12/63 – El Poder de la Palabra y el avance del Reino | Marcos 4:21-34 

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

12/63 – El Poder de la Palabra y el avance del Reino | Marcos 4:21-34

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

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Salomón y el Templo

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Salomón y el Templo

R.C.Sproul

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Nosotros hemos visto que fue durante el gobierno del rey David, que Israel entró en su edad de oro. Ahora, se ha dicho de la historia de Israel que, bajo David tuvo lugar el apogeo de esa edad de oro, y que bajo su hijo, Salomón, ese oro empezó a oxidarse un poco y luego de la muerte de Salomón, el reino se empezó a oxidar.

Pero, pasemos algún tiempo, hoy, considerando la relación entre David y los hijos de Salomón, cuando el reino de los judíos se fraccionó en dos y el Reino Unido se desintegró en lo que se denominó el Reino Dividido. Al final de la vida de David, cuando estaba muy enfermo, al parecer su hijo mayor que estaba vivo, de nombre Adonías, supuso que recibiría el trono y que él reemplazaría a su padre en la sucesión dinástica; y así él mismo se declaró rey mientras David aún estaba vivo.

Esta historia se encuentra en el primer capítulo del libro de Reyes, del primer libro. Permítanme leer un breve pasaje al respecto. El versículo 1 del capítulo 1: «El rey David ya era viejo, entrado en días, y lo cubrían de ropas pero no entraba en calor» y luego leemos la historia de Abisag, la sunamita que lo atendía y calentaba.

Después en el versículo 5 leemos: «Entretanto Adonías, hijo de Haguit, se ensalzaba diciendo: “Yo seré rey.” Y preparó para sí carros y hombres de a caballo y cincuenta hombres que corrieran delante de él. Su padre nunca lo había contrariado preguntándole: ¿Por qué has hecho esto? Era también hombre de muy hermoso parecer, y había nacido después de Absalón.  Y había consultado con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar, que respaldaban a Adonías. Pero el sacerdote Sadoc, Benaía, hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y los valientes que tenía David, no estaban con Adonías».

¿Ves ahora lo que está pasando aquí? Es posible afirmar que el hijo mayor de David, que estaba vivo, el hermano menor de Absalón, (Absalón, el que previamente se había rebelado contra su padre y trató de tomar la corona) y después que Absalón murió, ahora su hermano parece estar siguiendo sus pasos.

Lo que Adonías hace es reclamar el reino para sí mismo y conseguir que ciertas personas sean sus aliados, entre ellos Joab, quien es el general de mayor confianza de David.

Y él convence a algunos otros para esta conspiración; pero aquellos que son notablemente eliminados y no contados en este golpe, están personas como Abiatar, el sacerdote, y Natán, el profeta, y muchos otros que habían sido muy leales a David. Es decir, esto es algo trágico, pero es el tipo de cosas que se ven en los golpes de estado a lo largo de la historia, donde hay intentos de tomar el poder para uno mismo.

Entonces tenemos una lucha de poder de la mayor magnitud, que enfrenta David en los últimos días de su vida. Pero él ya había hecho un juramento a su esposa Betsabé, que su hijo Salomón recibiría el trono.

Y así, David se entera sobre esta conspiración de Adonías y en la última parte del capítulo 1 del primer libro de Reyes, versículo 32, leemos estas palabras: «Entonces el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc al profeta Natán y a Benaía, hijo de Joiada. Ellos entraron a la presencia del rey, y el rey les dijo: Tomad con vosotros a los siervos de vuestro señor, haced montar a mi hijo Salomón en mi propia mula y bajadle a Gihón. Que allí el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo unjan como rey sobre Israel; y tocad trompeta y decid: ‘¡Viva el rey Salomón!’».

Así que al final de su vida, David toma estas medidas para asegurar la sucesión dinástica de su trono, que está de acuerdo con sus deseos. Así que, después de que Salomón es anunciado como el sucesor de David, David llama a Salomón a su presencia.

En el capítulo 2, verso 1 leemos esto: «Y acercándose los días de la muerte de David, dio órdenes a su hijo Salomón, diciendo: Yo voy por el camino de todos en la tierra. Sé, pues, fuerte y sé hombre.

Guarda los mandatos del Señor tu Dios, andando en sus caminos, guardando sus estatutos, sus mandamientos, sus ordenanzas y sus testimonios, conforme a lo que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas, para que el Señor cumpla la promesa que me hizo, diciendo: ‘Si tus hijos guardan su camino, andando delante de mí con fidelidad, con todo su corazón y con toda su alma, no te faltará hombre sobre el trono de Israel’».

Esto es prácticamente lo último que hizo David antes de morir. Una vez vi un programa de entrevistas en la televisión, en el que la persona entrevistada era Burt Reynolds, y el conductor del programa hablaba sobre la Transición, el pasar de la juventud a la adultez.

Y preguntó a Burt Reynolds, «¿Cómo sabes cuando te has convertido en un hombre?»  Y Burt Reynolds respondió a esa pregunta en la televisión nacional diciendo: «Tú sabes que eres un hombre cuando tu papá dice que tú eres un hombre».

Nunca he olvidado eso porque mostró un supuesto tácito que tiene raíces profundas en los hombres. Y lo que está pasando aquí al final de la vida de David, es que le dice a su hijo Salomón, «Sé un hombre». Y en el traspaso a Salomón, cuando le entrega el trono, él centra su atención en la solemne responsabilidad que conlleva el reinado: que debe ser obediente a la ley del rey, que debe seguir todos los mandamientos de Dios, todos los estatutos de Moisés, entre otras cosas.

Así es cómo el reino pasa de las manos de David a las manos de Salomón. La rebelión es pulverizada, los enemigos de Salomón son eliminados, y Salomón ahora tiene el camino despejado para ser el rey indiscutible sobre la nación. Ahora, para tener una idea de Salomón, tenemos que ir al tercer capítulo del primer libro de Reyes, donde leemos en el versículo 1: “Salomón se emparentó con Faraón, rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón y la trajo a la ciudad de David mientras acababa de edificar su casa, la casa del Señor y la muralla alrededor de Jerusalén.

Sólo que el pueblo sacrificaba en los lugares altos, porque en aquellos días aún no se había edificado casa al nombre del Señor. Salomón amaba al Señor, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos».

Lo que tenemos en esta declaración introductoria del capítulo 3 es una especie de presagio siniestro de lo que el futuro tiene reservado para Salomón.

Es evidente en nuestra cultura comprender que el nombre de Salomón esté vinculado proverbialmente con la sabiduría. Si vemos a alguien hoy que es particularmente sagaz, podemos decir acerca de esa persona: “Esa persona tiene la sabiduría de Salomón». Nadie en toda la sagrada Escritura se destaca con poseer tal don de sabiduría como este personaje, Salomón.

Su nombre se asocia íntimamente con una gran parte del Antiguo Testamento llamada la literatura sapiencial. Tradicionalmente, se considera a Salomón como el autor del Cantar de los Cantares, el autor de muchos, si no de la mayor parte de los proverbios contenidos en ese libro, y también el autor de una porción de los salmos que perduran hasta nuestros días.

De modo que él era famoso por su extraordinaria manifestación de sabiduría que veremos un poco más profundamente en un par de minutos. Pero fue Aristóteles quien dijo que en el cerebro del más sabio de los hombres siempre se encuentra el rincón del necio.

Ten presente que cuando leemos de estos héroes y heroínas del Antiguo Testamento, la Biblia no teme hacer los retratos de sus héroes y heroínas, con todos sus defectos. Por eso a menudo estas personas que emergen como gigantes de liderazgo y de la fe tienen características que nos recuerdan a una tragedia de Shakespeare, donde hay algún tipo de defecto mortal o imperfección que los lleva a la ruina, tarde o temprano. Y este es el caso de la persona de Salomón. Al inicio de su reinado, él manifiesta una sabiduría extraordinaria y una profunda devoción a las cosas de Dios.

Y como dije, David llevó a Israel a su edad de oro, extendió sus fronteras desde Dan hasta Beerseba y, en realidad, lo que hizo David en lo administrativo fue superado por Salomón, pues Salomón fortaleció los tesoros, se embarcó en ambiciosos programas de construcción y proyectos de obras públicas, e incluso fortaleció el poder militar del reino que heredó de su padre; por una temporada.

Pero lo que empezó con un espíritu de humilde dependencia de Dios empezó a desmoronarse y desintegrarse conforme pasaban los años. Pero una vez más consideremos por un momento esta extraordinaria dimensión de la sabiduría de Salomón.

Leemos en el capítulo 3, verso 6 o verso 5 debería decir: «Y en Gabaón el Señor se apareció a Salomón de noche en sueños, y Dios le dijo: Pide lo que quieras que Yo te dé. Entonces Salomón dijo: Tú has usado de gran misericordia con tu siervo David mi padre, según él anduvo delante de ti con fidelidad, justicia y rectitud de corazón hacia ti; y has guardado para él esta gran misericordia, en que le has dado un hijo que se siente en su trono, como sucede hoy.

Y ahora, Señor Dios mío, has hecho a tu siervo rey en lugar de. mi padre David, aunque soy un muchacho y no sé cómo salir ni entrar. Tu siervo está en medio de tu pueblo al cual escogiste, un pueblo inmenso que no se puede numerar ni contar por su multitud.

Da, pues, a tu siervo un corazón con entendimiento para juzgar a tu pueblo y para discernir entre el bien y el mal. Pues ¿Quién será capaz de juzgar a este pueblo tuyo tan grande?”

Este pasaje huele a un espíritu de humildad de un joven que ahora recibe esta gran carga de gobernar a una nación que había sido organizada con grandeza por su propio padre.

Ocupar el lugar de David era algo poco envidiable por decir lo menos. Es un hombre joven, al parecer ya casado, y su matrimonio fue un matrimonio de diplomacia internacional. Se casó con la hija de faraón por lo tanto, cimentó las relaciones políticas entre el gran imperio de Egipto y la nación de Israel.

Pero, ¿recuerdas que vimos ese toque siniestro anteriormente en el capítulo? Volvamos a donde dice que ‘Salomón la trajo’ que es la hija de Faraón, a la ciudad de David, hasta que terminó la construcción de su propia casa, la casa del Señor, y el muro alrededor de Jerusalén. Entre tanto, es decir, hasta que se construya el templo, no hay un santuario central para que la gente adore, por lo que participan en la creación de sus propios sitios sagrados en los lugares altos

Y leemos mucho en el Antiguo Testamento sobre los “lugares altos”, porque los lugares altos se convirtieron en sinónimo de santuarios paganos y altares paganos. Y el pueblo de Israel ya anda corriendo, haciendo sacrificios en estos lugares altos y Salomón participa en esto también.

Y leemos al final de esta sección, que: “Salomón amaba al Señor, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos”. Esto será su perdición.

Y hay algo más que se insinúa aquí, que será su perdición: que su primer matrimonio es con una mujer pagana de una cultura pagana, lo que ya es en sí un acto de desobediencia puesto se le había ordenado al pueblo judío no casarse con los paganos alrededor de ellos, pero Salomón hace eso.

Pero él es aún joven, es idealista, está abrumado con la enorme responsabilidad que tiene ante él y Dios le dice, «Pide lo que quieras que yo te dé».

Y él no pide por dinero, no pide por fama, no pide por poder. No busca de Dios esos regalos o bendiciones que, tan a menudo, son la pasión que consume a otros jóvenes que buscan la fama y la fortuna.

Salomón lo que más desea es un corazón entendido. Él quiere la sabiduría para poder ser un buen rey. Él quiere sabiduría para poder resolver los conflictos y las diferencias que se producen dentro de la nación; que pueda ser un juez como Samuel, que pueda ser piadoso como su padre.

Esto es lo que él pide de Dios. Ahora leamos la respuesta de Dios a esto. Dice el versículo 10 del capítulo 3: «Y fue del agrado a los ojos del Señor que Salomón pidiera esto. Y Dios le dijo: Porque has pedido esto y no has pedido para ti larga vida, ni has pedido para ti riquezas, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que has pedido para ti inteligencia para administrar justicia, he aquí, he hecho conforme a tus palabras.

He aquí, te he dado un corazón sabio y entendido, de modo que no ha habido ninguno como tú antes de ti, ni se levantará ninguno como tú después de ti. También te he dado lo que no has pedido, tanto riquezas como gloria, de modo que no habrá entre los reyes ninguno como tú en todos tus días. Y si andas en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos como tu padre David anduvo, entonces prolongaré tus días. Salomón se despertó.» Esto es extraordinario.

Su petición fue humilde y Dios dijo: ‘Porque tu petición fue esto, que es tan humilde, estoy muy contento y voy a acceder a dicha petición; pero no solo voy a darte eso, sino que voy a darte todas las cosas que no pediste. Voy a darte poder y fama y ​​gloria y riquezas».

¿Recuerdas la historia sobre las minas del rey Salomón que revelan la fabulosa riqueza que se acumuló durante el reinado de este rey? Su reino llegó a ser tan opulento que la reina de Sabá vino de lejos para contemplar la gloria del reino que pertenecía a Salomón.

Incluso Jesús, hace referencia a ese episodio en el Nuevo Testamento. Bueno, la primera gran tarea de Salomón era cumplir el sueño de su padre y la voluntad del Señor en la construcción de la casa que sería la casa de Dios. Es bajo el reinado de Salomón que el templo del Antiguo Testamento se construye.

Y se construye a través de un tratado que Salomón hace con el rey de Tiro, cuyo nombre es Hiram, el cual proporcionó todos los materiales de construcción necesarios y este programa masivo se completa. Y al momento de la culminación del templo, una vez más vemos a Salomón en su rigurosa dedicación por las cosas de Dios cuando dedica el templo, el templo que su padre quería construir, pero Dios dijo: «No, esto se dejará a la próxima generación”

Y en la dedicación del templo, Salomón sigue manifestando una vida de devoción y obediencia. Pero luego en el capítulo 11 del primer libro de Reyes, empezamos a ver el triste declive de la integridad del hombre. El capítulo 11 inicia con estas palabras: «Pero el rey Salomón, además de la hija de Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras, moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas, de las naciones acerca de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel:

No os uniréis a ellas, ni ellas se unirán a vosotros, porque ciertamente desviarán vuestro corazón tras sus dioses. Pero Salomón se apegó a ellas con amor. Y tuvo setecientas mujeres que eran princesas y trescientas concubinas, y sus mujeres desviaron su corazón.

Pues sucedió que cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre.»

Ciertamente vemos la depravación en la que se hundió en el versículo 5: “Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como le había seguido su padre David.”

Luego construyó un lugar alto, edificó un altar a un dios pagano e hizo esto para complacer a sus esposas extranjeras. Entonces leemos en el verso 9: “Y el Señor se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado del Señor.” Luego, “Y el Señor dijo a Salomón: Porque has hecho esto, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que te he ordenado, ciertamente arrancaré el reino de ti, y lo daré a tu siervo.”

Lord Acton dijo, ‘el poder corrompe. Y el poder absoluto corrompe absolutamente’.  Esto no es exactamente cierto ya que solo Dios tiene poder absoluto y no hay corrupción en él. Pero humanamente parece ser cierto con mucha frecuencia.

Junto a este incidente, hay otro que no he mencionado. La Biblia pone gran énfasis en el pecado de Salomón al excederse con las peticiones de sus mujeres extranjeras de construir altares y santuarios a deidades paganas y esta fue su perdición.

