Ser cristiano

Sábado 28 Enero
(Jesús dijo:) No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Mateo 7:21
Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna.
Juan 6:40

Ser cristiano

–¡Soy cristiano!, dicen algunos, sin reflexionar mucho.

–Ah, ¿sí? Pero realmente, ¿en qué cree?

De hecho, todo el mundo «cree» en algo. ¡Incluso los demonios! “Los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19), pues conocen el poder de Dios. En Atenas, el apóstol Pablo dijo a los filósofos griegos: En su ciudad vi esta inscripción: “Al Dios no conocido” (Hechos 17:23). Los griegos, que pretendían ser sabios, creían en un dios que no conocían.

Pero, ¿esto significa ser cristiano? Volvamos a leer las palabras de Jesús citadas en el encabezamiento: ¿es posible vivir en la ilusión hasta tal punto? Todo lo que soy, todo lo que he hecho, incluso todo lo que creo, no me sirve de nada si no recibí a Jesús como mi Salvador.

–¡Pero fui bautizado!, replica la persona.

–Esto no le abre las puertas del cielo.

–Oro todos los días, voy a la iglesia regularmente; he tenido muchas pruebas…

–Esto tampoco le salvará…

Ser cristiano es aceptar que Jesús es mi único Salvador, quien me liberó del castigo que yo merecía, pues lo sufrió en mi lugar. Él es el Salvador que Dios me dio. Jesús lo afirma: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios… Os es necesario nacer de nuevo… El que cree en el Hijo (de Dios) tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:3, 7, 36). ¡Ser cristiano significa creer lo que Cristo enseña, creer en el valor de su sacrificio!

1 Samuel 22 – Mateo 18:1-14 – Salmo 18:1-6 – Proverbios 5:21-23

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¡No hay doble condena!

Viernes 27 Enero
(Dios es) justo, y… justifica al que es de la fe de Jesús.
Romanos 3:26
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.
Romanos 8:1

¡No hay doble condena!

El mismo delito no se castiga dos veces. Este principio básico es bien conocido por los hombres de leyes. Cuando una persona ha sido juzgada y se ha hecho justicia, no se pueden hacer más demandas contra esa persona por el mismo delito. La justicia divina aplica el mismo principio, y da una entera seguridad a todo hijo de Dios.

¡Expliquémoslo más claramente! Todo ser humano es pecador y merece la condenación del Dios santo. La pena merecida es el alejamiento definitivo de Dios, en los tormentos eternos. ¡Sería terrorífico si no hubiese otra salida! Pero Jesús ama a todos los hombres, y quiso ser condenado en lugar de ellos. Él no tenía ningún pecado que expiar, pero aceptó cargar con el pecado de los hombres y sufrir el castigo que ellos merecían. ¿Puedo formar parte de “los que están en Cristo Jesús”, protegidos por él? Sí, si reconozco mis pecados y acepto que Jesucristo sufrió una vez por mis pecados, “el justo por los injustos” (1 Pedro 3:18).

Para el que acepta esta propuesta del amor divino, todo está solucionado. La sentencia fue pronunciada y la pena expiada, por ello Dios no hará nuevamente un juicio sobre un asunto que ya fue juzgado definitivamente. Si lo hiciese, sería injusto con su Hijo. “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad” (Salmo 32:1-2). Cristianos, nuestra seguridad es total, fuimos justificados por un Dios justo. ¡Ya no hay ninguna condenación que recaiga sobre nosotros!

1 Samuel 21 – Mateo 17 – Salmo 17:10-15 – Proverbios 5:15-20

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Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían – Lucas 2:18

No debemos dejar de admirarnos de las grandes maravillas de Dios. Sería muy difícil trazar una línea divisoria entre una admiración santa y una adoración auténtica; porque cuando el alma está anonadada por la majestad de la gloria de Dios, aun cuando no pueda expresar esa majestad con un cántico, ni aun hacerlo con la cabeza inclinada en humilde oración, sin embargo, esa alma adora silenciosamente.

Debemos adorar al Dios encarnado como el Admirable. Que Dios tenga consideración de sus caídas criaturas y, en lugar de barrerlas con el escobón de la destrucción, se encargue de ser su Redentor y pague el precio de su rescate es, en verdad, maravilloso. Para el creyente, la redención es aún mucho más maravillosa cuando la mira en relación consigo mismo. Es, en efecto, un milagro de la gracia que Jesús se desprenda de los tronos y las prerrogativas reales del Cielo para sufrir ignominiosamente por ti. Deja que tu alma prorrumpa en admiración, porque la admiración es, en este caso, una emoción muy práctica.

Una admiración muy santa te guiará a una adoración agradecida y a una sentida acción de gracias. Esto creará en ti una piadosa vigilancia, pues temerás pecar contra tal amor. Al sentir la presencia del poderoso Dios en el don de su querido Hijo, quitarás los zapatos de tus pies, porque el lugar donde te halles será tierra santa. Serás conducido al mismo tiempo a una gloriosa esperanza. Si Jesús ha hecho cosas tan maravillosas a tu favor, sentirás que el Cielo mismo no es algo demasiado grande para tu expectación.

¿Quién puede asombrarse de nada, cuando se ha asombrado ante el pesebre y ante la cruz? ¿Qué otra cosa admirable puede haber para uno que ha visto al Salvador? Querido lector, puede que desde la quietud y soledad de tu vida, difícilmente seas capaz de imitar a los pastores de Belén, quienes dijeron lo que habían visto y oído; pero puedes, al menos, llenar el círculo de los adoradores que están delante del Trono, maravillándote de lo que Dios ha hecho.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, pp. 34-35). Editorial Peregrino.

La Iglesia del Señor es invencible

Jueves 26 Enero
Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra el Señor y contra su ungido.
Salmo 2:2

La Iglesia del Señor es invencible
Mensajes de cristianos perseguidos

«Los grandes de este mundo se oponen a la Iglesia, es decir, al conjunto de todos los verdaderos cristianos… Pero esta no puede ser destruida. Cuando Jesús nació en Belén, el rey Herodes quiso matarlo. Luego los jefes religiosos también trataron de matarlo… Parecía que lo habían logrado, cuando Jesús fue crucificado. ¡Pero Cristo resucitó!

En la época de los apóstoles, la iglesia de Jerusalén sufrió una persecución terrible. Los creyentes tuvieron que huir a donde podían. El enemigo pensó que había aniquilado a la Iglesia, pero sucedió todo lo contrario. Los que habían sido dispersados recorrieron el país anunciando la buena nueva (Hechos 8:4). Fue así como el Evangelio llegó a las naciones de todo el imperio romano.

En realidad, los hombres siempre conspiran contra Dios; quieren deshacerse de la Iglesia. Persiguen a los creyentes, queman sus Biblias, detienen a los predicadores, cierran los lugares de culto. ¡Pero todo es en vano!

Jesús dijo: “Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). El que mora en los cielos sabe transformar la oposición en oportunidad para predicar el Evangelio. Confiemos plenamente en el Señor, “estando persuadidos de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Y esto, a pesar de todas las circunstancias adversas».

S. Chen (China)
Una vez al mes publicaremos mensajes de los años 1990, escritos por creyentes perseguidos y a menudo encarcelados debido a su fe.
1 Samuel 20:24-42 – Mateo 16:13-28 – Salmo 17:6-9 – Proverbios 5:7-14

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Hospitalario | Tim Challies

El carácter del cristiano: Hospitalario
Por: Tim Challies

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Hoy continuamos con nuestra serie sobre el carácter del cristiano. Estamos explorando los diferentes rasgos de carácter de los ancianos que son en realidad un llamado de Dios para todos los creyentes. Si bien se supone que los ancianos deben ejemplificar estos rasgos, todos los cristianos deberían exhibirlos. Quisiera que consideremos juntos si es que estamos mostrando estos rasgos y de esta manera aprender cómo podemos orar para tenerlos en una mayor medida. Hoy vamos a mirar lo que implica para un anciano —y para cada cristiano— ser hospitalario. Veremos por qué razón Dios eleva este rasgo a un lugar de tanta importancia.

Pablo le dice a Timoteo, “Un obispo debe ser… hospitalario” (1 Timoteo 3:2) y hace eco de esto en su carta a Tito (Tito 1:8). La palabra griega “hospitalario” (philoxenon) indica un amor por los extraños. En días cuando no existían hoteles de buena calidad y accesibles como en la actualidad, se esperaba que los cristianos extendieran hospitalidad a otros viajeros creyentes o predicadores itinerantes. Ellos los alimentarían y les proveerían un lugar limpio para dormir, a fin de que no fueran a pensiones sucias, peligrosas y desagradables. Por supuesto la palabra tiene más extensiones que incluyen otras formas de hospitalidad. Pero primordialmente, indica una disposición a invitar a otros dentro de tu hogar para una estadía ya sea breve o extensa.

¿Por qué hacer énfasis en este rasgo particular? Alexander Strauch lo explica de esta manera: “La hospitalidad es una expresión concreta de amor cristiano y vida familiar. Es una virtud bíblica importante… Darse uno mismo al cuidado del pueblo de Dios significa compartir la vida del hogar con otros. Un hogar abierto es señal de un corazón abierto y de un espíritu amoroso, sacrificial y servicial. La falta de hospitalidad es una señal segura de un cristianismo egoísta, sin vida y sin amor”. La hospitalidad es una manifestación abierta y tangible del carácter piadoso.

Un hogar abierto muestra el amor cristiano, pero también lo hace posible. La hospitalidad crea oportunidades para relaciones, discipulado y evangelismo. Crea un contexto natural para ver un modelo de matrimonio, paternidad y una amplia serie de virtudes cristianas. Si bien debemos enseñar a otros lo que la Biblia dice, también debemos demostrar lo que dice, y esto lo hacemos al invitar personas a nuestros hogares y a nuestras vidas.

¿Solamente los ancianos son llamados a compartir sus vidas y sus recursos abriendo sus hogares? No, es un llamado para todos los cristianos. Si bien la ley en el Antiguo Testamento coloca un gran énfasis en el cuidado y la protección del peregrino, este cuidado por los extranjeros es aún más explícito en el Nuevo Testamento. Pedro le escribe a todos los cristianos cuando dice “Sean hospitalarios los unos para con los otros, sin murmuraciones” (1 Pedro 4:9) y Pablo le dice a toda la congregación en Roma que ellos deben estar “practicando la hospitalidad” (Romanos 12:13). El autor de Hebreos dice, “No se olviden de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13:2). Pablo instruyó a Timoteo para que la iglesia extendiera su benevolencia a una viuda “si ha mostrado hospitalidad” (1 Timoteo 5:9-10). Jesús enseñó que seremos juzgados sobre la base de nuestra hospitalidad, puesto que cuando amamos y recibimos a otros, en realidad lo estamos amando y recibiendo a Él (Mateo 25:35-40).

Strauch concluye diciendo que “difícilmente exista algo más característico del amor cristiano que la hospitalidad. Por medio del ministerio de la hospitalidad compartimos las cosas que más valoramos: familia, hogar, recursos financieros, comida, privacidad y tiempo. En otras palabras, compartimos nuestras vidas”.

Auto-evaluación
¿Qué acerca de ti? ¿Dirían otros que tu eres hospitalario? Reflexiona en las siguientes preguntas y al responderlas sé honesto contigo mismo y con Dios:

¿Cuántas personas de tu iglesia has invitado a tu hogar para una comida? ¿Cuándo fue la última vez que alguien se quedó un noche en tu hogar?
¿Se acercan otros a ti cuando necesitan ayuda o das la impresión de que no quieres que te molesten?
¿Tiene tu familia la intención de recibir a otros en tu hogar, incluso si son diferentes a ti o si te hacen sentir incómodo o perturbado?
¿Por qué temes recibir a otros en tu vida y en tu hogar? ¿Qué promesas te ha dado Dios a las cuales te puedes aferrar para tener esperanza, paz y seguridad?
Puntos de oración
Toma aliento en la verdad de que el Dios del débil y marginado te recibe a ti y ora a Él de esta manera para obtener su ayuda:

Oro para que me llenes con tu Espíritu de manera que mi vida pueda llevar fruto en obras de amor para otros.
Oro para no aferrarme a todas las cosas que me das y para recordar que mi hogar, mi comida, mi tiempo y todo lo demás te pertenecen a ti. Ayúdame a ser un administrador fiel de todas estas cosas.
Oro para que me des el denuedo para recibir a otros como tu me has recibido a mí.
Oro para que la motivación de mi corazón sea que, a través de amar a otros, yo mismo pueda expresar mi amor por Cristo. Por favor, dame gran gozo y libertad en ser hospitalario.
En el próximo artículo consideraremos lo que implica para los ancianos y para todos los cristianos no ser pendenciero, sino amable.

Publicado originalmente en Challies.com | Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio

3 PRINCIPIOS PARA HONRAR A TUS PADRES A MEDIDA QUE VAN ENVEJECIENDO

3 PRINCIPIOS PARA HONRAR A TUS PADRES A MEDIDA QUE VAN ENVEJECIENDO

Por Jim Newheiser Elyze Fitzpatrick

HONRAR A TUS PADRES
Aunque los hijos adultos están libres del control paterno, siguen teniendo la responsabilidad de honrar a sus padres (Éx 20:12). Los hijos adultos honran a sus padres cuando buscan su consejo respecto a decisiones importantes. También muestran amor y respeto invirtiendo en la relación por medio de visitas frecuentes y llamadas telefónicas. Muchas familias jóvenes honran a padres que viven lejos usando sus recursos limitados y sus días de vacaciones para ir a visitarlos. Esto puede producir recuerdos que duran toda la vida y lazos más fuertes con nuestros hijos y nietos. A medida que los hijos adultos ganan una perspectiva más madura de la edad adulta, entienden y valoran cada vez más todo el esfuerzo de sus padres, y eso suele llevarlos a un mayor agradecimiento.

HONRA A TUS PADRES ASEGURÁNDOTE DE QUE SUS NECESIDADES ESTÉN CUBIERTAS
Aunque muchos de nosotros anhelamos disfrutar esa etapa del nido vacío en la que se supone tendríamos menos responsabilidades, por lo general estos son los años en que nuestros padres ancianos comienzan a necesitar más de nuestra ayuda. Jesús mismo enseñó que tenemos la obligación de honrar a nuestros padres, lo que incluye asegurarnos de que sus necesidades materiales estén cubiertas. Él condenó fuertemente a los fariseos por usar el servicio a Dios como una excusa para evitar su deber (Mt 15:3-6). Jesús incluso cumplió esta parte de la ley mientras moría en la cruz, asegurándose de que alguien cuidara de Su madre porque Él ya no podría hacerlo en Su humanidad. Él la encomendó dulcemente al cuidado de Su amado amigo, el apóstol Juan, quien la llevó a su casa (Jn 19:26-27).

El apóstol Pablo manda a los hijos y nietos a proveer para las necesidades económicas de sus madres y abuelas viudas antes de pedirle ayuda a la iglesia (1Ti 5:4). De hecho, él condena como peores que incrédulos a los que no cumplen esta obligación básica para con la familia (1Ti 5:8).

Desgraciadamente nuestra cultura poscristiana se está apartando rápidamente de los valores bíblicos. La responsabilidad de cuidar de los ancianos se ha transferido de la familia al estado. La mayoría de los hijos adultos simplemente suponen que es tarea del gobierno proveer para sus padres ancianos. Pero incluso cuando sus necesidades físicas están siendo cubiertas por una institución, muchas de estas personas mayores se sienten solas. Sus hijos están demasiado ocupados con sus propias familias y carreras como para tener mucho tiempo para el abuelo o la abuela. Suponen que ya que las necesidades físicas de sus padres están cubiertas no necesitan que los visiten.

Mientras más se hunda nuestra sociedad en el ensimismamiento, más sufrirán las personas mayores. Esa generación que aprendió a abortar bebés no deseados porque eran un estorbo en su estilo de vida está comenzando a lidiar con sus parientes mayores, a quienes también consideran un estorbo.1 El porcentaje de gente de edad avanzada en nuestra población aumentará notablemente a medida que los baby boomers (todos los que nacieron durante la explosión de natalidad que hubo tras la Segunda Guerra Mundial) alcancen la edad de jubilación. Habrá menos trabajadores pagando impuestos para financiar la Seguridad Social, el seguro médico del estado y otros programas para los ancianos. El incremento en los costos médicos podría aumentar la presión social y política para deshacerse de los ancianos, ya sea por medio de la eutanasia o negándoles la atención médica. Los políticos ya están hablando sobre la necesidad de racionar la atención médica y se cuestionan si vale la pena desperdiciar recursos limitados en personas no productivas que de cualquier manera ya no van a vivir mucho tiempo.

LOS CRISTIANOS TIENEN LA OPORTUNIDAD DE SER LUZ EN EL MUNDO
Así como los primeros cristianos demostraron el valor que le daban a la vida, así como su amor por sus semejantes al cuidar a bebés no deseados que habían sido abandonados para morir,3 nosotros tenemos la oportunidad de manifestar la luz de Cristo por la manera en que cuidamos a los miembros ancianos de nuestra familia. Muchas familias cristianas han aceptado a una abuela viuda o a un abuelo inválido en sus casas para que puedan pasar sus últimos días rodeados de los que los aman y cuidan de ellos. Otros, cuyos padres todavía son algo independientes, pasan mucho tiempo ayudando a mamá y papá con varias tareas del hogar. Tal amor refleja el amor sacrificial de Jesús, quien sacrificó tiempo, comodidad, privacidad y dinero por amor a los demás. Hacerse cargo de un padre anciano puede ser extremadamente estresante, sobre todo cuando tienes que lidiar con sus enfermedades físicas y mentales. Pero podemos mostrarles ese amor porque hemos sido muy amados (1Jn 4:19).

ACEPTANDO LAS LIMITACIONES
Cuando una madre anciana o necesitada se muda con sus hijos, tendrá que recordar que su hijo o su yerno es ahora la cabeza de la casa. Quizá ha tenido que vivir por su cuenta durante muchos años, pero ahora tendrá que vivir bajo la autoridad de otro. No importa cuánto pueda amar a esa persona, le será difícil aceptar este cambio en la relación.

Uno de los mayores retos para las personas mayores es aceptar las nuevas limitaciones. Para ellas es muy difícil admitir que ya no pueden vivir solas y que ya no deben manejar ni administrar sus propias finanzas. También se encuentran en una posición donde deben considerar con humildad las necesidades e intereses de los miembros de su familia (Mt 7:12), aceptando y no resistiéndose a las limitaciones que se les impongan. Si tienen que lidiar con las penosas señales de una demencia precoz, también van a llegar a frustrarse cuando se den cuenta de que ya no pueden pensar tan claramente como solían hacerlo. Llegará un punto en el que tendrán que confiar en seres queridos que están en su sano juicio para que tomen por ellos las decisiones difíciles.

La manera de tratar con estas pérdidas es aceptando que Dios es soberano y que nos ha quitado algo que Él mismo nos había dado (Job 1:21).

La buena noticia para el creyente es que estos sufrimientos son temporales. Nuestra bendita esperanza es que un día nuestras enfermedades ya no existirán más; nuestros cuerpos serán resucitados en la semejanza de Su glorioso cuerpo cuando Él regrese (Fil 3:20-21). Esta dulce promesa por sí sola es lo suficientemente poderosa como para sostener a los creyentes mientras atraviesan el valle de sombra de muerte —incluso una muerte lenta como la que resulta de padecer demencia o alzhéimer.

A veces los hijos con padres ancianos vienen a nosotros pidiendo consejo sobre cómo manejar la renuencia de sus padres a recibir ayuda o aceptar las limitaciones. Cuando los padres viven solos los hijos temen por su seguridad, y quizá por la seguridad de los demás (en el caso de padres ancianos que ya no deberían manejar un carro). En este tipo de situaciones, los hijos también tienen que reconocer su propio poder limitado. Por lo general no pueden obligar a sus padres a que actúen con prudencia, y podrían dañar la relación si lo intentan. A menos que el padre sea un gran peligro para sí mismo o para los demás, puede ser que tengas que esperar pacientemente y confiar en que el Señor cuide de ellos.

Otro posible factor que pudiera complicar las cosas son los conflictos entre los hermanos. La hija que vive cerca de los padres o que se los lleva a su casa puede sentir que está soportando una carga muy grande mientras los demás se quedan muy cómodos. Los que viven más lejos pudieran sospechar que el hijo que está más involucrado en las vidas de los padres está sacando ventaja de su posición adquiriendo los bienes paternos y las herencias. Es muy importante que los hermanos se comuniquen francamente sobre estos temas y lo hagan de acuerdo a los principios bíblicos de suponer lo mejor (1Co 13:7), pasar por alto las faltas (1P 4:8) y considerar los intereses de los demás por encima de los propios (Fil 2:3-4).

Una vida fiel en medio de estos retos puede parecer que está más allá de tu alcance. Tratar de equilibrar la responsabilidad de cuidar a tus padres ancianos con el resto de tus responsabilidades (cónyuge, hijos que vivan en tu casa e hijos que se han ido de la casa) seguramente va a ser abrumador. Permítenos recomendarte que busques el consejo bíblico de tu pastor o de un consejero bíblico que te pueda ayudar a clasificar tus variadas responsabilidades y priorizarlas.

Este artículo 3 principios para honrar a tus padres a medida que van envejeciendo fue adaptado de una porción del libro Nunca dejas de ser padre, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Páginas 171 a la 176

¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley – Romanos 3:31

Cuando el creyente es adoptado en la familia de Dios, su relación con el viejo Adán y con la ley cesan inmediatamente; pero entonces está bajo una nueva autoridad y un nuevo pacto. Creyente, tú eres un hijo de Dios: tu primer deber es obedecer a tu Padre celestial.

No tienes nada que ver con un espíritu servil, no eres un esclavo sino hijo, y ahora, puesto que eres un hijo amado, estás obligado a obedecer el más insignificante deseo de tu Padre, la más leve insinuación de su voluntad. ¿Te manda cumplir un sagrado mandato? Es peligroso que lo desatiendas, pues desobedecerías a tu Padre. ¿Te ordena que procures parecerte a Jesús? ¿No te gozas en hacer esto? ¿Te dice Jesús: «Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto»? Entonces debes esforzarte en ser perfecto en santidad, no porque la ley lo ordene, sino porque te lo manda tu Salvador. ¿Manda él a sus santos que se amen unos a otros? Hazlo, no porque la ley diga: «Ama a tu prójimo»; sino porque Jesús dijo: «Si me amáis, guardad mis mandamientos».

Y este es el mandamiento que nos ha dado: «Que os améis los unos a los otros». ¿Se te dice que repartas a los pobres? Cumple con eso, no porque la caridad sea una carga que no te atreves a esquivar, sino porque Jesús enseña: «Al que te pida, dale». ¿Dice la Biblia: «Ama a Dios con todo tu corazón»? Considera el mandamiento y replica: «¡Ah mandamiento!, Cristo ya te ha cumplido; por tanto, yo no tengo necesidad de cumplirte para mi salvación, pero me gozo en obedecerte porque Dios ahora es mi Padre y tiene un derecho sobre mí que yo no quiero discutir».

Que el Espíritu Santo haga que tu corazón obedezca al irresistible poder del amor de Cristo, para que tu petición pueda ser: «Guíame por la senda de tus mandamientos; porque en ella tengo mi voluntad» (Sal. 119:35). La gracia es la madre y el ama de la santidad, no la defensora del pecado.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 33). Editorial Peregrino.

Como un árbol en el bosque

Miércoles 25 Enero

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!… Porque allí envía el Señor bendición, y vida eterna.

Salmo 133:13

Como un árbol en el bosque

Un bosque siempre es más próspero que un árbol aislado, pues conserva mejor la humedad, el suelo es más rico y las raíces encuentran más nutrientes para que los árboles crezcan.

Esta imagen del bosque nos anima a buscar la compañía de otros cristianos para alabar y orar al Señor, para comprender sus pensamientos y crecer juntos en la fe… aunque la fe de cada uno crece a su ritmo.

En el bosque, los árboles grandes en buen estado sanitario son más fuertes para soportar las ráfagas de viento, y protegen a los más pequeños. Así, en una asamblea (iglesia) cristiana, los hermanos y hermanas más maduros protegen a los más jóvenes y les ayudan a afrontar las dificultades de la vida, con el Señor.

La diversidad de las especies constituye la riqueza y la belleza de un bosque, pues cada árbol es diferente.

El punto en común es que todos tienen raíces. Del mismo modo, en una iglesia cristiana cada uno contribuye a la armonía del conjunto, estando bien “arraigados” en el amor de Jesús, teniendo una vida personal con el Señor. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él” (Colosenses 2:6-7).

Dios desea que sus hijos vivan juntos, con Jesús como centro de nuestra vida, y que se cuiden unos a otros. Una iglesia en la que los cristianos se aman, se perdonan y se ayudan mutuamente, es un mensaje sin palabras que todos pueden oír. Es como “una ciudad asentada sobre un monte”, que “no se puede esconder” (Mateo 5:14).

1 Samuel 20:1-23 – Mateo 16:1-12 – Salmo 17:1-5 – Proverbios 5:1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Marido de una sola mujer | Tim Challies

Serie: El carácter del cristiano

Marido de una sola mujer
Por: Tim Challies

Este artículo pertenece a una serie titulada El Carácter Cristiano, publicada originalmente en Timchallies.com

Hoy continuamos con esta serie sobre el carácter del cristiano. Estamos explorando cómo los diversos requisitos del carácter de los ancianos son en realidad un llamado de Dios para todos los cristianos. Mientras que los ancianos tienen como propósito ejemplificar estos rasgos, todos los cristianos deben mostrarlos igualmente. Quiero que examinemos si es que estamos mostrando estos rasgos y aprender juntos cómo podemos orar para tenerlos en mayor medida.

Nuestro tema de hoy es una calificación que Pablo repite tanto en 1 Timoteo 3: 2 como también en Tito 1:6. La LBLA lo traduce como “marido de una sola mujer”, una descripción común del griego, que significa, literalmente, “hombre de una sola mujer.” Hay varias maneras en que podríamos interpretar esta calificación. ¿Significa que Pablo está diciendo que un pastor no puede ser un polígamo? ¿Quiere decir que un anciano debe estar casado? ¿Quiere decir que el pastor no puede haber sido previamente divorciado y vuelto a casar? Ninguna de estas cosas llega al fondo del asunto. John MacArthur dice, “No es algo relativo al estado civil, sino al carácter. No es una cuestión de circunstancia, es una cuestión de virtud. Y el asunto aquí tiene que ver con un hombre que se halle total y exclusivamente dedicado a la mujer que es su esposa. Es una cuestión de carácter. Es hombre de una sola mujer. Cualquier cosa menos que esto es una descalificación”.

De manera similar, en su libro Liderazgo Bíblico de Ancianos, Alexander Strauch nos recuerda que la primera calificación, irreprensible, es un resumen que se define por las virtudes que le siguen. Él escribe: “En las dos listas de calificaciones de Pablo, él coloca la calificación “marido de una sola mujer” inmediatamente después de “irreprensible.” Así que la primera y más importante área en la que un anciano debe ser irreprensible es en su vida conyugal y sexual. … La frase “marido de una sola mujer” está destinada a ser una declaración positiva que expresa fidelidad conyugal, monogamia. En español diríamos, “fiel y verdadero a una mujer.” Philip Ryken dice que Pablo “quiere que los líderes de la iglesia sean ejemplos vivos de un matrimonio bíblico: Un hombre y una mujer en un pacto de amor de por vida”.

De la misma manera en la que un anciano debe ser un ejemplo de integridad sexual, también hay un llamado dirigido a todos los cristianos a “abstengáis de inmoralidad sexual” (1 Tesalonicenses 4: 3). Esto es cierto ya sea que el cristiano esté casado o sea soltero, hombre o mujer. Pablo ordena a toda la congregación en Corinto a “Huid de la fornicación” y advierte que “Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo.” (1 Corintios 6:18). Al escribir a la iglesia reunida en Éfeso, Pablo establece un estándar tan alto como para exigir “Pero que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos;” (Efesios 5:3). Si tú eres “inmoral o impuro”, dice, no tienes ninguna “herencia en el reino de Cristo y de Dios.”(Efesios 5: 5). Escribiendo de nuevo a toda una congregación, Pablo llama tal fornicación una de las “obras de la carne” (Gálatas 5:19).

Por supuesto, al igual que con todos estos requisitos, no vamos a ejemplificarlos perfectamente por lo que siempre hay que volver a las buenas nuevas de salvación y santificación por medio de Jesucristo. Pablo también dice que a pesar de que algunos miembros de la congregación habían sido “fornicarios” y por lo tanto no tenían herencia en el reino de Dios, comienza a alegrarse al expresar, “Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.”(1 Corintios 6: 9-11). Les recuerda que su pecado sexual está relacionado con el viejo hombre y sus malos caminos, no con el nuevo hombre y sus caminos rectos. Aun así, el llamado a la pureza sexual es uno de los mandatos más importantes y repetidos en el Nuevo Testamento.

Por lo tanto, esta calificación es un llamado a la devoción—devoción primeramente a Dios y luego a un cónyuge dado por Dios. Sin lugar a dudas es un llamado a alejarnos del adulterio, pero también a alejarnos de un corazón errante, de ojos errantes, o manos errantes. Es un llamado para cada uno de nosotros a ser puros y castos, a ser ejemplos en carácter y conducta, ya sea en el matrimonio o en la soltería. Es un llamado a los casados a buscar y disfrutar la relación sexual con su cónyuge y un llamado a los solteros a someter voluntariamente su sexualidad a la voluntad y el cuidado de un Dios de amor.

Autoevaluación
Para fortalecer tu lucha contra la inmoralidad sexual y tu esfuerzo hacia la pureza sexual, te animo a evaluarte a ti mismo a la luz de preguntas como las que están a continuación:
– A pesar de que tú eres imperfecto, ¿podrías estar delante el Señor y decir honestamente, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”(Salmo 139: 23-24)?

– ¿Existen pecados sexuales que hayas cometido los cuales tienes que confesar y arrepentirte? ¿Hay algún o algunos pecados que hayas estado escondiendo y que necesitas sacar a la luz? (Salmo 32:3-7)

– ¿Existen ciertos escenarios o contextos donde eres especialmente propenso al fracaso sexual? ¿Qué precauciones has tomado para evitar estas situaciones? ¿Existen acciones radicales que todavía necesitas tomar? (Mateo 5: 27-30)

– ¿Sirve tu matrimonio como un ejemplo del diseño ideal de Dios para el matrimonio? ¿Estás enamorado de tu cónyuge? ¿Buscas regularmente la unión sexual con tu cónyuge? (1 Corintios 7: 3-5)

– ¿Disfrutas regularmente de entretenimiento que muestra desnudo explícito o que envilecen el diseño y el propósito de Dios para la sexualidad? ¿Te abstienes voluntariamente de toda forma de mal y te niegas a hacer del mismo un asunto trivial? (1 Tesalonicenses 5:22; Efesios 5: 3)

Puntos de oración
Si vamos a incrementar nuestra pureza sexual, mantenerla, y crecer en ella, debemos orar. Les animo a orar de esta manera:

– Oro para que me des el deseo y la sabiduría de proteger mi corazón de todas las formas de inmoralidad sexual. Yo oro para ser diligente en confesar y abandonar todo pecado sexual conocido. [Considera orar a través de Proverbios 6:23-35]

– Para los hombres: Oro para considerar a las ancianas, como a madres y a las mujeres jóvenes, como a hermanas, con toda pureza. (1 Timoteo 5: 1-2)

– Para las mujeres: Oro para considerar a los hombres mayores como a padres y a los hombres más jóvenes como a hermanos, con toda pureza. (1 Timoteo 5: 1-2)
– Oro para que purifiques mi corazón para que el pecado de adulterio—expresado incluso en pensamientos y miradas lujuriosas—pierda todo su poder sobre mí. (Mateo 5: 27-30) “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” (Salmo 19:14)

– Oro para no desanimarme cuando peque. Por favor, déjame tener consuelo en el conocimiento de que cuando confieso mis pecados, eres fiel y justo para perdonar mis pecados y limpiarme de toda maldad. (1 Juan 1: 9)

Publicado originalmente en Challies.com | Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio

Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres – Lucas 10:40

Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres – Lucas 10:40

Su falta no consistió en que ella sirviera: la condición de siervo le sienta bien a todo cristiano. «Yo sirvo» debiera ser el lema de todos los príncipes de la familia real del Cielo. Su falta tampoco consistió en que ella desempeñase muchos quehaceres.

Nunca podemos hacer demasiado. Hagamos todo lo que nos sea posible: que la mente, el corazón y las manos estén ocupados en el servicio del Maestro. Tampoco consistió su falta en que estuviera ocupada en la preparación de una fiesta para el Maestro. ¡Dichosa Marta, que tuvo la oportunidad de agasajar a tan bendito huésped; y dichosa, también, porque tuvo el valor de poner toda su alma, tan sinceramente, en tal ocupación! Su falta consistió en que ella «se preocupaba con muchos quehaceres», de suerte que se olvidaba de él, y solo recordaba el servicio.

Ella permitió que el servicio anulase la comunión y así presentó un deber manchado con el descuido de otro. Debemos ser Marta y María a la vez. Tenemos que servir mucho y, al mismo tiempo, tener mucha comunión. Para esto necesitamos mucha gracia. Es más fácil servir que estar en comunión. Josué nunca se cansó en la lucha con los amalecitas; pero Moisés, orando en la cumbre de la montaña, necesitó dos ayudadores para que le sostuviesen las manos en alto.

Cuanto más espiritual sea el trabajo más pronto nos cansaremos. Las frutas más delicadas son las más difíciles de cultivar. La mayor parte de las virtudes espirituales son sumamente difíciles de desarrollar. Querido amigo, al tiempo que no olvidamos las cosas externas —que son muy buenas en sí mismas—, debemos también procurar disfrutar de una comunión con Jesús viva y personal. No te olvides de sentarte a los pies del Salvador, aun bajo el especioso pretexto de estarle sirviendo.

La primera cosa para la salud de nuestra alma, la primera cosa para su gloria y la primera cosa para nuestra utilidad, es conservarnos en perpetua comunión con el Señor Jesús y cuidar de mantener la vital espiritualidad de nuestra religión por encima de cualquier otra cosa en el mundo.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar (S. D. Daglio, Trad.; 4a edición, p. 32). Editorial Peregrino.