Jeroboam y su culto falso

Sábado 21 Octubre
Y habiendo tenido consejo, hizo el rey [Jeroboam] dos becerros de oro, y dijo al pueblo… he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.
1 Reyes 12:28-30
Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres.
2 Crónicas 11:16
Jeroboam y su culto falso
Después de los tiempos gloriosos de gran consagración a Dios bajo el reinado de David y Salomón, ¡qué triste es ver cómo se impuso una nueva forma de adoración que era, ciertamente, una adoración falsa! Con esto los hijos de Israel abandonaron a Dios por los ídolos. Sin embargo, hubo quienes permanecieron fieles porque sus corazones permanecieron en Dios.

Es terrible ver lo cambiante que es el corazón del hombre: convencido de algo un día, abandona al siguiente lo que creía tan verdadero. Puede ser por conveniencia que cambie de opinión de esta manera, o por lazos o influencias familiares, o para obtener, más o menos conscientemente, alguna ventaja. O puede ser que esta nueva forma de pensar sea más atractiva que la anterior. Nuestras mentes están, por supuesto, convencidas de que tenemos razón, pero debemos recordar que nuestro corazón natural es engañoso y desesperadamente perverso.

Sin embargo, leemos que los “que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel” hicieron lo que Dios quería. Se dieron cuenta de que este nuevo culto no era conforme a la Palabra de Dios, y lo rechazaron, porque querían ser fieles a Dios y obedecerlo. Buscaban su aprobación y su comunión. Que nosotros también tengamos un corazón que busque a Dios y su gloria, dándole el lugar que le corresponde.

Albert Blok
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Tres cosas para recordar al consolar a personas en duelo | Randy Alcorn

Tres cosas para recordar al consolar a personas en duelo

Randy Alcorn

“Gócense con los que se gozan y lloren con los que lloran” (Ro. 12:15). Tendemos a ser mejores en el regocijarnos. Como no nos gusta sentir dolor, tendemos a ignorar el dolor de los demás. Pero ellos necesitan que nos convirtamos en los brazos de Cristo para ellos.

Aquí hay tres cosas que debemos recordar cuando somos llamados a consolar a aquellos que están en duelo:

  1. Ignorar el dolor de alguien es añadir a ese dolor.
    En lugar de temer que digamos algo equivocado, deberíamos acercarnos a las personas que están en dolor. Muchas veces es mejor simplemente poner nuestros brazos alrededor de alguien y llorar con ellos; las personas casi siempre aprecian cuando reconoces su pérdida. Siempre que tu corazón esté en el lugar correcto, decir algo es casi siempre mejor que decir nada.

En lugar de temer que digamos algo equivocado, deberíamos acercarnos a las personas que están en dolor.

La gente necesita sentirse amada. Un niño en dolor necesita sentir los brazos de su padre alrededor de él. Cuando el padre está ausente, puede dejar palabras de amor escritas, como Dios lo ha hecho en su Palabra. Sin embargo, también puede pedirle a los hermanos y hermanas mayores del niño que expresen su amor hacia su hijo.

  1. Hay un tiempo para el silencio, para solo sentarse y escuchar, y llorar con los que lloran.
    A menudo condenamos a los amigos de Job, pero debemos recordar que ellos empezaron bien. Cuando vieron su miseria, lloraron en voz alta. Y luego, durante siete días y noches, se sentaron con él, en silencio, expresando sin palabras su preocupación por él (Job 2:11-13).

Si no sabemos qué decirle a un amigo en crisis, recuerda que mientras los amigos de Job permanecieran callados, le ayudaron a soportar su dolor. Más tarde, cuando comenzaron a dar consejos y reprensión no solicitada, Job no solo tuvo que lidiar con su sufrimiento, sino con respuestas engreídas de sus amigos, lo que aumentó su sufrimiento.

Cuando alguien en dolor expresa crudamente sus emociones, no debemos regañarlos. Los amigos dejan que sus amigos compartan sus sentimientos honestos. Cuando la corrección prematura y equivocada de los amigos de Job hirió a Job, ellos no tuvieron suficiente tacto para decir “lo siento”, y luego callarse. Ellos continuaron haciendo daño. Job les dijo: “Consoladores molestos son todos ustedes” (Job 16:2).

Darrell Scott me contó que después de que su hija Rachel fuera asesinada en Columbine, la gente a menudo le citaba Romanos 8:28. No estaba listo para oírlo. Cuán triste es que un verso tan poderoso, citado descuidada o prematuramente, se convierta en una fuente de dolor cuando debería ofrecer gran consuelo. Piensa en las verdades de Dios como herramientas. No uses un martillo cuando necesites una llave. Sobre todo, no utilices algunas de ellas cuando necesites darle a alguien un abrazo, una manta, o una comida, o simplemente llorar con ellos.

Los amigos dejan que sus amigos compartan sus sentimientos honestos.

Por otro lado, Nancy Guthrie dice que las personas que sufren deben extender gracia a los consoladores insensibles que les hacen daño. Lo último que necesita una persona afligida es llevar la carga del resentimiento. “Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo” (Ef. 4:32).

  1. No te desaparezcas ni evites a tu amigo que te necesita ahora más que nunca.
    Mi madre murió en 1981, cuando yo era un pastor joven. Diez años antes, no mucho después de convertirme en cristiano, tuve el gozo de conducir a mi madre a Cristo. Crecimos juntos, leyendo y discutiendo las Escrituras y grandes libros, orando y riendo juntos, y luego discutiendo sobre mis hijas, sus nietas, Karina y Angela. Cuando ella murió, lloré mi pérdida, la de mi esposa, y sobre todo la de mis hijas. Sentí que arrancaron una parte de mí.

Cuando entré en la iglesia ese primer domingo después de la muerte de mamá, sentí como si mi presencia separaba el Mar Rojo. En lugar de saludarme calurosamente en su manera habitual, la gente se hizo a un lado. Sabía que lo hacían porque no sabían qué decir, pero eso magnificó mi soledad.

La mayoría de nosotros hemos visto a amigos desaparecer cuando más los necesitábamos y, sin querer, hemos hecho lo mismo con otros. Si te encuentras en la posición de no querer hacer una llamada telefónica cuando te enteras de la crisis de alguien, recuerda que cualquier expresión de preocupación es mejor que ninguna. Cuando las personas pierden a un ser querido, no quieren “seguir adelante” como si la persona nunca hubiera existido. Usualmente quieren y necesitan hablar de ellos, aunque hacerlo les haga llorar.

Originalmente publicado por Eternal Perspectives Ministries, donde también puedes leer una extensa lista de libros (en inglés) recomendados por el autor. Traducido por Diana Rodríguez.

Randy Alcorn es el autor de más de 40 libros y también el fundador y director de Ministerios Eterna Perspectiva. Él ama a Jesús, su esposa Nanci, sus hijos, y sus cinco nietos.

Tenemos acceso con confianza a Dios

Miércoles 11 Octubre
Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.
Efesios 3:11-12
Tenemos acceso con confianza a Dios
Podemos ver ilustrada esta verdad, la cual nos es abierta en el Nuevo Testamento, en un acontecimiento del Antiguo Testamento, pero en forma de contraste. Durante la época de la reina Ester, se había desatado una viciosa amenaza contra las familias judías de Persia, una amenaza de muerte estimulada por el odio hacia Mardoqueo, el primo mayor que había cuidado de Ester cuando era niña. Este le advirtió que incluso ella sería arrastrada por la violencia a menos que el rey actuara para evitar tal desenlace.

Ester le recordó a Mardoqueo que el acceso al rey era muy limitado. Se sentaba en un trono real en una casa real. Por ley, entrar incluso en el patio que rodea esa casa se castigaba con la muerte. Aunque el rey había hallado gran complacencia en Ester y la amaba por encima de todas las mujeres de su corte, Ester no tenía ninguna seguridad de que fuera a ser bienvenida. De hecho, no había sido llamada ante el rey desde hacía un mes; y cuando aceptó ir sin invitación, anticipó plenamente que podría significar su muerte (Est. 4:11-16).

¡Qué contraste con el pasaje de hoy! En la época de la Iglesia, mediante la fe en Cristo Jesús, nuestro Señor, todo creyente tiene acceso con confianza a la presencia de Dios. Venimos con valentía ante el trono de la gracia para buscar ayuda oportuna, y venimos con la seguridad de que Dios se deleita en vernos allí. La reina Ester solo podía esperar, con incertidumbre, que el rey extendiera su cetro de oro, indicando su aprobación por el momento. Sin embargo, el cristiano ve a Cristo mismo en la presencia de Dios y, por lo tanto, tiene una aceptación inmediata allí. “Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Jn. 5:14). Estos versículos del Nuevo Testamento son como el cetro de oro de Dios, siempre extendido en gracia hacia nosotros.

