¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO DEPENDER DE DIOS?

Por PAUL TRIPP

NO ACEPTES EL FALSO EVANGELIO DE LA INDEPENDENCIA
Es una mentira seductora. Es pronunciada una y otra vez. No hay nada nuevo en su mensaje. Fue dicha en el Edén y no ha dejado de ser dicha desde entonces. Puede adquirir muchas formas:

“Nadie te conoce mejor de lo que tú te conoces a ti mismo”.
“Realmente no necesitas el ministerio de otros en tu vida”.
“Solías batallar con el pecado, pero ya no más”.
“Como conoces tanto la Biblia, probablemente estás bien”.
“Mira tu historia; has llegado muy lejos”.
“Tus pequeños pecados realmente no son tan malos”.
“Ya has dejado atrás la época en donde necesitabas que los demás te enseñaran”.
“Estás solo; solamente necesitas levantarte y hacer lo que te han llamado a hacer”.
Falso evangelio
Nuevas misericordias cada mañana

Paul Davud Tripp

Nada de “frases bonitas de métodos de autoayuda” o de “métodos para mejorar la conducta”; Tripp sabe lo que realmente necesitas: un encuentro real con el Dios vivo. Solo entonces estarás preparado para confiar en Su bondad, descansar en Su gracia y vivir para Su gloria todos los días del año.

Las voces de la dependencia propia son muchas y engañosas. De alguna manera te susurran diariamente. Sus palabras engañosas comenzaron en el jardín y continúan con el propósito maligno de convencerte de que dependas de ti mismo y no de Dios. La mentira de la autosuficiencia nos es atractiva porque no nos gusta vernos como débiles y necesitados. No nos gusta pensar en nosotros mismos como dependientes. No nos gusta pensarnos como necios que necesitamos ser recatados de nosotros mismos. Nos gusta la historia del hombre autocreado; ya sabes, la historia del hombre que se sacó a sí mismo del fango y fue exitoso, sin tener a nadie a quien agradecer más que a él mismo.

Pero el mensaje del evangelio es supremamente humillante. Me dice que, apartado de la intervención divina, estoy en un estado desesperanzador e irreversible. Aun Adán y Eva no podían sobrevivir por ellos mismos. A pesar de ser personas perfectas viviendo en un mundo perfecto y en una perfecta relación con Dios, no tenían la habilidad de ser independientes. Así que, inmediatamente después de crearlos, Dios comenzó a otorgarles Su revelación porque sabía que ellos no podrían descifrar la vida por sí mismos. Ellos dependían de las palabras de Dios para que su vida tuviera sentido. Sin el consejo y ayuda de Dios, no podían ser lo que se supone que deberían ser. Ese era su estado antes de que el pecado entrara al mundo e hiciera un daño interno y externo. ¡Cuánto más es cierto en nosotros!

La independencia es una mentira que no te conduce a nada bueno. No tienes lo que se necesita en tu interior para vivir de la manera que fuiste diseñado para vivir. Así que un Dios de gracia tierna viene a ti en la persona de Su hijo y te ofrece todo lo que necesitas para vivir piadosamente. En gracia, Él está contigo porque sabe que nunca podrías lograrlo por ti mismo.

Este artículo titulado ¿Por qué nos cuesta tanto depender de Dios? fue adaptado de una porción del libro Nuevas misericordias cada mañana, publicado por Poiema Publicaciones.

Cómo vencer las preocupaciones

Cómo vencer las preocupaciones

Jay Adams

LOS AMIGOS DE JOSÉ LO CONOCÍAN como una persona siempre preocupada por todo. Un día Marcos vio a su amigo caminando tan feliz como fuera posible, silbando y cantando, con una sonrisa grande en el rostro. Parecía no tener preocupación alguna. Marcos no podía creerlo, y quería saber lo que le había pasado.
—¡José! Oye, ¿qué te ha pasado? —le preguntó.— Ya no te veo preocupado.
—¡Es maravilloso, Marcos! No me he preocupado para nada en dos semanas.
—Que bueno. ¿Y cómo lograste eso?
—Contraté a un señor para que él se preocupe por mí, —explicó José— y yo me desentendí de ello.
—¿Qué? —exclamó Marcos.
—Así es.
—Pues, tengo que decir que esto es algo nuevo para mí, —Marcos se frotaba la cabeza.— Díme, ¿cuánto te cobra?
—Mil dólares por semana.
—¡Mil dólares! ¿Dónde consigues mil dólares por semana para pagarle? —demandó Marcos.
—¡Esa es su preocupación! —respondió José.
¿No te parecería fantástico que otro pudiera encargarte de tus preocupaciones? Pues, la Biblia dice que esto es posible. De hecho, Dios invita a todos sus hijos a echar todas sus ansiedades sobre él (1 Pedro 5:7). Y lo mejor de todo, no te cuesta ni un centavo. Dios se ofrece para tomar todas tus preocupaciones sobre sí mismo. Y dado que Dios recibe nuestras ansiedades, y que nos ha mandado no preocuparnos, quiere decir que toda preocupación es pecado. Dios nos dice constantemente en la Biblia que no nos preocupemos. Cuando desobedecemos su Palabra, es pecado. La preocupación probablemente es el pecado más común de nuestros tiempos.

Los efectos de la preocupación

Las preocupaciones pueden causar úlceras en el estómago, drenar la vitalidad, y enviarnos a una muerte prematura. Nos convierte en personas incapaces de manejar los problemas de la vida. El preocuparse muestra falta de fe en Dios, y nos impide de asumir nuestra responsabilidad en servir a Cristo Jesús. La preocupación es pecado.
Tal vez estás permitiendo que las angustias te impidan vivir una vida de fidelidad a Cristo. ¡Tal vez te preocupas por tus preocupaciones! Y lo que quieres saber es, ¿qué se puede hacer al respecto? ¿Qué dice la Biblia sobre cómo vencer este pecado? Pues, la Biblia dice que lo puedes vencer, ¡con seguridad!
La preocupación aflige a muchos Cristianos. Felipe, un ingeniero, tenía la tarea de construir un edificio grande. Era una tarea mucho más grande que todos los trabajos anteriores, con muchas dificultades. Comenzó a preocuparse sobremanera. Los contratistas y los subcontratistas estaban peleando entre sí. Los electricistas y los carpinteros no se ponían de acuerdo. Las fechas tope no se estaban cumpliendo. Todo el día y todos los días Felipe se preocupaba, y entre más se afligía menos podía hacer. Ya no era capaz de manejar los detalles de cada día. Comenzó a decirse cada día, “Ya no puedo, es demasiado”. Hasta por fin, un día se levantó de su escritorio y salió de su oficina. Como Felipe era Cristiano, fue a buscar consejo. Y fue con base en la Palabra de Dios que encontró la respuesta a sus angustias.

La esencia de la preocupación

¿Qué es la preocupación? En la Biblia, generalmente se traduce como ‘angustia’, o ‘ansiedad’. Se debería traducir como ‘preocupación’ para que entendamos en nuestros términos lo que Dios nos está diciendo. El término griego en el Nuevo Testamento significa “dividir, romper, o partir en dos”. Este término señala los efectos de las preocupaciones, es decir, lo que produce en nosotros. Pero en sí, la preocupación es una ansiedad en cuanto al futuro. Es una aflicción con respecto a algo sobre lo cual no podemos hacer nada, y ni siquiera podemos tener seguridad en cuanto a ello. Es por eso que nos parte en dos. Cuando uno se preocupa, mira hacia el futuro. Pero el futuro aún no ha llegado. No hay nada concreto que tú puedas agarrar, y no hay nada que se pueda hacer sobre ese futuro. La persona angustiada no puede hacer nada sobre el futuro, ni siquiera sabe cómo se ve el futuro. Nadie fuera de Dios conoce el futuro en su forma verdadera. La persona ansiosa primero se imagina que el futuro será así. Pero al momento piensa que tal vez será otra cosa. Y como no puede saberlo a ciencia cierta, lo parte en dos. De acuerdo a la Biblia, la preocupación es afligirse sobre lo que no se sabe y lo que no se puede controlar, y esto nos rompe en dos. La pregunta es, “Si esta es la esencia de la preocupación, ¿qué puede hacer al respecto?|
Escuchemos a Jesús —él tiene la respuesta. Dice, “No se preocupen” (Mateo 6:31). Pero Jesús no deja el asunto ahí, sino que explica cómo vencer la angustia. En este pasaje Jesús concluye una discusión vital respecto a la tendencia de afligirnos por las necesidades de la vida con las siguientes palabras: “Así que, no os afanéis (no se preocupen) por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán” (Mateo 6:34). Jesús aquí nos aclara que el problema de la angustia es que proviene de un enfoque incorrecto de la vida. Jesús dice que es incorrecto dejar que los posibles problemas de mañana nos partan en dos hoy.
Cristo hace un contraste entre dos días: “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su afán”. En estas palabras tenemos la respuesta de Dios a las preocupaciones. Cada día tendrá suficientes problemas. Tú no debes enfocar tu mirada en los problemas de mañana ¡porque hay suficientes problemas hoy como para ocuparnos! Mañana pertenece a Dios. Mañana está en sus manos. Cuando nosotros intentamos tomar mañana, intentamos quitar lo que le pertenece a él. Los pecadores desean tener lo que no es de ellos, y así se destruyen a sí mismos. Dios solamente nos ha dado el día de hoy. Dios prohíbe que nos preocupemos de lo que podría suceder. Esto está en sus manos enteramente. El hecho trágico es que las personas que se preocupan mucho no sólo desean lo que les es prohibido, sino que se niegan a usar lo que se les ha dado.

