Cómo la vocación transformó la sociedad

Cómo la vocación transformó la sociedad
Por Gene Edward Veith

Nota del editor: Este es el octavo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo XVI

Los cristianos de hoy hablan con frecuencia de transformar la sociedad. Un ejemplo dramático de cómo una enseñanza teológica tuvo un impacto social revolucionario es la doctrina de la Reforma sobre la vocación. La sociedad de la Edad Media era muy estructurada, jerárquica y estática. Pero esto cambió, a partir del siglo XVI, como consecuencia, quizás involuntaria, de la doctrina de la vocación enseñada por Lutero.

LA DOCTRINA DE LA VOCACIÓN
Para Lutero, la vocación, palabra latina que significa «llamado», significaba mucho más que un trabajo o una profesión. La vocación es la doctrina de Lutero sobre la vida cristiana. Más aún, la vocación es la forma en la que Dios actúa a través de los seres humanos para gobernar Su creación y otorgar Sus dones.

Dios nos da el pan de cada día por medio de agricultores, molineros y panaderos. Crea y cuida la nueva vida por medio de los padres y las madres. Nos protege por medio de las autoridades legítimas. Anuncia Su Palabra y administra Sus sacramentos por medio de los pastores. La vocación, decía Lutero, es la «máscara de Dios», la manera en la que Él se esconde en las relaciones y tareas ordinarias de la vida humana.

Un texto clave para la vocación es 1 Corintios 7:17: «Fuera de esto, según el Señor ha asignado a cada uno, según Dios llamó a cada cual, así ande». El contexto inmediato de ese pasaje tiene que ver con el matrimonio. Nuestras familias, nuestra ciudadanía en una comunidad o sociedad particular, nuestras congregaciones y, sí, nuestros lugares de trabajo, son todas facetas de la vida a las que Dios nos ha asignado y llamado.

El propósito de todos nuestros llamados es amar y servir al prójimo que cada vocación trae a nuestras vidas (en el matrimonio, nuestro cónyuge; en la paternidad, nuestros hijos; en el trabajo, nuestros clientes; y así sucesivamente).

Somos salvos por la gracia sola por medio de la fe en la obra de Jesucristo. Pero entonces somos enviados a nuestros llamados para vivir esa fe. Dios no necesita nuestras buenas obras, decía Lutero, pensando en los esfuerzos elaborados para merecer la salvación aparte del don gratuito de Cristo, pero nuestro prójimo sí necesita nuestras buenas obras. Nuestra fe da fruto en el amor (Gá 5:6; 1 Ti 1:5), y esto ocurre en nuestras familias, nuestro trabajo, nuestras comunidades y nuestras congregaciones. En estas tareas, también llevamos nuestras cruces, pecamos y encontramos perdón, y crecemos en la fe y la santidad.

LOS ESTAMENTOS
La sociedad medieval se dividía en tres estamentos: el clero («los que oran»); la nobleza («los que luchan» o, en la práctica, «los que mandan»); y los plebeyos («los que trabajan»).

Se pensaba que el clero tenía una «vocación», un llamado distinto de Dios para seguir «la vida espiritual» al margen del mundo. Dedicarse por completo a la oración y a los ejercicios espirituales se consideraba de mucho mayor mérito que lo que se podía encontrar en los estados seculares. Entrar en una orden religiosa exigía los votos de celibato, pobreza y obediencia. Para Lutero, esta búsqueda de méritos no solo era un rechazo del evangelio, sino que tales votos repudiaban las mismas esferas de la vida —la familia, el trabajo y el gobierno— que Dios había establecido. Estas esferas, insistía, eran también vocaciones cristianas.

Lutero redefinió los estamentos como instituciones diseñadas por Dios para la vida terrenal. Estos son la iglesia, el estado y el hogar (la familia y su trabajo económico). Son paralelos a los estamentos medievales del clero, la nobleza y los plebeyos. Pero mientras que en la Edad Media se trataba de tres categorías sociales separadas, las que Lutero definió son esferas de la vida en las que todo cristiano habita y en las que todo cristiano tiene vocaciones.

Las distinciones sociales rígidas entre los tres estamentos —los que oraban, los que gobernaban y los que trabajaban— se desmoronaron. La vida de oración no es solo para una clase sacerdotal, sino para todos los creyentes. El Estado no es solo cosa de una élite gobernante, sino de todos sus ciudadanos. El hogar no es solo para los plebeyos. Todos, incluido el clero, pueden ser llamados al matrimonio y a la paternidad. Todos, incluida la nobleza, están llamados al trabajo productivo. Todos oran. Todos (eventualmente) gobiernan. Todos trabajan.

EL IMPACTO SOCIAL DE LA REFORMA
Otro nombre para la doctrina de la vocación es el sacerdocio de todos los creyentes. Dios llama a algunos cristianos a ser pastores, pero llama a otros cristianos a ejercer su real sacerdocio arando los campos, forjando el acero y creando negocios. Pero todos los sacerdotes —incluidos los campesinos y las sirvientas— necesitan tener acceso a la Palabra de Dios. Por eso, durante la Reforma, se abrieron escuelas y floreció la alfabetización.

Los plebeyos educados ascendieron en la escala social y acabaron gobernándose a sí mismos. Los trabajadores que amaban y servían a sus clientes con su trabajo encontraron el éxito económico. Mientras que Lutero se dirigía a una sociedad medieval tardía y estática, Calvino y más tarde los puritanos adaptaron la vocación al mundo moderno emergente. Hicieron énfasis en los llamados del lugar de trabajo y alentaron a los cristianos a abrazar las nuevas oportunidades a las que Dios los llamaba. Así, la Reforma trajo consigo una movilidad social sin precedentes.

Extrañamente, la doctrina de la vocación está hoy olvidada. ¿Qué aportaría a la sociedad actual un redescubrimiento de la vocación?

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine

Gene Edward Veith
El Dr. Gene Edward Veith es director del Instituto Cranach en el Concordia Theological Seminary en Fort Wayne, Indiana. Es autor de varios libros, entre ellos God at Work y Reading between the Lines.

¡Mi Dios es grande!

Martes 8 Noviembre

Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos… Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.

Salmo 33:6-9

¡Mi Dios es grande!

Tengo un amigo cuyo aspecto siempre es amable y tranquilo. Hoy me contó cómo Dios lo sostiene en medio de los grandes sufrimientos que atraviesa. Me describió los síntomas desconocidos, a veces extraños, que siente en su cuerpo minado por la enfermedad. Se hace preguntas sobre lo que le sucederá en los próximos días. Pero también me dijo: “Estoy en paz. No puedo explicarlo, pero la paz de Dios me invade y sobrepasa todos mis temores y mis razonamientos”.

Sonriendo me explicó que un capítulo de la Biblia lo animaba mucho desde hacía algunos días: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra… Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz… y separó Dios la luz de las tinieblas…” (Génesis 1:13-4). En este texto introductorio de la Biblia Dios revela quién es él, subraya su majestad, su poder y su autoridad sobre todo. En el inmenso universo no existe nada por casualidad. Todo muestra la sabiduría y el orden del que llamó la creación a la existencia. Cada elemento aparece en su tiempo, espléndido, perfecto; luego toma el lugar y la función asignados por Dios. La composición final es magnífica.

Estas palabras animaban a mi amigo. Retenía interiormente este mensaje: “Hijo mío, recuerda que tu Padre es infinitamente grande. Confía plenamente en mí; ten la certeza de que puedes entregarme todos tus sufrimientos y tus preguntas, porque yo soy tu Dios”.

¿Conoce usted al Dios de mi amigo, el gran Dios, el único Dios justo y Salvador? (Isaías 45:21-22).

Deuteronomio 32:1-28 – Juan 21 – Salmo 119:153-160 – Proverbios 27:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

LOS PLANES ETERNOS DE DIOS SE DESARROLLAN EN MEDIO DE LO ORDINARIO

LOS PLANES ETERNOS DE DIOS SE DESARROLLAN EN MEDIO DE LO ORDINARIO

POR ALISTAIR BEGG

Entonces las mujeres dijeron a Noemí: ‘Bendito sea el Señor que no te ha dejado hoy sin redentor; que su nombre sea célebre en Israel. Que el niño también sea para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez…’. Entonces Noemí tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo”. Rut 4:14-16

La presentación de un nuevo bebé a sus abuelos no es una escena inusual. Pero la historia de Noemí y el futuro de esta pequeña familia hacen que esta escena sea extraordinaria. Noemí regresó a Belén después de haber enterrado a su esposo e hijos, con las manos vacías y afligida. Ahora su vida y su regazo estaban llenos de alegría y esperanza. Aquí estaba la futura generación de su familia para darle vida y sustento en su vejez. En este sentido, el niño le trajo la libertad y redención. Pero al contemplar esta escena ordinaria desde este lado de la encarnación, también sabemos que declara una noticia extraordinaria: debido al cuidado bondadoso de Dios por dos viudas indefensas, toda la nación de Israel —de hecho, toda la humanidad— fue beneficiada. A través de Rut, Dios continuó una línea familiar que más tarde conduciría al rey David, y luego al mismo Jesucristo.

Incluso Jesús, este Rey de reyes y Señor de señores, se encontró entre las cosas ordinarias de la vida. Él también estuvo en el regazo de alguien. Tuvo padres terrenales ordinarios. Nació en un establo, no en un gran palacio. Su victoria llegó a través de la cruz de un criminal, no de un trono conquistador. Esto no es lo que la mayoría esperaría del Dios Todopoderoso encarnado; sin embargo, al igual que los sabios buscaron a Jesús primero en el palacio (Mt 2:1-3), a menudo comenzamos a buscarlo en los lugares equivocados. Y cuando lo hacemos, corremos el peligro de acabar como una “Mara” en lugar de una “Noemí” (Rut 1:20), sintiéndonos amargados en lugar de disfrutar de contentamiento.

La Palabra de Dios es un regalo glorioso. Nuestro Padre nos la ha dado para que conozcamos a Su Hijo y para que vivamos en el poder de Su Espíritu, en obediencia a Su verdad.

Los planes eternos de Dios se desarrollan en medio de lo ordinario: personas ordinarias en lugares ordinarios haciendo cosas ordinarias. Si llevas una vida ordinaria, esto debería animarte. Muy pocos de nosotros seremos siquiera una nota a pie de página en la historia. Tanto si eres una madre ordinaria que cría a niños ordinarios y hace cosas ordinarias todos los días, como si eres un abuelo ordinario que cuenta las mismas historias ordinarias de siempre, o un estudiante ordinario que hace sus deberes y actividades ordinarias —cualquiera que sea tu nivel de lo ordinario—, la gloria de Dios puede encontrarse a tu alrededor. Y tu fidelidad en medio de lo ordinario puede, por Su gracia, convertirse en el medio de un impacto extraordinario por el bien del evangelio.

Cuando te sientas tentado a pensar que no estás haciendo mucho —a creer la mentira del diablo de que no puedes marcar la diferencia o que estás fuera de los propósitos de Dios— recuerda esto: mucho después de que los logros, las palabras y la sabiduría humana se desvanezcan, la fidelidad, la bondad, la integridad, el amor y la gracia que Dios obra en ti y a través de ti habrá tenido un impacto más extraordinario en las vidas de hombres y mujeres de lo que podrías imaginar. Esta es la maravilla de la historia de Noemí y la maravilla de toda la historia: que la extraordinaria gloria de Dios actúa en lo ordinario. Esa verdad puede cambiar cómo te sientes y cómo vives tu día.


Este artículo sobre Los planes eternos de Dios se desarrollan en medio de lo ordinario fue adaptado de una porción del libro Verdad para vivir, publicado por Poiema Publicaciones.

El ideal de matrimonio de la Reforma

El ideal de matrimonio de la Reforma
Por Michael Haykin

Nota del editor: Este es el séptimo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo XVI

Nuestro recuerdo de lo ocurrido durante la Reforma del siglo XVI es en cierto modo selectivo. Como herederos del protestantismo reformado, la recordamos principalmente como una recuperación del evangelio y de la forma bíblica de adoración. Pero también necesitamos recordarla como una gran recuperación de la comprensión bíblica del matrimonio.

Sobre la base de la piedad monástica de la antigüedad, encontrada en autores como Agustín y Jerónimo, la Iglesia medieval había llegado a considerar la vida célibe del monasterio o el convento como el semillero de una espiritualidad muy superior a la que había en los hogares de los casados. El célibe, se argumentaba, vivía la vida de los ángeles y, por lo tanto, ya experimentaba en cierto modo la vida del mundo venidero. Sin embargo, con la creciente corrupción de la iglesia a finales de la Edad Media, la realidad era que demasiados clérigos eran célibes pero no castos.

LUTERO, ESPOSO Y PADRE PIONERO
Aunque Martín Lutero no fue el primero de los reformadores en casarse y tener una familia, su matrimonio con Catalina de Bora, el 13 de junio de 1525, se convirtió en muchos sentidos en el paradigma para la familia protestante. Al principio, su matrimonio no fue por amor. Catalina se había escapado de un convento en Nimbschen, cerca de Grimma, con otras monjas y acabó en Wittenberg buscando refugio. Durante un tiempo, Lutero actuó como una especie de casamentero, buscando maridos para las monjas. Finalmente, solo quedó Catalina, con la que Lutero se casó, según dijo, para complacer a su padre, que siempre había querido tener nietos, y también, como dijo anecdóticamente, para fastidiar al papa.

Estas no son las mejores razones para casarse, pero con el tiempo, su matrimonio «floreció convirtiéndose en una unión de verdadera profundidad y conmovedora devoción», para citar a Andrew Pettegree en su reciente estudio sobre Martín Lutero. Este «éxito rotundo» del matrimonio de Martín y Catalina y los seis hijos que nacieron de su unión se convirtieron, en palabras de Pettegree, en «un poderoso arquetipo de la nueva familia protestante». El amor de Lutero por sus hijos le llevó a ver, con razón, que el centro de las alegrías del matrimonio eran los hijos e hijas, los cuales son un regalo. Y «las personas a las que no les gustan los hijos», dijo una vez con su estilo contundente, son «tontos y estúpidos, que no son dignos de llamarse hombres y mujeres, porque desprecian las bendiciones de Dios, el creador y autor del matrimonio».

EL MATRIMONIO DE JUAN CALVINO
Cuando Juan Calvino se casó, le dijo a su íntimo amigo y colaborador Guillermo Farel, a finales de la década de 1530, que no le preocupaba en absoluto la belleza física. Lo que quería era una esposa que fuera casta y sensata, económica y paciente, capaz de «cuidar mi salud».

A diferencia de Lutero, que era relativamente público en cuanto a los detalles de su vida matrimonial, Calvino apenas habló de su matrimonio con Idelette de Bure durante los ocho años y medio que duró el mismo. Ella falleció en marzo de 1549, después de haber padecido varios años de mala salud. Sin embargo, de vez en cuando, un comentario muestra lo unidos que estaban el uno al otro. Por ejemplo, Calvino estaba con su esposa en Estrasburgo durante la primavera de 1541. Una plaga hacía estragos en la ciudad y Calvino decidió quedarse en Estrasburgo, pero envió a su esposa lejos por su propia seguridad. Escribió a Farel que «día y noche mi esposa ha estado constantemente en mis pensamientos, necesitada de consejo ahora que está separada de su marido».

Tuvieron un hijo, Jacques, que murió poco después de nacer, en 1542. «El Señor», escribió Calvino a un amigo cercano, Pierre Viret, «ciertamente ha infligido una herida severa y amarga con la muerte de nuestro hijo recién nacido. Pero Él mismo es un Padre y sabe mejor lo que es bueno para Sus hijos».

En el momento de la muerte de su esposa, Calvino declaró en una carta a Farel: «En verdad, la mía no es una pena común. He perdido a la mejor amiga de mi vida, a una persona que, de haber sido así, habría compartido de buena gana no solo mi pobreza, sino también mi muerte. Durante su vida fue la fiel ayudante de mi ministerio». Este es un pasaje notable y revela la profundidad del cambio que la Reforma protestante había provocado. El matrimonio se consideraba ahora tal como Dios lo concibió en Génesis 2: la unión de dos aliados íntimos, trabajando por una causa común, a saber, la extensión del reino de Dios.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine

Michael Haykin
El Dr. Michael Haykin es profesor de Historia de la Iglesia y Espiritualidad Bíblica en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky. Es autor de varios libros, entre ellos The Christian Lover y Rediscovering the Church Fathers.

Tenía que correr (2)

Lunes 7 Noviembre

Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Filipenses 3:13-14

Tenía que correr (2)

“¿Jesús era realmente el Mesías de Israel, el Salvador del mundo? Esta pregunta crucial terminó ocupando todos mis pensamientos. Yo no podía ignorarla, con el pretexto de que la mayoría de los judíos no creen en él. Entonces oré a Dios pidiéndole que me revelara si Jesús era verdaderamente el mediador del nuevo pacto. Esta oración cambió mi vida.

Comprendí que mis pecados formaban una barrera que me impedía conocer a Dios. Como en el tiempo de Moisés, se necesita un sacrificio para que Dios perdone y su justicia sea satisfecha. Pero el cordero del antiguo pacto anunciaba al Hijo de Dios: él se ofreció en sacrificio una vez por todas. Poniendo mi confianza en él, en lo que él hizo por mí, y no en mis méritos, podía estar delante de Dios. Esto me conmovió profundamente.

Mi andar espiritual no tiene nada espectacular. Sin embargo, Dios cumplió un gran milagro: cambió mi vida presente y me dio la seguridad de la vida eterna. La buena nueva del evangelio, del amor de Dios manifestado en Jesús el Mesías, colmó el vacío de mi vida.

Aunque sigo amando el deporte, este ya no es para mí una meta en sí mismo. Ya no corro para obtener una medalla de poco valor; pero prosigo a la meta, para una recompensa eterna, el premio del llamado celestial de Dios”.

Étienne L.

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis” (1 Corintios 9:24).

Deuteronomio 31 – Juan 20 – Salmo 119:145-152 – Proverbios 27:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tenía que correr (1)

Domingo 6 Noviembre

¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente.

Isaías 55:2

Tenía que correr (1)

Testimonio

“Empecé a correr al comienzo de los años 1980. Al principio corría para relajarme, pero muy pronto me involucré en la competencia, especialmente en la maratón. Durante siete años me entregué al ritmo exigente de esta disciplina. Mi único objetivo era mejorar mis resultados. En enero de 1990, debido a una lesión, fui repentinamente detenido en mi carrera. Esta dura pausa me permitió reflexionar en todo el tiempo y la energía gastada para ganar algunos segundos en la famosa carrera de 42, 195 km. ¿Qué sentido tenían todos esos esfuerzos? Entonces tomé consciencia de que lo que yo trataba de hacer era llenar el vacío de mi existencia. Yo tenía una familia, amigos, trabajo, pero pensaba que debía continuar corriendo, que no debía detenerme nunca, tanto en sentido literal como figurado.

En 1992 un amigo músico me habló de Jesús. Su conversación era interesante, pero su fe no era para mí. Yo había crecido en una familia judía, en la cual Jesús era un sujeto que se debía evitar. Sin embargo, mi amigo no perdía ninguna ocasión para hablarme de Jesús, y terminó regalándome un Nuevo Testamento. Nuestras pláticas y la lectura de ese libro borraron poco a poco los clichés que yo tenía sobre Jesús. Su enseñanza me fascinaba. Pero, ¿era él el Mesías prometido en el Antiguo Testamento? Por ejemplo, el profeta Isaías había anunciado unos 800 años antes que el Mesías sería ofrecido en sacrificio para llevar nuestros pecados, y que resucitaría para hacernos justos”.

(mañana continuará)

Deuteronomio 30 – Juan 19:31-42 – Salmo 119:137-144 – Proverbios 27:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Introducción al pragmatismo

Introducción al Pragmatismo
Por Tim Challies

El pragmatismo se ha convertido en una fuerza dominante en el ámbito cristiano. Quiero echar un breve vistazo a la historia del pragmatismo y luego, mostrar cómo ha influenciado a la iglesia. En los próximos días voy a escribir sobre las áreas del cristianismo donde ha tenido un impacto significativo.

