Evangelizando a La Iglesia

“El evangelio, la cruz y la gracia son tan solo el a-b-c del cristianismo; la entrada. Hay que hablar de estos temas a los nuevos creyentes y después pasar a otros (temas) más ‘profundos’, como el carácter, la santidad y disciplina”. Los músculos faciales bajo la piel de mi rostro inconscientemente formularon una expresión que combinaba angustia y desapruebo (y también un poco de enojo), mientras escuchaba desde la primera fila de aquella iglesia al reconocido predicador seguir con su sermón.

La práctica de atesorar, meditar y predicar el evangelio entre creyentes es tan necesaria como es misteriosamente gloriosa. Aunque quizá en menor escala que en aquella lamentable prédica, en muchas ocasiones el evangelio es tratado como una vieja señal en la carretera; un aviso que la iglesia rebasó a gran velocidad y que lentamente empezó a desaparecer en la niebla en el espejo retrovisor. Meditar en el evangelio es una disciplina olvidada para tantos, considerada como opcional o innecesaria, mientras debería ser el ancla, estandarte y médula ósea del resto de la travesía que nos llevará en ese gran día hasta los brazos de Cristo.

LO CENTRAL EN EL CENTRO
Es sorprendente ver que tantos que dicen creer en el evangelio y su importancia lo llegan a perder de vista entre el bullicio del mundo. Aún más trágico, entre los creyentes hay una común tentación de olvidarnos del evangelio entre la vistosa “cultura cristiana” en la que algunos vivimos, una que parece hacer a lo periférico cada vez más central y a lo central cada vez más periférico. Llegamos a ignorar que en el corazón de la Escritura misma están las buenas noticias, el relato hermosamente tormentoso de la elegancia y definición del amor incansable del Creador por su creación perdida. El intercambio del justo por los injustos. El rescate, solo hecho posible por la masacre del incandescente Rey que escogió espinos por corona y sangrienta desnudez por vestiduras reales.

Sin este mensaje, sin el Cristo del evangelio, simplemente no habría vida; mucho menos cristianismo.

CRISTO FUERA DE LA IGLESIA
Quizás al leer este o alguno de los demás artículos del mismo tema alguien podrá preguntarse: “¿Como es que la iglesia puede llegar a menospreciar el evangelio que la salvó?”. Esa pregunta sencilla tiene una respuesta terrible.

Temo decir que hay momentos en que nuestra liturgia, tradiciones, estrategias, métodos, deseo por relevancia, y aun nuestro celo por la predicación se llegan a volver más importantes para nosotros que el mensaje de amor que por gracia nos es encomendado, ese mensaje que el mismo Jesús nos encomendó.

Pocos lo admitiríamos, pero puede ser que al evaluar el uso de nuestro tiempo, recursos y preocupaciones nos empecemos a dar cuenta de que en papel, nuestras prioridades están en orden, pero en la práctica algo se desequilibra. Una señal de que esto está pasando es que nos volvemos los jugadores en el campo, y nuestras propias porristas. Entretenemos nuestra cosmovisión, elogiamos nuestras denominaciones, alentamos a los que piensan, actúan y hacen iglesia como nosotros, criticando a aquellos que no compartan cada punto con nosotros; volviendo nuestra ideología lo central y una vez más dejando al Jesús del evangelio por los márgenes. Ningún fruto del árbol del evangelio, por más delicioso que sea, es tan importante como el mismo árbol del que es formado.

En Apocalipsis 3:20 escuchamos el resonante llamado de la gracia de Cristo para reconciliar a la iglesia que se creyó autosuficiente con la dulce dependencia y suficiencia de la intimidad con Cristo. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. Estas palabras no fueron destinadas al mundo, ¡Cristo le estaba hablando a la iglesia! Así como hizo con Laodicea, Cristo nos llama en misericordia a volver a hacerlo el centro de nuestra teología, de nuestra liturgia y de nuestras vidas.

A-B-C… Y D Y F Y E, HASTA LA Z
Cuando alguien entiende que el evangelio no es solo la entrada a la nueva vida en Cristo, sino igualmente el camino y destino de esta misma, comienza a ver la magnitud de la importancia de predicar y desbordar en cada conversación, pensamiento y movimiento este evangelio, a tiempo y fuera de tiempo, dentro y fuera de la iglesia. Si escogemos nuestras peleas podemos darnos cuenta de que quizá hemos defendido asuntos importantes descuidando el más importante a defender. Nunca es mal momento para regresar a hacer de lo más importante, lo más importante otra vez (Cp. Luc. 10:38-42).

Que nuestra oración sea la de ver una iglesia que no solo absorbe sino refleja la luz del evangelio en todo el mundo. Una luna reflejando en la noche oscura la promesa de un nuevo amanecer. Espejos de Su gloria, que han sido limpiados y aclarados para así comunicar más claramente la brillantez de Su amor y santidad. Pero para mejor hacer su función, el espejo debe ser colocado en el lugar donde recibe más intensamente la luz que busca reflejar. Que así la iglesia, enfocada en las buenas noticias para la humanidad, para así contarlas y vivirlas con fe, esperanza y amor.

Si la norma es que las personas salgan de nuestras iglesias, servicios, sermones, tiempos de adoración corporativa, enseñanzas o ministerios diciendo “que buen expositor”, “que agradable ambiente”, “que doctrina tan bien desarrollada”, “que buena producción”, o aun “que ministerio tan relevante”, en vez de “¡que glorioso es Jesucristo y su evangelio!”, algo tenemos que reajustar. Estas cosas que mencioné no son buenas, ¡son maravillosas! Pero son frutos de vidas y comunidades centralizadas en el evangelio, que si llegan a volverse el centro de atención, ¡atentan contra la exclusividad del mismo evangelio que las sostiene!

Al hacer a Jesucristo y al evangelio el centro de nuestras vidas, aseguramos fruto permanente en todas las ramas y expresiones tan variadas de la fe cristiana. Que después de que cualquier persona sea expuesta a nuestras vidas y palabras, una cosa quede marcada en su mente y corazón: Jesucristo y su glorioso evangelio de radiante gracia (1 Cor. 2:1-5). Todo lo demás, incluyéndonos a nosotros, puede ser olvidado.

John Bunyan y el Llamado pastoral

Por Matt Haste

En la esquina suroeste del prado de St. Peter del poblado inglés de Bedford, cerca de la calle hay una estatua de bronce de un hombre. Los ojos del hombre están mirando hacia el cielo y hay una Biblia en sus manos; él tiene una expresión de desesperación en su rostro, pero parece preparado para hablar una palabra de verdad en cualquier momento con el fin de suplicar a los transeúntes. Aparentemente, esa es exactamente la manera en que John Bunyan quería ser recordado.

Su representación del pastor ideal en su famosa alegoría titulada El Progreso del Peregrino, suplicaba la inspiración de la estatua. Con su espalda hacia el mundo y su mirada hacia el cielo, el hombre estaba entre los pocos autorizados a guiar a otros en su camino hacia la ciudad celestial. Bunyan era un puritano típico en su veneración del pastorado. Y con esa visión del ministerio pastoral podríamos pensar, ¿cómo es que los puritanos disciernen quien fue llamado por Dios a su gran obra?

EL CONCEPTO PURITANO DEL LLAMADO
El concepto puritano del llamado fue construido bajo las convicciones de la Reforma acerca de la vocación. Como lo expresa William Perkins, el llamado de alguien es una mayordomía «ordenada e impuesta por Dios para el bien común». Según la mente puritana, Dios designó a cada persona para una vocación particular con el fin de cumplir sus propios propósitos soberanos. Si Dios llamaba a un hombre al pastorado, los puritanos creían que su vida reflejaría ciertas características que confirmaban su llamado.

Un estudio de los escritos puritanos sobre el tema revela que los puritanos no destacaban un aspecto del llamado por encima del resto, sino que buscaban unir las características que demostraban la mano de preparación sabia de Dios. Cuando un hombre cumplía con los requisitos necesarios: convicción para dirigir y enseñar, capacidad para el trabajo, carácter como Cristo y confirmación del pueblo de Dios, entonces y solo entonces podía considerarse llamado al ministerio.

EL LLAMADO DE BUNYAN AL MINISTERIO
El camino recorrido por John Bunyan hacia el pastorado es una ilustración útil de la manera en que estos principios obraron en la vida de un hombre. Luego de varios años de su conversión, algunos miembros de su iglesia local que lo observaban comenzaron a reconocer su potencial. Tal y como él escribió en su autobiografía espiritual titulada Grace Abounding to the Chief of Sinners [Gracia abundante para el mayor de los pecadores], ellos «pudieron percibir que Dios me había hecho digno de comprender algo de su voluntad en su santa y bendita palabra, y que me había otorgado la capacidad de declararla en alguna medida, de expresar a otros lo que veía para su edificación».

Por tanto, le pidieron a Bunyan que expusiera una «palabra de exhortación» en una próxima reunión, lo cual a su vez fue bien recibido. Como Bunyan reportó más adelante, «descubrí mi don entre ellos» ya que la congregación fue «tanto afectada como confortada». Luego se le pidió que predicara varias veces más y él comenzó a orar y ayunar por sabiduría. Cuando la iglesia lo designó para un papel de predicación más frecuente, él confesó: «evidentemente encontré en mi mente un secreto que dirigía hacia ello». Su corazón se enfocó especialmente en 1 Corintios 16:15, donde en la versión autorizada que Bunyan leía hablaba de que los apóstoles «se dedicaron al ministerio de los santos». Al sentir que este mismo deseo aumentaba en su propio corazón y seguir viendo el fruto de su trabajo Bunyan concluyó, «por tanto, estas cosas fueron otra confirmación para mí, de que Dios me había llamado y acompañado en esta labor».

Bunyan fue reconocido primeramente por su carácter y luego probado para evaluar su capacidad. Mientras la iglesia confirmaba sus dones, él comenzó a desarrollar la convicción de que debía servir al Señor de esta manera. La suma de esos elementos llevó a Bunyan a concluir con el hecho de que en realidad había sido llamado al ministerio. Bunyan permaneció confiado en su llamado aún cuando enfrentó persecución y pasó doce años en la cárcel de Bedford, donde se encuentra su estatua hasta el día de hoy. Él se convirtió más adelante en uno de los predicadores más apreciados y autores más influyentes de la era puritana, pero solo luego de que estuvo seguro de que cumplía con todos los requisitos necesarios.

