Third Millennium Ministries Serie: CREEMOS EN DIOS ¿Quién es Dios?
¿Cuáles son Sus atributos? – ¿Cuál es Su plan eterno? – ¿Cuáles son Sus obras en la historia? En un nivel más fundamental, las Escrituras nos fueron dadas para enseñarnos acerca de quién es Dios y qué ha hecho por nosotros. De hecho, conocer a Dios es esencial para que entendamos nuestro mundo y a nosotros mismos. Es por eso que estudiamos lo que los teólogos llaman teología propia, o la doctrina de Dios.
Objetivos del Curso:
Introducir las preocupaciones principales de los teólogos sistemáticos con respecto a la teología correcta. Discutir un enfoque sistemático para distinguir los atributos de Dios. Examinar el plan y las obras de Dios, especialmente Sus decretos, Su creación y Su providencia.
Lección 1: Lo Que Sabemos De Dios Lección 2: ¿Cómo Es Dios Diferente? Lección 3: Como Dios Es Como Nosotros Lección 4: El Plan y las Obras de Dios
Third Millennium Ministries» es un ministerio Evangélico Cristiano en la tradición Protestante, sin fines de lucro. Estamos reconocimos por la agencia de Servicios de Recaudación Interna (IRS) como una corporación 501 (c ) (3). Dependemos de la generosa contribución deducible de impuestos de las iglesias, fundaciones, negocios e individuos.
Nuestra misión es preparar a los líderes de las iglesias en sus propias tierras al crear un plan de estudios de seminario multimedia en cinco idiomas principales.
Viernes 27 Mayo Tú me hiciste en el vientre de mi madre… Estoy maravillado… No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo… Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. Salmo 139:13-16 El salmo de las futuras madres Cuando mi bebé nació, el médico lo puso en mis brazos y me dijo: “Y ahora, señora, ¡admire su obra!”.
Me quedé pensativa… ¿Ese bebé era realmente “mi obra”? Es cierto que lo tuve en mi vientre y lo traje al mundo, pero ¿quién presidió la fecundación, la división y la multiplicación de las primeras células, sus maravillosas y continuas etapas? ¿Quién trabajó en lo secreto, durante el embarazo, hasta el momento en que un ser humano naciese en este mundo, con un cuerpo admirable, pero también con un espíritu y un alma? ¡La madre solo es un instrumento en las manos del Creador!
Mis pensamientos me llevaron al Salmo 139. David se maravillaba de la manera en que Dios lo formó, cuidándolo desde los primeros momentos de su existencia. ¡Fue “entretejido en lo más profundo”! Cuando aún era un frágil embrión, Dios lo veía y anotaba cuidadosamente las etapas de su maravilloso desarrollo.
Futuras madres, este salmo es para ustedes. Les muestra que el Creador se interesa y cuida con esmero al pequeño ser que llevan en sus vientres; toma nota de todas las etapas de su formación secreta, desde el primer día de su concepción hasta su nacimiento.
Este niño, uno entre tantos otros bebés que nacen cada día, es para Dios un ser único, precioso, amado. Él lo formó tal como es, y desea tenerlo con él en el cielo eternamente. ¡Jesucristo vino por él!
Jueves 26 Mayo Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento… Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. Eclesiastés 12:1, 7 Mañana Un dicho popular declara: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Razonable en muchas áreas, esta declaración se vuelve imperativa cuando se trata de un asunto fundamental y urgente que ya no podremos solucionar mañana.
Por ejemplo, si se trata de la salud de una persona, aplazarlo para más tarde puede ser catastrófico. Para una persona gravemente enferma, el medicamento prescrito para hoy no producirá ningún efecto si no lo toma. Es muy grave si esta persona rehúsa tomar el medicamento.
Entonces, ¿por qué cuando se trata de la salvación eterna, muy a menudo la gente dice: me ocuparé de ello cuando la muerte se acerque? Pero, ¿sabemos si veremos llegar la muerte? ¡Ella no siempre se anuncia! También podemos cerrar voluntariamente los ojos para no verla venir. La prudencia más elemental debería incitar a cada persona a preguntarse ahora mismo sobre su encuentro inevitable con su Creador, el Dios santo.