El pragmatismo tiene sus raíces en la filosofía de hombres como John Stuart Mill, quién influenció formativamente a filósofos como John Dewey, quien aplicó el pragmatismo a la educación y William James, a la religión. Estos hombres enseñaron que la única manera de determinar la verdad era mediante resultados prácticos. El pragmatismo, fundado por los filósofos, se consolidó en la mentalidad occidental con la Revolución Industrial. El pragmatismo en la industria ha cambiado nuestra forma de vivir. James Boice dice: «El objetivo es encontrar la manera más rápida y menos costosa de fabricar productos y de hacer las cosas. El pragmatismo ha mejorado el nivel de vida de millones de personas que ahora disfrutan de las ventajas de tener una vivienda propia, ropa adecuada, agua corriente… y comida abundante». (Whatever Happened To The Gospel of Grace [Lo que pasó con el evangelio de la gracia] p.50) Esto se ha logrado, por supuesto, en detrimento de la calidad y la destreza.

El diccionario Webster define el pragmatismo como «la doctrina que afirma que las consecuencias prácticas son los parámetros para medir el conocimiento, el significado y el valor». En resumen, la verdad está determinada por las consecuencias. Que algo sea correcto o incorrecto, bueno o malo, depende de los resultados. Desde la época de la Reforma, los protestantes han afirmado la doctrina de la Sola Scriptura, que enseña que sólo la Biblia debe ser nuestra norma de moralidad y verdad. Esta norma tiene sus raíces en la iglesia primitiva y por supuesto, en la Biblia. Esto siempre ha sido una enseñanza fundamental del protestantismo. Sola Scriptura fue la doctrina fundamental de la Reforma, la doctrina de la que dependía todo lo demás.

El pragmatismo y la sola Scriptura son necesariamente opuestos, ya que cada uno pretende ser la clave para determinar la verdad. Como cristianos, necesitamos decidir si vamos a depender de la Escritura como la norma absoluta de la verdad o si vamos a determinar la verdad por las consecuencias. Aunque sería difícil encontrar un cristiano que diga «creo en el pragmatismo», esta filosofía se manifiesta en el ámbito cristiano de muchas maneras diferentes. Aunque la gente afirma la Sola Scriptura con su boca (o declaraciones doctrinales), la niega con sus acciones.

El pragmatismo ha asomado su fea cabeza en todo el mundo cristiano. Se encuentra en declaraciones sobre técnicas de evangelización, tales como «si sólo alcanza a una persona, vale la pena». Se encuentra en el libro de Rick Warren, Una vida con proposito, un libro de texto para el crecimiento de la iglesia, donde escribe: «Nunca critiques ningún método que Dios esté bendiciendo». También, dice: «Debemos estar dispuestos a ajustar nuestras prácticas de adoración cuando los incrédulos están presentes. Dios nos dice que seamos sensibles a las limitaciones de los incrédulos en nuestros servicios». Estas ideas no son bíblicas; están arraigadas en la percepción de los resultados. El pragmatismo se encuentra dondequiera que los cristianos están prestos a unirse a programas y se apresuran a cambiar sus servicios de adoración debido a lo que esperan que suceda por los cambios que hacen. En resumen, se encuentra en cualquier lugar donde se quita el énfasis de lo que dice la Escritura y donde se pone el énfasis en los resultados esperados.

Dios no siempre proporciona los resultados que nos gustaría ver. Hay misioneros que han pasado muchos años trabajando en el campo misionero y han visto muy pocos corazones y muy pocas vidas transformadas. ¿Significa esto necesariamente que su técnica es defectuosa? ¿Significa necesariamente que no están haciendo la voluntad de Dios? De ninguna manera. A veces, Dios decide producir resultados y otras veces, no. Aun Jesús experimentó resultados diversos cuando ministraba. En algunas ciudades, la gente lo escuchó y confió en Él mientras que otras lo rechazaron. Nuevamente, esto no significa que la técnica de Jesús fuera defectuosa o que estuviera siendo desobediente. Más que nada, Dios desea y espera la obediencia de Sus hijos. El pragmatismo no tiene respuesta a la pregunta de cómo determinamos la obediencia, ya que la obediencia sólo puede determinarse a través de las Escrituras.

El peligro obvio del pragmatismo en la iglesia es que perdemos nuestro enfoque en la norma absoluta que Dios nos ha dado en Su palabra. Cuando perdemos ese enfoque, la iglesia se encuentra en el terreno resbaladizo de asemejarse al mundo. Cuando desechamos las normas de Dios, debemos depender de nuestras propias normas, las cuales son profundamente defectuosas. Comenzamos a confiar en nosotros mismos y perdemos nuestra confianza en Dios. Próximamente estaré hablando de un área específica en la que el pragmatismo ha opacado a las Escrituras.

Este artículo se publicó originalmente en Challies.

Tim Challies
Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

“¿Qué queréis que os haga?”

Sábado 5 Noviembre

El Señor es muy misericordioso y compasivo.

Santiago 5:11

Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

Mateo 8:17

“¿Qué queréis que os haga?”

Leer Mateo 20:29-34

Dos ciegos estaban sentados al borde del camino por donde Jesús pasaba. Ellos clamaron a él e insistieron a pesar de la oposición de la multitud. Él se detuvo, les preguntó qué necesitaban. “Ellos le dijeron: Señor, que nos sean abiertos nuestros ojos”. Entonces les devolvió la vista. Jesús siempre se ocupó de los enfermos, de los rechazados por la sociedad, de los decepcionados de la vida. Su compasión y su entrega son un modelo para nosotros.

Pero su objetivo era mucho más grande. Jesús “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). La sanación que nos trajo no concierne solo a nuestro cuerpo, a nuestra condición material, sino también y, sobre todo, a nuestra alma. La necesidad más urgente de todo ser humano es ser liberado del pecado. Esta es la enfermedad más grave que existe, porque conduce a la muerte eterna, es decir, al alejamiento definitivo de Dios.

Aún hoy, aunque Jesús no está físicamente en la tierra, se acerca a usted y le dice: “¿Quieres ser sano?” (ver Juan 5:1-9). Si usted quiere ser libre de sus pecados y recibir el perdón de Dios, diríjase a él. Jesús dio su vida en la cruz para salvarnos. “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Él no obliga a nadie, pero siempre está dispuesto a recibir al que va a él. ¿Quiere que Jesús haga algo por usted?

Deuteronomio 29 – Juan 19:1-30 – Salmo 119:129-136 – Proverbios 26:27-28

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

La llave: la revelación

Viernes 4 Noviembre
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.
Hebreos 1:1-2

La llave: la revelación

Después de una mañana de clases pasé frente a la oficina del capellán. Allá, sobre un pequeño estante, se hallaban algunos libros. Mis ojos se posaron en el título de uno de ellos, compuesto por dos palabras: Llave y revelación.

Fue como un rayo de luz en mi espíritu. En efecto, desde hacía algún tiempo tropezaba con el tema de la existencia de Dios, y estaba desanimado. De repente la luz brilló. La verdadera pregunta no era: ¿Existe Dios?, sino: ¿Dios se reveló? En efecto, sin revelación yo permanecería indefinidamente en la duda.

Así, dos palabras en la cubierta de un libro me liberaron de mis reflexiones estériles. La llave para avanzar en la fe es la revelación, y esta se halla en la Biblia. Esto me condujo a un nuevo punto de partida para leerla con cuidado. Han pasado décadas, y esta lectura todavía sigue alimentando mi fe.

Por nuestras reflexiones personales permanecemos en el dominio humano. Pero Dios está por encima de nosotros, él está sobre todo. Para conocerlo es necesario que una puerta nos sea abierta, una puerta cuya llave es la revelación que él ha hecho de sí mismo. Sin ella el dominio de Dios permanece inaccesible.

Desde el principio hasta el fin de la Biblia, Dios se revela de diferentes maneras a los hombres, a veces lo hace directamente, pero sobre todo lo hace por medio de Jesucristo, quien “es la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Su victoria, su gloria en el cielo y su reino son revelados en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, que significa “Revelación”.

Deuteronomio 28:38-68 – Juan 18:19-40 – Salmo 119:121-128 – Proverbios 26:25-26

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Membresía de la Iglesia

Serie: La Teología de La Iglesia

Introducción

Si estuvo con nosotros la semana pasada, recordará hablamos de la definición de Iglesia. Eso tiene que ser el punto de partida, ya que necesitamos saber lo que vamos a construir antes de empezar la construcción. Una de las cosas que notamos de la narrativa bíblica es que la intención de Dios ha sido el crear un pueblo para sí que mostraría su gloria, y como señalamos la semana pasada de Efesios 3:10, la iglesia no es una opción, sino la parte central del plan de Dios para mostrar su gloria. ¿Pero qué sucede cuando los que dicen representar a su nombre fallan en hacerlo?

Vaya conmigo a 1 Corintios 5:

1 Corintios 5.1-7: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. 2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?

3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? 7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

¿Que está pasando aquí?

Un hombre se acuesta con la mujer de su padre y la congregación lo tolera.

Pablo llama a la iglesia a removerlo, para entregarlo a Satanás – no con el fin de su destrucción final, sino para la restauración (v5).

La pregunta que viene a nuestro estudio de hoy es, ¿de que hay que removerlo?

Bueno, eso es lo que necesitamos aclarar. La respuesta que creo que vamos a encontrar es de ser miembro de la iglesia, pero una vez más, tenemos que escuchar lo que la Escritura enseña en lugar de las ideas del hombre.

La Iglesia representa el cielo

Vamos a Mateo 16. En la primera parte del capítulo, nos encontramos con la advertencia de Jesús a los apóstoles de no confiar en las enseñanzas de los líderes de Israel (Mat. 16: 1-12). Eran justos ante sus propios ojos, y así se perdieron de conocer a Jesús – su orgullosa autosuficiencia los cegó de ver a Jesús realmente como es. Entonces, Jesús le habla a Pedro y dice en Mateo 16:15: “¿Quién decís que soy yo?” Simón Pedro responde “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, y Jesús afirma respuesta de Pedro:

18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

(Mateo 16.18-19).

Esta es la primera de las dos veces que Jesús habla de la iglesia en los Evangelios. Y observe cómo Él conecta la iglesia (v18) con las llaves del reino de los cielos (v19). La semana pasada observamos que el reino de Dios o el reino de los cielos es el pueblo de Dios en el lugar de Dios bajo el gobierno de Dios. Entonces, ¿cuál es la conexión entre este reino de los cielos que Jesús habla en v19 y la iglesia en v18? Bueno, la iglesia tiene el objetivo de mostrar en la tierra quien está y quien no está en el reino de los cielos.

En concreto, cuando Jesús habla con Pedro, está interesado en un qué y un quién. ¿Qué es una confesión correcta, y quien es un confesor correcto?

Jesús ejerce esa autoridad hacia Pedro, pero luego va un paso más allá. Jesús da a Pedro y a los apóstoles esta misma autoridad: la autoridad delante de un confesor, para escuchar su confesión, y para anunciar un juicio oficial en nombre del cielo.

Es o no es una confesión correcta.
Y eso es o no es un verdadero confesor.
Quiero asegurar que entendamos esto: El que está usando estas llaves del reino tiene la autoridad del cielo, no para hacer un cristiano, sino para declarar que es un cristiano, lo que hacemos a través del bautismo y la Cena del Señor.

En Mateo 16, se dice que los apóstoles tienen las llaves. Luego, en Mateo 18, Jesús pone las llaves en las manos de la iglesia local. Observemos:

Mateo 18.15-18

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

16 Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

Un hombre ha sido confrontado un par de veces debido a su pecado. Él no escucha. Así que en el verso 17 Jesús dice: “dilo a (Quien? …) La iglesia.” No a un pastor, no a un comité, no a una sesión o presbiterio, sino a la iglesia. La última instancia de apelación es la iglesia.

La iglesia local tiene la autoridad del cielo para proteger el “qué” y el “quién” del Evangelio… quién y qué en la tierra representa al cielo. Se tienen las llaves – y ¿qué hacemos con las llaves? Ellas abren o cierran puertas o – en otras palabras atar y desatar (como en v18).

Jesús ha autorizado a la iglesia local para pararse frente a un confesor, para considerar la confesión del confesor, a considerar su vida, y para anunciar un juicio oficial en nombre del cielo. ¿Es esta confesión correcta? ¿Es este un verdadero confesor? Al igual que hizo Jesús con Pedro.

Las Llaves se ejercen a través del Bautismo y la Cena del Señor

Al atar y desatar… ejercemos las llaves… a través del bautismo y la Cena del Señor. Observe Mateo 18:20. Jesús explica esta actividad de usar las llaves en los versículos 17 y 18 con una explicación del “para” en el versículo 20: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

¿Qué significa eso de que se reúnen en su nombre? Jesús está hablando de ese lugar donde se ejerce el bautismo. A su vez a Mateo 28:18: “Toda autoridad en el cielo y la tierra me ha sido dada. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” La iglesia, ya que tiene la autoridad de las llaves, tiene la autoridad para bautizar.

El bautismo es un símbolo de una realidad espiritual – una imagen de nuestra unión con Cristo, tanto en su muerte y resurrección. Pero el bautismo no sólo simboliza nuestra unión con Cristo, sino que además es la forma en que el creyente se asocia con el pueblo de Dios.

El bautismo es la puerta por así decirlo y se hace una vez. La Cena del Señor se hace regularmente1. En estas imágenes del Evangelio, estamos dibujando líneas de demarcación del que está dentro y fuera. ¿Recuerda Mateo 18 o 1 Corintios 5? Cuando alguien dice creer en el nombre de Cristo, pero se niega a abandonar su pecado, su afirmación pierde credibilidad y la iglesia está llamada a remover su afirmación de ser cristiano y de excomulgarle; impedirle el acceso a la Cena del Señor. Ahora bien, esto puede ser difícil, pero es importante que la iglesia siga la Escritura en esto porque la iglesia está llamada a representar, a reflejar la imagen de Dios – la gloria de Dios es supremamente importante; y es importante para el individuo, ya que estamos declarándonos unos a otros la verdad sobre nuestro estado ante Dios en lugar de engañar o halagarnos.

El bautismo y la Cena del Señor son signos de juramento por los cuales damos juramentos o votos unos a otros. Profesamos a Cristo, y afirmamos unos a otros como cristianos y miembros unos de otros en la iglesia2.

Es a través del bautismo y la Cena del Señor que nosotros como cristianos individuales trabajando juntos constituimos una iglesia local y sus miembros. Y Jesús autoriza a los cristianos a hacer esto por que nos da las llaves.

¿Recuerdan la definición de la Iglesia local que mencionamos la clase anterior?

“La iglesia local es un grupo de cristianos que se reúne regularmente en el nombre de Jesús para confirmar y supervisar oficialmente la membresía mutua en Jesucristo y en su Reino a través de la predicación del Evangelio y la práctica de las ordenanzas del Evangelio.”

Ahora, un par de cosas están llegando a un mayor enfoque. Es oficial, ya que sólo a la iglesia se le ha concedido la autoridad de las llaves – no a un individuo o a un subcomité. Es una reunión, pero esta reunión se define adicionalmente con el propósito de afirmar y supervisar la membresía de cada uno en Cristo y Su reino. Es a través del Evangelio porque así es como Dios trae a la vida a los cristianos y las ordenanzas porque ese es el instrumento de la iglesia para ejercer las llaves.

¿Para quién es la Membresía de la Iglesia?

Ahora toda esta charla sobre las llaves y atar y desatar plantea una pregunta importante: ¿Cuál es el criterio bíblico para entrar? Y eso es una pregunta importante porque de lo que estamos hablando es de algo más que acomodar – es una cuestión de eternidad. ¿Es igual como un club de campo donde se necesita saber si las personas son adecuadas o conducen un determinado tipo de auto? ¿Es como los militares donde tiene que ser capaz de hacer un cierto número de flexiones y levantamientos de peso? Para responder a esto, vamos a centrar nuestra atención de nuevo al Evangelio de Mateo.

¿A quién, en Mateo, hace Jesús un ciudadano del cielo, es decir, un miembro de la iglesia?

5.3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

7.21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

10.32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

18.4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

Estas son las personas a las que la Iglesia debe recibir: los pobres en espíritu, los que siguen la voluntad de Dios, aquellos que reconocen a Cristo, el que se humilla como un niño pequeño.

¿Ves el patrón? El cristianismo, y por lo tanto, ser miembro de la iglesia, no es para los fuertes. No es para aquellos que tienen sus asuntos ordenados. Y que están decididos a seguir su propia voluntad… hacerlo a su manera. Es para aquellos que han intentado… y han fracasado.

Es para los adolescentes que tenían ciertos ideales morales, pero luego fueron a la universidad y cayeron en pecado.
Es para las madres que han tratado con todas sus fuerzas ser las madres perfectas, y se han decepcionado a si mismas.
Es para los jubilados que están llegando al final de su carrera y al mirar atrás, se dieron cuenta, “Todo giraba en torno a mi mismo, y mis ambiciones egoístas. Y ahora, ¿que tengo?”
El cristianismo, y por lo tanto ser miembro de la iglesia, es para las personas que han llegado al final de sí mismos. Es por eso que en Mateo 9:12 Jesús dijo: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. … Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.

El Padre celestial ha elegido, increíblemente, representarse a sí mismo en la tierra no con los moralmente perfectos, sino con los moralmente en bancarrota. Es decir, usa a la persona que sabe que él o ella es un pecador, que odia este hecho, y luego se aparta de ese pecado y pone su confianza en la justicia de Cristo.

Amigos, este es el corazón del cristianismo. Hemos sido creados para el bien. Hicimos el mal. Cristo vivió la vida humilde, mansa, y perfecta que deberíamos haber vivido y, a continuación, murió en la cruz como un sacrificio para pagar el castigo que merecíamos por hacer el mal. Y ahora, llama a cada uno que sea pobre en espíritu, que tenga hambre y sed de su justicia, a abandonar ese pecado, y seguirle como Salvador y Rey.

Triángulo de la Membresía

Muy bien, así que, ¿Qué pasa si después de todo esto de las llaves del reino y atar y desatar todavía tiene preguntas sobre la membresía de la iglesia? Es decir, ¿donde está la membresía de la iglesia de verdad en la Biblia? Una forma útil para responder a esta pregunta es leer a través del NT con esta pregunta en mente: ¿Qué enseña la Biblia acerca de cómo debe relacionarse el cristiano con la iglesia local?

Amarse unos a otros

Romanos 15.1 “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.”

Romanos 12.13, 15-16 “compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.”

Alentarse unos a otros

Hebreos 10.24-25 “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Cuidarse unos a otros

1 Corintios 5 y Mateo 18.

Obedecer a los líderes

Hebreos 13.17 “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”

Entonces, ¿ve usted cómo el NT nos llama a relacionarnos entre nosotros dentro de la iglesia?

Pero esto plantea una pregunta secundaria: ¿a qué iglesia? En otras palabras, Hebreos 13 nos llama a obedecer a nuestros pastores – pero, ¿a que pastores? ¿Cada pastor de cada iglesia? Los ancianos son responsables ante Dios por las almas que velan, pero ¿cuales cristianos? La congregación tiene la responsabilidad de afirmar una profesión de fe y de remover o disciplinar a alguien cuando hay pecado sin arrepentimiento – pero, ¿a que personas se aplica? Lo que todo esto supone es una iglesia local – una membresía donde hay un “dentro” y un “afuera”. La membresía es simplemente un compromiso consciente respecto a los demás cristianos (al amor, cuidado, aliento), una sumisión a su autoridad como congregación y para los ancianos que dan supervisión.

¿Alguna pregunta?

Preguntas de discusión

1) ¿No es todo esto de “dentro” y “afuera” algo sin amor? ¿Cómo debemos pensar en el amor en el contexto de la membresía de la iglesia?

2) ¿Cuáles son las cosas que una iglesia puede hacer para mantener la línea que diferencia la iglesia y el mundo clara?

3) ¿Cómo podemos fomentar una cultura de discipulado?


[1] 1 Cor. 11:26
2 Ver 1 Cor. 10:16-17

Por CHBC
Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos