Por qué debemos predicar la palabra

The Master’s Seminary

Serie: Predica la Palabra

Por qué debemos predicar la palabra

John MacArthur

Para todo expositor bíblico que busca seguir los pasos de Pablo en el deseo de proclamar fielmente la Palabra de Dios, 2 Timoteo 4: 2 es tierra sagrada y territorio precioso. En este versículo el apóstol define el mandato primordial para todo predicador, no sólo para Timoteo, sino para todos los que vendrían después de él. El ministro del evangelio está llamado a “¡predica (r) la Palabra!”

Pablo, a punto de morir e inspirado por el Espíritu, escribió este texto para que sirviese como sus últimas palabras para Timoteo y por ende para la iglesia. Las palabras de este versículo se sitúan en el inicio del último capítulo de su última carta. Sólo e incansable, en un calabozo romano, sin siquiera un manto para mantenerse caliente (v. 13), Pablo escribe una última carta en el cual encomienda a Timoteo ya todo ministro después de él, a proclamar las Escrituras con convicción y valentía.

Pablo entendía lo que estaba en juego: la batuta sagrada de mayordomía del evangelio estaba siendo entregada a la siguiente generación. Por otro lado sabía que Timoteo, su hijo en la fe, era joven y propenso a la aprehensión y la timidez. Por esta razón él escribió una exhortación final a la fidelidad pastoral con un tono fuerte:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos ya los muertos en su manifestación y en su reino,  que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (2 Timoteo 4: 1-2).

El corazón de ese breve pasaje resume el ministerio bíblico de un ministro del evangelio: predicar la Palabra.

Ese mandamiento no era algo completamente nuevo, pues ya anteriormente Pablo había informado a Timoteo acerca de las calificaciones para el liderazgo espiritual. En 1 Timoteo 3: 2, Pablo le enseño que además de numerosos requisitos morales y espirituales, todo ministro y pastor debe tener la habilidad y capacidad de enseñar. Su función es ser un expositor de la Biblia, capaz de explicar claramente el texto bíblico y exhortar eficazmente a la congregación.

El llamado a predicar y enseñar la Palabra de Dios es tanto un privilegio sagrado como una responsabilidad sumamente seria la cual debe ser llevada a cabo en todo momento. El ministro llamado a predicar tiene la divina responsabilidad de pararse en el púlpito “a tiempo y fuera de tiempo” y llevar a cabo su misión sin importar si ella parezca aceptable o inaceptable, sabio o imprudente. El hombre de Dios que ha sido llamado a predicar debe de hacerlo son valentía el mensaje de Dios para el pueblo de Dios sin importar los vientos de doctrina o la opinión de las personas.

Ser fieles al llamado a proclamar la Palabra requiere predicar todo lo que en ella está escrito, no sólo aquellos aspectos positivos. Pablo manda a Timoteo a redargüir, reprender y exhortar a la iglesia, rechazando así la tentación de dejar a un lado las advertencias y correcciones de la Escritura. Sin embargo, su reprensión debería llevarse acabo con “toda paciencia y doctrina”, marcando la seriedad de su exhortación con compasión y ternura.

Mientras que su pastoreo debe ser descrito por mansedumbre y longanimidad, su predicación no debe ser marcada por la incertidumbre o ambigüedad. El ministro fiel proclama la verdad de la Palabra de Dios con la confianza y la seguridad que esta demanda, reconociendo que la autoridad en la predicación no proviene de una institución, la educación o la experiencia pastoral, sino de Dios mismo.

Siempre y cuando el sermón interprete claramente el texto bíblico, tal predicación carga con la autoridad del Autor mismo. El poder del púlpito está en la Palabra predicada correctamente, al mismo tiempo que el Espíritu usa la Biblia expuesta para perforar el corazón de las personas (Efesios 6:17; Hebreos 4:12). Consecuentemente, la tarea del pastor es alimentar fielmente el rebaño con la leche pura de la Palabra (1 Pedro 2: 1-3), confiando en que Dios aumentará el crecimiento.

En los versículos antes y después de 2 Timoteo 4: 2, Pablo proporcionó a Timoteo con la motivación necesaria para mantenerse firme y perseverar hasta el fin, dandole un mandamiento claro: predicar la Palabra, sabiendo que las almas están en juego. Pablo dio a Timoteo cinco razones de peso crucial con el fin de equiparlo para la tarea del pastoral y para perseverar en la fidelidad ministerio. Estas motivaciones, que se encuentra en 2 Timoteo 3: 1–4: 4, son tan aplicables hoy como lo eran cuando el apóstol les escribió hace casi dos milenios.

Durante la semana estaremos estudiando las cinco razones dadas por Pablo para predicar la Palabra.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

Testigos de la persecución

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

Testigos de la persecución

Por Tom Nettles 

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

Rústico, el prefecto de Roma, estaba tan decidido a obligar a los cristianos a obedecer los dioses romanos que les prometió una muerte extremadamente dolorosa si se rehusaban. Pero Justino Mártir, un maestro de la fe cristiana que residía en Roma en ese tiempo, resistió su acoso con una presentación calmada y firme de la verdad cristiana. Finalmente, el prefecto confrontó a Justino con una pregunta fundamental: «¿Supones entonces que ascenderás al cielo a recibir alguna recompensa?». Justino le respondió: «No lo supongo, sino que lo sé y estoy totalmente persuadido de ello».

Tan seguro estaba Justino de las verdades de la fe cristiana que podía decir con confianza: «Ninguna persona que piense correctamente se aleja de la piedad a la impiedad». Pero no siempre había estado tan seguro.

Aprendemos de su diálogo con Trifón, un inquisidor judío, que Justino nació de padres paganos en Flavia Neapolis, una ciudad de Samaria en Palestina. Estudió filosofía intensamente bajo varios maestros: un estoico, un peripatético, un pitagórico y un platonista. Aunque el platonismo le dio a Justino más satisfacción que los otros sistemas filosóficos, no le proveyó la certeza de la verdad que estaba buscando.

La conversión de Justino en el año 130 d. C. vino después de una vigorosa discusión con un cristiano experimentado. Tal conversación expuso la superficialidad de la comprensión de Justino de la verdad y lo llevó a considerar seriamente a Cristo. Consumido por un celo por conocer a los profetas y a los «amigos de Cristo», comenzó a estudiar las palabras de Jesús. Concluyó, como lo dice en sus palabras a Trifón, que la enseñanza de Cristo «era la única filosofía verdadera».

Después de su conversión, Justino estableció una «escuela» en Roma para enseñar la fe cristiana y debatir con los paganos. Procuró también hacer evangelismo entre los judíos. Sus enseñanzas le dieron una amplia notoriedad entre los intelectuales de la ciudad y le llevaron a un debate con un influyente filósofo cínico llamado Crescente. El derrotar a Crescente en este debate fue probablemente lo que condujo a su arresto y a su eventual decapitación en el año 165 d. C., inmediatamente tras el juicio de Rústico. 

La mayoría de los escritos de Justino no están disponibles para nosotros hoy. Nuestro conocimiento de su pensamiento, por lo tanto, viene de dos obras conservadas: Apología (I y II) y Diálogo con Trifón. Estas obras nos facilitan una deleitante entrada a la mente de Justino y nos muestran cómo presentó el evangelio a su cultura, dándole forma y definición a la fe de paganos y judíos.

Tres Temas Comunes 

Hay tres características que son comunes al testimonio de Justino tanto a los paganos como a los judíos. Lo fundamental de todo es la regla de la fe, es decir, los aspectos históricos de la misión redentora de Jesús.. En segundo lugar, el cumplimiento de Jesús de la profecía del Antiguo Testamento encuentra aplicación apropiada e ingeniosa para las muy diferentes audiencias de Justino. En tercer lugar, Justino presenta claramente a Jesús como el eterno Hijo de Dios, digno de adoración, y desde Su encarnación, un verdadero hombre. En todas sus presentaciones, Justino sostiene la Escritura como la más alta y única inerrante autoridad, incapaz de contradicción. Su apego profundo a las doctrinas del cristianismo, por las cuales está dispuesto a morir, le da poder a su enérgica defensa.  

