La ley de la no contradicción | Sugel Michelén

La ley de la no contradicción

Sugel Michelén

En la discusión que ha generado los artículos sobre el ateísmo, a raíz de la entrevista que salió publicada recientemente en uno de nuestros diarios sobre la formación de la Asociación de Ateos Dominicanos (Ateodom), hemos estado tratando de señalar algunas incongruencias en las que incurrió su presidente en la entrevista (“Las incongruencias de Ateodom” y “El amor según Ateodom“).

Al hablar de “incongruencia” nos estamos refiriendo a algo que es ilógico. Por tal razón, pensé que era importante hablar un poco de la lógica para que esta discusión pueda ser significativa y edificante.

La lógica es una de las herramientas fundamentales de la filosofía. Según Aristóteles, la lógica no es un campo científico separado del resto, sino más bien un instrumento necesario para el quehacer científico en cualquier área.

Sin la lógica la ciencia no es posible, ya que lo que es ilógico es incomprensible y, por lo tanto, imposible de conocer. La lógica es esencial para que podamos entender. Ahora bien, la ley fundamental de la lógica es la ley de la no contradicción.

La forma más sencilla de definir la ley de la no contradicción es con la siguiente ecuación: A no puede ser igual a B y a noB (que ahora reseñaremos como –B) al mismo tiempo y en el mismo sentido. Por ejemplo, una idea (A) no puede ser verdadera (B) y falsa (-B) al mismo tiempo y en el mismo sentido. Una figura (A) no puede ser cuadrada (B) y redonda (-B) al mismo tiempo. Yo puedo hacer con masilla una figura cuadrada y luego hacer otra redonda, pero no puedo hacer una que sea cuadrada y redonda al mismo tiempo.

En cierta ocasión un joven fue llamado a comparecer a la oficina de impuestos internos de EUA para ser auditado, debido a que no había llenado su declaración de impuestos por varios años.

Cuando el agente de impuestos internos le preguntó por qué no lo había hecho, el joven replicó que cuando estaba en la universidad a él se le enseñó que la ley de la no contradicción era un principio opcional que no teníamos que acatar necesariamente.

Por lo tanto, si no hay diferencia entre B y -B fue solo asunto de tiempo para llegar a la conclusión de que no hacía ninguna diferencia si llenaba la planilla de impuestos o no. Al oír la explicación, el agente de impuestos le dijo: “Eso es muy interesante. Nunca antes había escuchado una explicación como esta. Pero ya que Ud. cree que no existe ninguna diferencia entre B y -B, estoy seguro que también creerá que no existe ninguna diferencia entre estar en la cárcel y no estarlo”.

EL CARÁCTER AUTOEVIDENTE DE LA LEY DE LA NO CONTRADICCION:

Hay algunas cosas que todo ser humano debe dar por sentado o aceptar a priori. La ley de la no contradicción es una de ellas. Como dice R. Nash: “Estrictamente hablando, la ley de la no contradicción no puede ser probada”. Cualquier prueba que se presente a su favor tiene que presuponer la veracidad de esa ley.

Sin embargo, podemos probar la validez de esta ley a través de argumentos negativos o indirectos. Toda negación de la ley de la no contradicción nos lleva al absurdo, tanto en nuestra forma de pensar como en nuestra forma de vivir.

A. La lógica y la comunicación humana significativa:

Las personas que intentan negar la validez de la ley de la no contradicción están envueltas en una tarea condenada al fracaso, ya que están obligados a usar el mismo principio que están tratando de negar para poder negarlo. Si queremos hablar inteligiblemente no podemos atribuir significados contrarios a la misma palabra al mismo tiempo y en el mismo sentido.

Ronald Nash dice al respecto: “Ya que cualquier refutación de la ley de la no contradicción tendría que ser expresada en una lenguaje inteligible y ya que un hablar significativo presupone la ley, en principio es imposible usar el lenguaje para negar la ley de la no contradicción”.

Y luego añade: “Si la ley de la no contradicción es negada, nada tiene significado, incluyendo las oraciones de las personas que piensan estar negando la ley”. Así que “la ley de la no contradicción es una ley del ser y del pensamiento necesaria e indispensable”.

B. La lógica y las acciones humanas significativas:

Las personas que intenten negar la ley de la no contradicción rápidamente se encontrarán en situaciones muy difíciles. Por ejemplo, si B = -B, entonces no habría ninguna diferencia entre tomarse un jugo de naranja (B) y un veneno (-B). Tampoco podríamos señalar la pecaminosidad de un adúltero porque estar con su esposa (B) sería lo mismo que estar con otra que no lo sea (-B).

ALGUNOS EJEMPLOS DE IRRACIONALIDAD:

A. El escepticismo:

El escepticismo puede ser propuesto de dos maneras distintas.

  1. Nadie puede conocer nada.
  2. Ninguna proposición es verdadera.

En cuanto a la primera, tendríamos que preguntar al escéptico: “¿Tú sabes que nadie puede conocer nada?” Si el escéptico responde que sí, es obvio que se está contradiciendo a sí mismo; pero si responde que no, entonces está admitiendo que él no sabe de qué está hablando.

Por otra parte, si alguien dice que ninguna proposición es verdadera, entonces debemos preguntarle: ¿Es tu proposición verdadera? Cualquier respuesta que dé a esta pregunta coloca al escéptico en un callejón sin salida.

B. Evidencialismo:

La esencia del evidencialismo fue expresado por un pensador del siglo XIX, W. K. Clifford, quien escribió: “Es erróneo siempre, dondequiera y para cualquiera, creer alguna cosa sin evidencia suficiente”.

Y ya que según Clifford, nunca podríamos encontrar suficientes evidencias para las creencias religiosas, todo el que acepte una creencia religiosa está actuando en una forma inmoral, irresponsable e irracional.

He aquí una vez más una declaración que se refuta a sí misma. Basta con pedir al evidencialista una prueba de su aseveración. Como es imposible presentar evidencias para probar tal cosa, tenemos que llegar a la conclusión de que la verdadera irracionalidad se encuentra en la proposición del evidencialismo.

C. Deconstruccionismo:

Según el deconstruccionismo el significado de las palabras cambia continuamente, pues dependen del contexto cultural de cada cual, lo mismo que de su trasfondo y experiencia; de manera que no podemos asignarle a las palabras un significado inherente, estable y universal.

De ese modo el deconstruccionismo pone bajo cuestionamiento la noción fundamental de la tradición intelectual de Occidente y que el deconstruccionista Jaques Derrida (fallecido el 8 de octubre de 2004) llama “logocentrismo”.

Tal como el término sugiere, las palabras han ocupado un lugar central en la historia del pensamiento como un vehículo confiable de verdad y significado. Derrida, en cambio, insiste en que toda oración está sujeta a muchas interpretaciones legítimas.

Como ha dicho alguien: “El lector va generando su propia comprensión del texto a través de la lectura. No hay una interpretación mejor y otra peor del texto. Todas las interpretaciones son válidas”.

Pero una vez más, esta postura es irracional. Ellos están usando palabras para decirnos que no creen que podemos comunicarnos con palabras. Como bien señala Lindsley: “Toda negación de que las palabras sean significativas usa palabras para negarlo. Esta asume que tu puedes comunicar que no puedes comunicarte”.

Una estudiante, cuyo profesor era deconstruccionista, relató la siguiente historia verídica. Su profesor anunció que el examen final requería un ensayo sobre la novela Moby Dick. Esta joven comenzó su ensayo con estas palabras: “Moby Dick es la República de Irlanda”.

En los próximos 90 minutos siguió desarrollando su tesis con la cual ganó una “A” y la siguiente nota del profesor: “Qué ensayo más creativo”. Y lo cierto es que el ensayo fue muy creativo, el único problema es que no tenía nada que ver con la novela de Herman Melville.

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Angustia interior (1)

Lunes 12 Junio

Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

1 Timoteo 2:3-4

Angustia interior (1)

Al final de una conferencia, un joven se dirigió al predicador y le dijo:

–Mi caso le parecerá desesperado, pues soy un incrédulo y escéptico.

–¿Qué espera de mí, respondió el predicador, si no cree en la Biblia, si no reconoce a Jesucristo como el Hijo de Dios, y si duda de la existencia de Dios?

–Lo escuché hablar esta noche y sentí que usted cree en algo. Yo no creo en nada y soy extremadamente infeliz. ¿Podría mostrarme cómo creer y ser feliz como usted? Ayúdeme por favor. Soy estudiante de derecho, pero me siento tan infeliz que no consigo estudiar. Estoy ansioso y turbado. Hace un rato, pasando por este lugar, oí el órgano y entré para disfrutar de la hermosa música. La curiosidad me obligó a quedarme para escuchar lo que usted iba a decir. Una cosa me quedó clara: usted cree en algo o en alguien, y eso lo hace feliz. Lo envidio, y por eso le estoy hablando. ¿Qué debo hacer, qué debo estudiar?

–¡Solo la Biblia!

–¿De qué sirve leerla, si no creo que es la Palabra de Dios?

Entonces el predicador abrió su Biblia y leyó: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

(mañana continuará)

“Siendo renacidos, no de simiente corrupti- ble, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por- que: toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre” (1 Pedro 1:23-25).

2 Reyes 13 – Efesios 1 – Salmo 69:29-36 – Proverbios 17:5-6

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El baluarte de la conciencia

Domingo 4 Junio
No imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.
3 Juan 11
El baluarte de la conciencia
En junio de 2017, al presidir las ceremonias del aniversario de la masacre de los aldeanos de Oradour-sur-Glane en 1944, el presidente francés declaró: «El único baluarte contra la locura asesina es nuestra conciencia».

Esta facultad nos permite discernir entre el bien y el mal. El hombre la adquirió cuando decidió desobedecer a Dios y escuchar a Satanás: “El día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5). Al dejarse seducir, el hombre se convirtió en una criatura responsable de sus actos, capaz de distinguir entre el bien y el mal. Sin embargo, ¡cuántos actos de maldad, robos y crímenes se cometen en el mundo! Aunque se supone que conocemos el bien, tenemos la tendencia a hacer el mal. Nuestra conciencia se siente incómoda con el mal, y en esto es un freno, pero ella no nos da la fuerza para evitar hacer lo malo.

Nuestra desobediencia a Dios corrompió nuestro ser interior. Debemos confesar esto ante él. Si creemos en Jesucristo, en su muerte en la cruz, y lo aceptamos como nuestro Salvador, recibimos una nueva vida capaz de discernir lo que es bueno, lo que agrada a Dios. “Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré” (Hebreos 8:10).

Por otra parte, el Espíritu de Dios da fuerza a esta nueva vida: “Que (el Padre) os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3:16). Entonces el creyente puede evitar el mal y hacer el bien con la ayuda divina.

“Aborreced lo malo, seguid lo bueno” (Romanos 12:9).

2 Reyes 5 – Romanos 11:1-24 – Salmo 68:1-6 – Proverbios 16:23-24

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El fruto del Espíritu (7)

Sábado 10 Junio
El encanto de un hombre es su bondad; y más vale ser hombre pobre que mentiroso.
Proverbios 19:22, V. M.
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.
Colosenses 3:12
El fruto del Espíritu (7)
La bondad
El sexto sabor del fruto del Espíritu es la bondad. La bondad es como la firma de Dios, la garantía de que él está presente. “Ninguno hay bueno, sino solo Dios” (Lucas 18:19). De hecho, el Antiguo Testamento habla frecuentemente de la bondad de Dios. David oró: “Porque mejor es tu misericordia que la vida” (Salmo 63:3). Para David, la bondad de Dios era más valiosa que su propia vida. También quiso mostrar una gran bondad, la “misericordia de Dios”, al hijo de Jonatán su amigo, invitándolo a su mesa todos los días (2 Samuel 9).

La bondad, en toda su extensión, encuentra así su fuente en Dios: “Y tuya, oh Señor, es la misericordia” (Salmo 62:12). La bondad se parece a la gracia y guía al hombre pecador al arrepentimiento (Romanos 2:4). En la medida en que gustemos la bondad de Dios, también podremos manifestarla sin ningún sentimiento de superioridad. Seamos simples «canales» a través de los cuales fluye la bondad del Señor, una bondad activa, que se acerca al otro, se pone a su servicio y lo perdona si es necesario. Si este fruto de la bondad estuviera más presente en nuestras vidas, seríamos más sensibles ante los problemas de los demás y les ayudaríamos a llevar sus cargas.

“No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”, escribió el apóstol Pablo (Romanos 12:21). Este versículo es un ejemplo de la bondad que se eleva por encima de los resentimientos, el desprecio, el fracaso, y revela el corazón de Dios.

(continuará el próximo sábado)
2 Reyes 11 – Romanos 15:14-33 – Salmo 69:9-18 – Proverbios 17:1-2

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¿Qué dice la biblia acerca de la amargura?

La amargura es un cinismo rencoroso que se traduce en una intensa discordia o aversión hacia los demás. La biblia nos dice: «Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia». Y a continuación nos dice cómo lidiar con esa amargura y sus frutos, siendo «benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo » (Efesios 4:31-32).

Como adjetivo, la palabra amargo significa «afilado como una flecha o picante al gusto, desagradable, venenoso». La idea es la del agua amarga que se les dio a las mujeres sospechosas de haber cometido adulterio en Números 5:18: «las aguas amargas que acarrean maldición». En su sentido figurado, la amargura se refiere a un estado mental o emocional que corroe o «carcome». La amargura puede afectar a alguien que experimenta una profunda tristeza o cualquier cosa que actúa sobre la mente, de la misma forma como el veneno actúa sobre el cuerpo. La amargura es ese estado mental que intencionalmente se aferra a los sentimientos de enojo, listo para ofenderse, capaz de estallar en ira en cualquier momento.

El principal peligro de sucumbir a la amargura y permitir que gobierne nuestros corazones, es que es un espíritu que se niega a la reconciliación. Como resultado, la amargura conduce a la ira, que es la explosión externa de los sentimientos internos. Esa ira y enojo desenfrenado, a menudo conducen a la «riña», que es el egoísmo impulsivo de una persona furiosa que necesita que todo el mundo escuche sus quejas. Otro mal provocado por la amargura, es la calumnia. Tal como se usa en Efesios 4, no se está refiriendo a la blasfemia contra Dios, o simplemente una calumnia contra los hombres, sino cualquier comentario que brota de la ira y está pensado para herir o lastimar a otros.

Todo esto conduce a un espíritu de maldad, que simboliza una mentalidad perversa o sentimientos de odio intenso. Esta clase de actitud es carnal y diabólica en sus influencias. La maldad es un intento deliberado de dañar a otra persona. Por lo tanto, «toda forma de maldad» debe desaparecer (Efesios 4:31).

La persona que es amargada a menudo es resentida, cínica, cruel, indiferente, implacable, y desagradable como para estar con ella. Cualquier expresión de estas características es pecado contra Dios; son características de la carne y no de Su Espíritu (Gálatas 5:19-21). Hebreos 12:15 nos advierte: «Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados». Siempre debemos tener cuidado de no permitir que las «raíces de amargura» crezcan en nuestros corazones; esas raíces harán que estemos lejos de la gracia de Dios. Dios desea que Su pueblo viva en amor, gozo, paz y santidad; no en amargura. Por tanto, el creyente debe siempre vigilar diligentemente, estando en guardia contra los peligros de la amargura.

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

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La Iglesia está formada por todos los que pertenecen a Jesucristo

Viernes 9 Junio
Con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.
Apocalipsis 5:9-10
Del evangelio que habéis oído… se predica en toda la creación que está debajo del cielo.
Colosenses 1:23
Aldea Mundial
Una casa editorial escogió llamarse «Aldea Mundial». Este nombre expresa la idea de que mediante los libros y los medios masivos de comunicación, todos los hombres del mundo están tan cerca como si fueran de una misma aldea. Por otra parte, cada vez se habla más de globalización en la industria, la agricultura, la política, el comercio… Nuestro planeta parece más pequeño a medida que se desarrollan los medios de comunicación y transporte.

Desde su principio el Evangelio tiene una dimensión mundial y universal, porque el amor de Dios es para todo el mundo. Dios quiere que todos los hombres sean salvos, y envía a sus siervos por toda la tierra. “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…” (Mateo 28:19). Con la venida de Jesús a la tierra, los creyentes experimentan que las fronteras desaparecen en el plano espiritual. Las barreras de los idiomas como de las razas no son un obstáculo para hablar de Dios. El Evangelio penetra en todos los países y medios sociales. Trae un mensaje divino y universal dirigido a todos los seres humanos, cualquiera sea su condición o cultura.

En el pensamiento de Dios, la Iglesia está formada por todos los que pertenecen a Jesucristo. Unidos por el Espíritu Santo, son interdependientes y solidarios. Esto es cierto en el nivel mundial, pero nuestra responsabilidad se sitúa ante todo en el nivel local.

2 Reyes 10 – Romanos 15:1-13 – Salmo 69:1-8 – Proverbios 16:33

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Un Enfoque Bíblicamente Robusto a la Depresión | Dave Dunham

Un Enfoque Bíblicamente Robusto a la Depresión

Dave Dunham

En esta serie pretendemos explorar cómo las Escrituras nos proporcionan marcos sólidos para los problemas de la vida. Un marco es algo más que una serie de versículos bíblicos sobre un tema. Las Escrituras reconocen las diversas formas en que Dios ha diseñado a los seres humanos, las diversas formas en que experimentamos los problemas y las diversas formas en que se manifiestan los problemas. Por lo tanto, no nos proporciona un único enfoque para un problema común, sino diversos enfoques que se adaptan a cada uno de nosotros en el punto en el que nos encontramos en los problemas de la vida. En lo que se refiere a la depresión, la Biblia nos ofrece al menos cuatro marcos diferentes para afrontarla.

Empezamos de nuevo, sin embargo, tratando de entender la depresión y las diversas experiencias de la depresión. David Murray, en su maravilloso librito Christians Get Depressed Too (Los Cristianos También Se Deprimen), sugiere que la depresión se desarrolla en cinco ámbitos diferentes: Situación vital, pensamientos, sentimientos, cuerpos y comportamientos. Veamos cada uno brevemente.

Situación de vida – A veces la depresión surge debido a lo que está sucediendo en nuestras circunstancias. Los cambios en la vida pueden tener un efecto dramático en nuestra salud mental. Los detalles circunstanciales pueden ayudarnos a distinguir entre la tristeza desordenada y la tristeza lógica.

Pensamientos – Nuestra vida de pensamientos es probablemente el factor que más contribuye a la depresión. La manera en que pensamos sobre nosotros mismos, nuestras circunstancias y nuestro Dios puede afectar dramáticamente nuestra salud mental. Proverbios 23:7 establece que como un hombre piensa en su corazón así es él. Las cosas en las que más pensamos se convierten en convicciones del alma.

Sentimientos – Obviamente entendemos la depresión como un sentimiento. Cómo nos sentimos es un reflejo de lo que pensamos. Si mis pensamientos están dominados por problemas y evaluaciones negativas de mí mismo y de la vida, entonces voy a sentirme negativo. Estos sentimientos negativos tienden a reforzar mis valoraciones negativas. Se crea un pequeño círculo en el que cuanto más intensos son mis sentimientos, más convencido estoy de su legitimidad.

Cuerpo – Las luchas a largo plazo contra la depresión pueden manifestarse en enfermedades físicas. Sin embargo, también es importante tener en cuenta que algunas enfermedades físicas pueden cultivar lo que parece depresión Condiciones médicas como el hipotiroidismo, la anemia y la hipercalcemia (por nombrar algunas) pueden cultivar sentimientos y síntomas de depresión. Por lo tanto, siempre es importante hacerse un chequeo médico.

Comportamiento – por último, debemos tener en cuenta que la depresión afecta a nuestro comportamiento. La depresión afecta a nuestra motivación y a nuestra capacidad para disfrutar de cosas que antes nos gustaban. También puede tentarnos a encontrar medios destructivos de escape como el abuso de sustancias, la pornografía o la vida imprudente.

Centrémonos ahora en un enfoque bíblico de la depresión. Reconocemos que en el corazón de la depresión hay una pérdida de esperanza. Podría ser temporal o podría ser más duradera, pero sentimos esa tristeza intensa y prolongada porque no vemos un camino a seguir en nuestra circunstancia o en la vida en general. La Biblia proporciona al menos cuatro marcos diferentes para navegar por la depresión.

En primer lugar, podríamos considerar un Marco de Pecado. La depresión tiene muchas causas y a pesar de lo que algunos cristianos piensan, el pecado no es la causa de toda depresión. Pero es la causa de algunos tipos de depresión y por eso vale la pena investigarlo. En medio de la depresión causada por el pecado, Dios nos invita a arrepentirnos y a recibir el perdón. El Salmo 32 nos da un ejemplo de depresión de raíz espiritual. Los versículos 3-4 hablan de lo que sucede cuando el salmista no se ocupa de su pecado: experimenta síntomas de depresión: pérdida de apetito (los huesos se desgastan), gemidos (sonidos de desesperación), pérdida de energía. ¿Cómo afronta este pecado? Lo confiesa (v. 5). Los versículos 1-2 inician el salmo con la base de la esperanza: ¡bienaventurado aquel a quien se le perdonan las transgresiones! Así, con la depresión queremos considerar siempre el contexto de la vida. A veces el pecado puede ser la causa.

En segundo lugar, consideremos el Paradigma de la Tristeza. En medio de la depresión causada por la tristeza, Dios nos invita a mirar el panorama general. El Salmo 73 ilustra este principio. El Salmo está escrito retrospectivamente. Es decir, el autor mira hacia atrás, a una época en la que sus pies estuvieron a punto de resbalar (v. 2). Y estuvieron a punto de resbalar porque el sufrimiento había estrechado su visión. Sólo veía la injusticia y la maldad de su mundo (v. 3-12). Se ayuda a sí mismo a salir de este dolor encontrando una base firme en una perspectiva eterna (v. 16-20; 27-28). Al recordarse a sí mismo la justicia y el plan de Dios, es capaz de reorientar su corazón en medio de la tristeza.

En tercer lugar, considere un Paradigma de Autoconversación. Dado que la depresión suele estar muy relacionada con nuestros pensamientos y las cosas que nos decimos a nosotros mismos, voy a dedicar más tiempo a este enfoque. En medio de la depresión causada por la autoconversación, Dios nos invita a contraatacar con la verdad. El Salmo 42 es un gran ejemplo de esta práctica.

El Salmo comienza señalando cómo el dolor ataca nuestra experiencia de Dios. En las primeras líneas, el salmista anhela a Dios, como el ciervo anhela el agua. Pero en el versículo 2 vemos que siente que el Señor no le concederá una audiencia o prestar oído. “¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” El verso 3 enfatiza la pena que esta sintiendo – esta tan deprimido que no come, solo llora. » Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche». Y de nuevo, se pregunta, ¿dónde estás Dios? De hecho, describe poéticamente sus lágrimas como burlándose de su fe.

En el versículo 4 está recordando cómo solía ser la vida, cómo solía sentirse. A veces la depresión empeora al recordar cuánta alegría solíamos experimentar. La pérdida de interés y motivación es dura porque hubo un tiempo, al menos para algunos, en que la vida no era así. La vida no siempre fue gris y aburrida, pero ahora lo es. El salmista describe cómo solía dirigir a la multitud en la procesión y en la adoración.

El versículo 5 es un momento de contraste en el salmo. Aquí el salmista cambia el enfoque y empieza a hablar a su alma desanimada sobre la esperanza: Espera en Dios, porque volverás a alabarle. Y luego le dice a su alma quién es ese Dios: ¡El Dios de mi salvación! Se permite entristecerse, pero también responde a esa tristeza con esperanza.

El versículo 6 continúa centrándose en Dios, hablando más específicamente de quién es este Dios. Aquí menciona: » Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.» Se trata de lugares históricos clave en la vida de Israel, donde Dios se había revelado de manera extraordinaria. El salmista se aferra a verdades sobre Yahvé. En medio de la depresión, nuestra esperanza no está en Dios genéricamente, sino específicamente. Queremos recordar a nuestras almas quién es Dios.

El versículo 9 toma todo este discurso sobre Dios y lo devuelve al lugar de la confusión. Si Dios eres así, ¿por qué siento que me has olvidado? ¿Por qué me lamento y no recibo respuesta de ti? Sus enemigos, en este caso personas literales, se burlan de él diciendo: «¿Dónde está tu Dios?». Antes eran sus propias lágrimas las que se burlaban de él, ahora son voces ajenas. La cuestión, por supuesto, es que el dolor prolongado hace que dudemos de Dios, ¿no es así?

El versículo 10, sin embargo, vuelve a esa importante conversación del alma: espera en Dios, porque volverás a alabarle. Así que aquí aprendemos a ser honestos con nuestro dolor, a hablar con Dios de nuestro dolor, confusión y frustración, y aprendemos a hablarnos a nosotros mismos de esperanza en medio del dolor.

Por último, consideremos un Marco de Resistencia. A veces la depresión puede parecer imposible de entender. ¿Por qué me deprimo? ¿Por qué dura tanto? ¿De dónde viene? A menudo no hay respuestas claras, sencillas y directas. Y en tales situaciones, la Biblia nos anima simplemente a resistir, a creer que Dios está con nosotros en el valle de sombra de muerte.

El Salmo 88 es útil en este punto porque es un salmo muy oscuro. El Salmo 88 ha sido calificado como el salmo más oscuro de las Escrituras. La mayoría de los salmos de lamento contienen al menos un giro de esperanza. Están llenos de palabras duras y amargas, se sienten pesados, y el salmista está frustrado y abatido. Pero siempre dice algo como: «Pero confiaré en el Señor». El Salmo 88 no tiene vuelta atrás. Las últimas palabras del Salmo son simplemente: la oscuridad es mi única amiga.

