La pasión de Dios por Sí mismo en Navidad 

El gozo verdadero de la Navidad
Diciembre 6
Por: John Piper en la voz del Pastor Nelson Quintero

La Navidad es una de las épocas de más actividad en el año, pero también es una época de reflexión y de preparación para ese día especial, el día donde celebramos que Jesús, el Dios eterno, vino a redimir a nuestra frágil humanidad.

Esta es la maravilla más grandiosa de la historia; algo tan estupendo que un solo día no es suficiente para poder celebrarlo. Celebrar toda la época navideña intensifica y alarga el gozo de la Navidad.

Este devocional de John Piper contiene 25 lecturas breves que comienzan desde diciembre 1 y nos acompañan, día a día, hasta el día de Navidad. Nuestro anhelo es que Dios use estas meditaciones para profundizar y endulzar tu adoración a Jesús, y que te ayude a mantenerlo en el centro de la época navideña.

El remedio del evangelio para la homosexualidad

Por John Freeman 

Nota del editor:Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética sexual cristiana

La Biblia revela que el sexo fue creado por Dios y que es bueno. Fue Su idea. Las primeras palabras registradas que Dios dirigió a la humanidad encapsulan las enseñanzas de la Biblia sobre el sexo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra» (Gn 1:28). Este mandato tan positivo demuestra que el sexo estaba destinado a glorificar a Dios, a cimentar el vínculo entre marido y mujer, a ser experimentado exclusivamente entre un hombre y una mujer en la relación matrimonial y a propagar la raza humana.

De este lado de la caída, el sexo y la sexualidad están distorsionados en mayor o menor grado. Sin embargo, hoy en día hay una controversia sobre la homosexualidad que hace estragos en los círculos evangélicos y, cada vez más, también en las iglesias reformadas. La homosexualidad no solo se presenta como algo bueno, sino que también como algo que se debe procurar con la bendición de Dios. Es alarmante que la aceptación del comportamiento homosexual entre los evangélicos profesantes esté aumentando. Escuchamos de algunas personas que el tipo de relaciones homosexuales que vemos hoy en día (amorosas y monógamas) no se abordan en las Escrituras. Aunque parece que esta tendencia va a continuar, estos puntos de vista revisionistas deben ser rechazados por los seguidores de Jesucristo.

La Palabra de Dios es firme en su visión negativa de la homosexualidad y el deseo sexual por el mismo sexo. La Biblia es la norma infalible por la que debemos ver la homosexualidad y entender el remedio del evangelio para ella. Desgraciadamente, la fiabilidad de la Biblia en este ámbito ha sido cuestionada por muchos de los que hoy afirman tener la fe cristiana. Los cristianos que ven las Escrituras como autoritativas e inspiradas no deben aceptar esta visión diluida de la Palabra de Dios. La Biblia revela la posición de Dios respecto a los problemas del corazón humano, siendo la homosexualidad uno de muchos.

¿Cómo deben pensar los cristianos acerca de la homosexualidad? Tenemos que entenderla de tres maneras. En primer lugar, las Escrituras siempre hablan de la homosexualidad en términos de una acción, algo hecho físicamente con otra persona, o de un patrón de pensamiento interno y activo de la mente y el corazón. La palabra griega más utilizada para describir la homosexualidad en el Nuevo Testamento es arsenokoitēs, que se refiere a un varón acostado con otro varón. Por lo tanto, siempre que se menciona, se define en términos de una actividad, un comportamiento o una persona que se involucra en ese comportamiento de corazón y cuerpo.

Segundo, la homosexualidad es considerada como pecado en todo lugar donde se menciona. Está prohibida y se ve expresamente como contraria a la voluntad de Dios. La Escritura lo afirma claramente en Génesis 19:4-9; Levítico 18:22; 20:13; 1 Timoteo 1:9-10; y Judas 7. Romanos 1:24-27 también describe la actividad de la pasión y la lujuria centrada en el corazón, así como el comportamiento. Se refiere tanto a hombres como a mujeres. El comportamiento se menciona en 1 Corintios 6:9-11, donde también aprendemos que fue el pasado de algunos cristianos de la Iglesia primitiva. Entre los que habían experimentado la salvación había antiguos practicantes de la homosexualidad.

Por lo tanto, el comportamiento homosexual del cuerpo y del corazón no solo se define como pecado, sino que también se describe como una consecuencia y efecto de la caída. Al referirse a la realidad del sexo que se ha desviado, Levítico 18:6-19 enumera más de una docena de formas de pecado sexual, incluyendo la homosexualidad y el sexo con animales. Una vez más, la gravedad del pecado sexual, en particular la homosexualidad, se declara con fuerza en Romanos 1:24-28 utilizando frases vívidas y sorprendentes como «la impureza en la lujuria de sus corazones», «pasiones degradantes» y tener una «mente depravada». Eso es además de los versos en Judas que hablan de quienes «convierten la gracia de Dios en libertinaje» y de la gente que «se corrompieron y siguieron carne extraña». Esta última designación está específicamente ligada a lo que sucedió en Sodoma y Gomorra.

Pero ¿realmente Dios tenía que transmitir que el mal uso del sexo en las formas mencionadas (y, por inferencia, los deseos que llevan a ese mal uso) está prohibido y se considera pecado? Sí, por supuesto. Nuestros deseos, especialmente los sexuales, nunca son neutrales. Ver el deseo del mismo sexo como neutral, especialmente cuando ese deseo cosifica a la otra persona sexualmente o la ve meramente como un objeto de pasión sexual, es malinterpretar la profundidad y complejidad del pecado. En la Escritura, el corazón se ve a menudo como el asiento de nuestros deseos. En Marcos 7:21, Jesús describe el corazón como el asiento de toda inmoralidad sexual y sensualidad. Estas propensiones se describen como cosas malas que provienen del interior. Él se refiere al deseo, ya sea que el objeto de ese deseo sea alguien del sexo opuesto o del mismo sexo. Santiago 1:14-15 nos dice que somos llevados y seducidos por nuestros deseos y que el deseo da a luz al pecado. El deseo no es una parte imparcial de nuestro ser, sino una parte muy activa.

Hay que reconocer que estos puntos de vista de la Escritura son ampliamente rechazados. Hay un factor predominante en el intento de legitimar bíblicamente la homosexualidad. En pocas palabras, en la cultura actual, nuestra sociología está interpretando, definiendo y determinando cada vez más nuestra teología. ¿Qué quiero decir con esto? Hubo un tiempo en el que los creyentes acudían habitualmente a la Biblia tanto para saber cómo pensar en las cuestiones de la vida como para encontrar soluciones a los dilemas a los que se enfrentaban, incluidas las cuestiones relacionadas con el sexo y la sexualidad. Ya no es así. Hoy en día, el impacto y la influencia de la red social de uno y la experiencia con los amigos y la familia han desplazado lo que la Biblia podría decir sobre este tema. Otro término para entender esta transferencia de autoridad y credibilidad de la Palabra de Dios a la experiencia personal es la acomodación cultural. Hoy en día, parece que mucha gente cree que las Escrituras deben someterse a nuestras experiencias o a las de otros.

También debemos señalar que la homosexualidad nunca se describe en la Escritura como una condición o estado del ser. Al contrario de la idea moderna de una «orientación» homosexual innata —un término que solo se ha utilizado con frecuencia en los últimos veinticinco años aproximadamente— este concepto no se encuentra en la Escritura. En la Biblia se asume que podemos inclinarnos u «orientarnos» hacia cualquier cosa a la que entreguemos continuamente nuestra mente y nuestro corazón. Si hacemos algo con el pensamiento o la acción suficientes veces y durante un período suficientemente largo, se arraigará en nosotros.

Sin embargo, hay que tener cuidado con el pensamiento simplista, especialmente cuando pensamos en nuestra responsabilidad, algo que muchos no creen tener cuando se trata de sus deseos o comportamientos sexuales. Somos el producto de complejas interacciones de muchos factores a lo largo de muchos años. ¿Por qué algunos son propensos a cualquier número de persuasiones psicosociales, como la ira, la depresión o la dependencia química? Aquí está la respuesta: no siempre elegimos nuestras luchas o tentaciones, pero somos responsables de lo que hacemos con ellas. Se desarrollan en nosotros a través de una complicada interacción de temperamento, influencias internas y externas, y nuestro propio ser hambriento, roto y pecador.

Cooperamos fácilmente y por naturaleza con estas influencias, de modo que los hábitos del corazón y del comportamiento se fortalecen y nos dominan. En cierto sentido, somos la suma de miles de pequeñas decisiones que hemos tomado. Hemos cooperado con el cultivo de nuestros deseos. Así que, a pesar de los factores externos que pueden haber estado en juego en el desarrollo de esas tentaciones que encontramos particularmente tentadoras, seguimos siendo responsables de llevar una vida piadosa, incluso en el área de la sexualidad.

Finalmente, necesitamos entender que Dios ofrece el perdón, un registro limpio y la restauración a través de Jesucristo para todos los pecadores arrepentidos, incluyendo aquellos que tienen una historia de comportamiento homosexual y otros pecados. Él no solo nos perdona como somos, propensos a hacer mal uso de Su don del sexo y de la sexualidad, sino que Su gracia en realidad nos enseña «que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente» (Tit 2:11-12). Esto no significa necesariamente que podamos fingir que no hemos abusado del sexo como parte de nuestra historia o que los deseos sexuales ilícitos no seguirán molestándonos o siendo una fuente de tentación, pero sí significa que la gracia de Dios nos da poder para vivir transformados como seguidores de Jesucristo. Él nos capacita para resistir la tentación y vivir para Su gloria.

Cristo es el mediador de esta gracia y capacita a los creyentes, pero la iglesia, el cuerpo de Cristo, también desempeña un papel crucial. Una vez escuché a un pastor decir: «El arrepentimiento es matar lo que me está matando sin matarme a mí mismo». No conozco a nadie que pueda hacer eso por sí solo. Aprender a caminar en obediencia y dar muerte a nuestro pecado y a nuestra naturaleza pecaminosa nunca es algo que se pueda intentar solo o aislado. El cambio bíblico es una actividad comunitaria. El llamado de la iglesia es ofrecer apoyo y ánimo a quienes experimentan atracción hacia el mismo sexo y otras tentaciones sexuales. Caminar con quienes son tentados de esta manera significa que los ayudamos a llevar las cargas de sus luchas y tentaciones, ofreciendo amistad y compañerismo, y ayudándoles a creer por primera vez o a volver a creer en el evangelio cada día. Eso es lo que Cristo hace por nosotros y lo que nosotros debemos hacer por los demás al enfrentarnos al pecado sexual. Al hacerlo, también se nos recordará que nosotros también somos perdonados por nuestras transgresiones.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
John Freeman
John Freeman es presidente de Harvest USA en Filadelfia, Pensilvania.

Testimonio anónimo de un médico

Martes 6 Diciembre

¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

Eclesiastés 1:3

Haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos.

Lucas 12:33

Encontré

Testimonio anónimo de un médico

“Generación tras generación, los jóvenes comienzan su actividad llenos de fuerza, de entusiasmo y determinación… luego, unos tras otros, caen en la misma indiferencia y en los mismos defectos de los que los precedieron.

Después de algunos años de vida he notado que todo lo que constituye nuestra vida en la tierra a menudo no es más que apariencia, ilusorio, pasajero… Cuando era joven imaginaba que el objetivo principal de la vida era alcanzar un buen nivel social; luego vi cómo ciertas personas, después de haber alcanzado su ideal, se sintieron decepcionadas de la vida.

Tras descubrir cuán vanas eran las ofertas de este mundo, algo infinitamente más precioso, algo eterno, se impuso a mis pensamientos. Por la fe en Jesucristo encontré algo muy superior a todo lo que mi corazón podía desear. Lo más importante en el mundo, lo que realmente vale la pena, es conocer a Dios y su amor por medio de Jesucristo su Hijo. Conocer a Jesús el Salvador no es una teoría o una filosofía: es la vida, la vida eterna (Juan 17:3). He experimentado que Cristo es una roca sobre la cual puedo construir mi fe. He descubierto que el Espíritu Santo no es solo una influencia, sino una Persona real, viva, activa. Antes me interesaba en las cosas efímeras, ahora mis afectos profundos están anclados en Aquel que creó todas las cosas y que me ama”.

“No me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12).

Josué 24 – Santiago 5 – Salmo 138:6-8 – Proverbios 29:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿POR QUÉ SUCEDIÓ LA NAVIDAD? 

El gozo verdadero de la Navidad
Diciembre 5
Por: John Piper en la voz del Pastor Nelson Quintero

La Navidad es una de las épocas de más actividad en el año, pero también es una época de reflexión y de preparación para ese día especial, el día donde celebramos que Jesús, el Dios eterno, vino a redimir a nuestra frágil humanidad.

Esta es la maravilla más grandiosa de la historia; algo tan estupendo que un solo día no es suficiente para poder celebrarlo. Celebrar toda la época navideña intensifica y alarga el gozo de la Navidad.

Este devocional de John Piper contiene 25 lecturas breves que comienzan desde diciembre 1 y nos acompañan, día a día, hasta el día de Navidad. Nuestro anhelo es que Dios use estas meditaciones para profundizar y endulzar tu adoración a Jesús, y que te ayude a mantenerlo en el centro de la época navideña.

¿Puedo tener seguridad de salvación?

Johannes Pflaum

Hay mucha polémica alrededor de la pregunta de si el creyente puede o no tener seguridad de salvación, pero existen tres aspectos que consolidan su certeza y demuestran el poderoso estímulo que significa este conocimiento para el renacido.

En primer lugar, la seguridad de salvación no está fundamentada en el hombre ni en su manera de vivir. Pensando de manera contraria, se crea una seudo seguridad, al creer que somos salvos por nuestra buena conducta, según el lema: “Dios debe estar contento conmigo”.

Aunque una persona dedique cada hora de su vida, durante cien años, a entregarse completamente al Señor, este esfuerzo no la salva ni le asegura el perdón de sus pecados. Nuestra perdición es demasiado grande. Esta es la razón por la que Pablo enfatiza en Efesios 2:8-9: “porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

Hace algunos años, una mujer me contó de su difunta madre. Ella había sido fiel en la asistencia en su iglesia donde, además, se desempeñaba como colaboradora, pero en su lecho de muerte se vio atormentada por las dudas acerca de su salvación. Me entristecí mucho al escuchar cómo la hija intentó consolarla: le recordó su fiel asistencia y colaboración con la iglesia. Le dijo además que nunca había asistido a los bailes y que siempre había huido de todas las prácticas pecaminosas, terminando su razonamiento de manera casi sugestiva: “¡si alguien debe ser salva, eres tú!”.

Seguir a Cristo con nuestras propias fuerzas y esforzarnos por conducirnos de manera piadosa, no puede darnos la seguridad de ser salvos, pues esta seguridad no está condicionada por nuestra manera de vivir o rendimiento personal. Es así que Romanos 3:24 dice: “[…] siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.

En segundo lugar, la seguridad de salvación se obtiene tan solo a partir de la convicción de nuestra perdición. La Epístola a los romanos responde de manera magistral a la pregunta de por qué la salvación es solo por fe y por gracia. Allí podemos notar cómo el apóstol Pablo, de manera llamativa, desarrolla el plan de Dios a través de las “buenas nuevas”. A causa de su composición, la epístola nos muestra el camino a la salvación y la seguridad del perdón de nuestros pecados.

Después de la introducción, Pablo no comienza su enseñanza hablando acerca del amor y la misericordia de Dios para con todos los hombres, sino que en los tres primeros capítulos da cuatro “golpes de timbal” de diferentes tonalidades. En el primer capítulo, a partir del versículo 18, abre nuestros ojos a la justa ira de Dios y su juicio sobre la incredulidad y el pecado de las naciones, quienes le dieron la espalda. En su rebelión contra el Creador, el hombre se ha enredado en el pecado y la impiedad, por lo que ha caído bajo el justo juicio divino.

Luego, Pablo se dirige al hombre moral y religioso, quien de seguro se encuentra horrorizado ante la impiedad de las naciones, mencionada un capítulo antes. Pero el apóstol demuestra, en los primeros 17 versículos del capítulo 2, que este hombre religioso y moralista también está bajo el juicio de Dios. No importa lo ejemplar que pueda ser para los demás la vida de una persona: si no se arrepiente delante de Dios, si niega el juicio divino que recae sobre su vida, evidencia entonces su pecado y egoísmo, por lo que se mantiene bajo este juicio.

En la segunda parte del capítulo 2, el apóstol aclara que incluso el judío, que pertenece al pueblo elegido de Dios, no se salvará por su conocimiento de la ley ni por su esfuerzo en practicarla, sino que, a pesar de esto, será condenado.

A partir del versículo 9 del capítulo 3, Pablo hace sonar el cuarto “sonido del timbal”. A pesar de todo lo dicho, aún corremos el peligro de considerarnos bastante buenos. Es así que el apóstol vuelve a demostrarnos toda nuestra perdición. Todos los hombres, gentiles o judíos, que se revuelcan en el lodo del pecado o se esfuerzan en alcanzar un estatus moral, sean cristianos o de otra religión, están bajo el juicio de Dios: “no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Ro. 3:10-12).

Reconocer nuestra perdición, el hecho que no tenemos ni una sola chispa de bondad en nosotros, que no hay nada que podamos presentar que agrade en lo más mínimo a Dios, es la base fundamental sobre la que se genera la verdadera seguridad de la salvación. Hay una gran diferencia entre aceptar de manera intelectual Romanos 7:18 y dejar que la luz de la Biblia penetre todo mi ser y me permita verme como Dios me ve: “y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”.

Es asombroso el nivel de “humanismo cristiano” que aún experimentamos en la actualidad, predicado incluso entre cristianos con buenos fundamentos bíblicos. En teoría, concordamos con que el hombre es pecador y está perdido, pero al mismo tiempo nos esforzamos por ganarnos el favor de Dios y contribuir en algo con nuestra salvación. Todos tenemos innato el concepto de mérito, pero mientras persigamos este afán, no llegaremos a tener una verdadera seguridad de nuestra salvación.

El orden de la Epístola a los romanos nos deja ver que solo a través del reconocimiento de nuestra propia perdición podremos llegar a tener la certeza de la salvación.

En tercer lugar, esta seguridad solo se fundamenta en Cristo y Su obra. Como hemos visto, la Biblia afirma que no hay nada en nosotros que pueda generarla. La certeza de ser salvos y haber sido perdonados está garantizada tan solo en Cristo y Su obra perfecta. Por lo tanto, la razón por la que tenemos esta convicción se encuentra fuera de nosotros. El poeta Johann Andreas Rothe (1688-1758) lo expresó en un himno con estas palabras:

He hallado el fundamento
que para siempre sujetará mi ancla:
¿dónde, si no en las heridas de Jesús?
Allí estaba, ya antes de que existiera el mundo,
el fundamento que permanecerá inamovible
aun cuando pasen cielo y tierra.
Es la eterna misericordia,
que sobrepasa todo pensamiento.
Son los brazos de amor abiertos
de Aquel que se inclina hacia el pecador,
de Aquel cuyo corazón se quiebra,
venga o no venga a él el hombre.
Sobre este fundamento permaneceré
mientras esta tierra sea mi hogar.
Determinará mi pensar y actuar
mientras lata el corazón.
Y un día cantaré con sumo gozo:
¡Oh, infinito mar de misericordia!

La Epístola a los hebreos nos muestra de manera singular la exclusiva importancia del Señor Jesús y de Su obra perfecta en nuestra salvación. El capítulo 6 nos habla del ancla del alma, referente a nuestra esperanza y salvación. También allí podemos ver que el fundamento donde está anclada se encuentra fuera de nosotros: en Cristo y en la expiación de nuestros pecados, obtenida a nuestro favor en el santuario celestial. Hebreos 6:18-19 (lbla) dice: “[…] los que hemos huido para refugiarnos, echando mano de la esperanza puesta delante de nosotros, la cual tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, y que penetra hasta detrás del velo”.

El hecho de que el ancla de nuestra salvación esté fijada fuera de nosotros, nos asegura un agarre firme y permanente que no depende de nuestra percepción. Esto mismo fue lo que llevó al apóstol Pablo a comenzar la Carta a los efesios con una suprema alabanza a Dios, agradeciéndole por todas las bendiciones espirituales con las cuales ya nos ha bendecido en el cielo:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de Su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia.” (Ef. 1:3-8).

Durante los tres años de discipulado con Jesús, Pedro vivió convencido de su propia capacidad y entrega personal. Esta es la razón por la cual era tan rápido para interrumpir o proponer soluciones a su Señor. Estaba seguro de que amaba al Señor un poco más que los otros discípulos, que era un poco más fiel que los demás (Juan 13:37). Sin embargo, la noche en que Jesús fue arrestado lo negó tres veces, no quedó nada de este alto concepto de sí mismo. Pedro aprendió que el Señor no dependía de su amor y fidelidad, sino que era él quien necesitaba por completo de la fidelidad y el amor de su Señor. El apóstol entendió que el fundamento de su salvación no se hallaba en él mismo, sino en Cristo. Este descubrimiento es clarificado de forma maravillosa a través de las palabras iniciales de la Primera carta de Pedro: “bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros” (1 P. 1:3-4).

Por otra parte, en la ya citada Epístola a los hebreos se expresa, a través de muchos de sus pasajes, la misma seguridad, una certeza que se fundamenta tan solo en la perfecta obra de salvación del Señor Jesús:

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.” (He. 10:19-23).

El Señor vivió y cumplió de manera perfecta la justicia que Dios exige de nosotros, pagando todos nuestros pecados con Su sangre derramada en la cruz, sacrificándose como un Cordero sin defecto. Por eso, la fe bíblica está basada de forma exclusiva en la obra de Cristo: ¡el creyente es salvo tan solo por Jesucristo!

Se atribuye a Spurgeon la siguiente afirmación: “cuando se acerca la muerte, toda mi teología se reduce a cuatro palabras: Jesús murió por mí”. Por otra parte, Martín Lutero definió su fe, fundamentada únicamente en la obra perfecta del Señor Jesús, con las siguientes palabras:

Debido a mi maldad y debilidad innatas, hasta hoy me ha sido imposible cumplir con las demandas de Dios. Si no se me concediera la fe en que Dios me perdonó, por causa de Cristo, mis fracasos que cada día lloro, entonces todo se acabaría para mí. Debería desesperarme. Pero no lo haré. Colgarme de un árbol como Judas –no lo haré–. Más bien me colgaré del cuello de Cristo, tal como la mujer pecadora, aunque soy aún peor que ella. Me aferro a mi Señor Jesús, y Él entonces le dirá al Padre: “Padre, a ese apéndice de ahí déjalo pasar. Bien es verdad que no guardó tus mandamientos, que los ha transgredido todos, pero se ha aferrado a mí. Padre, también morí por él. ¡Déjalo deslizarse por la puerta!”. ¡Que esta sea mi fe!

El hilo de la araña

Lunes 5 Diciembre

Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis.

Romanos 6:16

Si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.

Juan 8:36

El hilo de la araña

Mi profesión me obligaba a viajar frecuentemente. Estas ausencias no agradaban mucho a mi familia. Un día mi pequeña hija tuvo la idea de atarme, para que no pudiera irme. Tomó una bobina de hilo y empezó a desenrollar el hilo mientras me envolvía con él. Después de algunas vueltas se detuvo triunfante y me dijo: “¡Papá, trata de liberarte!”. Yo hubiera podido romper los pocos hilos con la mayor facilidad, pero no quería estropear el júbilo de la niña. Ella dio vueltas nuevamente a mi alrededor con el hilo en la mano. “¿Puedes escapar?”, me preguntó de nuevo. Fingí intentarlo en vano, lo cual la entusiasmó más. Ella continuó atándome, feliz. Al final quise romper mis ataduras, pero ya era demasiado tarde. Lo que al principio era un juego de niños, se convirtió en algo imposible; el número de hilos que me ataban era demasiado grande: “¡Estás atrapado!”, celebraba la niña mientras aplaudía. De buena o mala gana tuve que llamar a mi esposa para que me liberara.

Esta anécdota me recuerda la estrategia de la araña: para neutralizar a su presa, la envuelve en un hilo muy fino pero resistente y bastante largo. Así, finalmente, la inmoviliza completamente.

El diablo también utiliza esta estrategia: poco a poco lleva su presa a tomar hábitos de los cuales no puede liberarse. Al final, cae en adicciones fatales. Pero nunca es demasiado tarde para clamar a Dios y obtener la liberación. “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15).

Josué 23 – Santiago 4 – Salmo 138:1-5 – Proverbios 29:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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¿POR QUÉ SUCEDIÓ LA NAVIDAD?

El gozo verdadero de la Navidad
Diciembre 5
Por: John Piper en la voz del Pastor Nelson Quintero

La Navidad es una de las épocas de más actividad en el año, pero también es una época de reflexión y de preparación para ese día especial, el día donde celebramos que Jesús, el Dios eterno, vino a redimir a nuestra frágil humanidad.

Esta es la maravilla más grandiosa de la historia; algo tan estupendo que un solo día no es suficiente para poder celebrarlo. Celebrar toda la época navideña intensifica y alarga el gozo de la Navidad.

Este devocional de John Piper contiene 25 lecturas breves que comienzan desde diciembre 1 y nos acompañan, día a día, hasta el día de Navidad. Nuestro anhelo es que Dios use estas meditaciones para profundizar y endulzar tu adoración a Jesús, y que te ayude a mantenerlo en el centro de la época navideña.

EL PROPÓSITO DE LA ÉPOCA NAVIDEÑA 

El gozo verdadero de la Navidad
Diciembre 4
Por: John Piper en la voz del Pastor Nelson Quintero

La Navidad es una de las épocas de más actividad en el año, pero también es una época de reflexión y de preparación para ese día especial, el día donde celebramos que Jesús, el Dios eterno, vino a redimir a nuestra frágil humanidad.

Esta es la maravilla más grandiosa de la historia; algo tan estupendo que un solo día no es suficiente para poder celebrarlo. Celebrar toda la época navideña intensifica y alarga el gozo de la Navidad.

Este devocional de John Piper contiene 25 lecturas breves que comienzan desde diciembre 1 y nos acompañan, día a día, hasta el día de Navidad. Nuestro anhelo es que Dios use estas meditaciones para profundizar y endulzar tu adoración a Jesús, y que te ayude a mantenerlo en el centro de la época navideña.

Vivir la vejez con Dios

Domingo 4 Diciembre

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.

Eclesiastés 12:1

Hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo.

Isaías 46:4

Vivir la vejez con Dios

Muchas personas ancianas tienen la impresión de ser inútiles, cosa que les causa gran sufrimiento: “¡Me gustaría tanto ayudar en algo! ¡Pero ya no soy bueno para nada! Soy una carga para mis hijos. No sé por qué el Señor me deja todavía en la tierra…”, dicen algunos.

La vejez a menudo trae su parte de problemas, sus días malos, de los cuales habla la Biblia… Nuestras actividades se ven restringidas, debemos reconocer nuestros límites, cada vez más estrechos; se pierde la independencia; a menudo, a las dificultades físicas se añade una disminución de las facultades mentales como la memoria o la capacidad de reflexionar.

Un creyente del siglo 4, Agustín, escribió: “Para vivir la vejez con tranquilidad es necesario poseer el gozo que da la fe cristiana”. Muchos cristianos han experimentado esto. Es el resultado de una verdadera relación con Dios, la fuente viva de toda consolación. “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:29). Dirige nuestra mirada al que nos salvó, de manera que “aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16).

Nuestra vida está en las manos del Dios Creador y Salvador, el único que tiene el poder y la sabiduría para dejarnos en la tierra o llevarnos con él, ¡cualquiera que sea nuestra edad! Si él desea conservarnos aún con vida, nos asegura su fidelidad: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

Josué 22:21-34 – Santiago 3 – Salmo 137 – Proverbios 29:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Prepara tu corazón para recibir a Cristo

El gozo verdadero de la Navidad
Diciembre 2
Por: John Piper en la voz del Pastor Nelson Quintero

La Navidad es una de las épocas de más actividad en el año, pero también es una época de reflexión y de preparación para ese día especial, el día donde celebramos que Jesús, el Dios eterno, vino a redimir a nuestra frágil humanidad.

Esta es la maravilla más grandiosa de la historia; algo tan estupendo que un solo día no es suficiente para poder celebrarlo. Celebrar toda la época navideña intensifica y alarga el gozo de la Navidad.