Para Entrenar a un Niño

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Once –

Para Entrenar a un Niño

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 30 – Respuestas reales de un Dios real

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/respuestas-reales-de-un-dios-real/

Jul 30 – Respuestas reales de un Dios real

Annamarie Sauter: Revive 15 | Mujeres enseñando mujeres, Indianápolis Septiembre 25 y 26. ¿Quisieras estudiar la palabra de Dios más profunda y efectivamente para poder enseñarla a otras mujeres? Entonces este evento es para ti, contaremos con la presencia de Nancy Leigh DeMoss, Jen Wilkin y Lauren Chandler, dirigiendo la alabanza, acompáñanos no te lo pierdas.

Si estás interesada en enseñar o hablar a las mujeres uno de tus mayores recursos puede ser aprender de otros que han profundizado en preciosas verdades de la palabra de Dios., únete a Nancy Leigh Demos, Trillia Newbel, Andrea Griffin y Paula Hendricks para obtener sabiduría práctica en cómo comunicar más efectivamente la enseñanza de la palabra de Dios en tu entorno particular. Acompáñanos en Revive 15, mujeres enseñando mujeres, Indianápolis Septiembre 25 y 26 no te lo pierdas.

Carmen Espaillat: Kathy Helvey era una esposa y madre devota, involucrada en el ministerio de las familias. Ella partió con el Señor recientemente. Aquellos que estuvieron con ella en sus últimas semanas recuerdan la paz que controló su vida, aun cuando ella sufría los efectos de la leucemia. Kathy describe la fuente de esa paz.

Kathy Helvey: Hay un versículo en el Salmo 94 que dice, «Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, tus consuelos deleitan mi alma» (versículo 19). Para mí, la consolación es lo que Él dice, lo que Él promete.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demoss en la voz de Patricia de Saladín.

Muchas quizás ya han oído de nuestra amiga Kathy Helvey en múltiples ocasiones. Ella ha ofrecido consejos prácticos de cómo vivir la Palabra de Dios en las temporadas difíciles de la vida.

Ahora vamos a escuchar una grabación que Kathy realizó con un grupo de damas en el año 2007. Justamente, este grupo había escuchado a Nancy enseñar a través del libro de Habacuc. Y como parte de esta serie, escucharemos a Nancy hablar con Kim Wagner, Holly Elliff, María Johnson, y la fallecida Kathy Helvey.

Holly comenzará.

Holly Elliff: Antes que nada quiero decirles, que mientras leía el libro de Habacuc y durante este estudio de hoy, creo que, -comenzando en el capítulo 2 cuando comenzaste a hablar sobre Habacuc subiendo a la torre de vigilia para esperar en Dios- tuve esta visión sobre mí misma tratando de subir a la torre y de todas esas personitas agarrando mis tobillos y diciendo, «Mami, espera, espera, espera.» [Risas]

Tengo un montón de hijos. Literalmente, me senté ahí pensando, ¿Podré ser capaz de subirme a esa torre de vigilancia y decir, «me voy a sentar ahí hasta que Dios hable»? Entonces pensé, bueno, «Podría hacer eso a las 2:00 o a las 3:00 de la mañana. Habrá suficiente silencio». Era casi cómico mientras pensaba en mí misma tratando de ponerme en esa posición.

Nancy: En una posición de escuchar al Señor y de esperar en Él.

Holly: . . . diciendo me voy a sentar ahí hasta que Dios responda. Sé que Dios tiene la forma de hacer que yo haga eso, pero era un cuadro bastante cómico.

Nancy: Sí, como una mamá, ¿cómo encuentras tiempo a solas con el Señor? ¿Cómo logras permanecer en quietud y callada y dejas que Él te hable?

Holly: Para mí, literalmente es, algunas veces a las 2:00 o 3:00 de la mañana cuando finalmente todo está tranquilo y callado y yo sé que es bastante seguro que nadie se despertará por un tiempo. Ahí es cuando yo puedo buscarlo a Él. He encontrado que aun unos pocos minutos en medio de mi día hacen una enorme diferencia.

Nancy: Sé que es así y Kim, tú también tienes días muy ocupados. Justo conversábamos que estás ahora mismo en una etapa de tu vida donde tus días están muy llenos. ¿Cómo encuentras ese tiempo para escuchar al Señor?

Kim Wagner: Si yo tengo que tener ese tiempo con el Señor. El Señor me enseñó hace algunos años, que si yo no me encontraba con Él primero… que El es todo mi sustento. La única manera en que yo puedo funcionar es reuniéndome con Él en primer lugar. Yo sé Holly que para ti es tarde en la noche. Pero en mi caso yo me tengo que reunir con el Señor a primera hora de la mañana.

Holly: En realidad, el mío es más temprano en la mañana que el tuyo.

Kim: ¡Correcto! Pero les he dicho a mis amigas, «ustedes no querrán estar alrededor de mí hasta que yo me haya encontrado con el Señor y es porque yo sé que Él necesita tratar conmigo a primera hora de la mañana».

En realidad, ese es el tiempo más dulce para mi del día; el poder venir a Él, derramar mi corazón y simplemente buscarlo, preguntarle, Señor ¿Con cuáles áreas de mi corazón Tú necesitas tratar? ¿Cómo necesito rendirme a Ti? Entonces intercedo por otras personas que Él trae a mi corazón y a mi mente mientras lo busco a Él, antes de pasar a tener un tiempo en Su Palabra.

Yo soy esposa de pastor, y probablemente durante los primeros diez años como esposa de pastor, mi tiempo de quietud con el Señor era probablemente muy similar al de la mayoría de los cristianos. Yo apartaba ese tiempo un día sí y otro no. Recuerdo haber encontrado un diario mío, durante una de nuestras mudanzas de un pastorado a otro.

Un día revisando las cajas de la mudanza, saqué uno de mis diarios espirituales. Recuerdo haberlo hojeado y haber dicho, «wao, esto es bueno. Mira como el Señor se encontró conmigo aquí el 24 de octubre. Esta es una buena palabra. Esto está interesante». Y me voy al próximo día: 25 de octubre, y luego paso la página y veo que la siguiente es el 24 de noviembre. Pero ¿Qué pasó entre el 25 de octubre y el 24 de noviembre?

El Señor realmente usó eso para redargüirme de que faltaban algunos días. Hojeando el diario pude darme cuenta de que mis tiempos de reunión con el Señor eran muy esporádicos. Entonces comencé a preguntarme, «Padre, ¿qué habrás querido hablar conmigo en aquellos días cuando yo no me detuve a encontrarme contigo? ¿Qué me perdí, que hubieras querido enseñarme Señor?»

Pero eso no fue suficiente para que yo tuviera convicción de pecado, me tomó un año más. Estábamos entonces viviendo en Indiana y yo viajé a Indianápolis para ministrar a alguien en el hospital. Mientras yo manejaba alegremente camino a ministrar en el nombre de Dios, el Espíritu Santo de manera tan fiel me habló y me dijo, «Kim, tú vas a ministrar a alguien, pero no tuviste un tiempo a sola conmigo, no te reuniste conmigo esta mañana. Tú no buscaste Mi rostro primero».

Yo, en mi manera arrogante, orgullosa, frívola dije, «Dios yo me estoy encontrando contigo ahora. Estoy escuchando a Adrian Rogers ahora mismo en el radio». Dios, clara y fielmente me habló y me dijo, «No, tú no buscaste Mi rostro esta mañana. No te encontraste conmigo esta mañana».

Y es que hay tantas cosas en nuestras vidas, que hacen que esta se vuelva tan agitada, con los hijos, con responsabilidades, con personas que necesitan ser ministradas alrededor nuestro, así que podemos dejar que todas esas cosas desplacen las cosas más importantes. Y yo estoy tan agradecida por Lucas 10, por el ejemplo de María, alrededor de ella había muchas actividades ocurriendo.

Marta estaba haciendo muchas cosas buenas, muchas cosas que eran necesarias. Aquellos hombres necesitaban comer, pero María estaba haciendo lo más importante. Para mí -no estoy diciendo que es lo mismo para todo el mundo- pero para mí, Dios me ha mostrado que debo hacer esto a primera hora del día.

María Johnson: Bueno mira para mí es un poco diferente, porque la vida no siempre es tan ordenada cuando estás despierta toda la noche con un niño enfermo y todo lo demás. Yo amo las mañanas. Es mi tiempo favorito, el tiempo antes de la salida del sol. Simplemente salir con una taza de café, hasta envuelta en una frazada. Ahí están las estrellas, y estás tú y está el Señor. Ese es mi momento favorito.

Pero con cuatro hijos y seis nietos y el itinerario de trabajo de mi esposo, no siempre puedo hacer eso -levantarme a las 5 en punto o 4:30 o 6 a.m.- no cuando has estado despierta dos o tres horas con un hijo o un nieto enfermo o algo por el estilo.

Así que lo que el Señor comenzó a enseñarme del versículo 11 del Salmo 16 fue que yo era muy consistente con ese tiempo de quietud en la mañana, y comencé a enorgullecerme de ello. «En Su presencia hay plenitud de gozo». Él comenzó a mostrarme que yo tenía que vivir cada momento en Su presencia. Cada momento.

Así que ya sea con un hijo enfermo o ayudando a mis hijos casados con sus hijos o a un vecino o en la iglesia, cualquier cosa que haga, cualquiera que sea la necesidad, es en ese momento que nos debemos dar cuenta de que Dios está ahí, y que Él ha hecho provisión para Su gloria en cualquiera que sea la circunstancia.

Esto no quiere decir que el tiempo con el Señor en Su Palabra no sea importante, es aún más que eso. ¿A dónde podremos huir de Su presencia? A ningún lugar.

Recuerdo estar transportándome en un subterráneo en Boston y decirle a mi prima, «Mira toda esa gente, de todas esas nacionalidades. No puedo soportar el pensar que van a morir y a quemarse en el infierno». Es simplemente darnos cuenta de que Su presencia está en todos lados y que en Su presencia hay plenitud de gozo.

Mi lugar favorito, por supuesto, es delante de Él en Su Palabra en la quietud de la soledad. Pero Él desea que lo veamos en todo lugar, y en todo lugar que Él ha hecho provisión para Su gloria, ya sea señalando a las personas perdidas o indefensas o ministrando o sencillamente pasando un buen rato, quizás haciendo dibujos con tiza en la acera con los niños. En todo lugar Dios ha hecho provisión para Su gloria. Tenemos que recordar eso y recordar que siempre estamos en Su presencia. Siempre. Siempre.

Muy temprano en la vida a mi me enseñaron sobre ese tiempo de quietud. Vaya que lo hice. Dime que hacer, y seguiré esos tres pasos. Hay cierto orgullo en eso. Entonces Dios dijo, «No, es más que eso. Siempre estoy ahí, y he hecho provisión para Mi gloria dondequiera que te he colocado.»

Haciendo rompecabezas con los niños más pequeños, enseñando a las mujeres. No importa. Dios está ahí. Y nuestro propósito de estar allí…mi propósito es glorificarlo a Él.

Kathy Helvey: Nancy, tú mencionaste algo sobre la Palabra de Dios … estaba revisando mis notas aquí y no puedo encontrarlo. Si fuéramos realmente a creer la palabra y a vivirla, entonces nuestras vidas serían verdaderamente transformadas. Todo sería tan diferente. Pienso en ese pasaje de las Escrituras en Romanos donde dice, «Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» (Romanos 12:2, RV).

Ya que estamos hablando de tiempos de quietud y tiempo con el Señor, he notado que a medida que voy entrando en años, he tenido que caminar para ejercitarme para mantener el peso adecuado. Algo que me motiva a salir cada día a caminar es algo que comencé a hacer unos años atrás y es memorizar los Salmos porque es muy similar a la poesía. Fluye.

Así que comencé memorizando salmos diferentes. Me motivaba a mí misma a caminar llevando conmigo mis pequeñas tarjetas tamaño 3 x 5. Entonces sencillamente yo las citaba y las repetía una y otra vez. Mientras comenzaba a caminar, recordaba ese pequeño corito que dice, «Y Él camina conmigo y Él me habla». Eso fue lo que comenzó a suceder.

Comencé a tener los mejores tiempos de quietud con el Señor, y aún los tengo, cuando estoy caminando sola. Soy muy egoísta con estas caminatas. La gente me ha dicho ‘déjame caminar contigo’. Le he dicho que no. Sencillamente necesito hacerlo sola. No podría encajar este tiempo en otro momento de mi agenda.

Nancy: Diles que ya tienes un compañero de caminata.

María: Eso es correcto, y yo lo amo. Así que mientras caminamos y mientras Él me habla, me lleno de gozo. Yo creo que C.S. Lewis escribió un libro, «Sorprendido por el gozo», y eso fue lo que me pasó un día en nuestras caminatas.

Le estaba hablando a Dios sobre cierta situación y entonces comencé a citar un Salmo en una de esas pequeñas tarjetas. Al final comencé a orar esas mismas palabras a Dios. Antes eran meras memorizaciones, pero se transformaron en una parte de quién yo era, de la situación que atravesaba, de lo que yo quería decirle al Señor, y de lo que Él quería decir a mí.

De manera que muchos de los cambios en la vida han llegado a mí a través de memorizar la Palabra de Dios. Cuando era muy pequeña me dijeron -durante las vacaciones, en la escuela bíblica-cuán importante era memorizar la Palabra de Dios, pero yo no tenía idea. Ahora yo tengo muchas tarjetas pequeñas y simplemente camino y hablo. La Palabra de Dios se convierte en una oración de retorno a Él, y es muy emocionante.

Nancy: He encontrado que eso me ha pasado a mi misma aun en este estudio del libro de Habacuc. Mientras he meditado en el libro y lo he estudiado, he terminado memorizándolo. Ese último versículo, «DIOS, el Señor, es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como de ciervas, y por las alturas me hace caminar» (Habacuc 3:19).

Me encontré a mí misma necesitando tanto la fortaleza del Señor, y he obtenido fortaleza a través de las Escrituras que están ahora en mi corazón y diciendo por fe, «Dios el Señor es mi fortaleza. Señor, Tú eres mi fortaleza. Tú me haces sentir como las ciervas. Me haces caminar por las alturas».

El preparar estas sesiones de grabación – todo esto es un alto llamado para mí; es difícil. Me consume más energía de la que tengo a mi disposición. Requiere más sabiduría de la que poseo. Por eso las Escrituras se vuelven muy personales; de manera que no es solamente Habacuc que dice eso. No es sólo un conocimiento intelectual para mí. Se convierte en parte de mi propio caminar con el Señor.

Kathy: Pregunto a las personas sobre su tiempo de quietud -muchas veces la mayor parte de las mujeres con las que hablo tienen diversos problemas, y les digo: «Y entonces, ¿Cómo es tu tiempo de quietud?» Y ellas me responden, «Bueno, yo oro todo el tiempo». Entonces mi próxima pregunta es, «Bueno, eso es tremendo, pero ¿Cuándo escuchas?»

De eso estás hablando. Con tus pequeñas tarjetas- no solamente estás hablando con el Señor. Estás escuchando porque Él te está hablando a ti a través de Su Palabra. De esa manera es que Él nos habla y nos dirige, nos corrige, a través de Su Palabra, así que esa es una buena manera de hacer las dos cosas a la vez.

Kathy: Hay un versículo en el Salmo 94 y dice, «Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí.» Otra versión dice, «En la multitud de mis pensamientos dentro de mí…» (Salmo 94:19,).

Nancy: ¡Todas conocemos ese versículo!

Kathy: Entonces la segunda parte es, «Tus consuelos deleitan mi alma». Consolación, para mí, es lo que Él dice, lo que Él promete. Si no sé lo que Él me está diciendo, entonces cuando mis pensamientos ansiosos toman control y se multiplican y los miedos y las tensiones de la vida llegan y los demonios de la oscuridad vienen en medio de la noche, despertándome, siento miedo. Si no conozco la Palabra de Dios, si no la he escondido en mi corazón a través de memorizarla, entonces estoy perdida.

Kim: Es porque no hay nada para contrarrestar esas mentiras. No tienes entonces la verdad escondida en tu corazón…

Kathy: Puede tomar control de mi vida… y no podría transformar mi vida.. No podría confiar. No sólo debemos leer la Palabra de Dios, sino memorizarla.

Kim: Meditar en ella.

Kathy: Si la memorizamos, yo pienso que la promesa de Dios es, que retornará a nosotros.

Holly: Yo estoy de acuerdo, Kathy. Muchas de las mujeres con las que hablo ni siquiera han tomado sus Biblias y no entienden por qué no están obteniendo lo que necesitan del Señor. Ellas dicen «Dios no está escuchándome».

Pensé en la determinación de Habacuc. Creo que fue sumamente honesto con Dios. Le dijo cuáles eran sus inquietudes. Pero luego estaba determinado a ponerse en un lugar donde él pudiera escuchar a Dios.

Creo que si no somos cuidadosas, echamos toda la culpa a Dios, sin aceptar la responsabilidad, estando la Palabra de Dios tan disponible.. Perdóname, pero siento que todo el mundo puede encontrar un tiempo en algún lugar para llegar a Dios.

Yo sé que hay momentos de crisis donde es sencillamente increíblemente difícil, pero a menos que estés en el lecho de muerte de un ser querido, o en una estadía en un hospital, o en algún momento de crisis, en la mayoría de nuestras vidas hay tiempo disponible.

Nancy: En realidad, es en esos momentos de crisis que muchas personas sí buscan a Dios.

Holly: Bueno, entonces es que recuerdas que Él está ahí.

Nancy: Es así.

Holly: Pero estamos tan poco preparadas para cuando esas cosas lleguen, porque en medio de nuestras vidas diarias, se nos olvida. No es que nos olvidemos. Sabemos. Nosotras simplemente no estamos lo suficientemente desesperadas para escuchar lo que Dios tiene que decirnos, esto significa, como mencionaba Nancy, que simplemente dependemos de nosotras mismas, y lo que tenemos es lo que tenemos apartadas de Él. Eso es tan aterrador para mí.

Kathy: Somos tan orientadas hacia los sentimientos, especialmente como mujeres. Lo que me llamó la atención durante toda esta sesión fue que Nancy decía una y otra vez que se trataba de una elección. Alguien una vez escribió un libro, «La fe no es un sentimiento». Pensé, muy bien, la fe no es un sentimiento.

Algunas veces estamos tan consumidas con nuestros sentimientos debido al dolor, o con lo que sea, lo que sea que esté ocurriendo en nuestras vidas, que prefiero pensar en ello ahora como una elección contraria. Tengo que elegir contrario a todo lo que soy cuando me encuentro en esa situación. Eso es difícil de hacer a menos que yo haya invertido mientras todo iba bien… Si estoy caminando cerca del Señor.

Querido Habacuc, te amo. [Risa] Porque me senté allí pensando, ese es precisamente el interrogante de Habacuc. Esto es lo que es. Él está desconcertado, está confundido. Está furioso. No entiende nada. Él siente que ha sido abandonado, rechazado. ¿Dónde estás Tú, Dios?

Todos hemos estado ahí. Quiero seguir a ese hombre. Quiero ser un Habacuc y moverme, desde mis interrogantes, hacia donde terminamos en este libro – hacia la fe.

Holly: Yo me pregunto, cuando hablas con otras mujeres, ¿por qué es que no las ves haciendo esto? ¿Por qué no hacen las mujeres esta elección?

Hablé con una joven un par de semanas atrás. En el transcurso de la conversación quizás mencionó unas diez mujeres con las que ella ya había compartido lo que estaba ocurriendo en su vida. Cuando finalmente dije, «¿Has tenido tiempo de ir donde Dios sobre eso?» «No.» Realmente no lo había hecho. Ella era tan rápida para llegar a cualquier otra persona. Yo pienso que es muy peligroso poner tanto bálsamo sobre la herida que no necesitemos ir donde Dios, como lo hizo Habacuc.

María: Sin embargo, sale tan natural el ser independiente. Tú no le enseñas a un niño a decir, «Yo lo puedo hacer por mí mismo». Tú le enseñas a compartir. Pienso que es parte de esto. Es una de las cosas, como Cathy ha dicho, que me gustó sobre este libro -es cuán real es Dios con Su Palabra. Él es tan práctico.

Las emociones son reales, y nosotras como mujeres sabemos eso. ¿Pero qué vamos hacer con esas emociones? Ahora bien, él tenía miedo. Estoy segura de que tenía preguntas. Habacuc tenía dudas. Él se preguntaba ¿cuánto tiempo y por qué? Las emociones son reales, pero no podemos enterrarlas, ni podemos negarlas, ignorarlas o medicarlas. Tenemos que aprender a correr hacia Dios.

Yo he visto esto una y otra vez. Él permite que esa presión nos llegue para recordarnos que lo necesitamos a Él porque tenemos la tendencia a ser tan autosuficientes. Yo puedo hacer esto por mí misma. Realmente pienso que es simplemente una actitud con la que nacemos. Estas cosas empiezan a ocurrir con tanta frecuencia en tu vida que empiezas a darte cuenta de que tú lo necesitas a Él.

Hubo una temporada en nuestra vida donde, por un periodo de ocho años, el mayor tiempo que pasamos sin una crisis importante fue de seis meses. Estoy hablando de muertes, hospitalizaciones, accidentes mayores, un hijo que casi muere, en tres ocasiones en esos seis meses. La temporada tranquila más extensa durante esos 8 años duró tan solo 6 meses.

Y aún así yo no cambiaría esos ocho años por nada en el mundo porque en medio de eso aprendí a correr hacia el Señor. Nuestra familia completa lo hizo. Cuando todo lo demás deja de funcionar, no ayuda, o no te satisface es cuando obtienes un vistazo de Dios. Son tiempos en los que necesitas respuestas reales. Necesitas un Dios real, y Él está ahí.

«JEHOVÁ preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre» (Salmo 29:10, RV). Ese es el versículo que el Señor me dio cuando me encontraba acompañando a mi hijo de 17 años que estaba irreconocible. Nadie sabía que ese era realmente él excepto su papa y yo; estaba tan mal herido. Simplemente me senté allí, y ese fue el versículo que el Señor me dio.

Ese fue el comienzo de ocho años corridos. Con un respiro de seis meses. Cosas grandes. Muchas muertes, cirugías, accidentes, pérdidas financieras. Y yo solo decía, ¿Cuánto tiempo Señor? Y ¿por qué? Él estaba ahí, y Él era suficiente.

Tenemos algunas experiencias como esas en la vida y puedes cantar al final como lo hizo Habacuc. Hay temporadas así. Digo, ese no es el único tiempo. Pero tienes una buena temporada de este tipo de cosas y comienzas a darte cuenta de que Dios es suficiente. A Él no le importa que le hagas esas preguntas honestas.

Antes de esa temporada, estábamos esperando en Dios en un momento que sentimos que Él nos había dirigido a adoptar a pesar de que nuestros primeros dos hijos tenían 13 y 15 años. Todo el mundo pensó que estábamos locos, pero realmente pensamos que Dios había dicho que había hijos específicos. No era que yo quería un bebé o que no teníamos un hijo o una hija, o que queríamos esto o aquello.

Estábamos esperando. Tomó 18 meses, mientras solamente toma 9 meses tener un bebé biológico. Fue una espera demasiado larga. Se mantenían cambiando a las trabajadoras sociales.

Bueno, una amiga mía que era muy valiente me llevó a almorzar un día. Yo me estaba quejando, como tú dijiste, quejas y quejas. Ella se inclinó hacia mí y me dijo, «María, tú no estás esperando por una trabajadora social, tú no estás esperando un hijo, no estás esperando que tu casa se venda, y no estás esperando el poder comprar una casa más grande» (porque vas a tener más niños). Ella dijo, «Estás esperando en el Señor».

Si estamos en un restaurante con un camarero, alguien lo llama. ¿Qué hace este camarero o la camarera? Ellos esperan a que tú les hagas una señal, que hagas un gesto con la cabeza, o los llames, y ellos y vienen hacia ti. Esa fue la ilustración que el Señor me dio en ese segundo, que yo tenía que esperar en el Señor como lo haría un sirviente. Él me haría un gesto con la cabeza, me haría una señal cuando Él quisiera que yo me fuera o que me quedara, o que fuera a la derecha o a la izquierda. Nunca me olvidaré de eso. Estamos esperando en el Señor. Eso fue lo que hizo Habacuc. Él esperó hasta que Dios le respondió.

Carmen: Esa es María Johnson. También escuchamos de Kim Wagner, y Holly Elliff. Y escuchamos de Kathy Helvey, quién partió con el Señor hace unos años.

Estas mujeres escucharon mientras Nancy Leigh DeMoss enseñó esta serie Habacuc: del temor a la feLa conversación de hoy muestra cómo luce esta enseñanza de manera práctica día a día.

Alguien nos escribió:

Siento como si Dios me hubiese hablado a través de cada una de ustedes. He comenzado a levantarme temprano para pasar tiempo con el Señor y he comprobado lo fácil que es comparado a orar a través del día. Cuando voy al Señor primero, las cosas no me molestan tanto. Gracias a todas y gracias por este estudio sobre Habacuc.

En Aviva Nuestros Corazones estamos comprometidos a enseñar la Palabra de Dios de manera precisa y enseñarles cómo vivirla de manera práctica. Si quieres contribuir para que estas enseñanzas continúen siendo posibles, puedes hacer una donación visitando AvivaNuestrosCorazones.com. O puedes llamar al 1-800-569-5959. Si llamas, no dejes de indicar que deseas que tu donación se aplique al ministerio de alcance hispano.

Generalmente esperamos que haya respuesta para todas las preguntas. Pero en ocasiones hay preguntas que no tienen respuesta y eso también puede ser bueno. Aprende por qué en el próximo programa. Una vez más, escucharemos de parte de un grupo de amigas y recordaremos la vida de Kathy Helvey.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se especifique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

El Esposo Amante – 7

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

7 – El Esposo Amante

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Ayuda Idónea – 6

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

6 – Ayuda Idónea

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Entrenamiento en Seguridad

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Diez

Entrenamiento en Seguridad

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 30 – Respuestas reales de un Dios real

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 30 – Respuestas reales de un Dios real

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Annamarie Sauter: Revive 15 | Mujeres enseñando mujeres, Indianápolis Septiembre 25 y 26. ¿Quisieras estudiar la palabra de Dios más profunda y efectivamente para poder enseñarla a otras mujeres? Entonces este evento es para ti, contaremos con la presencia de Nancy Leigh DeMoss, Jen Wilkin y Lauren Chandler, dirigiendo la alabanza, acompáñanos no te lo pierdas.

Si estás interesada en enseñar o hablar a las mujeres uno de tus mayores recursos puede ser aprender de otros que han profundizado en preciosas verdades de la palabra de Dios., únete a Nancy Leigh Demos, Trillia Newbel, Andrea Griffin y Paula Hendricks para obtener sabiduría práctica en cómo comunicar más efectivamente la enseñanza de la palabra de Dios en tu entorno particular. Acompáñanos en Revive 15, mujeres enseñando mujeres, Indianápolis Septiembre 25 y 26 no te lo pierdas.

Carmen Espaillat: Kathy Helvey era una esposa y madre devota, involucrada en el ministerio de las familias. Ella partió con el Señor recientemente. Aquellos que estuvieron con ella en sus últimas semanas recuerdan la paz que controló su vida, aun cuando ella sufría los efectos de la leucemia. Kathy describe la fuente de esa paz.

Kathy Helvey: Hay un versículo en el Salmo 94 que dice, «Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, tus consuelos deleitan mi alma» (versículo 19). Para mí, la consolación es lo que Él dice, lo que Él promete.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demoss en la voz de Patricia de Saladín.

Muchas quizás ya han oído de nuestra amiga Kathy Helvey en múltiples ocasiones. Ella ha ofrecido consejos prácticos de cómo vivir la Palabra de Dios en las temporadas difíciles de la vida.

Ahora vamos a escuchar una grabación que Kathy realizó con un grupo de damas en el año 2007. Justamente, este grupo había escuchado a Nancy enseñar a través del libro de Habacuc. Y como parte de esta serie, escucharemos a Nancy hablar con Kim Wagner, Holly Elliff, María Johnson, y la fallecida Kathy Helvey.

Holly comenzará.

Holly Elliff: Antes que nada quiero decirles, que mientras leía el libro de Habacuc y durante este estudio de hoy, creo que, -comenzando en el capítulo 2 cuando comenzaste a hablar sobre Habacuc subiendo a la torre de vigilia para esperar en Dios- tuve esta visión sobre mí misma tratando de subir a la torre y de todas esas personitas agarrando mis tobillos y diciendo, «Mami, espera, espera, espera.» [Risas]

Tengo un montón de hijos. Literalmente, me senté ahí pensando, ¿Podré ser capaz de subirme a esa torre de vigilancia y decir, «me voy a sentar ahí hasta que Dios hable»? Entonces pensé, bueno, «Podría hacer eso a las 2:00 o a las 3:00 de la mañana. Habrá suficiente silencio». Era casi cómico mientras pensaba en mí misma tratando de ponerme en esa posición.

Nancy: En una posición de escuchar al Señor y de esperar en Él.

Holly: . . . diciendo me voy a sentar ahí hasta que Dios responda. Sé que Dios tiene la forma de hacer que yo haga eso, pero era un cuadro bastante cómico.

Nancy: Sí, como una mamá, ¿cómo encuentras tiempo a solas con el Señor? ¿Cómo logras permanecer en quietud y callada y dejas que Él te hable?

Holly: Para mí, literalmente es, algunas veces a las 2:00 o 3:00 de la mañana cuando finalmente todo está tranquilo y callado y yo sé que es bastante seguro que nadie se despertará por un tiempo. Ahí es cuando yo puedo buscarlo a Él. He encontrado que aun unos pocos minutos en medio de mi día hacen una enorme diferencia.

Nancy: Sé que es así y Kim, tú también tienes días muy ocupados. Justo conversábamos que estás ahora mismo en una etapa de tu vida donde tus días están muy llenos. ¿Cómo encuentras ese tiempo para escuchar al Señor?

Kim Wagner: Si yo tengo que tener ese tiempo con el Señor. El Señor me enseñó hace algunos años, que si yo no me encontraba con Él primero… que El es todo mi sustento. La única manera en que yo puedo funcionar es reuniéndome con Él en primer lugar. Yo sé Holly que para ti es tarde en la noche. Pero en mi caso yo me tengo que reunir con el Señor a primera hora de la mañana.

Holly: En realidad, el mío es más temprano en la mañana que el tuyo.

Kim: ¡Correcto! Pero les he dicho a mis amigas, «ustedes no querrán estar alrededor de mí hasta que yo me haya encontrado con el Señor y es porque yo sé que Él necesita tratar conmigo a primera hora de la mañana».

En realidad, ese es el tiempo más dulce para mi del día; el poder venir a Él, derramar mi corazón y simplemente buscarlo, preguntarle, Señor ¿Con cuáles áreas de mi corazón Tú necesitas tratar? ¿Cómo necesito rendirme a Ti? Entonces intercedo por otras personas que Él trae a mi corazón y a mi mente mientras lo busco a Él, antes de pasar a tener un tiempo en Su Palabra.

Yo soy esposa de pastor, y probablemente durante los primeros diez años como esposa de pastor, mi tiempo de quietud con el Señor era probablemente muy similar al de la mayoría de los cristianos. Yo apartaba ese tiempo un día sí y otro no. Recuerdo haber encontrado un diario mío, durante una de nuestras mudanzas de un pastorado a otro.

Un día revisando las cajas de la mudanza, saqué uno de mis diarios espirituales. Recuerdo haberlo hojeado y haber dicho, «wao, esto es bueno. Mira como el Señor se encontró conmigo aquí el 24 de octubre. Esta es una buena palabra. Esto está interesante». Y me voy al próximo día: 25 de octubre, y luego paso la página y veo que la siguiente es el 24 de noviembre. Pero ¿Qué pasó entre el 25 de octubre y el 24 de noviembre?

El Señor realmente usó eso para redargüirme de que faltaban algunos días. Hojeando el diario pude darme cuenta de que mis tiempos de reunión con el Señor eran muy esporádicos. Entonces comencé a preguntarme, «Padre, ¿qué habrás querido hablar conmigo en aquellos días cuando yo no me detuve a encontrarme contigo? ¿Qué me perdí, que hubieras querido enseñarme Señor?»

Pero eso no fue suficiente para que yo tuviera convicción de pecado, me tomó un año más. Estábamos entonces viviendo en Indiana y yo viajé a Indianápolis para ministrar a alguien en el hospital. Mientras yo manejaba alegremente camino a ministrar en el nombre de Dios, el Espíritu Santo de manera tan fiel me habló y me dijo, «Kim, tú vas a ministrar a alguien, pero no tuviste un tiempo a sola conmigo, no te reuniste conmigo esta mañana. Tú no buscaste Mi rostro primero».

Yo, en mi manera arrogante, orgullosa, frívola dije, «Dios yo me estoy encontrando contigo ahora. Estoy escuchando a Adrian Rogers ahora mismo en el radio». Dios, clara y fielmente me habló y me dijo, «No, tú no buscaste Mi rostro esta mañana. No te encontraste conmigo esta mañana».

Y es que hay tantas cosas en nuestras vidas, que hacen que esta se vuelva tan agitada, con los hijos, con responsabilidades, con personas que necesitan ser ministradas alrededor nuestro, así que podemos dejar que todas esas cosas desplacen las cosas más importantes. Y yo estoy tan agradecida por Lucas 10, por el ejemplo de María, alrededor de ella había muchas actividades ocurriendo.

Marta estaba haciendo muchas cosas buenas, muchas cosas que eran necesarias. Aquellos hombres necesitaban comer, pero María estaba haciendo lo más importante. Para mí -no estoy diciendo que es lo mismo para todo el mundo- pero para mí, Dios me ha mostrado que debo hacer esto a primera hora del día.

María Johnson: Bueno mira para mí es un poco diferente, porque la vida no siempre es tan ordenada cuando estás despierta toda la noche con un niño enfermo y todo lo demás. Yo amo las mañanas. Es mi tiempo favorito, el tiempo antes de la salida del sol. Simplemente salir con una taza de café, hasta envuelta en una frazada. Ahí están las estrellas, y estás tú y está el Señor. Ese es mi momento favorito.

Pero con cuatro hijos y seis nietos y el itinerario de trabajo de mi esposo, no siempre puedo hacer eso -levantarme a las 5 en punto o 4:30 o 6 a.m.- no cuando has estado despierta dos o tres horas con un hijo o un nieto enfermo o algo por el estilo.

Así que lo que el Señor comenzó a enseñarme del versículo 11 del Salmo 16 fue que yo era muy consistente con ese tiempo de quietud en la mañana, y comencé a enorgullecerme de ello. «En Su presencia hay plenitud de gozo». Él comenzó a mostrarme que yo tenía que vivir cada momento en Su presencia. Cada momento.

Así que ya sea con un hijo enfermo o ayudando a mis hijos casados con sus hijos o a un vecino o en la iglesia, cualquier cosa que haga, cualquiera que sea la necesidad, es en ese momento que nos debemos dar cuenta de que Dios está ahí, y que Él ha hecho provisión para Su gloria en cualquiera que sea la circunstancia.

Esto no quiere decir que el tiempo con el Señor en Su Palabra no sea importante, es aún más que eso. ¿A dónde podremos huir de Su presencia? A ningún lugar.

Recuerdo estar transportándome en un subterráneo en Boston y decirle a mi prima, «Mira toda esa gente, de todas esas nacionalidades. No puedo soportar el pensar que van a morir y a quemarse en el infierno». Es simplemente darnos cuenta de que Su presencia está en todos lados y que en Su presencia hay plenitud de gozo.

Mi lugar favorito, por supuesto, es delante de Él en Su Palabra en la quietud de la soledad. Pero Él desea que lo veamos en todo lugar, y en todo lugar que Él ha hecho provisión para Su gloria, ya sea señalando a las personas perdidas o indefensas o ministrando o sencillamente pasando un buen rato, quizás haciendo dibujos con tiza en la acera con los niños. En todo lugar Dios ha hecho provisión para Su gloria. Tenemos que recordar eso y recordar que siempre estamos en Su presencia. Siempre. Siempre.

Muy temprano en la vida a mi me enseñaron sobre ese tiempo de quietud. Vaya que lo hice. Dime que hacer, y seguiré esos tres pasos. Hay cierto orgullo en eso. Entonces Dios dijo, «No, es más que eso. Siempre estoy ahí, y he hecho provisión para Mi gloria dondequiera que te he colocado.»

Haciendo rompecabezas con los niños más pequeños, enseñando a las mujeres. No importa. Dios está ahí. Y nuestro propósito de estar allí…mi propósito es glorificarlo a Él.

Kathy Helvey: Nancy, tú mencionaste algo sobre la Palabra de Dios … estaba revisando mis notas aquí y no puedo encontrarlo. Si fuéramos realmente a creer la palabra y a vivirla, entonces nuestras vidas serían verdaderamente transformadas. Todo sería tan diferente. Pienso en ese pasaje de las Escrituras en Romanos donde dice, «Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» (Romanos 12:2, RV).

Ya que estamos hablando de tiempos de quietud y tiempo con el Señor, he notado que a medida que voy entrando en años, he tenido que caminar para ejercitarme para mantener el peso adecuado. Algo que me motiva a salir cada día a caminar es algo que comencé a hacer unos años atrás y es memorizar los Salmos porque es muy similar a la poesía. Fluye.

Así que comencé memorizando salmos diferentes. Me motivaba a mí misma a caminar llevando conmigo mis pequeñas tarjetas tamaño 3 x 5. Entonces sencillamente yo las citaba y las repetía una y otra vez. Mientras comenzaba a caminar, recordaba ese pequeño corito que dice, «Y Él camina conmigo y Él me habla». Eso fue lo que comenzó a suceder.

Comencé a tener los mejores tiempos de quietud con el Señor, y aún los tengo, cuando estoy caminando sola. Soy muy egoísta con estas caminatas. La gente me ha dicho ‘déjame caminar contigo’. Le he dicho que no. Sencillamente necesito hacerlo sola. No podría encajar este tiempo en otro momento de mi agenda.

Nancy: Diles que ya tienes un compañero de caminata.

María: Eso es correcto, y yo lo amo. Así que mientras caminamos y mientras Él me habla, me lleno de gozo. Yo creo que C.S. Lewis escribió un libro, «Sorprendido por el gozo», y eso fue lo que me pasó un día en nuestras caminatas.

Le estaba hablando a Dios sobre cierta situación y entonces comencé a citar un Salmo en una de esas pequeñas tarjetas. Al final comencé a orar esas mismas palabras a Dios. Antes eran meras memorizaciones, pero se transformaron en una parte de quién yo era, de la situación que atravesaba, de lo que yo quería decirle al Señor, y de lo que Él quería decir a mí.

De manera que muchos de los cambios en la vida han llegado a mí a través de memorizar la Palabra de Dios. Cuando era muy pequeña me dijeron -durante las vacaciones, en la escuela bíblica-cuán importante era memorizar la Palabra de Dios, pero yo no tenía idea. Ahora yo tengo muchas tarjetas pequeñas y simplemente camino y hablo. La Palabra de Dios se convierte en una oración de retorno a Él, y es muy emocionante.

Nancy: He encontrado que eso me ha pasado a mi misma aun en este estudio del libro de Habacuc. Mientras he meditado en el libro y lo he estudiado, he terminado memorizándolo. Ese último versículo, «DIOS, el Señor, es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como de ciervas, y por las alturas me hace caminar» (Habacuc 3:19).

Me encontré a mí misma necesitando tanto la fortaleza del Señor, y he obtenido fortaleza a través de las Escrituras que están ahora en mi corazón y diciendo por fe, «Dios el Señor es mi fortaleza. Señor, Tú eres mi fortaleza. Tú me haces sentir como las ciervas. Me haces caminar por las alturas».

El preparar estas sesiones de grabación – todo esto es un alto llamado para mí; es difícil. Me consume más energía de la que tengo a mi disposición. Requiere más sabiduría de la que poseo. Por eso las Escrituras se vuelven muy personales; de manera que no es solamente Habacuc que dice eso. No es sólo un conocimiento intelectual para mí. Se convierte en parte de mi propio caminar con el Señor.

Kathy: Pregunto a las personas sobre su tiempo de quietud -muchas veces la mayor parte de las mujeres con las que hablo tienen diversos problemas, y les digo: «Y entonces, ¿Cómo es tu tiempo de quietud?» Y ellas me responden, «Bueno, yo oro todo el tiempo». Entonces mi próxima pregunta es, «Bueno, eso es tremendo, pero ¿Cuándo escuchas?»

De eso estás hablando. Con tus pequeñas tarjetas- no solamente estás hablando con el Señor. Estás escuchando porque Él te está hablando a ti a través de Su Palabra. De esa manera es que Él nos habla y nos dirige, nos corrige, a través de Su Palabra, así que esa es una buena manera de hacer las dos cosas a la vez.

Kathy: Hay un versículo en el Salmo 94 y dice, «Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí.» Otra versión dice, «En la multitud de mis pensamientos dentro de mí…» (Salmo 94:19,).

Nancy: ¡Todas conocemos ese versículo!

Kathy: Entonces la segunda parte es, «Tus consuelos deleitan mi alma». Consolación, para mí, es lo que Él dice, lo que Él promete. Si no sé lo que Él me está diciendo, entonces cuando mis pensamientos ansiosos toman control y se multiplican y los miedos y las tensiones de la vida llegan y los demonios de la oscuridad vienen en medio de la noche, despertándome, siento miedo. Si no conozco la Palabra de Dios, si no la he escondido en mi corazón a través de memorizarla, entonces estoy perdida.

Kim: Es porque no hay nada para contrarrestar esas mentiras. No tienes entonces la verdad escondida en tu corazón…

Kathy: Puede tomar control de mi vida… y no podría transformar mi vida.. No podría confiar. No sólo debemos leer la Palabra de Dios, sino memorizarla.

Kim: Meditar en ella.

Kathy: Si la memorizamos, yo pienso que la promesa de Dios es, que retornará a nosotros.

Holly: Yo estoy de acuerdo, Kathy. Muchas de las mujeres con las que hablo ni siquiera han tomado sus Biblias y no entienden por qué no están obteniendo lo que necesitan del Señor. Ellas dicen «Dios no está escuchándome».

Pensé en la determinación de Habacuc. Creo que fue sumamente honesto con Dios. Le dijo cuáles eran sus inquietudes. Pero luego estaba determinado a ponerse en un lugar donde él pudiera escuchar a Dios.

Creo que si no somos cuidadosas, echamos toda la culpa a Dios, sin aceptar la responsabilidad, estando la Palabra de Dios tan disponible.. Perdóname, pero siento que todo el mundo puede encontrar un tiempo en algún lugar para llegar a Dios.

Yo sé que hay momentos de crisis donde es sencillamente increíblemente difícil, pero a menos que estés en el lecho de muerte de un ser querido, o en una estadía en un hospital, o en algún momento de crisis, en la mayoría de nuestras vidas hay tiempo disponible.

Nancy: En realidad, es en esos momentos de crisis que muchas personas sí buscan a Dios.

Holly: Bueno, entonces es que recuerdas que Él está ahí.

Nancy: Es así.

Holly: Pero estamos tan poco preparadas para cuando esas cosas lleguen, porque en medio de nuestras vidas diarias, se nos olvida. No es que nos olvidemos. Sabemos. Nosotras simplemente no estamos lo suficientemente desesperadas para escuchar lo que Dios tiene que decirnos, esto significa, como mencionaba Nancy, que simplemente dependemos de nosotras mismas, y lo que tenemos es lo que tenemos apartadas de Él. Eso es tan aterrador para mí.

Kathy: Somos tan orientadas hacia los sentimientos, especialmente como mujeres. Lo que me llamó la atención durante toda esta sesión fue que Nancy decía una y otra vez que se trataba de una elección. Alguien una vez escribió un libro, «La fe no es un sentimiento». Pensé, muy bien, la fe no es un sentimiento.

Algunas veces estamos tan consumidas con nuestros sentimientos debido al dolor, o con lo que sea, lo que sea que esté ocurriendo en nuestras vidas, que prefiero pensar en ello ahora como una elección contraria. Tengo que elegir contrario a todo lo que soy cuando me encuentro en esa situación. Eso es difícil de hacer a menos que yo haya invertido mientras todo iba bien… Si estoy caminando cerca del Señor.

Querido Habacuc, te amo. [Risa] Porque me senté allí pensando, ese es precisamente el interrogante de Habacuc. Esto es lo que es. Él está desconcertado, está confundido. Está furioso. No entiende nada. Él siente que ha sido abandonado, rechazado. ¿Dónde estás Tú, Dios?

Todos hemos estado ahí. Quiero seguir a ese hombre. Quiero ser un Habacuc y moverme, desde mis interrogantes, hacia donde terminamos en este libro – hacia la fe.

Holly: Yo me pregunto, cuando hablas con otras mujeres, ¿por qué es que no las ves haciendo esto? ¿Por qué no hacen las mujeres esta elección?

Hablé con una joven un par de semanas atrás. En el transcurso de la conversación quizás mencionó unas diez mujeres con las que ella ya había compartido lo que estaba ocurriendo en su vida. Cuando finalmente dije, «¿Has tenido tiempo de ir donde Dios sobre eso?» «No.» Realmente no lo había hecho. Ella era tan rápida para llegar a cualquier otra persona. Yo pienso que es muy peligroso poner tanto bálsamo sobre la herida que no necesitemos ir donde Dios, como lo hizo Habacuc.

María: Sin embargo, sale tan natural el ser independiente. Tú no le enseñas a un niño a decir, «Yo lo puedo hacer por mí mismo». Tú le enseñas a compartir. Pienso que es parte de esto. Es una de las cosas, como Cathy ha dicho, que me gustó sobre este libro -es cuán real es Dios con Su Palabra. Él es tan práctico.

Las emociones son reales, y nosotras como mujeres sabemos eso. ¿Pero qué vamos hacer con esas emociones? Ahora bien, él tenía miedo. Estoy segura de que tenía preguntas. Habacuc tenía dudas. Él se preguntaba ¿cuánto tiempo y por qué? Las emociones son reales, pero no podemos enterrarlas, ni podemos negarlas, ignorarlas o medicarlas. Tenemos que aprender a correr hacia Dios.

Yo he visto esto una y otra vez. Él permite que esa presión nos llegue para recordarnos que lo necesitamos a Él porque tenemos la tendencia a ser tan autosuficientes. Yo puedo hacer esto por mí misma. Realmente pienso que es simplemente una actitud con la que nacemos. Estas cosas empiezan a ocurrir con tanta frecuencia en tu vida que empiezas a darte cuenta de que tú lo necesitas a Él.

Hubo una temporada en nuestra vida donde, por un periodo de ocho años, el mayor tiempo que pasamos sin una crisis importante fue de seis meses. Estoy hablando de muertes, hospitalizaciones, accidentes mayores, un hijo que casi muere, en tres ocasiones en esos seis meses. La temporada tranquila más extensa durante esos 8 años duró tan solo 6 meses.

Y aún así yo no cambiaría esos ocho años por nada en el mundo porque en medio de eso aprendí a correr hacia el Señor. Nuestra familia completa lo hizo. Cuando todo lo demás deja de funcionar, no ayuda, o no te satisface es cuando obtienes un vistazo de Dios. Son tiempos en los que necesitas respuestas reales. Necesitas un Dios real, y Él está ahí.

«JEHOVÁ preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre» (Salmo 29:10, RV). Ese es el versículo que el Señor me dio cuando me encontraba acompañando a mi hijo de 17 años que estaba irreconocible. Nadie sabía que ese era realmente él excepto su papa y yo; estaba tan mal herido. Simplemente me senté allí, y ese fue el versículo que el Señor me dio.

Ese fue el comienzo de ocho años corridos. Con un respiro de seis meses. Cosas grandes. Muchas muertes, cirugías, accidentes, pérdidas financieras. Y yo solo decía, ¿Cuánto tiempo Señor? Y ¿por qué? Él estaba ahí, y Él era suficiente.

Tenemos algunas experiencias como esas en la vida y puedes cantar al final como lo hizo Habacuc. Hay temporadas así. Digo, ese no es el único tiempo. Pero tienes una buena temporada de este tipo de cosas y comienzas a darte cuenta de que Dios es suficiente. A Él no le importa que le hagas esas preguntas honestas.

Antes de esa temporada, estábamos esperando en Dios en un momento que sentimos que Él nos había dirigido a adoptar a pesar de que nuestros primeros dos hijos tenían 13 y 15 años. Todo el mundo pensó que estábamos locos, pero realmente pensamos que Dios había dicho que había hijos específicos. No era que yo quería un bebé o que no teníamos un hijo o una hija, o que queríamos esto o aquello.

Estábamos esperando. Tomó 18 meses, mientras solamente toma 9 meses tener un bebé biológico. Fue una espera demasiado larga. Se mantenían cambiando a las trabajadoras sociales.

Bueno, una amiga mía que era muy valiente me llevó a almorzar un día. Yo me estaba quejando, como tú dijiste, quejas y quejas. Ella se inclinó hacia mí y me dijo, «María, tú no estás esperando por una trabajadora social, tú no estás esperando un hijo, no estás esperando que tu casa se venda, y no estás esperando el poder comprar una casa más grande» (porque vas a tener más niños). Ella dijo, «Estás esperando en el Señor».

Si estamos en un restaurante con un camarero, alguien lo llama. ¿Qué hace este camarero o la camarera? Ellos esperan a que tú les hagas una señal, que hagas un gesto con la cabeza, o los llames, y ellos y vienen hacia ti. Esa fue la ilustración que el Señor me dio en ese segundo, que yo tenía que esperar en el Señor como lo haría un sirviente. Él me haría un gesto con la cabeza, me haría una señal cuando Él quisiera que yo me fuera o que me quedara, o que fuera a la derecha o a la izquierda. Nunca me olvidaré de eso. Estamos esperando en el Señor. Eso fue lo que hizo Habacuc. Él esperó hasta que Dios le respondió.

Carmen: Esa es María Johnson. También escuchamos de Kim Wagner, y Holly Elliff. Y escuchamos de Kathy Helvey, quién partió con el Señor hace unos años.

Estas mujeres escucharon mientras Nancy Leigh DeMoss enseñó esta serie Habacuc: del temor a la feLa conversación de hoy muestra cómo luce esta enseñanza de manera práctica día a día.

Alguien nos escribió:

Siento como si Dios me hubiese hablado a través de cada una de ustedes. He comenzado a levantarme temprano para pasar tiempo con el Señor y he comprobado lo fácil que es comparado a orar a través del día. Cuando voy al Señor primero, las cosas no me molestan tanto. Gracias a todas y gracias por este estudio sobre Habacuc.

En Aviva Nuestros Corazones estamos comprometidos a enseñar la Palabra de Dios de manera precisa y enseñarles cómo vivirla de manera práctica. Si quieres contribuir para que estas enseñanzas continúen siendo posibles, puedes hacer una donación visitando AvivaNuestrosCorazones.com. O puedes llamar al 1-800-569-5959. Si llamas, no dejes de indicar que deseas que tu donación se aplique al ministerio de alcance hispano.

Generalmente esperamos que haya respuesta para todas las preguntas. Pero en ocasiones hay preguntas que no tienen respuesta y eso también puede ser bueno. Aprende por qué en el próximo programa. Una vez más, escucharemos de parte de un grupo de amigas y recordaremos la vida de Kathy Helvey.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se especifique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Ejemplos de Entrenamiento

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Nueve –

Ejemplos de Entrenamiento

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 29 – Canta conmigo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 29 – Canta conmigo

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/canta-conmigo/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que tú tienes cosas asombrosas por las cuales cantar.

Nancy Leigh DeMoss: El testimonio de la fidelidad de Dios en tu vida necesita ser compartido con los demás. En ese sentido, le estás poniendo música para que otros puedan escuchar la melodía y cantarla, y puedan ser bendecidos por ella.

«Engrandeced al Señor conmigo,» dijo David, «y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores» (Salmo 34:3-4).

David dijo, «Yo he estado ahí. He estado desesperado. He estado en las profundidades de la desesperación, pero Dios me ha librado. Él me rescató. Él se ha revelado a sí mismo. Me regocijo en el Señor, y ahora quiero que lo exaltes conmigo».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Durante las últimas semanas, Nancy nos ha llevado a través de un fascinante estudio de Habacuc. Si te has perdido alguno de estos programas, puedes escucharlos visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana escucharemos de algunas de nuestras oyentes sobre formas prácticas de aplicar el mensaje de este libro. Sin embargo, hoy descubriremos por qué este profeta prorrumpió en una canción.

Nancy: Bueno, hemos atravesado un buen trecho con Habacuc.

Recientemente me estaban haciendo una entrevista en la radio. En ese momento estaba estudiando este libro, y me preparaba para enseñarlo. El hombre que me estaba haciendo la entrevista sabía que yo estaba estudiando el libro de Habacuc y que había estado estudiándolo por un largo tiempo. Él me dijo, «Cuando lleguemos al cielo, ¿me podrías presentar a Habacuc? Creo que seguramente lo conocerás en cuanto lo veas».

La Escritura nos dice muy poco acerca de este hombre, de qué tipo de familia venía, donde vivía, o cosas por el estilo. Pero creo que hemos echado un buen vistazo a su corazón al estudiar este libro juntas durante las últimas semanas. Hemos estado en un peregrinaje, en una jornada con Habacuc.

Hemos visto como va de batallar a observar y a adorar. Hemos visto el libro y de un diálogo que tuvo Habacuc con Dios en el capítulo 1 a un canto fúnebre en el capítulo 2, y a él pronunciar ayes y juicio sobre los babilonios.

Sin embargo, el capítulo 3 se ha convertido en una doxología. Él comenzó en los lugares bajos de desaliento en el capítulo 1. En el capítulo 2 se fue a un puesto de guardia, su atalaya, y dijo, «Velaré para ver lo que Él me dice».

En ese lugar Dios lo impulsó hacia arriba, allí fue donde lo vimos en la última sesión. Él dijo, «Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por alturas me hace caminar» (3:19).

Aquí está un hombre que es constante a través de la adversidad, a través de la decepción, a través de tantas preguntas sin respuesta. No es como si todo fuera feliz para siempre -no todavía. Todavía está frente a la inminente invasión de los babilonios.

Los judíos todavía son apóstatas. Ellos todavía necesitan un avivamiento. Nada ha cambiado en sus circunstancias. Pero todo ha cambiado en su perspectiva acerca de su situación porque él ha recibido una nueva visión de quién es Dios. Y eso es lo que tú necesitas en tus circunstancias, en tu dificultad – una nueva visión de Dios.

Aquí está un hombre que ha peleado con Dios. Él ha luchado con Dios. Habacuc significa «uno que lucha».

Pero también significa «el que abraza». Él ha ido de luchar con Dios, cuando no entendía el plan de Dios ni sus propósitos, hasta abrazar a Dios, aferrándose fuertemente a Él, por la fe, a Dios.

¡La fe! Dijimos que esto era el corazón de este libro. «El justo por la fe vivirá» (2:4), la fe en Cristo que te ama y dio Su vida por ti. Así que, hemos sido desafiadas a vivir nuestras vidas por fe.

Ahora, al llegar a la última frase del libro de Habacuc, solo déjame regresar y leer el último párrafo de nuevo para entender el contexto. Habacuc se da cuenta de que viene destrucción y devastación. Él tiembla al pensar cómo va a ser ese día y lo que la gente va a tener que soportar- lo que él va a tener que soportar.

Pero a pesar de esa sensación de estremecimiento, él dice en Habacuc capítulo 3 en los versículos 17-18:

«Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar.»

Aquí vemos lo que un comentarista llamó el «pináculo de alabanza» en este libro. Él dice que «es el destino, en la cima de la montaña, de una jornada que comenzó en el valle de la angustia».1

Quiero recordarte que esta jornada no es solo para Habacuc. Es una jornada que Dios quiere que yo experimente, es una jornada que Dios quiere que tú experimentes. Podemos comenzar en el valle de la angustia, Dios puede llevar nuestros corazones hacia arriba y hacia adelante a una tierra más alta, viviendo por fe en medio de este mundo caído y desesperado.

Luego tenemos una frase al final en el libro, y al leerlo una primera vez uno se pregunta por qué está esto aquí. Asumiendo que Dios lo puso ahí por una buena razón, uno se pregunta, «¿Es realmente importante?»

Pienso que muchas de nosotras seriamos tentadas a obviar esta frase, pero creo que es hermosa y digna de que le dediquemos toda una sesión.

La frase final – después que ha cantado esta canción, después que él ha hecho esta oración; luego que ha leído este Salmo – él dice, «Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda» (3:19). «Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda».

Es como si Habacuc, después de haber pasado esta increíble jornada -yendo de luchar con Dios hasta abrazar a Dios- su desesperación se convirtió en un canto de alabanza, su temor se convirtió en fe, él lo escribe o lo ora, y luego se da vuelta y entrega las letras de esta canción al líder del coro, al líder de alabanza, al líder de adoración, y le dice, «Aquí está Ponle música a esto. Y que sea acompañado, y quiero ser parte del acompañamiento».

«Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda». ¿Te das cuenta? Él comenzó con una queja en Habacuc capítulo 1: «¿Por qué Señor? ¿Hasta cuándo?»

Si estuviste con nosotras en la primera parte de la serie, recordarás que él estaba gimiendo. «No tiene sentido». Él estaba luchando con cosas demasiado grandes para que cualquiera de nosotras las entienda.

Lo que comenzó como una queja terminó como un cántico. Como una canción. Por cierto, no es la única vez que esto sucede en las Escrituras. Hay muchos ejemplos en los Salmos, pero uno que viene a mi mente es el Salmo 13.

Escucha cómo este salmo comienza, y luego escucha cómo termina. Comienza de la misma forma como comenzó el libro de Habacuc.

«¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?» Luego el Salmista describe las circunstancias que él está confrontando que lo hacen clamar en desesperación. «Señor, ¿hasta cuándo seguirá esto?»

Pero luego llegamos al versículo 5 del Salmo 13: «Mas yo en tu misericordia he confiado.» ¿Cuál es el punto del giro? Es la fe, ¿no es cierto? la que te lleva de la desesperación, la queja, el llanto a un himno de alabanza.

Es la fe. «Mas yo en tu misericordia he confiado». Esto se parece mucho a Habacuc. «Mi corazón se regocija en Tu salvación». El Salmista dice esto antes de ver el resultado, antes de que pudiera ver la salvación del Señor.

«Mi corazón se regocijará en tu salvación,» y luego el versículo 6, «Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes».

Ahora, seis versículos antes este hombre estaba diciendo, «¿Hasta cuándo oh Señor?» No puedo soportar esto. No puedo seguir adelante. Su auto-compasión, su lloriqueo, sus quejas se convirtieron en un festival de alabanzas.

¿Qué hizo la diferencia? «En tu misericordia he confiado». Una decisión. «Mi corazón se regocijará en Tu salvación,» y por lo tanto «cantaré al Señor».

Así que a Habacuc, después de haber pasado por este proceso…le tomó un poco más de seis versículos, pero ha caminado a través de este peregrinaje. Me alegro de que tengamos a Habacuc en la Biblia ya que da esperanza a las personas como yo, que nos tomamos más de seis versículos para ir de quejarnos a adorar.

Yo miro a Habacuc y digo, «Le tomó tres capítulos enteros, ¡y quien sabe que tan largo fue ese proceso! Sin embargo, llegó hasta allí. Él llegó a la meta».

Así que dice, «pongámosle música a esto». Pienso que hay unas cuantas razones por las cuales él quería ponerle música.

En primer lugar, él quería recordarlo. No te parece que cuando hay una melodía o una rima o algo que tú… Aun los niños pequeños aprendiéndose el abecedario, cuando se lo aprenden con una canción, con música, les ayuda a recordarlo, ¿no es cierto?

Creo que él quería poder recordar siempre lo que había aprendido, lo que había visto, lo que Dios le había mostrado. «Mi fuerza está en el Señor. Calladamente esperaré a que llegue el día del Señor, el día en que Dios cumpla Sus promesas».

Él quería recordar lo que había visto de la majestad, el poder, la gloria, la maravilla, el plan y los propósitos de Dios. Así que él dijo, «si tiene música, podré recordarlo con mayor facilidad».

Pienso que quería recordarlo, pero pienso que también él quería reproducirlo en otros. Él quería que los demás fueran capaces de recordar este mensaje. Él quería que los demás se beneficiaran de este peregrinaje en la cual él había estado. Él quería asegurarse de que no se les olvidara.

Los hijos de Israel estaban en un lugar muy bajo en su historia en este punto, y creo que él quería que se escribiera como un cántico para que ellos lo entonaran. Hoy, unos 2,600 años más tarde, estamos siendo bendecidas, desafiadas y alentadas en nuestra fe, porque Habacuc dijo «Denle esto al director del coro y que lo escriba como un canto».

Hay un poder increíble en el mensaje de una vida, algo con lo que has luchado y has experimentado en tu propio caminar con Dios. Yo creo que es la voluntad Dios que cuando conocemos Sus caminos, cuando aprendemos Su verdad, creo que primero Él quiere que cantemos la canción, que la vivamos nosotras mismas; no solo que se la contemos a otros, sino que la experimentemos nosotras mismas.

Así que primero es una canción que necesitamos cantar. No podemos estar diciéndole a los demás…Yo no puedo estar diciendo en la radio 260 veces al año que confíes en el Señor y que te regocijes en todas tus circunstancias, si yo misma no canto eso en mi vida.

Él quiere que tengamos nuestro propio mensaje de vida, que hagamos nuestro ese cántico. Y luego, cuando Él ya ha puesto un canto en nuestro corazón, que entonces le pongamos música para que otros lo puedan cantar.

No estoy hablando literalmente aquí. Quizás no seas una escritora de himnos o una escritora de canciones. Desde luego que yo no lo soy. Sin embargo, tu propio testimonio de la fidelidad de Dios en tu vida necesita ser compartido con los demás. En ese sentido le estás poniendo música para que otros puedan escuchar la canción y la canten, y puedan ser bendecidos por ella.

«Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores». (Salmo 34:3-4)

David dijo, «Yo he estado ahí. He estado desesperado. He estado en las profundidades de la desesperación, pero Dios me ha librado. Me rescató. Él se ha mostrado a mí. Me regocijo en el Señor, y ahora quiero que lo exaltes conmigo».

Le ponemos música a nuestro mensaje de vida, a nuestro testimonio, para que otros lo puedan cantar. Y quiero decirte, que esto no es solo para unos cuantos, aunque tu esfera de influencia sea pequeña. Los que están escuchando y cantando tu cántico puede que estén en las cuatro paredes de tu propia casa o en tu pequeña iglesia o en tu pequeño grupo de estudio Bíblico o en tu pequeño grupo de amigas.

Pero, ¿sabes qué? Mientras tú cantas el canto de la fidelidad de Dios y de Su gracia, y mientras los que están a tu alrededor se aprenden el coro y el estribillo y comienzan a cantar, ¿sabes qué pasa? Se propaga.

Y un día, esta es la meta: un día toda la tierra temerá ante la presencia del Señor y cantarán, «Grande es Tu fidelidad, Oh Señor». Toda la tierra cantará. Toda la tierra.

Tú dirás, «Bueno, yo estoy cantando mi pequeña parte. Pero nadie a mi alrededor está cantando este canto». Tú sigue adelante y de todas formas cántalo. Canta de la fidelidad de Dios. De nuevo, no estoy hablando de forma literal aquí, aunque no es una mala idea tampoco.

Estoy hablando de vivir tu mensaje de vida, tu mensaje de fe en la fidelidad de Dios, para que luego puedas ver como los demás a tu alrededor empiezan a contagiarse. Estoy pensando en una mujer específicamente que yo sé que hace muchos años no tenía un matrimonio que glorificaba a Dios.

Ella no estaba viviendo para la gloria de Dios como mujer. Ella vivía para su propia felicidad. Vivía para su propio placer. Y no estaba siendo el tipo de esposa que su esposo necesitaba, y él no estaba siendo el tipo de esposo que ella necesitaba.

Pero Dios, durante estos últimos años, puso un cántico en el corazón de esta mujer, un canto de fe, de obediencia, de sumisión al Señor y de vivir para Su gloria. ¿Sabes qué? Su esposo ha comenzado a cantar ese canto.

Ahora como pareja y como familia, lo están cantando en Su iglesia, la promesa de que Dios es fiel. Ellos son un testimonio de ello, y Dios está usando esta mujer para tocar, para alcanzar y bendecir las vidas de muchas otras mujeres con su historia de la fidelidad de Dios. Otros se han dando cuenta, y sigue y sigue y sigue hasta el día cuando todo el mundo cante para la gloria de Dios.

Así que cuando estés preocupada, canta. Cuando no sepas que hacer, canta. Yo hago esto, literalmente, gran parte del tiempo. No soy cantante. Si me has escuchado cantar te habrás dado cuenta; pero yo le canto al Señor.

Hay algo poderoso al cantar… literalmente: cantar. ¿Por qué Dios nos dice tantas veces que lo hagamos? Porque expresa fe. Yo comencé mi día esta mañana cantando un cántico al Señor del Salmo 18, con mi pequeño salterio que he estado usando, cantándole al Señor de Su fuerza, de Su grandeza, de Su bondad.

Pero no quiero solo cantar de forma literal. Quiero vivir una vida que sea una canción. «Para el director de coro, con mis instrumentos de cuerda,» dice Habacuc. Ponle música y que sea cantado para que las vidas de los demás puedan ser bendecidas, y para que los demás crean y reflejen la gloria de Dios.

La mayoría de ustedes probablemente ha oído esta historia, pero creo que vale la pena repetirla. Horacio Spafford fue un exitoso abogado y hombre de negocios en la ciudad de Chicago a mediados de los 1800s. Él y su esposa, Anna, eran íntimos amigos y contribuyentes importantes del evangelista D.L. Moody.

En 1870 el único hijo de los Spafford murió de fiebre escarlata a la edad de cuatro años. Un año más tarde, todas las propiedades inmobiliarias de los Spaffords, ubicadas a orillas del lago (si alguna vez has estado allí, sabrás que es una propiedad muy costosa) fueron destruidas por el gran incendio de Chicago.

Sufrieron dos grandes pérdidas; claro, una más grande que la otra, perder un hijo a la edad de cuatro años, y luego perder todos sus inmuebles.

En 1873, después de haber pasado todo esto, Horacio decidió llevar a su familia a Inglaterra para un descanso muy necesario. Estaban agotados por toda la experiencia, y Moody estaba en Gran Bretaña, conduciendo allí reuniones de evangelización en ese tiempo.

La familia planeaba irse a reunir con él allí y ayudar en el ministerio. Los Spaffords viajaron juntos a Nueva York desde Chicago, donde iban a bordo de un barco para cruzar el Atlántico.

Justo antes de zarpar, surgió un problema de negocios de último minuto que Horacio debía atender. En lugar de que toda la familia retrasara su viaje, él decidió enviar a su familia primero, como habían planeado, y él los seguiría después de atender su negocio.

Así que su esposa Anna y sus cuatro hijas se fueron en el barco, mientras que Horacio se fue hacia el Oeste, a Chicago, para resolver el problema. Nueve días después, Spafford recibió un telegrama de su esposa, quien estaba, para ese entonces, ya en Gales.

El telegrama simplemente decía, «Salvada sola». En el camino de Nueva York a Europa, el barco en el que estaba su esposa y sus hijas chocó con otro barco, y en 12 minutos el barco donde estaba su esposa y toda su familia se había hundido, y 226 personas habían perdido sus vidas.

Anna había estado en la cubierta del barco con sus hijas, Anna, Maggie y Bessie, mientras estas se aferraban desesperadamente a ella, y luego ella vio cómo fueron arrastradas hacia el mar.

Su último recuerdo fue de su bebé, una niña llamada Tinetta, de cómo esta era arrancada de sus brazos por las agitadas aguas. Anna, también, fue lanzada al mar y quedó inconsciente, pero se salvó porque una tabla flotaba debajo de su cuerpo y la sostuvo hasta que fue rescatada.

Cuando Horacio se enteró de esta horrible noticia, tomó el próximo barco desde Nueva York para reunirse con su esposa en Europa. En un punto del viaje, mientras estaban todavía en el Atlántico, el capitán llamó a Horacio al puente y le dijo, «Creo que este es el lugar donde se hundió el barco en el que iba tu familia».

Horacio regresó a su cabina en el barco y fue ahí donde escribió los versos de este himno que todas hemos cantado, y que desde entonces ha traído consuelo a tantos millones de creyentes durante muchos años:

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción,

Cualquiera que sea mi suerte, diré:

Estoy bien, tengo paz, gloria a Dios!

Estoy bien (estoy bien) gloria a Dios (gloria a Dios) Tengo paz en mi ser, gloria a Dios

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No amengua mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán

Y Su sangre obrará en mi favor

Oh cuánto me gozo en Su salvación

Fue pleno Su amor y perdón

Clavó mi pecar en la cruz lo olvidó

¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Hijo de Dios!

La fe tornaráse en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios

Ahora recuerda, que el hombre que escribió estas palabras, estaba en ese momento en un barco en el océano, justo en el lugar donde acababa de perder a sus cuatro hijas. ¿Qué estaba él pensando? Él estaba ejercitando su fe.

La fe. «El justo por su fe vivirá» (Habacuc 2:4). Él estaba enfocado en la obra redentora de Dios que hace que cualquier otro sufrimiento en la vida luzca sin importancia en comparación con la pérdida tan grande que Él tuvo.

Y luego, con los ojos de la fe, uniéndose a Habacuc y a Pedro, a Pablo, a Santiago y a Jesús, y a los santos a través de todos los siglos quienes se han unido a esta canción, él escribió al director de coro para que le pusiera música a las palabras de esta última estrofa:

La fe tornaráse en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios

Amigas, vendrá el día en que nuestra fe será vista. Sé que puede parecer un largo camino, pero la realidad es que no lo es. Así que, ¿qué haces hasta entonces? Haz lo que hizo Habacuc. Espera en silencio, e intencionalmente regocíjate.

Vive tu salmo, tu oración, tu cántico. Dáselo al director del coro. Dile «ponle música, para que yo lo pueda cantar, para que mi familia lo pueda cantar, para que otros lo puedan cantar». Y luego únete con las multitudes celestiales cantando, «¡Alabado sea el poder del nombre de Jesús!»

Vivimos para ese día cuando la fe será vista, la oración se convertirá en alabanza, toda lágrima será enjugada, y por siempre cantaremos y cantaremos y cantaremos en la presencia del Señor.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado invitando a cantar, no importa lo tristes que se vean las cosas en el momento. Ella regresa ahora para orar.

Bueno, hemos estado en toda una aventura con el profeta Habacuc, viendo su intenso cuestionamiento, sus dudas, su sorpresa por el plan de Dios, y finalmente, su canto.

En las diferentes etapas de tu vida, te encontrarás en varios puntos de este proceso.

Un grupo de mujeres ha estado escuchando la enseñanza de Nancy acerca de Habacuc. Pueden identificarse con las dudas y preguntas que marcan el comienzo del libro. Mañana escucharemos acerca de sus luchas y como Habacuc las ha moldeado.

Ahora, Nancy está de regreso para orar.

Nancy: Oh Señor, has puesto un nuevo cántico en mi corazón, ofreciendo alabanzas a nuestro Dios. Nosotras creemos que Tú eres nuestra salvación, nuestra fuerza y nuestra canción.

Aun a través de nuestras lágrimas, elegimos este día para cantar y decir, «estoy bien con mi Dios, está bien con mi alma,» porque Tú todavía estás en Tu trono. Tú eres bueno. Estás cumpliendo todos Tus propósitos eternos. Nada ni nadie en este planeta puede frustrar Tu plan, y nos regocijamos por la fe en ese día, cuando la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, así como las aguas cubren el mar.

Hasta ese día Señor, ayúdanos a cantar. Te lo pido en el Nombre de Jesús, amen.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 Walvoord/Zuck, Biblie Knowledge Commentary, Victor 1985, 1507

2 «It is well with my soul.» Horatio Spafford. «Estoy bien» traducción de Crystal Lewis.

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Sujecion Selectiva

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Ocho –

Sujecion Selectiva

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma