25/42 – Lee la Biblia: Miqueas

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

25/42 – Lee la Biblia: Miqueas

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Miqueas, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En este libro, Miqueas anuncia que la justicia de Dios vendrá para crear un nuevo futuro de amor y fidelidad al final del pecado y el exilio de Israel.

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Sumisión Bíblica – 2

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

2 – Sumisión Bíblica

Juan Manuel Vaz

¿Qué significa que el hombre es cabeza de familia? ¿Cuáles son sus funciones? ¿Qué características tiene un buen cabeza de familia?

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Jul 16 – Sembrando y cosechando

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 16 – Sembrando y cosechando

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/sembrando-y-cosechando/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Si siembras semillas de manzana vas a cosechar un árbol de manzanas. No vas a cosechar vainitas si siembras semillas de manzana. Ciertamente la cosecha se multiplica de acuerdo a lo que siembras; y siempre cosecharás lo mismo que sembraste. Esa es la ley de retribución divina.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss. La mayoría de nosotras vive lejos de las granjas donde se producen los alimentos, pero todas nos mantenemos sembrando y cosechando todo el tiempo. Nancy les va a explicar a medida que profundiza en el estudio del profeta Habacuc.

Si te perdiste la primera parte de esta serie, puedes escucharla visitando AvivaNuestrosCorazones.com . Esta serie se titula Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Dijimos al principio de esta serie que el libro de Habacuc contiene las semillas de las doctrinas bíblicas más importantes. Puedes ver pinceladas de las doctrinas de la salvación y de la fe. Hemos estado viendo algunas de esas doctrinas.

La doctrina a la que nos referiremos hoy (en el capítulo 2 de Habacuc) es a la de la depravación del hombre, la pecaminosidad absoluta del hombre apartado de Dios. Acabamos de terminar con la sección en la que Dios le dice a Habacuc «Los babilonios, los caldeos son orgullosos. Se han envanecido. No son honrados, pero si vas a hacer un hombre justo, en medio de la corrupción de hoy en día, deberás hacerlo por fe». (ver Habacuc 2:4).

Habacuc necesitaba darse cuenta de que-apartado de Dios- él no era más decente que los caldeos. Los caldeos era un pueblo malvado y Dios iba a usar a una nación malvada y sin escrúpulos -como vimos en el capítulo 1- para castigar al pueblo judío quienes, a su vez, se había descarriado y estaban en necesidad de arrepentimiento y avivamiento.

Por lo que Dios le había dicho a Habacuc: «Voy a traerles una nación malvada que va a convertirse en la primera potencia mundial y ellos van a conquistar Judea». En el capítulo 1, Dios le dio a Habacuc la descripción de los caldeos; de los babilonios.

Pero hoy -en el capítulo 2- encontramos una descripción más detallada del grado de maldad de los babilonios. De hecho, en el capítulo 2 encontramos -empezando en el versículo 5- una descripción vívida y detallada de cómo eran los caldeos.

Vamos a escudriñar esa descripción y vamos a ver qué nos tiene que decir acerca de nuestros propios corazones comenzando en Habacuc 2:5 . «Además, el vino traiciona al hombre arrogante, de modo que no se queda en casa…»

Permítanme detenerme ahí y decirles que los babilonios eran famosos por su adicción al vino. De hecho, seguro recuerdas lo que la Escritura registra de la última noche del Imperio Babilonio, años después, ellos estaban borrachos y en medio de una orgía. Dios envió una escritura en la pared y les dijo: «Sus días están contados. Su reino ha terminado» (ver Daniel 5). Ellos eran renombrados borrachones. Su lujuria por el alcohol era insaciable.

Pero eso era en realidad una simple ilustración de su insaciable lujuria por el poder, su insaciable lujuria y deseos de conquistar todas las naciones del mundo. Por lo que su ebriedad era solo un reflejo de la forma como habían vivido sus vidas; un reflejo de todo un sistema.

«El vino es un traidor». Nos dice Proverbios 20. «El vino es escarnecedor, la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio» (Proverbios 20:1).

Vemos hoy, en la vida de muchas personas, estos hábitos adictivos. Somos una cultura adictiva. También vemos mucha lujuria por el control, ese apetito de controlar y dominar la vida de otras personas. Por lo que -a medida que revisamos esta descripción- veremos que, de muchas maneras, nuestra cultura no dista mucho de la babilónica.

«El vino es traicionero, un hombre arrogante que nunca descansa». Su codicia -hablando de los babilonios- es tan amplia como el Seol (o infierno) y -al igual que la muerte- nunca se sacia. «Además, el vino traiciona al hombre arrogante, de modo que no se queda en casa. Porque ensancha su garganta como el Seol, y es como la muerte, que nunca se sacia; reúne para sí todas las naciones, y recoge para sí todos los pueblos» (Habacuc 2:5).

Lo que dicen las Escrituras es que los caldeos eran orgullosos -al igual que el hombre arrogante que nunca descansa- y eran además codiciosos. Como la muerte y el infierno nunca se sacian. Ellos querían enseñorearse de todo el mundo; ellos lo querían todo. Siempre querían más. Nunca estaban satisfechos. Eran agresivos; siempre tratando de alcanzar más y más.

«Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, pueblo feroz e impetuoso, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas» (Habacuc 1:6).

Ahora bien, en Habacuc 2:6 leemos: «No pronunciarán todos éstos» -hablando de aquellos que habían sido devastados por los caldeos- las naciones y la gente que habían engullido.

«No pronunciarán todos éstos contra él (contra Babilonia) una sátira, y burlas e intrigas contra él? Y dirán «Ay…»

Nota esa palabra. Si estás siguiéndonos con tu Biblia, podrías querer subrayarla o marcarla porque aparece varias veces en este capítulo. Vamos a ver en este capítulo cinco ‘ayes’. Un «ay» es un pronunciamiento de juicio divino en el Antiguo Testamento. Verás esa palabra -«Ay»- en los versos 6, 9, 12, 15 y 19.

Esos ‘ayes’ conforman cinco estrofas compuestas por tres versos cada una. Y estas cinco estrofas dicen esencialmente lo mismo: la certeza del juicio de Dios para los malvados. Al final van a cosechar lo que sembraron. Esto último es precisamente el punto a considerar en este capítulo. Lo que sea que siembres, eso es lo que cosecharás.

Veremos que en cada una de estas cinco estrofas, encontramos una conducta pecaminosa seguida de sus consecuencias. En cada caso la consecuencia o castigo va de la mano con el pecado cometido. La consecuencia está relacionada con el pecado. Vas a cosechar lo que siembras.

Si siembras semillas de manzana, vas a cosechar un árbol de manzanas. No vas a cosechar vainitas si siembras semillas de manzana. Ciertamente la cosecha se multiplica de acuerdo a lo que siembras; y siempre cosecharás lo mismo que sembraste. Es la ley de retribución divina.

Si siembras egoísmo, explotación, crueldad, injusticia, opresión o violencia, eso se volverá a ti. Vas a pagar. Y en este mundo parece como si -por un tiempo (o quizás mucho tiempo) – los malos prevalecen por encima de los justos.

Pero, a través de los ‘ayes’ descritos en este capítulo, se nos recuerda que los malvados van a recibir su merecido -ya sea que el malo sea tu vecino o tu marido o tu jefe, o tu misma. Todos vamos a cosechar lo que hemos sembrado.

Así que vamos a ver estos ‘ayes’. Los repasaremos rápidamente en el día de hoy. Veremos los primeros tres o cuatro y, luego, el final de este capítulo lo veremos en el próximo programa. Verso 6: «¡Ay del que aumenta lo que no es suyo (¿hasta cuándo?) Y se hace rico con préstamos!»

Ten en cuenta que estos ‘ayes’ han sido pronunciados a la nación de Babilonia en medio de su situación. Y habla de su codicia, el deseo de tener más y de las ganancias obtenidas por extorsión. Ellos aumentaban lo que no era suyo y se hacían ricos a base de préstamos.

Los babilonios conquistaban naciones y obligaban a la gente a pagar impuestos exorbitantes. Ellos confiscaban las tierras de las naciones conquistadas. Les concedían préstamos a los pobres para luego cobrarles tasas excesivas de intereses.

Dios le dice a esta gente: «Ay por vivir de esa manera. Han sembrado codicia y extorsión. Ahora van a cosechar lo que sembraron.» Verso 7: «¿No se levantarán de repente sus acreedores, y se despertarán sus cobradores? Ciertamente serás despojo para ellos.»

¿Quiénes son sus acreedores? ¿Quiénes son sus deudores? Las naciones que han conquistado y perjudicado. «¡Aquellos que cuando despierten te harán temblar! Entonces serás despojo para ellos.» La torta se va a virar.

Verso 8: «Porque tú has despojado a muchas naciones, todos los demás pueblos te despojarán a ti, por la sangre humana y la violencia hecha a la tierra, al pueblo y a todos sus habitantes.»

«¿Has despojado a otros? Te van a despojar a ti. Vas a cosechar lo que sembraste.

Mira el segundo «Ay» en el verso 9: «¡Ay del que obtiene ganancias ilícitas para su casa, para poner en alto su nido, para librarse de la mano de la calamidad!»

Ese es un retrato del orgullo babilonio. Ellos pensaron que podían construir ciudades fuertes que los hicieran invencibles. Pensaron que estaban fuera de peligro. Y lo hicieron con dinero mal habido producto de prácticas ilegales, poco éticas e inmorales. Y Dios dice: «¡Ay de aquellos que hagan esto!»

Pero y ¿dónde está la consecuencia? Verso 10: «Has maquinado cosa vergonzosa para tu casa…» Pensaste que obtendrías ganancias para tu casa, pero como fueron ilícitas es cosa vergonzosa. «Destruyendo a muchos pueblos, pecando contra ti mismo.» Pensaste que podrías salirte con la tuya y mantenerte lejos de toda calamidad. Pero, de hecho, has perdido tu vida al tratar de desligarte de la gente que has perjudicado.

«Ciertamente la piedra clamará desde el muro, y la viga contestará desde el armazón», Habacuc 2:11. Esta casa que has construido, con ganancias mal habidas, tiene como testigos -de tu crueldad, de tu injusticia y de tus tácticas opresivas- a sus piedras y a su armazón. Ellos clamarán contra ti. No te vas a salir con la tuya. Ese es el punto.

Mira el tercer ‘Ay’ en el verso 12, «¡Ay del que edifica una ciudad con sangre…» Has construido tu reino usando la violencia. «Ay del que funda un pueblo con violencia». Has construido tu reino con violencia y corrupción. Esa es la forma en la que has construido tu imperio.

Verso 13: «¿No viene del Señor de los ejércitos que los pueblos trabajen para el fuego y las naciones se fatiguen en vano?» En otras palabras, «todos tus esfuerzos para construir pueblos y para fundar ciudades fueron posibles gracias al derramamiento de sangre, la violencia y la corrupción». Es fútil. Todo se va a perder. Todo se volverá nada. ¿Este enorme y gran imperio que has construido? Va a ser sepultado. Va a quedar reducido a nada.

Voy a saltar el verso 14 por el momento. Quiero volver a él (en el próximo programa) porque quiero analizarlo con detenimiento, pero sigamos viendo estos ‘ayes’.

En el verso 15 tenemos el cuarto ‘Ay’: «¡Ay del que da de beber a su prójimo! ¡Ay de ti que mezclas tu veneno hasta embriagarlo, para contemplar su desnudez!»

Verso 16: «Serás saciado de deshonra más que de gloria. Bebe tú también y muestra tu desnudez…» ¿Has avergonzado a otros? ¿Has inducido a otros a beber? ¿A desnudarse? ¿Los has expuesto? Bebe tú también y enseña que no estás circuncidado!»

Tienes esta gran fachada. Tu fachada va a quedar al descubierto y la gente va a ver los secretos que tienes escondidos. Ellos te van a ver tal cual eres en verdad. Tú has avergonzado a otros; tú serás avergonzado.

«Se volverá contra ti el cáliz de la diestra del Señor, y la ignominia sobre tu gloria». Ahora ves que la palabra gloria se repite dos veces en el verso 16. «Vas a tener vergüenza en lugar de gloria. Tu gloria va a ser sustituida por una vergüenza absoluta.»

Los babilonios pensaban que su imperio era glorioso -la era gloriosa, la época dorada del imperio. Y lo estaban construyendo para su propia gloria.

Amigas, déjenme decirles que «nosotras construimos para la gloria de Dios o para nosotras mismas y nuestra propia gloria. Todo lo que construyas para tu gloria -aunque sea la forma en la que estás criando a tus hijos porque lo que buscas es que te hagan lucir bien – si yo construyo este ministerio para glorificarme, nuestra gloria se convierte en vergüenza».

Lo que sea que hagamos que no sea para la gloria de Dios va a terminar en vergüenza. Y vemos esa ilustración al leer: «indujiste a tus vecinos a beber para mirar su desnudez». Una ilustración de odio y de pasión desbordada. «Aquellos que explotan, avergüenzan, ridiculizan y le sacan ventaja a su prójimo, van a ser avergonzados».

Lo volvemos a ver en el verso 17. Es parte de la misma consecuencia.

«Porque la violencia contra el Líbano te cubrirá, y el exterminio de las fieras te aterrará, a causa del derramamiento de sangre humana y la violencia hecha a la tierra, a la ciudad y a todos los que habitan en ella».

Entonces, ¿qué enseñanza podemos obtener de estos cuatro ‘ayes’? Es la ley de la siembra y la cosecha. Cosecharás lo que siembras. Lo que le hagas al otro volverá hacia ti. Y vemos este tema a lo largo de las Escrituras. Ves lo que le sucede a las naciones a medida que leemos el libro de Habacuc.

Esto es hablando de los babilonios. Su imperio era cruel, despiadado, explotador, injusto y opresivo. Y Dios dice: «Como nación vas a cosechar lo que has sembrado».

La reiteración de este punto la vemos (en el capítulo 9 de los Salmos) donde dice: «Las naciones se han hundido en el foso que hicieron, en la red que escondieron, quedó prendido su pie» (Salmos 9:15).

Cualquier nación que oprima a otras naciones, va a recoger lo sembrado. Va a cosechar lo que ha sembrado. Esto le sucederá a las naciones.

Pero también es cierto de individuos, no solamente naciones, sino también individuos. El Salmo 7:15, dice: «Ha cavado una fosa y la ha ahondado, y ha caído en el hoyo que hizo.» El hombre malo cava una fosa y la ahonda. ¿Qué es lo que trata de hacer? Cava un hoyo con la esperanza de que su vecino caiga dentro. En Salmos 7:16 vemos: «Su iniquidad volverá sobre su cabeza, y su violencia descenderá sobre su coronilla».

A medida que hemos venido leyendo sobre estos ‘ayes’ en Habacuc capitulo 2, hemos visto que son aflicciones corporativas; son aflicciones nacionales sobre la nación de Babilonia. Pero me ha resultado interesante ver, en la medida que he venido estudiando el pasaje, que también es un texto individualizado.

Te has percatado de que cada vez que dice «Ay», dice «Ay de él». No dice «Ay de ellos», dice «Ay de él». Creo que se está refiriendo a Babilonia en ese punto, pero hay también un sentido personal. Hay aflicción para aquella persona que peca contra otros de esta forma.

A medida que estudias las ofensas enumeradas aquí y ves la depravación del Imperio Babilónico y de sus gobernadores, notas que todos son pecados relacionales. Son pecados que han cometido en contra de otras personas.

Son injustos. Son crueles. Son vengativos. Están avergonzando a otros. Están apoderándose de cosas que no les pertenecen. Están robando. Hay corrupción. Estos primeros cuatro ‘ayes’ se refieren a pecados cometidos en contra de otras personas.

¿Será que Dios, cuando ve nuestras vidas, nota algunas de esas prácticas y actitudes? La mayoría de nosotras – al leer el capítulo 2 de Habacuc por primera vez- le pasamos por encima a estos ‘ayes’ y a todos estos pecados atroces pensando que «somos cristianas comprometidas que no nos identificamos con las cosas escritas en esa lista».

He meditado en las cosas listadas en este texto y lo hemos repasado juntas rápidamente. Ahora quiero retarlas a que lo vean por ustedes mismas. Profundiza en ese estudio y medita en esas cosas que están en la lista. A medida que las he repasado me he percatado de que esos pecados los he visto en mi propia vida, en mis relaciones con otras personas. Quizás puedas identificar algunos en tu vida también.

Mira estos pecados. Son pecados que podrían estar relacionados a la codicia:

  • Prácticas no éticas en los negocios
  • Sacar provecho de vendedores y/o clientes
  • Encarecer los productos más de la cuenta
  • Engañar
  • Robar
  • Obtener ganancias ventajosas a expensas de otros

¿Qué tal ir al parque de diversiones y hacer pasar a tus hijos como de menor edad para que te den las entradas más baratas?

Y luego vemos pecados de violencia en este capítulo. Vemos pecados de violencia hacia otros, abuso físico y/o verbal.

  • ¿Has disciplinado a tus hijos llena de ira?
  • ¿Le has hablado a tus hijos usando palabras crueles?

Tan pronto lo dices, piensas: «No puedo creer que le di esa paliza a mi hijo». Violencia. Cólera. Dios dice: «Lo que siembres, cosecharás».

Despojar a otros de su dignidad; ponerlos en evidencia; ponerlos en ridículo; revelar sus secretos.

– Lo hacemos con nuestras lenguas

  • Difamar
  • Chismear

El impulso de controlarlo todo es violencia.

  • El impulso de controlar a tu pareja
  • El controlar a tus hijos
  • El controlar a tu iglesia
  • El controlar a las personas en tu trabajo

Es violencia. Y Dios dice: «Cosecharás lo que has sembrado.»

Supongo que la lista la encabeza la arrogancia y el orgullo. O sea, ¿no es este el meollo del asunto?

  • Hundir a otros para destacarte, hacerte ver mejor
  • Ser insensible ante las necesidades de los demás

¿Puedes ver algunas de estas cosas en tu corazón?

  • No somos bondadosas.
  • Somos crueles y agudas con nuestras lenguas

La forma en la que tratas a tus hijos, tus alumnos, clientes, amigos, suegros.

Luego están los asuntos relacionales: nuestra manera de relacionarnos con los demás: ya sea en la iglesia, el cuerpo de Cristo, la forma en la que te expresas de tu pastor, la forma en la que hablas sobre las cosas que ocurren en tu iglesia, la forma autoritaria con la que tratas a los demás. ¿Es violenta?

Podrás decir, «Bueno, pero no he sacado una pistola y le apuntado a nadie». Hacemos peor que eso con nuestras lenguas, ¿o no? ¿O no? Sí, si lo hacemos. Y Dios dice: «Vas a cosechar lo que sembraste. No vas a ser la excepción.» Y yo tampoco soy la excepción.

Los babilonios no fueron la excepción. Los judíos no fueron la excepción. Y tú no eres la excepción. Vamos a cosechar lo que sembremos. Ese es el motivo por el que Dios dice en los evangelios, «todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos…» (Mateo 7:12)

¿Qué tal si Dios nos tratara de la forma en la que hemos tratado a otros? ¿Quién podría quedar bien parada? ¿Quién podría sobrevivir?

De manera que según lo que vemos en estos pasajes, Dios juzgará. Pero no es solamente que Dios dice: «Ok, te voy a juzgar.» Dios dice: «Has sembrado semillas y estas van a producir una cosecha. Lo que siembres es lo que vas a cosechar.»

El pueblo de Dios era culpable, de hecho, de los mismos pecados que condenaron a los babilonios. Puedes ir al Antiguo Testamento y encontrar pasajes con los pecados que eran comunes a los judíos en esa era, y son los mismos cometidos por los babilonios en este pasaje. Por eso fueron castigados los judíos. Su orgullo fue tan ofensivo para Dios como el de los babilonios.

Amigas, y es tan fácil señalar a otros en nuestra cultura, señalar la industria del entretenimiento, la educación y el gobierno secular, y los jueces impíos. Y todas esas cosas abundan. Pero creo que una de las cosas que se necesita en nuestros días es que la iglesia, que nosotras como creyentes, podamos decir: «Dios, muéstranos dónde estamos pecando de esa manera. Muéstranos nuestro orgullo, nuestra codicia, nuestra violencia, y nuestra arrogancia».

Y luego, que clamemos a Dios por misericordia. Señor perdónanos. Dios no quiere juzgarnos. Dios no quiere castigarnos. Él lo hará si tiene que hacerlo, pero Dios se deleita en mostrarnos su misericordia.

Y por eso clamamos, «Señor, no es mi hermano. No es mi hermana. Soy yo, oh Señor, en necesidad de oración. Soy culpable. He cometido estos pecados. Dios por favor perdona. Por favor ten misericordia.» ¿Y sabes qué? Él lo hará. Él la tendrá.

Esos ‘ayes’, esas maldiciones, esos juicios, esos castigos pueden de hecho tornarse en bendiciones de Dios. Dios los sustituirá por bendición. Nosotras pretendemos sembrar semillas de violencia, arrogancia y codicia y luego orar para que la cosecha fracase. Quisiéramos que no se produzca.

Pero Dios dice: «No, la cosecha vendrá, pero por Mi misericordia y Mi gracia puedo darles toda una nueva cosecha. Si te arrepientes, te quebrantas y si eres honesta al reconocer tus pecados, puedo y voy a perdonarte. Dios es abundante en misericordia. Él perdonará generosamente a aquellos que se vuelvan a Él.

Carmen: Espero que ores con Nancy Leigh DeMoss cuando ella regrese. ¿Estás sembrando semillas positivas con tus acciones el día de hoy? Nancy nos ha estado recordando lo importante que son nuestras acciones. Éstas tienen un efecto enorme en el futuro.

Nancy Leigh DeMoss: Déjame pedirte que tomes un momento y dejes que Dios escudriñe tu corazón. Si Él te ha señalado cualquier cosa en tu vida, que pudo haber estado en esta lista, pecados relacionados con la codicia, orgullo, violencia o arrogancia. La forma en la que has maltratado a alguien con tu lengua, con tu espíritu… quizás algún miembro de tu familia, una amiga, una colega, otro miembro de tu iglesia.

No acuses a la otra persona. Deja que Dios te lo señale en tu corazón y ponte de acuerdo con Dios. «Señor, soy yo. No son los babilonios solamente. Yo merezco el juicio por mis pecados». Confiésalo. Lo que sea que Dios te esté mostrando. Arrepiéntete. Toma otro camino. Y luego recuerda que los justos vivirán por su fe.

No escapamos al juicio de Dios haciendo un esfuerzo por ser mejores. Nos libramos de la ira y de los ‘ayes’ y del juicio de Dios cuando vamos por fe a los pies de Cristo y pedimos misericordia.

Señor, ten misericordia de nosotros, tu pueblo, porque hemos pecado. Necesitamos desesperadamente tu misericordia. Restaura, renueva y avívanos en el nombre de Jesús, Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Jul 15 – Viviendo por fe

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 15 – Viviendo por fe

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/viviendo-por-fe/

Carmen Espaillat: Somos salvos por fe, pero la fe no termina ahí. Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No es que Dios me salva y luego tengo que luchar y esforzarme para vivir la vida cristiana. Yo vivo esta vida por fe en Cristo y solamente en Cristo.

Carmen: Estás escuchando es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. En un mundo de sonrisas fingidas es importante ser realistas y honestas acerca del dolor, la decepción y los cuestionamientos; pero no es saludable el aferrarnos a ese dolor, a esa decepción y a esas preguntas.

El profeta Habacuc pasó por un tiempo de dudas y cuestionamientos, pero no se estancó ahí. Aquí está Nancy con la continuación de la serie Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Hemos llegado al verso decisivo de nuestro estudio de Habacuc. Creo que este es el eje de todo este mensaje, el punto decisivo por así decir, del mensaje. Este es el punto de transformación en la vida de Habacuc.

El concepto que hemos estado viendo en Habacuc 2:4, es lo que ha llevado a Habacuc a cambiar su lucha por adoración. Lo lleva del suspiro al canto. Lo lleva del temor a la fe.

Estamos viendo Habacuc 2:4. Hemos encontrado dos clases de personas al revisar este pasaje. Las Escrituras dicen «He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta.»

Ese es un tipo de persona. Ahora bien, en el contexto inmediato, Dios habla de los babilonios o caldeos. Ellos eran arrogantes. Son orgullosos. No son rectos. No son justos.

Pero en una aplicación más amplia del mismo pasaje, Dios nos está diciendo «hay mucha gente en el mundo que es así». Son autosuficientes e independientes y no creen necesitar a Dios. Ellos dependen de sí mismos. Sus almas están envanecidas.

Son arrogantes; son orgullosos y no son justos. No son rectos. Puede que hagan buenas obras, pero no tienen un corazón justo. No son rectos en su interior.

Luego, la segunda parte del versículo, nos habla del segundo tipo de persona, «mas el justo por su fe vivirá». Hay personas justas e injustas; personas que viven por fe y personas envanecidas y arrogantes. Son orgullosas y solo dependen de sí mismas.

Siendo realistas, esos son los dos tipos de personas que hay en el mundo. Ahora, en la última sesión, mencioné que los rectos viven por fe basándonos en dos conceptos. Nos enfocamos en el primero en el programa anterior.

«Los rectos vivirán por fe», queriendo decir que somos justificadas por fe. Somos salvas por fe. Nada tengo que ofrecer; simplemente, me aferro a la cruz.

No hay nada que podamos hacer para merecer la salvación de Dios. No podemos ser justas por nuestros propios méritos. Todo, todo, todo, todo es por nuestra fe en Jesucristo. Somos justificadas por fe.

Pero hay un segundo concepto en el que los rectos vivirán por fe, y es que somos santificadas por fe. Vivimos por fe. Una vez somos justificadas -desde ese momento y hasta que lleguemos al cielo- continuamos nuestro caminar por fe.

Esta mañana estuve leyendo -durante mi tiempo de quietud- el libro de Hebreos y me vi leyendo acerca de este tema de la fe en los capítulos 10, 11 y 12.

En medio del capítulo 10 de Hebreos, tenemos una invitación para que nos acerquemos al trono, al lugar santísimo de Dios. A que nos acercamos por fe en la sangre de Jesucristo.

Así es como llegamos a conocer a Dios, a través de la fe. En Hebreos 10 se habla de nuestra justificación, pero -a medida que avanzamos- leemos de cómo vivimos por fe. No es solo que la fe nos lleva a la salvación.

Es la fe la que nos mantiene a salvo, es la fe la que nos ayuda a vivir como personas salvas. «Los justos por su fe vivirán». Es a través de la fe que tenemos el poder de vivir la vida cristiana.

Pablo lo dice de esta manera en Gálatas, capítulo 2:20 «Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí».

No es que Dios me salva y luego tengo que luchar y esforzarme para vivir la vida cristiana. Yo vivo por la fe en Cristo y en Cristo solamente. Cuando digo esto pienso en aquellas de nosotras quienes hemos sido influenciadas por la reforma protestante; tenemos este concepto claro de que somos justificadas por fe.

Pero también pienso que muchas de nosotras vivimos la vida cristiana como si pudiésemos obtener la energía y el esfuerzo (por nosotras mismas) para poder vivirla. Es por eso que vemos a tantas cristianas frustradas tratando de vivir una vida que no pueden vivir.

Pablo lo dijo de esa manera en Gálatas 3:2 «Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?

Dirás, «claro que sí, Pablo. No hemos sido salvas por las obras de la ley. Eso lo sabemos.» Y él dice, «Entonces, tú fuiste salva por fe, por tu fe en Cristo.»

Luego continúa diciendo en Gálatas 3:3, «¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vas a terminar ahora por la carne? En otras palabras: habiendo sido justificadas por fe, ¿ahora piensan que pueden perfeccionarse en la carne?

Si recibiste a Jesucristo por fe, entonces vas a caminar en Él por fe. Los rectos vivirán y seguirán viviendo por fe. Y eso se aplica a todas las áreas de la vida cristiana.

En los días de Habacuc, Dios le dijo «Vas a enfrentar persecución. Va a haber castigo, va a haber sufrimiento y tú vas a necesitar fe para poder lidiar con la invasión de babilonios que se avecina.»

¿Cómo vas a vivir en tiempos de crisis? Por fe. «Los justos por su fe vivirán.» Hasta este momento tan decisivo, en el libro de Habacuc, Habacuc se ha estado volviendo loco tratando de dilucidar y entender lo que Dios ha estado haciendo. Él ha estado luchando cuerpo a cuerpo con asuntos insondables: la providencia de Dios, Su soberanía y Sus planes.

No lo puede entender y Dios dice «Vive por fe.» Y desde ese momento en adelante, Habacuc descansa sus argumentos, su mente, su corazón, su vida y su futuro en la fe; fe en que Dios sabe lo que hace.

Dios va a hacer todas las cosas correctamente y lo que Dios hace es bueno. Esto no es solo para Habacuc y la gente que está enfrentándose a los babilonios. No son los únicos que tienen que vivir por fe. Nosotras tenemos que vivir por fe cuando nos veamos abrumadas por aflicciones, adversidades, sufrimientos y retos.

Nosotras necesitamos tener fe. Ya les había mencionado, hace unos programas atrás, lo que dice Hebreos 10, pero lo voy a retomar porque pienso que se aplica aquí.

El autor de Hebreos le está hablando a los creyentes del Nuevo Testamento quienes estaban siendo perseguidos por su fe. Ellos habían sido justificados por fe y, luego, expulsados y perseguidos.

El autor les dice en Hebreos 10:34, «Porque tuvisteis compasión de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, como hicieron eso, como lograron ellos hacerlo gozosamente.

Él dice en Hebreos capitulo 10:34b, «sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión». Tú has ejercitado la fe. Has mirado hacia el futuro y sabes que esto no lo es todo.

Dios nos tiene reservado mucho más. ¡Dios nos tiene el cielo! Tenemos posesiones eternas en el cielo. Tenemos una ciudad que no ha sido hecha por manos; por lo que podemos vivir por fe y hasta disfrutar el que nos despojen de nuestras posesiones aquí en la tierra.

Él está construyendo mansiones para nosotras allá arriba, por lo que lo que sea que pierda aquí abajo es nada comparado con lo que Dios nos tiene preparado. Por lo que el autor dice «Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa». (Hebreos 10:35)

Aférrate a la fe, «porque tenéis necesidad de paciencia» (Hebreos 10:36). Mientras revisaba Hebreos 10, 11 y 12, me percaté de que la palabra «perseverancia» aparece una y otra vez. Necesitas resistencia. Necesitas que tu fe sea probada para que, cuando hagas la voluntad de Dios, puedas recibir lo que se te ha prometido.

«Porque dentro de muy poco» (es una cita de Habacuc que encontramos en Hebreos 10, versos 37-38) «Porque dentro de muy poco tiempo, el que ha de venir vendrá y no tardará, (37) Mas mi justo vivirá por la fe…» (38)

Vivimos por fe en que Cristo vendrá, en que Él va a enderezar todo lo mal hecho, en que Él va a terminar la historia. Tenemos algo mejor esperándonos. Podemos resistir el aquí y el ahora porque vemos el final del camino con los ojos de la fe.

Luego continúa, volviendo a Hebreos 10:38, «Mas mi justo vivirá por la fe, y si retrocede, mi alma no se complacerá en él.»

Dios dice que hay dos tipos de personas: aquellas que caminan confiadas en su fe, su fe en Dios, no en ellas mismas; fe en las promesas de Dios; fe en Cristo; y aquellas que retroceden cuando llega el tiempo de la prueba. Ellas retroceden. Ellas no perseveran porque no tienen fe.

El autor dice en Hebreos 10:39, «Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma».

La fidelidad y perseverancia en tiempos difíciles y de prueba es fruto de la fe. Es el fruto de vivir por fe y descansar en la fidelidad y las promesas de Dios.

Por lo que aquellos que han sido honrados y justificados por su fe en Cristo, no retrocederán en los tiempos de prueba. No van a separarse de Cristo.

Y, por cierto, esa es la evidencia de que tienes una fe genuina. Cuando llega el tiempo de la prueba, tú sigues avanzando con fe. Tú perseveras. La misma fe que Dios puso en ti y que te llevó a la salvación, es la misma fe que se queda contigo cuando vienen los tiempos de prueba y adversidad en tu vida de cristiana. Eso es lo que te ayuda a resistir.

Por lo que el autor de Hebreos continúa en el capítulo 11, -vamos a seguir hablando del tema de la fe. ¿Cómo funciona? ¿Cómo luce? ¿A qué se parece? ¿Cómo se desarrolla? La fe puede convertirse en un concepto nebuloso. ¿Qué es la fe? Vamos a ver a qué se parece:

Él empieza diciendo, capítulo 11, verso 1 «Ahora bien, la fe es la certeza de lo que nos espera, la convicción de lo que no se ve.» Si lo puedes ver, ya no es fe.

Dice que hay algo que Dios nos da. Dios nos da la fe para creer en que Sus promesas son ciertas y en que Cristo regresará; en que Dios va a llevar a cabo su plan y sus propósitos para este mundo. La fe nos da la garantía y la convicción de lo que no se ve.

A lo largo del capítulo 11 de Hebreos, tenemos a los héroes de la fe. Todos estos hombres y mujeres que -en aquellos tiempos y por su fe- agradaron a Dios. Sin fe no puedes agradar a Dios. Encontramos en este capítulo una veintena de veces las palabras «por fe… por fe… por fe… por su fe hicieron esto… por su fe hicieron aquello… por su fe fueron allá… por su fe Sarah tuvo un bebé a los 90 años de edad».

Podrás decir, «No creo que quiera esa clase de fe o esa cantidad de fe». Por fe ellos hicieron lo imposible. Por fe ellos superaron la adversidad. Por fe.

¿Sabes lo que es cierto de estos hombres y mujeres de fe? Ellos vivieron sus vidas como si la Palabra de Dios fuese verdaderamente cierta. No lo sabían solo en sus cabezas. Ellos depositaron y descansaron sus vidas en la fe.

Ellos dieron pasos confiados en que lo que Dios decía era verdad, aun cuando todo pareciera lo contrario. Ellos estuvieron dispuestos a verse como necios ante los ojos de los hombres. Piensa en Noé quien construyó el arca en un sitio donde nunca había llovido. Por fe.

Por lo que si Dios te pide que hagas algo sin sentido -y todos a tu alrededor piensan que estás loca- hazlo por fe. Por fe ellos estuvieron dispuestos a ser rechazados; ellos estuvieron dispuestos a hacer lo imposible.

Los hemos puesto a todos ellos en un gran pedestal: a Noé, Moisés y Abraham. » ¡Bárbaros, esos sí fueron grandes héroes de la fe!»

No creo que ese sea el punto. Pienso que el punto es que estos hombres y mujeres fueron ordinarios, vacilantes, débiles y frágiles como nosotras. Lo que hizo posible que lograran estas hazañas tan extraordinarias fue la fe que tuvieron en un gran Dios.

Por lo que estamos supuestas a aplicar lo que hemos leído. En la vida cristiana hacemos todo por fe, fe y solamente por fe. «Los justos por fu fe vivirán.» Fe en Dios, en las promesas de Dios, en la presencia de Dios, en Su protección, en Su provisión y en Su poder. El requisito para agradar a Dios en todas las áreas de tu vida es tener fe.

Lo que no es de fe, es pecado. Sin fe es imposible agradar a Dios. No puedes vivir la vida cristiana. Cada área de tu vida – para tus finanzas, necesitas fe; para dejarte guiar por el camino de Dios, necesitas fe; para hacer los sacrificios que Dios quiere que hagas, necesitas fe; fe cuando pierdes tu dinero.

Cuando el mercado se desploma, ¿dónde está tu fe? ¿Sientes que te hundes? ¿Te abrumas si pierdes tu trabajo? «¡Cómo voy a vivir!» Escucha. Dios alimentó a su siervo Elías haciendo que cuervos le llevaran comida.

Y entonces, cuando el arroyo se secó en tiempo de hambruna, Dios le envió a Elías una candidata inverosímil para que le llevara provisión: una viuda sin un centavo. Dios utilizó un cuervo, el arroyo y la viuda para cubrir las necesidades de Su siervo.

Dios puede cubrir tus necesidades de la forma que Él escoja. En el área de tus finanzas y provisión, camina por fe. Fe en relación a tu familia, ¿cuántos niños quiere Dios que tengas?

Oigo a personas decir «¡No podemos tener más hijos! ¡No los podemos mantener!» Entonces debo pensar en ¡cuán grande es Dios! Si Dios quiere que tengas más hijos, ¿no piensas que Dios puede proveer para esos hijos?

¿Qué pasa si quieres hijos, pero no puedes tenerlos? Se requiere de fe para abrazar el plan de Dios para tu vida.

Esta semana le envié un correo a una amiga. Ella y su marido no han podido tener hijos. Ellos lo querían desesperadamente. Ellos han tenido que aprender a tener fe en el tiempo de Dios.

Bueno, ahora están en proceso de adopción. ¡Ellos quieren adoptar y se toma tanto tiempo! Les escribí y les pregunté «¿Cómo les está yendo con el proceso de adopción?»

Ella me respondió con un «estamos en tiempo de espera». Yo he escuchado acerca de la espera en el libro de Habacuc. Me dijo «hemos estado en la lista por meses y, ahora, tenemos que esperar a que una madre nos escoja. Estamos confiando en el tiempo perfecto de Dios para formar nuestra familia.»

«Los justos por su fe vivirán.» Puedes estar gozosa durante el proceso de espera si caminas por fe. Necesitas fe para tu futuro. A medida que envejecemos, necesitamos fe.

Pensamos en que no podremos hacer lo que, en otros tiempos, podíamos hacer. Sé de mujeres de mediana edad que viven con el temor de no tener provisión. ¿Qué hacen si les falla su salud? ¿Qué pasa si se quedan solas?

¿Cómo enfrentar el futuro confiadas y con gozo? Caminando por fe. A medida que tomas decisiones en tu vida – ¿Tomo este trabajo? ¿Nos mudamos para tal sitio? ¿Me caso con esta persona?

Ayer hablaba con una persona y me preguntaba «cuando oras, ¿cómo te guía Dios?» Y le dije: «Cuando oro para tomar una decisión u otra, no necesariamente voy a abrir la Biblia y a encontrar el próximo tema que debo enseñar o de si debería contratar a tal o cual persona».

Yo oro y digo, «Señor, dirige mis pasos. Guíame». Y, luego, confío en que Dios me está dando la sabiduría que le he pedido que me conceda. «Los justos por su fe vivirán».

• Necesitamos fe para salir victoriosas de una tentación, para salir victoriosas de los hábitos pecaminosos que podamos tener en nuestras vidas. Se requiere de fe, no solo luchar y esforzarnos, y decir «Voy a ser una buena cristiana aunque me muera.» ¡Podría matarnos! Sino para vivir por fe en el poder de Cristo y el Espíritu Santo que mora en nosotras.

• Necesitas fe para poder amar a esa persona en tu vida, a ese familiar nada fácil de amar.

• Necesitas fe para perdonar la ofensa imperdonable que alguien te hizo.

• Necesitas fe para someterte a las autoridades cuando tomen una decisión que sabes que es equivocada. Necesitas fe.

• Necesitas fe para obedecer a Dios.

• Necesitamos fe cuando nos vemos cara a cara con la muerte.

En 2 de Corintios 5, el apóstol Pablo habla del tiempo en el que no estaremos en este cuerpo, el tiempo en que dejaremos este tabernáculo y nos vayamos al cielo.

Bueno, dirás «es algo maravilloso lo que nos espera», pero encuentro a muchas personas -que cuando llega el momento- empiezan a tener miedo. Pablo dice, «No, debemos mantener siempre el valor, aunque estemos frente a la muerte, porque caminamos por fe y no por vista».

Yo necesito fe en cada aspecto de este ministerio, fe en la provisión de Dios para con las finanzas, fe para seguir enseñando con el discernimiento del Espíritu Santo, fe en que voy a saber qué hacer la próxima vez. Camino por fe. Si caminara por vista, estaría limitada por mis propios recursos, mi propio entendimiento, y Dios dice «Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos y Él enderezará tus sendas». (Proverbios 3:5-6)

La semana pasada recibí un correo enternecedor de una amiga que tiene varios años pasando por una situación muy difícil en su matrimonio.

Su marido cometió una ofensa grave. Ha habido mucha necesidad de perdón. Ha habido distintos niveles de aparente arrepentimiento. Ha habido mucho crecimiento y ha habido muchos cambios.

Pero él todavía no es la misma persona a quien ella conoció hace todos esos años atrás. A pesar de que ya no está llevando aquel estilo de vida pecaminoso, ella dice que las cosas aún siguen siendo duras.

Aquí, lo que me escribió:

«¡Cómo oro para que mi marido vuelva a tener un corazón apasionado! Me duele tanto verlo en esa condición. He tenido que suplicarle a Dios que me de el amor y la gracia para soportar esto con el pasar del tiempo.

Dios me hizo recordar estos versículos, que me había mostrado meses atrás, y ahora me están animando de nuevo.

Y luego ella citó cuando en 2 de Corintios 1, Pablo dijo: «Estuvimos bajo una gran presión, más de la que podíamos aguantar, por lo que hasta nos desesperamos con la vida misma. De hecho, sentimos la sentencia de muerte en nuestros corazones. Pero esto pasó para que no nos apoyáramos en nosotros mismos, pero en Dios quien resucita los muertos.» (2 de Corintios 1: 8-9 parafraseado) Pablo dice que eso pasó para que aprendieran a caminar por fe, para que confiaran en Dios. «El cual nos libró de tan gran peligro de muerte y (aquí habla de su fe) nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que Él aún nos ha de librar. (Verso 10)

Ella citó esos versos y luego dijo: «Voy a continuar depositando mi esperanza en el Cordero y creer que Él va a seguir librándome y dándome gozo en Él. Si mi esposo nunca cambia, si mis circunstancias nunca cambian, yo esperaré en Dios».

«Los justos por su fe vivirán.»

¿Qué áreas de tu vida requieren que camines por fe? ¿Las resientes? ¿Las resistes? ¿Les sales corriendo o las abrazas? Sin fe es imposible agradar a Dios.

Por lo que -desde el instante en que en el libro de Habacuc vemos que Dios dice «Los justos por su fe vivirán»- notamos que Habacuc no hace más preguntas.

Dijimos hace unos programas atrás que no está mal el hacer preguntas desde un corazón que se examina, pero algo hizo que Habacuc cambiara y se diera cuenta de que ni ahora ni nunca entendería por completo los caminos de Dios. ¡Y eso está bien!

Si pudiésemos ver el resultado, si pudiésemos entender los propósitos de Dios, ¡no sería fe! «Los justos por su fe vivirán». Habacuc se da cuenta que -lo pueda ver o no-Dios está obrando. En Su tiempo, la visión se cumplirá de un todo. El plan de Dios y el propósito del que Dios habla, se va a cumplir en su totalidad.

Todo va a estar bien y, mientras tanto, ¿qué hacemos? Caminamos por fe. «Los justos por su fe vivirán.»

Carmen: Nancy Leigh DeMoss va a regresar para orar con nosotras. Ella nos ha estado proveyendo perspectivas importantes relacionadas con la fe. No es solo para salvación, sino necesaria todos los días de nuestras vidas.

Crece en tu fe estudiando la Palabra de Dios con Nancy. Ella ha estado exponiendo una serie llamada Habacuc: del temor a la fe. Si nos has estado escuchando, sabes lo relevante, conmovedor y práctico que es el mensaje de este profeta menor.

Nancy nos expuso esta serie hace algunos años atrás. La primera vez que salió al aire esta serie, una señora (que no entendía del todo lo que significaba ser una hija de Dios) escribió lo siguiente: «Siempre pensé que tenía que esforzarme en ser buena para agradar a Dios y encontrar su aprobación». Durante el estudio de Habacuc quedó impactada al percatarse de que tenía que dejar de tratar de ganarse el favor de Dios y depositar toda su confianza en la obra que Jesucristo había hecho por ella. Ella escribió «Pienso que un bombillito se acaba de encender para mí» al tiempo que entendía la verdad sobre la gracia.

Estamos agradecidas de hablarles a mujeres como ella. No podemos hacerlo sin el apoyo de nuestras oyentes.

La mayoría de nosotras vivimos lejos de las granjas en donde se producen los alimentos, pero todas sembramos y cosechamos todo el tiempo. Nancy se los explicará en nuestra siguiente entrega. Espero que nos sintonices y nos acompañes en oración.

Nancy: Padre, gracias por depositar -por Tu gracia-fe en nuestros corazones. No podríamos tener fe lejos de Ti. Tú nos has concedido el regalo de la fe para que podamos creer y ser salvas. Gracias porque ahora nos das la fe para verte y vivir. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Jul 14 – Por fe

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 14 – Por fe

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/por-fe/

Carmen Espaillat : Con nosotros Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Los justos vivirán por su fe. Dirás que eso suena como algo que estarán haciendo. No, porque la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo que realmente estás dependiendo – una fe que se vive en obediencia y fidelidad.

Ese es el tipo de fe te lleva a obedecer a Dios con todo tu corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios. De manera que se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. ¿Qué es la fe? A veces se usa para describir una denominación, una relación con Dios, y algunos padres hasta usan la palabra para el nombre de sus hijos. ¿Pero realmente entiendes lo que significa la fe? Nancy nos ayuda a entender este tema tan importante mientras continúa con una serie titulada, Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Bueno, estoy muy emocionada porque hoy llegamos al punto culmine del mensaje de Habacuc, el punto clave, el tema de este libro. Es ese momento transformador en la vida de Habacuc. Él había ido a su atalaya a escuchar lo que Dios tenía que decirle. Dios le dijo: voy a darte una visión. Voy a darte un mensaje de lo que va a suceder.

Esto nos lleva al versículo que vamos a ver, Habacuc capítulo 2, versículo 4. Es esta verdad la que llevó a Habacuc de batallar a adorar, de suspirar a cantar, del temor a la fe.

Antes de yo decirles lo que es, permítanme solo recapitular aquí en caso de que no hayan estado con nosotras en las últimas sesiones. Habacuc le clamó a Dios que hiciera algo respecto a la corrupción que había entre los judíos. Él estaba frustrado porque parecería que Dios permanecía pasivo y era indiferente a sus oraciones.

Luego Dios le responde: y le dice «estoy haciendo algo, pero no es lo que esperabas» porque lo que Dios estaba haciendo era levantar a los despiadados caldeos para castigar a Su pueblo. Habacuc no podía creer que Dios haría tal cosa, así que va a su puesto de guardia a indagar sobre la perspectiva de Dios en todo esto. Ahí es que Dios le da una visión de su propósito y su plan. Lo veremos en la siguiente parte del capítulo 2.

Los caldeos también serán castigados. Dios introduce esa visión con estas palabras de (Habacuc capítulo 2, versículo 4) que hacen un contraste entre dos tipos de personas. Mientras leemos y hablamos sobre este versículo y estos dos tipos de personas, quiero que se hagan la pregunta «qué tipo de persona soy yo?, en qué categoría e encuentro? Leamos el versículo 4:

«He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirá.»

Ahora bien, solo quiero decir que este es uno de los versículos más importantes en toda la Palabra de Dios. «El justo por su fe vivirá». Este versículo es como un diamante que contrasta con el sucio telón de fondo de la corrupción del hombre y el juicio de Dios.

Hemos estado escuchando sobre el pecado del pueblo de Dios, los pecados de los caldeos y el juicio venidero. Veremos más sobre eso en este capítulo, pero en medio de todo eso, hay una joya preciosa: «El justo por su fe vivirá».

Ahora bien, dije que hay dos tipos de personas en este versículo, así que tenemos que verlos a ambos. La primera frase dice: «He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta». Ese es el primer tipo de persona, el orgulloso, el que no es recto.

En el contexto inmediato Dios está hablando sobre los caldeos, sobre los babilonios. Es de quienes Él y Habacuc están dialogando. En un contexto más amplio, está hablando de cualquiera que sea orgulloso y autosuficiente, personas que confían en sí mismas como su propio Dios.

Personas confiadas en que pueden salvarse a sí mismas. Personas que confían en sí mismas para el destino eterno de sus almas y personas que confían en sí mismas en momentos de tribulación , de desesperación o de necesidad. Son orgullosas. No necesitan a Dios. No necesitan de ti. No necesitan a nadie. Pueden lograrlo. Son autosuficientes.

Estas personas no siempre levantan su puño hacia Dios. A veces son más sutiles. Estas personas hasta pueden ser religiosas. Puede que vayan a la iglesia. Hasta pueden ser obreros cristianos de tiempo completo, pero están confiando en sí mismas antes que en Dios. «He aquí el orgulloso: su alma no es recta». Ese es el primer tipo de persona.

El segundo tipo de persona es el justo. «El justo por su fe vivirá». Los que son justos, según Dios ve la justicia, son aquellos que no confían en sí mismos o en su bondad o en sus esfuerzos o en sus capacidades.

Saben que no tienen nada de valor que ofrecerle a Dios, excepto sus propios «yos» pecaminosos, así que son humildes. Dependen totalmente de Dios. Saben que solo Dios puede salvarlos y libertarlos. Aceptan humildemente la provisión de Dios para su propia salvación. Son salvos por fe, y viven y perseveran por fe.

¿Puedes ver el contraste aquí? Los que son orgullosos y corruptos, son autosuficientes, dependen de sí mismos, y por otro lado los que confían en Dios, que dependen humildemente de Dios y descansan en Dios. No creen que su propia bondad los puede salvar. Esos son los justos. Ellos viven por su fe.

Ahora, la palabra fe en el hebreo aquí es una palabra que pudiera en realidad traducirse como fidelidad. Los justos vivirán por su fidelidad.

Dirás que eso suena como algo que ellos están haciendo. Pero verás, la fe no es solo lo que crees intelectualmente. No es solo lo que dices creer, sino aquello en lo cual realmente estás descansando, una fe que se vive en obediencia y fidelidad.

Ese es el tipo de fe que te lleva a obedecer a Dios de corazón; obediencia que fluye de tu fe porque realmente le crees a Dios y se demuestra, se evidencia en fidelidad y obediencia.

El Nuevo Testamento cita la segunda parte de este versículo tres veces: «El justo por su fe vivirá» en el libro de Romanos, en el libro de Gálatas y en el libro de Hebreos. Pero en el Nuevo Testamento tenemos una luz adicional que Habacuc no tenía cuando Dios le dijo -600 años antes de Cristo- que el justo viviría por su fe.

¿Quién vino entre el 600 A.C. y los escritos a los Romanos, a los Gálatas y a los Hebreos para arrojar nueva luz sobre este versículo? ¡¡Cristo vino!! El Nuevo Testamento ve este versículo a la luz de Cristo, que el justo vive por fe en Cristo y solo Cristo.

Hay dos sentidos en que el justo vive por fe. Y hoy quiero hablar sobre el primero y en nuestra próxima sesión hablaremos sobre el segundo sentido. El primero es tan importante. Al principio, pensé en hablar de ambos en la misma sesión. Pero después pensé que no, que queremos hacerle justicia a ambos sentidos en que el justo vive por fe.

El primer sentido es que somos justificadas por fe. Venimos a una relación correcta con Dios por la fe y únicamente por la fe. Somos liberadas del juicio y de la ira de Dios. Somos hecho justas a través de la fe solo en Cristo.

Y es en ese sentido que Pablo usa en Romanos capítulo 1, versículo 17 cuando dice:

«Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito: mas el justo por la fe vivirá».

¿Qué está diciendo cuando cita el libro de Habacuc? De principio a fin, la justicia de Dios está completamente, 100%, total y absolutamente basada en la fe. No es nuestra justicia. Es nuestra fe en Cristo y en Su justicia.

Somos pecadoras. No somos justas. Nunca podríamos ser justas por nosotras mismas. Así que de principio a fin, dice Pablo, somos justificadas. Somos hechas rectas ante Dios. Somos puestas en la posición correcta con Dios. Nos es otorgado acceso a la presencia de Dios. Somos traídas a la familia de Dios por la fe en Cristo solamente.

Gálatas capítulo 3, versículo 11 dice: «Y que nadie es justificado ante Dios por la ley es evidente». Nadie. No importa cuán buena puedas ser, no importa cuántas leyes de Dios puedas guardar, no puedes estar bien con Dios por la ley. ¿Por qué? Porque nadie guarda la ley a la perfección. Pudieras pensar que eres menos pecadora que alguien que sea un súper mega criminal, pero aún eres pecadora. Así que nadie es justificado ante Dios por la ley.

«Porque [y aquí Pablo cita nuevamente el libro de Habacuc] ‘El justo por la fe vivirá'». Este es la clave de nuestra fe cristiana, todo este asunto de que el justo vivirá por la fe. Es tan crucial que de hecho dividió toda una generación de creyentes y se convirtió en el fundamento de nuestra Reforma Protestante en los años 1500. «El justo vivirá por su fe».

¿Cómo sucedió esto? A principios de los años 1500 había un joven teólogo alemán llamado Martín Lutero. Lutero tenía un doctorado en teología. Sabía mucho sobre la Biblia. Lutero sabía mucho sobre teología. Era un joven con una mente ágil y brillante, pero no tenía paz en su corazón. Sabía que no estaba bien con Dios, y no sabía cómo lograrlo. De hecho, una y otra vez escribía en su diario: «¿Cómo podrá un hombre encontrar el favor de Dios?» ¿Cómo puedo estar bien con Dios?

Lutero hizo tanto como pudo para ser santo. Trató de guardar la ley de Dios. Trató de probar su devoción a Dios. Ayunaba hasta dos semanas a la vez. Era profundamente introspectivo. Siempre indagando y buscando un nuevo pecado que confesar.

Se sentía abrumado por un sentido de pecaminosidad, así que constantemente escudriñaba su propio corazón para encontrar cualquier pecado que pudiera haber cometido de pensamiento, de palabra o de hecho. Se confesaba muchas veces al día, hasta que, según dice la historia, uno de sus confesores le dijo un dia: «Dejar de venir hasta que realmente tengas un pecado serio que confesar».

Él desarrolló una conciencia súper sensible. (¡Tal vez algunas de nosotras necesitamos una conciencia un poco más sensible!). Así que él volvía una y otra vez a confesar sus pecados. Castigaba su cuerpo a fin de tratar de deshacerse de pensamientos y de motivaciones impuras. Dormía al aire libre sin frazada en temperaturas bajo cero. Golpeaba su cuerpo hasta quedar amoratado y sangriento, tratando de limpiarse de esos pecados, tratando de ganar el favor de Dios.

Y Lutero había estudiado la Biblia. Sabía que Dios era santo, y sabía que él había pecado y que no daba la talla ante la ley de Dios. De modo que hacía todo lo que se le ocurría para ganar el favor de Dios, para ser hecho justo. Esa palabra, justicia, lo atormentaba y lo obsesionaba porque él sabía que no era justo, y que no podía vivir una vida justa, no importa cuánto lo intentara.

Llegó un punto en el que Lutero hizo una peregrinación a Roma. Dentro de la iglesia de San Juan había una escalera que se creía que eran las mismas que Jesús había subido para estar frente a Poncio Pilato después de haber sido golpeado. Bueno, así es como la iglesia contó la historia. Eso no era cierto. Dijeron que estas escaleras fueron transportadas milagrosamente desde Jerusalén hasta Roma y que ahora los peregrinos podían subir por esas escaleras.

Estas escaleras tenían trocitos de vidrio incrustados supuestamente en los lugares donde habían caído gotas de la sangre de Jesús. Así que los peregrinos subían por las escaleras de rodillas, golpeándose con látigos y besando cada trocito de vidrio para tratar de ganar el favor de Dios.

Me imagino que algunas de ustedes están moviendo la cabeza como si no pudieran creer que la gente hiciera esto. Yo he estado en México, en el santuario de la Virgen de Guadalupe. He visto a personas subir esas escaleras de rodillas tratando de hacer algo para ganar el favor de Dios.

Déjenme decirles, si alguna vez un hombre hubiese sido digno de ganar la aprobación de Dios, uno hubiera pensado que sería un hombre como Martín Lutero. Con todo ese interminable fervor y actividad espiritual. Es decir, ciertamente nadie hubiera podido tratar más. ¿No pudiera al menos ganarse un 100 por su esfuerzo?

Lutero se dio cuenta de lo que nosotras también tenemos que darnos cuenta, y eso es que nunca podrás ser lo suficientemente buena. No tenemos justicia por nosotras mismas. Hasta nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia delante de Dios.

Bueno, y mientras Lutero subía por esas escaleras en Roma, el Espíritu le recordó un versículo que ya había leído muchas veces «El justo por la fe vivirá». Y en ese punto, la luz empezó a entrar al corazón de Lutero. Fue un momento decisivo en su vida.

Ese todavía no fue el momento de su conversión. Eso no sucedió hasta unos años después. Pero en el tiempo, empezó a comprender el hecho de que nunca podría agradar a un Dios santo por sus propios hechos de justicia ni tampoco por su contrición o sus penitencias, sin importar cuántas o cuán intensas pudieran ser.

Empezó a entender. «El justo por la fe vivirá». Empezó a entender que solo podría estar bien con Dios a través de las obras justas de Cristo y que sus pecados fueron perdonados por fe, no por intentar, sino por fe en la persona y en la obra de Cristo en la cruz independientemente de cualquier buena obra que él hubiera realizado.

«El justo por la fe vivirá». Eso se convirtió en el fundamento de la doctrina de Lutero. Estuvo en el centro de la Reforma Protestante mientras Lutero y la gente de su tiempo, muchos de ellos, empezaron a darse cuenta de que la justicia no es algo que nosotros logramos. No es algo que sea posible lograr. En lugar de ello, es algo que Cristo logró por nosotros, algo que se hace nuestro no por nuestro propio mérito, sino solamente a través de la fe en el mérito de Cristo.

Lutero mismo dijo de este texto:

«El justo por la fe vivirá»- Antes de que estas palabras irrumpieran en mi mente, detestaba a Dios y estaba enojado con Él porque, no satisfecho con amedrentarnos a nosotros los pecadores por la ley y por las miserias de la vida, aumentó aún más nuestra tortura a través del Evangelio. [Es como si Él nos hubiera tendido la mano ofreciéndonos algo pero no podíamos tenerlo.]

Pero cuando por el Espíritu de Dios entendí esas palabras-«El justo por la fe vivirá, el justo por la fe vivirá»-entonces sentí que nací otra vez como un nombre nuevo; entré por las puertas abiertas al mismo Paraíso de Dios.1

¿Cómo llega un hombre al cielo? ¿Cómo puede un hombre estar bien con Dios? ¿Cómo nace de nuevo un hombre? ¿Cómo se hace justo un hombre? «El justo por la fe vivirá». Será declarado justo por su fe, y continuará viviendo esa vida justa por fe en Cristo y únicamente en Cristo.

Dos tipos de personas. Primero, «He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta». Trata de salvarse a sí mismo. Piensa que puede hacerlo. Piensa que puede ganar el favor de Dios, y nunca logra la justicia de Dios. Pero, «el justo por su fe vivirá».

¿Es posible que de alguna forma hayas estado subiendo las escaleras con trocitos de vidrio, golpeándote a ti misma, tratando de hacer lo mejor que puedes para ser justa, para ganar el favor de Dios para ser perdonada, tratando de agradar a Dios, tratando de estar bien con Dios? Tal vez no subiste literalmente las escaleras de rodillas, pero:

Tal vez por eso guardas las apariencias yendo a la iglesia domingo tras domingo.

Tal vez por eso es que haces tantos rituales religiosos.

Tal vez por eso es que lees la Biblia.

Tal vez por eso oras.

Tal vez por eso es que cantas en el grupo de alabanza.

Tal vez por eso das dinero a los pobres.

Tal vez por eso es que tratas de vivir una vida buena porque estás tratando de ganarte la justicia por ti misma.

La Biblia dice: «he aquí el orgulloso; en él, su alma no es recta».

Dirás: «Pero estoy tratando tanto. Eso no es orgullo». Es orgullo. Es orgullo que digas que puedes hacerlo. Puedo hacer cualquier cosa para ganar la salvación, para ganar el favor de Dios, para estar bien con Dios. Déjame decirte que Jesús ya subió esas escaleras. Las subió por ti. Él fue golpeado. Él fue crucificado. Él vertió su sangre por tu pecado. El precio ha sido pagado. A través de la fe en Él, su justicia puede ser tuya.

Me encanta el himno «Roca de la eternidad» y en particular la estrofa que dice:

Aunque fuese siempre fiel;

aunque llore sin cesar.

Del pecado no podré, justificación lograr.

Solo en ti teniendo fe, deuda tal podré pagar.

«El justo por la fe vivirá.»

No sé cómo decirlo más claramente de lo que ya lo he hecho, pero confío que mientras he estado hablando, Dios haya estado hablando a sus corazones y tal vez ayudando a algunas a ver que no son justas. Has estado haciendo un esfuerzo tan grande para ganar Mi favor, te dice Dios pero tu alma es orgullosa, no es recta en ti. Has estado tratando de salvarte a ti misma, pensando que de alguna forma podías merecer Mi favor.

Tal vez hoy el Espíritu Santo haya hecho por ti lo que hizo por Martín Lutero hace siglos cuando subió esas escaleras. Encendió la luz. Te ha ayudado a ver que el justo por la fe vivirá. Fe solo en Cristo. Cristo, que cargó nuestros pecados sobre sí. Que fue hecho pecado por nosotros para que pudiéramos ser justicia de Dios en Él.

Tal vez Dios está poniendo esa fe hoy en tu corazón. Y te preguntas: ¿Qué hago? Cree. Si Dios te está dando arrepentimiento de tu orgullo y de tu corrupción, no sigas por ese camino. Renuncia a tu orgullo, a tu corrupción. Arrepiéntete de tu pecado, y date cuenta de que no tienes nada que ofrecerle a Dios. Arrepiéntete de tu propia justicia, de tratar de agradar a Dios independiente de la fe en Cristo. Luego simplemente vuélvete de ti misma hacia Cristo, y pon tu fe en Él.

Escucha, al final de cuentas cada persona en esta tierra está dependiendo de una de dos cosas para su salvación eterna, para su relación con Dios. O está dependiendo de sí misma, o está dependiendo de Cristo. ¿Dónde está tu confianza? ¿De quién estás dependiendo? ¿Dónde está tu fe? Confía en Cristo hoy para tu salvación.

Mi esperanza está en el Señor,

quien su vida dio por mí.

Y el precio pagó de mi pecado en el Calvario.

Sin merecerlo yo, su ira suprimió.

Mi única esperanza es la justicia de Jesús y por mí Él está,

ante el trono del Padre.

Sus manos heridas muestra y me llama como suyo.

Su gracia todo lo planificó,

Y a mí me toca creer.

Y reconocer su obra de amor

Y a Cristo recibir.2

Carmen: ¿Estás viviendo por fe en este día? Nancy Leigh DeMoss le ha dado a cada radioescucha la oportunidad de reducir la velocidad y hacerse esa pregunta tan importante. El programa de hoy describe el momento decisivo en la historia de Habacuc. Si eres nueva con nosotras, acabas de escuchar una muestra de lo emocionante y práctico que es el libro de Habacuc.

Una mujer nos escribió durante esta serie y nos dijo que su pastor le pidió a la congregación que abriera sus Biblias en uno de los profetas menores. Ella se entristeció al darse cuenta de lo nuevas que estaban las páginas de su Biblia en esa sección. Luego Nancy comenzó esta serie de Habacuc y le ayudó a darle uso. Ella escribió lo siguiente:

Amo este ministerio. ¡Si no fuera por su enseñanza tan sólida, no estaría donde estoy en Dios y en mi matrimonio hoy!

Annamarie Sauter: «¿No eres Tú desde la eternidad oh Señor mio, Santo mío? No moriremos. Oh Señor para juicio lo has puesto, Tú oh Roca, lo has establecido para corrección, muy limpio son tus ojos para mirar el mal y no puedes contemplar la opresión ¿por qué miras con agrado a los que proceden perfidamente y callas cuando el impio traga al que es mas justo que él? ¿Por qué has hecho a los hombres como peces del mar , como reptiles que no tienen jefe?

A todos los saca con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla . Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ella su pesca es abundante y suculenta su comida. ¿Vaciará pues su red y seguirá matando sin piedad a las naciones?»

Libro de Habacuc capítulo 2,

«Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondré, velaré para ver lo que Él me dice, y qué he de responder cuando sea reprendido. Entonces El SEÑOR me respondió y dijo : ‘Escribe la visión y grábala claramente en tablas para que corra el que la lea, porque es aun visión para tiempos señalados, se apresura hacia el fin y no defraudará, aunque sea tarde espérala, porque ciertamente vendrá, no tardará’. He aquí el orgulloso en él su alma no es recta, mas el justo por su fe vivirá».

Carmen: Vienes a Dios para recibir Su perdón por fe, pero la fe no se detiene ahí. Necesitamos fe cada día y Nancy nos explicará por qué en nuestro siguiente programa. Por favor regresa con nosotras a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1Citado del mensaje de Deffinbaugh sobre Habacuc- de James Montgomery Boice, The Minor Prophets: An Expositional Commentary, vol. 2, Micah-Malachi (Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1986), pp. 91-92, citando a F.W. Boreham en A Bunch of Everlastings or Texts that Made History (Philadelphia: Judson Press, 1920), pp. 20, 27.

2″My Hope is in the Lord.» Norman J. Clayton.

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Jul 13 – Llegará el día

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 13 – Llegará el día

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/llegara-el-dia/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Dios no mide el tiempo en la manera en que tú y yo lo hacemos. «El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento». «Pero el día del Señor vendrá».(2 Pedro 3:9-10). «Aunque tarde, espéralo…» (Habacuc 2:3).

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss.

Cuando eras niña, es probable que hayas vuelto locos a tus padres al preguntarles: «¿Cuándo vamos a llegar? ¿Cuánto tiempo falta?» Es posible que todavía le hagas preguntas similares a Dios. Habacuc lo hizo.

Hemos estado revisando la vida de este profeta del Antiguo Testamento, y descubriendo cuán relevantes son sus preguntas para nuestras vidas hoy en día. Aquí está Nancy para continuar la serie, Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Hemos estado aprendiendo tanto sobre el corazón y los caminos de Dios a medida que avanzamos a través del libro de Habacuc. Espero que lo estés leyendo con nosotras. Y también espero que estés buscando a Dios personalmente y no solo descansando en mis reflexiones sobre este libro. Solo espero haberte abierto el apetito para buscarlo más.

Un amigo me dijo el otro día, «Después de que hayamos terminado con las sesiones de grabación de Habacuc, habré aprendido mucho más sobre este libro que lo que antes conocía». Esto es así porque no se escuchan muchas enseñanzas sobre este libro. Es mi deseo no solo que lo estés conociendo más a Dios, sino que lo ames más después de haberlo conocido más a través de este libro.

Estamos en el capítulo 2. Hemos visto en los dos primeros versículos que Habacuc subió a esperar para ver lo que Dios le diría como respuesta a la crisis que él estaba pasando en su corazón sobre la condición del mundo: El hecho de que los babilonios, los caldeos, serían el instrumento que Dios usaría para castigar a Su pueblo.

Habacuc sabía que el pueblo de Dios debía ser castigado, pero pensó que tal vez esas medidas eran un poco severas. No podía entender cómo Dios podría provocar este tipo de calamidad, a fin de lograr sus propósitos.

Pero una vez le dijo a Dios lo que pensaba de todo esto él dijo,

«Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la resistencia me pondré; velaré para ver lo que Él me dice…» (Versículo 1).

Él se preparó ahora para escuchar la respuesta de Dios.

Vimos en la última sesión en esas preciosas palabras del versículo 2: «Entonces el Señor me respondió.» Hablamos sobre el hecho de que Dios todavía habla a Su pueblo hoy en día a través de Su Palabra, y por Su Espíritu.

Dios le habló y le dijo a Habacuc, en esencia, «Yo te voy a dar el mensaje que se necesita para esta situación.» A este mensaje el texto le llama una visión. Él le dijo a Habacuc: «Yo quiero que escribas este mensaje para que otros puedan leerlo y escucharlo también.» Y dice en el versículo 2, «El Señor me respondió».Esto es lo que Dios le dijo:

«Escribe la visión y grábala en tablas, para que corra el que la lea.» (Versículo 2).

Por supuesto, esto estaba ocurriendo en los días cuando la gente no tenía noticias vía el Internet dentro de sus mismas casas. Ellos no tenían periódicos. Por eso, cuando había un anuncio importante, este se escribía en tablillas de arcilla o en papiros.

Entonces, los corredores en sentido figurativo llevarían copias del mensaje a todas las zonas periféricas para que la gente pudiera recibir el mensaje. Este mensaje iba a ser dado a los corredores o mensajeros que lo llevarían por todo el país.

Ahora bien, la visión o el mensaje que sigue (no vamos a llegar a esa parte aun) era un mensaje duro, como veremos en los próximos programas. Fue un mensaje de juicio.

A veces la respuesta, la visión, el mensaje que Dios da por medio de Su Palabra a sus siervos es un mensaje de juicio. Dios le dijo a Habacuc: «Quiero que los que llevan este mensaje – los mensajeros- quiero que corran a llevarlo».

Si tuvieras que darle malas noticias a alguien… ¿correrías a llevárselas? Por ejemplo, «Vas a tener cáncer» o «Dios va a destruir esta ciudad». Si tuvieras un mensaje como este, ¿no crees que vacilarías un poco antes de salir corriendo a llevarlo?

Pero Dios dijo: «Este es un mensaje demasiado importante, y en última instancia, es un mensaje que por difícil que sea, va a salvar vidas. Quiero que los mensajeros corran con él, y que lo declaren sin vacilar». A veces Dios nos da un mensaje duro para dar. A veces, al grabar Aviva Nuestros Corazones tiemblo por dentro. Pienso, «¿Es realmente eso? ¿Dios realmente quiere que yo diga eso?»

La gran parte de lo que decimos en este programa es contra-cultura. Va en contra de la corriente, no solo del mundo sino de la cultura cristiana, y, a veces tiemblo por dentro cuando pienso en lo que debo decir para transmitir la Palabra de Dios a las mujeres de hoy.

Pero Dios dice: «Corre con ese mensaje. Entrégalo sin titubear». A medida que pronuncias este mensaje de juicio, no te deleitas en la caída de los impenitentes, sino que con ansias buscas su arrepentimiento, su quebrantamiento y su salvación.

El mensaje que Dios da, el mensaje que Dios le envía a uno de sus hijos a través de Su Palabra, puede ser un mensaje fuerte. Pero Dios nos dice: «No le des largas al asunto. Corre a pronunciarlo».

En respuesta a esta carga de Habacuc y en respuesta a sus preguntas, Dios le revelará a Habacuc lo que va a suceder tanto a los babilonios como a los judíos. Judá está a punto de ser devorado por los babilonios. Ese es el asunto con el que Habacuc ha estado luchando.

Pero Dios quiere que Habacuc mire más allá de ese tiempo y vea que un día Dios devorará a los babilonios, que esta gente malvada, despiadada, que devorará a los judíos – Él quiere que Habacuc sepa que ese no es el final de la historia.

Dios va a tratar con los babilonios también. Su juicio es seguro también. Dios va a juzgar a los babilonios por su pecado, así como él está a punto de juzgar a los judíos, por los suyos.

Sin embargo, el cumplimiento de esta promesa, el cumplimiento de esta historia, ese desenlace, no va a ocurrir de inmediato. De manera que él le advierte que la visión que le dará no se cumplirá de inmediato. Él dice: «Tendrás que esperar para ver el cumplimiento».

Mira el versículo 3:

«Porque es aún visión para el tiempo señalado; se apresura hacia el fin y no defraudará. Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará.»

¿Qué le está diciendo Dios? «La visión espera su momento señalado». La visión, el mensaje, se cumplirá en el tiempo. Dios está diciendo que hay un tiempo señalado para su cumplimiento. Será el tiempo señalado por Dios -en su tiempo y no en el nuestro.

Y ese tiempo no había llegado todavía. «Te diré lo que ocurrirá» -así como Dios nos ha dicho muchas cosas en la Escritura acerca de lo que va a suceder en el futuro. Pero Dios dice: «No va a pasar todavía. Si va a suceder. Sin duda, va a ocurrir, pero hay un tiempo señalado para ello».

Dios ha señalado la hora. Dios sabe cuándo pasará, y qué va a suceder en ese tiempo -pero no antes.

Es importante que recordemos esto, porque a veces Dios nos muestra en Su Palabra cosas que van a suceder, y luego nos impacientamos porque no están sucediendo. Pero Dios dice: «Es que Hay un tiempo señalado. He ordenado cuándo ocurrirá».

El cumplimiento del plan de Dios, las promesas de Dios, parecería tardar. Podrían lucir hasta como mentiras. Parecería que hemos sido engañadas. Parecería que esas promesas nunca se llegarán a cumplir.

Lees promesas como la que vamos a ver más adelante en Habacuc: «Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar»(v. 14). Bueno, no parecería que eso está sucediendo. En todo caso, el paganismo es rampante. El liberalismo es rampante. La gente se opone a Dios. Parece como que el mal estuviera ganando.

Sin embargo, leemos en las Escrituras que la justicia y Dios van a triunfar. Parece que la promesa de Dios no se está cumpliendo. Pero Dios dice: «Aunque les parece que es lento y que tarda, espérenlo, sin duda vendrá; Y no tardará».

Ahora bien, parecería que tarda por la manera como medimos el tiempo, porque estamos tan atadas a la tierra. No vivimos en la esfera de la eternidad en el sentido como Dios lo hace. Eso es lo que Pedro dice en su segunda carta, en el capítulo 3, a las personas que estaban cansadas ​​de esperar el regreso de Cristo. Él les dijo:

«Pero, amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. [ Dios no mide el tiempo de la misma manera de tú.] El Señor no se tarda en cumplir Su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento» (Versículos 8-9).

«Si te parece lento, espéralo, sin duda vendrá, no tardará», eso fue lo que Dios le dijo a Habacuc.

Una madre estaba compartiendo conmigo acerca de su hijo adolescente que sufre grandes limitaciones y tiene problemas serios. Están luchando para tratar con estos asuntos, y con muchas otras cosas más.

Cualquiera que sea la situación, cualquiera que sea la circunstancia que estés atravesando ahora, no has visto el final de la historia. Podría parecer que la situación durará para siempre. Pero, no va a durar para siempre. Para aquellos que creen, las promesas de Dios son una fuente de consuelo, de paz y de esperanza. Pero para aquellos que no creen, son una advertencia seria que debe ser escuchada. Porque, El día del Señor vendrá.

Si no eres creyente, esto es una amenaza para ti. Si eres creyente, te da esperanza. ¡El día del Señor vendrá! El día de hoy que estamos viviendo ahora no será para siempre. Dios va a terminar la historia. Así que Dios le dijo a Habacuc: si la visión, si el cumplimiento de las promesas de Dios, si el cumplimiento del plan de Dios, si todo ello, te parece tardar… pero espera. Sin duda vendrá. No tardará.

Vamos a regresar a este tema de la espera más adelante en el libro de Habacuc. Vas a tener que esperar para eso. Pero quiero que nos detengamos aquí por un momento porque el libro hace referencia al tema varias veces, así que creo que vale la pena repetirlo.

Este versículo de Habacuc capítulo 2, «Aunque tarde, espérala; porque ciertamente vendrá, no tardará», se cita con un poco de variación en el Nuevo Testamento, en el libro de Hebreos, en el capítulo 10. Quizás quieras buscar el versículo para que lo veamos…

El contexto de Hebreos capítulo 10 es que los creyentes del Nuevo Testamento están sufriendo mucho por la fe. Están siendo perseguidos. En el versículo 36 el escritor dice:

«Porque tenéis necesidad de paciencia, para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. [Y aquí viene la cita de Habacuc], PORQUE DENTRO DE MUY POCO TIEMPO, EL QUE HA DE VENIR VENDRÁ Y NO TARDARÁ.» (Versículo 36-37).

Ahora, si tienes ahí los dos textos, compáralos. Hay una pequeña variación allí. En Habacuc dice: «Ciertamente vendrá». Es decir, el cumplimiento de la visión de Dios y las promesas. «Ciertamente vendrá, no tardará».

¿Pero qué dice Hebreos? «EL QUE HA DE VENIR VENDRÁ Y NO TARDARÁ». Habla de algo en Habacuc. Pero en Hebreos habla de alguien. ¿Quién es la persona que ha de venir? ¡Es Cristo! ¡Jesús! El escritor de los Hebreos aplica Habacuc capítulo 2 versículo 3 a la segunda venida de Cristo: Él vendrá.

Ahora, en Habacuc Dios está hablando de la visión de la destrucción de los babilonios. Esa es la situación inmediata, la visión inmediata. A eso se refiere cuando dice: «Si les parece lento, espérenlo, sin duda vendrá, no tardará».

Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, el escritor dice: «No es solo la destrucción de los babilonios. Eso ya sucedió. Se trata del retorno de Cristo quien regresará para terminar esta historia».

De manera que cuando estés sufriendo y creas que no puedes continuar por mucho más tiempo, ¿qué dice el escritor? Necesitas perseverancia.

¿Qué te va a sostener? ¿Qué te ayudará a soportar el duro y desagradable «aquí y ahora», mientras esperas que se cumplan las promesas de Dios, y cuando sientes que nunca se cumplirán? ¿Qué te va a sostener? Te debe sostener el prometido e inminente retorno de Cristo.

Por lo tanto, dice, «No pierdas de vista lo que viene. Si les parece lento, espérenlo. Viene dentro de poco». Tú dices: «¿Un poco más? ¡Hemos estado esperando siglos, milenios para el regreso de Cristo!» «Porque mil años son como un día para Dios. Así que solo han transcurrido un par de dias desde que esta promesa fue hecha. Y tú dices: «¡Han sido miles de años!» Esa es solo nuestra perspectiva. En la perspectiva de Dios, solamente han transcurrido un par de días. «Todavía un rato, y el que viene vendrá y no tardará». De manera que puede ser que se retrase el regreso de Cristo. Y tú dices: «Señor, ven pronto. ¡Sácame de este lío!»

Él dice, «es necesaria la paciencia, de modo que cuando hayas hecho la voluntad de Dios podrás recibir lo prometido». Porque, «EL QUE HA DE VENIR VENDRÁ Y NO TARDARÁ», Él vendrá. Es cierto. Él vendrá a juzgar a los malvados. Él vendrá a rescatar a los justos. Así que soporta un poco más. Él se manifestará en medio de tu situación -a Su manera y en Su tiempo. Así que espera. No te rindas.

Como dice aquél tradicional himno:

Todo habrá valido la pena cuando vemos a Jesús. Las pruebas de la vida parecerán tan pequeñas cuando veamos a Cristo. Con sólo una visión de su a amado rostro, todo el dolor se borrará. Corre valientemente la carrera hasta que veamos Cristo1.

En poco tiempo el que ha de venir vendrá. Él no tardará. De manera que vemos en este texto de Habacuc que Dios ha revelado Sus caminos claramente. Él dijo: «Escribe la visión y grábala claramente en tablas».

Dios nos ha revelado en Su Palabra lo que va a suceder. Conocemos el fin de la historia!Sabemos quién ganara. Sabemos que vendrá el jinete en su caballo blanco y vencerá sobre todo mal, y la justicia prevalecerá. Jesús reinará como Rey y Señor por siempre y para siempre. Sabemos el fin de la historia. Dios lo ha revelado claramente.

Sabemos lo que sucederá con los soberbios. Van a ser juzgados. Sabemos lo que le sucederá a los fieles. Ellos serán rescatados. Estos son temas que aparecen a lo largo de la Escritura. Y sabemos que lo que Dios prometió sucederá en el tiempo señalado.

Así que mientras tanto, Dios le está diciendo a Habacuc -y el escritor de Hebreos nos dice: En el «mientras tanto» te sustentaré a través de épocas difíciles. Serás capaz de perseverar a través de tiempos difíciles. Y serás capaz de continuar aun cuando las cosas no tengan sentido y te parezca que el mal está ganando».

¿Cómo? Creyéndole a Dios. Por la fe. Como veremos, este precisamente es el tema de este libro. No estamos allí todavía, pero el escenario se está preparando: por la fe. Es la fe que te permitirá esperar con paciencia, esperar en silencio y no estar ansiosa ni perturbada por tu situación.

¿Por qué vivimos estas vidas quejumbrosas, cargadas de preocupación cuando podemos vivir con esperanza? ¿Cuándo podríamos cantar? ¿Cuándo podríamos regocijarnos? Nosotras decimos: «Voy a cantar y a regocijarme después que Dios me saque de este embrollo». Pero Dios nos dice: «No. En medio de este lío, espera, persevera, porque el que viene ha de venir, y Él no tardará».

Créele a Dios. En poco tiempo la promesa se cumplirá. Dios tiene un propósito. Él tiene un plan para este mundo. Él tiene un plan para tu vida. Y todos los propósitos y planes de Dios se cumplirán a su debido tiempo, en su calendario, no de acuerdo al tuyo.Necesitas perseverancia.

Pero ¿Cómo se obtiene la perseverancia? ¿La obtienes cuando todas tus oraciones son contestadas en los próximos tres minutos? Eso no cultiva la perseverancia. Algunas de ustedes son corredoras. ¿Cómo obtienes resistencia para continuar corriendo? Mediante la práctica. No la obtienes corriendo una carrera corta de 100 yardas, sino corriendo millas, y millas y millas. Es así como aumentas tu resistencia.

Entonces ¿Cómo cultivas la perseverancia en esta vida? «Necesitas perseverancia.» La cultivas corriendo a través de lugares difíciles, a través de sendas duras, a través de tentaciones y de pruebas y de problemas y de retos y de lágrimas y de temores. Pero mantén tu ojo en la meta final y corre por fe en que Dios va a cumplir Su plan y Sus promesas.

Así que mientras tanto, mientras estemos corriendo, mientras nosotras estemos aumentando nuestra resistencia, mientras esperamos, esperamos en el Señor. Lo esperamos a Él. Él va a obrar. Él reivindicará la justicia. Él hará caminos derechos en donde está torcido. Como dice la Escritura en Habacuc: «Si les parece lento, ciertamente vendrá, no tardará».

Oh hermanas, este versículo debería darnos mucha esperanza. Debería darte valor. Debe llenarte de fe, en cualquiera situación que hoy te parece tan desesperante y tan larga, y tan difícil de manejar.

Ora por avivamiento. Oh Señor, hay mujeres en este lugar que han orado por avivamiento durante años, por décadas. Conozco a algunas de ustedes. Algunas de ustedes oran por avivamiento mucho más que yo, lo han anhelado, lo han esperado, y no lo han visto llegar. De hecho, la situación se ve más oscura ahora que cuando empezaste a orar por avivamiento.

Pero escuché a una mujer hace poco hablar con otra persona aquí, y ella le decía: «Yo sé que Dios lo va a enviar». Dios ha puesto fe en su corazón. Si les parece lento, espérenlo, sin duda vendrá, en el tiempo de Dios y a la manera de Dios, no tardará.

No te canses. No te rindas. Sigue creyéndole a Dios. Continúa ejercitando la fe. Mientras tanto, ten cuidado de no tomar los asuntos en tus propias manos para tratar de arreglarlo por ti misma o para arreglar tus circunstancias.

Recibo tantas cartas y correos electrónicos de oyentes que se lamentan de haber tomado los asuntos en sus propias manos en vez de esperar que Dios cumpliera Su propósito en sus vidas. Recibí un correo electrónico largo la semana pasada.

No tengo tiempo para leerlo completo, pero esta mujer se crió en un hogar disfuncional que la llevo a una horrible promiscuidad sexual. Ella terminó casándose con un hombre muy impío. En el proceso de tratar de sobrevivir este terrible matrimonio, un amigo le presentó a Cristo.

Pero su marido aún no ha venido a la fe. No está bien con Dios. Continúa con su conducta pecaminosa. Ella escribió, «finalmente sucumbí… Me divorcié de mi marido».

Luego ella relata toda una serie de eventos. Finalmente se terminó casando de nuevo y en el proceso de este segundo matrimonio, ella se volvió de nuevo al Señor. Ella se había enojado con Dios porque Dios no había cambiado a su primer esposo, y ella había seguido adelante sin Dios.

Pero se había convertido en alguien llena de ira y de impaciencia, de manera que se deshizo del primer marido. Pero Dios fue misericordioso. Y ella se casó de nuevo con un segundo marido que amaba al Señor, y que la amaba a ella. Ella volvió de nuevo a la fe.

Pero es interesante que ahora, al Dios estar tratando con ella, ahora se pregunta: «¿si hubiera permanecido con mi primer esposo… habría él llegado a conocer al Señor también? ¿Me di por vencida demasiado fácilmente?» Dios la trajo a un lugar de arrepentimiento al darse cuenta que debió haber esperado en el Señor en aquel primer matrimonio.

Ahora eso no significa que ella debe salir de su segundo matrimonio. Ella está allí ahora, y puede ser bendecida en medio de este. Ella se ha reconciliado con Dios. Y ahora está tratando con algunos asuntos del pasado de una forma que considero que es importante.

Pero ella dice, «Por fin he comprendido que mi felicidad nunca debe venir a expensas de la obediencia a la Palabra de Dios». «He sido asombrada por la asombrosa gracia de Dios a pesar del hecho de que no esperé, de que seguí adelante, a pesar de que no esperé al Señor. Dios ha sido misericordioso conmigo».

Pienso en ese maravilloso texto del Salmo 37 los versículos 5-11:

Encomienda al SEÑOR tu camino,
confía en El, que El actuará
hará resplandecer tu justicia como la luz,
y tu derecho como el mediodía.

Confía callado en el SEÑOR y espérale con paciencia;

no te irrites a causa del que prospera en su camino,
por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.

Deja la ira y abandona el furor;

no te irrites, sólo harías lo malo.

Porque los malhechores serán exterminados,
más los que esperan en el SEÑOR poseerán la tierra.

Un poco más [esto en el tiempo de Dios] y no existirá el impío; Buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí.

[Piensa en esto: en un poco más de tiempo el impío no estará allí! Y quizás tú piensas: «No puedo continuar en estas circunstancias». Tú puedes. Aunque parezca que tarda, espera; porque de cierto vendrá y no tardará.]

Un poco más y no existirá el impío;
buscarás con cuidado su lugar, pero él no estará allí.

Mas los humildes [los mansos, aquellos que le creen a Dios] poseerán la tierra, [Aunque tarde, espéralo; de seguro sucederá. El que ha de venir, vendrá. El no tardará.]. [Amén]

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha proporcionado una maravillosa perspectiva sobre la espera, el juicio y la eternidad. Es el tipo de conocimiento práctico que hemos estado recibiendo en el libro de Habacuc. Las mujeres se han sorprendido al descubrir la relevancia de las preguntas de este profeta del Antiguo Testamento. Nancy nos ha animado leer y releer el libro de Habacuc, mientras se transmite esta serie, y espero que lo estés haciendo.

¿Qué es la fe? Va más allá de lo que crees intelectualmente. Nancy nos lo explicará en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. ¡Acompáñanos!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

1 «When We See Christ. Esther Kerr Rusthoi.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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68 – Proyecto de Ley de educación Sexual

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

68 – Proyecto de Ley de educación Sexual

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

Entendiendo Los Tiempos

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Jul 10 – Escuchando a Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 10 – Escuchando a Dios

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/escuchando-dios/

Carmen Espaillat: Dios habló directamente a profetas como Habacuc. ¿Hace eso Él hoy? Aquí está Nancy Leigh Demoss.

Nancy Leigh DeMoss: Dios no está revelando nada nuevo hoy. Él ya nos ha dado todo lo que necesitamos saber. Ahora, el Espíritu Santo tomará esta Palabra, la hará viva en nuestros corazones, la aplicará, y nos demostrará cómo se relaciona con nosotras.

En la Biblia probablemente no aparecerá el nombre de tu esposo. La Biblia probablemente no te dice a qué Universidad debes ir o qué trabajo debes tomar, pero el Espíritu Santo, cuando estás en la Palabra de Dios, tomará esa Palabra y la hará viva en tu entendimiento y en tu corazón y te mostrará cómo debe ser aplicada a tus circunstancias y situaciones actuales de vida.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Si te has perdido cualquier programa de esta serie de Nancy titulada » Habacuc: del temor a la fe «, podrás escucharlo visitando AvivaNuestrosCorazones.com. Es una visión muy honesta sobre emociones muy crudas, y hoy llegamos a un punto decisivo en el viaje espiritual de Habacuc. Ahora aquí está Nancy…

Nancy: Si has estado con nosotras a lo largo de esta serie de Habacuc, sabrás que a simple vista la mayor parte del primer capítulo no fue muy esperanzador. Tuvimos mucho pesar, calamidades y los caldeos que llegaron a tomar posesión de la tierra. Hoy llegamos a lo que creo es una de las primeras señales optimistas, de esperanza, ciertamente, en este libro en el capítulo 2 en el versículo 2.

Y voy a retomarlo desde el versículo 1 para tener algo del contexto. Habacuc ahora está listo para escuchar lo que Dios tiene que decirle y cómo Dios responderá a las preguntas y a las inquietudes que están en su corazón, como él mismo lo dice en el versículo 1 y esto lo vimos en la última sesión.

«Tomaré mi posición en mi puesto de guardia y me estacionaré en la torre, y miraré para ver lo que Él {Dios} me dirá, y lo que yo le responderé con relación a mi queja».

Entonces el versículo 2 -y me encantan estas cinco palabras. «Y el SEÑOR me contestó.»- Me quiero estacionar en esas cinco palabras hoy — «Y el SEÑOR me contestó». Ahora, para darnos algo de contexto aquí. Si vas hacia atrás al capítulo 1, al versículo 2, recuerda que Habacuc le dijo a Dios, «¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás?» Habacuc no pensaba que Dios lo estaba escuchando, y si Dios lo estaba escuchando, entonces parecía como que no estaba haciendo nada al respecto .

Ahora tenemos este recordatorio de que Dios ha estado escuchando todo el tiempo, y me pregunto si solamente Dios estaba esperando que Habacuc llegara a un punto donde pudiera estar lo suficientemente tranquilo, lo suficientemente callado y disponer del tiempo suficiente para escuchar la respuesta de Dios. «Y el SEÑOR me contestó».

Es solamente un recordatorio hermoso de que cuando clamamos al SEÑOR, Él nos escucha, y Él nos responde, no siempre en nuestro tiempo, no siempre a la manera que esperamos, pero Él nos responde. No puedo decirles cuánto me encanta esa frase-«El SEÑOR me contestó».

De hecho, encontrarás a través de todas las Escrituras una especie de hilo conector. Lo encuentras muy a menudo en los Salmos. El Salmo 138 el versículo 3 dice:

El día que invoqué, me respondiste.
Salmo 3, versículo 4,

Con mi voz clamé al Señor, y Él me respondió desde su santo monte.
Salmo 99, versículo 6:

Moisés y Aarón estaban entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; ellos clamaron al SEÑOR, Y Él les respondió.
Salmo 118, versículo 5,

En medio de mi angustia invoqué al SEÑOR; el SEÑOR me respondió y me puso en un lugar espacioso.
¿Y no es eso lo que dice Jeremías 33?

Clama a mí, y yo te responderé y te revelaré cosas grandes e inaccesibles, que tú no conoces.» (Versículo 3, parafraseado)
Ahora, Dios no siempre nos responde exactamente de la manera que nosotras pensamos que lo hará.

Estoy pensando en ese versículo de Job. En realidad, es un versículo que se repite dos veces, en Job capítulo 38 y después, otra vez en Job capítulo 40. Y dice,

Entonces el SEÑOR respondió a Job desde el torbellino (38:1 & 40:6).

Bueno, no quisiéramos que un torbellino llegue a nuestras vidas, pero algunas veces esa es la manera como Dios nos habla, en medio del torbellino.

También en Éxodo capítulo 19 -¿recuerdas que los hijos de Israel acamparon en el Monte Sinaí, donde Dios les entregó la ley? Era un lugar impresionante. Y vamos a leer un poco más sobre ese contexto y cómo Dios les respondió.

«Y aconteció que al tercer día, cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un fuerte sonido de trompeta; y tembló todo el pueblo que estaba en el campamento.» (Versículo 16)

Yo pienso que si conociéramos cómo es Dios realmente, las trompetas , los relámpagos , los truenos y las densas nubes no nos harían temblar tanto como Su presencia lo haría.

«Entonces Moisés sacó al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y ellos se quedaron al pie del monte.

Y todo el Monte Sinaí humeaba porque el SEÑOR había descendido sobre él en fuego. El humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía con violencia. El sonido de la trompeta aumentaba más y más. [¿Captas la escena aquí? Esta es una escena muy ruidosa.] Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno (versículos 17-19).

¿Cómo habrá sido eso? No me lo puedo imaginar, pero Dios le respondió a Moisés cuando Moisés le habló.

Pero ahora, volvamos a Habacuc. Habacuc ha subido a su puesto de guardia. Él dijo, «Voy a ver que Dios me dirá,» y Dios sabía que su corazón estaba en una posición donde estaba listo para escuchar. Estaba listo para recibir lo que Dios le tenía que decir, y entonces dice, «Entonces el SEÑOR me respondió».

Ahora, eso suscita la siguiente pregunta en mi mente. ¿Por cuánto tiempo habría estado Habacuc en esa torre de vigilia, en ese puesto de guardia? ¿Por cuánto tiempo habría estado esperando? ¿Por cuánto tiempo había estado escuchando? ¿Por cuánto tiempo había estado esperando por una respuesta?

Bueno, la respuesta obvia es que no sabemos porque la Escritura no nos dice, pero te diré algo que sí sabemos. Él esperó el mismo tiempo que le tomó a Dios responder. Nosotros no sabemos qué periodo de tiempo hay entre el versículo uno y el versículo dos.

¿Le respondió Dios en tres minutos? ¿Le respondió Dios en tres horas o en tres días? ¿Qué tiempo estuvo en ese puesto de guardia? Dijimos que no es literalmente un puesto de guardia. Es una actitud de expectación- esperando en Dios, diciendo, «Señor, habla, que Tu siervo está escuchando».

¿Qué tiempo esperó allí? Esperó lo suficiente para obtener una respuesta de Dios, y yo creo que esa es una de las razones por qué tantas de nosotras sentimos que Dios no responde nuestras oraciones es porque no esperamos el tiempo suficiente. Lanzamos nuestra oración, y entonces nos vamos de ahí y seguimos hacia la próxima actividad, la próxima ocupación en nuestras vidas. Y no esperamos que Dios nos responda.

Tú dices, «¿Tú quieres decir que se supone que mi tiempo de quietud dure tres días consecutivos, sin parar? Pero espérate, dime, ¿quién alimentará a mis hijos? ¿Cómo iré al trabajo? ¿No vivo mi vida?» Lo que estoy diciendo es que necesitamos vivir nuestras vidas en una actitud de espera y expectativa en Dios, en anticipación, en estado de alerta hasta que Dios nos de lo que necesitamos, no importa lo mucho que se tarde.

Has orado por tu esposo. Has orado por tu hijo. Has orado por un trabajo. Has orado por una situación con tus suegros o por una situación en tu escuela, y nada cambia. ¿Cuánto debes esperar para que Dios actué? ¿Cuánto debes esperar para obtener la perspectiva de Dios? El tiempo que sea necesario. Esa es la respuesta.

Espera en el Señor, y vamos a ver ese tema a través de todo el libro de Habacuc. No está expresado explícitamente aquí, pero creo que está implícito en este pasaje – él esperó.

De hecho, tenemos otra ilustración de esto en el libro de Jeremías, en el capítulo 42 dice:

Las personas . . . se acercaron, y le dijeron al profeta Jeremías, «Llegue ahora ante ti nuestra súplica, y ruega al SEÑOR tu Dios por nosotros, por todo este remanente – porque quedamos pocos de muchos que éramos, como pueden ver tus ojos – para que el SEÑOR tu Dios. . .»

Esta gente le dijo: El Señor tu Dios. Este era el pueblo de Dios, pero le dijeron a Jeremías,

Ruega que el SEÑOR tu Dios nos indique el camino por donde debemos ir, y lo que debemos hacer (versículo 1-3).

Y Jeremías les dijo, «Os he oído. He aquí, voy a orar al SEÑOR vuestro Dios,» el Señor tu Dios. Él es tu Dios, también. No es solamente mi Dios. Él es tuyo, también, pero,

«Voy a orar al SEÑOR vuestro Dios conforme a vuestras palabras, y todas las palabras que el SEÑOR os responda yo os las declararé. No os ocultaré palabra alguna.

Al final de diez días la palabra del SEÑOR vino a Jeremías.» (versículos 4 & 7). ¿Estás dispuesta a esperar por la Palabra de Dios?

La gente se acercó, y le dijeron, «Ruega por nosotros.» Jeremías les dijo, «Esta bien, Voy a orar por ustedes.» Diez días más tarde, llega palabra de Dios a Jeremías para el pueblo. ¿Estás dispuesta a esperar por la Palabra de Dios?

¿Y si se tarda diez años? En nuestras mentes, si no acontece en diez minutos, ¡nos vamos de allí! Habacuc dijo, «Estaré en mi puesto de guardia. Velaré para ver lo que Él me dice.» Entonces el SEÑOR me respondió..» Espera hasta que llegue la respuesta.

Ahora, quiero irme un poco por la tangente aquí y creo que este pasaje me da una buena oportunidad para decir algo que pienso necesita ser dicho a nuestra generación. Quiero hablar sobre la manera en la que Dios nos habla hoy.

«El SEÑOR me contestó.» ¿Qué significa eso para nosotras? ¿Cómo lo vemos? ¿Qué entendemos por eso? Bueno, hay diversos lugares en las Escrituras que nos pueden ayudar, pero el que encuentro más útil está en… vamos a Hebreos capítulo 1; quiero que vayas allí.

Hebreos capítulo 1, versículo 1 nos dice que,

«Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas…»

De manera que hay una manera que Dios usó para hablar a Su pueblo. Acabamos de leer algunas de esas formas que El uso en los días del Antiguo Testamento. Dios le habló en el torbellino, en el trueno, en voces, a través del profeta Jeremías.

Dios les dió estas voces audibles. Pero en estos últimos días, «{Dios} nos ha hablado» y ha finalizado de hablar «por su Hijo {Cristo}, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo» (versículos 1-2).

Dios acostumbraba a hablar de muchas maneras diferentes. Ahora, Dios nos ha dado Su revelación completa, Su Palabra completa, la Palabra viva, Jesucristo. Cuando venimos a Hebreos capítulo 12, el autor dice, «Mirad que no rechacéis al que habla» (versículo 25a).

En el pasado, Dios habló de cierta manera. En estos últimos días, Dios nos ha hablado por medio de Su Hijo, pero entonces Él dice que hay un sentir en el cual Dios todavía está hablándonos.

«Porque si aquellos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo» (versículo 25: b). Él dice, «Dios está aún hablando, y eso plantea esta pregunta. ¿Cómo Dios nos habla hoy?

Quizás tú dices, «Quiero la respuesta de Dios. Quiero saber lo que Dios piensa. Me he colocado en mi puesto de guardia. Quiero saber como Dios quiere que yo responda sobre este asunto en mi matrimonio, en mi iglesia, en mi lugar de trabajo.

«¿Qué hago? ¿Cómo debo esperar escuchar de Dios? ¿Tendré un sueño? ¿Tendré quizás una visión? ¿Escucharé una voz audible? ¿Cómo sabré que Dios me está hablando a mí?»

Bueno, como acabamos de leer en Hebreos capítulo 1, antes de que se completaran las Escrituras, Dios usaba frecuentemente cosas como visiones y sueños y voces audibles. Eso no era inusual en el Antiguo Testamento el que Dios hablara de esas maneras.

Pero ahora que se han completado las Escrituras -la Palabra escrita de Dios- Dios nos habla a través de Su Palabra. Él nos habla a través de Su Palabra. Su Palabra en las Escrituras está completa, y Dios nos habla por Su Espíritu que mora dentro de nosotras.

¿Qué hace el Espíritu? El Espíritu nos ayuda a entender la Palabra, por lo que el Espíritu dentro de nosotras nos da entendimiento, ilumina esa Palabra. Mientras he estado leyendo el libro de Habacuc en estas últimas semanas, he estado confiando en el Espíritu de Dios para que derrame luz sobre estos pasajes, para ayudarme a entender su interpretación y su aplicación a mi vida.

El Espíritu Santo toma la Palabra que es simplemente tinta sobre papel, el Espíritu Santo la abre ante nuestros ojos, y la hace tomar vida. Él la aplica en nuestros corazones. Mientras leo las Escrituras, me doy cuenta de que es Dios quien me está hablando. Es el Espíritu Santo quien me está dando ese entendimiento. Es el Espíritu Santo quién me da convicción mientras leo las Escrituras, quién me dirige, quién me guía a través de la Palabra de Dios.

Dios habla claramente hoy, más claro que nunca, por Su Espíritu y a través de Su Palabra escrita, la Biblia, así que no esperes que Dios te hable o te responda cuando vayas a tu puesto de guardia, cuando vayas a tu torre y estés buscando respuestas-no esperes que Dios te responda apartada de Su Palabra. Déjame decirlo de esta manera. Dios no está revelando nada nuevo hoy.

Ahora bien, vas a escuchar a personas decir, «Dios me dijo esto. O Dios me dijo aquello». Si lo que ellos están diciendo es, «Dios me dijo esto a través de Su Palabra,» eso hace mucho más sentido, pero si ellos están diciendo, «Dios me dijo algo nuevo o diferente que no está en la Palabra de Dios,» están hablando por Dios de una manera que nosotras sabemos no es bíblica.

Dios no está revelando nada nuevo hoy. Él nos ha dado todo lo que necesitamos saber. Ahora, el Espíritu Santo tomará esa palabra, la avivará en nuestros corazones, la aplicará y nos mostrará cómo se relaciona con nosotras.

Probablemente la Biblia no contiene el nombre de tu esposo. La Biblia, probablemente no te dice a qué universidad debes ir o qué trabajo debes tomar, pero el Espíritu Santo, mientras estás en la Palabra de Dios, tomará esa Palabra y la avivará en tu entendimiento y en tu corazón y te mostrará cómo debe ser aplicada a las circunstancias y a las situaciones de tu vida en ese momento.

No puedes esperar ignorar las Escrituras o dedicarle un tiempo limitado o leerla con mucha rapidez, recibir una dosis mínima de ella en tu corazón y llenar tu mente con otros libros, con programas de televisión y música y esperar que Dios te responda.

Una de las cosas que he notado desde que inició Aviva Nuestros Corazones es que hay un movimiento real en el mundo cristiano evangélico alejado de la enseñanza, de la predicación y de la proclamación de la Palabra de Dios.

¿ Y qué lo ha reemplazado? Bueno, muchas cosas, pero una de las cosas más populares que la ha reemplazado es la música. Estamos viendo esto, por ejemplo, en la radio cristiana de hoy, «Más personas sintonizarán una estación si tiene música que si tiene la Palabra de Dios siendo proclamada,» así que el argumento es, «Bueno llevaremos la Palabra a ellos a través de la música.»

Ahora, ¿la música es bíblica?, si es una música centrada en la Biblia. No hay nada malo con ella, pero Dios nos habla a través de Su Palabra. Aun la música, si realmente va a ser de beneficio para nuestras vidas espirituales, debe estar llevando la Palabra de Dios a nuestras vidas. Pero la sabiduría convencional es: «La gente no quiere escuchar la Palabra de Dios enseñada. Quieren escuchar más música».

Bueno, no dudo que eso sea verdad, pero la pregunta es: ¿Quieren escuchar a Dios? ¿Quieren respuestas, o simplemente quieren estar entretenidos? Si solamente quieres estar entretenida, entonces mantén tu vida llena de música y de otras cosas que te mantienen feliz, pero si quieres obtener respuestas, tienes que ir a la Palabra de Dios.

Tenemos que ser personas de la Palabra de Dios. No puedes ignorar las Escrituras, obtener dosis mínimas de ella en tu vida, llenar tu vida de otras cosas, y entonces esperar obtener respuestas de parte de Dios.

¿Cuáles son entonces algunos puntos importantes que debemos recordar hoy? Número uno: Dios nos escucha y nos responde cuando oramos. Puede que pienses que Él no está escuchando. Puede que no sientas que Él está escuchando. Puede que no veamos Su respuesta. Puede que no comprendamos Su respuesta, pero Dios escucha y responde las oraciones.

Es bueno recordar las cinco palabras, que me encantan, del versículo 2 de Habacuc capítulo 2, «Y el SEÑOR me respondió.» Ahora, ten presente la posición en que estaba Habacuc cuando el Señor le respondió. Él estaba a la expectativa. Estaba esperando. Estaba escuchando. Estaba en su puesto de guardia. Estaba en su torre.

Algunas de nosotras no estamos escuchando a Dios porque no estamos tomando el tiempo para escucharlo; el tiempo de esperar en Él, de permitirle hablarnos. Dios escucha y responde cuando oramos, pero recuerda esto: Dios no siempre responde inmediatamente. ¿Qué está esperando? No sé.

Quizás está esperando que estemos listas para escuchar.

Quizás está esperando que estemos en un lugar donde estemos preparadas para la respuesta.

Quizás está esperando por algo que no tiene nada que ver con nosotras, pero Dios sabe por qué.

Él tiene Sus razones. Podemos confiar en que, aunque Él no siempre responda inmediatamente, aún así está escuchando, y está en el proceso de respondernos. Tenemos que estar dispuestas a salirnos de la multitud, a estar tranquilas, a esperar, a escucharlo hablar, y esto es de lo que se trata la meditación- mientras vamos a la Palabra de Dios- no estar apresuradas o distraídas.

Solamente quiero decirte, que Dios ha estado haciendo algo muy fresco en mi propio corazón durante el último par de meses, en mi tiempo de quietud personal. He sido retada a ir a la Palabra de Dios y poner a un lado todas las distracciones, todas las interrupciones. Estoy encontrando que soy capaz de escuchar mejor cuando no estoy haciendo tantas cosas al mismo tiempo, cuando me detengo para meditar en la Palabra de Dios.

Eso es algo que me ha encantado sobre este estudio de Habacuc, y mientras camino con mi compañera de caminatas, hablamos de Habacuc. Citamos Habacuc. He pensado en Habacuc cuando me voy a dormir y cuando me levanto, versículo por versículo, frase por frase, meditando sobre ello, masticándolo, escuchándolo, diciendo una frase y ponderándola – ¿qué quiere decir Dios con esto?

«Y el SEÑOR me respondió.» ¿Qué significa esto? ¿A qué se parece esto? Como resultado, la Palabra está retornando viva hacia mí de una manera que no siempre pasa si permito interrupciones, distracciones o si tengo prisa o estoy tratando de cubrir cantidades masivas de Escrituras cada día. Ha sido bueno para mí reducir la velocidad, irme a mi puesto de guardia, escuchar lo que el Señor me dirá.

Entonces recuerda que la respuesta de Dios no es siempre lo que hemos esperado o deseado. Cuando vas a escuchar a Dios, no le digas cómo responder, y no lo limites a responder de la forma como tú piensas que Él debe hacerlo, o a la manera que tu esperas que Él lo haga.

A Dios le encanta sorprendernos con Sus respuestas. Puede que pienses que Su respuesta no es la correcta, pero te garantizo que sí lo es. Ahí es que entra la fe, y eso es lo que Habacuc llega a entender.

Déjame preguntarte esto. ¿Estás escuchando de Dios? ¿Te está Dios hablando? ¿Estás recibiendo respuestas de Dios?

«Y el SEÑOR me respondió.» «Clamé, y el SEÑOR me respondió.» «El SEÑOR me respondió.» «El SEÑOR me respondió.» Está en toda la Escritura.

¿Te está Dios respondiendo?

¿Te está Él hablando?

Si no es así , ¿por qué no?

¿Te estás colocando en una posición, en un lugar, donde puedes escucharlo a Él?

¿Estás tú en la Palabra?

¿Estás meditando en ella?

¿Estás reflexionando en ella?

¿Estás tomando tiempo en ella?

Amigas, no me digan cuán ocupadas están porque yo lo sé. Yo también estoy ocupada. Todas lo estamos, y algunas veces simplemente pienso, en toda esta actividad -Dios quisiera tener mucho menos actividad y simplemente más de nosotras.

¿Sabes qué? Encuentro que tengo que ser inflexible con mi agenda y con mi horario. Hay personas con las que no me puedo reunir. Hay personas a quienes no puedo ver. Hay cartas que no puedo escribir. Hay lugares a los que no puedo ir. Hay compromisos de conferencias que no puedo tomar.

Ahora, yo no estoy diciendo que nunca hago ninguna de estas cosas, pero tengo que limitarlas. Algunas veces las personas no entienden por qué no estoy haciendo más cosas, por qué no soy más social.

¿Sabes qué? Es porque he decidido que en esta vida quiero prepararme para estar lista para encontrarme con Dios, y eso significa que quiero estar escuchándolo. Y eso toma tiempo.

Tienes que hacer el tiempo. Eso no va a ocurrir solo en tu agenda. Tienes que apartar es el tiempo. Colocarlo aparte.

Ve a tu puesto de guardia. Ve a tu torre. Mantente alerta para ver lo que Dios te dirá, y a Su manera, y en Su tiempo, Él te responderá.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta muy pronto para orar. Oramos en fe, sabiendo que Dios responderá. El libro de Habacuc nos ha mostrado lo que se siente el pensar que Dios no está escuchando. También explica porqué la respuesta de Dios es diferente de lo que esperamos, y hoy vimos que Dios contesta a aquellos que pacientemente esperan por Él.

¿Porqué no escudriñas el libro de Habacuc más profundamente? Así descubrirías más sobre la oración, sobre esperar, sobre la frustración y sobre el gozo. Durante la serie actual de Nancy titulada » Habacuc: del temor a la fe » yo espero que estés leyendo y releyendo el libro de Habacuc.

Por 2,000 años, los creyentes en Jesús han reclamado que Él viene pronto. Bueno, la mayoría de nosotros no planificamos en segmentos de miles de años ni pensamos en un milenio como algo que viene pronto. Nancy Leigh DeMoss te ayudará a encontrarle sentido a todo cuando ella regrese en el próximo programa. Ahora ella está de vuelta para orar.

Nancy: Señor, danos oídos para escuchar y corazones para recibir lo que Tú nos dirás. Gracias porque Tú eres un Dios que habla, un Dios que se ha revelado a Sí mismo. Gracias porque Tú quieres darnos dirección, sabiduría, comprensión fresca y entendimiento.

Ayúdanos a tener corazones quietos, a estar lo suficientemente quietas para escucharte y recibir lo que Tú nos dirás. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

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Domingo 18 Octubre

En esto hemos conocido el amor, en que él (Jesús) puso su vida por nosotros.
1 Juan 3:16

Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.
1 Pedro 2:21

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Me acababan de operar. Era de noche y hacía mucho calor. Estaba acostado boca arriba y tenía varios aparatos conectados a mi cuerpo y a mis brazos. No debía moverme, pues la alarma sonaría y las enfermeras vendrían de prisa a ver qué pasaba. Todo el personal del hospital era amable y atento. Pero durante la noche me había llamado especialmente la atención la paciencia y la dulzura de la enfermera de turno. Hacía todo lo posible para aliviar el dolor de los que habíamos sido operados, pero yo era incapaz de articular la más mínima palabra de agradecimiento

Considerando la amabilidad excepcional de esta persona pensé: «Tiene que ser cristiana», pues se parece al Maestro, al Señor Jesús mismo, que siempre estaba lleno de compasión por los enfermos.

Pasaron tres noches. Al cabo de la tercera, esta enfermera vino a despedirse de mí, pues no volvería hasta la próxima semana. Dudó un instante y luego se acercó a mi cama y me dijo suavemente, al ver mi Biblia encima de mi mesa de noche: «¿Es su tesoro?». «Sí», afirmé. Ella me respondió con una sonrisa: «El mío también», y luego desapareció.

“Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia… si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor del Señor, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Proverbios 2:1-6).

Deuteronomio 12 – Juan 7:32-53 – Salmo 118:15-20 – Proverbios 25:18-19
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