El legendario detective de Sir Arthur Conan Doyle —Sherlock Holmes— es una de las creaciones más intrigantes de la ficción literaria. Es, sencillamente, extraordinario. Su famoso compañero, el Dr. John Watson, es ordinario, al menos en comparación. A menudo se ha retratado erróneamente a Watson como torpe, pero eso va en contra del intento de Doyle de que el lector promedio se identifique con Watson.
En este conocido diálogo entre Holmes y Watson, vea con qué personaje se identifica más:
HOLMES: Tu ves, pero no observas. La diferencia es clara. Por ejemplo, has visto con frecuencia los escalones que conducen desde el vestíbulo a esta habitación.
WATSON: Con frecuencia.
HOLMES: ¿Con qué frecuencia?
WATSON: Bueno, cientos de veces.
HOLMES: Entonces, ¿cuántos hay?
WATSON: ¿Cuántos? No lo sé.
HOLMES: ¡Exacto! No has observado. Y sin embargo, has visto. Ese es precisamente mi punto. Yo sé que hay diecisiete escalones, porque los he visto y los he observado.[1]
Probablemente no sepa cuántos escalones sube cada día, y por eso se identifica con Watson. Pero aquí Holmes está planteando una idea similar a la que Jesús plantea en Mateo 6:25‒34. Allí, Jesús aborda directamente el tema de la preocupación, diciéndonos qué hacer al respecto y por qué. Al igual que Holmes, dice que debemos mirar bien a nuestro alrededor y observar, o pensar profundamente sobre el significado de lo que vemos. Esto es lo que Jesús nos dice que meditemos si queremos liberarnos de la preocupación:
“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
”Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis?
”Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
”No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
”Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (énfasis añadido).
La frase repetida con frecuencia “No os afanéis” es el tema principal. El Señor está emitiendo una orden de cese y abandono contra la ansiedad, basada en el cuidado soberano del Dios amoroso y omnipotente. Mientras que muchos profesionales mundanos ofrecen sugerencias terapéuticas y farmacológicas para controlar la preocupación, Jesús nos ordena que la dejemos por completo.
La próxima vez analizaremos más detenidamente Sus instrucciones.
El temor Del pánico a la paz por June Hunt “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. (Isaías 41:10) I. DEFINICIONES A. ¿Qué es el temor? El temor puede ser su amigo o su enemigo. Cuando se encuentra en medio de una feroz tormenta, literal o figurada, el temor puede convertirse en una fuerza paralizante que lo conducirá a las profundidades de la oscuridad… o un catalizador que lo impulse a alcanzar alturas insospechadas. Cuando una tormenta se aproxima, el temor puede ser el candado que cierre su mente… o una ruidosa alarma que lo induzca a buscar un lugar seguro. ¿Qué papel juega el temor en su vida? Es un inmovilizador o un energizante,… ¿es su amigo o enemigo? La reacción que tenga al enfrentar el temor es lo que identifica el papel que éste juega en su vida. En vez de paralizarse por el miedo, use el temor como un medio para confiar su vida al Señor. Acuda a Dios como el único que le provee seguridad. Él promete estar con usted, y no sólo eso, sino que también lo guiará a través del proceso de su temor. “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. (Isaías 43:1–2)
El temor es un a fuerte reacción emocional a un peligro percibido e inminente que se caracteriza por una reacción de pleito, huida o parálisis.
El temor puede ser real o imaginario, racional o irracional, normal o anormal.
El temor actúa como mecanismo protector que nuestro Creador colocó en cada uno de nosotros para activar todos nuestros sistemas físicos cuando enfrentamos un peligro real. El temor produce secreción de adrenalina en el cuerpo, la cual nos impulsa a la acción y que a menudo se llama la reacción de “ataca o huye”.
El temor es una emoción natural diseñada por Dios. Sin embargo, no fue diseño divino que cayéramos presas del pánico, pues eso es vivir en un estado de temor. La palabra griega de la cual se traduce el “temor” es deilia, que denota cobardía y timidez y en la Biblia jamás se usa en forma positiva. Vivir con una mentalidad basada en el temor o con un espíritu de temor no proviene de Dios. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7) B. ¿Qué es la ansiedad? La ansiedad es prima hermana del temor. En el mundo de la psiquiatría y sicología, la ansiedad es como un paraguas que cubre diversos grados de ansiedad y temor, desde el más leve hasta el más extremo. ¡Periódicamente sentimos ansiedad! Pero mientras la ansiedad se pueda controlar y no se vuelva extrema o excesiva, no interferirá con nuestras actividades normales diarias. La palabra en español “ansiedad” se deriva del vocablo latín angere que significa “ahorcar o ahogar”. Los que viven en continua ansiedad experimentarán que las preocupaciones e inquietudes de la vida ahogan el deseo de aplicar en forma personal la palabra de Dios a su vida. “Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa”. (Marcos 4:19)
La ansiedad es la intranquilidad o preocupación por una amenaza o de algo desconocido y se caracteriza por preocupación extrema o temor interminable.
La ansiedad señala un resultado incierto, la premonición de que algo va a pasar, pero no hay seguridad de ello; o el temor de que algo pasará, pero no se sabe si pasará o no.
La ansiedad excesiva involucra una sobrestimación de la probabilidad de un peligro y una exageración de su grado de “algo horripilante”.
La ansiedad evoluciona en desorden cuando se vuelve tan intensa, que ocupa la totalidad de los pensamientos, sentimientos y acciones impidiendo que la persona viva normalmente. Cualquiera que padece desorden de ansiedad se siente aislado, solo y diferente, como si fuera la única persona en todo el mundo que ha sido atacada por “esta cosa tan terrible”. Desórdenes de ansiedad
Fobias
Desórdenes de pánico
Desórdenes obsesivo-compulsivos
Ansiedad por enfermedad
Desórdenes de estrés postraumático
Desorden agudo de estrés
Desorden de ansiedad generalizado
Ansiedad producida por ingerir sustancias Dios no desea que estemos ansiosos en exceso, inquietos, aprensivos y preocupados. Él quiere que estos síntomas nos sirvan de señal y advertencia de que estamos permitiendo que las preocupaciones del mundo nos agobien. “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”. (Lucas 21:34) C. ¿Qué es un ataque de pánico? “¡Temor,… palpitaciones cardíacas… mareo… temblores… terror! ¿Cómo que no tengo nada malo? Doctor, sé lo que sentí, ¡sentí que me moría!” Y así continúa la conversación del paciente con el doctor porque sufrió un ataque de pánico. Además, el paciente acude a otros médicos con la esperanza de que le den un diagnóstico correcto para saber cómo se llama la temible enfermedad que padece. Sin embargo, después de varias visitas a los médicos y de practicarse una serie de análisis, no obtiene respuesta satisfactoria. “Quizá son sus nervios” es el comentario. No, es un ataque de pánico escalofriante… y se siente horrible. “Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto”. (Salmos 55:5)
Un ataque de pánico es un episodio breve y repentino de temor intenso con una variedad de síntomas físicos (tales como palpitaciones cardíacas y mareo) que ocurre sin la intervención de amenaza externa alguna.
La primera vez que se sufre un ataque de pánico, a menudo es una experiencia salida de la nada que sucede al estar realizando cualquier actividad normal, como una caminata al aire libre. De pronto le viene una racha de sensaciones de temor, pero duran por unos cuantos segundos o pocos minutos.
Un ataque de pánico no necesita del estímulo inicial para que vuelva a suceder y provoque otro ataque de pánico. El ataque de pánico suele suceder por sí mismo porque se alimenta del temor de volver a padecerlo.
Un ataque de pánico es temor fuera de control. “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía”. (Job 3:25) D. ¿Que es una fobia? La fobia es la forma más extrema del temor. Los que sufren fobias tienen un temor irracional por un objeto o una situación que no representa una amenaza real. Su cuerpo está en continuo estado de alerta. A menudo presenta comportamientos para evitar y evadir el objeto de su temor. Por tanto, sus actividades están controladas por el temor, las experiencias de su vida están excesivamente limitadas por el temor y disminuye su calidad de vida en gran manera por causa de su miedo. “Me sobrevino un espanto y un temblor, que estremeció todos mis huesos”. (Job 4:14)
La fobia es un constante temor irracional a ciertos objetos o situaciones.
La palabra fobia viene de la palabra griega phobos, que quiere decir “temor, huir, terror”.En el Nuevo Testamento la palabra que se traduce “temor” generalmente es phobos, que en el idioma griego primero tuvo el significado de “huir” y luego se usó para referirse a “aquello que provoca que alguien salga huyendo”.
Una fobia difiere del temor en que… —La fobia es claramente excesiva e irracional (fuera de proporción comparada con el grado real de la amenaza). —La fobia se asocia con comportamientos diseñados para evitar algo (haciendo cosas diferentes deliberadas para evitar el temor). —La fobia se asocia con una menor calidad de vida (reduce el gozo en la vida).
Un desorden fóbico es un temor irracional constante que inhibe la capacidad de desempeñarse en forma normal. Si la fobia no produce efectos negativos considerables en su estilo de vida, entonces no es un desorden. El desorden fóbico puede tener tanto poder sobre la vida de una persona que lo lleva al punto de que sus pensamientos, percepciones y acciones de toda su vida se ven afectados. “De todas partes lo asombrarán temores, y le harán huir desconcertado”. (Job 18:11) E. ¿Cuántas clases de fobias existen? El tipo de fobia que experimenta una persona está determinado por el objeto o enfoque de su temor. Existen tres tipos principales de fobias que son dolorosas y atemorizantes para el que las padece. Típicamente la persona tratará de evitar cualquier pensamiento u objeto de estímulo que provoque el ataque de pánico. “Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro, y el temblor estremece mi carne”. (Job 21:6)
Fobias específicas (que anteriormente se llamaban fobias simples) Temor de un objeto o situación específica —Este tipo de fobia es experimentar un temor persistente en la presencia de o en el encuentro anticipado del objeto o situación que provoca temor. —Algunos ejemplos de objetos a los que se les teme son: elevadores, arañas, cuchillos, serpientes, gatos, fuego, insectos —La zoofobia es el temor a los animales y se caracteriza por un sentido de peligro aun cuando está en presencia de animales inofensivos. —Algunos ejemplos de situaciones temibles: volar, las alturas, la oscuridad, conducir por puentes o a través de los túneles —La acrofobia es el temor a las alturas y se caracteriza por sentir inseguridad extrema y de caer aunque no haya peligro de que eso suceda. —La claustrofobia es el temor a los espacios cerrados y se caracteriza por un sentido de asfixia en un ambiente cerrado.
Fobias sociales (comúnmente se llama desorden de ansiedad social) Temor a hacer el ridículo —Ese tipo de fobia se caracteriza por un temor paralizante de que se le considere tonto o de que se le juzgue por ser torpe en una situación social. —Ejemplos: Temor persistente a situaciones sociales tales como iniciar o mantener una conversación, comer en público, ir a una fiesta; también un temor constante de aparecer en público como el pánico escénico o temor a hablar en público.
Agorafobia (literalmente, “Temor de espacios abiertos”) Temor del temor (En espacios abiertos) —Esa fobia es el temor a sufrir un ataque de pánico en un lugar abierto del cual sería difícil o vergonzoso escapar. Se produce como resultado de varios ataques de pánico y es el temor de volver a sufrirlo. Por lo tanto, la persona evita cualquier situación que pudiera provocarlo.… —Ejemplo: Tener tanto temor de sufrir un ataque de pánico en un lugar público o en un lugar desconocido que se vuelve un ermitaño y no quiere salir ni de su propio cuarto. “Porque tuve temor de la gran multitud, y el menosprecio de las familias me atemorizó, y callé, y no salí de mi puerta” (Job 31:34) II. CARACTERÍSTICAS A. ¿Cuáles son los síntomas de un temor normal vs. uno anormal? En la Biblia encontramos que durante su vida, David corrió mucho peligro. Sus éxitos militares le ganaron la feroz envidia y los celos temibles del Rey Saúl. Por lo tanto, Saúl invirtió toda su energía en matar a su adversario… para eliminar la amenaza de su trono. David tenía temor normal y justificado, pero la persona que padece un temor anormal puede identificarse con la angustia que David padeció. “Mi corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto. Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría. ciertamente huiría lejos; moraría en el desierto”. (Salmos 55:4–7) Diferencias entre…
Temor normal ¿Por qué nos daría Dios la emoción del temor si sería perjudicial para nosotros? La respuesta se encuentra en la pregunta: ¿Si en este momento me sorprendiera un malhechor con cuchillo en mano, querría contar con los beneficios del temor? Entre sus beneficios se incluyen… —Aprensión (proceder con precaución) —Respiración agitada (para llevar más oxígeno a todo el cuerpo) —Mayor energía (para tener fuerza y reaccionar de inmediato) —Incremento en el ritmo cardíaco (para que la sangre dé energía a los músculos) —Estar más alertas (para estar prestos ante el peligro) —Pensamientos rápidos (para tener opciones a tomar en cuenta) —Contracción de músculos (para prepararnos y reaccionar con “atacar o huir”) —Incremento de la transpiración (para enfriar el cuerpo y evitar el sobrecalentamiento) —Pupilas dilatadas (para incrementar la visión, especialmente de noche) —Agudeza de los sentidos (para prepararnos a enfrentar el objeto que nos produce temor) —Menor sensación de sueño (para ayudarnos a tener más tiempo de estar alertas ante el temor) —Aumenta el habla (para ayudarnos a comunicar el problema)
Temor anormal En el caso del temor anormal, el nivel de temor es desproporcionado con la situación real, es más, podrían no estar relacionadas. El temor anormal puede provocar un ataque de pánico. La persona experimenta ataque de pánico cuando padece cuatro o más de los siguientes síntomas y alcanzan un máximo dentro de los siguientes 10 minutos o menos. (El cuerpo no puede mantener la reacción de “ataca o huir” por más de ese período de tiempo). —Dolor o molestia en el pecho (sentir que está padeciendo un ataque cardíaco) —Escalofríos o bochornos (sentir que debe ir al hospital) —Sensación de ahogo, dificultad al tragar (sentir que la garganta se le cierra) —Manos frías, sensación de hormigueo (siente entumecimiento) —Sensación de retraimiento (siente que está perdiendo contacto con la realidad o consigo mismo) —Mareo, dolor de cabeza (siente que se va a desmayar) —Temor de perder el control (siente que se va a volver loco) —Hiperventilación, dificultad para respirar (sentir que se desvanece) —Nauseas, diarrea, dolor abdominal y calambres (sentir que tiene una enfermedad que amenaza su vida) —Ritmo cardíaco acelerado, presión alta (siente que se le va a salir el corazón) —Sudor, transpiración excesiva (siente que es una vergüenza para todos los que están cerca) —Terror de morir (siente que va a morir) —Temblores y estremecimientos (siente que no hay salida) La gente que experimenta temor anormal no teme tanto al objeto de su temor, sino a los síntomas del mismo. Y en realidad su temor aumenta. Experimenta el mismo temor que tuvo Job. “Se han revuelto turbaciones sobre mí; combatieron como viento mi honor, y mi prosperidad pasó como nube”. (Job 30:15) B. ¿Cuáles son algunas de las características de la ansiedad? Todos experimentamos ansiedad, pero no todos la experimentamos de la misma manera, por la misma razón, o al mismo grado. ¡Por lo regular queremos evitar la ansiedad como si fuera una plaga! Sin embargo, no debemos temer a la ansiedad, sino entenderla y usarla para motivarnos a confiar más y más en Dios. “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”. (Juan 14:1)
Ansiedad moderada—preocupación normal que puede ser saludable y de ayuda. —Nos motiva y nos conduce a mayor eficiencia. —Nos fuerza a salir de nuestra zona de comodidad. —Nos ayuda a evitar situaciones peligrosas. —Nos puede ayudar a aprender a vivir en dependencia del Señor. —Observe cómo el salmista le puso música a estas palabras cuando se volvió al Señor … “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma”. (Salmos 94:19)
Ansiedad intensa—obsesión anormal que es más profunda y problemática. —Hace que disminuya nuestra concentración. —Nos hace olvidadizos. —Obstaculiza nuestras actividades diarias. —Bloquea nuestra comunicación con los demás. —Observe cómo Salomón, siendo el hombre más sabio de toda la tierra dijo: “Quita, pues, de tu corazón el enojo”. (Eclesiastés 11:10) III. CAUSAS A. ¿Cuáles son las causas comunes del temor? Algunas situaciones que no provocan temor en la mayoría de la gente, pero sí provocan gran temor en ciertas personas. ¿Qué hace la diferencia? La percepción. La percepción de la persona que siente el temor. Su percepción de una situación afecta tanto el grado de su temor (cuánto miedo va a sentir), como su respuesta ante el temor (qué hará por causa de ese temor). Note las emociones cambiantes de los discípulos de Jesús cuando vieron algo que nunca antes habían visto (Mateo 14:26–33).
Temor: “Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven”. Fe: “Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús”.
Temor: “Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento”. Fe: “Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios”.
Amenaza percibida contra la seguridad —Seguridad económica: “Si no me va bien en esta presentación, podría perder mi trabajo; y no podré mantenerme a mí mismo ni a mi familia”. —Seguridad física: “Si me voy muy lejos de la casa podría verme involucrado en un accidente y lastimarme, quedar paralítico o incluso morir”. —Salud física: “Si no soy cuidadoso con lo que toco, como o bebo, puedo enfermarme y no podré trabajar, entonces perderé mi trabajo”. —Posesiones: “Si pierdo mi casa, no tendré donde vivir y no podré sobrevivir en las calles”. La solución: Aprenda que su seguridad se encuentra en su relación personal con el Señor. “En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?” (Salmos 56:11)
Amenaza percibida contra mi significancia —Identidad: “Si pierdo mi puesto en el trabajo, voy a perder todo por lo que he trabajado y entonces, ¿qué razón tendré para vivir?” —Auto-estima: “Si paso esa vergüenza frente a todos mis compañeros, jamás podré volver a trabajar porque estaré demasiado apenado”. —Reputación: “Si alguien se entera de mi manera compulsiva de lavar, no podré volver a ver a nadie a la cara”. —Auto-realización: “Si no logro graduarme y alcanzar todas las metas de mi vida, seré un fracaso”. La solución: Sepa que su vida significa tanto para Dios que él decidió salvarlo. “He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí”. (Isaías 12:2)
Amenaza percibida contra el amor —Relaciones más cercanas: “Si pierdo a mi esposo(a), no sé que voy a hacer o cómo podré seguir viviendo”. —Talentos y habilidades: “Si no puedo actuar en el escenario, perderé a todos mis admiradores y a mis amigos y entonces estaré completamente solo(a)”. —Atractivo físico: “Si me pongo más vieja y gorda, mi esposo dejará de amarme”. —Posición en una relación: “Si no hago un mejor papel que los nuevos empleados, perderé el respeto de mis colegas”. La solución: Sepa que Dios lo ama más allá de cualquier comparación. “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen”. (Salmos 103:11) B. ¿Cuáles son los factores que contribuyen al temor irracional? El temor no surge en un vacío. Algo ha hecho que usted se deje controlar por el temor y algo que dispara el temor. Esa experiencia sucedió en el pasado y lo que detona el temor sucede en el presente. Para actuar con sabiduría y saber por qué el temor lo controla en el presente, es importante hallar la verdad acerca del pasado de ese temor. “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”. (Salmos 51:6)
Experiencias previas —Experiencias traumáticas: Abuso o violación sexual infantil Accidente automovilístico Muerte de un ser querido o de una mascota amada —Formas en que otras personas asustan a los demás: Un padre que profería amenazas de violencia Hermanos que lo amenazaron con violencia Otras personas que lo amenazaron con violencia —El sentido de auto-estima que no se ha desarrollado: Rechazo, crítica o ridiculizarlo Bajo rendimiento académico Falta de habilidades atléticas —Padres que mostraban excesivo temor: “Mi tía tenía un trastorno de pánico”. “Mi padre se mostraba constantemente preocupado”. “Mi madre era temerosa y sobreprotectora”. Reconozca la razón de su temor y dígase a sí mismo la verdad acerca de su pasado y su presente. “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. (1 Corintios 13:11)
Carga emocional excesiva —Negación de los propios sentimientos: “Debo ocultar mi dolor”. “Debo negar mis desilusiones”. “Debo rechazar la ira”. —Mentalidad que busca complacer a los demás: “Debo evitar que alguien se enoje”. “Debo hacer que todos estén felices”. “Debo hacer que todos estén en paz conmigo”. —Estrés interno: “Tengo mucha ansiedad oculta”. “No puedo reconocer las situaciones estresantes”. “No tengo manera de ventilar mis emociones”. —Ambiente estricto o perfeccionista en el hogar o de parte de otras autoridades: “Nunca agradé a mis padres”. “Nunca fui lo suficientemente bueno”. “Fui objeto de castigos severos”. Reconozca la razón de su temor y permita que el Señor le ayude a sanar sus heridas. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. (1 Pedro 5:6–7)
Tratar de evitar una situación amenazadora —Rehusándose a enfrentar sus temores: “Tiendo a minimizar mi temor”. “Creo que en algún momento dejaré de sentir temor”. “Creo que puedo evitar situaciones atemorizantes”. —No dando oportunidad para el cambio: “No busco ayuda o alguien con quien hablar”. “No estoy tratando de entender por qué tengo tanto temor”. “No trato de aprender a confrontar mi temor”. —Seguir reforzando los temores: “Me ajusto a mis temores en lugar de confrontarlos”. “Todo lo que hago se alinea con mi temor”. “No voy a ningún lugar donde se eleve mi nivel de ansiedad”. —Robusteciendo los modelos de pensamiento negativos: “El temor domina mis decisiones”. “Tiendo a evaluarlo todo a través de la lente del temor”. “El temor domina todos mis pensamientos”. Reconozca la causa de su temor y deje que el Señor le ayude a enfrentar sus temores. “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo”. (Isaías 41:13)
El pesimismo —Suponer que la vida es una amenaza: “Siempre espero hostilidad y odio contra mí”. “Siempre espero que habrá resistencia y obstáculos en mi camino”. “Siempre espero que habrá peligro y desastre”. —Da por hecho que pasará lo peor: “Asumo que siempre habrá rechazo y me ridiculizarán”. “Asumo que siempre me lastimarán y tendré dolor”. “Asumo que siempre habrá frustración y fracaso”. —Creer que nunca podrá cambiar: “He dejado de pensar que la vida podría ser normal”. “Pienso que el temor siempre me controlará”. “Asumo que Dios no puede ayudarme”. —Pensar que no se puede controlar la situación: “Cuando tengo temor me siento impotente”. “Cuando tengo temor me siento incapaz”. “Cuando tengo temor no puedo pensar con claridad”. Reconozca la razón de su temor y repítase a sí mismo la verdad de que … “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. (Filipenses 4:8) C. ¿Cuáles son las causas físicas del temor y la ansiedad? Mucha gente se frustra consigo misma cuando siente temor. Trata de convencerse a sí misma de que no tiene ansiedad, pero no lo consigue. Mientras tanto, no sabe que sus sentimientos son el resultado y la respuesta a algo físico que está sucediendo, como una enfermedad o un medicamento. Sin importar cuál sea la aflicción que está padeciendo, recuerde que el Padre celestial lo ama, lo escucha y le ayudará. “Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó”. (Salmos 22:24)
Evalúe su condición médica —En el mundo de la medicina hay una clasificación llamada desorden de ansiedad debido a una condición médica general e indica claramente que la falta de salud física de una persona contribuye a la ansiedad, temor y aun a ataques de pánico. —Las áreas de mayor preocupación que necesita evaluar son el corazón, los sistemas endocrino y respiratorio y su condición metabólica y neurológica. (Debe identificar cualquier deficiencia de vitamina B, niacina, pirodoxina calcio, o magnesio).
Evalúe si ha estado expuesto a sustancias tóxicas —Los profesionales denominan una de las causas de la ansiedad como “desorden de ansiedad inducido por alguna sustancia”. —Cualquier exposición a toxinas, todas las drogas, medicamentos, vitaminas y minerales, sean legales o ilegales con o sin receta médica debe evaluarse, tanto como las sustancias que se encuentran en los alimentos (como la cafeína y el azúcar). Si está sufriendo cierto grado de ansiedad que interfiere con su vida normal… —Primero, hágase un examen médico completo. (Dígale al doctor que se siente inusualmente ansioso. Sea específico). Reconozca que la gente puede estar predispuesta genéticamente a sufrir ataques de pánico. —Si no recibe la ayuda adecuada, busque una segunda opinión de otra especialidad médica como un siquiatra que se especialice en desórdenes de ansiedad. “El corazón del entendido adquiere sabiduría; Y el oído de los sabios busca la ciencia”. (Proverbios 18:15) D. ¿Cuáles son las causas del temor excesivo? El antídoto para el temor es el amor de Dios. La presencia de un temor sobrecogedor es la ausencia de confianza en el carácter del Dios de la Biblia y en la seguridad de su amor por usted. Si su percepción de Dios es que él no es “para usted,” estará a merced de sus propios recursos en los cuales apoyarse y en su propia filosofía de la vida para confortarlo y sostenerlo. La manera en que responde ante el temor a menudo está directamente relacionada con lo que usted cree acerca de Dios y lo que cree de sus promesas respecto a usted y su vida. “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31) “Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones”. (Salmos 145:13)
El temor nos domina cuando olvidamos lo que Dios ha hecho por nosotros y que tenemos a nuestra disposición su poder. —Ejemplo bíblico: (Lea 1 Samuel 17:1–51) El ejército israelita estaba paralizado por el temor y huyeron de la presencia de Goliat, el gigante filisteo que retó a la nación de Israel. Sin embargo, un joven pastor llamado David corrió a enfrentarlo en la batalla. Con una pequeña piedra mató al gigante y el ejército filisteo estaba devastado. ¿Qué era lo que David sabía acerca de Dios que le permitió enfrentarse a Goliat cuando todos los demás soldados huyeron? David lo explica así: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo”. (1 Samuel 17:37) “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel”. (1 Samuel 17:45–46)
El temor nos domina cuando olvidamos que Dios nos ha comprado y que le pertenecemos. —Ejemplo bíblico: (Lea Gálatas 2:1–21) Mientras Pablo y Pedro estuvieron en Antioquía comían con los gentiles hasta que algunos miembros del concilio de Jerusalén llegaron. Entonces Pedro se apartó de los gentiles. Tenía temor de que los judíos circuncisos se enojaran con él por relacionarse con los gentiles incircuncisos. Sin embargo, Pablo no sólo siguió comiendo con ellos, sino que reprendió a Pedro por su hipocresía. ¿Qué sabía Pablo acerca de su relación con Dios que le dio valor ante esos hombres de tanto prestigio? El dio su razón cuando escribió que: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. (Gálatas 2:20) “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”. (1 Corintios 7:23)
El temor nos domina cuando olvidamos que Dios es nuestro ayudador. —Ejemplo bíblico: (Lea 1 Samuel 13:5–7 y 1 Samuel 13:15–14:23) El ejército de Israel era mucho menor que el del enemigo y se encontraba esparcido y escondido por el temor de la llegada de los filisteos. Sin embargo, Jonatán el hijo del rey de Israel y su paje de armas atacaron a un destacamento filisteo. Esa acción provocó que Dios hiciera que todo el ejército entrara en pánico y huyera del ejército israelí. ¿Qué convicción tenía Jonatán acerca de Dios, que le dio valor para atacar al enemigo mientras que al mismo tiempo los demás huían presas del temor? Las palabras de labios de Jonatán nos explican esa confianza. “Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1 Samuel 14:6) “De manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre’ ” (Hebreos 13:6)
El temor nos domina cuando olvidamos que Dios es nuestro Consolador. —Ejemplo bíblico: (Lea Juan 12:1–43) Muchos de los judíos que seguían a Jesús habían puesto su fe en él. Y muchos de los líderes judíos también creían en él pero no abiertamente. Cedieron ante el temor de perder el favor de los fariseos y que se les denegara la entrada a la sinagoga. ¿Qué era lo que los que confesaban a Jesús abiertamente sabían acerca de Dios que les impulsaba a actuar con base en su fe y no en el temor? Las palabras de Isaías nos dan la respuesta. “Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes”. (Isaías 51:7) “Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?” (Isaías 51:12)
El temor nos domina cuando olvidamos que Dios es soberano sobre nuestras vidas y que él nos protege. —Ejemplo bíblico: (Lea Hechos 27:1–44) Pablo y todos los que iban con él en el barco perdieron toda esperanza de sobrevivir cuando se vieron sorprendidos por el vendaval de un fuerte huracán. Sin embargo, después de 14 días de luchar contra los vientos y la lluvia, Pablo animó a los hombres y les aseguró que el ángel de Dios le había dicho que el barco se perdería, pero que todos sobrevivirían. ¿Qué era lo que Pablo sabía acerca de Dios que le dio tanto valor y confianza en medio de circunstancias de vida o muerte? Pablo conocía los salmos del Rey David. “Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar”. (Salmos 46:2) “No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová”. (Salmos 112:7) E. ¿Qué nos dice Dios acerca de un temor saludable? A través de toda la Biblia, Dios repite una frase una y otra vez: “No temáis… no temáis… no temáis”. Él nos dice que no debemos temer a la gente o las cosas. Pero sí dice: “A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás” (Deuteronomio 6:13). Este temor no se refiere al “miedo” ni sugiere que debamos tener temor de Dios. El significado de este tipo de temor es de reverencia y admiración. Debemos temerle, reverenciarle, porque él es el único y todopoderoso Dios, que tiene el poder de cambiarnos de adentro hacia fuera y hacernos la persona que él quiso que fuéramos cuando nos creó. Cuatro puntos del plan de dios El primer paso para experimentar libertad del temor en nuestra vida es reconocer que Dios es digno de nuestra reverencia. El segundo paso es someter nuestra vida… y nuestros temores… a su autoridad al recibir a su Hijo Jesús como Salvador y Señor.
1 El propósito de Dios para usted… es la salvación.
—¿Qué movió a Dios a enviar a su Hijo a la tierra? ¿Condenarla? No, ¡lo envió para demostrarnos su amor por medio de la salvación! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. (Juan 3:16–17) —¿Cuál fue el propósito de Jesús al venir al mundo? ¿Hacerlo todo perfecto y quitar todo el pecado? No, ¡vino a perdonar nuestros pecados, darnos el poder para obtener la victoria sobre éste y ayudarnos a vivir una vida plena! “Yo [Jesús] he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. (Juan 10:10)
2 Su problema… es el pecado.
—¿Qué es el pecado? El pecado es vivir de manera independiente de las normas de Dios, sabiendo lo que es correcto, pero decidiendo hacer lo malo. “Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. (Santiago 4:17) —¿Cuál es la consecuencia del pecado? La muerte espiritual; es decir, la separación espiritual de Dios. “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 6:23)
3 La provisión divina para usted… es el Salvador.
—¿Hay algo que pueda quitar la paga del pecado? Sí. Jesús murió en la cruz para pagar personalmente por nuestros pecados. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8) —¿Cuál es la solución para ya no estar separados de Dios? Creer en Jesucristo como el único camino a Dios el Padre. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (Juan 14:6)
4 Su decisión… es someterse.
—Deposite su fe en (descanse en) Jesucristo como su Señor y Salvador personal y deje de confiar en las “buenas obras” como medio para ganar el favor de Dios. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:8–9) —Entregue a Cristo el control de su vida, y confíe su vida en sus manos. “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:24–26) En el mismo momento en que decida creer en él y depositar su vida a Cristo, él le dará su Espíritu para que resida dentro de usted. El Espíritu de Cristo le dará su poder para vivir la vida plena y libre de temor que Dios quiere para usted, así que puede decirle una oración simple pero de corazón sincero como la que sigue: Oración para la salvación “Dios, quiero entablar una relación personal contigo. Reconozco que muchas veces he decidido seguir mi propio camino y no el tuyo. Por favor, perdona mis pecados. Jesús, gracias por morir en la cruz por mis pecados. Entra a mi vida y sé mi Señor y Salvador. En vez de ser controlado por el temor, te doy el control de mi vida a ti para vivir por fe. En tu santo nombre hago esta oración. Amén”. ¿Qué puede esperar ahora? Si hizo esta oración con toda sinceridad, ¡escuche lo que Dios tiene que decirle! “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. (Deuteronomio 31:8) F. La raíz del problema de ser controlado por el temor Creencia incorrecta: “Como no puedo controlar mis temores, la mejor solución es tratar de evitar cualquier situación de temor”. Creencia correcta: Puedo enfrentar mi temor en la fortaleza del Señor y de esa manera no me dejaré dominar por el temor. Cristo vive en mí y al centrar mi atención en su perfecto amor y perfecta verdad, experimentaré su perfecta paz en medio de cualquier situación que me atemorice. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (1 Juan 4:18) IV. PASOS PARA ENCONTRAR LA SOLUCIÓN A. Versículo clave para Memorizar “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. (Isaías 41:10) B. Pasaje clave para leer y meditar Salmos 23 “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”. (Salmos 23) Cuando empeore su temor, puede intercambiar el pánico por la paz recordando Salmos 23.
Versículo 1: “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Imagine una escena pastoral en el campo con el Señor a su lado. Repítase cinco veces: “Jehová es mi pastor”. En cada repetición ponga énfasis en una palabra diferente: JEHOVÁ es mi pastor. Jehová ES mi pastor. Jehová es MI pastor. Jehová es mi PASTOR. JEHOVÁ ES MI PASTOR.
Versículo 2: “En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará”. Imagine que se encuentra al lado de un río tranquilo.
Versículo 3: “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre”. Inhale profundamente en repetidas ocasiones y diga cinco veces: “Mi pastor restaura mi alma”. En cada repetición ponga énfasis en una palabra diferente: MI pastor restaura mi alma. Mi PASTOR restaura mi alma. Mi pastor RESTAURA mi alma. Mi pastor restaura MI alma. Mi pastor restaura mi ALMA.
Versículo 4: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Reconozca que usted no está esclavizado. Diga lentamente: “No tendré temor porque el Señor está conmigo”. Repítalo cinco veces.
Versículo 5: “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”. Inhale profundamente varias veces y repita despacio: “El Señor es mi protector”. Repítalo cinco veces. En cada repetición ponga énfasis en una palabra diferente: EL Señor es mi protector. El SEÑOR es mi protector. El Señor ES mi protector. El Señor es MI protector. El Señor es mi PROTECTOR.
Versículo 6: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”. Agradezca al Señor por la manera en que él usará cada situación que le atemoriza para su bien. “Querido Dios, gracias por ser mi pastor. Tú me guías, tú me proteges y me das tu paz. Eres el que restaura mi alma. Conoces mis debilidades y las ocasiones en las que he sido presa del temor. Ahora, en mis debilidades decido confiar en tu fortaleza. Tú eres mi Pastor. Decido confiar en tu poder para dejar de temer y ejercer fe. Entrego mi temor a ti y te pido que lo uses para mi bien y recuérdame de mi necesidad perenne de ti. En tu santo nombre. Amén”. Si se enfoca en su temor, el pánico lo asaltará. Si se enfoca en su pastor, su corazón estará en paz. C. Del temor a la fe La infidelidad y el temor van de la mano porque el pecado sabotea nuestra relación con Dios. Tan pronto como Adán y Eva fueron infieles a Dios, cambiaron su fe en temor. Su comunión con Dios se vio quebrantada, se volvieron temerosos y se escondieron. Sabían que habían pecado y que merecían el desagrado y disciplina de Dios. Como resultado de ello, la muerte pasó a toda la humanidad. Todos hemos nacido con el estigma de la muerte y todos estamos destinados a ella. Afortunadamente, por la gracia de Dios no tenemos que morir espiritualmente (estar separados de Dios por toda la eternidad). “El temor de Jehová es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte”. (Proverbios 14:27)
Empiece con un temor (reverencia y respeto) saludable de Dios. —Crea que Dios lo creó. (Génesis 1:26) —Crea que Dios tiene un plan maravilloso para su vida. (Jeremías 29:11) —Crea que Dios tiene autoridad sobre usted. (1 Corintios 6:19–20) —Crea que Dios le dará las recompensas o consecuencias con base en su decisión de obedecerle o no. (Gálatas 6:7–8) “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”. (Proverbios 1:7)
Acepte que el temor no es parte del plan de Dios para su vida. —El temor le impide confiar en Dios. —El temor impide que se apropie de la gracia de Dios —El temor lo tiene bajo la esclavitud del temor. —El temor lo daña física, emocional y espiritualmente. “En Dios he confiado; no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre?” (Salmos 56:4)
Sinceramente analice su temor para descubrir el origen real de su fobia. —Temor al rechazo… ¿Necesita usted ser amado y aceptado? —Temor al fracaso… ¿Necesita usted conocer el significado de su vida? —Temor a la pérdida económica… ¿Necesita usted sentirse seguro? “El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado”. (Proverbios 29:25)
Esté consciente del poder que tiene el amor de Dios por usted. —El amor de Dios incluye aceptación completa. —El amor de Dios nos proporciona el conocimiento de su autoestima. —El amor de Dios nos proporciona poder para superar todo temor. (1 Juan 4:18) —El amor de Dios nos da seguridad eterna. (Deuteronomio 31:8) “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”. (Jeremías 31:3)
Comprométase a desarrollar su fe en Dios. —Ingrese a un grupo de estudio de la Biblia. (2 Timoteo 2:15) —Dedique tiempo a la meditación diaria y a la oración. (Filipenses 4:6) —Sea activo en una iglesia local que enseñe la palabra de Dios. (Hebreos 10:25) —Comprométase a memorizar y meditar en la palabra de Dios. (Salmos 119:97) —Sea obediente a la dirección de Dios en su espíritu. (1 Tesalonicenses 5:19) “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. (Salmos 1:2)
Involúcrese con otros creyentes. —Tenga comunión con otros cristianos. —Esté dispuesto a testificar de la fidelidad de Dios en su vida. —Enfóquese en servir a los demás. (Filipenses 4:10) —Reconozca que la responsabilidad en todo es de dos vías (la de Cristo y la suya). (Filipenses 4:13) “Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo”. (Proverbios 27:17)
Utilice la Palabra de Dios para controlar su imaginación cuando comience a salirse de la voluntad de Dios. —“Cuando tenga temor, confiaré en ti”. (Salmos 56:3) —“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmos 27:1) —“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. (Salmos 46:1)
Enfrente las situaciones de temor a través de la fe en el poder de Cristo. —Cristo siempre está listo para ayudar. —Reconozca su presencia real y pídale ayuda. (Filipenses 4:23) —Entregue a él su temor y reciba su gran amor. —Muestre amor hacia los demás enfocándose en sus necesidades. “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. (1 Tesalonicenses 5:24)
Libérese de su temor y fortalezca su fe. —Confíe en Dios cada vez más. —Sea pacífico. —Sea agradecido. —Sea más como Cristo. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. (Colosenses 2:6–7) D. La verdad os hará libres Cuando conocemos la verdad y actuamos con base a ella, podemos vencer el temor. La fuente de la verdad es Aquel que dijo ser el Camino, la Verdad y la Vida: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). La fuente donde encontramos la verdad de Dios es su palabra, la Biblia. El primer paso para identificar las mentiras que subyacen tras sus temores es aplicar la verdad y comenzar a reemplazarlas con la verdad. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (Juan 8:32).
Temor: “¡No puedo evitar este sentimiento de intenso temor!” Verdad: Ese sentimiento es una ilusión de mi mente y cuerpo. No se ajusta a la verdad. “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado”. (Salmos 27:3)
Temor: “Soy un fracaso. Siento que me voy a morir”. Verdad: El tiempo de muerte está en las manos de Dios. Confiaré en Dios. “Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti; le pusiste límites, de los cuales no pasará”. (Job 14:5)
Temor: “Yo temo lo que otros piensen de mí”. Verdad: Mi paz viene de agradar a Dios, no de agradar al hombre. “Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables”. (2 Corintios 5:9)
Temor: “Estoy desesperado; nunca cambiaré”. Verdad: En Cristo, soy una nueva criatura. Dios da esperanza a todos. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)
Temor: “Estoy tan nervioso, que no puedo pensar claramente”. Verdad: Dios guardará mi mente y me dará paz. “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:7)
Temor: “Debo estar en control de las cosas para estar seguro”. Verdad: Dios está en control de mi vida, él está conmigo paso a paso. “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. (Deuteronomio 31:8)
Temor: “Me siento atrapado y no veo la forma de salir”. Verdad: Dios siempre provee un avía de escape. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. (1 Corintios 10:13) E. Examínese en cuanto al temor Cuando examina su temor y el origen de él, su legitimidad y su patrón, podrá entender su temor y desarrollar una estrategia para resolverlo. Primero, acuda a Dios quien es la fuente de toda sabiduría y haga esta oración desde lo profundo de su corazón… “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”. (Salmos 139:23–24) Identifique de manera específica su temor, ¿qué es exactamente a lo que le teme? Luego hágase estas preguntas:
¿Está relacionado mi temor con sucesos recientes o se originó en alguna situación específica del pasado?
¿Es el objeto o la circunstancia de mi temor una amenaza real o percibida?
¿Está mi temor asociado equivocadamente con un evento u objeto que no tengo por qué temer?
¿Proviene mi temor de ciertos lugares, gente o cosas que me recuerdan posibles consecuencias que me atemorizan?
¿Está mi temor presente y persistente arraigado en relaciones interpersonales que ya no frecuento o en un estilo de vida que ya no practico?
¿Es el temor que siento resultado de antiguos hábitos de responder con temor con tal de manipular a la gente que me rodea? “La ciencia del prudente está en entender su camino; mas la indiscreción de los necios es engaño”. (Proverbios 14:8) F. Venza la mentalidad de temor Si usted nació y creció en un hogar donde reinaba el temor, fácilmente pudo haber desarrollado una mentalidad basada en el temor y desde pequeño y haberse convertido en un adulto controlado por el temor de hacer enojar a alguna persona. En ocasiones, se siente impotente y sin poder confrontar o igualar a alguien de tú a tú. Seguirá a merced de los que lo rodean porque son “maestros de la manipulación” que usan tácticas de temor a menos que usted pueda reconocer la esclavitud en la que se encuentra y acepte el hecho de que Cristo vino al mundo para liberar a los cautivos. Sí, ¡Cristo vino para liberarlo! “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”. (Lucas 4:18) Cuando sienta temor de una persona o situación:
Pregúntese si lo que usted teme va a suceder en realidad.
Afirme si lo que teme es algo que realmente es factible que suceda.
Reconozca que su fijación en el temor garantizará que vuelva a suceder.
Entienda que la mayoría de los temores no tienen nada que ver con lo que está sucediendo en ese momento.
Identifique sus traumas pasados que le provocaron temor.
Determine qué tan frecuente es el temor que está sintiendo. Pregúntese a sí mismo: —¿Qué temor del pasado estoy trayendo al presente? —¿Cuándo comencé a tener este temor? —¿Qué edad emocional tengo cuando siento este temor? —¿Dónde estoy cuando siento este temor? —¿Qué está sucediendo cuando tengo este temor? —¿Cómo me afecta este temor ahora? ¿A qué costo estoy sintiendo este temor?
Dígase a sí mismo: “No voy a dejar que este temor me controle. No permitiré que los temores del pasado me dominen”.
Repita esta frase una y otra vez: “Eso sucedió entonces, ahora es diferente… Eso sucedió entonces, ahora es diferente”.
Decídase a soltarse de las garras del temor.
Haga lo que tenga que hacer para controlar su temor y para dejar de ser temeroso.
Decida vivir aquí y ahora, y actúe de forma que no esté basado en su temor.
Comparta con alguien de su entera confianza sus temores y sus planes de cambiar. “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”. (Santiago 5:16) G. Domine su temor por medio de la desensibilización Si aprende a identificar lo que dispara su temor, podrá controlar esas situaciones y arrebatarles el poder que ejercen sobre usted. Si se expone regular y continuamente a aquello que incita su temor (algo que activa o detona su sentido de temor o peligro) puede desensibilizarse para ya no temerlo. Si su temor es provocado por alguna situación o si está bajo cuidado médico por causa de sus ataques de pánico, puede tener victoria si sigue el siguiente proceso… “Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios”. (1 Pedro 1:13) Del pánico a la paz Si usted es demasiado sensible a un objeto o situación, la desensibilización puede ser la clave para la libertad. Repita los siguientes pasos de manera sistemática, uno a la vez. Después de repetir cada uno por un período de una o dos semanas (o hasta que ya no tenga una reacción emocional fuerte), siga con el siguiente paso. Una reacción ligera es posible y podrá pasar al siguiente paso.
Aumente gradualmente su exposición al temor. Fobia específica—Ejemplo: temor a los aviones —Mire fotografías de aviones. —Vaya a un aeropuerto para ver cómo despegan y aterrizan los aviones. —Tome un vuelo corto con un amigo.
Practique cómo afrontar su temor. Fobia social—Ejemplo: temor a iniciar una conversación —Practique hacer las preguntas de un vendedor. —Tome la iniciativa de saludar con una sonrisa. —Escuche cuidadosamente lo que dicen las personas. —Haga preguntas sencillas acerca de los demás. —Haga comentarios breves acerca de usted. —Desarrolle interés genuino en otros.
Repita cada paso de nuevo hasta que note reacciones positivas. Agorafobia—Ejemplo: temor de un ataque de pánico (temor a espacios abiertos) —Abra la puerta principal de su casa y déjela abierta. —Permanezca parado a un lado de la puerta abierta el mayor tiempo posible. —Salga, permanezca en el patio delantero y respire profundamente. —Camine dentro de los límites de su propiedad. —Dé una vuelta al exterior de la casa. —Siéntese en el automóvil dentro de su cochera. —Pida a alguien que lo lleve a dar una vuelta en el auto. —Maneje el auto alrededor de la cuadra. —Vaya a un centro comercial y siéntese en su automóvil en el estacionamiento. —Vaya al centro comercial cuando no haya tanta gente y camine por él. —Entre a una tienda y salude a un empleado de ventas. —Haga una compra pequeña. —Cada paso que dé, dígase a sí mismo: “El Señor está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. (Salmos 118:6) “Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará”. (Deuteronomio 31:6) Nota: En caso de reacciones fóbicas severas, el proceso de desensibilización se usa casi siempre con apoyo médico. H. Sugerencias de sentido común para vencer el temor y la ansiedad En ocasiones las sugerencias generales para enfrentar el temor se omiten porque son demasiado simples y muy “obvias” para considerarlas. Es como ver un bosque sin apreciar los árboles. Estos consejos podrían ser tan simples que no se les dan importancia, pero pueden ser el fundamento sobre el cual se puede edificar un plan efectivo para vencer el temor y la ansiedad. “Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca”. (Lucas 6:48)
Duerma lo suficiente.
Ejercítese con regularidad.
Diviértase y descanse lo suficiente.
Anímese de continuo.
Coma saludablemente y evite el consumo de alcohol y drogas.
“Bueno es para mí ser afligido, Para que aprenda Tus estatutos” (Salmo 119:71). NBLA.
El comentarista bíblico, William MacDonald, escribe sobre este verso lo siguiente: “Los sufrimientos son solo por un momento, pero los beneficios de haber sufrido, duran para siempre”. Esto es algo que he visto vivir a muchas personas ansiosas y depresivas; además de que en los últimos años he lidiado con ello en mi propia vida. Aun dentro de la oscuridad de la depresión he dicho a otros y a mí misma: <>. ¡Y eso es verdad! (Salmos.34:19; 55:22).
-La depresión nos hunde en un laberinto de densas y oscuras tinieblas, del cual no podemos salir sin la ayuda de Dios. Esa es la vívida opinión personal de quien suscribe.
-Para algunas personas, con las que he tenido la oportunidad de conversar, la depresión es una sensación de oscura tristeza y desesperanza que no pueden entender, que incluso les han llevado a pensar o intentar el suicidio; otros se han abandonado a una tristeza tan honda, que dejan de interactuar con los demás, dejan de alimentarse como es debido, hasta llegar a un estado en que sufren un completo desbalance emocional y físico, por lo cual deben recurrir a psiquiatras que los medican y remiten a psicólogos y a consejeros.
-La opinión médica nos explica la depresión como: “Un trastorno de salud mental que se caracteriza por depresión persistente o pérdida de interés en las actividades, lo que puede causar dificultades significativas en la vida cotidiana”
Indican, que las causas posibles incluyen una combinación de fuentes biológicas, psicológicas y sociales de angustia. Cada vez son más las investigaciones que sugieren que estos factores pueden ocasionar cambios en la función cerebral, como la actividad anormal de ciertos circuitos neuronales en el cerebro” (Fuente: Mayo Clinic).
Podemos notar que la opinión médica para pacientes depresivos, es prácticamente la misma, a la que han externado la mayoría, incluyéndome, de los que no hemos consultado un médico psiquiatra.
Es muy cierto que todos nos sentimos tristes de vez en cuando, pero cuando se trata de depresión, la tristeza se torna en un trastorno debilitante, continuo, que interfiere con nuestras actividades cotidianas. Aunque no todos los expertos concuerdan en lo que es una tristeza normal y lo que es un trastorno, la verdad es que algunas personas experimentan emociones extremadamente negativas, acompañadas a veces, de sentimientos de inutilidad, angustia y de culpa desmedida.
Tengo un caso reciente: Fabela, una madre joven aún, me compartió que hace poco tiempo perdió su empleo. En ese trabajo fue muy humillada, hasta que finalmente la desvincularon. Como conocemos su necesidad, hemos tratado de colocarla en algún empleo, pero nunca logra permanecer o no la llaman. Hace un mes aproximadamente, le ubicamos un empleo seguro, con beneficios que a ella le ayudarían significativamente. Fue a la entrevista y le dijeron que se quedara, pero se excusó, porque al día siguiente tenía precisamente, una cita médica, que nada tenía que ver con problemas emocionales; y era que ya estaba sintiendo opresión, pensando que no iba a quedar bien en ese empleo; comenzó a pensar que volverían a humillarla y que decepcionaría a quien la recomendó para el empleo. ¿Saben lo que sucedió? Cuando fue al médico le diagnosticaron que estaba sufriendo una arritmia cardíaca y aunque nunca había sufrido problemas de hipertensión, encontraron que su presión estaba alta. Le pedimos pues, que si no estaba bien de salud, se excusara con el empleador, le explicara su condición y le diera las gracias por la oportunidad. Luego me enteré que nunca llamó para excusarse. El temor la paralizó; la inseguridad que le produce el creer que no puede cumplir con lo que se le encomiende, la sumió en una oscuridad tal que no le permite pensar ni actuar. Pasado unos días, le pregunté qué había pasado con la arritmia y me dijo que ya no sentía nada. En su interior ya entiende que está “segura”, a pesar de que tiene necesidades que el empleo le supliría. Lo peor de todo esto es que no admite que necesita ayuda, y la realidad es que necesita a Cristo.
Desde que tengo conocimiento de mí misma, aun a pesar de mí, muchas personas han acudido a mí para hablar, les aconsejaba acorde con mi propia vivencia, pero luego, Dios me ha ido llevando por caminos prácticos, para que reconozca que solo con Él, a través de Jesús y del Espíritu Santo se puede lograr salir del laberinto de densa oscuridad en el que te interna la depresión. Su Palabra es la Verdad, te guía por el camino correcto; y la Verdad y el Camino es una persona, es Jesucristo, el Hijo del Dios Altísimo, quien se dio a sí mismo para salvarnos de nuestra vana manera de vivir.
Hermana y amiga, todas sabemos que las enfermedades son consecuencia de la rebelión de nuestros primeros padres. El Salmo 51:5 dice: “Yo nací en iniquidad, Y en pecado me concibió mi madre”. Y Romanos 5:12 nos explica: “Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron”.
¿Quién fue el hombre por medio de quien entró el pecado? Adán. Así que, hemos heredado de Adán la imperfección; por eso nos enfermamos física y emocionalmente. De ahí es que Dios nos dice que <Toda la creación sigue gimiendo y junto con todo lo creado estamos también en dolor (Romanos.8:22).
Como creyentes, debemos estar conscientes de que toda depresión es producto, en la mayoría de los casos, de la rebelión que nos lleva a ira, a conmiseración por nosotras mismas, que nos hunden en oscuridad porque no ponemos la vista en Cristo, Él es real; las cosas de este mundo son pasajeras, no hay nada placentero en este mundo que dure para siempre; nos podemos enfocar en una meta, la alcanzamos, y luego ¿qué? ¿Qué sigue?
Nuestro enfoque debe ser Jesús, Él está siempre disponible, podemos acercarnos a Él confiadamente; allí vamos a encontrar el auxilio, el socorro oportuno (Hebreos 4:16, paráfrasis). El camino al Sion espiritual es accesible para todas las que nos acerquemos a Dios a través de Jesucristo. (Salmos 132:13; Isaías 46:13).
Mujer, si eres creyente, ¡Eres Libre, Eres hija de la Promesa! ¡Nosotras somos libres en Cristo! (Galatas 4:21-31).
Es muy cierto que estos son tiempos difíciles, este mundo va en decadencia, en creciente maldad y tumulto; es por esa misma razón que necesitamos fortalecer nuestros corazones en Jesús; Él no es ajeno a nuestros sufrimientos, nos conoce, sabe de nuestro andar diario, luchas y batallas.
Entendemos que a nadie le gusta pasar por la angustia del sufrimiento, ¡es cierto! Humanamente, ¿a quién le gusta sufrir? ¡A nadie! Pero en la escuela de Dios tenemos que recibir esa materia, sí o sí, ¿Por qué? Porque es una forma muy efectiva de acercarnos a tener una buena relación con Dios.
Pero alegrémonos con este pensamiento: “Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. (Apocalipsis.21:4). (NTV). No permitamos que la oscuridad nos arrope; fortalezcamos nuestro corazón con la Palabra de Dios, mantengamos nuestros ojos puestos en Cristo, Él tiene cuidado de nosotras, ¡no lo dudes! Su Palabra lo dice: “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes”. (1Pedro 5:7). (NTV). ¡Él actuará, porque es Fiel a Su Palabra!
Dios les bendiga rica y abundantemente
María del Carmen Tavares
Marisol para su familia y amigos, es miembro de la IBI hace más de 17 años. Graduada del Instituto Integridad y Sabiduría y actualmente terminando la especialidad en Consejería Bíblica. Ha servido como maestra de Escuela Dominical en la IBI y actualmente escribe para los ministerios MPLGDG y Lifeway Mujeres. Sirvo en los grupos pequeños del Ministerio de mujeres Ezer.
Hace tiempo una mujer de 43 años vino a consultarnos. Hacía 23 años que estaba en tratamiento médico y siquiátrico por su depresión. Era una triste historia que cada vez escuchamos con más frecuencia. El padre de esta mujer se había aprovechado de ella desde los 5 hasta los 14 años de edad. Tiempo después ella recibió al Señor como Salvador de su vida, lo cual trajo alivio al comienzo, pero meses después volvió a caer en un estado depresivo. Vino a verme como un último recurso. «Desempacamos” el problema y descubrimos varios asuntos que solucionar, entre ellos como era lógico, un profundo resentimiento hacia su padre. ¿Cuál fue la ayuda para esta pobre mujer y para los miles que cuentan con experiencias similares? Si hasta el momento usted no ha tenido que luchar con la amargura, tarde o temprano le acontecerá algo que lo enfrentará cara a cara con la tentación de guardar rencor, de vengarse, de pasar chismes, de formar alianzas, de justificar su actitud porque tiene razón, etc. Como cristianos hemos de estar preparados espiritualmente. ¿Cómo hacerlo? Establecer la santidad como meta en su vida. Como en todos los casos de pecado, más vale prevenir que tener que tratar con las consecuencias devastadoras que el pecado siempre deja como herencia. El escritor de Hebreos, dentro del contexto de la raíz de amargura, exhorta: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (12:14). La mejor manera de prevenir la amargura es seguir o buscar la paz y la santidad; asumir un compromiso con Dios para ser santo (puro) pase lo que pasare. Cuando sobrevienen situaciones que lastiman nuestros sentimientos, producen rencor y demás actitudes que forman el círculo íntimo de la amargura, debemos decir: “He hecho un pacto con Dios a fin de ser santo, como El es Santo. A pesar de que la otra persona tenga la culpa, entregaré la situación en manos de Dios, perdonaré al ofensor y buscaré la paz.» Nótese la diferencia entre la actitud de David y su ejército cuando volvieron de una batalla (1 Samuel 30). Encontraron la ciudad asolada y sus familias llevadas cautivas. En vez buscar el consuelo de Dios y por ende Su sabiduría, el pueblo se amargó y propuso apedrear a David. En contraste, la Biblia explica que «David se fortaleció en Jehová su Dios” (v. 6). En ningún momento es mi intención minimizar el daño causado por una ofensa o por el ultraje que experimentó David y su gente, sino que mi deseo es magnificar la gracia de Dios para consolar y ayudar a perdonar. Consideremos ahora qué hacer cuando estamos amargados. 1) Ver la amargura como pecado contra Dios. En las próximas páginas explicaremos la importancia de perdonar al ofensor. Sin embargo, si yo estimara la amargura solamente como algo personal contra la persona que me engañó, me lastimó, me perjudicó con chismes o lo que fuere, sería fácil justificar mi rencor alegando que tengo razón pues el otro me hizo daño. Como ya mencionamos,es posible que no hay nada tan difícil de solucionar que la situación de la persona amargada que tiene razón para estarlo. Cuando tengo amargura en mi corazón, con David tengo que confesar a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado” (Salmo 51:4). En el momento en que percibo que (a pesar de las circunstancias) la amargura es un pecado contra Dios, debo confesarlo y la sangre de Cristo me lavará de todo pecado. Pablo instruye: “Quítense de vosotros toda amargura». La Biblia no otorga a nadie el derecho de amargarse. Volvamos al Antiguo Testamento para entender el contexto de la raíz de amargura en Deuteronomio 29:18, donde el pecado principal es la idolatría. Eso es precisamente lo que pasa en el caso de la amargura. En vez de postrarse ante el Dios de la Biblia, buscando la solución divina, uno se postra ante sus propios recursos y su propia venganza. El ídolo es el propio “yo». 2) Perdonar al ofensor. En el mismo contexto donde Pablo nos exhorta a librarnos de toda amargura, nos explica cómo hacerlo: “…perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31–32). En junio de 1972, por vez primera en mi vida tuve que enfrentarme con la amargura. Dos ladrones entraron en la oficina de mi padre y lo mataron a sangre fría, robando menos de 50 dólares. Ni siquiera tuve el consuelo de poder decir, “Bueno, papá está con el Señor», porque a pesar de ser una excelente persona, mi padre no tenía tiempo para Dios. ¿Cuáles eran mi opciones? ¿Hundirme en la amargura? ¿Buscar venganza? ¿Culpar a Dios? No, tenía un compromiso bíblico con Dios de buscar la santidad en todo. La respuesta inmediata era perdonar a los criminales y dejar la situación en manos de Dios y las autoridades civiles. ¿Tristeza? Sí. ¿Lágrimas? Muchas. ¿Dificultades después? En cantidad. ¿Consecuencias? Por supuesto. ¿Fue injusto? Indiscutiblemente. ¿Hubo otras personas amargadas? Toda mi familia. ¿Viví o vivo con raíz de amargura en mi corazón? Por la gracia de Dios, no. a) El perdón trae beneficios porque quita el resentimiento. Uno de los muchos beneficios de no guardar rencor es poder tomar decisiones con cordura. b) El perdón no es tolerar a la persona ni al pecado; no es fingir que la maldad no existe ni es intentar pasarla por alto. Tolerar es “consentir, aguantar, no prohibir” y lejos está de ser el perdón bíblico. Permitir es pasivo mientras perdonar es activo. Cuando la Biblia habla de perdón, en el griego original hallamos que esta palabra literalmente significa “mandarlo afuera». Activamente estoy enviando el rencor “afuera», es decir estoy poniendo toda mi ansiedad sobre Dios (1ª Pedro 5:7). c) El perdón no es simplemente olvidar, ya que eso es prácticamente imposible. El resentimiento tiene una memoria como una grabadora, y aún mejor porque la grabadora repite lo que fue dicho, mientras que el resentimiento hace que con cada vuelta la pista se vuelva más profunda. La única manera de apagar la grabadora es perdonar. Después de una conferencia, una dama me preguntó: “Si el incidente vuelve a mi mente una y otra vez, ¿quiere decir que no he perdonado?” Mi respuesta tomaba en cuenta tres factores: (1) Es posible que ella tuviera razón. Recordamos que “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso…” (Jeremías 17:9). El ser humano haría cualquier cosa para mitigar la vergüenza, y es lógico que permanezcan los fuertes sentimientos negativos asociados con una ofensa. Volvamos al caso de la mujer que durante 23 años había estado en tratamiento siquiátrico a causa del abuso de su padre. Después de aclarar lo que no es el perdón, y luego de hablar sobre los beneficios que el perdón produciría, le expliqué que de acuerdo a Marcos 11:25 ella tenía que perdonar a su padre. Su respuesta inmediata fue: “Ya lo he hecho.” Pero era obvio que estaba llena de amargura y rencor. Mi siguiente pregunta fue: “¿Cuándo y cómo lo hizo?” Su contestación ilustra otra manera en que el ser humano evita asumir responsabilidad ante el Señor. Me dijo: “Muchas veces he pedido al Señor Jesús que perdonara a mi padre.” Es posible que la mujer aún no entendiera lo que Dios esperaba con respecto al perdón. O tal vez fuera su manera de no cumplir con una tarea difícil. Con paciencia volví a explicarle las cosas, y finalmente ella inclinó la cabeza y empezó a orar. Pronto vi lágrimas en sus ojos, y de corazón perdonó a su padre. Al día siguiente regresó para una consulta y se la veía con esperanza, con alivio y como una nueva persona. (2) Hay quienes desean que recordemos incidentes dolorosos del pasado. En primer lugar está Satanás, que trabaja día y noche para dividir a los hermanos en Cristo (Apocalipsis 12:10; 1ª Timoteo 5:14). En segundo lugar, la vieja naturaleza saca a relucir el pasado. Los mexicanos emplean la frase “la cruda” al referirse a los efectos de la borrachera al día siguiente. En cierto modo es posible tener una “cruda espiritual” que precisa tiempo hasta no molestar más. Me refiero a ciertos hábitos, maneras de pensar que son difíciles de romper. Si uno en verdad ha perdonado, cada vez que el incidente viene a la memoria, en forma inmediata hay que recordar a Satanás y recordarse a sí mismo que la cuestión está en las manos de Dios y es un asunto terminado que sólo forma parte del recuerdo. (3) Finalmente existe otra persona o grupo que no quiere que usted olvide el incidente: Aquellos que fueron contagiados por su amargura, aquellos a quienes usted mismo infectó y como resultado tomaron sobre sí la ofensa. Por lo general para ellos es más difícil perdonar porque recibieron la ofensa indirectamente. Por lo tanto, no se sorprenda cuando sus amigos a quienes usted contagió de amargura, se enojan con usted cuando, por la gracia de Dios, ha perdonado al ofensor y está libre de dicha amargura. d) El perdón no absuelve al ofensor de la pena correspondiente a su pecado. El castigo está en las manos de Dios, o quizá de la ley humana. El salmista nos asegura: “El Señor hace justicia, y juicio a favor de todos los oprimidos” (Salmo 103:6 BLA). Presenté estos principios por primera vez en una iglesia donde no solamente varios de los feligreses estaban resentidos, sino también el mismo pastor. Después del sermón el pastor dividió a su pequeña congregación en grupos de 5 ó 6 personas para dialogar sobre el tema. Me tocó estar en un grupo que incluía a una pareja y su hijo adolescente. En forma inmediata noté la total falta del gozo del Señor en aquella familia. Durante los 20 minutos que tuvimos para compartir me preguntaron cómo era posible quitar la amargura del corazón por un gran mal que alguien había cometido. El hijo mayor había entrado en el mundo de la droga a pesar de que sus padres eran cristianos. Un día no tuvo suficiente dinero para pagar por su dosis regular, y el proveedor lo mató. Desde aquel momento la amargura había estado carcomiendo a toda la familia, y alegaban que era imposible perdonar. Ellos creían que perdonar significaba absolver a los asesinos del crimen que habían perpetrado. e) El perdón tampoco es un recibo que se da después que el ofensor haya pagado. Si no perdonamos hasta tanto la otra persona lo merezca, estamos guardando rencor. f) El perdón no necesariamente tiene que ser un hecho conocido al ofensor. En muchos casos el ofensor ha muerto, pero el rencor continúa en el corazón de la persona herida. Recuerdo el caso de una señora que con lágrimas admitió que su esposo había desaparecido con otra mujer de la iglesia. Durante la conversación me confesó: “Lo he perdonado. Hay y habrá muchas lágrimas, dolor y tristeza, pero me rehúso terminantemente a llegar al fin de mi vida como una vieja amargada.” El hombre consiguió el divorcio y se casó legalmente con la otra mujer. Por su parte, esta señora vive con su tres muchachos y sirve a Dios de todo corazón; sus hijos aman al Señor y oran para que su padre un día regrese al camino de Dios. Tener que perdonar un gran mal mientras el ofensor no lo merezca, representa una excelente oportunidad para entender mejor cómo Cristo pudo perdonarnos a nosotros (Romanos 5:8; Efesios 4:32). g) El perdón debe ser inmediato. Una vez me picó una araña durante la noche. Tuve una reacción alérgica que duró casi medio año. Ahora bien, si hubiera podido sacar el veneno antes de que se extendiera por el cuerpo, hubiera quedado una pequeña cicatriz pero no habría habido una reacción tan aguda. Algo semejante sucede con el perdón. Hay que perdonar inmediatamente antes de que “la picadura empiece a hincharse.” h) El perdón debe ser continuo. La Biblia indica que debemos perdonar continuamente (Mateo 18:22). Perdonar hasta que se convierta en una norma de vida. Uno de los casos más difíciles es cuando la ofensa es continua como en el caso de esposo/esposa, patrón/empleado, padre/hijo, etc. Es entonces cuando el consejo del Señor a Pedro (perdonar 70 veces 7) es aun más aplicable. i) El perdón debe marcar un punto final. Perdonar significa olvidar. No hablo de amnesia espiritual sino de sanar la herida. Es probable que la persona recuerde el asunto, que alguien le haga recordar o que Satanás venga con sus mañas trayéndolo a la memoria. Pero una vez que se ha perdonado sí es posible olvidar. Perdonar es la única manera de arreglar el pasado. No podemos alterar los hechos ni cambiar lo ya ocurrido, pero podemos olvidar porque el verdadero perdón ofrece esa posibilidad. Una vez que hay perdón, olvidar significa: 1) Rehusarse a sacar a relucir el incidente ante las otras partes involucradas. 2) Rehusarse a sacar a relucirlo ante cualquier otra persona. 3) Rehusarse a sacar a relucirlo ante uno mismo. 4) Rehusarse a usar el incidente en contra de la otra persona. 5) Recordar que el olvido es un acto de la voluntad humana movida por el Espíritu Santo. 6) Sustituir con otra cosa el recuerdo del pasado, pues de lo contrario no será posible olvidar. Pablo nos explica una manera de hacerlo: “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:20, 21). Jesús amplía el concepto: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). j) El perdón también significa velar por los demás. Al finalizar su libro y bajo la inspiración del Espíritu Santo, el escritor de Hebreos exhorta a todos los creyentes a que seamos guardianes de nuestros hermanos. El versículo que advierte sobre la raíz de amargura comienza con: “Mirad bien”. En el griego original es la palabra episkopeo, de donde procede el término obispo o sobreveedor. Esto implica que en el momento en que uno detecta que se ha sembrado semilla de amargura en el corazón de un hermano en Cristo, la responsabilidad es ir con espíritu de mansedumbre, y hacer todo lo posible para desarraigarla antes que germine. Se requiere un compromiso profundo con Dios a fin de no caer en la trampa de la amargura. Cristo mismo nos dará los recursos para vivir libres del “pecado más contagioso”.
Si tiene alguna pregunta, favor de dirigir su carta a: Jaime Mirón Apartado 15 Guatemala c.p. 01901 Guatemala, America Central
UN EXAMEN «El corazón conoce la amargura de su alma» (Proverbios 14:10). Antes de exponer el antídoto bíblico para la amargura, tomemos un examen para averiguar si ha brotado raíz de amargura en la vida. Recomiendo que, en oración, el lector medite sobre cada pregunta. 1) ¿Existe una situación en su vida que aparece frecuentemente en la mente o le despierta durante la noche? 2) ¿Está maquinando maneras de vengarse si tan sólo tuviera oportunidad de hacerlo? Varias personas me han dicho que estas maquinaciones son, precisamente, lo que les privan del sueño. 3) ¿Recuerda hasta los más ínfimos detalles de un evento que sucedió hace tiempo? La amargura tiene una memoria de elefante, y recuerda hasta los detalles más oscuros de un incidente. Tiempo atrás dos vecinas nuestras, cristianas, tuvieron una fuerte riña en plena calle. Fue sorprendente que una de las contrincantes, sin sacar apuntes pero con lujo de detalles, nombró cada vez que su vecina le había pedido prestado algo durante los últimos cinco años. Después de haber sembrado resentimiento, éste brotó en amargura cuando se presentó el ambiente apropiado. ¿Por qué recordamos ese tipo de detalles con tanta facilidad? En primer lugar, porque tal como mencionamos en la sección I siempre recordamos las heridas y las ofensas. Pero la razón principal es que repasamos y repasamos los detalles. Cuando yo era estudiante en la secundaria, un maestro nos enseñó cuál era, según él, la mejor manera de recordar el material del curso: repasar, repetir y repasar. ¡Si pudiéramos recordar los buenos momentos o aun los pasajes de la Biblia tanto como recordamos las ofensas! 4) ¿Se siente ofendido y, debido a que usted estima es víctima, está justificando el resentimiento? Aquí la frase clave es “pero yo tengo razón». No hay situación más difícil de solucionar que cuando la persona ofendida tiene razón. Carlos, un brillante y joven empresario, ascendió rápidamente en la empresa y a los 36 años llegó a ser vicepresidente con miras a llegar aun más arriba. Aunque el mismo director y fundador de la organización lo había empleado, llegó a sentir que Carlos era una amenaza y buscó motivos para despedirlo. Este, un creyente en Cristo, ignoraba el complot que se gestaba en la oficina a sólo cinco metros de la suya. Finalmente, un viernes por la tarde el director comunicó a Carlos en palabras terminantes que no tenía que volver a trabajar el lunes. Cuando preguntó por qué, el director, también cristiano, presentó una serie de mentiras y medias verdades. Carlos encontró otro empleo pero sigue amargado. Envenenó de amargura a su esposa (que, por supuesto, tomó sobre sí la ofensa y está más amargada que él) y a sus mejores amigos. Ahora bien, Carlos tenía toda la razón. Cada vez que escucho la historia yo mismo me enojo, porque era y sigue siendo injusto. Admito que es difícil quitar la amargura de la vida de quien fue ofendido, herido, pisoteado, marginado, pasado por alto, o algo similar. Es difícil porque esa persona es víctima. Sin embargo, la Santa Palabra de Dios interviene con el mandamiento “quítense de vosotros toda amargura…” (Efesios 4:31). 5) ¿Hay explosiones desmedidas en cuanto a incidentes que de otra manera tendrían menor importancia? Sucede a menudo en la vida matrimonial cuando uno de los cónyuges por algún motivo está amargado. Tal amargura se entremete en todas las contiendas con el cónyuge, y es como un volcán esperando el momento de erupción. Súbitamente y sin previo aviso, comienza a salir todo tipo de veneno antes escondido bajo la superficie. El cónyuge se sorprende por la reacción violenta y se pregunta cuál es la razón. 6) ¿Le sucede que al leer la Biblia casi inconscientemente aplica la Escritura a otros en vez de a sí mismo? Muchas personas amargadas hallan en la Biblia enseñanzas que aplican a otros (en forma especial al ofensor). Una de las pruebas de que yo me libré de la amargura fue que al leer el libro de Proverbios me encontré aplicando sus enseñanzas a mi propia vida en vez de a la vida de otros involucrados en el incidente en la iglesia. 7) Por lo general ¿usa usted expresiones que incluyen “ellos” o “todo el mundo” para apoyar sus argumentos? Durante el problema que experimentamos en nuestra iglesia entró en combate uno de los amigos más íntimos de la amargura: el chisme. La persona amargada piensa que tiene razón (y probablemente sea cierto), busca a otros, comparte su experiencia, fundamenta su actitud con exageraciones y generalizaciones refiriéndose a “todo el mundo». Para poder enterrar el problema en nuestra congregación, entre otras cosas tuvimos que disciplinar a una dama que cayó en el pecado de ser chismosa. Enfrentada con los pecados de la amargura y el chisme, se justificó diciendo que “tenía razón», y junto con su esposo se fueron de la iglesia ofendidos. 8) Cuando se refiere a su iglesia local, ¿habla de “ellos” o de “nosotros»? La persona amargada empieza a distanciarse de la congregación, cuando dice “ellos” al referirse a otros miembros de la iglesia.
Mirón, J. (1994). La amargura, el pecado más contagioso (pp. 13-17). Editorial Unilit.
LAS CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA Para motivar a una persona a cumplir con el mandamiento bíblico “despréndanse de toda amargura…” (Efesios 4:31 NVI), veamos las múltiples consecuencias (todas negativas) de este pecado. 1) El espíritu amargo impide que la persona entienda los verdaderos propósitos de Dios en determinada situación. Job no tenía la menor idea de que, por medio de su sufrimiento, el carácter de Dios estaba siendo vindicado ante Satanás. Somos muy cortos de vista. 2) El espíritu amargo contamina a otros. En uno de los pasajes más penetrantes de la Biblia, el autor de Hebreos exhorta: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (12:15). La amargura nunca se queda sola en casa; siempre busca amigos. Por eso es el pecado más contagioso. Si no la detenemos puede llegar a contaminar a toda una congregación, o a toda una familia. Durante la celebración de la pascua, los israelitas comían hierbas amargas. Cuando un huerto era invadido por estas hierbas amargas, no se lo podía limpiar simplemente cortando la parte superior de las plantas. Cada pedazo de raíz debía extraerse por completo, ya que de cada pequeña raíz aparecerían nuevos brotes. El hecho de que las raíces no se vean no significa que no existan. Allí bajo tierra germinan, se nutren, crecen, y los brotes salen a la superficie y no en un solo lugar sino en muchos. Algunas raíces silvestres son casi imposibles de controlar si al principio uno no las corta por lo sano. El escritor de Hebreos advierte que la amargura puede quedar bajo la superficie, alimentándose y multiplicándose, pero saldrá a la luz cuando uno menos lo espera. Aun cuando la persona ofendida y amargada enfrente su pecado de la manera prescrita por Dios, no necesariamente termina el problema de la contaminación. Los compañeros han tomado sobre sí la ofensa y posiblemente se irriten con su amigo cuando ya no esté amargado. Hace poco un médico muy respetado y supuestamente cristiano había abandonado a su esposa y a sus tres hijos, yéndose con una de las enfermeras del centro médico donde trabajaba. Después de la sacudida inicial, entró en toda la familia la realización de que el hombre no iba a volver. Puesto que era una familia muy unida, se enojaron juntos, se entristecieron juntos, sufrieron juntos y planearon la venganza juntos, hasta que sucedió algo sorprendente: la esposa, Silvia, perdonó de corazón a su (ahora) ex esposo y buscó el consuelo del Señor. Ella todavía tiene momentos de tristeza y de soledad, pero por la gracia de Dios no está amargada. Sin embargo, los demás familiares siguen amargados y hasta molestos con Silvia porque ella no guarda rencor. 3) El espíritu de amargura hace que la persona pierda perspectiva. Nótese la condición del salmista cuando estaba amargado: “… entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti” (Salmo 73:21, 22 BLA). La persona amargada toma decisiones filtradas por su profunda amargura. Tales decisiones no provienen de Dios y generalmente son legalistas. Cuando la amargura echa raíces y se convierte en norma de vida, la persona ve, estima, evalúa, juzga y toma decisiones según su espíritu amargo. Nótese lo que pasó con Job. En su amargura culpó a Dios de favorecer los designios de los impios (Job 10:3). Hasta lo encontramos a aborreciéndose a sí mismo (Job 9:21; 10:1). En el afán de buscar alivio o venganza, quien está amargado invoca los nombres de otras personas y exagera o generaliza: “…todo el mundo está de acuerdo…” o bien “nadie quiere al pastor…” Las frases “todo el mundo” y “nadie” pertenecen al léxico de la amargura. Cuando la amargura llega a ser norma de vida para una persona, ésta por lo general se vuelve paranoica e imagina que todos están en su contra. Un pastor en Brasil me confesó que tal paranoia tomó control de su vida, y empezó a defenderse mentalmente de adversarios imaginarios. 4) El espíritu amargo se disfraza como sabiduría o discernimiento. Es notable que Santiago emplea la palabra “sabiduría” en 3:14–15 al hablar de algunas de las actitudes más carnales de la Biblia. La amargura bien puede atraer a muchos seguidores. ¡Quién no desea escuchar un chisme candente acerca de otra persona! La causa que presentó Coré pareció justa a los oyentes, tanto que 250 príncipes renombrados de la congregación fueron engañados por sus palabras persuasivas. A pesar de que la Biblia aclara que el corazón de Coré estaba lleno de celos amargos, ni los más preparados lo notaron. 5) El espíritu amargo da lugar al diablo (Efesios 4:26). Una persona que se acuesta herida, se levanta enojada; se acuesta enojada, y se levanta resentida; se acuesta resentida, y se levanta amargada. El diablo está buscando a quien devorar (1ª Pedro 5:8). Pablo nos exhorta a perdonar “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). Satanás emplea cualquier circunstancia para dividir el cuerpo de Cristo. 6) El espíritu amargo puede causar problemas físicos. La amargura está ligada al resentimiento, término que porviene de dos palabras que significan “decir de nuevo». Cuando uno tiene un profundo resentimiento, no duerme bien o se despierta varias veces durante la noche, y vez tras vez en su mente repite la herida como una grabadora. Es un círculo vicioso de no dormir bien, no sentirse bien al siguiente día, no encontrar solución para el espíritu de amargura, no dormir bien, ir al médico, tomar pastillas, etc. Algunas personas terminan sufriendo una gran depresión; otros acaban con úlceras u otras enfermedades. 7) El espíritu amargo hace que algunos dejen de alcanzar la gracia de Dios (Hebreos 12:15). En el contexto de Hebreos, los lectores estaban a punto de volver al legalismo y a no valerse de la gracia de Dios para su salvación. La persona amargada sigue la misma ruta porque la amargura implica vivir con recursos propios y no con la gracia de Dios. Tan fuerte es el deseo de vengarse que no permite que Dios, por su maravillosa gracia, obre en la situación.
Mirón, J. (1994). La amargura, el pecado más contagioso (pp. 8-12). Editorial Unilit.
Hace tiempo prediqué en una iglesia donde el pastor deseaba que yo hablase con Alberto, uno de los diáconos de su congregación. Tres años antes la esposa de Alberto había hecho abandono del hogar y se había ido con otro hombre a la ciudad capital, dejando a su marido y a sus dos hijos.
Me explicó el pastor que los esposos eran buenos cristianos y que “no había motivo” para que ella abandonara a su familia. Aproximadamente seis semanas después, la mujer entró en razón y volvió a casa arrepentida. En forma inmediata, pidió perdón a Alberto, a los hijos y hasta se presentó ante la congregación para mostrar públicamente su arrepentimiento y su disposición a sujetarse a la disciplina de la iglesia. Alberto me explicó en palabras terminantes que aunque había permitido que su esposa regresara al hogar, no la había perdonado y no la perdonaría. Peor todavía, declaró que estaba dispuesto a esperar el tiempo necesario (hasta que los hijos de 6 y 9 años crecieran y se hicieran mayores) para entonces vengarse de ella. Aunque había transcurrido poco tiempo desde el incidente con su esposa, ya se veían huellas de amargura en el rostro de Alberto.
La amargura no se ve solamente en casos tan extremos. Conozco centenares de otros ejemplos de personas que sufrieron ofensas por cosas que parecieran triviales. Menciono sólo tres:
(1) Una mujer se ofendió porque el pastor no estaba de acuerdo con su definición de “alabanza», y desde aquel momento empezó a maquinar para sacarlo de la iglesia;
(2) un hombre vivió amargada desde que lo pasaron por alto para un ascenso en su empleo.
(3) El intercambio de cartas con una profesora de Centroamérica ilustra cuán sutil puede ser la amargura en la vida del creyente.
El problema de presentación era que esta mujer se sentía sola y triste porque su hija, yerno y nietos se habían mudado a los Estados Unidos de América. En su segunda carta no utilizó la palabra “sola” sino “abandonada», y en lugar de “triste” surgió el término “enojada». En las siguientes misivas se hizo evidente que estaba sumergida en autocompasión y amargura. No sólo se sentía herida porque su hija vivía en otro país, sino además resentida porque (según ella) los otros familiares que vivían cerca no la tomaban en cuenta “después de todo lo que ella hizo por ellos».
En lo personal, empecé a estudiar el tema de la amargura poco después de un grave problema que tuvimos en la iglesia a que asistimos desde hace varios años. La dificultad radicaba en una seria diferencia de filosofía de ministerio entre los diáconos y los ancianos. Pero lo que causó la desunión no fue el problema en sí –que se habría podido resolver buscando a Dios en oración, en su Palabra y con un franco diálogo entre las partes – sino las personas ofendidas, los chismes, y la amargura resultante. En medio de esa crisis en nuestra iglesia, tuve que viajar a otro país para enseñar sobre el tema “Cómo aconsejar empleando principios bíblicos». Era domingo por la mañana y esperaba que me pasaran a buscar para llevarme a la iglesia.
Puesto que el culto comenzaba tarde contaba con un par de horas para descansar, y prendí la televisión para escuchar la transmisión del sermón del pastor de la iglesia más grande de la ciudad. No podía creer lo que oía: ese pastor estaba predicando sobre el tema que yo había enseñado el día anterior, el perdón. Como si un rayo penetrara en mi corazón, el Espíritu Santo me mostró que yo también era culpable de estar dejando crecer una raíz de amargura en mi vida por lo que ocurría en nuestra congregación. En forma inmediata me arrodillé para confesar el pecado, recibir el perdón de Dios y perdonar a los que me habían hecho daño. ¡Qué alivio trajo a mi alma! Era como si alguien sacara un peso enorme de mis hombros.
La amargura es el pecado más fácil de justificar y el más difícil de diagnosticar porque es razonable disculparlo ante los hombres y ante el mismo Dios. A la vez, es uno de los pecados más comunes, peligrosos y perjudiciales y –como veremos– el más contagioso.
Es mi esperanza y oración que la persona amargada no solamente se dé cuenta de que en verdad eso es pecado, sino que además encuentre la libertad que sólo el perdón y la maravillosa gracia de Dios le pueden ofrecer.
La amargura es un cinismo rencoroso que se traduce en una intensa discordia o aversión hacia los demás. La biblia nos dice: «Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia». Y a continuación nos dice cómo lidiar con esa amargura y sus frutos, siendo «benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo » (Efesios 4:31-32).
Como adjetivo, la palabra amargo significa «afilado como una flecha o picante al gusto, desagradable, venenoso». La idea es la del agua amarga que se les dio a las mujeres sospechosas de haber cometido adulterio en Números 5:18: «las aguas amargas que acarrean maldición». En su sentido figurado, la amargura se refiere a un estado mental o emocional que corroe o «carcome». La amargura puede afectar a alguien que experimenta una profunda tristeza o cualquier cosa que actúa sobre la mente, de la misma forma como el veneno actúa sobre el cuerpo. La amargura es ese estado mental que intencionalmente se aferra a los sentimientos de enojo, listo para ofenderse, capaz de estallar en ira en cualquier momento.
El principal peligro de sucumbir a la amargura y permitir que gobierne nuestros corazones, es que es un espíritu que se niega a la reconciliación. Como resultado, la amargura conduce a la ira, que es la explosión externa de los sentimientos internos. Esa ira y enojo desenfrenado, a menudo conducen a la «riña», que es el egoísmo impulsivo de una persona furiosa que necesita que todo el mundo escuche sus quejas. Otro mal provocado por la amargura, es la calumnia. Tal como se usa en Efesios 4, no se está refiriendo a la blasfemia contra Dios, o simplemente una calumnia contra los hombres, sino cualquier comentario que brota de la ira y está pensado para herir o lastimar a otros.
Todo esto conduce a un espíritu de maldad, que simboliza una mentalidad perversa o sentimientos de odio intenso. Esta clase de actitud es carnal y diabólica en sus influencias. La maldad es un intento deliberado de dañar a otra persona. Por lo tanto, «toda forma de maldad» debe desaparecer (Efesios 4:31).
La persona que es amargada a menudo es resentida, cínica, cruel, indiferente, implacable, y desagradable como para estar con ella. Cualquier expresión de estas características es pecado contra Dios; son características de la carne y no de Su Espíritu (Gálatas 5:19-21). Hebreos 12:15 nos advierte: «Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados». Siempre debemos tener cuidado de no permitir que las «raíces de amargura» crezcan en nuestros corazones; esas raíces harán que estemos lejos de la gracia de Dios. Dios desea que Su pueblo viva en amor, gozo, paz y santidad; no en amargura. Por tanto, el creyente debe siempre vigilar diligentemente, estando en guardia contra los peligros de la amargura.
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Experimentar una depresión puede devastarte y desorientarte. Te sientes terrible y no sabes por qué. O tal vez sabes por qué, pero no importa lo que hagas o lo mucho que lo intentes, no puedes superar tu dolor y desesperación.
En estas situaciones es bueno comunicarse con un pastor, médico, o consejero. Y aunque la Biblia no sustituye la ayuda médica, sí habla sobre estos problemas, y las personas que sufren pueden beneficiarse de su sabiduría.
Aquí hay cinco verdades bíblicas en las que puedes enfocarte en tiempos difíciles
1) Mira Presta atención a las personas a tu alrededor que intentan ayudarte. No subestimes la providencia del Señor a través de aquellos que Él pone en tu vida en el momento de tu depresión. Considera los siguientes proverbios:
“En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia”, Proverbios 17:17.
“No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre, ni vayas a la casa de tu hermano el día de tu infortunio. Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos” Proverbios 27:10.
Aquí vemos el valor de tener familiares y amigos que sean leales y cercanos. Entonces pregúntate a ti mismo:
¿Quién me vigila constantemente? ¿Quién parece estar disponible para hablar y pasar tiempo conmigo? ¿Quién sigue haciendo todo lo posible para hacerme sentir importante y amado? Quienquiera que sea, no pases por alto ni subestimes la provisión de Dios para ti a través de ellos.
2) Limita Descubre tus limitaciones físicas, sociales, y emocionales, y acéptelas humildemente bajo el control soberano de Dios.
No es raro que las tareas que alguna vez parecían simples se vuelvan difíciles cuando se está deprimido. Puede ser difícil comer bien, hacer ejercicio, o dormir bien. Puede ser útil, entonces, hacer algunos ajustes en tu estilo de vida para enfrentar cada día. Podrías reducir las responsabilidades adicionales en el trabajo, o decir “no por ahora” a nuevos compromisos. Incluso uno de los compañeros de viaje y ministerio de Pablo, Trófimo, enfrentó una enfermedad que le obligó a dejar de lado los viajes ministeriales durante una temporada (2 Ti. 4:20). Ir a tiempo parcial, cambiar de carrera, tomar vacaciones o un sabático pueden ser pasos razonables hacia la recuperación.
3) Lamenta Está bien llorar, llorar, y llorar. Algunos se sienten culpables por sentirse tristes. Sin embargo, la tristeza o el dolor no son sentimientos que debamos reprimir. La tristeza es una de las expresiones más claras de nuestra humanidad. De hecho, muchos de nosotros no nos lamentamos lo suficiente por las cosas que Dios espera que nos lamentemos. Cosas como:
Nuestro propio pecado contra Dios y otros (Sal. 31:9–10; Lam. 1; Esd. 10:1; Mt. 26:75; 2 Co. 2:5–7; 7:10–11; Ef. 4:30; Stg. 4:9). Ver personas rebelarse contra la Palabra de Dios (Sal. 119:136). Anhelar que los pecadores se vuelvan a Cristo para salvación (Lc. 19:41–42; Ro. 9:1–3). Separarse de amigos cercanos (Hch. 20:36–38; Fil. 2:26; 2 Tim. 1:4). Experimentar la muerte de seres queridos (Nm. 20:29; Dt. 34:8; Jn. 11; 1 Ts. 4:13). Anhelar que los creyentes más jóvenes sean hechos como Cristo (Gál. 4:19). Y a veces nos sentimos deprimidos por razones que no podemos entender, lo que puede ser extremadamente frustrante. No importa cuál sea la razón, cuando experimentes una nube de depresión, trae tu dolor y gritos de ayuda a Dios en oración (Sal. 42; 88). Él ve todo lo que estás pasando (Sal. 139) y conoce tu débil ser (Sal. 103:14). Cualquiera sea la causa de tu melancolía, debes saber que el Señor es compasivo al oír tu clamor. Él está “cerca de los quebrantados de corazón” (Sal. 34:18).
4) Ríe La depresión no es nada de qué reírse, y aquellos que ministran a los espíritus abatidos nunca deberían burlarse de ello.
Toma nota de todo lo que te brinde alegría y aligere tu estado de ánimo.
La depresión no es nada de qué reírse, y aquellos que ministran a los espíritus abatidos nunca deberían burlarse de ello. Incluso cantar cantos alegres en el momento equivocado puede empeorar un alma desanimada (Pr. 25:20). Y sin embargo, una de las formas más prácticas y beneficiosas en que Dios puede levantar un alma cansada es al comunicarte con personas con las que disfrutas estar. Como dice Proverbios 17:22: “El corazón alegre es buena medicina”. Siempre que sea posible, disfrutar de los buenos regalos de la mano de Dios en compañía de amigos queridos puede alegrar nuestros espíritus y traer gloria a Dios (Ecl. 2:24–26; Stg. 1:17; 1 Ti. 4:4–5; 6:17).
5) Ama El amor de Dios llega a tu oscuridad y te encuentra donde estás.
Una de las frases más difíciles de aceptar y creer en una temporada de depresión es: “Dios te ama”. Tus pensamientos parecen decirte lo contrario. Pensamientos como:
“Dios me ha abandonado”.
“Dios me ama pero probablemente no le caigo bien”.
“Dios no puede usarme ahora para el avance del evangelio y el reino”.
Amado, si ese eres tú, ¡no hay otro lugar al que puedas ir para recibir verdadera y duradera alegría y esperanza fuera del evangelio de Jesucristo! El evangelio es la buena noticia de que Dios entra en nuestra oscuridad al tomar forma humana y habitar entre nosotros. Se trata de cómo el eterno Hijo de Dios vino a revelarse como la vida y la luz del mundo (Jn. 1:4–5, 9; 8:12; 9:5; 14:6). Jesús es el gran médico en el cual los pecadores pueden encontrar sanidad y descanso, principalmente para sus almas (Mt. 9:12; 11:28-30; 1 Pe. 2:24-25).
Así que estudia el evangelio. Medita en ello. Predícaselo a tu alma. Y entiende que incluso en las profundidades de tu depresión, el amor de Dios permanece.
Un apretón útil La depresión nos hace sentir la debilidad de nuestra humanidad, pero no disminuye el poder de Dios.
Charles Spurgeon reflexionó una vez: “Cientos de veces he podido dar un apretón útil a los hermanos y hermanas que se han encontrado en esa misma condición, un apretón que nunca podría haber dado si no hubiera experimentado ese profundo desaliento”.
Spurgeon e innumerables creyentes a lo largo de la historia han visto cómo Dios usa sus luchas viciosas con la depresión para ministrar a otros que están bajo esa misma nube oscura. La depresión tiene una forma peculiar de hacer que las personas se sientan solas, temerosas, inútiles y, muchas veces, sin esperanza. Pero si miras a Cristo y escuchas las promesas de Dios, tu fe y esperanza se fortalecerán mientras esperas en Él. Y si te apoyas en el amor y el cuidado de otros que están tratando de ayudarte, el Señor hará su plan soberano para Su gloria y tu bien, incluso a través de la desconcertante prueba de la depresión.
La depresión nos hace sentir la debilidad de nuestra humanidad, pero no disminuye el poder de Dios. Y como compañero de lucha, tú puedes ser un canal de bendición único para aquellos en el mismo peregrinaje.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición. Blake Boylston es pastor asistente en la Iglesia Bautista Capitol Hill en Washington, D.C.
Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios.