Un siglo de cambios

Un siglo de cambios
Por Nicholas R. Needham

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo XVI

Algunas personas piensan que la Reforma protestante fue una restauración milagrosa del cristianismo apostólico producida por Dios en la historia directamente desde lo alto. En su momento, esta postura dominó especialmente el pensamiento protestante de Estados Unidos. Sin embargo, fue impugnada de forma eficaz a mediados del siglo XIX por dos gigantes del pensamiento histórico y teológico: John Williamson Nevin y Philip Schaff, del Mercersburg Seminary, de Pensilvania. Desde entonces, no hemos vuelto a aquella vieja postura. Aunque es cierto que Dios obró con poder en el siglo XVI, no lo hizo pasando por alto la historia ni las causas humanas (por cierto, los ocho volúmenes de History of the Christian Church [Historia de la iglesia cristiana] de Schaff siguen siendo una obra maestra que merece nuestro afecto y atención).

LA INFLUENCIA DEL RENACIMIENTO
En muchos sentidos, la Reforma fue la cara espiritual del Renacimiento. Los filósofos renacentistas del siglo XV reaccionaron contra buena parte de la cultura medieval, y llamaron a volver a la cultura del período clásico de Grecia y Roma, que era más antigua y, según ellos, más saludable. Su famoso lema era ad fontes, «a las fuentes», y llevó a algunos a rechazar casi toda la teología y la espiritualidad medieval para volver a las fuentes originales del cristianismo, es decir, a la Biblia y a los padres de la Iglesia primitiva. Pensaban que los padres eran mejores intérpretes del evangelio que los teólogos escolásticos medievales.

Este retorno a la Biblia y a los padres se vio con muchísimo poder en la vida y obra de Erasmo, célebre por su devoción académica hacia el Nuevo Testamento griego, a la luz del cual evaluó y halló defectos en la Vulgata Latina, la Biblia oficial de la Iglesia medieval de Occidente (los apóstoles escribieron el Nuevo Testamento en griego). El descubrimiento renacentista del idioma griego, y el impulso hacia las fuentes del cristianismo derivado del principio ad fontes, llevaron a Erasmo a imprimir su edición del Nuevo Testamento griego en 1516. Ese volumen fue un puente por el que muchos alumnos pasaron del Renacimiento a la Reforma. Lo encontramos en las primeras dos tesis de las noventa y cinco que redactó Martín Lutero:

Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo «arrepiéntanse», quiso decir que toda la vida de los creyentes debe ser de arrepentimiento. No podemos pensar que esa palabra se refiere al sacramento de penitencia administrado por los sacerdotes, es decir, a la confesión y la satisfacción.

Aquí, Lutero apela a la palabra griega traducida como «arrepiéntanse», que, debido a la traducción de la Vulgata Latina, poenitentiam agite, «hagan penitencia», se entendía antes como una referencia al sacramento de penitencia.

La devoción de Erasmo por el Nuevo Testamento griego es bien conocida. Tal vez es menos conocido que tenía casi la misma devoción, tanto a nivel académico como espiritual, por los padres de la Iglesia primitiva. Editó y reimprimió muchos escritos de los padres, invitando a los lectores a hallar en ellos un cristianismo más puro que el que estaba disponible en las fuentes medievales. El modelo a seguir del propio Erasmo era el gran Jerónimo, el erudito célibe que consagró sus dones intelectuales para promover la causa de la fe verdadera.

El conocimiento más amplio y preciso de los padres de la Iglesia primitiva que Erasmo promovió llevó a muchos a cuestionarse el cristianismo contemporáneo. ¿Era el cristianismo del siglo XVI la misma fe que se había expresado en los grandes credos de la iglesia, por ejemplo, en el Credo Apostólico, el Credo Niceno y la Definición de Fe de Calcedonia?

En esta defensa renacentista de los padres como los mejores intérpretes del evangelio, un padre en específico cobró mucha relevancia: Agustín. En parte, esto se debió al simple hecho de que Agustín superó a todos los otros padres de la Iglesia occidental por su genio teológico, su influencia formadora y su prolífica autoría. Sin embargo, muchos también hallaron alimento para sus almas en las obras devocionales y doctrinales de Agustín. Martín Lutero y Ulrico Zuinglio se convirtieron en sus discípulos fervientes y un aspecto notable de esto fue que abrazaron su postura sobre la soberanía de la gracia divina. Una generación después, Juan Calvino dijo que se alegraría si toda su fe se expresara de acuerdo a las enseñanzas de Agustín. Esta, pues, es otra forma muy específica en la que el Renacimiento se infiltró en la Reforma. Al crear un nuevo nicho para Agustín, el Renacimiento alimentó el «movimiento de renovación» agustiniano, que era muy cercano al corazón de la Reforma.