Por ejemplo, Justino presenta repetidamente los eventos de la vida de Cristo ante Trifón como virtualmente auto-evidentes de Su mesianismo. «Pero si Juan llegó como precursor —señala Justino— exhortando a los hombres a que se arrepientan, y luego llegó Cristo …y predicó el evangelio en persona, afirmando que el Reino de los cielos es inminente, y que tenía que sufrir mucho en manos de los escribas y fariseos, y ser crucificado, y levantarse otra vez al tercer día, y aparecer nuevamente en Jerusalén para comer y beber con Sus discípulos», estos hechos en sí mismos muestran que Él cumple todas las profecías y tipos del Antiguo Testamento. Justino cita y ofrece exposición de grandes porciones de la profecía para demostrar que en la aparición de Cristo en el mundo, Sus enseñanzas, Sus sanaciones, Sus sufrimientos y muerte, Su resurrección y ascensión, y Su promesa de venir otra vez, solo Él podía cumplir las profecías del Antiguo Testamento. 

Estos mismos hechos del evangelio sirvieron a Justino para argumentar tanto la claridad y la antigüedad de la verdad en el cristianismo como la vaguedad del paganismo y la filosofía griega.  Aunque Justino concede demasiado al decir que «los que han vivido por la razón son cristianos», incluyendo a varios de los antiguos filósofos griegos, su punto es que cualquier verdad real que hayan descubierto se hace más clara en la persona, enseñanzas y obra de Cristo. «Por  todo lo que se ha dicho —argumentó Justino insistentemente— un hombre inteligente puede entender por qué, a través del poder de la Palabra, de acuerdo con la voluntad de Dios, el Padre y Señor de todo, Él nació como hombre de una virgen, se le puso por nombre Jesús, fue crucificado, murió, resucitó y ascendió a los cielos» (Apología, 46). La aparición de Cristo en la tierra para hablar las palabras que el Padre le dio y para llevar a cabo la tarea redentora que el Padre le asignó, así como Su cumplimiento de todo lo que los profetas dijeron sobre Él, le da credibilidad superior a todas las enseñanzas del cristianismo.

Argumentos para los paganos 

Justino usó algunos argumentos especialmente diseñados para confrontar el paganismo. Uno era su insistencia en la superioridad moral del cristianismo. Él usa muchos ejemplos de la crudeza de la cultura pagana, de cómo excusan injustamente sus abominaciones y cómo hipócritamente acusan a los cristianos de crímenes morales de los cuales ellos mismos son los verdaderos perpetradores.  Escribe: «Nosotros los que antes nos deleitabamos en las impurezas, ahora nos aferramos a la pureza» porque «nos consagramos al buen e inconcebido Dios» (Apología, 14).  Los dotados artesanos que hacían dioses paganos son «hombres licenciosos… experimentados en todo vicio conocido», quienes «hasta deshonran a las doncellas que trabajan con ellos». ¡Qué estupidez! Las enseñanzas de Cristo, citadas abundantemente por Justino, muestran la clara superioridad moral del cristianismo y también lo absurdo de las acusaciones falsas presentadas contra los cristianos.

La determinación de los cristianos de escapar de la contaminación mundana y revertir los estándares aceptados de crueldad e irrespeto por la vida, aunque provocan la ira del mundo en el proceso, muestra que su entendimiento moral está fundamentado en la verdad eterna.

Justino también argumentó que el cristianismo se destingue en la claridad de la verdad. Ridiculizó la ingenuidad y criticó la inconsistencia de los griegos que recibían, sin prueba, las enseñanzas de que, cuando se trataba sobre Cristo con mayor amplitud y con demostración histórica, lo condenaban como un absurdo. Justino se aprestó a demostrar que el absurdo pertenecía a los paganos porque la verdad estaba en Jesús.

En el argumento de Justino, la prueba consiste de tres elementos: realidad histórica, cumplimiento de la profecía y argumentos superiores. Primero, el cristianismo se deleita en la irreducible realidad de sus eventos históricos. No existe evidencia histórica o documentación para las fábulas que se cuentan de Zeus, Júpiter, Minerva y demás. Aun si existiera evidencia histórica, sería inservible ya que esas deidades no inspiran o redimen la humanidad sino que la brutalizan y la degradan. No obstante, la certeza de las acciones y las palabras de Jesús va mucho más allá de todo cuestionamiento, como materia de documentación y como tema recordado en las comunidades cristianas.   

Segundo, el cumplimiento de la profecía de Jesús, como ya se mencionó, fue dominante, preciso e imposible de inventar. El mundo estaba cuidadosamente preparado para Su venida a través de las Escrituras del Antiguo Testamento. Juan el Bautista la anunció inmediatamente antes de Su aparición, y Jesús reclamó ser el cumplimiento de todas las profecías. Estos hechos muestran que Él nos da verdadero conocimiento de Aquel que creó el mundo, lo sostiene, conoce todas las cosas y da tanto recompensas como castigos eternos de acuerdo con los principios de justicia inefable. 

Tercero, por causa de que Jesús es la manifestación histórica de la verdad, y no hay verdad que Él no haya originado, todo lo que es verdadero tiene su fundamento en Cristo. Justino argumentaba que todo lo que fue correctamente planteado por los filósofos vino como resultado de la contemplación seria y dificultosa de «alguna parte del Logos». Por causa de que no podían contemplar la «Palabra completa», aun cuando hablaban bien, algunas veces se contradecían a sí mismos y siempre sabían que hablar de Dios era un asunto difícil. Cristo, sin embargo, habló con amplitud, precisión absoluta y confianza total. Sus palabras provenían de Su propio poder, que surgiendo del entendimiento intrínseco y divino. Nadie está dispuesto a morir por Sócrates o Heráclito. Pero por la causa de Cristo, no solo el educado y filosófico, sino también el obrero, los esclavos y el inculto, no solo menosprecian toda gloria, sino que tampoco le temen a la muerte. 

Justino argumentó de forma convincente contra los principios dominantes de varios sistemas filosóficos, mostrando la absurdidad a la que conducían. Tales fueron sus interacciones con el cinismo y el estoicismo, así como sus claras opiniones sobre los epicúreos y de gran número de poetas obscenos.  A pesar de su gran respeto por el platonismo, lo veía como inadecuado, porque la «simiente de algo y su imitación …es una cosa, pero la cosa misma, que es compartida e imitada de acuerdo a Su gracia, es totalmente otra».  

El propósito de Justino no era puramente defensivo ante el paganismo, sino que «de modo que si fuera posible, llegaran a convertirse». Concluyó su segunda apología con la plegaria de que «los hombres de toda nación consideren conveniente el recibir la verdad». 

Argumentos para los judíos 

La presentación de Justino a los judíos tenía mucho del mismo contenido teológico pero el contexto y empuje de sus argumentos eran diferentes. No obstante, su celo por la evidencia permaneció intacto. Él le dice a Trifón: «Te probaré, aquí y ahora, que no creemos en mitos infundados ni en enseñanzas que no estén basadas en la razón, sino en doctrinas que son inspiradas por el Espíritu Divino, abundantes de poder y llenas de gracia».  

Justino compartió con su audiencia judía la creencia en la revelación divina, en la inspiración del Antiguo Testamento, en la unidad de Dios y en la promesa de un Mesías. Sin embargo, de varias maneras infinitamente importantes, vió el cristianismo como superior. Los cristianos tienen un entendimiento preciso del significado del Antiguo Testamento porque perciben su tipología (tales como el Éxodo, la serpiente en el desierto, el sistema de sacrificios, la redención de Rahab y así sucesivamente) como cumplida en Cristo. Saben que la circuncisión es cumplida en la circuncisión del corazón. La profecía es clara para ellos porque la ven en el contexto de los eventos de la vida de Cristo. Su conocimiento del pacto es más completo porque son los recipientes del nuevo pacto prometido en el antiguo. Y mantienen un conocimiento más maduro de Dios porque conocen al Ungido, el verdadero Hijo de Dios, cuyo engendramiento asegura que Él es de una naturaleza con el Padre y por lo tanto es digno de adoración. 

Después de laborar con profundo denuedo e intensidad para convencer a Trifón y a sus amigos de la verdad de la obra de Cristo para la redención de los pecadores, Justino cerró su diálogo con estas palabras: «Les ruego que pongan todo su esfuerzo en esta gran lucha por su propia salvación, y que abracen al Cristo del Dios Todopoderoso en lugar de a sus maestros». 

De la misma manera, nuestra pasión por la verdad también debe incluir una preocupación por las almas.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Tom Nettles
Tom Nettles

Tom sirvió por muchos años como profesor de teología histórica en el Southern Baptist Theological Seminary.

La exposición de los lobos

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Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

La exposición de los lobos

Por Harold O.J. Brown

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

El siglo II de la era cristiana vio a la Iglesia emerger de las sombras y comenzar a empuñar armas en el mundo de las ideas. 

El inicio no fue fácil. A principios de siglo, el emperador Trajano (98-117), uno de los cuatro «emperadores buenos» (junto con sus sucesores Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio), tomó como política no buscar cristianos y rechazar las denuncias anónimas. De este modo, los cristianos eran perseguidos solamente cuando se daban a conocer. Esta política pudiera entenderse como tolerante y benevolente, pero el resultado, por supuesto, fue el martirio precisamente de aquellos cristianos que no estaban dispuestos a guardar silencio sobre su fe. 

Las autoridades imperiales no fueron los únicos que hostigaron a los cristianos. La hostilidad pagana hacia el cristianismo creció a lo largo del siglo, y numerosos paganos escribieron duramente en contra de este. Los más famosos fueron Luciano de Samósata y el filósofo Celso, cuya diatriba anticristiana, Discurso Verdadero, inspiró la obra apologética de Orígenes de Alejandría, Contra Celso

No obstante, fue un movimiento al interior de la misma Iglesia, un movimiento que se mostraba a sí mismo como una élite, con un entendimiento superior del cristianismo, el que presentó el desafío más significativo a la Iglesia creciente. Este movimiento fue conocido como gnosticismo. 

Irónicamente, el martirio de Potino, obispo de Lyon en la Galia, quien fue llevado a la muerte por Marco Aurelio, el «emperador filósofo», alrededor del 177 d. C., trajo a la fama al hombre que más hábilmente respondió a los gnósticos. Ireneo sucedió a Potino como obispo y llegó a ser uno de los más efectivos defensores tempranos de la verdad cristiana, entregándole a la Iglesia una clara definición frente a la desviación más peligrosa de la ortodoxia cristiana. 

En una época se creyó que el gnosticismo había surgido desde dentro de los círculos cristianos, esto debido a que se había hecho notorio principalmente por los intentos de los cristianos ortodoxos de refutarlo. Más recientemente ha salido a la luz que el gnosticismo, por el cual se entiende un fenómeno subversivo existente dentro del campo cristiano, era el aspecto cristiano de un movimiento gnóstico mucho más grande, que incluso afectaba al judaísmo y al mundo pagano. Hoy existe un paralelo distinto al movimiento gnóstico del segundo siglo. Es conocido como Nueva Era, y tal como el antiguo gnosticismo, tiene representantes dentro de la cristiandad y fuera de ella. 

El gnosticismo, así como el movimiento gnóstico más amplio fuera de la Iglesia, era un fenómeno de muchos rasgos como para caracterizarlo en un par de párrafos —tal como lo es hoy la Nueva Era— pero hay algunas características sobresalientes que eran comunes a la mayoría de los gnósticos. Como su nombre implica (tomado de la palabra griega gnosis, que significa «conocimiento»), los gnósticos consideraban que el conocimiento, o un tipo particular de conocimiento, era la clave para la comprensión de toda verdad y la fuente de salvación. Los gnósticos «cristianos» enseñaron que el Cristo de los Evangelios y los Evangelios mismos eran de hecho una revelación, pero de un nivel inferior, adecuada para los de mente simple (tal como el mundo intelectual y la élite mediática mira hoy a la religión evangélica).

Por lo tanto, el gnosticismo era elitista, pues consideraba que solo una parte de la humanidad, la verdaderamente espiritual, era capaz de recibir la gnosis salvadora o conocimiento oculto, que se transmitía en secreto y que no estaba disponible para la gran masa de personas. Las personas menos espirituales, irremediablemente sumidas en el mundo material, eran rechazadas como «terrenales».

En términos tanto de contenido como de actitud, el movimiento gnóstico representaba una tendencia humana recurrente; como ya se ha sugerido, ha reaparecido en nuestra propia época como el movimiento Nueva Era, con su increíble variedad de ideas fantásticas. Por esta razón, es útil observar el gnosticismo cuasi-cristiano y ver cómo la Iglesia evitó ser subvertida por él, con Ireneo como figura destacada en la lucha.

El combate no solamente se libró en el plano intelectual; parte de la razón del éxito que tuvo la Iglesia en su autodefensa yació en la prontitud con la que líderes de congregaciones individuales tomaron medidas contra los infiltrados o conversos gnósticos. Estos fueron rápidamente identificados, denunciados como falsos creyentes y expulsados. La mayoría de los líderes verdaderamente cristianos reconocieron instintivamente el peligro de tolerar sus ideas, que alegaban, tal como lo ofrecieron, un tipo de conocimiento más elevado a la élite intelectual o la élite en potencia en sus congregaciones. Aún así, la pronta acción disciplinaria de los líderes congregacionales no habría sido suficiente sin el trabajo de los primeros teólogos, quienes contrarrestaron la amenaza gnóstica al tratar en detalle tanto sus principios generales como sus errores particulares.

Uno de los enfoques favoritos de los gnósticos era afirmar que creían y respetaban las enseñanzas del evangelio, y que simplemente estaban trayendo verdades más grandes y secretas a aquellos que eran lo suficientemente espirituales como para recibirlas. En consecuencia, una de las principales tácticas de opositores tales como Ireneo fue insistir en que el mensaje canónico del evangelio era completamente suficiente y que otras verdades aparentes no eran mejoras sino que, de hecho, representaban un peligro real para la salvación, porque la salvación viene por creer en el evangelio, no por aceptar una gnosis elitista.

La necesidad de definir, aclarar y justificar la legítima creencia cristiana frente a las nociones fantasiosas del gnosticismo llevó a Ireneo a producir una de las primeras obras importantes en la teología cristiana, Adversus Haereses [Contra las herejías]. Al leer a Ireneo, incluso podríamos decir que el gnosticismo fue una ayuda para el cristianismo porque estimuló la buena teología cristiana.

Ireneo sucedió a Potino como obispo de Lyon alrededor del 177 d. C., luego de que Potino fuera martirizado. Anteriormente, había sido discípulo de Policarpo, quien también había sido martirizado ya anciano cerca del 167 d. C., durante el reinado del mismo «emperador bueno», Marco Aurelio. Por lo tanto, Ireneo sabía de primera mano el peligro de defender a Cristo en el mundo multicultural y tolerante a la religión del emperador filósofo. Los cristianos del siglo XXI en Estados Unidos probablemente no enfrentan un peligro mayor que ser despreciados y posiblemente perder sus empleos por presentar la enseñanza exclusivista de que la salvación se encuentra solo en Jesucristo. Pero si Ireneo pudo defender la verdad cristiana contra el gnosticismo en los días en que atraer la atención pública como cristiano podía llevar a la muerte, ciertamente deberíamos ser capaces de rechazar sus variantes modernas cuando el peor peligro que corremos es ser denunciados como políticamente incorrectos o intolerantes. Desde la perspectiva de los protestantes ortodoxos del siglo XXI, la exaltación de Ireneo de la suficiencia del evangelio contra las supuestas mejoras de los gnósticos también ofrece un ejemplo útil de cómo manejar la afirmación del catolicismo romano de que la tradición es una fuente esencial de doctrina además de las Escrituras.

El gnosticismo presentaba tres grandes amenazas para los primeros cristianos. Primero, se agregaron «verdades» gnósticas secretas al registro del evangelio, diluyendo los fundamentos de la fe bíblica con enseñanzas extrañas y a menudo fantásticas. Segundo, la afirmación de los maestros gnósticos de tener acceso a verdades secretas socavaba la autoridad de los obispos y presbíteros. Tercero, la impartición de la gnosis solo a un cuerpo selecto o autoseleccionado de buscadores dividió las congregaciones y les dio a los gnósticos neófitos una razón para exaltarse a sí mismos como miembros verdaderamente «espirituales» de una clase de élite muy por encima del rebaño común de aquellos que tenían únicamente una «fe simple».

Además de la Nueva Era, el gnosticismo del siglo II tiene un paralelo en nuestros días en otro tipo de tentación gnóstica, a saber, una fascinación por la experiencia teológica y una disposición acompañante para tomar lo que los «expertos» nos dicen en sus palabras. Algunos que han obtenido doctorados y otras distinciones en el estudio de las Escrituras y la teología actúan como si supieran algo nuevo y verdaderamente esencial, a lo que los cristianos más simples solo pueden acceder al escucharlos. Naturalmente, estos «cristianos más simples», crédulos, inadvertidamente alimentan el elitismo autoinfatuado de estos maestros cuando con su aprendizaje superior difieren, cuestionan o contradicen las claras enseñanzas de las Escrituras.

Como obispo, Ireneo comenzó insistiendo en la autoridad de la comunidad de obispos, afirmando que uno puede estar seguro de la verdad solo si está en comunión con los líderes que han sido designados para defenderla. Su insistencia en la autoridad de los obispos como grupo y no en el obispo de Roma como único jefe de la Iglesia a menudo se ha utilizado como argumento en contra de la supremacía papal. En un controvertido pasaje en Contra las herejías, Ireneo habla de Roma como el lugar donde las iglesias se reúnen y dan fe de su unidad, pero no el lugar al que se someten.

Nadie de la generación de Ireneo pudo estar mejor arraigado que él en la tradición ni, de haber sido necesario, tenido un mejor acceso al conocimiento secreto, porque Ireneo había sido alumno de Policarpo, y Policarpo había sido alumno del apóstol Juan. Esta herencia le da a sus escritos la autenticidad inusual de una conexión distante con el último de los discípulos originales de Cristo. Si Cristo realmente hubiera impartido un conocimiento secreto a su círculo más íntimo durante los 40 días posteriores a la resurrección, que es una de las supuestas fuentes de gnosis, Ireneo habría estado en una buena posición para aprenderlo.

Al igual que Lucas en su Evangelio y en Hechos, Ireneo escribió Contra las herejías para un amigo. El amigo le había preguntado sobre el sistema de Valentín, un atractivo maestro que quería ser considerado un verdadero cristiano, solo que más conocedor (gnóstico) que el rebaño común. Valentín, el gnóstico más importante del siglo II, era un hombre altamente educado y sensible, lleno de celo y pathos religioso. Desafortunadamente, sus doctrinas transformaron la fe simple del evangelio en algo muy diferente. Podríamos comparar a Valentín con un teólogo moderno cuya genialidad y encanto nos hacen perder de vista la naturaleza errónea de sus enseñanzas.

En varios capítulos del Libro I, Ireneo describe el elaborado sistema de Valentín con cierto detalle; de hecho, Contra las herejías es una de nuestras mejores fuentes para conocer a Valentín y su típico rechazo gnóstico de la doctrina bíblica de la creación. Para los gnósticos, la entidad espiritual suprema era demasiado elevada para que se contaminara (a sí misma) mediante la producción o interacción con la materia básica. (La adhesión de la mayor parte del mundo educativo contemporáneo a la evolución naturalista es una presuposición tan grande como la idea gnóstica de que el espíritu no puede afectar la materia). A los ojos gnósticos, la materia era mala y el único Proarché (Protoprincipio) espiritual del cual vinieron todas las cosas no pudo haberse contaminado mediante el contacto con ellas. Valentín, por lo tanto, concibió un orden descendente de entidades espirituales, llamadas eones, un número inmenso con muchos nombres exóticos, agrupados en formaciones con otros nombres exóticos, que incluyen, por ejemplo, la Pléroma (plenitud), la Ogdóada (grupo de ocho), la Década (10) y la Docena (12). Finalmente, al final de una larga y confusa lista de entidades espirituales cada vez menos puras, se genera el mundo burdo de la materia.

Por supuesto, Valentín realmente no tuvo éxito en explicar cómo la creación ex nihilo de la Escritura pudo ser pasada por alto por los eones espirituales que gradualmente se convirtieron en materia, pues nunca resolvió realmente la cuestión de cómo la materia puede existir a través de la degeneración de aquello que es espiritual. La proliferación de sus eones simplemente ocultó la contradicción.

Sin embargo, Ireneo lo expuso de manera brillante y con mucho humor. Luego de entrar en el sistema de eones de Valentín, con sus nombres imaginativos y fascinantes, Ireneo escribió una parodia que expone lo absurdo de evadir la doctrina de la creación mejor que cualquier descripción que podamos idear:

Nada obstaculiza a nadie, al tratar el mismo tema (el origen de la materia a partir del espíritu), para colocar nombres de la siguiente manera: hay un cierto Proarché (Protopincipio), real, que supera todo pensamiento, un poder que existe antes que cualquier otra sustancia, y extendido en el espacio en todas las direcciones. Pero junto con él existe un poder que yo llamo Calabaza, y junto con esta Calabaza existe un poder que nuevamente llamo Vacío Absoluto. Esta Calabaza y este Vacío, dado que son uno, produjeron (y, sin embargo, no produjeron, para estar separados de sí mismos), una fruta, visible en todas partes, comestible y deliciosa, que el lenguaje de las frutas llama Pepino. Junto con este Pepino existe un poder de la misma esencia, que nuevamente llamo Melón. Estos poderes, la Calabaza, el Vacío Absoluto, el Pepino y el Melón, produjeron la multitud restante de los melones delirantes de Valentín.

Ireneo merece respeto por la amplitud y claridad de su pensamiento, y se ubica entre los principales teólogos del cristianismo primitivo. Hizo mucho más que refutar el gnosticismo, contribuyendo a nuestra comprensión de la encarnación, de la obra de Cristo y de la naturaleza humana. Sin embargo, su exitosa defensa contra el gnosticismo haría más para las futuras generaciones que cualquier otro trabajo suyo. ¿Podemos seguir su ejemplo de los melones delirantes al tratar con los innumerables absurdos de la Nueva Era?

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Harold O.J. Brown
Harold O.J. Brown

El Dr. Harold O.J. Brown fue profesor de teología en Reformed Seminario Theological Seminary en Charlotte, N.C.

Conociéndome a mí mismo

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Conociéndome a mí mismo

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo II

Por R.C. Sproul 

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo II

¿Qué quieres ser cuando seas grande?». Prácticamente todas las personas enfrentan esta pregunta en algún momento de su niñez.

Cuando yo era pequeño, las respuestas más comunes de los niños varones incluían «vaquero», «bombero» o  «jugador de béisbol», sin embargo, pocos de nosotros terminamos siendo vaqueros, bomberos o jugadores de béisbol. En algún momento, cuando la persona deja la niñez, pasa por la adolescencia y entra en la adultez, la pregunta «¿quién soy?» se libera (al menos en parte) de la fantasía infantil y es respondida en términos más serios, términos que a menudo están determinados por los duros golpes de la realidad.

Lo que es cierto para niños y niñas suele también serlo para las instituciones. De la misma forma que los individuos buscan una identidad, así también lo hacen las organizaciones . La Iglesia no es la excepción. Durante el segundo siglo de la historia cristiana, la Iglesia estuvo ocupada respondiendo la pregunta «¿quiénes somos?». Fue un tiempo de amalgama, codificación y definición. En ese siglo, la Iglesia reflexionó sobre su autoridad suprema (la Escritura), su teología y su organización.

Muy frecuentemente las organizaciones, incluso las naciones, se ven forzadas a definirse con mayor claridad y precisión por sus competidores o enemigos. Eso fue lo que le ocurrió a la Iglesia. Los primeros apologistas cristianos, como Justino Mártir, se esmeraron por clarificar la naturaleza de la Iglesia y el cristianismo para contrarrestar las falsas concepciones difundidas por personas ajenas a la Iglesia como los paganos y los judíos. De forma similar, la doctrina «ortodoxa» fue forjada con el martillo de la herejía. En ese entonces, al igual que ahora, la mayoría de los herejes afirmaban ser defensores del cristianismo verdadero. Sus errores y tergiversaciones obligaron a la Iglesia a definir sus creencias con más claridad.

La Iglesia del siglo II hizo importantes avances para definir la vida eclesiástica y la práctica cristiana.

El año 2001 Hans Küng, el controvertido teólogo católico-romano, publicó un nuevo libro sobre la Iglesia. Este tenía el simple título de La Iglesia católica: breve historia universal. Küng observó un cambio decisivo en cuanto a la actividad y la autoconciencia de la Iglesia prístina del primer siglo y la «institucionalización» de la Iglesia en el segundo siglo. Él señala que, para responder a los gnósticos y otros herejes como Marción y Montano, la Iglesia estableció claros cánones o estándares con respecto a lo que es verdaderamente cristiano, dentro de los cuales tenemos:

  1. Un credo resumido que comúnmente se usaba en el bautismo. El primer credo bautismal fue la simple afirmación «Jesús es el Señor». Más tarde, esta fórmula fue expandida para incluir afirmaciones de fe en el Dios Todopoderoso y en Jesucristo, el Hijo de Dios nacido el Espíritu Santo. Los rudimentos de lo que llegó a conocerse como «el Símbolo» o el Credo Apostólico, fueron añadidos en este momento. Posteriormente, se agregaron más afirmaciones para formar la versión final del credo.
  2. El canon del Nuevo Testamento. La elaboración de la lista de los libros inspirados fue provocada en gran parte por el trabajo del hereje Marción, que produjo su propio Nuevo Testamento expurgado. A pesar de que el canon neotestamentario no fue finalizado sino hasta finales del siglo IV, casi todo estaba formalmente en su lugar para fines del siglo II.
  3. El oficio docente episcopal. Este oficio evolucionó a medida que la Iglesia se movía en dirección al episcopado monárquico. Se volvió común apelar a las enseñanzas de los obispos para resolver las controversias teológicas. Küng sostiene que este tercer estándar representó un giro con respecto a la Iglesia de la era apostólica, que estaba compuesta por comunidades libres sin un único episcopado ni presbiterio. Él considera que las comunidades apostólicas eran iglesias completas y bien equipadas, que no carecían de nada. Más adelante, las iglesias congregacionalistas (y muchos puritanos) apelarían a estas comunidades como representantes de la estructura original de la Iglesia.

A pesar de que en ciertos aspectos estos cambios históricos lo entristecen, Küng afirma: «No se puede ignorar el hecho de que con los tres estándares mencionados anteriormente, la Iglesia católica creó una estructura para la teología y la organización, y junto a ella, un orden interno muy sólido».

La apreciación de Küng no es muy diferente del análisis protestante. En el libro Historia de la Iglesia cristiana, Williston Walker señala: «Así, de la lucha contra el gnosticismo y el montanismo surgió la Iglesia católica, con su fuerte organización episcopal, estándar de credo y canon autoritario. Era muy diferente de la Iglesia apostólica, pero había preservado el cristianismo histórico y lo había resguardado durante una tremenda crisis». 

Por cierto, Küng señala que los tres estándares establecidos por la Iglesia en el siglo II fueron atacados en eras posteriores. En el siglo XVI, la Reforma planteó dudas con respecto a la estructura episcopal de Roma. Luego, la Ilustración cuestionó tanto el canon de la Escritura como también la Regla de la fe del credo.

La Iglesia del siglo II también hizo importantes avances para definir la vida eclesiástica y la práctica cristiana. Durante los comienzos de la historia del cristianismo, la Iglesia hizo una distinción entre la proclamación (kerygma) y la instrucción (didache). La Iglesia apostólica era una iglesia misionera que iba más allá de las fronteras del judaísmo. Los gentiles eran alcanzados por la proclamación del evangelio en su forma básica. Se hacía énfasis en la persona y la obra de Cristo, en Su muerte y resurrección. Cuando los convertidos abrazaban a Cristo por medio de la fe, eran bautizados e ingresaban a la comunidad de la Iglesia. Luego, se les daba una instrucción más rigurosa en cuanto a la fe. Para este fin, en el siglo II se produjo un manual de orden eclesiástico conocido como Didaché o «La enseñanza de los doce apóstoles».

Este manual, descubierto apenas en 1873, provee reglas simples para las congregaciones locales, y aborda el bautismo, el aborto (que era considerado como asesinato), las limosnas, el ayuno, la Cena del Señor y otros asuntos. Establece un marcado contraste entre dos caminos: el camino de la vida y el camino de la muerte. Muchas de las amonestaciones que se encuentran en él son citas textuales de las Escrituras del Nuevo Testamento.

La Didaché terminó siendo utilizada como herramienta catequística y también como una guía para la vida cristiana. Como tal, representa el primer código escrito posapostólico de moralidad cristiana. A pesar de que no forma parte del canon de la Escritura, ofrece valiosas perspectivas sobre la manera en que la Iglesia primitiva se veía a sí misma.

La Iglesia del siglo II desarrolló un fuerte sentido de identidad. Este proceso continuó hasta bien entrado el siglo III, cuando nuevas herejías y nuevos conflictos con el Estado produjeron incluso más desarrollo y nuevas estructuras en la Iglesia.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

Como el relámpago sale del oriente

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo I

Como el relámpago sale del oriente

Por Kenneth L. Gentry, Jr.

Los cristianos están muy conscientes del significado histórico-redentor sin paralelo de la encarnación, la crucifixión, la resurrección y la ascensión de Cristo. Estamos igualmente bien informados de Su victorioso derramamiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia en Pentecostés. Sin embargo, muy pocos creyentes están apercibidos del significado del derramamiento de la santa ira de Cristo sobre Jerusalén en el año 70 d. C.

El Antiguo Testamento está repleto de signos y símbolos que prefiguran la obra de Cristo.

Aún así, los acontecimientos del año 70 d. C. ocupan un lugar importante en la profecía del Nuevo Testamento, sirviendo como una dramática consecuencia de la primera venida. El holocausto del año 70 d. C.  aparece en varias profecías en el Evangelio de Lucas (Lc 13:32-3519:41-4421:20-24 y 23:28-31). Además, no solo es el tema de muchas de las parábolas del Señor (por ejemplo, Mt 21:33-4522:1-14), sino que es incluso la causa de Su triste lamento por Jerusalén (Mt 23:37). Y ese lamento introduce uno de Sus más largos discursos registrados, uno que inicialmente se centra en ese trágico año (Mt 24–25).

Consideremos el significado del año 70 d. C. en cuatro áreas:   

Corrobora la autoridad de Cristo 

La catástrofe del año 70 d. C. es el resultado de la palabra profética de Cristo, lo que corrobora Su autoridad mesiánica de una manera dramática. El año 70 d. C. demuestra que Su profecía no es solo una palabra verdadera de Dios (Dt 18:22) sino una palabra de juicio contra el pueblo de Dios.

La petición de los discípulos de una «señal» que marcara «la consumación de este siglo» (Mt 24:3) es lo que suscita el Discurso de los Olivos en Mateo 24 y 25. Hasta el 24:34, Jesús se enfoca en la destrucción de Jerusalén: la devastación de la ciudad santa y la conflagración de su santo templo se convierten en «la señal del Hijo del Hombre en el cielo» (v. 30, RV60). De modo que, cuando el holocausto del primer siglo estalla sobre Israel, definitivamente manifiesta la autoridad divina de Aquel que está ahora en el cielo (ver Mt 26:59-64Lc 23:20-31).

Muchos cristianos no entienden el significado de la venida de Jesús sobre las nubes en Mateo 24:30 por dos razones. Primero, no están familiarizados con los pasajes apocalípticos del Antiguo Testamento en los que los juicios divinos se manifiestan con venida de nubes (Is 19:1). Segundo, pasan por alto las pistas interpretativas en Mateo 24: la mención de la destrucción del templo (v. 2), el enfoque en Judea (v. 16) y la proximidad temporal de todos los eventos entre los versículos 4 y 34 (v. 34). De hecho, Jesús advierte a los mismos hombres que lo juzgaban: «Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo sobre las nubes del cielo» (Mt 26:64b).

Ciertamente, así es como la Iglesia primitiva leía Mateo 24. Refiriéndose al año 70 d. C., Eusebio destaca «el pronóstico infalible de nuestro Salvador en el cual Él expuso proféticamente estas mismas cosas» (Historia eclesiástica, 3:7:1). 

Concluye la antigua economía 

El Antiguo Testamento está repleto de signos y símbolos que prefiguran la obra de Cristo. Sin embargo, la naturaleza misma de esa era tipológica exige que esta fuera un paso temporal hacia la plena conclusión redentora e histórica que Cristo propició , una etapa pasajera que avanza hacia un gran clímax. En efecto, la vitalidad del nuevo pacto no podía estar contenida en las restricciones del antiguo pacto de un pueblo étnico, una tierra geográfica y un templo tipológico, ya que «nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden» (Mt 9:17a). 

El Nuevo Testamento frecuentemente señala este cambio inminente en la administración pactual. Por ejemplo, Hebreos 8:13 declara: «Cuando Él dijo: «Un nuevo pacto», hizo anticuado al primero; y lo que se hace anticuado y envejece, está próximo a desaparecer». De hecho, el libro de Hebreos advierte a los judíos conversos que no se regresen al judaísmo, especialmente «al ver que el día [año 70 d. C.] se acerca» (Heb 10:25). Tal apostasía los regresaría a una copia material y a punto de  desaparecer de la verdad, porque Cristo ha llevado al pueblo de Dios a «un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos» (Heb 9:11; cp. 9:24). Dejando a un lado las estructuras del antiguo pacto, el año 70 d. C. asegura el esquema final del nuevo pacto. 

Confirma el ministerio a los gentiles    

La Iglesia primitiva estuvo tentada a descansar satisfecha en la misión judía (lo atestigua la experiencia de Pedro en Hechos 10-11). Con el creciente ministerio de Pablo, esto comienza a cambiar. Este importante cambio de enfoque de una misión judía palestina a una misión gentil mundial es finalmente sellada en el año 70 d. C. 

Regresando a Mateo 24, vemos que a raíz de la destrucción del templo, Cristo enviará a Sus «mensajeros» (angeloi en griego, aquí son mensajeros humanos) «con una gran trompeta y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos» (Mt 24:31a). Así que, en la caída de Jerusalén, el jubileo final (ver Lv 25), la salvación eterna, será declarada para todo el mundo. Ahora que las restricciones del antiguo pacto son eliminadas para siempre, el mundo se convierte en el campo de misión para la Iglesia. 

Ciertamente, Pablo relaciona proféticamente el éxito final de la misión a los gentiles con la «caída» de Israel, es decir, su tropiezo con Cristo y la consecuente destrucción del año 70 d. C. Porque su caída es «riqueza para el mundo» y su fracaso es «riqueza para los gentiles» (Rom 11:12). En verdad, el «excluirlos a ellos es la reconciliación del mundo» (Rom 11:15a). 

Nos confronta con Su severidad 

El año 70 d. C. enfatiza la realidad, no solo de la bondad de Dios, sino también de Su severidad. Pablo advierte a los que se autodenominan el pueblo de Dios: «Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en Su bondad; de lo contrario también tú serás cortado» (Rom 11:22). 

La «severidad» que cae sobre los judíos en el año 70 d. C. muestra el juicio de Dios sobre su incredulidad y rebelión. Aunque Israel tenía una herencia gloriosa (Rom 9:3-5), aunque su «raíz es santa» (Rom 11:16), esta severidad ilustra trágicamente las consecuencias de fallar en una responsabilidad santa. Todos debemos aprender la lección aquí expuesta: «A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él» (Lc 12:48b). El juicio de Israel en el año 70 d. C. enfatiza la impresionante obligación que resulta del llamamiento divino. Pero mientras Israel se marchita bajo el calor abrasador de la severa ira de Dios, los gentiles florecen en las frescas aguas de la buena misericordia de Dios (Rom 11:12,15Hch 13:46-47). Tal es la bondad de Dios. No obstante, los gentiles también deben tomarse en serio la lección, «porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará» (Rom 11:21). 

El fantasma del año 70 d. C. persigue el registro del Nuevo Testamento (siendo profetizado frecuente y vigorosamente). Su ocurrencia impacta dramáticamente la historia del primer siglo (siendo uno de sus eventos más fechables y catastróficos) y confirma importantes verdades históricas y redentoras (la autoridad suprema de Cristo, la conclusión de la economía del antiguo pacto, la naturaleza universal del Evangelio y el juicio de Israel) e imparte importantes lecciones prácticas para nosotros (nuestro alto llamado conlleva obligaciones santas). Haríamos bien en aprender de los caminos de Dios entre los hombres.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Kenneth L. Gentry, Jr.
Kenneth L. Gentry, Jr.

El Dr. Kenneth L. Gentry, Jr. es un ministro presbiteriano jubilado, autor de numerosos libros de teología y estudios bíblicos y conferencista que ha hablado en toda América, en el Caribe y en Australia. Es un cristiano conservador, evangélico y reformado.

EL ENEAGRAMA Y LA SANACIÓN INTERIOR

Lumbrera

EL ENEAGRAMA Y LA SANACIÓN INTERIOR

PSICO-HEREJÍA EN LA IGLESIA

Dr. Craig Nelson

Dentro de la iglesia ha habido una gran afluencia de psicología humana mezclada con la Escritura. Esto ha resultado en una comprensión complicada de la mente y el corazón humanos, ya que se examinan y estudian desde la perspectiva del hombre, en lugar de desde la de Dios.

El Sistema Eneagrama de la tipificación de la personalidad ha aumentado en popularidad entre los cristianos estadounidenses, especialmente entre los jóvenes que están culturalmente inmersos tanto en las prácticas de la doctrina y el dogma de la iglesia como en el mundo secular, y no están contentos con lo que la Biblia dice sobre el corazón humano y sus líneas morales duras percibidas basadas en la interpretación literal de la Escritura.

Un número creciente de cristianos quieren que todas las personas sean consideradas buenas por Dios y tienen problemas para aceptar la enseñanza de que el corazón de cada ser humano es “engañoso sobre todas las cosas y desesperadamente malo” porque nacieron con una naturaleza pecaminosa y se volvieron totalmente depravados como resultado de la caída de Adán y Eva en el Jardín del Edén (Jer 17:9 NLT, véase también Gen 3). Este pensamiento ha llevado a explorar su ser interior, aparte de lo que dice la Biblia, para identificar y entender su tipo de personalidad para que puedan descubrir lo que los hace hacer las cosas que hacen para que puedan encontrar caminos hacia la integridad y la sanación interior, y experimentar la vida más abundantemente.

El eneagrama es una figura geométrica compuesta por un círculo con nueve puntos a lo largo de la circunferencia, del que se dibuja un triángulo y un hexágono irregular. Cada número representa un tipo de personalidad, y las líneas indican direcciones de integración y desintegración. Algunos creen que el Eneagrama puede mejorar la participación de un cristiano en la santificación progresiva normal a medida que crece en gracia y verdad.

El Eneagrama es relativamente nuevo para el mundo occidental. La primera mención del Eneagrama se encuentra en los escritos del ocultista ruso P. D. Ouspensky. Fue estudiante del ocultista grecoamericano George Ivanovitch Gurdjieff, que trajo el Eneagrama a Europa en la década de 1920. 1. Gurdjieff dijo que se originó hace unos 2500 años en una escuela de sabiduría babilónica. Enseñó que cada persona nace con un “tipo de cuerpo planetario” con rasgos físicos y psicológicos específicos. Él creía que las características físicas y psicológicas de una persona están relacionadas con una glándula endocrina dominante y con influencias planetarias en esa glándula, lo que implica el Eneagrama con la astrología babilónica, ya que esas características se significarían con un punto en el Eneagrama.

El uso del Eneagrama por parte de Gurdjieff también es paralelo al “Árbol de la Vida” de la cábala esotérica del misticismo judío. Gurdjieff usó los elementos esotéricos del Eneagrama con sus estudiantes, pero no formalizó el sistema en forma escrita. Por lo tanto, otros tomaron esta tarea sobre sí mismos.

Oscar Ichazo comenzó a enseñar el Eneagrama en Bolivia en la década de 1960 y trajo su versión de los nueve tipos de personalidad a los Estados Unidos en 1971 como parte de su formación en Arica. Afirma haber aprendido el Eneagrama directamente de los maestros sufíes en Pamir antes de leer nada de Gurdjieff.2 El entrenamiento de Arica de Ichazo combina el misticismo oriental y la psicología occidental. Los nueve puntos en la circunferencia del círculo se utilizan para analizar los tipos de ego para obtener una mayor conciencia y alcanzar un estado de conciencia más alto.5

El moderno sistema de eneagrama utilizado hoy en día fue diseñado por Claudio Naranjo, un psiquiatra chileno, que admite abiertamente que obtuvo toda su información sobre los nueve tipos de personalidad al hacer escritura automática y canalización de trance.3 Naranjo aprendió el sistema de Ichazo y enseñó el eneagrama en Esalon, un potencial humano, centro de la Nueva Era en California. Entre sus estudiantes había varios sacerdotes jesuitas que comenzaron a incorporar el Eneagrama en su asesoramiento y en su propia vida personal.5 Como resultado, la popularidad del Eneagrama se ha extendido rápidamente entre los católicos romanos. De hecho, dos de los libros más leídos sobre el tema están escritos por un ex sacerdote jesuita, Don Richard Riso.6

Aunque la figura geométrica del Eneagrama sigue siendo la misma, las versiones de la tipología de personalidad del Eneagrama difieren entre varios maestros. Riso sostiene que su “interpretación del Eneagrama… difiere del enfoque de Ichazo en varios puntos importantes”. 7 Helen Palmer, otra defensora del Eneagrama, dirigió seminarios y escribió libros, que también revelaron un énfasis y dirección diferentes. Su editor dice: “La Sra. Palmer ha desarrollado teorías sobre el uso del Eneagrama para entender la personalidad humana y su relación con aspectos de la conciencia superior que son diferentes y distintos de los expuestos por el Sr. Ichazo. 8

La promesa de sus promotores cristianos es que ayudará a transformar al creyente a la imagen y semejanza de Jesús. Se enseña, usando el lenguaje de la autoaceptación, que el Eneagrama es comprometerse amorosamente con los defectos de uno, siguiéndolos como migas de pan para redescubrir lo mejor en ellos. Se cree que sus imperfecciones (también conocidas como pecados) son una sombra de su bondad, en lugar de signos de una maldad heredada intrínseca porque son buenas desde el nacimiento, creadas por un Dios bueno, por lo que tienen la capacidad tanto para la bondad como para la angustia.