Entonces, ¿cómo es posible que un Salmo tan deprimente pueda ser útil para el deprimido? En parte, creo que la respuesta es que fomenta la honestidad y la resistencia. Así, por ejemplo, este salmo nos anima a soportar nuestro dolor. Es decir, a sentir nuestro dolor. No te resistas, no te sientas mal por sentirte mal, reconoce tus sentimientos… aunque duren mucho tiempo. No tienes que reprimir esas emociones oscuras, puedes reconocerlas. El salmista ciertamente lo hace.

En segundo lugar, el Salmo nos anima a soportar con el Señor. El salmista comienza en el versículo 1 «clamando al Señor». Incluso en su desesperación, incluso en su frustración, sigue hablando con el Señor. Así que no abandones tu fe cuando la fe sea dura, cuando la vida sea dura. Sigue acudiendo a Dios. Dios conoce la depresión e incluyó un salmo oscuro en la Biblia para reflejar los estados en los que podemos encontrarnos. Lo escribió por nuestro bien, para ayudarnos a seguir adelante, a aguantar y a seguir adelante. Casi todas las depresiones requieren ciertos niveles de resistencia, y las Escrituras y el Espíritu de Dios pueden ayudarnos a resistir.

Por supuesto, hay mucho más que hacer para ayudar a las personas a superar la depresión. Debemos considerar cuestiones como la medicación, el apoyo social, el ejercicio y la dieta, y estrategias prácticas para poner en práctica los pensamientos adecuados. Pero si no empezamos con un marco útil, estas estrategias parecerán inútiles, aleatorias y alejadas de la esperanza. Identificar el marco adecuado para uno mismo o para alguien a quien se está ayudando requiere escuchar mucho, hacer buenas preguntas y orar. Pero gracias a Dios, Él no se limita a darnos clichés y consejos trillados. Nos da múltiples enfoques para comprender nuestra experiencia de la depresión y responder a ella. Un enfoque sólido de la depresión ofrece diversos medios de esperanza.

Artículo tomado de Evangelio Blog: https://evangelio.blog/2023/05/04/un-enfoque-bblicamente-robusto-a-la-depresin/

¿Dónde está su fe?

Jueves 8 Junio

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Filipenses 4:6

Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Salmo 62:8

¿Dónde está su fe?

Leer Lucas 8:22-25

La escena descrita en Lucas 8, a menudo llamada «Tormenta en el mar», ha inspirado a muchos pintores famosos: Jesús y sus discípulos son representados en una barca zarandeada por el tormentoso mar. Mientras Jesús descansa y duerme plácidamente, los discípulos, aferrados a las cuerdas de la barca, aparecen con rostros aterrorizados por la situación angustiosa.

¿No es esta una ilustración de nuestro comportamiento cuando pasamos por momentos difíciles? Esta escena también nos recuerda que el creyente nunca está solo, especialmente cuando se enfrenta a las pruebas de la vida. Así como Jesús estaba con sus discípulos en medio de la tormenta, también está con nosotros. Al estar cerca de ellos, oyó, vio su angustia e intervino: “Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza” (Lucas 8:24). Estaban asustados, pero pronto se calmaron por la intervención y presencia de su Maestro, quien les dijo: “¿Dónde está vuestra fe?”.

¿Acaso el Señor no tiene que hacernos esta pregunta muy a menudo? Los acontecimientos más pequeños, como los más importantes, están en manos del Dios que nos ama. Él desea que sus redimidos no tengan miedo, sino que estén tranquilos y convencidos de su fidelidad, incluso en medio de las tormentas de la vida.

Confiemos plenamente en él, echando todas nuestras preocupaciones sobre él, porque él cuida de nosotros (1 Pedro 5:7).

2 Reyes 9 – Romanos 14 – Salmo 68:28-35 – Proverbios 16:31-32

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¿Se salvan los católicos?

La pregunta de «¿se salvan los católicos?» no se puede responder con un «sí» o un «no» a nivel general. De igual manera, tampoco se puede responder en sentido universal a las preguntas «¿se salvan los bautistas?» o «¿se salvan los presbiterianos?» o «¿se salvan los metodistas?». Uno no se salva por ser católico, bautista, presbiteriano o metodista. La salvación es sólo por gracia a través de la fe sólo en Cristo (Juan 14:6; Efesios 2:8-9). Posiblemente no exista ninguna denominación o división de la fe cristiana en la que cada miembro haya confiado realmente en Cristo como Salvador.

Además, se estima que hay más de mil millones de católicos romanos en el mundo. Entre esos más de mil millones de adeptos, hay una cantidad significativa con respecto a las creencias y prácticas. Los católicos romanos de Estados Unidos no tienen las mismas creencias y prácticas que los católicos romanos de Italia. Los católicos de América Latina no son el reflejo de los católicos de África. Aunque la jerarquía católica romana promueve la idea de que todos los católicos romanos tienen las mismas creencias y observan las mismas prácticas, esto no es así. La diversidad dentro del catolicismo es otra razón por la que la pregunta «¿se salvan los católicos?» no se puede responder de forma absoluta.

Sin embargo, si cambiamos la pregunta para que sea más específica, podemos tener una respuesta definitiva: «¿se salvan los católicos que se adhieren a las creencias y prácticas oficiales del catolicismo romano?». La respuesta a esta pregunta es «no». ¿Por qué? Porque la enseñanza oficial del catolicismo romano es que la salvación no es sólo por fe, sólo por la gracia, sólo en Cristo. La Iglesia Católica Romana enseña que uno debe hacer buenas obras y seguir los rituales del catolicismo romano para ser salvo.

Resumir el concepto católico de la salvación es difícil porque es extenso. He aquí un resumen de la enseñanza oficial del catolicismo romano sobre la salvación: para ser salvo, una persona debe recibir a Cristo como Salvador por la fe, ser bautizado siguiendo la fórmula trinitaria, obtener una gracia adicional observando los sacramentos católicos, especialmente la Eucaristía, y luego morir sin ningún pecado mortal no confesado. En caso de que una persona cumpla con lo anterior, se salvará y se le concederá la entrada al cielo, probablemente después de un extenso tiempo de purificación adicional en el purgatorio.

El proceso católico romano es significativamente diferente de la enseñanza del apóstol Pablo sobre cómo se recibe la salvación: «Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo» (Hechos 16:31). Juan 3:16 atribuye la salvación a todo aquel que cree en Cristo. Efesios 2:8-9 enseña explícitamente que la salvación no es por obras, y el versículo 10 aclara que las obras son el resultado de la salvación. En pocas palabras, la enseñanza católica sobre la salvación es muy diferente de lo que enseña la Biblia.

Así que, no, si una persona se aferra al concepto oficial católico romano de la salvación, no se salva. A pesar de sus fuertes afirmaciones, el catolicismo romano no sostiene verdaderamente la salvación por gracia a través de la fe.

Habiendo dicho esto, es importante recordar que no todos los católicos defienden el concepto católico romano de la salvación. Hay católicos que creen verdadera y plenamente que la salvación es sólo por gracia a través de la fe. Hay católicos que siguen los sacramentos como un aspecto del crecimiento espiritual y de la intimidad con Dios, y no para intentar ganarse la salvación. Hay muchos católicos que creen en la doctrina bíblica de la salvación y no entienden que la enseñanza oficial de la Iglesia Católica Romana es algo muy distinto.

¿Se salvan los católicos? ¿Los católicos van al cielo? Depende. Si la pregunta es «¿hay católicos salvos?» entonces la respuesta es «sí». Si la pregunta es «¿una persona irá al cielo si se atiene a la doctrina oficial católica romana de la salvación?» la respuesta es «no».

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¡Alerta!

Miércoles 7 Junio
Hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.
Apocalipsis 13:16-17
¡Alerta!
Los actos terroristas se multiplican en nuestro planeta. Para limitarlos se hacen análisis rigurosos de numerosas informaciones: las imágenes registradas por cámaras, la geolocalización de los teléfonos móviles, el descifrado de mensajes codificados en Internet… A esto se añaden los nuevos pasaportes biométricos equipados con un chip que contiene numerosas informaciones sobre nuestra identidad.

Un periodista escribió: «Mientras tengamos unas garantías democráticas mínimas, este registro puede parecer un mal necesario. Pero, ¿qué pasaría si un régimen autoritario o incluso dictatorial llegara al poder?».

En este contexto el versículo de hoy, que se refiere a acontecimientos futuros, puede interpelarnos. De hecho, una dictadura que utilizara estos datos tecnológicos para asegurar su poder parece posible hoy en día. Pero los que creemos en Jesucristo sabemos que nuestro Salvador nos protegerá de tales acontecimientos. Prestemos atención a sus palabras:

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán… Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán” (Lucas 21:33-36).

Pablo escribió esta promesa a los creyentes de Tesalónica que se habían convertido “de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:9-10).

2 Reyes 8 – Romanos 13 – Salmo 68:21-27 – Proverbios 16:29-30

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