Ideología de género: Tergiversación y verdad

Ideología de género: Tergiversación y verdad
CATHERINE SCHERALDI

Hasta hace unas décadas, las palabras sexo y género podían usarse de manera indistinta sin ningún problema. Hoy, sin embargo, las cosas son muy distintas. Mientras que el sexo se define como las características biológicas que hacen de un individuo varón o hembra, el género como tal (masculino o femenino) se denomina una construcción social y no biológica.

Según nuestra sociedad, la biología no tiene nada que ver con la identidad de género. Pero las cosas no son así tan sencillas.

La ciencia
Para entender cómo se determina el sexo de una persona, es importante regresar a la genética y la embriología. En el núcleo de cada célula hay genes con diferentes combinaciones de ADN (ácido desoxirribonucleico), las unidades hereditarias que determinan no solamente las características físicas de la persona, sino también el funcionamiento de cada órgano.

Las diferentes combinaciones en el ADN determinan las características de los seres humanos: el color de pelo, el tono de piel, o cualquier otra característica que marca la individualidad de cada persona. En los humanos, hay 23 pares de cromosomas (46 en total); 22 pares se conocen como autosomas y aparecen iguales en el sexo masculino y femenino. Además existe un último par, con los que llamamos “cromosomas sexuales”. Aquí existe una diferencia: las personas femeninas tienen dos cromosomas X (XX) y las personas masculinas tienen un cromosoma X y otro Y (XY).

El sexo es determinado por el tipo de gen que el feto reciba de sus padres. El hijo o hija recibe un cromosoma sexual de cada progenitor. La madre siempre donará un cromosoma X y el padre en ocasiones dona un cromosoma X y otras veces dona un cromosoma Y.

Aunque el sexo es determinado en el momento de la concepción, en el estado fetal el desarrollo de ambos sexos es idéntico hasta la sexta semana. Si el feto es masculino, entrará en juego una proteína conocida como proteína SRY, la cual se produce a partir de un gen en el cromosoma Y. Esta proteína ocasiona la formación de los órganos masculinos. Si la proteína SRY está ausente, se desarrollarán los órganos femeninos. Así, la composición genética (lo que llamamos el genotipo) es lo que determina cómo el individuo luce y funciona (lo que llamamos el fenotipo).

La caída
Cuando una persona dice sentirse más como el sexo opuesto al que su fenotipo demuestra, entonces se habla de disforia de género. Esa persona profesa sentimientos como si estuviera en el cuerpo del sexo equivocado, condición que ha sido denominada como transexualidad. El término disforia de género también se utiliza para hablar de personas que sienten que su género no es exclusivo (masculino o femenino) sino que dice ser “bigénero” e identificarse con ambos. También existen aquellos que se denominan “agénero”, porque sienten una ausencia de género o porque se consideran de un tercer género totalmente separado de los otros dos.

El pensamiento popular ahora es que lo que determina el género en el individuo no es su genética, sino lo que cada persona “siente”.

Dot Brauer, psicóloga clínica y directora del Centro de LGBTQA en la universidad de Vermont, define la identificación del género como “lo que se siente bien para la persona”. Ella dice que “en su generación toda la información fue dada desde una perspectiva limitada y con lenguaje limitado impartido en la clase de salud y aquello que fue aprobado por la junta de educación”, sugiriendo que ellos tenían una mente estrecha. Se dice que el género existe en una gama, afirmando que hay muchas diferentes expresiones entre los dos géneros. Lisa Fields, de WebMD, escribe que ser transgénero “se trata de lo que una persona siente en su interior”. El Dr. Michael L. Hendricks, un psicólogo clínico en Washington que trabaja con pacientes durante su transición (personas cambiando de lo que su biología ha determinado hacia lo que sienten), dice que no hay un patrón, sino que varía con cada paciente. Ahora es claro por qué Facebook tiene 71 diferentes géneros para que elijas en tu perfil.

La cosmovisión ha cambiado, y por lo tanto ha cambiado el lenguaje. Ya no es “género biológico”, como siempre se ha dicho, sino “género asignado”. Con esto se quiere señalar que el género fue asignado al nacer por el personal médico, sin saber si realmente ese será el género con el cual el niño o niña decidiría identificarse.

Como hemos visto, la biología, la embriología, y la genética demuestran que solamente hay dos sexos. Esta noción de que el género es independiente del sexo biológico es precisamente denominada una ideología porque no está basada en la ciencia. Aunque la disforia de género todavía es considerada como una anormalidad en la psiquiatría, eso parece estar por cambiar.

En el siglo XVIII, el mundo pasó por la revolución científica, donde la verdad se buscaba a través del método científico. Para que algo fuera aceptado como verdad tenía que ser probado a través de la experimentación y la corroboración de los resultados iniciales. Esto es efectivo cuando la información es medible, pero en otras áreas es impreciso.

Una de las áreas donde el método científico no tiene valor es precisamente en el área de las emociones. Muchas afirmaciones en el ámbito filosófico, moral, y psicológico fueron aceptadas como postulados científicos cuando en realidad el método científico no puede ser aplicado a ninguna de ellas.