¿Es malo planear para el futuro?

Antes de proceder, hay un punto que debemos destacar: Cristo no se opone a la planificación para el día de mañana. Cristo no se opone a pensar en mañana o prepararse para el futuro. Lo que prohíbe son las preocupaciones, la angustia que nos lleva a llorar. No hay nada en Mateo 6 que prohíba la planificación para el futuro.
Las palabras de Santiago son vitales para comprender todo esto (Santiago 4:13ss). Algunos han malentendido este pasaje, interpretándolo como si Santiago estuviera en contra de todo tipo de planificación. Pero esto es exactamente lo contrario del sentido del texto. Es más, en este pasaje Santiago nos está explicando cómo debemos hacer planes. Lo que prohíbe son los planes incorrectos, y nos muestra cómo planificar de la manera que agrada a Dios. Planificar y preocuparse son dos cosas muy diferentes.
¿Cómo debemos planificar entonces? Santiago nos responde así, “Deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala”. Ahora podemos ver la gran diferencia. Santiago nos dice que debemos hacer planes sin preocuparnos. Es imposible no planear, pues siempre estamos haciendo algún tipo de planificación. Pero debe ser sin angustia. La persona que se preocupa actúa como si tuviera el futuro en la palma de su mano. Es arrogante. Santiago dice que debes presentar tus planes ante Dios y decir, “Señor, he intentado hacer mis planes lo mejor posible, según tu voluntad revelada en la Biblia. Pero yo sé que sólo tú eres soberano, y someto mis planes a ti. Sea hecha tu voluntad”.
Como Cristiano, sabes que tu vida pertenece a Dios por el mero hecho de ser su criatura. Pero también has sido comprado por precio, el precio de la muerte de Jesucristo, él que dio su vida para redimirte del pecado y la muerte eterna. El próximo respiro está en sus manos. De modo que debes decirle a Dios, “Te traigo mis planes para que los revises y los corrijas”. Cuando planificas de esta manera, llevando tus planes a Dios para ser revisados (y negados si fuera el caso), aceptando gozosamente la voluntad de Dios, entonces estás planificando como dice Santiago. ¿De qué te tienes que preocupar cuando realmente pones tus mejores planes en la mano de Dios?

Venciendo las angustias

Ahora bien, regresemos a Mateo 6 para descubrir la alternativa que nos da Jesús con respecto a las preocupaciones. ¿Cómo podemos vencer las angustias en cuanto al futuro? ¿Cómo se puede vivir sin ninguna preocupación? ¡Es imposible! Tú preguntas, “¿Cómo puedo olvidar las preocupaciones?” La respuesta a esta pregunta es la llave al problema de las preocupaciones. Cristo no nos pide que dejemos de sentir urgencia. Nos dice que dirijamos nuestra urgencia hacia otra cosa. Nuestra preocupación no debe ser dirigida hacia mañana, porque esto sólo nos parte en dos.
Si has puesto en manos de Dios tus mejores planes, puedes dirigir tu atención a otra cosa que no sea mañana. Ya no tienes que afligirte sobre el futuro, y puedes dirigir tus esfuerzos, tus energías y todo lo que tienes hacia hoy. Esta es la llave que cierra la puerta a la angustia, y abre la puerta de la paz: concéntrate en hoy.
Concentrarse fuertemente en algo es una actitud correcta, no equivocada. Toda emoción que Dios nos ha dado tiene un uso correcto en el momento correcto. Cada emoción puede ser positiva cuando se usa correctamente, acorde con los mandamientos y principios de la Palabra de Dios. Pero cada emoción puede usarse equivocadamente también. Interesarse fuertemente (sentir ‘urgencia’con respecto a alguna cosa) es una habilidad dada por Dios para movilizar las energías de cuerpo y mente para resolver un problema. Pero cuando enfocamos estas energías en el futuro, el propósito de soltar las energías químicas y eléctricas del cuerpo es frustrado, porque se derraman en el cuerpo pero no pueden usarse. No pueden convertirse en acción, porque es imposible hacer algo sobre el futuro. La preocupación activa una energía que no se usa, y en algunos casos los químicos producidos producen úlceras del estómago y otros síntomas físicos.
Pero si te enfocas en el día de hoy, las energías no son desperdiciadas, sino que pueden usarse. Tu preocupación será útil, tus energías podrán ser usadas al servicio de Jesucristo para resolver los problemas en lugar de preocuparse por ellos. Tú puedes hacer algo respecto a los problemas porque los tienes a mano, estás tratando con la realidad concreta.
Felipe aprendió que podía hacer algo por sus problemas de hoy. Primero nos sentamos y echamos una mirada a los problemas, haciendo un plan para el panorama entero. Oramos, colocando todo en manos de Dios. Después, miramos más de cerca a la próxima semana para determinar —si Dios quiere— lo que se podría hacer. Finalmente hablamos de hoy, y nos preguntamos “¿Qué podemos hacer ahorita?” Felipe se había acostumbrado a ver todo el bosque, y por eso había concluido que era demasiado grande, oscuro y tupido para ser talado. En contraste, aprendió a decir “Por la gracia de Dios tres árboles caerán hoy”. Luego aprendió a enfocarse y derramar todas sus energías en cortar esos tres árboles. Debería olvidar el resto de los árboles. Mañana podrá enfocarse en tres más, y al día siguiente tres o cuatro más, y así sucesivamente. Al continuar así, llegó el momento cuando Felipe podía ver luz en el bosque, y el sol comenzó a brillar. Felipe resolvió su problema de angustia al resolver los problemas de cada día un día a la vez.
Si trabajas fielmente para Cristo, haciendo lo que puedas con los problemas que se presentan hoy, usando todas tus energías, puedes ir a casa por la noche quizás cansado, pero satisfecho. ¿Hace cuánto tiempo no has tenido esa satisfacción? Ya no aquella sensación de cansado y todavía angustiado, sino el sentimiento de cansado y satisfecho, recostándote al final del día sabiendo que has gastado tus energías como Dios manda.

La preocupación y la pereza

¿Sabes que la Biblia señala que muchas de las personas que se preocupan son perezosas? Pues, esto es lo que Jesús mismo le dijo a uno que se afligía con respecto al futuro, y quería excusarse de sus responsabilidades a causa de sus preocupaciones. Pero Jesús dijo que era un caso de mera pereza. En Mateo 25 Cristo relató la historia de tres siervos a quienes se les dio dinero para invertir. Cuando regresó su señor, inquirió acerca de sus ganancias. Al que se le dio más, había duplicado su inversión, y el segundo hizo lo mismo. Pero el tercero confesó que había escondido su dinero en un hueco en la tierra. Cuando volvió el señor, el siervo sacó el dinero se lo llevó diciendo, “Aquí está lo suyo, señor. Lo enterré porque tenía miedo” (Mateo 25:25). El siervo se preocupó de las posibles consecuencias de invertir el dinero. Se preocupaba y se afligía hasta que quedó paralizado. Se preocupaba en lugar de trabajar. Y su señor le dijo, “Siervo malo (nótese que es pecado preocuparse por el futuro) y negligente … debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses” (Mateo 25:26, 27). Jesús le dice en otras palabras, “Debieras haber hecho por lo menos lo mínimo, y ni eso hiciste. Tú eres un siervo perezoso”.
La persona preocupada no puede hacer nada porque está ocupada preocupándose por los problemas de mañana. Termina haciendo nada. Tú no puedes hacer nada con los problemas desconocidos de mañana. La angustia sobre mañana es como la persona que se balancea en una mecedora: gasta energía sin ir a ningún lado. Pero con respecto a los problemas de hoy, algo siempre se puede hacer (ver 1 Corintios 10:13). En última instancia, aunque no puedes cambiar el problema, por el poder del Espíritu Santo puedes cambiar tus actitudes con respecto a los problemas. Si nada más cambia, tú puedes cambiar. De modo que siempre hay algo que se puede hacer.

Una solución práctica

Hay un procedimiento sencillo que puedes utilizar cuando te encuentras preocupándote en lugar de trabajar. Cuando sientes que la angustia se te está subiendo, siéntate inmediatamente y escribe las siguientes tres preguntas en una hoja de papel, dejando espacio debajo de cada una para llenar después:

1.      ¿Cuál es el problema?

2.      ¿Qué quiere Dios que yo haga con él?

3.      ¿Cuándo, dónde y cómo debo comenzar?

A veces el solo hecho de apuntar el problema te conduce a la solución. Cuando defines el problema, debes comenzar de inmediato a buscar una solución en las Escrituras. La pregunta es: “¿Cómo puedo enfrentar este problema para la gloria de Dios?” No te conformes con buenas soluciones e ideales nobles. En cambio, comienza a trabajar. Fija un horario para tu trabajo, y ataca la tarea más difícil primero. No olvides el ejemplo de Abraham, “se levantó temprano” cuando Dios le dio la tarea horrenda de sacrificar a Isaac, su único hijo, a quien amaba (Génesis 22:3). Ahí tenemos la solución de Dios para la preocupación.
Un último pensamiento. Este librito es escrito para los Cristianos. Pero si no conoces a Jesucristo como tu Salvador, permíteme decirte algo. Dios le dice a los Cristianos que no tienen nada de qué preocuparse. Pero tú tienes todo motivo por qué preocuparte. Si no eres Cristiano, no tienes las promesas de Dios, como por ejemplo la de Romanos 8:28, porque es dada solamente a los que pertenecen a Dios: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. No existe solución para tu problema fuera de Cristo Jesús. No hay nada sino el infierno eterno al final de tu camino. La Biblia nos dice que el infierno es un lugar de oscuridad y soledad. Las personas en el infierno serán como estrellas errantes, ¡separadas las unas de las otras por años de luz! (Judas 13). Peor aún, divagarán eternamente aisladas en la oscuridad, lejos de la presencia de Dios: “Sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:9). Este es el hecho más terrible de todos. El infierno será el lugar totalmente solitario en donde los hombres y mujeres, en vez de preocuparse del futuro, tendrán remordimiento agudo con respecto al pasado. Sólo en el infierno su futuro es seguro: habrá la horrorosa seguridad de un futuro eterno de terror apartados de Dios.
Pero tal vez Dios está obrando en tu corazón, convenciéndote de tu pecado. Posiblemente puso en tus manos este folleto porque quiere que confíes en Jesucristo. Jesús murió en la cruz en el lugar de pecadores culpables como tú, llevando sobre sí su infierno. Toda persona que cree que Jesús murió por ella será perdonada, y en lugar del infierno recibirá el regalo de la vida eterna, una vida con Dios para siempre. Dios promete, “Más a todos los que le recibieron (a Jesucristo), les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). ¿Por qué no pones tu confianza en Cristo en este momento? No se quede con la preocupación, ¡actúa! Actúa en obediencia a la Palabra de Dios.
Para los que conocen al Señor, permítanme preguntar, “¿Tienes necesidad de arrepentirte del pecado de la preocupación”? Si es así, entonces atiende los problemas de cada día según como te lleguen, y trabaja duro para Cristo ese día.

Adams, J. (2011). Cómo vencer las preocupaciones (pp. 3–31). Guadalupe, Costa Rica: CLIR.

¿QUÉ SIGNIFICA BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPÍRITU?

QUÉ SIGNIFICA BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPÍRITU?
POR ALISTAIR BEGG

“Volviendo Su vista hacia Sus discípulos, decía: ‘Bienaventurados ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios’”. Lucas 6:20

Jesús exalta lo que el mundo menosprecia y rechaza lo que este admira.

Este es el gran reto de las Bienaventuranzas y sobre todo de esta enseñanza de Jesús sobre las riquezas. Vivimos en un mundo que nos mueve a exaltarnos, en particular en el ámbito de las finanzas y de las riquezas materiales. La comodidad es suprema en nuestra cultura y la cultura es el agua en la que todos nadamos.

Así que las primeras palabras de la enseñanza de Jesús en este sermón nos enfrentan: “Bienaventurados ustedes los pobres”. ¿Qué está haciendo Jesús? ¿Está sugiriendo que la pobreza material de alguna manera es clave para la salvación? ¡Para nada! Más bien, está explicando que los que en verdad toman consciencia de su pobreza espiritual entrarán al reino de Dios.

Por supuesto, hay algunos que afirman que la enseñanza de Jesús es que, si eres pobre, debes estar agradecido porque automáticamente eres parte del reino de los cielos. Pero ese tipo de pobreza no es la clave para entrar en el reino de Dios, como tampoco las riquezas en sí mismas son la principal razón para la exclusión de otro. De hecho, tanto los pobres como los ricos son bienvenidos a Su reino si se dan cuenta de su necesidad de perdón y si llegan a la fe en Jesús como su Salvador. Si este no fuera el caso, entonces una mujer llamada Lidia que vivía en Filipos como comerciante adinerada nunca habría abierto sus ojos y su corazón a la verdad del evangelio (Hch 16:11-15). No, lo que se necesita es la consciencia de nuestra pobreza espiritual estando separados de Cristo.

La Palabra de Dios es un regalo glorioso. Nuestro Padre nos la ha dado para que conozcamos a Su Hijo y para que vivamos en el poder de Su Espíritu, en obediencia a Su verdad.

No obstante, es importante notar que la pobreza financiera también puede ser un medio de bendición espiritual. Esta pobreza a menudo lleva a las personas a descubrir su dependencia absoluta en Dios, no solo para sus necesidades físicas y materiales, sino también para las bendiciones espirituales. Por esta razón, la pobreza tiende a provocar una respuesta mucho mejor al evangelio que la riqueza. Disfrutar de abundancia material fácilmente puede cegarnos a nuestra necesidad más profunda: nuestro acceso al reino de Dios. La riqueza es a menudo un terreno fértil para el orgullo, de manera que nuestro corazón se olvida de que, tanto el rico como el pobre “pasará como la flor de la hierba” (Stg 1:10).

Juan Calvino lo explicó así: “Solo aquel que es reducido a nada en sí mismo y que descansa en la misericordia de Dios es pobre en espíritu”. La pobreza puede traer consigo pruebas, pero ¿alguna vez te has dado cuenta de que la riqueza también trae consigo las tentaciones del orgullo, de la autodependencia y de la autocomplacencia espiritual?

Así que ¿estamos dispuestos a admitir nuestra pobreza espiritual? ¿O estamos demasiado seguros en nosotros mismos y satisfechos en nuestras riquezas terrenales? Aquí está una manera en la que podemos conocer la verdadera respuesta a estas preguntas: ¿puede tu corazón resonar con la oración de Agur en Proverbios: “No me des pobreza ni riqueza” (Pro 30:8)?


Este artículo sobre ¿Qué significa bienaventurados los pobres en espíritu? fue adaptado de una porción del libro Verdad para vivir, publicado por Poiema Publicaciones.

LOS PLANES ETERNOS DE DIOS SE DESARROLLAN EN MEDIO DE LO ORDINARIO

LOS PLANES ETERNOS DE DIOS SE DESARROLLAN EN MEDIO DE LO ORDINARIO

POR ALISTAIR BEGG

Entonces las mujeres dijeron a Noemí: ‘Bendito sea el Señor que no te ha dejado hoy sin redentor; que su nombre sea célebre en Israel. Que el niño también sea para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez…’. Entonces Noemí tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo”. Rut 4:14-16

La presentación de un nuevo bebé a sus abuelos no es una escena inusual. Pero la historia de Noemí y el futuro de esta pequeña familia hacen que esta escena sea extraordinaria. Noemí regresó a Belén después de haber enterrado a su esposo e hijos, con las manos vacías y afligida. Ahora su vida y su regazo estaban llenos de alegría y esperanza. Aquí estaba la futura generación de su familia para darle vida y sustento en su vejez. En este sentido, el niño le trajo la libertad y redención. Pero al contemplar esta escena ordinaria desde este lado de la encarnación, también sabemos que declara una noticia extraordinaria: debido al cuidado bondadoso de Dios por dos viudas indefensas, toda la nación de Israel —de hecho, toda la humanidad— fue beneficiada. A través de Rut, Dios continuó una línea familiar que más tarde conduciría al rey David, y luego al mismo Jesucristo.

Incluso Jesús, este Rey de reyes y Señor de señores, se encontró entre las cosas ordinarias de la vida. Él también estuvo en el regazo de alguien. Tuvo padres terrenales ordinarios. Nació en un establo, no en un gran palacio. Su victoria llegó a través de la cruz de un criminal, no de un trono conquistador. Esto no es lo que la mayoría esperaría del Dios Todopoderoso encarnado; sin embargo, al igual que los sabios buscaron a Jesús primero en el palacio (Mt 2:1-3), a menudo comenzamos a buscarlo en los lugares equivocados. Y cuando lo hacemos, corremos el peligro de acabar como una “Mara” en lugar de una “Noemí” (Rut 1:20), sintiéndonos amargados en lugar de disfrutar de contentamiento.

La Palabra de Dios es un regalo glorioso. Nuestro Padre nos la ha dado para que conozcamos a Su Hijo y para que vivamos en el poder de Su Espíritu, en obediencia a Su verdad.

Los planes eternos de Dios se desarrollan en medio de lo ordinario: personas ordinarias en lugares ordinarios haciendo cosas ordinarias. Si llevas una vida ordinaria, esto debería animarte. Muy pocos de nosotros seremos siquiera una nota a pie de página en la historia. Tanto si eres una madre ordinaria que cría a niños ordinarios y hace cosas ordinarias todos los días, como si eres un abuelo ordinario que cuenta las mismas historias ordinarias de siempre, o un estudiante ordinario que hace sus deberes y actividades ordinarias —cualquiera que sea tu nivel de lo ordinario—, la gloria de Dios puede encontrarse a tu alrededor. Y tu fidelidad en medio de lo ordinario puede, por Su gracia, convertirse en el medio de un impacto extraordinario por el bien del evangelio.

Cuando te sientas tentado a pensar que no estás haciendo mucho —a creer la mentira del diablo de que no puedes marcar la diferencia o que estás fuera de los propósitos de Dios— recuerda esto: mucho después de que los logros, las palabras y la sabiduría humana se desvanezcan, la fidelidad, la bondad, la integridad, el amor y la gracia que Dios obra en ti y a través de ti habrá tenido un impacto más extraordinario en las vidas de hombres y mujeres de lo que podrías imaginar. Esta es la maravilla de la historia de Noemí y la maravilla de toda la historia: que la extraordinaria gloria de Dios actúa en lo ordinario. Esa verdad puede cambiar cómo te sientes y cómo vives tu día.


Este artículo sobre Los planes eternos de Dios se desarrollan en medio de lo ordinario fue adaptado de una porción del libro Verdad para vivir, publicado por Poiema Publicaciones.

¿QUÉ SIGNIFICA SER CRISTIANO? ADOPTADOS, PRIMOGÉNITOS Y HEREDEROS

¿QUÉ SIGNIFICA SER CRISTIANO? ADOPTADOS, PRIMOGÉNITOS Y HEREDEROS
POR Sinclair Ferguson

En el primer capítulo de Efesios, Pablo proporciona la perspectiva más amplia posible de lo que significa ser cristiano. Él rastrea los orígenes de nuestra salvación hasta la elección de Dios en la eternidad pasada (Efesios 1:4) y mira hacia adelante a su consumación en las glorias de la eternidad venidera (Efesios 1:10).

La abrumadora naturaleza de esta visión a veces nos hace perder de vista una particular característica de la enseñanza paulina que para él tiene enorme importancia: su exposición está saturada del lenguaje de la familia. El Padre nos elige (v. 3) para ser adoptados como sus hijos (v. 5). Él nos ha dado su Espíritu como la garantía de nuestra herencia (v. 14). Él ora al Padre de la gloria (v. 17) que nuestros ojos puedan ser abiertos para apreciar su gloriosa herencia en los santos (v. 18).

La salvación significa ser incorporado en los privilegios de la vida en una nueva familia. Si uno es un hijo adoptivo de Dios, es heredero de Dios y coheredero con Cristo (Romanos 8:17). Es una persona rica.

EL HEREDERO
Convertirse en heredero significa recibir el derecho a poseer riquezas que primero posee otro. La idea tiene especial significado en la enseñanza bíblica. El Padre es el Creador y Señor de todo. Pero en su generoso amor, la riqueza del universo iba a ser la herencia de Adán en cuanto imagen e hijo de Dios (Génesis 1:26; Lucas 3:38). Cuando Adán no era más que un “niño”, Dios le dio parte de su herencia, el Jardín del Edén, para que se hiciera responsable de él y lo disfrutara. Pero Adán intentó robar lo que no era suyo; a consecuencia de ello, perdió toda su herencia por su pecado. A la manera de Esaú, Adán y Eva vendieron el Edén “por un plato de lentejas” y se les prohibió la entrada al jardín que había sido las primicias de su herencia.

Pero el Padre había determinado que la herencia debía ser restaurada. En efecto, él ya había trazado un plan para su restauración. Él adelantó un atisbo al respecto: la Simiente de Eva rompería la cabeza de la serpiente cuyas tentaciones habían llevado a la catástrofe (Génesis 3:15). También a Abraham se le dio a conocer el plan posteriormente. En su simiente, todas las naciones heredarían bendición en lugar de maldición (Génesis 12:3).

Un bosquejo de la estrategia se hizo lentamente visible por medio de revelación divina: la Simiente de la mujer, un descendiente de Abraham, un hijo de David, un Profeta, Sacerdote y Rey mesiánico, y un Siervo Sufriente —un Hombre que también era el Hijo de Dios— cumpliría todas las promesas de Dios. Sería un segundo Hombre que haría un nuevo comienzo. Él también sería el último Adán. Él haría todo lo que Adán no había logrado cumplir a fin de entrar en una plena herencia. Pero perdería su propia vida a fin de soportar el castigo divino por el pecado adámico. A diferencia de Adán, sería el manso y heredaría la tierra. En él se restauraría el derecho a la herencia. Él sería designado “heredero de todo” (Hebreos 1:2).

¿Qué significa para ti ser un cristiano?

Solo en Cristo

Sinclair Ferguson

Con mente de teólogo y corazón de pastor, el doctor Ferguson ayuda a los creyentes a alcanzar un mejor entendimiento de su Salvador y Señor, y luego les muestra cómo deben vivir la fe cristiana día a día. Estos cincuenta breves capítulos de Solo en Cristo son un paquete lleno de carbones de verdades bíblicas que avivarán la llama del amor cristiano por el Salvador.

Con toda certeza, el heredero vino. Obedeció al Padre y resistió la tentación donde Adán había cedido. Por su obediencia se ganó el derecho a poseer la totalidad de la herencia. Ahora todo le pertenece a Cristo. Él es “el primogénito de toda la creación” (Colosenses 1:15); toda autoridad en el cielo y en la tierra es suya, incluyendo el poder sobre el pecado, la muerte, y Satanás (Mateo 28:18); en él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento, porque en él está la plenitud de Dios (Colosenses 2:3; 1:19).

Este Hijo y Heredero oyó a su Padre decir: “Pídeme, y como herencia te entregaré las naciones” (Salmo 2:8 NVI). Pero el Hijo respondió, “Padre, déjame compartir mi herencia con los pobres y desheredados. Adóptalos en tu familia como tus hijos también; dales mi Espíritu [ver Hechos 2:33; Romanos 8:15]; permíteles usar mi nombre [ver Juan 16:24]”.

El Padre oyó la oración del Hijo; él nos hizo sus hijos.

Escuchemos, entonces, el razonamiento de Pablo: entonces, si somos hijos, somos herederos (Romanos 8:17).

NUESTRA HERENCIA
Según la Ley, como sabía Pablo, el primogénito recibía una doble herencia, mientras los demás recibían una sola porción (Deuteronomio 21:17; cf. 2 Reyes 2:9). Pero ni el Padre ni el Hijo se obligan a los límites de la Ley. Pablo declara: “[Todos somos] herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17).

¿Logras ver la implicación? Todo lo que le pertenece al último Adán es para nosotros. Como se deleitaban en decir los primeros padres de la iglesia, Cristo tomó lo que era nuestro para que pudiéramos recibir lo que era suyo. Todo lo suyo es nuestro: “Todo es de ustedes:… el mundo, la vida, la muerte, lo presente o lo por venir, todo es de ustedes, y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios” (1 Corintios 3:21-23).

Cuando yo era niño en Escocia, ocasionalmente leía confusas noticias en el diario local, como la siguiente:

Podría Angus MacDonald por favor contactar a McKay, Campbell, y Ross (Abogados) en Calle Bannockburn, donde se enterará de algo para su beneficio.

Entonces yo no percibía a qué se referían esas crípticas palabras, “algo para su beneficio”. Angus, quienquiera que fuese, era un beneficiario del testamento de alguien, y él aún no lo sabía. Angus de pronto se había vuelto rico.

¿Pero qué tal si Angus no veía ni respondía al aviso? Entonces su pobreza continuaba. Si Angus no reclamaba su derecho a su herencia, él no disfrutaría de sus riquezas.

¡No cometamos tal error! Si eres cristiano, entonces eres rico en Cristo; disfruta y comparte tus riquezas.


Este artículo sobre ¿Qué significa ser cristiano? fue adaptado de una porción del libro Solo en Cristo, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.


Páginas 125 a la 127

¿De qué trata el libro de Amós?

¿De qué trata el libro de Amós?

ANDREW M. KING

El libro de Amós trata del Dios soberano de la creación y del pacto que anuncia su juicio sobre el Israel desobediente. Sin embargo, también proclama la esperanza de un reino futuro para el pueblo de Dios. En cierto sentido, esto podría describir la mayoría de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Pero Amós no desperdicia la oportunidad y destaca estas características de varias maneras especiales.

El versículo inicial de Amós establece el contexto histórico dentro del cual se debe leer el libro. Amós 1:1 identifica al profeta Amós como un pastor de una ciudad en el Reino del Sur (cp. Am 7:13-14). A este profeta de Judea se le da un mensaje «acerca de Israel» (sobre el reino dividido, ver 1 R 12:1-20).

Los dos reyes mencionados en el título, Uzías rey de Judá y Jeroboam (II) rey de Israel, anclan el ministerio de Amós en el siglo VIII a. C. Aparte del versículo inicial, la única información biográfica adicional conocida sobre el profeta Amós se encuentra en Amós 7:10-15, donde niega ser un profeta profesional (es decir, no se ganaba la vida prediciendo el futuro). Antes de que Dios lo llamara como profeta, con toda probabilidad, Amós era un pastor y granjero pudiente (Am 7:14).

Los versículos iniciales de este libro hacen mucho más que brindar información general sobre la persona y la época de Amós. Estos versículos alertan a los lectores sobre la realidad fundamental de que todo lo que sigue es revelación divina («Palabras de Amós… de lo que vio» Am 1:1).

De manera principal, el libro de Amós se trata del Dios trino de nuestra Biblia de dos Testamentos

Si bien Amós fue el mensajero, el mensaje era algo que recibió de Dios, quien ruge desde Sión (Am 1:2). En otras palabras, esta profecía de la Escritura no fue producida por la voluntad de hombre, sino que Amós habló de parte de Dios siendo inspirado por el Espíritu Santo (2 P 1:21). De manera principal, el libro de Amós trata del Dios trino de nuestra Biblia de dos Testamentos.

Dios de la creación
Amós enfatiza dos aspectos de Dios que son esenciales para el libro. Primero, dice que Dios es creador. Tres declaraciones en forma de himnos a lo largo del libro iluminan esta caracterización (Am 4:13; 5:8-9; 9:5-6). Estos himnos en conjunto proclaman la majestad y la soberanía de Dios sobre toda la creación. Él es quien forma las montañas (Am 4:13) y ordena los ritmos del movimiento planetario y el ciclo hidrológico (Am 5:8). Los lugares más altos de la tierra están debajo de sus pies (Am 4:13). En resumen, todas las cosas fueron creadas por Él y para Él (cp. Ro 11:36; 1 Co 8:6; Col 1:16).

Esto da una perspectiva muy necesaria para los lectores. El libro de Amós está repleto de explotaciones groseras de poder (cp. Am 2:7; 4:1; 5:11; 8:4, 6). En un mundo donde los poderosos oprimen a los débiles y los débiles oprimen a los más débiles, es importante recordar dónde reside el verdadero poder. El Dios Soberano sobre toda la creación pone en perspectiva todo el albedrío humano. De manera significativa, en Amós, el Dios que ejerce todo el poder también demuestra bondad hacia los débiles.

Dios del pacto
Un segundo aspecto de Dios que es esencial para el mensaje de Amós es que Dios es el Dios del pacto. En Amós 3:1-2, Dios observa su singular relación de pacto con Israel. En lugar de que este estado de pacto asegurara una prosperidad inquebrantable, trajo consigo una mayor responsabilidad. De acuerdo con la ley, Israel debía vivir de una manera que anunciara la grandeza y la cercanía de Dios (cp. Dt 4:5-7), así como también ser un medio de bendición para el mundo (Éx 19:5-6).

Sin embargo, en lugar de representar a Dios, el pueblo de Dios se parecía más a sus vecinos malvados (Am 1:3–2:12). En el libro de Amós, se muestra que Dios es fiel al pacto al anunciar sus términos y juicios en lo que se refiere al trato de los pueblos entre sí de manera particular. Este último punto es significativo por la forma en que Amós presenta el tema teológico central en el libro.

En Amós, el Dios que ejerce todo el poder también demuestra bondad hacia los débiles

El pecado de idolatría está en el centro de la infidelidad de los israelitas en el Antiguo Testamento, en especial en los profetas (cp. Jr 1:16; Ez 8:10; Is 2:8; 42:8; Os 3:1; Mi 1:7; Zac 10:2). Sin embargo, en Amós rara vez se mencionan otros dioses (p. ej., Am 5:26; 8:14). Más bien, lo que está en juego es la dimensión horizontal de la vida de pacto del pueblo.

En lugar de cuidar a los pobres, los que tenían poder se enriquecieron a expensas de los indigentes (Am 2:6; 8:5-6). Esto estaba en marcado contraste con el carácter de Dios mostrado en el éxodo. Él cuidó del pueblo cuando estaba débil, venciendo a sus enemigos, estableciéndolos en la tierra y levantando líderes (Am 2:9-10). Considerando la bondad de Dios, el llamado al pueblo era hacer con los demás lo que Dios había hecho con ellos. De hecho, la historia tenía sus ojos puestos en Israel. Pero donde la justicia y la rectitud deberían haber corrido como agua (Am 5:24), la crueldad y la injusticia inundaron la tierra.

Sin embargo, la gente no era menos activa en la vida religiosa (Am 4:4-5). De hecho, afirmaron que Yahvé estaba con ellos (Am 5:14). Pero su trato mutuo dejó en claro que servían a otro dios por completo. Un dios que permite la piedad junto con la injusticia no es el Dios de la Biblia. Las Escrituras aclaran que nunca podemos separar lo que decimos creer de la forma en que vivimos (cp. Stg 2:18). La mala teología produce malos frutos y los malos frutos evidencian mala teología.

Para Israel, el juicio fue la única respuesta de un Dios fiel hacia su pueblo infiel al pacto. Esto vendría a través de un futuro exilio de la tierra (Am 3:11; 7:11, 17; cp. Lv 26:33). Dios anuncia que en este juicio «ha llegado el fin para Mi pueblo» (8:2).

Esperanza para las naciones
El tono predominante del libro de Amós es de juicio. De hecho, hay solo unos pocos atisbos de esperanza en el libro (Am 5:4-6, 14-15). Si bien los lectores pueden encontrar esto desconcertante, es un recordatorio importante de que el pecado, tanto vertical como horizontal, no es un asunto menor para el Dios de la creación y del pacto. Aunque el juicio es primordial, el final de Amós deja claro que hay esperanza más allá del juicio (Am 9:11-15).

Considerando la bondad de Dios, el llamado al pueblo era hacer con los demás lo que Dios había hecho con ellos

Después de un juicio de zarandeo (Am 9:9-10), Dios anuncia que «en aquel día levantaré el tabernáculo caído de David» (Am 9:11). Esta declaración puede indicar no solo que no está a la vista una entidad puramente política, sino que también puede desencadenar la anticipación de un nuevo éxodo (cp. Lv 23:42-43) en línea con el pacto davídico (2 S 7).

Uno de los propósitos de esta restauración «“es que tomen posesión del remanente de Edom y de todas las naciones donde se invoca Mi nombre”, declara el Señor, que hace esto» (Am 9:12). El hecho de que Edom y las naciones sean llamadas por el nombre de YHWH creo que indica que aquí están unidos al pueblo de Dios.

Este pasaje se cita en Hechos 15 como apoyo para la inclusión de los gentiles en la iglesia cristiana. De acuerdo con la promesa abrahámica, todas las naciones de la tierra son bendecidas por medio de Cristo, el verdadero Israel (Gn 12:3; Gá 3:8). Aunque solo en forma de semilla, el libro de Amós señala el propósito redentor de Dios visto en toda la Escritura. De principio a fin, el Dios trino de la creación y del pacto se muestra fiel en el juicio y la salvación por la fama de su nombre.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Andrew M. King (PhD, Seminario Teológico Bautista del Sur) sirve como profesor asistente de estudios bíblicos en el seminario Midwestern Baptist Theological Seminary y como decano asistente en Spurgeon College. Es autor de Social Identity and the Book of Amos (Identidad social y el libro de Amós), entre otros libros. Vive en la ciudad de Kansas con su esposa y cuatro hijos y es miembro de la iglesia Emmaus Church.

¿POR QUIÉN MURIÓ CRISTO?

John Frame

Muchos teólogos han prestado especial atención a esta pregunta: ¿por quién murió Cristo? Hay básicamente dos puntos de vista sobre el tema. Un punto de vista, llamado expiación ilimitada, afirma que Cristo murió por cada ser humano. El otro punto de vista, llamado expiación limitadaexpiación definitiva redención particular, afirma que Cristo murió solo por los elegidos, es decir, solo por aquellos que en el plan de Dios serán finalmente salvos. 

El punto de vista de la expiación ilimitada parece bastante obvio si consideramos varias Escrituras que dicen que Cristo murió por “el mundo” (Jn 1:293:166:512Co 5:191Jn 2:2), “por todos” (1Co 15:222Co 5:151Ti 2:6Heb 2:9) o aun, aparentemente, por las personas que finalmente lo rechazarán, como se encuentra en 2 Pedro 2:1, donde Pedro habla de algunos que están “negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina”. Esto suena muy parecido a decir que Jesús murió en la cruz para comprar —para redimir— a algunas personas que a pesar de todo se perderán al final. 

En Hebreos 10:29 leemos: “¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merecerá el que ha pisoteado bajo sus pies al Hijo de Dios, y ha tenido por inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado, y ha ultrajado al Espíritu de gracia?”. De nuevo, suena como si algunas personas fueran hechas santas por la sangre de Cristo y que, sin embargo, despreciaran y profanaran esa sangre, recibiendo así castigo eterno. 

Aunque este punto de vista suena obvio por los versículos que he citado, hay algunos problemas reales con él. Si la expiación es ilimitada, es universal, parecería que trae salvación a todo el mundo; porque la expiación es un sacrificio sustitutivo. La expiación de Jesús quita nuestros pecados, trayéndonos completo perdón. Por lo tanto, si la expiación es universal, garantiza la salvación de todos. Pero sabemos por las Escrituras, de hecho por los mismos textos en 2 Pedro 2:1 y en Hebreos 10:29 que acabo de citar, que no todos en el mundo son salvos. Algunas personas desprecian la sangre de Jesús. La pisotean.Y por eso reciben una destrucción repentina. 

Si crees en una expiación ilimitada, es porque tienes una visión muy débil de lo que es la expiación. Debe ser algo menos que un sacrificio sustitutivo que traiga completo perdón. ¿Cómo se definiría, entonces, la expiación? Algunos teólogos han sugerido que la expiación no salva a nadie, sino que quita la barrera del pecado original, por lo que ahora somos libres de elegir o rechazar a Cristo. Por tanto, en realidad, la expiación no salva, sino que solo hace posible la salvación para aquellos que deciden libremente venir a la fe. 

Al final, es nuestra libre decisión la que nos salva; la expiación solo prepara el camino para que podamos tomar una decisión libre. 

Sin embargo, el problema es que la Escritura nunca insinúa tal significado de la expiación. En las Escrituras, la expiación no solo hace posible la salvación. La expiación realmente salva. No es solo un preludio de nuestra libre decisión, sino que nos trae todos los beneficios del perdón de Dios y de la vida eterna. Aquellos que dicen que la expiación tiene un alcance ilimitado creen que tiene una eficacia limitada, un poder limitado para salvar. Los que creen que la expiación se limita a los elegidos, sin embargo, creen que ella tiene una eficacia ilimitada. Así que todos creen en algún tipo de limitación. O bien la expiación está limitada en su alcance, o bien está limitada en su eficacia. Creo que la Biblia enseña que es limitada en su extensión, pero ilimitada en su eficacia. 

Así que, principalmente porque creo que las Escrituras enseñan la eficacia de la expiación, sostengo la opinión de que la expiación es limitada en su extensión. No salva a todos, pero salva completamente a todos los que salva. El punto fundamental aquí no es el alcance limitado de la expiación, aunque esa es una enseñanza bíblica. El punto fundamental es la eficacia de la expiación. 

Veamos ahora el punto de vista de la redención particular, es decir, el hecho de que Cristo murió solo por los elegidos, por Su pueblo, por aquellos a quienes Dios eligió salvar desde antes de la fundación del mundo. Según esta perspectiva, la expiación no solo hace posible la salvación, sino que realmente salva. Muchos textos bíblicos indican que la expiación se limita al pueblo de Jesús. En Juan 10:1115 Jesús dice que da Su vida por Sus ovejas, pero en el contexto de Juan 10 no toda persona es una oveja de Jesús. 

Además, como hemos visto, muchos textos acerca de la expiación indican que esta salva totalmente. Romanos 8:32-39 dice: 

El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal como está escrito:  “Por causa Tuya somos puestos a muerte todo el día; Somos considerados como ovejas para el matadero”. 

Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. 

Como ves, Pablo afirma que Dios dio a Su Hijo por “todos nosotros”. La consecuencia es salvación en el sentido más completo, una salvación que nunca se puede perder y que jamás podrá ser quitada. Si Cristo murió por ti, nadie puede acusarte delante de Dios, ni siquiera Satanás. Si Cristo murió por ti, nada puede separarte del amor de Cristo. 

Claro está, existen pasajes que dicen que Cristo murió por “el mundo”. Algunos de estos pasajes enfatizan la dimensión cósmica de la obra de Jesús, como Juan 3:16. En Colosenses 1:20 Pablo dice que Jesús se propuso con Su expiación “por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo”, las que están en la tierra y las que están en los cielos, “habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz”. Otros pasajes usan la palabra “mundo” en un sentido ético, como cuando 1 Juan 2:15 dice: “No amen al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Eso puede haber estado en la mente de Juan el Bautista cuando dijo en Juan 1:29: “Ahí está el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. 

Y hay pasajes que dicen que Cristo murió por “todos”. Pero la extensión de la palabra “todo” es notablemente flexible. Marcos 1:5 dice que “toda” Judea y Jerusalén salieron a escuchar a Juan el Bautista. Claramente, no debemos tomar ese “todo” de manera literal. En algunos pasajes que usan la palabra “todos”, está claro que el escritor se refiere a “todos los cristianos” o “todos los elegidos”. 

Nota 1 Corintios 15:22: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. Tomado literalmente, esto significa que todos se salvarán. Pero aquí no quiere decir eso. Más bien, lo que significa es que todos los que mueren, mueren en Adán; y todos los que viven, viven en Cristo. 

Considera 2 Corintios 5:15: “Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos”. Aquí Pablo dice que Jesús murió por todos. Pero también dice que “todos” reciben nuevos corazones para que ya no vivan para sí mismos, sino para Cristo. Aun en este pasaje que usa la palabra “todos”, la expiación es eficaz: cuando Cristo muere por alguien, esa persona se salva totalmente. Recibe un nuevo corazón y una nueva vida. Claramente, no todas las personas en el mundo reciben esto; por lo tanto, no todas las personas en el mundo están incluidas bajo el término “todos”. 

En otros textos donde se usa la palabra “todos”, la referencia puede ser a lo que llamamos universalismo étnico, es decir, Jesús murió por personas de todas las naciones, lenguas, razas y tribus. Ese puede ser el significado en 1 Timoteo 2:6, que menciona las naciones en los dos primeros versículos del capítulo. Pero prefiero entender que ese versículo significa que la muerte de Cristo garantiza la oferta gratuita del evangelio a todo el mundo, porque Él es el único Salvador. Ahora bien, con universalismo étnico quiero decir que, cuando en 1 Juan 2:2, por ejemplo, el escritor dice que Jesús “es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero”, está diciendo que Jesús es el único Salvador. No hay otro en todo el mundo. Si alguien, en cualquier lugar —digamos, en Tailandia o Sri Lanka— está buscando propiciación delante de Dios, no la encontrará en otra parte que no sea en la sangre de Jesús. 

¿Cómo explicamos textos como Hebreos 10:29 y 2 Pedro 2:1, los cuales describen a personas que, en cierto sentido, niegan al Señor que las compró? Tomo estos textos como descripciones de los miembros de la iglesia visible que han confesado a Cristo en su bautismo. Estos han afirmado que Jesús murió por ellos. Sobre la base de esa profesión, han entrado en una relación de pacto solemne con Dios y con la iglesia, una relación hecha solemne por la sangre de Cristo. Pero ahora blasfeman la sangre de Cristo. Ellos nunca se unieron a Cristo de manera salvífica. Pero habiendo profesado a Cristo, están sujetos a las maldiciones del pacto porque fueron infractores de ese pacto. 

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Este artículo ¿Por quién murió Cristo? fue adaptado de una porción del libro La salvación es del Señorpublicado por Poiema Publicaciones

Páginas 170 a la 175

HABLAR CON NUESTROS HIJOS: EL OBJETIVO ES ENTENDERLOS

HABLAR CON NUESTROS HIJOS: EL OBJETIVO ES ENTENDERLOS
POR TEDD TRIPP

Los vendedores ambulantes se cansan de la comida de los restaurantes. Mi padre entendía esto y por eso muchas veces traía vendedores a cenar a casa.

Durante una de esas noches, no estábamos dispuestos a obedecer, pero mi padre nos recordó nuestro deber preguntando: “¿Qué dice Efesios 6:1?”. En nuestras mentes recitábamos: “Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo”, y procedíamos con nuestro deber.

El poderoso efecto que tuvo esta pregunta impresionó a nuestro invitado. De seguro se había dado con un método nuevo para hacer que los niños obedecieran. Al final de la velada, él no pudo contener su curiosidad. “A propósito”, finalmente preguntó: “¿Qué es Efesios 6:1? Me gustaría enseñárselo a mis hijos”.

Como muchos padres, el amigo de mi padre quería un método efectivo de tratar con sus hijos y pensó que este método de Efesios 6:1 funcionaría con ellos.

¿Qué dice la Biblia acerca de nuestro método de crianza? La Palabra de Dios no solo debe formar nuestros objetivos, sino también nuestros métodos. Los métodos y los objetivos deben ser complementarios. Seguramente quieres que tu hijo viva para la gloria de Dios y se dé cuenta de que la vida que vale la pena es la que se vive bajo el señorío de Jesucristo. Por tanto, tus métodos deben demostrar esa sumisión a ese mismo Señor. Podemos decir, entonces, que los métodos diseñados para producir niños bien amoldados y exitosos no van a funcionar, porque su meta no es simplemente el éxito y el buen comportamiento.

Una propuesta bíblica para la instrucción de los niños contiene dos elementos que tú entretejes: el primero es una comunicación plena y rica; el otro es la vara. En el libro de Proverbios encontramos estos métodos lado a lado:

No dejes de corregir al joven,

que no va a morirse si lo castigas con vara.

Al contrario, castígalo con vara

y lo librarás de caer en el sepulcro.

Hijo mío, si en tu corazón eres sabio, eso alegrará también mi corazón�

En mi interior sentiré gran alegría

cuando con tus labios digas lo que es justo.

No abrigues en ti envidia por los pecadores,

sino mantente siempre en el temor del Señor.

Lo cierto es que hay un futuro,

y tu esperanza no se verá frustrada.

Hijo mío, escúchame y adquiere sabiduría

Deja que tu corazón enderece el rumbo

Proverbios 23:13-19 RVC

Escucha a tu padre, que te engendró,

y no desprecies a tu madre cuando sea anciana.

Proverbios 23:22

Dame, hijo mío, tu corazón

y no pierdas de vista mis caminos.

Proverbios 23:26

Salomón hace una mezcla entre la comunicación plena y la vara, porque estos elementos son esenciales para la crianza bíblica. Juntos forman un método para la disciplina, la corrección y la formación de los niños que es agradable a Dios, adecuado, coherente y unificado. Por un lado, Dios ha dado autoridad a los padres al llamarlos a actuar como Sus agentes en la crianza, y el uso de la vara preserva esa autoridad bíblica. Por el otro, el énfasis en la comunión evita la disciplina fría y tiránica y provee un contexto para una comunicación honesta, en el que el niño es conocido y aprende a conocerse a sí mismo.

Esta combinación es algo muy sensible, siempre y cuando esté alejada de un sentimentalismo “patético”. La vara y la comunicación siempre deben estar entretejidas en el verdadero pastoreo de los niños.

Este es un extracto de una conversación que recientemente tuve con un padre, que sirve de ilustración:

“Háblame de la comunicación que tienes con tu hijo”, inquirí.

“Oh, más o menos buena”, respondió. “Anoche me pidió que le diera una bicicleta y le dije que se comiera sus frijoles”.

El comentario trajo una sonrisa a mi cara, pero al reflexionar, me di cuenta de que probablemente era una descripción real de la comunicación entre la mayoría de los padres y sus hijos. Los padres y madres les dicen a los niños lo que deben hacer mientras que los niños les dicen a los padres sus deseos y sueños.

Hablar con tus hijos

Cómo pastorear el corazón de tu hijo

Tedd Tripp

Un libro que rompe los esquemas de crianza y nos dirige a la raíz del problema: el corazón. Redefine bíblicamente nuestra tarea como padres y los medios para lograrlo. Traducido a más de 25 idiomas, con más de un millón de copias vendidas, es un libro valioso y práctico para todos los padres.

La comunicación es diálogo, no monólogo

A menudo pensamos que la comunicación es la habilidad de expresarnos a nosotros mismos y por esto, acabamos hablándoles a nuestros hijos. Sin embargo, tú debes procurar hablar con tus hijos porque la comunicación no es un monólogo, sino un diálogo.

No es solamente la habilidad de hablar, sino también la habilidad de escuchar. Proverbios 18:2 habla de este asunto con agudeza: “Al necio no le complace el discernimiento; tan solo hace alarde de su propia opinión”. Proverbios 18:13 nos recuerda que “es necio y vergonzoso responder antes de escuchar”.

La excelencia del arte de la comunicación no consiste en aprender cómo expresar los pensamientos propios, sino en aprender a entender los pensamientos de otro. Por ende, el objetivo de tu conversación debe ser comprender a tu hijo, no simplemente hacer que él te entienda. Muchos padres nunca aprenden esta habilidad, y por eso nunca descubren cómo ayudar a sus hijos a articular sus pensamientos y sentimientos.

Hay cierta ironía en todo esto. Cuando los niños son pequeños, no los incluimos en nuestras conversaciones importantes, y cuando tratan de acercarse a nosotros, respondemos con un desinteresado: “¡Sí, sí, ajá!”. Eventualmente, ellos aprenden el juego, pues se dan cuenta de que no estamos tan interesados en lo que les sucede. Aprenden que el significado para nosotros de lo que es una “buena conversación” es un “buen escuchar” de parte de ellos. El problema es cuando los niños llegan a la adolescencia, las posiciones cambian: los padres desean poder involucrarse con ellos, pero hace tiempo que ellos se han cansado de tratar de hacerlo y han abandonado todo intento.

Crystal es un buen ejemplo. Sus padres la trajeron a consejería porque se había retraído mucho. Ellos sabían que tenía problemas, pero ella no les hablaba. Su madre le gritaba y la comunicación se había limitado a períodos de actividad volcánica. Cuando la madre echaba lava, Crystal buscaba refugio. Por otro lado, su padre era una persona retraída y distanciada y raramente se relacionaba con alguien. Ahora, Crystal, a los 14 años, está explotando en su interior, pero nunca ha experimentado el beneficio de tener la participación comprensiva de los padres. Con consejería bíblica está aprendiendo a hablar con sus padres y ellos están aprendiendo a facilitar la comunicación y escuchar lo que dice.

LO QUE CADA MADRE NECESITA SABER

LO QUE CADA MADRE NECESITA SABER
POR GLORIA FURMAN


Cada madre necesita saber en lo más profundo de su ser que Jesucristo es Aquel a quien todos los profetas estaban apuntando. Jesús es el Rey davídico que había sido profetizado y que reina sobre las naciones. Jesús ha vencido a Sus enemigos, y a través de Su Espíritu está estableciendo Su iglesia—ese magnífico “templo” multiétnico en la tierra. Dios ha establecido Su morada entre hombres y mujeres a través de Su Espíritu. Jesús es el verdadero Hijo—haciendo lo que ni Adán, ni Israel, ni David pudieron hacer—que vive fielmente de cada palabra que sale de la boca de Dios. De entre todas las naciones de la tierra, Jesús está llamando a un pueblo para Sí mismo, para que sean “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios” (1P 2:9). Jesús está sacando a personas de Adán y colocándolas en Sí mismo. Jesús está reemplazando corazones de piedra con corazones de carne. Con cada día que pasa, el día del Señor se va acercando, y esa no es una esperanza vana. La maternidad es un ministerio estratégico en las manos del Hijo del Hombre que fue profetizado.

Tenemos un rol sacerdotal en el que le presentamos nuestras súplicas a Dios por medio de Cristo, súplicas por Sus ovejas elegidas que están esparcidas entre las naciones. “¡Señor, escúchanos! ¡Señor, perdónanos! ¡Señor, atiéndenos y actúa! Dios mío, haz honor a Tu nombre y no tardes más; ¡Tu nombre se invoca sobre Tu ciudad y sobre Tu pueblo!” (Daniel 9:19).

Tenemos el rol real de difundir la luz del evangelio por todo el reino tenebroso de Satanás, animándonos unas a otras y edificándonos unas a otras (1Ts 5:1-11). Y tenemos un rol profético, a medida que escuchamos y obedecemos al único y verdadero Dios que se ha revelado en Su Palabra, y hablamos con la verdad acerca de Él y de Su actividad en el mundo. Como madres con una misión, para nosotras es de particular importancia el escuchar y obedecer lo que Dios ha revelado como Sus propósitos para nosotras como mujeres.

Nuestras amigas, subculturas y gobiernos tienen sus propias ideas acerca de la imagen que debemos mostrar y cómo hacerlo, pero ¿cuadran esas imágenes con lo que el Creador ha dicho en Su Palabra? ¿Es coherente con la forma en que Jesucristo está moldeando a las mujeres para que sean madres con una misión que hacen discípulos en todas las naciones?

Nuestro rol profético en el mundo deriva del hecho de que hemos sido creadas a la imagen de Dios y recreadas a la imagen de Cristo. Desde las amas de casa en Santa Clara hasta las abuelas en Nepal, todas las culturas del mundo tienen sus propias ideas de la imagen que las mujeres deben representar. (Y ni hablar de cómo esas ideas cambian con el tiempo.) Dependiendo de la imagen que cada cultura tenga, a las mujeres se le asignan “trabajos de mujer”. El razonamiento es el siguiente: las mujeres hacen lo que hacen porque eso es lo que son. Tal razonamiento puede ser correcto, pero si la imagen es incorrecta, entonces también lo será el rol. Basta pensar en la pornografía o el voyerismo farandulero como ejemplos de esto. ¿Cuál es la imagen percibida de las mujeres dentro de esos esquemas? ¿Cuál, entonces, sería el rol que desempeña la mujer al mostrar esa imagen? Piensa en las imágenes de las madres en tu propia cultura. ¿A quién o qué se supone que deben de encarnar? ¿Cuáles son las funciones que estas madres deben desempeñar?

En medio de todo este mar de ideas, la Biblia afirma la verdad inmutable de que las mujeres están hechas a la imagen de Dios. Las mujeres hacen lo que hacen porque Dios las hizo de esa manera. Reflejamos la imagen del Creador, porque eso es lo que somos: generadoras de la imagen de Dios. La imago Dei implica necesariamente capacidades y habilidades dadas por Dios, pero también implica que nuestras actividades son igualmente ordenadas por Dios.

Las mujeres muestran la imagen de su Creador a través del ejercicio de la función y el llamado de Dios para ellas (o, en otras palabras, su vocación). Podríamos decir que los términos vocación y misión son sinónimos. Nuestro Padre ha diseñado una función para nosotras y nos ha llamado a ejercerla mediante el cumplimiento de la misión que Él nos dio. Trabajando, dirigiendo, hablando, sirviendo, cuidando, liderando, enseñando y construyendo—todas estas capacidades y más son dones de Dios como provisión para la misión que Él nos dio de hacer discípulos en todas las naciones.

Ahora mismo, en todo el mundo, las mujeres están naciendo de nuevo y siendo transformadas a la imagen de Cristo al contemplar la gloria suprema y permanente de Su ministerio (2Co 3:16-18). Este nuevo nacimiento es una palabra profética al mundo que nos ve. A través del evangelio de Dios, las mujeres están siendo conformadas a la imagen de Su Hijo. Jesús está renovando a las madres misionales, no a la imagen de Eva antes de que cayera, sino a algo más glorioso: a Su propia imagen. Las mujeres que están en Cristo hacen lo que hacen porque para eso es que Cristo las está recreando.

Las madres con una misión están experimentando el poder transformador de Jesús a medida que Él va dándoles nuevas habilidades para trabajar, dirigir, hablar, servir, cuidar, liderar, enseñar y construir según Su patrón cruciforme, fortalecidas por Su Espíritu, y para que Su gloria sea conocida en el mundo. No se trata de ser súper mamás; se trata de ser madres con una misión. Me encanta como lo dijo Susan Hunt en su libro Spiritual Mothering [Maternidad espiritual]:

A medida que el deseo creciente de una mujer de imitar a Dios produce obediencia a Su Palabra, ella va desarrollando características maternales. Nuestra femineidad nos capacita para la maternidad; nuestra fe produce ciertas características de esa maternidad. Algunas de las características que vemos en las Escrituras son la fuerza, la excelencia, la ternura, la generosidad, el deseo de nutrir y cuidar, el consuelo, la compasión, el afecto, la protección y el sacrificio.

El Verbo hecho carne es Cristo mismo, y cuando Su Palabra mora en abundancia en Sus nuevas creaciones, entonces el mundo puede ver cómo Su Palabra profética está obrando hoy.


Este artículo Lo que cada madre necesita saber fue adaptado de una porción del libro Madres con una misión publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿QUÉ ES LA FE? (Y QUÉ NO ES)

POR ALISTAIR BEGG

“¿Eres una persona de fe?”. La manera en que respondes a esta pregunta dependerá de lo que consideras como fe. Dadas todas las ideas equivocadas y las malas aplicaciones de la palabra fe en nuestra cultura, no es de sorprender que puedas titubear antes de contestar.

Sin embargo, los asuntos de la fe (su significado, su objeto, su contenido y su importancia) son demasiado significativos como para pasarlos por alto. La fe es un asunto urgente que debemos abordar de inmediato, porque “sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb 11:6). Por tanto, al considerar qué es la fe, continúa haciéndote esta pregunta: “¿Soy una persona de fe?”.

QUÉ NO ES LA FE
La gente habla de la fe de todo tipo de maneras. En un esfuerzo por animar a alguien que está pasando por tiempos difíciles, es posible escuchar a alguien decir: “¡Solo ten fe!”. O, quizá, has escuchado a otros hablar de cómo tienen fe en que un candidato político o un descubrimiento científico finalmente producirá el cambio que nuestra sociedad necesita.

Dado que existen demasiadas maneras para hablar de la fe, debemos dejar claro qué no es la fe verdadera y bíblica. Al describir lo que no es la fe, nos acercaremos a saber lo que sí es. También descubriremos que algunas de las cosas que consideramos como fe no lo son en realidad.

Existen tres ideas equivocadas comunes sobre la fe bíblica que tenemos que refutar.

LA FE NO ES UNA IMPRESIÓN RELIGIOSA
Muchos hombres y mujeres dicen ser personas de fe y, sin embargo, cuando les preguntas por qué, te dicen: “Bueno, simplemente tengo una fuerte impresión en mi interior de que soy cristiano”. Con este estándar, alguien podría negar la deidad de Jesucristo, repudiar Su muerte propiciatoria, rechazar Su resurrección corporal y, aun así, ser considerado cristiano por tener una fuerte impresión de que es así.

No obstante, la Escritura nos enseña que la fe no es una impresión religiosa subjetiva, separada de la verdad objetiva que Dios ha dado a conocer. No es una experiencia vaga o interna que tiene origen en uno mismo.

¿Podemos llamar a alguien cristiano simplemente con base en lo que sucede en su interior? ¿Ser cristiano es cualquier cosa que queramos que signifique y depende de la fuerza de una convicción subjetiva? ¡Para nada! ¿Por qué no? ¡Porque la Biblia lo dice! En repetidas ocasiones, nos recuerda del peligro de ser engañados por nuestros sentimientos. En Proverbios, Salomón escribe: “El que confía en su propio corazón es un necio, pero el que anda con sabiduría será librado” (28:26). En otra parte, el profeta Jeremías lleva esta verdad un paso más allá y declara: “Más engañoso que todo es el corazón” (17:9).

Esto no significa que la fe nunca mueva ni estimule nuestro corazón. ¡Debería hacerlo! El evangelio es una noticia emocionante. Sin embargo, la fe verdadera no es solo eso. La fuerte impresión que produce nunca está separada de la verdad objetiva que ha sido claramente manifestada a nosotros en las páginas de la Escritura. Sea lo que sea, esta no es fe bíblica.

LA FE ES ACEPTAR ALGO SIN EVIDENCIA
Otra perspectiva prevalente es que la fe cristiana requiere que nos quitemos el cerebro y que lo coloquemos debajo del asiento; es decir, que dejemos de pensar. Detrás de esta opinión está la suposición de que, si examinaras la evidencia a favor del cristianismo, descubrirías que es muy débil; por tanto, la única manera de ser cristiano es lanzarte a ciegas hacia un pozo oscuro. Entonces, la fe se vuelve un salto al vacío, una convicción de que, si tan solo creo y me emociono lo suficiente, algo que no es verdad puede volverse verdad.

No obstante, de nuevo la Escritura nos ayuda a ver la verdad con mayor claridad. El apóstol Juan escribió que su testimonio era “lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado y lo que han tocado nuestras manos […] acerca del Verbo de vida” (1Jn 1:1). Después, en 1 Corintios 15, el apóstol Pablo describió los cientos de personas que, como Juan, fueron testigos de lo que Jesús hizo al resucitar de entre los muertos (vv. 5-8). Y la fe descansa en la evidencia, no solo de nuestros ojos, sino también de lo que las Escrituras han testificado durante tanto tiempo. El libro de los Hechos, por ejemplo, alaba a los habitantes de Berea por no creer simplemente en lo que Pablo decía, sino por también compararlo con las Escrituras (Hch 17:10-12).

Por tanto, la fe bíblica no pide que nadie deje su cerebro en la puerta. No se trata de: “¡Cree, o ya verás!”, sino de: “Cree, por esta razón…”.

LA FE NO ES UNA ACTITUD MENTAL POSITIVA
En El poder del pensamiento positivo, Norman Vincent Peale ofrece el siguiente consejo sobre cómo la gente debe comenzar su día: “Lo primero que debes hacer, cada mañana, antes de levantarte, es decir tres veces en voz alta: ‘Creo’”.[1] Él no dice en qué o en quién debes creer, porque, según su perspectiva, eso no importa. Lo importante es que simplemente creas. De hecho, creer en algo, en especial en algo fuera de ti mismo, es superfluo.

De nuevo, la Palabra de Dios nos ilustra algo muy diferente. ¡En la fe del Nuevo Testamento, lo que creemos es crucial! Es el objeto de nuestra fe lo que le da a la fe misma cualquier tipo de significado. La fe bíblica no es una actitud mental positiva que busca hacer realidad las cosas en las que uno cree. Es bueno pensar de manera positiva. Inclusive, es bueno desear que la gente alrededor sea positiva y no negativa. Sin embargo, el pensamiento positivo en sí mismo no es fe bíblica.

El autor de Hebreos escribe: “Sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que recompensa a los que lo buscan” (11:6). La fe verdadera es confiable porque su objeto es Dios, quien es completamente confiable.

QUÉ SÍ ES LA FE
Si la fe no es una fuerte impresión, ni pensamiento ilusorio ni una actitud mental positiva, entonces ¿qué es? El autor de Hebreos nos brinda una respuesta precisa y clara: “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (11:1). En otras palabras, la fe (la verdadera fe bíblica) produce una certeza sobre las cosas que no se ven en las que nosotros, como seguidores de Cristo, esperamos. Sin embargo, eso no es todo. El apóstol Pablo nos ofrece un recordatorio útil: “Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios” (Ef 2:8, énfasis añadido).

Creyente, ¿alguna vez te has preguntado por qué crees lo que crees? Cuando te arrodillas y oras a solas en tu habitación, ¿cómo puedes confiar que Dios escucha todas tus oraciones? ¿De dónde viene esta certeza? Solo viene como resultado de que Dios abre tus ojos con Su gracia a la verdad de quién es Él. Esta fe crea convicción. Esta fe es un don de Dios, un don que Él quiere que recibamos y que disfrutemos.

¿QUÉ IMPLICA LA FE?
La fe bíblica implica tres características clave:

CONOCIMIENTO
La fe depende de lo que puede ser conocido de Dios. De hecho, el Nuevo Testamento dice que esta fe implica que lleguemos a conocer a Dios mismo. En Juan 17:3, Jesús dice: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.

¿Cómo puedes conocer a Dios? ¡En la persona de Su Hijo, el Señor Jesucristo! Hablando de Jesús, Juan 1:18 dice: “Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer”. Por eso es tan importante considerar las afirmaciones que hizo Jesús sobre Sí mismo: al conocerlo a Él, conocemos a Dios. Y es este conocimiento de Dios lo que constituye el fundamento de nuestra fe.

ASENTIMIENTO
A medida que leemos la Biblia y consideramos las afirmaciones de Jesucristo sobre Sí mismo, descubrimos en Cristo a alguien que mueve a otros a creer, a menudo, incluso en contra de su voluntad. Podríamos decirnos a nosotros mismos: “No quiero creer en Jesús. No quiero que otro tome control de mi vida. No quiero que nadie esté por encima de mí”. Sin embargo, cuando abrimos nuestra vida delante de Cristo, cuando lo vemos en la cruz y cuando entendemos que Él llevó todo nuestro pecado y rebelión, Él nos mueve a creer. Cuando vemos a Cristo de esta manera, el conocimiento vendrá seguido por asentimiento.

CONFIANZA
Por último, la fe genuina implica confianza. El conocimiento y el asentimiento por sí mismos no constituyen una fe genuina. Santiago 2:10 dice que incluso “los demonios creen, y tiemblan”. Los demonios no son ateos. Es más, tienen una perspectiva ortodoxa de Dios. Por tanto, si la fe significara simplemente entender a Dios de manera correcta, deberíamos concluir por lógica que los demonios tienen fe salvadora. Sin embargo, sabemos que este no es el caso.

Una simple conciencia de los hechos no es fe. Debe haber un movimiento del conocimiento al asentimiento que culmine en confianza.

Un llamado a confiar en Cristo (de manera activa, no pasiva) está incluido en todas Sus invitaciones. En Mateo 11, por ejemplo, Él dice: “Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas” (vv. 28-29). Observa los verbos: “vengan”, “tomen”, “aprendan”, “hallarán descanso”. Todas estas son palabras activas. Implican hacer algo. Como ves, la fe no es una resignación pasiva. La fe del Nuevo Testamento comienza en conocimiento, avanza hacia el asentimiento y termina en confianza sobre la base del conocimiento que ha sido asentido.

UNA ILUSTRACIÓN DE LA FE
Una ilustración bíblica útil de la fe es el matrimonio. Como la fe, el matrimonio implica diversas etapas. Primero, debes conocer a la persona: sales a cenar con ella, caminan en el parque, la escuchas hablar y la observas con su familia y amigos. A medida que obtienes conocimiento, comienzas a preguntarte: “¿Podría pasar mi vida con esta persona? ¿Estoy dispuesto a comprometerme con ella?”. Entonces, una vez que has respondido de manera satisfactoria estas preguntas, comienzas a decirte a ti mismo: “Con base en el conocimiento que he obtenido, estoy preparado para hacer un compromiso. Quiero avanzar del mero conocimiento y asentir a confiar. Quiero darme del todo a esta persona. Quiero conocerla en el nivel más profundo posible”.

Esta es la experiencia de todo aquel que coloca su fe en Jesús. ¿Es esta tu experiencia? ¿Eres una persona de fe?

[1] Norman Vincent Peale, The Power of Positive Thinking [El poder del pensamiento positivo] (Hoboken, NJ: Prentice-Hall, 1952; reimp., Nueva York: Fireside, 2003), 93.


Alistair Begg es el pastor principal de la Iglesia Parkside en Cleveland, Ohio. Lleva en el ministerio pastoral más de 40 años. Él y su esposa, Susan, tienen tres hijos. Su ministerio, Truth for Life trabaja con Poiema para publicar sus artículos y libros en español.