En el principio, Dios | Génesis 1:1

En el principio, Dios

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” — Génesis 1:1

Toda la Escritura comienza con una afirmación gloriosa: Dios es el origen de todo. Antes del tiempo, antes de la materia, antes del ser humano, Dios ya era. El relato no intenta probar Su existencia; simplemente la declara. En una sola frase, se nos muestra la majestad del Creador que habla, y el universo obedece. Génesis 1:1 nos recuerda que todo lo que existe proviene de Dios y existe para Su gloria. Nada es fruto del azar. Cada átomo, cada estrella, cada vida, fue formada por la voluntad soberana del Señor. En el principio, no hay caos fuera del control divino: hay orden, propósito y gracia en acción.

En 1968, durante la misión del Apolo 8, los astronautas dieron la vuelta a la luna por primera vez. Mientras contemplaban la Tierra suspendida en la oscuridad del espacio, uno de ellos, William Anders, tomó una Biblia y leyó al micrófono: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”Millones escucharon aquellas palabras desde el espacio. En ese momento, la humanidad, que había alcanzado un logro tecnológico sin precedentes, reconoció su pequeñez frente a la inmensidad de un Creador eterno.

La creación no solo muestra poder, sino intención redentora. Juan 1:3 nos dice que “todas las cosas por Él fueron hechas”, refiriéndose a Cristo. Desde el primer versículo de la Biblia, el Hijo eterno está obrando. Esto significa que el mundo no es un accidente; fue diseñado para reflejar la gloria del Hijo. La belleza de la naturaleza, el orden del universo y la vida misma son ecos de Su sabiduría. Sin embargo, este mundo caído nos recuerda que el hombre, al apartarse de su Creador, trajo la maldición del pecado. Pero aun así, Dios sigue buscando y llamando a pecadores por medio de Su Espíritu. El mismo Dios que dio forma al vacío del principio, hoy forma nueva vida en quienes confían y creen en Cristo……

Señor ayúdanos a comprender que cada amanecer, cada respiración, cada detalle de nuestra existencia nos grita: “Dios está en control”. En tiempos de incertidumbre, de prueba debemos recordar que Dios “en el principio” ya tenía un plan perfecto para nosotros, el cual si confiamos y perseveramos en la Fe de Dios nos traerá paz, una paz que busca y anhela el hombre, pero que no la encuentra en nada, ni nadie fuera de Dios.

Así como el universo no surgió sin propósito, tampoco tu vida es un accidente. Eres parte de la historia que Dios escribe con gracia. El mismo poder que hizo los cielos actúa en ti, moldeando tu carácter conforme a la imagen de Cristo.

Génesis 1:1 no solo abre la Biblia, abre también nuestro entendimiento: la vida comienza con Dios y solo encuentra sentido en Él. Cuando el alma reconoce su origen en el Creador, encuentra salvación, dirección, propósito y descanso. Todo empieza —y termina— en Dios…….

Padre amado, gracias por recordarme que Tú eres el principio y el fin. Nada en mi vida escapa de Tu control. Así como diste forma al vacío del universo, forma hoy mi corazón conforme a Tu voluntad. Hazme descansar en Tu poder creador y en la gracia de Cristo, que renueva todas las cosas. Porque en tiempo favorable me escuchaste, y en el día de la salvación me socorriste. ¡He aquí ahora el tiempo más favorable! ¡He aquí ahora es el día de salvación!», lo ruego en el nombre de Jesús, Amén.

«Recuerda que una mente renovada y un corazón firme en Cristo pueden transformar cualquier vida.»

Somos el Ministerio Alimentemos El Alma.

«Que la Gracia y la Paz de Cristo estén con todos ustedes hoy y siempre.»

Youtube: https://youtu.be/2GeweeghtZQ

¿Qué significa honrar a los padres hoy en día? | Veronica Valero

En un mundo que valora el individualismo, pensar en el mandamiento de honrar a los padres es muy importante. Esto desafía las tendencias culturales de hoy. 

Sin embargo, este principio bíblico sigue siendo muy importante hoy en día. No es solo una regla antigua, sino un criterio clave que Dios estableció para el bienestar de las familias y las sociedades.

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da”(Éxodo 20:12, NBLA).

Este mandamiento, ubicado estratégicamente como puente entre nuestros deberes hacia Dios y hacia el prójimo, destaca la importancia que el Creador otorga a las relaciones familiares. 

No es casualidad que el Señor vincule directamente el respeto a los padres con la obediencia a Él mismo. La honra a los padres refleja que entendemos la autoridad divina y establece el fundamento para todas las demás relaciones sociales.

El mandamiento de honrar a los padres es el único acompañado de una promesa específica. Nos invita a explorar su significado profundo y aplicación cotidiana.

El fundamento bíblico de honrar a los padres

El mandamiento de honrar a los padres aparece inicialmente en Éxodo 20:12 como parte del decálogo entregado a Moisés en el monte Sinaí. Es tan importante que se repite en Deuteronomio 5:16 para enfatizar la promesa: 

Este principio no quedó sólo en el Antiguo Testamento; en el Nuevo, el apóstol Pablo lo reafirma en Efesios 6:1-3

“Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra”. Efesios 6:1-3

Pablo identifica específicamente este mandamiento como “el primer mandamiento con promesa”, y subraya así su carácter único y su continuidad en la era cristiana.

La promesa de este mandamiento —”para que te vaya bien y tengas larga vida”— no es una fórmula mágica. Es un principio espiritual. Las sociedades que honran a los mayores son más estables. Las familias que respetan a las generaciones mayores tienen más bienestar. Las personas que agradecen a quienes les dieron la vida son más equilibradas ante los desafíos.

La Biblia establece así que la honra a los padres no es opcional ni temporal, sino un principio permanente del diseño divino para las relaciones humanas.

¿Qué implica honrar?

La honra a los padres va mucho más allá de la simple obediencia infantil. La palabra hebrea “kavod” significa “honrar”. Esta palabra está relacionada con “peso” o “gravedad”. Esto sugiere que debemos dar a nuestros padres una gran importancia.

Debemos valorarlos y tratarlos con la dignidad que merecen. Esta concepción abarca dimensiones mucho más profundas que el simple cumplimiento temporal de instrucciones concretas.

Honrar implica respeto expresado en palabras y actitudes. Significa cuidado práctico, especialmente en la vejez o enfermedad. Incluye gratitud por la vida recibida y los sacrificios realizados. Es también dignificación al tratar a los padres como personas de valor inherente, independientemente de sus logros o limitaciones.

Es importante entender que el mandamiento de honrar a los padres no es solo para una etapa de la vida. No se dirige solo a los niños pequeños que están bajo la autoridad de sus padres. Este mandamiento se refiere a una actitud que cambia con el tiempo. Evoluciona según las circunstancias de los hijos y de los padres.

La Biblia nos ofrece varios ejemplos de esta honra. Por ejemplo, José, a pesar de su posición de poder y autoridad en Egipto, honró a su padre, Jacob, al traerlo a vivir con él y cuidarlo en su vejez. 

Rut demostró extraordinaria honra hacia su suegra Noemí, cuando la acompañó y le proveyó de alimento y protección en circunstancias extremadamente difíciles. Y Jesús mismo, incluso desde la cruz, se aseguró de que su madre María fuera cuidada encomendándola al discípulo amado.

La honra, por lo tanto, es una actitud del corazón que se traduce en acciones concretas de respeto, cuidado y valoración.

Honrar en momentos difíciles

Una pregunta que surge frecuentemente es cómo honrar a padres que han sido abusivos, han estado ausentes o han tomado decisiones que han lastimado a sus hijos o familias. 

Aquí es crucial establecer que honrar no equivale necesariamente a aprobar conductas incorrectas. La honra no requiere sumisión a influencias negativas ni justificación de comportamientos dañinos.

El evangelio ofrece un enfoque redentor para estas situaciones complejas. El poder de Cristo nos ayuda a ver la diferencia entre la persona y sus acciones. La persona fue creada a imagen de Dios, pero sus acciones pueden estar manchadas por el pecado. 

Por eso, podemos honrar a los padres y establecer límites saludables. También podemos ofrecer perdón sin aceptar el abuso. Además, podemos buscar la reconciliación cuando sea posible, sin ponernos en situaciones dañinas.

La honra en momentos difíciles puede incluir orar por los padres que nos han lastimado. También implica hablar de ellos con respeto ante otros, evitando la difamación. Buscar ayuda profesional para sanar heridas es importante. Debemos confiar en que Dios puede redimir incluso las historias familiares más dolorosas. 

El mandamiento de honrar a los padres no anula otros principios bíblicos como la protección de los vulnerables o la búsqueda de la verdad y la justicia.

En estas situaciones, recordemos que nuestro Padre celestial entiende bien el dolor de las relaciones rotas. Él puede guiarnos sobre cómo honrar de manera saludable, incluso desde la distancia si es necesario.

La honra hoy en día

En el contexto contemporáneo honrar a los padres adquiere expresiones concretas según nuestra etapa de vida. Como adultos, la honra incluye cuidado emocional (mantener vínculos significativos), apoyo económico cuando sea necesario (1 Timoteo 5:8), y presencia genuina (tiempo de calidad, no solo por obligación).

En la vida diaria, la honra se muestra en nuestro lenguaje. Esto incluye cómo hablamos con nuestros padres y de ellos con otros. También se refleja en nuestras actitudes, como tener paciencia con sus limitaciones o diferencias generacionales. Además, se ve en nuestras decisiones, al pensar en cómo nuestras elecciones les afectan.

Un aspecto fundamental del mandamiento de honrar a los padres es transmitirlo a las nuevas generaciones. Enseñamos esta norma principalmente con nuestro ejemplo. Cuando nuestros hijos nos ven honrar a sus abuelos, ellos aprenden. 

Los honramos llamándolos, visitándolos y hablando bien de ellos. También consideramos sus consejos y los cuidamos en momentos difíciles. Así, ellos aprenderán a tratarnos a nosotros en el futuro.

Es importante crear oportunidades para que las generaciones se conecten, compartan historias y construyan recuerdos significativos. Las familias que honran sus raíces suelen tener un sentido más profundo de identidad y pertenencia. El mandamiento con promesa se convierte así en un legado intergeneracional.

En una cultura que a menudo margina a los ancianos o idolatra la juventud, vivir el mandamiento de honrar a los padres ofrece un poderoso testimonio contracultural. Cuando las comunidades cristianas cuidan y valoran a los mayores, muestran un aspecto importante del carácter de Dios. Dios se identifica como Padre y honra la función de ser padre en su ley.


El mandamiento de honrar a los padres trasciende su estructuración legal y nos revela un principio espiritual de profundo alcance. Honrar a nuestros padres es reconocer el orden establecido por Dios, valorar nuestras raíces, y participar en un ciclo de bendición intergeneracional. Es el único mandamiento acompañado específicamente de una promesa, lo cual su importancia para el bienestar individual y colectivo.

Este principio bíblico nos plantea un reto tanto personal como práctico: ¿De qué manera honro a mis padres actualmente? ¿Mis palabras, actitudes y comportamientos reflejan la importancia que Dios da a esta relación? ¿He dejado que los conflictos, desacuerdos o simplemente la falta de atención debiliten mi compromiso con este mandamiento?

La invitación está abierta para redescubrir la honra a los padres no como una obligación cultural anticuada, sino como un acto vital de fe y obediencia. Cualquiera que sea tu relación con tus padres, el principio bíblico sigue siendo válido.

Puede que tengas una relación cercana o lejana. Tal vez sea buena o tensa. Incluso puede que solo los recuerdes si ya han partido. La promesa sigue: “para que te vaya bien y tengas larga vida en la tierra”.

Vivir este mandamiento con promesa puede transformar a nuestras familias y nuestra comprensión de la autoridad, la gratitud y el valor inherente de cada persona creada a imagen de Dios.