A medida que la sociedad cambió, el hombre se volvió más egocéntrico e individualista, llegando a pensar que lo que establece la verdad para cada individuo es su propia opinión. En el mejor de los casos, el hombre de hoy piensa que si él no tiene la razón, la mayoría sí la tendrá. Esto es el fruto del corazón engañoso del hombre que lo lleva a creer que él siempre tiene la razón (Proverbios 21:2).

En nuestros días, la mayoría ha llegado a pensar que la autorealización es lo que trae la felicidad; esto es tierra fértil para la aceptación de algo como la ideología de género. Si la felicidad es un derecho y la verdad es relativa, entonces la tolerancia a cualquier ideología será el resultado natural, con el consecuente rechazo de cualquier verdad absoluta.

El evangelio
Es importante entender que con la caída del hombre en Génesis 3, todos los aspectos del ser humano fueron afectados. Esto incluye el desarrollo físico, la facultad mental, las emociones, y la dimensión espiritual. Dios nos creó para que hubiera armonía en todos los aspectos; sin embargo, con la entrada del pecado, esta armonía se perdió.

Los sentimientos y emociones de cada persona son reales y pueden ser bastante fuertes, aunque no necesariamente correspondan a la verdad de su biología. A pesar de esto, si permitimos que la verdad sea definida por los sentimientos y el individualismo, en vez de por aquello que corresponde a la realidad, entonces terminaremos en la posición que estamos hoy, donde nadie conoce lo que es verdad.

Si las personas con disforia de género son estimuladas a abrazar lo que es una patología, lo única que logramos con esto es empeorar su disfuncionalidad. Un 32-50% de las personas transgénero cometen un intento de suicidio aun en lugares como Suiza, donde esta ideología es aceptada. El cristiano siempre debe desear lo mejor para la otra persona. Para estas personas eso implicaría ayudarles a abrazar el diseño del creador. Esto seria amarles verdaderamente.

Con la caída del hombre todos los aspectos del ser humano fueron afectados. Esto incluye el desarrollo físico, la facultad mental, las emociones, y la dimensión espiritual.

Desde el surgimiento del deseo de Adán de ser como Dios y su subsiguiente caída, la cosmovisión secular tiene como su meta desplazar el control desde Dios hacia el hombre; quiere esconder la imagen de Dios, impuesta en Su diseño. El hombre desea ser su propio dios, para tener el derecho de decidir lo que quiere hacer y cómo hacerlo.

Sin embargo, 1 Crónicas 29:11-12 nos recuerda que solamente Dios está en control y Job 42:2 nos enseña que no hay nada que puede frustrar Sus planes. Los hombres están “entenebrecidos en su entendimiento” (Efesios 4:18) y su corazón es “engañoso” (Jeremías 17:9). Esto explica el porqué personas inteligentes y educadas no ven lo obvio y hasta ignoran las leyes de Dios que ellos mismos han descubierto a través de la ciencia para creer una mentira (Juan 3:19).

Dios ha hecho dos sexos que muestran la imagen de Dios, hombre y mujer, cada uno con características y virtudes diferentes. Y cuando ellos se unen en armonía, complementándose el uno al otro, la gloria y sabiduría de Dios es desplegada a través de las relaciones de forma única. La majestad y sabiduría del Señor es evidente en toda la creación del mundo, pero lo que mejor debe demostrar su gloria sobre todo lo demás es la corona de su creación: el hombre y la mujer. Ellos fueron los únicos que fueron creados a Su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27).

Cuando borramos las diferencias entre los sexos, distorsionamos la imagen de Dios y, por lo tanto, la escondemos. Satanás puede mantener el mundo ciego (2 Corintios 4:4) llevándolo todo el tiempo a cambiar la verdad por la mentira (Romanos 1:25). Esto produce lo que Pablo dijo a Timoteo, “Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (2 Timoteo 3:13). Con todo, el próximo versículo nos recuerda lo que debemos hacer: “Sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido”.

Dios ha hecho dos sexos que muestran la imagen de Dios, cada uno con características y virtudes diferentes. Y cuando ellos se unen en armonía, la gloria y sabiduría de Dios es desplegada.

Nosotros somos embajadores de Cristo para predicar el evangelio, y vivir Su diseño es otra forma de expresar que creemos Su verdad. Así glorificamos su nombre y afirmamos que existe un único y verdadero Dios, creador de todo lo visible e invisible. De esta manera el mundo queda sin excusas (Romanos 1:20).


​Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer de la Iglesia Bautista Internacional. Conduce el programa Mujer para la gloria de Dios, en Radio Eternidad. Puedes seguirla en Twitter.

Quiero morir (1)

Sábado 1 Octubre
Dijo Moisés al Señor… has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí… te ruego que me des muerte… y que yo no vea mi mal.
Números 11:11, 15
Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.
Lamentaciones 3:57
Quiero morir (1) – Moisés
Leer Números 11
Dios encomendó a Moisés la tarea de conducir su pueblo fuera de Egipto, hasta el país que había prometido darle. Liberado de la esclavitud, el pueblo atravesó el mar Rojo; ahora el desierto estaba delante de ellos…

Eran muy numerosos (600 000 hombres, sin contar las mujeres y los niños), siempre listos para quejarse. El maná, ese alimento que Dios les enviaba del cielo cada día, ya no los satisfacía, ¡y llegaron a añorar el tiempo en que eran esclavos! En un momento de desaliento Moisés dirigió a Dios palabras amargas, y concluyó diciendo: “Te ruego que me des muerte”.

Dios no le hizo ningún reproche; comprendió su tristeza y aligeró su carga designando 70 hombres para ayudarle. Pero no respondió la petición excesiva de su siervo desanimado. Había previsto para Moisés un fin mucho mejor. Llegado el momento, le haría contemplar en su compañía toda la extensión del país prometido desde la cima de una montaña. Luego lo llevaría al cielo, y tendría cuidado de enterrar él mismo su cuerpo (Deuteronomio 34).

¿Nos sentimos como Moisés? Tenemos la impresión de que ya no podemos hacer frente a la carga de trabajo demasiado pesada, a las dificultades familiares, a los problemas con nuestros hermanos en la fe… Como Moisés, estamos al límite de nuestras fuerzas. No desmayemos; nuestro Dios “es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:11), y quiere ayudarnos a llevar las cargas que nos agobian.

(continuará el próximo sábado)
Amós 3-4 – Tito 2 – Salmo 109:1-5 – Proverbios 24:13-14

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SALMO 121 «Mi ayuda proviene del SEÑOR, creador del cielo y de la tierra».

SALMO 121
«Mi ayuda proviene del SEÑOR, creador del cielo y de la tierra»
(Sal. 121:1-2).
Todo sucedió en una fracción de segundo. Conducía el automóvil rumbo al aeropuerto para ir por un amigo, cuando el auto que me pasaba a mi izquierda perdió el control, se estrelló contra el muro de contención, y antes de que yo pudiera hacer nada, giró e impactó mi auto, a unos cuantos centímetros de mi puerta.
El auto fue pérdida total. Cuando mi auto se detuvo, y me percaté de que estaba bien y no había salido herido, inmediatamente alcé mi vista por el vidrio delantero, buscando ayuda. Allí venían varias personas, acercándose hacia mí para ver si estaba bien.
La situación en la que me encontré me recuerda un poco al Salmo 121. Este salmo era uno que los peregrinos cantaban cuando subían a Jerusalén a una de las fiestas judías. El salmista alza su mirada a las montañas preguntándose si de allí encontrará socorro (v. 1). ¿Hacia dónde miras cuando te encuentras en dificultad? Muchas veces Dios nos pone en situaciones difíciles para que reconozca- mos que, si nuestra mirada no está puesta en Él, entonces está en el lugar equivocado.
El salmista responde a la pregunta inmediatamente: «Mi soco- rro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra» (v. 2). El Dios que hizo la Vía Láctea, el Sol y los anillos de Júpiter, el que hizo al águila que surca el cielo buscando comida, y el que hizo el pez más pequeño que nada solitario en la oscuridad, es el mismo Dios que te auxilia.
No solamente Dios nos socorre, sino que también nos guarda. Así como Dios guardaba al pueblo de Israel, guarda ahora a Su pueblo, la Iglesia. Dios no se duerme (v. 3). Ni siquiera le da sueño (v. 4). El verdadero Dios existe en sí mismo y es todopoderoso. No tiene necesidad de recargar fuerzas. No tiene necesidad de que le recuerden algo.
¡Ese es el Dios que nos guarda (v. 5)! Es como una sombra que nos dice que, aunque no podamos verlo físicamente, Él está allí. Dentro de la voluntad de Dios, no hay nada que pueda dañarnos (v. 6). Y cuando Dios, en Su eterna sabiduría, decide que lo mejor para nosotros es pasar por un momento de prueba (como han pa- sado incontables de creyentes durante la historia de la Iglesia), Él preserva lo más preciado que tenemos: nuestra alma (v. 7).
Aquella ocasión, mientras mi auto giraba sobre su eje, antes de salirse de la carretera y estrellarse contra un muro, de mi boca salió una oración continua: ¡Cuídame, Señor! Dios tuvo a bien conce- derme esa petición.
Cuando las cosas se salen de tu control, conf ía en Aquel que pue- de guardar «en el hogar y en el camino, desde ahora y para siempre» (v. 8). Mi deseo para mi vida y la tuya es que cuando estemos en alguna dificultad, podamos decir igual que el salmista: «Mi ayuda proviene del SEÑOR».

Estuvo muerto, pero ahora vive

Viernes 30 Septiembre
(Jesucristo dijo:) Estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos.
Apocalipsis 1:18
Estuvo muerto, pero ahora vive
La pequeña Mélodie estaba de vacaciones en casa de su tía, quien era cristiana. Ella contó a la niña varios episodios de la vida de Jesús en la tierra y su muerte en una cruz. La niña escuchó con atención. Pero era hora de ir a la cama. La mañana siguiente, instaladas en la mesa para desayunar, la tía propuso: “Mélodie, vamos a dar gracias al Señor antes de comer”. Pero la niña exclamó: “¡No, tía, ayer tú me contaste que él está muerto!”.

