Viernes 4 Noviembre Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo. Hebreos 1:1-2
La llave: la revelación
Después de una mañana de clases pasé frente a la oficina del capellán. Allá, sobre un pequeño estante, se hallaban algunos libros. Mis ojos se posaron en el título de uno de ellos, compuesto por dos palabras: Llave y revelación.
Fue como un rayo de luz en mi espíritu. En efecto, desde hacía algún tiempo tropezaba con el tema de la existencia de Dios, y estaba desanimado. De repente la luz brilló. La verdadera pregunta no era: ¿Existe Dios?, sino: ¿Dios se reveló? En efecto, sin revelación yo permanecería indefinidamente en la duda.
Así, dos palabras en la cubierta de un libro me liberaron de mis reflexiones estériles. La llave para avanzar en la fe es la revelación, y esta se halla en la Biblia. Esto me condujo a un nuevo punto de partida para leerla con cuidado. Han pasado décadas, y esta lectura todavía sigue alimentando mi fe.
Por nuestras reflexiones personales permanecemos en el dominio humano. Pero Dios está por encima de nosotros, él está sobre todo. Para conocerlo es necesario que una puerta nos sea abierta, una puerta cuya llave es la revelación que él ha hecho de sí mismo. Sin ella el dominio de Dios permanece inaccesible.
Desde el principio hasta el fin de la Biblia, Dios se revela de diferentes maneras a los hombres, a veces lo hace directamente, pero sobre todo lo hace por medio de Jesucristo, quien “es la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Su victoria, su gloria en el cielo y su reino son revelados en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, que significa “Revelación”.
Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla… a fin de… que fuese santa y sin mancha.Efesios 5:25-27
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. 2 Timoteo 3:16
Escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias (o asambleas) Leer Apocalipsis 2-3
Finalizando el primer siglo, el apóstol Juan escribió el libro del Apocalipsis, dirigido a siete iglesias (o asambleas, congregaciones de cristianos) del Asia Menor de la época (Turquía actual). Era una provincia romana caracterizada por el culto al emperador y la persecución a los cristianos, que ya eran numerosos.
En el primer capítulo Juan expone cómo, en una visión, vio a Jesús en medio de esas iglesias. En los capítulos 2 y 3 podemos leer lo que escribe a cada iglesia. Esas cartas forman un conjunto, como con frecuencia las series de 7 en la Biblia; por ejemplo, los siete días de la creación en el primer capítulo de Génesis. Ellas presentan un cuadro general de la Iglesia en aquel momento. Estas cartas evocan también las etapas de la historia de la cristiandad hasta que el Señor Jesús venga para llevar consigo a los que han creído en él. En esa época, como hoy, muchos cristianos eran perseguidos, otros eran tentados a hacer compromisos con el mundo, otros toleraban enseñanzas que desviaban a los fieles.
En esas cartas el Señor Jesús expresa su aprobación, anima, advierte sobre los peligros, muestra los errores, exhorta a cambiar y hace una promesa a los vencedores. Hoy su mensaje se dirige a cada cristiano. Jesús nos habla porque nos ama (cap. 3:19). Escuchemos lo que su Espíritu dice a las iglesias (cap. 2:7), sean ricas o pobres espiritualmente, pequeñas o grandes, que vivan en paz o sean perseguidas.
(continuará el próximo jueves) Deuteronomio 28:1-37 – Juan 18:1-18 – Salmo 119:113-120 – Proverbios 26:23-24
Dios te dará más de lo que puedes soportar MITCH CHASE
Los cristianos pueden hacer las afirmaciones más extrañas cuando consuelan a los que sufren. ¿Qué le dices a alguien cuya vida se está desmoronando? Si solo tienes unos minutos preciosos con alguien que ha perdido su trabajo, casa, cónyuge, hijo o todo su sentido y propósito, ¿qué consuelo le ofreces?