¿Algo está mal cuando las mujeres cristianas luchan por un lugar en las plataformas y conferencias, más que disfrutar de su hogar al lado de su esposo e hijos? | Karla de Fernández


Me atrevo a decirlo así, porque, cuando disfrutas de tu hogar, lo último que quieres es estar hablando a mujeres y hombres desde un escenari
La Biblia nos habla y enseña a vivir en familia, en comunidad, compartiendo unos con otros en nuestra iglesia local.
Si tienes la oportunidad de en algún momento compartir con muchas mujeres a través de un taller o una conferencia, gloria a Dios, Dios te use y sea glorificado. No estoy peleada con eso.
Solo te animaría a ver a tu alrededor, tu casa, tu familia, tu iglesia local. Seguramente podrás ayudar más ahí, ¿por qué estás en el lugar donde estás? Porque todos los miembros del cuerpo se ayudan entre sí, juntos (Ef. 4).
Quizás seas el único miembro sano que Dios usará para traer convicción a la vida de una persona más, y esa persona a otra más y a otra más ¡Qué glorioso!
Así, juntos, será más sencillo ser luminares en un lugar donde quizá la luz del evangelio no les ha resplandecido.
No busquemos plataformas, mujer, usemos los dones y talentos que Dios nos ha dado para impactar en el hogar a los hijos que en un futuro serán quienes hablen el evangelio.
No menospreciemos ese lugar glorioso que Dios nos ha dado en el hogar, por querer explotar esos dones y talentos en buscar la fama temporal y banal que trae un escenario.
Cuida y guarda tu corazón. Cualquiera puede suplirte en un escenario, pero nadie puede hacerlo en tu hogar.
🌷«No les tengan miedo. Acuérdense del Señor, que es grande y temible, y luchen por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus mujeres y sus casas».
(Neh. 4:14 NBLA).
¡Luchemos por más familias fuertes! Esa es la prioridad.
Caminemos uno al lado del otro, conociéndonos, siendo íntegros, hospitalarios, amando al de al lado; esto conlleva tiempo, esfuerzo y mucho amor por las almas de aquellos por quien Cristo también murió.
Dios nos ayude y guíe a edificar hogares sólidos, familias fuertes que luchen por más familias fortalecidas en el Señor.

Karla de Fernández está casada con Jorge Carlos y es madre de tres varones. Con su esposo radican en Querétaro, México, donde son miembros de la iglesia A Su Imagen. Es autora de Hogar bajo Su graciaEl azul es para los niños, El temor y nuestra sed de aprobaciónUna mujer elegida y Femenina, no feminista. Puedes encontrarla en YouTubeInstagramFacebook y Twitter.

5 mitos sobre la atención a enfermos terminales | Kathryn Butler

Nota editorial: Esta artículo pertenece a una serie de 21 artículos relacionados con los mitos acerca de los temas más relevantes de la teología y la vida cristiana. Puedes leerla en este enlace. Esta serie fue publicada originalmente en inglés porCrossway. A continuación 5 mitos sobre la atención a enfermos terminales:

Mito #1: No hay razón para hablar de la atención a enfermos terminales hasta que surge la necesidad. ¿Quién quiere hablar de la muerte?
Pocas cosas detienen tanto una conversación como el tema de la muerte. Es la consecuencia vulgar de la caída, la paga del pecado digna de nuestro desprecio (Ro. 6:23). Nadie siente placer al hablar de ella. Sin embargo, la administración de las vidas que Dios nos ha dado es importante incluso hasta el final (1 Cor. 6:19-20), y con mucha frecuencia, la muerte inminente nos priva de dar una opinión cuando más necesitamos hablar. Una enfermedad grave altera la conciencia. La asistencia respiratoria por medio de un respirador requiere que se coloque un tubo de silicona en nuestras cuerdas vocales, y para tolerar ese tubo, necesitamos sedantes que nos prohíben comunicarnos. Dadas estas dificultades cuando nos golpea la tragedia, somos pocos los que podemos articular nuestras prioridades, mucho menos tomar en cuenta la voluntad de Dios en oración. Si posponemos hablar sobre la atención a enfermos terminales “hasta que surja la necesidad”, corremos el riesgo de sufrir excesivamente y no hablar del tema. Nuestro silencio con respecto a la atención a enfermos terminales también puede amontonar una carga aplastante en nuestros seres amados. Si los doctores no pueden comunicarnos las decisiones médicas, se acercarán a quienes sean más allegados, y muchos de ellos no se sienten preparados para cumplir ese papel. Los seres queridos padecen altas tasas de depresión, ansiedad, duelos complicados e incluso, estrés postraumático hasta un año después del fallecimiento de un familiar en una unidad de cuidados intensivos. Las conversaciones acerca de los enfermos terminales son incómodas y difíciles. Pero en esta era de tecnología médica compleja son esenciales, con ramificaciones que van más allá de nosotros mismos.

Mito #2: La Biblia nos manda a prolongar la vida a toda costa
El Señor nos confía la vida y nos pide que la valoremos. Él nos creó a Su imagen con el fin de administrar Su creación y para servirle (Gén. 1:26; 2:19-20), y la Biblia claramente nos enseña a atesorar la vida y a esforzarnos por glorificarle en todo (Éx. 20:13; 1 Co. 10:31; Rom. 14:8). La santidad de la vida mortal ordena que, cuando se lucha con una gama de opciones médicas, debemos considerar los tratamientos que sostengan la vida que sirvan para curar. Sin embargo, la santidad de la vida no rechaza la certeza de la muerte (Rom. 5:12, 6:23). Pese a que la Biblia nos guía a buscar tratamientos que ofrezcan esperanza de recuperación, no nos impone aceptar intervenciones que prolonguen la muerte o que inflijan sufrimiento sin beneficio alguno. “Hacer todo lo posible” por salvar una vida puede ser lo correcto. Pero cuando se hace sin discernimiento, este enfoque puede imponer un sufrimiento innecesario cuando la oración compasiva es más importante. Finalmente, si nos cegamos a nuestra propia mortalidad, rechazamos la resurrección. Pasamos por alto que nuestros tiempos están en Sus manos (Sal. 31:15; 90:3) y desechamos el poder de Su gracia en nuestras vidas, la verdad de que Dios obra en todas las cosas —incluso, la muerte— para el bien de quienes le aman (Jn. 11; Ro. 8:28).

Mito #3: Dios debe sanarme si oro con el fervor suficiente
Dios sí sana y puede hacerlo. En mi experiencia como médico, Él usó la recuperación improbable de un paciente para atraerme hacia Él. Durante Su ministerio, Jesús realizó sanidades milagrosas que glorificaron al Padre y profundizaron la fe (Mt. 4:23; Lc. 4:40). La Biblia nos alienta a orar con sinceridad (Lc. 18:1-8; Fil. 4:4-6), y si el Espíritu nos mueve a orar por la sanidad, sea de nosotros mismos o de nuestro prójimo, debemos hacerlo con fervor. No obstante, mientras oramos, debemos atender a una diferencia importante; aunque Dios puede sanarnos, jamás debemos presuponer que debe hacerlo. La muerte nos alcanza a todos. Cuando Cristo regrese, ninguna enfermedad manchará la creación de Dios (Apoc. 21:4), pero mientras tanto, esperamos y gemimos mientras nuestros cuerpos se marchitan. Podemos percibir la sanidad como nuestro mayor bien, pero la sabiduría de Dios sobrepasa aun el más impresionante de los alcances de nuestro entendimiento (Is. 55:8). Dios puede hacer milagros. Las montañas se derriten ante Él, y le puso límites al mar (Sal. 97:5, Job 38:8-11). Y pese a que los milagros pudieran cumplir nuestro anhelo más desesperado, es posible que éste no esté alineado con Su perfecta y divina voluntad. En el huerto de Getsemaní, mientras la agonía del mundo caía sobre Él, Jesús oró para tener una salida, pero también terminó Su oración con: “No mi voluntad, sino la tuya” (Mt. 26:39). Al igual que los discípulos de Cristo, busquemos acercarnos a nuestro Padre con la misma confianza y humildad.

Mito #4: Está mal quitarle la asistencia respiratoria a un ser querido
Dios nos llama a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y a ministrar al afligido (Mt. 22:39; Jn. 13:34; 1 Jn. 3:16-17). De la misma manera que Dios nos amó, debemos extendernos empatía y misericordia unos a otros (Lc. 6:36; 1 Ped. 3:8; 1 Jn. 4:7; Ef. 5:1-2). La misericordia no justifica la eutanasia activa ni el suicidio asistido por un médico, los cuales son medidas con un objetivo singular de terminar con la vida. Sin embargo, sí nos guía a alejarnos de las intervenciones agresivas y dolorosas si tales medidas son inútiles o si el tormento que imponen supera cualquier beneficio. En muchos casos al final de la vida, la tecnología induce el sufrimiento, sin ofrecer esperanza de recuperación. Pese a que nuestro objetivo es preservar la vida que Dios nos ha dado, las Escrituras no nos obligan a perseguir tenazmente medidas si éstas causan agonía sin esperanza de sanidad. Si las medidas agresivas sólo servirán para prolongar la muerte, el cambio de enfoque, como el de alejar al ser querido de la sanidad y darle algo de alivio, puede reflejar la compasión cristiana. Cuando un ser querido no logra recuperarse de una enfermedad grave y terminal, quitarle el respirador puede reducir el dolor y el malestar, mientras la enfermedad se lo lleva a casa para estar con el Señor. Por pesadas que puedan ser estas situaciones en nuestros corazones, si se las considera en oración y discernimiento, pueden cumplir nuestro llamado a amarnos unos a otros (Jn. 13:34–35).

Mito #5: No hay esperanza junto al lecho del que muere
Aun cuando nos atrapa una enfermedad mortal, aun cuando distorsiona nuestras vidas hasta dejarlas irreconocibles, nuestra identidad en Cristo —amados, redimidos, hechos nuevos— permanece. Como cristianos, descansamos en la seguridad de una esperanza viva que persiste aún en nuestros últimos momentos sobre la tierra: “Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo” (1 Ped. 1:3, Sal. 23:4). Nos regocijamos que, por medio de la resurrección de Cristo, “la muerte ha sido sorbida en victoria» (1 Cor. 15:54–55). Más grande es el amor de Dios por nosotros, tan asombrosamente perfecto es Su sacrificio, que nada podrá separarnos de Él. Como lo escribió Pablo: “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom. 8:38–39). Este mundo roto no es el fin. Cristo ha vencido el pecado, y como tal, nuestra muerte transitoria se marchita ante la certeza de una vida renovada. Descansamos seguros en la promesa de Cristo: “El que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn. 11:25–26). El amor de Dios por nosotros en Cristo Jesús sobrepasa todo entendimiento, y ningún respirador, monitor o enfermedad temible podrán arrancarnos de Su mano.

Kathryn Butler es una cirujana de trauma y cuidados críticos convertida en escritora y madre de familia. Es autora de «Glimmers of Grace»: A Doctor’s Reflections on Faith, Suffering, and the Goodness of God. Ella y su familia viven al norte de Boston.

Fuente: https://volvamosalevangelio.org/5-mitos-sobre-la-atencion-a-enfermos-terminales/

Deje que Dios cambie su mentalidad | Amy Simpson

Deje que Dios cambie su mentalidad
Cuando se trata de la preocupación, sí —todo está en su cabeza. Pero hay algo que usted puede hacer al respecto.

Amy Simpson

Hubo un tiempo en el que casi no podía controlar mis emociones. Por haber crecido en un hogar afectado por la esquizofrenia de mi madre, aprendí a ocultar bien mis sentimientos —la única manera que conocía para manejarlos. Cuando sucedían cosas malas o recibía comentarios negativos, me desplomaba rápidamente en el desánimo, la depresión y la autocompasión. Era sorprendente la rapidez con que podía pasar de estar bien, a estar realmente mal.

Las cosas han cambiado. Yo he cambiado.

Un consejero cristiano me ayudó a entender el poder de mis “distorsiones cognitivas” —los mensajes falsos y negativos que habitualmente me enviaba a mí misma. Yo solía decirme: Eres una fracasada. Siempre lo arruinas todo. Eres una inútil. A veces, ni siquiera ponía estos mensajes en palabras; simplemente dirigía ese odio hacia mí misma. No me daba cuenta de que estaba maltratando mi propia alma. Y debido a que me enviaba estos mensajes tan a menudo, mi espíritu creía que eran ciertos.

Hoy, mi espíritu cree algo diferente. Empecé a decirme mensajes basados en la verdad bíblica. También comencé a leer más la Biblia, a asumir riesgos en la comunión cristiana y a acercarme a los demás para cultivar amistades sustentadoras. Puedo ver ahora que aquellos mensajes viejos eran falsos, y cuando vienen a mi mente, los reconozco y me digo a mí misma la verdad: Mi vida tiene propósito. Soy una hija de Dios. Mi Dios es mucho más capaz que yo, y Él me ama.

El temor y la ansiedad son capacidades normales, saludables y productivas dadas por Dios, pero no están destinadas a ser estados permanentes de nuestro ser.
Este cambio en el diálogo que tengo conmigo misma afectó no solamente mi manera de pensar, ha transformado mi vida. Ahora soy menos propensa a deprimirme, estoy más tranquila y siento más amor por los demás. Y además, no me preocupo tanto, como solía hacerlo antes. Cuando empiezo a preocuparme recuerdo que Dios me ha transformado en una persona nueva al transformar mi vieja manera de pensar.

Romanos 1.2 es un versículo muy citado, pero muchas veces nos centramos solamente en no ser moldeados por el mundo, en vez de ser transformados por completo. No le hemos dado suficiente atención a esta transformación que se produce cuando hay una renovación de nuestra mente. No se trata simplemente de un cambio de alma o de corazón. Como dice la Nueva Traducción Viviente: “Dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar”.

La ciencia está apenas ahora logrando entender lo que dice la Biblia, la cual nos enseña lo que es posible en Jesucristo.

Nuestros cerebros cambiantes
Mi historia es una de las muchas evidencias que demuestran la eficacia de la terapia cognoscitiva-conductual. De acuerdo con la Asociación Nacional de Terapeutas Cognoscitivos-Conductuales, “la terapia cognoscitiva-conductual se basa en la idea de que nuestras conductas y nuestros sentimientos son creados por pensamientos, no por factores externos, como las personas, las situaciones y los acontecimientos. El beneficio de esta verdad es que podemos cambiar nuestra manera de pensar y sentirnos mejor, aunque la situación no cambie”. En vez de vivir a merced de fuerzas externas, tenemos una opción. Y la manera más eficaz de modificar nuestras conductas y patrones emocionales habituales es dejar que Dios cambie nuestra forma de pensar.

Ilustración por Aubrey Longley-Cook

Además de las ciencias sociales, las ciencias físicas apoyan fuertemente cada vez más este concepto. La ciencia ha transformado nuestro entendimiento de la capacidad del cerebro de cambiar por medio de la neuroplasticidad, pues nuestro cerebro es moldeable mucho más allá de la infancia; lo que quiere decir que puede cambiar —y de hecho es así— toda nuestra vida.

“La plasticidad cerebral es un proceso físico”, afirma el Dr. Michael Merzenich, un reconocido neurocientífico y experto en el tema de la plasticidad cerebral. “La materia gris puede, en realidad, encogerse o volverse más gruesa, y las conexiones neuronales del sistema nervioso formarse y refinarse o (a la inversa) debilitarse y partirse. Los cambios en el cerebro físico se manifiestan como cambios en nuestras capacidades. A menudo, la gente piensa que la infancia y la juventud son los períodos de crecimiento del cerebro. . . pero la investigación reciente ha demostrado que, bajo circunstancias adecuadas, un cerebro de más edad también puede crecer”.

Gracias a la neuroplasticidad, cambiar nuestros pensamientos (así como nuestras conductas y experiencias) nos lleva a formar nuevas conexiones sinápticas, a fortalecer las ya existentes y a debilitar otras. Estas conexiones nuevas y modificadas dan como resultado cambios en nuestra conducta. En su libro Soft Wired [Moldeable], el Dr. Merzenich escribe: “Así como es posible desarrollar una habilidad (como silbar, hacer piruetas o identificar el canto de las aves), las rutas neurales responsables de la realización exitosa de esta nueva habilidad se vuelven más fuertes, rápidas, fiables y específicas —o más especializadas”.

Esto es tan cierto para la preocupación habitual como para cualquier otra cosa.

La preocupación es un problema
Muchos de nosotros necesitamos esta clase de cambio. En una encuesta realizada en el 2010 por la Asociación Americana de Psicología, el 40% de las personas dijeron que, en el mes anterior, el estrés las había llevado a comer en exceso o a comer alimentos poco saludables. Casi un tercio de ellas dijeron que habían pasado por alto una comida por causa del estrés, y más del 25% dijeron que no habían podido dormir. Otra encuesta reveló que más del 60% de los trabajadores estadounidenses se preocupan por la posibilidad de perder sus empleos; dentro de este grupo, el 32% dijo que se preocupaban “mucho” por esto. Los padres comúnmente se preocupan por sus hijos, y las grandes preocupaciones comienzan cuando los niños son pequeños. La preocupación no es solo común en nuestra sociedad; también está entretejida en nuestra cultura —algo que esperan las personas responsables, un accesorio en boga cuya ausencia se ve como sospechosa.

Nuestro mundo ofrece abundantes razones para que nos afanemos. Pero los seguidores de Cristo somos llamados a vivir y a pensar de una manera diferente del angustiado mundo que nos rodea.
A menudo confundimos la preocupación con otros dos estados de ánimo: el temor y la ansiedad. Los tres son utilizados a menudo de manera paralela, pero son diferentes. El temor y la ansiedad son capacidades normales, saludables y productivas dadas por Dios, pero no están destinadas a ser estados permanentes de nuestro ser.

El temor es una respuesta a una amenaza (real o imaginaria). La ansiedad suele aparecer en previsión de lo que sucederá o podría suceder.

A diferencia de la ansiedad normal, la preocupación no es una respuesta física involuntaria, sino un patrón de conducta que elegimos. Se origina dentro de nosotros. Es una decisión que tomamos que nos mantiene en la ansiedad diseñada para protegernos del peligro inmediato, no para sacarnos adelante en la vida cotidiana. Para algunos, permanecer en estado de ansiedad no es una opción. Es un trastorno que ocurre cuando el proceso biológico saludable y útil del cuerpo trabaja en exceso. El trastorno de la ansiedad es, en esencia, demasiado de algo bueno; le sucederá al 29% de nosotros en algún momento de nuestra vida. Es muy diferente a la participación voluntaria en la preocupación, y requiere tratamiento con medicinas, ayuda psicológica, o ambas.

Para quienes nos sentimos tentados a preocuparnos (¿y a quién no le sucede?), el mundo ofrece abundantes razones para que nos afanemos. Pero los seguidores de Cristo somos llamados a vivir y a pensar diferente al angustiado mundo que nos rodea. La preocupación voluntaria contradice directamente la orden de Dios en cuanto a la manera en que debe vivir su pueblo. Si no tenemos cuidado, esa preocupación puede llevarnos a tener una conducta pecaminosa. De ahí las palabras de Jesús: “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mt 6.34). Este mismo mensaje se encuentra a lo largo de toda la Biblia, afirmando un estilo de vida contracultural de fe y confianza, desde Génesis hasta Apocalipsis.

La preocupación puede dañar nuestro cuerpo y nuestra mente. Puede causar dificultad para respirar; palpitaciones del corazón; dolor y daño en la espalda, el cuello y los hombros; tensión muscular; náuseas; dolores de cabeza; y otros problemas físicos. En su esclarecedor libro The God-Shaped Brain [El cerebro moldeado por Dios], el psiquiatra cristiano Timothy R. Jennings describe los efectos de la preocupación continua sobre nuestros cerebros. Cuando vivimos en un estado de temor, ansiedad y preocupación, nuestras neuronas no funcionan tan bien como debieran, y no se producen nuevas neuronas saludables en la misma cantidad.

Pero el daño no se limita a nuestro cuerpo. Daña también nuestras relaciones con otras personas. Al igual que todos los patrones pecaminosos, la preocupación crea una barrera en nuestra relación con Dios. Nos mantiene enfocados en nosotros mismos, en nuestros planes y en nuestros problemas. Nos mantiene con la mirada fija en el futuro, en lo que solo le pertenece a Dios, y aferrados a las personas y a las cosas que son exclusivas de Él. Es por eso que enfrentar la preocupación tiene que incluir la transformación espiritual. La preocupación voluntaria, al final, no puede ser vencida a base de pura fuerza de voluntad —su solución tiene sus raíces en quién es Dios.

Solución: La fe
En su libro publicado en el 2009, How God Changes Our Brain [La manera en que Dios cambia nuestro cerebro], Andrew Newberg y Mark Robert Waldman utilizaron la neurociencia para afirmar este asombroso concepto: la fe en la actividad de Dios —y la actividad religiosa en sí— cambia físicamente nuestro cerebro. “La fe apacigua nuestra ansiedad y nuestros temores, y puede incluso mitigar la creencia en un Dios airado”, escriben. “Lo hermoso de la historia de Job es que le recuerda al angustiado creyente que Dios es, al final, compasivo. Y desde la perspectiva de la medicina y de la neurociencia, la compasión puede sanar el cuerpo y también el alma”.

Cambiar la preocupación significa cambiar lo que creemos acerca de Dios y acerca de nosotros mismos.
El descubrimiento de la neuroplasticidad es una afirmación asombrosa de la convicción cristiana de permitir que Dios nos transforme mediante la renovación de nuestra mente. Esta convicción afirma también el poder del cambio cognoscitivo.

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” nos dice Proverbios 4.23. El Señor Jesús mismo habló de la verdadera fuente de nuestra conducta: “¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre” (Mt 15.17-20). De la misma forma, Pablo dijo a la iglesia en Roma: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro 8.5, 6).

Ninguna técnica terapéutica es capaz de transformarnos como lo hace el Espíritu Santo. Reconocer que se producen cambios neurológicos cuando hay un cambio en nuestra manera de pensar, no disminuye el misterio o el poder de la obra de Dios en nosotros. Pero sí tenemos una opción —podemos dar la bienvenida a esta obra de transformación, o rechazarla. Dios, en su gracia, nos da la libertad de creer.

Cambiar la preocupación significa cambiar lo que creemos acerca de Dios y acerca de nosotros mismos. Si no creemos que Dios es más grande y mejor que nosotros, tenemos todas las razones del mundo para preocuparnos. Pero si creemos que Él es todopoderoso, digno de confianza, justo y bueno, no tiene sentido malgastar nuestra vida viviendo preocupados, sino más bien creyendo y aceptando lo que sabemos que es verdad acerca de Dios, y de quienes somos, como hijos suyos.

Fuente: https://www.encontactoglobal.org/lea/articles/deje-que-dios-cambie-su-mentalidad

El final de la batalla cultural está escrito | Josué Barrios

El final de la batalla cultural está escrito
Josué Barrios

«Estamos en medio de una batalla cultural». Esto afirman muchas voces desde todo el espectro ideológico y político. Todo parece indicar que tienen razón, a medida que hay agendas que buscan avanzar en su propósito de redefinir la realidad moral de nuestros países.

En medio de esto, para los cristianos bíblicos es fácil pensar que el mundo cada día está peor y así preguntarnos qué será del futuro de la iglesia y de nuestros hijos. ¿Cómo podemos mantener la calma en momentos como este? Aquí una clave: necesitamos recordar que ya hemos estado antes en esta situación varias veces a lo largo de la historia, en las que personas con influencia llaman a lo malo «bueno» y a lo bueno «malo» y en la que los valores bíblicos eran sostenidos por una minoría.

Como ejemplo de esto, tenemos las cartas del Nuevo Testamento, que nos muestran cómo la depravación sexual era común en la sociedad en tiempos de la iglesia primitiva (ver por ejemplo Romanos 1). «No hay nada nuevo bajo el sol» (Ec 1:9).

Esto tiene muchas implicaciones para nosotros. Te invito a reflexionar en ellas por ti mismo, pero aquí tienes una en la que te animo a pensar: Dios prevaleció en aquel entonces y todavía prevalece ahora. En otras palabras, no tenemos por qué temer al futuro en un mundo con políticas que atentan contra la familia, y películas que promueven la homosexualidad frente a los niños, por dar un par de ejemplos de cosas que preocupan (con cierta razón) a los cristianos.

Estamos seguros en las manos de Dios. Él dio a la iglesia la sabiduría —mediante Su Palabra— para vivir con fidelidad en épocas de profunda confusión moral en el pasado. Él sigue dándonos sabiduría ahora si somos humildes para pedirla y caminar en Su voluntad. Por lo tanto, una pregunta para hacernos es si estamos escuchando a Dios en primer lugar o nos estamos dejando intimidar por la «batalla cultural» de nuestros días y las voces de quienes hacen demasiado ruido en nuestra sociedad.

La extinción de la iglesia y los valores cristianos ya ha sido predicha incontables veces, pero aquí estamos. Como dice la Biblia: «El mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Jn 2:17). Esto significa que es el mundo presente —todo sistema de valores opuesto al orden bondadoso de Dios— lo que en verdad está en extinción, no el cuerpo de Cristo.

En otras palabras, ya tenemos los spoilers de cómo termina la batalla cultural en este mundo. El final ya está escrito. Así que, ¿por qué llenarnos de temor ante cualquier cosa aparte de nuestro Dios?

Fuente: https://josuebarrios.com/final-batalla-cultural/

Del pánico a la paz | June Hunt

El temor
Del pánico a la paz
por June Hunt
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.
(Isaías 41:10)
I. DEFINICIONES
A. ¿Qué es el temor?
El temor puede ser su amigo o su enemigo. Cuando se encuentra en medio de una feroz tormenta, literal o figurada, el temor puede convertirse en una fuerza paralizante que lo conducirá a las profundidades de la oscuridad… o un catalizador que lo impulse a alcanzar alturas insospechadas. Cuando una tormenta se aproxima, el temor puede ser el candado que cierre su mente… o una ruidosa alarma que lo induzca a buscar un lugar seguro. ¿Qué papel juega el temor en su vida? Es un inmovilizador o un energizante,… ¿es su amigo o enemigo? La reacción que tenga al enfrentar el temor es lo que identifica el papel que éste juega en su vida. En vez de paralizarse por el miedo, use el temor como un medio para confiar su vida al Señor. Acuda a Dios como el único que le provee seguridad. Él promete estar con usted, y no sólo eso, sino que también lo guiará a través del proceso de su temor.
“No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”.
(Isaías 43:1–2)

  • El temor es un a fuerte reacción emocional a un peligro percibido e inminente que se caracteriza por una reacción de pleito, huida o parálisis.
  • El temor puede ser real o imaginario, racional o irracional, normal o anormal.
  • El temor actúa como mecanismo protector que nuestro Creador colocó en cada uno de nosotros para activar todos nuestros sistemas físicos cuando enfrentamos un peligro real. El temor produce secreción de adrenalina en el cuerpo, la cual nos impulsa a la acción y que a menudo se llama la reacción de “ataca o huye”.
  • El temor es una emoción natural diseñada por Dios. Sin embargo, no fue diseño divino que cayéramos presas del pánico, pues eso es vivir en un estado de temor. La palabra griega de la cual se traduce el “temor” es deilia, que denota cobardía y timidez y en la Biblia jamás se usa en forma positiva. Vivir con una mentalidad basada en el temor o con un espíritu de temor no proviene de Dios.
    “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
    (2 Timoteo 1:7)
    B. ¿Qué es la ansiedad?
    La ansiedad es prima hermana del temor. En el mundo de la psiquiatría y sicología, la ansiedad es como un paraguas que cubre diversos grados de ansiedad y temor, desde el más leve hasta el más extremo. ¡Periódicamente sentimos ansiedad! Pero mientras la ansiedad se pueda controlar y no se vuelva extrema o excesiva, no interferirá con nuestras actividades normales diarias. La palabra en español “ansiedad” se deriva del vocablo latín angere que significa “ahorcar o ahogar”. Los que viven en continua ansiedad experimentarán que las preocupaciones e inquietudes de la vida ahogan el deseo de aplicar en forma personal la palabra de Dios a su vida.
    “Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa”.
    (Marcos 4:19)
  • La ansiedad es la intranquilidad o preocupación por una amenaza o de algo desconocido y se caracteriza por preocupación extrema o temor interminable.
  • La ansiedad señala un resultado incierto, la premonición de que algo va a pasar, pero no hay seguridad de ello; o el temor de que algo pasará, pero no se sabe si pasará o no.
  • La ansiedad excesiva involucra una sobrestimación de la probabilidad de un peligro y una exageración de su grado de “algo horripilante”.
  • La ansiedad evoluciona en desorden cuando se vuelve tan intensa, que ocupa la totalidad de los pensamientos, sentimientos y acciones impidiendo que la persona viva normalmente. Cualquiera que padece desorden de ansiedad se siente aislado, solo y diferente, como si fuera la única persona en todo el mundo que ha sido atacada por “esta cosa tan terrible”.
    Desórdenes de ansiedad
  • Fobias
  • Desórdenes de pánico
  • Desórdenes obsesivo-compulsivos
  • Ansiedad por enfermedad
  • Desórdenes de estrés postraumático
  • Desorden agudo de estrés
  • Desorden de ansiedad generalizado
  • Ansiedad producida por ingerir sustancias
    Dios no desea que estemos ansiosos en exceso, inquietos, aprensivos y preocupados. Él quiere que estos síntomas nos sirvan de señal y advertencia de que estamos permitiendo que las preocupaciones del mundo nos agobien.
    “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”.
    (Lucas 21:34)
    C. ¿Qué es un ataque de pánico?
    “¡Temor,… palpitaciones cardíacas… mareo… temblores… terror! ¿Cómo que no tengo nada malo? Doctor, sé lo que sentí, ¡sentí que me moría!”
    Y así continúa la conversación del paciente con el doctor porque sufrió un ataque de pánico. Además, el paciente acude a otros médicos con la esperanza de que le den un diagnóstico correcto para saber cómo se llama la temible enfermedad que padece. Sin embargo, después de varias visitas a los médicos y de practicarse una serie de análisis, no obtiene respuesta satisfactoria. “Quizá son sus nervios” es el comentario. No, es un ataque de pánico escalofriante… y se siente horrible.
    “Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto”.
    (Salmos 55:5)
  • Un ataque de pánico es un episodio breve y repentino de temor intenso con una variedad de síntomas físicos (tales como palpitaciones cardíacas y mareo) que ocurre sin la intervención de amenaza externa alguna.
  • La primera vez que se sufre un ataque de pánico, a menudo es una experiencia salida de la nada que sucede al estar realizando cualquier actividad normal, como una caminata al aire libre. De pronto le viene una racha de sensaciones de temor, pero duran por unos cuantos segundos o pocos minutos.
  • Un ataque de pánico no necesita del estímulo inicial para que vuelva a suceder y provoque otro ataque de pánico. El ataque de pánico suele suceder por sí mismo porque se alimenta del temor de volver a padecerlo.
  • Un ataque de pánico es temor fuera de control.
    “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía”.
    (Job 3:25)
    D. ¿Que es una fobia?
    La fobia es la forma más extrema del temor. Los que sufren fobias tienen un temor irracional por un objeto o una situación que no representa una amenaza real. Su cuerpo está en continuo estado de alerta. A menudo presenta comportamientos para evitar y evadir el objeto de su temor. Por tanto, sus actividades están controladas por el temor, las experiencias de su vida están excesivamente limitadas por el temor y disminuye su calidad de vida en gran manera por causa de su miedo.
    “Me sobrevino un espanto y un temblor, que estremeció todos mis huesos”.
    (Job 4:14)
  • La fobia es un constante temor irracional a ciertos objetos o situaciones.
  • La palabra fobia viene de la palabra griega phobos, que quiere decir “temor, huir, terror”.En el Nuevo Testamento la palabra que se traduce “temor” generalmente es phobos, que en el idioma griego primero tuvo el significado de “huir” y luego se usó para referirse a “aquello que provoca que alguien salga huyendo”.
  • Una fobia difiere del temor en que…
    —La fobia es claramente excesiva e irracional (fuera de proporción comparada con el grado real de la amenaza).
    —La fobia se asocia con comportamientos diseñados para evitar algo (haciendo cosas diferentes deliberadas para evitar el temor).
    —La fobia se asocia con una menor calidad de vida (reduce el gozo en la vida).
  • Un desorden fóbico es un temor irracional constante que inhibe la capacidad de desempeñarse en forma normal. Si la fobia no produce efectos negativos considerables en su estilo de vida, entonces no es un desorden. El desorden fóbico puede tener tanto poder sobre la vida de una persona que lo lleva al punto de que sus pensamientos, percepciones y acciones de toda su vida se ven afectados.
    “De todas partes lo asombrarán temores, y le harán huir desconcertado”.
    (Job 18:11)
    E. ¿Cuántas clases de fobias existen?
    El tipo de fobia que experimenta una persona está determinado por el objeto o enfoque de su temor. Existen tres tipos principales de fobias que son dolorosas y atemorizantes para el que las padece. Típicamente la persona tratará de evitar cualquier pensamiento u objeto de estímulo que provoque el ataque de pánico.
    “Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro, y el temblor estremece mi carne”.
    (Job 21:6)
  • Fobias específicas (que anteriormente se llamaban fobias simples)
    Temor de un objeto o situación específica
    —Este tipo de fobia es experimentar un temor persistente en la presencia de o en el encuentro anticipado del objeto o situación que provoca temor.
    —Algunos ejemplos de objetos a los que se les teme son: elevadores, arañas, cuchillos, serpientes, gatos, fuego, insectos
    —La zoofobia es el temor a los animales y se caracteriza por un sentido de peligro aun cuando está en presencia de animales inofensivos.
    —Algunos ejemplos de situaciones temibles: volar, las alturas, la oscuridad, conducir por puentes o a través de los túneles
    —La acrofobia es el temor a las alturas y se caracteriza por sentir inseguridad extrema y de caer aunque no haya peligro de que eso suceda.
    —La claustrofobia es el temor a los espacios cerrados y se caracteriza por un sentido de asfixia en un ambiente cerrado.
  • Fobias sociales (comúnmente se llama desorden de ansiedad social)
    Temor a hacer el ridículo
    —Ese tipo de fobia se caracteriza por un temor paralizante de que se le considere tonto o de que se le juzgue por ser torpe en una situación social.
    —Ejemplos: Temor persistente a situaciones sociales tales como iniciar o mantener una conversación, comer en público, ir a una fiesta; también un temor constante de aparecer en público como el pánico escénico o temor a hablar en público.
  • Agorafobia (literalmente, “Temor de espacios abiertos”)
    Temor del temor (En espacios abiertos)
    —Esa fobia es el temor a sufrir un ataque de pánico en un lugar abierto del cual sería difícil o vergonzoso escapar. Se produce como resultado de varios ataques de pánico y es el temor de volver a sufrirlo. Por lo tanto, la persona evita cualquier situación que pudiera provocarlo.…
    —Ejemplo: Tener tanto temor de sufrir un ataque de pánico en un lugar público o en un lugar desconocido que se vuelve un ermitaño y no quiere salir ni de su propio cuarto.
    “Porque tuve temor de la gran multitud, y el menosprecio de las familias me atemorizó, y callé, y no salí de mi puerta”
    (Job 31:34)
    II. CARACTERÍSTICAS
    A. ¿Cuáles son los síntomas de un temor normal vs. uno anormal?
    En la Biblia encontramos que durante su vida, David corrió mucho peligro. Sus éxitos militares le ganaron la feroz envidia y los celos temibles del Rey Saúl. Por lo tanto, Saúl invirtió toda su energía en matar a su adversario… para eliminar la amenaza de su trono. David tenía temor normal y justificado, pero la persona que padece un temor anormal puede identificarse con la angustia que David padeció.
    “Mi corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto. Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría. ciertamente huiría lejos; moraría en el desierto”.
    (Salmos 55:4–7)
    Diferencias entre…
  • Temor normal
    ¿Por qué nos daría Dios la emoción del temor si sería perjudicial para nosotros? La respuesta se encuentra en la pregunta: ¿Si en este momento me sorprendiera un malhechor con cuchillo en mano, querría contar con los beneficios del temor? Entre sus beneficios se incluyen…
    —Aprensión (proceder con precaución)
    —Respiración agitada (para llevar más oxígeno a todo el cuerpo)
    —Mayor energía (para tener fuerza y reaccionar de inmediato)
    —Incremento en el ritmo cardíaco (para que la sangre dé energía a los músculos)
    —Estar más alertas (para estar prestos ante el peligro)
    —Pensamientos rápidos (para tener opciones a tomar en cuenta)
    —Contracción de músculos (para prepararnos y reaccionar con “atacar o huir”)
    —Incremento de la transpiración (para enfriar el cuerpo y evitar el sobrecalentamiento)
    —Pupilas dilatadas (para incrementar la visión, especialmente de noche)
    —Agudeza de los sentidos (para prepararnos a enfrentar el objeto que nos produce temor)
    —Menor sensación de sueño (para ayudarnos a tener más tiempo de estar alertas ante el temor)
    —Aumenta el habla (para ayudarnos a comunicar el problema)
  • Temor anormal
    En el caso del temor anormal, el nivel de temor es desproporcionado con la situación real, es más, podrían no estar relacionadas. El temor anormal puede provocar un ataque de pánico. La persona experimenta ataque de pánico cuando padece cuatro o más de los siguientes síntomas y alcanzan un máximo dentro de los siguientes 10 minutos o menos. (El cuerpo no puede mantener la reacción de “ataca o huir” por más de ese período de tiempo).
    —Dolor o molestia en el pecho (sentir que está padeciendo un ataque cardíaco)
    —Escalofríos o bochornos (sentir que debe ir al hospital)
    —Sensación de ahogo, dificultad al tragar (sentir que la garganta se le cierra)
    —Manos frías, sensación de hormigueo (siente entumecimiento)
    —Sensación de retraimiento (siente que está perdiendo contacto con la realidad o consigo mismo)
    —Mareo, dolor de cabeza (siente que se va a desmayar)
    —Temor de perder el control (siente que se va a volver loco)
    —Hiperventilación, dificultad para respirar (sentir que se desvanece)
    —Nauseas, diarrea, dolor abdominal y calambres (sentir que tiene una enfermedad que amenaza su vida)
    —Ritmo cardíaco acelerado, presión alta (siente que se le va a salir el corazón)
    —Sudor, transpiración excesiva (siente que es una vergüenza para todos los que están cerca)
    —Terror de morir (siente que va a morir)
    —Temblores y estremecimientos (siente que no hay salida)
    La gente que experimenta temor anormal no teme tanto al objeto de su temor, sino a los síntomas del mismo. Y en realidad su temor aumenta. Experimenta el mismo temor que tuvo Job.
    “Se han revuelto turbaciones sobre mí; combatieron como viento mi honor, y mi prosperidad pasó como nube”.
    (Job 30:15)
    B. ¿Cuáles son algunas de las características de la ansiedad?
    Todos experimentamos ansiedad, pero no todos la experimentamos de la misma manera, por la misma razón, o al mismo grado. ¡Por lo regular queremos evitar la ansiedad como si fuera una plaga! Sin embargo, no debemos temer a la ansiedad, sino entenderla y usarla para motivarnos a confiar más y más en Dios.
    “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”.
    (Juan 14:1)
  • Ansiedad moderada—preocupación normal que puede ser saludable y de ayuda.
    —Nos motiva y nos conduce a mayor eficiencia.
    —Nos fuerza a salir de nuestra zona de comodidad.
    —Nos ayuda a evitar situaciones peligrosas.
    —Nos puede ayudar a aprender a vivir en dependencia del Señor.
    —Observe cómo el salmista le puso música a estas palabras cuando se volvió al Señor …
    “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma”. (Salmos 94:19)
  • Ansiedad intensa—obsesión anormal que es más profunda y problemática.
    —Hace que disminuya nuestra concentración.
    —Nos hace olvidadizos.
    —Obstaculiza nuestras actividades diarias.
    —Bloquea nuestra comunicación con los demás.
    —Observe cómo Salomón, siendo el hombre más sabio de toda la tierra dijo:
    “Quita, pues, de tu corazón el enojo”. (Eclesiastés 11:10)
    III. CAUSAS
    A. ¿Cuáles son las causas comunes del temor?
    Algunas situaciones que no provocan temor en la mayoría de la gente, pero sí provocan gran temor en ciertas personas. ¿Qué hace la diferencia? La percepción. La percepción de la persona que siente el temor. Su percepción de una situación afecta tanto el grado de su temor (cuánto miedo va a sentir), como su respuesta ante el temor (qué hará por causa de ese temor). Note las emociones cambiantes de los discípulos de Jesús cuando vieron algo que nunca antes habían visto (Mateo 14:26–33).
  • Temor: “Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven”.
    Fe: “Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús”.
  • Temor: “Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento”.
    Fe: “Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios”.
  • Amenaza percibida contra la seguridad
    —Seguridad económica: “Si no me va bien en esta presentación, podría perder mi trabajo; y no podré mantenerme a mí mismo ni a mi familia”.
    —Seguridad física: “Si me voy muy lejos de la casa podría verme involucrado en un accidente y lastimarme, quedar paralítico o incluso morir”.
    —Salud física: “Si no soy cuidadoso con lo que toco, como o bebo, puedo enfermarme y no podré trabajar, entonces perderé mi trabajo”.
    —Posesiones: “Si pierdo mi casa, no tendré donde vivir y no podré sobrevivir en las calles”.
    La solución: Aprenda que su seguridad se encuentra en su relación personal con el Señor.
    “En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?” (Salmos 56:11)
  • Amenaza percibida contra mi significancia
    —Identidad: “Si pierdo mi puesto en el trabajo, voy a perder todo por lo que he trabajado y entonces, ¿qué razón tendré para vivir?”
    —Auto-estima: “Si paso esa vergüenza frente a todos mis compañeros, jamás podré volver a trabajar porque estaré demasiado apenado”.
    —Reputación: “Si alguien se entera de mi manera compulsiva de lavar, no podré volver a ver a nadie a la cara”.
    —Auto-realización: “Si no logro graduarme y alcanzar todas las metas de mi vida, seré un fracaso”.
    La solución: Sepa que su vida significa tanto para Dios que él decidió salvarlo.
    “He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí”. (Isaías 12:2)
  • Amenaza percibida contra el amor
    —Relaciones más cercanas: “Si pierdo a mi esposo(a), no sé que voy a hacer o cómo podré seguir viviendo”.
    —Talentos y habilidades: “Si no puedo actuar en el escenario, perderé a todos mis admiradores y a mis amigos y entonces estaré completamente solo(a)”.
    —Atractivo físico: “Si me pongo más vieja y gorda, mi esposo dejará de amarme”.
    —Posición en una relación: “Si no hago un mejor papel que los nuevos empleados, perderé el respeto de mis colegas”.
    La solución: Sepa que Dios lo ama más allá de cualquier comparación.
    “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen”. (Salmos 103:11)
    B. ¿Cuáles son los factores que contribuyen al temor irracional?
    El temor no surge en un vacío. Algo ha hecho que usted se deje controlar por el temor y algo que dispara el temor. Esa experiencia sucedió en el pasado y lo que detona el temor sucede en el presente. Para actuar con sabiduría y saber por qué el temor lo controla en el presente, es importante hallar la verdad acerca del pasado de ese temor.
    “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”.
    (Salmos 51:6)
  • Experiencias previas
    —Experiencias traumáticas:
    Abuso o violación sexual infantil
    Accidente automovilístico
    Muerte de un ser querido o de una mascota amada
    —Formas en que otras personas asustan a los demás:
    Un padre que profería amenazas de violencia
    Hermanos que lo amenazaron con violencia
    Otras personas que lo amenazaron con violencia
    —El sentido de auto-estima que no se ha desarrollado:
    Rechazo, crítica o ridiculizarlo
    Bajo rendimiento académico
    Falta de habilidades atléticas
    —Padres que mostraban excesivo temor:
    “Mi tía tenía un trastorno de pánico”.
    “Mi padre se mostraba constantemente preocupado”.
    “Mi madre era temerosa y sobreprotectora”.
    Reconozca la razón de su temor y dígase a sí mismo la verdad acerca de su pasado y su presente.
    “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”.
    (1 Corintios 13:11)
  • Carga emocional excesiva
    —Negación de los propios sentimientos:
    “Debo ocultar mi dolor”.
    “Debo negar mis desilusiones”.
    “Debo rechazar la ira”.
    —Mentalidad que busca complacer a los demás:
    “Debo evitar que alguien se enoje”.
    “Debo hacer que todos estén felices”.
    “Debo hacer que todos estén en paz conmigo”.
    —Estrés interno:
    “Tengo mucha ansiedad oculta”.
    “No puedo reconocer las situaciones estresantes”.
    “No tengo manera de ventilar mis emociones”.
    —Ambiente estricto o perfeccionista en el hogar o de parte de otras autoridades:
    “Nunca agradé a mis padres”.
    “Nunca fui lo suficientemente bueno”.
    “Fui objeto de castigos severos”.
    Reconozca la razón de su temor y permita que el Señor le ayude a sanar sus heridas.
    “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”.
    (1 Pedro 5:6–7)
  • Tratar de evitar una situación amenazadora
    —Rehusándose a enfrentar sus temores:
    “Tiendo a minimizar mi temor”.
    “Creo que en algún momento dejaré de sentir temor”.
    “Creo que puedo evitar situaciones atemorizantes”.
    —No dando oportunidad para el cambio:
    “No busco ayuda o alguien con quien hablar”.
    “No estoy tratando de entender por qué tengo tanto temor”.
    “No trato de aprender a confrontar mi temor”.
    —Seguir reforzando los temores:
    “Me ajusto a mis temores en lugar de confrontarlos”.
    “Todo lo que hago se alinea con mi temor”.
    “No voy a ningún lugar donde se eleve mi nivel de ansiedad”.
    —Robusteciendo los modelos de pensamiento negativos:
    “El temor domina mis decisiones”.
    “Tiendo a evaluarlo todo a través de la lente del temor”.
    “El temor domina todos mis pensamientos”.
    Reconozca la causa de su temor y deje que el Señor le ayude a enfrentar sus temores.
    “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo”.
    (Isaías 41:13)
  • El pesimismo
    —Suponer que la vida es una amenaza:
    “Siempre espero hostilidad y odio contra mí”.
    “Siempre espero que habrá resistencia y obstáculos en mi camino”.
    “Siempre espero que habrá peligro y desastre”.
    —Da por hecho que pasará lo peor:
    “Asumo que siempre habrá rechazo y me ridiculizarán”.
    “Asumo que siempre me lastimarán y tendré dolor”.
    “Asumo que siempre habrá frustración y fracaso”.
    —Creer que nunca podrá cambiar:
    “He dejado de pensar que la vida podría ser normal”.
    “Pienso que el temor siempre me controlará”.
    “Asumo que Dios no puede ayudarme”.
    —Pensar que no se puede controlar la situación:
    “Cuando tengo temor me siento impotente”.
    “Cuando tengo temor me siento incapaz”.
    “Cuando tengo temor no puedo pensar con claridad”.
    Reconozca la razón de su temor y repítase a sí mismo la verdad de que …
    “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.
    (Filipenses 4:8)
    C. ¿Cuáles son las causas físicas del temor y la ansiedad?
    Mucha gente se frustra consigo misma cuando siente temor. Trata de convencerse a sí misma de que no tiene ansiedad, pero no lo consigue. Mientras tanto, no sabe que sus sentimientos son el resultado y la respuesta a algo físico que está sucediendo, como una enfermedad o un medicamento. Sin importar cuál sea la aflicción que está padeciendo, recuerde que el Padre celestial lo ama, lo escucha y le ayudará.
    “Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó”.
    (Salmos 22:24)
  • Evalúe su condición médica
    —En el mundo de la medicina hay una clasificación llamada desorden de ansiedad debido a una condición médica general e indica claramente que la falta de salud física de una persona contribuye a la ansiedad, temor y aun a ataques de pánico.
    —Las áreas de mayor preocupación que necesita evaluar son el corazón, los sistemas endocrino y respiratorio y su condición metabólica y neurológica. (Debe identificar cualquier deficiencia de vitamina B, niacina, pirodoxina calcio, o magnesio).
  • Evalúe si ha estado expuesto a sustancias tóxicas
    —Los profesionales denominan una de las causas de la ansiedad como “desorden de ansiedad inducido por alguna sustancia”.
    —Cualquier exposición a toxinas, todas las drogas, medicamentos, vitaminas y minerales, sean legales o ilegales con o sin receta médica debe evaluarse, tanto como las sustancias que se encuentran en los alimentos (como la cafeína y el azúcar).
    Si está sufriendo cierto grado de ansiedad que interfiere con su vida normal…
    —Primero, hágase un examen médico completo. (Dígale al doctor que se siente inusualmente ansioso. Sea específico). Reconozca que la gente puede estar predispuesta genéticamente a sufrir ataques de pánico.
    —Si no recibe la ayuda adecuada, busque una segunda opinión de otra especialidad médica como un siquiatra que se especialice en desórdenes de ansiedad.
    “El corazón del entendido adquiere sabiduría; Y el oído de los sabios busca la ciencia”.
    (Proverbios 18:15)
    D. ¿Cuáles son las causas del temor excesivo?
    El antídoto para el temor es el amor de Dios. La presencia de un temor sobrecogedor es la ausencia de confianza en el carácter del Dios de la Biblia y en la seguridad de su amor por usted. Si su percepción de Dios es que él no es “para usted,” estará a merced de sus propios recursos en los cuales apoyarse y en su propia filosofía de la vida para confortarlo y sostenerlo. La manera en que responde ante el temor a menudo está directamente relacionada con lo que usted cree acerca de Dios y lo que cree de sus promesas respecto a usted y su vida.
    “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
    (Romanos 8:31)
    “Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones”.
    (Salmos 145:13)
  • El temor nos domina cuando olvidamos lo que Dios ha hecho por nosotros y que tenemos a nuestra disposición su poder.
    —Ejemplo bíblico: (Lea 1 Samuel 17:1–51)
    El ejército israelita estaba paralizado por el temor y huyeron de la presencia de Goliat, el gigante filisteo que retó a la nación de Israel. Sin embargo, un joven pastor llamado David corrió a enfrentarlo en la batalla. Con una pequeña piedra mató al gigante y el ejército filisteo estaba devastado. ¿Qué era lo que David sabía acerca de Dios que le permitió enfrentarse a Goliat cuando todos los demás soldados huyeron? David lo explica así:
    “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo”. (1 Samuel 17:37)
    “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel”.
    (1 Samuel 17:45–46)
  • El temor nos domina cuando olvidamos que Dios nos ha comprado y que le pertenecemos.
    —Ejemplo bíblico: (Lea Gálatas 2:1–21)
    Mientras Pablo y Pedro estuvieron en Antioquía comían con los gentiles hasta que algunos miembros del concilio de Jerusalén llegaron. Entonces Pedro se apartó de los gentiles. Tenía temor de que los judíos circuncisos se enojaran con él por relacionarse con los gentiles incircuncisos. Sin embargo, Pablo no sólo siguió comiendo con ellos, sino que reprendió a Pedro por su hipocresía. ¿Qué sabía Pablo acerca de su relación con Dios que le dio valor ante esos hombres de tanto prestigio? El dio su razón cuando escribió que:
    “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. (Gálatas 2:20)
    “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”. (1 Corintios 7:23)
  • El temor nos domina cuando olvidamos que Dios es nuestro ayudador.
    —Ejemplo bíblico: (Lea 1 Samuel 13:5–7 y 1 Samuel 13:15–14:23)
    El ejército de Israel era mucho menor que el del enemigo y se encontraba esparcido y escondido por el temor de la llegada de los filisteos. Sin embargo, Jonatán el hijo del rey de Israel y su paje de armas atacaron a un destacamento filisteo. Esa acción provocó que Dios hiciera que todo el ejército entrara en pánico y huyera del ejército israelí. ¿Qué convicción tenía Jonatán acerca de Dios, que le dio valor para atacar al enemigo mientras que al mismo tiempo los demás huían presas del temor? Las palabras de labios de Jonatán nos explican esa confianza.
    “Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1 Samuel 14:6)
    “De manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre’ ” (Hebreos 13:6)
  • El temor nos domina cuando olvidamos que Dios es nuestro Consolador.
    —Ejemplo bíblico: (Lea Juan 12:1–43)
    Muchos de los judíos que seguían a Jesús habían puesto su fe en él. Y muchos de los líderes judíos también creían en él pero no abiertamente. Cedieron ante el temor de perder el favor de los fariseos y que se les denegara la entrada a la sinagoga. ¿Qué era lo que los que confesaban a Jesús abiertamente sabían acerca de Dios que les impulsaba a actuar con base en su fe y no en el temor? Las palabras de Isaías nos dan la respuesta.
    “Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes”. (Isaías 51:7)
    “Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?” (Isaías 51:12)
  • El temor nos domina cuando olvidamos que Dios es soberano sobre nuestras vidas y que él nos protege.
    —Ejemplo bíblico: (Lea Hechos 27:1–44)
    Pablo y todos los que iban con él en el barco perdieron toda esperanza de sobrevivir cuando se vieron sorprendidos por el vendaval de un fuerte huracán. Sin embargo, después de 14 días de luchar contra los vientos y la lluvia, Pablo animó a los hombres y les aseguró que el ángel de Dios le había dicho que el barco se perdería, pero que todos sobrevivirían. ¿Qué era lo que Pablo sabía acerca de Dios que le dio tanto valor y confianza en medio de circunstancias de vida o muerte? Pablo conocía los salmos del Rey David.
    “Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar”. (Salmos 46:2)
    “No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová”. (Salmos 112:7)
    E. ¿Qué nos dice Dios acerca de un temor saludable?
    A través de toda la Biblia, Dios repite una frase una y otra vez: “No temáis… no temáis… no temáis”. Él nos dice que no debemos temer a la gente o las cosas. Pero sí dice: “A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás” (Deuteronomio 6:13). Este temor no se refiere al “miedo” ni sugiere que debamos tener temor de Dios. El significado de este tipo de temor es de reverencia y admiración. Debemos temerle, reverenciarle, porque él es el único y todopoderoso Dios, que tiene el poder de cambiarnos de adentro hacia fuera y hacernos la persona que él quiso que fuéramos cuando nos creó.
    Cuatro puntos del plan de dios
    El primer paso para experimentar libertad del temor en nuestra vida es reconocer que Dios es digno de nuestra reverencia. El segundo paso es someter nuestra vida… y nuestros temores… a su autoridad al recibir a su Hijo Jesús como Salvador y Señor.

1 El propósito de Dios para usted… es la salvación.

—¿Qué movió a Dios a enviar a su Hijo a la tierra? ¿Condenarla? No, ¡lo envió para demostrarnos su amor por medio de la salvación!
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. (Juan 3:16–17)
—¿Cuál fue el propósito de Jesús al venir al mundo? ¿Hacerlo todo perfecto y quitar todo el pecado? No, ¡vino a perdonar nuestros pecados, darnos el poder para obtener la victoria sobre éste y ayudarnos a vivir una vida plena!
“Yo [Jesús] he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. (Juan 10:10)

2 Su problema… es el pecado.

—¿Qué es el pecado? El pecado es vivir de manera independiente de las normas de Dios, sabiendo lo que es correcto, pero decidiendo hacer lo malo.
“Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. (Santiago 4:17)
—¿Cuál es la consecuencia del pecado? La muerte espiritual; es decir, la separación espiritual de Dios.
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 6:23)

3 La provisión divina para usted… es el Salvador.

—¿Hay algo que pueda quitar la paga del pecado? Sí. Jesús murió en la cruz para pagar personalmente por nuestros pecados.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8)
—¿Cuál es la solución para ya no estar separados de Dios? Creer en Jesucristo como el único camino a Dios el Padre.
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (Juan 14:6)

4 Su decisión… es someterse.

—Deposite su fe en (descanse en) Jesucristo como su Señor y Salvador personal y deje de confiar en las “buenas obras” como medio para ganar el favor de Dios.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:8–9)
—Entregue a Cristo el control de su vida, y confíe su vida en sus manos.
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:24–26)
En el mismo momento en que decida creer en él y depositar su vida a Cristo, él le dará su Espíritu para que resida dentro de usted. El Espíritu de Cristo le dará su poder para vivir la vida plena y libre de temor que Dios quiere para usted, así que puede decirle una oración simple pero de corazón sincero como la que sigue:
Oración para la salvación
“Dios, quiero entablar una relación personal contigo. Reconozco que muchas veces he decidido seguir mi propio camino y no el tuyo. Por favor, perdona mis pecados. Jesús, gracias por morir en la cruz por mis pecados. Entra a mi vida y sé mi Señor y Salvador. En vez de ser controlado por el temor, te doy el control de mi vida a ti para vivir por fe. En tu santo nombre hago esta oración. Amén”.
¿Qué puede esperar ahora?
Si hizo esta oración con toda sinceridad, ¡escuche lo que Dios tiene que decirle!
“Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”.
(Deuteronomio 31:8)
F. La raíz del problema de ser controlado por el temor
Creencia incorrecta:
“Como no puedo controlar mis temores, la mejor solución es tratar de evitar cualquier situación de temor”.
Creencia correcta:
Puedo enfrentar mi temor en la fortaleza del Señor y de esa manera no me dejaré dominar por el temor. Cristo vive en mí y al centrar mi atención en su perfecto amor y perfecta verdad, experimentaré su perfecta paz en medio de cualquier situación que me atemorice.
“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (1 Juan 4:18)
IV. PASOS PARA ENCONTRAR LA SOLUCIÓN
A. Versículo clave para Memorizar
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.
(Isaías 41:10)
B. Pasaje clave para leer y meditar
Salmos 23
“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”.
(Salmos 23)
Cuando empeore su temor, puede intercambiar el pánico por la paz recordando Salmos 23.

  • Versículo 1: “Jehová es mi pastor; nada me faltará”.
    Imagine una escena pastoral en el campo con el Señor a su lado. Repítase cinco veces: “Jehová es mi pastor”.
    En cada repetición ponga énfasis en una palabra diferente:
    JEHOVÁ es mi pastor.
    Jehová ES mi pastor.
    Jehová es MI pastor.
    Jehová es mi PASTOR.
    JEHOVÁ ES MI PASTOR.
  • Versículo 2: “En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará”.
    Imagine que se encuentra al lado de un río tranquilo.
  • Versículo 3: “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre”.
    Inhale profundamente en repetidas ocasiones y diga cinco veces: “Mi pastor restaura mi alma”.
    En cada repetición ponga énfasis en una palabra diferente:
    MI pastor restaura mi alma.
    Mi PASTOR restaura mi alma.
    Mi pastor RESTAURA mi alma.
    Mi pastor restaura MI alma.
    Mi pastor restaura mi ALMA.
  • Versículo 4: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”.
    Reconozca que usted no está esclavizado. Diga lentamente: “No tendré temor porque el Señor está conmigo”. Repítalo cinco veces.
  • Versículo 5: “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”.
    Inhale profundamente varias veces y repita despacio: “El Señor es mi protector”. Repítalo cinco veces.
    En cada repetición ponga énfasis en una palabra diferente:
    EL Señor es mi protector.
    El SEÑOR es mi protector.
    El Señor ES mi protector.
    El Señor es MI protector.
    El Señor es mi PROTECTOR.
  • Versículo 6: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”.
    Agradezca al Señor por la manera en que él usará cada situación que le atemoriza para su bien.
    “Querido Dios, gracias por ser mi pastor. Tú me guías, tú me proteges y me das tu paz. Eres el que restaura mi alma. Conoces mis debilidades y las ocasiones en las que he sido presa del temor. Ahora, en mis debilidades decido confiar en tu fortaleza. Tú eres mi Pastor. Decido confiar en tu poder para dejar de temer y ejercer fe. Entrego mi temor a ti y te pido que lo uses para mi bien y recuérdame de mi necesidad perenne de ti. En tu santo nombre. Amén”.
    Si se enfoca en su temor, el pánico lo asaltará.
    Si se enfoca en su pastor, su corazón estará en paz.
    C. Del temor a la fe
    La infidelidad y el temor van de la mano porque el pecado sabotea nuestra relación con Dios. Tan pronto como Adán y Eva fueron infieles a Dios, cambiaron su fe en temor. Su comunión con Dios se vio quebrantada, se volvieron temerosos y se escondieron. Sabían que habían pecado y que merecían el desagrado y disciplina de Dios. Como resultado de ello, la muerte pasó a toda la humanidad. Todos hemos nacido con el estigma de la muerte y todos estamos destinados a ella. Afortunadamente, por la gracia de Dios no tenemos que morir espiritualmente (estar separados de Dios por toda la eternidad).
    “El temor de Jehová es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte”.
    (Proverbios 14:27)
  • Empiece con un temor (reverencia y respeto) saludable de Dios.
    —Crea que Dios lo creó. (Génesis 1:26)
    —Crea que Dios tiene un plan maravilloso para su vida. (Jeremías 29:11)
    —Crea que Dios tiene autoridad sobre usted. (1 Corintios 6:19–20)
    —Crea que Dios le dará las recompensas o consecuencias con base en su decisión de obedecerle o no. (Gálatas 6:7–8)
    “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”.
    (Proverbios 1:7)
  • Acepte que el temor no es parte del plan de Dios para su vida.
    —El temor le impide confiar en Dios.
    —El temor impide que se apropie de la gracia de Dios
    —El temor lo tiene bajo la esclavitud del temor.
    —El temor lo daña física, emocional y espiritualmente.
    “En Dios he confiado; no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre?”
    (Salmos 56:4)
  • Sinceramente analice su temor para descubrir el origen real de su fobia.
    —Temor al rechazo… ¿Necesita usted ser amado y aceptado?
    —Temor al fracaso… ¿Necesita usted conocer el significado de su vida?
    —Temor a la pérdida económica… ¿Necesita usted sentirse seguro?
    “El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado”.
    (Proverbios 29:25)
  • Esté consciente del poder que tiene el amor de Dios por usted.
    —El amor de Dios incluye aceptación completa.
    —El amor de Dios nos proporciona el conocimiento de su autoestima.
    —El amor de Dios nos proporciona poder para superar todo temor. (1 Juan 4:18)
    —El amor de Dios nos da seguridad eterna. (Deuteronomio 31:8)
    “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”.
    (Jeremías 31:3)
  • Comprométase a desarrollar su fe en Dios.
    —Ingrese a un grupo de estudio de la Biblia. (2 Timoteo 2:15)
    —Dedique tiempo a la meditación diaria y a la oración. (Filipenses 4:6)
    —Sea activo en una iglesia local que enseñe la palabra de Dios. (Hebreos 10:25)
    —Comprométase a memorizar y meditar en la palabra de Dios. (Salmos 119:97)
    —Sea obediente a la dirección de Dios en su espíritu. (1 Tesalonicenses 5:19)
    “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”.
    (Salmos 1:2)
  • Involúcrese con otros creyentes.
    —Tenga comunión con otros cristianos.
    —Esté dispuesto a testificar de la fidelidad de Dios en su vida.
    —Enfóquese en servir a los demás. (Filipenses 4:10)
    —Reconozca que la responsabilidad en todo es de dos vías (la de Cristo y la suya). (Filipenses 4:13)
    “Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo”.
    (Proverbios 27:17)
  • Utilice la Palabra de Dios para controlar su imaginación cuando comience a salirse de la voluntad de Dios.
    —“Cuando tenga temor, confiaré en ti”. (Salmos 56:3)
    —“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmos 27:1)
    —“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. (Salmos 46:1)
  • Enfrente las situaciones de temor a través de la fe en el poder de Cristo.
    —Cristo siempre está listo para ayudar.
    —Reconozca su presencia real y pídale ayuda. (Filipenses 4:23)
    —Entregue a él su temor y reciba su gran amor.
    —Muestre amor hacia los demás enfocándose en sus necesidades.
    “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”.
    (1 Tesalonicenses 5:24)
  • Libérese de su temor y fortalezca su fe.
    —Confíe en Dios cada vez más.
    —Sea pacífico.
    —Sea agradecido.
    —Sea más como Cristo.
    “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”.
    (Colosenses 2:6–7)
    D. La verdad os hará libres
    Cuando conocemos la verdad y actuamos con base a ella, podemos vencer el temor. La fuente de la verdad es Aquel que dijo ser el Camino, la Verdad y la Vida: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). La fuente donde encontramos la verdad de Dios es su palabra, la Biblia. El primer paso para identificar las mentiras que subyacen tras sus temores es aplicar la verdad y comenzar a reemplazarlas con la verdad.
    “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.
    (Juan 8:32).
  • Temor: “¡No puedo evitar este sentimiento de intenso temor!”
    Verdad: Ese sentimiento es una ilusión de mi mente y cuerpo. No se ajusta a la verdad.
    “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado”. (Salmos 27:3)
  • Temor: “Soy un fracaso. Siento que me voy a morir”.
    Verdad: El tiempo de muerte está en las manos de Dios. Confiaré en Dios.
    “Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti; le pusiste límites, de los cuales no pasará”. (Job 14:5)
  • Temor: “Yo temo lo que otros piensen de mí”.
    Verdad: Mi paz viene de agradar a Dios, no de agradar al hombre.
    “Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables”. (2 Corintios 5:9)
  • Temor: “Estoy desesperado; nunca cambiaré”.
    Verdad: En Cristo, soy una nueva criatura. Dios da esperanza a todos.
    “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)
  • Temor: “Estoy tan nervioso, que no puedo pensar claramente”.
    Verdad: Dios guardará mi mente y me dará paz.
    “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:7)
  • Temor: “Debo estar en control de las cosas para estar seguro”.
    Verdad: Dios está en control de mi vida, él está conmigo paso a paso.
    “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. (Deuteronomio 31:8)
  • Temor: “Me siento atrapado y no veo la forma de salir”.
    Verdad: Dios siempre provee un avía de escape.
    “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. (1 Corintios 10:13)
    E. Examínese en cuanto al temor
    Cuando examina su temor y el origen de él, su legitimidad y su patrón, podrá entender su temor y desarrollar una estrategia para resolverlo. Primero, acuda a Dios quien es la fuente de toda sabiduría y haga esta oración desde lo profundo de su corazón…
    “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”.
    (Salmos 139:23–24)
    Identifique de manera específica su temor, ¿qué es exactamente a lo que le teme? Luego hágase estas preguntas:
  • ¿Está relacionado mi temor con sucesos recientes o se originó en alguna situación específica del pasado?
  • ¿Es el objeto o la circunstancia de mi temor una amenaza real o percibida?
  • ¿Está mi temor asociado equivocadamente con un evento u objeto que no tengo por qué temer?
  • ¿Proviene mi temor de ciertos lugares, gente o cosas que me recuerdan posibles consecuencias que me atemorizan?
  • ¿Está mi temor presente y persistente arraigado en relaciones interpersonales que ya no frecuento o en un estilo de vida que ya no practico?
  • ¿Es el temor que siento resultado de antiguos hábitos de responder con temor con tal de manipular a la gente que me rodea?
    “La ciencia del prudente está en entender su camino; mas la indiscreción de los necios es engaño”.
    (Proverbios 14:8)
    F. Venza la mentalidad de temor
    Si usted nació y creció en un hogar donde reinaba el temor, fácilmente pudo haber desarrollado una mentalidad basada en el temor y desde pequeño y haberse convertido en un adulto controlado por el temor de hacer enojar a alguna persona. En ocasiones, se siente impotente y sin poder confrontar o igualar a alguien de tú a tú. Seguirá a merced de los que lo rodean porque son “maestros de la manipulación” que usan tácticas de temor a menos que usted pueda reconocer la esclavitud en la que se encuentra y acepte el hecho de que Cristo vino al mundo para liberar a los cautivos. Sí, ¡Cristo vino para liberarlo!
    “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”.
    (Lucas 4:18)
    Cuando sienta temor de una persona o situación:
  • Pregúntese si lo que usted teme va a suceder en realidad.
  • Afirme si lo que teme es algo que realmente es factible que suceda.
  • Reconozca que su fijación en el temor garantizará que vuelva a suceder.
  • Entienda que la mayoría de los temores no tienen nada que ver con lo que está sucediendo en ese momento.
  • Identifique sus traumas pasados que le provocaron temor.
  • Determine qué tan frecuente es el temor que está sintiendo. Pregúntese a sí mismo:
    —¿Qué temor del pasado estoy trayendo al presente?
    —¿Cuándo comencé a tener este temor?
    —¿Qué edad emocional tengo cuando siento este temor?
    —¿Dónde estoy cuando siento este temor?
    —¿Qué está sucediendo cuando tengo este temor?
    —¿Cómo me afecta este temor ahora? ¿A qué costo estoy sintiendo este temor?
  • Dígase a sí mismo: “No voy a dejar que este temor me controle. No permitiré que los temores del pasado me dominen”.
  • Repita esta frase una y otra vez: “Eso sucedió entonces, ahora es diferente… Eso sucedió entonces, ahora es diferente”.
  • Decídase a soltarse de las garras del temor.
  • Haga lo que tenga que hacer para controlar su temor y para dejar de ser temeroso.
  • Decida vivir aquí y ahora, y actúe de forma que no esté basado en su temor.
  • Comparta con alguien de su entera confianza sus temores y sus planes de cambiar.
    “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”. (Santiago 5:16)
    G. Domine su temor por medio de la desensibilización
    Si aprende a identificar lo que dispara su temor, podrá controlar esas situaciones y arrebatarles el poder que ejercen sobre usted. Si se expone regular y continuamente a aquello que incita su temor (algo que activa o detona su sentido de temor o peligro) puede desensibilizarse para ya no temerlo. Si su temor es provocado por alguna situación o si está bajo cuidado médico por causa de sus ataques de pánico, puede tener victoria si sigue el siguiente proceso…
    “Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios”.
    (1 Pedro 1:13)
    Del pánico a la paz
    Si usted es demasiado sensible a un objeto o situación, la desensibilización puede ser la clave para la libertad. Repita los siguientes pasos de manera sistemática, uno a la vez. Después de repetir cada uno por un período de una o dos semanas (o hasta que ya no tenga una reacción emocional fuerte), siga con el siguiente paso. Una reacción ligera es posible y podrá pasar al siguiente paso.
  • Aumente gradualmente su exposición al temor.
    Fobia específica—Ejemplo: temor a los aviones
    —Mire fotografías de aviones.
    —Vaya a un aeropuerto para ver cómo despegan y aterrizan los aviones.
    —Tome un vuelo corto con un amigo.
  • Practique cómo afrontar su temor.
    Fobia social—Ejemplo: temor a iniciar una conversación
    —Practique hacer las preguntas de un vendedor.
    —Tome la iniciativa de saludar con una sonrisa.
    —Escuche cuidadosamente lo que dicen las personas.
    —Haga preguntas sencillas acerca de los demás.
    —Haga comentarios breves acerca de usted.
    —Desarrolle interés genuino en otros.
  • Repita cada paso de nuevo hasta que note reacciones positivas.
    Agorafobia—Ejemplo: temor de un ataque de pánico (temor a espacios abiertos)
    —Abra la puerta principal de su casa y déjela abierta.
    —Permanezca parado a un lado de la puerta abierta el mayor tiempo posible.
    —Salga, permanezca en el patio delantero y respire profundamente.
    —Camine dentro de los límites de su propiedad.
    —Dé una vuelta al exterior de la casa.
    —Siéntese en el automóvil dentro de su cochera.
    —Pida a alguien que lo lleve a dar una vuelta en el auto.
    —Maneje el auto alrededor de la cuadra.
    —Vaya a un centro comercial y siéntese en su automóvil en el estacionamiento.
    —Vaya al centro comercial cuando no haya tanta gente y camine por él.
    —Entre a una tienda y salude a un empleado de ventas.
    —Haga una compra pequeña.
    —Cada paso que dé, dígase a sí mismo:
    “El Señor está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. (Salmos 118:6)
    “Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará”.
    (Deuteronomio 31:6)
    Nota: En caso de reacciones fóbicas severas, el proceso de desensibilización se usa casi siempre con apoyo médico.
    H. Sugerencias de sentido común para vencer el temor y la ansiedad
    En ocasiones las sugerencias generales para enfrentar el temor se omiten porque son demasiado simples y muy “obvias” para considerarlas. Es como ver un bosque sin apreciar los árboles. Estos consejos podrían ser tan simples que no se les dan importancia, pero pueden ser el fundamento sobre el cual se puede edificar un plan efectivo para vencer el temor y la ansiedad.
    “Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca”.
    (Lucas 6:48)
  • Duerma lo suficiente.
  • Ejercítese con regularidad.
  • Diviértase y descanse lo suficiente.
  • Anímese de continuo.
  • Coma saludablemente y evite el consumo de alcohol y drogas.
  • Viva un día a la vez.
  • Escuche música cristiana.
  • Imagínese lo peor y considere por qué no sería tan malo después de todo.
    “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”.
    (Efesios 3:20)
    I. Qué hacer y qué no hacer para apoyar a otros
    Las personas que se atormentan por sus temores necesitan el ánimo e instrucción de aquellos que se han liberado de las garras del temor a través de su relación con Jesús. La gente miedosa necesita amigos que no temen a nada y que puedan ayudarles y acompañarlos a encontrar el camino a la libertad.
    “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo”.
    (Proverbios 18:24)
    No se impaciente cuando no entienda el temor.
    Sí… Entienda que lo que los temerosos sienten es real.
    “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad”. (Proverbios 14:29)
    No piense que lo está haciendo para llamar la atención.
    Sí… Comprenda que la persona tiene vergüenza y quiere cambiar.
    “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago”. (Romanos 7:15)
    No critique o subestime las declaraciones que se hacen.
    Sí… Sea amable y apoye para reconstruir la confianza en sí mismo.
    “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis”. (1 Tesalonicenses 5:11)
    No suponga que usted sabe lo que es mejor.
    Sí… pregunte cómo puede ayudar.
    “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos”. (1 Tesalonicenses 5:14)
    No obligue a la persona a enfrentar una situación peligrosa sin planificarla.
    Sí… Dé instrucciones positivas para el auto-análisis y para realizar ejercicios de relajación.
    “Retén el consejo, no lo dejes; guárdalo, porque eso es tu vida”. (Proverbios 4:13)
    No deje que la persona enfrente la situación fóbica a solas.
    Sí… permanezca cerca y déle seguridad y apoyo.
    “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”. (Eclesiastés 4:9–10)
    No empiece con situaciones difíciles.
    Sí… anime a la persona a enfrentar sus temores poco a poco.
    “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”. (Santiago 1:2–3)
    No pregunte a cada rato: “¿Cómo te sientes?”
    Sí… ayude a ver el valor de centrarse en otros intereses.
    “No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. (Filipenses 2:4)
    No se muestre decepcionado o enojado si la persona falla.
    Sí… anímela y felicítela por el esfuerzo que está haciendo por vencer su temor.
    “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo”. (Proverbios 3:27)
    No diga, “No seas absurdo, ¡No hay nada que temer!”
    Sí diga… “No importa cómo te sientas, repite esta verdad: ‘Tomaré un paso a la vez’ ”.
    “El sabio de corazón es llamado prudente, y la dulzura de labios aumenta el saber”. (Proverbios 16:21)
    No diga, “Eres un cobarde. ¡Tienes que hacer esto!”
    Sí diga… “Sé que esto es difícil para ti, pero no es peligroso. Tienes el valor de hacer esto”.
    “El corazón del sabio hace prudente su boca, y añade gracia a sus labios”. (Proverbios 16:23)
    No diga, “Deja de vivir en el pasado. Esto no es tan malo”.
    Sí diga… “Recuerda permanecer en el presente y repite: ‘Eso era entonces, y esto es ahora’ ”.
    “Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos”. (Proverbios 16:24)
    Todas las citas bíblicas están tomadas de la Versión la versión Reina-Valera 1960
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    Traducción: Elizabeth Cantú de Márquez
    Puebla, México
    BIBLIOGRAFÍA
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Hunt, J. (1990–2011). 100 Claves Bíblicas para Consejería (Vol. 92, pp. 1-27). Esperanza para el corazón.

Avergonzados de Jesús | John MacArthur

Avergonzados de Jesús
by John MacArthur

No estoy seguro de si usted ha notado, como yo, lo difícil que es para los creyentes en televisión o ante el público decir el nombre Jesús. Incluso líderes evangélicos bien conocidos evitan ese nombre al hablarle a un público numeroso, y evitan mencionar “cruz”, “pecado”, “infierno” y otros términos fundamentales de la fe. Hablan mucho de la fe de una manera general y poco comprometedora, pero esquivan cualquier afirmación que les exija adoptar una posición.

En los días que siguieron al ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, muchos estadounidenses instintivamente buscaron valor y solaz en Cristo. Pero incluso en ese entonces, en un servicio en la Catedral Nacional de Washington, D.C, que se transmitió en vivo a todo el mundo, un ministro cristiano elevó una oración en el nombre de Jesús, pero “respetando a todas las religiones”. ¿A todas las religiones? ¿A los druidas? ¿A los que adoran a los gatos? ¿A las brujas? Un ministro cristiano de una iglesia cristiana no debe sentirse obligado a condicionar ni a pedir disculpas por orar al único Salvador verdadero.

Pablo dio una afirmación impresionante en Romanos 1:16-17:

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío, primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”.

¿Por qué dijo Pablo: “No me avergüenzo del evangelio?” ¿Quién se va a avergonzar de noticias buenas como estas? Si alguien encuentra la cura para el SIDA, ¿lo abrumaría la vergüenza como para no proclamarla? Si alguien descubriera una cura para el cáncer, ¿sentiría tan terrible vergüenza como para no poder abrir la boca? ¿Por qué es tan difícil mencionar la cruz?

Aunque el mensaje de salvación que Pablo proclamaba era el mensaje más maravilloso e importante de la historia, el público y las autoridades lo habían tratado de manera humillante por predicarlo vez tras vez. Ya por aquel entonces en su ministerio, lo habían apresado en Filipos (Hechos 16:23-24), lo habían obligado a salir corriendo de Tesalónica (Hechos 17:10), lo habían hecho escabullirse de Berea (Hechos 17:14), se habían reído de él en Atenas (Hechos 17:32), lo habían tildado de loco en Corinto (1 Corintios 1:18, 23) y lo habían apedreado en Galacia (Hechos 14:19). Tenía muchas razones para avergonzarse, pero su entusiasmo por el evangelio no disminuía. Jamás, ni por un momento, consideró diluirlo para hacerlo más atractivo al público.

En algún momento u otro de nuestra vida como creyentes, todos hemos sentido vergüenza y hemos mantenido nuestra boca cerrada cuando debimos haberla abierto. O, llegada la oportunidad, nos hemos escondido detrás de algún mensaje inocuo tipo “Jesús te ama y quiere que seas feliz”. Si usted nunca se ha sentido avergonzado por proclamar el evangelio, probablemente nunca lo ha proclamado claramente, en su totalidad, tal como Jesús lo proclamó.

¿Por qué no puede el creyente ejecutivo de negocios testificar ante su junta administrativa? ¿Por qué el catedrático universitario creyente no puede pararse ante la facultad entera y proclamar el evangelio? Todos queremos que nos acepten, y sabemos, como Pablo lo descubrió tantas veces, que tenemos un mensaje que el mundo rechazará; y que mientras más nos aferremos a ese mensaje, más hostil se volverá el mundo. Así es como empezamos a sentir vergüenza. Pablo superó eso por la gracia de Dios y el poder del Espíritu, y dijo: “No me avergüenzo”. Es un ejemplo contundente para nosotros, porque sabemos el precio de la fidelidad a la verdad: el rechazo del público, la cárcel y, al final, la ejecución.

La naturaleza humana en realidad no ha cambiado gran cosa en toda la historia; la vergüenza y el honor eran asuntos muy serios en el mundo antiguo, tal como lo son hoy. Allá por el siglo IX antes de Cristo, el poeta épico Homero escribió: “El bien principal era que hablaran bien de uno, y el mal mayor, que hablaran mal de uno en la sociedad”. En el siglo I de nuestra era, el apóstol Pablo ministraba en una cultura sensible a la vergüenza, que buscaba el honor, y sin sentir vergüenza alguna, predicaba un mensaje ofensivo respecto de una persona a quien habían avergonzado en público. Era un mensaje muy hiriente. Era escandaloso. Era necio. Era insensato. Era anacrónico.

Sin embargo, como dice 1 Corintios 1:21, “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”. Era este escandaloso, hiriente, necio, ridículo, extraño, absurdo mensaje de la cruz el que Dios usaba para salvar a los que creen. Las autoridades romanas ejecutaron a su Hijo, el Señor del mundo, por un método reservado solo para las heces de la sociedad; sus seguidores tendrían que ser lo suficientemente fieles como para arriesgarse a sufrir el mismo fin vergonzoso.

(Adaptado de Difícil de Creer)

Fuente: https://www.gracia.org/library/blog/GAV-B232407

La forma en que quiero sufrir | John Piper

La forma en que quiero sufrir
Por qué amo al apóstol Pablo

El apóstol Pablo no dejó que su sufrimiento por Jesucristo lo pusiera en contra de Él o lo alejara de su misión.

Eso no significa que haya sufrido poco o ligeramente. De hecho sufrió mucho y fuertemente. “Cinco veces he recibido de los judíos treinta y nueve azotes. Tres veces he sido golpeado con varas, una vez fui apedreado” (2 Corintios 11:24–25, LBLA). Pensemos en cómo funcionaría nuestra propia mente si atravesáramos frecuentemente esa clase de sufrimiento.

Pablo se ha dedicado solamente a obedecer a Jesucristo. El resultado de su fidelidad al Cristo resucitado y todopoderoso fue que lo lastimasen una y otra vez en el camino de la obediencia ¿Cómo responderías tu? He conocido a cristianos profesos que se amargaron tanto por las dificultades en sus vidas que se terminaron alejando de la fe cristiana.

¿Quién es la causa decisiva?
Algunos pueden estar pensando: esa gente necesita que les enseñen que Dios no les causó esas miserias y que no deben alejarse de Él como si lo hubiera hecho. Pero Pablo no estaba de acuerdo con eso. Estaba muy empapado del Antiguo Testamento. Sabía como eran las cosas en realidad, sabía lo que pasó, por ejemplo, con Job.

A buen seguro Satanás fue el autor principal de las miserias de Job. Fue él quien se presentó ante Dios y desató las muertes de sus hijos y la miseria de sus llagas (ver Job 1:6–19; 2:7). Pero cuando Job expresó su propio entendimiento de lo que le había pasado, le atribuyó la causa decisiva a Dios: “El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor” (Job 1:21, LBLA). “¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?” (Job 2:10). Y en ambos casos, en la muerte de sus hijos y en las horribles llagas, el escritor del libro dijo: “Job no pecó con sus labios” (Job 1:22; 2:10).

Cuando todo estuvo dicho y hecho, en el último capítulo del libro de Job, el inspirado escritor dice de la familia de Job: “se condolieron de él y lo consolaron por todo el mal que el Señor había traído sobre él” (Job 42:11). Así que podemos hacer a un lado la idea de que Pablo pensaba que todos sus sufrimientos eran fortuitos, demoníacos o causados por la mano del hombre. Él sabía que provenían de Jesucristo mismo, quién le había avisado que vendrían (en Hechos 9:16).

Cuando surgen los problemas
Volvamos a mi sugerencia de ponernos en el lugar de Pablo y tratemos de imaginar cómo nos sentiríamos si pasáramos por sus despiadados sufrimientos, y cómo funcionaría nuestra mente.

Puedo imaginar a alguien en el lugar de Pablo decir “mira, Jesús, te he dedicado mi vida. Te he escuchado decir que tu yugo es fácil y tu carga ligera (en Mateo 11:30). Me has prometido paz y contentamiento (en Filipenses 4:7, 11-13). Pero casi cada vez que intento dar testimonio de ti ¿qué obtengo? Dolor. Esta no es la recompensa que espero de un líder fuerte y bondadoso. Esta no es la forma en que pensé que tratarías a tus fieles seguidores. Así que, a menos que utilices tu poder para hacer mi vida más fácil y no más difícil, habré terminado con esto del cristianismo”.

Jesús predijo que habría conversos en apariencia que responderían así. Dijo que “no tienen raíz profunda en sí mismos, sino que sólo son temporales; entonces, cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, enseguida tropiezan y caen” (Marcos 4:17).

Jesús les dijo a sus seguidores que el abuso era de esperar: “Seréis entregados aun por padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de vosotros” (Lucas 21:16). “Les enviaré profetas y apóstoles, y de ellos, matarán a algunos y perseguirán a otros” (Lucas 11:49). Y cuando Jesús transformó por completo la vida de Pablo en el camino de Damasco y le dio una misión de vida, lo dijo explícitamente: “Porque yo le mostraré cuánto debe padecer por mi nombre” (Hechos 9:16).

Así que cuando Pablo sufrió en el camino de la fiel obediencia a Jesús, no lo acusó de haberlo estafado, no criticó sus formas o murmuró en contra de su sabiduría soberana. Sin embargo, si pidió liberación. A veces llegó (en Hechos 22:25-29), a veces no.

La pasión por Jesucristo durante el sufrimiento
Una vez en particular, cuando la liberación del sufrimiento no llegó y Pablo estaba pasando por un momento duro, lo llamó “una espina en la carne” (2 Corintios 12:7) y dijo:

“Tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:8-9).
¿Qué te parece esto? Es una respuesta sorprendente de Jesús ¿Cómo hubieras reaccionado a estas palabras? ¿Dirías “¡Tu poder! ¡Tu poder se perfecciona en mi debilidad! Jesús, por amor de Dios, ¡es mi cuerpo el que está sufriendo! ¿Y tu poder obtiene la gloria? ¿Qué tal algo de gracia y liberación?”?

Es aterrador pensar en cuántos cristianos en el rico oeste responden de esta manera al sufrimiento en sus vidas. Se enojan con Dios. Y si supieran que el diseño de Dios es magnificar la gloria de su gracia en el sufrimiento de ellos, estarían furiosos con Dios y con quien sugiriera tal cosa.

Complacerse en la angustia
Esa misma furia arroja el mayor alivio en la respuesta que Pablo le dio a Jesús cuando le dijo que no iba a quitar su espina. Él dijo:

Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Corintios 12:9-10)
¿Podemos imaginar ese sentimiento? ¡Gustosamente! después de haber rogado liberación tres veces y que te digan que no, decir “muy gustosamente me gloriaré” en las debilidades que me trajo esta espina.

Eso es lo mucho que Pablo amaba a Jesucristo. Eso es lo mucho que vivió por la gloria de Jesucristo. Si Jesucristo dice que su gloria brillará aún mas a través del sufrimiento de Pablo, entonces Pablo, increíblemente, se regocija en su sufrimiento. Así funciona su corazón. Su valor supremo es aumentar la gloria de Cristo, por eso se complace en persecuciones y angustias.

Esta es la clase de persona que más admiro, la clase de persona que quiero ser, la clase de persona que amo.

John Piper (@JohnPiper) is founder and teacher of desiringGod.org and chancellor of Bethlehem College and Seminary. For 33 years, he served as pastor of Bethlehem Baptist Church, Minneapolis, Minnesota. He is author of more than 50 books, including Desiring God: Meditations of a Christian Hedonist and most recently Foundations for Lifelong Learning: Education in Serious Joy.

El yugo desigual en el matrimonio | D.L. Moody

El yugo desigual en el matrimonio.

D.L.Moody

Creo que el yugo desigual en el matrimonio es la puerta por la cual entran más desgracias a nuestros hogares que por ninguna otra.

Muchas esposas cristianas prometen acompañar y/o apoyar a sus esposos incrédulos en cualquier deseo de su vano corazón con tal de que ellos vayan a la iglesia el domingo.

La esposa cree que de esta manera logrará la conversión del esposo, pero mi experiencia ha sido que, en noventa y nueve casos de cada cien, la mujer pierde su testimonio y es rebajada hasta el nivel del marido.

¿Cómo pueden los hijos de Dios esperar bendiciones, si en contra del mandamiento divino se casan con personas impías?

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 2 Corintios 6:14 RVR1960