El propio Erasmo también avivó la llama de la Reforma. Su disgusto por los defectos del catolicismo romano medieval tardío, que a menudo expresaba con sátiras desoladoras, contribuyó a preparar la mente de la gente para que estuviera dispuesta a adoptar medidas drásticas. Por lo general, su Elogio de la locura es visto como el mayor ejemplo de los escritos de Erasmo en ese género. En mi opinión, su ensayo Julio excluido del reino de los cielos es mucho más divertido. Allí, el alma del papa Julio II (1503-1513) llega a las puertas del cielo, solo para descubrir que san Pedro no lo reconoce y se niega a dejarlo entrar, por lo que Julio amenaza con excomulgar al apóstol.

En términos más positivos, Erasmo trató de implementar un programa para reformar la sociedad. Incluía la centralidad de la educación, el conocimiento del idioma griego, el estudio de la Biblia y una espiritualidad enfocada en la fe del corazón, no en meros rituales externos. Con mucha frecuencia, vemos que los reformadores protestantes de Europa estaban impregnados de estos ideales erasmianos. Les añadieron una dimensión teológica que no estaba en el programa de Erasmo (por ejemplo, la doctrina agustiniana de la gracia), pero esos dos aspectos —el erasmismo y el agustinianismo— terminaron siendo poderosamente compatibles. En algunos casos, incluso podemos ver que la influencia directa de los ideales positivos y los escritos de Erasmo llevaron a la gente a tomar el camino de la Reforma, especialmente en el caso de Zuinglio, quien siempre afirmó que le debía su conversión a un poema religioso escrito por Erasmo:

En 1514 o 1515, leí un poema sobre el Señor Jesús escrito por el profundamente erudito Erasmo de Róterdam, donde, con muchas palabras hermosas, Jesús alega que la gente no busca toda la bendición en Él para que Él sea su fuente de toda bendición, su Salvador, su consuelo y el tesoro de su alma. Entonces pensé: «Bueno, si esto es cierto, ¿por qué habríamos de buscar ayuda en cualquier ser creado?».

LA IMPRENTA
Tan importante para la Reforma como el propio Renacimiento fue la creación de un nuevo modo revolucionario de difundir la información: la impresión con tipos móviles. Quizás, una de las razones básicas por las que los movimientos previos de reforma evangélica no habían capturado el pensamiento colectivo (pensamos en los valdenses, los lolardos y los husitas) fue que entraron en escena antes de la invención de la imprenta. En una Europa dominada por la jerarquía católica romana, la difusión intelectual de ideas nuevas y «no oficiales» era mucho más difícil antes de la introducción de los tipos móviles.

La invención de la impresión con tipos móviles fue la revolución informática de la Baja Edad Media. Johannes Gutenberg, de Maguncia, Alemania, fue su gran precursor durante la década de 1450. Para la llegada del siglo XVI, había más de doscientas imprentas produciendo libros en toda Europa. Habían acabado los días en que los escribas (por lo general monjes) debían copiar a mano las obras literarias. Por primera vez, los editores podían producir miles de copias de un libro con facilidad y rapidez, y hacerlas circular de forma masiva. Eso significó que las ideas podían expandirse mucho más rápido que antes. También significó que la capacidad de leer empezó a ser más valorada.

En consecuencia, las ideas reformadoras del Renacimiento lograron expandirse por Europa con relativa sencillez y, de paso, también las ideas de Lutero, Zuinglio y otros, que eran aún más radicales en su carácter reformador. Podríamos decir que la imprenta permitió que la Reforma «se viralizara» de un modo que simplemente habría sido imposible en una época anterior. Esta nueva tecnología de la información terminó siendo un regalo de Dios para Su pueblo.

Vemos el vínculo entre la revolución de la imprenta y la difusión de la Reforma en un solo hecho: las ciudades y universidades fueron las primeras en abrazar la Reforma. Por ejemplo, en Inglaterra, Londres se convirtió rápidamente en el semillero del protestantismo para la nación. Allí estaban las grandes imprentas. Además, allí había un puerto floreciente al que los buques mercantes podían llevar literatura protestante desde el continente europeo.

Hallamos un fenómeno similar cuando analizamos la Suiza del siglo XVI. La Confederación Suiza estaba compuesta por trece estados miembros conocidos como cantones. Cuatro de ellos eran cantones urbanos: Zúrich, Basilea, Berna y Schaffhausen. Los otros nueve eran cantones agrícolas que giraban en torno al campo y las aldeas, y estaban dominados por cinco cantones forestales centrales. ¿Será un mero accidente histórico que la Reforma haya triunfado en los cuatro cantones urbanos mientras que los cantones forestales siguieron siendo bastiones del catolicismo romano? Las ciudades, con sus centros de educación superior y sus industrias de impresión, fueron lugares ideales para que se diseminara el pensamiento reformado.

Del igual modo, en Alemania, la mayoría de las ciudades imperiales libres (ciudades autogobernadas sin alianzas superiores al margen del emperador del Sacro Imperio Romano) se convirtieron al protestantismo. No fue una simple conversión política y superficial, como descubrió para su pesar el emperador Carlos V al tratar de reimponer el catolicismo romano en esas ciudades usando la fuerza armada a fines de la década de 1540. El pueblo de las ciudades alemanas actuó en desacato y siguió siendo protestante. La espada podía conquistar sus territorios, pero no sus almas. Carlos finalmente tuvo que admitir su derrota y retirarse.

REFORMADORES MENOS CONOCIDOS
También debemos contextualizar a Lutero y Zuinglio como figuras destacadas pero no aisladas de la Reforma protestante. Lutero solo habría sido la mitad de lo que fue sin Felipe Melanchthon. Más que Lutero mismo, fue Melanchthon quien aportó la pericia lingüística de la Reforma alemana. Su conocimiento del idioma griego era fenomenal, y es posible que Melanchton haya sido el primero en ver y recalcar que, en el Nuevo Testamento, el vocablo griego traducido como «justificar» significa «declarar justo» en un sentido judicial, no «hacer justo» en el sentido de la santificación. Esa terminó siendo la piedra angular de la doctrina de la justificación por la fe. Sin duda alguna, Melanchton fue quien escribió la Confesión de Augsburgo, que terminó transformándose en el estándar internacional de la doctrina luterana. Lutero estaba muy consciente de su deuda con Melanchton, su colaborador más íntimo:

Yo soy tosco, revoltoso e impetuoso, nacido para pelear contra ejércitos de diablos y monstruos. Mi labor es quitar troncos y piedras, arrancar espinas y cardos, despejar bosques silvestres. Entonces llega el maestro Felipe, con gentileza y suavidad, sembrando y regando con gozo, según los dones que Dios le ha concedido en tanta abundancia.

Otros colaboradores de Lutero fueron Johannes Bugenhagen, quien tuvo un papel clave contribuyendo a reformar la Iglesia en Dinamarca; Justus Jonas, quien dejó huella como escritor de himnos; Nikolaus von Amsdorf, un teólogo escolástico de profesión que abrazó la Reforma; y varios otros hombres que eran conocidos en su época, aunque ahora han quedado eclipsados tras la sombra de Lutero. Por grandioso que haya sido, Martín Lutero no fue un hombre orquesta.

Zuinglio tampoco lo fue. Contó con la hábil asistencia de hombres como Leo Jud, Oswald Myconius y Juan Ecolampadio. Tras la muerte prematura de Zuinglio en 1531, lo sucedió el brillante Heinrich Bullinger, quien se transformó en el «gran anciano» de la Reforma y murió en 1575.

Otras regiones de Europa tuvieron sus propios grandes reformadores. Martín Bucero en Estrasburgo (ahora está en Francia, pero entonces estaba en Alemania) trató de combinar lo mejor de la Reforma de Lutero con lo mejor de la Reforma de Zuinglio. El resultado fue enormemente atractivo para un joven francés llamado Juan Calvino que, como parte de la segunda generación de reformadores, fue discípulo de Bucero. Puede que hoy discutamos quién es un verdadero calvinista, pero el propio Calvino no era más que un verdadero bucerista.

En Dinamarca, hallamos a Hans Tausen, el «Lutero danés», cuya predicación difundió el evangelio como un incendio forestal a partir de 1524. En Suecia, los hermanos Olaf y Lars Petersson tuvieron un ministerio evangelizador de impacto similar. En Inglaterra, William Tyndale publicó su traducción inglesa del Nuevo Testamento en 1525; ni la religión ni el lenguaje de Inglaterra volvieron a ser iguales.

Podríamos seguir hablando así. Lutero y Zuinglio tal vez lideraron el camino, pero no estuvieron solos. Por toda la faz de la Europa romanista, inspirada por los ideales de Erasmo y la teología de Agustín, una generación completa se separó de las corrupciones de una iglesia que se había descarriado. Deberíamos invertir algo de tiempo y energía en aprender sobre los reformadores menos conocidos.

REFORMAS MÚLTIPLES
Los historiadores modernos también enfatizan correctamente que la Reforma protestante solo fue una de las reformas que experimentó la gente del siglo XVI. El contexto más amplio nos fuerza a tomar en consideración la Reforma radical y la Contrarreforma de la Iglesia católica romana. Los reformadores radicales eran un grupo muy diverso. En la actualidad, es común dividirlos en anabaptistas, racionalistas y espiritualistas, pero algunos historiadores también mencionan a los milenialistas apocalípticos. En muchos casos, comenzaron como seguidores de Lutero y Zuinglio, pero después se desataron y tomaron un curso propio.

A pesar de su diversidad, los reformadores radicales rechazaron al unísono la visión protestante de la Escritura y la justificación por la fe sola. El grupo anabaptista evangélico que más ha perdurado, los menonitas, tenía una postura romanista sobre el canon de la Escritura (aceptaban los libros apócrifos). Todos los reformadores radicales repudiaron el bautismo de infantes, pero no estuvieron de acuerdo sobre lo que debían colocar en su lugar (¿el credobautismo? ¿El bautismo en el Espíritu?). También rechazaron toda conexión entre la Iglesia y el Estado, por tenue que fuera. Tal vez la mayoría de los protestantes modernos empatizan con ellos en ese punto.

La Contrarreforma fue la reforma interna que efectuó la Iglesia romana, en parte para responder a la Reforma protestante. Algunas corrientes reformadoras dentro de Roma eran muy positivas (desde la perspectiva protestante), en especial el movimiento evangélico católico, que abrazó la justificación por la fe. Sin embargo, lo que terminó emergiendo fue una Iglesia romana consolidada en su postura de antiprotestantismo militante. En el plano teológico, eso ocurrió en el Concilio de Trento, donde se codificó la doctrina romanista durante más de veinte años con una nueva precisión y claridad antiprotestante. A nivel más básico, esta hostilidad militante contra la Reforma protestante fue encarnada con vigor desenfrenado por la nueva orden monástica conocida como la Compañía de Jesús o los jesuitas.

Cuando las cosas se calmaron, Europa quedó dividida por la mitad en torno a cuestiones religiosas. El norte era (generalmente) protestante y estaba enfrentado al sur, que era católico romano. Los radicales, que estaban esparcidos a ambos lados de la división, eran perseguidos dondequiera que vivieran. Vendrían ciento cincuenta años de «guerra fría» religiosa, que a veces se acaloraba y se convertía en conflictos militares devastadores que asolaban el suelo de Europa y lo empapaban de sangre. Al menos en Gran Bretaña, la causa protestante se alió con la causa del gobierno constitucional, lo que tuvo grandes efectos para el futuro de los Estados Unidos de América.

En conclusión, el estudio cuidadoso de la Reforma nos muestra que, lejos de ser un rayo caído inexplicablemente del cielo, fue un fenómeno inmerso en la historia de sus tiempos en todo sentido. Tuvo raíces y antecedentes, tuvo canales de influencia identificables y quedó profundamente entrelazado con la política y cultura de su propia época singular (que ahora está a quinientos años de nosotros). Si me lo permites, quisiera cerrar citando algo que dije una vez:

En muchos sentidos, los reformadores protestantes fueron personas profundamente influenciadas por su época, tal como nosotros por la nuestra. No debemos esperar encontrar perfección en ellos más de lo que las generaciones futuras podrán encontrar en nosotros. Sin embargo, si nos sumergimos en la época de la Reforma, de seguro veremos que, como solía decir Hollywood de sus películas, «toda la vida está aquí». Además, tal vez veamos que esa vida, tan fresca, agitada y valiente, tiene mucho que ofrecernos hoy, cuando, en comparación con ellos, estamos en el hastío y la superficialidad.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine

Nicholas R. Needham
El Dr. Nicholas Needham es pastor de la Iglesia Inverness Reformed Baptist Church de Inverness, Escocia, y profesor de historia eclesiástica en el Highland Theological College de Dingwall, Escocia. Es autor de la obra 2,000 Years of Christ’s Power [2000 años del poder de Cristo], compuesta de varios tomos.

Búsqueda y propósito

Jueves 27 Octubre
Señor, ¿qué es el hombre, para que en él pienses?… El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa… Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es el Señor.
Salmo 144:3-4, 15

Búsqueda y propósito
¡Cuántas reflexiones surgen en el espíritu humano! Este espíritu está hecho de tal manera que solo podemos imaginar un universo coherente, que tiene un significado y una finalidad. Y necesariamente buscamos las causas primeras, tratando también de imaginarnos el futuro… El universo no salió de una ausencia de voluntad, para evolucionar al azar hacia un fin inexistente. Nuestra lógica interior exige leyes, una organización, una intención, es decir, un Creador.

Cada uno se interroga también sobre el significado de su propia vida, una vida en la que se alternan días de gozo y de dolor, y que de repente se acaba con la muerte inevitable. Pero el espíritu humano tampoco puede detenerse allí, busca sin cesar, rechaza esta realidad… Debe haber algo más detrás de esto, debe haber un futuro más allá de la tumba.

Mientras todo me muestra una naturaleza maravillosamente estructurada y terminada, es imposible que mi propia vida no tenga un significado profundo, que el mundo moral no tenga ninguna coherencia final.

En la Biblia Dios responde todas estas preguntas. Él nos dio una inteligencia capaz de reconocerlo en la naturaleza (ver Romanos 1:20). Además, él tiene un plan para cada uno, un plan lleno de promesas. “Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11). Dios ofrece a cada uno la paz del alma y del corazón, la certeza de la vida eterna.

Deuteronomio 21 – Juan 12:27-50 – Salmo 119:57-64 – Proverbios 26:9-10

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Aberraciones de la incredulidad

Miércoles 26 Octubre
Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?… Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.
Mateo 2:1-3
Aberraciones de la incredulidad
En el relato de la visita de los magos que llegaron para adorar al niño Jesús, la crueldad del rey Herodes va de la mano con su falta de lógica.

Este hombre, aunque incrédulo, tomó en serio el anuncio de los magos. Ya veía a este niño como un usurpador del trono. Si existe, se dijo él, debe desaparecer lo más pronto posible. Convocó inmediatamente a los líderes religiosos. Las Escrituras anunciaban el lugar donde el Mesías debía nacer. La respuesta era clara: En Belén. Ese rey profano, ¿cómo pudo prestar atención a profecías de 700 años de antigüedad? ¡En seguida envió los magos a Belén! No tuvo duda cuando constató que esos visitantes se habían ido sin avisarle. Habían hallado al niño cuyo nacimiento estuvo acompañado por un fenómeno cósmico. Creía él todo esto, ¿sí, o no? Si no creía, ¿por qué ordenó matar a todos los niños de esa ciudad? ¿Pensaba que podía matar a tal niño? ¡Qué locura, qué incoherencia, qué crueldad en ese monarca que murió poco tiempo después! De hecho, quería matar a ese Dios a quien negaba. Tales son las aberraciones del hombre bajo el dominio de Satanás, el enemigo de Dios.

¿Deseamos ser liberados de este poder satánico que gobierna el mundo y manipula el corazón de los hombres? Jesús, el Hijo de Dios, el mismo a quien Herodes quería matar, hoy salva definitivamente de Satanás y del poder de las tinieblas. El que cree en la obra de redención y de perdón del Señor Jesús, y lo acepta como su Salvador, está unido a él para siempre.

Deuteronomio 20 – Juan 12:1-26 – Salmo 119:49-56 – Proverbios 26:7-8

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¿Qué es el matrimonio cristiano?

Renovando Tu Mente

R.C.Sproul

Serie: El matrimonio íntimo

En El matrimonio íntimo, el Dr. R.C. Sproul muestra que si seguimos los principios de Dios, el matrimonio puede ser una celebración de gozosa intimidad y uno de los mayores placeres de la vida. En esta serie, el Dr. Sproul examina no solo la teología del matrimonio, sino también su sociología y psicología, cubriendo temas como la comunicación, los roles de género y el sexo.

¿Qué es el matrimonio cristiano?

Muchas personas hoy en día se preguntan si el matrimonio es una tradición anticuada que debe ser desechada de una vez por todas.

En este episodio de Renovando Tu Mente, R.C. Sproul nos lleva al origen del matrimonio con el fin de descubrir el propósito de Dios para la relación entre marido y mujer.

R.C.Sproul Alimentemos El Alma

El cristianismo, una relación con Jesús

Martes 25 Octubre
Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Mateo 16:24
No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Juan 17:16
El cristianismo, una relación con Jesús
El cristianismo, ¿ha logrado su objetivo, o ha sido un fracaso? Han pasado dos mil años desde que Jesucristo vino a la tierra y dio su vida para salvar a los seres humanos. Sin embargo, el mundo no parece haber mejorado… Injusticia social, violencia e inmoralidad son los rasgos dominantes del mundo de hoy. Y los países llamados cristianos no están exentos.

Entonces, ¿debemos concluir que el cristianismo ha fracasado? No, los principios cristianos no han fracasado, sino los cristianos mismos, quienes estaban encargados de rendir testimonio de la verdad siguiendo a Jesús, el hombre perfecto. La cristiandad, cuyo nombre deriva de Cristo, en general no ha creído, ni ha vivido en la práctica lo que Él enseñaba. Jesús hablaba de obediencia a Dios y de amor al prójimo, y lo vivía. A menudo la gente admira la moral cristiana, pero no quiere tener a Jesucristo en su vida. Sin embargo, él no es el fundador de una moral, sino mucho más que esto: él trae la salvación, una salvación gratuita ofrecida a todos los que se arrepienten de sus pecados.

El cristianismo no es, como muchos lo creen, un conjunto de ceremonias o de dogmas. Es esencialmente conocer a una persona: Jesucristo, el Hijo de Dios. Es una relación entre él, quien da la vida, y el hombre pecador, quien la recibe. El cristianismo es vivir diariamente esta relación con Jesucristo.

“Vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida” (Lucas 9:10).

Deuteronomio 19 – Juan 11:38-57 – Salmo 119:41-48 – Proverbios 26:5-6

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ESPERANZA VIVA EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO

ESPERANZA VIVA EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO
POR TIMOTHY KELLER

Entonces esos poderes, que trabajan para el sufrimiento, tendrán su recompensa, y día a día producirán Tu alabanza, y mi alivio; me edificarán con cuidado y valor, hasta que llegue al cielo y, aún más, a Ti.

— George Herbert, “Aflicción IV”

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán Su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir”.

— Apocalipsis 21:1-5

No hay nada más práctico para quienes sufren que tener esperanza. La pérdida de la esperanza es lo que hace que el sufrimiento sea insoportable. Y aquí, al final de la Biblia, está la mayor esperanza, un mundo material en el que todo el sufrimiento se ha ido, en el que toda lágrima será enjugada de nuestros ojos. Esta es una esperanza viva y transformadora.

¿A quién estaba escribiendo Juan en el libro de Apocalipsis? Estaba escribiendo a personas que sufrían cosas terribles. El versículo 4 nos muestra la lista. Estaba escribiendo a personas que estaban experimentando aflicciones, peligro de muerte, llanto y dolor. Este libro fue escrito cerca del final del primer siglo, cuando el emperador romano Domiciano estaba llevando a cabo persecuciones de cristianos a gran escala. A algunos les quitaban sus hogares y los saqueaban, y otros eran enviados a la arena para ser despedazados por bestias salvajes mientras el público observaba. Otros eran empalados en postes, cubiertos con brea y, estando aún vivos, les prendían fuego. Eso es lo que los lectores de este libro estaban enfrentando.

¿Y qué les dio Juan para que pudieran enfrentar todo esto? Juan les recordó la mayor esperanza de todas: la llegada de un cielo nuevo y una tierra nueva. Eso fue lo que les dio para enfrentarlo, y la historia nos confirma que funcionó. Sabemos que los primeros cristianos asumieron su sufrimiento con gran serenidad y paz, que cantaron himnos mientras las bestias los desgarraban y que perdonaron a sus verdugos. Es por esto que mientras más los mataban, más crecía el movimiento cristiano. ¿Por qué? Porque cuando la gente los veía morir de esa manera, decían: “Esta gente tiene algo”. Bueno, ¿saben lo que tenían? Tenían esto: una esperanza viva.

Los seres humanos son criaturas diseñadas para la esperanza. La forma en que vives ahora está completamente controlada por lo que crees sobre tu futuro. Estaba leyendo una historia hace algunos años sobre dos hombres que fueron capturados y arrojados a un calabozo. Justo antes de ir a prisión, uno de los hombres descubrió que su esposa y su hijo estaban muertos, y el otro se enteró de que su esposa y su hijo estaban vivos y lo esperaban. En los primeros años de su encarcelamiento, el primer hombre se consumió de tristeza y finalmente murió. Pero el otro hombre aguantó, se mantuvo fuerte y salió diez años después. Ten en cuenta que estos dos hombres experimentaron las mismas circunstancias pero respondieron de manera diferente porque, aunque experimentaron el mismo presente, tenían la mente puesta en futuros diferentes. El futuro era lo que determinaba la forma en que manejaban el presente.

Juan tenía razón, entonces, al ayudar a las personas que sufren dándoles una esperanza. ¿Crees que cuando mueras sencillamente te pudrirás? ¿Crees que la vida en este mundo es toda la felicidad que obtendrás? ¿Crees que algún día el sol va a morir, que toda la civilización humana se extinguirá y que nadie recordará nada de lo que se haya hecho? Esa es una forma de imaginar tu futuro. Pero aquí está otra. ¿Crees en “un cielo nuevo y una tierra nueva”? ¿Crees que toda maldad e injusticia será juzgada en el día del juicio? ¿Crees que te diriges hacia un futuro de gozo eterno? Esos son dos futuros completamente diferentes, y lo que creas determinará la manera en que vas a manejar tus prisiones, tu sufrimiento.


Este artículo Esperanza viva en medio del sufrimiento fue adaptado de una porción del libro Caminando con Dios a través de el dolor y el sufrimiento, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace. Conoce todos los libros de Timothy Keller en español.

El evangelio en internet

Lunes 24 Octubre
Crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente.
Hechos 6:7
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Romanos 10:17
El evangelio en internet
Damila miró su reloj. Dentro de 20 minutos su marido regresaría del trabajo. Era el momento de borrar todos los rastros electrónicos de los sitios de internet que había visitado…

Casada desde hacía 9 años, madre de 5 hijos, Damila pasaba su vida entre las tareas domésticas y otras obligaciones supervisadas por un marido autoritario. Ella siempre había tratado de ser fiel a la religión de su país, pero cuanto más leía el libro sagrado de su religión, más dudas tenía. Entonces empezó a buscar en internet.

De repente, su vida monótona cambió el día en que encontró un sitio en internet que ofrecía “visitas bíblicas a la tierra santa”. Después de varios clics, descubrió el cristianismo y comenzó a seguir un estudio bíblico en línea. Asistió a foros donde muchas de sus preguntas hallaron respuesta. Aunque a veces le preocupaba esta oleada de nuevas ideas, empezó a tomar parte en las discusiones en línea.

Pero esto no era suficiente para saciar su sed. Entonces, siguiendo sus averiguaciones, descubrió las emisiones de Radio Trans Mundial y la aplicación correspondiente en su teléfono, lo cual la llevó a conocer al Señor Jesús como su Salvador.

Algunos años atrás, ella solo pensaba en escapar a su difícil situación, pero desde que su vida fue transformada, decidió permanecer con su familia y orar por cada uno de los suyos, confiando en que Jesús se revelaría a ellos en su debido tiempo.

Deuteronomio 18 – Juan 11:17-37 – Salmo 119:33-40 – Proverbios 26:3-4

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¿Podemos esperar días mejores?

Domingo 23 Octubre
Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.
1 Pedro 1:3
¿Podemos esperar días mejores?
Creemos en Dios, quien se revela en la Biblia. Sin embargo, hoy muchas personas han remplazado la realidad del Dios Creador por teorías. No debe sorprendernos si cada vez más el mundo va a la deriva en un océano de incertidumbres y creencias variadas. Ni siquiera el razonamiento humano más elaborado puede proporcionar una esperanza bien fundada y estable. Frente a tantos hechos tristes e incluso trágicos, una pregunta se impone: ¿Podemos esperar días mejores? En este mundo confuso y agitado, ¿de dónde puede venir algún remedio para tranquilizarnos?

Solo la Biblia da al hombre verdaderas certezas ante la angustia generalizada. Este Libro, reconocido por millones de seres humanos, nos muestra el orgullo y la miseria del hombre, pero al mismo tiempo nos revela la grandeza del Dios Creador y su amor hacia todos (1 Timoteo 2:4). Dios amó tanto a su criatura que envió a su Hijo unigénito para salvarla (Juan 3:16). Al contrario de lo que muchos piensan, el cristianismo de la Biblia no es una religión como las otras, ni entre otras. La Biblia da a conocer al hombre perdido el evangelio, que “es poder de Dios” (Romanos 1:16), el único capaz de dar certeza y paz. Jesucristo no es un líder religioso; él es la revelación directa del Dios único, del Dios vivo. Jesús dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Dios)” (Juan 14:9). Con él no tenemos una esperanza vaga, sino la certeza de días mejores.

Deuteronomio 17 – Juan 11:1-16 – Salmo 119:25-32 – Proverbios 26:1-2

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Quiero morir (4) – Jonás

Sábado 22 Octubre
Vio Dios… que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo. Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. Y oró al Señor… te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.
Jonás 3:10; 4:1-3
Quiero morir (4) – Jonás
Leer Jonás 4
Dios envió al profeta Jonás a Nínive para que advirtiera a sus habitantes sobre el juicio inminente que los amenazaba. A pesar de su desacuerdo, Jonás finalmente llevó el mensaje. Los habitantes de Nínive tomaron conciencia de sus pecados y se arrepintieron. Dios los perdonó y no ejecutó su juicio contra ellos.

Pero Jonás estaba herido en su orgullo: lo que él había anunciado no se había cumplido. Ofendido, reprochó a Dios su misericordia y pidió la muerte… “¿Haces tú bien en enojarte?”, le respondió Dios con paciencia. Preocupado más por su reputación que por la gloria de Dios, Jonás se enojó. Sabía muy bien que Dios es misericordioso y lento para la ira, ¡pero Jonás no compartía en absoluto estos sentimientos!

Jonás seguía enojado: una planta que lo había protegido del sol ardiente acababa de secarse, comida por un gusano; el calor lo agobiaba. Entonces volvió a desear la muerte. Y Dios le hizo la misma pregunta. De hecho, a Jonás le preocupaba más la planta que los habitantes de Nínive. Entonces Dios le habló de su misericordia por la gente de esta ciudad, en especial por sus numerosos niños, e incluso por sus animales. La historia de Jonás nos da una importante lección: el orgullo y el egoísmo pueden llevarnos a reaccionar exageradamente, no según la gracia y la paciencia divina. Esforcémonos para manifestar mejor la compasión de nuestro Dios, “el cual quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4).

Deuteronomio 16 – Juan 10 – Salmo 119:17-24 – Proverbios 25:27-28

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«Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación»(Sal. 13:5).

SALMO 13

«Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación»
(Sal. 13:5).

«En verdad estoy tan triste que no puedo expresar mi gran dolor a ninguna persona, no puedo comer, ni beber, ni dormir». Esto fue lo que la esposa de Martin Lutero escribió después de que él muriera. Así es el dolor. Es mucho más que un sentimiento. El dolor se toca, se materializa. Y, de inmediato, nos hace cuestionar a Dios.

El salmista David comienza con cinco preguntas y en cuatro de ellas inicia diciendo: «¿Hasta cuándo…?» (vv. 1-2). Esto pone de manifiesto la agonía por su dolor. Grita con desesperación porque se siente abandonado por su Dios. La paciencia se ha agotado, la esperanza se ha esfumado y el dolor se ha transformado en un gigante invencible.
En los días alegres y cálidos de nuestra vida, el tiempo pasa volando con sus alas extendidas. Pero, en las jornadas del invierno del dolor, sus alas se cierran y se estaciona indefinidamente. Las horas se sienten como días y los días como meses. Así se siente el salmista. No ve el momento en que termine su dolor.
Pero es interesante que, en medio de este escenario, David pide a Dios algo que nos sorprende: «… Ilumina mis ojos. Así no caeré en el sueño de la muerte» (v. 3). No pide un cambio superficial. No pide que sus enemigos sean destruidos (aunque no pecaría si pidiese eso). Él pide que la mano providente de Dios venga y abra sus ojos de fe para que, en medio de su aflicción y oscuridad, vea la luz refulgente de Su gloria. Es como si dijera: «No permitas que la oscuridad de la maldad nuble mis ojos y me impida ver tu gloriosa santidad». Él desea ver a Dios porque, cuando ve esa bella gloria, su corazón pasa de la agonía a la alegría, del lamento al canto. En los versículos finales, podemos observar que Dios contestó su oración y el verano llegó con sus alas extendidas (vv. 5-6).
La belleza de la luz se disfruta después de un periodo de os- curidad y, para usar una frase del poeta escocés Robert Pollok, «el recuerdo de las tristezas pasadas endulza el gozo presente». La música que sale del corazón del salmista es gloriosa porque emana de un corazón cautivo por la gloria de su Dios en medio de la oscuridad.

Permíteme compartirte dos principios para cualquiera que sea tu doloroso invierno:
En el invierno del dolor, clama a Dios que alumbre tus ojos.
Más que cualquier otra cosa, necesitas ver la gloria de Dios. Y recuerda que esa gloria se manifestó en Cristo (2 Cor. 4:6).
En el invierno del dolor, Dios es el Alfarero y tú eres el barro. Las manos de Dios están trabajando en ti. Quizás sientes que necesitas saber qué está haciendo. Pero Él sabe lo que hace y tú necesitas recordar que todo obra para tu bien y Su gloria. Él no se equivoca. Él nunca falla. Él termina a la perfección lo que inicia (Jer. 18).