Las consecuencias de las adicciones

Las consecuencias de las adicciones
Por Hearth Lambert

Nota del editor:Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las adicciones

La adicción no es un concepto abstracto para mí. En mi ministerio he aconsejado a muchas personas que han sido asaltadas por la adicción. El encuentro más costoso que he tenido con este problema fue con mi madre, que era adicta al alcohol. Tengo muy pocos recuerdos de mi madre sobria antes de cumplir los trece años. Debido a que crecí rodeado de adicciones y respondiendo a sus consecuencias, este tema es profundamente personal para mí.

Nuestra palabra adicción proviene de un término en latín que significa darse a uno mismo o rendirse. En efecto, las adicciones son cosas a las que nos entregamos. Los adictos se entregan en obediencia a algún objeto. La palabra adicción no es de las que aparecen en las Escrituras, pero el concepto al que se refiere es eminentemente bíblico. La realidad más profunda que la Biblia usa para describir este problema es la esclavitud.

En Romanos 6:15-23, el apóstol Pablo usa la metáfora de la esclavitud para describir el dominio del pecado sobre todo ser humano que existe aparte de Cristo. Dice: «¿No saben ustedes que cuando se presentan como esclavos a alguien para obedecerle, son esclavos de aquel a quien obedecen…?» (Ro 6:16). El pecado nos esclaviza. Nos convoca a la obediencia y nos rendimos de manera diligente al entregarnos a sus caprichos. Esta es la forma exacta en que funcionan las adicciones. Los adictos son cortejados por el objeto de su esclavitud y se rinden en obediencia a las órdenes de su amo. Pero las adicciones son amos crueles. Cuando seguimos los dictados de nuestras adicciones, terminamos sufriendo con el tipo de dolor que viene al seguir los mandatos de un gobernante malévolo. En Romanos 6, el apóstol Pablo detalla al menos tres consecuencias que inundan la vida de las personas que están atrapadas en el tipo de esclavitud que representan las adicciones.

En primer lugar, el tipo de esclavitud que vemos en la adicción es pecaminosa y lleva a más pecado. Pablo se dirige a los cristianos que en el pasado «presentaron sus miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad» (Ro 6:19). Las adicciones están mal porque es pecaminoso entregarse a cualquier cosa que no sea Dios mismo. Pablo dice que aunque los cristianos son libres de disfrutar todos los buenos dones de Dios (1 Co 6:12), los creyentes no deben ser dominados por nada más aparte de Cristo. La esclavitud de la adicción es pecaminosa en sí misma y conduce a más pecado.

La adicción de mi madre al alcohol la condujo a muchos otros pecados. Bebía para emborracharse porque quería olvidar toda la oscuridad de su vida que le causaba tanto dolor. Llegó a depender de este olvido etílico a pesar de todas las demás maldades que tuvo que cometer para recibirlo. La esclavitud de mamá al alcohol la condujo a la pereza, la ira, el robo, el abuso infantil, la mentira, la promiscuidad y la manipulación, todo en formas que estaban conectadas de manera intrínseca con su llamado continuo a obedecer a su amo, el vodka. Como es el caso con todos los adictos, su esclavitud pecaminosa de adicción la llevó a más y más pecado.

En segundo lugar, la esclavitud de la adicción conduce a la vergüenza. En Romanos 6:21, Pablo pregunta: «¿Qué fruto tenían entonces en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan?». La vergüenza es el remordimiento doloroso que sentimos cuando, en nuestro sano juicio, reflexionamos sobre las cosas miserables que hicimos en nuestra necia obediencia al dominio duro de nuestras adicciones. El comportamiento ridículo y autodestructivo de los adictos en su esclavitud a los objetos de su devoción es obvio para todos excepto para los propios adictos. Cuando un razonamiento claro arroja luz sobre su insensatez, conduce al tipo de vergüenza a la que se refiere Pablo.

Años después de que ella dejó de beber, me senté con mi madre mientras reflexionaba sobre la locura pecaminosa que produjo su esclavitud al alcohol. Mientras ella pensaba en los años de violencia que había acumulado sobre mi hermano y sobre mí, las docenas de hombres con los que había compartido su cuerpo y las relaciones que alguna vez fueron preciosas y que habían sido destruidas, apenas se atrevía a hablar. El dolor de tales consecuencias la llevó al suelo en un charco de lágrimas y vergüenza.

Finalmente, el tipo de esclavitud que se manifiesta en las adicciones conduce a la muerte. Después de realizar su pregunta sobre la vergüenza, Pablo agrega de forma inmediata: «Porque el fin de esas cosas es muerte» (Ro 6:21). La esclavitud de la adicción lleva a más pecado, a la vergüenza y a la muerte. En la Biblia, por supuesto, la muerte expresa la experiencia física que apunta a una experiencia espiritual más profunda. La muerte de nuestros cuerpos físicos apunta a la separación espiritual de Dios que nos deja muertos en nuestros delitos y pecados (Ef 2:1). Cada uno de estos significados bíblicos de la muerte es resaltado en la experiencia de la adicción.

Cuando tenía once años, un juez finalmente le dio a mi papá la custodia total de mi hermano y mía. Cuando llegó con un oficial de policía para recogernos, la última imagen que vi de mi madre fue ella desmayada en su propio vómito. No la volvería a ver durante dos años y más tarde me enteré de que casi había muerto ese día. Su esclavitud al alcohol la llevó al borde de la muerte. Pero ella tenía problemas mucho peores que ese.

Su adicción pecaminosa al alcohol fue solo una manifestación de un corazón pecaminoso que se negó a expresar dependencia en el Cristo resucitado. Hizo cosas que la llevaron a la muerte porque era objeto de ira y la muerte era su destino. El mayor problema de mi mamá no era que su cuerpo físico se estuviera muriendo, sino que ya había muerto en su espíritu. Las adicciones conducen a la muerte física porque son manifestaciones de la muerte espiritual. La muerte es la paga que recibes por tu esclavitud al pecado como una persona que está muerta en sus delitos y pecados (Ro 6:23).

Esta verdad llega a una realidad en Romanos 6 sobre la adicción que es quizás más profunda que la honestidad de Pablo acerca de las consecuencias de esas adicciones. Al abordar la esclavitud al pecado, Romanos 6 no destaca la adicción. La metáfora de la esclavitud incluye la adicción, pero no se limita a ella. La esclavitud no es solo una ilustración poderosa para aquellos con una adicción obvia. Cada uno de nosotros sabe lo que es estar esclavizado. Eso significa que, de una forma u otra, todos somos adictos.

No tienes que luchar con las adicciones obvias del sexo, el juego, las drogas o el alcohol para ser un esclavo. La metáfora de la esclavitud demuestra que todos somos propensos a un dominio pecaminoso por cosas que no son Cristo. Todos estamos enganchados a algo. Pudiera ser la heroína, pero es más probable que sean los elogios, la televisión, la ropa nueva, Facebook, los helados o docenas de otros amos que compiten con el Cristo resucitado en nuestros corazones. La esclavitud a las adicciones sutiles conduce al pecado, la vergüenza y la muerte de manera tan segura como las más extravagantes. Simplemente lo hacen con más delicadeza y lentitud. La diferencia está en la gradualidad.

Mi mamá era adicta al licor. Su esclavitud pecaminosa la llevó a pecados atrevidos, a una vergüenza desgarradora y a una muerte obvia que aparecía en los titulares de su vida. Yo no lucho con su adicción. El amo que tiendo a seguir se parece más a un cono de helado que a una botella de alcohol. Pero mi corazón pecaminoso puede aferrarse a ese dulce aceptable con una falta de confianza en Dios tan profunda como la demostrada por mi madre cada vez que estaba de juerga. Mis esclavitudes pecaminosas no aparecen en los titulares sino en la letra pequeña de mi vida, al añadir pecados adicionales que son más sutiles y con consecuencias más aceptables socialmente que la borrachera de mi madre. Mis esclavitudes me matarán de manera más lenta de lo que el pecado de mi madre la estaba matando. Pero mi habilidad para pecar con mayor delicadeza que mi madre en última instancia no me libra de esas esclavitudes. En todos los sentidos importantes, todos somos adictos porque todos somos esclavos. Y todos nosotros, a nuestra manera, experimentaremos las consecuencias que vienen de vivir una vida de esclavitud.

Pero ahí es donde entran las buenas noticias. Romanos 6 enfatiza que los creyentes ya no somos esclavos del pecado. No estamos atados a las adicciones pecaminosas que nos dominan.

Pero gracias a Dios, que aunque ustedes eran esclavos del pecado, se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fueron entregados, y habiendo sido libertados del pecado, ustedes se han hecho siervos de la justicia (Ro 6:17-18).

La Biblia promete que todos los que siguen a Jesús tienen un nuevo amo y al final conocerán la libertad de todo amo pecaminoso.

Esta es una buena noticia para los adictos. Mi madre finalmente se cansó de las consecuencias de su adicción al alcohol y se tomó en serio la idea de recuperar la sobriedad. Gracias al trabajo de algunas personas muy devotas, a la larga pudo dejar su hábito de beber. Pero ella seguía siendo una adicta. Fumaba de manera incesante, se arruinaba con las compras compulsivas y se acostaba con personas. No fue hasta que mi mamá conoció a Jesús que en verdad cambió. Su nuevo Amo, Cristo, finalmente rompió su esclavitud a todo pecado, no solo a la bebida.

Cómo Jesús rompe el control de la adicción sobre nosotros, lentamente y a través del tiempo, es el tema de otro artículo mucho más extenso. Pero el punto de Romanos 6:15-23 es que los adictos son esclavos que experimentarán las amargas consecuencias de esa esclavitud. Y, de manera más gloriosa, el punto es que Dios ha hecho provisión para que los adictos esclavizados sigan a un Amo mejor que los libera de la esclavitud al hacernos seguidores de Él. Esa es una buena noticia para todos nosotros, los adictos: mi mamá, yo e incluso tú.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Hearth Lambert
Heath Lambert es el director ejecutivo de la Association of Certified Biblical Counselors. Es profesor visitante del The Southern Baptist Theological Seminary y pastor asociado de la First Baptist Church en Jacksonville, Florida.

Invoqué el nombre de Jesús

Jueves 13 Octubre
Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.
Salmo 50:15
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Romanos 5:1
Invoqué el nombre de Jesús
Testimonio
“En mi infancia, mi padre, no practicante, me presionaba a ir a la iglesia. Cuando llegué a cierta edad, no encontré allá ninguna respuesta satisfactoria a las preguntas importantes de mi vida. Entonces me volví a la filosofía. Luego, el consumo de droga suave durante años me condujo a un hospital siquiátrico.

En ese momento Dios comenzó a hablarme. Encontré al Señor en mi cama de hospital, cuando estaba en el fondo del abismo. Él me abrió los ojos y yo le abrí mi corazón entregándole toda mi vida para que viniera a morar en mí. Por primera vez en mi vida invoqué el nombre de Jesús pidiéndole que me ayudara.

Ese día experimenté por primera vez la autoridad y el poder que hay en el nombre del Señor Jesús. Él me liberó de la droga que me atormentaba, y me mostró el camino a seguir. Supe que había sido perdonado y salvado porque la carga de mi pecado, que pesaba tanto sobre mi conciencia, me fue quitada por el mismo Señor Jesús. Me sentí aliviado, feliz, libre; nadie podía quitarme este gozo, esta paz y esta felicidad que acababa de recibir a través de esta nueva vida. Seguidamente, el Señor me llamó con mi esposa a su servicio en un ministerio que cumplimos actualmente, felices de hacer su voluntad”. Léandre

“Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas… porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día… De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad” (Salmo 25:4-7).

Deuteronomio 7 – Juan 5:24-47 – Salmo 116:12-19 – Proverbios 25:8-10

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¿Por qué la humanidad de Jesús es importante?

La humanidad de Jesús es igualmente importante como su deidad. Jesús nació como un ser humano mientras aún seguía siendo totalmente divino. El concepto de la humanidad de Jesús coexistiendo con su deidad es difícil de comprender para la mente limitada del hombre. No obstante, la naturaleza de Jesús, completamente hombre y completamente Dios, es un hecho bíblico. Hay quienes rechazan estas verdades bíblicas y declaran que Jesús era un hombre, pero no de Dios (Ebionismo). El docetismo opina que Jesús era Dios, pero no hombre. Ambos puntos de vista son falsos y antibíblicos.

Jesús tuvo que nacer como un ser humano por varias razones. Uno se detalla en Gálatas 4:4-5: «Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos». Sólo un hombre podría ser «nacido bajo la ley». Ningún animal o ser angelical está «bajo la ley». Sólo los seres humanos han nacido bajo la ley, y sólo un ser humano podría redimir a otros seres humanos nacidos bajo la misma ley. Nacido bajo la ley de Dios, todos los seres humanos son culpables de transgredir esa ley. Sólo un hombre perfecto — Jesucristo — perfectamente podría guardar la ley y cumplirla, y por lo tanto rescatarnos de esa culpa. Jesús obtuvo nuestra redención en la cruz, intercambiando nuestro pecado por su perfecta justicia (2 Corintios 5:21).

Otra razón por la que Jesús tuvo que ser plenamente humano, es porque Dios estableció la necesidad del derramamiento de sangre para la remisión de los pecados (Levítico 17:11; Hebreos 9:22). La sangre de los animales, aunque fueron aceptables de manera temporal, como un anuncio de la sangre del perfecto Dios-Hombre, era insuficiente para la remisión definitiva del pecado «porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados» (Hebreos 10:4). Jesucristo, el Cordero de Dios perfecto, sacrificó su vida humana y derramó su sangre humana para cubrir los pecados de todos los que llegarían a creer en Él. Si Él no hubiera sido hombre, esto hubiera sido imposible.

Además, la humanidad de Jesús le permite relacionarse con nosotros, de una manera que los ángeles o los animales no pueden. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15). Sólo un ser humano podría compadecerse de nuestras debilidades y tentaciones. En su humanidad, Jesús fue sometido a toda clase de pruebas que nosotros tenemos, y por lo tanto, Él es capaz de comprendernos y de ayudarnos. Él fue tentado, perseguido, pobre, despreciado, sufrió dolor físico y soportó los dolores de la muerte más cruel y prolongada. Sólo un ser humano podría experimentar estas cosas, y sólo un ser humano las podía entender completamente a través de la experiencia.

Por último, fue necesario para Jesús el venir en carne, porque creer esa verdad es un requisito para la salvación. Declarar que Jesucristo ha venido en carne es la marca de un espíritu que viene de Dios, mientras que el anticristo y todos los que lo siguen, niegan esta verdad (1 Juan 4:2-3). Jesús ha venido en carne; Él es capaz de compadecerse de nuestras humanas debilidades; su sangre humana fue derramada por nuestros pecados; y Él era ciento por ciento Dios y ciento por ciento hombre. Estas son las verdades bíblicas que no se puede negar.

La vid y los pámpanos

Miércoles 12 Octubre

(Jesús dijo:) Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador… Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Juan 15:15

La vid y los pámpanos

Leer Juan 15

“En todo el mundo vegetal no existe ningún árbol que ilustre de manera más elocuente que la viña la relación del hombre con Dios. No hay ninguno cuyo fruto y jugo sean tan vivificantes y estimulantes. Pero tampoco existe ninguno que, al mismo tiempo, sea tan básicamente inútil, porque su madera no sirve para nada, sino para ser echada al fuego.

De todas las plantas, ninguna necesita ser podada tan despiadada e incesantemente como ella. Ninguna es tan dependiente de los cuidados del que la cultiva”. A. Murray

Comprendemos que Jesús haya tomado la imagen de la viña para enseñarnos una doble e importante lección. Él mismo se designa como la vid, el tronco de la viña; los creyentes son los sarmientos, dicho de otra manera, las ramas. Se entiende que la rama de un árbol solo está viva y puede producir fruto si está unida al tronco que la sostiene, y si la savia circula en ella.

“Permaneced en mí”, dice Jesús (la rama unida a la vid), “y yo en vosotros” (la savia circulando en la rama): es la primera condición para llevar fruto. “Porque separados de mí nada podéis hacer”, confirma el Señor a sus discípulos.

Segunda condición: someterse a una cuidadosa y competente poda por mano del viticultor, “el Padre”, para que llevemos más fruto. Llevar fruto, más fruto, es dejar que la vida de Jesús ocupe nuestros pensamientos, hacer su voluntad, hacer lo que le agrada.

Deuteronomio 6 – Juan 5:1-23 – Salmo 116:1-11 – Proverbios 25:6-7

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¿Qué es el nuevo pacto?

Lucas Alemán es Director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary

Tiene una licenciatura summa cum laude en idiomas bíblicos (B.A.) por The Master’s University, dos maestrías summa cum laude (M.Div. y Th.M.) y un doctorado (Ph.D.) por The Master’s Seminary. Actualmente sirve no solo como director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana sino también como director de los ministerios en español de The Master’s Fellowship. Es anciano en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California, y el editor general y uno de los autores de La hermenéutica de Cristo así como uno de los contribuidores de la serie En ti confiaré y El orgullo. Nacido en Buenos Aires, Argentina, Lucas emigró a los Estados Unidos en el 2008, donde conoció a su esposa Clara de origen brasileño. Juntos tienen tres hijos, Elias Agustín, Enoc Emanuel y Emet Gabriel.

Fiel hasta el final

Lunes 10 Octubre
(Jesús dijo a Pedro:) Yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.
Lucas 22:32
Él (Dios) dijo: No te desampararé, ni te dejaré.
Hebreos 13:5
Fiel hasta el final
“Tuvimos el gozo de pasar algunas horas con Wang Ming Dao, uno de los evangelistas chinos más conocidos. Él estuvo prisionero durante años bajo el régimen brutal de Mao Tsé Toung. Al comienzo, encarcelado debido a su fe en Cristo y considerando que no soportaría un encerramiento de por vida, se había retractado, por lo cual fue liberado. Pero apenas recobró la libertad, su conciencia fue trabajada. Reconoció la gravedad de su falta al haber negado a su Maestro. Avergonzado por esta cobardía manifestada hacia su Salvador, pensó que si el propósito de Dios para él era verdaderamente el encierro, debía someterse con confianza. Entonces, con un celo renovado por su Señor, recorrió las calles de Pekín proclamando: “¡Me llamo Pedro y negué a mi Maestro!”. Como era de esperarse, fue detenido inmediatamente. Durante diecinueve años sufrió por Cristo tras las rejas.

Al final de nuestra visita nos propuso cantar un himno que lo había reconfortado en la prisión:

El Señor me conduce a lo largo
del camino;
¿De quién más tendré necesidad?
¿Puedo dudar de su compasión
Que ha sido siempre mi compañía?
¡Qué paz celestial, qué consuelo divino
Permanecer en él por la fe!
Suceda lo que suceda, no tengo ningún temor
Porque Jesús hace todo divinamente bien”.
Deuteronomio 4:25-49 – Juan 4:1-30 – Salmo 115:1-8 – Proverbios 25:1-3

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¿Qué es el tribunal de Cristo?

Director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary

Tiene una licenciatura summa cum laude en idiomas bíblicos (B.A.) por The Master’s University, dos maestrías summa cum laude (M.Div. y Th.M.) y un doctorado (Ph.D.) por The Master’s Seminary. Actualmente sirve no solo como director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana sino también como director de los ministerios en español de The Master’s Fellowship. Es anciano en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California, y el editor general y uno de los autores de La hermenéutica de Cristo así como uno de los contribuidores de la serie En ti confiaré y El orgullo. Nacido en Buenos Aires, Argentina, Lucas emigró a los Estados Unidos en el 2008, donde conoció a su esposa Clara de origen brasileño. Juntos tienen tres hijos, Elias Agustín, Enoc Emanuel y Emet Gabriel.

El objetivo de Dios

Domingo 9 Octubre
En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende… Óyeme tú a mí; calla, y te enseñaré sabiduría.
Job 33:14, 33
El objetivo de Dios
En el siglo 17, en el ejército de Cromwell, jefe militar de Inglaterra, el reglamento exigía que cada soldado llevara consigo un ejemplar de la Biblia. Un joven delincuente se había enrolado en esa tropa con la esperanza de obtener un botín. Como todos sus compañeros, tuvo que llevar una Biblia con él. Después de una jornada de rudas batallas, queriendo tomar pan de su mochila, puso la mano sobre el libro y descubrió un misterioso hueco redondo en la cubierta. Observó bien y notó que una bala había atravesado una parte del volumen, pero se había detenido en la página de Eclesiastés 11. Con asombro leyó estas palabras: “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia… pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios” (v. 9).

¡Dios le hablaba! Fue consciente de que había rozado la muerte. Sin ese libro, probablemente estaría muerto y habría entrado en la eternidad sin estar preparado para encontrar a Dios. En ese mismo instante creyó en Jesús el Salvador y, desde entonces, lo siguió fielmente hasta el fin de su larga vida. Él solía decir: “Debo la vida a mi Biblia, la vida del cuerpo que ella preservó en el campo de batalla, y la vida de mi alma, que hallé en Jesucristo”.

Dios habla a los hombres de mil maneras: por medio de un accidente, un fracaso, una liberación, una decepción, o quizá por el relato que usted acaba de leer… El objetivo de Dios es alcanzar la conciencia y el corazón de sus criaturas. “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo” (Proverbios 4:20-22).

Deuteronomio 4:1-24 – Juan 3:22-36 – Salmo 114 – Proverbios 24:30-34

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Quiero morir (2) – Elías

Sábado 8 Octubre
Elías… deseando morirse, dijo… oh Señor, quítame la vida… los hijos de Israel han dejado tu pacto… y solo yo he quedado… Le dijo el Señor… Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal.
1 Reyes 19:2, 4, 14-15, 18
Quiero morir (2) – Elías
Leer 1 Reyes 19
Elías, el profeta de Dios, acababa de enfrentarse a centenares de falsos profetas, demostrando de manera espectacular que Dios era el único y verdadero Dios (1 Reyes 18). Entonces Jezabel, la reina idólatra, lo amenazó de muerte, y Elías huyó para salvar su vida. Caminó durante un día y luego se sentó debajo de un enebro. Pensando que estaba solo en medio de un pueblo desobediente a Dios, se desanimó. Decepcionado de los otros y de sí mismo, dijo: “Basta ya… quítame la vida”. Pero Dios tenía otro plan para su siervo. ¡Elías no moriría miserablemente debajo de ese arbusto! ¡Un carro y caballos de fuego lo llevarían pronto al cielo sin que pasara por la muerte! (2 Reyes 2:11).

Un ángel lo despertó y lo alimentó hasta que llegó a Horeb, “el monte de Dios”. Allí Dios le habló con una voz “apacible” y delicada que le llegó directamente al corazón. Y supo que estaba muy lejos de ser el único fiel.

La experiencia de Elías también puede ser la de un cristiano. Después de una victoria espiritual ganada con la ayuda de Dios, la fe se relaja. Y bajo la presión de las circunstancias, en lugar de contar con el Señor, uno se ensimisma. Se cree el único… Escuchemos entonces atentamente la voz llena de gracia del Señor. Entendamos que no estamos solos en el combate (1 Pedro 5:9). Y recordemos que el Señor puede venir de un momento a otro para llevarnos con él al cielo, sin que pasemos por la muerte, como lo hizo con Elías (1 Tesalonicenses 4:17).

(continuará el próximo sábado)
Deuteronomio 3 – Juan 3:1-21 – Salmo 113 – Proverbios 24:28-29

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