Stephen Campbell
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Un espíritu quebrantado como sacrificio a Dios

Martes 10 Octubre
Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará… misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.
Oseas 6:1, 6
Un espíritu quebrantado como sacrificio a Dios
Este capítulo comienza de una forma mucho más alegre que el anterior. Los tratos de Dios con Israel habían obtenido el resultado deseado. Hubo un verdadero retorno a Dios. Llegaron a confiar en él, quien, a pesar de sus fracasos, los vendó amorosamente debido a Su propia bondad. Conocieron a su Dios, y él los bendijo.

¿Perduró este cambio? Lamentablemente, pronto se envolvieron de un espíritu fariseo. No dejaron de observar la ley de Moisés, sino que enseñaban meticulosamente todos los mandamientos de Dios. Incluso el Señor Jesús pudo decir: “Todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo” (Mt. 23:3). Sin embargo, su corazón estaba lejos de Dios. Por eso Dios les dijo que no quería sacrificios ni holocaustos. Pero ¿por qué los pidió entonces en primer lugar?

He aquí una lección para nosotros, una lección que David comprendió después de haber caído tan profundamente (Sal. 51:16-17). Dios quiere sacrificios solo cuando están acompañados de un espíritu de obediencia, de corazón contrito, de amor y de conocimiento de Dios.

Hoy en día, los cristianos también pueden conducirse y servir de forma meticulosa y perfecta; pueden, como los fariseos, aplicar la Palabra al pie de la letra en todo lo que hacen. Pero todo esto no tiene valor si no muestran la bondad y el carácter de Dios. Si pisoteamos la conciencia de nuestros hermanos y hermanas y despreciamos sus ejercicios de corazón y de conciencia, nuestros orgullosos sacrificios serán una abominación para Dios. Porque entonces no estaremos manifestando el carácter de nuestro Señor en nuestra vida práctica, por muy bíblica que esta luzca. Actuar con un espíritu de orgulloso legalismo es un gran peligro para todos los que buscan obedecer la Palabra de Dios. ¡Cuidémonos de ello!

John van Dijk
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

¿Por qué voy a la iglesia? | Paul D. Tripp

¿Por qué voy a la iglesia?

Paul D. Tripp

La iglesia es maravillosa. La iglesia es importante.

La iglesia está destinada a recordarnos la condición miserable en la que el pecado nos dejó a nosotros y a nuestro mundo, y del glorioso rescate de la gracia redentora.

Las canciones que cantamos, las Escrituras que leemos, los sermones que escuchamos y las oraciones en las que participamos están diseñados para evitar que demos por sentado la persona y la obra de Jesucristo.

A pesar de todo esto, hay algunos domingos que no asisto a la iglesia con buena actitud.

Sé que eres más como yo, que diferente a mí.

Si bien hay muchos domingos en los que estamos emocionados por ir a la iglesia, existen esos «otros domingos» en los que simplemente no quieres estar allí.

Son más domingos de los que quisiera admitir, me quejo en mi camino al servicio de adoración. Hay algunas semanas en las que simplemente estoy siguiendo los movimientos, yendo a la iglesia porque se supone que debo hacerlo.

(¡A veces voy porque me obliga mi mujer! Pero sé que a ninguno de vosotros os ha pasado nunca…)

Pero en estos domingos algo sucede: la gloria de Dios se enfrenta a mi voluble corazón.

Dios ordenó que nos reuniéramos para adorar, porque nos conoce y conoce las debilidades de nuestros corazones quejumbrosos y fácilmente distraídos. Él sabe cuán pronto olvidamos la profundidad de nuestra necesidad como pecadores y la amplitud de sus provisiones en Jesucristo.

Él sabe que las pequeñas mentiras pueden engañarnos y los pequeños obstáculos pueden desanimarnos. Él sabe que la justicia propia todavía tiene el poder de engañarnos.

Entonces, en gracia, nos llama a reunirnos y considerar la gloria una vez más, a emocionarnos una vez más y a ser rescatados una vez más.

No es solo que estos servicios de adoración nos recuerdan la gracia de Dios; estos servicios de adoración son en sí mismos un regalo de gracia.

Ir a la iglesia está diseñado para confrontarte con la gloria de la gracia de Jesús para que no busques vida, ayuda y esperanza en otra parte.

¿Estás permitiendo que te confronten?

Dios los bendiga

Deudas mutuas en el matrimonio | Peter Masters

Deudas mutuas en el matrimonio

Peter Masters

Cristo ha pagado nuestra deuda eterna. ¡Cuán dispuestos tendríamos que estar ahora a pagar las deudas que debemos a la persona que Dios nos ha dado para el peregrinaje de nuestra vida! Aquí tenemos el concepto bíblico del matrimonio cristiano.

“El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido” (1 Corintios 7:3) RV1909.

El apóstol Pablo está respondiendo preguntas que la iglesia de Corinto le ha hecho. Lo podemos ver en sus palabras: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer”.
Evidentemente una de las preguntas era: “¿Es mejor no casarse?”. Quizás otra era: “¿Debería existir abstinencia sexual entre cristianos casados?”. No podemos decir exactamente cuáles fueron las preguntas, pero la respuesta de Pablo sugiere que tenían que ser algo así.
Cuando dice que sería bueno que el hombre no tocara mujer, nos damos cuenta de que se está refiriendo al matrimonio. No dice que sea mejor no casarse, o que permanecer soltero sea un estado superior, sino solamente que es bueno y aceptable a los ojos de Dios. Después muestra que el estado de soltero puede tener muchas ventajas para el servicio al Señor. Es bueno, saludable y a menudo es una situación maravillosa y necesaria y, desde luego, lo fue para alguien como el apóstol Pablo.
Como apóstol, y viviendo en tiempos difíciles, viajaba de sitio en sitio constantemente y nunca estaba en ningún lugar por más de tres años, y después se iba y muy frecuentemente su estancia en cualquier lugar era mucho más corta. Pablo constantemente tenía que hacer frente a persecución y oposición. ¿Podemos imaginar la angustia mental de su esposa si hubiera estado casado? Constantemente habría estado ansiosa; y su pobre corazón casi partido conforme el apóstol aguantaba todo el rigor de su labor. Cuando hubiera estado de vuelta a casa, en qué condición tan alarmante se encontraría a veces después de palizas crueles y tratamiento violento.
¡¿Qué estamos diciendo?! ¿“Cuando hubiera estado de vuelta a casa”? Él no tenía un hogar. Aquel cuyas palabras han sido atesoradas por billones de creyentes a lo largo de la era cristiana no tenía ningún lugar del cual pudiera decir que era suyo. Dondequiera que iba, dependía de la hospitalidad; y a veces incluso vivió al aire libre. Cuando consideramos las adversidades de la vida distintiva de Pablo, vemos que el no estar casado era para él un acto necesario de compromiso hacia el Señor.
Si no estamos casados, el Señor nos sostendrá y bendecirá poderosamente. Así que el apóstol declara por inspiración de Dios que el estado de soltero es uno noble que el Señor bendice.
Pero entonces Pablo dice: “pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido”. Desde luego, la condición más normal es estar casado. Nunca sea prohibido el matrimonio, dice el apóstol en 1 Timoteo. Advierte que en los últimos días, se levantará gente que prohibirá el matrimonio. Son falsos maestros que enseñan doctrinas de demonios y sacan sus ideas de espíritus engañadores, y con hipocresía hablan mentira. Pablo dice estas terribles cosas acerca de la gente que prohíbe o desalienta el matrimonio.
Aunque puede parecer que el apóstol está diciendo que el estado de soltero es superior al matrimonio, claramente no es así. El matrimonio es algo que Dios ha decretado, y es la condición general de hombres y mujeres; y así lo enseña Pablo, pero enfatiza que ambos estados, tanto el de casado como el de soltero, son bendecidos por Dios.
Notamos que Pablo dice que el matrimonio está ahí con el fin de evitar la fornicación, pero en otras partes de las Escrituras da otras razones mucho más grandiosas para ello. Aquí simplemente establece un propósito moral obvio, pero lo hace en una forma muy hermosa mediante una explicación curiosa.
Este es uno de los casos en los que no solo tenemos que leer sino también “oír” sus palabras: “pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido”. Las dos últimas frases utilizan casi las mismas palabras y, mediante esto, Pablo hace hincapié en una característica central del matrimonio. ¡Piense en esto!: poseer “su propia mujer”, “su propio marido”. Ella le pertenece a él, y él le pertenece a ella. El uno es para el otro una posesión valiosa; una posesión que se debe valorar, estimar, apreciar y amar. “Su propio […] su propia” para cuidarle. Mi único(a) esposo(a).

En Génesis 2 leemos cómo Eva fue creada del costado de Adán, y él dijo estas palabras: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. ¿Pensamos que solo estaba hablando desde un punto de vista biológico, realizando una observación física obvia? ¿O nos damos cuenta de que aunque utiliza el lenguaje de un hecho biológico literal, en realidad está expresando sus más profundos sentimientos? No es meramente una observación biológica, sino lo que realmente piensa de Eva.
Y mientras que esto no es una verdad literal para nosotros, los maridos y las mujeres deberían ser capaces de decir el uno del otro: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Estas palabras expresan la cercanía de la posesión. “Las preocupaciones de mi esposa y sus dolores son míos, tal como si realmente lo fueran”. “Las preocupaciones de mi esposo y sus dolores son míos, tal como si realmente lo fueran”.

