5/9 – Vístete de Mansedumbre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

5/9 – Vístete de Mansedumbre

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Annamarie Sauter: Cuando tienes un espíritu manso, se revela de maneras prácticas. Aquí Nancy Leigh DeMoss con un ejemplo.

Nancy Leigh DeMoss: El correo electrónico puede ser un lugar en el que realmente mostramos falta de mansedumbre. Necesitamos aprender a esperar, detenernos y pensar, antes de presionar el botón de enviar. Necesitamos preguntarnos ¿Es esto realmente lo que Dios quiere que yo diga?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Te resulta difícil estar tranquila, poder pausar, rehusar defenderte cuando alguien está enojado contigo? Estas son características de la mansedumbre que Dios puede desarrollar en tu vida. Acompañaremos a Nancy en esta serie, La hermosura de la mansedumbre.

Nancy: Después de nuestro último día de grabación, una pareja de amigos y yo estábamos cenando juntos esa noche. Una de las mujeres que había estado en la grabación se volteó hacia mí y me dijo, “Estas sesiones sobre la mansedumbre me trajeron mucha convicción”.

Mientras la miraba le pregunté con toda sinceridad, “¿Cuáles puntos en particular tú encontraste que especialmente te dieron convicción de pecado?”

Ella me miró y me dijo, “¡cada palabra que salió de tu boca!”

Ella lucía una mujer muy mansa. Pero Dios le estaba mostrando en su corazón que sus respuestas iniciales no son mansas.

Ella me dio la siguiente sugerencia, “quizás ayudaría que tú le dejes saber a las mujeres, cuando hables de nuevo sobre este tema que la mansedumbre no es algo que se produce de la noche a la mañana en tu corazón, que es un proceso de santificación. Dios nos toma donde nosotras nos encontramos y por el poder de Su Espíritu, nos conforma, nos moldea y nos da forma”.

Así que aquí estoy yo para decirte que hay un proceso involucrado, y yo ciertamente sé esto por experiencia propia en mi propia vida, yo estoy muy agradecida de que esta amiga me lo recordara.

A través de esta serie, he estado refiriéndome en múltiples ocasiones a un libro, que yo espero que puedas conseguir, La búsqueda de la mansedumbre y la quietud del Espíritu, escrito por Matthew Henry, disponible está solo en inglés. Fue escrito hace más de 300 años.

No es un libro largo pero no puedes leerlo rápido. Las citas que he resaltado siguen trabajando en mi vida con el paso del tiempo.

En la última sesión nosotras hablamos acerca de cómo Matthew Henry dice que la mansedumbre nos permite gobernar y controlar nuestro enojo cuando hemos sido provocadas, cuando otros hacen cosas que nos irritan y nos molestan.

Años atrás yo escuché una ilustración acerca de George Whitefield, quien fue uno de los evangelistas británicos grandemente usado por Dios durante el avivamiento del siglo XVIII. En un momento de su ministerio, Whitefield recibió una carta cruel, donde era acusado de mala conducta.

George Whitefield respondió mostrando un espíritu de mansedumbre. Él dijo,

Le doy las gracias de todo corazón por su carta. [Esta es su respuesta por escrito.] En cuanto a lo que usted y mis otros enemigos están diciendo contra mí, yo conozco peores cosas acerca de mí mismo que lo que ustedes jamás podrían decir.

Con amor en Cristo, George Whitefield. 

Yo pensé, eso es un espíritu de mansedumbre. Él no trató de defenderse. No tomó represalias. Él dijo, “Mira, si tú supieras lo que yo verdaderamente soy, hubieras hecho una lista aún más larga”. Eso es un espíritu manso. Así que la mansedumbre nos permite gobernar y controlar nuestro enojo cuando somos provocadas.

Pero la mansedumbre, de acuerdo a Matthew Henry, también nos permite soportar pacientemente la ira de los demás hacia nosotros. Es en esto en lo que me quiero enfocarme en el día de hoy—cuando otros están enojados contra nosotras, ¿cómo debemos responder?

Matthew Henry sugiere que hay dos respuestas bíblicas. La primera es, algunas veces la respuesta correcta, la mansa respuesta, que es no decir nada. Algunas veces dice George Whitfield la mansedumbre requiere de nosotros, quedarnos en silencio. Proverbios capítulo 26 versículo 4 nos dice “No respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él”.

Tú, al igual que yo, seguro puedes pensar en momentos, o en relaciones—quizás en tu matrimonio o con tus hijos o con tus compañeros de trabajo, con un amigo—donde alguien dice algo. Están molestos contigo; te lo dicen. Tu respuesta natural es a igualar su tono, ¿no es así? Responder acaloradamente.

Recuerda que nosotros dijimos que la mansedumbre no es botar humo, calentarte. Algunas veces la mejor manera de manejar esto es no decir nada.

No hay mayor ilustración de mansedumbre, que la respuesta que vemos en Jesucristo mismo, quedarte callada, en silencio, bajo los ataques de los demás. ¿Recuerdas lo que dice el pasaje en Isaías 53? Dice que:

Él fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió Él su boca. (v.7)

Hay momentos cuando la mansedumbre nos dirige a mantenernos calladas, a no decir nada. Ahora, vamos a estar viendo en el resto de esta serie que hay momentos cuando la mansedumbre nos guía a decir algo.

Hay momentos cuando el camino de la mansedumbre nos lleva simplemente a callar, a no decir nada, a estar en silencio, a estar quieta, a dejar que sea Dios que venga en nuestra defensa y a no defendernos a nosotras mismas.

Permíteme leerte algunas citas del libro de Matthew Henry. En lo relativo a este asunto de quedarnos en silencio cuando otros están enojados con nosotras. Él dice,

Es mejor no decir nada que decir algo que provoque. Cuando nuestros corazones están acalorados dentro de nosotras, es mejor mantenernos en silencio y abrazar la paz. Aquellos que se sienten agraviados piensan que ellos tienen permiso de hablar, pero es mejor estar en silencio que hablar mal y obrar mal y luego tener que arrepentirnos.

En otras palabras, mejor es no decir nada que decir algo que luego vas a tener que recoger y pedir perdón a Dios y a la otra persona a la que le hablaste.

Él dice,

Nosotros, muchas veces, hemos sido lo peor por nuestro hablar, pocas veces por nuestro silencio.

En otra cita, él dice,

Las cosas pueden ser mejor dichas cuando la pasión ha cedido.

En otras palabras, si tú vas a hablar, no hables mientras estés enojada. A propósito, esto se relaciona con la disciplina de tus hijos, ahora, tú debes decir algo en el momento porque la situación así lo requiere. Pero si es posible, mejor espera, espera hablar cuando puedas manejar el enojo interno, porque la Escritura dice, en Proverbios capítulo 22 versículo 8 “, y la vara de su furor perecerá”.

Luego aquí una cita que es tan poderosa. Él dice,

Es mejor ceder ante nuestro hermano en silencio, quien es, o será o pudiera ser, nuestro amigo, en lugar de ceder al diablo a trav é s de hablar con ira, quien ha sido, y es, y siempre ser á , nuestro enemigo ac é rrimo.  

Así que algunas veces la respuesta correcta y mansa ante la ira de los demás es no decir nada.

Luego, en otras ocasiones, la respuesta correcta es hablar. La mansedumbre nos dirige a dar una respuesta suave—algunas veces a no decir nada —pero cuando sí hablamos, debemos dar una respuesta suave y mansa.

Como he dicho, varias veces en las semanas pasadas mientras he estado trabajando en esta serie, me he encontrado a mí misma siendo provocada. Yo no sé si yo lo estoy notando más o si realmente me está pasando más, porque quizás Dios está creando justamente las circunstancias para mí para poder practicar lo que estoy enseñando aquí.

Pero un día en particular mientras estaba trabajando en esta serie, recibí un correo electrónico de una amiga que estaba molesta, ella estaba enojada. Se podía percibir el tono del correo, ¿sabes? Los correos pueden transmitir un tono, y el tono era acusatorio. Realmente, a mi manera de verlo, era un ataque injusto. Era como, ¿De dónde vino esto?, me encontró fuera de guardia.

Pero yo estaba estudiando este tema y pude medir y sopesar mi respuesta. Ahora, mi impulso natural—como quizás el tuyo en una

situación como ésta, sería si eres honesta—mi impulso natural fue responderle el correo. Y cuán rápido y fácil es hacer eso -muy fácil –solo pulsar la tecla de enviar.

El correo electrónico puede ser un lugar donde nosotras realmente demostramos nuestra falta de mansedumbre. Es necesario esperar antes de presionar la tecla de enviar y detenernos a pensar, ¿es esto realmente lo que Dios quiere que yo diga?

Mi impulso natural fue defenderme, devolver el ataque y mostrarle a ella sus deficiencias. Pero la respuesta mansa me llamaba a esperar. No respondas inmediatamente, deja que se enfríe. Déjame enfriarme, deja que las cosas se calmen, y asegurarme de no responder con ira. Me di cuenta de que cuando finalmente respondí—y en este caso esperé varios días . . .

Dadas las circunstancias, eso era lo correcto. Yo necesitaba esperar, dejar que las cosas se calmaran. Y cuando respondí, tuve que asegurarme que no le estaba respondiendo de la misma manera, sino que le respondía suavemente.

Matthew Henry usa un par de ilustraciones que muestran lo que pasa cuando tú respondes con palabras suaves al enojo. Él dice que cuando nosotros respondemos con una respuesta suave, es como derramar agua sobre la situación. «Mientras que el mal humor y la provocación solo sería como echar aceite sobre la llama”.

Si tú hablas precipitadamente o de manera airada… Solo haces que las cosas . . . es como echar líquido para encender sobre carbones calientes, hace que se enciendan rápidamente. En vez de esto, es mejor derramar agua sobre estos… Amortigua el calor, y amortigua la llama.

Luego el usa esta otra imagen. Él dice, “cuando la ola del mar choca contra una roca, golpea y produce sonido”. Tú puedes escucharlas chocando contra esas rocas y produciendo este sonido fuerte y alto. “Pero la arena suave recibe esas mismas olas quietamente, y las retorna sin dañarlas”.

Tú puedes ver esas olas viniendo hacia la orilla, pero sobre una arena suave, y no hay nada contra las que ellas golpeen. Así que las olas solamente se devuelven. Es una imagen de lo que sucede cuando nosotras respondemos con mansedumbre a las personas enojadas.

Eclesiastés capítulo 10 versículo 4 dice, “Si la ira del gobernante se levanta contra ti, no abandones tu puesto, porque la serenidad suaviza grandes ofensas”.

Proverbios capítulo 25 versículo 15 , “Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
y la lengua suave quebranta los huesos”. Suavidad, bondad, paciencia.

Desde luego, nos hemos referido a Santiago capítulo 1 los versículos 19-20: “Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira; 20 pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios”.

Ahora, en el libro de Matthew Henry del que hemos venido hablando, él habla acerca de la evidencia de la falta de mansedumbre y cómo ésta se manifiesta en las relaciones diarias. Solo voy a mencionar tres de ellas, y mientras, dejemos que Dios escudriñe nuestros corazones y nos muestre—“¿tengo yo un espíritu manso?”—he aquí algunas cosas que nos ayudarán a ver esto.

Primeramente, en lo relativo a aquellos que están por debajo de nosotros—esto es, nosotros como padres o maestros o empleados tenemos personas que están reportándose a nosotros o personas que estamos dirigiendo, personas que están bajo nuestra autoridad—Si no somos mansas, tendremos la tendencia a corregirlos rápidamente y seremos muy rápidas para encontrar sus faltas.

Nosotras somos más conscientes de las deficiencias de los demás que de las evidencias de gracia en sus vidas. Entonces lo que sucede es que las personas que están por debajo de nosotras piensan que nunca pueden complacernos. De seguro algunos de tus hijos se siente así.

Si no somos mansas, vamos a ser rápidas para corregir y rápidas para encontrar faltas en aquellos que están por debajo de nosotras. Matthew Henry dice,

Cada pequeño fracaso no necesita ser censurado [o señalado o corregido]. En vez de esto debe ser pasado por alto, y si la falta debe ser reprobada y corregida, pudiera ser hecho sin enojo. No necesita ruido y algarabía. Mientras estás gobernando a otros, aprende a gobernarte a ti mismo. 

Esta es una buena palabra para padres, maestros, líderes.

Y luego la falta de mansedumbre se muestra a sí misma cuando nosotros nos molestamos con otros que están por encima de nosotros, y comenzamos a desahogarnos contra esas autoridades, contra nuestros líderes. Esto fue lo que hicieron Miriam y Aarón contra Moisés. Ellos estaban molestos y se desahogaron. Ellos expresaron rápidamente su hostilidad, su desacuerdo con Moisés.

Matthew Henry dice aquí,

Si todo no está como ellos pensaban [si todo no está como nosotras pensamos que debe estar], se irritan, y se molestan y sus corazones se acaloran, encuentran falta en todo lo que les dicen o les hacen.

Un espíritu en quietud nos reconciliará con la posición en la cual estamos y en todas las dificultades que podamos enfrentar, lo cual repercutirá para bien en nuestro estado actual, aunque nos encontremos con muchos inconvenientes.

Es la falta de mansedumbre que hace que los que han sido colocados por la Providencia divina bajo el yugo se impacienten debajo del yugo.

Así que cuando nosotras nos encontremos en circunstancias donde estamos bajo autoridad, la falta de mansedumbre nos va a hacer rápidas en desahogarnos, rápidas en enojarnos, en vez de recibir la circunstancia y la situación.

Y luego generalmente la falta de mansedumbre nos hará contenciosas con nuestros iguales. Matthew Henry dice,

Es por la falta de mansedumbre que somos tan impacientes con las contradicciones de nuestras opiniones, nuestros deseos, nuestros planes.

Tiene que ser a nuestra manera y somos impacientes si las cosas no van de la manera que nosotros queremos. Él dice: “tenemos que tener la última palabra, correcto o incorrecto, y todo debe hacerse a mi manera”. Esto nos hace contenciosas y personas con las que es difícil convivir.

Hay una gran ilustración de esto en Génesis capítulo 13 en la vida de Abraham ¿tú recuerdas como Abraham subió (su nombre en ese momento era Abram) pero tú recuerdas como Abraham subió de Egipto, él y su esposa y todo lo que él tenía y Lot, su sobrino, iba con él al Neguev?

Y dice la Escritura,

Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro. 3 5 Y también Lot que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no podía sostenerlos para que habitaran juntos, porque sus posesiones eran tantas que ya no podían habitar juntos. [Así que la prosperidad creo tensión entre ellos].

Había tensión. Había contienda entre los dos grupos de hombres. Así que qué hace Abram? Versículo 8:

Hubo, pues, contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot. . 8 Y Abram dijo a Lot: Te ruego que no haya contienda entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos.» (vv. 1–8)

 

Lo que Abram está diciendo es, “yo no me voy a remangar las mangas. Yo no me voy a colocar mis guantes de pelea. Yo me voy a retirar. Yo no voy a entrar en esta batalla. Yo no voy a dejar que haya contienda.”

Él tomó un rol de pacificador. Él toma la posición del manso.

“Y Abram dijo a Lot (versículo 8): Te ruego que no haya contienda entre nosotros, ni entre mis pastores y tus pastores, porque somos hermanos.»

¿No es esto lo que deberíamos estar haciendo en nuestros hogares? ¿No es esto lo que deberíamos estar haciendo en nuestras iglesias? ¿Por qué nos estamos dividiendo? ¿Por qué estamos teniendo estas contiendas? ¿Por qué estamos teniendo estos desacuerdos?

“Nosotros somos hermanos. No voy a permitir que haya contienda”. Y entonces él valida sus palabras con sus acciones.

“¿No está toda la tierra delante de ti? Te ruego que te separes de mí: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si a la derecha, yo iré a la izquierda.” (v. 9)  

¡Qué espíritu de humildad! ¡Qué espíritu de mansedumbre! “Mira, toda la tierra está delante de ti. Elige la parte que quieras y yo tomaré lo que sobre”. Y Lot eligió la parte que parecía la mejor, porque Lot no tenía un espíritu manso. Lot era un hombre arrogante y orgulloso.

Y Abram dijo, “Bien. Yo tomaré lo que sobre.” ¿Pero, quién obtuvo la bendición? Abram obtuvo las promesas de Dios, la tierra de Dios, el linaje a través del cual vendría el Mesías.

La Escritura nos dice en 1era a los Corintios capítulo 6 que es terrible que los cristianos vayan a la corte unos contra otros. Puede ser una corte de divorcio. Puede ser todo tipo de causas. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio?

¿Por qué vamos a los tribunales? ¿Por qué están litigando entre ustedes ante la ley?

Yo estuve hablando con una pareja de amigos que se involucraron en un trato comercial, un negocio donde había toda clase de promesas y cosas que ellos esperaban en el proceso pero que no se llevaron a cabo no se realizaron. Era un material perfecto para una demanda legal. Y estos dos hombres profesaban ser creyentes.

Pero mi amigo dijo que él quería ir; que él quería demandar. Y habría obtenido un buen dinero si él demandaba, y podría haber obtenido lo que se le había prometido. Pero la esposa de mi amigo le dijo a él sabiamente, «yo no me siento bien acerca de esto. Esta no es la manera de Dios. No es bíblico». Y este hombre tomó la posición de humildad, escuchó a su esposa, pero lo más importante, escuchó al Señor, y le dijo, «Estás en lo correcto. No vamos a demandar»

Ellos perdieron una gran cantidad de dinero que pudo haber sido potencialmente ganado de vuelta en la demanda. Pero Dios honra la mansedumbre. “Bienaventurados los mansos”. Aquellos que han tomado el camino más difícil, el camino más bajo, el camino de la humildad. «Porque ellos heredarán la tierra» (Mateo 5:5).

Algunas de ustedes saben que cada día en AvivaNuestrosCorazones.com nosotros tenemos la transcripción del programa del día; y luego al final de la transcripción hay un espacio donde los radioescuchas pueden escribir sus comentarios a lo que escucharon. Espero que tú puedas ir a la página web y puedas escribir tus comentarios acerca del programa de hoy.

No hace mucho tiempo, una mujer escribió en el blog acerca de una dificultad, un matrimonio conflictivo en el que ella se encontraba. Otra oyente vio el comentario y escribió en respuesta a esta persona lo siguiente, yo pienso que ilustra bellamente el poder de la mansedumbre. Esta oyente escribió, «una cosa que te puede ayudar»— y recuerda que ella está escribiendo a la oyente que se encuentra en el matrimonio difícil.

Una cosa que te puede ayudar a pacificar esta situación es solamente decir «lo siento». Muy a menudo le arrojamos muchas palabras a esta frase, cuando con tan solo una disculpa humilde pudiéramos hacer que las cosas vuelvan a estar bien. Con menos palabras y más amor, tratar de encontrar lo que aprecias de tu esposo y enfócate en eso. Él está herido, y ésta es la razón de su mal temperamento y de sus luchas.

Tú no puedes arreglarlo todo por él. Pero si tú te niegas a pelear, él va a tener que calmarse eventualmente. Puedes ofrecerle un masaje en el cuello cuando su temperamento no esté tan explosivo. Y trata de relajarlo. Él probablemente esté asustado de perder el control.

Pero él necesita conocer la paz. Ora por él en tu corazón mientras tratas de calmar su tensión.

¿Puedes ver aquí el camino de la mansedumbre? “Yo verdaderamente creo –dijo ella– que en la mayoría de los casos el ciclo puede ser roto por uno de los dos”, esto es lo que Abraham hizo con Lot. Él rompió el ciclo diciendo, “mira, nosotros no vamos a luchar con relación a esto. Toma todo lo que quieras”.

Ella continúo diciendo en actitud de oración,

Escucha sus necesidades y haz lo que tú puedas. Nuestro matrimonio es totalmente diferente ahora que hace un año atrás. Pero fue después de 16 años de pelear. Seguro, yo pensaba que estaba en lo correcto en la mayoría de las circunstancias, pero tuve que madurar y ver que hay una mejor manera. Me tomó mucha oración y humildad y leer buenos materiales que me enseñaron que yo estaba errada en la manera en cómo estaba manejando las cosas. Pero valió la pena No hay manera de ser como Cristo aparte del sufrimiento. En Hechos capítulo 14 versículo 22 dice que “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Muchos ejemplos pueden ser dados, tanto de la Biblia como en biografías, de hombres y mujeres de Dios. Dios refina sus joyas a través del fuego de la prueba del sufrimiento. Yo me encogía ante la idea del sufrimiento. Ahora he empezado a ver la belleza de esta herramienta del Señor para perfeccionarnos como nada más puede hacerlo.

A través del sufrimiento y de las personas difíciles, mi corazón ha sido hecho mejor por Su gracia. 

Existe verdaderamente una belleza producida través del fuego que nada más puede producir. Estoy orando por ti y espero que esto te ayude. 

Estas son buenas palabras. Estas son palabras sabias. Vístete de humildad. Vístete de mansedumbre. Esto va a involucrar fuego algunas veces, sufrimiento, dificultad, privación, personas difíciles. Pero es la manera en que Dios nos forma, nos moldea y hace que como el oro cuando es probado, nuestra fe sea hallada en alabanza para que Dios pueda ser glorificado en nuestras vidas.

Annamarie: Si todas nosotras pudiéramos crecer en mansedumbre, ¿te imaginas la alegría que esto traería a los hijos, a los esposos en todo lugar? Nancy Leigh DeMoss está en medio de una serie llamada, La hermosura de la mansedumbre, muchos hogares serían transformados si las mujeres aprendiéramos a ser mansas de espíritu.

Nancy, pienso que muy probablemente pocas de nosotras nos hemos expuesto anteriormente a una serie que nos hablara acerca de la mansedumbre.

Nancy: Estás en lo correcto, éste no es exactamente el tema más popular que nosotros pudiéramos tratar. Al principio cuando comenzamos Aviva Nuestros Corazones, yo hice un compromiso de enseñar toda la Palabra de Dios —fuera ésta popular o no.

Cuando nosotros transmitimos programas con temas prácticos o de necesidad—programas acerca del matrimonio o de cómo ser padres— las personas inevitablemente responden. Ellos ordenan los recursos. Ellos apoyan nuestro ministerio financieramente. Pero cuando nosotros profundizamos en la Palabra de Dios sobre un tema como la mansedumbre, que no todo el mundo está preguntando o pidiendo querer saber sobre esto, usualmente no tenemos mucha respuesta particularmente en el aspecto financiero.

Es por eso que estoy tan agradecida por las personas que aportan financieramente cada mes para Aviva Nuestros Corazones pueda poder llegar a tantas mujeres. Estas personas oran por el ministerio, comparten el mensaje de Aviva Nuestros Corazones con otras personas y proveen apoyo financiero cada mes. De manera que este apoyo nos permite continuar en el aire y enseñar toda la Palabra de Dios y no solamente los temas que se consideran más populares.

¿Has considerado tú el ser parte de este grupo de personas? Puedes contactarnos en AvivaNuestrosCorazones.com y conocer más acerca de lo que puedes hacer para comenzar a ser una patrocinadora regular.

Annamarie: ¿Es posible poder confrontar a alguien y ser mansa al mismo tiempo? Nancy va a discutir sobre esto la próxima vez. Por favor acompáñanos en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se cite otra fuente.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

7/42 – Lee la Biblia: Levítico

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

7/42 – Lee la Biblia: Levítico

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Levítico, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En Levítico, el Dios santo de Israel les invita a vivir en su presencia a pesar de su pecado, mediante una serie de rituales e instituciones sagradas.

Lanzaremos un nuevo video de Lee la Biblia para cada libro de la Biblia en coordinación con nuestro plan de lectura. Si no has leído la Biblia entera anteriormente, o si lo has intentado y te has rendido, te animamos a leer con nosotros. #BibleProject #VideosDeLaBiblia #Introducción Lee la Biblia

En el Proyecto Biblia, hacemos videos animados que exploran los libros y temas de la Biblia. Aquí puedes encontrar todos nuestros videos y recursos por libro, tema o serie de forma gratuita.

https://thebibleproject.com/international/spanish/

Episodio 29 – ¿Qué significa vivir en la carne?

Soldados de Jesucristo

¿Qué significa vivir en la carne?

John Piper Responde

Episodio 29

 

¡Nuestro episodio semanal número 29 de John Piper Responde! El Pastor John nos explica: ¿Qué significa vivir en la carne?

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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4/9 – Piensa antes de reaccionar

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

4/9 – Piensa antes de reaccionar

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Annamarie Sauter: ¿Quieres aprender a ser mansa? Nancy Leigh DeMoss dice: prepárate para algunas relaciones desafiantes.

Nancy Leigh DeMoss : Dios usa a esas personas que nos ofenden, que nos hieren, que nos desafían, que nos enfrentan, que nos molestan, que nos fastidian y que nos irritan. Dios usa a esas personas, Él quiere usarlas para formarnos, moldearnos y corregirnos.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando la belleza de la mansedumbre. Hemos estado explorando cómo se ve una actitud de mansedumbre ante Dios. Pero para algunas personas, la mansedumbre se hace más difícil cuando hay otras personas involucradas. Unámonos a Nancy.

Nancy: Vivimos en una época en la que no es nada que una persona demande a otra por razones insignificantes o por ninguna razón en absoluto.

Leí acerca de algunas de esas demandas recientemente en un periódico de Detroit en la Prensa Asociada. Había un titular que decía: “Empleada de Detroit demanda a la ciudad por el perfume de un compañero de trabajo, diciendo que la fragancia fuerte no la dejaba trabajar.”1 Ahora, yo sé que algunas personas son sensibles a las fragancias, pero, ¿en serio?, ¿demandar a la ciudad de Detroit? Eso me parece demasiado.

Este otro encabezado apareció en LA Times, (un periódico que circula en la ciudad de Los Ángeles): “Mujer demanda por falta de aguacate en la salsa”. 2 Este era un tipo particular de salsa que fue anunciado como una salsa de aguacate, y esta persona se dio cuenta que casi no tenía aguacate. No decía que eran aguacates, era solo una salsa con sabor a aguacate, pero porque no tenía las palabras “con sabor a” en el anuncio, ella estaba demandando a esta compañía.

La Prensa Asociada de Pittsburg publicó lo siguiente: una mujer demandó a Kmart que es una tienda por departamentos por supuestamente cobrar el 7% de impuestos en un artículo exento de impuestos –un paquete de doce rollos de papel higiénico. “Mary [tal y tal…no voy a decir el apellido] alega que la tienda de departamentos Kmart en el suburbio de Pittsburg, Monroeville de forma inapropiada cobro impuestos en un artículo, y en vez de cobrarle $3.99, le cobro $4.27 – veintiocho centavos más,” así que ella demandó a Kmart.

No se trata solo del tema de las demandas. Vemos este tipo de expresiones de enojo que la gente tiene hacia otros en todo tipo de situaciones, día tras día.

Estamos hablando del tema de la mansedumbre. Es algo que no abunda en nuestra cultura o en esta era. Hemos visto el hecho que la mansedumbre afecta nuestra actitud hacia Dios, nuestro sometimiento a Su Palabra – recibimos Su Palabra con mansedumbre – y también nuestra actitud hacia las circunstancias que Él trae a nuestras vidas, de las cuales no tenemos ningún control.

La mansedumbre dice, “Yo recibo mis circunstancias. No me molesto, ni me resisto, no pataleo contra ellas. Si es algo que no puede ser cambiado, entonces supongo que Dios tiene un propósito con ellas, y las recibo”. Eso es mansedumbre hacia Dios.

Ahora queremos dar la vuelta y hablar acerca de la mansedumbre en la medida que afecta nuestras relaciones con los demás.

Una referencia bíblica que usé mientras investigaba acerca de este tema de la mansedumbre decía que,

La mansedumbre se demuestra hacia nuestro prójimo que nos maltrata, nos insulta, nos trata injustamente; en que el que está siendo herido aguanta pacientemente y sin ningún espíritu de represalia por las provocaciones que son impuestas sobre él.

Ahora, no puedes vivir en este mundo sin que la gente te provoque. Simplemente es una forma de vida. Es un hecho en la vida.

La pregunta no es: ¿Te provoca la gente? ¿Se mete la gente en tu vida? ¿Se mete la gente en tu camino? ¿Te hace la gente cosas malas?

La pregunta es: ¿Cómo respondes tú?

El hijo de Dios tiene la capacidad de responder con mansedumbre porque Cristo vive en él y por el requisito de responder en un espíritu de mansedumbre— esto lo capacita para cuando es tratado injustamente soportar el mal pacientemente y sin ningún espíritu de represalia ante esas provocaciones.

He estado citando, a través de esta serie, un libro de un antiguo amigo, Matthew Henry. Espero poder conocerlo cuando llegue al cielo. Él era un pastor y comentarista Puritano. Él escribió este fabuloso libro y mi amiga, Kim Wagner, dice que es uno de los mejores libros que jamás haya leído. Yo también diría que es uno de los mejores libros que he leído. Se llama, La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de espíritu, [The Quest for Meekness and Quietness of Spirit , está disponible en inglés] y en esta serie estoy leyendo algunas partes de este libro. Estoy tratando de darles una idea de lo que significa la mansedumbre.

La mansedumbre, de acuerdo a Matthew Henry, trata y se relaciona con nuestros sentimientos de ira. La mansedumbre tiene que ver con cómo lidiamos con esos sentimientos de ira. Él dice que la mansedumbre no erradica totalmente la ira, ya que hay ocasiones

justificadas bíblicamente para la ira, pero la función de la mansedumbre es dirigir y controlar nuestra ira para que podamos airarnos y no pecar, como nos dice Efesios capítulo 4. Efesios 4:26 “Airaos pero no pequéis”.

Entonces, es la mansedumbre que pone un freno a nuestra ira y nos ayuda a airarnos de maneras apropiadas sin que se convierta en pecado.

Matthew Henry señala que la mansedumbre nos permite gobernar o controlar nuestra ira cuando somos provocadas por otros. En ese sentido, la mansedumbre es como un freno.

¿Cómo funciona esto?

Un espíritu de mansedumbre nos motiva a detenernos y pensar antes de reaccionar.

Ahora el problema con muchas de nosotras, y es ciertamente mi propia naturaleza, es que tiendo a reaccionar antes de detenerme y pensar. Ahí es donde nos metemos en problemas. Ahí es donde herimos y lastimamos a tantas personas y tantas relaciones, pero la mansedumbre nos lleva a detenernos y a pensar antes de reaccionar. Nos detiene.

Matthew Henry dice,

Deja que la mansedumbre sea centinela [deja que sea un guardia sobre tu corazón y tu lengua, en tus respuestas], sobre el avance de la provocación [cuando somos provocadas] examinemos con quién nos vamos a enojar, y por qué. ¿Cuáles son los méritos de la causa?, ¿cuáles son las probables consecuencias de nuestros resentimientos, y qué daño habría si los reprimimos, si no los dejamos salir?

Así que él está diciendo que la mansedumbre se pone de pie como un centinela. Antes de dejar salir todo esto, antes de arrojar esas palabras, antes de que digas las palabras a tu esposo o a tus hijos: “Por qué…por qué no puedes…no puedo creer que tú…” Antes de que cualquiera de esas salgan, tú te detienes y piensas: “¿A quién le estoy hablando? Él es mi esposo. Él no es mi enemigo o él es mi hijo y Dios me lo dio. Yo amo a este niño,” o “Esta es una persona que fue creada a imagen de Dios”. Te detienes y piensas, “¿Con quién voy a hablar?” Y entonces piensas, “¿Qué hizo esta persona?”

Ahora, en el fragor del momento, eso puede parecer completamente intolerable. Pero muchas veces si nos detenemos y pensamos y ponemos las cosas en perspectiva, nos damos cuenta, que en realidad no es tan grave. ¿Vale la pena perder mi gozo, mi paz, y mi relación con esta persona para decirle que estoy molesta porque dejó sus pisadas en el piso de mi cocina?

¿Vale la pena irritarse?

¿Vale la pena mandar palabras como flechas al corazón de ese

niño o de ese amigo para poder desahogar mi enojo o mi reacción en el momento?

¿Qué daño es causado si suelto esas palabras como puñales al corazón de esa persona? ¿Qué daño podría hacer?

¿Habría algún gran daño si no digo lo que estoy pensando, si lo guardo?

Ahora, hay un balance en todo esto porque hay cosas que guardamos que necesitamos decir, y hay cosas que decimos que necesitamos guardar. El discernimiento y control del Espíritu nos ayudan a conocer la diferencia. Hay algunas cosas que deberíamos estar diciendo que no las estamos diciendo, y hay algunas cosas que no deberíamos estar diciendo que sí estamos diciendo. Ahí es donde necesitamos la mansedumbre; para que esta nos ayude a detenernos y a pensar.

Matthew Henry continúa diciendo que:

El trabajo de la mansedumbre es calmar al espíritu para que la paz interna no sea perturbada por ninguna provocación externa.

Quiero decirte, que la mayoría de nosotras somos personas que reaccionamos muy fácilmente. Quizás esté hablando por mi propia experiencia aquí. Pero yo sé que esto es cierto de mí. Me tocas, y yo brinco. Tenemos reacciones reflejo muy rápidas. Es como cuando el doctor te pega ligeramente con ese martillo en la rodilla y tu pierna patea hacia arriba. Así es casi como vivimos la vida.

Alguien nos toca ligeramente, y nosotras pateamos.

Él dice que la mansedumbre controla esto. Pone un freno sobre eso, y nos damos cuenta que nuestra paz interna no tiene que ser perturbada por estas provocaciones externas. Hay un lugar donde Cristo vive dentro de nosotras donde podemos librarnos de la perturbación que nos provocan estas cosas que la gente dice.

Henry sigue diciendo,

No permitas que tu desagrado contra las [injusticias] de los demás te provoquen a que tu propia alma esté en apuros. La mansedumbre es la gracia que preserva el gobierno del hombre sobre sí mismo.

Eso es lo que te mantiene en control, bajo el control del Espíritu Santo de Dios.

Cuando alguien perturba tu paz, hacen algo que te fastidia, que te irrita, que te enfada, y tú simplemente reaccionas. Tú simplemente dices lo que estás pensando. Arrojas todo lo que piensas. Ahora, somos más cuidadosas con los invitados y amigos que no conocemos muy bien. Es con la gente que conocemos bien con la que nos aprovechamos. Lo soltamos todo.

A menudo es con los que vivimos en nuestras propias casas que les arrojamos todo. Decimos esas cosas, y terminamos siendo controladas por el comportamiento de otras personas en lugar de dejar que el Espíritu Santo controle nuestras respuestas, nuestra forma de pensar, no sé si realmente él quería decir eso o no – probablemente no – pero aún si fue intencional, no voy a dejar que arruine mi día. No voy a permitir que me convierta en una arpía. No voy a permitir que perturbe mi paz.

Así que la mansedumbre nos lleva a detenernos y pensar antes de reaccionar.

Luego Matthew Henry señala que, “La mansedumbre frenará la lengua y mantendrá la boca callada como con un freno cuando el corazón está encendido”. Cuando nuestro corazón está encendido dentro de nosotras, y con eso no me refiero a un corazón espiritualmente encendido. Quiero decir cuando estamos enojadas, la mansedumbre sirve como un freno para mantener nuestra lengua y nuestra boca de pecar, no permite que aquello salga; nos impide decirlo en esa situación.

Él dice, “Aun cuando somos llamados a reprender a alguien firmemente” – y a veces somos llamados a hacer eso; veremos eso más adelante en esta serie. Aun cuando somos llamados a reprender a alguien por hacer algo malo, “la mansedumbre prohíbe toda furia y lenguaje indecente, y todo lo que se escuche como ‘gritería y maledicencia’.”

A veces sí necesitamos hablar en la situación. A veces sí necesitas decirle a tu hijo, “Ese comportamiento es inaceptable. Eso está mal”.

Puede ser apropiado en ocasiones hablar una verdad como esa a tu pareja. Pero él está diciendo que cuando tú hablas verdad, como eres llamada a hacerlo por el Señor, la mansedumbre te ayudará a hacerlo sin un corazón enojado y sin decir cosas degradantes, sin expresiones indecentes, sin profanar, sin cosas de las que seguramente te arrepentirás después.

Así que la mansedumbre te ayuda a detenerte y pensar antes de que salga eso y te guarda de meterte en griterías y maledicencias cuando eres provocada.

Él sigue diciendo,

La mansedumbre es para la lengua como el timón es para un barco, no para callarla, sino para guiarla, para conducirla sabiamente, especialmente cuando el viento está fuerte.

Cuando somos provocadas, la mansedumbre nos ayuda a recordar que nosotras también, somos pecadoras y en necesidad de la misericordia de Dios. Por eso es que la mansedumbre y la humildad van de la mano una con la otra. El corazón humilde es un corazón manso; el corazón manso es un corazón humilde. Cuando somos provocadas, somos más inclinadas a estar conscientes de los pecados de los demás que de nuestros propios pecados. De hecho, eso es simplemente la naturaleza humana.

Tendemos a ver las fallas de los demás a través de un microscopio pero las nuestras a través un telescopio. ¿No es verdad? La mansedumbre nos lleva a darnos cuenta que nosotras, también, somos pecadoras, y que estamos desesperadamente necesitadas de la misericordia de Dios.

Una referencia bíblica dice que, “Aquél que es manso en verdad se conocerá a sí mismo como un pecador entre pecadores”.

Escucha, será más difícil soltar tonterías y rezongar y estar enojadas en nuestro hablar hacia otros pecadores si nos detenemos y recordamos lo pecadoras que somos.

Aquél que es manso en verdad se verá así mismo como un pecador entre pecadores, y este conocimiento de su propio pecado lo enseñará a soportar mansamente las provocaciones con las cuales pueden provocarlo.

Es más fácil responder con compasión, ternura y gentileza a una persona si nos damos cuenta de que ellos no son los únicos pecadores en ese lugar. Quizás yo no he pecado en esta situación, pero igual soy una pecadora que desesperadamente necesita la gracia, la misericordia y el perdón de Dios cada día de su vida.

De hecho, en su libro, Matthew Henry nos desafía a pensar acerca de esto: Él dice, “Piensa entonces, ¿Si Dios estuviera tan enojado conmigo por cada provocación como yo estoy por las provocaciones de los demás, que sería de mí?” Algo en qué pensar, ¿no es cierto?

 

¿Si Dios estuviera enojado conmigo por cada provocación [cada vez que peco contra Él, cada vez que lo provoco] como estoy yo con los que me provocan a mí, que sería de mí? Nosotras tenemos necesidad de que los demás nos soporten, y ¿por qué nosotras no podemos soportarlos a ellos?

Es la mansedumbre de espíritu que nos permite pensar de esa forma. Es la mansedumbre de espíritu que nos permite ver la mano de Dios en la provocación y poder ver a aquellos que nos provocan como instrumentos en la mano de Dios. Mira, pensamos que nos estamos enojando con la persona que nos está provocando, pero no nos estamos dando cuenta de que esa persona es un instrumento en las manos de Dios para moldearnos y formarnos y santificar nuestras vidas. Así que si estoy enojada, en realidad estoy enojada con el que está sosteniendo el instrumento –con Dios mismo. Es la mansedumbre la que me ayudará a pensar correctamente.

Matthew Henry dice,

Los reproches de los hombres son las reprensiones de Dios, y cualquiera que sea quien me afrente, debo ver y decir que mi Padre me corrige a través de esto.

Dios está tratando con mi vida. Por eso es que tus hijos son la lija celestial de Dios. Tú dirás, “Sí, en realidad es una lija de alta calidad que Él está usando aquí”. ¿Sabes qué significa eso? Significa que hay bordes afilados, que hay bordes ásperos que necesitan esa lija de alta calidad. Dios sabe exactamente lo que necesita tu vida, la mía, y Dios usa a esas personas que nos ofenden, que nos hieren, que nos desafían, que se ponen en nuestra cara, que nos molestan, que nos enfadan y que nos irritan. Dios usa a esas personas, o Él quiere usarlas para formarnos y moldearnos y corregirnos.

Luego necesitamos recordar que cualquier provocación puede ser usada por Dios para nuestro bien si estamos dispuestos a recibirla y a aprender de ella.

¿Cómo respondes cuando eres provocada por otros?

¿Cómo respondes cuando eres malinterpretada? ¿Cuando alguien te critica injustamente?

¿Cómo respondes cuando alguien te insulta o malinterpreta a tu hijo o malinterpreta a tu pareja?

La provocación puede haber sido intencional, o no pudo haber sido intencional pero, ¿cómo respondes? ¿Rápidamente se te escapan palabras de enojo o de molestia o de frustración? ¿Rápidamente te defiendes? “Bueno, deberías ver lo que hizo tu hijo. Tu hijo tampoco es un angelito”.

Ahora, quizás solo piensas esas cosas. Recuerda, la mansedumbre es primeramente un asunto del corazón, y luego sale a la superficie en nuestras palabras y en nuestras acciones.

¿Cómo respondes cuando tu autoridad es desafiada?

¿Cómo respondes cuando, como una mujer nos escribió recientemente a Aviva Nuestros Corazones, a su esposo se le olvidó su cumpleaños?

Ella estaba compadeciéndose de sí misma por eso, pero ella se aconsejó a sí misma con un espíritu de mansedumbre, se recordó a sí misma el gran hombre que él es, cuánto la ama, cuántos años habían luchado juntos, y ella tomó una decisión consciente, “No voy a hacer un caso federal de esto”.

¿Cómo respondes cuando tu hija de catorce años te recuerda a las 10 de la noche que ella tiene que llevar brownies para la venta de repostería de la escuela al día siguiente, y tú no tienes nada en la casa, nada para hacerlo, así que tienes que salir a la tienda. ¿Cómo respondes?

“Si tan solo hubieras pensado antes… si tan solo hubieras planeado…” Ahora, quizás tú necesitas entrenar a tu hija en cómo pensar y planear de antemano. La pregunta no es: “¿Es este el momento para instruir?” La pregunta es: “¿Cuál es tu espíritu al hacerlo?” ¿Es porque tus planes se arruinaron, se te arruinó tu noche? Estabas lista para irte a dormir. No tenías ninguna intención de hacer esos brownies esa noche, y tú pudiste haberlos hecho al mediodía. Hubieras estado feliz en hacerlo pero… ¿ves el espíritu allí? ¿Alguien más aparte de mi ha reaccionado de esta manera?

¿Cómo respondes cuando tu jefe te corrige por un error que otra persona hizo? ¿Sientes como que tienes que señalarlo, que debes defenderte y decir que no fue tu error?

¿Cómo respondes cuando alguien más recibe crédito por una gran idea que tú tuviste?

¿Cómo respondes cuando alguien comete un error que te cuesta a ti?

Tengo una querida amiga que está lidiando con una situación en su casa ahora mismo y es una situación muy costosa. Pagaron mucho dinero, y probablemente van a perder como $150,000 dólares por un constructor que no ha cumplido; es una situación desastrosa. Ha sido muy hermoso ver a esta amiga que ha sido muy…obviamente, toda su familia ha sido afectada por esto. Porque ha sido un gran golpe. Todavía no ha terminado. No sé cómo va a terminar, pero he visto su espíritu manso al responder.

Fuimos y nos sentamos en esa casa y oramos por la situación, y escuché a esta amiga decirles a sus hijos, “Necesitamos darle gracias al Señor que tenemos una casa en donde vivimos ahora. Tenemos un techo sobre nuestras cabezas, y si Dios nunca nos da esta casa, eso está bien.” Ahora, no están siendo pasivos acerca de la situación, pero están siendo mansos en su espíritu hacia la provocación, hacia este insulto, hacia esta herida.

¿Cómo respondes cuando alguien te rebasa en el tráfico? Manejando sin control.

O con la persona que se mete en la línea rápida en el supermercado, pero que tiene 37 artículos en su carrito.

¿Cómo respondes? ¡uf!

Podemos responder con un suspiro, o con un movimiento de los ojos, o con nuestra conducta. Nosotras sabemos cómo responder sin mansedumbre. La mayoría de nosotras tenemos bastante experiencia en eso, pero, y ¿qué de la respuesta mansa?

¿Cómo respondes cuando alguien se aprovecha de ti, cuando te roban financieramente?

¿Cómo respondes cuando no recibes el aumento que tú sientes que mereces?

¿Cómo respondes cuando la autoridad toma lo que tú consideras es una decisión pobre o imprudente, y te afecta a ti y a tu familia?

¿Cómo respondes cuando alguien toma una decisión que te afecta a ti, y ni siquiera piden tu opinión; no te consultan al respecto?

¿Cómo respondes cuando alguien toma algo prestado de ti y te lo devuelve roto?

Es decir, todo tipo de circunstancias y situaciones de la vida real, y si tú no sabes de lo qué estoy hablando, probablemente antes que el día de hoy termine, y a través de los próximos días, vas a estar viendo situaciones y circunstancias como éstas.

Yo quiero que le pidas al Señor que te muestre, “¿Qué tipo de respuesta tengo? ¿Es mi respuesta mansa? ¿O es mi respuesta con enojo? ¿Estoy recibiendo estas provocaciones que los demás traen a mi vida como si fueran

 

de la mano del Señor para mi bien y para Su gloria? ¿O estoy reaccionando con resentimiento o con represalia? ¿Hay mansedumbre en mi espíritu?”

Annamarie: La próxima vez que alguien te haga enfadar, espero que recuerdes este mensaje de Nancy Leigh DeMoss. Es parte de una serie llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Recientemente Nancy habló con algunas oyentes de Aviva Nuestros Corazones que han estado aprendiendo a mostrar la belleza de la mansedumbre. Nancy las conoció durante una estadía ministerial en Chicago. Escuchemos a una de ellas.

Mujer: Vivimos y ministramos en el centro de la ciudad, en el corazón del centro de la ciudad, con mujeres que crecieron en hogares sin padres, con madres solteras. La mayoría de nosotras somos latinas o afroamericanas. Donde crecimos es un lugar muy difícil, así que fuimos enseñadas a ser fuertes e independientes y a tomar el control. El escuchar un mensaje de que Dios quiere que seamos “suaves” y “permitir ser dirigidas” y ser “dóciles”… y permitir a un hombre que nos dirija y nos guíe y que nos proteja fue difícil escucharlo porque no es algo a lo que estamos acostumbradas. En nuestra iglesia hablamos mucho acerca de dar honor a los hombres y permitirles que tomen el rol que Dios les ha dado – permitirles que dirijan y no quitarles eso. Muchas de las mujeres en nuestro ministerio, lo tomaron y lo aplicaron en sus matrimonios, sus hogares, y aun con sus hijos – varones. Realmente ha cambiado la cultura de nuestra iglesia.

Nancy: Yo fui tan alentada al escuchar cómo Dios le está enseñando a esta esposa la belleza y el poder de la mansedumbre.

A medida que apoyas este ministerio, queremos darte todo lo que esté a nuestro alcance para apoyarte en tu caminar con el Señor. Si tu corazón late por las mujeres que necesitan descubrir, abrazar, y deleitarse en Cristo, ¿Te unirías al equipo de patrocinadores de Aviva Nuestros Corazones?

Si visitas nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com podrás encontrar más detalles acerca de cómo donar para nuestro ministerio. Y mientras estás allí, asegúrate de informarte acerca de todos los detalles de nuestra primera conferencia Mujer Verdadera para América Latina, a celebrarse muy pronto.

Annamarie: Gracias Nancy. Piensa en esto: ¿Exhibes mansedumbre al mandar un correo electrónico? El programa de mañana se referirá a esa pregunta. Escucha esta discusión práctica acerca de la mansedumbre, la próxima vez, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda Escritura fueron tomdas de La Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

1. http://abcnews.go.com/US/wireStory?id=3346995

2.Articulo por Jerry Hirsch: http://seattletimes.nwsource.com/html/nationworld/2003454425_guacamole30.html

3. http://www.breitbart.com/article.php?id=D8S3CVOG0&show_article=1

4 Aug 14 10:05pm US/Eastern; http://www.breitbart.com/article.php?id=D8JGINJG1&show_article=1

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Por qué tenéis miedo?

Iglesia Evangélica de la Gracia

¿Por qué tenéis miedo?

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

www.porgracia.es

3/9 – Recibiendo la Palabra con mansedumbre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

3/9 – Recibiendo la Palabra con mansedumbre

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/recibiendo-la-palabra-con-mansedumbre/

Annamarie Sauter: Cuando tengas un corazón manso te quejarás mucho menos. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Verás, la mansedumbre dice, “Yo sé que Dios tiene Sus razones, y no importa si yo puedo entender las razones o no”. Pero el corazón orgulloso, el corazón envenenado, dice, “Debió haberse de forma diferente. No veo razón para esto; por tanto, Dios no debió hacer esto”.

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa la serie “La hermosura de la mansedumbre”.

Nancy Leigh DeMoss: Crecí en el noreste de los Estados Unidos—y estoy segura que en otras partes también tienen estos árboles—pero una de las cosas que recuerdo de nuestra propiedad eran estos árboles que conocemos como sauces. Sauce llorón, y en nuestra área había unos inmensos.

Y pensé en esos árboles, en esa imagen, cuando me topé con esta frase en Internet acerca de la mansedumbre. Esta frase usa el sauce como una analogía. Déjame leerte lo que dijo este autor.

La mansedumbre es lo opuesto a debilidad. Así como un sauce bien plantado se flexiona y se dobla en una tormenta sin romperse, así también la mansedumbre es fuerza resistente y flexible que puede soportar las pruebas y las tempestades.

Esa es una buena analogía sobre este tema de la mansedumbre.

Ahora quiero que regresemos y lo haré en cada sesión de esta serie, al libro de mi amigo puritano, Matthew Henry. El libro se llama La búsqueda de la mansedumbre y quietud de Espíritu (The Quest for Meekness and Quietness of Spirit) (solo está disponible en Inglés)

En este libro Matthew Henry señala que la mansedumbre se hace evidente en nuestra respuesta hacia Dios y en nuestra respuesta hacia otras personas. En esta sesión nos enfocaremos en la mansedumbre hacia Dios. Matthew Henry dice que,

La mansedumbre hacia Dios es la sumisión dócil y callada del alma a toda la voluntad de Dios según Él se complazca en hacerla conocer, ya sea por Su Palabra o por Su providencia. 1

Así que sumisión a Dios, a la voluntad de Dios, es mansedumbre. Nos sometemos a la voluntad de Dios sea que Él nos la muestre directamente a través de Su palabra o a través de las circunstancias que el providencialmente trae a nuestras vidas.

Lo primero que vamos a ver es la sumisión, la mansedumbre, en respuesta a la Palabra de Dios. Santiago capítulo 1 nos dice que debemos “recibir con mansedumbre la palabra plantada la cual es capaz de salvar nuestras almas”. ¿Ves la Biblia? La Biblia es la Palabra de Dios, y es capaz de darnos salvación eterna. Es capaz de santificarnos. Es capaz de limpiarnos, renovarnos y transformar nuestras vidas.

Pero no hace nada de eso si no la recibimos, si nos resistimos a lo que dice, si no tenemos un espíritu abierto, enseñable y humilde a la Palabra de Dios. Y tal vez no hayamos dicho intencionalmente “No haré eso” pero estamos pasándole por arriba a esas cosas. Somos negligentes en esas áreas de verdad. No las recibimos.

Algunas veces vemos algo o escuchamos algo predicado de la Palabra de Dios y pensamos, “De ninguna manera. No puedo hacer eso. Es muy difícil” o “No quiero hacer eso”. Si nos resistimos a la Palabra de Dios, no puede salvar nuestras almas. No nos cambia. No nos santifica.

Tener una respuesta mansa a la Palabra de Dios, recibir la Palabra de Dios con mansedumbre, quiere decir tener un oído que escucha. Me encanta ese versículo en 1ero de Samuel capítulo 3 donde Elí el sacerdote habla con el joven Samuel. Y le dice, “Si Él te llama”, hablando acerca de Dios, “Le dirás “Habla Señor que tu siervo escucha”. (v.9)

Recibir la Palabra con mansedumbre significa escuchar. Vemos lo opuesto a esto repetidamente en el Viejo Testamento donde Dios mandó profetas para advertir a Su pueblo, pero las Escrituras dicen que ellos no escuchaban, eran tercos.

Y amigas, esto no ocurre solo en el Antiguo Testamento. Hay muchas personas tercas sentadas en nuestras iglesias hoy en día.

Ahora, puede que estemos escuchando con nuestros oídos físicos, pero no estamos escuchando con nuestros corazones. Es por eso que cuando voy a la iglesia, cuando voy de camino trato de preparar mi corazón diciendo “Señor dame oídos para escuchar”.

En ese sentido, realmente no importa si el pastor o el predicador o el maestro es un comunicador espectacular. Si están abriendo la Palabra de Dios y están hablando la verdad, hay algo que yo debo escuchar. No debiera haber un orador increíble para que yo pueda absorber algo. Es la Palabra de Dios la que tiene poder.

Escucha. Escucha. Escucha. Eso es recibir la Palabra con mansedumbre.

Recibir la Palabra con mansedumbre no solo significa tener un corazón que escucha; sino también un corazón humilde, un espíritu enseñable. A lo largo de los años muchas, muchas veces en mi tiempo devocional, he comenzado mi tiempo de quietud orando esa oración del Salmo 25 que dice: “Señor, muéstrame tus caminos, y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad y enséñame” (v. 4-5a).

Ese es un corazón diciendo: “Señor, enséñame. Necesito aprender. Vengo como una estudiante para escuchar para aprender y para ser enseñada”.

Tener un espíritu manso es tener un espíritu receptivo a la Palabra de Dios, haciendo preguntas como:

• ¿Cómo se aplica esto a mí? ¿Estoy dispuesta a hacer los ajustes necesarios en mi vida para obedecer lo que sea que Dios diga en Su Palabra?

• ¿Escuchas las reprensiones que Dios envía en tu dirección?

• ¿Escuchas la Palabra de Dios?

• ¿Cuál es tu respuesta cuando Él manda corrección a través de Su Palabra, cuando Él envía instrucción?

● ¿Endureces tu cerviz con orgullo?

● ¿Lo dejas pasar?

● ¿O respondes intencionalmente en humildad, mansedumbre y arrepentimiento donde sea que se necesite?

Recibir la Palabra de Dios con mansedumbre significa que no debatimos. “Él es Dios. No debatimos con Dios. Puede que discutamos, “¿Qué significa esto?” podemos luchar con entenderlo. Pero una vez lo entendemos, entendemos lo que Él dice, no debatimos con Dios. Él lo dice. Él es Dios. Él es Señor, y Su Palabra gobierna nuestras vidas.

Quiere decir que somos obedientes. Recibir la Palabra de Dios con mansedumbre significa que doblamos las rodillas. Decimos “Sí, su Majestad”.

Hay un pasaje interesante en Ezequiel capítulo 24 que creo que ilustra poderosamente esta respuesta de mansedumbre y humildad y obediencia a la Palabra de Dios. Voy a leer comenzando en el versículo 15 “Y vino a mí la Palabra del Señor diciendo Hijo de Hombre”. Ahora, es al profeta Ezequiel que Dios le está hablando. “He aquí, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos; pero no te lamentarás, ni llorarás, ni correrán tus lágrimas” (v. 15-16)

Dios está diciendo, “Estoy a punto de quitarte lo más preciado que tienes. Pero como una lección para el pueblo de Israel, no debes mostrar ninguna evidencia de duelo o dolor”.

Dios le dice “Gime pero en silencio” (versículos 17). Puedes hacerlo en tu corazón pero no puedes expresarlo.

“No hagas duelo por los muertos; átate el turbante, ponte el calzado en los pies y no te cubras los bigotes ni comas pan de duelo.” (v.17). Él está hablando de no hacer las cosas que normalmente hacían para mostrar lamento, duelo o luto.

Así que Ezequiel dice, “Y hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado.” (v. 18)

Ahora, no estoy diciendo aquí que Dios está en el negocio de quitarle la pareja a la gente. Porque ese no es el punto de este pasaje. Aquí había toda una lección para Israel, y Dios estaba haciendo algo muy inusual.

El punto es que Dios le dio instrucciones a Ezequiel en el área más difícil de su vida. Dios dice, “Vas a perder aquello que es lo más preciado para ti. Y cuando eso pase, no debes mostrar ninguna señal externa de duelo”.

Y Ezequiel dijo, “por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado”. Eso es recibir la Palabra de Dios con mansedumbre. Es decir, “Sí, Señor. Lo que tú digas. Sí, Señor”. Es la actitud del corazón que leemos en el Salmo 119 en el versículo 60. “Me apresuré y no me tardé en guardar tus mandamientos”.

¿Recibes tú la Palabra de Dios con mansedumbre? ¿Tienes tú esa disposición a Su Palabra?

Y entonces en segundo lugar mansedumbre al responder a las decisiones de Dios y las providencias de Dios en nuestras vidas, manifestada en las circunstancias de la vida. Algunas veces esas circunstancias son misteriosas. No podemos entender lo que Dios está haciendo. Somos llamadas a responder en mansedumbre, recibir la elección de Dios para nuestras vidas.

Algunas veces no son solo misteriosas; algunas veces son intensamente dolorosas las circunstancias por las que tenemos que pasar. Una referencia bíblica dice que, “la mansedumbre es la disposición de espíritu donde aceptamos los tratos de Dios con nosotros como buenos sin discutir ni resistirlo”.

Déjame leer otra vez porque creo que es una descripción tan poderosa de la mansedumbre. “Mansedumbre es la disposición de espíritu donde aceptamos los tratos de Dios con nosotros como buenos sin discutir ni resistirlo. El hombre o la mujer mansa no peleará contra Dios, y menos luchará o contenderá con Él”.

La mansedumbre dice, “Señor si te complace a Ti, me complace a mí. No tengo que entender. No tengo que estar de acuerdo. Pero lo acepto; recibo las elecciones que has traído a mi vida” .

Otra vez podemos ver esto ilustrado en las Escrituras. En Job capítulo 2, una poderosa ilustración de cómo responder a la providencia de Dios con mansedumbre. La esposa de Job le dijo, luego de que había perdido gran parte de sus posesiones. Había perdido sus hijos, su salud, había perdido casi todo lo que tenía en este mundo, Y su esposa le dijo “¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete.” Pero Job le dijo a su esposa, “Como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal? En todo esto Job no pecó con sus labios…” (v. 10)

¿Dónde vemos aquí la mansedumbre? La mansedumbre es decir, “No solo voy a recibir de Dios cuando Él derrama buenas cosas sobre mí—dinero, hijos, bienestar, fama y prosperidad y salud y todas estas cosas—sino que voy a recibir la Leucemia. Recibiré la pobreza. Recibiré la dificultad en mi matrimonio. Recibiré ese desafío físico con uno de mis hijos. También recibiré eso de la mano de Dios”. Ese es un espíritu manso.

Y Job le dijo a su esposa, “Las mujeres necias dicen, “maldice a Dios y muérete”.

Ahora, puede que nosotras no digamos, “Maldice a Dios y muérete,” pero, ¿no es una tendencia natural que tenemos de resistir las elecciones de Dios?

Y Job dice, “Eso es necio. Debemos recibir el bien y el mal de parte de Dios.”

Matthew Henry dice,

Cuando los acontecimientos de la providencia son gravosos y aflictivos la mansedumbre no solo nos tranquiliza en medio de ellos, sino que nos reconcilia con ellos; y nos permite no solo soportarlos sino que nos ayuda a recibir el mal, así como el bien de la mano, del Señor. Es besar la vara de la corrección de Dios, la disciplina de Dios.2

Es bendecir a Dios aún cuando Su providencia sea dolorosa en nuestras vidas.

Yo sé que aquí estamos hablando de estas cosas y decirlo es mucho más fácil que vivirlo. Pero este es el corazón de la mansedumbre.

Matthew Henry dice,

“Es besar la vara sin atreverse a luchar con nuestro Hacedor, no, ni desear reclamarle a Él”. No nos atrevemos a contender con Dios, ni nos tomamos la atribución de decirle a Dios lo que Él debe hacer porque Él es Dios y no nosotras. Debemos permanecer calladas y “no abrir la boca porque Dios lo hace”.

Y con esa mansedumbre viene la paz. Con esa mansedumbre viene el gozo. Con esa mansedumbre viene el descanso, recibiendo la providencia de Dios como que viene de su mano.

Permíteme darte una ilustración de eso del libro de Levítico. ¿Recuerdas cuando Aarón que era el Sumo Sacerdote, cuando sus dos hijos, que también eran sacerdotes, Nadab y Abiú, ofrecieron fuego no extraño ante el Señor y Dios los hirió y los mató? Esto fue cuando la nación de Israel recién estaba comenzando. Dios necesitaba que Su pueblo supiera que Él era un Dios Santo.

Ahora si tú fueras el padre de estos dos muchachos ¿te sentirías tentada a contender con Dios y decir, “Eso no es justo, eso no está bien”? ¿Te sentirías tentada a resistir la voluntad de Dios?

En Levítico capítulo 10 dice, “Entonces Moisés dijo a Aarón: Esto es lo que el Señor habló, diciendo: “Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado. Y Aarón guardó silencio.” (v. 3). Eso es recibir con mansedumbre la disciplina de la mano de Dios.

No quiere decir que Dios siempre hace las cosas de esa manera. Pudiéramos profundizar sobre las razones por las que Dios trató con este asunto de esa manera. Pero el punto es que Aarón dijo, “Si Dios lo hizo, no puedo argumentar. No puedo resistirme”.

Matthew Henry dice,

Tal es la ley de la mansedumbre que todo lo que complazca a Dios no debe desagradarnos a nosotros. Déjalo hacer lo que Él quiera, porque Él hará lo que es mejor [ahí es donde vuelves a confiar que el Señor es bueno y por tanto —esto es algo que debemos considerar— si Dios fuera a referirme el asunto a mi —si Dios me fuera a pedir mi opinión acerca de lo que debería suceder en esta situación—, dice el alma mansa y tranquila, estando segura de que Él sabe lo que es bueno para mí, aún mejor de lo que yo sé, yo se lo referiría a Él de vuelta.4

Si Dios me dijera, “¿Qué crees que debe ser hecho en esta situación?”, yo le diría, “Señor, Tú sabes lo que es mejor”.

La esencia de la mansedumbre en lo que se refiere a las circunstancias de la vida es una aceptación confiada y tranquila, no resistiendo ni resintiendo. Es saber que nada puede tocar mi vida sin el permiso de un Dios amoroso y sabio.

Es por eso que no tenemos que pasarnos la vida airadas o frustradas, irritadas o resistiéndonos. La mansedumbre es un “Sí Señor. En paz y quietud. Recibo esto de tu mano”, callada y tranquila.

Vemos lo opuesto a esto en un incidente de la vida de David en el Antiguo Testamento. David tiene muchas ilustraciones de ser manso de espíritu. Pero al menos en una ocasión, no tuvo un espíritu manso. ¿Recuerdas la vez cuando el Arca del pacto estaba siendo transportada en un carro tirado por bueyes, donde no debió estar en primer lugar?

Un hombre llamado Uza extendió su mano para sostener el Arca que se iba a caer cuando el carro se tambaleó y Dios mató a Uza. De nuevo, pudiera parecer en esta sesión que Dios tiene el hábito de matar a la gente. Misericordiosamente, Él no hace eso. Pero en este caso, eso fue lo que pasó. Las Escrituras dicen,

Que entonces David se enojó porque el Señor había estallado en ira contra Uza, y llamó aquel lugar Pérez-uza hasta el día de hoy. David tuvo temor del Señor aquel día, y dijo: ¿Cómo podrá venir a mí el arca del Señor? Y David no quiso trasladar con él el arca del Señor a la ciudad de David. (2 Samuel 6:8-10)

David se enojó. Él tenía miedo, pero se resistía. Él pensó, “Si así es que Dios se va a comportar cuando el Arca esté cerca, no quiero que esté por estos alrededores. Llévensela a otro lugar”.

Tal vez había un temor saludable en él. Pero creo que ese temor en ese caso nació de una resistencia. Él estaba furioso. Su enojo reflejaba una falta de mansedumbre contrario a Aarón que no dijo nada. Y mantuvo su paz. Si Dios hizo esto, es lo que Él entiende correcto.

Déjame leerte unas cuantas citas que realmente me hablan en relación a este tema. Thomas Watson, otro buen Puritano, dijo, “La queja es levantarse contra Dios. Porque te estableces a ti mismo por encima de Dios como si fueras más sabio que Él”.

¿Quieres ser Dios? Pues no puedes serlo, y no lo eres, y no lo serás. Así que reconoce que Él es Dios y suéltalo. Deja que Él sea Dios.

Calvino dijo,

¿Por qué los hombres se molestan cuando Dios les envía cosas totalmente contrarias a sus deseos si no es por no reconocen que Dios hace todo por una razón [Dios tiene un propósito para todo lo que hace]? Tan pronto como Dios no envía lo que hemos deseado, peleamos con Él, le demandamos, no parecería que estamos haciendo esto, pero nuestras actitudes muestran que este es sin embargo nuestro intento. ¿Pero, desde qué espíritu se pronuncia esto? La resistencia a Dios desde un corazón envenenado como si dijéramos, “No veo razón para esto”.

Verás, la mansedumbre dice, “Sé que Dios tiene Sus razones, y no importa que yo pueda ver o no la razón. Pero el corazón orgulloso, el corazón envenenado dice, “Debió hacerse diferente. No veo razón para esto; por lo tanto, Dios no debió hacerlo”.

Es como si acusaran a Dios de ser un tirano o alguien sin cerebro. Una blasfemia tan horrible sale de la boca de los hombres.

Puede ser en cosas grandes o en cosas pequeñas. No veo razón para esto. De hecho, frecuentemente son las cosas pequeñas las que realmente exponen nuestra falta de mansedumbre, nuestra resistencia.

Recientemente yo salí por un par de semanas y cuando regresé me enteré que estaban volviendo a colocar el techo en el condominio donde vivo. Mientras estaba fuera ellos habían colocado el techo de la mayoría de los demás condominios. Pero la noche que regresé, el día siguiente (yo estaba exhausta de mi viaje; era un fin de semana y yo atesoro mis siestas de fin de semana)… Sábado y Domingo hubo contratistas golpeando el techo, golpeando, golpeando y golpeando.

Yo pensé, “No veo razón para esto. No veo razón para esto”.

Pero sabes, la mansedumbre dice, “Esto es algo que no puedo controlar. Es algo que no pedí. Si me hubieran preguntado lo hubiera puesto en agenda y lo hubiera hecho diferente. Pero no vale la pena que pierda la paz de Dios en mi corazón por contender con Dios sobre sus decisiones”.

He estado luchando por varias semanas con un problema en mi garganta y tratando de chequearme. Me ha distraído me ha dificultado enseñar y hablar. Mi pensamiento en ocasiones ha sido, No veo razón para esto.

Pero ¿sabes qué? Realmente no importa si yo puedo ver la razón o no. El punto es, aparentemente Dios si ve una razón para esto. Así que la mansedumbre dice, “Señor, si te complace a Tí, me complace a mí”.

Ahora, si tienes un problema en la garganta, puedes ir al doctor y tratarte. Yo hice una llamada telefónica a la compañía que estaba trabajando con los techos y les dije, “Tengo algunas entrevistas mañana. ¿Sería posible que nos pongamos de acuerdo con las horas de trabajo?” Así que donde haya algo que se pueda cambiar, está bien.

El problema es cuando desarrollamos un espíritu demandante. “Tengo derecho a tener cierta paz y tranquilidad. Tengo derecho a tomar mis siestas los sábados y los domingos sin que haya gente golpeando mi techo”. ¿Qué haces? ¿Pierdes tu paz? ¿Pierdes tu gozo? Pierdes tu comunión con Dios. Pierdes tu testimonio ante el mundo.

¿Cómo respondes a las circunstancias de la vida cuando eres interrumpida o incluso cuando te pasan asuntos más grandes? Tal vez no están cambiando el techo de tu casa. Tal vez perdiste tu casa en un tornado o en un incendio, o ha habido una gran recesión económica, o estás cuidando a uno de tus padres con Alzheimer o Dios no te ha dado el esposo que tanto deseas, o deseas un hijo y Dios no te lo ha dado.

¿Y es la actitud de tu corazón, “No veo razón para esto”? ¿O es la actitud de tu corazón, “Señor, si te complace a Ti, me complace a mí; lo recibo? Ese es el espíritu de la mansedumbre.

Annamarie Sauter: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando porqué el tema de la mansedumbre es tan práctico. El programa de hoy es parte de una serie llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Para leer una transcripción del programa de hoy visita AvivaNuestrosCorazones.com

Recientemente nuestro equipo conoció a una mujer que ha estado aprendiendo a vivir algunas de las cosas que hemos estado aprendiendo en esta serie. Estando en Indianápolis Nancy y el equipo conocieron a Sherri.

Sherri: Descubrí que mi esposo había sido infiel, y no era la primera vez. Había estado luchando con mucha amargura, falta de perdón, miedo. En ese tiempo estaba en consejería y me entregaron el libro  Escoja perdonar por Nancy Leigh DeMoss.

Recuerdo que al leer el libro, pensé que me ayudaría a cambiar a mi esposo. En cambio, me di cuenta de cuantas semillas de falta de perdón había en mi propio corazón. Pasé por el proceso de enlistar las cosas que se cometieron contra mí. La mayoría de las respuestas que descubrí sobre mi misma estaban basadas en mi pasado, no basadas en lo que Cristo dice de cómo debo responder.

Probablemente lo más grande para mí fue entender que no lo estaba reteniendo a él en una prisión, me estaba reteniendo a mí misma.

A través del libro, fui donde mi esposo, no solo para pedir perdón por faltarle al respeto, sino por tener expectativas irreales. Dios me mostró que era más importante estar preocupada por su alma que pensar en mi propia felicidad. Eso cambió totalmente mi respuesta a él. Cuando no quería perdonarlo, yo lo hice por lo que Jesús me perdonó a mí. Y pensaba Dios realmente me mostró de lo que fui perdonada, y no puedo tirarle una piedra.

De manera que los límites fueron diferentes. Él esperaba que yo fuera muy dura, mientras yo permitía que Dios le mostrara lo que él necesitaba. Su corazón cambió porque no estaba siendo demandante. Estaba siendo amorosa. Eso le permitió querer ser ese tipo de persona y tomar las decisiones correspondientes.

Annamarie: Estoy tan agradecida por mujeres como Sherri que han compartido su historia. ¿Quieres enviarnos tu historia? Puedes escribir tu testimonio debajo de la transcripción en nuestra página web. Visita AvivaNuestrosCorazones.com y escríbenos cómo este ministerio ha sido de ayuda para ti.

Hemos estado estudiando la mansedumbre ante Dios. Mañana veremos con más cuidado la mansedumbre ante otros. Por favor regresa a, Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries y yo quiero que mi mamá asista a la conferencia de Mujer Verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 Matthew Henry. La Búsqueda de la Mansedumbre y la Quietud de Espíritu. P. 18.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

2/9 –La mansedumbre y la confianza

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

2/9 –La mansedumbre y la confianza

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-mansedumbre-y-la-confianza/

Annamarie Sauter: Nancy Leigh DeMoss dice que nuestra capacidad de mostrar mansedumbre depende de nuestra confianza en Dios.

Nancy Leigh DeMoss: Eso es lo que nos hace mansas— es la confianza de que Dios está a cargo, de que Él sabe lo que está haciendo, que Él está trabajando, que estamos trabajando en unión con Él, y que Él tiene la última palabra. Él va a enderezar este mundo que está al revés. Él va a arreglar lo que está descompuesto.

Annamarie : Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra mansedumbre? Si una imagen negativa viene a tu mente, si lo que te viene es algo negativo, sigue con Nancy Leigh DeMoss en los próximos minutos. Ella va a seguir en una serie que comenzó ayer llamada, “La hermosura de la mansedumbre”.

Nancy: Estamos hablando en esta serie acerca de un tema que probablemente nunca será el tema de un libro de los más vendidos, porque la gente no suele entrar a una librería y decir: «¿Me puedes dar alguna información sobre cómo llegar a ser más manso?» El mundo no está persiguiendo la mansedumbre, pero Dios nos dice que sus hijos deben perseguir la mansedumbre.

Mencioné un libro en la sesión pasada. Es un clásico sobre el tema de la mansedumbre. Por supuesto, en Aviva Nuestros Corazones, lo primero que queremos hacer es ir a la Palabra de Dios para nuestra instrucción, pero gracias a Dios hay personas que han escrito sobre algunos de estos temas en los últimos años para ayudarnos a comprender mejor esa Palabra.

El libro a que me estoy refiriendo es de Matthew Henry, que fue un pastor y comentarista puritano. Él vivió en la segunda mitad de los 1600 y en los inicios de los años 1700. Este libro se llama, “La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de Espíritu” ( The Quest for Meekness and Quietness of Spirit ). Y quiero animarlas a conseguir una copia (solo disponible en inglés).

Les diré que no es de fácil lectura. No es muy largo, realmente. Solo tiene cerca de unas 150 páginas, pero está escrito en un estilo puritano que, si no estás familiarizada con ese tipo de lectura, puede resultar pesada. No se puede leer de forma rápida, y se necesita tiempo y esfuerzo para digerirlo, pero vale la pena el esfuerzo. De hecho, he leído este libro ya varias veces. Creo que esta es mi segunda copia. Tomo notas. Medito sobre lo que leo. Tomo solamente porciones muy pequeñas. Vuelvo y leo esas partes. Trato de estudiar las diferentes Escrituras como referencia.

Así que en esta serie, voy a estar enseñando del libro de Matthew Henry. Me imagino que la mayoría de la gente nunca va a leer la literatura puritana, así que voy a tratar de hacerlo digerible. Usaré citas de Matthew Henry y de otros también. Pero gran parte del bosquejo y de la enseñanza que voy a hacer viene de este libro.

Pienso en la primera vez que lo leí. Fue, no sé, hace como diez años. Yo lo había empezado, pero no lo había terminado, y me llamaron para servir como jurado en Michigan. Era, por lo que recuerdo, un día frío de enero, estaba nevando, y hacia viento. Llevé el libro conmigo a la corte, pensando que tendría tiempo para esperar y así fue. Nunca me llamaron para el jurado— nunca me llamaron para nada— excepto el Señor quien fue el que me llamó a Su corte.

Recuerdo haber pensado, yo debería estar de rodillas ahora mismo, aquí mismo. Ahora, no me puse de rodillas allí, pero en mi corazón sí lo hice. Me encontré bajo una convicción muy intensa por la falta de humildad y de mansedumbre en mi vida. Como Dios trató conmigo en ese momento casi me dejó sin aliento.

Así que recuerdo haber leído este libro de Matthew Henry ese día, allí en la corte. Lo he leído varias veces desde entonces, y el Señor sigue tratando conmigo sobre este tema de la mansedumbre porque me parece que —en lo relativo a este tema— no se resuelve con leer un libro y ya, ni orando una oración corta, «Señor, hazme mansa.» «Oh, ya soy mansa.» Es como la humildad porque tan pronto piensas que eres mansa, ya no eres mansa. Es como la humildad. Es una búsqueda permanente de la mansedumbre. Busca la mansedumbre como una forma de vida.

Ahora, a medida que comenzamos con todo esto, queremos hacernos la pregunta, «¿Qué es la mansedumbre?»

Esa no es una pregunta fácil de responder porque hay muchos aspectos de la mansedumbre, y no la vemos ejemplificada tanto en nuestro mundo. Vemos lo contrario a la mansedumbre. Podríamos dar muchos, muchos ejemplos, especialmente si nos fijamos en las mujeres de hoy. La mansedumbre es escasa. Las mujeres son entrenadas para ser independientes, asertivas, no quedarse calladas, ser obstinadas, ser dogmáticas, como tantas cosas que son lo contrario de la mansedumbre.

Así que ¿dónde buscamos para saber cómo luce la mansedumbre o lo que es?

Por supuesto, vamos a ir a la Palabra de Dios, y luego a otros que pueden ayudarnos a entender esto, pero quiero recordar que la mansedumbre no es necesariamente igual a tener una personalidad tímida o callada. Puedes ser una persona muy callada, y no tener un espíritu manso. De hecho, hay algunas personas calladas, tal vez algunas que nos escuchan hoy y la gente te mira y dice: «Ella me parece mansa». Pero lo que no saben es lo que pasa en el corazón.

Hay personas calladas que tienen una vena de terquedad subyacente de obstinación o de orgullo o de control o de resentimiento en su corazón, o de ira al punto de hervir por dentro, o de tener un espíritu rebelde. «Voy a hacerlo a mi manera». Estas mujeres no hablan fuerte. No son flagrantes. No son personas que uno mira y dice: «Oh, ella es tan escandalosa». Pero no hay mansedumbre en su espíritu.

Pero la humildad es algo que Dios sabe si está en nuestros corazones. Mientras Él nos habla a través de estas sesiones, Él está escudriñando nuestros corazones. Él está examinando nuestros corazones y nos muestra dónde puede haber falta de humildad de mansedumbre.

Ahora tenemos que darnos cuenta también que la mansedumbre no es lo mismo que tener un espíritu débil o ser cobarde. La mansedumbre no significa no tener opiniones o ser débil, frágil, endeble, sin cerebro, o una criatura miserable. A veces pienso que esa es la caricatura de la mansedumbre. Si se le preguntara a alguien en el mundo qué piensan que es la mansedumbre, creo que eso es lo que tal vez se imaginan de la mansedumbre, que es alguien que no piensa por sí mismo, que no tiene una opinión, como un limpiapiés, alguien sobre quien la gente camina, alguien que se no se ama lo suficiente.

Permítanme decir que la verdadera mansedumbre bíblica requiere de todo lo contrario a una persona débil o sin carácter.

La mansedumbre es un concepto muy rico. Tiene muchas aplicaciones diferentes, y todavía estoy explorándolo. Es una joya de muchas facetas, pero permítanme leerles algunas definiciones y algunas citas que he encontrado que me han ayudado a tener una mejor comprensión de lo que está involucrado en todo esto de la mansedumbre.

Un diccionario bíblico dice: «La mansedumbre es una actitud de humildad hacia Dios y de gentileza hacia las personas, que surge de un reconocimiento de que Dios está en control.» 1

El diccionario en inglés Merriam-Webster dice:

La mansedumbre es soportar un daño permanente con paciencia y sin resentimiento.

Ahora, ambas cosas son importantes porque hay personas que sufren daños, personas maltratadas. Lo vienen sufriendo desde hace mucho tiempo, pero cargan con (amargura) resentimiento en sus corazones. Así que el hecho de que tú hayas soportado no quiere decir que tengas un espíritu manso. ¿Has aguantado sin dejar que se convierta en resentimiento?

Otro diccionario bíblico dice que:

La mansedumbre es una mente sosegada, de temperamento tranquilo que no se irrita fácilmente. 2

Matthew Henry en su libro dice que:

«La mansedumbre es un espíritu de gracia y amabilidad. Acomoda el alma a cada suceso y así hace a un hombre llevadero, con el mismo y con los demás a su alrededor».

Si tú eres el tipo de persona que haces que los demás se sientan tensos porque estás tensa, entonces hay una falta de mansedumbre. Si eres el tipo de persona que siempre está estresada y entra en pánico y está de prisa, y das la impresión que siempre tienes prisa; que haces que la gente a tu alrededor se sienta incómoda o apresurada o en pánico, eso no es un espíritu de mansedumbre.

Él dice que la mansedumbre es un espíritu de gracia y amabilidad que acomoda al alma a todo lo que está ocurriendo a su alrededor para que pueda ser llevadera consigo misma y con las otras personas.

La palabra en latín para manso o gentil o domesticado es una palabra, no voy a tratar de pronunciarla aquí, pero se trata de dos palabras que significan «acostumbrados a la mano». Se refiere a la domesticación de animales —como por ejemplo para amansar un potro, para romper la voluntad de un caballo hasta que se haga manso y se acostumbre a la mano que lo está entrenando. Es sensible a la mano de su propietario o de su jinete.

Acostumbrada a la mano que es flexible, que responde, y que es sumisa al liderazgo de Dios en su vida.

Tan acostumbrada a la mano que Dios solo coloca Su mano sobre mi espíritu, y yo digo: «Sí, Señor.» Soy sensible al tacto de su mano y respondo al mismo. Eso es un aspecto de la mansedumbre.

Me encontré recientemente un libro que había leído hace mucho tiempo escrito por el Dr. Martyn Lloyd-Jones, Estudios sobre el Sermón del Monte. Tiene un capítulo maravilloso acerca la mansedumbre. Permítanme leerles solo una parte de lo que dice:

La mansedumbre es esencialmente una visión verdadera de uno mismo, que se expresa en la actitud y conducta con respecto a los demás.

Una persona humilde reconoce y llora su propia pecaminosidad [esto es parte de las Bienaventuranzas, los pobres de espíritu, los que lloran]. Por lo tanto, esta persona mansa tiene una ausencia de orgullo. No se afirma, no exige nada para sí misma. Ni siquiera es sensible acerca de sí misma. No siempre está mirándose a sí misma ni a sus propios intereses. No siempre está a la defensiva. Ya no se preocupa de sí misma y de lo que otras personas dicen.

La persona que es verdaderamente humilde no se compadece de sí misma, no siente lástima de sí misma, no se dice a sí misma, «estás teniendo un momento difícil. Qué cruel son estas personas que no logran entenderte». [Eso sería lo contrario a la mansedumbre.]

Ser manso significa que has llegado al final de ti misma. Es ser libre de uno mismo, es una conciencia enfocada en Dios en lugar de en uno mismo. Has terminado contigo mismo por completo, y has llegado a ver que tú no tienes derechos en lo absoluto.

La persona que es verdaderamente mansa es la que se sorprende de que Dios y los demás puedan pensar de ella tan bien como lo hacen y que la traten tan bien como lo tratan.

Ves, cuando no somos mansas, pensamos que otros nos deben tratar mejor, pero cuando somos mansas, pensamos, “Es increíble que la gente me trate tan bien como lo hace. Es la misericordia de Dios, es por eso que Él ha sido tan amable y gentil conmigo como lo ha sido”.

Ahora, al escuchar estas definiciones, estos pensamientos acerca de la mansedumbre, se puede ver que hay tres cualidades estrechamente relacionadas, y que constituyen una verdad en las Escrituras. De hecho, una de las cosas que hace el estudio de la mansedumbre difícil en las Escrituras, es un reto, es que hay diferentes traducciones de las mismas palabras, y reflejan el hecho de que estas tres cualidades están tan estrechamente relacionadas.

Las tres cualidades son: la humildad, la mansedumbre y la gentileza.

La humildad tiene que ver con nuestra visión de nosotras mismas. Nos estimamos a nosotras mismas como pequeñas porque somos pequeñas. Eso es lo que significa tener una mente humilde, tener una evaluación precisa de nosotras mismas, no pensar acerca de nosotras mismas más de lo que debemos pensar. Humildad— realmente no puedes ser mansa sin tener humildad, y si eres humilde, serás mansa. No son iguales, pero estos conceptos están sin duda relacionados.

Entonces la humildad es nuestro punto de vista acerca de nosotras mismas.

La mansedumbre , que a veces se traduce gentileza en algunas de nuestras traducciones modernas— la mansedumbre es una actitud que adoptamos hacia las cosas de Dios y las de otros que nos afectan. Es nuestra actitud hacia Dios en su trato con nosotras y nuestra actitud hacia los demás en sus relaciones con nosotras. Es una actitud interna del corazón. Eso es la mansedumbre.

Así que la humildad es como nos vemos a nosotras mismas, la mansedumbre es cómo vemos a Dios y a los demás en sus relaciones con nosotras— se trata de una actitud interna del corazón— y luego la tercera cualidad es la gentileza.

La gentileza tiene que ver con nuestro trato con los demás. La mansedumbre es nuestra actitud hacia los demás. La gentileza es la acción externa, la forma en que tratamos a las personas. Por lo tanto, si tú tienes un espíritu manso hacia las personas, los tratarás con gentileza. Nuestro trato hacia los demás se basa en cómo los vemos a ellos.

Así que la humildad es como nos vemos a nosotras mismas, la mansedumbre es nuestra actitud frente al trato de Dios y de los demás hacia nosotras, y la gentileza es la expresión externa de una actitud de mansedumbre. ¿Me hago entender?

Hay un montón de frases y términos que podríamos utilizar para describir a las personas mansas, y a veces eso nos ayuda a entender más acerca de lo que es la mansedumbre. Al leer esta última vez a través del libro de Matthew Henry, he hecho una lista de algunos de los términos, las frases, las palabras que él utiliza para describir a las personas mansas y luego algunos de los términos que utiliza para describir a las personas que no son mansas. Quiero leerles algunas de las palabras en esta lista. Creo que va a dar un mayor sentido de lo que estamos hablando cuando hablamos de la mansedumbre.

En primer lugar vamos a ver: la falta de mansedumbre. Les voy a leer algunas de las frases que aparecen en el libro de Matthew Henry, que describen la falta de mansedumbre:

Pasión exorbitante: Una persona que (ahora, ten en cuenta que esto fue escrito hace 300 años) se desenfrena ante la provocación; alguien que enloquece cuando es provocada.

Ira ingobernable: Alguien que está inflamado, alguien que se ofende, alguien cuyo corazón está ardiendo en su interior.

Habla acerca de la prisa y la premura, en oposición a alguien que es manso.

Y por supuesto, la ira es el espíritu tempestuoso, alguien que se irrita fácilmente.

La palabra contención o contencioso aparece mucho cuando piensas en la ausencia de mansedumbre.

Alguien que está inquieto, que es irritable, impetuoso, violento, apasionado, litigante— esa es una palabra que no usamos mucho, pero significa propenso a pleitos, y ¿no es tan cierto esto en nuestra cultura? Personas demandándose unos a otros, es una cultura caracterizada por las contiendas los litigios. Alguien que se apresura a demandar a los demás no es una persona mansa.

Él dice: «La persona que carece de mansedumbre juzga rápidamente a los demás»—es rápida para saltar a conclusiones, es rápida para criticar al otro.

Es también fácilmente perturbada; el ser turbulento como el mar atribulado corresponde a una persona que no es mansa.

Ahora te voy a dar la lista que escribí mientras leía el libro, que corresponden a las palabras que se relacionan con la mansedumbre, palabras que describen una persona que es humilde:

• Mantiene su paz

• Es servicial

• Tiene un espíritu apacible

• Es calmado

• Impasible

• Pacificadora

• Flexible

• Tiene una blanda respuesta

• Es dulce

• Pacífica

• Descansada

• Perdonadora

• Suave

• Ecuánime

• Tranquila

• Compuesta

• Tiene paz del alma

• Serena

• Tolerante

• Amable

• Callada

• Imperturbable

• Con dominio propio

•Templanza (Una persona que es mansa tiene un espíritu que ha sido amansado. Es capaz de gobernar su propio espíritu.)

• Es complaciente

• Con pasiones sometidas

• Sumisa

• Suave o receptiva

• Refrenada

• Pronta para oír, lenta para hablar

Una persona que frena su lengua es una persona mansa. Una persona que considera antes de emitir un juicio y antes de hablar. Piensa antes de hablar. Esta persona no deja escapar las cosas negativas o críticas que vienen a su mente. Primero considera y deja que Dios refrene y reprima su lengua.

Ahora, la mansedumbre fluye de la confianza de que Dios está en control, y por lo tanto, nosotras no lo tenemos que estarlo. Dios está en control. Es una confianza de que Dios está obrando en este mundo, cumpliendo Sus propósitos santos y eternos y, que Dios tiene la última palabra, y que va a corregir todos los males. Eso es lo que nos hace mansas. Es la confianza en el Señor.

No es que nos limitamos a decir: “Oh, voy a dejar que todos los que hacen el mal en el mundo me empujen y me atropellen”. No, es la confianza de que Dios está a cargo, que Él sabe lo que está haciendo; que Él está trabajando, que nosotras estamos trabajando en unión con Él, y que Él va a tener la última palabra. Él va a enderezar este mundo que está al revés. Él compondrá las cosas.

Otro diccionario bíblico dice,

Los humildes no resienten la adversidad porque aceptan todo como el efecto del propósito sabio y amoroso de Dios para ellos para que acepten también los daños de los hombres, sabiendo que éstos son permitidos por Dios para su bien.3

Un espíritu manso viene de centrar nuestras vidas en el poder de Dios, en Su soberanía en Sus propósitos eternos y maravillosos.

Ahora, la mansedumbre tiene aplicación en nuestra relación con Dios y en nuestras relaciones con los demás; lo afecta todo. Tener un espíritu manso afecta:

• La manera en que respondemos a las personas

• La forma en que respondemos ante las presiones

• La forma en que respondemos a los problemas

• La manera en que respondemos a la providencia de Dios a Sus elecciones para nuestras vidas.

• La forma en que respondemos cuando los hombres nos alaban o cuando nos ridiculizan.

• La forma en que respondemos a la pobreza o a la prosperidad

Nuestra respuesta a todo en la vida está determinada, en cierta medida, en si tenemos un espíritu de mansedumbre o no.

Por lo tanto, ¿Es esto algo que quieres perseguir? ¿Es esto algo que quieres obtener? Si eres una hija de Dios, seguramente que sí. Es posible que, como yo, digas: «Oh, lo echo a perder más veces de las que puedo manifestar mansedumbre.» Pero no querrás permanecer en ese estado de falta de mansedumbre. Una cosa es caer en una falta de mansedumbre, otra cosa es el amar estar allí.

Quieres ser mansa. Quieres tener el espíritu de Cristo. Quieres responder a las Si eres una hija de Dios, no te gusta cuando no estás siendo humilde. Dios habla a tu corazón.personas y a las circunstancias de manera mansa.

Así que, a medida que nos adentramos en esta serie, quiero animarlas a que su oración sea: Señor, quiero ser mansa. Quiero tener un espíritu de mansedumbre.

¿Quieres darle a Dios la libertad de mostrarte en qué áreas de tu vida no muestras mansedumbre? Ahora, Dios tiene la libertad de todos modos, pero le dirías: “Señor, quiero que me enseñes. Yo quiero que me hables por tu Espíritu acerca de las áreas en las que tal vez no me he dado cuenta de que no soy mansa. Por favor, muéstrame eso, y, Señor, concédeme el regalo del arrepentimiento. Cambia mi corazón. Cámbiame. Ayúdame a huir de la soberbia que no me deja ser mansa”.

Y pídele al Espíritu Santo, “Produce este fruto en mi vida”.

Es la vida de Jesús. Es el carácter de Jesús. Quiero más de Jesús y menos de mí.

Por lo tanto, en la medida que iniciamos esta serie y examinamos en los próximos días cómo luce la mansedumbre en nuestra relación con Dios, en nuestras relaciones con los demás, en nuestras respuestas ante las presiones, comenzamos diciendo: «Señor, te necesito. Quiero que me enseñes dónde no soy mansa. Yo quiero que me cambies, cambia mi corazón, concédeme arrepentimiento, y cámbiame a la imagen de Cristo. Hazme una mujer de Dios de espíritu manso. Y, Señor, esa es nuestra oración, y lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando lo atractivo que es tener un espíritu manso. Ese mensaje es parte de la serie, “La hermosura de la mansedumbre”.

En ANC recibimos correspondencias y testimonios continuamente de la obra de Dios en la vida de nuestras oyentes. Recientemente, nos escribió Aura. Ella había estado haciendo el reto de 30 días para las esposas que encontró en nuestra página de Internet de AvivaNuestrosCorazones.com Ella nos dice:

«Justo ayer empecé el reto y de forma casi inmediata empecé a ver como Dios obraba en mi matrimonio, o mejor dicho como lo sigue haciendo y el impacto que esto trae en mi esposo. Estoy muy agradecida con Dios por haber usado a una de mis amigas como instrumento para llegar hasta esta página, en donde he encontrado los materiales necesarios para seguir adelante, renovada y muy motivada en mi matrimonio que desde hace un tiempo viene pasando por muchas tormentas, pero estoy confiada en mi Dios que todo va a estar bien, pues Él tiene un plan para conmigo y yo deseo honrarlo. ¡Bendiciones para todas y muchas gracias a Aviva Nuestros Corazones por tan maravilloso trabajo! Que Dios todopoderoso siga derramando sus bendiciones en todas ustedes

Gracias Aura, por escribirnos y es nuestro deseo que muchas mujeres alrededor del mundo encuentren aliento y esperanza al escuchar nuestros programas y utilizar nuestros recursos.

Si Aviva Nuestros Corazones se ha convertido en una parte importante de tu vida, si te ha ministrado, animado, te está alimentando espiritualmente, ¿por qué no nos escribes y nos cuentas cómo ha usado Dios este ministerio en tu vida? Escríbenos a info@avivanuestroscorazones.com.

Y al visitar nuestra página, no dejes de informarte acerca de nuestra primera conferencia Mujer Verdadera para América Latina. Esta se estará celebrando en Santo Domingo, República Dominicana los días 26, 27 y 28 de febrero del próximo año. Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Al tener un corazón manso, te vas a quejar mucho menos. Nancy explicará por qué, mañana. Por favor, únete de nuevo, a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1Youngblood, R. F., Bruce, F. F., Harrison, R. K., & Thomas Nelson Publishers. (1995). Nelson’s New Illustrated Bible Dictionary. Rev. ed. of: Nelson’s Illustrated Bible Dictionary.; Includes index. Nashville: T. Nelson.

2Easton, M. (1996, c1897). Easton’s Bible Dictionary. Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc.

3Wood, D. R. W. (1996, c1982, c1962). New Bible Dictionary (747). InterVarsity Press.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

1/9 – Cultivando un espíritu manso

Aviva Nuestros Corazones

Serie: La hermosura de la mansedumbre

1/9 – Cultivando un espíritu manso

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/cultivando-un-espiritu-manso/

Annamarie Sauter: De acuerdo a Nancy Leigh DeMoss en la actualidad, la mansedumbre no siempre se entiende.

Nancy Leigh DeMoss: El mundo nos dice que si eres mansa, si eres humilde, no vales nada, no tienes nada que te haga feliz. Pero la Palabra de Dios dice que si tienes verdadera mansedumbre bíblica, tú eres una persona bendecida. ¿Quieres las bendiciones que vienen con la mansedumbre? Entonces tú tienes que perseguir algo que es contra-cultura.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Una de las cualidades bíblicas menos comprendida es la mansedumbre. Nancy ha sido retada en esta área, y ella está a punto de desafiarnos en una serie titulada, “La hermosura de la mansedumbre».

Nancy: A muy menudo me encuentro siendo probada en las mismas áreas en que me estoy preparando para enseñar, o acabo de enseñar. El Señor quiere estar seguro de que las cosas que estoy diciendo a los demás las estoy practicando en mi propia vida y supongo que eso es algo bueno.

Tú realmente no sabes lo que sabes acerca de algo hasta que no tienes un examen o una prueba. Por eso es que tenemos pruebas en la escuela. Exámenes rápidos, exámenes a mediados de términos, y exámenes finales. Estos le dicen a la maestra y a nosotros mismos qué material hemos aprendido y qué material todavía tenemos que dominar. Sobre el tema que estamos tratando en esta serie, tengo mucho todavía que dominar.

Me he dado cuenta ahora que he estado estudiando el tema de la mansedumbre, que esto es algo que necesito mucho yo misma. Me siento como si hubiera solo rozado la superficie de lo que hay que aprender sobre este tema. Pero a medida que he estado estudiando, me he encontrado en un campo de batalla muchas veces y fallando miserablemente más veces.

Cuando pienso en las últimas semanas, vienen a mi mente muchas situaciones, cuando me he dado cuenta, lamentablemente después del hecho, muchos de los casos, que la manera en que acababa de comunicar o algo que solo había pensado o un intercambio que acababa de tener con alguien, no provenía de un espíritu manso. Así que yo estoy en el proceso y he tenido convicción de mi propia necesidad de mansedumbre.

La mansedumbre, o la falta de ella, se manifiesta en nuestros corazones antes de que aparezca exteriormente en cualquier otro lugar. Pero entonces, invariablemente, lo que está en nuestros corazones sale a la superficie. Me encuentro en diversos medios de comunicación con los demás -correo electrónico. . . ¿Sabías que puedes mostrar falta de humildad en un correo electrónico? He aprendido que eso es posible. Las llamadas telefónicas, las conversaciones con amigos.

De hecho, en las últimas dos semanas, se han producido y he tenido varios choques relacionales, si pudiera llamarlos así. No grandes, pero momentos de mucha tensión o reuniones de personal o llamadas telefónicas con mi equipo en un momento en que me encontraba molesta y sintiendo que otras personas no estaban haciendo las cosas que debían hacer.

Me detuve en el transcurso de la semana y miré hacia atrás por encima de varios de estos temas y me di cuenta de que yo era el denominador común de todas las historias. Era como, » Wow, mira aquí. Tal vez no sea todo el mundo que tiene el problema. Tal vez eres tú misma la que tienes un problema.» Fue algo bueno para mí simplemente estar estudiando esto y tener al Señor desafiándome.

De hecho, sostuve una llamada telefónica, una de esos choques relacionales. No voy a entrar en todos los detalles, pero había algo en nuestro ministerio, que no era gran cosa, pero algo que yo había estado esperando que sucediera por un largo tiempo. Yo había pedido y nada había sucedido. Así que llamé por teléfono a uno de nuestros empleados, un hombre de nuestro personal. Como mujer, trato siempre de comunicarme con los hombres de nuestro equipo de una manera que sea femenina y con gracia. Tú debes ser así con todo el mundo, pero sobre todo si estamos hablando con hombres, porque quieres honrar su masculinidad.

Tenía que hablar con este miembro del personal que está involucrado en esta área del ministerio y sin previamente preguntar, «¿es este un buen momento, o puedo decirte algo que he tenido en mi corazón y he estado pensando?”, simplemente me descargué. Yo no estaba gritándole, y no estaba enojada. Yo fui muy firme y decidida de que era necesario abordar este tema. Me di cuenta de que el hombre con quien estaba hablando—quien es un hombre gentil, piadoso y humilde de espíritu, ama al Señor, y alguien excelente para servir juntos, simplemente él hizo silencio; yo lo estaba silenciando con mi multitud de palabras, por mi diluvio de palabras.

Hermanas, esto es difícil para los hombres. Es difícil para sus esposos. Es difícil para las personas con las que trabajamos y servimos cuando acabamos abrumándolos con palabras. Él se quedó en silencio. Él no dijo mucho, y yo sabía que él estaba tomando algunas notas. Este hombre es un caballero. El Espíritu estaba otra vez diciéndome, «Tienes que retroceder y darle tiempo para digerir esto y no decirle más cosas». Pero en lugar de hacer lo que el Espíritu me indicaba, porque no estaba recibiendo una respuesta, volví a repasar todo de nuevo. Y ahora más alto, más rápido, con más y más palabras desbordadas.

Yo sabía mientras lo hacía que yo estaba aplastando el espíritu de este hombre. Una vez más, él fue humilde, él fue amable, y él no iba a pelearme. Realmente no lo estaba atacando o aplastando literalmente, aunque él pudo haberse sentido así. Realmente no lo sé. Creo que a veces los hombres se sienten atacados. Y les decimos: «Pero yo solo te estoy diciendo los hechos. ¿Por qué te sientes atacado? “Bueno, es porque lo estamos diciendo tan rápido y con tanta intensidad”.

Algunos de nuestros empleados hablan de la mirada penetrante de mis ojos. Bueno, esto que acabo de relatar fue por teléfono así que él no podía ver mis ojos, pero el tono de mi voz era fuerte. Lo dejamos pasar y porque él no se puso a la defensiva, o por lo que sea, la conversación terminó bien. Pero, de nuevo, el Señor estaba obrando en mí.

Después que terminé esa llamada, pensé, tú acabas de arroyarlo a él con palabras. No fuiste amable. Tú no fuiste considerada. No tuviste en cuenta cómo comunicarte correctamente con él. Lo abrumaste, y no mostraste un espíritu manso. Estos pensamientos estaban en mi corazón esa noche. Y estaban en mi corazón a la mañana siguiente. Me estaba preparando para ir a hacer una entrevista y pensé que tenía que hablar con este hombre. Probablemente él nunca hubiera sacado el tema a relucir.

Así que lo llamé a la oficina y le dije: “El Señor no me dejará en paz sobre esa conversación que tuvimos ayer. Has sido muy amable y te lo agradezco mucho, pero mi espíritu no fue manso. Estoy estudiando la mansedumbre y no la practiqué en esa conversación”. Así que le dije: “¿Me perdonas? No abordé esto de la manera correcta”.

Estoy tan agradecida de que lo llamé. Yo necesitaba aclarar mi conciencia porque sabía que eso era lo que el Señor quería, pero también cuando él respondió y me dijo: “Significa mucho que me llamaras”. Yo sabía que mi falta de mansedumbre realmente lo había afectado. Así que tuvimos un momento dulce y estamos recuperándonos de ese incidente. Pero es mucho mejor tener un espíritu manso desde el principio que después tener que ir a recoger los escombros.

Hemos tenido algunos tornados en esta zona, y si miras todas las ramas rotas, y los escombros y la basura y el desorden, eso es lo que algunas de nuestras vidas producen. Eso es lo que mi vida hace a veces cuando yo entro en una habitación o camino a través de una reunión o camino por la vida de alguien y dejo escombros en el camino diciendo muchas palabras o palabras ásperas o no teniendo un espíritu manso .

Así que estoy muy sintonizada con todo lo que Dios dice sobre este asunto de la mansedumbre. La mansedumbre es importante para Dios. No lo puedes evitar en la Escritura. Sofonías capítulo 2 el versículo 3, dice que debemos buscar la mansedumbre. Colosenses capítulo 3 dice que debemos vestirnos de mansedumbre. Primera a Timoteo capítulo 6 dice que debemos seguir la mansedumbre. No se trata solo de algunos creyentes. Es para todos los creyentes.

En las próximas sesiones vamos a tratar la mansedumbre desde varios ángulos diferentes y quiero ser la primera en decir que no me siento como si lo hubiera alcanzado y comprendido todo acerca de este tema. Un año a partir de hoy creo que podría enseñar esto de manera diferente, pero solo voy a compartir con ustedes lo que Dios ha estado diciéndome acerca de este tema y dejar que Dios lo expanda aún más en sus corazones.

Tenemos que reconocer en primer lugar que la mansedumbre o la humildad no es algo que viene naturalmente. No es asunto de tener una personalidad naturalmente mansa. Algunas personas son naturalmente más tranquilas, calladas o más reservadas, pero eso no significa que sean necesariamente mansas. No hay nadie, de naturaleza, mansa de espíritu. La mansedumbre es sobrenatural. Es una expresión del carácter de Cristo. Es parte del fruto del Espíritu. Es una gracia que el Espíritu obra en nuestras vidas.

Es el Espíritu de Dios que trae nuestra falta de mansedumbre natural, y estoy pensando en qué sería lo opuesto a la mansedumbre, el Espíritu de Dios trae nuestras reacciones naturales desprovistas de mansedumbre, nuestras respuestas y nuestros instintos, bajo Su control para que vayan convirtiéndose en la verdadera mansedumbre de Cristo.

Quiero también recordarte que la mansedumbre, aunque es altamente valorada por Dios, no se valora en lo absoluto en nuestro mundo. No está de moda. No es políticamente correcta, y algo que siempre estamos insistiendo es en convertirnos en mujeres contra-cultura, e ir contra la corriente, ser como el salmón, que nada contra la corriente. Esta debe ser un área entre muchas de preocupación para la mujer que quiere ser contra-cultura. Ser mansa es ir contra la corriente.

El mundo aprecia todo lo contrario a la mansedumbre —la autoafirmación, el defender tus derechos, ser exigente, decir lo que piensas, hacer las cosas a tu manera. Dios valora mucho las cosas que el mundo desprecia. El mundo mira a los humildes a los mansos y dice: “Ellos son débiles”. Pero Dios mira a los mansos y dice: “Me recuerdan a Jesús”. Dios valora grandemente la mansedumbre pero el mundo la detesta y la desprecia, y el mundo estima y valora aquello que Dios detesta.

Así que tienes que decidir, estoy dispuesta a nadar contra la corriente con el fin de perseguir la mansedumbre, porque eso es lo que se necesita.

¿Por qué perseguir la mansedumbre? ¿Qué esperamos ganar con ella? Por supuesto, la razón mayor es porque Dios dice que debemos seguir o alcanzar la mansedumbre. Pero creo que hay otras razones. Hay algunos frutos, bendiciones y beneficios que vienen de la búsqueda de la mansedumbre, que queremos obtener y que podemos tener a medida que llegamos a ser personas mansas.

Creo que tal vez el pasaje más familiar que me viene a la mente esta en las Bienaventuranzas, en el Sermón del Monte, donde Jesús dice: “Bienaventurados los mansos”. Esa palabra bienaventurado significa feliz, afortunada/ dichoso, son aquellos que son mansos.

Ahora, de nuevo, el mundo nos dice si eres mansa, humilde, no vales nada. No tienes nada que te haga feliz. Pero la Palabra de Dios dice que si tienes verdadera mansedumbre bíblica, tú eres una persona bendecida. ¿Quieres las bendiciones que vienen con la mansedumbre? Por cierto, la bendición aquí es que ellos heredarán la tierra. Si somos mansas sentimos que estamos rechazándolo todo, en cambio Dios nos dice, “No, los mansos van a tener todo lo que realmente importa”. ¿Quieres la bendición de la mansedumbre? Entonces tienes que perseguir algo que es contra-cultura.

El Salmo 37 nos dice que “los humildes heredarán la tierra y se deleitarán en abundante paz” (v. 11). Eso es algo que me gustaría tener. Las personas que no son mansas no tienen abundancia de paz. No tienen corazones y mentes tranquilas. Pero la persona que es mansa se deleita en abundancia de paz. La paz de la mente. La paz del corazón. La paz en las relaciones.

Cuando regresé e hice esa llamada telefónica a la persona con quien sostuve la conversación, había una dulzura y una paz en nuestra relación que no había estado allí cuando yo estaba atacándolo, cuando estaba atropellándolo en el transcurso de la discusión. Logré mi punto en la primera llamada. Este hombre entendió claramente lo que creía que él tenía que hacer, pero perdí la relación.

Ahora, de nuevo, él fue humilde y amable, así que no iba a dejar que eso fuera una barrera, pero era una barrera en mi corazón. Era una barrera en mi relación con el Señor. Perdí mi paz, y comencé a experimentar convicción en mi conciencia. ¿Quieres paz? Entonces debes buscar la mansedumbre. Hay abundancia de paz para los mansos.

El Salmos 25 el versículo 9 nos dice, «Encaminara a los humildes en la justicia, y enseñará a los mansos su carrera» (RV). Si queremos que Dios nos guíe, que nos enseñe el camino que debemos seguir, si queremos conocer el buen juicio, si queremos tener visión, sabiduría y entendimiento, tenemos que ser mansas. Veremos que esto ocurre porque las personas mansas son:

• Personas enseñables

• Personas humildes

• Personas abiertas a recibir consejo.

Todas hemos conocido personas— tal vez uno de tus hijos o tus hijas— y en ocasiones todas hemos sido el tipo de persona a la que no se le puede enseñar nada. Lo sabemos todo. Dios dice de las personas que ya piensan que lo saben todo, “Ellos no van a aprender nada de Mí”. Jesús le dice a la iglesia en el Nuevo Testamento “Tú dices que eres rico, y tienes muchos bienes, y no tienes necesidad de nada”.(Parafraseado) Pero Él le dice: “No te das cuenta de que eres desventurado, miserable, pobre, desnudo y ciego. Pídeme, y te daré lo que necesitas”.

Pues bien, la persona que piensa que lo sabe todo no va a estar de rodillas clamando a Dios por sabiduría, por dirección. Pero Dios dice que la persona que humildemente reconoce que necesita dirección, si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios. Dios dice: “Tú sabes que te falta, que la necesitas, pídemela, Yo te la daré”.

Creo que a veces, cuando no sabemos qué camino tomar, no sabemos qué hacer, no sabemos cómo manejar una situación, decimos: “¡Señor, Tú no me has mostrado lo que debo hacer!” puede ser porque Dios sabe que no tenemos un espíritu manso. No tenemos un espíritu enseñable. No estamos dispuestas a recibir lo que Él nos mostrará.

Dios no quiere mostrarnos Su voluntad para que podamos decidir si queremos hacerla. Es como si Dios nos dijera: “tú decides, tu actitud me va a mostrar lo que voy a hacer”. Firma el contrato en blanco en la parte inferior y entonces Él dice: “Entonces ahora te voy a mostrar cuál es Mi voluntad”. Él quiere saber primero que tenemos un corazón manso, receptivo y flexible.

El ser mansa, hablando de las bendiciones y beneficios de la mansedumbre, es ser como Jesús. Y, ¿no es eso lo que quieres? Eso es lo que yo quiero. Tener formado en mí el carácter, el corazón, el Espíritu de Jesús. La Escritura dice que Jesús es manso y humilde de corazón. Por eso dice: “Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29 RV).

El mundo no celebra la mansedumbre, pero el hombre más grande que jamás haya existido, Jesucristo, el Hijo de Dios, Él dijo: “Yo soy manso. Soy humilde de espíritu”. ¿Quieres ser como Jesús? Tienes que ser mansa.

Cuando estoy hablando demasiado, y estoy siendo dogmática, obstinada, crítica, negativa, cuando estoy siendo lo contrario de ser mansa en mi vida, estoy reflejando algo que no es el Espíritu de Jesús. Pero la verdadera mansedumbre, el fruto del Espíritu, y ya veremos lo que esa mansedumbre realmente es, cuando eso se convierte en mi espíritu, entonces estaré reflejando al mundo cómo es Jesucristo.

La mansedumbre en las mujeres es elogiada de manera muy especial en las Escrituras. Y de nuevo, hablando acerca de por qué perseguir la mansedumbre, como mujeres es natural para nosotras el enfocarnos en la belleza física, en el adorno externo, en nuestros peinados, en nuestros estilos de ropa, en las joyas, el maquillaje. y nuestra cultura realmente promueve estas cosas. Si nos fijamos en los anuncios para las mujeres, estas son las cosas que se están promoviendo y que se anuncian como muy importantes.

Pero la Palabra de Dios tiene el consejo correcto para nosotras como mujeres. Esto nos ayuda a ver la belleza desde la perspectiva de Dios. En 1era de Pedro capítulo 3 los versículo 3 y 4 el apóstol Pedro dice:

Y que vuestro adorno no sea externo, corruptible, que lo que tú consideres atractivo, no sean los peinados ostentosos, las joyas de oro los vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible, imperecedero [me encanta esa frase] de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.

Un espíritu afable. Esa palabra en el idioma original es mansa. Un espíritu manso, un espíritu afable, un espíritu apacible. La Escritura dice que una mujer que tiene una actitud interna del corazón de mansedumbre o de humildad y un espíritu apacible tiene una belleza que es imperecedera. Es una belleza que no se desvanecerá. Es una belleza que no tiene que pasar por todo tipo de rutinas de cirugía cosmética o maquillaje para ser preservada. Es algo que se hace más rico y más dulce a medida que pasa el tiempo y envejeces.

Por cierto, mientras envejezco, ¿estoy pensando en cómo puedo tener esa clase de belleza interior que crece, que aumenta? Eso es lo que un espíritu manso hace por nosotras como mujeres. No solo produce ese tipo de hermosura que no se pierde y no se desvanece, sino que ese versículo nos dice que la hermosura de un espíritu humilde y apacible es de grande estima delante de Dios. Esto es lo que hace a Dios mirar a una mujer y decir: “Ella es hermosa”.

Ahora sabemos lo que nos hace mirar a una mujer y decir: “Ella es hermosa”. Pero lo que hace que Dios mire a una mujer y diga: «Ella es hermosa», es un espíritu de mansedumbre y quietud. Un espíritu dulce y manso.

Otra de las razones para buscar la mansedumbre se encuentra en Isaías capítulo 29 versículo 19 nos dice: “Los humildes se llenarán de una alegría nueva de parte del Señor”.

Me encanta ese versículo. En realidad mientras preparaba este estudio me encontré con este versículo. No me había percatado de él antes. “Los humildes se llenarán de una alegría nueva de parte del Señor”. Esa alegría fresca surge de un espíritu que es manso.

A lo largo de esta serie voy a estar leyendo algunos segmentos y enseñando porciones de un libro que ha sido realmente una gran bendición para mí sobre este tema en los últimos años. Es un libro escrito por Matthew Henry en 1698. Tiene más de 300 años de antigüedad. Se llama, “ La búsqueda de la mansedumbre y la tranquilidad de espíritu” (“ The Quest for Meekness and Quietness of Spirit ”). Si lees en inglés te exhorto a leer este libro.

Permíteme leer una cita de Matthew Henry acerca del gozo que se desprende de un espíritu manso. Él dice:

Si hay un cielo en cualquier lugar sobre la tierra, estará en el alma afable y apacible, que actúa y respira por encima de las partes más bajas del mundo, que están infestada de tormentas y tempestades.

En otras palabras, él está diciendo que las cosas aquí abajo en la tierra son tormentosas, son tempestuosas, pero un espíritu afable y apacible te permitirá experimentar la vida en un plano que está por encima del mundo tormentoso y tempestuoso.

Él dice que el tener un espíritu manso y apacible es como tener el cielo en la tierra. Él sigue diciendo:

Un cristiano afable y apacible tiene gozo en sí mismo. Él goza de sus amigos. Él disfruta de su Dios. Y él pone estos deleites fuera del alcance del estorbo de sus enemigos.

En otras palabras, si tú estás viviendo en mansedumbre y tranquilidad de espíritu, y vamos a ver lo que esto realmente es, te coloca en un lugar donde tus peores enemigos no pueden hacer tu vida miserable. Experimentas un cielo en la tierra. “Los humildes aumentarán también su alegría de parte del Señor”.

Así que durante estos próximos días quiero animarte a venir conmigo en este viaje a medida que perseguimos la mansedumbre, mientras buscamos la mansedumbre, y nos vestimos de mansedumbre. Al hacerlo, creo que vamos a encontrar nuevas fuentes de paz y de gozo y de bendición con las que Dios inundará nuestras vidas.

Oremos.

Señor, es una cosa impresionante que Tú quieras bendecirnos. No sé por qué, pero Tú lo haces. Tú has dicho que podemos ser bendecidas si somos mansas, por lo que Te pido que durante estos próximos días nos ayudes a capturar Tu corazón por la mansedumbre para tener una mejor comprensión de lo que es, de cómo luce, de lo que significa.

Señor, estamos diciendo desde el principio que queremos que nos transformes, que nos cambies, que nos vistas con mansedumbre que nos llenes de Tu Espíritu y que produzcas en nosotras el fruto de la mansedumbre, no solo para nuestro propio disfrute y placer, sino aún más para Tu gloria y para que podamos reflejar a Cristo en nuestro mundo. Te lo ruego en el Nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Nancy Leigh DeMoss ha estado orando para que el Señor pueda desarrollar mansedumbre en nosotras.

Nancy: Me siento agradecida al Señor por permitir que podamos continuar proveyendo estas verdades bíblicas para las mujeres a través de ANC; verdades que tanto necesitamos en nuestras vidas diarias.

Hay personas que son una gran ayuda para que esto pueda ser una realidad. Se trata del equipo de colaboradores regulares de Aviva Nuestros Corazones. Me gusta decir que estas personas son el elemento vital de este ministerio. Ellos oran. Ellos comparten el mensaje con otros, y apoyan financieramente este ministerio cada mes.

Si tú has visto a Dios obrando a través de Aviva Nuestros Corazones, tal vez Dios lo ha utilizado de manera significativa en tu vida en los últimos meses, y te gustaría ayudar a tocar más vidas a través de este ministerio, te animo a ser parte de este grupo especial de personas.

Para obtener más información sobre los detalles de cómo unirte a este grupo de colaboradores frecuentes, visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com.

Por favor, ora para que Dios derrame Su Espíritu, para que Él nos visite con Su presencia, para que Él transforme vidas, anime a Su gente, y que todos Sus propósitos se cumplan a través de este ministerio que Dios ha puesto en nuestra manos.

Annamarie: Gracias Nancy.

Hoy fuiste introducida al concepto de la mansedumbre. Y tal vez suena aterrador acercarte a otras personas con un espíritu manso y apacible. La solución a esto es a confiar en Dios más de lo que temes a la gente. Nancy quiere hablar de esto el lunes. Por favor, vuelve a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries y mi mamá es una Mujer Verdadera.

Toda las Escritura fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

3 – No me avergüenzo del evangelio | Romanos 1:16-17

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

3 – No me avergüenzo del evangelio | Romanos 1:16-17

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org/sobre-nosotros/