Puede que recurramos a la sabiduría convencional en lugar de ir a las Escrituras y acabemos diciendo algo como esto: «No te preocupes, esto no pasaría en tu vida si Dios no creyera que puedes soportarlo». La persona que sufre podría oponerse mientras mueve la cabeza y pone las manos en alto. Pero insistes: «Mira, en serio, la Biblia promete que Dios nunca te dará más en la vida de lo que puedas soportar». Ahí está: sabiduría convencional disfrazada de verdad bíblica. Has prometido lo que la Biblia nunca promete.
Tentaciones y pruebas El apóstol Pablo escribe: «No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla» (1 Co 10:13). Su punto es específico: está escribiendo sobre la «tentación», una trampa que se esfuerza al máximo al tratar de arrastrarnos al pecado. Utilizando una metáfora de depredador, Dios advirtió a Caín que «el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo» (Gn 4:7). El pecado nos acecha, pero Dios es fiel. El pecado desea vencernos, pero hay una vía de escape misericordiosa. El pecado pone el anzuelo, pero para el creyente —¡alabado sea Dios!— el pecado no es irresistible.
El pecado nos acecha, pero Dios es fiel. El pecado desea vencernos, pero hay una vía de escape misericordiosa
Ahora bien, si la gente aplica las palabras de Pablo sobre la tentación a los sufrimientos generales, puedes ver de dónde viene la frase «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar». No dudo de la sinceridad y las buenas intenciones de los que usan esta frase, pero la sinceridad no es suficiente. Incluso los amigos de Job tenían buenas intenciones.
Errores gemelos Hay al menos dos errores en la idea no bíblica de «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar». Primero, juega con la virtud cultural de justicia. En segundo lugar, orienta al que sufre hacia adentro en lugar de hacia Dios.
Pruebas que son… ¿Justas? Si les vas a dar a tus hijos cajas para que las suban al carro, primero haces evaluaciones visuales y de peso que tienen en cuenta su edad y su fuerza. No sobrecargas sus brazos y ves cómo se estrellan contra el suelo con las cosas desparramadas por todas partes. Eso sería injusto. El dicho «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar» tiene un tono de justicia que instintivamente nos gusta. Hay algo agradable en la idea de que la balanza está equilibrada, que Dios ha evaluado lo que podemos soportar y permite unas pruebas adecuadas.
Pero hay un problema evidente con ese concepto de «justicia» que sustenta esta sabiduría convencional: Dios ya ha sido «injusto», porque no nos ha tratado como merecen nuestros pecados. Ha sido paciente, comprensivo, bondadoso y abundante en amor. El sol brilla y la lluvia cae incluso sobre los injustos (Mt 5:45). Dios trasciende las categorías [humanas] de justo e injusto hasta tal punto que no estamos en condiciones de evaluar Sus acciones o sopesar Su voluntad. Sus caminos no están sujetos a la norma de justicia de nuestra cultura.
El poder… ¿Adentro? El sufrimiento no pregunta si estás preparado. Puede llegar lentamente o con fuerza, pero no pide permiso, y no le importa la conveniencia. Nunca es un buen momento para que tu vida se arruine. Pero el dicho «Dios nunca te dará más de lo que puedas soportar» me dice que tengo todo lo que se necesita. Me dice que puedo soportar todo lo que venga. Me dice que Dios permite las pruebas de acuerdo con mi capacidad de soportarlas. Piensa en lo que hace esta sabiduría convencional: dirige a la gente hacia dentro.
Cuando nuestras fuerzas flaquean bajo cargas aplastantes, la respuesta no está dentro de nosotros
Sin embargo, la Biblia nos dirige hacia Dios. Como dice el salmista: «Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos aunque la tierra sufra cambios, y aunque los montes se deslicen al fondo de los mares; aunque bramen y se agiten sus aguas, aunque tiemblen los montes con creciente enojo» (Sal 46:1-3). Cuando nuestras fuerzas flaquean bajo cargas aplastantes, la respuesta no está dentro de nosotros. Dios da poder a los débiles y aumenta las fuerzas de los débiles (Is 40:29). El poder viene de Él a los que esperan en Él.
Hacia dónde nos dirigen las pruebas Las pruebas vienen en todas las formas y tamaños, pero no vienen para mostrar lo mucho que podemos soportar o cómo tenemos todo controlado. El sufrimiento abrumador vendrá a nuestro camino porque vivimos en un mundo quebrantado con personas quebrantadas. Cuando llegue, tengamos claro de antemano que no tenemos lo que hace falta. Dios nos dará más de lo que podemos soportar, pero no más de lo que Él puede.
El salmista pregunta: «¿De dónde vendrá mi ayuda?» (Sal 121:1), y nosotros debemos ser capaces de responder como él. Debemos saber y creer, en lo más profundo de nuestros huesos, que «Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra» (v. 2). Cuando lleguen las pruebas, confía en que la ayuda del Señor llegará. Esta noticia es útil para los que sufren, ya que estamos diciendo algo verdadero sobre Dios en lugar de algo falso sobre nosotros mismos.
Pablo recordó un momento en que Dios le dio más de lo que podía soportar. Él escribió en una de las cartas a los corintios: «Porque no queremos que ignoren, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia. Porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida» (2 Co 1:8). Pablo y sus compañeros habían estado bajo circunstancias que superaban sus fuerzas para soportar: «De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte» (v. 9).
Luego proporciona una visión crucial de su desesperación. ¿Por qué él y sus compañeros recibieron más de lo que podían soportar? «A fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos» (2 Co 1:9). Dios te dará más de lo que puedes soportar para que Su gran poder se manifieste en tu vida. De hecho, un mayor peso de gloria está aún por llegar: «Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación» (2 Co 4:17).
Puede que no consideres que los sufrimientos abrumadores sean «leves» y «pasajeros», pero piensa en tus pruebas en términos de un trillón de años a partir de ahora. En medio de la aflicción, a veces lo más difícil de sostener es una visión de lo eterno. Pablo no está tratando de minimizar tu aflicción; está tratando de maximizar tu perspectiva.
El sufrimiento no tiene la última frase del guión. Dios te dará más de lo que puedes soportar en esta vida, pero el peso de gloria que viene será mayor de lo que puedes imaginar.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición. Mitch Chase (PhD, Seminario Teológico Bautista del Sur) es pastor de la Iglesia Bautista de Kosmosdale y profesor adjunto en el Boyce College en Louisville, Kentucky.
Es el autor de Behold Our Sovereign God (Contempla a nuestro soberano Dios), The Gospel Is for Christians (El evangelio es para creyentes), y 40 Questions About Typology and Allegory (40 preguntas sobre tipología y alegoría). Está casado con Stacie, y tienen cuatro hijos. Puedes seguirlo en Twitter.
Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia… teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros… para vuestro provecho y gozo de la fe.
El apóstol Pablo había servido a Jesucristo, su Señor y Maestro, con devoción; trabajó sin cesar por los cristianos. Pero constató con tristeza que “todos buscan lo suyo propio” (Filipenses 2:21). Entonces, desde el fondo de su prisión romana, a pesar de su edad escribió a los cristianos de Filipos: “Y en esto me gozo, y me gozaré aún… será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:18, 20-21).
¿Cuáles eran sus motivaciones? ¿Trataba de escapar a los sufrimientos? ¿Estaba decepcionado de los cristianos, o herido en su amor propio y desanimado por estar confinado en una cárcel? ¿Se creía el único fiel, y estaba listo a rendirse? ¿Lamentaba haber nacido? ¡En absoluto! Su carta refleja el gozo y la paz. Con insistencia invita a sus lectores a regocijarse “en el Señor siempre”. Pablo sabía que la muerte lo llevaría a estar en compañía de su amado Salvador. Lo que él deseaba era “estar con Cristo”. Sin embargo, no pedía la muerte. “No sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho” (Filipenses 1:22-23). Él no pensaba en sí mismo, sino en los otros; sabía que todavía podía ser útil a los cristianos.
Que nuestro Dios nos conceda tener las mismas motivaciones que Pablo. Él tenía una sola razón para vivir, la cual resume así: “Para mí el vivir es Cristo”. ¡Por Cristo vale la pena soportar todo!
Hace más de 500 años, un monje alemán llamado Martín Lutero dio inicio a una protesta que se extendió hasta convertirse en un movimiento mundial. ¿Qué fue en realidad este movimiento de la Reforma protestante? Descubre la respuesta en este corto video narrado por el Dr. R.C. Sproul. Compártelo con tus amigos y familiares.
Un predicador joven acababa de perder a su esposa cuando su pequeña hija le preguntó: -Si Jesús murió por nuestros pecados, ¿por qué nosotros también debemos morir?
El padre no respondió en seguida, buscando una explicación apropiada para la edad de la niña. Pero cuando iban al cementerio, el papá llamó la atención de la niña sobre un pesado camión que iba delante de ellos, y le preguntó: -¿Ves la sombra del camión en el piso? Pues no somos aplastados por el camión, sino que solo atravesamos su sombra.
El padre guardó silencio un momento y luego dijo con una voz conmovedora: -¿Sabes?, muriendo en la cruz, Jesús se hizo aplastar como por la carga más pesada. Toda la ira de Dios cayó sobre él, para que nosotros solo tuviéramos que atravesar la sombra de la muerte.
Según las Escrituras solo hay dos maneras de morir. La primera, aterradora, está reservada a los incrédulos. “Si no creéis que yo soy (Jesús, el Hijo de Dios), en vuestros pecados moriréis”. Morir en sus pecados es presentarse delante de Dios, quien es santo, como un culpable delante de su juez, con una condena segura. Los pecados olvidados o minimizados un día serán presentados de nuevo ante cada uno. No habrá ningún abogado delante de este tribunal, sino solo un Juez inflexible y que lo sabe todo.
Pero la gracia de Dios ha dado al creyente la opción de morir de otra manera, de morir “en el Señor”, salvo de la condenación por la obra de Cristo en la cruz.
Los cabeza de familia deberían leer las Escrituras a sus familias e instruir a sus hijos y criados en los asuntos y las doctrinas de la salvación. Por tanto, deben orar en familia y con sus fami- lias. Ningún hombre que no niegue las Escrituras, puede oponerse al incuestionable deber de leerlas en el hogar; [el deber que tienen] los gobernantes de la familia de enseñar e instruir a sus miembros de acuerdo con la Palabra de Dios. Entre una multitud de versículos expresos, analicemos estos: “Y sucederá que cuando vuestros hijos os pregunten: “¿Qué es este rito vuestro?, vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas” (Éx. 12:26-27). Los padres cristianos tienen el mismo deber de explicar a sus hijos los sacra- mentos del Nuevo Testamento para instruirlos en la naturaleza, el uso y los fines del Bautis- mo y de la Santa Cena: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”, es decir, mañana y tarde (Dt. 6:6-7; 11:18-19). “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Se- ñor” (Ef. 6:4). Y a Dios le agradó esto en Abraham: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová” (Gn. 18:19). Esto es, pues, innegable si se ha de creer en la Palabra que hemos recibido como reglamento y a la que debemos brin- dar obediencia. Incluso los paganos enseñaban la necesidad de instruir a la juventud a tiempo.
La razón de esta consecuencia, desde la lectura familiar hasta las instrucciones de orar en familias, es evidente ya que necesitamos rogar a Dios para que nos proporcione la ilumina- ción de Su Espíritu, que abra los ojos de todos los miembros de la misma31 y que derrame su bendición sobre todos nuestros esfuerzos, sin la cual no hay salvación. Esto será más patente si consideramos y reunimos los siguientes argumentos:
1. ¿De quién es la palabra que se ha de leer juntos en familia? Acaso no es la Palabra del Dios eterno, bendito y glorioso. ¿No requiere esto y, hasta exige, oración previa en mayor medida que si uno fuera a leer el libro de algún hombre mortal? La Palabra de Dios es el medio a través del cual Él habla con nosotros. Por medio de ella nos instruye y nos informa acerca de las preocupaciones más elevadas e importantes de nuestras almas. En ella debemos buscar los remedios para la cura de nuestras enfermedades espirituales. De ella debemos sacar las armas de defensa contra los enemigos espirituales que asaltan nuestras almas para ser dirigidos en las sendas de la vida32. ¿Acaso no es necesario orar juntos, pues, para que Dios prepare todos los corazones de la familia para recibir y obedecer lo que se les lea, procedente de la mente de Dios? ¿Es tan formal y sensible toda la familia a la gloria, la santidad y la majestad de aquello que Dios les transmite en su Palabra que ya no haya necesidad de orar para que así sea? Y si
31 “Pero, por encima de todo lo demás, dirige tus palabras a Dios para que las puertas de la luz divina pueda abrirse para ti. Y es que nadie puede percibir ni entender estas cosas, excepto aquél a quien Dios y su Cristo le han concedido este privilegio”. — Justino Mártir (110-165).
32 “La Santa Escritura es (1) la silla de Dios desde la que se dirige a nosotros. (2) Es la escuela de Dios en la que Él nos enseña y comunica información. (3) Es el dispensario de Dios y la consulta espiritual desde la que Él distribuye sus medicinas sanadoras. (4) Es el arsenal de Dios y su gran colección de armas adecuadas desde la que nos aprovisiona de armas defensivas y ofensivas para nuestra protección contra los enemi- gos de todo tipo. (5) Es la mano de Dios con la que nos quía hacia adelante, por las sendas de fe y justicia y nos conduce sanos y salvos hasta la vida eterna”. —Johann Gerhard (1582-1637).
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ven la necesidad, ¿no debería ser lo primero que hagan? Después de leer las Escrituras y de escuchar las amenazas, los mandamientos y las promesas del glorioso Dios; cuando los peca- dos han quedado al descubierto y también la ira divina contra ellos; cuando se han impuesto los deberes y explicado los preciosos privilegios y las promesas de un Dios fiel, “promesas grandes y preciosas” para quienes se arrepienten, creen y acuden a Dios con todo su cora- zón, sin fingimientos, ¿no tienen ustedes la necesidad de caer juntos de rodillas, rogar, llorar e invocar a Dios pidiendo perdón por esos pecados de los que los ha convencido esta Palabra, de los que son culpables y por los que deben lamentarse delante del Señor? ¿[No tienen la necesidad de orar] para que cuando se descubra el deber, todos tengan un corazón dispuesto para obedecer y ponerlo en práctica, y juntos arrepentirse sin fingimientos y acudir a Dios, para que puedan aplicarse esas promesas y ser copartícipes de esos privilegios? Basándonos en todo esto, pues, existe una buena razón para que cuando lean juntos, también oren juntos.
2. Considera los grandes y profundos misterios contenidos en la Palabra de Dios que deben leer juntos. Verás que también aparecerá la necesidad de orar juntos. ¿No encierra, acaso, esa Palabra la doctrina concerniente a Dios, la forma en que se le debería conocer, amar, obedecer, adorar y deleitarse uno en Él? En cuanto a Cristo, Dios y hombre, es un misterio sobre el cual se maravillan los ángeles y que ningún hombre puede entender o expresar, y que ninguno puede explicar por completo.33 Con respecto a los oficios de Cristo, la Palabra declara que son los de Profeta, Sacerdote y Rey. El ejemplo y la vida de Cristo, sus milagros, las tentaciones que soportó, sus sufrimientos, su muerte, sus victorias, su resurrección, ascen- sión e intercesión y su venida para juzgar se plasman en la Palabra divina. ¿No se encuentran en las Escrituras la doctrina de la Trinidad, de la miseria del hombre por el pecado y su reme- dio en Cristo? ¿Y también el pacto de gracia, las condiciones de éste y los sellos del mismo? ¿Los muchos privilegios preciosos y gloriosos que tenemos por Cristo: La reconciliación con Dios, la justificación, la santificación y la adopción? ¿Las diversas gracias por obtener, los deberes que realizar y el estado eterno de los hombres en el cielo o en el infierno? ¿No están estas cosas y otras como ellas, en la Palabra de Dios que se debe leer a diario en tu hogar? ¿Y sigues sin ver la necesidad de orar antes y después de leer la Palabra de Dios? Sopésalo bien y lo comprenderás.
3. Considera cuánto le incumbe a toda la familia saber y entender estas cosas tan necesarias para la salvación. Si las ignoran, están perdidos. Si no conocen a Dios, ¿cómo podrán amarlo? Podemos amar a un Dios y a un Cristo invisibles (1 P. 1:8), pero nunca a un Dios desconocido. Si tu familia no conoce a Cristo, ¿cómo creerán en Él? Y, sin embargo, tienen que perecer y ser condenados de no hacerlo. Tendrán que perder para siempre a Dios y a Cristo, al cielo y sus almas, si no se arrepienten, creen y se convierten. Y dime, si la lectura de este Libro es la que los hará comprender la naturaleza de la verdadera gracia salvífica, ¿no será necesaria la oración? Sobre todo cuando muchos poseen la Biblia y la leen, pero no entienden las cosas que tienen que ver con su paz.
33 “Que todo cristiano fiel y creyente consagre su atención a las Sagradas Escrituras. En ellas descubrirá maravillosas manifestaciones, dignas de la fe por la cual se producen. Contemplará a los hombres del mundo mintiendo en su impiedad, las recompensas de los piadosos y el castigo del impío. También mi- rará con asombro a las bestias salvajes vencidas por la religión y su ferocidad transformada en placidez, y las almas de los hombres volver a sus cuerpos sin vida. Pero un espectáculo que supera de lejos todas estas cosas se exhibirá ante su vista extasiada: Verá a ese diablo que desea triunfar sobre todo el mundo, mintiendo, como un enemigo ya vencido bajo los pies de Cristo. Hermanos, ¡que visión tan adecuada, tan preciosa y tan necesaria!”. —Cipriano (200-258).d
4. Considera, además, la ceguera de sus mentes y su incapacidad, sin las enseñanzas del Es- píritu de Dios, para conocer y comprender estas cosas. ¿No es necesaria la oración?
5. Considera también, que el atraso de sus corazones a la hora de prestar atención a estas verdades importantes y necesarias de Dios, y su falta de disposición natural al aprendizaje demuestran que es necesario que Dios los capacite y les dé la voluntad de recibirlas.
6. Una vez más, considera que la oración es el medio especial para obtener conocimiento de Dios y su bendición sobre las enseñanzas y las instrucciones del cabeza de familia. David oró pidiéndole a Dios: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Sal. 119:18). En la Palabra de Dios hay “maravillas”. Que el hombre caído pueda ser salvo es algo maravilloso. Que un Dios santo se reconciliara con el hombre pecador es maravilloso. Que el Hijo de Dios adoptara la naturaleza del hombre, que Dios se manifestara en la carne y que el creyente fue- ra justificado por la justicia de otro son, todas ellas, cosas maravillosas.
Sin embargo, existe oscuridad en nuestra mente y un velo sobre nuestros ojos; además, las Escrituras forman un libro con broche, cerrado, de manera que no podemos entender estas cosas grandiosas y maravillosas de una forma salvífica, y depositar nuestro amor y nuestro deleite principalmente en ellas, a menos que el Espíritu de Dios aparte el velo, quite nuestra ignorancia e ilumine nuestra mente. Y esta sabiduría es algo que debemos buscar en Dios, mediante la oración ferviente. Ustedes, los que son cabezas de familias, ¿no querrían que sus hijos y criados conocieran estas cosas y que estas tuvieran un efecto sobre ellos? ¿No que- rrían, ustedes, que se grabaran en sus mentes y en sus corazones las grandes preocupaciones de su alma? ¿Los instruyen ustedes a este respecto? La pregunta es: ¿Pueden ustedes llegar a sus corazones? ¿Pueden ustedes despertar sus conciencias? ¿No pueden? Y aun así, ¿no te lleva esto a orar a Dios con ellos para que Él lo lleve a cabo? Mientras estén orando juntamente con ellos, Dios puede estar disponiendo en secreto y preparando poderosamente sus corazones para que reciban su Palabra y las instrucciones de ustedes a partir de estas.
Tomado de “How May the Duty of Family Prayer Be Best Managed for the Spiritual Benefit of Every One in the Family?” (¿Cómo puede el deber de la oración familiar ser mejor administrado para el bene- ficio espiritual de cada uno en la familia?), Puritan Sermons 1659-1689. Being the Morning Exercises at Cripplegate (Sermones puritanos 1659-1689. Estando en los ejercicios matutinos en Cripplegate), Vol 2, Richard Owen Roberts, Editor. _____________________________________________
Thomas Doolittle (1632 – c. 1707): Ministro no conformista inglés, nació en Kidderminster, Wor- cestershire, Inglaterra.
Renovando Tu Mente R.C.Sproul Serie: El matrimonio íntimo
En El matrimonio íntimo, el Dr. R.C. Sproul muestra que si seguimos los principios de Dios, el matrimonio puede ser una celebración de gozosa intimidad y uno de los mayores placeres de la vida. En esta serie, el Dr. Sproul examina no solo la teología del matrimonio, sino también su sociología y psicología, cubriendo temas como la comunicación, los roles de género y el sexo.
¿Qué es el matrimonio cristiano? Muchas personas hoy en día se preguntan si el matrimonio es una tradición anticuada que debe ser desechada de una vez por todas. En este episodio de Renovando Tu Mente, R.C. Sproul nos lleva al origen del matrimonio con el fin de descubrir el propósito de Dios para la relación entre marido y mujer.
Viernes 28 Octubre Cristo es el todo, y en todos. Colosenses 3:11 Jesucristo nuestro centro y modelo
En la epístola a los Filipenses el apóstol Pablo comparte sus experiencias de la vida cristiana. Esta senda está resumida en una Palabra: Jesucristo. Esto lo vemos en cada capítulo de tan maravillosa epístola:
El Señor Jesús es el centro y el objeto de la vida cristiana: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21).
El Señor Jesús es el modelo para el cristiano: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5-8). Aquí, “sentir” quiere decir “manera de pensar”. ¿Cuál era la manera de pensar del Señor Jesús? La obediencia y la sumisión. Glorificó a Dios humillándose.
El Señor Jesús es la meta de la carrera del cristiano: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). Hebreos 12:2: No mirar ni a la derecha, ni a la izquierda, ni atrás.
Cristo es la fuerza de la vida del cristiano: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). En 2 Corintios 12:9 dice: “Bástate mi gracia”. ¡Hay Alguien que nos da fuerza! “Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice el Señor; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice el Señor, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice el Señor de los ejércitos. Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis” (Hageo 2:4-5). El Señor Jesús mismo, su Palabra y su Espíritu están con nosotros.
Coalición por el Evangelio Vivimos en un mundo que cada día avanza en una dirección contraria a la verdad de Dios y sus mandatos. ¿Por qué? La Biblia dice que el mundo no tiene temor de Dios. Es importante que el pueblo de Dios sea capaz de discernir la corriente de este mundo y la raíz de su orientación. Para ello, necesitamos conocer la descripción que la Biblia hace del mundo sin temor de Dios.
En este sermón, el pastor Carlos Contreras nos enseña a la luz del Salmo 33:8-12, la realidad espiritual del hombre natural en contraste con la nueva naturaleza que el Señor le ha dado a su pueblo.
Carlos Contreras es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Carlos es pastor en la Iglesia Cristiana Gracia Soberana, de Ciudad Juárez, México. Está casado con María Eugenia (Kena) Flores, con quien ha tenido cuatro maravillosos hijos y tres nietos. Puedes seguir a Carlos en Twitter o en Facebook.