LLAMADO Y CALIFICADO
La perspectiva puritana sobre el llamado no está por encima de la crítica, pero las siguientes recomendaciones destacan la sabiduría que sus escritos ofrecen a los pastores de hoy en día. Cada punto provee un contraste útil con el enfoque de muchos evangélicos modernos.

Primero, los puritanos vieron el llamado al ministerio en el contexto del desarrollo de una doctrina de la vocación. En lugar de volver al pensamiento medieval que dividía lo sagrado de lo secular, los puritanos reconocieron que todas las personas son llamadas por Dios y dotadas para vocaciones específicas.

Segundo, los puritanos enfatizaron lo externo en lugar de la confirmación interna. Ellos motivaron al hombre a considerar los dones que Dios le había otorgado, las oportunidades que estaban ante él y especialmente la manera en que otros le respondían. Esto atribuyó la responsabilidad primaria a la sabiduría colectiva de la iglesia y sus líderes en lugar de la evaluación subjetiva del individuo.

Finalmente, el enfoque puritano era multifacético en lugar de místico o minimalista y en lugar de simplificar más el proceso o destacar un aspecto del llamado por encima del resto, los puritanos motivaron a los jóvenes a ver el asunto a partir de diferentes ángulos. Las cuatro características señaladas en este artículo: convicción, capacidad, carácter y confirmación, permanecieron relativamente iguales en lo que se refiere a ayudar a alguien a determinar si Dios lo había capacitado para el ministerio vocacional. Y esta inclinación es paralela a una práctica que es enseñada por otra serie de palabras claves que pueden ser familiares para algunos lectores.

En el siglo veinte los gemólogos identificaron «cuatro Cs» que ayudaban a clasificar la calidad de un diamante: el corte, los quilates, el color y la claridad. Cada característica sirve de indicador para la calificación general de la piedra, pero ninguna medida es suficiente en sí misma para determinar el valor del diamante. Un joyero sabio examina el diamante a partir de todos los ángulos, fijando sus ojos experimentados en las potenciales imperfecciones o deficiencias. Una gran marca en una categoría podría distorsionar la evaluación de un novato porque un experto sabe como calificar la piedra a través de las cuatro categorías.

El paralelo de los cuatro temas discutidos aquí es instructivo. Y así como los diamantes son evaluados a través de una serie específica de categorías establecidas, debemos también entrenar a los jóvenes para que se evalúen a sí mismos. Rechazando un enfoque simplista, deben observar sus vidas a partir de todos los ángulos y buscar ayuda de otros para descubrir si Dios verdaderamente los ha capacitado para la obra del ministerio. Bunyan y los puritanos entendieron el alto llamado del pastorado y estuvieron dispuestos a proteger el oficio. Ellos ofrecieron un ejemplo sabio para ayudar a los hombres jóvenes a determinar si habían sido llamados por Dios a servir como pastor hoy en día.

Matt Haste es profesor asociado de espiritualidad bíblica y director de estudios doctorales profesionales en el Seminario Teológico Bautista del Sur

LAS CARACTERÍSTICAS DE UN OBRERO EFICAZ

Alex Montoya ha sido el pastor principal en FFBC desde 1972. El pastor Montoya se ha desempeñado como profesor asociado de Ministerio Pastoral en The Master’s Seminary y anteriormente fue profesor de griego en el Seminario Teológico Talbot.
Es miembro y expresidente regional de las Iglesias Fundamentales Independientes de América (IFCA).Fundó el Seminario Bíblico Fundamental y es el autor del libro “Predicando con pasión”.
Él y su esposa Favy tienen hijos adultos casados y varios nietos.

El evangelio de la gracia soberana de Dios

POR: JOEL BEEKE

Un libro del Nuevo Testamento que hace un hincapié particular en la asombrosa gracia soberana de Dios es la carta de Pablo a los Romanos. Según Pablo, esta gracia hace que tanto judíos como gentiles sean coherederos del reino de Dios con el fiel Abraham (Rom. 4:16). Establece paz entre Dios y los pecadores, quienes son sus enemigos (Rom. 5:2). Solo esta gracia es más fuerte que las fuerzas del pecado, trayendo libertad genuina y duradera del dominio del pecado (Rom. 5:20-21; 6:14). La gracia divina equipa a los hombres y mujeres cristianos con dones variados para servir en la iglesia de Dios (Rom. 12:6). Esta gracia en última instancia va a conquistar a la muerte y es el presagio seguro de vida eterna para todos los que la reciben (Rom. 5:20-21), porque es una gracia que data de antes de la creación del tiempo y, sin respetar el mérito humano, elige hombres y mujeres para la salvación (Rom. 11:5-6).

Esta idea de que la salvación se debe totalmente a la gracia de Dios es el tema central no solo en Romanos sino también en todas las epístolas de Pablo. Por ejemplo, Pablo comienza su carta a los Filipenses con una oración por la Iglesia en la que dice: “el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (1:6). “La simiente de Dios vendrá a la cosecha de Dios”, escribe Samuel Rutherford. La salvación no es ni nuestra ganancia ni nuestra obra. Es por eso que Pablo oraba con gozo y acción de gracias cada vez que recordaba los Filipenses. Si el hombre habría comenzado la obra de la salvación, la continuaría, y tendría que completarla, la alabanza de Pablo sería silenciada. Pero debido a que la salvación fluye de una obra divina que persiste día a día a pesar de las luchas y contratiempos del hombre, una obra que sin duda se perfeccionará en el gran día, todo es para alabanza de la gloria del Dios trino. Es por esto que Pablo da gracias a Dios por todas las doctrinas de la gracia, y es movido a gozo cada vez que piensa en los creyentes siendo atraídos a Cristo. Al aferrarnos a la gracia de Dios, nosotros, al igual que Pablo, podemos ser cristianos gozosos que victoriosamente confiesan: “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom. 8:31).

