Martes 11 Julio El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Juan 3:18 ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Romanos 6:1-2 No te condeno Leer Juan 8:1-11 Los escribas y fariseos, líderes religiosos de la época de Jesús, le trajeron una mujer sorprendida en adulterio. El pecado de esa mujer realmente no era un problema para ellos, pero decidieron aprovechar la ocasión para tentar a Jesús. “En la ley”, dijeron, “nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?”. La trampa era sutil. Jesús debía escoger entre la ley, la cual respetaba, y la gracia que él mismo había traído. Al principio no respondió nada. Este silencio exasperó a los hombres que ya saboreaban su triunfo. Pero Jesús les lanzó una flecha que alcanzó su conciencia: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Es como si les hubiera dicho: «El pecado de esta mujer es inexcusable y merece una condena justa. ¿Y ustedes? ¿No son culpables también?». Entonces los acusadores, confundidos, se retiraron.
La mujer se quedó sola con Jesús, aliviada sin duda al ver desaparecer a los que la condenaban. Tal vez estaba preocupada ante Aquel que, siendo sin pecado, era el único que tenía derecho a condenarla. Pero oyó esta palabra, que solo el Hijo de Dios podía pronunciar: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.
¿Está permitido pecar “para que la gracia abunde? En ninguna manera”, dijo el apóstol Pablo. “En ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4). Primero es necesario el perdón. Luego, conscientes de la gracia divina, podemos recibir fuerza y fidelidad para una conducta santa.
Daniel 11:21-45 – Lucas 2:21-52 – Salmo 81:11-16 – Proverbios 19:7-8
Lunes 10 Julio Jesús… alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él. Juan 7:37-39 Las tres comidas de Elías (2) Tercera comida (1 Reyes 19:5-7) “Un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel del Señor la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta”. Tras una gran hazaña pública, Elías se derrumbó y huyó ante la amenaza de muerte proferida por la reina. Pero Dios no lo desamparó. Durante este tiempo de profundo desánimo, Elías recibió una torta y agua de las propias manos de un ángel. Así Dios renovó sus fuerzas. Lo levantó, le dio instrucciones y le confió nuevas tareas.
Después de disfrutar tiempos de comunión a solas con Dios, tras un período en que desempeñamos un servicio en el mundo, también podemos experimentar momentos de desánimo, pero nuestro fiel Dios no nos abandona. Él nos da fuerza, nos levanta y nos reintegra a su servicio.
En estas tres comidas hay algo en común: el agua del arroyo, el agua en un vaso y el agua en una vasija. En la Biblia, el agua pura a menudo es una imagen del Espíritu Santo, como lo muestra el versículo de hoy. Necesitamos alimento: Jesucristo, su muerte, su resurrección, su persona, sus enseñanzas, sus milagros, sus gestos y obras nos alimentan. Pero también necesitamos el agua del Espíritu Santo que nos trasmite las riquezas de Cristo, refresca nuestros corazones y nos transforma para hacernos más semejantes a nuestro Salvador.
Daniel 11:1-20 – Lucas 2:1-20 – Salmo 81:1-10 – Proverbios 19:5-6
Características que fomentan la unidad en la iglesia Por Costi W. Hinn
Hay una vieja broma eclesiástica que dice algo así: “Una vez un hombre puso un perro y un gato en una jaula juntos como un experimento, para ver si se llevarían bien. Lo hicieron, así que puso un pájaro, un cerdo y una cabra. Ellos, luego de unos pequeños ajustes, también se llevaron bien. Luego, puso un bautista, un luterano, un presbiteriano y un pentecostal adentro. Luego de varios minutos, ¡No quedaba nada vivo!”.
Aunque es gracioso, es demasiado certero que cuando pones cristianos juntos habrá conflictos. Más allá de las diferencias denominacionales, en las congregaciones locales donde la mayoría de las personas están de acuerdo con los distintivos doctrinales, aún puede haber preferencias personales, opiniones y actitudes que rompen la unidad en lugar de preservarla. Todos podemos ser culpables de hacer una ley espiritual donde no hay una ley bíblica, o en un esfuerzo por tomarnos de nuestras libertades cristianas, podemos ser culpables de abusar de ellas. En todos los casos, la oportunidad de dividirse se presenta, y hasta se vende, como una piedad más profunda o una posición más alta con Dios, solo para dejarnos en las ruinas de la división.
La unidad es difícil de lograr en la fe cristiana, pero es importante para nosotros cumplir con nuestro llamado. Y es alcanzable, no importa las diferencias secundarias que podamos tener, siempre y cuando todos caminen en la familia de Dios de la forma en la que fueron llamados (Ef 4:1). Es más fácil decirlo que hacerlo, ¿pero eso no cambia nuestro objetivo, o sí?
Luego de establecer una base rica en el evangelio, en los primeros tres capítulos de Efesios, el apóstol Pablo comienza a decirle a la iglesia cómo debía vivir a la luz del hecho de que la gracia de Dios los había cambiado. El orgullo, las facciones y el interés propio dominaba en su antigua forma de pensar. Ahora, con el Espíritu Santo habiendo tomado lugar en sus corazones, debían vivir su fe en sumisión a Dios, no en sus propios impulsos carnales. Esta nueva forma de vivir conduciría a la unidad.
Basado en lo que Pablo escribe en Efesios 4:2-3, aquí hay cuatro características que alentarán el tipo de unidad que cada creyente (y pastor) desea en su iglesia local:
Humildad
Pablo dice que caminar de acuerdo con su llamado incluiría caminar “…con toda humildad…” (Ef 4:2a). Humildad significa “modesto o por debajo” y es una idea enteramente cristiana. Los griegos y romanos celebraban la confianza en uno mismo, la arrogancia y el orgullo. La humildad era rebajada a una debilidad. Algunos lingüistas incluso dicen que no había equivalente para la palabra “humildad” en el lenguaje griego, por lo que es probable que Pablo tuviera que inventar una, y así comenzara a esparcirse la idea de humildad cristiana. La humildad era modelada por Jesús mismo. En otra oportunidad, Pablo escribe:
“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil 2:3-8).
Jesús tenía la gloria del cielo, nunca tuvo forma humana, estaba por encima de todos nosotros, y era verdaderamente Dios. Él viene a la tierra y toma forma humana, sin dejar de ser Dios, sino rebajándose a sí mismo al convertirse en un hombre. Él entonces vela la totalidad de Su gloria, limitándose al punto de que, Él podría haber destruido a todos sus enemigos, tomado venganza en cada ocasión, vaporizado a todos los que se oponían a Él, y dejado registro peleando Su santa guerra justo allí y en ese momento como una deidad igual a Dios el padre. En su lugar, Él no ve Su igualdad con el Padre como algo a qué aferrarse, sino que se somete al padre voluntariamente para que Él pudiera redimir a los pecadores mediante una vergonzosa, brutal y humilde muerte en una cruz.
Por el ejemplo de Cristo, debemos pasar cada ambición, cada pelea o respuesta rápida, cada decisión, cada palabra y cada pensamiento por un filtro: ¿Se ve como mi Señor?
Esa visión va a alentar a la unidad.
Mansedumbre
Pablo luego dice “…y mansedumbre…” (Ef 4:2b). La mansedumbre es una palabra griega que tiene correlación con la palabra “paciencia”. Esto es, ser amables y considerados hacia otros, y es una cualidad muy importante porque, si no somos mansos, terminamos viviendo y relacionándonos con otros como una bola de demolición, destruyendo y rompiendo en lugar de construir. La mansedumbre en la vida de Cristo se veía como fuerza bajo control. Jesús poseía una columna de acero y un corazón suave. Para un cristiano, la paciencia no es debilidad, aún si el mundo mira a las personas pacientes como alfombras de piso pasivas que nunca hacen que algo ocurra. Cuando, en realidad, la persona mansa sí es un activista, pero lo es de forma sabia, con gracia y a la manera de Cristo. Los cristianos no se llevan todo por delante en busca de un resultado final. La mansedumbre es tan importante porque es útil al lidiar con el pecado, que es un asunto común en la iglesia, formada por seres humanos. Gálatas 6:1 nos recuerda, “si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.
Un cristiano no debería ser una espina que pincha, sino un bálsamo que cura, aún si la verdad apesta, la sanación y la pureza son los resultados. La mansedumbre está unida a la oferta de Cristo para los pecadores que buscan encontrar paz en cualquier lugar erróneo, y terminan cargados por el peso destructivo del pecado, cuando Él dice:
“Vengan a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas” (Mt 11:28-29).
¿Eres conocido por ser manso? ¿La gente del cuerpo de Cristo, quiere ir a ti para admitir sus debilidades, confesar sus pecados, buscar sabiduría y encontrar ánimo? ¿Deseamos retener la venganza cuando podríamos destruir a alguien? Solo porque podamos satisfacer nuestra alma con venganza, ¿lo hacemos? Siempre siento mi culpa por lo que una vez dijo Chuck Swindoll: “Podemos estar en lo correcto, pero no necesitamos ser irrespetuosos por eso”. Eso es mansedumbre. Piensa en un semental salvaje que ha sido domesticado, pero aún tiene espíritu, lucha y se esfuerza por correr. El semental es feroz y fuerte, pero, aun así, corre hacia donde su dueño lo dirige, y solo cuando su dueño lo dirige. Una iglesia mansa hace que el enemigo tiemble porque somos fuertes, y aun así, disciplinados y difícil de seducir por sus trampas y esquemas.
Paciencia
Efesios 4:2c también incluye “con paciencia”. Esta es la palabra griega makrothumia y es un “estado de continua tranquilidad al esperar un resultado”. Es lentitud para reaccionar, es aguantar, es ser de temperamento lento en circunstancias desafiantes. Este tipo de actitud es clave para la unidad en la iglesia porque causa que seamos menos reactivos hacia los demás. Es difícil ofender a una persona paciente. La paciencia a menudo está unida a la fe y confianza en el Señor. Es por eso por lo que muchos de los héroes de la fe fueron pacientes, aun cuando pasaban por desafíos, cuando recibían pecados, o cuando no tenían todo lo que querían en seguida
Noé construyó un arca durante 120 años mientras que todos se burlaban de él, y ni siquiera una gota de lluvia caía. José soportó décadas muy duras antes de gobernar Egipto. David fue ungido mucho antes de convertirse en rey, luego fue atacado por su predecesor Saúl. Dios fue paciente con nosotros; en lugar de darnos lo que merecemos como pecadores es paciente, lento para la ira, y nos adopta como Sus propios hijos amados. ¿Confiamos en el Señor cuando otros pecan contra nosotros? ¿Confiamos en Él en épocas de espera? ¿Estamos prontos para quejarnos por nuestras preferencias o consideramos lo que Dios pueda estar enseñando? Cuando Dios no sigue nuestra línea de tiempo, o cuando los demás no cumplen con nuestras expectativas, ¿demandamos exigentes que las cosas ocurran a nuestro tiempo o a nuestra forma? Los cristianos somos llamados a ser pacientes porque vamos a tener que soportar desafíos, Dios nos hará crecer mediante pruebas, y seremos maltratados, engañados, atacados o malentendidos a lo largo de nuestras vidas. La paciencia es clave para seguir a Cristo, y fomenta la unidad porque, en lugar de culpar a otros o atacar a otros en los momentos de espera, confiamos en el Señor, aceptando Sus tiempos.
Soportándonos en Amor
Finalmente, Pablo escribe, “…soportándose unos a otros en amor”. Soportarnos en amor no es pasar por alto la verdad, es continuar amando, sirviendo y cuidando de alguien que te molesta, que te desagrada o te decepciona con sus decisiones algunas veces. El amor es tan importante para la unidad porque cuando nuestros sentimientos nos llevan a decisiones arduas, o palabras duras, el amor nos mantiene arraigados.
Colosenses 3:14 dice: “Y sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad”. El amor es el pegamento que mantiene al cuerpo unido. La humildad fluye del amor, la mansedumbre fluye del amor y el soportar a otros fluye del amor. No puedes tener ninguna de estas características si no tienes amor. Por eso Pablo oraba para que los efesios estuvieran “arraigados y cimentados en amor” (3:17) y para que conocieran el amor de Cristo y estuvieran llenos de Él.
Armados con estas características, los creyentes deben esforzarse “por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef 4:3). Esto significa que debemos ser fervientes y dispuestos en perseverar en la unidad que ya ha sido provista por medio de la cruz de Cristo.
Cuando los creyentes caminan de una forma digna al llamado con el que han sido llamados, la unidad siempre es el resultado porque Dios ha diseñado Su cuerpo para trabajar de esa manera.
Costi W. Hinn Costi W. Hinn es pastor ejecutivo de la iglesia Mission Bible en Tustin, California.
Domingo 9 Julio La harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que el Señor había dicho por Elías. 1 Reyes 17:16 Las tres comidas de Elías (1) Primera y segunda comida Tres episodios de la historia del profeta Elías lo muestran comiendo.
– Al principio de su servicio (1 Reyes 17:5-6), durante una sequía inusual, Dios lo cuidó de manera milagrosa: los cuervos le traían del cielo lo que necesitaba cada día. El menú era rico para una época de hambre: pan y carne, dos veces al día, con agua fresca. ¡Qué fidelidad por parte de Dios! Y Dios no cambia. Él siempre responde a la oración: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Lucas 11:3). Esto se refiere tanto a la alimentación de nuestro cuerpo como a la de nuestro ser interior. Él sabe que cada uno de nosotros necesita esta relación diaria e íntima con él, mediante la lectura de la Biblia y la oración.
– Un poco más tarde Elías fue acogido por una viuda que le dio agua y comida (1 Reyes 17:10-16). Esta extranjera puso su confianza en él y en su Dios. Su fe se manifestó cada día nuevamente; y ella experimentó, tras la enfermedad y la resurrección de su hijo, que el Dios de Elías era el Dios de la vida.
Después de nuestros momentos matutinos de comunión con Dios, salimos para nuestro trabajo al mundo, donde estaremos en contacto con personas que pasan por dificultades, que sufren, y tendremos la oportunidad de dar testimonio a aquellos a quienes Dios quiere hablar. Servir a Dios, hacer la obra que nos encomendó, también es un alimento. Jesús dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34).
(mañana continuará) Daniel 10 – Lucas 1:57-80 – Salmo 80:8-19 – Proverbios 19:3-4
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Colosenses 3:16 ¡Más cerca, oh Dios, de ti! Mi padre solía contarnos ciertos episodios de la guerra, en particular algunas experiencias que le impresionaron y le animaron, a pesar de la crueldad del momento.
Un día su compañía estaba en la primera línea del frente y recibió la visita del capellán. El teniente había dado permiso para que los hombres que lo desearan, unos diez, se reunieran en un pequeño bosque cercano, de donde podían ser llamados en cualquier momento. El capellán les habló del Señor Jesús y de su promesa de estar siempre con ellos, estuviesen donde estuviesen. Después de leer la Biblia y orar, propuso cantar un himno. De común acuerdo eligieron un himno universalmente conocido:
¡Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca sí! ¡Concédeme tu ayuda; sostén mi fe! Al principio el canto era un poco tímido, apenas audible, pero luego tomó fuerza, y finalmente los soldados cantaron a plena voz:
En el día en que la prueba se desborda como un río, Mantenme cerca de ti, más cerca de ti. Los soldados volvieron a sus puestos. Sin embargo, de repente escucharon el mismo himno en un idioma diferente desde las líneas del otro lado. ¡Era el himno de la fe, que no tiene fronteras, que une a todos los creyentes en una misma comunión, bajo la protección de un mismo Padre, el Dios y Padre de nuestro Salvador y Señor Jesucristo!
Daniel 9:20-27 – Lucas 1:26-56 – Salmo 80:1-7 – Proverbios 19:1-2
Viernes 7 Julio A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Hechos 2:32 Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Romanos 10:9 Jesús está vivo Para abordar un tema especial, un periodista escribió: «Científicos de todas las tendencias están seguros: ¡Sí, Jesús existió! Vivió en Galilea y murió en una cruz. Pero, ¿y el resto?».
La respuesta que cada uno da a esta pregunta es esencial. La opinión de los llamados expertos no es la que debe guiarnos. El apóstol Pablo escribió: “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Corintios 15:17). El cristianismo no es una religión sacada de la imaginación del hombre. ¡El cristianismo está basado en hechos!
Dios se da a conocer por lo que hace. Él creó el universo. Su majestad, su poder y bondad son presentados a todas las criaturas inteligentes. También “envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Juan 4:9). Entonces su amor por nosotros se reveló. La muerte de Jesús en la cruz fue necesaria para salvar a los hombres. Él “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). Su resurrección no es una fábula, Dios dio las pruebas suficientes e indubitables de ella.
Jesús resucitado fue visto primero por unas mujeres en el sepulcro, luego por los apóstoles, y después por quinientos hermanos (o discípulos) a la vez. La fe de los creyentes no está “fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:5).
Esta fe es dada a todos los que creen en la resurrección de Jesús. ¡Dicha certeza les da paz y gozo cada día!
Daniel 9:1-19 – Lucas 1:1-25 – Salmo 79:8-13 – Proverbios 18:23-24
Nota del editor: Este es un fragmento adaptado de Un líder de convicciones: 25 principios para un liderazgo relevante. Albert Mohler. B&H Publicaciones.
Los líderes no son máquinas y sus seguidores tampoco lo son. Somos seres humanos de carne y hueso que debemos realizar constantes juicios en relación con la confianza. Pareciera que existe un instinto dentro de nosotros que gravita hacia aquellos en quienes podemos confiar y que mira con cautela a los que no inspiran tal confianza. Dentro de nosotros, tenemos una especie de detector de confianza que funciona constantemente, y aprendemos a depender de él incluso desde pequeños. El liderazgo es tan antiguo como la humanidad y también lo es la preocupación por el carácter de los líderes.
Nuestra dificultad para tratar la cuestión de carácter está directamente relacionada con que no tenemos un concepto común de lo que verdaderamente implica el carácter. Este es el punto en el cual el líder cristiano debe tener un llamado al carácter mucho más profundo y urgente; un llamado al carácter que no se trate solo de una cuestión de personalidad pública, no una mera negociación con las confusiones morales de nuestra propia era. Como seguidores de Cristo, sabemos que la afirmación de que podemos tener una vida privada y una pública con diferentes términos morales no tiene legitimidad. Además, también sabemos que los términos morales a los que nos debemos no los establecemos nosotros; Dios los ha revelado en Su Palabra. «Pues como piensa dentro de sí, así es» (Prov. 23:7, LBLA).
La Biblia revela que el carácter es una condición de nuestro corazón. El Antiguo Testamento contiene las leyes mediante las cuales Israel debía aprender sobre el carácter, y el Nuevo Testamento presenta a la Iglesia como una comunidad de carácter. Jesús les dijo a Sus discípulos que debían vivir ante el mundo de modo que su carácter fuera tan evidente que la gente diera gracias a Dios.
Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones.
Como comunidad de carácter, los cristianos debemos reflejar los compromisos morales a los cuales se nos ha llamado. Tal como Jesús dejó en claro, la credibilidad moral del evangelio depende de aquellos que han sido transformados por la gracia y la misericordia de Dios, y que demuestran esa transformación en toda dimensión de la vida. Dentro de la iglesia, el liderazgo recae sobre aquellos cuya luz brilla con integridad y poder.
La Iglesia debe vivir de acuerdo a la Palabra de Dios y del evangelio de tal manera que los demás se queden rascándose la cabeza, preguntándose cómo es posible que la gente viva así. ¿Por qué se aman los unos a los otros? ¿Por qué son tan generosos? ¿Por qué siguen casados con su primer cónyuge? ¿Por qué viven con tanto esmero? El líder eficaz sabe que las expectativas con respecto al carácter comienzan desde arriba.
Aquellos a quienes lideramos esperan que vivamos y lideremos en concordancia con nuestras convicciones. No se quedarán satisfechos con el carácter que se presente solo en público, una simulación de algo que no somos. Tienen hambre y sed de un verdadero liderazgo y de verdaderos líderes. Han visto adónde conduce el liderazgo sin un carácter recto y no quieren saber nada con él. Una vez que declaramos nuestras convicciones, se esperará que vivamos de acuerdo a ellas en público y en privado. Las convicciones vienen primero, pero el carácter es el producto de esas convicciones. Si no, nuestro liderazgo se hará pedazos y se quemará.
El carácter es indispensable para la credibilidad y la credibilidad es esencial para el liderazgo. Los líderes de carácter producen organizaciones de carácter porque este, al igual que la convicción, es contagioso. Los seguidores se sienten atraídos a aquellos cuyo carácter es tal que lo desean para sí mismos.
El Dr. R. Albert Mohler Jr. es el presidente del Southern Baptist Theological Seminary (Lousville, Kentucky) y una de las voces de mayor influencia en el panorama evangélico de los Estados Unidos actualmente. El Dr. Mohler es conocido por su firme y clara defensa del evangelio y por su fidelidad a las Escrituras. Puedes seguir sus publicaciones mediante su sitio web, Twitter y Facebook.
Jueves 6 Julio (Jesús dijo a sus discípulos:) Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Mateo 28:19-20 El bautismo (1): un acto simbólico Nuestra vida está llena de actos simbólicos: dar la mano para saludar, aplaudir para mostrar admiración, levantar los brazos en señal de victoria, etc. Cada acto simbólico tiene, pues, su significado.
El bautismo es uno de los dos actos que nos hablan de la muerte del Señor Jesús; el otro es la Cena en memoria del Señor, acto que él mismo instituyó. La Cena del Señor tiene que ver más con la persona de Jesús, con el hecho de que él dio su vida y que su amor triunfó. El bautismo, entrar y salir del agua, evoca los resultados de su muerte para los que creen en Jesús.
Cuando Jesús comenzó su servicio en la tierra, sus discípulos conocían el bautismo que Juan el Bautista había predicado, el bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados (Marcos 1:4-5). Luego Jesús instituyó el bautismo cristiano, acto que se hace en el nombre de Dios el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para todos los que creen en él (Marcos 16:16) y se convierten en sus discípulos. Ser discípulo de Jesús es estar en su escuela y aprender de él, quien es “manso y humilde de corazón”.
El apóstol Pablo nos enseña: “Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte. Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:3-4).
(continuará el próximo jueves) Daniel 8 – 3 Juan – Salmo 79:1-7 – Proverbios 18:22
¿Por qué nuestra iglesia pasó de una política presidida por ancianos a un congregacionalismo dirigido por ancianos? Nuestra congregación ha pasado recientemente de un modelo de gobierno de iglesia «regido por ancianos» a un «congregacionalismo dirigido por ancianos». Al hablar con amigos pastores de diversas corrientes, muchos se quedan perplejos sobre por qué lo hicimos.
«¿Quieres decir que los ancianos tenían la confianza de la congregación y podían dirigir libremente y…cambiaron eso?».
«¿Por qué pasar de la eficiencia a la ineficiencia?». «¿Por qué involucrar a las ovejas cuando los pastores pueden hacerlo?».
En pocas palabras, porque Jesús lo dijo. Cuatro palabras nos obligaron a hacer el cambio: «dilo a la iglesia» (Mt. 18:17). El contexto del mandato de Jesús es el pecado impenitente en la iglesia. Él da tres pasos para abordar el pecado, y el último paso es decírselo a la iglesia y considerar al pecador impenitente como un pagano y un recaudador de impuestos.
En otras palabras, tratarlos como alguien que ya no pertenece a la comunidad del pacto.
Jesús solo utilizó la palabra «iglesia» dos veces en los cuatro Evangelios. Estos versículos contienen algunas de las enseñanzas más importantes que Jesús dio sobre la iglesia, y será mejor que escuchemos y prestemos atención a sus instrucciones.
Es sorprendente que Jesús no mencione a los líderes de la iglesia en su enseñanza acerca de cómo manejar el pecado en la iglesia. No dice: «dilo a su familia» o «dilo su grupo pequeño» o «dilo al personal de la iglesia». Dice: «dilo a la iglesia». La Escritura es clara que cuando los miembros deben ser removidos por un pecado continuo, debe ser hecho por los miembros en la congregación reunida, no por los ancianos en la sala de conferencias.
El Rey Jesús dice que la aceptación y la excomunión de los miembros está por encima del grado de pago de los líderes. Él ha dado las llaves del Reino a la congregación reunida (Mt. 16:19, 18:17-20; 1 Co. 5:4).
Así que, aunque es mucho más complicado, el congregacionalismo dirigido por los ancianos nos permite a mí y a los demás ancianos presentarnos ante Cristo en el día del juicio con la conciencia limpia, sabiendo que procuramos obedecer todo lo que él ordenó en relación con el cuerpo del que él es la cabeza.
CÓMO PASAR AL CONGREGACIONALISMO DIRIGIDO POR LOS ANCIANOS Ese es el «por qué», ahora el «cómo». Llegué a South Side Baptist hace cinco años con el compromiso de «predicar, orar, amar y permanecer». Me puse a trabajar orando por mi gente, conociendo a mi gente, y predicando lentamente a través de los libros de la Biblia. También inmediatamente, guié al personal a través de Las nueve marcas de una Iglesia sana de Mark Dever.
Comencé a enseñar y modelar el discipulado personal y animé a otros a hacer lo mismo. Por la gracia de Dios, una cultura de discipulado comenzó a formarse mucho antes de lo que esperaba. Efesios 4:12-16 fue un impulso constante. Todavía lo es.
La buena literatura ha sido vital. Desde el principio, establecí una mesa de libros y regalé buenos libros cada vez que pude. Como los hábitos de lectura de nuestro país siguen disminuyendo, los libros más pequeños han sido súper útiles. Cambiamos nuestros horarios de servicio para tener 30 minutos entre la Escuela Dominical y el servicio y le pedimos a la congregación que usara el tiempo para edificarse unos a otros. También compramos copias de How to Walk Into Church [Cómo entrar en la iglesia] de Tony Payne para cada hogar de los miembros.
En mi segundo año, llevé a los ancianos al 9Marks Weekender organizado por High Pointe Baptist Church en Austin, Texas. ¡Esto fue inmensamente fructífero! Tanto, que desde entonces he llevado una camioneta de la iglesia llena de hombres. La eclesiología inmersiva enseñada por hombres mejores que yo, pero que decían las mismas cosas, movió la pelota rápidamente. Además, ¡los libros de regalo!
Cambié nuestra lectura de iniciación de ancianos del libro Liderazgo bíblico de ancianos, de Alexander Strauch a una serie de libros que incluían: Los ancianos de la Iglesia, de Jeramie Rinne, ¿Qué es una iglesia sana? de Dever, y El enrejado y la vid, de Payne y Colin Marshall. Como ancianos, también leímos: La membresía de la iglesia y La disciplina en la iglesia, de Jonathan Leeman; durante nuestras reuniones, leímos Those Who Must Give an Account [Como quienes han de dar cuentas, editado por John Hammett y Benjamin Merkle.
Los ancianos estaban ahora a bordo. Estuvimos de acuerdo en que habíamos «despedido a nuestros miembros de la iglesia» y que debíamos devolverles su trabajo. Yo acababa de empezar a predicar de Mateo con la vista puesta en los capítulos 16 y 18; era el momento adecuado. Además, había un problema con ciertos miembros que tenía el potencial de avanzar hacia la excomunión, y necesitábamos ordenar la iglesia correctamente mientras las cosas estaban calmadas.
Así que primero enseñé el congregacionalismo a los diáconos y a los líderes de los grupos hogareños, para ver cómo lo recibían y aclarar cualquier duda.
Tenía la esperanza de que pudieran funcionar como amortiguadores mientras presentábamos este cambio a toda la congregación. Luego prediqué una serie de siete semanas llamada «La membresía importa». Los sermones fueron:
La comunidad del nuevo pacto: básicamente la membresía regenerada de la iglesia a partir de Jeremías 31:31-34.
El liderazgo de la iglesia: la Iglesia debe ser dirigida por una pluralidad de ancianos calificados espiritualmente, llamados a pastorear un rebaño particular. Seis llamados: supervisar, pastorear, enseñar, equipar, modelar y multiplicar.
Las llaves del Reino: Mateo 16 y 18.
La disciplina en la iglesia: un sermón «toposicional» acerca de 1 Corintios 5.
Una cultura del discipulado: Efesios 4:12-16 (de nuevo), el sacerdocio de todos, el ministerio de cada miembro.
La misión de la iglesia: El corazón de Dios para las naciones.
Descripción del trabajo de un miembro de la iglesia: 15 marcas, adaptando y ampliando una brillante charla dada por John Folmar en el Weekender en Austin.
Durante esta serie, también tuvimos dos sesiones de preguntas y respuestas los domingos por la noche para aclaraciones y muchos detalles prácticos que los sermones no pudieron tratar. En medio de la serie «La membresía importa», compramos 250 copias del libro de Leeman, La autoridad de la congregación para dar a cada hogar de los miembros.
CONCLUSIÓN Ya hemos tenido tres reuniones de miembros, y han sido increíblemente alentadoras. Debido a las claras enseñanzas de Jesús en Mateo 16 y 18, nuestros miembros no ven la votación de nuevos miembros como un deber inútil y superficial, sino más bien como un ejercicio importante y significativo de las llaves del Reino delegadas por Jesús.
Mientras que el Señor ya estaba produciendo una cultura de discipulado entre nosotros, la capacitación de los miembros para hacer su trabajo (el congregacionalismo dirigido por ancianos) ha echado gasolina a ese fuego. Hay un renovado y mayor sentido de responsabilidad, compromiso y amor entre los miembros de South Side. El plan de Jesús para el discipulado está dando sus frutos.
Miércoles 5 Julio Pedro… dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de este? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. Juan 21:21-22 ¡Eso no fue lo que dijo! Antes de subir al cielo, Jesús resucitado le dijo a Pedro que él moriría como mártir. Pedro le preguntó qué sucedería con Juan. Jesús le respondió: “Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?”. Esta respuesta fue malinterpretada, y se corrió el rumor de que Juan no moriría.
Imaginémonos la confusión de los cristianos que habían creído este rumor, cuando el apóstol Juan murió, y las preguntas que pudieron hacerse: «¿Jesús se había equivocado? ¿O tal vez su venida ya había tenido lugar y los había olvidado?». ¡Qué efecto tan desastroso tuvo este falso rumor en su fe!
Esta es una seria advertencia para nosotros. Muchas ideas falsas se han difundido entre los cristianos, porque se ha escuchado superficialmente la Palabra de Dios, y se le han añadido pensamientos personales. Estos conceptos erróneos, aceptados por muchos, pueden causar un gran daño entre los creyentes. Son perjudiciales para la fe, producen desorden y confusión.
Hoy la Biblia, la Palabra de Dios, está completa y constituye “las Escrituras”. Ellas, y solo ellas, son autoridad para los cristianos. Cualquier cosa que el hombre añada no tiene autoridad divina y puede desviarnos completamente.
Sigamos el ejemplo de los cristianos de Berea, es decir, escudriñemos las Escrituras cada día para verificar lo que oímos: “recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres” (Hechos 17:11-12).
Daniel 7 – 2 Juan – Salmo 78:65-72 – Proverbios 18:20-21