Pero también en su afán de hacer el reino grande, para embarcarse en un proyecto de construcción masiva, Salomón instituyó el corvée, un término usado para referirse al trabajo de esclavo. Y lo más terrible de esto es que Salomón esclavizó una parte de su propio pueblo como algo esencial para completar la construcción de sus proyectos de obras públicas. Y eso, incluso más que la apostasía religiosa, provocó la división del reino, como veremos en el próximo segmento.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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3/27 – La preexistencia de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

el CriSerie: El Cristo incomparable

3/27 – La preexistencia de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-preexistencia-de-cristo/

Leslie Basham: Jesús ha existido desde la eternidad pasada. ¿Qué hacía Jesús antes de descender a la tierra como un bebé? Aquí está Nancy Leigh DeMoss .

Nancy Leigh DeMoss: Jesús no solamente se deleitaba en Su Padre, disfrutando de Su compañía; sino que también se deleitaba en nosotros desde la eternidad pasada.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demos, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuándo empieza a existir Jesús? Es una pregunta cuya respuesta es esencial para mantener una teología sana. Cuando la respondas y lo comprendas, esto va a afectar tu adoración.

Nancy está abordando este tema a su paso por un libro titulado, “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ — disponible en inglés]. Aquí está ella hablándole a un grupo de mujeres.

Nancy: Desde que yo era una niña pequeña he sido una aficionada a las biografías, disfruto su lectura y he acumulado una enorme colección de ellas. Al paso de los años he leído muchísimas y he descubierto que la gran mayoría inicia haciendo referencia a la era o a las circunstancias alrededor del nacimiento de la persona. La mayoría de las biografías comienzan narrando el nacimiento del protagonista de la historia.

Nosotros estamos comentando en esta serie acerca de El Cristo incomparable; no hay otro como Él. Hoy meditaremos aún en otro aspecto que hace a Cristo único.

Él es único entre los fundadores de religiones, o entre aquellos de quienes se han escrito sus biografías, porque si hablamos sobre cualquiera acerca de quien se haya escrito una biografía, veremos que su existencia comenzó en el momento de su nacimiento—pero este no es el caso de Cristo.

Jesucristo no empezó a existir al nacer de María en Belén, quizás no habías pensado en ello antes, pero esto es un hecho. Él existía mucho antes de que se celebrara la noche de Navidad, mucho antes de Su encarnación y de Su vida aquí en la tierra. En el principio de los tiempos, Él ya era.

Vamos a estar hablando hoy, y a lo largo de esta serie, de algunos temas difíciles de comprender, de cosas que no son fácilmente entendidas, pero que tenemos que aceptar por fe porque estamos tratando con realidades sobrenaturales; con asuntos que nuestras mentes racionales no logran comprender. En el inicio de los tiempos, Jesús ya existía. Él ya era. En el principio, Él ya estaba allí. Él siempre existió.

Algunas sectas, cultos y falsas religiones niegan la existencia eternal de Jesús y alegan que fue una criatura creada. De hecho, averiguar la postura de estas religiones con relación a esta doctrina, nos ayuda a discernir si su doctrina está o no apegada a las Escrituras. Pregúntate, ¿Creen ellos que Cristo siempre ha existido?

En esta serie estamos siguiendo como guía, el libro de Oswald Sanders titulado “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Te invitamos a acompañarnos a través de este estudio durante las semanas previas a la Semana Santa.

Hoy estaremos viendo el capítulo 2 de “El Cristo incomparable”. El capítulo se titula “La preexistencia de Cristo”. Ninguna otra biografía puede iniciar con la preexistencia de su personaje, puesto que esa vida empieza con su nacimiento. Pero Cristo siempre ha existido. Él ha existido eternamente, desde el pasado y a través de toda la eternidad. Este es el testimonio de los profetas del Antiguo Testamento. Ellos hablaron de ese hecho de que Cristo existía aun antes de que el universo fuese formado, antes de que llegase a Belén como un bebé.

Por ejemplo, en Miqueas capítulo 5 en el versículo 2, un versículo que con frecuencia escuchamos citado en Navidad, dice:

“Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. [¿De quién está hablando?] De Jesús y dice “Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad”.

Él saldrá, pero siempre ha sido. La eternal preexistencia de  Cristo— existe desde la eternidad.

Leamos, ahora, un pasaje muy familiar para muchas de nosotras, en Isaías capítulo 6: El profeta dice:

“En el año de la muerte del rey Usías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria”. (vv. 1-3)

Esto fue dicho y escrito cientos de años antes de que Cristo hubiese nacido; desde entonces Isaías vio la gloria de Dios, la gloria del Señor. Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, se hace claro para nosotros que Isaías estaba viendo al Cristo. Él estaba contemplando al Mesías sentado en ese trono.

En el evangelio de Juan, en el capítulo 12—veamos la secuencia aquí—en ese capítulo 12, Juan cita el texto de Isaías capítulo 6, el mismo pasaje que acabamos de leer hace un momento. Pero Él lo aplica a Jesús.

Él dice, “estoy hablando de Jesús.” Y luego dice en Juan capítulo 12 versículo 41, “Esto dijo Isaías porque vio Su gloria, y habló de Él.” ¿La gloria de quien? La gloria de Jesús. “Vio Su gloria y habló de Él”. Isaías vio a Jesús sentado en el trono. Era la gloria de Cristo, la gloria del Padre—uno con el Padre.

De manera que Cristo existía cientos, miles de años antes de su nacimiento como hombre en la tierra; de hecho existía ya desde la eternidad.

No solo dan testimonio los profetas en el Antiguo Testamento acerca de la preexistencia de Cristo; sino que también se hace en el Nuevo Testamento. Juan “el Bautista”; él dio testimonio de  la preexistencia de Cristo.

Juan capítulo 1 versículo 15, dice,  “Juan dio testimonio de Él y clamó, diciendo: Este era del que yo decía: «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo».

Eso suena un tanto complicado, «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo». Sabemos que Juan nació seis meses antes que Jesús, así que en su naturaleza humana Juan era antes que Jesús. Juan era primero que Jesús. Pero, como el eterno Hijo de Dios, Jesús existía eternamente antes que Juan. Así es que Juan dice: «El que viene después de mí—quien nació después que yo—es antes de mí, porque era primero que yo». El preexistía  desde la eternidad pasada.

Esta preexistencia de Jesús, no fue solamente testimonio de Juan, el Bautista; sino también, en numerosas ocasiones, el testimonio de Cristo mismo sobre sí mismo. En Juan capítulo 3: versículo 13, Jesús dice, “Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo”. Jesús está diciendo: Estoy aquí en la tierra, descendí de los cielos; vine del cielo”.

Nosotros solemos decir que los niños y las niñas vienen del cielo, pero sabemos que no es así. Dios los crea en el vientre de sus madres, pues no existían en el cielo antes de llegar al mundo. Pero Jesús existía en el cielo antes de llegar a esta tierra.

En Juan capítulo 6 versículo 33, Jesús dice, “Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo”. Luego dice, “Yo soy el pan de vida.” Jesús dice, “Yo estuve en otra parte antes de llegar aquí; vine de algún sitio antes de llegar aquí. ¿De dónde vengo? Vine del cielo.” Jesús dice, “yo anduve por ahí, ya existía antes de bajar del cielo.”

Otro pasaje más,  es Juan capítulo 8, el cual para variar es un poco confuso, pero igual leamos desde el versículo 56 a ver si lo entendemos. Comenzando en el versículo 56, Jesús dice, “Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró.” Abraham había vivido miles de años antes. Abraham había visto hacia el futuro y había anticipado el día que Cristo viniera a la tierra. Lo vio por fe y se regocijó.

“Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” [De hecho Jesús apenas pasaba de los treinta años.] “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham,” quien te precede por miles de años? (v.57)

Jesús les responde esto—imagínense cómo debe haberles impactado escuchar esto en aquél tiempo. Jesús les dice,  “En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy.” (v. 58)  De seguro estaban ellos allí rascándose la cabeza y preguntándose, “¿estará loco este hombre?”

No ¡no estaba loco! Él es el Cristo incomparable. Él vino a la tierra. Vino a marcar cual bisagra la historia humana. Por años la historia ha clasificado las fechas de los acontecimientos como AC (Antes de Cristo) o como DC (Después de Cristo) —“En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy”

Él no dice “Yo era”; sino dice “Yo soy”. Él es el eternalmente existente YO SOY. Siempre ha sido Yo Soy. Él es Yo Soy y siempre será Yo Soy. Siempre ha sido, siempre es y siempre será el eternalmente existente Cristo. Jamás ha habido tiempos en los que no ha existido en toda su plenitud.

Habiendo establecido lo anterior, ahora me intriga el considerar qué tanto sabemos acerca de la vida de Cristo antes de que viniera a la tierra. Vayamos a Juan capítulo 1 versículo1. Este es un pasaje que visitaremos numerosas veces durante esta serie, Juan dice, “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.”  Sabemos que la palabra “Verbo” se refiere a Cristo—la expresión de Cristo; porque Cristo es la Palabra Viva de Dios.

“En el principio existía el Verbo” —no dice que el Verbo empezó, sino que ya estaba ahí—Cristo estaba ahí, » el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” .

Entonces, ¿Qué sabemos acerca de la vida de Jesús antes de que viniera a la tierra?

Bueno, pues primero que nada sabemos que Él estaba con Dios. Él mantenía una comunión cercana,íntima y personal con Dios. Él estaba con Dios.

Juan capítulo 1 continúa diciendo en el versículo 18: “Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer.” ¿De quién estaba hablando él aquí? De Jesucristo, el único Dios. Él es Dios, pero también está a la diestra del Padre. Él nos ha dado a conocer al Padre.

Algunas de sus traducciones dice, “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer”. (RV60) Está al lado del Padre. La Nueva Versión Internacional dice que “vive en unión íntima con el Padre”. Él está al lado del Padre. Está con el Padre. Desde la eternidad pasada Jesús ha estado cerca de Dios. Él ha estado con Dios en comunión íntima. Ahora eso va a ser importante al comprender por qué Jesucristo  vino a esta tierra.

Pero no solo estuvo con Dios, sino que era Dios. Eternamente ha sido uno con el Padre, aunque son distintos. Él es una persona diferente al Padre; de hecho son tres personas separadas—Padre, Hijo y Espíritu Santo—tres personas distintas pero aún así son uno. No vamos a estudiar la Trinidad completa aquí, nos volveríamos locas tratando de entender esto, pero sabemos que Él es eternamente uno con el Padre.

Él siempre existió en la forma de Dios como nos lo recuerda   Filipenses, capítulo 2, “. . .Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse”. Él es Dios.

Hebreos capítulo1 nos dice que,  “Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza. . .” (v. 3).

Ahora bien, seré la primera en reconocer que aquí estamos entrando en un misterio. Estamos apenas introduciendo un dedo en la profundidad de esta agua, pero Él siempre ha estado con Dios, y siempre ha sido Dios. Él es la expresión exacta de Su naturaleza. Él es el resplandor de Su gloria.

Así que estaba con Dios, Era Dios. Era Dios antes de venir a la tierra. Y luego ¿Qué estaba Él haciendo? Bueno, al estudiar las Escrituras, aprendemos que siempre ha estado activo, trabajando siempre. No solamente cuando vino a la tierra ejecutó obras grandiosas, sino que siempre ha estado ocupado desde la eternidad pasada. Él estuvo ocupado creando el universo. Él es el Creador NO creado.

Juan capítulo 1 versículo 3 dice, “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Él es el Creador. Vemos este hilo a través de todos los registros del Nuevo Testamento.

Colosenses capítulo 1 dice,   “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él.”  (v.16) Jesús estaba ocupado creando todas las cosas.

Hebreos capítulo 1 versículo 3, dice “En estos últimos días [Dios] nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo”. Jesús está activamente involucrado con el Padre creando el universo. Activamente involucrado en el sustento del universo.

Colosenses capítulo 1 dice, “Y Él es antes de todas las cosas,” —la preexistencia de Cristo, — “y en Él todas las cosas permanecen.” (v.17)  Él es el pegamento de nuestro universo. Si no fuera porque Cristo sostiene unido este universo, las cosas simplemente se saldrían fuera de control.

Él no es un Dios que meramente creó el mundo, lo lanzó al universo, para luego permanecer pasivo, alejado de ese mundo. No, Él está activamente involucrado en mantener y sostener este mundo.

Hebreos capítulo 1 versículo 3 nos dice que: “Él es quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…” Él está activamente involucrado en el sostenimiento de Su Creación.

Te pido por favor que vayamos un momento a Proverbios capítulo 8. Un pasaje del Antiguo Testamento que pienso nos permite entrever qué hacía Jesús antes de venir a este mundo.

Proverbios capítulo 8. Este capítulo es la personificación de la sabiduría. Se le considera a la Sabiduría una persona en este capítulo. El capítulo completo habla de la Sabiduría, la sabiduría hace esto,  la sabiduría hace lo otro. . . Muchos estudiosos de las Escrituras opinan que está haciendo referencia a Cristo, quien es la Sabiduría de Dios. Así que donde está la palabra sabiduría en el capítulo 8 del libro de Proverbios, puedes pensar en Cristo. Al leer varios de estos versículos, creo que estarás de acuerdo conmigo de que este pasaje es un retrato de Cristo.

Empezando con el versículo 27, justo por la mitad del capítulo. Está hablando sobre la creación. La Sabiduría dijo,

“Cuando estableció los cielos, [Jesús habla de haber estado presente durante  la creación]; allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo, cuando arriba afirmó los cielos, cuando las fuentes del abismo se afianzaron,  cuando al mar puso límites para que las aguas no transgredieran su mandato, cuando señaló los cimientos de la tierra, yo estaba junto a Él, como arquitecto; y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia. (Prov. 8:27-30)

Jesús dice, “Yo estuve durante la Creación. Yo estaba al lado de Mi Padre, como un maestro arquitecto o como un hábil artesano. La palabra en griego que vemos aquí en el Antiguo Testamento dice, “estaba yo ordenándolo todo. Yo estuve a Su lado.” Él estuvo activamente involucrado con Su Padre como un obrero experto, ordenando las piezas del universo.

Así que cuando Dios creó el mundo, Jesús estuvo con El Padre, a Su lado, no como un espectador pasivo, sino trabajando activamente con Su Padre. Y, de la misma manera trabajaron juntos cuando Dios ideó el plan de salvación en la eternidad pasada. Jesús estaba con Él, ideando el plan con Él.

Y luego, al avanzar en Proverbios capítulo 8, vemos que a lo largo de toda la eternidad, Jesús estuvo gozoso—el Dios gozoso. Dice,

“yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto; versículo 30 y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.” (Versos 30-31)

“. . . era su delicia de día en día”, regocijándome en todo tiempo. Jesús nunca sintió nada más que gozo.

Es un cuadro, si se me permites exponerlo así, sin sonar irrespetuosa o trivial, es un cuadro de un Dios feliz, de un Salvador gozoso. El Padre y el Hijo se deleitaron muchísimo el uno en el otro. El Padre se deleitó en el Hijo, se complació de Su obra.  “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.” (Mateo 3:17) ¿Lo recuerdas?

“. . . era su delicia de día en día”. Y el Hijo se regocijaba en el Padre y se regocijaba en Su obra. “Complacido de hacer Su voluntad”. Este es un deleite mutuo; de uno con el otro—un Dios gozoso.

Y luego notamos en este pasaje a un Dios relacional. Ellos se disfrutaban entre sí. Disfrutaron estar juntos. Tenían a diario un sano compañerismo y una comunión inquebrantable entre ellos mismos. Pero Jesús—y esto es asombroso si meditas en esto: Jesús no solo se deleitó en Su Padre y disfrutó la compañía de Su Padre; sino que también desde la eternidad pasada se deleitaba en nosotros—se deleitaba en la humanidad.

“Regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.” (Verso 31). Verás, Jesús amó a Su Padre, amaba estar con Su Padre, así que también amó a los seres humanos, quienes habían sido formados a la imagen de Su Padre y se deleitó en nosotros.

Ahora, esto es todo un cuadro, muy diferente a lo que muchos piensan de Dios. Pensamos en Dios como un ser severo, imposible de agradar, sin complacerse en nosotros en lo absoluto, buscando cómo hacer nuestras vidas más difíciles de lo que son.

Y es verdad que existen aspectos del carácter de Dios y del corazón de Cristo que nos resultan difíciles, especialmente cuando pecamos. Cuando somos orgullosas, Él humilla al orgulloso. Pero si retrocedemos,  nos percatamos que desde el principio, Dios inicia deleitándose en nosotros, que es un Dios gozoso, que Jesucristo desde la eternidad pasada, estaba deleitándose en nosotros. Él estaba regocijándose en el mundo aún no habitado de Dios.

Jesús desea que estemos con Él y con Su Padre, que vivamos con Él al lado del Padre, que nos gocemos en Él, que nos deleitemos en Él, que nos deleitemos en servir y en bendecir a otros. Él anhela que nosotros lleguemos a disfrutar de la misma relación con el Padre que Él ha disfrutado por toda la eternidad. Él desea que participemos del gozo que Ellos experimentan como Padre e Hijo.

Eso es lo que Jesús dice en Juan capítulo 15: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto.” (v.11) Eso es lo que Cristo desea para ti. Él anhela que nosotras tengamos esa plenitud de gozo y esa relación que Él tenía con Su Padre Celestial.

Permíteme solo mencionar otro asunto: Sabemos que antes de que Jesús llegara a esta tierra, Él era rico. Él era glorioso. Él tenía gloria con el Padre. Él vivía en un medio maravilloso, libre de pecado; lo sabemos porque en Juan capítulo 17, al final de su vida terrenal, Él ora así, “Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera”. (v.5)

De manera que Jesús dejó todo esto, se vació de Sí mismo, de la gloria que tenía en el cielo, para venir a esta tierra. Él escogió dejarlo todo atrás. ¿Por qué se despojó de todo esto—de ese compañerismo, de esa comunión, de ese gozo, de esa continua celebración, de ese regocijo, y ese deleite? ¿Porque se negó a Sí mismo todo esto y descendió a éste planeta corrupto y pródigo?

Bueno, Él lo hizo en obediencia a la voluntad de Su Padre: “Me deleito en hacer Tu Voluntad.” Y lo hizo por Su gran amor por nosotros.

El viejo himno lo dice así:

Saliendo de los palacios de marfil, a un mundo de dolor; solo su gran amor eterno, impulsó a mi Salvador  “Saliendo de los Palacios” de Henry Barraclough.

Fue Su amor por ti; fue Su amor por mí, Su deleite en nosotros que le movió a venir a la tierra. Fue enviado a la tierra por el Padre, enviado en una misión divina. El Hijo eterno, eternamente preexistente, Él que siempre fue, irrumpió en el tiempo, vino a este planeta— y hablaremos de ello en nuestra próxima sesión.

Pero ¿Por qué lo hizo? Vino para hacer posible que nosotros experimentáramos el gozo, la comunión, la unidad con el Padre que Él había disfrutado con el Padre durante toda la eternidad. 

Leslie: Ella es Nancy Leigh DeMoss explorando una pregunta muy profunda: ¿Qué estaba haciendo Jesús en la eternidad pasada?

Oswald Sanders escribió un capítulo sobre ese tema en su libro, “El Cristo incomparable”. Muchas de nuestras oyentes están leyéndolo y escuchando a Nancy enseñar acerca de esto durante las semanas de preparación para el Domingo de Resurrección.

Nancy volverá mañana con la serie, El Cristo incomparable, y estará enfocando su enseñanza en la encarnación. ¿Qué significa eso de que Dios se hizo carne? Te invitamos a sintonizar mañana Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

11/63 – La Parábola del Sembrador | Marcos 4:1-20

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

11/63 – La Parábola del Sembrador | Marcos 4:1-20

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

http://www.ibsj.org

3 advertencias al cristiano sobre la psicoterapia

Coalición por el Evangelio

3 advertencias al cristiano sobre la psicoterapia

David Barceló

Nota del editor: En Coalición por el Evangelio estamos comprometidos con representar las perspectivas que consideramos se encuentran dentro del cristianismo evangélico, histórico, y conservador. Por esa razón publicamos este artículo. Para una perspectiva diferente a la presentada aquí, puedes escuchar Cristianismo y Psicología.

Empecé mis estudios en la facultad de psicología en 1991. Era un joven de 18 años ilusionado y convencido de que la psicología podía ayudar a la gente y podía ayudar a la iglesia del Señor. Cuando hablaba de ello con pastores, amigos, y líderes cristianos, todos me animaban y me aconsejaban libros sobre cómo integrar la psicología y la fe: “Será muy bueno para ti y para la iglesia”, “¡Ánimo! Necesitamos cristianos que sean psicólogos”, “Toda la verdad es verdad de Dios, no estamos en contra de la ciencia”.

No recibí ni una sola palabra de advertencia, pero pronto pude sentir el ateísmo que inundaba el aula. Gracias al Señor me agarré fuertemente a mi Biblia para mantenerme a flote, tomar aire, y seguir buceando en un mar de humanismo. Dios me sustentó. Recuerdo que en el último año de carrera un compañero me preguntó: “David, ¿tú no eras cristiano? ¿Aún lo eres después de lo que has escuchado?”. Aún hoy me sigue sorprendiendo que algo tan evidente a ojos de un joven ateo no sea percibido por los ojos de muchos cristianos. El gran esfuerzo que algunos hacen por justificar la integración de la psicología y la fe no es, me parece, sino la mayor evidencia de cuán incompatibles son.

Busqué respuestas en los libros de “psicología cristiana”, pero me sonaban a la misma psicología secular, con algunos versículos bíblicos espolvoreados por encima. En medio de mi desorientación, mis padres recordaron una crítica que escucharon años atrás sobre la “consejería noutética”, un modelo que deseaba ser netamente bíblico. A partir de ahí empecé a leer a Jay Adams, Wayne Mack, John MacArthur, David Powlison, Tedd Tripp, y Ed Welch, entre otros, y en un cambio radical de cosmovisión adopté la consejería bíblica, y Dios me llamó al ministerio.

En la providencia del Señor, diez años después de entrar en la facultad de psicología me preparaba para aprender teología. Junto con mi esposa Elisabet, y ya con nuestro primer hijo Moisés, nos mudamos a Norteamérica para estudiar en el seminario Westminster. Entonces sí que llegaron las advertencias, y algunas fueron muy vehementes: “Cuidado con el seminario”, “Ya sabes que la doctrina divide”, “La letra mata, pero el espíritu vivifica”, “No es tan necesario, ¿no te parece?”, “Westminster ¿es antipsicología, no? ¡A ver qué te enseñan ahí!”. Cuanto más lo recuerdo, más psicodélico me parece. Es como aconsejarle a tu hijo que no beba del “vaso teológico” porque el cristal pudiera estar sucio… pero animarle a beber del “vaso psicológico” invitándole a separar el agua del veneno con la lengua mientras va tragando.

Sé que el tema es profundo, y este artículo es pequeño. Quisiera con la ayuda del Señor escribir más en el futuro sobre otros asuntos relacionados con este, pero en un espacio tan breve solo deseo compartir algunas advertencias que yo no escuché en su día. Es necesario recalcar que al hablar de psicología me refiero a la clínica, a las psicoterapias, al intento del hombre por tratar los asuntos del alma. Hay otras aplicaciones, por ejemplo, en el campo de la educación o la empresa, con las que no tenemos conflicto. Usamos las observaciones de la psicología al ayudar a un niño en su proceso de aprendizaje, o en la selección de personal en una empresa. Otras ramas de la psicología están más cerca de la fisiología o la biología. El conflicto se produce cuando la psicología pretende responder a aquello que la Palabra de Dios responde. Entonces los temores, las ansiedades, y las tristezas del alma son medicadas como asuntos meramente orgánicos, o encaminadas con alguna de las muchas psicoterapias, que son el intento de sanar mediante la conversación según las filosofías de vida del mundo.

Esas psicoterapias son las que llamamos coloquialmente psicología, o psicologías —con “p” minúscula y en plural, como prefiero llamarlas dada su falta de acuerdo—, y representan el esfuerzo del hombre por cambiar al hombre con los recursos del hombre. Son más de 400 filosofías de ayuda, que expresan el desesperado intento de la humanidad por repararse a sí misma. El esfuerzo es loable, pero intentar entender al ser humano aparte de la Revelación de Dios es como intentar leer un idioma desconocido. El humanismo puede contentar a los incrédulos, pero no debiera satisfacer a los creyentes, y espero que estas letras nos hagan pensar sobre las repercusiones de dejar entrar las psicologías en nuestras vidas y en nuestras iglesias. Podríamos hablar largo y tendido sobre si las psicoterapias funcionan como una medicina para el alma o más bien como una droga, pero lo que es seguro es que vienen sin prospecto y causan serios efectos secundarios.

Advertencia 1: La psicoterapia te aleja gradualmente de las Escrituras  

La cultura psicológica que nos rodea es titánica, y en el caso de acabar entrando en la iglesia la inundación puede ser irreversible. Conferencias, publicaciones, retiros, entidades, y un sinfín de eventos introducen el discurso psicológico en las iglesias y en los púlpitos. A la psicología poco a poco se le atribuye más autoridad y mayores competencias. La sabiduría humana va reemplazando la sabiduría divina. La ansiedad, el temor, o las relaciones familiares dejan de ser asuntos espirituales para pasar a ser problemas psicológicos, y los cristianos van buscando respuestas fuera de la Palabra, y ven la Biblia cada vez más como un libro lleno de buenos consejos pero sin soluciones para los retos de la vida.

Pero la psicología tiene apenas doscientos años de existencia. ¿Cómo ha tratado siempre los asuntos de la vida la iglesia del Señor? Si en los momentos turbulentos la iglesia busca dirección en las filosofías de ateos como Freud, Rogers, o Skinner, es señal de que necesitamos urgentemente una nueva Reforma que redescubra la suficiencia de la Palabra de Dios. Sin embargo, la consejería bíblica aboga por el sola Scriptura de los reformadores (2 Ti. 3:16-17), porque aquello que llamamos “consejería bíblica” supone ministrar la Palabra de Dios en privado.

Si bien la predicación y la enseñanza tienen una función formativa, la consejería bíblica tiene un rol curativo. La consejería bíblica supone el reto de predicar la Palabra en medio de la tormenta, de tal modo que encontremos en Cristo todo el sentido, consuelo, y dirección que el alma necesita. La consejería bíblica pregona el sola Scriptura, y la iglesia que practica la consejería bíblica crece más y más en su apetito por la Palabra de Dios al ver su riqueza y trascendencia para los asuntos cotidianos (2 Pe. 1:3).

Advertencia 2: La psicoterapia estorba seriamente la santidad 

No hemos sido redimidos para vivir vidas felices, sino para vivir vidas santas y dedicadas al Señor (1 Pe. 1:15). Todos queremos ver iglesias que crezcan en santidad, pero muchos son los obstáculos que el enemigo, el mundo, y nuestra propia concupiscencia lanzan a nuestros pies para hacernos tropezar. En medio de las dificultades, Dios usa el sufrimiento de una forma muy especial para purificarnos al mostrarnos los ídolos que escondemos en el corazón, y al renovar nuestras fuerzas con su Espíritu.

Pero vivimos en una época muy impaciente y hedonista. La idea de proceso de cambio produce aversión, y dejarse arrastrar por las rápidas respuestas de la industria psiquiátrica supone una gran tentación porque la meta de las psicologías es la felicidad. Con una etiqueta diagnóstica, la persona halla una explicación rápida y plausible a su dolor. Pero el etiquetaje victimiza y aleja a los cristianos de las respuestas bíblicas.

En las iglesias parece haber, por tanto, cada vez menos pecadores y cada vez más enfermos que se han refugiado en la cosmovisión psicológica de sus experiencias. Ese rol pasivo ante la vida nos aleja de la santificación para la cual fuimos comprados, y la lucha contra el pecado es sustituida por psicoterapia.

Sin embargo, allá donde la consejería bíblica está presente, Dios es el centro de la ecuación. Los síntomas físicos se tratan con compasión, y la responsabilidad humana es encarada con valentía. La meta del cristiano sigue siendo la misma a pesar de las emociones y circunstancias, y el creyente comprende que debe seguir creciendo en santidad aun en medio de su fragilidad. Como Job en su dolor, como José en prisión, como Daniel en el exilio, somos llamados a dar gloria a Dios aun en la adversidad sin dejar que nuestra historia excuse nuestra conducta. El vocabulario bíblico nunca nos mueve a la pasividad o el victimismo, sino al deseo de reconocer nuestras debilidades, nuestras culpas, y nuestras pruebas, y en medio de ellas confiar en Jesucristo al ir hacia la meta en el poder del Espíritu. La consejería bíblica, en tu vida y en tu iglesia, estorba la carnalidad y fomenta la formación del carácter de Cristo.

Advertencia 3: La psicoterapia mina profundamente el ministerio pastoral 

En mi juventud pensé que la psicología sería una gran ayuda para el ministerio de los pastores. Pero es más bien todo lo contrario. No lo alimenta. Lo devora. Hace unos años visité un pastor conocido en Estados Unidos. Durante el almuerzo, él y su esposa me contaban lo bien que estaban en su iglesia. “La gente es muy amable y simpática —decía ella—. Estamos muy felices aquí”. Parecían estar viviendo un ministerio de ensueño. Ella añadió: “Son tan amables. Nuestra gente nunca nos dice sus problemas”. Eso me inquietó. Por la tarde me pasearon por las instalaciones del precioso edificio que habían construido, y en la zona de despachos mi mirada se clavó atónita sobre el rótulo de una de las puertas: “Psychologist”.

En las iglesias donde la psicología ha hecho su nido, el pastor va perdiendo terreno en su labor de cura de almas. A algunos no les molesta, pero muchos otros lo viven con frustración al ver cómo el intrusismo del psicólogo les va dejando fuera de la vida de sus feligreses. El llamado “secreto profesional”, versión secular del secreto de confesión, cierra la puerta a cualquier exhortación pastoral o disciplina eclesial que pudiera ser necesaria, al desautorizar a los líderes que Dios ha puesto en la congregación (Heb. 13:17).

Ante esta inundación psicológica, muchos pastores reemplazan la cura de almas por el evangelio social, sucedáneo de la tarea pastoral que han abandonado en manos de los psicólogos. El mito de la integración no ha llevado la Biblia a las facultades de psicología, pero sí ha introducido en los seminarios el DSM, el manual de diagnósticos psiquiátricos.

Muchos siervos del Señor se sienten incapacitados y frustrados al no poder desempeñar bien su tarea, y cansados de derivar sus ovejas al “psicólogo cristiano” más cercano, acaban viéndose abocados a estudiar psicología ellos mismos. Pero allá donde la consejería bíblica resurge, el pastor apacienta las almas que Dios le ha encomendado (1 Pe. 5:2). Allá donde la consejería bíblica abunda, el pastor habla a los corazones de sus hermanos tal como la iglesia del Señor ha hecho a lo largo de los siglos, exponiendo las Escrituras (Heb. 4:12).

