¿Quiénes son los Testigos de Jehová?

Coalición por el Evangelio

¿Quiénes son los Testigos de Jehová?

Preguntas Bíblicas

 ERIC ABISROR

Nota del editor: Este artículo es la adaptación de un episodio de podcast publicado originalmente en Teología en tu vida.

Los Testigos de Jehová son una secta o grupo religioso que empezó en los Estados Unidos en el año 1870. Se reúnen en edificios que ellos llaman «salón del reino de los Testigos de Jehová» y promueven doctrinas que atentan contra la enseñanza bíblica sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, entre otras.

Su fundador fue Charles Taze Russell, quien nació y murió en los Estados Unidos (1852-1916). Russell comenzó a estudiar la Escritura a los 18 años y terminó por afirmar que la Biblia solo podía entenderse de acuerdo con las interpretaciones particulares que él proponía. Además, tuvo problemas para aceptar las doctrinas bíblicas sobre el infierno eterno y la deidad de Cristo.

La «biblia» que usan los Testigos de Jehová

Los Testigos de Jehová intentan justificar sus creencias al usar su propia versión alterada de la Biblia. Ellos creen que todas las versiones de la Biblia que los cristianos tenemos corrompieron su contenido. Es por eso que hicieron su propia traducción de la Biblia, conocida como la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras». Sin embargo, los supuestos traductores de esta versión han alterado muchos versículos, hasta el punto de que cambian el significado original del mensaje de la Biblia sobre doctrinas de primer orden.

Por ejemplo, al inicio del Evangelio de Juan vemos una frase muy importante sobre la divinidad de Jesús:

«En el principio ya existía el Verbo (la Palabra), y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1, NBLA).

Pero la versión errónea de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras dice:

«En [el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios» (Juan 1:1; cursiva añadida).

Al leer esta traducción, puedes ver cómo cambia el significado de una doctrina esencial: la divinidad de Cristo, al minimizarlo a un dios pequeño. Esta doctrina promovida por los Testigos de Jehová atenta contra la evidencia bíblica de que Cristo es Dios y que es preexistente; verdades negadas por los Testigos, pero respaldadas por la Biblia (p. ej., Col 1:15-20He 1:8-10).

El «dios» de los Testigos de Jehová

Esto plantea una pregunta: ¿Cómo los Testigos de Jehová entienden la frase «hay un solo Dios»? Veamos un ejemplo en el libro de Isaías: «Acuérdense de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo» (Is 46:9, NBLA).

La cita anterior lleva a los Testigos de Jehová a creer que Jehová es la única forma correcta para llamar a Dios. Sin embargo, la Biblia registra algo muy diferente sobre los nombres de Dios. Varios personajes bíblicos hablaron del Señor usando varios nombres. Por ejemplo, el escritor de Génesis 1:1 usó el nombre hebreo «Elohim», aunque en nuestras versiones en español no se ve esta diferencia. En el Salmo 8:1, el salmista usó el nombre hebreo «Adonai». También, leemos en el Nuevo Testamento que a Dios se le confieren títulos, tales como «Padre» (p. ej., Mt 6:9Ro 1:71 Co 1:3).

Los Testigos de Jehová y la Trinidad

Al mismo tiempo, los Testigos de Jehová no tienen un entendimiento correcto sobre la doctrina de la Trinidad, porque no creen que esta doctrina sea bíblica. Ellos argumentan que no aceptan esta doctrina porque la Biblia no menciona esta palabra y porque el énfasis de ellos está en que hay «un solo Dios».

Lo que ellos mencionan es cierto; la palabra Trinidad no está en la Biblia y también hay un solo Dios. Pero como hablé con más detalle en un artículo sobre la Trinidad, la Biblia nos cuenta cómo es que hay un solo Dios en tres Personas. Los cristianos creemos que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas distintas.

La salvación en la que creen

Los Testigos creen que una persona puede obtener la salvación por fe en Cristo, pero también al pertenecer a su grupo y obedecer sus reglas. Como en otras religiones, en esta secta vemos que creen en la salvación como resultado de una combinación de fe y obras.

Sin embargo, los cristianos creemos que la salvación es un regalo de Dios que recibimos por la fe en Cristo (Ef 2:8-10). No hay obras que podamos hacer para alcanzar la salvación en Cristo (Ro 3:20). Creemos que las obras que los cristianos producen en sus vidas son un resultado directo de la salvación que recibimos en Cristo.

El «Cristo» de los Testigos de Jehová

Además, ellos creen que Cristo ya regresó al mundo en un evento espiritual e invisible. También creen que Jesús fue creado por Jehová y, por lo tanto, Cristo es «un dios», pero no como Jehová. 

Sin embargo, la Biblia es clara al afirmar que la segunda venida de Cristo será un evento físico, con muchas señales y maravillas. En otras palabras, la gente sabrá cuando Cristo regrese.

Palabras finales

Hay aproximadamente ocho millones de Testigos de Jehová, los cuales pertenecen a una secta que enseña falsas doctrinas antiguas. Lo más lamentable es que ellos viven sin esperanza verdadera, y no tienen la herencia y salvación que solo viene por la fe en Cristo.

La teología importa mucho en nuestras vidas y las doctrinas falsas tienen consecuencias eternas. Esforcémonos en comprender mejor nuestras doctrinas esenciales para compartir la Palabra con fidelidad.

Eric Abisror vive en Córdoba, Argentina con su esposa Danica y sus cinco hijos. Eric es misionero de Alcanzando y Capacitando, consejero bíblico certificado con ACBC y profesor en el Seminario William Carey. Actualmente, está haciendo un doctorado en consejería bíblica en el Seminario Midwestern. Puedes escucharlo en su podcast: Teología en tu vida.

Tesis #19 – La mayoría de las divisiones de la iglesia se han dado por nuestros egos agigantados

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 19

 La mayoría de las divisiones de la iglesia se han dado por nuestros egos agigantados

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Tesis #19 para la iglesia evangélica de hoy: «La mayoría de las divisiones de la iglesia se han dado por diferencias debidas a nuestros egos agigantados» – Pastor Miguel Núñez

Basada en Juan 17:21 «Para que todos sean uno. Como Tú, oh Padre, estás en Mí y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros, para que el mundo crea que Tú Me enviaste»

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

¿Qué es la apostasía y cómo puedo reconocerla?

Got Questions

¿Qué es la apostasía y cómo puedo reconocerla?

La apostasía, de la palabra griega apostasía, significa «un desafío a un sistema establecido o autoridad; una rebelión; un abandono o abuso de fe». En el mundo del 1º siglo, la apostasía era un término técnico para la revuelta política o deserción. Y al igual que en el primer siglo, la apostasía amenaza el cuerpo de Cristo hoy.

La Biblia advierte acerca de personas como Arrio (c. 250-336 D.C.), un sacerdote cristiano de Alejandría, Egipto, que fue entrenado en Antioquía a comienzos del cuarto siglo. Acerca de 318 D.C., Arrio acusó a Alejandro obispo de Alejandría de suscribirse al Sabelianismo, una falsa enseñanza que afirmó que el Padre, Hijo y Espíritu Santo eran simplemente roles o modos asumidos por Dios en varios momentos. Arrio estaba decidido a enfatizar en la unicidad de Dios; sin embargo, fue demasiado lejos en su enseñanza de la naturaleza de Dios. Arrio negó la Trinidad y presentó lo que pareció ser en la superficie una diferencia insignificante entre el Padre y el Hijo.

Arrio argumentó que Jesús no era homoousios (de la misma esencia) como el Padre, pero era homoiousios (de esencia similar). Solamente una letra griega – la iota (i) – separaba las dos. Arrio describió su posición de esta manera: «El Padre existió antes que el Hijo. Hubo un tiempo cuando el Hijo no existía. Por lo tanto, el Hijo fue creado por el Padre. Luego, aunque el Hijo era el más alto de todas las criaturas, no era de la esencia de Dios».

Arrio fue muy astuto e hizo lo mejor para poner a la gente a su lado, llegando incluso a componer una canción que enseñó su teología, la cual él trató de enseñar a todos los que le escucharían. Su naturaleza encantadora, su posición reverenciada como un predicador y como quien vivía en la negación de sí mismo, contribuyeron también a su causa.

Respecto a la apostasía, es crítico que todos los cristianos entiendan dos cosas importantes: (1) Cómo reconocer la apostasía y a los maestros apóstatas; y (2) por qué la enseñanza apóstata es tan mortal.

Las Formas de la Apostasía

Para identificar y combatir completamente la apostasía, es importante que los cristianos entiendan sus diversas formas y los rasgos que caracterizan sus doctrinas y maestros. En cuanto a las formas de la apostasía, hay dos tipos principales: (1) el alejarse de las doctrinas claves y verdaderas de la Biblia y caer en las enseñanzas heréticas que proclaman ser la doctrina cristiana «real»; y (2) una renuncia completa a la fe cristiana, que resulta en un abandono completo de Cristo.

Arrio representa la primera forma de apostasía — una negación de verdades cristianas fundamentales (como, por ejemplo, la divinidad de Cristo), que inicia un descenso hacia una desviación completa de la fe, que es la segunda forma de apostasía. La segunda forma casi siempre comienza con la primera. Una creencia herética se convierte en una enseñanza herética que se divide y crece hasta contaminar todos los aspectos de la fe de una persona, y entonces se logra la meta de Satanás, que es un total alejamiento del cristianismo.

Un ejemplo reciente de este proceso es un estudio de 2010 realizado por el prominente ateo Daniel Dennett y Linda LaScola llamado «Predicadores Que No Son Creyentes». El trabajo de Dennett y LaScola relata la historia de cinco diferentes predicadores que con el tiempo fueron presentados con y aceptaron enseñanzas heréticas sobre el cristianismo y ahora se han alejado totalmente de la fe y son o panteístas o ateos clandestinos. Una de las verdades más inquietantes destacadas en el estudio, es que estos predicadores mantienen su posición como pastores de iglesias cristianas con sus congregaciones ignorantes del verdadero estado espiritual de su líder.

Se advirtió sobre los peligros de la apostasía en el libro de Judas, que sirve como un manual para entender las características de los apóstatas como los narrados en el estudio de Dennett y LaScola. Las palabras de Judas son tan relevantes para nosotros hoy como lo fueron cuando Judas las escribió en el primer siglo; así que es importante leer y entenderlas cuidadosamente.

Las Características de la Apostasía y de los Apóstatas

Judas era el medio hermano de Jesús y un líder en la iglesia primitiva. En su carta del Nuevo Testamento, él describe cómo reconocer la apostasía e insta insistentemente a aquellos en el cuerpo de Cristo a contender ardientemente por la fe (vs. 3). La palabra griega traducida «contendáis ardientemente» es un verbo compuesto del cual obtenemos la palabra «agonizar». Es en el tiempo presente y significa que la lucha será continua. En otras palabras, Judas nos está diciendo que va a haber una lucha constante contra falsas enseñanzas y que los cristianos deben tomarlo tan en serio que incluso «agonicemos» en medio de la lucha en que estamos inmersos. Por otra parte, Judas aclara que todo cristiano está llamado a esta lucha, no sólo los líderes del cuerpo local. Así que es fundamental que todos los creyentes afilen sus habilidades de discernimiento para que puedan reconocer y prevenir la apostasía en medio de ellos.

Después de instar a sus lectores a contender ardientemente por la fe, luego Judas destaca la razón: «Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo» (versículo 4). En este versículo, Judas proporciona a los cristianos tres características de la apostasía y de los maestros apóstatas.

En primer lugar, Judas dice que la apostasía puede ser sutil. Judas utiliza la frase «han entrado encubiertamente» (que no aparece en ningún otro libro de la Biblia), para describir la entrada de los apóstatas en la iglesia. En el griego extra bíblico, el término describe la astucia de un abogado que, a través de una argumentación inteligente, se infiltra en las mentes de los funcionarios del Tribunal y corrompe su pensamiento. La palabra significa literalmente «entrar de lado; entrar furtivamente; difícil de detectar». En otras palabras, Judas dice que es raro que la apostasía comience de una manera abierta y fácilmente detectable. En cambio, se parece mucho a la predicación de Arrio en la cual solamente una sola letra distingue su doctrina de la verdadera enseñanza de la fe cristiana.

Describiendo este aspecto de la apostasía y su peligro subyacente, A. W. Tozer escribió: “Tan hábil es el error en imitar la verdad, que los dos están siendo constantemente confundidos uno por otro. Se necesita gran discernimiento en estos días para saber cuál de los hermanos es Caín y cuál es Abel». El apóstol Paul también habla del comportamiento agradablemente exterior de los apóstatas y sus enseñanzas: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:13-14). En otras palabras, los apóstatas no parecerán malos en el exterior ni dirán palabras escandalosas de herejía al comienzo de su enseñanza. En lugar de negar la verdad abiertamente, los apóstatas la torcerán para que se ajuste a sus propios planes; pero, como ha señalado el Pastor R. C. Lensky, «Las peores formas de iniquidad consisten en las perversiones de la verdad».

En segundo lugar, Judas describe a los apóstatas como «impíos» y como aquellos que usan la gracia de Dios como una licencia para cometer actos injustos. Comenzando con «impíos», Judas enumera dieciocho rasgos poco favorecedores de los apóstatas para que sus lectores puedan identificarlos más fácilmente. Judas dice que los apóstatas son impíos (vs. 4), moralmente pervertidos (vs. 4), niegan a Cristo (vs. 4), mancillan la carne (vs. 8), son rebeldes (vs. 8), gente que blasfema a los ángeles (vs. 8), son ignorantes de Dios (vs. 8), proclaman visiones falsas (vs. 10), autodestructivos (vs. 10), murmuradores (vs. 16), criticones (vs. 16), andan según sus propios deseos (vs. 16), personas que usan palabras arrogantes y adulaciones falsas (vs. 16), burladores de Dios (vs. 18), los que causan divisiones (vs. 19), sensuales (vs. 19) y finalmente (y no es de extrañar), carentes del Espíritu/no salvos (vs. 19).

En tercer lugar, Judas dice que los apóstatas «niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo» (Vs. 4) ¿Cómo hacen esto los apóstatas? Pablo nos dice en su carta a Tito: “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:15-16). A través de su comportamiento injusto, los apóstatas muestran a su verdadero yo. A diferencia de un apóstata, un verdadero creyente es alguien que ha sido liberado del pecado a la justicia en Cristo. Con Pablo, preguntan a los apóstatas que promueven el comportamiento libertino: “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?» (Romanos 6:1-2).

Pero la falsa enseñanza de los apóstatas muestra también su verdadera naturaleza. Pedro dice, «Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina» (2 Pedro 2:1). Otro aspecto de los verdaderos creyentes es que han sido liberados de la oscuridad espiritual a la luz (Efesios 5:8) y por lo tanto no negarán las verdades fundamentales de la Escritura como lo hizo Arrio con la divinidad de Jesús.

Finalmente, la señal de un apóstata es que eventualmente decae y se aparta de la verdad de la Palabra de Dios y Su justicia. El apóstol Juan indica que esto es una marca de un creyente falso: «Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros» (1 Juan 2:19).

Las Ideas Tienen Consecuencias

Dios toma en serio la apostasía y la falsa enseñanza se evidencia por el hecho de que cada libro del Nuevo Testamento, excepto Filemón, contiene advertencias acerca de la falsa enseñanza. ¿Por qué? Simplemente porque las ideas tienen consecuencias. Pensar bien y su fruto produce virtud, mientras que pensar mal y su acción acompañante resulta en castigos no deseados. Por ejemplo, los campos de exterminio camboyano de los años setenta fueron el producto de la cosmovisión nihilista de Jean Paul Sartre y su enseñanza. El líder del Khmer Rough, Pol Pot, vivió la filosofía de Sartre hacia el pueblo de una manera clara y aterradora, que fue articulada de esta manera: «Protegerte no es ningún beneficio. Destruirte no es ninguna pérdida».

Debe recordarse que Satanás no vino a la primera pareja en el Jardín con un armamento externo o un arma sobrenatural, sino que vino a ellos con una idea. Y fue esa idea que les condenó a ellos y al resto de la humanidad, siendo el único remedio la muerte sacrificial del Hijo de Dios.

La gran tragedia es que, consciente o inconscientemente, el maestro apóstata condena a sus incautos seguidores. Uno de los versos más temibles en todas las Escrituras proviene de los labios de Jesús. Hablando a Sus discípulos acerca de los líderes religiosos de su época, dijo, «Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo» (Mateo 15:14). Jesús afirma que no son sólo los falsos maestros que van a la destrucción, sino que también sus discípulos los siguen. El filósofo cristiano Soren Kierkegaard lo expresó de esta manera: «Porque nunca se ha sabido que un tonto, cuando se va por un mal camino, lleva a varios otros con él».

Conclusión

En el año 325 D.C., el Concilio de Nicea se convocó principalmente para retomar el tema de Arrio y su enseñanza. Para gran desilusión de Arrio, el resultado fue su excomunión y una declaración hecha en el credo Niceno que afirma la divinidad de Cristo: «Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible. Creo en un Solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho”.

Arrio pudo haber muerto hace siglos, pero sus hijos espirituales están todavía con nosotros hasta este día en la forma de sectas como los Testigos de Jehová y otros que niegan la verdadera esencia y persona de Cristo. Lamentablemente, hasta que Cristo regrese y cada enemigo espiritual haya sido removido, la cizaña como ésta estará presentes entre el trigo (Mateo 13:24-30). De hecho, la Escritura dice que la apostasía va a empeorar a medida que se acerque el retorno de Cristo. En aquel momento [los últimos días] “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán» (Mateo 24:10). Pablo les dijo a los Tesalonicenses que una gran apostasía precedería la segunda venida de Cristo (2 Tesalonicenses 2:3) y que el fin de los tiempos se caracterizaría por tribulación y charlatanes religiosos huecos: «en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres… que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita»(2 Timoteo 3:1-2,5).

Es crítico, ahora más que nunca, que cada creyente ore por discernimiento, combata la apostasía y contienda ardientemente por la fe que ha sido entregada una vez por todas a los Santos.

3 – Siendo Prudente

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

3 – Siendo Prudente

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo via radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

Nuestra norma de autoridad

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La ética cristiana

Nuestra norma de autoridad

Por David B. Garner

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana

Los especialistas intentan persuadirnos de que compremos su interpretación del mundo y sus convicciones sobre el bien y el mal. Nos dan consejos, nos hablan a los oídos, buscando un camino hacia nuestros corazones. Aunque como cristianos estamos equipados para pensar con la mente de Cristo, los «razonamientos persuasivos» aún pueden amenazar con llevarnos «cautivos», atrapando nuestras vidas en una red moral que no es «según Cristo» (Col 2:4-8).

Afortunadamente, navegar por la vida no depende de nosotros. Dios nos ha dado Su Palabra a través de Sus profetas y apóstoles. En Su Palabra, encontramos la razón de la creación y las promesas para el estado futuro de las cosas. Entendemos acerca de Dios, del hombre, del pecado y de la salvación. Dios nos revela Su amor soberano, Su perdón infatigable y Su gracia gloriosa. Descubrimos la divinidad, la dignidad, la depravación y la liberación. No solo nos dice por qué morimos; nos informa cómo vivir.

La Biblia no ofrece el sabio consejo de un amigo bien intencionado pero poco informado. Las Escrituras son la voz misma de Dios y «deben ser recibidas, porque son la Palabra de Dios» (Confesión de Fe de Westminster 1.4). La Escritura nos confiere la perfecta sabiduría de este Dios omnisciente y soberano y creador del universo, quien es, como proclama Su bondadosa Palabra, nuestro Padre celestial. Los «testimonios» de Dios son nuestros «consejeros» (Sal 119:24); Sus «mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos» (v. 98). Nuestro Pastor conduce Su rebaño a «verdes pastos» y «por el valle de sombra de muerte» (Sal 23:1-4). En Su Palabra, nuestro Padre expresa sin ambigüedad Su voluntad justa y llena de sabiduría para Sus hijos.

¿Pero qué pasa con el Antiguo Testamento? ¿Es relevante hoy en día? Uno podría preguntárselo, ya que hay paradigmas teológicos enteros que sostienen que la ley mosaica está esencialmente pasada de moda. Muchos afirman que el Antiguo Testamento es, bueno, antiguo, y por tanto es para una época anterior. Cualquier afinidad contemporánea con él es una tontería, ya que sería como buscar refrescarse en un pozo seco. Después de todo, ¿no se alegra el apóstol Pablo de que «Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree» (Rom 10:4)?

Sí. Jesús es, en efecto, el fin (de la palabra griega telos) de la ley. En eso nos alegramos con el apóstol. Pero ¿cómo debemos entender a Cristo como «el fin de la ley» y qué es lo que Pablo celebra realmente? ¿Deja Pablo a Moisés en el polvo y ve el Antiguo Testamento como una tierra estéril? ¿Acaso Jesús, como agua viva, disuelve la ley moral y sus requisitos obligatorios? No, porque el hecho de que Jesús sea el fin de la ley significa que Él es el objetivo de la ley, Aquel a quien apunta y que la cumple para que nosotros podamos cumplirla en agradecimiento a Su gracia gratuita.

EL FIN DE LA LEY

De manera armoniosa, Moisés, Jesús y Pablo refuerzan la instrucción divina dada a Adán en el jardín del Edén de que solo el que obedece la ley vivirá; el que la desobedece morirá (Gn 2:15-17). El Señor soberano reitera este punto claramente a Moisés: «Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple; yo soy el SEÑOR» (Lv 18:5). Pablo abraza la relevancia permanente de este principio de vida y muerte: «Porque Moisés escribe que el hombre que practica la justicia que es de la ley, vivirá por ella» (Rom 10:5).

Vivimos en el mundo de Dios. Vivimos ante Él y para Él. Y todos lo sabemos. Incluso los gentiles que carecen del beneficio de la ley escrita reconocen su responsabilidad ante Dios como portadores de Su imagen, como aquellos que tienen la ley «escrita en sus corazones» (Rom 2:15). Antes de que los Diez Mandamientos de Dios estuvieran inscritos en tablas, Su ley instruía al corazón humano. La autoconciencia es una conciencia divinamente diseñada que, en el fondo, conoce los fundamentos de la ley moral de Dios (Rom 1:18-20). 

Al considerar nuestra responsabilidad moral, no nos encontramos con un código legal rígido, sino con el Dios personal. «Pues el que dijo: No cometas adulterio, también dijo: No mates» (Stg 2:11, énfasis añadido). La ley escrita codifica los mandatos personales del Creador. Cristo da mayor claridad a los mandatos de Dios, ya que Él, que se deleitó en la voluntad de Su Padre (Jn 4:34), extrae toda la profundidad y el alcance de las exigencias de la ley sobre nosotros (ver Mateo 5-7). La Confesión de Fe de Westminster 19.1 resume estas exigencias de forma clara: «obediencia personal, completa, exacta y perpetua» en pensamiento, palabra, obra, motivo y meta.

Estas fecundas exigencias de la ley contrastan con la decadencia del hombre a lo largo de la historia de la humanidad que asegura su muerte. Cada iteración de la revelación bíblica agudiza la perdición del hombre: «La Escritura lo encerró todo bajo pecado» (Gal 3:22). Pero la espiral descendente de la rebelión se ve contrarrestada por la anticipación en la progresión del Antiguo Testamento, que asegura la llegada de un Hijo que cumpliría de una vez por todas la ley de Dios.

Este Hijo tan esperado, como atestiguan uniformemente los Evangelios, no es otro que Jesús de Nazaret. Nacido bajo la ley (Gal 4:4), el Hijo de Dios fue el único que la cumplió plenamente. Al observar sus exigencias más profundas, cumplió perfectamente la ley de Su Padre (Mt 5:1748). Sin embargo, este Hijo perfecto, en lugar de entrar en la vida, muere. ¿Cómo, con la inquebrantable promesa bíblica de vida por la obediencia a la ley de Dios, puede morir este Hijo perfecto?

Aquí reside el tesoro del santo evangelio: su gracia, su gloria y su llamado a la justicia. El perfecto legislador se convirtió en el perfecto guardián de la ley, y sin embargo sufrió la maldición de la ley como transgresor de la misma a causa de la desobediencia voluntaria, personal, completa, exacta y perpetua de Su pueblo. Nuestra cabeza del pacto, el Señor Cristo, sufrió, sangró y murió por nosotros. «Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él» (2 Co 5:21). 

Al guardar la ley, el Hijo obedeció el mandato moral de Su Padre para asegurar el propósito de Su Padre: redimir y consagrar a Su pueblo elegido. La fidelidad intachable a la ley y el pleno sometimiento a las sanciones punitivas de la ley lo calificaron como Mediador y Libertador del pueblo de Dios. Vivió, murió y resucitó para que Su pueblo pudiera vivir. Vindicado por el Padre en Su resurrección de entre los muertos, el Salvador da a Su Iglesia Su poder santo y vivificante de la resurrección (Ef 1:15-23). Por medio de Su Espíritu, Cristo asegura que seremos «santos y sin mancha delante de Él» (v. 4) y vivamos como «Pueblo Santo, redimidos del SEÑOR» (Is 62:12), el pueblo en el que habita ricamente la Palabra de Dios (Col 3:16).

LA LEY Y LAS CEREMONIAS

¿Pero qué pasa con las ceremonias religiosas que Dios dio a Su pueblo del Antiguo Testamento? Si la ley es nuestra guía santa, ¿debemos seguir teniendo un altar en nuestra iglesia, un sacerdote que proporcione sacrificios diarios y un calendario que guarde las fiestas y los festivales?

En cierto sentido, sí, deberíamos. Y, de hecho, lo hacemos, de una manera más esplendorosa que la que experimentaron nuestros antepasados del Antiguo Testamento. Las ceremonias religiosas del Antiguo Pacto nunca fueron concebidas para operar a perpetuidad o como un fin en sí mismas, sino que fueron instituidas con miras a su culminación, su fin en Aquel que derramaría Su vida para llenar hasta el desborde los vasos religiosos y tipológicos de la ley.

Las actividades de adoración del antiguo pacto tenían a Cristo como meta. Es decir, cada mandato —las fiestas, los festivales, los sacrificios y el contenido del tabernáculo/templo— tenía como objetivo a Cristo. El ceremonial del Antiguo Testamento era temporal porque era anticipatorio. Cuando Jesús completó Su obra, la ley ceremonial llegó a su fin, no porque las prácticas fueran inútiles, sino precisamente porque Él era su objetivo. Cristo era la anticipación de la ley; Cristo es su fin, su meta. En la medida en que adoramos al Cristo de la Escritura, el Hijo de Dios que es el fin o la meta de la ley, cada elemento de la ceremonia del Antiguo Pacto es nuestro en abundancia permanente.

LA PALABRA VIVA Y PERMANENTE

Entonces, todo cristiano del Nuevo Testamento es un cristiano del Antiguo Testamento. La santidad a la que Cristo nos llama está definida por la ley. Ninguna otra norma servirá. Para decirlo de otro modo, el Hijo de Dios obedeció la ley, de modo que los hijos de Dios son, por el Espíritu de Cristo resucitado, hechos vivos y llamados y equipados para obedecer la ley. Cristo, pues, es el fin de la ley para nosotros, de modo que, por Su Espíritu, alcanzará el fin de la ley en nosotros. Sin la santidad de Cristo, según la norma autorizada revelada por Dios, nadie —en ninguna época de la historia humana— verá al Señor (Heb 12:14).

La Palabra de Dios «vive y permanece» y «permanece para siempre» (1 Pe 1:2325). Su Palabra da vida (Sal 119:25). Despreciar los mandatos morales de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento es despreciar no solo la Palabra de Dios, sino también al Cristo de Dios. Oponerse a la ley de Dios en cualquier forma es oponerse al Salvador en toda forma; el espíritu antinomiano, que dice que la ley moral no es de ninguna manera obligatoria, es un espíritu anticristo. Por el contrario, el alma de la persona santificada se deleita en Cristo y en la ley que Él ama. Como hijos de Dios plenamente perdonados y justificados, estamos por gracia revestidos con las ropas de Su justicia, no con las galas de la rebelión. Estamos cubiertos generosamente con la justicia sin costuras de Cristo, no con la tela de la ambigüedad moral o la indiscreción.

Así, Cristo nos ha revestido de tales relucientes vestiduras de justicia para que caminemos según Su Espíritu (Rom 8:9-17Gal 5:16-26). Al compás de nuestro Salvador, Señor y Hermano que vive y da vida, el pueblo de Dios resuena afectuosamente con Su voz: «Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, oh SEÑOR, y me consuelo» y «¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación» (Sal 119:5297).


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David B. Garner
David B. Garner

El Dr. David B. Garner es decano académico, vicepresidente de ministerios globales y profesor asociado de teología sistemática en el Westminster Theological Seminary de Filadelfia y anciano docente de la Presbyterian Church in America. Es autor de Sons in the Son y How Can I Know for Sure? [Hijos en el Hijo y ¿Cómo puedo saber con seguridad?].

Tesis # 18 – El ministro de la Palabra no debe verse como un apóstol, enseñoreado sobre sus ovejas

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 18

 El ministro de la Palabra no debe verse como un apóstol, enseñoreado sobre sus ovejas

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Tesis # 18 para la iglesia evangélica de hoy: «El ministro de la Palabra no debe verse como un apóstol, enseñoreado sobre sus ovejas» – Pastor Miguel Núñez​ Basada en 1 Corintios 4:1: «Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios».

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Evidencias de un verdadero arrepentimiento (2)

Iglesia Bautista Ozama

SERIE: Evidencias de un verdadero arrepentimiento

Evidencias de un verdadero arrepentimiento (2) – Hechos 2:37-42

Otto Sánchez

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo. Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org

Nuestra ética inalterable

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La ética cristiana

Nuestra ética inalterable

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana

La palabra ética deriva de la palabra griega ethos, que significa carácter moral o costumbre. Cuando utilizamos la palabra ética, nos referimos a una norma moral sobre lo que está bien y lo que está mal. Cuando hablamos de la ética cristiana, nos referimos a la norma moral establecida —según el credo, la confesión y el cristianismo ortodoxo— basada en la Sagrada Escritura, que es nuestra única guía infalible para la fe y la vida.

La normativa de la Iglesia no cambia porque la Palabra de Dios no cambia, y como la Palabra de Dios no cambia, la ética cristiana no cambia. Por eso no hablamos de una ética cristiana, sino de la ética cristiana: una ética establecida, autorizada e inmutable que guía a los cristianos en cada cultura, en cada generación y en todo lo que pensamos, decimos y hacemos cada día de nuestras vidas. La ética cristiana es la norma que no podemos cambiar, pero que nos cambia, nos informa y nos dirige en toda la vida. Por eso somos firmes en cuanto a lo que está bien e inflexibles en cuanto a lo que está mal. Y esa es precisamente una de las razones por las que el mundo nos odia, porque el mundo detesta nuestra ética cristiana que es inquebrantable e inflexible.

El mundo ama ceder, y el grado en que una sociedad premia la transigencia y la tolerancia del mal determinará el grado de cambio ético que esa sociedad se verá obligada a soportar. Sin una norma invariable sobre el bien y el mal, una sociedad no puede mantener una norma ética coherente. Y si no hay una norma ética de lo correcto y lo incorrecto, no puede existir ninguna ética excepto la ley del más fuerte. El mundo solo tiene percepciones del bien y del mal basadas en sentimientos y simpatías que cambian constantemente. Por eso las definiciones del mundo sobre el bien y el mal suelen ser totalmente contradictorias, pues la única norma que tiene el mundo es él mismo.

La norma de la Iglesia no cambia porque la Palabra de Dios no cambia, y Su Palabra no cambia porque Él no cambia. Sin embargo, muchos cristianos nominales y muchas iglesias, tanto a lo largo de la historia como en la actualidad, desean tanto obtener una aparente influencia en el mundo que impulsan una agenda de transigencia y tolerancia dentro de la iglesia. La evidencia de esto es que en muchas iglesias hoy se considera peor juzgar el mal que hacer el mal. Pero los que sabemos que vivimos y respiramos en la presencia de Dios, sabemos que comprometer la ética cristiana es comprometer la fe inmutable una vez entregada a los santos.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

¡Primero abra su Biblia!

Lunes 24 Enero

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.Salmo 119:105

Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado.Salmo 119:50

¡Primero abra su Biblia!

Durante un estudio bíblico con un grupo de jóvenes, dejé mi reloj encima de la mesa. Cuando llegué a casa, ¡no tenía el reloj! Al día siguiente, cuando vi a los jóvenes, les pregunté si lo habían encontrado. No hubo respuesta, pero sí un gran silencio… Saqué mi Biblia de mi bolso y… ¡ahí estaba mi reloj, entre dos páginas! “Disculpen, ya lo tengo”. El ambiente se relajó; con humor y una gran sonrisa, una joven me dijo desde su silla: “¡Siempre hay que abrir primero nuestra Biblia!”.

Esta anécdota puede ayudarnos a reflexionar de forma útil. ¿Nuestra vida cotidiana está basada en la enseñanza de la Biblia? Es más, cuando algo va mal, ¿nuestro primer reflejo es recordar lo que ella nos enseña sobre ese tema? Y cuando estamos angustiados, cuando dudamos, cuando no sabemos qué hacer, ¿abrimos primero nuestra Biblia?

“Lámpara es a mis pies tu palabra”, escribió el autor del Salmo 119. Y, en otro versículo, “tu dicho me ha vivificado”. No se trata de leer la Biblia como un código de buena conducta, como un libro “mágico”, sino que ella es el camino para encontrar a Dios o permanecer en relación con él.

¡El creyente necesita permanentemente a Dios! Dios viene a mi encuentro, me habla. Lo hace mediante su Espíritu, que actúa en mí por medio de su Palabra. El Espíritu Santo me hace tomar conciencia de mi estado y me muestra si algo no está bien en mi vida de creyente, si hay algo que debo abandonar o que tengo que cambiar. Por otro lado, cuando estoy en un camino que agrada a Dios, me anima a perseverar.

Génesis 27 – Mateo 15:21-39 – Salmo 16:7-11 – Proverbios 4:20-27

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

51 – ¡El gran final! | Romanos 16:17-27 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

51 – ¡El gran final! | Romanos 16:17-27 

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org