Sorprendida al comienzo, la tía se dio cuenta de que, en efecto, faltaba lo esencial del relato. Y muy rápido continuó: “Sí, Mélodie, ayer te conté que Jesús murió en una cruz, un viernes. Pero el domingo en la mañana él resucitó, es decir, volvió a vivir. Sus discípulos lo vieron, él les habló, les mostró sus manos, sus pies, donde todavía se veía la marca de los clavos. Incluso les permitió tocarlo. Ellos necesitaban estar seguros de que no era un espíritu, sino él, en un cuerpo de carne y hueso (Lucas 24:36-39). ¡Él murió, pero resucitó y hoy está vivo! Está en el cielo sentado sobre un trono”.

Sí, la realidad de la resurrección es un hecho capital, sin el cual la fe cristiana no tendría ningún valor. Como el apóstol Pablo dijo: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos” (1 Corintios 15:19-20).

¡Los cristianos no tienen un Salvador muerto, sino un Salvador vivo que subió al cielo!

“Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios… Cristo… murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven” (Romanos 8:34; 14:9).

Amós 1-2 – Tito 1 – Salmo 108:7-13 – Proverbios 24:11-12

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La definición de legalismo

La definición de legalismo
Por Nicholas T. Batzig

Nota del editor:Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El legalismo

Si quieres degradar a alguien en la iglesia, simplemente tienes que utilizar «la palabra que comienza con L» cuando hables con esa persona o sobre ella. El número de veces que un creyente ha llamado legalista a otro es incalculable. Los insultos suelen producirse cuando alguien de la iglesia cree que otro ha dicho o hecho algo que atenta contra la libertad cristiana. Al igual que su término hermano «fundamen…», la etiqueta de legalista se ha convertido en una especie de insulto religioso habitual en las iglesias orientadas a la gracia y centradas en el evangelio. Debemos ser extremadamente lentos a la hora de utilizar esta palabra cuando hablemos con o sobre otros en una comunidad eclesiástica. Puede ser que un creyente simplemente tenga una conciencia más débil o más blanda que otro (Ro 14-15). Además, los que aman la ley de Dios y procuran caminar cuidadosamente de acuerdo con ella siempre serán susceptibles de ser llamados legalistas.

Debemos cuidarnos de no lanzar descuidadamente la acusación de legalismo. Sin embargo, también debemos reconocer que el legalismo, en sus diversas formas, está muy vivo en las iglesias evangélicas y reformadas. También hay que evitarlo con la máxima determinación. Para evitar lanzar una falsa acusación contra un creyente, para evitar abrazar personalmente el legalismo y para ayudar a restaurar a un creyente que ha caído en el legalismo, debemos saber identificar este mal perenne tanto en sus formas doctrinales como prácticas.

LEGALISMO DOCTRINAL
El legalismo es, por definición, un intento de añadir algo a la obra terminada de Cristo. Es confiar en cualquier otra cosa que no sea Cristo y Su obra terminada para la posición de uno ante Dios. La refutación del legalismo en el Nuevo Testamento es principalmente una respuesta a las perversiones de la doctrina de la justificación por la fe sola. La mayoría de los oponentes del Salvador eran los que creían que eran justos por sí mismos, basándose en su celo y compromiso con la ley de Dios. Los fariseos, los saduceos y los escribas ejemplificaban, con sus palabras y sus actos, el legalismo doctrinal en los días de Cristo y los apóstoles. Aunque hacían ocasionales apelaciones a la gracia, con su autojusticia truncaron y tergiversaron el significado bíblico de la gracia. El apóstol Pablo resumió la naturaleza del legalismo judío cuando escribió: «Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. Porque Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree» (Ro 10:3-4).

Comprender la relación entre la ley y el evangelio en nuestra justificación es primordial para aprender a evitar el legalismo doctrinal. Las Escrituras enseñan que somos justificados por las obras del Salvador, no por las nuestras. El último Adán vino a hacer todo lo que el primer Adán no pudo hacer (Ro 5:12-21; 1 Co 15:47-49). Nació «bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley» (Gá 4:4-5). Vino a ser nuestro representante para cumplir las exigencias legales del pacto de Dios, es decir, para rendir a Dios una obediencia perfecta, personal y continua en nombre de Su pueblo. Jesús hizo merecedores de justicia perfecta a todos aquellos que el Padre le había dado. Nosotros, mediante la unión de fe con Él, recibimos un estatus de justicia en virtud de la justicia de Cristo que se nos imputa. En Cristo, Dios proporciona lo que Él exige. Las buenas obras por las que Dios ha redimido a los creyentes, para que andemos en ellas, no intervienen en absoluto en nuestra justificación. Son simplemente la evidencia necesaria de que Dios nos ha perdonado y aceptado en Cristo.

Sin embargo, el legalismo doctrinal también puede introducirse en nuestra mente por la puerta trasera de la santificación. El apóstol Pablo lo dio a entender en Gálatas 3:1-4. Los miembros de la iglesia de Galacia se habían dejado engañar creyendo que su posición ante Dios dependía en última instancia de lo que consiguieran en la carne en su andar cristiano. Es posible que comencemos la vida cristiana creyendo únicamente en Cristo y en Su obra salvadora y que luego caigamos en la trampa de imaginar tontamente que depende de nosotros terminar lo que Él ha comenzado. En la santificación, al igual que en la justificación, son ciertas las palabras de Jesús: «separados de Mí nada pueden hacer» (Jn 15:5).