Usemos los recursos de Dios

Querido hermano, prosigamos adelante en la tarea de “hacer discípulos a todas las naciones” (Mt. 28:19), lo cual implica la evangelización de los pueblos y el establecimiento de iglesias sanas. Pero la gran comisión también implica enseñar a guardar “todas las cosas que el Señor nos ha mandado” (Mt. 28:20). Esa tarea supone enseñar lo que el Señor nos dijo sobre cómo lidiar con la ansiedad, cómo vencer el temor, cómo vivir en el matrimonio, como afrontar el sufrimiento, la ira, el perdón, la tristeza, y cómo aplicar la Palabra a nuestras vidas de forma cotidiana. En esta hermosa tarea de edificar la Iglesia de Cristo, tengamos siempre a Cristo como el centro de todo.

Seamos precavidos. Las psicologías son filosofías de ayuda que representan el esfuerzo del hombre por cambiar al hombre, y se nos presentan como aquellas “filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” de las que nos advierte el apóstol Pablo (Col. 2:8).

Sin embargo, la consejería bíblica supone ayudar al hombre con los recursos de Dios. Aconsejemos con la Palabra, para ver cómo la consejería bíblica vigoriza a la iglesia y la llena de compromiso, cómo nos hace crecer en santidad y nos aleja del victimismo y el letargo espiritual, y cómo llena a los pastores de una confianza renovada en su labor. Que todos con pasión y compasión llevemos a cabo la labor que el Señor nos encomendó, y para la cual nos compró con su sangre preciosa.

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

David

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

David

R.C.Sproul

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Nunca olvidaré la primera vez que tuve la oportunidad de visitar Tierra Santa. Habían estado tras de mí por años para ir a ese viaje diciéndome que me ayudaría mucho y que lo disfrutaría, yo decía: «No, yo no quiero ir, no quiero». Finalmente fui; y nunca lo olvidaré.

Nos quedamos en un hotel en el Monte de los Olivos, con vistas al valle del Cedrón, mirando justo de frente la ciudad vieja de Jerusalén. Y recuerdo una noche, saliendo al patio detrás del hotel, allí de pie, tarde en la noche, mirando las paredes iluminadas por los reflectores, y luego a la izquierda de las paredes que quedaban de Jerusalén esa pequeña parcela de tierra que era la ciudad vieja, la ciudad donde David estableció la capital.

Y allí, en la penumbra y la oscuridad, solo cerré mis ojos y me imaginé a David huyendo de su palacio con su familia, debido al avance de la horda rebelde que marchaba contra él bajo el liderazgo de su propio hijo Absalón.

Y la Biblia nos dice que esa noche cuando David huyó, se dirigió hacia el valle de Cedrón lamentándose mientras él iba. Y cuando me paré allí en ese lugar imaginando a David, me invadió una sensación única de la historia, porque han pasado poco más de 3.000 años desde que David fue ungido rey de Israel.

Recuerdo otra ocasión, muchos años después, que alguien me dijo, «RC, cuando vayas al cielo, aparte de tus familiares y seres queridos fallecidos ¿cuáles son las cinco personas que más te gustaría ver en el cielo, de la historia de la iglesia?»

No puedo recordar ahora mismo cuales cinco enumeré en esa ocasión, pero sé que uno de los cinco era David. Simplemente no puedo pasar por alto a David. Si alguna vez hubo un hombre renacentista antes del Renacimiento, sería David. Herbert Marcuse, un filósofo que revolucionó en el siglo XX cuyo libro más famoso se tituló «El hombre unidimensional».

Nunca este título se aplicaría a David, porque este era un hombre que tenía múltiples facetas, extremadamente complejo. Él era un conjunto desenfrenado de contradicciones que demostró el adagio de los que dicen que cuando era bueno, era muy, muy bueno, y cuando era malo, era terrible.

Entonces, vemos la grandeza de la humanidad manifestada en la vida de este hombre, así como las profundidades de la corrupción. Y esa es una de las razones, supongo, por las que me gusta David, porque es tan real.

Recuerdo que Kierkegaard una vez hizo la observación, «Mi queja no es que mi edad sea mala, sino que es insignificante; que carece de pasión». Él dijo: «Cada vez que me deprimo”, dijo, “vuelvo a las páginas del Antiguo Testamento, porque cuando leo la Biblia, allí’, dijo, “encuentro gente que miente, que mata, que engaña, que roba y comete adulterio».

Él dijo: «En una palabra, se trata de gente con pasiones igual que nosotros, no santos de papel o héroes de cartón». Y precisamente así era David. Nos quedamos la última vez con la aparición de la monarquía y el primer rey que fue Saúl.

Y vimos cómo Saúl empezó con un ascenso meteórico de esplendor, pero pronto degeneró en corrupción de todo tipo donde no solo fue invadido por la locura, por los celos y por la rabia contra David, sino que recurrió a la consulta de hechiceros, visitando a la adivina de Endor y cosas así.

Y Saúl, quien había sido muy distinguido como guerrero, finalmente, murió en batalla y tenemos el registro de eso en el primer capítulo de 2 Samuel. Y leemos del mensaje que le traen a David, que este hombre que había tratado de matarlo una y otra vez había sido herido en batalla.

Y leemos estas palabras en el versículo 17 del capítulo 1 de 2 Samuel: «David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán, y ordenó que enseñaran a los hijos de Judá el cántico del arco; he aquí, está escrito en el libro de Jaser.

Tu hermosura, oh Israel, ha perecido sobre tus montes. ¡Cómo han caído los valientes! No lo anunciéis en Gat, no lo proclaméis en las calles de Ascalón; para que no se regocijen las hijas de los filisteos, para que no se alegren las hijas de los incircuncisos.

Oh montes de Gilboa, no haya sobre vosotros rocío ni lluvia, ni campos de ofrendas; porque allí fue deshonrado el escudo de los valientes, el escudo de Saúl, no ungido con aceite. De la sangre de los muertos, de la grosura de los poderosos, el arco de Jonatán no volvía atrás, y la espada de Saúl no volvía vacía. Saúl y Jonatán, amados y amables en su vida, y en su muerte no fueron separados; más ligeros eran que águilas, más fuertes que leones.” “¡Cómo han caído los valientes, y perecido las armas de guerra!”

Esto, de un hombre que lo había perseguido sin descanso, que lo había tratado de matar, Incluso David, quien había tenido más de una oportunidad para matar a Saúl, se negó a poner su mano sobre él, porque Saúl era el rey y Saúl era el ungido del Señor.

Ahora David escribe una elegía por la muerte del rey. Bueno, como dije, la historia de David es una historia llena de contradicciones y complejidades. David era muchas cosas; en primer lugar, era un niño prodigio. Siempre me han fascinado las historias de los grandes músicos como Mozart y otros, que a una edad muy temprana alcanzaron niveles de logro tan notables en su campo y en su arte.

Pero David era solo un muchacho que había cuidado de las ovejas de su padre en los campos y las había defendido de leones y de osos, cuando lo vemos aparecer en la escena donde el pueblo de Israel ha sido acorralado por el campeón de los filisteos, Goliat.

Los ejércitos de Israel acampaban a un lado de un barranco, y los ejércitos de los filisteos, al otro, y cada día de la semana, semana tras semana, el campeón de los filisteos llegaba al valle y este gigante, Goliat, desafiaba a los ejércitos de Israel a que enviaran un campeón para que pudieran resolver su conflicto en un combate de hombre a hombre.

Pero no se encontró a nadie en todos los ejércitos de Israel que asumiera el desafío. Y el rey se sentó en su tienda y tembló hasta que Isaí envió a su hijo menor David al campamento para llevar algo de comida a sus hermanos mayores y asegurarse de que estuvieran alimentados.

Y este muchacho llega y ve a este gigante desafiando a Israel para que presente a un luchador que pelee contra él. Y él, en su idealismo juvenil, está completamente confundido por esto, ¡ustedes saben!

Él mira a su alrededor, ¿dónde están sus hermanos?, ¿dónde está el rey? ¿por qué no se presenta alguien? ¿no se supone que los soldados están para luchar por el honor y la defensa de su pueblo? Y David, no puede soportar que este filisteo no solo avergüence al pueblo de Israel, sino que se atreve a hacerlo con la arrogancia de burlarse del Dios de Israel.

Él va donde el rey, y le dice, «Déjame ir». El rey dijo: ‘Eres un muchacho, no puedo dejarte ir’. David dijo: ‘¿Por qué?’, ‘yo puedo contra este gigante’. Él dijo: ‘Dios me ha librado del león, Él me ha librado del oso. Déjame ir a la batalla’. Finalmente, ya que nadie más aceptaba el desafío, y Saúl estaba harto de escuchar estas burlas día tras día y semana tras semana, finalmente llamó al que llevaba su armadura y le pusieron a David esta enorme armadura, pero David no podía ni moverse con todo eso.

Y dijo: ‘Quítenme estas cosas. No puedo usar esto. No necesito armadura. Tomaré mi honda, y mis cinco piedras lisas y el Señor Dios de los ejércitos entregará este hombre en mis manos’.
Y David caminó hacia el valle de la muerte solo. Como un joven, no un joven contra un hombre, sino un joven contra un gigante. Y cuando Goliat vio que venía este muchacho, se enfureció, él se sintió insultado. Y dijo: «¿Qué? ¿Me tratas como un perro?»

David dijo: ‘Vengo en el nombre del Señor Dios de Israel’ jujujuju con la honda y la piedra golpeó al gigante en su sien y el gigante cayó muerto, y en ese momento, David corrió hasta allá y tomó la espada de Goliat y le cortó la cabeza y la sostuvo en alto la cabeza de Goliat.

Esto es material de los cuentos de hadas, pero está registrado aquí en la Escritura como historia seria. No es de extrañar que este joven se convirtiera de inmediato en un héroe para el pueblo de Israel. Este fue solo el inicio de las hazañas militares de David.

Podríamos discutir sobre quién fue el guerrero más grande en la historia del Antiguo Testamento. Algunos podrían votar por Josué, pero ciertamente en términos de leyendas militares y hazañas, nunca nadie superó a David.

Él fue el Napoleón Bonaparte, Julio César, Aníbal de Cártago, Alejandro Magno, todos ellos en un solo guerrero de su época. De hecho, si algo nos muestra la imagen de los primeros días de David es a un hombre que a veces llega a ser casi un bárbaro. A veces no se parece tanto un general respetado como Julio César, se parece más a Atila el Huno: un bárbaro.

Cuando se encuentra con esta banda itinerante de merodeadores cerca del Mar Muerto y en Siclag y cómo se enfrenta a ellos … es como un Robin Hood. Él mismo es un fugitivo de la ira de Saúl, y tiene a su alrededor un puñado de soldados improvisados y se convierte en un guerrillero merodeador que saquea y asalta; sanguinario, cruel, despiadado. Si leemos solo esta porción de la vida de David, uno se pregunta cómo la Biblia podría afirmar que este era un hombre conforme al corazón de Dios.

Sin embargo, además de ser un guerrero, y un bandido, descubrimos que también era un hombre extremadamente sensible, que tenía el espíritu y el corazón de un poeta y de un músico. David tendría que ser el poeta con laureles de Israel. Y el fruto de su producción literaria llega hasta nosotros en los salmos. No hay literatura en toda la Sagrada Escritura que revele una sensibilidad más profunda, que nos permita ver con claridad el alma de un hombre de Dios, que suspira por Dios como el ciervo anhela las corrientes de agua, como vemos en los poemas de David.

Y no sólo tenía este don literario, de la creatividad, sino que se distingue como un músico. De hecho, es tan competente como músico que este es el único lugar donde fue recibido en el palacio por el trastornado rey Saúl, porque cuando Saúl tenía sus ataques de depresión, melancolía y delirio, enviaría por David y David vendría a tocar su lira, y mientras tocaba, la música era tan hermosa que tranquilizaba al demonio enfurecido dentro de Saúl. David compuso canciones para la música de la vida religiosa de su época.

Pero además de ser un prodigio, un guerrero, un bandido, un poeta y un músico, quizá David es más recordado por ser el rey. De hecho, el símbolo supremo de la realeza en el Antiguo Testamento y qué rey que él era. A pesar de que su ascenso al trono fue a través de una ruta tortuosa, y hubo una fuerte resistencia por parte de las personas que seguían a Saúl y que buscaban que el reinado de Saúl fuese una dinastía a través de la herencia biológica, sin embargo, Dios había hablado a través de la obra de la unción de Samuel, que Samuel había ungido a David como rey, de modo que David era elección de Dios para ser rey de Israel.

Y finalmente, cuando pudo acabar con la guerra civil y llevar al pueblo a la unidad, su monarquía empezó a prosperar. Recuerdo que cuando estaba haciendo un doctorado en Holanda, en los años 60, y vivía en las afueras de Ámsterdam, e iba a la escuela en la ciudad allí, a los holandeses les gustaba hablar sobre el siglo XVII.

Quiero decir que parecía que nunca dejaban de hablar del siglo XVII y tenían a todos los guías turísticos de la casa de Rembrandt, y contaban las historias de la magnífica producción de arte que salió de ese pequeño país.

En un breve período de tiempo en el siglo XVII, este pequeño país que siempre era amenazado con ser cubierto por el mar, gobernó el mundo con comercio y con la fuerza del transporte marítimo. Por eso, los holandeses llaman a ese período su edad de oro.

Hubo una edad de oro en Grecia, una edad de oro en Roma, una edad de oro en Holanda, pero también hubo una edad de oro en esta pequeñísima nación que era una franja de tierra uniendo los tres continentes en el Medio Oriente.

La edad de oro de Israel fue durante la monarquía davídica. Pues David, cuando llegó al poder, conquistó todas las naciones alrededor de Israel que amenazaban su seguridad. Él extendió las fronteras por primera vez desde Dan hasta Beerseba. Instituyó el período de mayor prosperidad en su historia, y no solo fue un rey fuerte, y un rey benévolo, sino que fue un administrador extremadamente capaz, lo cual es muy inusual cuando tienes a estos luchadores poéticos y carismáticos. Era un diplomático maestro.

En realidad, fue una idea genial tomar esta ciudad recién conquistada, que había pertenecido a los jebuseos, y que después de haberla conquistado, en lugar de mover su capital al Norte o al Sur para satisfacer las partes que rivalizaban, el “Real Madrid y el Barcelona” de Israel, decidió situar su capital en un lugar nuevo, y estableció la sede de su gobierno, la sede de su monarquía, en Jerusalén. Jerusalén. Jerusalén, la ciudad de la paz, la llamó así.

Había sido llamada la ciudad de pan, y ahora esta ciudad se convierte en el símbolo de la presencia de Dios. Es en esta ciudad que se establecerá el templo. Es en esta ciudad a la que el redentor vendrá y será crucificado. Este es el monte de Sion. Esta es la ciudad que los judíos todavía dicen, todo el tiempo, «El otro año en Jerusalén».
Esta es la ciudad que es el pedazo de tierra más disputado en el mundo de hoy y llegó a tal lugar prominente bajo la monarquía de David. Me refiero a que él sería famoso en la historia secular por sus logros como rey en el mundo antiguo, incluso si no fuera tan importante en las Escrituras.

Pero creo que quizás, lo que más recordamos de David, fueron sus extraordinarias hazañas como pecador. Lo que sea que David hizo, lo hizo a lo grande. Él no bromeaba cuando se involucró con esta mujer, Betsabé. Se enamoró locamente, fue cegado por su deseo, rebajándose no solo al adulterio, sino que rebasa los límites y usa su poder de rey para colocar a uno de sus fieles soldados en el frente de batalla para asegurarse que quede expuesto al fuego enemigo y lo maten.

Eso es lo que hace con el marido de Betsabé. Y toma a Betsabé para sí mismo y la embaraza. Pero Dios envió a David el profeta Natán y Natán le contó una parábola inolvidable.
Él le dijo a David: ‘Había un hombre que en el reino era leal al rey. Era pobre y desamparado, pero tenía una oveja pequeña, una corderita que era una oveja hembra y él amaba a esta oveja. Permitió que la oveja viviera en su casa y comiera de su mesa. Su vida estaba dedicada a esta pequeña oveja. Y había otro agricultor en la tierra que tenía enormes rebaños de ovejas, y vio la belleza de esta pequeña corderita que pertenecía al hombre pobre y en su arrogancia él entró y robó la pequeña corderita del hombre pobre’.

Cuando David escuchó esa historia dijo: ‘No en mi reino. Encuentra quién es ese hombre’ y añadió, ‘y haré caer toda la ira de mi reino sobre él y se hará justicia al respecto’. En ese momento Natán pronuncia la declaración inmortal, «Tú eres ese hombre». Verás que la caída de David fue más violenta que la caída de Goliat, porque la suya era una caída espiritual.

En muchos sentidos, parecía que él estaba a punto de repetir la degeneración y corrupción que había manifestado el reinado de su predecesor Saúl. Pero la gran diferencia entre Saúl y David se encuentra en el arrepentimiento de David.

David se convierte, en el Antiguo Testamento, en el modelo supremo del despertar piadoso a la propia bancarrota espiritual y moral y la absoluta necesidad de confiar en la gracia de Dios y nada más para la salvación.

En esta ocasión la profundidad del arrepentimiento de David se manifiesta en el Salmo 51. Cada estudiante del Antiguo Testamento debe leer el Salmo 51 con mucho cuidado para tener una idea de lo que realmente significa estar desnudo ante un Dios santo y justo, y confiar en su misericordia y solo en su misericordia. Por eso, en ese sentido, David era un hombre conforme al corazón de Dios.

 

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

2/27 – La perfección moral de Jesucristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

2/27 – La perfección moral de Jesucristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-perfeccion-moral-de-jesucristo/

Nancy Leigh DeMoss: Los científicos ahora  están reclamando  haber encontrado el estándar universal para la belleza. Simplemente es una  proporción matemática conocida como Phi o  “proporción divina” que también se le conoce como “El número de oro”.

Leslie Basham:  Esta es Nancy Leigh De Moss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: La proporción es la siguiente 1.618:1  Esta proporción se puede aplicar a numerosas áreas donde se pueda encontrar la belleza. Se aplica al arte, la  arquitectura, la naturaleza, y a la belleza facial.

Por ejemplo, si la cara de mejilla a mejilla mide 10 pulgadas, entonces para estar conformada a  la proporción ideal el largo de la cara desde arriba de la cabeza hasta debajo  de la  barbilla debe  de ser 16.18 pulgadas   Esto sería la verdadera belleza.

Hay un cirujano plástico que desarrolló una máscara “phi”, que es  el modelo  ideal del rostro humano, incluyendo estas divinas proporciones de oro. Hay otro estudio hecho por un psicólogo que dice que sorprendentemente hay una gran consistencia en  las proporciones y dimensiones que se consideran atractivas.  Este estudio dice que para ser atractivo el rostro femenino ideal puede ser descrito  de la siguiente manera—mira a ver  si encajas dentro de una de estas características:

– Ancho de ojos que sea tres décimas el ancho de la cara a nivel de los ojos.

– Largo de la barbilla: una quinta parte del largo de la cara.

– Distancia desde el centro de los ojos a la base de las cejas: una décima parte del largo de la cara.

– Largo del globo del  ojo: un catorceavo del largo de la cara.

– Ancho de la pupila: un catorceavo de la distancia entre los pómulos.

– Área total  de la nariz, debe de ser menos de un cinco por ciento del área de la cara.

¿Qué tan bella eres?  Este estudio nos dice que la más pequeña variación es importante en cuanto a lo que la gente percibe como atractivo. Por ejemplo “la boca ideal es la mitad o el 50% del ancho de la cara al nivel de la boca; si ese porciento varía en tan solo unos 10 puntos, la cara es  calificada como “menos atractiva”.

Tú lees eso y te das cuenta que el estándar de la belleza perfecta es inalcanzable.  Muy raras veces alguien se acerca a ella aunque algunos han tratado.   Al prepararme para esta sesión,  encontré   una edición de la revista Newsweek  con el siguiente título en su portada, “El rostro perfecto: Un estándar global de belleza y lo que las personas están haciendo para obtenerlo”. Lo que las personas están haciendo para obtenerlo son cada vez más cirugías plásticas.

Al  pensar en la perfección, en la belleza, en el rostro perfecto,  y  las divinas proporciones de oro, todo esto  me lleva al estudio que acabamos de iniciar,  al Cristo incomparable.

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh De Moss… Ella nos dirige a través de esta serie titulada “El Cristo incomparable”.

Nancy: A través de esta serie estamos  siguiendo el libro escrito por Oswald  Sanders llamado “El Cristo incomparable”[The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Hoy venimos al primer capítulo de ese libro titulado, “La perfección moral de Cristo”.  A lo que nos estamos refiriendo cuando hablamos de Su perfección es a Su Belleza, a Su hermosura—a la belleza de Cristo.

Él es el modelo de todo lo que es lindo, de todo lo verdaderamente bello y hermoso.  Él es el único “Perfecto 10”.  Todo lo que se relaciona a Él está en perfecta simetría, en perfecto balance, en perfecta proporción.  Él es el único que no necesita ser realzado.  Él no puede ser más perfecto de lo que ya es.

¿Qué tan diferente es esto de nosotras?  Nosotras todas necesitamos realzar nuestra belleza.  Ya sea la belleza exterior o la belleza de carácter, o la belleza moral… todas tenemos imperfecciones. ¿Acaso no nos damos cuenta de ello todo el tiempo? Nos vemos en el espejo y vemos cosas que quisiéramos que fueran diferentes. Pero cuando miras a Jesús, nunca vas a ver nada que necesite ser diferente.

Como lo señala en su libro Oswald Sanders, y algo que vemos en los evangelios, es “el retrato de un  Hombre, de un Hombre verdadero, de uno que manifiesta perfección en cada etapa de su desarrollo y en cada circunstancia de su vida.” (El Cristo Incomparable, p. 18)

Esta misma idea se transmite en el Salmo 45.  Es un pensamiento de amor, un poema que dice… Y yo pienso aquí en la venida mesiánica de Cristo: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres.”  No hay otro como  tú.  Eres incomparable.  “La gracia se derrama en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre”. (Salmo 45:2)

A través de los siglos ha habido muchos escritores de canciones y de himnos,  y  poetas,  que han tratado de capturar este retrato en palabras.  Me viene a la mente un antiguo himno escrito alrededor de los 1700, que ha sido de mis favoritos a través de los años. Dice,

Majestuosa dulzura firmemente entronada sobre la frente del Salvador;
Con glorias radiantes Su cabeza coronada, Sus labios gracia derraman.

Contempla los encantos de Su faz y en Sus glorias has tu morada;
Piensa en las maravillas de Su gracia, y de  todos Sus triunfos habla.

Ningún mortal de  entre los hijos de los hombres a Él compararse puede.
Intachable es y favorecido  más que todo el  cortejo celestial.
(“Majestuosa Dulzura Firme Entronada” por Samuel Stennett).

Él es más maravilloso,más bello que cualquier mortal, que cualquier ser humano.  Él es intachable y más maravilloso que cualquier criatura del cortejo  celestial.

Pero la belleza de Cristo no está tanto en su parte física como en Sus gracias, las gracias de Cristo.  Como hombre—y vamos a considerar su ministerio aquí en la tierra durante las próximas semanas, culminando con la Semana de la Pasión de Cristo—Él posee cada gracia, cada virtud en tensión  y en balance  perfecto.  No  hay nada que le falte, nada que esté fuera de balance.  Él no tiene “áreas insípidas” como todos tenemos, no hay deficiencia alguna en Él.  Algunas veces tenemos mucha gracia en un área pero en la contraparte de la misma estamos carentes.

Cristo las tiene todas en perfecta tensión, en perfecto balance, en perfecta simetría.  Él observó la Ley de Dios perfectamente.  No es que Él evitó pecar, sino que Él vivió el estándar perfecto de la Ley de Dios. Nunca se quedó corto en nada.

Hay mucho que podemos obtener para nuestras vidas, en particular si tomas el tiempo para contemplar la perfección de Cristo, el encanto de Cristo, la belleza de Cristo.  Yo me alegro tanto de que Sanders no  haya empezado este libro con el nacimiento de Cristo, sino  que él empezó   hablando de la hermosura, de la belleza y de la perfección de Cristo.  No hay nadie como Él.

Hay un pasaje maravilloso en el libro de Cantar de los Cantares de Salomón, en el Antiguo Testamento.  El Cantar de los Cantares es una historia de amor.  Es un  poema  del rey y de su novia.  Un bello retrato del matrimonio.  Pero también puedes darte cuenta que se está desvelando  allí el gran esplendor y la belleza de los encantos del Señor Jesucristo mismo.

En ese Cantar de los  Cantares, como es llamado, en el capítulo 5 tenemos el recuento donde el novio se acerca a su novia.  Él toca a la puerta de su habitación. Y le pide a ella que abra. Él quiere estar con ella, quiere pasar tiempo con ella.  Pero ella tiene sus excusas: Ella está cansada, ya preparada para acostarse a dormir, y no siente deseos de hacer nada.

Él persiste.  Y finalmente cuando ella le abre la puerta  se da cuenta que Él se ha ido de que ya no está.  Ella, perturbada por el cambio de los acontecimientos, sale a la ciudad y va a todos lugares en su búsqueda, diciéndoles a las personas, “¿Dónde está mi amado, lo han encontrado?” Luego se acerca a las hijas de Jerusalén—estas son sus amistades—y les pregunta a ellas, “¿saben ustedes dónde está mi amado?” “¿Lo han visto ustedes?” “¿Díganme adónde se ha ido Él?”

Y  en el  versículo  9 de Cantar de los Cantares, las hijas le dicen, “¿qué clase de amado es tu amado, oh la más hermosa de las mujeres?” ¿Qué clase de amado es tu amado, que así nos conjuras?” Lo que ellas están diciendo es,  “¿Qué tiene tan especial que lo echas tanto de menos? Tú sabes que Él ya partió, quizás haya aquí otros iguales a Él, quizás tú puedas encontrar alguien que lo reemplace”.

Entonces ella empieza a meditar en esto, y al principio del versículo 10, ella responde a las preguntas que ellas le han hecho.  “¿Qué tiene tu amado más que los demás? ¿Qué lo hace tan especial? ¿Qué lo hace tan singular?”  Ella   entonces  empieza  a describir a su amado a estas hijas de Jerusalén.

Ella dice en el versículo 10, “Mi amado es resplandeciente y rubio, distinguido entre diez mil”.  No hay otro como Él.  Y en los próximos versículos, ella les da una descripción detallada de Sus atributos físicos, de Sus características, y les dice qué es lo que ella admira de Él.  Ella da una descripción detallada.

Terminando en el versículo 16, ella dice, “Su paladar, dulcísimo, y todo él deseable.  ¡Este es mi amado y este es mi amigo, hijas de Jerusalén!”

John Flavel el Pastor Puritano de los años 1600 quien escribió toda una canción sobre Cantar de los Cantares capítulo 5 versículo 16, “Todo Él es hermoso.” Tituló el mensaje “Cristo es totalmente hermoso”. Él dice,

“Miren a todos los seres creados, revisen todo el universo: observarán  fortaleza  en uno,  belleza en el segundo, fidelidad en el tercero, sabiduría en el cuarto, pero en ninguno de ellos hallarás más excelencia que la que  encuentras en Cristo.

El  pan tiene una cualidad, el agua otra,  la vestimenta otra, la medicina otra; pero nada las tiene todas en sí mismas como lo tiene Cristo.  Él es pan para el hambriento, agua al sediento, vestido para el desnudo, ungüento sanador para el herido; y cualquier cosa que desee el alma lo puede encontrar en Él.”1

A medida de que esta novia le cuenta a sus amigas sobre la hermosura y la singularidad de su amado, dos cosas suceden.  Más adelante en el capítulo 6 vemos esto.  Primero,  la personas a quienes ella le habla acerca de su amado, lo quieren conocer.

Así es que en el capítulo 6 versículo 1 las hijas de Jerusalén le dicen a esta novia, “¿Adónde  se ha  ido tu amado, oh la más hermosa de las mujeres? ¿Adónde se ha dirigido tu amado, para que lo busquemos contigo?”

Cuando ellas oyen esta descripción ellas  piensan, “Wao, Él  es realmente muy singular”.  No hay otro como Él.  Lo queremos conocer.  Te vamos acompañar a ir en su búsqueda.

A medida que leemos el versículo 2, vemos que mientras ella está haciendo el recuento de sus encantos, de su  belleza y  de lo maravilloso que es su amado algo ocurre.  La intimidad que una vez ella experimentó y que había perdido, es restaurada.  Ella se da cuenta que él no se ha ido, que él aún está con ella y ella todavía tiene esa relación con él.

Así es que ella dice en el versículo 2, “Mi amado ha descendido a su huerto a las eras de bálsamo, a apacentar su rebaño en los huertos y recoger lirios.”  En este  lenguaje pintoresco y  lleno de simbolismo, lo que este poema de amor quiere decir es, “Mi amado ha vuelto a mí.” Él ha vuelto a sus jardines.

Y entonces  dice en el versículo 3, “Yo soy de mi amado y mi amado es mío.”  Y aquí vemos una  preciosa y dulce satisfacción del alma, al experimentar una vez más esa  intimidad y esa unión con su amado del que ella creyó haber estado separada, con el cual ella pensó haber perdido esa intimidad.  Y entonces otros quieren conocerle. La intimidad que ella una vez experimentó ha sido restaurada.

De manera que nosotras, al pensar en  la belleza y en los encantos de Cristo, nos hablamos a nosotras mismas acerca de Sus maravillas.  Al  contarlas  a los demás, ellos también sienten un creciente deseo por conocerle.  Y al hacer esto encontramos que nosotras también entramos en una mayor experiencia de intimidad con Él.

Ahora, en la medida que nos enfocamos las bellezas y las maravillas de Cristo, nosotras llegamos a reconocer que Él no solo es nuestro Salvador y Señor—Él es todo  esto, y hay mucho más acerca de Él sobre lo cual estaremos hablando en las próximas semanas—pero también nosotros nos damos cuenta de que Él es nuestro más preciado tesoro.

Él es bello.  No solo es Él justo, Él es bueno, Él es hermoso. Él es perfecto.  No hay nada en esta tierra más deseable que Él.  Al tener a Cristo, tenemos lo más bello, lo más hermoso, la cosa más maravillosa, la posesión más maravillosa, la  relación  más maravillosa que cualquier ser humano pueda tener en este planeta.

Cuando nos damos cuenta del tesoro que es Cristo, eso nos hace vivir nuestras vidas de manera diferente:

No pasaremos toda nuestra vida buscando cosas y  personas que nunca podrán satisfacernos plenamente.

Enfocaremos  nuestra atención y nuestros esfuerzos en Cristo.

Desearemos tener una devoción por Él sin distracciones.

Desearemos pasar más tiempo con Él.

No necesitaremos que se nos diga “Debes tener un tiempo de devoción. Necesitas leer tu Biblia.  Necesitas orar”.  Nosotras desearemos estar con Él.  Vamos a querer conocerle.  Desearemos decirle “no” a las demás cosas que nos distraigan para procurar a Cristo porque nos hemos dado cuenta de que Él es hermoso.

Un recordatorio aquí, Cristo solo es hermoso, precioso, bello para aquellos cuyos  ojos han sido abiertos para ver Su belleza.  Hasta tanto el Espíritu Santo abra tus ojos para ver cómo Él es, hasta ese punto, nuestros ojos están ciegos y Cristo es indeseable para aquellos que nunca han podido ver su belleza.

De hecho, leemos en Isaías 53, que es un pasaje profético del Antiguo Testamento acerca del Cristo Mesiánico. Este texto dice:

“No tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos. Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y  como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos. (Versículos 2-3)

Ahora, ¿cómo se puede despreciar a alguien tan hermoso, a alguien tan bello, a Uno que es perfecto? ¿Cómo pudimos nosotras en algún momento  de  nuestras vidas despreciarle y no estimarle?  ¿Cómo no lo pudimos apreciar? ¿Cómo pudimos ignorarle? ¿Cómo pueden tantas personas en este mundo aun despreciarle y no estimarle y no considerarle bello, hermoso y perfecto? ¿Cómo puede ser esto?

Es porque hasta ese punto nuestros ojos no habían sido abiertos para saber quién Él es.  Hay tantos en este planeta cuyos ojos todavía no han sido abiertos para ver que Él es bello.  Si Él no es totalmente hermoso para ti, si Él no es tu mayor tesoro, si tú no lo ves a Él como una posesión de inmenso valor, si no te maravillas y  admiras  Sus encantos y Su belleza, tienes que preguntarte, “¿Realmente le conozco?” “¿Han  sido mis ojos abiertos para yo ver quien realmente Él es?”

Si  la respuesta  a esto es  “no,”  entonces déjame animarte a ir al Señor en oración y decirle, “Señor, yo quiero conocerle.  Abre mis ojos para yo  ver a Cristo,  conocerle a Él, ver quién es Él  realmente.   Preséntamelo.  Ayúdame a verle a Él, y conocerle a Él como realmente Él es.”

Luego tenemos que recordar que la perfección solo se encuentra en Cristo.  No se  encuentra en los demás o en uno mismo.  Si buscas en cualquier otro lugar para encontrar belleza, o encontrar encantos inagotables  o para encontrar lo que es perfecto y sin defecto, vas a  ser decepcionada.

Eso es lo que nos lleva a tanta depresión y desánimo en este mundo.  Es que miramos a las personas y a las cosas en lugar de ver a Cristo para la satisfacción de nuestras necesidades y para la satisfacción de los anhelos más íntimos de nuestro corazón.  Pones tu mirada en cualquier cosa—en tu esposo, tu casa, tu trabajo, en ti misma—y  en algún momento te vas a desalentar.  Pero míralo a Él, Él siempre va a exceder y a sobrepasar tus más altas esperanzas y expectativas.  Nunca seremos  defraudadas  cuando  lo  miramos a Él.

El darnos cuenta de que la perfección solo se encuentra en Él, es llegar al final de nuestros  empeños, de nuestros esfuerzos humanos  para perfeccionarnos. Nosotras pronto nos  daremos cuenta de que no podremos ser perfectas.  Yo me encuentro con muchas mujeres que están   realmente tratando de ser grandes mujeres cristianas.

Ellas se desalientan y  se desaniman en el proceso. Pero ¿Por qué?  Porque no podemos ser perfectas.  No tenemos esa proporción perfecta de la cual hemos venido hablando.

-No la tenemos físicamente.

-No la tenemos espiritualmente.

-No la tenemos moralmente.

-Somos unas incompetentes que desesperadamente necesitan un Salvador.

Así es que el llamado a la vida cristiana no es un llamado a “borrón y cuenta nueva” o a esforzarse por ser una persona mejor, sino a reconocer nuestra imperfección.  Es un llamado a decir,  “soy imperfecta”, y dejar que el Espíritu de Cristo nos transforme a Su imagen a medida que lo contemplamos a Él.

Esta mañana me desperté y me sentí muy pecadora.  Revisé mentalmente mi día de ayer, no salí y cometí pecados atroces pero  al despertar esta mañana pensé en mi falta de dominio propio, pensé acerca de diferentes aspectos de mis reacciones, de mi espíritu.  Esto me sucede muchas veces en la mañana.  Oh… ¿Soy la única? Oh, no soy la única pecadora  aquí.

Me levanté con un sentido de necesidad.  Ahí mismo vino a mi memoria lo que iba a enseñar hoy.  Solo Cristo es perfecto.  Cristo es perfecto.  Fue ese gran predicador del pasado, Robert Murray M’Cheyne quien dijo, “Por cada mirada a ti mismo, pon tu mirada en Cristo 10 veces”.

No vivas en desaliento.  No vivas en derrota.  Si, reconoce que somos un fracaso, somos incompetentes.  El punto no es  convencernos los unos a los otros de que somos  buenas personas.  El punto es reconocer y recordarnos los unos a los otros que realmente somos un incompetente.  Tú pecadora.  Tú eres imperfecta; tú tienes tacha.  Pero mira a Cristo.  Él es perfecto.  A medida que consideramos y vemos la perfección moral, la belleza de Cristo, nosotras le respetaremos.  Nosotras le adoraremos.  Lo amaremos más.  Nosotras  desearemos conocerle más, más íntimamente.  Desearemos hablarle a los demás sobre Él. Tal y como lo hizo esa novia en el Cantar de los Cantares.

Seremos más y más como Él  y entonces reflejaremos  a los demás  Su belleza, Su perfección moral.  A medida que reflejemos Su belleza, otros lo desearán.  Él vendrá a ser  deseable  para ellos, y la tierra será llena de la gloria de Cristo.

Señor te pido que Tú hagas esa obra en nosotras; que Tú despliegues la belleza de Cristo.  Él es el único rostro perfecto.

Así que te adoramos, Señor Jesús.  Tú eres hermoso.  Tú eres bueno.  Tú tienes la simetría perfecta.  Tus encantos están en el balance perfecto, la proporción de oro divina, eres Tú.  Te amamos.  Y te pedimos que nuestras vidas puedan reflejar y desplegar tu belleza en un mundo que tan desesperadamente  necesita ver la  gloria de quien Tú eres.

Que nuestras vidas despierten en los demás una sed de ti.  Que señalen a otros hacia ti.  Y que ellos lleguen a decir, “Sí, lo amamos a Él, nosotros   también  queremos conocerle a Él”. Yo te lo pido en el nombre de  Jesús. Amén.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss ha estado describiendo la perfección moral de Cristo.  No es un tema del que oímos muy a menudo, pero es uno que me lleva a adorar a Jesús de una manera fresca. En las semanas que culminan en el Domingo de Resurrección, Nancy nos mostrará facetas de la vida de Cristo que muchas veces  han sido descuidadas.

Este ministerio se hace realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes de manera internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com o llamando al 1-809-569-5959, desde EEUU y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros.  Cuando llames, solicita que los fondos sean asignados al ministerio hispano de Aviva Nuestros Corazones.

¿Qué estaba haciendo Jesús antes de venir como un bebé a esta tierra?  Es una pregunta fascinante.  Nancy la va a explorar mañana en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

http://www.puritansermons.com/sermons/flavel1.htm.

Hermoso Eres, Eric López, En Tus Alturas ℗ 2011 Life House Music Group.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

8/41 – Avanzando en Reversa

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

8/41 – Avanzando en Reversa

Stephen Davey

Texto: Filipenses 1:12-14
¿Han habido momentos cuando sintió que no estaba avanzando en la vida? Es más ¿Han habido momentos en que sintió que la vida lo estaba llevando en la dirección equivocada? Quizás usted se está sintiendo de esa forma ahora mismo. En este programa, aprenderemos acerca de la interesante forma en que Dios nos permite avanzar yendo en reversa.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

http://www.sabiduriaespanol.org

La monarquía

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La monarquía

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/33899507

Esta es una de las cosas que me frustra cuando veo a la gente que empieza a estudiar el Antiguo Testamento; como dije antes, ellos inician bien su lectura de Génesis y Éxodo y luego empiezan a perder entusiasmo cuando se atascan con Levítico y Números y lo demás.

Y me decepciono porque quiero que lleguen a Primera y Segunda de Samuel. Me encantan los libros de Samuel. Hay tanto contenido en estos libros, ya que las Escrituras nos revelan la vida de algunos personajes más importantes del Antiguo Testamento.

Pero no son solo las vidas de los santos del Antiguo Testamento que se destacan en los libros de Samuel, sino que también vemos un retrato tan magnífico de Dios. Ahora, ya hemos mencionado el período de los Jueces, y dije que el período de los Jueces se extiende hasta incluir Samuel, pero, por supuesto, la historia de Samuel no se da hasta el libro de 1 Samuel y Samuel es presentado como el hijo de la mujer Ana, quien no había tenido hijos

Y quien había orado y orado y orado para que Dios escuchara su oración y le concediera un hijo. Y, de hecho, la oración de Ana, que se encuentra al principio de 1 Samuel, prácticamente se repite en el Nuevo Testamento en la oración de María, llamada el Magnificat.

Y si hay alguna persona en este período de la historia judía que tipifica la venida de Cristo, es Samuel, porque cuando nace, su madre, en gratitud tan profunda por la respuesta de Dios a su oración, dedica a Samuel a una vida de servicio a Dios y lo presenta al entonces juez de Israel, el venerable Elí; Samuel ahora queda bajo el cuidado de Elí.

Y recordamos esa historia de cómo en medio de la noche cuando Samuel estaba durmiendo, escuchó una voz que lo llamaba por su nombre: “Samuel”. Y se despertó y corrió y sacudió a su mentor, Elí; y le dijo: ‘¿Me llamaste?’ Y Elí respondió: ‘No, debes estar oyendo cosas. Vuelve a la cama’.

Y Samuel regresa a dormir. Y otra vez Dios lo llama en medio de la noche: “¡Samuel!” Samuel se levanta de nuevo y corre hacia Elí y dice: ‘¿Me llamaste?’ Y él dijo: ‘No’. Entonces Elí empieza a pensar que tal vez es Dios que le está hablando a Samuel y le da instrucciones a Samuel.

Así que Samuel regresa a dormir de nuevo y ahora por tercera vez Dios viene y le habla en la forma íntima de dirigirse a otro: “¡Samuel, Samuel!” y Samuel responde a Dios diciendo: “Habla, que tu siervo escucha”. Entonces Dios le revela a Samuel que su juicio está por venir a la casa de Elí; porque, aunque Elí mismo había juzgado a Israel con un espíritu de piedad, sus hijos eran malos y Elí no los había disciplinado; y así Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre una familia, Dios le dice a Samuel que va a traer juicio sobre la familia de Elí.

A la mañana siguiente Elí le preguntó a Samuel ‘¿Te habló Dios?’ Y él dijo: Sí. Y Elí dijo: ‘¿Qué te dijo?’ y Samuel no quería decirle. Estaba aterrado de darle a Elí las malas noticias. Y Elí trata de sacarle la información, pero Samuel no dice nada hasta que al fin Elí dice: ‘Bueno, lo que Dios te haya dicho, lo que sea que Él haya dicho, te puede pasar a ti si no me lo dices’.

Entonces Samuel dijo: ‘está bien, te lo diré’. Y le dijo a Elí que Dios iba a juzgarlo a él y a su familia. Y una de las cosas más significativas de ese momento fue que cuando Elí escuchó la profecía de su propia condena y del juicio de Dios sobre su propia familia, miró a Samuel y dijo: “El Señor es”. Y poco después el juicio vino. Llegó con una vergonzosa derrota de los soldados israelitas en la que murieron los hijos de Elí.

Y cuando Elí recibió el informe de esto, cayó muerto, pero el momento más oscuro de Israel hasta este punto, tuvo lugar en este contexto porque en esa batalla, el Arca de la Alianza, el trono de Dios mismo, fue capturado por los filisteos y fue llevado y puesto como un trofeo en el templo de Dagón, el dios filisteo.

Y, por supuesto, la nuera sobreviviente de Elí dio a luz a un niño ese día, y ella misma murió como resultado del esfuerzo para dar a luz. Pero antes de morir, llamó a su hijo Icabod o Ajikabod, que significa la gloria se ha ido, puesto que el trono de Jehová, el arca sagrada había sido capturada y puesta en manos de sus enemigos acérrimos: los filisteos.

La gloria se había apartado de Israel. Y es en ese contexto que Samuel emerge como el líder espiritual de la nación. Él tiene que asumir el papel que tenía Elí, en un momento en que la fe y la esperanza nacional habían tocado fondo.

Sin embargo, conocemos sobre los acontecimientos extraordinarios a partir de entonces, como cuando los filisteos trajeron el trono de Dios a su templo para burlarse y usarlo como un trofeo. Lo que sucedió fue que la gente era afligida por plagas y la estatua de su dios se rompió en mil pedazos; Y los cinco reyes de los filisteos empezaron a jugar ping-pong, enviando el arca de una ciudad a otra, de Asdod a Gat, luego a Ecrón y así por el estilo, y a donde fuera el arca, la plaga iba, hasta que finalmente entendieron el mensaje de que no era una buena idea quedarse con el arca de Jehová en cautiverio y la devolvieron en un carro de bueyes.

Esta es otra historia extraordinaria que no tengo tiempo para contar ahora; pero en este caso el carro, tirado por los bueyes, que llevaba el Arca no lo conducía nadie. Estaba siendo conducido simplemente por el Espíritu de Dios y cruzó la frontera, de vuelta a Israel exactamente al lugar donde Dios había ordenado que debía llegar.

Y cuando el pueblo de Israel vio el Arca viniendo, a la distancia, se regocijaron. Y no sé lo que dijeron, pero podría sugerir que dijeron: Kabowd, “La gloria ha vuelto”.

Y durante la vida de Samuel hubo gran bendición sobre la nación, como lo había sido durante los mandatos de otros jueces, pero al final de su vida, o casi al final de su vida, otra vez los corazones de Israel se endurecieron e hicieron lo malo ante los ojos del Señor.

Pero esta vez su abandono de Dios tomó toda una nueva dimensión, una que no tiene precedentes en la historia del Antiguo Testamento, y la leemos en el capítulo ocho de 1 Samuel.

Leemos: “Y aconteció que cuando Samuel era ya viejo, puso a sus hijos como jueces sobre Israel. El nombre de su primogénito era Joel, y el nombre del segundo, Abías; éstos juzgaban en Beerseba. Pero sus hijos no anduvieron por los caminos de él, sino que se desviaron tras ganancias deshonestas, aceptaron sobornos y pervirtieron el derecho.”

Estamos viendo la repetición de lo mismo que sucedió con los hijos de Elí. Han oído que se dice, como un tipo de axioma que Dios no tiene nietos; que solo porque alguien sea una persona piadosa y tiene hijos, eso no garantiza automáticamente que los hijos van a seguir los pasos de los padres. Porque cada generación necesita conversión y tan pronto como pensamos que podemos embotellar y vender y controlar y manipular los dones del Espíritu de Dios, hemos perdido toda la realidad de la redención. “Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel y fueron a Samuel en Ramá, y le dijeron: Mira, has envejecido y tus hijos no andan en tus caminos. Ahora pues, danos un rey para que nos juzgue, como todas las naciones.”

Hemos vistos a lo largo del período de los jueces que lo que mete a Israel en problemas una y otra y otra vez es su incesante afán de querer conformarse a las naciones paganas y a la cultura pagana que le rodea.

Primero fue adoptar la religión pagana y ahora quieren que las instituciones políticas que observan a su alrededor sean importadas para que ellos puedan ser igual que los demás.

Y todas las otras naciones estaban gobernadas por reyes. Israel no tenía un rey, es decir no tenía un rey terrenal. Se habían olvidado de quién era su Rey, porque no se trataba de una democracia, ni de una oligarquía, ni una aristocracia, ni una monarquía.

Esto iba a ser una teocracia donde Dios era el rey de su pueblo. Pero ahora el pueblo dice: ‘queremos un rey como todo el mundo que nos rodea’.

Ahora, cuando Samuel escucha esto, está muy disgustado. Dice: “Pero fue desagradable a los ojos de Samuel que dijeran: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró al Señor. Y el Señor dijo a Samuel: Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan, pues no te han desechado a ti, sino que me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos.”

Permítanme hacer una pausa aquí. Samuel entendió eso. Sabía que esto no era solo un rechazo de él o de su familia, que era un rechazo de todo lo que él representaba. Fue un rechazo a todo por lo cual trabajaba. Fue un rechazo de todo su ministerio.

No sé cuántas veces he hablado con clérigos o pastores jubilados, que dedicaron sus vidas al cuidado de los santos en una iglesia, luego ese pastor se jubila y ve cómo esa iglesia se viene abajo y se seculariza, y qué desgarrador es esto para cualquier pastor piadoso o cualquier ministro piadoso.

Ahora, obviamente, Samuel estaba sintiendo esto de sí mismo, pero también comprendió que lo que estaba ocurriendo aquí era un rechazo del Dios que representaba para el pueblo, y me pregunto si se sorprendió cuando Dios le dijo: “Samuel, escúchalos. Me han rechazado a mí, deja que tengan su rey.” En ese sentido, Dios es como el padre pródigo en el Nuevo Testamento, que cuando su hijo quiere rebelarse e ir a una tierra pagana y desperdiciar la riqueza de la herencia de su propio padre, que es lo que todos hacemos. Una de las cosas que creo que son heroicas del padre pródigo de esa parábola es que lo deja ir.

Él no deja de preocuparse por el hijo. Él no deja de orar por el hijo. Él no deja de amar al hijo, pero lo deja ir. Él entrega a su hijo a sus propias inclinaciones pecaminosas y así es como Dios trata a Israel. De hecho, el juicio final de Dios es que el que es malo siga siendo malo.

El peor tipo de juicio que Dios puede mandar a alguien es darle rienda suelta, para entregarlo a sus propias inclinaciones malas. Pero aquí Él está diciendo a Samuel: ‘Si el pueblo no quiere que yo sea su rey, dales un rey’.

Esa es la base pecaminosa para la monarquía, y aún en esto, donde se da y se concede el deseo de un rey, en un sentido muy real, es un acto de juicio divino. Sin embargo, en el consejo secreto de Dios, como se manifiesta más adelante, Dios va a obrar a través de esta institución de la monarquía para poner a su rey elegido para Su reino, que será de la tribu de Judá y cuyo reino será eterno. Quien será el Rey de los reyes y el Señor de los señores.

Y aunque la monarquía de Israel empieza con una serie vergonzosa de circunstancias, la monarquía, en un sentido, prefigura la venida del reino de Dios. Vamos a tomar un momento más para considerar la palabra “monarca”.

Cuando iniciamos nuestro estudio, observamos el primer versículo de Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. En la traducción griega para la palabra “principio” en Génesis 1 es la misma palabra que aparece en el primer capítulo del evangelio de Juan, “en arche”, en el principio.

La palabra griega “arche” significa “principio, jefe o gobernante”. Y la palabra “arche” como se interpreta en el sentido de jefe, el preeminente, llega a nuestro propio idioma.

Hablamos de los enemigos y los archienemigos, rivales y archirrivales, obispos, arzobispos, ángeles y arcángeles, herejes y herejiarcas o arc-herejes, que significa que son los principales, los grandes.

Y la idea de la palabra “monarquía” significa “un jefe, un gobernante, un soberano”. Y la razón por la que este es un momento tan dramático en la historia judía es que hasta este punto solo había un gobernante para Israel y era Dios.

Y así dios ve en este deseo por un monarca terrenal, un intento de suplantar su reinado. “Me han desechado a mí para que no sea rey sobre ellos. Así como todas las obras que han hecho desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, así lo están haciendo contigo también. Ahora pues, oye su voz. Sin embargo, les advertirás solemnemente y les harás saber el proceder del rey que reinará sobre ellos.”

Porque el inicio de la monarquía es el inicio de la corrupción radical de la nación judía. “Entonces Samuel habló todas las palabras del Señor al pueblo que le había pedido rey. Y dijo: Así será el proceder del rey que reinará sobre vosotros: tomará a vuestros hijos, los pondrá a su servicio en sus carros y entre su gente de a caballo, y correrán delante de sus carros”.

Es decir, él va a planear la estrategia y va a reclutar a sus hijos y usarlos para el avance de sus conquistas. Nombrará para su servicio comandantes de mil y de cincuenta, y a otros para labrar sus campos y recoger sus cosechas, y hacer sus armas de guerra y pertrechos para sus carros.”

Ahora empezarán a trabajar para el estado en vez para ustedes. En lugar de comer lo que ustedes producen, tendrán que utilizar el trabajo de su granja para alimentar al gobierno. Miren, eso es lo que va a pasar. Tomará también a vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará lo mejor de vuestros campos, de vuestros viñedos y de vuestros olivares y los dará a sus siervos.”

“Tomará también vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes y vuestros asnos, y los usará para su servicio. De vuestros rebaños tomará el diezmo, y vosotros mismos vendréis a ser sus siervos. Ese día clamaréis por causa de vuestro rey a quien escogisteis para vosotros, pero el Señor no os responderá en ese día.

No obstante, el pueblo rehusó oír la voz de Samuel, y dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros, a fin de que seamos como todas las naciones, para que nuestro rey nos juzgue, salga delante de nosotros y dirija nuestras batallas.”

Y así, después de esta solemne advertencia, Dios les dijo que un héroe saliente del pueblo, un hombre con grandes dotes de poder militar, un hombre de gran estatura, guapo y orgulloso, de la tribu de Benjamín.

Esto debería haber sido un indicio, porque volviendo a la bendición patriarcal de Génesis, fue a la tribu de Judá que se le prometió el reino de Dios. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”. “El cetro no se apartará de Judá,… hasta que venga Siloh”.

Pero este hombre, quien es el primer rey de Israel, no es de la tribu de Judá, es de la tribu de Benjamín.Es muy curioso, porque, más tarde, unos siglos después, otro de la tribu de Benjamín, con el mismo nombre llegó a ser muy importante en la historia de redención, porque ambos hombres fueron llamados Saúl.

El rey Saúl y Saúl (Saulo) de Tarso; el primer Saúl termina en desgracia, el segundo Saúl llega a ser el apóstol a los gentiles. Entonces Saúl es ungido por Samuel como el primer rey de Israel y su reinado empieza en gloria.

Él tiene tremendas victorias militares y se vuelve enormemente popular entre el pueblo, pero había un defecto fatal en el hombre. Había una especie de arrogancia que afectaba a Saúl. En una ocasión, Saúl estaba esperando a Samuel para que le bendijera antes de ir a la batalla y para ofrecer los sacrificios a Dios a fin de preparar los ejércitos para esa ocasión, y Samuel no se presentó exactamente a tiempo.

Y Saúl se impacientó y entonces él mismo se encargó de hacer los sacrificios. Sí, había una separación entre la iglesia y el estado, en el sentido de que había una división de trabajo aquí, y no era la responsabilidad del rey atribuirse para sí los derechos, el privilegio y la autoridad del juez. Pero Saúl tomó sus manos sucias y profanó las cosas santas y en ese momento llegó Samuel y lo vio y le dijo: ‘Por esto, Saúl, Dios te ha rechazado y ha reservado para sí un hombre conforme a su corazón, a quien levantará para sustituir a ti y tu casa.’

Y Saúl se vuelve loco. Se retira de su responsabilidad como comandante en jefe cuando es enfrentado por el campeón de los filisteos, el gigante Goliat; se hace a un lado mientras que un muchacho se acerca y libera a la nación de la opresión de los filisteos.

Y la gente empieza a cantar en poco tiempo: ‘Saúl ha matado a sus miles, y David ha matado a sus diez miles.’ Y Saúl enfurecido y lleno de celos, y hasta el final de su vida, persigue a David, a quien ahora Samuel ha ungido para ser el rey; un inicio desfavorable para una monarquía tan notable.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

1/27 – Las afirmaciones únicas de Jesús

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

1/27 – Las afirmaciones únicas de Jesús

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/las-afirmaciones-unicas-de-jesus/

Leslie Basham: ¿Valdría la pena aprovechar la tradición que llaman Cuaresma?  Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Bueno, como muchas de ustedes saben, hoy venimos al primer día de lo que mucha gente alrededor del mundo celebra como Cuaresma, consiste un período de aproximadamente seis semanas que culmina con el Domingo de Resurrección.

La Cuaresma a menudo está asociada con algún tipo de ayuno.  Escucharás a la gente decir, “Voy a dejar de hacer algo o dejar de comer algo durante la cuaresma”— chocolate o café o juegos de computadora o Facebook.  “Voy a dejar esto o lo otro durante la Cuaresma”.  Tal vez has escuchado a algunas personas decir eso.

Algunas personas ayunan durante la Cuaresma como un medio de disciplina o dominio propio sin atribuirle ningún significado espiritual—es como hacer resoluciones para el nuevo año.

Hay otros que creen que al ayunar en Cuaresma y negarse a sí mismos durante estas semanas, pueden de alguna manera merecer la gracia o el favor de Dios.  Por supuesto, sabemos que las Escrituras dicen que “Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia” (Tito 3:5).  Así que no es malo ayunar, pero sabemos por la Palabra de Dios que el ayunar no nos ganará el favor o la gracia de Dios.

Luego, también sé de otros que ayunan durante la Cuaresma como una manera de recordar los sufrimientos de Cristo a nuestro favor.  Al llegar a la semana donde celebramos la Pasión de Cristo, cuando conmemoramos la muerte de Cristo por nosotros, algunas personas ayunan como recordatorio de lo que Cristo ha hecho por nosotros.  Niegan su carne durante estas semanas como un recordatorio diario de que Cristo murió y resucitó para darnos libertad de nuestra esclavitud de nosotros mismo y de nuestra carne.

Pienso que hay cierto valor, independientemente de cómo observes estas semanas, en  tomar períodos de tiempo donde limpiamos el desorden de nuestras vidas y donde decimos “no” a cosas que nos son lícitas pero que quizás se han convertido en muy importantes en nuestras vidas, al mismo tiempo que nos enfocamos en cultivar un mayor corazón por Cristo.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Las iglesias en la que crecí no observaban la Cuaresma, pero hace unos años comencé a  apartar este período de 40 días para enfocarme en Cristo de una manera más intencional, y esto ha sido una gran bendición para mí.

Una de las cosas que hago cada año es seleccionar uno o más libros acerca de la vida y la pasión de Cristo y los leo en mi tiempo devocional durante esta temporada.  Durante estas semanas yo le pido al Señor que suavice mi corazón y lo prepare para conmemorar la muerte, la pasión, y la resurrección de Cristo.

Desafortunadamente, algunos de estos días especiales en las tradiciones y en el  calendario Cristiano que antes se observaban como días santos se han convertido simplemente en días festivos.  Como resultado, le quitamos su significado y su poder y lo que pudieran significar en nuestras vidas.

Así que pienso que es bueno ser intencionales en aprovechar estas oportunidades y tornar nuestros corazones y nuestros pensamientos hacia la realidad y el significado de estos días en el calendario cristiano, y ciertamente no hay tiempo más especial dentro de todas esas fechas que el tiempo donde celebramos la Pasión de Cristo: el Viernes Santo y el domingo cuando celebramos Su resurrección.

Hace unos años,  en mi tiempo devocional durante esta temporada  leí un libro clásico por J. Oswald Sanders llamado “El Cristo incomparable” [The Incomparable Christ – disponible en Inglés].  Es un libro que tiene 36 capítulos cortos, y lo leí durante este periodo.    Cada uno de esos capítulos es acerca de un aspecto diferente de la persona y de la obra de Cristo.

Este libro realmente me ministró.  Fue una gran bendición para mí. Así que decidí que este año animaría a nuestras oyentes a leer ese libro conmigo—si puedes adquirirlo está en inglés— y acompañarme durante este período , durante estos 40 días que nos llevan a la Pascua, enfocándonos en Cristo de una manera más concentrada.

Así que durante esta temporada vamos a usar el libro de Sanders, [The Incomparable Christ  [“El Cristo incomparable”] como una guía.  No voy a leerte el libro — tú puedes hacer eso por ti misma — pero voy a usar el bosquejo que tiene el libro acerca de estos diferentes aspectos de la vida de Cristo, y lo vamos a ir siguiendo a través de estas semanas que nos llevan a la Pascua.

El nombre Oswald Sanders quizás no sea conocido para ti.  Él fue un maestro bíblico y un estadista misionero de mediados del siglo 20.

Así que cada día, durante las próximas semanas, vamos a ir viendo diversos aspectos o períodos de la vida y del ministerio de Cristo aquí en esta tierra.

Veremos Su nacimiento, Su niñez, Su bautismo, Su tentación.  Veremos la deidad de Cristo, lo que significa y por qué es importante, y veremos la humanidad de Cristo.  Veremos Sus enseñanzas, Su humildad, Su vida de oración.

Luego, en la medida que nos vamos acercando a la Semana Mayor, estaremos viendo el juicio de Cristo, Su obra expiatoria en la cruz, y lo qué significa esto para nosotras.  Pasaremos un día en cada una de las siete palabras de Cristo en la cruz.  Luego vamos a continuar esta serie una semana después del Domingo de Resurrección para que podamos considerar Su resurrección, Su ascensión, Su supremo ministerio sacerdotal en el cielo hoy, y Su segunda venida— la gran esperanza de cada hijo de Dios.

Para poder sacar el máximo de esta serie, déjame recomendarte unas cuantas cosas: antes que todo, si puedes leer en ingles y si no tienes una todavía, puedes tratar de conseguir una copia del libro de Sanders, El Cristo incomparable, [The Incomparable Christ] y síguenos.  Mañana comenzaremos con el capítulo uno: La perfección moral de Cristo.  Pero de nuevo te digo que, no es necesario que obtengas el libro para sacarle provecho a las enseñanzas de esta serie.

Solo quiero animarte a enfocarte en Cristo, a poner toda tu atención, tu afecto en Él.  Debemos de estar haciendo eso cada día del año, pero de una manera especial durante esta temporada; vamos a enfocándonos en Cristo.

Luego si quieres involucrarte más, ve a la sección de comentarios justo debajo de la transcripción de este programa en nuestra página de Avivanuestroscorazones.com, y allí podrás interactuar con otras mujeres que están siguiendo igual que tu esta serie.

Quizás quieras ir anotando la forma como cada aspecto de Cristo que vayamos viendo te va impactando:

¿Cómo te ministra?

¿Cómo te bendice?

¿Qué diferencia hace en tu vida?

¿Cómo quiere el Señor que respondas a lo que estás escuchando?

Y así puedes conectarte con tus comentarios y unirte a otras mujeres que están siguiendo la serie al igual que tú.

Ahora, humanamente hablando, hacer una serie como esta, hacer una serie de 40 días acerca de cualquier cosa en Aviva Nuestros Corazones es un poco riesgoso—porque es una serie larga, más larga de lo normal.  Hacer una serie como esta es un poco atemorizante.  Déjame decirte por qué.

Para poder estar en el aire, dependemos de que las personas respondan a nuestro programa, dejándonos saber que están escuchando, que están enviando donaciones para apoyar y respaldar el ministerio, entre otras cosas y cuando hacemos series acerca de temas de necesidad como son el matrimonio,  los desórdenes alimenticios o la depresión, por ejemplo, recibimos mucha respuesta.  La gente dice, “Yo necesito eso.  Yo quiero obtener este recurso.  Yo quiero apoyar este ministerio”.

Lo triste es que hoy muchas personas realmente no están emocionadas en  enfocarse en Jesús ni por un día, y mucho menos por 40 días.  Así que cuando decidimos embarcarnos en esta serie, nos dimos cuenta de que humanamente hablando era un poco riesgoso.

¿Pero sabes qué?  No pienso que realmente sea riesgoso enfocarnos en Cristo porque yo sé que si la gente se concentra en Él, si lo consideran a Él, si cultivan una relación más íntima con Él, entonces cuando llegue a sus vidas cualquier problema o cualquier necesidad práctica, estarán conectadas con el Único que les puede ayudar a lidiar con esos problemas.

Siempre es provechoso conocer a Jesús más íntimamente, y desde el primer día de este ministerio—y hemos estado en el aire alrededor de 13 años ya, desde el primer día, hemos tratado día tras día tras día de dirigir  la gente a Cristo; hemos tratado de hacer que la gente se conecte con Jesús.

Porque es a Cristo a quien necesitamos.  Cristo es a quien tú necesitas.  No importa qué crisis estés enfrentando hoy.  Lo que más necesitas es encontrarte con Cristo.  Eso es lo que yo más necesito, y en eso es en lo que nos vamos a enfocar en estos días.

El Señor ha estado usando este estudio en mi propia vida mientras me he venido preparando, y estoy tan emocionada acerca de la manera en que Él va a usarlo en la vida de nuestras oyentes mientras buscamos conocer a Cristo de una manera más íntima y más genuina.

Ahora, permíteme hablar solo unos momentos hoy acerca del título de esta serie, el título del libro es “El incomparable Cristo” (The Incomparable Christ).  Incomparable…esa palabra sugiere que no hay nadie como Él.  Y no hay nadie como Él, pero la verdad es que la mayor parte del mundo hoy no está de acuerdo con lo que acabo de decir.

La verdad es que la mayoría de las personas en el mundo no afirma que Cristo es incomparable, y en nuestro mundo multicultural del siglo 21, hay una serie de religiones que afirman tener una parte de la verdad.  Muchas de las afirmaciones hechas por estas religiones son mutuamente excluyentes con el cristianismo.  Las dos no pueden ser verídicas.

Entonces, ¿a quién y qué debemos creer?

Nosotras como cristianas, ¿Cómo vamos a responder a aquellos que insisten que su fe es igual o más válida que la nuestra?

¿Cómo vamos a presentar el Evangelio de Cristo a un mundo que lo ve a Él como algo diferente o algo menos de lo que nosotras creemos que Él es?  Él es solo otro más en otro panteón de líderes religiosos.  ¿Cómo vamos a presentar a Cristo en ese tipo de mundo?

Bueno, déjame sugerirte que la credibilidad y la validez del mensaje de Cristo se desprenden directamente  del tema de Su identidad.  ¿Quién es Jesucristo?  ¿Es Él realmente  incomparable?  Porque si no lo es, entonces todas estas cosas que estamos enseñando acerca del Evangelio de Cristo, de la Palabra de Cristo, estarán en tela de juicio si Cristo no es quien Él afirmaba ser.

En un momento dado durante Su ministerio terrenal, Jesús le preguntó a sus discípulos, “¿Quién dicen los hombres que soy Yo?” (Marcos 8:27).  Hubo una variedad de respuestas como seguramente sucedería si hiciéramos la misma pregunta hoy.  Algunos dirían que Jesús fue un buen hombre; otros dirían que Él fue un filósofo; que es un ejemplo moral; que es un maestro.

Luego, del otro lado, hay aquellos que consideran a Cristo un fraude.  Algunos dirían que Él es un peligro o una amenaza para la sociedad moderna de hoy.

Bueno la pregunta de seguimiento que Jesús hizo a sus discípulos es aun más intencional y más crucial que la primera, y esa pregunta es, “¿Quién decís que soy Yo?” (Marcos 8:20). ¿Quién dicen ustedes que soy yo? No solo quién dicen los demás que soy, pero, ¿quién dicen ustedes que soy Yo?

Yo sugeriría que esta es una pregunta que cada persona tiene que hacerse y contestar.  ¿Es Jesús quien Él afirmaba ser?  Y si, así es, ¿Cuáles son las implicaciones para nuestras vidas?  Lo que creemos acerca de Jesús determina nuestro destino final.

En su  libro, “El discípulo radical” (The Radical Disciple, disponible en inglés), John Stott habla acerca del  mundo en el que vivimos.  Él resalta la importancia de afirmar la singularidad de Jesús.  Déjame leerte del libro de John Stott acerca de este tema.  Él dice,

El pluralismo…afirma que todo “ismo” tiene su propia validez independiente y el mismo derecho de obtener nuestro respeto.  Por lo tanto, rechaza el cristianismo en lo que respecta a su carácter definitivo y de singularidad, y condena como pura arrogancia el intento de convertir a cualquiera (mucho menos a todos) a lo que ellos consideran como meras opiniones.

¿Cómo debemos responder a este espíritu de pluralismo?  Con gran humildad, espero, y sin indicio de superioridad personal.  Pero debemos continuar afirmando la singularidad y el carácter definitivo de Jesucristo.  Porque Él es único en Su encarnación (el único Dios hombre), es único en Su expiación (solamente Él ha muerto por los pecados del mundo), y Él es único en Su resurrección (solamente Él ha conquistado la muerte).

Y como en ninguna otra persona más que en Jesús de Nazaret Dios se convirtió en humano (en Su nacimiento), y llevó nuestros pecados (en Su muerte), y luego triunfó sobre la muerte (en Su resurrección), Él es únicamente competente para salvar a pecadores.  Nadie más posee sus cualificaciones.

Así que podemos hablar acerca de Alejandro Magno (el grande),  Carlos el Grande y Napoleón el Grande, pero no de Jesús el Grande.  Él no es el Grande — Él es el Único.  No hay nadie como Él.  Él no tiene rival ni sucesor.

¿Alguien quiere decir amén a eso?

Verdaderamente no hay nadie como Jesús — ni cerca de lo que Él es. Pero quiero recordarnos que no es suficiente que intelectualmente afirmemos Su singularidad. Si Cristo  es verdaderamente incomparable, Él merece ser el objeto supremo de nuestro afecto y de nuestra atención.  No es suficiente solo saber que Jesús es incomparable.  Tenemos que firmemente poner nuestros ojos y nuestra esperanza en Él.

Las Escrituras nos dicen que:

Solo Él puede salvarnos de nuestro pecado.

Solo Él puede santificarnos, hacernos santas.

Solo Él puede satisfacer nuestras almas sedientas.

Solo Él puede sostenernos y fortalecernos cuando nos cansamos de correr la carrera y somos tentadas a tirar la toalla.

Y —pienso que esto es asombroso— es al mirar a Cristo que somos transformadas a Su semejanza, cuando nos hacemos como Él.

Segunda de Corintios 3 nos dice que “pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria” (versículo 18).  Y un día esa transformación será completada.

Primera de Juan capítulo 3 nos da una asombrosa promesa que dice, “pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es”.  Ver a Cristo, contemplarlo, fijar nuestra mirada en Él es ser transformadas a Su semejanza.

A través de los próximos 40 días, queremos contemplarlo.  Queremos considerarlo, fijar nuestro enfoque en Él.  Y eso toma tiempo.  Porque somos gente ocupada.  Estamos muy ocupadas.  Hay muchas cosas pasando a nuestro alrededor. Esto podría significar menos tiempo en Facebook durante los próximos 40 días.  Esto podría significar menos juegos en la computadora.  Esto podría significar menos televisión en la noche.  Esto podría implicar decir, “No” a algunas otras cosas para que podamos fijar nuestra atención en Cristo.

Pero al hacerlo, llegaremos a conocerlo y luego el conocerlo será adorarlo, amarlo,  confiar en Él, y seguido a esto vamos a ver que querremos obedecerlo, seguirlo.  Nos asemejaremos más a Él.  Y luego tendremos el deseo de ayudar a otros a conocerlo; el deseo de darlo a conocer a los demás — nuestra meta es que Él pueda propagarse a través de nosotras, lo que el apóstol Pablo llama “la fragancia de su conocimiento”; que esa fragancia se extienda por todas partes (2 Corintios 2:14).

Pero todo comienza al considerarlo a Él — considerándolo a Él.  Me viene a la memoria el pasaje en Hebreos 12 donde el escritor dice,

Despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, [¿Cómo hacemos eso?] puestos los ojos en Jesús, [mirando a Jesús], el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, [en eso nos vamos a enfocar en estas próximas semanas — en Cristo, quien soportó la cruz] menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios (versículos 1,2).

Considéralo a Él — considera a quien soportó de los pecadores tal hostilidad en contra de Él para que tú no te canses o seas de poco ánimo.  Yo sé que estoy hablándoles a algunas oyentes que se han cansado y que tienen poco ánimo.  Estás ahí batallando para poder quedarte en la carrera.  Estás teniendo dificultad de soportar.  Quieres tirar la toalla.

¿Qué puedes hacer?  Considéralo a Él.  Mira a Jesús.  Míralo a Él — Él está en la línea final.  Él nos está esperando.  Él es el Autor y Consumador, el consumador de nuestra fe.  Él es el que puede sostenernos y mantenernos en la carrera.  Mira a Jesús.  Considéralo a Él.

William Burns fue un evangelista escocés del siglo XIX.  En 1840 el escribió una carta a los jóvenes en su iglesia.  Quiero dejarte con un párrafo de esta carta.  Él les dijo a esos jóvenes lo que es un buen consejo para toda edad.  Él dijo:

“¡Miren a Jesús!” es el todo del Evangelio.  Miren y asómbrense, miren y vivan, miren y amen, miren y adoren, miren y admiren, miren y sean bendecidos, miren y sean glorificados, miren eternamente — y sus corazones serán llenos de amor eterno, y sus bocas con un aleluya interminable”.

¿Amén? Amén.

Señor, te pedimos que a través de estas próximas semanas  Tú nos ayudes a mirar a Jesús, a considerarlo, a fijar nuestros ojos firmemente en Él.  Mientras fijamos nuestra mirada, mientras miramos, mientras te contemplamos, al Cristo incomparable, que seamos transformadas a Tu semejanza.  Oro en el nombre de Jesús, amén.

Leslie: No hay nadie más como Jesús.  Eso se oye como una declaración simple, pero en el mundo de hoy, suena muy radical. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando acerca de la singularidad de Cristo, ella estará de regreso.

Ese mensaje da inicio a  una nueva serie, titulada, El Cristo incomparable.  Espero que escuches todos los días desde hoy hasta el Domingo de Resurrección, y si puedes obtén el libro “El Cristo Incomparable” en inglés para que sigas esta serie [The Incomparable Christde Oswald Sanders.

Si lees un capítulo del libro diariamente y escuchas los programas mientras Nancy enseña materiales relacionados, esta podría ser la temporada de Pascua más significativa que tú hayas experimentado. Por supuesto, si no puedes obtener el libro, serás igualmente edificada.

Cuando escuchas la palabra hermoso, ¿Qué viene a tu mente?  Mañana nos enfocaremos en la Persona que más perfectamente representa la belleza.  El Cristo incomparable continúa mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aquí está Nancy para concluir…

Nancy: S.M. Lockridge fue un predicador afroamericano del siglo XX quien fue mejor conocido por su descripción de seis minutos y medio de Jesús conocido como “¡Ese Es Mi Rey!” quiero que escuches mientras compartimos contigo solo un extracto de ese mensaje que espero despierte tu apetito para esta serie de El Cristo incomparable.

S. M. Lockridge: La Biblia dice que Él es el Rey de los Judíos.  Él es el rey de Israel.  Él es el rey de justicia.  Él es el rey de los tiempos.  Él es el rey del cielo.  Él es el rey de Gloria.  Él es el Rey de reyes, y es Señor de señores.  ¡Ese es mi Rey!

David dijo que los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento demuestran las obras de Sus manos.  Ninguna manera de medir puede definir Su amor ilimitado.  Ningún periscopio de largo alcance puede traer a visibilidad la costa de Sus provisiones.  Ninguna barrera puede impedirle a Él derramar Sus bendiciones. ¿Lo conoces?

Él es perdurablemente fuerte.  Él es enteramente sincero.  Él es eternamente inquebrantable.  Él es inmortal y lleno de gracia.  Él es imperialmente poderoso. Y Él es imparcialmente misericordioso.  ¡Ese es mi Rey!

Él es el Hijo de Dios.  Él es el Salvador de los pecadores.  Él es la pieza central de la civilización.  Él se apoya solo en sí mismo.  Él es majestuoso.  Él es único.  Él no tiene paralelo.  Él no tiene precedentes.  Él es supremo.  Él es preeminente.  Él es la idea más elevada en la literatura.  Él es el personaje más alto de la filosofía.  Y Él es el problema supremo de alta crítica.

Él es la doctrina fundamental de la verdadera teología.  Él es lo único necesario para la religión espiritual.  ¡Ese es mi Rey!

Él es el milagro de los tiempos.  Él es el superlativo de cualquier cosa buena que tu elijas llamarle. Él es el único capaz de suplir todas nuestras necesidades simultáneamente.  Él suple la fuerza al débil.  Él está disponible para el tentado y para los atribulados.  Él simpatiza,  Él salva.  Él protege,  Él guía.  Él sana al enfermo.  Él limpia al leproso.  Él perdona a los pecadores.  Él liberta a los cautivos.  Él defiende al débil. Él bendice a los pequeños.  Él  sirve a los desafortunados.  Él estima a los ancianos.  Él recompensa al diligente, y Él embellece al humilde.

Me pregunto, ¿Lo conoces?  Mi Rey es la clave del conocimiento.  Él es el manantial de la sabiduría.  Él es la puerta de la libertad.  La gloria es toda Suya.    Suyo es el reino y el poder y la gloria por siempre y siempre y siempre — y cuando termines con todos estos “siempres”, entonces amén y ¡amén!

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Voz adicional: S. M. Lockridge, en la voz de Carlos Mena.

Él Es, Isabelle (con Tercer Cielo & Marcos Yaroide), Él Regresará ℗ 2005 Isabelle Váldez.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com