“En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados… Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
Cuando Adán pecó, su primer reflejo fue acusar indirectamente a Dios: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:12). Desde la entrada del pecado en el mundo, el hombre se halla en un estado de rebeldía contra Dios. La historia del rey Joram, mencionada ayer, es una ilustración de ello. El mundo de hoy actúa de la misma manera respecto a Dios:
– La miseria reina en algunas partes del planeta, las guerras hacen estragos entre la población debido a la maldad, al egoísmo y a la violencia del hombre, los niños sufren y mueren… Nosotros nos indignamos, acusamos a Dios, e incluso tratamos de eliminarlo con este triste argumento: Si existiese un Dios, ¿habría todo este sufrimiento?
– En nuestra vida personal sucede lo mismo. Cuando Dios no nos da lo que queremos (sanar a un ser querido, una situación económica menos precaria, una mejor salud…), olvidamos nuestra responsabilidad frente a él y nuestra culpa debido a nuestros pecados. Lo acusamos, o lo eliminamos…
Sin embargo, Dios envió a su Hijo unigénito a esos hombres rebeldes contra él. Lea la vida de Jesús en los evangelios. Allí comprobará que Dios no es insensible al sufrimiento de los niños, ni a todas las dificultades que los hombres deben soportar a causa de sus propios pecados. Por medio de su muerte en la cruz, Jesús reconcilió con Dios a todos los que creen en él.
¡Y nos dio la prueba de que Dios es digno de toda nuestra confianza!
Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.
Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.
Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.
Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra
ace treinta años, prediqué un sermón titulado «Dedicado, respetuoso de la ley y trabajador», basado en 2 Timoteo 2, comenzando con el versículo 3. Mi vida, en especial sus primeros años, ha estado envuelta en tres metáforas de 2 Timoteo 2:3-7: el soldado, el atleta y el labrador. Cuando escribo palabras para la Generación Z (los que nacieron entre 1995 y 2015), estos son de los primeros versículos que vienen a mi mente.
Crecí en una finca ganadera y agrícola al noreste de Kansas. Por lo tanto, aprendí el valor del esfuerzo desde mi juventud. Ya estaba manejando un tractor en los campos de heno antes de comenzar el primer grado. Poco sabía entonces que el labrador que trabaja debe ser el primero en recibir su parte de los frutos (2 Tim 2:6). Entré a la escuela, y descubrí de inmediato que me gustaban los deportes.
Practiqué todos los deportes disponibles en la escuela secundaria (en esos años, no teníamos la gama de deportes que hay hoy, especialmente en una escuela pequeña), y jugué baloncesto en la universidad Geneva College. En ese escenario, aprendí que un atleta debe jugar de acuerdo con las reglas (v. 5). Tras trabajar como entrenador durante un año en Geneva College después de graduarme, fui reclutado por el Ejército de los EE. UU. y serví todo un año como infante y oficinista, partiendo con el rango de soldado raso en la 101ª División Aerotransportada en Vietnam. Mientras estuve allí, aprendí que un buen soldado debe ser dedicado y no debe enredarse en cuestiones civiles (v. 4).
Algunas personas están cada vez más preocupadas porque la generación joven, incluso los jóvenes del pacto, están posponiendo la adultez tanto como pueden. Y quizás eso se debe, en parte, a lo que ven en la vida de los que somos mayores. En estos días, el ocio lo consume todo. La economía del ocio es lo que hace funcionar gran parte de nuestro mundo actual. Esa es una de las razones por las que las ciudades costeras son tan populares. Vivimos en una economía basada en el ocio. Mi esposa me contó hace poco que conoció a un hombre que le dijo que, para él, todos los días son como sábados. Con esa afirmación, quiso decir que sus días no tienen las preocupaciones ni las responsabilidades de la semana laboral normal.
Quizás los millennials lo aprendieron de los baby boomers. Sin embargo, por la razón que sea, hoy existe una preocupación importante porque nuestros hijos posponen la adultez lo máximo posible. Hace varios años, escuché a Don Kistler, que entonces era director de Soli Deo Gloria Publications, decir que la edad promedio de una profesión de fe hace doscientos años era de cinco años. ¿Creen que a los puritanos les preocupaba que sus hijos estuvieran retrasando las responsabilidades de la adultez? No lo creo. Piensa en todos los puritanos que se formaron en grandes universidades durante su adolescencia.
Hoy en día, en algunos contextos, hay decisiones, como la de unirse a una iglesia como miembro comulgante, que se retrasan lo más posible. De muchas maneras, nuestros hijos pueden estar captando de sus padres el mensaje de que en verdad no están listos para la adultez.
Permíteme volver al soldado, al atleta y al labrador. El soldado sabe que para tener éxito, debe dejar de lado los intereses que no se relacionan con la vida de un soldado. ¿Te acuerdas de Urías hitita? Urías ni siquiera quiso acostarse con su esposa Betsabé cuando el rey David lo alentó. No se sentía cómodo durmiendo en la misma cama que su esposa cuando los demás soldados estaban en el campo de batalla durmiendo en el suelo.
El atleta compite según las reglas. Si no lo hace, corre el riesgo de hacer perder a su equipo. Muchos cristianos, tanto jóvenes como mayores, corren el riesgo de naufragar en lo relacionado a la fe por las pasiones del momento. Parece que piensan que no importa que tomen atajos o no tengan la intención de cumplir con sus compromisos.
El labrador es un trabajador esforzado. Durante los meses de verano, trabaja de sol a sol. Durante el invierno, prepara su maquinaria para la primavera y cuida de su ganado, sin importar cuánta nieve haya en el suelo.
Jóvenes cristianos, la Iglesia los necesita. Prepárense para la batalla. Háganse adultos. Esfuércense, apártense de lo que tan fácilmente los envuelve y obedezcan a su Padre celestial. Acuérdense de Jesucristo, resucitado de entre los muertos (2 Tim 2:8). Enfoquen los ojos en Jesús y en Él por encima de todo.
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine. Jerry ONeill El Dr. Jerry O’Neill es presidente emérito y profesor emérito de teología pastoral en el Reformed Presbyterian Theological Seminary, ubicado en Pittsburgh.
MEDITACIÓN DIARIA Cómo perdonar las heridas Así como hemos sido perdonados, nosotros debemos perdonar a los que nos han herido.
24 de mayo de 2022
Colosenses 3.12-15
A menudo tratamos de justificar un corazón resentido, pensando: Bueno, el Señor sabe lo que esa persona me hizo. Así que Él entiende por qué me siento así. Sin duda, el Señor Jesús, quien es Dios y hombre por completo, conoce nuestras emociones humanas. De hecho, Él mismo experimentó la traición y el abandono, así que entiende nuestro dolor. Sin embargo, no aprueba que nos neguemos a perdonar.
A través del Salvador, vemos cómo Dios ve el perdón, incluso cuando se trata de las ofensas más viles. Considere el hecho de que somos nosotros quienes lo traicionamos continuamente. ¿De qué manera? Le hemos negado el lugar que le corresponde en nuestra vida, hemos dudado de su Palabra e ignorado sus instrucciones. Hay momentos en que lo echamos de nuestras actividades y decisiones diarias para poder perseguir las cosas más a nuestro gusto. Además, hemos pecado contra Él y también contra otras personas.
¿Y cuál es la actitud del Señor hacia nosotros? “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11.28). Ahora bien, ¿de verdad cree que Él justificará nuestra falta de perdón? No. Él quiere que miremos la cruz. Allí descubriremos el precio que pagó por nuestro perdón. Así como hemos sido perdonados, nosotros debemos perdonar a los que nos han herido (Col 3.13).
Martes 24 Mayo Así dijo el Señor… En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis. Isaías 30:15 ¿De qué sirve confiar en Dios? (1) El rey Joram reinó en tiempos del profeta Eliseo (hace unos 900 años antes de Cristo). Vivía en Samaria, ciudad muy corrompida, y se preocupaba muy poco por Dios. Pero Dios, quien es paciente, le advirtió varias veces, por medio del profeta Eliseo, sobre las trampas que el rey de Siria le tendía; y lo liberó del peligro. Sin embargo, Joram permaneció sordo a los llamados de Dios, y continuó despreciándolo. Entonces, con el fin de atraer al rey y a su pueblo, Dios permitió que Samaria fuese asediada y que hubiese una hambruna tan terrible y fuerte, que condujo a algunos a comportarse como caníbales (2 Reyes 6:28-29).
Cuando Joram oyó esto se horrorizó. En vez de arrepentirse y pedir ayuda al profeta de Dios, atacó a Eliseo. Lo acusó de ser responsable de todos sus males, quiso deshacerse de él y ordenó decapitarlo. Pero Dios protegió a su profeta. Las intenciones de Joram fracasaron y pronunció palabras amargas (2 Reyes 6:33). Es como si hubiese dicho: “Ya que Dios me hizo mal, ¿de qué sirve confiar en él?”. Y en vez de arrepentirse e ir a Dios, lo acusó, se rebeló y le dio la espalda…
¡Esta es precisamente la reacción de muchos de nosotros! La desobediencia del hombre y su pecado introdujeron el sufrimiento y la muerte en este mundo. Como Joram, el hombre sufre por su propio error. Dios lo protege, lo llama y trata de atraerlo hacia él. Pero él se rebela y acusa a Dios, ese Dios que lo ama y lo llama pacientemente. “El Señor esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque el Señor es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él” (Isaías 30:18).
Lunes 23 Mayo Felipe… le anunció el evangelio de Jesús. Hechos 8:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Juan 6:35 Era Jesús quien me hablaba Testimonio “Siempre busqué la justicia, la verdadera justicia. Viví la revolución de mayo de 1968 con la certeza de que al fin la igualdad y la fraternidad llegarían. Pero tuve que reconocer que yo también era una persona capaz de cometer la injusticia. Busqué en otra parte, incluso en la India… pero siempre hallé las mismas miserias, las mismas injusticias, los mismos problemas. Luego entré en un albergue del Ejército de Salvación. Cierto día, una oficial me dijo: “Jesús cambió mi vida”. No era alguien que me decía: “Creo en Dios, Dios existe…”, sino: “Jesús cambió mi vida”. Ese fue un primer shock para mí.
Más tarde otra persona me dijo: “Soy médica, hace veinte años que conozco a Jesús, y nunca me defraudó”. ¡Segundo shock en mi vida! Entonces entré en mi habitación para orar; ¡tenía que encontrar a ese Jesús! Al menos durante media hora experimenté una gran lucha. Luego me derrumbé y me puse de rodillas. Oré a Jesús: “No sé… No te conozco, no sé si todo lo que me cuentan es verdad. Pero si existes, deseo realmente que cambies mi vida, que vengas a mi vida”. Las lágrimas me inundaron. Abrí la Biblia y pude leer en el evangelio donde Jesús dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). Para mí ya no era un libro, sino Jesús quien me hablaba. Mi vida se transformó en aquel momento… ¡Encontré a Jesús!”.
Lea la historia de aquel etíope al cual Felipe anunció a Jesús (Hechos 8:26-40). Habiendo creído en Jesucristo, ese hombre “siguió gozoso su camino” (v. 39).
Denise B. Levítico 4 – Romanos 1 – Salmo 62:5-8 – Proverbios 15:33
Domingo 22 Mayo Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo. 1 Corintios 12:13 Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación. Efesios 4:3-4 La unidad fundamental de la Iglesia ¿Podemos hablar realmente de la unidad de la Iglesia? Exteriormente no vemos una sola iglesia, sino muchas iglesias que defienden sus diferencias…
Pero existe la realidad espiritual que solo Dios conoce a la perfección. Su Palabra declara que la Iglesia es fundamentalmente un solo cuerpo, formado por todos los verdaderos creyentes, en quienes habita el mismo Espíritu, y que tienen una misma esperanza.
– Un solo cuerpo: No diversos movimientos religiosos, ni inscripciones en un registro de miembros de una iglesia, sino un organismo vivo, un cuerpo animado por la vida de Cristo y que se encuentra en todas partes en donde esta vida existe. ¡Que nuestro amor y oraciones sean por toda la Iglesia!
– Un solo Espíritu: No voluntades independientes, ni costumbres culturales, sino un solo Espíritu venido de Dios para unir a los creyentes, fortalecerlos y dirigirlos. ¡Evitemos negar, mediante nuestros comportamientos, esta unidad establecida por el mismo Espíritu Santo!
– Una sola esperanza: No opiniones divergentes, sino un mismo futuro maravilloso. Por variadas que sean nuestras ocupaciones en la tierra, todos los creyentes tenemos el mismo destino: la casa del Padre, donde todos estaremos reunidos en torno a Jesús, nuestro Salvador.
Entonces la unidad fundamental de la Iglesia brillará en su perfección. ¡Qué gozo poder ver al fin a Jesús y adorarlo todos juntos!