UN PUEBLO DESOBEDIENTE Y REBELDE.” Debe enfatizarse que Romanos 10:20-21, citando a Isaías 65:1-2, está claramente en el contexto del Israel nacional no salvo desde los días del Antiguo Testamento hasta el presente y el futuro. Dios ha extendido su mano al pueblo judío desobediente y desafiante durante miles de años. Estas referencias al pueblo judío no incluyen a los judíos salvos en los tiempos del Antiguo Testamento, ni a los judíos salvos en la iglesia en el presente, ni siquiera inicialmente al tercio del remanente judío que Dios salvará en la tribulación (Zacarías 13:8-9).

La Belleza y Lógica Santa de Romanos 11
Recordando que Romanos 9-11 es una sección de Romanos, uno no puede ir solamente a Romanos 9 por sí mismo, ni a Romanos 10 por sí mismo, ni puede uno comenzar en Romanos 11. Son una unidad teológica de la “doctrina de Dios” (Romanos 1:1), verdades que no son opcionales. Por lo tanto, estos tres capítulos deben ser vistos como un todo colectivo.

Para construir sobre la lógica de Romanos 9-10, debemos hacer un breve resumen ordenado: primero, en 9:1-29 Dios establece que Él soberanamente escogió al Israel nacional; segundo, 9:30-10:3 explica la pérdida de la mayoría del pueblo Judío como la consecuencia de cuatro respuestas pecaminosas específicas que llevaron a su presente estado espiritual perdido; y tercero, Romanos 10:4-21 brinda una lógica sólida y lógica para el rechazo repetido y continuo de Israel tanto del Mesías de Dios como de Su mensaje, aún después de la multiplicidad de formas que Dios escogió para llevar Su Palabra al pueblo Judío. Así que, a pesar de los muchos mensajeros, profetas, predicadores-y eventualmente el propio Hijo de Dios, el Mesías-la mayoría del pueblo Judío no salvo (el Israel nacional) rechazó la Palabra de Dios. Es sumamente peligroso rechazar la Palabra de Dios, como se muestra en Isaías 5:24, uno de los muchos pasajes que ejemplifican las consecuencias de la elección pecaminosa y voluntaria del Israel nacional:

Por tanto, como consume el rastrojo la lengua de fuego,

y la hierba seca cae ante la llama,

su raíz como podredumbre se volverá y su flor como polvo será esparcida;

porque desecharon la ley del Señor de los ejércitos,

y despreciaron la palabra del Santo de Israel.

De la respuesta de Dios en cuatro partes en Romanos 9-11 acerca de por qué los judíos no recibieron a su Mesías y no confiaron en la confiabilidad de Dios y Su Palabra, Romanos 9 constituye la primera parte, y Romanos 10 comprende la segunda y tercera parte. Ahora bien, Romanos 11 continúa secuencialmente la respuesta de Dios en la cuarta parte, una parte que debe ser incluida en esta porción doctrinal construida secuencialmente. El no estudiar los tres capítulos bíblicos en el orden en que fueron dados por Dios no sólo reduce el entendimiento de Dios y Su Palabra, eliminando así la lógica santa de Dios, sino que también deja la respuesta al problema incompleta.

A la luz de los pecados y el rechazo de Dios y sus mensajes y mensajeros, la pregunta que debe ser abordada es: ¿Ha rechazado Dios al Israel nacional por todos los pecados que han cometido – incluyendo su parte en la crucifixión de Jesús? Romanos 11:1-4 comienza la última sección de esta sección doctrinal en Romanos y claramente da la respuesta:

Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. Dios no ha desechado a su pueblo, al cual conoció con anterioridad. ¿O no sabéis lo que dice la Escritura en el pasaje sobre Elías, cómo suplica a Dios contra Israel: SEÑOR, HAN DADO MUERTE A TUS PROFETAS, HAN DERRIBADO TUS ALTARES; Y YO SOLO HE QUEDADO Y ATENTAN CONTRA MI VIDA? Pero, ¿qué le dice la respuesta divina?: ME HE RESERVADO SIETE MIL HOMBRES QUE NO HAN DOBLADO LA RODILLA A BAAL.

En el tiempo de los pecados increíblemente atroces del Israel nacional colectivo, Elías razonó que él era el único seguidor de Dios que quedaba entre el pueblo judío. La respuesta que Dios dio a su cansado y agobiado profeta fue que Elías no era el único fiel; Dios había guardado para sí mismo a siete mil que no se habían inclinado ante Baal. Este era “el remanente justo” de ese día, escogido por la gracia de Dios. De manera similar, Él ha preservado tal remanente creyente de judíos de la más amplia etnicidad judía, como se declara en Romanos 11:5-6: “Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente conforme a la elección de la gracia de Dios. Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (énfasis añadido).

En Romanos 11:7-10, los elegidos de Israel han encontrado (y encontrarán) lo que están buscando, pero el resto del pueblo judío no salvo se endureció después de su rechazo a Dios, a Su Palabra y a Su Mesías, con consecuencias desastrosas:

Entonces ¿qué? Aquello que Israel busca no lo ha alcanzado, pero los que fueron escogidos lo alcanzaron y los demás fueron endurecidos; tal como está escrito:

DIOS LES DIO UN ESPÍRITU DE ESTUPOR, OJOS CON QUE NO VEN Y OÍDOS CON QUE NO OYEN, HASTA EL DÍA DE HOY. Y David dice:

SU BANQUETE SE CONVIERTA EN LAZO Y EN TRAMPA,

Y EN PIEDRA DE TROPIEZO Y EN RETRIBUCIÓN PARA ELLOS.

OSCURÉZCANSE SUS OJOS PARA QUE NO PUEDAN VER,

Y DOBLA SUS ESPALDAS PARA SIEMPRE.

Romanos 11:11-12 hace una pregunta pertinente y da la respuesta de Dios concerniente al Israel nacional incrédulo, así como parte de la razón por la que Él eligió trabajar de esta manera: “Digo entonces: ¿Acaso tropezaron para caer? ¡De ningún modo! Pero por su transgresión ha venido la salvación a los gentiles, para causarles celos. Y si su transgresión es riqueza para el mundo, y su fracaso es riqueza para los gentiles, ¡cuánto más será su plenitud!”[26]

A los gentiles, con respecto a esta gracia de Dios en sus vidas, Pablo escribe en los versículos 13-16:

Pero a vosotros hablo, gentiles. Entonces, puesto que yo soy apóstol de los gentiles, honro mi ministerio, si en alguna manera puedo causar celos a mis compatriotas y salvar a algunos de ellos. Porque si el excluirlos a ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? Y si el primer pedazo de masa es santo, también lo es toda la masa; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.

A los gentiles que se miran a sí mismos con jactancia, especialmente al despreciar al pueblo judío, Pablo les advierte fuertemente en Romanos 11:17-24:

Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raíz del olivo, no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti. Dirás entonces: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. Muy cierto; fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme; porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en su bondad; de lo contrario también tú serás cortado. Y también ellos, si no permanecen en su incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. Porque si tú fuiste cortado de lo que por naturaleza es un olivo silvestre, y contra lo que es natural fuiste injertado en un olivo cultivado, ¿cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?

Sólo por la lógica de la Palabra de Dios en este pasaje, siempre que el pueblo judío “no permanecen en su incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo.” (Rom. 11:23). La promesa y la esperanza que Dios ha dado al pueblo judío se expresa en la lógica del argumento de Dios: cuánto mejor será cuando “las ramas rotas” (el pueblo judío no salvado) sean salvadas colectivamente por Dios. Entonces se convertirán en el remanente creyente judío, aceptando a Jesús como su Salvador y Redentor, que inicialmente está compuesto por sólo un tercio de ellos durante la Tribulación (Zacarías 13:8-9), además de las multitudes que Dios salvará y que se beneficiarán eternamente a través de la plenitud de los pactos que Él tiene para ellos. Ezequiel 36:32-38 revela lo que sucederá en ese momento, entre muchas otras bendiciones:

No hago esto por vosotros” —declara el Señor Dios— “sabedlo bien. Avergonzaos y abochornaos de vuestra conducta, casa de Israel”.

»Así dice el Señor Dios: “En el día que yo os limpie de todas vuestras iniquidades, haré que las ciudades sean habitadas y las ruinas reedificadas. La tierra desolada será cultivada en vez de ser desolación a la vista de todo el que pasa. Y dirán: Esta tierra desolada se ha hecho como el huerto del Edén; y las ciudades desiertas, desoladas y arruinadas están fortificadas y habitadas. Y las naciones que quedan a vuestro alrededor sabrán que yo, el Señor, he reedificado los lugares en ruinas y plantado lo que estaba desolado; yo, el Señor, he hablado y lo haré”.

»Así dice el Señor Dios: “Aún permitiré a la casa de Israel que me pida hacer esto por ellos: Multiplicar sus hombres como un rebaño. Como el rebaño para los sacrificios, como el rebaño en Jerusalén en sus fiestas señaladas, así se llenarán las ciudades desiertas de rebaños de hombres. Entonces sabrán que yo soy el Señor”».

En Romanos 11:25-27, la salvación del remanente se convierte en algo más que una parte de la conclusión lógica. Ahora se convierte en la Palabra profética de Dios que debe hacerse realidad en algún momento del futuro, cuando los judíos salvos finalmente reciban y acepten la limpieza que viene sólo por la sangre del Nuevo Pacto, ya derramada por su Mesías Jesús:[27]

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis sabios en vuestra propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y así, todo Israel será salvo; tal como está escrito:

EL LIBERTADOR VENDRÁ DE SIÓN;

APARTARÁ LA IMPIEDAD DE JACOB.

Y ESTE ES MI PACTO CON ELLOS,

CUANDO YO QUITE SUS PECADOS.

Siguiendo la lógica bíblica de Romanos 11:25-27 y otros pasajes, emergen ciertas verdades seguras: (1) el Nuevo Pacto es el último pacto que Dios hizo en la Escritura (Jer 31:31-34); (2) el Nuevo Pacto es el único pacto de Dios que no ratificó en el Antiguo Testamento; (3) este pacto fue hecho originalmente con “la casa de Israel y la casa de Judá” (Jer 31:31); (4) la obra futura que Dios hará en Romanos 11:25-27 se presenta como un misterio bíblico;28 un endurecimiento parcial (no total) ha sucedido al Israel nacional incrédulo, y Dios fue el que hizo esto; (6) este misterio tiene un punto final: no ocurrirá “hasta que haya entrado el la plenitud de los gentiles;” (7) este tiempo terminará al principio del reino de Jesús como heredero del Pacto Davídico; (8) todo Israel será salvado, es decir, inicialmente el remanente justo de un tercio del pueblo judío a quien Dios salvará durante la Tribulación (Zacarías 13:(9) cuando el Libertador irá a Sión en Jerusalén, él quitará la impiedad del pueblo judío restante; (10) este es su pacto con ellos, el Nuevo Pacto, resultando en “cuando yo [él mismo personalmente] quitaré sus pecados,” lo cual sólo Jesús, su Redentor y Dios podían hacer, como había prometido tantos siglos antes (cf. Zacarías 13:8-9, Isaías 53 y Ezequiel 36:32-38);29 las citas del Antiguo Testamento que Pablo usó aquí son tomadas de Isaías 59:20-21, y usa principalmente verbos en tiempo futuro; (12) estos versículos se encuentran en la sección escatológica de Isaías 58-66 y son maravillosamente referidos como profecías bíblicas – mandatos divinos – que deben acompañar el regreso del Mesías Jesús a la tierra para reinar, a fin de comenzar el cumplimiento de todo lo que la Biblia dice que sucederá (aunque todavía no se ha cumplido), como la reconstrucción de Jerusalén;[30] y finalmente, (13) cualquier cristiano verdadero (judío o gentil) ya ha recibido y asegurará eternamente los mismos beneficios espirituales que la abrumadora mayoría de los judíos no salvos necesitan tan desesperadamente, como escribió Pablo en referencia a la Mesa del Señor, en 1 Corintios 11:23–26.[31]

Romanos 11:28-32 explica cómo deben ver los gentiles salvos al pueblo judío no salvo:

En cuanto al evangelio, son [el colectivo de personas judías no salvas, especialmente los hostiles.] enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección de Dios, son [el pueblo judío no salvo – especialmente el remanente escatológico] amados por causa de los padres; porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. Pues así como vosotros [Gentiles] en otro tiempo fuisteis desobedientes a Dios, pero ahora se os ha mostrado misericordia por razón de la desobediencia de ellos [judíos no salvos], así también ahora estos han sido desobedientes, para que por la misericordia mostrada a vosotros, también a ellos ahora les sea mostrada misericordia. Porque Dios ha encerrado a todos en desobediencia para mostrar misericordia a todos.

Romanos 11:33-36 da la alabanza alegre y sensible de Pablo a esta hermosa obra de Dios que tan apropiadamente concluye esta maravillosa sección de la doctrina de Dios en Romanos 9-11: “¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues, ¿QUIÉN HA CONOCIDO LA MENTE DEL SEÑOR?, ¿O QUIÉN LLEGO A SER SU CONSEJERO?,¿O QUIÉN LE HA DADO A ÉL PRIMERO PARA QUE SE LE TENGA QUE RECOMPENSAR? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén.”

Resumen y Conclusión
Una teología bíblica de Romanos 9-11 tiene perfecto sentido cuando se ve en su contexto y sin imponerle alguna interpretación hermenéutica predeterminada. Es necesario resumir y concluir esta teología bíblica de tres capítulos con cierta extensión, de acuerdo con los siguientes puntos.

(1) Dios usó los eventos del trasfondo para el apóstol Pablo, y la iglesia en Roma, que Pablo quería usar como su base misionera para sus esfuerzos evangelísticos en España.

(2) Debido a que Pablo, “apartado para el evangelio de Dios” (Romanos 1:1), no fundó la iglesia en Roma, Pablo escribió a los romanos para que fueran proactivos contra los falsos maestros, que vendrían más tarde y tratarían de socavar el evangelio. Lo hizo enviando por delante a los romanos las verdades bíblicas que él estaría enseñando, y lo que escribió se convirtió en el libro de Romanos inspirado por el Espíritu Santo.

(3) Parte de lo que Pablo tuvo que tratar en el libro de Romanos implicaba dos preguntas específicas: una, ¿cómo puede alguien decir que Jesús es el Cristo/Mesías, el Hijo de Dios, cuando su propio pueblo Israel lo rechazó? Y dos, ¿cómo puede alguien decir que el Dios de la Biblia es en realidad un Dios que dice la verdad, porque no sólo la mayoría de los judíos de hoy en día rechazan a Su Mesías, sino que la mayoría de lo que está escrito en el Antiguo Testamento-especialmente las profecías-no se ha hecho realidad todavía?

(4) En términos generales, el libro se divide así: Romanos 1-11 es la porción doctrinal, y Romanos 12:1-15:13 es la sección de aplicación de las verdades bíblicas sobre la vida piadosa, comenzando con los versículos con los que muchos están familiarizados: “Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.” (12:1-2). Pablo concluyó con muchos saludos informativos a diferentes personas (15, 14-16, 24) y con una bendición hermosa y doctrinalmente rica (16:25-27).

(5) La sección doctrinal de Romanos incluye 1:18-5:21: la doctrina de la justificación por la fe en la obra terminada del Señor Jesucristo; 6:1-8:17: la doctrina de la santificación posicional; y 8:18-39: la futura glorificación de los redimidos y de la tierra, que no sólo se relaciona con la situación presente, sino que también mira hacia el futuro. Recordando que la sección de aplicación personal no comienza hasta el 12:1, es evidente que Romanos 9-11 es tan parte de la sección doctrinal de Romanos como cualquier otra sección anterior. Dios ha puesto la sección donde pertenece, y uno no puede ser fiel a la Biblia si omite esta sección de su entendimiento doctrinal.

(6) Romanos 9-11 es una sola sección en la carta, así que cada capítulo debe ser estudiado en el orden en que es dado, sin omitir ninguno de los capítulos, ya sea omitiéndolos puramente o haciéndolo por defecto al ignorarlos.

(7) Pablo comenzó la sección en 9:1-5 dirigiéndose a sus compañeros judíos y recordándoles los maravillosos privilegios espirituales que Dios les dio, mediante los cuales señaló específicamente los pactos (en plural), especialmente incluyendo las muchas promesas de Dios dadas a los judíos y al mundo, detalladas en los pactos Abrahámico, Davídico y Nuevo. Pablo no escribió nada sobre los pactos que ya no tenían ninguna relevancia para el pueblo judío debido a su pecado, sino que, de hecho, escribió justo lo contrario.

(8) Romanos 9:6-29 demuestra específicamente que la Palabra de Dios no había fallado y revela cómo Dios en su soberanía y gracia escogió al Israel nacional.

(9) Los ejemplos del Antiguo Testamento revelan la promesa específica de Dios de que Él salvará a un remanente del pueblo judío en algún momento del futuro (ej.: Is 10:20-23; Zac 13:8-9). En Romanos 9:27-28, Pablo citó Isaías 10:22-23, mostrando una vez más que Dios promete salvar en algún momento en el futuro a un remanente, como un remanente del Israel nacional. En Romanos 9:27, citó Isaías 1:9 para dar una triste indicación de la profundidad del pecado del Israel nacional: los pecados de Israel eran tan malos que el pueblo judío habría sido castigado como Sodoma y Gomorra, y sin embargo Yahweh permaneció fiel a Su Palabra.

(10) Romanos 9:30-10:3 cambió el enfoque de la elección soberana de Dios de Israel en el capítulo 9 a las acciones pecaminosas de Israel que llevaron a su condición espiritual actual. Primero, el Israel no salvo fue en pos de las obras de la ley, no la fe. Segundo, los judíos no salvos trataron sistemáticamente de guardar todas las obras de la ley, pero su pecado más atroz fue el rechazo del Mesías que Dios ya les había enviado. Dios, a través de Pablo, usó dos referencias a las profecías de piedra sobre el Mesías (Rom 9:32b-33; Isa 8:14, 28:16). Así, pues, al explicar la condición espiritual actual del Israel nacional no salvo, no sólo intentan la justificación por obras en vez de por fe, sino que han pecado colectivamente contra Dios al rechazar al Mesías, y ahora sufren las consecuencias de sus acciones pecaminosas. Aparte de aquellos Judíos que son salvos o que serán salvos, el Israel nacional incrédulo colectivamente tropieza con la piedra de tropiezo: el Mesías. Dios dice en Isaías 28:16 que Él personalmente colocó la piedra en Sión, dejando sólo dos opciones disponibles para tratar con Él: habrá “el que cree en Él” o aquellos que se tropezarán eternamente con Él. En tercer lugar, en Romanos 10:1-2 Pablo describió al Israel nacional no salvo, señalando que “tienen celo por Dios, pero no conforme al conocimiento.” Y cuarto, en esta sección, Romanos 10:3 explica: “Porque no conociendo la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se sujetaron a la justicia de Dios.” Colectiva y erróneamente creyeron que al guardar meticulosamente la ley podrían, por sí mismos, lograr la justicia de Dios.

(11) Pablo argumentó en Romanos 10:4-13 contra cualquiera que afirme que el mensaje del evangelio fue puesto a propósito fuera del alcance del Israel nacional; estaba, y está, increíblemente cerca de ellos.

(12) Por tanto, los versículos 14-15a (“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído?”) no es un llamado general para que se levanten misioneros ni expositores y predicadores de la Biblia. El “aquellos” en “y cómo oirán” es el Israel nacional no salvo, el pueblo judío, a quien Dios le ha dado muchas oportunidades de oír el evangelio de Dios. Algunos creían, pero la mayoría no. “Aquellos” son los mismos en esta sección (Rom 9-11), el pueblo judío, el Israel nacional (Rom 9:1-5), el “hermano de Pablo, mis parientes según la carne” (9:3), que ciertamente sería judío en la etnia.

(13) Los siguientes versículos continúan la misma argumentación: Dios mismo ha enviado profetas, predicadores, y aun Jesús el Mesías para dar a la nación de Israel las buenas nuevas del evangelio de Jesucristo, como se muestra en Romanos 10:14-15, que cita Isaías 52:7.

(14) La respuesta del pueblo judío a los diferentes medios que Dios usó para hacerles llegar el evangelio se resume en Romanos 10:16: “Sin embargo, no todos hicieron caso al evangelio, porque Isaías dice: SEÑOR, ¿QUIÉN HA CREÍDO A NUESTRO ANUNCIO?”

(15) Está bien señalado que la mayoría del pueblo judío no obedeció y sigue sin obedecer al evangelio. Como las Escrituras revelan repetidamente, el rechazo de la Palabra de Dios es un asunto de pecado y uno de los más graves, no un asunto de ignorancia, como si Dios nunca hubiera enviado a nadie al pueblo judío para proclamar Su mensaje de salvación. El resto de Romanos 10 muestra repetidamente, principalmente usando citas del Antiguo Testamento, que Dios repetidamente y persistentemente alcanzó al Israel nacional, pero, en su mayor parte, ellos rechazaron colectivamente a Él, a Su Mesías y al evangelio. Hablando en términos generales, mientras que Romanos 9 argumenta que Dios en Su gracia escogió a Israel, Romanos 10 resalta los pecados de Israel, cometidos por la mayoría del pueblo; su rechazo de la Palabra de Dios es primordial.

(16) El capítulo 11 continúa la cuarta parte de Romanos 9-11 y debe ser incluido en esta porción doctrinal, y debe ser estudiado después de los capítulos 9 y 10, en el orden textual dado por Dios, a fin de llegar a un entendimiento completo de Dios y Su Palabra. Romanos 11:1-4 es claro que, a pesar de los pecados y el rechazo de Dios, Sus mensajes y mensajeros, incluyendo el papel del pueblo en la crucifixión de Jesús, Dios no ha rechazado al Israel nacional.

(17) Además, según 11:5-6, “el remanente justo” de ese día, escogido y preservado por la gracia de Dios, son creyentes de la más amplia etnia judía.

(18) En Romanos 11:25-27 la realidad de un remanente justo llega a ser más que una parte de la conclusión lógica, sino la Palabra profética de Dios que Él debe cumplir en algún momento en el futuro, para que el remanente reciba los beneficios completos del mismo Nuevo Pacto que Dios ya ha usado para salvar a los gentiles.

(19) Siguiendo la lógica bíblica, esta obra futura de Dios se presenta como un misterio bíblico: un endurecimiento parcial (no total) le ha sucedido al Israel nacional incrédulo, y Dios fue el que hizo el endurecimiento.

(20) Este misterio tiene un tiempo final que no ocurrirá “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles,” y esto coincidirá con el comienzo del reino de Jesús como heredero del Pacto Davídico.

(21) Así, basado en todo lo que hemos interpretado lógicamente-especialmente en el contexto total de Romanos 9-11-todo Israel será salvado, es decir, inicialmente con la tercera parte que será un remanente justo del pueblo judío a quien Dios salvará durante el tiempo en que el Libertador vaya a Sión en Jerusalén (Zacarías 13:8-9), además del vasto número de judíos y gentiles que Jesús salvará cuando reine en la tierra durante el Reino Milenario. Él quitará la impiedad del pueblo judío restante, y establecerá el Nuevo Pacto, resultando en la eliminación directa y personal de sus pecados. Sólo Jesús podría cumplir este papel como Redentor, permitiendo así a Dios hacer lo que había prometido hacer muchos siglos antes, comenzando en la Tribulación, salvando inicialmente a un tercio del remanente judío en ese momento (Zacarías 13:8-9).

(22) En conclusión a esta maravillosa sección de la doctrina de Dios, Pablo alaba alegre y apropiadamente a Dios, en Romanos 11:33-36: “¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues, ¿QUIÉN HA CONOCIDO LA MENTE DEL SEÑOR?, ¿O QUIÉN LLEGO A SER SU CONSEJERO?,¿O QUIÉN LE HA DADO A ÉL PRIMERO PARA QUE SE LE TENGA QUE RECOMPENSAR? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén.”

Sobre la base de esta teología bíblica, se justifica un último principio para ayudar a aplicar la teología bíblica de Romanos 9-11 a la tarea de la predicación. El principio es simple: la aplicación de un texto bíblico debe hacerse aplicando verdades doctrinales. La aplicación es sólo tan buena como sea precisa dentro de la verdad bíblica, de lo contrario, la gente puede hacer que la Biblia diga lo que quiera que diga, y muy a menudo presentará su aplicación como verdad doctrinal en lugar de que la Palabra de Dios sea la base de su aplicación. El predicador tiene que contestar definitivamente muchas preguntas sobre los judíos (Romanos 9:1-5), sobre cómo la Palabra de Dios no falló de hecho (9:6), sobre cómo el Espíritu Santo a través de esta sección está contestando la acusación de que Él nunca había enviado a ningún predicador al Israel nacional, y que Romanos 9-11 es la parte última de la sección doctrinal.

El dilema que enfrenta el expositor es común: ¿Puede el predicador mantener la integridad doctrinal de este segmento de tres capítulos y aún así hacer una aplicación a las misiones? Dándose cuenta de que Romanos 10:14-15 son los textos favoritos de muchos cristianos, iglesias y agencias que envían misioneros, ¿cómo se puede hacer una aplicación de esta Escritura que está claramente delineada en la porción doctrinal de Romanos?

Una vez más, este amado texto dice lo siguiente: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡CUAN HERMOSOS SON LOS PIES DE LOS QUE ANUNCIAN EL EVANGELIO DEL BIEN!”

Dentro del dilema mismo está la respuesta: el expositor debe hacer aplicación de otros textos bíblicos que armonizan con estos versículos. En primer lugar, Mateo 9:35-38 presenta:

Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

El pasaje paralelo de Lucas 10:1-2 describe a Jesús enviando de los setenta:

Después de esto, el Señor designó a otros setenta, y los envió de dos en dos delante de Él, a toda ciudad y lugar adonde Él había de ir. Y les decía: La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogad, por tanto, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies

Ni una centella en el relato de Mateo o Lucas da alguna indicación de que la cosecha no es todavía abundante y que los creyentes deben dejar de suplicar al Señor de la cosecha que envíe obreros a su mies. Él llama a los creyentes a orar para que Él envíe a Sus obreros a Su mies.

Segundo, Hechos 13:2-4a, describe el proceso de envío para el primer viaje misionero de la iglesia en Antioquía: “Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado. Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron. Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo…” Nada en este texto puede ser interpretado para mostrar que el Espíritu Santo ha dejado de apartar y enviar misioneros.

Además, Hechos 20:28 revela al verdadero que eligió a los ancianos: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre.” Cuando se hace de acuerdo con las directrices de Dios, y los que son elegidos tienen las calificaciones requeridas, es evidente que el Espíritu Santo todavía continúa seleccionando y colocando a los ancianos/supervisores en la verdadera iglesia del Señor Jesucristo.

Con cada requisito, instrucción y amonestación de la Palabra en su lugar y apropiada ante el Señor, entonces la solución al dilema suena clara: Mientras que Romanos 10:14-15 muestra a Dios dirigiendo definitivamente los ataques contra Su Palabra y contra Él mismo, estos versículos están mirando hacia atrás a lo que ya ha sucedido. Si todos los componentes listados en las Escrituras anteriores están operativos, no tenemos ninguna razón para pensar que Dios ha dejado de regocijarse. Por lo tanto, Él estaría igualmente encantado de que Romanos 10:15 está mirando hacia adelante, y que esto todavía es cierto en la actualidad para tales pastores, misioneros y obreros piadosos de todo tipo, sin importar su ministerio: “¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡CUAN HERMOSOS SON LOS PIES DE LOS QUE ANUNCIAN EL EVANGELIO DEL BIEN!”

En el contexto original de Isaías 52:6-7, Isaías profetiza:

Por tanto, mi pueblo conocerá mi nombre; así que en aquel día comprenderán que yo soy el que dice: «Heme aquí».

¡Qué hermosos son sobre los montes

los pies del que trae buenas nuevas,

del que anuncia la paz,

del que trae las buenas nuevas de gozo,

del que anuncia la salvación,

y dice a Sión: Tu Dios reina!

Si bien es cierto que los creyentes deben reconocer lo que dice el texto de Romanos 10:14-15 en referencia a la respuesta de Dios a un ataque contra Él y Su Palabra, y en el trato con el Israel nacional, también debemos seguir esperando hasta que un día deje de enviar trabajadores a Su mies. Hasta ese momento, la exhortación y la aplicación serán verdaderas, “Tal como está escrito: ¡CUAN HERMOSOS SON LOS PIES DE LOS QUE ANUNCIAN EL EVANGELIO DEL BIEN!” Al aceptar las declaraciones referidas de la Palabra, se mantiene la integridad del texto. Dios nos da hoy estos mismos estímulos, y qué deleite que sigan siendo verdaderos para los obreros cristianos piadosos, ya sean judíos o gentiles piadosos, ministrando a los judíos o a los gentiles que tan desesperadamente necesitan el ministerio, en el nombre del Señor Jesucristo, de quien somos y a quien servimos.

[1] D. M. Lloyd-Jones, Romans: An Exposition of Chapter 10, Saving Faith (Edinburgh: The Banner of Truth, 1997), 257.

[2] Ligonier Ministries, “The Gospel Sent Forth,” Ligonier Ministries: The Teaching Fellowship of R. C.Sproul, https://www.ligonier.org/learn/devotionals/gospel-sent-forth/ (accesado el 22 de Septiembre de 2018).

[3] Steven J. Lawson, “A Mandate for Missions” (Un Mandato Para Las Misiones), Sermon Audio, https://www.sermonaudio.com/ser-moninfo.asp?SID=1124101355570 (consultado el 3 de diciembre de 2019), encontrado alrededor del minuto 6:30. Alrededor del minuto 36:00, Lawson agrega: “La predicación es la obra principal de las misiones. Las otras cosas pueden crecer y encontrar su lugar. Y tenemos muchas necesidades en el campo misionero de muchas personas que hacen muchas tareas diferentes… pero a la vanguardia de la labor de las misiones-escúchenme-es la predicación de la palabra de Cristo y el predicador que levanta su voz en los escenarios públicos de todo el mundo.”

[4] Las verdades principales del sendero bíblico están tomadas del capítulo 9 de Greg Harris, The Bible Expositor’s Handbook-New Testament Digital Edition (Nashville: B&H Academic, 2017), 181-203. Vea ese capítulo para obtener información adicional relacionada.

[5] Todas las citas de las Escrituras, a menos que se indique lo contrario, se han tomado de la Biblia de las Americas, Edición Actualizada de 1995 (La Habra, CA: Lockman Foundation, 1995).

[6] Donald Guthrie, Introducción al Nuevo Testamento (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1961), 399, escribe: “[Pablo] parece haber sido consciente de ciertos problemas intelectuales que preocupaban a los cristianos y se propone darles respuesta”. Guthrie añade: “Por esta razón Pablo trata el principio cristiano fundamental de ‘justicia’ en contraste con el enfoque judío, y luego discute el problema del fracaso de Israel y su relación con la Iglesia cristiana universal” (Ibid.).

[7] Gr. οἱ ἐπιδημοῦντες Ῥωμαῖοι (Acts 2:10). El participio que acompaña al término étnico “romano” – “visitar” o “residir” – significa “permanecer en un lugar como extranjero o visitante” según Walter Bauer, “ἐπιδημέω,” en A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Litera-ture, ed. Frederick William Danker, trans. William Arndt and F. Wilbur Gingrich, 3rd ed. (Chicago: Uni-versity of Chicago Press, 2000), 370. También, a continuación del término se encuentra la frase, Ἰουδαῖοί τε καὶ προσήλυτοι, (“tanto judíos como prosélitos”). Dado que esta atribución se coloca en medio de una lista de nombres étnicos, es probable que defina específicamente qué tipo de romanos vinieron a Pentecostés-tanto judíos como no judíos (es decir, gentiles que se convirtieron en adoradores del verdadero Dios). De esta manera, es más que probable que tanto los judíos como los gentiles romanos se salvaran en Pentecostés y juntos comenzaran las iglesias en Roma.

[8] David A. Fiensy, New Testament Introduction, The College Press NIV Commentary (Joplin, MO: College Press, 1994), 223. Ver también Boyce W. Blackwelder, Toward Understanding Romans: An Intro-duction and Exegetical Translation (Anderson, IN: The Warner Press, 1962), 28, donde escribe, “No hay evidencia directa de fundación; ni Pedro ni Pablo tienen ninguna evidencia histórica clara de fundación.” Ireneo fue el primero en propagar a Pedro y Pablo como sus fundadores (Irenaeus, Against the Heresies, trans. Dom-inic J. Unger, ed. John J. Dillon (New York: Newman Press, 1992), 3:206).

[9] Aunque está redactado de forma diferente, este artículo sigue en general las divisiones de Romanos usadas por Robert H. Mounce, Romans, NAC 27, ed. E. Ray Clendenen and David. S. Dockery (Nashville: Broadman & Holman, 1995), 57: “La macroestructura del Orden de la Salvación de los romanos es la siguiente: Pecado (Romanos 1:18-3:20), Justificación (3:21-4:25), Santificación (5:1-8:17), Glorificación (8:18-39), Israel (9-11), Aplicación (12-16). Harvey tiene la estructura del libro construida de manera similar alrededor del tema de la justicia de Dios: “La revelación de la justicia de Dios (1:18-4:25)”, “La provisión de la justicia de Dios (5:1-8:39)”, “La vindicación de la justicia de Dios (9:1-11:36)”, “La práctica de la justicia de Dios (12:1-15:13)”. John D. Harvey, Romans: Exegetical Guide to the Greek New Testament, ed. Andreas J. Köstenberger and Robert W. Yarbrough (Nashville: Broadman & Holman, 2017), 4–6.

[10] John MacArthur and Richard Mayhue, Biblical Doctrine: A Systematic Summary of Bible Truth (Wheaton, IL: Crossway, 2017), 632–33. Ver también Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 747, que escribe: “Este cambio moral inicial es la primera etapa de la santificación… Este paso inicial en la santificación implica una ruptura definitiva con el poder gobernante y el amor al pecado, de modo que el creyente ya no está gobernado o dominado por el pecado y ya no ama pecar”.10 Grudem cita 1 Corintios 6:11 y Hechos 20:32 donde Pablo se refiere a los cristianos como “santificados” usando el tiempo aoristo (y probablemente pasado)”.

[11] Matt Waymeyer. Amillennialism and the Age to Come: A Premillennial Critique of the Two-Age Model (The Woodlands, TX: Kress Biblical Resources, 2016), 170n64. Waymeyer ha proporcionado una muy necesaria refutación de algunas de las conclusiones de los amilenaristas sobre Romanos 8: “En respuesta, el premilenarismo afirma plenamente la glorificación del pueblo de Dios en el retorno de Cristo, como se enseña en Romanos 8, pero esto no significa que el pecado y la muerte sean abolidos en la Segunda Venida. No sólo los profetas del Antiguo Testamento hablan de la existencia del pecado y la muerte en la fase inicial del reino venidero (Isaías 65:20; Zacarías 14:17-19; véanse los capítulos 2-4 para una explicación más completa), sino que Apocalipsis 20:7-10 describe una revuelta al final del milenio en la que los incrédulos son engañados por Satanás, llevados a la batalla contra Cristo y los santos, y juzgados decisivamente por el fuego del cielo. Según los premilenaristas, estos incrédulos se levantarán ya sea de (a) los incrédulos que sobreviven la batalla de Apocalipsis 19:17-19 y entran en el reino milenario en cuerpos no glorificados o (b) los descendientes de los que se convierten durante la tribulación y entran en el reino milenario en cuerpos no glorificados. Ambos puntos de vista premileniales son consistentes con la enseñanza de Romanos 8. Bajo el primer escenario, Romanos 8 describe la glorificación de todo el pueblo de Dios-ambos muertos y vivos-al regreso de Cristo cuando viene a establecer Su reino en la tierra, pero el pecado y la muerte continúan entre esas personas no glorificadas que pueblan este reino. Bajo el segundo escenario, Romanos 8 describe la glorificación del pueblo de Dios tanto en el rapto (1 Tesalonicenses 4:13-18) como en la Segunda Venida (Apocalipsis 20:4-6) -confluyendo los dos en una sola descripción- y el pecado y la muerte continúan entre esas personas no glorificadas en el reino milenario. Debido a que nada en Rom 8 requiere que el pecado y la muerte sean abolidos y ya no existan, ambos puntos de vista son consistentes con la glorificación del pueblo de Dios en la Segunda Venida de Cristo.”

[12] Aquellos que eliminan esta sección de su teología o de su enseñanza o predicación, lo hacen bajo su propio riesgo al entender la Palabra de Dios. Por ejemplo, C. H. Dodd, The Epistle of Paul to the Romans, MNTC (New York: Harper and Brothers, 1932), 150, escribe, “[Romanos 9-11] muy probablemente no fueron escritos currente calamo con el resto de la epístola, sino que representan una obra un tanto anterior, incorporada aquí al por mayor para ahorrarle a un hombre ocupado el tiempo y la molestia de escribir de nuevo sobre el tema.” William Sanday y Arthur C. Headlam, A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Romans, ICC, 5th ed. (1952; repr., New York: T & T Clark, 1895), 225, “sugieren que el argumento principal del evangelio de Pablo está completo una vez que termine con Romanos 8.” Esto afirma erróneamente que Romanos 9-11 no son tan fundamentales para el argumento y/o la teología de Pablo en Romanos. Tales proponentes deben formular de antemano lo que le dirán a Jesús cuando les pregunte por qué no creyeron o no predicaron/enseñaron esta parte de la sección doctrinal de Romanos. Si ellos siguen el mismo enfoque incrédulo a su conclusión lógica, entonces tal vez otras secciones doctrinales podrían/deberían ser removidas también, como las maravillosas promesas de Dios que se encuentran en Romanos 5 y 8, que es el resultado desastroso de una mayor crítica de la Biblia.

[13] También debemos notar que Romanos 9-11 comprende una sección en el libro de Romanos y debe ser tratado como tal: uno no puede leer con exactitud Romanos 9 por sí solo o tomar un versículo fuera de contexto de Romanos 10 o comenzar o terminar el estudio de esta sección en Romanos 11. Los tres capítulos deben ser incluidos, y uno debe estudiar esta sección en el orden en que Dios la dio. Además, uno debe también estudiar la lógica inspirada por el Espíritu Santo que Él usó en esta sección de doctrina bíblica.

[14] Peter J. Gentry and Stephen J. Wellum, Kingdom Through Covenant: A Biblical-Theological Understanding of the Covenants (Wheaton, IL: Crossway, 2012), 21

[15] Ibid., 21–22, El sitio de los autores Michael S. Horton, God of Promise: Introducing Covenant Theology (Grand Rapids: Baker Books, 2006), 13.

[16] Douglas J. Moo, The Epistle to the Romans, NICNT, ed. Joel B. Green (Grand Rapids: Eerdmans, 1996), 547–48.

[17] The Holy Bible, English Standard Version (Wheaton, IL: Crossway, 2001).

[18] La cita completa de Leon Morris sigue, en The Epistle to the Romans, Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 1987), 348: “Los pactos son tal vez sorprendentes, porque podríamos haber esperado que el énfasis estuviera en el gran pacto de Éxodo 24.21 Pero había un hábito judío de distinguir dentro del pacto de Éxodo tres pactos, los de Horeb, en las llanuras de Moab, y en Gerizim y Ebal.22 Ireneo señala cuatro pactos, los de Adán, Noé, Moisés y el pacto del evangelio (iii.11.8). Varios comentaristas ven una referencia al antiguo pacto en el Sinaí y al nuevo pacto profetizado por Jeremías y cumplido en Cristo, pero difícilmente se puede decir que esto pertenezca a los judíos. Es más probable que la referencia sea a los diversos pactos del Antiguo Testamento, como con Noé (Gn 9:9), con Abraham (Gn 17:2), con Moisés (Éxodo 24:8), con Josué (Josué 8:30 ss.) y con David (2 Sam 23:5). El concepto de pacto es muy importante para la religión del Antiguo Testamento, y Dios entró repetidamente en relaciones de pacto con su pueblo.”

[19] Sam Storms, Kingdom Come: The Amillennial Alternative (Ross-shire, Scotland, Mentor, 2013), 304–5.

[20] Ibid., 304; énfasis añadido.

[21] Ibid.

[22] Para la justificación de tal nombramiento de esta subsección de Isaías 7-12, véase J. A. Motyer, “Context and Content in the Interpretation of Isaiah 7:14.” Tyndale Bulletin 21 (1970): 123; Ross E. Price, “Isaiah,” in The Major Prophets, vol. 4, Beacon Bible Commentary (1971; repr., Kansas City: Beacon Hill Press of Kansas City, 1966), 55–72; y John L. Mackay, A Study Commentary on Isaiah, vol. 1 (North Darlington, England: Evangelical Press, 2008), 181–313.

[23] Para el uso práctico de estos versículos con el pueblo judío, véase Harris, The Bible Expositor’s Handbook—OT Digital, “Appendix: Using the Stone Prophecies about the Messiah in Jewish Evangelism,” 203–14. Para un rastro bíblico aún más largo sobre estas extraordinarias profecías de piedra sobre el Mesías, véase Greg Harris, The Stone and the Glory of Israel—An Invitation to the Jewish people to Meet Their Messiah (The Woodlands, TX: Kress Biblical Resources: 2015).

[24] Elliott E. Johnson, “A Biblical Theology of God’s Glory,” (Bibliotheca Sacra 169 (October–De-cember 2012): 409, demuestra bíblicamente: “Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: «Padre, sálvame de esta hora»? Pero para esto he llegado a esta hora. 28 Padre, glorifica tu nombre” (Juan 12:27-28). Jesús se hizo ‘obediente hasta la muerte, y muerte de cruz’ (Fil 2:8). Y al hacerlo, sirvió a Dios Padre y a Sus propósitos, y también sirvió al hombre que no podía cumplir esos propósitos.”

[25] Moo, Romans, 351.

[26] Gentry y Wellum, Kingdom Through Covenant, 845, Omitir estos dos versículos doctrinales muy importantes en su índice de la Escritura.

[27] Para obtener un informe mucho más detallado, véase Larry Pettegrew, “The New Covenant,” The Master’s Sem-inary Journal 10:2 (Fall 1999): 251–70. Thomas tiene “el perdón de los pecados” y una “nueva relación con Dios” como parte de la bendición del Nuevo Pacto que Dios tiene para la nación de Israel (Robert L. Thomas, “Promises to Israel in the Apocalypse,” The Master’s Seminary Journal 19:1 (Spring 2008): 46–48).

[28] Everett F. Harrison and Donald A. Hagner, “Romans,” in Romans-Galatians, vol. 11 of The Expositor’s Bible Commentary Revised Edition. ed. Tremper Longman III and David E. Garland (Grand Rapids: Zondervan, 2008), 176 escribe: “Ahora Pablo habla de un ‘misterio’, para que sus lectores no se imaginen que él o ellos son capaces de entender el curso de la historia de Israel simplemente por observación y perspicacia. . . . El contenido del misterio de Israel es declarado inmediatamente por Pablo. Consiste en dos partes: (1) El endurecimiento de Israel es parcial, tanto en alcance, por la realidad del remanente, como en tiempo, porque es limitado en duración, durando solamente “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;” y (2) la salvación de ‘todo Israel’ tendrá lugar en el futuro.”

[29] ‘En aquel día haré también un pacto por ellos…’, ‘pacto de paz con ellos…’, y ‘mi pacto’ ó ‘un pacto’ (Oseas 2:18–20). Cf. Bruce Ware, “The New Covenant and the People(s) of God, Dispensationalism, Israel and the Church,” 69, and Walter C. Kaiser, Jr., “The Old Promises and the New Covenant: Jeremiah 31:31–34,” JETS 15 (Winter 1972): 14.” (Pettegrew, “The New Covenant,” 253, n. 5).

[30] Jeremías 31:38-40 termina el capítulo ofreciendo bendiciones adicionales de lo que ocurrirá cuando la plenitud del Nuevo Pacto se haga realidad: “He aquí, vienen días —declara el Señor— en que la ciudad será reedificada para el Señor, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del Angulo. Y el cordel de medir saldrá más allá, directamente hasta la colina de Gareb, y girará hasta Goa. Y todo el valle de los cadáveres y de las cenizas, y todos los campos hasta el arroyo Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos hacia el oriente, serán santos al Señor. La ciudad no será arrancada ni derribada nunca jamás.” Para un excelente artículo sobre la reconstrucción literal de Jerusalén en la tierra y el argumento para un cumplimiento de las promesas de la tierra en Jeremías 31 en el futuro y cómo éstas se relacionan con otras promesas de la tierra, véase Dennis M. Swanson: “Expansion of Jerusalem in Jer 31:38–40: Never, Already, or Not Yet?” The Master’s Seminary Journal 17:1 (Spring 2006): 17–34. Véanse especialmente las críticas a las promesas de tierra “que nunca se cumplirán” (27-29) y las promesas de tierra “realizadas” o “ya cumplidas” (29-32). Basándose en los detalles que se dan en Jeremías 31:38-40, Swanson argumenta de manera persuasiva que estas promesas esperan un futuro cumplimiento en la tierra al regreso de Jesús (32-34).

[31] Primera Corintios 11:23–26 dice: “Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí. De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí. Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga.”

Tomado de: https://evangelio.blog/