El legalismo doctrinal en la santificación a veces es alimentado por predicadores apasionados que hacen hincapié en las enseñanzas de Jesús sobre las exigencias del discipulado cristiano, al tiempo que las separan de la enseñanza apostólica sobre la naturaleza de la obra salvadora de Cristo para los pecadores, o minimizan tal enseñanza. El renombrado teólogo reformado Geerhardus Vos explicó la naturaleza de esta forma sutil de legalismo cuando escribió:

Todavía prevalece una forma sutil de legalismo que quiere robar al Salvador Su corona de gloria, ganada por la cruz, y hacer de Él un segundo Moisés, ofreciéndonos las piedras de la ley en lugar del pan de vida del evangelio… [el legalismo] no tiene poder para salvar.

En Colosenses 2:20-23, el apóstol Pablo aborda otra forma de legalismo doctrinal que se cuela por la puerta trasera de la santificación. Él escribe:

Si ustedes han muerto con Cristo a los principios elementales del mundo, ¿por qué, como si aún vivieran en el mundo, se someten a preceptos tales como: «no manipules, no gustes, no toques», (todos los cuales se refieren a cosas destinadas a perecer con el uso), según los preceptos y enseñanzas de los hombres? Tales cosas tienen a la verdad, la apariencia de sabiduría en una religión humana, en la humillación de sí mismo y en el trato severo del cuerpo, pero carecen de valor alguno contra los apetitos de la carne.

Los que han abrazado esta forma de legalismo doctrinal prohíben lo que Dios no ha prohibido y ordenan lo que Él no ha mandado. Se obligan a sí mismos y a los demás a una norma de santidad externa a la que Dios no nos ha obligado en Su Palabra. Esta es una de las formas más prevalentes y perniciosas de legalismo en la iglesia actual. A menudo se presenta en forma de prohibiciones de comer ciertos alimentos y beber alcohol. A veces se cuela a través de convicciones personales sobre la crianza y la educación.

LEGALISMO PRÁCTICO
Hay otro tipo de legalismo ante el que debemos estar en guardia: el legalismo práctico, que puede tomar imperceptiblemente el control de nuestros corazones. Por naturaleza, nuestras conciencias están conectadas al pacto de obras. Aunque los creyentes se han convertido en nuevas criaturas en Cristo, todavía llevan consigo un viejo hombre, una vieja naturaleza pecaminosa adámica. El modo por defecto de la vieja naturaleza es volver a deslizarse mentalmente bajo el pacto de obras. Siempre corremos el peligro de convertirnos en legalistas prácticos al alimentar o pasar por alto un espíritu legalista.

Es totalmente posible que un hombre o una mujer tenga la cabeza llena de doctrina ortodoxa y al mismo tiempo el corazón lleno de autosuficiencia y orgullo. Podemos estar comprometidos intelectualmente con las doctrinas de la gracia y hablar con nuestros labios de la libertad que Cristo ha comprado para los creyentes, y al mismo tiempo negarlas con nuestras palabras y acciones.

El espíritu legalista es fomentado por el orgullo espiritual. Cuando un creyente experimenta un crecimiento en el conocimiento o algún poder espiritual, corre el peligro de empezar a confiar en sus logros espirituales. Cuando esto ocurre, los legalistas prácticos empiezan a mirar a los demás por encima del hombro y a juzgar pecaminosamente a quienes no han experimentado lo mismo que ellos. En su sermón «Llevar el arca a Sión por segunda vez», Jonathan Edwards explicó que había observado la realidad del orgullo espiritual y el legalismo práctico entre quienes habían experimentado el avivamiento durante el Gran Despertar:

Mientras viven, en los hombres hay una disposición excesiva para hacer una justicia de lo que hay en ellos mismos, y también una disposición excesiva para hacer una justicia de sus experiencias espirituales, así como de otras cosas… un converso es propenso a ser exaltado con pensamientos elevados de su propia eminencia en la gracia.

Quizá lo más perjudicial sea la forma en que el espíritu legalista puede manifestarse en el púlpito. Un ministro puede predicar la gracia de Dios en el evangelio sin experimentar esa gracia en su propia vida. Esto, a su vez, tiende a alimentar un espíritu legalista entre ciertos miembros de una iglesia.

LA CURA PARA EL LEGALISMO
La gracia de Dios en el evangelio es la única cura para el legalismo doctrinal y práctico. Cuando reconozcamos el legalismo doctrinal o práctico en nuestras vidas, debemos huir hacia el Cristo crucificado. Al hacerlo, empezaremos a crecer de nuevo en nuestro amor por Aquel que murió para sanarnos de nuestra propensión a confiar en nuestras propias obras o logros. A diario, necesitamos que se nos recuerde la gracia que ha cubierto todos nuestros pecados, que nos ha proporcionado la justicia desde fuera de nosotros mismos y que nos ha liberado del poder del pecado. Solo entonces perseguiremos con gozo la santidad. Solo entonces amaremos la ley de Dios sin intentar cumplirla para nuestra justificación ante Él. El grito de un corazón liberado del legalismo es este:Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No hago nula la gracia de Dios, porque si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano (Gá 2:20-21).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Nicholas T. Batzig
El Rev. Nicholas T. Batzig es editor asociado de Ligonier Ministries. Escribe en su blog Feeding on Christ.

La esperanza cristiana, ancla del alma

Jueves 29 Septiembre
La esperanza… la cual tenemos como segura y firme ancla del alma.
Hebreos 6:18-19
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Hebreos 11:1
La esperanza cristiana, ancla del alma
Un cristiano que hablaba de su esperanza en Dios recibió esta respuesta: “¡Déjenos tranquilos, ocúpese de su cielo y déjenos la tierra!”.

Respetamos las convicciones de nuestros lectores, sean escépticos o no creyentes, pero ¿es posible estar tranquilo sin Dios? Uno puede vivir sin conocer a Dios, pero en realidad ¿puede ser completamente feliz sin él? La vida en la tierra no se limita solo a su dimensión materialista. Jesucristo afirmó: “No solo de pan (o de bienes materiales) vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). El hombre solo puede hallar una plenitud de vida cuando recibe a Dios en su vida.

En cuanto a la esperanza cristiana, no se trata de esperar vagamente la realización de lo que uno desea. Es la fe en la Palabra de Dios, que es segura. Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Muchas profecías bíblicas dan al creyente la certeza de un futuro feliz. Él descansa en Dios, quien envió a Jesús para librarnos de nuestra condición de pecadores y reconciliarnos con él.

Jesús volverá, pues lo prometió (Juan 14:2-3). ¿Estamos preparados? La certeza del retorno de Cristo da a los cristianos ánimo y paz interior. Mientras lo esperan, Jesús les da la fuerza para afrontar las pruebas de la vida y para no estar tristes como los que no tienen esperanza (1 Tesalonicenses 4:13).

La fe es el ancla que une firmemente al creyente con el lugar celestial, donde se halla Jesús, el objeto de su esperanza.

Lamentaciones 5 – Filipenses 4 – Salmo 108:1-6 – Proverbios 24:10

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Honra a las mujeres como lo hace nuestro Señor

Honra a las mujeres como lo hace nuestro Señor
JOSH MANLEY

Mientras el debate sobre las mujeres en la iglesia persiste en Internet y en las mentes de los congregantes, me pregunto si algunas hermanas sienten hoy que sus iglesias debaten sobre sus llamados apropiados más de lo que se deleitan en ellos como uno de los mejores dones de Dios. Las conversaciones sobre lo que las mujeres pueden y no pueden hacer en el contexto de la iglesia son espinosas en este momento particular. ¿Pueden predicar, enseñar o dirigir un estudio bíblico mixto? Estas conversaciones son importantes porque las Escrituras hablan de ellas. Sin embargo, el discurso público de la iglesia sobre las mujeres, cuando es saludable, está marcado sobre todo por la celebración de las mujeres como santas fieles.

Mujeres de todos los continentes y denominaciones dan a conocer que su participación en la iglesia local a menudo las hace sentir ignoradas y poco valoradas. Es una realidad triste que nuestras madres e hijas sientan con frecuencia que la novia de Cristo las mantiene alejadas, incluso sin intención.

Hacemos bien en aspirar a la precisión teológica en todos los aspectos, incluidos el llamado de los hombres y las mujeres en la iglesia. Pero también haríamos bien en preguntarnos si la forma en que hablamos de las mujeres refleja la forma en que las Escrituras las celebran.

Presentando a Eva
Recordemos las primeras palabras del hombre en las Escrituras. Después de que Dios creara el mundo y todo lo que hay en él, la narrativa canta con el ritmo: «Dios vio que era bueno» (Gn 1:10, 12, 18, 21, 25, 31). Pero, de repente, Dios declara: «No es bueno que el hombre esté solo» (Gn 2:18). Así, Dios hace a la mujer, la ayuda idónea para el hombre. Como un padre llevaría a la novia a su futuro esposo, así Dios «la presentó al hombre» (Gn 2:22).

Las primeras palabras que una mujer escuchó de un hombre anunciaron el gozo que le produjo su existencia

Lo que sigue son las primeras frases registradas de labios humanos en la Escritura. Al ver a la mujer, Adán estalla de alegría: «¡Al fin!—exclamó el hombre—. ¡Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Ella será llamada “mujer” porque fue tomada del hombre» (Gn 2:23). Sorprendentemente, las primeras palabras que una mujer escuchó de un hombre anunciaron el gozo que le produjo su existencia.

En ese momento, la mujer aún no había hecho nada, excepto existir por el poder de Dios. Sin embargo, su mera existencia lleva a Adán a regocijarse. Sin más instrucciones, comprende que la mujer es un regalo extraordinario para él. Había conocido la vida en el mundo de Dios sin ella y, una vez con ella, la ama de inmediato y sabe lo esencial que es para el mandato de Dios de que los humanos dominen y se multipliquen (Gn 1:28).

Adán no podría cumplir el llamado de Dios sin Eva. La historia se detiene sin la mujer. Dios pone en evidencia Su sabiduría en la creación de la mujer en el principio de la historia. A medida que avanza la historia del mundo, Dios pone en primer plano el papel esencial que desempeñará la mujer en Su plan redentor.

Un libro de heroínas
Las Escrituras están llenas de relatos que resaltan el lugar esencial y exaltado que ocupan las mujeres en la economía de Dios. Desde Rebeca, cuya fe al estilo de Abraham la obligó a abandonar su hogar para ir a un lugar y a un pueblo que no conocía (Gn 24), hasta Rut, la viuda moabita, cuya conversión al Señor la llevó a formar parte de la línea mesiánica, la historia de la Biblia no puede contarse sin la vida de mujeres fieles.

Las mujeres eran mucho más vulnerables que hoy en el mundo antiguo, en parte porque no gozaban de los mismos derechos legales que los hombres. Sin embargo, en ese mismo contexto, las Escrituras celebran a las mujeres, situándolas reiteradamente en la corriente del plan redentor de Dios, donde su fidelidad a Dios a menudo pone en evidencia la desobediencia de hombres caídos. Conocemos muchos de sus nombres: Sara, Débora, Ana, Abigail, Ester, Isabel y Priscila. Cuatro mujeres aparecen incluso en la genealogía de Cristo: Rahab, Rut, Betsabé y María (Mt 1:5-16).

La historia de la Biblia no puede contarse sin la vida de mujeres fieles

Sin embargo, hay muchas otras cuyos nombres solo Dios conoce: las mujeres que recuperaron a sus muertos mediante la resurrección (Heb 11:35); la viuda de Sarepta, cuyo hijo resucitó (1 R 17:17-24); la laboriosa mujer virtuosa ensalzada en Proverbios 31; la viuda que lo ofreció todo (Mr 12: 41-44); la mujer pecadora cuya atención prodigiosa a Jesús al lavarle los pies con lágrimas expuso la hipocresía de la élite religiosa (Lc 7:36-50); y la mujer cananea cuya fe fue respondida con la sanidad de su hija (Mt 15:21-28).

Las mujeres de la gran comisión
Una fe desbordante en Dios marca todos estos relatos y sigue alentando a los creyentes hoy en día. No se puede leer la Biblia sin discernir el papel de honor que Dios asigna a las mujeres en cada momento de su historia. Así como Dios le dio a Adán el mandato de multiplicarse en la tierra, también le dio a la iglesia la misión de multiplicar discípulos. Entonces, al igual que Adán se maravilló ante la creación de la mujer por parte de Dios, la Biblia nos enseña a glorificar a Dios por el increíble don de las mujeres que están en Cristo.

Nuestras hermanas han sido maravillosamente indispensables para la labor de la iglesia al dar testimonio de Cristo y hacer discípulos. Dios utilizó a Priscila para afinar e instruir al predicador Apolos en el camino de Dios (Hch 18:24-26). Sin las fervientes oraciones y la vida piadosa de Mónica, la iglesia no podría disfrutar de los tesoros de su hijo, Agustín.

¿Quién puede saber cuántos frutos eternos produjeron las labores de sacrificio de Lottie Moon y Gladys Aylward a través de sus extensos ministerios en China? ¿O a través del ministerio que Amy Carmichael ejerció durante toda su vida en la India?

Por supuesto, no solo alabamos a las hermanas cristianas cuyos nombres conocemos. Hay innumerables nombres que aún no hemos oído y que honraremos en la era venidera. Son madres y esposas fieles que oran al cielo mientras se entregan a su familia desde el amanecer hasta el atardecer, e incluso en las noches más oscuras. Son mujeres solteras que se contentan alegremente con Dios mientras el mundo las tienta constantemente a creer que su fe es una locura. Mi propia experiencia viviendo en el extranjero testifica la verdad de que hay muchas más mujeres jóvenes solteras que hombres cruzando océanos y fronteras por causa del evangelio.

Honrar a las mujeres entre nosotros
En la iglesia, así como lo fue en el jardín, no es bueno que el hombre esté solo (Gn 2:18). En una época en la que la cultura popular ha desdibujado las diferencias entre hombres y mujeres, los hombres cristianos tienen hoy la oportunidad de dar una nueva prueba de lo mucho que admiramos a las mujeres y valoramos la feminidad. Creadas por la sabiduría de Dios y por Su poder, las madres y las hijas de la iglesia no son ciudadanas de segunda categoría en la iglesia.

Creadas por la sabiduría de Dios y por Su poder, las madres y las hijas de la iglesia no son ciudadanas de segunda categoría en la iglesia

Dios presentó la primera mujer al primer hombre como un regalo y sigue dando mujeres como bendiciones a Su iglesia hoy en día. Así como la mujer conoció de inmediato el gozo del hombre por ella, también sería conveniente que las mujeres cristianas escucharan con regularidad lo mucho que aportan a la iglesia, tanto a nivel local como mundial. Adán no podía multiplicarse y dominar sin la mujer (Gn 1:28). Sin las mujeres cristianas, nosotros, la iglesia, no podremos cumplir nuestra misión de dar testimonio y hacer discípulos (Mt 28:18-20). Todas las Escrituras y la historia de la iglesia dan testimonio de este hecho.

Las mujeres impulsan la misión de la iglesia al demostrar cada día el valor incomparable de Cristo. No podemos permitirnos pasar por alto a estas hermanas en Cristo: ni el Dios de la historia ni el Dios encarnado las pasan por alto.

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
Josh Manley es el pastor de la Iglesia Evangélica RAK en los Emiratos Árabes Unidos. Está casado con Jenny y tienen cinco hijos. Antes de entrar en el ministerio pastoral, Josh trabajó como asistente en el Senado de los Estados Unidos.

Seguir a Jesús

Miércoles 28 Septiembre
Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron.
Marcos 1:16-18
Seguir a Jesús
En los evangelios, a menudo hallamos esta invitación de Jesús: “Sígueme”, o: “Venid en pos de mí”. Jesús nunca llama a servirle, sino a seguirle. Hoy Jesús invita a todos sus redimidos por su obra en la cruz, a todos aquellos por quienes dio su vida, a seguirle. Jesús escogió a sus discípulos, en primer lugar, para “estar con él”. Y “estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Marcos 3:14-15).

Cuando Jesús llamó a Simón y a Andrés, quienes estaban pescando, les dijo: “Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres”. El Señor quería, pues, compañeros para trabajar con él en su obra de gracia. Él los llamó, a pesar de su debilidad, y les proveyó todos los recursos necesarios. Él forma al que está dispuesto a acompañarlo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Sus discípulos, enseñados por él, adquirieron sus costumbres, y la gente los reconocía por haber “estado con Jesús” (Hechos 4:13).

Para nosotros esto significa aprender a conocer a Jesús leyendo su Palabra. Y si vivimos cerca de él, nos pareceremos más a él. El Señor nos quiere totalmente entregados a él y nos dice: “Sígueme”. Pero a menudo respondemos: “Déjame que primero vaya…” (Lucas 9:59). Quizá debamos dejar algunas cosas a las cuales estamos apegados, algunas costumbres… Sigamos el ejemplo de Pedro y Juan: “Dejando luego sus redes, le siguieron”.

Lamentaciones 4 – Filipenses 3 – Salmo 107:33-43 – Proverbios 24:8-9

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¿Qué significa ser cristiano?

Martes 27 Septiembre
Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos.
1 Juan 3:14
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Juan 17:3
¿Qué significa ser cristiano?
Ser cristiano no significa poner en práctica una religión, unos valores morales o un estilo de vida. Ser cristiano es tener una relación viva y personal con Dios.

Esta relación se hizo posible gracias a la muerte y a la resurrección de Jesús; se establece si creo en él. Pero si esta relación no es el centro de mi vida, no podré crecer espiritualmente, incluso con una práctica religiosa irreprochable.

Amar a nuestro prójimo es el resultado de nuestra relación con Dios. Para comprenderlo basta pensar en los dos grandes mandamientos citados por Jesús: amar a Dios y amar al prójimo; los dos son inseparables. Un cristiano no puede ser indiferente a las necesidades de los otros. Para el apóstol Juan esto es inconcebible: “El que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17).

Tener una verdadera relación con Dios y amar a nuestro prójimo no se impone por obligaciones exteriores. Es la expresión de la vida divina recibida por la fe en el Señor Jesús. Es la vida misma de Jesús. Él fue manso y humilde, estuvo atento a las necesidades de los demás. Confió en Dios y le obedeció en todos los detalles de su vida, hasta la cruz. Jesús, el Hijo de Dios, resucitó. Es el Salvador de todos los que creen en él. Solo ellos pueden imitar el modelo perfecto de la vida cristiana que Cristo manifestó.

Lamentaciones 3 – Filipenses 2 – Salmo 107:23-32 – Proverbios 24:7

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¿Valores cristianos sin Cristo?

Lunes 26 Septiembre
(Jesús dijo:) Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.
Mateo 15:8
¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
Lucas 6:46
¿Valores cristianos sin Cristo?
“¿Qué queda del occidente cristiano cuando ya no es más cristiano? Si no queda nada, somos una civilización muerta”, escribió un filósofo ateo.

Muchas personas, incluso ateas, reconocen los valores morales que Jesús enseñó y que caracterizaban su conducta: humildad, amor, bondad, verdad, rectitud, abnegación, amor al prójimo. Pero rechazan a Jesús y no conocen su obra salvadora. Si el valor de su mensaje todavía es apreciado hoy, ¿por qué no es recibido verdaderamente?

Los que escuchaban a Jesús se sorprendían “de las palabras de gracia que salían de su boca” (Lucas 4:22). Pero poco a poco, reprendidos en su conciencia, trataron de matarlo. Finalmente Jesús fue crucificado.

Rechazando a Jesús, el hombre demostró su estado de rebelión contra Dios. Al dar a su Hijo para pagar la deuda por nuestros pecados, Dios reveló su inmenso amor. Además, si creemos en su amor, Dios nos da un corazón nuevo, nos hace capaces de seguir a Jesús. El que reconoce su fracaso en el plano moral y cree en Jesús como su Salvador, recibe una vida nueva capaz de reproducir los caracteres morales de Jesús.

Leamos los evangelios y veremos a Jesús en su actividad incesante haciendo el bien.

Si usted no posee al menos un evangelio, le será enviado gratuitamente pidiéndolo a nuestra dirección postal o a: labuena@semilla.ch

Lamentaciones 2 – Filipenses 1 – Salmo 107:17-22 – Proverbios 24:5-6

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