¿Qué es teología cristiana?

La palabra «teología» proviene de dos palabras griegas que significa «Dios» y «palabra». Al combinarlas, la palabra «teología» significa «el estudio de Dios». La teología cristiana es el estudio de lo que la biblia enseña y lo que los cristianos creen. Muchos creyentes consideran la teología cristiana como algo que trae división, o algo que hay que evitar. ¡En realidad, la teología cristiana debería unir! La palabra de Dios enseña la verdad y debemos estar unidos tras esa verdad. Sí, hay desacuerdos y disputas en la teología cristiana. Sí, hay libertad para discrepar sobre aspectos que no son importantes de la teología cristiana. Por otra parte, hay muchas cosas en las cuales los cristianos deberían estar unidos. Una teología cristiana basada en la biblia nos permitirá comprender mejor a Dios, la salvación y nuestra misión en este mundo.

Para algunos, la palabra «teólogo» evoca imágenes de ancianos malhumorados examinando minuciosamente polvorientos volúmenes de textos antiguos en habitaciones con muy poca luz, estudiando cosas que están completamente lejos de la vida real. Nada podría estar más lejos de la verdad. Segunda Timoteo 3:16-17 nos dice que toda la escritura es inspirada por Dios, literalmente fue hablada por Dios, y es indispensable para nosotros porque nos hace completos y sin faltarnos absolutamente nada. Ser un teólogo, es ser uno que busca el rostro de Dios para encontrar al creador del universo y a su hijo Jesucristo, y abrazarlo como el señor de nuestras vidas, de modo que él se convierta en el centro de nuestros deseos, afectos y conocimiento. Esta intimidad se extiende a todos los aspectos de nuestras vidas, estremeciéndonos con sus bendiciones, consolándonos en tiempos de pérdida, fortaleciéndonos en nuestras debilidades y sosteniéndonos hasta el fin de nuestras vidas cuando lo veamos cara a cara. La escritura es la historia de Dios, y entre más estudiemos su palabra, mejor le vamos a conocer.

A continuación se presentan las diferentes categorías de la teología cristiana. El entender lo que la biblia dice acerca de las diferentes áreas de la teología cristiana, es clave para el crecimiento espiritual y la efectividad en la vida cristiana.

Teología propiamente dicha / Paterology – el estudio de Dios el padre.

Cristología – el estudio de la persona y la obra de Jesucristo.

Pneumatología – el estudio de la persona y la obra del Espíritu Santo.

Bibliología – el estudio de la palabra de Dios.

Soteriología – el estudio de la salvación a través de Jesucristo.

Antropología cristiana – el estudio de la naturaleza de la humanidad.

Hamartiología – el estudio de la naturaleza y los efectos del pecado.

Angelología – el estudio de los ángeles.

La demonología cristiana – el estudio de los demonios.

Eclesiología – el estudio de la naturaleza y la misión de la iglesia.

Escatología – el estudio de los tiempos finales / los últimos días.

GotQuestion.org es un ministerio de siervos voluntarios dedicados y preparados, que tienen el deseo de asistir a otros en su entendimiento de Dios, la Escritura, la salvación y otros tópicos espirituales. Somos cristianos protestantes, conservadores, evangélicos, fundamentalistas y sin denominación. Nos consideramos como un ministerio paralelo al de la iglesia, trabajando hombro con hombro con la iglesia para ayudar a la gente a encontrar respuestas a sus preguntas de índole espiritual.

La hija del militar

Lunes 16 Enero
A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales… son engendrados… de Dios.
Juan 1:12-13
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.
1 Juan 3:1

La hija del militar
El siguiente suceso me llamó la atención:

«Una niña irrumpió en medio de una ceremonia militar para encontrar a su padre».

Luego un video mostraba una fila de militares firmes y bien ordenados, cada uno con su uniforme, mientras del otro lado de la plaza, una niña se escapaba de un grupo, corría hacia los militares y se metía entre un par de piernas idénticas al resto. Eran las de su padre, quien se inclinó, tomó a su hija en sus brazos, le dio tiernamente un beso y luego la paró a su lado. La niña, satisfecha, regresó a su lugar bajo la mirada de los enternecidos espectadores. Y la ceremonia oficial continuó…

El gesto simple y natural de esta niña nos toca el corazón. Ella sintió una necesidad urgente de correr hacia su padre, a pesar de lo inapropiado, y nadie trató de impedírselo… Esto ilustra maravillosamente la expresión de la Biblia: “Hijitos… habéis conocido al Padre” (1 Juan 2:13). Solo uno de esos militares era el padre de la niña, y ella lo reconoció entre todos, sin dudar.

Todo creyente tiene el privilegio de conocer a Dios como a un Padre. Sin embargo, no conviene actuar con familiaridades, sino que debemos acercarnos con reverencia, como al Dios Altísimo. Este respeto hacia Dios no quita nada a la dulzura y a la intimidad de la relación.

“Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:15-16).

