45 – El bautismo del Espíritu Santo no implica el don de lenguas

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 45

El bautismo del Espíritu Santo no implica el don de lenguas

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Toda verdad es verdad de Dios

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Toda verdad es verdad de Dios

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Durante la hambruna irlandesa de la patata en el siglo XIX, mi bisabuelo, Charles Sproul, huyó de su tierra natal para buscar refugio en Estados Unidos. Dejó su casita de techo de paja y piso de barro en un pueblo del norte de Irlanda y se dirigió descalzo a Dublín, al muelle desde el cual navegó hasta Nueva York. Después de registrarse como inmigrante en Isla Ellis, se dirigió al Oeste hacia Pittsburgh, donde se había establecido una gran colonia de escoceses-irlandeses. Fueron atraídos a ese sitio por las fábricas industriales de acero dirigidas por el escocés Andrew Carnegie.

¿Qué causó estas convulsiones? Durante el siglo anterior, las imágenes comenzaron a ser consideradas ventanas al mundo espiritual Mi bisabuelo murió en Pittsburgh en 1910, pero no sin antes inculcar un amor profundo  por la tradición e historia de Irlanda en sus hijos y nietos. Hace treinta años, uno de mis primos hizo una peregrinación a Irlanda del Norte para buscar sus raíces en la ciudad de donde vino nuestro bisabuelo. Mientras investigaba sobre el paradero de cualquiera de los Sprouls, un caballero anciano le dijo que el último miembro sobreviviente de nuestra familia había fallecido cuando tropezó en su camino a casa desde el bar local en un profundo estado de embriaguez. Cayó en un canal y se ahogó.

Esto nos deja con el estereotipo de que los irlandeses beben mucho, pelean fácilmente y que consideran que los ladrillos son como «confeti irlandés». Sin embargo, esta caricatura de los irlandeses oculta algunas dimensiones muy importantes de la historia irlandesa. En el siglo VIII, los misioneros que se establecieron en Irlanda fueron muy importantes para la cristianización de las islas británicas que habían sido habitadas en gran parte por paganos y bárbaros. Los monasterios en Irlanda se destacaron por su dedicación a la erudición, por copiar textos bíblicos y, especialmente, por adornar los textos bíblicos con magníficas iluminaciones. Su pasión por la erudición y el arte se propagó rápidamente a Gran Bretaña, donde se estableció la codificación de la ley antigua, la cual ha tenido un impacto, incluso en nuestra tierra, hasta el día de hoy.

Uno de los eruditos más importantes de este período fue un hombre llamado Beda, conocido como el «Venerable». Él residió en Inglaterra y es considerado como el primer gran historiador europeo. Los irlandeses también produjeron una obra maestra que combinó la erudición y la belleza en el famoso Book of Kells [Libro de Kells].

Sin embargo, fue en la segunda parte del siglo VIII que surgió el gran ímpetu por un renacimiento en la erudición. Fue bajo el reinado de Carlos el Grande (Carlomagno), coronado como el primer sacro emperador romano, que ocurrió un nuevo surgimiento de las artes y las ciencias. Este resurgimiento, llamado el «Renacimiento carolingio», presagiaba el gran Renacimiento que se propagaría por Europa a finales de la Edad Media, comenzando principalmente con el trabajo de los patrones Médicis en Italia, los cuales encontraron su cenit en las labores de Lorenzo el Magnífico.

En el Sacro Imperio Romano del siglo VIII, Carlomagno estaba decidido a recuperar lo mejor del aprendizaje clásico y bíblico. Él se convirtió en un patrocinador de la erudición y nombró a Alcuino de Gran Bretaña como su principal asistente intelectual. Carlomagno fue uno de los miembros más ilustres de la dinastía carolingia que comenzó con su padre, Pipino el Breve, y que continuó hasta el siglo X. El Renacimiento fue una recuperación del lenguaje clásico y de la verdad bíblica. El Renacimiento posterior, durante el siglo XVI, con su personaje más famoso, Erasmo de Rotterdam, encontró su lema en las palabras ad fontes, es decir, «a las fuentes». El lema declaraba la intención de los eruditos de ese día de volver al lugar de origen, «a las fuentes» de la filosofía antigua, la cultura y, especialmente, los lenguajes bíblicos. Así que, un estudio renovado de los filósofos griegos, Platón y Aristóteles, acompañado con un celo por la recuperación de los lenguajes bíblicos, encabezó tanto el Renacimiento posterior como el Renacimiento carolingio que surgió bajo el liderazgo de Carlomagno.

Antes del período carolingio, Agustín, en su pasión por la erudición, estaba convencido de que era el deber del cristiano aprender lo más que pueda sobre tantas cosas como le fuera posible. Dado que toda verdad es verdad de Dios, todos los aspectos de investigación científica deben estar dentro del ámbito del aprendizaje bíblico y cristiano. No fue por accidente que los grandes descubrimientos de la ciencia occidental fueron encabezados por cristianos que tomaron en serio sus responsabilidades de ejercer dominio sobre la tierra en servicio de Dios. En lugar de ver el aprendizaje, la erudición y la búsqueda de la belleza como ideas ajenas a la institución cristiana, el resurgimiento del siglo VIII, siguiendo el ejemplo anterior de Agustín, vio la búsqueda de Dios mismo en la búsqueda del conocimiento y la belleza. Ellos vieron que Dios es la fuente de toda verdad y de toda belleza.

A través de los siglos, las influencias cristianas dominaron el mundo del arte al igual que al mundo de la erudición. El legado de este período ha enriquecido todas las áreas de la historia occidental hasta el día de hoy. Es imprescindible que en el siglo XXI aprendamos de los pioneros del pasado que no despreciaron la erudición clásica, sino que la vieron como algo que debía aprovecharse en el servicio del reino de Dios.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Mas siempre ha de existir de Dios el reino eterno

Ministerios Ligonier

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Mas siempre ha de existir de Dios el reino eterno

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

al vez uno pudiera argumentar que la historia de la Iglesia consiste en un sinfín de divisiones. Sin embargo, si bien es cierto que la historia está repleta de divisiones eclesiásticas, hay una unidad que trasciende todo el bullicio mundano y la confusión diabólica que rodea a la historia del pueblo de Dios. Esta unidad no es el resultado de concesiones doctrinales ecuménicas, sino todo lo contrario, es una unidad que trasciende todas las herejías debido al hecho de que es una unidad establecida en Dios mismo.

Pues Dios no ve como el hombre ve, y Su narrativa del despliegue del pacto de redención trae unidad a toda la historia: una unidad gobernada por Dios, centrada en Dios y que glorifica a Dios. Así como Dios tiene un propósito para toda la historia, Dios está en toda la historia; de modo que hay una unidad general en toda la historia precisamente porque Dios es soberano sobre todos los acontecimientos de la historia, por derecho y por necesidad.

En la Alemania pagana del siglo VIII, Bonifacio, un monje agustino inglés que predicaba el evangelio, fue martirizado por construir un lugar de adoración cristiana usando la madera de un roble dedicado al dios del trueno. Bonifacio no sobrevivió físicamente las divisiones religiosas y sociales del siglo VIII, pero la verdad de Dios sí sobrevivió.

Ocho siglos después, un monje agustino alemán de la ciudad de Wittenberg llamado Lutero escuchó el mismo evangelio que Bonifacio había predicado. Su mensaje de reforma centrado en el evangelio hizo que ganara el derecho a recibir el título de «hereje» en la bula papal Exsurge Domine, publicada el 15 de junio de 1520 por el papa León X. Fue esa misma bula papal la que Lutero quemó el 10 de diciembre de 1520 junto a la puerta de Elster en Wittenberg, donde hasta el día de hoy permanece un enorme roble que fue dedicado a él en aquel histórico momento. A su tiempo, el mismo evangelio que Lutero proclamó encendió una llama que incendió el mundo, expandiéndose desde Alemania hasta Inglaterra, donde las llamas de la leña ardiente abrasaron los cuerpos de muchos mártires ingleses que predicaban el evangelio. Sus voces, junto con las voces de Bonifacio y Lutero, cantan mientras se postran ante el trono del Dios Altísimo, coram Deo: «Esa Palabra del Señor… Muy firme permanece; Nos pueden despojar; De bienes, nombre, hogar; El cuerpo destruir; Mas siempre ha de existir; De Dios el reino eterno».


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

¿Y si los musulmanes hubieran ganado?

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

¿Y si los musulmanes hubieran ganado?

Por Gene Edward Veith

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

l 10 de octubre del 732 d. C., unos 80 000 soldados de caballería musulmanes atacaron a 30 000 soldados francos de infantería cerca de Tours, en la actual Francia. Esos musulmanes ya habían conquistado el norte de África y España, y estaban listos para barrer el resto de Europa.

Normalmente, los soldados a pie no son competencia para jinetes con lanzas, especialmente cuando son superados en número. Así que el rey franco, Carlos Martel «El Martillo», colocó a sus hombres en la cima de una empinada colina boscosa, con la esperanza de que tener que atacar cuesta arriba y evitar los árboles por lo menos lograría ralentizar la caballería musulmana. Más importante aún, hizo que sus hombres se agruparan para formar un gran cuadrado, sosteniendo sus escudos para formar un «muro de escudos» y creando un matorral de lanzas para defenderse de los caballos.

Si alguien se separaba del grupo, si alguien huía, si el muro de escudos colapsaba para forzar una retirada dispersa, los jinetes los cortarían fácilmente mientras corrían. Pero durante la batalla, mientras ola tras ola de jinetes se lanzaban contra la formación, el muro de escudos se mantuvo. No solo eso, los francos derrotaron por completo a los invasores, asesinaron al general musulmán e hicieron retroceder a sus fuerzas supervivientes de regreso a los Pirineos.

Experimento mental: ¿Qué hubiera pasado si el muro de escudos se hubiera roto? ¿Qué habría sucedido si los musulmanes hubieran ganado la batalla de Tours? ¿Y si los musulmanes en el siglo VIII se hubieran apoderado de Europa occidental? Si lo hubieran logrado, ¿cómo sería nuestra cultura hoy?

Pensar que seguramente la civilización occidental habría sobrevivido a pesar de una conquista musulmana es algo ingenuo. La cristiandad medieval probablemente no era tan robusta culturalmente como lo era el Imperio bizantino, pero luego de que Constantinopla cayó mucho después a manos de los musulmanes, casi nada sobrevivió a la islamización de esa cultura.

El solo decir que seríamos como Irak o Irán seguramente no sería suficiente. En su vestimenta, arquitectura y tecnología, estos países islámicos muestran una influencia occidental. Cuando los terroristas yihadistas atacan la civilización occidental, están usando bombas, armas y comunicaciones por Internet que la civilización occidental ha creado.

Así que imaginemos cómo sería nuestra cultura si los musulmanes hubieran conquistado Europa, como casi sucedió.

No tendríamos legislaturas, ya que el islam no reconoce la creación de nuevas leyes, pues la sharía del Corán se considera suficiente para todos los tiempos. Esto sería impuesto por un gobernante absoluto, como un emperador o un califa. Hoy en día seríamos esclavos o dueños de esclavos. Los tipos de libertades políticas que damos por sentado hoy no existirían.

El islam no aprueba la representación del arte, solo diseños elaborados para sus mezquitas y tapicería, por lo que no tendríamos mucho patrimonio en las artes visuales y el desarrollo de medios visuales distintivos, como el cine y la televisión, sería poco probable. Tendríamos poca o ninguna música, ya sean composiciones sinfónicas o rocanrol. Los países islámicos suelen tener poesía erótica y religiosa, pero, a pesar de relatos puntuales como Las mil y una noches, probablemente tuviéramos poca ficción. La novela no habría sido inventada. El islam no tiene drama, y sin los dramas bíblicos de la Iglesia primitiva y sin Shakespeare, nosotros tampoco lo tuviéramos.

Podríamos tener algo de ciencia. El antiguo mundo musulmán fue bueno con las matemáticas, pero no hubiera tomado la misma forma. La ciencia probablemente permanecería en el ámbito de lo abstracto y lo teórico, ignorando la forma en que los ingenieros occidentales convirtieron los descubrimientos científicos en tecnología aplicada.

El cristianismo hubiera sobrevivido; Cristo lo ha prometido, sin embargo, la Iglesia fuera marginada y restringida. La tolerancia islámica significa que a los cristianos se les permitiría permanecer en sus pequeños grupos y propagar su fe dentro de sus familias existentes, siempre y cuando muestren respeto por el islam. Pero ¡ay de ti si intentas evangelizar a un musulmán! Nuestras iglesias serían pequeños enclaves, como con los asirios en Irak o los coptos en Egipto. El cristianismo existiría, pero los musulmanes controlarían la cultura.

El Corán busca establecer, y fijar permanentemente, las leyes de Alá. La sharía no cambia, por lo que la cultura que gobierna no cambiará, especialmente si escapa a las contingencias de la historia al convertirse en universal.

El cristianismo enseña que las instituciones humanas deben ser juzgadas de acuerdo con la trascendente ley moral de Dios. Por lo tanto, tenemos la costumbre de criticar a nuestros gobernantes y a nuestras instituciones cuando no están a la altura de esta ley. Y como el cristianismo enseña que vivimos en un mundo caído, sabemos que nunca lo hacen. Y como este mundo no es absoluto sino dependiente, temporal, aceptamos y a veces incluso causamos un cambio cultural.

En resumen, si no fuera por ese soldado franco que se negó a correr cuando los caballos musulmanes se lanzaron sobre él, todavía estaríamos, en términos prácticos, en el siglo VIII.

Pensar cuál hubiera sido la influencia cultural del islam muestra la influencia cultural del cristianismo en alto relieve. El cristianismo directamente moldeó o permitió que existiera lo que ahora conocemos como civilización occidental.

El muro de escudos que se mantuvo es un ejemplo del reinado providencial de Dios sobre la historia.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Gene Edward Veith
Gene Edward Veith

El Dr. Gene Edward Veith es director del Instituto Cranach en el Concordia Theological Seminary en Fort Wayne, Indiana. Es autor de varios libros, entre ellos God at Work y Reading between the Lines.

Una Necesidad Urgente

Alimentemos El Alma

Samuel Perez Millos

Una Necesidad Urgente

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgara a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que predique la palabra”(2 Ti. 4:1-2).

          El apóstol Pablo estaba esperando el momento de su partida. Cualquier día, la puerta de su celda se abriría y sería llevado al lugar de ejecución de la sentencia dictada a muerte contra él. No había mucho tiempo por delante. Su ministerio había terminado, todo cuando el Señor le había encomendado estaba hecho. Él mismo dice a su compañero Timoteo que había terminado la carrera (2 Ti. 4:6). Las recomendaciones que hace a su colaborador, entonces integrado en la iglesia en Éfeso, deben ser tenidas en consideración por ser lo último que el que había servido con fidelidad deja establecido. Esta es evidentemente precisa y tiene que ver con la necesidad de predicar la Palabra. Es algo no sólo urgente, sino que a modo de mandamiento debe ser obedecido. No hace un ruego, establece esto a modo de juramento, es decir, coloca al destinatario bajo juramento, conjurándolo delante de Dios para que atienda al mandamiento, sin reservas y con dedicación continua.

          La razón que el apóstol da para que la Palabra sea predicada lo advirtió ya en su primera epístola cuando dice que en estos días, vendrán “tiempos peligrosos” (2 Ti. 3:1). No habla de tiempos difíciles, o problemáticos, sino peligrosos. El peligro alcanza a todos y en especial a los hombres y mujeres de la iglesia. El peligro tiene que ver con gente que vivirá en apariencia de piedad pero negarán la eficacia de ella. Peligrosos porque habrá maestros réprobos en cuanto a la fe. Peligrosos porque habrá engañadores, cuya misión será la de ir engañando a otros. Fundamentalmente, peligrosos, porque habrá gente que se ha cansado de la doctrina y procurarán oír lo que satisfaga a sus oídos, pero no lo que Dios tiene para Su pueblo.

         Lamentablemente esta es, a mi entender, la mayor necesidad de nuestros días. Lo es porque poco a poco la Biblia va cediendo espacio en el púlpito de las iglesias. En los últimos años cosas, sin duda importantes, como la alabanza, han ido desplazando a lo fundamental que es la Palabra. De otro modo, el creyente está cansándose de oír la voz de Dios, pero procura que Él oiga la voz de Su pueblo. La idea, no bíblica, de que Dios necesita la alabanza porque su trono se asienta en ella, a elevado esta actitud, a la parte más importante de la vida del creyente y de la iglesia. Baste con mirar las formas de los templos en que se congregan los creyentes para darse cuenta de esto. Hasta la edad media, el altar presidía todo el lugar de culto; luego, en la Reforma, dio paso al púlpito que se situaba en el frente y centro del lugar de reunión y la Palabra pasó a ser el núcleo principal de ella; en nuestros días el púlpito fue retirado para ser sustituido por el escenario, donde la música, el canto, la danza y otras expresiones de alabanza ocupan el tiempo más extenso de la reunión. Muchas veces, ocurre que si es necesario acortar algo del culto por necesidad de tiempo, se recorta el mensaje de la Palabra, pero en modo alguno puede tocarse el tiempo de alabanza. En muchas iglesias el director de alabanza es más importante que elpastor-maestro.

        Las consecuencias de esto son evidentes. Dejadas las congregaciones sin el alimento sólido de la Palabra, pasan a sercristianos infantiles, que son fácilmente arrastrados de un lado a otro por cualquier viento de doctrina. La ética cristiana se debilita porque falta el conocimiento de lo que Dios establece en su Palabra, y un viento de mundanalidad y carnalidad, sopla sobre muchos cristianos que son arrastrados a posiciones contrarias a la Biblia y dejan de ser luces en las tinieblas. Las demandas sólidas de la vida de santidad, han dado paso a una mal llamada libertad que no es otra cosa que unlibertinaje personal en el que cualquiera tiene derecho a vivir como mejor le parezca. La situación es lamentable, la mundanalidad ha venido a ser la forma expresiva de vida de muchos cristianos.

         Además, dos grandes corrientes teológicas, golpean muchas congregaciones, arrastrando a jóvenes, confundiendo a muchos y causando divisiones. De una parte está el llamado calvinismo extremo, en donde la determinación divina elimina totalmente la responsabilidad humana. Acusan estos a los pastores de no predicar el evangelio bíblico y producen en muchos hermanos la angustia vital de preguntarse si habiendo creído el mensaje que les fue predicado, son verdaderamente salvos o no. Llegan estos maestros no bíblicos a afirmar que se necesita una re-evangelización de la iglesia para que haya conversiones reales. Confunden a muchos afirmando que Dios no ama al pecador. Que el amor de Dios está dirigido sólo a los que han sido eternamente escogidos para salvación mientras que los otros, reprobados antes de la creación del mundo, son objetos del odio santo de Dios contra ellos. La evangelización establecida por Cristo deja de ser el objetivo prioritario de la iglesia ante el mundo, porque quienes han sido determinados para salvación, serán salvos de cualquier modo. La rigidez de lo que llaman santidad práctica, hace vivir en angustia a muchos cristianos que no llegan a alcanzar los niveles que ellos mismos establecen seleccionando textos bíblicos fuera de contexto que los convierte en pretexto para hacer de ellos base de sus enseñanzas. De otra parte está el carismatismo, que haciendo bandera del poder del Espíritu Santo de Dios, predican una vida cristiana presa del subjetivismo personal. Son los que proclaman la necesidad de que en la iglesia existan apóstoles con la misma autoridad que los Doce para que haya una supervisión de las actividades eclesiales. Esta llamada supervisión con autoridad apostólica permite que estos sean obedecidos sin reserva. El subjetivismo carismático hace blasón de nuevas revelaciones del Espíritu. La muletilla Dios me ha dicho, el Señor me habló, permite a cualquiera que dice tener una revelación divina, ser obedecido como rema, palabra de Dios por medio de los creyentes. La Biblia, en manos de estos está dejando de ser predicada para que las congregaciones se alimenten de subjetividades que son recibidas aunque no descansen en la Biblia. La verdadera espiritualidad para estos se manifiesta en hablar en lenguas, en caer en el Espíritu, en sanidades de auto-engañados aunque los verdaderamente enfermos sean despedidos por la puerta trasera de la iglesia luego de que los asistentes al culto hayan dejado el templo, alegando que Dios ya no sana más hoy.

         La razón de todo este estado de la iglesia no es otro que la falta de enseñar la Palabra. Claro está que para poder enseñar la Biblia es necesario que haya hombres preparados para hacerlo. Maestros que han sido formados en la Palabra. Pastores cuyo celo sea el de dedicar tiempo al estudio para poder enseñar también a otros (2 Ti. 2:2). Iglesias cuya determinación y orientación sea dar prioridad a la Biblia sobre cualquier otra cosa, no para hacer técnicos en la Palabra, sino para formar hombres y mujeres que conociendo la Biblia, vivan vidas conforme a ella. Satanás procurará que esto no ocurra. Nada teme más que un creyente que puede apoyarse en la autoridad de la Biblia y responder con ella a sus insinuaciones y tentaciones.

          El mundo evangélico está atravesando un momento de crisis en todos los terrenos. En base a no molestar a otros, se asume como válidas conductas que no solo son contrarias a la moral, sino a la misma naturaleza. Hay iglesias que llamándose evangélicas aceptan el matrimonio contrario a lo que Dios establece en su Palabra, porque también ellos tienen derecho de ser recibidos, ya que la Iglesia es el lugar de encuentro para todos los hombres que desean alabar a Dios. La familia está destruyéndose, los matrimonios rompiéndose, nuevas uniones sustituyen a las anteriores siendo causa de ruina para muchos niños pequeños en hogares destruidos. Nuestra sociedad vive en buenas casas, pero carece de hogares.

          De ahí la advertencia del apóstol a la que debemos prestar urgente atención: “que prediques la Palabra”. Es hora de que quienes creemos en la autoridad, inerrancia e inspiración plenaria de la Escritura, dejemos a un lado las barreras de nuestros sistemas religiosos, las divisiones de un mal entendido denominacionalismo, para acudir juntos y hacer un bloque contra la corriente no Biblia que está afectando el mundo evangélico. Dejar esto para más adelante puede resultar en la ruina inevitable de muchas vidas, avanzando a un punto sin retorno del que será imposible salir.

No necesitamos superhombres

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No necesitamos superhombres

Por Howard Q. Davis Jr.

En el capítulo dos de Instruments in the Redeemer’s Hands [Instrumentos en las manos del Redentor], Paul David Tripp cuenta una historia de un miembro de la iglesia que llamó al pastor para que ayudara a un hombre. El comentario de Tripp para el miembro fue: «¿No es asombroso el amor de Dios? A Dios le importa este hombre y pone a uno de Sus hijos en su camino. Tú le importas a Dios y Él te ha dado la oportunidad de ser un instrumento en Sus manos». ¡Aquellos de nosotros que no somos pastores somos propensos a querer que el pastor lo haga todo! Esperamos que él esté a cargo de todo, desde mover las mesas para la reunión de damas hasta ser el director ejecutivo. Ese, definitivamente, no es el rol del pastor. La otra cara de la moneda es que en muchas iglesias el pastor quiere ser y es el director, pero eso tampoco es un modelo bíblico y, en última instancia, acarreará serios problemas para el ministerio.

Pues Dios no ve como el hombre ve, Como dice John MacArthur en The Master´s Plan for the Church [El plan del Señor para la Iglesia]: «Es comprensible que los ancianos no puedan darse el lujo de consumir su tiempo y energía con los detalles administrativos, las relaciones públicas, los asuntos financieros menores y otras cuestiones del funcionamiento diario de la iglesia. Tienen que dedicarse sobre todo a la oración y al ministerio de la Palabra y a elegir a otros para que manejen esos otros asuntos». El modelo bíblico de un pastorado es el de un trabajo en equipo. En cada lugar del Nuevo Testamento donde se usa el término presbuteros (es decir, «anciano») está en plural, excepto cuando el escritor se refiere solamente a sí mismo. En ninguna parte del Nuevo Testamento se hace referencia a una congregación de un solo pastor. La iglesia en Jerusalén incluía apóstoles y ancianos (Hch 11; 15); la iglesia en Antioquía tenía profetas y maestros (Hch 13:1). Asimismo, las iglesias en Creta, Filipos y Éfeso tenían ancianos, también llamados «obispos».

Don Clements en Biblical Church Government [El gobierno de la iglesia bíblica] escribe que «en cada una de las primeras iglesias del Nuevo Testamento, había claramente una pluralidad de ancianos en el liderazgo. En otras palabras, la iglesia no era gobernada por la decisión de una persona. Más bien, debía ser gobernada por grupos de ancianos que trabajaban juntos. Este es uno de los puntos más importantes en la forma bíblica de gobernar la iglesia, pero es un punto frecuentemente malinterpretado, practicado incorrectamente y difamado en las iglesias de hoy en día». Hay varios problemas con el modelo de un solo líder. Todos somos pecadores y, sin la participación de otro, uno puede convertirse en un «dictador religioso». La gran cantidad de tareas en la iglesia es demasiado grande para que un hombre las maneje física, mental y emocionalmente. Al tratar de hacerlas todas, como dice Clements, «el líder más fuerte, si se queda solo, se consumirá rápidamente». La Escritura nos manda a que examinemos cada palabra que procede del púlpito; si solo hay uno que toma las decisiones, no habrá mucho examen de lo que él diga. Muchas denominaciones se han ido por el camino de la apostasía por no practicar tal examen, y creo que es particularmente cierto en esta era de creerlo todo fácilmente y creencias pluralistas. Lo mismo sucedió en días de Jeremías (ver Jer 5:30-316:13-14).

La idea de múltiples ancianos no es una novedad para la Iglesia del Nuevo Testamento. La vemos operando a través del Antiguo Testamento. Dios, hablándole a Moisés desde la zarza ardiente, le ordena: «Reúne a los ancianos» (Ex 3:16b). Es poco probable que esto se refiera solamente a los hombres de mayor edad, pero esta es la primera vez que se usa este término en la Escritura. Sin embargo, en numerosos pasajes en Deuteronomio podemos ver que a los «ancianos» se les asignan responsabilidades específicas (19:12; 21:19-20; 22:15-18; 25:7-9; 31:9-13). Para la época de Cristo, los ancianos eran una institución en las sinagogas judías.

La función de los ancianos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es llevar a cabo la «supervisión» de la Iglesia. Las tareas de los ancianos, según lo establecido en la Escritura, incluyen predicar, enseñar, velar por la doctrina, ejercer disciplina, visitar a los enfermos, orar, alimentar al rebaño y velar por la congregación.

Pablo en su carta a los filipenses describe dos grupos de oficiales en la iglesia: obispos (supervisores o ancianos) y diáconos (Flp 1:1). El propósito especial del diácono se encuentra en Hechos 6:1-7: ellos ayudan a los ancianos a ministrar a los pobres y a las viudas (ministerio de misericordia) para que los ancianos puedan dedicarse al ministerio de la oración y la Palabra. Como su nombre lo indica en el griego, la función principal de los diáconos es la del servicio. Ellos realizan sus deberes bajo la supervisión de los ancianos. Como Brian Habig y Les Newsom señalan en su excelente obra The Enduring Community [La comunidad duradera], «la Palabra tenía que ser predicada para que las vidas fueran cambiadas y los corazones fueran convertidos. Tan fundamental fue esta actividad para la vida de la Iglesia que nada que los distrajera de esta práctica sería permitido… Los discípulos estaban tan comprometidos con estas actividades primarias que instituyeron un oficio completamente dedicado a las necesidades temporales o físicas de la Iglesia».

Gobernar junto a una pluralidad de ancianos no es solamente el modelo bíblico, sino que también le brinda mucha protección al pastor. Si el predicador actúa como un director ejecutivo, entonces cada decisión que él tome proveerá municiones a algún miembro disgustado de la congregación para que las use en su contra. Cuando los ancianos toman una decisión, es una decisión grupal, y por lo tanto, ¡no es solo del pastor!

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Howard Q. Davis Jr.

El juez retirado Howard Q. Davis Jr. es un anciano gobernante en la Primera Iglesia Presbiteriana en Indianola, Mississippi. También se desempeñó como moderador de la 33ª Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en América.

Bonifacio: El apóstol a Alemania

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Bonifacio: El apóstol a Alemania

Por Henry Krabbendam 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

No es exagerado decir que, desde los días del gran apóstol a los gentiles, ningún misionero del evangelio ha sido más eminente en trabajos, en peligros, en devoción, y en tener ese propósito tenaz pero flexible que nunca pierde de vista su objetivo, aun cuando se viera obligado a acercarse a él por algún otro camino que el que se había propuesto originalmente, que Winfrid, conocido en los anales de la cristiandad como Bonifacio, “el apóstol de (los Países Bajos y) Alemania”» (William Smith y Henry Wace, eds., A Dictionary of Christian Biography [Diccionario de biografías cristianas], Nueva York: AMS Press, 1967, vol. 1, p. 327).

Este emotivo veredicto deja una impresión duradera en todo lector reflexivo. Francamente, debería emocionarlos. Pero ¿quién es este Bonifacio? ¿Qué le hizo merecedor de este veredicto? ¿Qué lo convirtió en el hombre que fue? Y, por último, pero no menos importante, ¿qué debe hacer la Iglesia con su legado?

Nacido en la década del año 670 en Bretaña y, preocupado por las cosas eternas a una edad sorprendentemente temprana, Bonifacio rogó, y finalmente recibió, el permiso renuente de su padre para entrar en un monasterio y entregarse a una vida de servicio en el Reino de Dios. Durante la preparación monástica para la tarea de su vida, aprendió la obediencia incondicional a sus superiores eclesiásticos, se inflamó su amor por Cristo, demostró ser un estudiante celoso de las Escrituras, se convirtió en un discípulo devoto en la escuela de la oración, creció rápidamente en la santidad con propósito, demostró ser un poderoso predicador del evangelio y fue ordenado sacerdote a la edad de treinta años. Pero, sobre todo, el monasterio, un semillero de fervor evangelístico, lo impregnó de un celo evangelístico duradero.

Su ministerio puede ser dividido en tres fases, formuladas desde su incursión misionera inicial (716) en los Países Bajos (Frisia), hasta su incursión final (754), posiblemente ya como un octogenario, en la misma área geográfica. Su primera incursión no tuvo éxito debido a una guerra que se desató entre Radbod, rey de los frisones, que buscaba devastar todas las iglesias y monasterios posibles, y Carlos Martel, rey de los francos. Su última incursión concluyó con su muerte como mártir, la pieza que coronó una vida extraordinaria, caracterizada por un impulso espiritual enorme, un entusiasmo sin temor, un vigor interminable y una perseverancia indomable. Se distinguió desde el principio como un misionero apasionado y eventualmente se convirtió en un organizador excepcional, un excelente administrador y un fino estadista. Dedicó todos sus dones y talentos a la infatigable búsqueda de su gran visión dual: cristianizar toda la Europa pagana y fusionar a los convertidos en una Iglesia poderosa, efectiva e influyente bajo la sombrilla unificadora y autoritaria del obispo de Roma.

En su primera fase (718-722), Gregorio II le encargó que trabajara como sacerdote misionero en Turingia (centro-sur de Alemania) y Frisia. En Turingia se encontró con una mezcla de cristianismo y paganismo, y con una moral relajada. Aunque disfrutó de cierto éxito, experimentó la resistencia de un clero de mentalidad independiente que controlaba a las iglesias ya establecidas. Esto y la muerte de Radbod lo motivaron a regresar a Frisia, donde trabajó durante tres años. Vio muchos paganos convertidos. Esta vez las autoridades eclesiásticas estaban con él e incluso le ofrecieron un obispado. Pero su corazón misionero no le permitió aceptarlo, porque estaba ansioso por moverse a nuevos campos de labor evangelística.

En la segunda fase (722-742), bajo la protección de Carlos Martel y delegado por Gregorio II como obispo misionero, se concentró primero en Hessia (norte-centro de Alemania) y luego en Turingia. Su éxito en Hessia lo inmortalizó como uno que «superó a todos sus predecesores en la dimensión y en los resultados de su ministerio» y, por tanto, «fue un instrumento de Dios mayor que ningún otro individuo para llevar el cristianismo» a Alemania. Los eventos que asestaron un golpe decisivo al paganismo mitológico y que hicieron que su ministerio se disparara fueron, en primer lugar, el talado osado y estratégico de un roble impresionante dedicado a la adoración de Thor, dios del trueno, que era considerado sagrado e inviolable. Y segundo, el uso de esa madera para erigir una capilla para la gloria de Cristo. Para la población nativa, la «falta de respuesta» de Thor estableció la autoridad del Dios cristiano y Su apóstol eclesiástico. Esto llevó a miles de conversiones y constituye el comienzo de la cristianización a todo lo largo de Alemania. Lo que caracterizó su ministerio en Turingia, luego de que Gregorio III lo encomendara como arzobispo misionero para darle mayor autoridad, fue la fundación de una vasta red de iglesias dedicadas, diócesis funcionales, monasterios disciplinados y escuelas florecientes. Con una combinación de gracia apacible y disciplina intolerante, predicó incesantemente contra el culto pagano, las herejías doctrinales, la impureza moral y el catolicismo independiente, y trató de erradicar estas cosas armado con el amor por las Escrituras y el celo por la Iglesia, así como con habilidad organizativa y capacidad administrativa.

En la tercera fase (744-753), bajo la protección de Pipino, hijo de Carlos Martel, y comisionado como arzobispo de Maguncia por el papa para darle jurisdicción regional, expandió su ministerio a Baviera (sur de Alemania) y Francia. En Baviera continuó mostrando su genio para la organización y administración eclesiásticas, y en Francia su celo indomable por la reforma personal y eclesiástica.

Al final, sin interés de partir tranquilamente de esta escena terrenal, murió como había vivido, como un soldado de Cristo. Buscando destruir la adoración pagana y salvar almas paganas, trajo sobre sí la ira de los objetos de su amor y celo. Él y sus compañeros se negaron a defenderse y fueron masacrados. Irónicamente, sus asesinos en poco tiempo reconocieron frente al Dios de Bonifacio y sus muchos amigos leales, el callejón sin salida espiritual y social en que vivían y se arrepintieron, en apariencia, de corazón. Se hicieron seguidores de Cristo y miembros de Su Iglesia. Así, Bonifacio logró con su muerte lo que no logró durante su vida.

Esto nos deja con las dos últimas preguntas planteadas al principio de este artículo: ¿Qué hizo que Bonifacio fuera el hombre que fue? ¿Y cuál es su legado? Ninguna de las dos preguntas es muy difícil de responder con la ayuda de las Escrituras, sus cartas y los testimonios de la historia.

Todos los elogios que le han sido y que le pudieran ser asignados, tales como su piedad con propósito, su gozo inefable, su constante alabanza a Dios, su celo indomable, su trabajo infatigable y su esfuerzo sacrificial, a menudo en medio de tiempos difíciles, parecen reflejar la gloria restaurada (Sal 85), con su fuente en la cruz y en la resurrección de Cristo, su agente en el Espíritu de Cristo y su primera gran demostración en Hechos 2. A lo largo de su ministerio, Bonifacio anheló y mostró el poder pentecostal de la resurrección que estaba ansioso por abrazar tanto el sufrimiento, que viene al predicar el evangelio, como la semejanza a una muerte llena de frutos que Jesús mismo dejó como modelo, tanto para Sus discípulos como para la Iglesia universal (Jn 12:24Fil 3:10Col 1:24). Combina este poder abundante del Espíritu con un amor sacrificial y un discernimiento que luce infalible en el manejo de personas y situaciones eficazmente y sin temor (2 Tim 1:7), y comenzará a surgir el perfil del «apóstol de los Países Bajos y Alemania». En una entrega llena de gozo, se sometió a vivir en un monasterio como campo de entrenamiento habitual de la fe cristiana. Pronto encontró su nicho misionero y con una devoción inquebrantable mantuvo el rumbo en el principio, en la mitad y hasta el final de su vida. Al principio, puso en peligro su vida aventurándose en una zona que estaba en guerra con el evangelio. A la mitad, arriesgó su vida y bajo la autoridad del evangelio derribó un roble que era idolatrado. Al final, entregó su vida y fue martirizado por la causa del evangelio. Básicamente, estas tres instancias cuentan su historia.

Pero ahora, su legado. Sería inconcebible demandar que todos los cristianos imiten los dones que Dios ha derramado sobre algunos individuos en específico, como es el genio para la organización y la administración. Sin embargo, sería igualmente inconcebible no presentar como vinculante para cada individuo lo que Dios requiere de todos los cristianos. Siguiendo los pasos del gran apóstol a los gentiles, Bonifacio abrazó de todo corazón, como norma de Dios, el doble plan que Cristo dejó a la Iglesia: sufrimiento y muerte en Él, y vida en Su pueblo (2 Co 4:12). Si la Iglesia celebrara a Bonifacio simplemente como un fenómeno extraordinario, perdería el punto. Solo si él logra energizar a la Iglesia, y solo si la Iglesia lo abraza a él y su vida como un ejemplo del deseo de avivamiento de parte de Dios, y solo si nos confesamos como culpables y avergonzados de todo lo que se quede corto de esto, entonces podremos esperar disfrutar de un tipo de ministerio así de indispensable, ya sea en lo que parece ser un Oriente Medio (musulmán) prácticamente muerto, en una Europa (secularizada) casi muerta o en unos Estados Unidos de América (humanistas) moribundos. Francamente, el mensaje de la historia en general y de Bonifacio en particular es muy claro. A menos que la Iglesia, siguiendo los pasos de Bonifacio, esté dispuesta a sufrir y morir, y con palabras y ejemplos urja a todos sus hijos a una edad temprana a seguir su ejemplo, en lugar de solo permitirles renuentemente que lo hagan en circunstancias extraordinarias, la Iglesia estará destinada a sufrir y enfrentar de cerca la muerte a manos del mundo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Henry Krabbendam
Henry Krabbendam

El Dr. Henry Krabbendam es profesor de teología en Covenant College en Lookout Mountain, Georgia, y es misionero en Uganda.

Vendrán dificultades

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Serie:  La historia de la Iglesia | Siglo VII

Vendrán dificultades
Por Chris Larson

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VII

n la actualidad, los cristianos a menudo hablan de evangelizar la cultura, de transformarla y de encontrar maneras de comunicarse efectivamente con personas de otras culturas. Este mismo sentir lo vemos en la literatura inglesa del siglo VII. J. R. R. Tolkien fue tan A nosotros, los reformados, nos va bien; y quiero decir muy bien. Llámalo doctrinas de la gracia, o fe cristiana histórica o incluso la palabra que comienza con «C» (calvinismo), pero tienes que admitir que pecadores como nosotros hemos recibido algo realmente asombroso. La Biblia nos enseña que debemos aferrarnos a la apasionante verdad de que Dios es poderosamente soberano sobre todas las cosas. De hecho, un teólogo contemporáneo, muy conocido por los lectores de Tabletalk, se atrevió a afirmar que no existe ni siquiera una molécula suelta fuera del dominio de Dios. 

¿Y qué con respecto al sufrimiento? ¿Alguna vez te has preguntado cómo un ateo y un cristiano podrían diferir en su respuesta? Uno niega la existencia de cualquier Ser trascendente; el otro, la afirma. Difícilmente un artículo de 450 palabras sea el mejor lugar para resolver esto, pero consideremos brevemente a la celebridad del momento entre los ateos, el profesor de Oxford Richard Dawkins. Él, con mucha frialdad, sopesa las implicaciones metafísicas del sufrimiento, prefiriendo hacerse eco de la cosmovisión materialista de Darwin cuando afirma que el sufrimiento no es más que «una consecuencia inherente de la selección natural». Vaya, ¡qué conciso y conmovedor a la vez! Posteriormente, en sus escritos, el profesor Dawkins quiere que creamos en el futuro del potencial de la humanidad, invocando de manera inconsistente palabras tales como «esperanza» y «optimismo» al mismo tiempo que afirma como un hecho la ciega evolución mecanicista. Con el debido respeto a su asombroso intelecto y a sus logros profesionales, la cosmovisión del profesor Dawkins, fuertemente atada a la evolución, no es más que «un cuento contado por un idiota, con mucho ruido y furor, que no tiene ningún significado». Y en algún lugar, en medio de todo esto, escucho el eco del Salmo 2 y la risa burlona del Señor. 

No somos lo suficientemente inteligentes como para inventar la doctrina de la soberanía de Dios y luego integrarla con la realidad del sufrimiento humano. ¿Puede nuestra doctrina lidiar tanto con el mal indescriptible como con frustraciones tan rutinarias como aplastarte el dedo del pie? Lo cierto es que Dios provee en Su Palabra una verdad rigurosa que puede resistir a las preguntas más difíciles de la humanidad. Y el mundo y la humanidad fueron creados buenos. El fruto prohibido fue comido en el jardín y nuestras lágrimas comenzaron. Y esas lágrimas continuarán hasta aquel día y aquel lugar donde ya no habrá más lloro y todo será bueno.

Las dificultades vendrán, y lidiar con ellas requiere que enfrentemos el hecho de que estas pruebas son enviadas por Dios. Él es bueno en lo que nos da, y Su intención es traernos el bien en aquellas cosas que nos da. Por lo tanto, enfrenta tu prueba con la seguridad de que el cristiano conoce y es conocido por un Padre que es absolutamente bueno y amoroso.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Chris Larson
Chris Larson

Chris es el presidente y jefe ejecutivo de Ligonier. Dirige todas las iniciativas de alcance y operaciones ministeriales con el fin de difundir la histórica fe cristiana a tantas personas como sea posible.

Oportunidad y oposición

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VII

Oportunidad y oposición

Por Abdul Saleeb

Qué está pasando con la Iglesia en el mundo musulmán en los primeros años del siglo XXI? En el pasado, era muy común que los misioneros dedicaran una vida de servicio fiel al evangelio y vieran muy poco o ningún resultado tangible en términos de musulmanes viniendo a la fe en Cristo. Sin embargo, hoy sabemos de un número significativo de musulmanes —a veces en los miles y a veces en las decenas de miles— que han venido a la fe en los últimos quince años.

Los estudiantes de misiones detectan un número de factores que Dios está usando para el avance del Reino de Cristo entre varios de los pueblos musulmanes. La inestabilidad política y el surgimiento de un islam radical y militante han hecho que muchos musulmanes empiecen a cuestionar la legitimidad del islam y que estén más receptivos al evangelio de Cristo, el Príncipe de Paz. Las tendencias actuales del mundo moderno como la globalización, la urbanización y las migraciones masivas, han abierto oportunidades nuevas y sin precedentes para compartir el evangelio con el pueblo islámico. El uso de tecnologías modernas como los satélites e Internet, junto con la distribución masiva de Biblias, también están teniendo un impacto significativo en países musulmanes que antes estaban bien cerrados. El número de misioneros que Dios está levantando para llevar el evangelio al mundo musulmán también está aumentando, no solo de iglesias en América del Norte, sino también de América del Sur y Corea del Sur, y más recientemente de iglesias clandestinas que crecen a un ritmo acelerado en China. Algunos de los temas recurrentes en los testimonios de conversión de musulmanes a Cristo incluyen cosas tales como el ministerio y estilo de vida de los creyentes cristianos, la oración contestada y la liberación de una situación difícil, el hallar la paz y la seguridad de perdón en la Biblia, encontrar el amor de Dios en las Escrituras y experimentarlo en la comunión cristiana y en los actos de servicio humilde.

Aunque tenemos muchas razones para regocijarnos por la incomparable propagación del evangelio entre los musulmanes en nuestros días, también necesitamos reconocer la intensidad de la oposición al evangelio. Nuestros hermanos y hermanas que viven y ministran en la mayoría de los países musulmanes enfrentan muchos momentos difíciles y oscuros. Algunas veces la oposición puede tomar la forma de persecución directa. Muchos siervos de Cristo han sido asesinados, encarcelados y torturados por evangelizar a musulmanes. Las esposas de muchos pastores me han dicho que cada vez que sus esposos salen de la casa, luchan con el temor de no volver a verlos jamás. La ley islámica prohíbe cualquier forma de evangelismo cristiano, y convertirse del islam al cristianismo es considerado un delito castigado oficialmente con la pena de muerte. Muchas iglesias viven con el temor constante de ser bombardeadas, atacadas por una turba enfurecida o clausuradas por órdenes del gobierno. Las personas que activamente muestran un testimonio cristiano pueden recibir amenazas de muerte contra ellas y sus familias. Muchos pastores luchan con el hecho de que frecuentemente están bajo el escrutinio del gobierno. Con mucha frecuencia, los cristianos y los convertidos al cristianismo sufren el acoso, el ridículo, el rechazo por parte de la familia y la comunidad, y la discriminación en los ámbitos educativos y laborales debido a su fe. Los gobiernos islámicos y las mezquitas utilizan todas las herramientas de los medios de comunicación y del sistema educativo a su disposición para propagar el islam y atacar la fe cristiana, pero en la mayoría de los casos, nunca permitirían que los cristianos tengan el mismo acceso para dar una respuesta o simplemente presentar el evangelio.

También hay muchos desafíos internos que la Iglesia enfrenta. Hay divisiones denominacionales y una mentalidad competitiva entre cristianos. Muchos observadores pueden señalar la falta de educación teológica y madurez espiritual incluso dentro del liderazgo de la Iglesia. Una gran tentación para muchos musulmanes convertidos al cristianismo es casarse con otro musulmán, ya que es posible que no puedan encontrar una pareja adecuada. A veces, debido a las presiones familiares o a los muchos peligros de vivir como cristiano en una sociedad musulmana, un creyente declarado se convierte de nuevo al islam. Muchos cristianos en el mundo musulmán también se ven tentados a dejar su país de origen y mudarse a Occidente, donde pueden vivir sus vidas y expresar su fe cristiana con seguridad y paz.

Necesitamos comprometernos a orar e identificarnos con la Iglesia sufriente y perseguida en el mundo musulmán. Pero también debemos regocijarnos por el crecimiento y la expansión de la Iglesia en el mundo musulmán. Debemos recordarnos una vez más, especialmente en medio del creciente radicalismo y la violencia en todo el mundo islámico de hoy, que todos los tronos, dominios, principados y poderes visibles e invisibles, todas las cosas fueron creadas por medio de Él y para Él, y Él es «la cabeza del cuerpo que es la iglesia» (ver Col 1:1618).

No hay necesidad de desesperarse. Podemos estar seguros de que el Rey Jesús está sentado en Su trono y, de hecho, está cumpliendo Su gran propósito de edificar Su Iglesia en todo el mundo (y especialmente en el mundo islámico) ­¡ante nuestros ojos!

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Abdul Saleeb

El reverendo Abdul Saleeb es coautor de El lado oscuro del Islam con el Dr. R.C. Sproul. Pastorea una confraternidad de conversos musulmanes en los Estados Unidos y está íntimamente involucrado con iglesias en el Medio Oriente.

Cuando el cristianismo moldeó las artes

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VII

Cuando el cristianismo moldeó las artes

Por Gene Edward Veith

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VII

os cristianos de hoy frecuentemente hablan de influenciar la cultura a través de las artes. Esto a menudo significa, en términos prácticos, que los cristianos se dejan influenciar por la cultura a través de las artes. En el siglo VII, sin embargo, vemos al cristianismo como una poderosa fuerza imaginativa y estética que inspiraba nuevas y duraderas formas de arte, estilos y creaciones artísticas.

Atanasio murió en el año 373 d. C., y el epitafio que apareció en su lápida es famoso hoy en día, ya que captura la esencia de su vida y mLos evangélicos con frecuencia olvidan los logros artísticos de aquellos días premedievales, ya sea por la aceptación acrítica de las generalizaciones excesivas de la «Era de las Tinieblas» o por el supuesto de que la Iglesia de esos tiempos estaba haciendo concesiones a los paganos que había evangelizado. En realidad, hubo problemas teológicos en el siglo VII, como la atención excesiva a los santos, pero las peores corrupciones de la Iglesia, como el papado infalible, las indulgencias, el reemplazo de la Biblia por el racionalismo escolástico aristotélico y el reemplazo del evangelio por la justicia de las obras, todo eso vino después.

El siglo VII no era un tiempo para ceder ante el paganismo, sino para combatirlo. Las tribus de los bárbaros saqueaban las comunidades cristianas. El norte de Europa todavía era en gran parte pagano y una corriente constante de misioneros enfrentó el martirio. En el Oriente y en África, los cristianos sufrían las invasiones de musulmanes yihadistas militantes.

Pero en medio de las guerras, el caos y la agitación social, el interés por la actividad cultural e intelectual, y el deleite en la imaginación creativa no solo se mantuvieron vivos, sino que fueron fomentados e inspirados dentro de la Iglesia, y de tal manera que eventualmente conquistaría y civilizaría a los bárbaros que estaban fuera de las puertas. Por lo tanto, los cristianos de hoy haríamos bien en emular a nuestros hermanos del siglo VII mientras nos adentramos en nuestro propio tiempo de crisis educativa, barbarie cultural y ataques musulmanes: nuestra propia era de las tinieblas.

Los cristianos cultivaron las artes en dos contextos diferentes, aunque de maneras muy similares. La Europa occidental aún vivía en las ruinas del Imperio romano, que había caído dos siglos antes. Pequeños reinos tribales, algunos cristianos y otros no, proporcionaron cierta medida de orden social, aunque Carlomagno no crearía su Imperio unificado e instituiría la Europa medieval sino hasta el siguiente siglo. La Iglesia estaba en un modo de supervivencia y misionero.

Pero en el Este, el Imperio romano no había caído. La capital de Roma en el Este, Constantinopla, se había transformado en la rica y poderosa civilización bizantina. Aquí la Iglesia, bajo la protección del emperador bizantino, también era rica y poderosa.

Los bizantinos fueron conocidos por su magnífica pero intrincada arquitectura. De Grecia y Roma, tomaron las columnas y las cúpulas. De Asia, tomaron la ornamentación ostentosa y los espacios circulares. Pero fue el cristianismo lo que unió estos elementos en un todo.

Las iglesias bizantinas comenzaron a construirse en forma de cruz. En el centro habría una cúpula sobre el altar, con transeptos que se extendían en ángulos rectos en cuatro direcciones. Tal diseño unía la arquitectura lineal occidental con la arquitectura circular de Oriente. Pero en su esencia está el profundo simbolismo del evangelio, que la gente que viene a adorar a Dios en la iglesia solo puede hacerlo en la cruz de Jesucristo.

Además de este plano de planta cruciforme, que más tarde sería adaptado en Occidente tanto en el estilo románico como en el gótico, las iglesias bizantinas también estaban llenas de esplendor visual. El interior de las cúpulas abovedadas pudiera estar adornado con oro puro. Los pisos pudieran ser mosaicos con miles de piezas colocadas en diseños increíblemente complejos y en las paredes, en el altar y casi en todas partes donde uno pudiera mirar habrían íconos.

Los íconos son estilizados, casi abstractos, con líneas gruesas que dibujan las figuras, rellenas de colores brillantes o de oro. Los ojos, no obstante, son inquietantemente profundos, como si te estuvieran mirando directamente a los ojos.

Sin embargo, algunos de los mayores logros artísticos del siglo VII no se produjeron entre los bizantinos, sino entre el asediado Occidente. Mientras los monjes copiaban las Escrituras a mano, adornaban la Palabra de Dios con ilustraciones de asombrosa belleza. El mayor ejemplo de manuscritos ilustrados del siglo VII es probablemente los Evangelios de Lindisfarne, hecho en un monasterio inglés.

Aun los iconoclastas pueden apreciar el arte de las biblias ilustradas, muchas de las cuales no son representativas: líneas intrincadas entrelazadas y formas laberínticas, orquestaciones de colores y diseños, figuras fantásticas y gárgolas caprichosas, representaciones de figuras que no existen ni en el cielo ni en la tierra. Pero sobre todo, el verdadero arte de los manuscritos ilustrados es la caligrafía misma, un riff sobre la interpretación visual de sonidos y letras que es el lenguaje escrito, un reconocimiento de que el ícono mayor es la Palabra de Dios escrita, que consiste en imágenes visuales de letras en todas sus jotas y tildes.

El siglo VII también fue importante en la historia de la música. Los cantos gregorianos se le atribuyen al papa Gregorio, quien vivió en el siglo VI, aunque esta atribución probablemente sea incorrecta, ya que los cantos gregorianos que tenemos datan del siglo IX. Pero esta forma de canto ciertamente se desarrolló durante el siglo VII.

El canto gregoriano es simplemente una forma de cantar prosa. Su sencilla línea melódica está libre de los estrictos requisitos del ritmo y la métrica y, por lo tanto, puede acompañar cualquier texto. En el siglo VII, esta forma de arte, nuevamente, surgió en la Iglesia, cuya adoración, tanto en Occidente como en Oriente, incluía cantar pasajes de la Biblia.

Personalmente aprecio a las congregaciones reformadas que solo cantan los Salmos en sus cultos. Sin embargo, esos salmos han sido parafraseados en una forma métrica, con una rima y un ritmo regulados, para adaptarse a las estructuras estrictas de nuestra música más moderna. Si usaran formas de canto gregoriano, podrían cantar los Salmos directamente de la Biblia. No hay nada intrínsecamente «católico» en este canto. Tanto los luteranos como los anglicanos han estado cantando los Salmos y otros textos bíblicos de esta manera desde los tiempos de la Reforma.

El siglo VII también marca el comienzo de la literatura inglesa. En el año 672, un monje llamado Caedmon compuso y escribió el primer poema jamás registrado en el lenguaje de los anglos; es decir, anglosajón. De nuevo, fue un poema cristiano, un himno a la creación. Es de esta manera, en una traducción al inglés moderno, como comienza la literatura inglesa:

Now shall we praise the heavenly
kingdom’s Guardian,
The Creator’s ability and His wisdom,
Work of the glorious Father.

[Traducción al español:
Ahora alabemos al Guardián
del reino celestial,
La habilidad del Creador y Su sabiduría,
Obra del Padre glorioso.]

La literatura inglesa daría muchas vueltas, pero comenzó como las otras formas de arte del siglo VII: glorificando a Dios.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Gene Edward Veith
Gene Edward Veith

El Dr. Gene Edward Veith es director del Instituto Cranach en el Concordia Theological Seminary en Fort Wayne, Indiana. Es autor de varios libros, entre ellos God at Work y Reading between the Lines.