Los jóvenes especialmente deberían ser conscientes de que el grado excesivo de “roce” hoy en día es algo nuevo…

Antes de continuar con las deudas mutuas en el matrimonio, debemos comentar las palabras “bueno le sería al hombre no tocar mujer”. Aunque esto es un eufemismo para el matrimonio, al mismo tiempo contiene literalmente verdadera sabiduría. Tenga cuidado de la “cultura” moderna. Los jóvenes especialmente deberían ser conscientes de que el grado excesivo de “roce” hoy en día entre hombres y mujeres es algo nuevo; nunca fue así antes.
Hasta hace poco, los hombres no tocaban a una mujer excepto para estrecharle la mano. Pero la cultura degradada y carnal de los últimos años ha introducido cada vez más un toqueteo entre hombres y mujeres fuera del matrimonio.

Abrazarse, sentirse y besarse es ahora una característica normal de nuestra sociedad. Ya no es solo una afectación de los famosos y los hombres de negocios, sino que también se extiende a los políticos y a cualquiera en la mira pública. Sin embargo, el respeto tradicional por el sexo opuesto considera todo este toqueteo como impropio, descortés, e incluso rayando lo ordinario. Es demasiado confianzudo y también sumamente imprudente. Creemos que mucha gente se toquetea con el sexo opuesto inocentemente, suponiendo que solo están mostrando un comportamiento amistoso; pero muchas personas lo hacen para obtener excitación carnal, y afirmamos que el enunciado de Pablo contiene sabiduría literal.

En el pasado, en las culturas de los países con una fuerte influencia cristiana, el toqueteo confianzudo con el sexo opuesto era visto como algo irrespetuoso, insolente e indecoroso, y también nosotros deberíamos considerarlo así hoy en día. Si las personas se comportan con demasiada liberalidad en estas cuestiones, muchos pronto caerán (y caen) en el pecado de tener malos pensamientos.

Pasamos ahora a otro enunciado intencionalmente largo del apóstol, las grandes palabras “El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido” (RV1909). ¿Qué es exactamente “la debida benevolencia”? This is the translation of the martyr William Tyndale, which, like much of the New Testament, was adopted by the King James translators.
La palabra “debida” se refiere literalmente a una deuda que se tiene que pagar, o a un deber. Lo que se debe es benevolencia, una palabra que no se encuentra en algunos manuscritos antiguos, pero incluida firmemente en el Texto Mayoritario, y en el Texto Recibido del Nuevo Testamento griego. Algunas versiones modernas de la Biblia se precipitan en omitir la palabra, con su tendencia a “empobrecer” la traducción. Al hacerlo, logran que el pasaje entero hable acerca del sexo y de las relaciones sexuales. El mundo (y los periódicos sensacionalistas), cuando habla acerca del matrimonio, tiende a hablar solo del sexo, pero la Biblia habla acerca de asuntos más profundos también. Y así ocurre en este capítulo siete de 1 Corintios, donde el apóstol no llega a las relaciones sexuales sino hasta después de que ha hablado acerca de cómo el hombre y la mujer se poseen el uno al otro y pagan un deuda mutua de benevolencia. La Palabra inspirada pone estas cosas importantes y valiosas justo al principio, porque el matrimonio es mucho más que una relación sexual, tan importante como pueda ser.
La debida benevolencia es una deuda de buena voluntad, o de amabilidad en acción. La versión inglesa New King James (nueva versión del Rey Jaime) mantiene la idea de benevolencia, excepto que debilita la palabra un poco al sustituirla por “afecto”. Esto no es lo suficientemente fuerte, porque el afecto puede ser solo una emoción, pero la benevolencia es una emoción que se expresa activamente en acciones amables.
Tenemos una deuda de ofrecer una actitud amable y acciones amables y debemos pagarla. Nuestra deuda o deber bíblico contiene al menos siete aspectos, y si alguno de nosotros no lo estamos pagando, entonces pecamos contra el Señor.

Compromiso exclusivo
El primer elemento de esta obligación séptupla es muy obvia: es un compromiso exclusivo. El matrimonio es un pacto que incluye promesas que se tienen que cumplir. Hemos hecho votos y promesas de absoluta seguridad en un compromiso exclusivo, y no debe haber traición, por pequeña que sea, bajo ninguna circunstancia. Todas las tentaciones de falta de respeto o aversión entre sí tienen que ser expulsadas ​​inmediatamente, y los malos pensamientos se deben sustituir por buenos pensamientos. Considerar que otra persona fuera un esposo o esposa más adecuado(a) o deseable sería escandaloso y malvado, y no se tiene que cavilar ni por un momento. Tenemos una deuda y deber vinculantes ante Dios de permanecer leales el uno para con el otro a lo largo de la vida, y las únicas razones para la interrupción de esta deuda son aquellas nombradas en las Escrituras.
Parte de ser leales incluye un profundo respeto el uno por el otro y por nuestra unión, y esto significa que nunca hablamos del otro a una tercera persona en relación a asuntos personales y privados, ni hacemos comentarios críticos. Nunca nos traicionamos o nos ponemos en evidencia. Algunas personas lo hacen, pero son muy insensatas, comportándose como mundanos superficiales. Se quejan acerca de su marido o su mujer, incluso acerca de cosas bastante íntimas, y cosas que siempre deberían mantenerse estrictamente entre ellos, y hablan a terceras personas muy a la ligera. Esta es una forma de traición que debilita enormemente la unión que Dios ha dado y es un abandono del deber de fidelidad.

El deber de cuidado mutuo
La segunda obligación en nuestra deuda séptupla es el deber bíblico de cuidado mutuo. Tenemos que cuidarnos el uno al otro. A veces algunas buenas personas, cuando llevan casadas varios años, se olvidan de cuidarse el uno al otro, y especialmente si ambos son bastante fuertes y capaces. Dejan que el otro se valga por sí mismo y continúan con sus vidas, no poniéndole mucha atención al otro. Esto no es suficiente, porque tenemos un deber de cuidarnos de forma considerada y amorosa. Tenemos un deber de protegernos, alentarnos y confortarnos siempre que sea necesario, ayudándonos en nuestras diferentes tareas. A menudo puede que se ayude muy poco al otro. Puede que haya atención, apreciación, entendimiento y colaboración insuficientes.
Este deber de cuidado incluye esfuerzo para potenciar los dones del otro para el servicio al Señor, lo cual hemos incluido más adelante en el artículo.

El deber de amar
La tercera obligación en esta deuda séptupla es el deber de amar. Debemos hacer todo lo que sea necesario para mantener viva la llama del amor. El amor no es una emoción automática que sobrevive por sí misma, sino una que debe ser ejercitada y expresada, y si no se hace, pronto se enfría.
“Maridos, amad a vuestras mujeres”, dice el apóstol repetidamente en Efesios 5. ¿Estamos expresando amor? ¿Lo estamos comunicando? Si no es así, no estamos pagando nuestra deuda y somos culpables ante Dios. En el mundo la gente puede que diga: “Ya no le quiero”, como si no lo pudieran evitar, y su matrimonio ha terminado. Pero el amor es en gran manera una elección y, a menos que algún gran pecado intervenga, nunca se debería permitir que el amor decaiga y fracase.
El amor comienza con apreciación y cortesía inagotable. Después pasa a un gran afecto y actos de amabilidad. Después valora y atesora su objeto, y reflexiona sobre él de forma que el lazo sagrado de posesión pueda ser forjado. Nunca debe dejar de ser expresado de esta forma.
A los maridos se les manda amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia, el cual es un amor sacrificado; un amor que nunca cesa de bendecir activamente.

Si pensamos demasiado acerca de nuestros problemas y desgracias, o nuestros hobbies y placeres, no nos quedará mucha energía emocional para amar a nuestra esposa o esposo…

Para mantener vivo el amor, ciertos pecados específicos, como la autoindulgencia, deben ser evitados. Si pensamos demasiado acerca de nuestros problemas y desgracias, o nuestros hobbies y placeres, o nuestros objetivos e intereses, no nos quedará mucha energía emocional para amar a nuestra esposa o esposo. De igual forma, la autocompasión drena todas las reservas de un sentimiento real por otra persona. Puede ser que una persona haya llevado una vida dura con muchas desgracias, pero si tal persona no raciona firmemente la reflexión, y en vez de ello cae en un lamento constante, el amor por la otra persona no podrá prosperar.
El orgullo también estropea el amor porque pone en el centro de su vida a la propia persona, de forma que nadie más importa mucho. Toda emoción disponible es gastada en la suerte y fortuna, logros o reveses del “número uno”. Malgastar la “divisa” de la emoción es ser incapaz de amar verdaderamente. (Los lectores se darán cuenta de que estamos usando el lenguaje poéticamente y no científicamente).

El deber de cuidado espiritual
Nuestra cuarta obligación en esta deuda séptupla es el de cuidado espiritual. Dios nos hará responsables del nivel de cuidado espiritual que damos, y esto comienza con oración el uno por el otro, y la oración comienza con alabanza. Si sinceramente alabamos a Dios y le agradecemos por nuestro esposo o esposa, es muy poco probable que tengamos sentimientos de amargura, tontos y egoístas, el uno por el otro. Deberíamos percibir lo bueno del otro tanto como sea posible, y orar por bienestar, bendición espiritual y salud; y también por felicidad y éxito en el trabajo, la crianza de los hijos y el servicio por el Señor. Agradezca a Dios por el primer amor y por cada bendición importante que hayan vivido juntos en el transcurso de la vida. Después lean la Palabra juntos y hablen de cosas espirituales.
Esposos, esposas, ¿hablan de cosas espirituales? Puede ocurrir muy fácilmente en un matrimonio que, después de unos pocos años, conocen lo que piensan tan bien que no tienen nada más que decirse y, por consiguiente, su conversación se queda restringida a las necesidades terrenales. Sin embargo, tenemos una deuda, un deber de fomentar un buen interés espiritual y conversaciones al respecto. Esto puede abarcar temas y doctrinas específicas; o las necesidades de la causa de Dios ya sea en nuestra propia iglesia o nacionalmente, o en el extranjero; o puede ser acerca de tendencias a las que tenemos que responder en oración; o sobre nuestros propios esfuerzos de evangelizar a ciertas personas e interceder por ellas. Sobre todo, tenemos que alentarnos el uno al otro a tener dedicación y devoción a Cristo, y a apreciar su poder y sus propósitos.

El servicio espiritual del otro
Nuestra quinta obligación en esta deuda séptupla es posibilitar o potenciar el servicio espiritual del otro. Un marido debe decir: “Tengo que facilitar el servicio espiritual de ambos”. Pablo dice: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”, y se está dirigiendo tanto a ciudadanos libres como a esclavos. Está claro que Pablo no está queriendo decir que los esclavos abandonen a los amos a quienes pertenecían, sino que como siervos dispuestos de Cristo, su prioridad máxima, cualquiera que sea la situación, es estar a su servicio.
“Servimos” a nuestros jefes en el lugar de trabajo, a nuestras familias, y en nuestros hogares, pero la prioridad principal tanto del marido como de la mujer es servir a Cristo. A menudo el marido está involucrado en el servicio al Señor y está muy ocupado; es bendecido, enormemente apreciado y se siente realizado. Pero, ¿y la esposa? ¿Qué es lo que ha hecho el marido para posibilitar que ella sea útil al Señor aparte de cuidar a la familia? Tenemos un deber de ayudarnos el uno al otro en esto, y de no negar al otro el propósito mismo de su salvación.
A veces ni el marido ni la mujer son útiles al Señor porque han querido demasiado del mundo material, quizás un coche o una casa demasiado caros, o una posición muy alta en la vida, de forma que toda su energía y esfuerzo son dedicados a los negocios, al avance y a acumular cosas. Tienen una muy buena posición económica, pero ninguno está sirviendo al Señor, o quizás solo uno porque no han buscado el objetivo correcto. Si no hubieran sido tan ambiciosos, o atraídos por el avance en este mundo habrían sido capaces de dedicar más tiempo en buscar formas de servicio cristiano en la iglesia. ¡Cuánto más felices habrían sido! Es mucho mejor estar al servicio de Cristo que tener tal posición vertiginosa en la vida.
Los maridos deberían decir: “Mi principal finalidad es facilitar el servicio cristiano para ambos, no solo para mí”. Si bien el Señor ha ordenado que el marido sea el cabeza de familia, tanto el marido como la mujer son iguales ante Él, y uno no debería descartar el servicio del otro o ser indiferente al mismo.

Un deber de agradar
Nuestra sexta obligación en esta deuda séptupla es el de agradar el uno al otro. “¿Hago feliz a mi mujer o marido?” Esta es una parte esencial de la benevolencia que es debida. “¿Hago que la vida sea agradable? ¿Doy compañerismo y amistad, al decir buenas cosas y traigo buenas nuevas y hablo de cosas gratas y reconfortantes?”.
“¿O estoy en el otro extremo, tan ocupado que no le dedico al otro ni un minuto de mi tiempo o de mis pensamientos, y rara vez hablamos de un modo sustancial o alentamos los sentimientos del otro o sus aspiraciones?”.¡Esto sería terrible! Preguntémonos: “¿Concedo amistad o causo malos estados de ánimo a mi esposa o esposo?”.
Las parejas, desde luego, comparten las cargas, y esto es una de las bendiciones y los privilegios del matrimonio. Pero esto no se debe hacer todo el tiempo porque sería intolerablemente egoísta. Si un marido descarga sus problemas y miedos perpetuamente, y siempre está quejándose y refunfuñando, o si su esposa lo hiciera, la vida no sería nunca agradable, y el uno nunca sería una persona grata para el otro. Se tiene que racionar cuántos problemas se comparten. Piense en algo bueno, para variar; en algo agradable. Nunca piense en los achaques por mucho tiempo. Si puede, lleve la carga con la ayuda del Señor y no espere que el otro tenga que llevar la carga injustamente. Recuerde que tenemos un deber mutuo de alentarnos, de animarnos el uno al otro, como una deuda debida en el matrimonio.

Un deber de moldear
Nuestra séptima obligación en esta séptupla deuda mutua debida en el matrimonio es el deber de moldearnos el uno al otro. Por favor recuerde que es un deber de moldearse entre sí. Si el moldear se produce en una sola dirección, entonces es una imposición, una carga pesada y una experiencia desagradable. Si él siempre está corrigiéndola, o ella siempre le está corrigiendo, y no es una actividad mutua, hecha con cuidado, es probable que produzca arrogancia en uno y resentimiento en el otro. Tenemos que influir en el comportamiento del otro con cortesía, amabilidad y gentileza, y moldear y dejarnos moldear con mansedumbre.
Martín Lutero bien llamó el matrimonio: “la escuela de carácter”, y lo es. ¿Somos demasiado orgullosos como para aceptar consejo o ayuda de nuestro esposo o esposa? ¿O nos quejamos del comportamiento del esposo o la esposa debido a un mal genio o a una impaciencia irrazonable? El moldeamiento se debe llevar a cabo con paciencia porque la mayoría de las quejas que las personas tienen entre sí no se deberían tener, sino que se deberían cubrir con amor y olvido.

Oremos para deshacernos de este orgullo en el matrimonio, pues daña de forma devastadora, y aprendamos a amar

Normalmente existe una gran diferencia entre el marido y la mujer con respecto a sus dones y a la manera como piensan. Tienen sus puntos fuertes en diferentes áreas, y tienen personalidades diferentes. Obviamente necesitamos tenernos gran afecto y gran paciencia el uno con el otro. Si uno se siente irritado constantemente por el otro probablemente se deba al orgullo; un horrible e intolerante orgullo que no reconoce los dones, las capacidades, sensibilidades y el discernimiento del otro, y que no puede adaptarse a variedades humanas razonables. Oremos para deshacernos de este orgullo en el matrimonio, pues daña de forma devastadora, y aprendamos a amar incluso aquellas imperfecciones de actitud y forma de pensar percibidas que son sin malicia.

Nuestro aliciente
Deudas, deberes y obligaciones son la esencia de nuestra debida benevolencia. Note de nuevo cómo Pablo de forma deliberada utiliza una forma torpe de palabras: “El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido” (RV1909). Es una deuda recíproca.
Concluimos con otra referencia a 1 Corintios 7:23: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”. Aquí tenemos el gran incentivo para pagar nuestras deudas mutuas, para que así nuestra unión matrimonial pueda ser profunda, hermosa e instrumental al servicio de Cristo. Éramos esclavos del pecado y le pertenecíamos. Éramos esclavos del diablo y nos controlaba. Éramos esclavos de condenación y del infierno; esclavos de una corrupción dentro de nosotros cada vez mayor; y de ideas falsas y retorcidas. Éramos esclavos de tragedia y pérdida, y aun así Dios nos sacó de todo eso y nos compró.
Suponga que tiene un negocio que no es una sociedad de responsabilidad limitada, de modo que es incapaz de escapar de las deudas. Es totalmente suyo pero la empresa ha fracasado y se ha hundido en una deuda grave. Está a punto de entrar en bancarrota y perder su empresa, su hogar; todo. Pero entonces alguien viene (esto nunca ocurriría en la vida real) y solo porque usted le da lástima, le dice: “Le compro su empresa”. Su empresa no vale nada, debe demasiado; pero su benefactor le dice: “La compro por el valor de su deuda, por grande que sea, de forma que su historial crediticio quede limpio. Sé que estoy pagando mucho más de la cuenta por la empresa; pero no solo la compraré, sino que le daré mejores instalaciones y la pondremos en marcha de nuevo, no importa lo que cueste”.
“Pero he fracasado”, respondería usted, “mi empresa ha sido un absoluto fracaso”. “Aun así”, insiste el benefactor, “le rescataré”.
Cristo ha pagado nuestra deuda eterna. A través de la valiosísima sangre de Cristo hemos sido liberados de condenación y se nos ha dado una vida nueva, mucho mejor, y un glorioso hogar eterno. Cuán dispuestos ahora deberíamos estar a pagar las deudas que debemos a esa persona que Dios nos ha dado para el peregrinaje de nuestra vida: nuestra propia esposa o nuestro propio marido. ¿Estamos cumpliendo nuestras obligaciones? Que el Señor nos bendiga y nos capacite para hacerlo.

La ingratitud como raíz del Pecado | William B. Barcley

La ingratitud como raíz del Pecado

William B. Barcley

Cuando mi sobrina tenía dos años y medio, mi hermana y mi cuñado la llevaron a visitar a unos amigos. Cuando llegaron, la hija de esos amigos, que tenía seis años, llevó a mi sobrina a otro cuarto para jugar con ella mientras los adultos conversaban. Luego de unos veinte minutos, la niña de seis años regresó a donde estaban los adultos exasperada. Había estado jugando un juego en el que tenía que pasarle decenas de fichas a mi sobrina. La pequeña se quejaba, diciendo: “Cada vez que le paso una ficha, me dice ‘gracias’ y espera que yo le diga ‘de nada’”. Ese había sido el “diálogo” constante durante veinte minutos, y la niña más grande ya estaba frustrada.

La ingratitud y el orgullo van de la mano. Donde vaya uno, allá lo acompaña el otro.

Enseñar a nuestros hijos a dar las gracias y a tener un espíritu agradecido es parte importante de la paternidad cristiana. La razón es que nuestro Padre celestial exige que Sus hijos estén llenos de acciones de gracias. La gratitud es esencial para el seguidor de Jesucristo. Por otro lado, la ingratitud es pecado y es la raíz de otros pecados.

Dios creó al hombre —y luego recreó a Su pueblo— para que lo adorara a Él. En la obra clásica llamada El contentamiento cristiano… una joya rara, Jeremiah Burroughs escribe: “Adorar no es simplemente hacer lo que a Dios le agrada, sino también agradarse de lo que Dios hace”. La adoración incluye deleitarse en todo lo que Dios trae a nuestras vidas y dar gracias por ello, en todas las circunstancias. Un corazón agradecido es un corazón que adora. El corazón ingrato es incapaz de adorar a Dios.

En Romanos 1:18 – 3:20, Pablo detalla exhaustivamente el pecado humano y la condenación divina. Ninguna persona queda excluida (“todos pecaron”). Ningún matiz del pecado queda en el tintero: abarca desde la codicia hasta la malicia, desde la envidia hasta el asesinato, desde el chisme hasta la difamación, desde el odio contra Dios hasta la desobediencia a los padres, desde la rebeldía hasta la justicia propia, desde el hacer lo malo hasta el inventar lo malo, y desde la comisión de pecados hasta la aprobación de los que cometen pecado. Sin embargo, la raíz de todos estos males es que la humanidad no honra a Dios como a Dios ni le da gracias (1:21).

En esencia, la ingratitud es un rechazo de Dios. Es un rechazo de Él como Creador y Gobernador de todas las cosas. Es un rechazo de Dios como el dador de la vida, el dador de toda bendición, ya sea esperada o inesperada, placentera o dolorosa. Aun cuando estuvo encarcelado, Pablo se regocijó y exhortó a los filipenses a que se regocijaran con él. Exhortó a otros a que siempre dieran gracias. Los creyentes tenemos espíritus agradecidos porque reconocemos que todo lo que tenemos, todos los lugares donde nos encontramos e incluso todo lo que somos viene de la mano de Dios, para Su gloria y para nuestro bien.

Los cristianos, al igual que mi sobrina, reconocemos que todo lo que tenemos es un regalo. Dios nos ha dado todo: la vida, la salvación y todo lo que forma parte de la vida en este mundo y en el venidero. Cada día, cada momento, debería estar lleno de acciones de gracias. Dios es bueno, y todo lo que Él hace y otorga es para nuestro bien. Todo es un regalo.

Imagina que un hijo de padres ricos que ha recibido regalos costosos, asistido a las mejores escuelas y vivido en comodidad y seguridad le dice a sus padres: “Ustedes nunca me dieron lo suficiente”. Diríamos que ese hijo es un malcriado, un malagradecido. Sin embargo, cada uno de los regalos que Dios da a Sus propios hijos es infinitamente mejor: más lujoso, moldeado a la perfección para cada circunstancia, siempre para nuestro bien y siempre inmerecido. ¡Qué hijos tan malcriados somos si no le damos gracias constantemente!

Tiene sentido, entonces, que la ingratitud sea una característica de la apostasía en “los últimos días”. Pablo escribe: “Pero debes saber esto: que en los últimos días… los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes…” (2 Tim 3:1-2). Tiene sentido que los “amadores de sí mismos”, los “jactanciosos”, los “soberbios” y los “ingratos” estén en el mismo grupo. La persona ingrata se cree el centro del mundo. Cree que se ha ganado todo lo que tiene. Para ella, nada es un regalo.

Pablo muestra la ingratitud como la raíz de un sinfín de problemas en la iglesia de Corinto. Escribe: “¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?” (1 Co 4:7). Los miembros de la congregación no reconocían que todo lo que tenían era un regalo de Dios. En cambio, eran soberbios y presumidos.

Aquí, entonces, vemos al pecado “original” supremo asomando su horrible cabeza: el pecado del orgullo. La ingratitud y el orgullo van de la mano. Donde vaya uno, allá lo acompaña el otro. Un corazón orgulloso es un corazón ingrato que está en enemistad contra Dios. Cristiano, todo lo que tienes es un regalo. Agradécele a Dios constantemente por ello.

El Dr. William B. Barcley es el ministro principal de la Iglesia Presbiteriana Gracia Soberana en Charlotte, Carolina del Norte, profesor adjunto de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Reformado y autor del libro “El secreto del contentamiento”.

¿Cuál es la clave para vencer el desánimo?

Cuando estamos desanimados, hemos perdido la motivación para seguir adelante. La montaña parece demasiado empinada, el valle demasiado oscuro, o la batalla demasiado intensa, y perdemos el coraje para continuar.

En muchos lugares en las escrituras, Dios ordena a su pueblo a esforzarse y cobrar ánimo (Salmo 27:14; 31:24; 2 Crónicas 32:7; Deuteronomio 31:6). Cuando Dios escogió a Josué para sustituir a Moisés como líder de los israelitas, algunas de Sus primeras palabras a Josué fueron «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas» (Josué 1:9). El Señor fundamentó este mandato en su anterior promesa a Josué en el versículo 5: «Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé». El Señor sabía que Josué iba a afrontar algunas batallas grandes y no quería que Su siervo se desanimara.

La clave para vencer el desánimo es recordar las promesas de Dios y aplicarlas. Cuando conocemos al Señor, podemos pararnos en las promesas que Él le ha dado a Su pueblo en Su Palabra. Si podemos o no ver el cumplimiento de esas promesas en esta vida, Sus promesas siguen vigentes (Hebreos 11:13-16). Este conocimiento hizo que el apóstol Pablo prosiguiera, predicando el evangelio y eventualmente terminando en una cárcel romana donde perdió la vida. Desde la cárcel, escribió, «prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filipenses 3:14). Él pudo continuar en medio de la persecución, rechazo, golpes y desánimo, porque sus ojos estaban en el premio definitivo: escuchando de su Señor y Salvador las palabras «¡bien hecho!» (ver Mateo 25:23; Apocalipsis 22:12).

Es fácil que nos desanimemos cuando buscamos recompensa o afirmación de aquellos que nos rodean. Si nuestro servicio u obediencia se basa en la gratificación inmediata, quizás nos estemos preparando para el desánimo. Jesús no siempre toma el camino fácil, y además advirtió a Sus seguidores que considerarán eso antes de que iniciaran (Lucas 14:25-33). Cuando ya hemos contado el costo del discipulado, tenemos más fortaleza para afrontar las batallas por venir. No somos tan fácilmente desanimados cuando las cosas no salen como queremos, porque sabemos que la batalla es del Señor (1 Samuel 17:47).

El desánimo puede ser una luz de advertencia para nosotros que hemos perdido nuestro principal objetivo. Cuando nos sentimos desanimados, es de gran ayuda estar a solas con el Señor y permitirle que examine nuestros corazones y nuestras motivaciones (Salmo 139:23). A menudo, es el orgullo, la codicia o la avaricia, lo que alimenta nuestro desánimo. A veces el desánimo proviene de una sensación de que se tiene derecho a algo, que resalta la diferencia entre lo que tenemos y lo que creemos que nos deben. Cuando reconocemos esa actitud como pecado, podemos arrepentirnos, humillarnos, y dejar que el Espíritu Santo reajuste nuestras expectativas. Cuando usamos el desánimo como un recordatorio de que nuestras prioridades se han distorsionado, el sentimiento de desánimo puede convertirse en una herramienta de refinación para hacernos más como Jesús (ver Romanos 8:29).

El salmista no era ajeno al desánimo, y su respuesta fue recordar a Dios y confiar en las promesas de la palabra:

«¿Por qué te abates, oh alma mía,

Y te turbas dentro de mí?

Espera en Dios;

porque aún he de alabarle,

Salvación mía y Dios mío.

Dios mío, mi alma está abatida en mí;

Me acordaré, por tanto, de ti…» (Salmo 42:5-6).

La adoración corporativa

Serie: Viviendo como una iglesia

Clase 12

La adoración corporativa

  1. Introducción
    Uno de los hermosos aspectos de la obra de Dios al salvar a su iglesia es que él llama a toda clase de personas a la comunión. Personas con trasfondos formales y tradicionales y personas con una tendencia un poco más informal. Gente que creció escuchando a Bach, samba brasileña, a los Beatles, o a Beggie, todos ellos unidos a Jesús.

Esto puede generar algunos desafíos cuando nos reunimos para adorar. Déjame preguntarte: ¿De qué manera afecta la adoración corporativa a nuestra unidad?

No solo hoy la adoración tiene el potencial para causar división. Cuando Jesús conoció a la mujer samaritana en el pozo en el Evangelio según San Juan, capítulo 4, ella lo invitó a debatir acerca de la adoración, ¿debería el pueblo de Dios adorar en Jerusalén o en los montes gemelos Gerizim y Ebal en Samaria? Jesús responde enseñándole lo que es la adoración. Dice que Dios está buscando adoradores que le adoren en Espíritu y en verdad (vv. 23-24).

¿Entonces, cuál es nuestra meta el día de hoy? No podemos abordar todo lo que hay que decir acerca de la adoración. Pero a medida que nos acercamos al final de nuestro seminario del tema de nuestra vida juntos como iglesia y de la importancia de nuestra unidad, deberíamos considerar cómo podemos ayudarnos unos a otros hacia este objetivo final de adorar a Cristo. De muchas maneras, la adoración que glorifica a Dios es uno de los frutos más dulces y valiosos de la unidad de la que hemos estado discutiendo. Y al mismo tiempo, la adoración verdadera fomentará naturalmente la unidad.

Comenzaremos definiendo qué es la adoración y la adoración corporativa, y luego veremos cuatro formas en las que dicha adoración tiene un rol único que desempeñar en nuestra vida como congregación.

  1. Definición de la adoración
    Primero veamos una definición de la adoración. La adoración es un concepto amplio en la Biblia, no existe una palabra griega principal que corresponda a nuestra palabra en español para «adoración», pero hay muchos términos diferentes. Cuando examinamos el Nuevo Testamento en específico, queda claro que la adoración implica mucho más que ir a la iglesia un domingo por la mañana, ciertamente mucho más que la alabanza en forma de canto. Como escribe Pablo en 1 Corintio 10:31: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios». A los romanos, escribe: «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» (12:1). Cristo, el cordero perfecto, es el único sacrificio suficiente para nosotros. De manera que los sacrificios que ofrecemos en el nuevo pacto no son ofrendas quemadas, como en el Antiguo Testamento, sino la sumisión de cada aspecto de nuestras vidas para la gloria de Dios.

Por tanto, ¿cómo podríamos definir la adoración? D. A. Carson tiene una extensa definición de la adoración, la cual se encuentra en el reverso de tu folleto. Sería útil leerla luego, pero por ahora, veamos la definición menos detallada de David Peterson: Adorar es «comprometerse con Dios en los términos que él propone y en la forma que solo él hace posible». Eso abarca todo tipo de adoración: nuestros afectos, nuestras acciones, nuestra obediencia, nuestras relaciones, y eso incluye nuestra adoración corporativamente, nuestros tiempos de adoración a Dios y de mutua edificación.

La adoración se centra en Dios. Es la respuesta correcta a la majestad del carácter de Dios, un Dios que es digno de adoración. La adoración implica mucho más que solo saber intelectualmente cómo es Dios, y se deleita en la perfección de sus atributos.

La adoración se centra en Cristo. Nuestra adoración a Dios solo es posible gracias a la muerte y resurrección de Cristo. Sin el sacrificio de Jesús en nuestro lugar no podríamos entrar en la presencia de Dios y, por tanto, no podríamos esperar la imagen que tenemos del cielo en la Biblia. Vemos esta adoración «Cristocéntrica» muy claramente en Apocalipsis 5. Dios está sentado en el trono, sosteniendo un libro que está sellado. Solo el León de la tribu de Judá, que también es el cordero, puede abrir ese libro; solo él es digno. Y leemos que él (Cristo) estaba de pie en medio del trono, siendo uno con Dios (v. 6). Entonces Cristo es alabado como el que fue inmolado, quien es digno de tomar el libro y de abrir sus sellos. Desde ese punto en el libro de Apocalipsis, la adoración se dirige «al que está sentado en el trono, y al Cordero».

Y la adoración es empoderada por el Espíritu Santo. Antes de enseñarnos a cantar unos a otros, a agradecer en nuestros corazones a Dios, Pablo nos llama en Efesios 5:18 a ser llenos del Espíritu. Jesús enseña que el ministerio del Espíritu entre nosotros es uno que lo glorifica, Juan 16:14: «Él Espíritu me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber».

Así que, ¿qué es un entendimiento bíblico de la adoración? Permíteme sugerir tres cosas en resumen:

A. Es la respuesta correcta a Dios. La adoración es algo que se ordena a todos, y es una reacción natural y correcta a la gloria de Dios.
B. Abarca toda nuestra vida. No es solo cantar una alabanza a Dios. Implica tanto nuestra adoración como nuestras acciones. La adoración no termina con lo que decimos, sino que incluye lo que hacemos.
C. Se deleita en la belleza de Dios y de Cristo. No se deleita en la experiencia de la adoración. En nuestra cultura evangélica, la adoración a menudo se refiere a las emociones que experimentamos al (quizá) cerrar nuestros ojos y cantar a Dios, y podemos quedar más atrapados en esa experiencia que en el Dios que se supone es el origen de esa experiencia. En cambio, deberíamos enfocar nuestros corazones y nuestras mentes en Dios y en Cristo cuando adoramos. Por tanto, si la adoración tiene mucha pasión, pero no hay un pensamiento genuino entonces no es verdadera adoración. Lo contrario también es cierto, si la adoración solo se trata de pensar en las cosas correctas, sin la intención de provocar afectos hacia Dios, también es demasiado falsa.

  1. Definición de la adoración corporativa
    Entonces, ya hablamos algo acerca de lo que es y no es la adoración. ¿Y la adoración corporativa, —el tiempo en el que nos reunimos como congregación públicamente con el fin de alabar a Dios? En base a lo que acabo de describir como adoración, podrías pensar que nuestro picnic como iglesia forma parte de la adoración corporativa, al fin y al cabo, hacemos todas las cosas para la gloria de Dios, y las hacemos juntos como congregación. Pero claramente hay algo más para la adoración como cuerpo que solo eso.

Afortunadamente, Dios nos ha orientado a través de la Escritura acerca de lo que pasa cuando una congregación se reúne en público con el propósito de adorar a Dios. En el Nuevo Testamento, vemos que se ordena a la iglesia que ore (Colosenses 4:2-4, 1 Timoteo 2:1-2), que lea la Palabra públicamente (1 Timoteo 4:13; Colosenses 4:15, 16), que escuche la predicación y la enseñanza (Hechos 2:42, 1 Timoteo 4:13), que bautice a los creyentes (Mateo 28:19) y que comparta la Cena del Señor (Hechos 2:42; 1 Corintios 11); se le ordena a animarse entre sí y alabar a Dios con cánticos (Efesios 5:19, Hebreos 13:15), y que dé de sus finanzas (1 Corintios 16:1-2). 1 Corintios 14:26 es claro: cada una de estas cosas que hacemos juntos, deben hacerse «para edificación de la iglesia».

Estas son cosas que el Nuevo Testamento nos enseña que hagamos cuando nos reunimos, ya sea por mandato o por ejemplo. ¿Pero qué hay de otras cosas? Podrías encontrar que hacer una larga caminata en las montañas puede ser una excelente forma de animar a tu corazón y tu mente para que alaben a Dios. ¿Qué pasa si cada dos semanas decidiéramos como iglesia ir a caminar el domingo por la mañana en lugar de reunirnos en el edificio? Nos estaríamos congregando, como se nos ordena en Hebreos 10, versículo 25, y estaríamos adorando a Dios. ¿Sería eso adorar corporativamente? Ciertamente no encajaría en el típico patrón de lo que la Biblia presenta para definir lo que la iglesia hace en el tiempo único en el que nos reunimos para adorar.

Esto nos lleva a un importante tema en la Escritura que vale la pena mencionar: Dios ha definido cómo deberíamos acercarnos a él corporativamente, por lo que es posible ofrecer adoración erróneamente.

Dios es infinito, sabio, omnisciente; nosotros somos finitos y pecaminosamente interesados en nuestra propia gloria. No podemos conocerle a menos que él se revele a nosotros, y no podemos entender qué tipo de adoración le complacerá a menos que él nos los dé a conocer.

Así, la Biblia deja muy en claro cómo debemos adorar a Dios, específicamente cuando lo adoramos juntos en público. Por ejemplo, en el segundo mandamiento (Éxodo 20:4), Dios prohíbe la adoración a través de imágenes, dejando claro que solo él reglamenta la forma en que se le servirá. Las consecuencias de este principio se aclaran cuando las personas construyen y adoran al becerro de oro, probablemente pensado como una representación de Dios, pero obviamente sin agradarle al Señor. Y luego, cuando Nadab y Abiú ofrecieron «fuego extraño» al Señor, un tipo de devoción «que él nunca les mandó», Dios los mató (Levítico 10:1-3). Jesús rechaza la adoración de los fariseos, citando de Isaías: «En vano me honran, enseñando con doctrinas mandamientos de hombre» (Marcos 7:7).

La Escritura es clara acerca de las maneras en que debemos acercarnos a él cuando nos reunimos públicamente. Dios así lo ha establecido para que nuestra adoración no se confunda con otras religiones y dioses; lo hace para que seamos bendecidos, ya que él sabe lo que es mejor para nosotros.

Todo esto para decir, cuando consideramos la adoración corporativa, debemos entender que la Biblia no nos da libertad para que improvisemos, sino que regula los elementos de la adoración y el contenido de nuestra adoración. Por supuesto, las formas de esos elementos de adoración pueden cambiar con el tiempo; en una generación es posible que cantemos a cappella; en otra podemos cantar con una guitarra y un retroproyector. Otro punto a destacar: la adoración corporativa es adoración pública. Es el tiempo en el que toda la iglesia se reúne, los inconversos son invitados y bienvenidos para aprendan acerca del verdadero Dios como vemos en 1 Corintios 14. A través de su adoración corporativa, una congregación proclama a Dios ante un mundo que le observa.

Entonces, en resumen, la adoración corporativa consiste en reunirnos públicamente como iglesia para acercarnos a Dios de acuerdo a sus instrucciones en la Escritura.

Una implicación clave de esto es que en el centro de nuestra adoración corporativa está la predicación expositiva. ¿Por qué? Porque la Palabra de Dios, y comprender lo que ella dice, es la cúspide de relacionarnos con Dios mientras él se da a conocer a su pueblo. El canto es, sin duda, parte de nuestra adoración, y es útil para enfocar nuestros pensamientos y conectar nuestras emociones. Pero la exposición de la Palabra de Dios es el centro de las reuniones de la iglesia.

  1. La unidad en la adoración corporativa
    Habiendo definido la adoración corporativa, pasemos al punto #4 y consideremos esta pregunta: ¿Cómo mantenemos la unidad en la adoración corporativa a pesar de nuestras distintas preferencias? Filipenses 2:2 nos dice que como iglesia debemos tener: «un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento» (NVI).
    Entonces, ¿cómo abordamos la adoración corporativa cuando cada uno de nosotros tiene sus preferencias, gustos y aversiones con respecto a las formas de adoración corporativa como la música o el estilo del servicio? Continuando en Filipenses 2:3-4, leemos: «No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás» (NVI). Estamos llamados a someternos unos a otros por amor a Cristo, a amarnos unos a otros y servirnos mutuamente de esta manera, como lo hacemos en muchos otros aspectos de la vida de la iglesia.

La razón por la que hago hincapié en este punto es porque a muy menudo hoy, encontramos una extraña contradicción. La adoración corporativa es el único tiempo en el que centramos más conscientemente nuestra atención como un cuerpo en la gloria de Dios. Y, sin embargo, con mucha frecuencia la adoración corporativa es el aspecto de la vida de la iglesia que provoca mayor egoísmo.

¡Ese no debería ser el caso! Si piensas en la adoración corporativa como algo que solo involucra a Jesús y a ti, entonces ciertamente estarás decepcionado si no es tu estilo preferido. Necesitamos pensar en la adoración corporativa como algo que hacemos juntos como una familia, por amor los unos a los otros y hacia Dios. ¿Cómo aprendemos a pensar de esa manera?

Algo que puede ayudar es ver el domingo por la mañana como un sentido de nuestra desesperada necesidad por él. La adoración no se trata fundamentalmente acerca de nosotros; se trata de ver y disfrutar a Dios junto con la comunidad de la fe. Dejemos de lado el hambre porque nuestras preferencias personales sean suplidas, en cambio, anhelemos una conexión más profunda con nuestra congregación y un entendimiento de nuestro gran Dios.

Cuatro perspectivas de cómo podría verse esto:

A. Primero, el sacrificio. La adoración corporativa glorifica a Dios porque lo hacemos unidos, y esto implica sacrificio, al igual que muchas otras áreas de nuestra vida como iglesia.

B. Segundo, el crecimiento. Necesitamos recordar que en amor, podemos aprender a usar estilos y tradiciones de adoración que al principio pueden parecer extraños, para luego crecer en nuestro aprecio por ellos

C. Tercero, ser considerados. Debemos tener presente la importancia de no hacer cosas que distraerían a los demás en la congregación de adorar. Eso implica todo desde lo que usamos hasta cómo hablamos de las canciones con otros. Significa no burlarse de las canciones de una manera que impida que otros las usen para adorar; ¡eso significa que quienes escogen las canciones deben tener cuidado de no elegir canciones que sean fáciles de burlar!

D. Cuarto, la honestidad. Solo puede ayudar a nuestra unidad si somos honestos acerca de un par de cosas. Por un lado, nuestra iglesia tiene una cultura en particular. No puedes escapar de eso. Adoramos en castellano. Hemos tratado de dar prioridad al acompañamiento simple, para que el sonido de las voces de las personas sea lo más prominente. Valoramos las canciones con buen contenido de muchos siglos diferentes, por lo que gran parte de nuestra música se siente anticuada para algunos. Es bueno ser sinceros al respecto. También es bueno reconocer honestamente que esto significa que a algunas personas les costará adaptarse a la forma en que adoramos aquí. Para otros se siente cómoda, como la iglesia de la abuela; pero para otros se siente como una iglesia en Marte. Nos amamos bien si somos conscientes de que algunas personas pueden tener que sacrificar más sus preferencias, y si les escuchamos mientras lidian con eso y oramos por ellos en eso.

  1. La adoración corporativa como una plataforma para la unidad
    Ya hemos hablado acerca de cómo podemos trabajar en pro de la unidad en nuestra adoración corporativa; teniendo en cuenta nuestro tiempo, me gustaría discutir cuatro formas en las que nuestra adoración corporativa ayuda a nuestra unidad y a nuestro testimonio.

A. La adoración corporativa refleja nuestra unidad que glorifica a Dios.
Primero, la adoración corporativa es una oportunidad para reflejar la unidad que tenemos en Cristo. Es maravilloso cuando podemos estar solos en la mañana y adorar a Dios por alguna faceta de su carácter durante nuestros tiempos devocionales. ¡Pero hay algo especial cuando nos reunimos públicamente y adoramos a Dios juntos! Como nos recuerda Pedro, esta es una de las razones por las que Dios unió a judíos y a gentiles en la iglesia: ahora, dice: «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Pedro 2:9).

Esta es la razón por la que Jesús insiste tanto en que lidiemos con las áreas de desunión antes de la adoración. Dice en el Sermón del Monte: «Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda» (Mateo 5:23-24).

Pablo hace eco de esta enseñanza cuando habla acerca de la Cena del Señor. Dice: «Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí» (1 Corintios 11:29). ¿Qué significa no discernir el cuerpo del Señor? Pablo estaba hablando acerca de cómo los corintios celebraban la Cena del Señor en desunión, humillando a los pobres entre ellos. El cuerpo de Cristo al que se refiere es la iglesia. La unidad debe estar presente si queremos ofrecer un sacrificio de alabanza agradable a Dios, y cuando la unidad está presente, la adoración corporativa es el precioso desborde de la gloria de Dios. Por tanto, debemos regularmente, no solo en preparación para la Cena del Señor, examinar nuestras relaciones con los demás, así como nuestra relación con Dios.

B. Nos ayudamos unos a otros a adorar
Una de las grandes ventajas que tenemos cuando adoramos juntos como iglesia es que podemos ayudarnos mutuamente a comprender la gloriosa hermosura de nuestro Dios, y ayudarnos a expresar nuestra respuesta en alabanzas y agradecimientos alegres. Así, la adoración corporativa brinda una plataforma en la que podemos servirnos unos a otros.

Esto sucede en la estructura de nuestros servicios de adoración, cuando los músicos nos ayudan a cantar; cuando predican hombres que han estudiado arduamente para preparar un mensaje de la Palabra de Dios, y cuando nuestras voces y expresiones nos animan mutuamente a lo largo del servicio. El autor de Hebreos nos dice: «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras» (Hebreos 10:24). Eso ciertamente incluye ayudarnos unos a otros a adorar.

Ahora bien, además de lo que acabo de mencionar, ¿de qué manera podemos ayudarnos a adorar a Dios cuando nos reunimos como congregación? Lo diré en forma de pregunta: ¿Cómo ayudas a los demás a adorar?

Algunas posibles respuestas a considerar:

Podemos discutir el texto del sermón con otros en preparación al domingo por la mañana.
Podemos cantar en voz alta y con alegría.
Podemos asistir regularmente a la Cena del Señor, y participar de ella dignamente.
Podemos conversar acerca del sermón y del servicio como un todo después de la iglesia.
Podemos expresar nuestra alegría unos a otros durante el servicio.
Podemos dar la bienvenida a quienes no conocemos.
Podemos fomentar una cultura de oración al reflexionar sobre las oraciones de los domingos por la mañana con otros así como lo haríamos con el sermón.
Podemos apagar el teléfono, no conversar en voz alta durante el servicio, sentarnos en medio de la banca y hacia el frente, llegar temprano, salir tarde, escuchar a los servidores, agradecer a los voluntarios durante el servicio… etc.

  1. La adoración corporativa es edificante
    Tercero, la adoración corporativa es una oportunidad para nosotros de edificarnos mutuamente. Te sorprendería descubrir en la Escritura que Dios no es el único a quien nos dirigimos durante los tiempos de adoración corporativa. Pablo escribe a los efesios, por ejemplo: «Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón» (Efesios 5:19) (NVI).

Cuando cantamos el domingo por la mañana, o leemos la Palabra u oramos, no solo nos comunicamos con Dios, sino también entre nosotros. ¿Por qué es eso importante? Porque necesitamos que se nos recuerde las infinitas grandiosas verdades de la Escritura, temas a los que a menudo recurrimos en nuestros tiempos de adoración corporativa, que Dios nos creó, que él es perfectamente justo, que hemos pecado contra él, y que Jesús murió como nuestro sustituto en la cruz. Escuchamos estas verdades en el sermón, pero también ayuda a nuestros corazones escucharlas en las voces y en los rostros comprometidos de nuestros hermanos y hermanas a nuestro alrededor.

Así que, permíteme compartir algunas sugerencias específicamente en el área del canto acerca de cómo podemos usar nuestras canciones para edificarnos mutuamente:

A. Medita en el significado de las palabras cuando cantes, y piensa no solo en cómo esas verdades se aplican a ti, sino también a otros en la iglesia.
B. De manera natural y agradable para ti, y sin distraer a los demás, considera cómo tu lenguaje corporal puede animar a otros al cantar, quizá sonriendo en ciertas secciones, mirando a tu alrededor de vez en cuando.
C. Canta en voz alta junto con tus hermanos.
D. Esfuérzate por cantar como parte de un todo, incluso si no eres músico, escucha cómo cantan los demás, y combina tu voz con la de ellos. Escuchar a los demás es una excelente forma de aprender las canciones y de mejorar tu canto.
E. Si es posible, canta en partes. La riqueza y la llenura de la música emerge cuando las diferentes partes, que están impresas en el boletín, se cantan. Y quién sabe, podrías estar al lado de alguien que nunca ha sido lo suficientemente audaz para cantar una parte, y le ayudarás a dar ese paso.

  1. La adoración corporativa brinda una probada del cielo
    Finalmente, la adoración corporativa nos ofrece una probada de cómo será el cielo. El cielo es el lugar en el que toda la comunidad del pueblo de Dios morará junto a él eternamente, alabando su nombre y deleitándose en su gloria. Entonces, la adoración corporativa es una imagen de esa experiencia que podemos apreciar en esta vida. El autor de Hebreos pinta un hermoso cuadro en el capítulo 12: «Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto» (Hebreos 12:22-24).

Cuando nos reunimos para adorar el domingo por la mañana, obtenemos un destello de la gloria de esa congregación final en el cielo. Allí es cuando el cielo se siente más real y estimamos las cosas de Dios como valiosas. Necesitamos la imagen que la adoración corporativa brinda del cielo porque, a pesar de la corrupción de este mundo, el cielo es nuestro verdadero hogar. En el cielo, estaremos perfectamente unidos con Cristo. Por lo que la unidad que experimentamos cuando adoramos corporativamente en esta vida nos señala la unidad suprema que conoceremos en él en ese día.

Corazón descontento | Liliana Llambes

Corazón descontento | Liliana Llambes

A lo largo de nuestra vida, en ocasiones, nos encontramos descontentas por un sinnúmero de cosas que pueden estar sucediendo. Desde las que nos parecen insignificantes, hasta las que son de mucho significado. Por ejemplo: hace mucho frio, hace mucho calor, me duele aquí, me duela allá, quiero el café más caliente, quiero el café mas frio, los niños gritan, todos quieren comer algo diferente, se daña la lavadora, hijos descarriados, guerras, inflación, divorcios, enfermedades, terremotos, inundaciones etc. Hay tantas cosas grandes y pequeñas que se escapan de nuestro control, que hacen que a nuestro corazón le falte el contentamiento.

Un mundo caído por el pecado
No deberíamos sorprendernos por todas las cosas que ocurren en este lado de la gloria, dado que estamos en un mundo imperfecto, lleno de pecado; así que no deberíamos tener corazones descontentos porque en el aquí y en el ahora no existe la perfección.

Nada en este mundo puede darnos la seguridad de que no viviremos situaciones imprevistas que nos pueden sorprenden en cualquier momento de nuestra vida. Por eso pensar que tendremos la familia perfecta, la iglesia perfecta, etc., etc., no es vivir la realidad.

Nuestra esperanza para el contentamente
A través de las Escrituras podemos ver todas las situaciones que vivieron hombres y mujeres después de la caída de Adán y Eva en Génesis 3. Pero también tenemos la gran bendición que, desde Genesis, la Palabra nos muestra en quién debemos confiar y experimentar contentamiento en medio del dolor y no perder el gozo, se llama Jesucristo. En sus palabras podemos ver cómo nos exhorta: Les he dicho todo lo anterior para que en mi tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo (Juan 16:33 NTV).

No podemos fijar nuestra mirada en el aquí y en el ahora, nuestra mirada debe estar fija en lo eterno y donde pasaremos la eternidad. Mientras vivamos aquí tenemos la bendición de que, si nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos reconocido a Cristo como nuestro Señor y Salvador, y que en nosotros mora el Espíritu Santo quien es nuestro intercesor, eso debe producir en nosotros gozo y paz en medio de cualquier tormenta.

De la misma manera, también e Espíritu nos ayuda a nuestra debilidad. No sabemos cómo orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles (Romanos 8:26 (NBLA).

Pudiéramos hacernos estas preguntas: ¿Estamos animándonos con las palabras de Jesús? ¿Descansamos en que el Espíritu que mora en nosotros, está intercediendo en todo tiempo aún en los momentos oscuros de nuestra vida?

¿Qué debemos hacer ante un corazón descontento?
Primeramente, guardar nuestro corazón ya que él es engañoso. Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida (Proverbios 4:23 (NBLA).

El Señor nos manda a que cuidemos nuestro corazón de todas aquellas cosas que nos pueden llevar a vivir con un corazón descontento, nuestro corazón debe ser nutrido con lo bueno que encontramos en la Palabra y en la confianza en las promesas del Señor. El mundo nos trata de absorber como una esponja y contaminarnos con las ansiedades propias de un mundo caído, pero Pablo nos advierte: Y no se adapten a este mundo, sino transformen mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cual es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto (Romanos 12:2).

Mi oración, mi querida hermana es por ti y porque en medio del sufrimiento y en aquellos cosas diarias de la vida podamos ser mujeres que glorifiquemos el nombre del Señor con un corazón rebosado de contentamiento, esperando con ansias nuestra entrada triunfal en la eternidad. Recordemos las Palabras de Pablo en Filipenses 4:12-13:

Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Liliana Llambes
Liliana Llambés es colombiana y sirve como misionera de IMB en Panamá. Su pasión es proclamar el mensaje de salvación y hacer discípulos con el fundamento bíblico de la Palabra de Dios. Es la autora de «7 disciplinas espirituales para la mujer» y conferencista internacional. Tiene una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary, y está cursando una Maestría en Divinidades con énfasis en Consejería Bíblica. Está casada con el pastor y misionero Carlos Llambés, con quien tiene 4 hijos y 9 nietos. Puedes encontrarla en Facebook, Twitter e Instagram. @lilyllambes