1 Samuel 13 – Mateo 11 – Salmo 10:1-11 – Proverbios 3:19-20

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La Historia de un Hombre Justo – Job 1:1–5


La Historia de un Hombre Justo
Job 1:1–5

¿Se ha fijado que muchas veces los que procuran vivir para Dios y agradarle son los que sufren en esta vida? Esta realidad parece ser una contradicción al concepto popular que tiene la mayoría de los cristianos de que el que anda en comunión personal con Dios debe gozar de prosperidad.
¿Por qué sufren los justos? El libro de Job nos presenta la historia verídica de un hombre que nos obliga a considerar esta pregunta. Job era un varón fiel a Dios que pasaba por una serie de circunstancias difíciles, sin comprender el plan de Dios en medio de esa experiencia trágica. Al leer su historia, nos identificamos con él en sus aflicciones y dudas. ¿Dónde está Dios? ¿Por qué no le ayuda?
A través del relato de Job, aprenderemos mucho acerca de lo que Dios hace con su pueblo. Al terminar el estudio de este libro, entenderemos mejor la forma en que Dios Ileva a Su pueblo hacia la madurez.

¡PENSEMOS!
¿Por qué sufre un hijo de Dios? En seguida consideraremos las opiniones de algunos amigos de uno que sufre. Veremos cómo tratan de ayudarle. Si le tocara a usted ayudar a un cristiano que sufre, ¿qué le diría? ¿Cómo se le puede explicar esta clase de aflicción al que la padece? ¿Qué respuestas se oyen hoy en cuanto a esta clase de pregunta? Se espera que antes de terminar este libro, aprendamos una mejor manera de ayudar a los que sufren. Examinaremos pues, algunos aspectos importantes del plan de Dios.

EL AUTOR
Aunque el libro de Job no presenta ningún indicio de quién lo escribió, se ha sugerido una larga lista de posibles autores. Job mismo es una posibilidad. El conocimiento tan detallado de los eventos sucedidos da evidencia de que el autor era un testigo ocular. Los escritores de la Biblia frecuentemente relatan sus propias experiencias en tercera persona. Otro testigo ocular que se ha mencionado como posible autor es Eliú; parece ser el que más comprendía la situación entre sus contemporáneos.
Algunos comentaristas han sugerido autores bíblicos conocidos. Si Moisés escribió los demás libros de ese período, bien pudo haber escrito este relato también. Al igual que en algunos otros casos, Dios podría haberle revelado a Moisés lo que hacía y que Job no podía comprender. Esta teoría encuentra cierto apoyo en el hecho de que Uz estaba cerca de Madián, donde Moisés vivió durante cuarenta años.
Salomón es otra posibilidad. Escribió la mayor parte de los libros de sabiduría del Antiguo Testamento. Su estructura poética es similar a la que él solía emplear. Muchas de las ideas plasmadas en estos libros se asemejan a sus enseñanzas también.
Estos posibles autores son tan sólo una muestra de los muchos que se han sugerido. Cualquiera de ellos pudo haberlo escrito. Obviamente Dios no quiso indicarnos con seguridad quién lo escribió. El mensaje del libro demuestra claramente que a fin de cuentas la fuente es Dios.

LA FECHA
Dada la dificultad para identificar al autor del libro, resulta prácticamente imposible comprobar a ciencia cierta la fecha en que fue escrito. Las fechas propuestas oscilan entre 2000 y 200 a.C. Quienquiera que se sugiera como autor del libro determinará la fecha establecida.
Sin embargo, la evidencia es más clara en cuanto a la fecha de los eventos descritos en el libro. Las condiciones presentadas indican que Job vivió durante la época de los patriarcas de Israel, alrededor de 2000 a.C.
La mayor certeza en favor de esta fecha es la edad de Job. Después de su restauración, Job vivió 140 años más (42:16–17). Al sumar tantos años a su experiencia y madurez anterior, tendría que haber vivido unos 200 años aproximadamente. Si aceptamos el relato de Génesis como una base para evaluar la vida normal de la gente de sus contemporáneos, se colocaría a Job durante el tiempo de Taré, el padre de Abram (Gén. 11:32). Aunque el número decreciente de años de vida mencionado en el relato de Génesis no puede emplearse para definir una fecha exacta, seguramente sirve para señalar la tendencia general de la época.
Hay algunos otros indicios de que Job vivió durante la época de los patriarcas. El estilo de vida era agrícola. La riqueza se medía conforme a la cantidad de cabezas de ganado, no de acuerdo a la cantidad de plata u oro. El mayor núcleo social más importante era la familia. Job desempeñó el cargo de sacerdote familiar. Por último, es notable la falta de referencias tanto para la ley mosaica como para Israel.

ANTECEDENTES HISTORICOS
Poco se sabe acerca del trasfondo de Job. Como Melquisedec, Job entra en el escenario y sale inadvertido, sin ningún indicio en cuanto a sus antepasados ni en cuanto al futuro de sus descendientes.
En los días en que Dios Ilamó a Abraham, además de sus familiares, había otros que confiaban en Dios. Como en el caso de Abraham, no hay ningún indicio respecto a la forma en que ellos decidieron acercarse a Dios. Es posible que aprendieran acerca de El en sus hogares, por medio de los padres de familia que recordaran las experiencias de su antecesor Noé y, por eso, seguían fieles al Dios de su patriarca. Aparentemente Job era uno de aquellos hombres, por lo que le recordamos juntamente con otros grandes hombres de la fe.

EL PROPOSITO Y EL TEMA
El relato en cuanto a Job se escribió para contestar a la pregunta de: “¿Por qué sufren los justos?” Se nos presentan varias alternativas para contestar esta interrogante. La respuesta simplista que proponen los tres amigos de Job, de que el sufrimiento es el resultado del pecado, muchas veces es cierto, pero no se aplica a todos los casos. A veces el sufrimiento se avecina para perfeccionar al pueblo de Dios y enseñarles a confiar más en El.
Aunque Dios nunca contestó directamente la pregunta de Job, le hizo cambiar su perspectiva. Cuando las respuestas humanas no sirven para contestar satisfactoriamente las preguntas de alguien que sufre, es necesario que esa persona adquiera una nueva visión del Dios soberano que tiene el control de Su universo. Cuando el hombre logra ver a Dios tal como El es, puede ser que aún no comprenda lo que Dios hace, pero está dispuesto a confiar en El y en los buenos propósitos que tiene para con Su pueblo. Job fija sus ojos en Dios y esto lo satisface. Ya no tiene que saber el porqué de su situación.
Así que, Job es un libro acerca de Dios y la forma en la que trata a Su pueblo, y es asimismo, un libro que trata el tema del sufrimiento. El libro nos revela la naturaleza de Dios y nos enseña mucho en cuanto a Su forma de perfeccionar a Sus hijos. Por eso, nos debe ayudar a aprender cuál ha de ser nuestra actitud a la luz de esta revelación divina.
Además del problema del sufrimiento y la revelación de Dios, Job presenta un ejemplo concreto del conflicto espiritual en el que todos participamos en este mundo. Aunque sin saberlo, mediante su experiencia Job participó en un conflicto mucho mayor, el enfrentamiento de Satanás ante Dios para controlar la vida de los hombres.
Al observar la vida de un hombre sometido voluntaria y fielmente a la autoridad de Dios en su vida, Satanás se dedicó a tratar de provocar su caída. A pesar de las múltiples acechanzas de Satanás, Job se mantuvo fiel a Dios.
El ejemplo de Job debe servirnos de advertencia como pueblo de Dios en cuanto a los propósitos de Satanás y la forma en que nos ataca. Hará todo lo posible para hacernos caer. La fidelidad de Job y su posterior restauración debe motivarnos a seguir su ejemplo y mantenernos fieles. Al someternos voluntariamente a la autoridad de Dios, podemos colaborar con El en la victoria de Su reino sobre el de Satanás.

LA ORGANIZACION DEL LIBRO
El libro comienza con una introducción donde se presenta el conflicto espiritual del cual la historia de Job forma parte (1–2). Se describen los eventos celestiales que provocaron el sufrimiento de Job.
La mayor parte del libro expone el debate humano en lo tocante a las causas del sufrimiento (3–37). El diálogo se desarrolla a través de tres ciclos del debate entre Job y sus tres amigos. Esta discusión gira alrededor de la relación entre el pecado y el sufrimiento (3–31). Los amigos de Job insisten en que sólo los pecadores sufren. Job protesta porque él es inocente y de cualquier manera sufre. Cuando el primer debate en base a la lógica humana resulta inútil, Eliú interviene para demostrar que el sufrimiento es un medio que Dios emplea para la edificación y purificación de sus hijos (32–37).
Al fin, Dios interviene para dar la última palabra en cuanto al tema. Sin embargo, Dios no contesta directamente la pregunta de Job. Este, al ver a Dios tal como El es, queda satisfecho; no hacían falta más explicaciones (38–42:6). El relato concluye con una descripción de la restauración de Job y de las bendiciones que Dios le da una vez pasada la prueba (42:7–17).

PROLOGO: EL CONFLICTO ESPIRITUAL 1–2
EL RAZONAMIENTO HUMANO 3–37
LA REVELACION DIVINA 38–42:6
EPILOGO: EL RESULTADO DEL CONFLICTO
42:7–17

LAS CIRCUNSTANCIAS DE JOB 1:1–5
El libro principia con un prólogo que explica la verdadera naturaleza de estos eventos en la vida de Job (1–2). La experiencia de Job formaba parte de un conflicto espiritual mucho mayor que la prueba que se cernía sobre él. Se encontraba en medio del enfrentamiento eterno de Satanás ante Dios.
Job nunca escuchó esta parte de la historia. El autor explica por qué un Dios justo estaría dispuesto a permitir que uno de Sus hijos pasara por un período de aflicción. Es una lástima que Job no hubiera podido leer este aspecto de la historia antes de pasar por semejante prueba. Le habría sido mucho más fácil comprender y aceptar el plan de Dios para su vida a través de aquellos momentos difíciles. Parte del proceso de crecimiento espiritual de Job implicaba la necesidad de confiar en Dios aun cuando no podía entender lo que le pasaba.
Su Carácter 1:1
La primera escena del libro comienza en Uz, un pequeño pueblo al sureste de Palestina. En cuanto a su carácter, Job era un hombre recto. Reconocía la autoridad de Dios y se había sometido a esa autoridad. Trataba de agradar a su Señor y evitar el mal.
La descripción de su carácter deber ser interpretada con cuidado. Por su naturaleza humana, Job se incluye entre los que Pablo menciona como pecadores (Rom. 3:23). Al calificárle como un hombre “perfecto” en el Antiguo Testamento, el autor se refiere a su integridad. La expresión traducida del original señala que Job era un hombre “intachable” o “irreprensible”. Nadie podía hallar motivo para criticarle, ni en su relación con Dios, ni en su relación con su prójimo.
La vida diaria de Job demostraba que era un hombre que andaba en comunión con Dios. Reconocía que su Señor merecía reverencia y temor. Además, se había dado cuenta de que Dios exigía un estilo de vida justo. El libro deja claro desde un principio que Job no estaba sufriendo por causa del pecado. Era un varón de Dios ejemplar.

JOB NO SUFRIA POR HABER PECADO

Su prosperidad 1:2–3
El resultado de la fidelidad en su relación con Dios fue la bendición y la prosperidad. La sumisión a Dios y la bendición recibida se extendió también hacia toda su familia.
Dios le dio una gran familia que sería una bendición y una ayuda fuerte para la vida agrícola en la tierra donde Dios le colocó. Además, Dios le había prosperado con una gran cantidad de animales, a tal grado que el pasaje dice que su hacienda era la mayor de entre todos los orientales de su tiempo. Job gozaba de muchas bendiciones y le sobraban motivos para estar agradecido con Dios.

JOB FUE PROSPERADO POR DIOS

Su Familia 1:4–5
Aparentemente los hijos de Job estaban muy unidos. Pasaban mucho tiempo juntos. Siempre se reunían para celebrar cumpleaños y otras ocasiones especiales.
Job servía delante de Dios como sacerdote familiar. Es notable su inquietud por el estado espiritual de sus hijos. Job reconocía que Dios demandaba un sacrificio de sangre para perdonar los pecados. Por eso, él le ofrecía sacrificio todos los días, en caso de que alguno de sus hijos hubiera pecado. Quería estar seguro de que todos ellos estuvieran en buena comunión con Dios. Aunque esta actividad quedaría prohibida después del establecimiento de la ley, era la norma durante la época de los patriarcas (Gén. 8:20, 12:7–8). Esta responsabilidad sacerdotal del padre requería de una gran inversión tanto de su tiempo como de sus posesiones. Sin embargo, Job lo hizo de buena gana porque procuraba el bienestar de su familia.

¡PENSEMOS!
Job reconoció la gran responsabilidad que Dios le había otorgado como padre. Es evidente que estaba muy interesado en el bienestar de sus hijos. Por lo tanto, invirtió tiempo y dinero en ellos para asegurarse de su buen estado espiritual. ¿Cuáles son las implicaciones del ejemplo de Job para nosotros en la actualidad? ¿Qué pasos podemos dar para asegurarnos del estado espiritual correcto de nuestros hijos? ¿Habrá algo específico que usted deba hacer para el bienestar espiritual de sus hijos?

En todo el sentido de la palabra, Job era un hijo de Dios ejemplar. Andaba en comunión con Dios e intentaba agradarle en todo. Cumplió fielmente con sus responsabilidades en relación con Dios, con su prójimo y con su propia familia. Por lo tanto, Dios le bendijo. Este hombre recto gozaba de la verdadera prosperidad.

Porter, R. (1987). Estudios Bı́blicos ELA: ¿Por qué? (Job) (pp. 5-13). Ediciones Las Américas, A. C.

Mas yo oraba – Salmo 109:4

Las lenguas mentirosas estaban ocupadas en manchar la reputación de David; pero él no se defendió, sino que remitió la causa al Tribunal Supremo y suplicó delante del gran Rey. La oración es el medio más seguro para responder a las palabras de odio. El Salmista no oró fríamente, sino con fervor: puso en ello toda su alma y todo su corazón, como lo hizo Jacob cuando luchó con el ángel. Así, y solo así, tendremos buen éxito ante el trono de la gracia. Al igual que una sombra no tiene virtud alguna porque no hay en ella sustancia de ninguna clase, tampoco la súplica en que no está presente el corazón, luchando ardientemente y demostrando un vehemente deseo, resulta en modo alguno eficaz, pues le falta aquello que le da poder. «La oración ferviente —dice un antiguo teólogo— es como un cañón emplazado frente a las puertas del Cielo, que las hace abrir enseguida». La falta común en muchos de nosotros es la propensión a distraernos. Nuestros pensamientos vagan de aquí para allá y avanzamos poco hacia nuestro deseado fin.

¡Qué malo es esto! Nos perjudica y, lo que es peor, insulta a nuestro Dios. ¿Qué pensaríamos de un peticionario que, mientras está en audiencia con un príncipe, jugase con una pluma o se pusiera a cazar moscas? La constancia y la perseverancia se hallan implícitas en la expresión de nuestro texto. David no clamó solo una vez para caer después en el silencio, sino que continuó orando hasta que llegó la bendición. La oración no debe ser una ocupación ocasional, sino una labor cotidiana: un hábito y una vocación. Como los artistas se consagran a sus modelos, y los poetas a sus estudios clásicos, así nosotros debemos dedicarnos a la oración. Hemos de sumergirnos en la plegaria y orar sin cesar.

Señor, enséñanos a orar de tal manera que podamos prevalecer más y más en nuestras súplicas.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, pp. 23-24). Editorial Peregrino.

Jesús – su santidad (2)

Domingo 15 Enero

Jesús el Hijo de Dios… fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

Hebreos 4:14-15

Fuisteis rescatados… con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.

1 Pedro 1:18-19

Jesús – su santidad (2)

Al nacer en la tierra, Jesús se hizo “semejante a los hombres” (Filipenses 2:7). Exteriormente no había nada que lo diferenciase de los demás, pero entre él y ellos había una diferencia esencial, y la Palabra de Dios la subraya cuidadosamente. A diferencia de todos los descendientes de Adán, Jesús no tenía pecado:

– “Cristo… no hizo pecado” (1 Pedro 2:21-22). La conducta de Jesús fue perfecta; siempre obedeció a Dios, y nunca hizo ningún mal (Lucas 23:41). Cerró la boca a sus opositores, preguntándoles: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Juan 8:46).

– “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado” (2 Corintios 5:21).

Jesús era santo y puro, sin pecado; no obstante, cuando tomó nuestro pecado sobre él, para sufrir el juicio en nuestro lugar, el Dios santo lo castigó y lo abandonó. ¡Era necesario que Dios castigara severamente el pecado!

– “No hay pecado en él” (1 Juan 3:5).

Todos somos pecadores por naturaleza; en cambio, el pecado no halló ningún lugar, ningún eco, en la persona santa de Jesús.

¡Sí, Jesús fue perfecto en todos los sentidos! Era el cordero para el sacrificio del cual ya hablaba Abraham (Génesis 22:8), ese “cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo” (1 Pedro 1:19-20), y reconocido por Juan el Bautista, quien da un testimonio claro de él: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

(continuará el próximo domingo)

1 Samuel 12 – Mateo 10:26-42 – Salmo 9:15-20 – Proverbios 3:16-18

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3 preguntas rápidas antes de dejar su iglesia

3 preguntas rápidas antes de dejar su iglesia
Por: Tim Challies

Todos sabemos que hay momentos y circunstancias en los que el único plan de acción correcto es dejar una iglesia. Si los líderes de la iglesia han apostatado o han demostrado no estar calificados para el ministerio, si están predicando un falso evangelio, si se han rendido a la cultura, necesitamos salir. Podemos abandonar estas iglesias de una manera valiente y sin mirar atrás, sacudiendo el polvo de nuestros pies.

Sin embargo, la mayoría de las veces, dejamos las iglesias por lo que podríamos considerar razones personales. No necesitamos irnos, pero elegimos irnos. Normalmente lo hacemos cuando nos sentimos cansados de las personas, cuando sentimos que ya no se interesan por nosotros, cuando las relaciones se sienten frías en lugar de cálidas, cuando sentimos que necesitamos un nuevo inicio.

Me pregunto si estás en ese lugar ahora mismo, eres parte de una iglesia pero te sientes incómodo, listo y dispuesto a salir. Tal vez has asistido a otra iglesia una o dos veces y te sientes atraído por esa congregación, por esos cristianos. No siempre es incorrecto dejar una iglesia bajo tales circunstancias, pero antes de hacerlo, me gustaría hacer tres preguntas importantes, las cuales he hecho muchas veces como anciano y pastor de la Iglesia Fellowship Grace en Toronto, Canadá:

Aquí está la primera pregunta: ¿has estado orando por los hermanos de la iglesia donde te encuentras? Tu amor por los demás crece en proporción a tu oración por ellos. A medida que oras por las personas, comienzas a experimentar amor hacia ellas. Estás llamado a orar por tus enemigos con la esperanza de que se conviertan en tus hermanos y hermanas y por los extraños con la esperanza de que se conviertan en tus amigos. ¿Cuánto más, entonces, debes orar por los miembros de la iglesia? Cuando no oras por los hermanos de tu iglesia, pronto encontrarás tu corazón enfriándose hacia ellos. Una vez que tu amor se enfría por ellos quizás te encuentres echándoles la culpa por tu falta de contentamiento cuando realmente empezó dentro de ti. Antes de salir de una iglesia, primero determina que te tomarás un tiempo para orar específicamente y por nombre por las personas de la iglesia. Luego examina si tu corazón permanece frío y distante.

Aquí está la segunda pregunta: ¿Ha estado sirviendo a la gente de esta iglesia? Tu amor por los demás crece en la misma medida de tu servicio hacia ellos. A medida que sirves a los demás, naturalmente sentirás amor por ellos. Demasiados cristianos prefieren que se les sirva en lugar de buscar todas las oportunidades para servir. Miden su reacción emocional a la iglesia por las acciones que otros han tomado o no han tomado hacia ellos. Sin embargo, el primer llamado de Dios a nosotros no es para que nos sirvan sino para servir (Marcos 10:45, Filipenses 2:5-11). A medida que imitamos a Cristo en su servicio abnegado, nuestro amor se vuelve más cálido. Antes de dejar una iglesia, primero determina que te tomarás un período de tiempo para servir a esa iglesia… …para buscar de forma creativa oportunidades para servirles y sorprenderles. Luego examina si tu corazón permanece frío y distante.

Y una última pregunta: ¿Ha estado con la gente de esta iglesia? ¿Has estado allí el domingo por la mañana, y si lo has hecho, has estado en todo momento, buscando gente con quién hablar, gente nueva a la que conocer, café para preparar, sillas para acomodar? ¿Ha estado en los servicios de los domingos por la noche o a mitad de semana, o en las reuniones de oración, o en los grupos celulares? Si todos los demás en la iglesia se reúnen tres veces a la semana mientras tú caes como paracaidista para un rápido encuentro el domingo por la mañana, inevitablemente te sentirás como un extraño mirando hacia adentro. Necesitas involucrarte en la vida de una iglesia, no sólo en la reunión principal. Antes de salir de una iglesia, primero determina que por un tiempo te comprometerás con ella de lleno. Luego examina si tu corazón permanece frío y distante.

Ante muchas circunstancias tenemos libertad ante Dios para movernos de una iglesia a otra. En algunos casos es un plan de acción necesario, mientras que en otros es una acción pecaminosa. Sin embargo, la mayoría de las veces es algo a discreción personal, dependiendo de los particulares, las circunstancias, y el corazón. Antes de hacer tal movimiento, considera las preguntas: ¿Has estado orando por la gente de la iglesia? ¿Has estado sirviendo a la gente de la iglesia? ¿Has estado con la gente de la iglesia? El amor se enfría donde no hay oración. El amor se enfría donde no hay servicio y no hay unión. En otras palabras, el amor se enfría donde no hay amor, no hay expresión de amor a través de la oración, las obras y la comunión.

Tim Challies
Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

Jesús – su santidad (2)

Domingo 15 Enero
Jesús el Hijo de Dios… fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Hebreos 4:14-15
Fuisteis rescatados… con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.
1 Pedro 1:18-19

Jesús – su santidad (2)
Al nacer en la tierra, Jesús se hizo “semejante a los hombres” (Filipenses 2:7). Exteriormente no había nada que lo diferenciase de los demás, pero entre él y ellos había una diferencia esencial, y la Palabra de Dios la subraya cuidadosamente. A diferencia de todos los descendientes de Adán, Jesús no tenía pecado:

– “Cristo… no hizo pecado” (1 Pedro 2:21-22). La conducta de Jesús fue perfecta; siempre obedeció a Dios, y nunca hizo ningún mal (Lucas 23:41). Cerró la boca a sus opositores, preguntándoles: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Juan 8:46).

– “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado” (2 Corintios 5:21).

Jesús era santo y puro, sin pecado; no obstante, cuando tomó nuestro pecado sobre él, para sufrir el juicio en nuestro lugar, el Dios santo lo castigó y lo abandonó. ¡Era necesario que Dios castigara severamente el pecado!

– “No hay pecado en él” (1 Juan 3:5).

Todos somos pecadores por naturaleza; en cambio, el pecado no halló ningún lugar, ningún eco, en la persona santa de Jesús.

¡Sí, Jesús fue perfecto en todos los sentidos! Era el cordero para el sacrificio del cual ya hablaba Abraham (Génesis 22:8), ese “cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo” (1 Pedro 1:19-20), y reconocido por Juan el Bautista, quien da un testimonio claro de él: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

(continuará el próximo domingo)
1 Samuel 12 – Mateo 10:26-42 – Salmo 9:15-20 – Proverbios 3:16-18

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La lepra y su similitud con el pecado


La lepra y su similitud con el pecado

Por R. M. Wilson, traducido por Calvin George

Por un doctor cristiano

El signo característico de la lepra es el llamado punto muerto o anestesia. Esta mancha se encuentra prácticamente en todos los casos, y no hay otro síntoma tan característico. En el diagnóstico de la enfermedad utilizamos un alfiler, una pluma, dos probetas, agua fría y caliente para comprobar el dolor en la mancha; el pinchazo de un alfiler y una pluma, como sensación, y el agua fría y caliente, como habilidad para reconocer la diferencia entre calor y frío. Hemos encontrado esta mancha en el 99 por ciento de nuestros leprosos.

En el pecado existe esta pérdida del sentido del pecado o del mal.

Contagioso. La lepra no es muy contagiosa, como se suele imaginar. Debe «frotarlo», por así decirlo, para contraer. Es una enfermedad en la que el saneamiento es deficiente y más común en las regiones tropicales cálidas y húmedas, aunque también se encuentra en Islandia, Noruega, Minnesota y climas más fríos, pero generalmente no se propaga en estas regiones. Es más contagioso en la niñez y se puede contraer en las casas, la ropa o el contacto directo con el leproso.

El pecado es contagioso.

Hereditario. Los científicos ahora consideran que la enfermedad no es hereditaria. La mayoría de los hijos de leprosos, separados de su madre antes de los cuatro meses, no acaban con lepra.

El pecado es hereditario.

Superficial. La lepra es una enfermedad de la superficie del cuerpo: la piel, algunos de los nervios superficiales, las cuerdas vocales, la nariz y la superficie del cuerpo. Por lo general, no hay cambios patológicos en los órganos internos.

El pecado afecta las partes más profundas, el alma.

Mutilante. La lepra es mutilante, a menudo destruye los dedos de las manos y de los pies, los pies, la nariz, las cuerdas vocales, los ojos, etc.

El pecado mutila.

Destructivo. La lepra destruye el cuerpo.

El pecado destruye el alma.

Cegador. Debido a que el nervio facial a menudo se paraliza, hay parálisis de los músculos de la cara, marchitamiento de estos músculos y la pérdida de movimiento de los párpados conduce a la ceguera como efecto secundario. Las lágrimas corren por el rostro. No puedes parpadear. Pronto hay irritación y enfermedad por el polvo y la luz solar. La lente se adhiere al iris. No puede enfocar el ojo ni dilatar la pupila y la ceguera es común.

El pecado es cegador.

Peculiar para el hombre. La lepra es claramente una enfermedad del hombre y el germen no crece en los animales. La mayoría de los gérmenes crecerán en un cultivo, un conejillo de indias, por ejemplo, pero no así con el germen de la lepra. Por esta razón, es imposible elaborar un suero o una vacuna.

El pecado es una enfermedad del hombre.

Contacto prolongado. La lepra suele ser consecuencia de un contacto estrecho y prolongado con los leprosos. Aproximadamente el 50 por ciento de los niños que continúan viviendo con sus madres leprosas contraerán la enfermedad.

El contacto cercano con el pecado es peligroso.

Afecta a los jóvenes. La lepra se observa con mayor frecuencia en los jóvenes, generalmente se contrae en la primera infancia, pero los síntomas no aparecen hasta la pubertad o más tarde. La edad media de aparición en nuestros dos mil casos fue de veintidós. El período de incubación es lento y largo.

El pecado causa sus mayores estragos en los jóvenes.

Crea marginados sociales. La lepra convierte a los casos en parias, y a menudo deben aceptar su maldición y salir de sus hogares para vagar y mendigar. Esto es algo muy triste en el oriente. Muchos se vuelven mendigos tristes, miserables y errantes.

El pecado nos convierte en marginados del cielo.

Tiende a endurecerse. La lepra endurece la piel, le quita vida y sensación, y la piel suele ser más gruesa, dura, floja y con una sensación peculiar. Encontré a una niña morena con lepra en los Estados Unidos recientemente, y lo llamativo fue la piel gruesa, seca y dura.

El pecado endurece nuestro corazón.

Puede ser curado. En muchos casos, si se trata a tiempo, la enfermedad se puede controlar, detener y dominar, y no tengo miedo de llamarla «curada», aunque los médicos más bien dudan en decir «cura». Creemos que podemos verificarlo y controlarlo en el 75 por ciento de los niños que llegaron a tiempo. Durante miles de años se ha considerado incurable y desesperanzado, una maldición del cielo, por lo que los últimos veinticinco años [tome en cuenta que este escrito es de 1938] ha obrado un verdadero milagro con esta enfermedad. Anualmente damos de alta alrededor de setenta y cinco casos curados, y treinta y tres de nuestros leprosos se han casado y viven en la colonia con salud y fuerza normales. Recientemente, informes señalan que en los últimos diez años tres mil quinientos leprosos en todo el mundo han sido registrados como curados y dados de alta.

El pecado también es curado por la sangre de Jesucristo.

Parece un cadáver. Entre nuestros setecientos cincuenta casos, hay unos pocos que se parecen mucho a un cadáver; pérdida de expresión en el rostro, músculos marchitos, toda una imagen de un cadáver de pocos días de pie. Las lágrimas caen por el rostro y uno no puede llorar, sonreír ni reír, y es una imagen triste. Afortunadamente, no hay muchos casos de este tipo.

El pecado nos convertirá en un triste cadáver.

Es muy real. Algunos dicen que no hay enfermedad, solo imaginación. Ojalá vinieran los seguidores de la llamada Ciencia Cristiana y echaran un vistazo a una colonia de leprosos. Hay dos grupos de médicos, uno que siente “una vez leproso, siempre leproso” y el otro, que muchos leprosos se pueden curar. Algunos de los principales leprólogos del mundo creen que la lepra se puede curar o detener. Muchos de mis casos vuelven a la salud normal y se han mantenido en buen estado de salud durante muchos años. Por supuesto, puede haber una recaída, si viven en un entorno inadecuado.

Algunos piensan que no hay pecado, no hay salvación, que no hay más allá. Pero “yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (II Tim. 1:12).

Moody Monthly, 1938

Y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! – Mateo 14:30

Los siervos del Señor, cuando se están hundiendo, recurren a la oración. Pedro olvidó orar al emprender su atrevido viaje, pero una vez que empezó a hundirse el peligro le hizo clamar; y, aunque su clamor se produjo tarde, no fue demasiado tarde.

En las horas de dolores físicos y de angustia mental, nos sentimos llevados a la oración de un modo natural, como las olas llevan al náufrago a la orilla. La zorra corre a su cueva para protegerse; el pájaro vuela al bosque para refugiarse y, de la misma forma, el creyente probado se apresura a ir al propiciatorio para hallar seguridad. La oración es el gran puerto de refugio celestial: miles de naves sacudidas por las tormentas hallaron allí su refugio. Así que, cuando se acerque alguna tormenta, será prudente que nos dirijamos a ese puerto a toda vela.

Las oraciones cortas son suficientemente largas. La petición que Pedro formuló constó solo de dos palabras, pero fueron suficientes para su propósito. Lo deseable no es la extensión, sino el poder. Un sentido claro de nuestra necesidad puede enseñarnos a ser breves. Si nuestras oraciones tuviesen menos plumas de la cola —que indican jactancia— y más de las alas, serían mucho mejores. La verbosidad es a la oración lo que el tamo al trigo. Las cosas preciosas se colocan en espacios reducidos, y cuanto hay de verdadera oración en una larga plegaria, podría expresarse en una petición tan corta como la de Pedro.
Nuestras necesidades son las oportunidades de Dios. En cuanto un vivo sentimiento de peligro arranca de nosotros un clamor angustioso, el oído de Jesús oye en el acto (pues en él, el oído y el corazón son una misma cosa) y su mano no se tarda. Nosotros apelamos al Maestro en el último instante, pero su diligente mano compensa nuestra tardanza con una acción instantánea y efectiva. ¿Estamos a punto de ser arrastrados por las turbulentas aguas de la aflicción? Levantemos nuestras almas al Salvador y descansemos seguros de que él no permitirá que perezcamos.

Cuando no podemos hacer nada, Jesús lo hace todo. Pongamos a nuestro lado su poderosa ayuda, y todo irá bien.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 22). Editorial Peregrino.

Luche para entrar

Sábado 14 Enero
(Jesús dijo:) Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
Lucas 13:24
Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.
Juan 10:9

Luche para entrar
«Bip, bip, bip, bip…». Las señales sonoras y luminosas indican a los pasajeros de los transportes públicos que las puertas del bus se van a cerrar. Esto no impide que algunas personas que llegan tarde se lancen dentro, corriendo el riesgo de quedar atrapadas por las puertas que se cierran. ¿Por qué tantos viajeros corren ese riesgo, sabiendo que cada tres o cuatro minutos pasa un tren o un bus? Su empeño en querer entrar me hace pensar en esta frase de Jesús: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta”.

¿Por qué luchar? Porque no se trata de pasar con todo lo que poseemos. Al contrario, ¡para pasar esta puerta es necesario abandonar, renunciar y descargarse! Antiguamente, al caer la noche, en las ciudades se cerraba la puerta principal, por seguridad. Si alguien quería entrar, tenía que pasar por una puerta secundaria, una puerta estrecha ante la cual debía dejar todas sus valijas.

Sucede lo mismo para pasar por la puerta estrecha, la puerta que lleva a la vida eterna. Solo podemos entrar si dejamos nuestras pretensiones, la buena opinión que tenemos de nosotros, nuestro orgullo, nuestra codicia. Es preciso ir a la cruz donde Jesús dio su vida para salvarnos, a usted y a mí. Él nos abrió la puerta de la reconciliación con Dios. La puerta estrecha también es la puerta de la misericordia de Dios.

Esta puerta se cerrará un día. ¡Es necesario pasar por ella ahora mismo! ¡Debe ir a Jesús hoy!

1 Samuel 11 – Mateo 10:1-25 – Salmo 9:11-14 – Proverbios 3:13-15

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