En una contradicción directa, Dios prometió transformar al cristiano nacido de nuevo por Su poder a través de la sangre derramada de Jesucristo. La Biblia ordena: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que por medio de la prueba podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto” (Rom 12, 2).

Los primeros seres humanos fueron creados buenos y recibieron un libre albedrío por su Creador, por lo que tuvieron la opción de contentarse con Él, que es amor, o querer más. Cuando una persona nace de nuevo al aceptar y recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador personal, es santificada posicionalmente ante Dios y considerada perfecta, santa y buena, al igual que los primeros humanos (Rom 1:7,8:28; 1 Cor 1:2). Su condición cambia todos los días en base a las buenas y malas decisiones que toman, pero su posición ante Dios sigue siendo la misma que Él santifica su condición diariamente (Heb 10:14). La verdad más profunda sobre la bondad de Dios es que Él sabe todo sobre nosotros y, sin embargo, todavía nos ama de todos modos.

El hecho es que SÓLO la Palabra escrita de Dios, la Biblia, es suficiente para ayudar al cristiano nacido de nuevo a crecer en piedad (2 Tim 3:17). Implicar lo contrario es declarar que la Biblia es insuficiente. Ningún cristiano debe buscar ser transformado por nada (o nadie) excepto el Espíritu Santo.

El cristiano nacido de nuevo está llamado a negarse a sí mismo y seguir a Jesús diariamente. El Eneagrama está en última instancia auto-enfocado. Crea un marco para identificarse en una prueba en lugar de en Jesús. Ese es el problema central de la raza humana y por qué Jesús se hizo humano y derramó Su sangre para que el cristiano nacido de nuevo pueda ser transformado y renovado diariamente muriendo diariamente a sí mismo, ¡sin descubrirlo! La Palabra de Dios, a través del Espíritu Santo, revela el corazón de cualquiera abierto a la verdad. ¡El cristiano nacido de nuevo ya tiene todo lo que necesita para la vida y la piedad! (2 Pedro 1:3).

El Eneagrama es un instrumento no probado, y se ha abierto al error teológico, al mal uso social y psicológico. La falta de investigación científica significa que no hay controles para determinar quién es realmente un experto, ni qué consejo es útil o perjudicial, ni si los objetivos del sistema de eneagramas son sólidos.

Las preguntas que hay que hacer es si se debe usar el sistema de eneagrama son:

¿Puede una herramienta del ocultismo ser un instrumento que tenga la capacidad de sanar o hacer daño?

Cuán peligrosas son las prácticas derivadas de orígenes ocultos y consideradas una abominación para el Señor?

Tal vez la mejor pregunta que hacer es:

¿Puede un cristiano usar el Eneagrama para glorificar a Dios y crecer a la semejanza de Cristo?

El Eneagrama no emanaba de la Palabra de Dios. Aunque ayuda a obtener algo de autoconocimiento, no es beneficioso para el crecimiento espiritual. La Biblia proporciona todas las necesidades cristianas de vida y piedad (2 Pedro 1:3).

El Eneagrama es puro y simplemente otro evangelio de psico-herejía que viene directamente del misticismo y lo oculto. Su propósito es dar una idea de que solo la Biblia tiene la autoridad suficiente para proporcionar. Es un camino demoníaco de santificación falsa. Las raíces ocultas de este sistema nunca se han demostrado como falsas y nunca se pueden purgar o redimir completamente. NUNCA perteneció a Dios. Ese es el problema central de la raza humana y por qué Jesús se hizo humano y derramó Su sangre para que el cristiano nacido de nuevo pueda ser transformado y renovado diariamente muriendo diariamente a sí mismo, sin descubrirlo. El Espíritu Santo no necesita nada como el Eneagrama para revelar el corazón de una persona para que pueda volverse más consciente de sí misma.

Escrituras: 1 Tesalonicenses 5:242 Corintios 10:52 Corintios 3:182 Corintios 4:162 Corintios 5:14-152 PedroColosenses 3:1-2Colosenses 3:5-6Isaías 43:25Jeremías 17:9Juan 10:2-5Juan 15:5Juan 16:13Juan 17:17Juan 8:34-36Lucas 5:31-32Mateo 1:18-22Mateo 26:28Mateo 4:17Filipenses 1:6Filipenses 3:13-14Romanos 10:8Romanos 16:17-18Romanos 7:14-20

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¿Hay pastoras en la Biblia?

Sirviendo al Dios del evangelio en Almería

¿Hay pastoras en la Biblia?

Will Graham
Sirviendo al Dios del evangelio en Almería

No, no hay pastoras de iglesia en la Biblia.

En el contexto de la congregación local, Dios ha asignado roles diferentes a los hombres y mujeres.

El Espíritu Santo dice:

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1 Timoteo 2:11-12).

¿Por qué?

“Porque Adán fue formado primero, después Eva” (v. 13).

Lo que tenemos aquí no es un consejo pastoral para no herir la sensibilidad cultural de los efesios (como creen muchas feministas evangélicas actuales) sino un argumento a partir de la mismísima creación.

En el Edén, antes de la caída, Dios quiso que el hombre gobernara y que su esposa fuera su ayuda idónea. El diseño divino exige que el hombre sea la cabeza del hogar y de la iglesia (la cabeza de cabezas y el pastor de pastores es el varón Jesucristo), no la mujer.

La autoridad fue dada al hombre antes de la caída, en el estado de perfección. Y el Señor quiere ver este orden reflejado en la comunidad de la re-creación.

Si es así, ¿qué hacemos con Débora?

Bueno, Débora era una líder socio política, no eclesial. No exponía las Escrituras al pueblo ni ofrendaba por los pecados.

¿Y qué hacemos con Gálatas 3:28 que declara que en Cristo no hay varón ni mujer?

Pues, interpretamos aquel pasaje en su contexto. Allí el apóstol Pablo (el cual redactó el pasaje antes citado en 1 Timoteo 2:11-13) está desarrollando la doctrina de la justificación y explica que nadie será justificado por ser hombre ni mujer sino por tener fe en el Salvador, Jesucristo.

Así que, no, no hay pastoras de iglesia en la Biblia.

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

¡Bienvenidos a su página oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

La Verdadera Iglesia

Evangelio Blog

La Verdadera Iglesia

J.C. Ryle

Yo deseo que pertenezcas a la única Iglesia Verdadera: a la Iglesia fuera de la cual no hay salvación. No pregunto a dónde asistes los domingos sino pregunto si ‘¿Perteneces a la única Iglesia Verdadera?” 

¿Dónde se encuentra esta única Iglesia verdadera? ¿Cómo es esta Iglesia? ¿Cuáles son las características por las cuales se puede reconocer esta única Iglesia verdadera? Quizás me hagas tales preguntas. Escucha bien y te daré algunas respuestas al respecto. 

La única Iglesia verdadera se compone de todos los creyentes del Señor Jesús. Se compone de todos los elegidos de Dios -de todos los hombres y mujeres convertidos -de todos los cristianos verdaderos. A cualquier persona que se le manifiesta la elección de Dios el Padre, la sangre vertida de Dios el Hijo, la obra santificadora de Dios el Espíritu, lo consideramos como un miembro de la Iglesia verdadera de Cristo. 

Es una Iglesia en la cual todos los miembros poseen las mismas características. Todos son nacidos del Espíritu; todos poseen “un arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo,” y santidad de vida y conversación. Todos odian el pecado y todos aman a Cristo. Adoran en diferentes maneras; algunos adoran con una forma de oración, y otros sin ninguna; otros adoran hincados y otros en pie; pero todos adoran con un sólo corazón. Todos son guiados por un mismo Espíritu; todos edifican sobre el mismo cimiento; todos derivan su religión de un sólo libro la Biblia. Todos están unidos a un mismo eje-Jesucristo. Todos aun ahora pueden decir con un corazón, “Aleluya;” y todos pueden responder con un corazón y una sola voz, “Amén y Amen. 

Es una Iglesia que no depende de ningún ministro aquí en la tierra, aunque sí estima mucho a aquellos que predican el evangelio a sus miembros. La vida de sus miembros no depende de la membresía oficial de la Iglesia, ni del bautismo ni de la cena del Señor aunque también estiman mucho estas cosas cuando, se pueden practicar. Pero sólo posee un Líder Supremo un Pastor, un obispo principal -y ese es, Jesucristo. Sólo Él, por medio de su Espíritu, da la entrada a los miembros de esta Iglesia, aunque los ministros les pueden indicar la entrada. Hasta que Él abra la puerta ningún hombre en la tierra la puede abrir-ni obispos, ni presbíteros, ni convocaciones, ni sínodos. Una vez que un hombre se arrepiente y cree en el evangelio, se convierte en ese momento en un miembro de esta Iglesia. Es posible que como el ladrón penitente no tenga la oportunidad de bautizarse, pero él sí tiene aquello que es mucho mejor que el bautismo en el agua eI bautismo del Espíritu. Puede ser que no pueda recibir el pan y el vino en la Cena del Señor; pero él come del cuerpo de Cristo y bebe de la sangre de Cristo todos los días de su vida, y ningún ministro en la tierra se lo puede impedir. Puede ser excomulgado por hombres ordenados y cortado de las ordenanzas externas de la Iglesia protestante: pero ni todos los hombres ordenados en el mundo lo pueden sacar de la única verdadera Iglesia. 

Es una Iglesia cuya existencia no depende de formas, ceremonias, catedrales, iglesias, capillas, púlpitos, bautismales, vestimentas, órganos, fundaciones, dinero, reyes, gobiernos, magistrados ni de ningún favor de parte del hombre. Muchas veces ha sobrevivido y continuado cuando todas estas cosas le han sido quitadas. Muchas veces se ha escapado de aquellos que debían de ser sus amigos al desierto y a las cuevas en la tierra. Su existencia no depende de nada sino la presencia de Cristo y de su Espíritu; y como éstos estarán siempre con ella, la Iglesia no puede morir. 

Esta es la Iglesia a la cual pertenecen los títulos bíblicos de honra y privilegio presentes, y sus promesas de gloria futura; éste es el cuerpo de Cristo; éste es el rebaño de Cristo; ésta es la casa de fe y la familia de Dios; éste es el edificio dc Dios, el cimiento de Dios, y el templo del Espíritu Santo. Esta es la Iglesia de los primogénitos, cuyos nombres están escritos en el cielo; éste es el sacerdocio real, la generación escogida, el pueblo escogido, la posesión adquirida, la habitación de Dios, la luz del mundo, la sal y el trigo de la tierra; ésta es “la santa Iglesia Católica” del Credo de los Apóstoles; ésta es la “única Iglesia Católica y Apostólica” de Credo de Nicea; esta es la Iglesia a la cual Cristo prometió que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella,” 5 y a la cual dice, “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 16:18; 28:) 

Esta es la única Iglesia que posee una verdadera unidad Sus miembros están completamente de acuerdo respecto a los asuntos más importantes de la religión, porque todos son enseñados por un mismo Espíritu. En cuanto a Dios, a Cristo, el Espíritu, al pecado, a sus propios corazones, a la fe, al arrepentimiento, a la necesidad de la santidad, al valor de la Biblia, a la importancia de la oración, a la resurrección y al juicio venidero están de acuerdo. Escoge a tres o a cuatro de ellos, sin conocerse, de las regiones más aisladas de la tierra y examínalos individualmente sobre estos puntos y verás que serán de un mismo corazón. 

Esta es la única Iglesia que posee la verdadera santidad. Todos sus miembros son santos. No sólo son santos en palabra, en nombre o en el sentido de caridad; todos son santos en acto y hecho, en realidad, en su vida diaria y en la verdad. Todos están más o menos conforrnados a la imágen de Jesucristo. Ningún hombre impío pertenece a esta Iglesia. 

Esta es la única Iglesia que es verdaderamente católica. No es la Iglesia nacional de alguna nación o raza: sus miembros se encuentran en cada región del mundo donde el evangelio es recibido y creído. No está limitada a las fronteras de cierto país ni encerrada dentro de la estructura de formas particulares ni de un gobierno externo. En ella no hay diferencia entre judío o griego, negro o blanco, piscopaliano o Presbiteriano pero la fe en Cristo es todos. Sus miembros serán juntados del norte, del sur, y del oriente y del occidente, y todos tendrán dife rentes nombres y lenguas-pero todos serán uno en Jesucristo. 

Esta es la única Iglesia que es verdaderamente apostólica. Está edificada sobre los cimientos echados por los Apóstoles, y sostiene las doctrinas que ellos predicaban. Las dos metas que sus miembros; procuran realizar son, la fe y la práctica apostólicas; y ellos consideran que el hombre que sólo habla de seguir a los apóstoles sin poseer estas cosas, no es mejor que un metal que resuena o címbalo que retiñe. 

Esta es la única Iglesia que con certeza perdurará hasta el final. Nada puede vencerla o destruirla del todo. Sus miembros pueden ser perseguidos, oprimidos, encarcelados, golpeados, decapitados, y quemados, pero la verdadera Iglesia nunca es eliminada; vuelve a surgir nuevamente de sus aflicciones sobrevive el fuego y el agua. Cuando la aplastan en un país brota en otro. Los Faraones, los Herodes, los Neros, las Marías sangrientas, han luchado por eliminar esta Iglesia; ellos matan sus miles y luego se mueren y van a su lugar. La verdadera Iglesia dura más que todos ellos, y es testigo de la muerte de éstos. Es un yunque que ha quebrado muchos martillos en este mundo, y aún seguirá quebrando más. Es una zarza que arde muchas veces pero no se consume. 

Esta es la única Iglesia de la cual ningún miembro perecerá. Una vez que uno se matricula en’ esta Iglesia, sus pecados están perdonados por la eternidad; nunca son echados fuera. La elección de Dios el Padre, la intercesión continua de Dios el Hijo, la renovación diaria y el poder santificador de Dios el Espíritu Santo, los rodea y los encierra como en un jardín. Ningun hueso del cuerpo místico de Cristo será roto; ningún cordero del rebaño de Cristo le será arrebatado de la mano. 

Esta es la Iglesia que desempeña el trabajo de Cristo en la tierra. Sus miembros son un pequeño rebaño y pocos en número, comparados con los hijos del mundo: uno cuantos aquí, otros tantos allá-unos cuantos en esta parroquia y otros tantos allá. Pero estos son los que sacuden el universo; éstos son los que cambian el destino de gobiernos con sus oraciones; éstos son los que son los obreros activos para difundir el conocimiento de la religión pura y sin mácula; éstos son los que son la misma vida de un país, el escudo, la defensa, la resistencia y el apoyo de cualquier nación a la cual pertenecen. 

Esta es la Iglesia que será verdaderamente gloriosa al final Cuando toda la gloria terrenal se termine entonces esta Iglesia será presentada sin mancha delante del trono de Dios el Padre. Los tronos, los principados, y los poderes en la tierra llegarán a la nada todos los dignatarios, los oficios y las fundaciones pasarán; pero la Iglesia de los primogénitos brillará como las estrellas al fin y será presentada con gozo delante del trono del Padre en el día de la apariencia de Cristo. Cuando las joyas del Señor se preparen y suceda la manifestación de los Hijos de Dios, no se mencionarán el Episcopalianismo ni el Presbiterianismo ni el Congregacionalismo sino una sola Iglesia y ésa será la Iglesia de los elegidos. 

Lector, esta es la iglesia verdadera a la cual uno necesita pertenecer si has de ser salvo. Hasta que pertenezcas a ésta no eres nada mas que un alma perdida. Puedes tener la forma, la cáscara, la piel y la semblanza de la religión pero no posees la substancia y la vida. Sí, puedes gozar de muchos privilegios y puede ser que estés dotado con mucha luz y conocimiento pero sino perteneces al Cuerpo de Cristo, tu luz y tu conocimiento y privilegios no salvarán tu alma. ¡Ay, cómo hay ignorancia sobre este punto! Los hombres se imaginan que si se unen a esta iglesia o a aquella y se convierten en miembros y hacen ciertos ritos que sus almas están bien. Es un engaño total y es un error muy grave. No todos aquellos que se Ilamaban Israel eran de Israel, ni tampoco todos aquellos que profesan ser cristianos son miembros del cuerpo de Cristo. 

Nota bien; puede ser que seas Episcopaliano, Presbiteriano Independiente, Bautista, Metodista o Pentecostal y aún un pertenecer a la iglesia verdadera. Y si no perteneces, al final seria mejor que no hubieras nacido.