3-PELEA LA BUENA BATALLA POR LA FAMILIA | CARLOS CONTRERAS

Conferencia Por Su Causa

TEMA: Pelea La Buena Batalla

PLENARIA: PELEA LA BUENA BATALLA POR LA FAMILIA

CARLOS CONTRERAS

PELEA LA BUENA BATALLA
Para nadie es un secreto que estamos viviendo días muy complejos y turbulentos… días que nos recuerdan la realidad de que siempre hemos estado bajo una guerra espiritual que frecuentemente se intensifica sobre la Iglesia y en especial sobre sus líderes. Siempre ha habido una brecha entre el mundo y el pueblo de Dios, pero con el paso de los años esa brecha se ha ido acrecentando al punto que, se dice que en Occidente estamos viviendo una era pos-cristiana, una época donde los valores cristianos ejercen cada vez menos influencia sobre nuestra sociedad. El mundo se vuelve cada día más hostil hacia nosotros y por eso es necesario recordar el consejo del apóstol Pablo a su discípulo más joven, Timoteo —“pelea la buena batalla de la fe”—, para que al final de nuestros días podamos decir como él: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe” (2 Tim. 4:7).

¡El diablo existe! (1)

Martes 21 Junio
El diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
1 Juan 3:8
¡El diablo existe! (1)
Mucha gente no cree en el diablo, sin embargo, él existe. ¡Está presente desde el principio hasta el final de la Biblia! Dos profetas del Antiguo Testamento hablan de su origen. Era un ángel especialmente poderoso, “sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura… querubín grande” (Ezequiel 28:12, 14). Pero, cegado por el orgullo, dijo: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono” (Isaías 14:13). Entonces Dios lo echó de su monte, porque estaba “lleno de iniquidad” (Ezequiel 28:16). Ahora es el jefe de los ángeles que cayeron con él, el jefe de las “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12), pero que actúan en la tierra para hacer mal.

Satanás atacó al hombre desde el principio, induciendo a Adán y Eva a desobedecer a Dios (Génesis 3). Eso le funcionó muy bien, pero en ese momento Satanás supo que no tendría la última palabra, que la “simiente” de la mujer, es decir, Jesucristo, le heriría la cabeza (Génesis 3:15). Desde entonces, en los límites fijados por Dios, el diablo se ocupa en rodear la tierra y andar por ella (Job 1:7; 2:2), tratando de arrastrar a los hombres a la perdición, con él. El apóstol Pedro nos advierte contra este enemigo: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:27-29).

(mañana continuará)
Números 3 – 1 Timoteo 3 – Salmo 73:10-20 – Proverbios 17:23-24

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Por qué mueren las personas?

¿Por qué mueren las personas?

Las personas mueren a causa de lo que se denomina el «pecado original», es decir la desobediencia de Adán y Eva en el jardín del Edén. Dios había advertido a la primera pareja que si transgredían su ley, esto resultaría en su muerte (Génesis 2:17), y eso fue lo que sucedió. «La paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23a).

Adán y Eva fueron estaban destinados a habitar con Dios para siempre, así que probablemente ni siquiera sabían lo que significaba «morir». Desafortunadamente, en algún momento de la eternidad pasada, el pecado invadió el reino celestial de los ángeles, y Satanás tentó a Eva y ella cayó en pecado. Eva dio el fruto a su esposo, y él la siguió en el pecado. Ese pecado trajo la muerte al mundo, mientras que la humanidad se separaba de la fuente de la vida.

Desde ese momento, cada ser humano producido por una mujer con la ayuda de un hombre, ha producido hijos en pecado. Esta naturaleza pecaminosa trae consigo la muerte. «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Romanos 5:12).

Génesis 3 describe la maldición que Dios proclamó sobre el mundo. La maldición incluyó estas palabras para Adán: «hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás» (Génesis 3:19). La muerte física del cuerpo es de lo que Dios habló aquí. La muerte física no ocurrió inmediatamente para Adán y Eva, pero, a causa de su pecado, los animales inocentes murieron (Génesis 3:21).

La muerte espiritual fue el otro tipo de muerte que el pecado de Adán y Eva trajo; sus espíritus fueron separados del Espíritu de Dios; su relación estaba rota. Esta muerte espiritual se produjo inmediatamente después de que comieron el fruto prohibido, y esto produjo temor y vergüenza (Génesis 3:10). La muerte espiritual, al igual que la muerte física, se transmitió a sus descendientes (Efesios 2:1).

Desde Adán, la raza humana ha trabajado bajo «la ley del pecado y de la muerte» (Romanos 8:2). Dios, en su bondad, envió a su hijo para abolir la ley del pecado y de la muerte, y para establecer «la ley del Espíritu que da vida» (Romanos 8:2). 1Corintios 15:20-26 dice, «Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados…Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte».

2-LA CLAVE PARA TERMINAR BIEN | OTTO SANCHEZ

Conferencia Por Su Causa

TEMA: Pelea La Buena Batalla

PLENARIA: LA CLAVE PARA TERMINAR BIEN

OTTO SANCHEZ

PELEA LA BUENA BATALLA
Para nadie es un secreto que estamos viviendo días muy complejos y turbulentos… días que nos recuerdan la realidad de que siempre hemos estado bajo una guerra espiritual que frecuentemente se intensifica sobre la Iglesia y en especial sobre sus líderes. Siempre ha habido una brecha entre el mundo y el pueblo de Dios, pero con el paso de los años esa brecha se ha ido acrecentando al punto que, se dice que en Occidente estamos viviendo una era pos-cristiana, una época donde los valores cristianos ejercen cada vez menos influencia sobre nuestra sociedad. El mundo se vuelve cada día más hostil hacia nosotros y por eso es necesario recordar el consejo del apóstol Pablo a su discípulo más joven, Timoteo —“pelea la buena batalla de la fe”—, para que al final de nuestros días podamos decir como él: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe” (2 Tim. 4:7).

Mi recorrido

Domingo 19 Junio
Le haré llegar cerca, y él se acercará a mí; porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a mí? dice el Señor. Ciertamente tendré de él misericordia.
Jeremías 30:21; 31:20
Mi recorrido
Testimonio
“La sociedad, sea marginal o no, está tan empobrecida espiritualmente que solo tiene como único remedio el veneno. En la droga pensé hallar la forma de conocer lo sobrenatural: experiencia psicodélica, misticismo hindú, vida irracional, y por último viajé a la India. Pero nuevamente sentí la angustia, una total desesperación… ¡y solo tenía 20 años! Pensé que Dios estaba muy lejos, ¡pero no era así! Estaba muy cerca de mí, me estaba buscando. Había llevado conmigo una Biblia hasta la India; una mañana, leyéndola, las palabras de Dios, escritas como para mí, atravesaron mi angustia y mi corazón: “Yo habito… con el quebrantado y humilde de espíritu… Él siguió rebelde por el camino de su corazón… Pero le sanaré, y le pastorearé, y le daré consuelo a él y a sus enlutados” (Isaías 57:15, 17-18).

Este pasaje del profeta Isaías resplandeció en mi corazón. Me reveló mi estado de perdición, pero al mismo tiempo la gracia de Dios. Fue un real cara a cara entre él y yo. La revelación del amor de Jesucristo, el Hijo de Dios que murió por mis pecados, y resucitó mediante su gran poder para justificarme, cambió todo para mí.

¡Sí! Fue un giro repentino, todo cambió: mis opiniones, mis formas de actuar… Entonces Dios dio a mi vida su verdadero sentido, y me reveló el objetivo para el cual me había creado. ¡Es extraordinario! Puedo asegurar que con Dios como guía la angustia desaparece y el vacío es colmado”.

F. Genet
Números 1 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

1-LA BATALLA NO ES UNA OPCIÓN 

Conferencia Por Su Causa

TEMA: Pelea La Buena Batalla

PLENARIA: La Batalla No Es Una Opción

MIGUEL NÚÑEZ

PELEA LA BUENA BATALLA
Para nadie es un secreto que estamos viviendo días muy complejos y turbulentos… días que nos recuerdan la realidad de que siempre hemos estado bajo una guerra espiritual que frecuentemente se intensifica sobre la Iglesia y en especial sobre sus líderes. Siempre ha habido una brecha entre el mundo y el pueblo de Dios, pero con el paso de los años esa brecha se ha ido acrecentando al punto que, se dice que en Occidente estamos viviendo una era pos-cristiana, una época donde los valores cristianos ejercen cada vez menos influencia sobre nuestra sociedad. El mundo se vuelve cada día más hostil hacia nosotros y por eso es necesario recordar el consejo del apóstol Pablo a su discípulo más joven, Timoteo —“pelea la buena batalla de la fe”—, para que al final de nuestros días podamos decir como él: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe” (2 Tim. 4:7).

3-DIOS ES OMNISCIENTE | SERIE INFANTIL

Ministerio Infantil ICEF

Serie Infantil: Los Atributos de Dios

3-DIOS ES OMNISCIENTE

Mis Primeros Pasos en la fe

Basado en la confesión de Fe de Westminster

En algunos versículos de la Biblia utilizamos diferentes versiones, ya que tratamos que el lenguaje a usar sea entendible para los niños. Guión y Adaptación por ICEF.

Narración: Elena Pacheco Edición: Elena Pacheco

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1-LA OMNIPRESENCIA DE DIOS

Grace en Español

Serie: Atributos de Dios

Ps. Josías Grauman

LA OMNIPRESENCIA DE DIOS

Josías Grauman es decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. El Dr. Grauman comenzó su ministerio a tiempo completo como capellán de hospital, sirviendo durante 5 años en el Hospital del Condado de Los Ángeles. Más tarde, él y su esposa sirvieron en la Ciudad de México como misioneros, donde Josías ayudó al Seminario Palabra de Gracia a lanzar su programa de idiomas bíblicos. Josías fue ordenado en Grace Community Church, donde actualmente sirve como anciano en el ministerio en español, junto con su esposa y tres hijos. Josías estudió un B.A. en idiomas bíblicos en The Master’s University, un M.Div. y un D.Min. en The Master’s Seminary. Entre sus obras se encuentran las siguientes: Griego para pastores y Hebreo para pastores.

Liderar con convicción

El Blog de Ligonier

Serie: El liderazgo

Siervos fieles
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El liderazgo

Cuando un líder entra en una habitación, más vale que entre con él la pasión por la verdad. El liderazgo auténtico no surge del vacío. El liderazgo que más importa es el que tiene convicciones, profundas convicciones. Esta cualidad del liderazgo surge de las creencias más profundas que dan forma a lo que somos y establecen nuestras creencias sobre todo lo demás. Las convicciones no son solo creencias; es decir, no son aquellas creencias que simplemente sostenemos. Por el contrario, las convicciones nos sostienen a nosotros. No sabríamos quiénes somos si no fuera por estas creencias fundamentales, estas convicciones, y sin ellas no sabríamos cómo liderar.

Los líderes cristianos reconocen que la convicción es esencial para nuestra fe y nuestro discipulado. Nuestra experiencia cristiana comienza con la creencia. El versículo más conocido del Nuevo Testamento, Juan 3:16, nos dice que Dios envió a Jesucristo, su único Hijo, «para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna». Cuando Pablo y Silas le dijeron a su aterrorizado carcelero cómo podía ser salvo, lo expresaron con una poderosa e inconfundible sencillez: «Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa» (Hch 16:31).

El mandato a creer es fundamental en la Biblia. El cristianismo se basa en ciertas verdades no negociables, y esas verdades, una vez conocidas, se traducen en creencias. Las creencias que anclan nuestra fe son aquellas con las que estamos más apasionada y personalmente comprometidos, y estas son nuestras convicciones. No creemos en la creencia, como tampoco tenemos fe en la fe. Creemos en el evangelio y tenemos fe en Cristo. Nuestras creencias tienen sustancia y nuestra fe tiene un objeto.

En pocas palabras, una convicción es una creencia de la que estamos plenamente convencidos. No me refiero a que simplemente creamos que un determinado conjunto de afirmaciones sea cierto, sino que estamos convencidos de que estas verdades son esenciales y cambian la vida. Vivimos de estas verdades y estamos dispuestos a morir por ellas.

Pensemos en Pedro y Juan, los dos apóstoles que, pocos días después de la muerte y resurrección de Cristo, tuvieron el valor de enfrentarse al Sanedrín y desafiar su orden de no predicar acerca de Jesús en público. Dijeron a las autoridades que los arrestaban que simplemente no podían dejar de contar lo que habían «visto y oído» (Hch 4:20). Esas mismas convicciones son las que no permiten a los líderes cristianos callar hoy, incluso ante las amenazas y la oposición.

Justino Mártir, uno de los líderes de la Iglesia primitiva, también sirve como retrato del liderazgo conviccional. Mientras conducía a los miembros de su propia congregación a la ejecución a manos de las autoridades romanas, Justino animó a su gente con estas palabras: «Recordad que pueden matarnos, pero no pueden hacernos daño».

Ese es el auténtico liderazgo en su forma más clara: el liderazgo que lleva a la gente a la muerte, sabiendo que Cristo los vindicará y les dará el regalo de la vida eterna. Afortunadamente, la mayoría de nosotros nunca tendrá que experimentar ese tipo de desafío en el liderazgo.

Sin embargo, las convicciones siguen siendo las mismas y también la función de esos compromisos en la vida y el pensamiento del líder. Sabemos que estas cosas son tan ciertas que estamos dispuestos a arriesgarnos por ellas, a vivir por ellas, a liderar por ellas y, si es necesario, a morir por ellas.

El liderazgo que realmente importa se trata de convicción. El líder se ocupa, con razón, de todo, desde la estrategia y la visión hasta la creación de equipos, la motivación y la delegación. Pero en el centro del corazón y la mente del verdadero líder se encuentran las convicciones que impulsan y determinan todo lo demás.

Muchos de mis modelos de liderazgo por convicción más alentadores e instructivos los encuentro en la historia. A lo largo de mi vida, me he inspirado en el ejemplo de Martín Lutero, el gran reformador del siglo XVI, que estaba tan convencido de la autoridad de la Biblia que estuvo dispuesto a presentarse ante el intimidante tribunal de autoridades religiosas que lo juzgó, e incluso a enfrentarse al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, declarando: «Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa, que Dios me ayude».

Aquí estoy. Esas palabras son un manifiesto del liderazgo por convicción. Pero Lutero no solo estuvo dispuesto a ponerse en pie; estuvo dispuesto a liderar a la Iglesia en un proceso de reforma valiente.

Cuando era adolescente, vi la película El hombre de los dos reinos, basada en la obra de Robert Bolt. La historia trata de los últimos años de Sir Thomas More y su juicio por traición. El ex canciller de Inglaterra se ganó la furia del rey Enrique VIII por negarse a prestar el juramento de supremacía, que declaraba al rey como gobernador supremo de la Iglesia. Más tarde supe que el propio More había perseguido a los luteranos y a William Tyndale, el gran traductor de la Biblia al inglés. La versión de Bolt sobre Thomas More no contaba toda la verdad, pero desde la primera vez que vi esa película hasta ahora, me sigue inspirando el ejemplo que dio More al ir al cadalso por ser fiel a sus convicciones. Frente a la multitud reunida para presenciar su ejecución, declaró: «El rey me ha ordenado ser breve, y como soy obediente servidor del rey, breve seré. Muero como buen siervo de su majestad, pero primero está Dios».

Ese es el tipo de convicción que hace la diferencia. Lamentablemente, demasiados líderes de hoy parecen tener poca idea de lo que creen, o parecen estar impulsados por una convicción poco clara y discernible. ¿Cuántos de los líderes actuales son conocidos por las convicciones por las que están dispuestos a morir, o incluso a vivir?

A los líderes se les puede dividir entre aquellos que simplemente ocupan un cargo o posición y aquellos que tienen grandes convicciones. La vida es demasiado corta para prestar atención a los líderes que defienden poco o nada, a los que buscan el siguiente programa, que siguen la última moda de liderazgo, que prueban una idea tras otra, pero que no están impulsados por convicciones profundas.

Quiero ser un líder que importe, liderar de forma que marque la diferencia precisamente porque esas convicciones importan. Si lo piensas, casi todos los líderes que hoy son recordados como hitos en la historia fueron líderes cuyas convicciones sobre la vida, la libertad, la verdad y la dignidad humana cambiaron la historia.

Ese es el único liderazgo que importa. Los líderes con convicciones impulsan a la acción precisamente porque están impulsados por convicciones profundas, y su pasión por estas convicciones se transfieren a sus seguidores, que se unen en una acción concertada para hacer lo que saben que es correcto. Y saben que es lo correcto porque saben lo que es verdadero.

¿Cómo podría un líder cristiano estar satisfecho con algo menos que esto? Los cargos, los oficios y los títulos se desvanecen más rápido que la neblina.

Una vez llevé a mi hijo, Christopher, de viaje a Nueva York. En varios lugares, nos encontramos con estatuas y monumentos de hombres que fueron, en algún momento, famosos o poderosos. La mayoría ha desaparecido de la memoria de todos, y sus imágenes se mezclan ahora con el paisaje neoyorquino, por el que pasan millones de personas sin siquiera notarlas.

La mayoría de los estadounidenses consideran que el presidente de los Estados Unidos ocupa el más alto cargo de liderazgo secular que existe. Pero ¿cuántos estadounidenses pueden nombrar siquiera veinte o treinta de los cuarenta y cinco hombres que han ocupado ese cargo? ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien mencionar a Chester A. Arthur o a William Henry Harrison?

Sí recordamos a aquellos que fueron conocidos por sus convicciones y por el valor que esas convicciones produjeron. Este mismo principio puede extenderse a todos los cargos y posiciones de liderazgo imaginables. Sin convicción, nada importa realmente, y nada de importancia se transmite.

Creo que el liderazgo consiste en poner en práctica las creencias correctas y saber, sobre la base de las convicciones, cuáles son esas creencias y acciones correctas. Demasiado de lo que pasa por liderazgo hoy en día es mera gestión. Se puede gestionar sin convicciones, pero no se puede liderar de verdad.

Para los líderes cristianos, este enfoque en la convicción es aún más importante. No podemos liderar de una manera que sea fiel a Cristo y eficaz para el pueblo de Dios si no estamos profundamente comprometidos con la verdad cristiana. No podemos liderar fielmente si primero no creemos fielmente y si no estamos profundamente comprometidos con la verdad cristiana.

Al mismo tiempo, hay muchos cristianos que se sienten llamados a liderar y están apasionadamente comprometidos con las verdades correctas, pero simplemente no están seguros de hacia dónde ir. El punto de partida del liderazgo cristiano no es el líder, sino las verdades eternas que Dios nos ha revelado: las verdades que permiten que el mundo tenga sentido para nosotros, enmarcan nuestra comprensión y nos impulsan a la acción.

El apóstol Pablo animó a los tesalonicenses a saber que el evangelio había llegado a ellos, «no [solo] en palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y con plena convicción » (1 Tes 1:5). Como líder cristiano, eso es lo que espero y ruego que sea cierto en mi caso, y en el tuyo también. Quiero liderar «con plena convicción».

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Albert Mohler
El Dr. R. Albert Mohler Jr. es presidente y profesor Joseph Emerson Brown de teología cristiana en The Southern Baptist Theological Seminary [El Seminario Teológico Bautista del Sur] en Louisville, Ky. Es el anfitrión de The Briefing y autor de muchos libros, incluyendo We Cannot Be Silent.

El poder de la verdad divina

Viernes 17 Junio

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isaías 53:4-5

El poder de la verdad divina

Un taxista hablaba con un pasajero cristiano sobre el Mesías de Israel, cuya venida se anuncia en el Antiguo Testamento. El taxista creía que ese hecho todavía era futuro, pero el cristiano le explicó que el Mesías ya vino, que es Jesucristo, y le sugirió comparar los textos bíblicos de Daniel 9:26 (“después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario”) e Isaías 53.

Al llegar a su casa, el taxista leyó estos dos capítulos del Antiguo Testamento. Según estos textos, el Mesías debía morir antes de la destrucción de Jerusalén. La ciudad fue destruida en el año 70 después de Cristo; el Mesías vino, pues, antes de ese año. Esto despertó el interés del taxista. Compró un Nuevo Testamento y empezó a leerlo.

Este hombre había sufrido mucho durante la guerra, lo cual lo había endurecido a tal punto que no había llorado desde hacía años. Pero cuando terminó su lectura, estaba tan impresionado que se echó a llorar sin poder parar. Comprendió que Dios había amado tanto a su pueblo, Israel, que había permitido que su Hijo muriera por ellos y por todo el mundo. Comprendió el sentido del Evangelio, es decir, la buena nueva de salvación. Recibió con gozo a Jesús de Nazaret, el Mesías, como su Salvador y Señor.

Desde entonces, su tema favorito de conversación con sus pasajeros es la resurrección de Cristo, fundamento de nuestra esperanza eterna.

Levítico 26 – Efesios 5 – Salmo 71:19-24 – Proverbios 17:15-16

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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