El llamamiento divino (11) – Camino a la gloria

Martes 8 Agosto
Cuando hayan padecido por un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, quien los ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, él mismo los restaurará, los afirmará, los fortalecerá y los establecerá.
1 Pedro 5:10 RVA-2015
El llamamiento divino (11) – Camino a la gloria
El Señor le encomendó tareas especiales al apóstol Pedro, pues él era un instrumento preparado por el Maestro. Pedro era un hombre muy práctico, y les escribió a todos los creyentes para que crecieran “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P. 3:18). Crecer es el mejor remedio contra los esfuerzos del enemigo, quien busca estorbarnos o derribarnos (véase Ef. 4:14-16).

El propósito, el consejo y la gracia de Dios son suficientes para proveer todo lo necesario para afrontar aceptar todos los desafíos. Mediante su llamamiento, Dios nos ha sacado de este mundo que yace bajo el maligno y cuyo líder es Satanás, el dios de este siglo. El llamamiento de Dios también nos ha puesto en el camino que lleva a la gloria eterna. Pedro insiste en que este llamamiento proviene del “Dios de toda gracia”, pues él mismo es su fuente. En Dios están todos los recursos que necesitamos para salvarnos y andar por el camino de la fe. Nos conduce a nuestro destino celestial, que es su gloria eterna. Estos planes se llevan a cabo “en Cristo Jesús”, porque lo que hemos recibido ha sido forjado por él en su obra consumada. La expresión “en Cristo Jesús” incluye también la obra que, en su gracia, realiza ahora en nosotros por medio del Espíritu Santo.

Mientras que el camino de Dios nos conduce a nuestro destino eterno, por nuestra parte se necesita fe, y esto involucra sufrimiento. Mientras estemos en la tierra, estaremos en la escuela de Dios, donde aprenderemos muchas lecciones. Este entrenamiento, bajo su control, nos lleva a una perfección práctica (no a una perfección sin pecado). El propósito de este ejercicio es hacernos comprender prácticamente, en nuestra vida actual, la posición en la que hemos sido puestos en Cristo, conformándonos a su imagen. Este proceso nos permite convertirnos en cristianos más fuertes, que han aprendido a confiar en Cristo y a recibir de él todo lo que necesitan.

Alfred E. Bouter
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LO QUE CADA CREYENTE DEBERÍA SABER SOBRE LA TENTACION | John Owen

LO QUE CADA CREYENTE DEBERÍA SABER
SOBRE LA TENTACIÓN
por John Owen

La Advertencia del Salvador en contra de la Tentación

Los discípulos se sentían confiados aún y cuando el peligro estaba a la vuelta de la esquina. Fue entonces que el Señor dio esta advertencia: “Velad y orad, para que no entréis en tentación…” (Mat. 26:41; Mr. 14:38; Luc. 22:46) Cada discípulo de Cristo necesita la misma advertencia. Esta advertencia contiene tres lecciones básicas que cada creyente debería aprender muy bien:

  1. La tentación es algo contra lo cual el creyente necesita guardarse continuamente.
  2. “Entrar en tentación” significa ser tentado en la forma más profunda y peligrosa.
  3. Para evitar que seamos dañados por esta clase de tentación, el creyente debería aprender a “velar y orar”.
    En la Biblia vemos que existen dos clases diferentes de tentación. Hay un tipo de tentación que Dios usa y hay un tipo de tentación que Satanás utiliza. La tentación es como un cuchillo que puede ser utilizado para un propósito bueno o malo: puede servir para cortar la comida o puede ser usado para cortar su garganta.

I. La clase de tentación que Dios usa
Algunas veces la Biblia usa la palabra “tentación” para significar una prueba o un examen. (Vean por ejemplo que la versión antigua traduce Santiago 1:2 como “diversas tentaciones” y la versión 1960 traduce la misma frase como “diversas pruebas”.) Abraham fue probado por Dios (vea Gen. 22:1) y en una forma u otra, todos los creyentes están sujetos a pruebas y tentaciones.
Hay que notar dos puntos importantes acerca de dichas pruebas.
Primero: El propósito de Dios en enviarnos pruebas.
a. Las pruebas ayudan al creyente a conocer el estado de su salud espiritual.
A veces, la experiencia de una prueba enseñará al creyente las gracias espirituales que Dios está produciendo en su vida. La prueba que Dios le envió a Abraham demostró la fortaleza de su fe. A veces la prueba le mostrará al creyente las maldades de su corazón de las cuales no estaba consciente. Dios probó a Ezequías para revelarle el orgullo que había en su corazón (2 Cron. 32:31). A veces los creyentes necesitan ser animados viendo las gracias espirituales que Dios está obrando en sus vidas. A veces los creyentes necesitan ser humillados aprendiendo acerca de la maldad oculta de sus corazones. Dios cumple ambos propósitos a través del uso de pruebas adecuadas.
b. Las pruebas ayudan al creyente a conocer más acerca de Dios.
1) Solamente Dios puede guardar al creyente de caer en el pecado. Antes de que seamos tentados, pensamos que podemos manejar cualquier tentación con nuestras propias fuerzas. Pedro pensaba que jamás negaría a su Señor. La tentación le mostró que sí era capaz de hacerlo. (Mat. 26:33–35, 69–75).
2) Cuando hemos aprendido nuestra debilidad y el poder de la tentación, entonces estamos listos para descubrir el poder de la gracia de Dios. Esta es la gran lección en que el apóstol Pablo fue enseñado por medio de “su aguijón en la carne” (2 Cor. 12:7–10).
Segundo: Dios tiene muchas maneras para probar a su pueblo.
Dios prueba a cada creyente en una manera muy personal. En seguida daremos tres ejemplos de los métodos que Dios usa en ocasiones para probar a su pueblo:
a. Los prueba encomendándoles deberes que sobrepasan sus recursos. El apóstol Pablo se refiere a esta clase de prueba cuando escribe: “Pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas…” (2 Cor. 1:8). Esta fue una prueba que Dios usó para enseñar a Pablo lo que él dice: “Para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Cor. 1:9). Los creyentes no deberían estar sorprendidos ni desmayados si Dios les encomienda una tarea que pareciera ser demasiado grande para ellos. En esta manera Dios prueba a los creyentes para hacerles ver si su fe en el poder divino es fuerte o débil.
b. Dios prueba a los creyentes permitiendo que sufran por su fe. Algunas veces el sufrimiento es muy severo, aún hasta el punto de la muerte (por ejemplo el martirio). Tal clase de sufrimiento es una prueba la cual la mayoría de los creyentes temen. Sin embargo, muchos creyentes han encontrado que en forma inesperada les fue concedida la fortaleza para ser torturados y aún para morir por Cristo. Todos los creyentes son llamados a sufrir de alguna forma u otra (Fil. 1:29 y 1 Ped. 2:21). Tales sufrimientos son llamados por el apóstol Pedro como “la prueba de vuestra fe” (1 Ped. 1:7 Versión Antigua).
c. Dios prueba a los creyentes permitiendo que se encuentren con maestros falsos y enseñanzas falsas. En esta manera Dios pone a prueba la lealtad y el amor del creyente hacia El. (Deut. 13 es un buen ejemplo de esta clase de prueba.)
Estos son tres ejemplos de la variedad de métodos que Dios usa para probar a su pueblo. Esta clase de prueba que Dios usa siempre tiene la intención de hacer bien a su pueblo. Estamos listos ahora para ver la clase de tentación que Satanás usa.

II. La tentación usada por Satanás con el propósito de lograr que la persona peque
Ambas clases de tentación contienen la idea de poner a prueba. ¡La tentación siempre es una prueba! En la clase de tentación intentada por Satanás, el punto que tenemos que recordar es el propósito de la prueba. La tentación de esta clase es una prueba diseñada para conducir a la persona a pecar. Dios nunca es el autor de este tipo de tentaciones (Stg. 1:13). Esta es la clase de tentación que el Señor tenía en mente cuando advirtió a sus discípulos. Esta es la clase de tentación acerca de la cual estudiaremos en este libro.
La Biblia enseña que hay tres causas principales para este tipo de tentación. A veces estas causas obran juntas y a veces separadamente:
Primero: El diablo como el tentador.
Dos veces en el Nuevo Testamento el diablo o Satanás es llamado “el tentador”. (Mat. 4:3; 1 Tes. 3:5). A veces el diablo tentará al creyente a pecar introduciendo pensamientos malos o blasfemos en su mente. A veces existe la tentación de dudar de la realidad de Dios o de la veracidad de su Palabra. Esta tentación frecuentemente surge por medio de malos pensamientos mandados por el diablo a la mente del creyente. Tentaciones de esta clase son llamadas “los dardos de fuego del maligno” (Ef. 6:16). El creyente no es culpable de pecado por el mero hecho de tener tales pensamientos. El creyente solamente es culpable de pecado si cree estos pensamientos.
Frecuentemente el diablo tienta usando dos de los siguientes métodos:
Segundo: El mundo (incluso la gente mundana) como un tentador.
El pescador usa como anzuelo un gusano sabroso para atraer al pez. En la misma forma, a menudo el diablo usa el anzuelo de alguna atracción del mundo para persuadir a la persona a pecar. El diablo, cuando tentó a Cristo usó los reinos de este mundo como su anzuelo. Fue una sirvienta quien tentó a Pedro para que negara a su Señor (Mat. 26:69). El mundo con todas sus cosas y su gente es una fuente constante de tentación para los creyentes.
Tercero: La carne (los deseos egoístas) como un tentador.
A veces el diablo obra a través de los deseos egoístas para tentar a la persona. El diablo tentó a Judas a traicionar al Señor usando tanto la ayuda del mundo (los fariseos y treinta monedas de plata Luc. 22:1–6) como la naturaleza codiciosa de Judas mismo. En las palabras de Santiago: “Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” (Stg. 1:14)
La clase de tentación usada por el diablo es siempre un intento de persuadir de alguna forma a la persona a pecar. Tales tentaciones tienen como su meta principal persuadir a la persona a pecar en alguna o en todas las siguientes maneras: 1) por el descuido de algún deber que Dios le ha encomendado, 2) por guardar malos pensamientos en su corazón y permitir que los pensamientos ya concebidos den a luz el pecado, 3) por permitir que Satanás le distraiga de alguna manera de su comunión con Dios o 4) por fallar en dar a Dios la obediencia constante, completa y universal a todos sus mandamientos incluyendo la manera en la cual la obediencia es rendida.
Ahora estamos listos para reflexionar brevemente en la primera lección mencionada al principio de este capítulo.

III. La tentación es algo contra lo cual el creyente necesita guardarse continuamente
Ilustraremos los peligros de la tentación usada por Satanás bajo los siguientes dos puntos:
a. El gran daño que las tentaciones de Satanás pueden hacer al creyente.
La meta principal de la tentación es la de conducir a la persona a pecar. Pudiera ser el pecado de hacer lo que Dios prohibe. Pudiera ser el pecado de no hacer lo que Dios manda. Pudiera ser algún pecado en la carne que puede ser visto por otros, o pudiera ser un pecado en la mente que solo Dios puede ver. Cualquiera que sea el pecado, nunca debemos olvidar que el propósito de la tentación es de dañar la salud espiritual del creyente.
b. La gran variedad de tentaciones que Satanás usa en contra del creyente.
Cualquier cosa que pueda impedirnos hacer la voluntad de Dios debe ser vista como una tentación. Puede ser que sea algo dentro de nosotros (algún deseo malo) o cualquier cosa o persona en el mundo. Cualquier cosa que provoque o anime a una persona a pecar es un tipo de tentación. Casi cualquier deseo que una persona pueda tener, podría convertirse en una fuente de tentación. Desear tales cosas como por ejemplo: una vida tranquila, amigos, un buen nivel de vida, una buena reputación (¡la lista es casi interminable!), no es pecaminoso en sí mismo. Sin embargo, tales cosas pueden llegar a convertirse en una fuente peligrosa de tentación que resulte difícil resistir. Los creyentes necesitan aprender a temer las tentaciones que surgen de tales fuentes ya mencionadas. Deberían temer tales tentaciones tanto como temen las tentaciones que conducen a pecados abiertos y escandalosos. Si fallamos en hacer esto, estamos más cerca del borde de ser arruinados de lo que nos imaginamos.

Owen, J. (2010). Lo que cada creyente debería saber sobre la tentación (O. I. Negrete & T. R. Montgomery, Trads.; pp. 11-12). Publicaciones Faro de Gracia.

Los atributos de Dios

Lunes 7 Agosto
Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.
Salmo 139:9-10
Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez.
Jonás 2:1
Los atributos de Dios
El Salmo 139 pone ante nosotros de manera impactante los atributos de nuestro Dios. En los versículos 1 al 6 habla de su omnisciencia: lo sabe todo. En los versículos 7 al 12 habla de su omnipresencia: está en todas partes. El salmista señala que, incluso si tuviera que hacer su hogar en los confines del mar, allí encontraría la mano de Dios para guiarlo, y su mano derecha para sostenerlo. En los versículos 13 al 16 habla de su omnipotencia: es todopoderoso.

¿Hay algún ejemplo en las Escrituras de alguien que haya experimentado esto? En efecto, ¡sería difícil encontrar una forma mejor de llegar a los confines del mar que estar en las entrañas de un gran pez! Jonás estaba totalmente fuera del alcance de cualquier ayuda o simpatía humana. Y, sin embargo, ¡el Señor estaba allí! Jonás estaba allí por su desobediencia, pero en su infinita gracia, Dios iba a utilizar tal experiencia para restaurar su alma, como vemos en el capítulo 2 de su libro. Verdaderamente, Jonás sintió que Su mano lo guiaba y que Su diestra lo sostenía incluso en aquel lugar.

Gracias a Dios, la mayoría de nosotros no tendremos que pasar por una experiencia como la de Jonás. Y, sin embargo, ¿no tenemos momentos en nuestra vida en los que nos sentimos, moralmente hablando, en lo más profundo del mar? Sean cuales sean nuestras circunstancias, animémonos por el hecho de que el Señor está ahí. Incluso cuando pasamos por situaciones difíciles, su mano está ahí para guiarnos, y su diestra para levantarnos. Su mano pronto enjugará todas nuestras lágrimas. Hasta entonces, su mano todopoderosa es capaz de fortalecernos y llevarnos a través de la prueba.

Kevin Quartell
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No basta conocer que hay un Dios, sino quién es Dios, y lo que es para nosotros | Juan Calvino

No basta conocer que hay un Dios, sino quién es Dios, y lo que es para nosotros

Por Juan Calvino

Por tanto, los que quieren disputar qué cosa es Dios, no hacen más que fantasear con vanas especulaciones, porque más nos conviene saber cómo es, y lo que pertenece a su naturaleza. Porque ¿qué aprovecha confesar, como Epicuro, que hay un Dios que, dejando a un lado el cuidado del mundo, vive en el ocio y el ‘placer? ¿Y de qué sirve conocer a un Dios con el que no tuviéramos que ver? Más bien, el conocimiento que de Él tenemos nos debe primeramente instruir en su temor y reverencia’, y después nos debe enseñar y encaminar a obtener de Él todos los bienes, y darle las gracias por ellos. Porque ¿cómo podremos pensar en Dios sin que al mismo tiempo pensemos que, pues somos hechura

de sus manos, por derecho natural y de creación estamos sometidos a su imperio; que le debemos nuestra vida, que todo cuanto emprendemos o hacemos lo debemos referir a Él? Puesto que esto es así, síguese como cosa cierta que nuestra vida está miserablemente corrompida, si no la ordenamos a su servicio, puesto que su voluntad debe servimos de regla y ley de vida. Por otra parte, es imposible ver claramente a Dios, sin que lo reconozcamos como fuente y manantial de todos los bienes. Con esto nos moveríamos a acercarnos a Él y a poner toda nuestra confianza en Él, si nuestra malicia natural no apartase nuestro entendimiento de investigar lo que es bueno. Porque, en primer lugar, un alma temerosa de Dios no se imagina un tal Dios, sino que pone sus ojos solamente en Aquél que es único y verdadero Dios; después, no se lo figura cual se le antoja, sino que se contenta con tenerlo como Él se le ha manifestado, y con grandísima diligencia se guarda de salir temerariamente de la voluntad de Dios, vagando de un lado para otro.

Instituciones de la Religión Cristiana Libro I, Cap 2

AUTOR DEL EXTRACTO
JUAN CALVINO
El primer teólogo en sistematizar las Escrituras, sus enseñanzas fueron de vital importancia para la reforma de la iglesia.

Cristo, el resplandor de la gloria de Dios

Domingo 6 Agosto
El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.
Hebreos 1:3
Cristo, el resplandor de la gloria de Dios
Con términos incuestionables este capítulo presenta la magnificencia de la grandeza de la gloria de Dios, tal como se manifiesta en su Hijo. La Epístola a los Hebreos no se enfoca en la humilde gracia de su obra, sino en la majestad y grandeza de ella. Es una obra digna de Aquel cuya dignidad es tan inmensa. La gloria infinita de esta Persona le da un valor infinito a su obra.

Cristo es en sí mismo el “resplandor” de la gloria de Dios, el propio brillo de esa gloria, al igual que la luz del sol revela la maravilla del resplandor y el calor de esa estrella. No se limita a reflejar esa luz, sino que ella misma es su resplandor. Cristo no se limita a expresar algo de Dios, sino que es la expresión de Dios mismo. Es imposible exagerar al alabar la grandeza de su majestad. No solo es el Creador de todas las cosas, sino que también “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”. Si no ejerciera constantemente su propio poder, nada en el universo podría permanecer en su lugar.

Él, que es el gran Creador y Sustentador del universo, solo y por sí mismo realizó la poderosa obra de “purificación de nuestros pecados” mediante la ofrenda inigualable de sí mismo en la cruz. Nadie más podría haber hecho esto. Llevará su gloria durante la eternidad, en presencia de multitudes de corazones dispuestos a ofrecerle su profunda adoración. Es conveniente que sea exaltado a la diestra de la Majestad en los cielos. “Se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”, tras una perfecta victoria sobre el poder de Satanás y del mal, y ahora es Objeto de la adoración de su amado pueblo. Eventualmente, toda la creación se postrará delante de él.

L. M. Grant
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Vendas divinas

Sábado 5 Agosto
Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.
Jeremías 30:17
Vendas divinas
En un día futuro, estas palabras llegarán a Israel como un rayo de luz al final de un largo período de oscuridad. Habiendo pasado por el “tiempo de angustia para Jacob”, un tiempo de sufrimiento sin precedentes, el pueblo experimentará la restauración de Dios. Entonces sabrán que sus heridas pueden ser sanadas, por muy graves que sean, y que su salud puede restablecerse, aunque su vida haya quedado destrozada.

Estas palabras no solo se aplican al futuro. Los cristianos de hoy en día sufren heridas que no se pueden curar, y están rodeados de gente que no los entiende. Algunos han sido abusados y maltratados en su niñez. Otros han sido profundamente heridos por otros cristianos. Otros se han sentido amargados y desilusionados por un matrimonio infeliz. ¿Existe realmente un remedio para estos casos?

Consideremos tres cosas. En primer lugar, las heridas de Israel no fueron superficiales. Dios había calificado previamente sus dolencias como incurables y sus heridas como graves. En segundo lugar, las cosas y personas a las que podrían haber recurrido (medicinas y amantes) no les habrían ayudado. En tercer lugar, sus heridas eran consecuencia de sus propias iniquidades; Dios mismo se las había infligido. Aunque nos inflijamos nuestras propias heridas, no desechemos esta realidad demasiado rápido: Dios aún está al control. Él ha permitido todo lo que nos ha sucedido, y todo obrará para nuestro propio bien (cf. Ro. 8:28).

Comprender esto es el primer paso a la sanidad. El segundo paso es darse cuenta de que solo Dios puede restablecer la salud y curar los corazones rotos. Puede utilizar a otras personas para ello, pero son solo instrumentos en sus manos. El tercer paso es dejar la autocompasión y la amargura, confesando en qué nos equivocamos, y perdonando a los que nos han hecho daño.

Grant W. Steidl
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Simón Pedro (1) – Su conversión

Viernes 4 Agosto
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan… Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías… Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas.
Juan 1:40-42
Simón Pedro (1) – Su conversión
Andrés había oído predicar a Juan el Bautista, y por ello creyó que Jesús de Nazaret era el Mesías. Luego se lo dijo a Simón, su hermano; esto fue lo primero que hizo. El deseo ardiente de dar a conocer a Cristo a los demás es una de las manifestaciones evidentes de una auténtica conversión, y eso es precisamente lo que vemos en Andrés. No se le menciona mucho en el Nuevo Testamento; era un hermano de “bajo perfil”, pero al llevar a Simón a Cristo, hizo posible que miles de personas se salvaran (véase Hechos 2:38-41). Andrés “le trajo a Jesús”, ¡e innumerables multitudes a lo largo de los tiempos se lo agradecen!

El encuentro de Simón con el Señor Jesús fue transformador -¡su vida nunca volvería a ser la misma! Cristo le dio un nuevo nombre, el cual era indicio de una nueva vida y una nueva naturaleza. Nuestros nombres son escritos en el cielo cuando nos convertimos (Lc. 10:20), y cuando lleguemos allí, recibiremos un nuevo nombre, el cual será un secreto especial entre el Señor y nosotros (Ap. 2:17). El nuevo nombre de Simón fue “Cefas”, que significa piedra en arameo (la palabra griega es “petros”, de la que deriva el nombre “Pedro”). Más adelante comprenderemos el significado más profundo de este nombre cuando consideremos el caminar de Simón con el Señor (Mt. 16:18).

El título “Mesías” puede no ser el más elevado de los títulos y nombres del Señor. Sin embargo, alguien ha dicho: “Al aceptar a Jesús recibimos todo lo que él es, aunque cuando lo aceptamos solo percibimos la parte menos exaltada de su gloria”. Si tenemos a Cristo, lo tenemos todo, y nuestra percepción de lo que él es crecerá con el tiempo.

Brian Reynolds
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El orgullo y humildad en la ética reformada de Herman Bavinck | Por Israel Guerrero Leiva

El orgullo y humildad en la ética reformada de Herman Bavinck

Por Israel Guerrero Leiva

Sin lugar a duda, uno de los teólogos más importantes de finales del siglo XIX, y comienzos del siglo XX fue Herman Bavinck. Quizás no estás familiarizado con su nombre, pero si alguna vez has tenido la oportunidad de estudiar la Teología Sistemática de Louis Berkhof (1873-1957), entonces de manera indirecta, has podido estudiar un destilado de Bavinck, ya que él fue muy influyente en el pensamiento de Berkhof.[1]

¿Por qué considerar el estudio de alguien que, de acuerdo con J. I. Packer (1926-2020), tuvo una mente y una sabiduría que es comparable a hombres como Agustín (354-430), Juan Calvino (1509-1564) y Jonathan Edwards (1703-1758)?[2] Porque Herman Bavinck fue un teólogo y pastor que desarrolló una robusta teología y cosmovisión reformada que fue aplicada en las distintas esferas de la vida en su determinado contexto, ya sea en el púlpito, en la academia, arte, educación, política y sociedad. ¿No es acaso esto lo que necesitamos en nuestros contextos hispanohablantes?
Debido al fundamento trinitario de su confesionalidad reformada, Bavinck enseñó una teología práctica donde la dogmática reformada (un cuerpo de estudio similar a una teología sistemática) era enseñada en conjunto con una ética reformada. De acuerdo con Bavinck:

La dogmática y la ética están en unidad… la dogmática describe las obras de Dios por —y en— nosotros; la ética describe lo que los seres humanos renovados [nacidos otra vez] ahora hacen sobre la base de —y en la fortaleza de— esas obras [de Dios].[3]

Esto nos enseña algo muy importante: no es posible estudiar, desarrollar y aplicar las doctrinas de la gracia si no vivimos reflejando la gracia de Dios en todo lo que hacemos. En otras palabras, no hay teología reformada si no hay una ética reformada. Es por esto que el orgullo no tiene lugar para aquellos que estudian y enseñan una teología que refleja las palabras del himno de John Newton (1725-1807) “Sublime Gracia”.

Entonces, ¿qué enseñó Bavinck a sus alumnos con respecto a este tema? En sus notas de clase descubiertas en el 2008 —posteriormente publicadas en el 2019 como Gereformeerde Ethiek [Ética reformada]— podemos encontrar a Bavinck refiriéndose al tema del orgullo, sus consecuencias y su remedio en varios lugares. A continuación, desarrollaré brevemente algunos de estos puntos.

El orgullo en la caída
Luego de desarrollar una profunda sección con respecto a la esencia de la imagen de Dios en el ser humano, Bavinck comienza a describir a la humanidad en “la condición de estar bajo el poder del pecado”. Todo comenzó bajo el primer acto de pecado. Este acto consistió en que, a través del orgullo, Eva negó tanto las consecuencias del pecado, como el pecado mismo. Este hecho singular del pecado de Adán y Eva involucró dos movimientos. Por una parte, el pecado los llevó a apartarse de Dios y a tener enemistad con Él. Por otra parte, ellos se volvieron a sí mismos y se dieron a sí mismos, resultando en “egoísmo” y “amor hacia algo que no es Dios, es decir: uno mismo”.[4]

En resumen, tanto en el primer acto pecaminoso cometido por Adán y Eva, como también en cada pecado que cometemos, existe una “deificación del yo, glorificación del yo y una adoración del yo”. ¿No es esto acaso una expresión de lo horrible que es el orgullo? De hecho, las descripciones de pecado y orgullo presentan una estrecha similitud. Para Bavinck, el pecado consiste:

En poner a otro en el trono. Ese otro no es una criatura en general, ni siquiera el prójimo, sino al “yo mismo” de la humanidad. El principio fundamental/organizador del pecado es la autoglorificación/adoración, la autodivinización. De manera más general: egoísmo o amor por sí mismo (deseo/apetito, búsqueda, enfermedad, epidemia). El alejarse de Dios es un volverse a uno mismo… El pecado entonces no es meramente una alteración del orden existente —un desorden— sino también un establecimiento de otro orden, es decir, una confusión/desorden. [El pecado] no es solamente contra [orden], también es anti [orden]. En una palabra: revolución.[5]

De acuerdo con lo anterior, podemos ver que la relación entre la autoadoración, el desorden y la revolución constituyen aspectos esenciales del pecado. De la misma manera, para Bavinck, “el orgullo, que es la expresión desnuda del principio del egocentrismo, se exalta en conocimiento, virtud, convirtiéndose incluso en orgullo espiritual”.[6]

Creo que una de las cosas que más puede perturbar el desarrollo de la teología reformada en las iglesias es el orgullo espiritual. Aprender, predicar y enseñar acerca de la soberana gracia de Dios con un corazón orgulloso, solo demuestra que somos nosotros quienes queremos ser los soberanos al levantarnos contra la gracia de Dios. Como resultado, este pecado nos llevará a odiar a Dios y a nuestro prójimo. De la misma manera, el orgullo espiritual nos llevará tanto a la “terquedad”, como alguien que “siempre alaba y presiona su propia opinión”, como también a la “insolencia” e “ingratitud”, donde no hay un reconocimiento de nuestra necesidad.[7]

Pienso que esto último nos debe llevar a reflexionar seriamente sobre la intención y la manera en que estamos aprendiendo, aplicando y enseñando las preciosas doctrinas de la gracia. No podemos seguir creciendo para la gloria de Dios si nuestros corazones no reconocen la profunda necesidad de mortificar aquello que destruye la relación entre la teología y la práctica: el orgullo. Es una terrible contradicción enseñar una teología que nos debería llevar a la humildad, pero que en realidad la estamos ocupando para elevarnos por sobre los demás, incluyendo a Dios. ¿No será acaso el orgullo espiritual lo que está llevando a que el mal uso de las doctrinas reformadas esté promoviendo la división entre aquellos que deberíamos estar más unidos en la verdad? Fue esto lo que llevó a Bavinck a reflexionar de la siguiente manera:

Siempre lleva a la melancolía el pensar cuánto nos falta todavía en la práctica en nuestra confesión cristiana… Aquellos que confiesan a Jesús el Cristo, en particular a los miembros de nuestra Iglesia [Reformada], una lección debe ser retenida: no sean soberbios, sino teman; sean revestidos de humildad.[8]

Estimados hermanos, el llamado es claro: no seamos soberbios. La soberbia espiritual es tan terrible porque refleja lo que ocurrió en la caída. De acuerdo con Bavinck, “posiblemente el orgullo fue el primer pecado y por lo tanto el comienzo y el principio básico de la caída de Adán y Eva”.[9] Estudiantes de teología: que el orgullo nunca sea el comienzo ni el fundamento de nuestro aprendizaje, de lo contrario, toda nuestra soberbia espiritual será el comienzo y fundamento de nuestra ruina espiritual.

El remedio al orgullo: fe en Cristo e imitación de Cristo
¿Cómo podemos entonces mortificar ese horrible pecado que se incuba en lo más profundo de nuestro ser? La respuesta: a través de la fe en Cristo. Esta fe “no solamente nos justifica, sino que también nos santifica y salva”. De hecho, Bavinck destaca que es la “verdadera fe, la fe no fingida, la que rompe en nosotros toda autoconfianza, arranca nuestro orgullo de su pedestal y marca un final a toda nuestra justicia”.[10]

¿Por qué la fe verdadera es la que rompe con nuestro orgullo? Porque es justamente a través de la fe donde nuestra confianza deja de estar puesta en nosotros, para estar firmemente cimentada en el autor y consumador de la fe: Jesucristo.

Finalizaré este artículo destacando un aspecto que tal vez no es muy estudiado: la imitación de Cristo.

Debido a que Cristo pagó por todos nuestros pecados en la cruz (¡incluyendo el orgullo!), es nuestro deber mortificar este pecado a través del uso de los medios de gracia. Por ejemplo, a través del correcto estudio y predicación de la Palabra, la correcta administración de los sacramentos y la oración. Esto puede ser entendido de manera más profunda al comprender “la forma de la vida espiritual”, es decir, a través de “la imitación de Cristo”.

De acuerdo con Bavinck, “Cristo no es solamente nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, sino también nuestro ejemplo e ideal. Su vida es la forma —el modelo— en la cual nuestra vida espiritual crece y que debe asumir”.[11]

Entendiendo que esta imitación no se refiere a una forma de repetición de Cristo de la manera en que los monjes creyeron (pobreza, castidad y obediencia), ni tampoco cómo la entendieron varios místicos,[12] Bavinck procede a hablar desde una perspectiva bíblica y reformada acerca de Imitatio Christi [la imitación de Cristo].

De esta manera, la imitación de Cristo consiste en lo siguiente:

En el reconocimiento de Cristo como el Redentor y Mediador. Por lo tanto, la imitación es posible a través de la fe al estar unidos espiritualmente a Cristo.
Internamente, al tener comunión con Cristo, y que Cristo sea formado en nosotros.
En que nuestras vidas sean formadas o moldeadas de acuerdo a Cristo.[13]
En otras palabras, a través de la aplicación de los beneficios obtenidos solamente por la obra y persona de Cristo, todos nuestros pecados han sido perdonados para así tener una comunión viva con el Dios verdadero. Como fruto de esto, mortificaremos nuestro pecado al poner nuestra fe en Cristo e imitar a Aquel que es manso y humilde: Jesucristo, nuestro Salvador y Señor.

Quizás más de algún lector ya ha estudiado sobre el orgullo, la humildad y la imitación de Cristo. Sin embargo, es mi deseo que como cristianos, y en este caso como cristianos reformados, podamos crecer en humildad de manera real y no como algo meramente teórico. En palabras de Bavinck: “Después de todo, el propósito de la ética es que nosotros crezcamos en gracia, y que no nos quedemos en el nivel de la teoría”.[14]

[1] Lamentablemente, hasta el momento no hay ninguna publicación al español de alguna obra completa de Herman Bavinck. Estoy seguro que esta situación pronto cambiará.

[2] Ver contraportada en Reformed Dogmatics. Prolegomena. [Dogmática Reformada. Prolegómena] Vol. I. Editado por John Bolt y traducido por John Vriend (Grand Rapids: Baker Academic, 2003).

[3] Ibid., 58.

[4][4] Herman Bavinck, Gereformeerde Ethiek [Ética reformada], Editado por Dirk van Keulen (Utrecht. KokBoekencentrum, 2019), 81-82.

[5] Ibid., 97.

[6] Ibid., 101.

[7] Ibid., 113.

[8] Herman Bavinck, Kennis en Leven [El conocimiento y la vida] (Kampen: J.H. Kok, 1922), 78.

[9] Herman Bavinck, Magnalia Dei. Onderwijzing in de Christelijke Religie naar Gereformeerde Belijdenis. Tweede Druk [Magnalia Dei. Instrucción en la religión cristiana según la confesión reformada. Segunda impresión] (Kampen: J.H. Kok, 1931), 204.

[10] Ibid., 462.

[11] Bavinck, Gereformeerde Ethiek [Ética reformada], 216.

[12] Bavinck, Gereformeerde Ethiek [Ética reformada], 230-231.

[13] Ibid., 231-232.

[14] Ibid., 42.

Israel Guerrero Leiva
Israel Guerrero Leiva (chileno) posee un Máster en Teología (M.Th.) en el Seminario Teológico de Edimburgo y Universidad de Glasgow, Escocia. Actualmente está realizando un Ph.D. en Teología Sistemática en la Universidad de Edimburgo. Junto con su esposa Camila y sus dos hijas —Emma y Eilidh— son miembros de la Free Church of Scotland. Su pasión es contribuir a la formación teológica reformada de los futuros teólogos y plantadores de iglesias en el mundo hispanohablante. Es administrador de la página de Facebook “Bavinck y Kuyper en español”.

Conflicto con Satanás: lucha por tus hermanos

Jueves 3 Agosto
No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad… orando en todo tiempo… en el Espíritu… por todos los santos.
Efesios 6:12, 18
Conflicto con Satanás: lucha por tus hermanos
La lectura de este versículo me hizo ver que esta lucha es mucho más seria de lo que solemos pensar. No se trata de un conflicto individual con Satanás solamente, sino que se trata del ataque de los poderes de las tinieblas a la Iglesia de Dios en la tierra: “Todos los santos”. El cristiano que permanece vigilante en este aspecto se ocupa de toda la Iglesia, pues esta es una sola; y si el enemigo logra abrir una brecha en algún lugar, no es solo allí donde saldrá victorioso.

Supongamos que me mantengo firme pero mi hermano cae, ¿acaso eso no me afecta? Sin embargo, esto debería ser el caso. Si mis afectos no se ven conmovidos, esto no hace más que demostrar que no comprendo el carácter del conflicto, y que no me importa mucho.

El diablo obra con sus artimañas, engañando a los creyentes con lo que es “popular”. Satanás utiliza alguna doctrina engañosa, o algún elemento religioso ajeno a Cristo, para tratar de desestabilizar a los creyentes de su firme posición por Cristo y por la verdad. ¡Cómo debe odiar la Epístola a los Efesios! Y uno de sus trucos es hacer creer a los cristianos que la verdad que esta presenta es demasiado elevada para ellos.

Cada uno debe vestirse de “toda la armadura” (v. 13), pero no debe pensar solo en sí mismo. Debe orar por todos los santos y por el anuncio del “misterio del evangelio” (v. 19) -y no solo por el anuncio del evangelio, sino por el anuncio del misterio que este involucra: Cristo y la Iglesia unidos en un solo cuerpo Cuerpo (Ef. 5:29-32).

J. T. Mawson
Alcemos pues la frente, hermanos: ¡A luchar!
Es Cristo suficiente, Él nos hará triunfar;
Del Padre es Hijo amado, de nos fiel Salvador,
A quien de allá esperado, sirvamos con amor
Hasta el eterno albor.
Louis Barbey
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Introducción al Amilenialismo | Rafael Alcántara

Introducción al Amilenialismo

Rafael Alcántara

Nota del editor:
La verdad más fundamental que los cristianos debemos proclamar acerca de los últimos tiempos es que Jesucristo volverá. Pero a través de la historia, la Iglesia ha comprendido de diversas formas diferentes aspectos de esta doctrina. En este escrito puede encontrar una breve Introducción al Amilenialismo. Para una postura escatológica diferente, puede leer la introducción al Premilenialismo.

El amilenialismo es una postura escatológica que, de manera general, enseña que el Milenio del que habla Apocalipsis 20:1-10 se refiere al tiempo presente de la iglesia, donde Cristo está reinando en un trono celestial, y que culminará con Su Segunda Venida. El orden y la naturaleza de los eventos, según el amilenialismo, es como sigue:

  1. Gobierno actual del Mesías en un reinado espiritual.

2-La Segunda Venida de Cristo.

3-Conjuntamente con Su venida habrá una resurrección general, y todos los cristianos recibiremos al Señor en el aire.

4-Los enemigos de Cristo serán vencidos, y será celebrado el juicio final.

5-Finalmente, el mundo actual será destruido por fuego, y los justos pasaremos a habitar en el cielo nuevo y la tierra nueva por toda la eternidad.

En otros temas relativos a la naturaleza de la tribulación, el anticristo, y una salvación de judíos en el contexto del Nuevo Pacto, hay una diversidad de opiniones dentro de la misma escuela amilenial.

Argumentos a favor del Amilenialismo
1- Cristo es el verdadero Israel de Dios, de lo cual el Israel étnico del Antiguo Pacto era un tipo o sombra. Como la Iglesia está unida a Cristo, la Iglesia también es considerada como el Israel de Dios. Esta iglesia es el único pueblo de Dios en el Nuevo Pacto, y está compuesto tan solo de creyentes en Cristo, tanto de entre los judíos, como de entre los gentiles (Ro. 2:26-29; Ro. 4:9-12; Ro. 11:17-24; Ga. 3:14-16, 22, 23-29; Ef 2:11-22).

2- La Segunda Venida de Cristo será un único evento, conjuntamente con el arrebatamiento de la iglesia. Es lo que se conoce en escatología como “postribulacionismo” (Mt. 24:3-44; 2 Tes. 2:1-3).

3- La Manifestación del Reino de Dios, prometido en el Antiguo Pacto, halla su cumplimiento definitivo en la persona de Cristo. Este tendría dos etapas fundamentales: Siembra, en su Primera Venida, y Cosecha, en su Segunda Venida (Mt. 13:24-30, 36-43; Mt. 13:47-50).

4- Los autores del Nuevo Testamento interpretaron muchas profecías del Antiguo Testamento acerca de los postreros días como cumplidas plenamente en Cristo y/o la Iglesia; ya sea en la Primera Venida, en la Segunda, o en ambas venidas presentadas como un solo evento (cp. Am. 9:11-12 con Hch. 15:14-18; Is. 65:17; 66:22 con Ap. 21:1).

5- La división de la historia de la humanidad en dos etapas, esta era presente y la era venidera, como es enseñada por Cristo y Pablo, es más consistente con el esquema amilenial (Mt. 12:32, Mr. 10:29-30, Lc. 20:34-36). ¿Cuándo termina esta era presente y cuando comienza la era venidera? En la Segunda Venida de Cristo (Mt. 13:24-30, 37-43; Tit. 2:11-13).

6- La división de la historia de la humanidad en tres etapas, enseñadas en 2 Pedro 3:3-13, es también más consistente con este esquema amilenial. Pedro dice que el mundo de ahora será destruido por fuego el día en que ocurra el Juicio de Dios (2 P. 3:7). ¿Cuándo ocurrirá el juicio de Dios? Cuando Jesucristo vuelva (2 P. 3:8-10). En ese momento no habrá oportunidad de salvación (v.9). Con la Segunda Venida será establecida la Tierra Nueva.

7- La enseñanza de Cristo respecto al juicio final en Mateo 25:31-46 excluye cualquier reino terrenal intermedio entre la segunda venida y el estado eterno.

El debate en torno a Apocalipsis 20:1-10
El libro de Apocalipsis puede ser explicado como un conjunto de visiones que, aunque suceden una detrás de la otra, representan un paralelismo progresivo que atraviesa toda la nueva dispensación desde la primera venida de Cristo hasta su retorno en gloria. (Ver por ejemplo Ap. 11:15-19 con Ap. 12:1-5).

Hay algunos detalles del mismo pasaje de Apocalipsis 20:1-10 que nos pueden ayudar a defender el postulado de que el mismo se refiere a esta era evangélica:

Los mil años. Este mismo pasaje, al igual que en el resto del libro de Apocalipsis, está lleno de símbolos. (Ej.: la llave del abismo, la gran cadena, el dragón, la serpiente). Y en la Biblia el termino “mil”, muchas veces es usado de forma simbólica. (Ver. Dt 1:11; 7:9; Jos. 9:3; 1 Cr. 16:15; Job 9:3; Sal. 50:10; Cnt. 4:4; Is. 60:22). De modo que los mil años de Apocalipsis 20 pueden estar indicando un período largo pero definido de tiempo.

La atadura de Satanás. Como parte de la simbología del pasaje, la pregunta que debemos de hacernos es, ¿en qué sentido Satanás ha sido atado en esta era evangélica? Antonio Hoekema responde al respecto: “…la atadura de Satanás durante la era presente del evangelio significa que, en primer lugar, él no puede evitar la propagación del evangelio y, segundo, que Satanás tampoco puede juntar a los enemigos de Cristo para atacar a la iglesia”*. Este no es el único pasaje del Nuevo Testamento donde se menciona esta restricción del poder de Satanás (cp. Mt 12:28-29 y Heb. 2:14-15).

Los tronos y las almas: La palabra “tronos” en Apocalipsis siempre se usa para referirse a tronos en los cielos o en la nueva Jerusalén que baja del cielo, salvo cuando habla del trono de la bestia. Y tenemos también la palabra “almas”, que es usada en Apocalipsis 6:9-11 para referirse a los creyentes que han muerto (sobre todo los mártires) y que esperan el día de la resurrección. No debe resultar extraño, entonces, si en este pasaje le damos el mismo uso a estos términos. De modo que aquí parece ser que se nos habla de un reino milenial simbólico de los que han muerto en Cristo, principalmente los mártires, durante la actual Era Evangélica.

Estas almas volvieron a la vida, en el sentido de que al partir de un mundo que les fue antagónico que hasta les dio muerte, pasaron a una vida mejor, ya que en ese momento comenzaron a reinar con Cristo, a diferencia de los que mueren sin Cristo. La primera resurrección de la que habla Apocalipsis 20:5 es entonces el estado de vida superior que pasan a gozar todos los creyentes en alma, al momento de morir.

Estos no sufrirán la muerte segunda. A diferencia de la primera muerte, en la que todos participan, sean creyentes o incrédulos, la muerte segunda es la condenación que han de recibir los incrédulos por la eternidad.

La confrontación final. En Apocalipsis 20:7-10 vemos que esta era presente concluirá con el desatamiento de Satanás, es decir, con un esfuerzo final de su parte de destruir al pueblo de Dios. Pero sus propósitos serán frustrados con la intervención divina, destruyendo a sus enemigos con llama de fuego. ¿Cuándo ocurrirá esta intervención divina con fuego para destruir a los enemigos del pueblo de Dios? Cuando Cristo vuelva, según 2 Tesalonicenses 1:7-8 y 2 Tesalonicenses 2:8.

Palabras finales
El esquema escatológico amilenialista nos ayudará a enfocarnos mejor en el tema fundamental de las profecías. Este tema no es la nación de Israel, ni el reino milenial: es la persona de Jesucristo (Ap. 19:9-10). Jesús es el esposo de la Iglesia, pero en el momento de su retorno se consumará esa unión. No habrá nada que opaque ese gloriosa boda que celebraremos cuando Él venga a estar para siempre con su pueblo.

Definitivamente hay hombres de Dios, a quienes respeto y amo en el Señor, y de quienes tengo mucho que aprender, que explicarían estas cosas de una forma diferente a como yo lo he hecho. Pero estoy seguro de que ellos podrán unirse conmigo y expresar la siguiente verdad: “Que no importa cuánto avance la maldad en este mundo, ni la hostilidad en contra de la iglesia, al final el Cordero vencerá, y nosotros venceremos con Él”.

Apocalipsis 17:14: “Estos pelearan contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque El es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con El son llamados, escogidos y fieles.”

*¿Qué es el Milenio? Cuatro enfoques para una Respuesta, Pág.154, Casa Bautista de Publicaciones, 1991.


Rafael Alcántara es uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde colabora con la enseñanza y la consejería, así como en la capacitación de líderes y la predicacion en diversas iglesias locales. Tiene una maestria en Estudios Teológicos. Ha sido profesor de Historia de la Iglesia y actualmente enseñanza Teología Sistemática en el Seminario Bautista Dominicano. Está casado con Gleny Troncoso y tiene dos hijas. Puedes encontrarlo en Twitter.