La gracia nos llama (Gal. 1:15), nos regenera (Tito 3:5), nos justifica (Rom. 3:24), nos santifica (Heb. 13:20-21), y nos preserva (1 Pe. 1:3-5). Necesitamos de la gracia para ser perdonados, para volvernos a Dios, para sanar nuestros corazones rotos, y para fortalecernos en tiempos de problemas y de guerra espiritual. Solo mediante la gracia libre y soberana de Dios podemos tener una relación salvadora con Él. Solo a través de la gracia podemos ser llamados a la conversión (Ef. 2:8-10), la santidad (2 Pe. 3:18), el servicio (Fil. 2:12-13) o sufrimiento (2 Cor. 1:12).

La gracia soberana aplasta nuestro orgullo. Nos avergüenza y nos humilla. Queremos ser los sujetos, no los objetos, de la salvación. Queremos ser activos, no pasivos, en el proceso. Nos resistimos a la verdad de que Dios es el único autor y consumador de nuestra fe. Por naturaleza, nos rebelamos contra la gracia soberana, pero Dios sabe cómo romper nuestra rebelión y hace que seamos amigos de esta gran doctrina. Cuando Dios le enseña a los pecadores que su misma esencia está depravada, gracia soberana se convierte en la doctrina más alentadora posible.

Desde la elección hasta la glorificación, la gracia reina en espléndida soledad. Juan 1:16 dice que recibimos “gracia sobre gracia”, que literalmente significa “gracia frente a la gracia”. La gracia sigue a la gracia en nuestras vidas como las olas siguen unas a las otras hasta la orilla. La gracia es el principio divino por el cual Dios nos salva; es la provisión divina en la persona y obra de Jesucristo; es la prerrogativa divina que se manifiesta en la elección, el llamado, y la regeneración; y es el poder divino que nos permite abrazar libremente a Cristo para que podamos vivir, sufrir y hasta morir por su causa y ser conservado en Él por la eternidad.

Los calvinistas entienden que, sin la gracia soberana, todo el mundo se perdería para siempre. La salvación es completamente por gracia y es toda de Dios. Primero tiene que venir vida de Dios antes de que el pecador pueda levantarse de la tumba.

La gracia gratuita clama por tener expresión en la iglesia de hoy en día. Las decisiones humanas, manipulaciones de multitudes y llamados al altar no producirán convertidos genuinos. Solo el evangelio antiguo de la gracia soberana capturará y transformará a los pecadores por el poder de la Palabra y el Espíritu de Dios.

Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por Markos Fehr.
Dr. Joel R. Beeke es el presidente y profesor de teología sistemática y homilética en el Puritan Reformed Theological Seminary y un pastor en Heritage Netherlands Reformed Congregation en Grand Rapids, Mich.

¿Por Qué Algunos Pastores Deliberadamente Evitan Enseñar Doctrina?

¿Por Qué Algunos Pastores Deliberadamente Evitan Enseñar Doctrina?
Por Jim Elliff

He participado en iglesias líderes durante cuatro décadas, con énfasis en la plantación de iglesias en los últimos años. También visité y me dirigí a cientos de iglesias de todo el mundo y he tenido el privilegio de conocer a miles de líderes cristianos. Durante este tiempo, he visto una involuntaria imprecisión doctrinal por parte de muchos pastores que se vuelve intencional. En otras palabras, he sido testigo de la aparición de una nueva «sabiduría convencional». En pocas palabras, es la «sabiduría» de intentar rodear a más personas para nuestras iglesias mediante una minimización descarada, o tal vez casi la erradicación, de las influencias restrictivas de la doctrina. Lo que los pastores solían hacer (debido a que se les enseñó pobremente tal vez), ahora lo hacen por intención, todo para el crecimiento de la iglesia.

El problema es que funciona.

Por ejemplo, acabo de visitar a un amigo con respecto a una gran iglesia en nuestra área que ha crecido excepcionalmente bien. El pastor principal de esta iglesia es un hombre inteligente que tiene algunas creencias distintas que afirma personalmente. Puedo hablar con él sobre la doctrina cuando estoy solo. Él lee y conoce la Biblia. Pero, en su liderazgo y predicación, él tiene toda la intención de no ir más allá de los asuntos más elementales, y parece no estar preocupado de que su pueblo difiera en las principales doctrinas, algunas de las cuales son más significativas. Fuera de expresiones del evangelio y algunos «cómo hacer», no hay mucho de qué hablar en su predicación. Él ha creado una estación de parto, pero no mucho más.

La doctrina es estrecha. Y no nos gusta esa palabra «estrecha». Donde encontrarás a una persona que se siente atraída por la sana doctrina, encontrarás cientos que quieren permitir que todo tipo de creencias sean toleradas. He estado en tales iglesias donde se escucharon las grandes herejías como si fuera perfectamente permisible mantener tales puntos de vista como «su opinión». Y no estoy hablando de la opinión del invitado, sino de la opinión del miembro.

Esto también sucede en el campo de la misión. Preparándome para una misión a Mozambique pronto, he estado leyendo los informes de un buen médico misionero que ha intentado plantar iglesias. Debido a que se preocupa por la doctrina, hay algunos dolores reales en la construcción de una iglesia. Él sabe que debido a la naturaleza comunitaria de la gente, una iglesia aparentemente grande podría construirse fácilmente. Mientras que él puede encontrar solo un puñado de creyentes en la mayoría de las iglesias en su área, puede haber diez veces más que simplemente asisten, creyéndose cristianos solo porque es su costumbre ser carpinteros. Si él evitara la doctrina a favor del evangelismo superficial, construiría una gran iglesia no regenerada. ¿Eso es útil para el reino? Él no lo cree así. Pero él es la excepción.

Pocos Piensan En Esto

En toda esta aceptación del desorden doctrinal y el miasma de creencias, encuentro que muchos han desatendido totalmente un principio que debería ser obvio para cualquier lector de la Biblia. Quiero decir esto: los apóstoles comenzaron iglesias con la intención de cultivarlas lo más sólidamente posible por medio de un constante y meticuloso interés en la doctrina. Los datos bíblicos están abrumadoramente en línea con esta conclusión.

Los apóstoles vieron a la iglesia como «la columna y baluarte de la verdad» (1 Tim.3:15). Y entonces, prestar atención a la doctrina era primordial para ellos. Estoy seguro de que todo el futuro de la obra estaba en mente cuando Pablo y los otros apóstoles enfatizaron una gran variedad de doctrinas críticas. Mientras que diríamos: «Por lo menos tenemos un testigo en la ciudad de algún tipo, predicando a Cristo», los apóstoles dirían: «Debido a que esta iglesia es testigo en la ciudad, y otras iglesias vendrán de esta o emularán su creencias y prácticas, debemos ser aún más precisos.» Hay un mundo de diferencia entre las dos escuelas de pensamiento.

Y estas doctrinas debían ser «enseñadas» y «predicadas». En otras palabras, no era la prerrogativa de esos ancianos que fueron designados por los apóstoles para minimizar la importancia de la precisión doctrinal. Del mismo modo, no creo que podamos ser como Jesús o ser como los apóstoles en nuestro liderazgo sin enfatizar lo que ellos enfatizaron. De hecho, es absurdo pensar lo contrario. No creo que Pablo escuchara con mucha simpatía nuestra explicación de por qué hemos minimizado la doctrina por el bien del crecimiento de la iglesia.

Todos nosotros somos conscientes de la necesidad de evitar ser doctrinarios, es decir, de enseñar doctrina de una manera estéril y pedante, sin aplicación y «calor» devocional. Miren a Jesús y Pablo como ejemplos perfectos de cómo enseñar la doctrina correctamente. Si enseñamos las Escrituras fiel y exactamente como se dijo, enseñamos automáticamente buena doctrina. Tenemos que ser muy astutos para evitarlo. Pero muchos lo descartan, ya sea seleccionando y abordando pasajes que solo son conductuales, o evitando la Escritura del todo, o al ser un desviador, como un pastor que predica el manejo del tiempo basado en el clamor de Jesús, “Consumado es.”

Olvidamos que las doctrinas difíciles de las que hablamos se encuentran en las Cartas a las Iglesias. Estas fueron epístolas que contenían las mismas verdades de las que nos negamos a hablar en nuestras iglesias. ¿Ve la incongruencia? ¿Es realmente correcto pensar que no deberíamos hablar sobre esas doctrinas que fueron el elemento básico de las primeras iglesias? Sé que soy demasiado obvio, pero ¿no hemos pasado por alto este hecho? Y muchos de esos pasajes difíciles que tenemos mucho miedo de enseñar fueron escritos en iglesias nacientes. Pablo pensó que era crítico presentar toda la verdad a estas personas (Hechos 20:27). Él no se «intimidó» de hacer esto. Pero nosotros si.

Lo que estoy diciendo es que no tenemos el lujo de evitar estas cosas porque queremos hacer crecer una iglesia más grande. ¿Cuál es el efecto de un nuevo comienzo de iglesia en Nueva Guinea si crece por imprecisión doctrinal? Ciertamente puedes imaginar que generaciones de iglesias después de eso compartirán una vaguedad similar sobre creencias y prácticas y dejarán tal vez miles (y tal vez millones, es decir, algunas denominaciones erróneas ejemplifican esto) enseñando error, o al menos abierto a creencias divergentes que serán dañinas a los creyentes y el éxito del movimiento. No es sólo una doctrina errónea lo que hará esto, sino también la vacuidad de la doctrina. Seguramente se puede ver que el error en los movimientos cristianos es algo que se enseña y se propaga una iglesia a la vez, un líder a la vez, pero que tiene un efecto de impregnación a largo plazo. Esto es así no solo en una situación de plantación de iglesias vírgenes, sino también donde hay numerosas iglesias. Somos irresponsables para dejar la precisión doctrinal fuera de la ecuación en el comienzo de nuestra iglesia y el crecimiento de la iglesia. La negligencia (a menudo negligencia planificada) es destructiva.

Negligencia En El Cumplimiento Del Deber

Se supone que los ancianos, de todas las personas, deben preocuparse por la doctrina. En nuestros días, esta es una suposición que no está encontrando mucho apoyo, pero debe ser así. Si esto no es así, entonces se debe elegir un equipo de ancianos completamente nuevo. Es parte de la descripción del trabajo. Pablo dice que un anciano debe estar “reteniendo la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen.” (Tito 1:9).

Cuando los ancianos se reúnen, es parte de su responsabilidad trabajar en lo que creen. Por ejemplo, ¿cuál es la opinión de los ancianos sobre el divorcio y las segundas nupcias?. ¿Cuál es su punto de vista sobre la ley? ¿O elección? ¿O la naturaleza del hombre? ¿Cuál es su creencia en la Creación? ¿O sobre la pluralidad de ancianos? ¿O con respecto a los dones espirituales? ¿O sobre la naturaleza de la expiación? ¿O sobre el papel de las mujeres? Si los ancianos no saben en qué creen, ¿cómo pueden cumplir el requisito de Tito 1:9 mencionado anteriormente?

Dado que los ancianos (también llamados supervisores y pastores) deben preocuparse por la doctrina, les conviene hacer que las reuniones de sus ancianos sean más que simples reuniones de negocios sobre las cosas más mundanas o simplemente reuniones de visión sobre nuevas ideas. Sé que debemos hacer algo de eso. Las iglesias sin visión son iglesias moribundas, por supuesto. Pero los pastores deben trabajar duro para perfeccionar lo que creen. Deben dar meses de estudio y discusión en varias posiciones doctrinales para que se familiaricen con ellas y estén listos para enseñarlas. Después de pensar en una doctrina, deben reunirse con los hombres y luego con toda la iglesia para transmitir y enseñar lo que han aprendido.

Una vez que llegan concienzudamente a lo que creen acerca de las doctrinas cardinales, estarán dispuestos a pagar un precio por ellas. Después de todo, es Dios hablando estas doctrinas a ellos.

A medida que las personas aprenden que un anciano tiene opiniones claras sobre las cosas, será respetado como una persona que puede ayudar a comprender y orientar a las familias y los discípulos veteranos, así como a los niños y los nuevos creyentes.

Actúa Bíblicamente Ahora

Pablo hace mi premisa lúcida cuando dice que debemos “combatiendo unánimes por la fe del evangelio,” (Filipenses 1:27). Él entrena a los líderes con las palabras, “Pero en cuanto a ti, enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1), y “Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2). Él se preocupa: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina” (2 Timoteo 4:3).

Judas nos mostró la importancia de la doctrina cuando dijo que debemos “contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos.” (Judas 3). Pedro pensó que era necesario animarnos “para que recordéis las palabras dichas de antemano por los santos profetas, y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por vuestros apóstoles.” (2 Pedro 3:1-2). Él nos advierte a “no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” (2 Pedro 3:17-18).

Juan se regocija al encontrar “algunos de sus hijos caminando en la verdad, así como hemos recibido el mandamiento del Padre de hacerlo,” pero advierte: “Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa, ni lo saludéis, pues el que lo saluda participa en sus malas obras.” (2 Jn 4:9-11).

Para nosotros aun si intentamos construir iglesias minimizando la doctrina es una filosofía tan alejada del propósito original de Cristo y Sus apóstoles que uno se preguntaría si estábamos en el mismo movimiento. Cuán cerca está esto de la predicción de Pablo cuando dijo que “se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2 Timoteo 4:3-4) Está demasiado cerca para mí.

Por lo tanto, le pido que reconsidere cómo usa su liderazgo. Hay mucho que hacer. Debemos ser amables y reconfortantes, orar y estar disponibles, ser transparentes y visionarios, pero como líderes no podemos descartar lo que Dios insiste. Si no fuera tan inequívoco, podríamos tener espacio para debatir la sabiduría de esto. Dado que esta verdad se repite ad infinitum en la Palabra, ¿qué puede decir alguien en contra de ella?

Por lo tanto, entréguese a la sana doctrina y enfatícela a partir de ahora. Si no puede hacer esto, renuncie.

Y, si usted no es un pastor sino un oyente, acuda a los responsables de dispensar la verdad con un llamado sincero para que le enseñen doctrina sin compromiso. Dígales que no puedes crecer sin eso.

Muéstranos cómo terminar bien

El Blog de Ligonier

Serie: De una generación a otra

Muéstranos cómo terminar bien
Por Wiley Lowry

Nota del editor: Este es el duodécimo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra

Terminar bien comienza ahora. Puede que admitir la vejez sea una lucha muy antigua, pero los cristianos jóvenes necesitan los ejemplos de los santos mayores que han aceptado su edad y están cultivando el fruto espiritual en sus últimos años.

El estímulo de nuestros amigos ancianos es una bendición especial. Sidney era casi sesenta años mayor que yo, pero en los últimos años de su vida fue uno de mis amigos más cercanos. Me llamaba por teléfono, y sus primeras palabras solían ser: «Habla el viejo». Sidney aceptó su edad y, como disfrutó el amor de Dios durante muchas décadas, estaba comprometido con terminar bien.

Sidney me mostró cómo terminar bien con dos palabras. En una ocasión, fui con él a ver a un amigo moribundo, y Sidney se inclinó junto a su amigo, habló con él en voz baja, oró con él, y luego le dijo : «Billy, dos palabras: te… amo…». Eso era todo, dos palabras sencillas pero notables. Y ese era Sidney: amaba a las personas de un modo sencillo pero notable. Ya fuera su esposa, que sufría de Alzheimer; sus médicos y enfermeras, que lo cuidaron durante un cáncer y un derrame cerebral, o el camarero que le traía café antes del almuerzo, Sidney quería saber de ellos, cómo estaban y cómo podía ayudarlos y orar por ellos. Vi cómo el «viejo» servía a Dios y a los demás con esas dos palabras sencillas.

La gran bendición de ver a alguien terminar bien no es solo que aprendemos cómo vivir mañana; en realidad, es que aprendemos cómo vivir hoy. Los hombres y mujeres que siguen viviendo la segunda mitad de su vida con madurez y fidelidad a Dios son una motivación para que las generaciones jóvenes vivan de esa misma forma ahora.

En el Nuevo Testamento, leemos que Timoteo disfrutó las bendiciones de contar con ejemplos fieles y piadosos. No solo tuvo a su abuela Loida y a su madre Eunice, que le ejemplificaron y enseñaron la fe, sino también a Pablo, que peleó la buena batalla, terminó la carrera y guardó la fe. Timoteo necesitaba las lecciones que aprendió de los hombres y las mujeres mayores para ser diligente y fructífero en el llamado de Dios. Piensa en algunos de los aspectos en que Pablo terminó bien:

Siguió consagrado a Dios en oración, alabanza, adoración y obediencia hasta el final.
Soportó las pruebas con gracia y valor.
Vivió con humildad, contentamiento, gratitud, gozo y esperanza.
Amó y sirvió a los demás, incluso cuando era difícil para él.
Recordó y formó a la generación venidera para el ministerio.
Se preparó para la muerte y estaba ansioso por estar con Cristo.
Pablo «terminó la carrera» y el patrón general de su vida fue un ejemplo de la gracia y perseverancia de Dios, pero, en realidad, las prioridades de la vida de Pablo son las mismas preocupaciones apremiantes a cualquier edad.

Cuando los creyentes jóvenes enfrentan horarios ocupados, presiones diarias y el costo de seguir a Jesús, quieren saber que todo estará bien. Nuestros temores pecaminosos y las mentiras del mundo insisten en que debemos buscar el éxito y el placer a toda costa, pero los creyentes maduros tienen el beneficio de la retrospectiva y la perspectiva para insistir en que el camino de Dios es el mejor. Necesitamos tener ejemplos vivos de sabiduría y vejez que testifiquen que Dios es fiel y que ser fiel a Él es, a fin de cuentas, lo único que realmente importa.

Nadie sabe lo que nos depara el mañana y siempre estamos entrando a etapas nuevas y desconocidas de la vida. Dios puede llamarnos a terminar antes de lo que habíamos planeado, pero Él es bondadoso. De hecho, el salmista nos da una oración y un camino a seguir:

Oh Dios, tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta ahora he anunciado tus maravillas. Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir (Sal 71:17-18).

Algunos pueden sentirse tentados a pensar que el llamado a terminar bien solo es relevante para las personas que tienen ochenta o noventa años, pero en realidad la preparación comienza mucho antes. El carácter y los hábitos piadosos que se desarrollan a través de los años son los patrones que emergen en la vejez e influyen a los creyentes más jóvenes de un modo inolvidable. La necesidad de ser fieles en la segunda mitad de la vida es demasiado importante como para esperar hasta que sea demasiado tarde. Por lo tanto, la petición es simple: muéstranos ahora cómo comenzar a terminar bien.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Wiley Lowry
El Rev. Wiley Lowry es ministro de cuidado pastoral en la First Presbyterian Church de Jackson, Mississippi, y profesor adjunto de Belhaven University.

Los falsos maestros y la justicia de Dios (2da parte) 

Iglesia Bautista Internacional

Serie: El espíritu de la apostasía

Los falsos maestros y la justicia de Dios (2da parte)

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

16 – ¿Van los Bebés al Cielo?

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

16 – ¿Van los Bebés al Cielo?

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

El Plan y las Obras de Dios – Lección 4/4

Ministerio Tercer Milenio

Serie: CREEMOS EN DIOS

Lección 4/4

El Plan y las Obras de Dios

Third Millennium Ministries
Serie: CREEMOS EN DIOS
¿Quién es Dios?

¿Cuáles son Sus atributos? – ¿Cuál es Su plan eterno? – ¿Cuáles son Sus obras en la historia?
En un nivel más fundamental, las Escrituras nos fueron dadas para enseñarnos acerca de quién es Dios y qué ha hecho por nosotros.
De hecho, conocer a Dios es esencial para que entendamos nuestro mundo y a nosotros mismos.
Es por eso que estudiamos lo que los teólogos llaman teología propia, o la doctrina de Dios.

Objetivos del Curso:

Introducir las preocupaciones principales de los teólogos sistemáticos con respecto a la teología correcta.
Discutir un enfoque sistemático para distinguir los atributos de Dios.
Examinar el plan y las obras de Dios, especialmente Sus decretos, Su creación y Su providencia.

Lección 1: Lo Que Sabemos De Dios
Lección 2: ¿Cómo Es Dios Diferente?
Lección 3: Como Dios Es Como Nosotros
Lección 4: El Plan y las Obras de Dios

Third Millennium Ministries» es un ministerio Evangélico Cristiano en la tradición Protestante, sin fines de lucro. Estamos reconocimos por la agencia de Servicios de Recaudación Interna (IRS) como una corporación 501 (c ) (3). Dependemos de la generosa contribución deducible de impuestos de las iglesias, fundaciones, negocios e individuos.

Nuestra misión es preparar a los líderes de las iglesias en sus propias tierras al crear un plan de estudios de seminario multimedia en cinco idiomas principales.

El divorcio de las generaciones

El Blog de Ligonier

Serie: De una generación a otra

El divorcio de las generaciones
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra

ace treinta años, prediqué un sermón titulado «Dedicado, respetuoso de la ley y trabajador», basado en 2 Timoteo 2, comenzando con el versículo 3. Mi vida, en especial sus primeros años, ha estado envuelta en tres metáforas de 2 Timoteo 2:3-7: el soldado, el atleta y el labrador. Cuando escribo palabras para la Generación Z (los que nacieron entre 1995 y 2015), estos son de los primeros versículos que vienen a mi mente.

Crecí en una finca ganadera y agrícola al noreste de Kansas. Por lo tanto, aprendí el valor del esfuerzo desde mi juventud. Ya estaba manejando un tractor en los campos de heno antes de comenzar el primer grado. Poco sabía entonces que el labrador que trabaja debe ser el primero en recibir su parte de los frutos (2 Tim 2:6). Entré a la escuela, y descubrí de inmediato que me gustaban los deportes.

Practiqué todos los deportes disponibles en la escuela secundaria (en esos años, no teníamos la gama de deportes que hay hoy, especialmente en una escuela pequeña), y jugué baloncesto en la universidad Geneva College. En ese escenario, aprendí que un atleta debe jugar de acuerdo con las reglas (v. 5). Tras trabajar como entrenador durante un año en Geneva College después de graduarme, fui reclutado por el Ejército de los EE. UU. y serví todo un año como infante y oficinista, partiendo con el rango de soldado raso en la 101ª División Aerotransportada en Vietnam. Mientras estuve allí, aprendí que un buen soldado debe ser dedicado y no debe enredarse en cuestiones civiles (v. 4).

Algunas personas están cada vez más preocupadas porque la generación joven, incluso los jóvenes del pacto, están posponiendo la adultez tanto como pueden. Y quizás eso se debe, en parte, a lo que ven en la vida de los que somos mayores. En estos días, el ocio lo consume todo. La economía del ocio es lo que hace funcionar gran parte de nuestro mundo actual. Esa es una de las razones por las que las ciudades costeras son tan populares. Vivimos en una economía basada en el ocio. Mi esposa me contó hace poco que conoció a un hombre que le dijo que, para él, todos los días son como sábados. Con esa afirmación, quiso decir que sus días no tienen las preocupaciones ni las responsabilidades de la semana laboral normal.

Quizás los millennials lo aprendieron de los baby boomers. Sin embargo, por la razón que sea, hoy existe una preocupación importante porque nuestros hijos posponen la adultez lo máximo posible. Hace varios años, escuché a Don Kistler, que entonces era director de Soli Deo Gloria Publications, decir que la edad promedio de una profesión de fe hace doscientos años era de cinco años. ¿Creen que a los puritanos les preocupaba que sus hijos estuvieran retrasando las responsabilidades de la adultez? No lo creo. Piensa en todos los puritanos que se formaron en grandes universidades durante su adolescencia.

Hoy en día, en algunos contextos, hay decisiones, como la de unirse a una iglesia como miembro comulgante, que se retrasan lo más posible. De muchas maneras, nuestros hijos pueden estar captando de sus padres el mensaje de que en verdad no están listos para la adultez.

Permíteme volver al soldado, al atleta y al labrador. El soldado sabe que para tener éxito, debe dejar de lado los intereses que no se relacionan con la vida de un soldado. ¿Te acuerdas de Urías hitita? Urías ni siquiera quiso acostarse con su esposa Betsabé cuando el rey David lo alentó. No se sentía cómodo durmiendo en la misma cama que su esposa cuando los demás soldados estaban en el campo de batalla durmiendo en el suelo.

El atleta compite según las reglas. Si no lo hace, corre el riesgo de hacer perder a su equipo. Muchos cristianos, tanto jóvenes como mayores, corren el riesgo de naufragar en lo relacionado a la fe por las pasiones del momento. Parece que piensan que no importa que tomen atajos o no tengan la intención de cumplir con sus compromisos.

El labrador es un trabajador esforzado. Durante los meses de verano, trabaja de sol a sol. Durante el invierno, prepara su maquinaria para la primavera y cuida de su ganado, sin importar cuánta nieve haya en el suelo.

Jóvenes cristianos, la Iglesia los necesita. Prepárense para la batalla. Háganse adultos. Esfuércense, apártense de lo que tan fácilmente los envuelve y obedezcan a su Padre celestial. Acuérdense de Jesucristo, resucitado de entre los muertos (2 Tim 2:8). Enfoquen los ojos en Jesús y en Él por encima de todo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jerry ONeill
El Dr. Jerry O’Neill es presidente emérito y profesor emérito de teología pastoral en el Reformed Presbyterian Theological Seminary, ubicado en Pittsburgh.