Jul 6 – Dios está trabajando

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 6 – Dios está trabajando

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Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss tiene una palabra importante para aquellas que han olvidado la habilidad que Dios tiene para cambiar vidas.

Nancy Leigh DeMoss: Dios está obrando en tu vida . Dios está obrando en países de los que nunca has oído hablar y de los que no sabes nada. Dios está obrando en el mundo musulmán. Dios está obrando en la China. Dios está obrando en países pequeñitos en los que el Evangelio está prohibido de manera oficial. Dios está obrando.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Imagina que le compraste un regalo a tu hijo. Y —mientras esperas el momento adecuado para dárselo— te suplica que se lo compres, como si dudara de que tienes la mejor de las intenciones, preguntándose si lo has abandonado. ¿Alguna vez te has dirigido a Dios como ese hijo?

Piénsalo al tiempo que Nancy continúa la serie llamada Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Alguna vez te han preguntado tus hijos «¿Mami, no me estás oyendo? Y tú les contestas, «¿te refieres a cuántas veces te he escuchado hoy o cuántas en el día de ayer?» «No me estás escuchando. Tú no me estás escuchando».

Ahora bien, también es cierto que tus hijos podrían decirte eso porque, verdaderamente, no los estás escuchando. Las madres tienen la capacidad de aislar lo que ocurre a su alrededor. De la misma forma, en algunas ocasiones sí los estás escuchando, pero lo que tus hijos realmente están diciendo es esto: «mami, no me estás respondiendo lo que yo quiero que me respondas»; «No estás haciendo lo que quiero que hagas». Por lo que entonces preguntan «¿me estás oyendo?»

Algunas veces pensamos que porque Dios no ha hecho lo que queremos que Él haga y lo que esperamos que Él haga no nos está escuchando. Como esos niños decimos «Dios no me estás oyendo?» o «¡No me estás oyendo!»

Mientras estudiamos la primera parte del libro de Habacuc, vemos que Habacuc acusa a Dios de no estarlo escuchando, de no estar oyendo sus súplicas.

Pero —a medida que avanzamos en el pasaje de hoy, nos daremos cuenta de que Dios lo había estado escuchando todo el tiempo. Y Dios respondió a las súplicas de su profeta. Dios no estaba callado.

El hecho de que Dios responde -y veremos lo que hace en el versículo 5 del capítulo 1- evidencia que Él sí ha estado escuchando las oraciones de su profeta.

Habacuc empieza su historia, este intercambio, diciendo: «Señor, ¿cuánto más tendré que suplicarte por las cosas que están pasando a mi alrededor? ¿Por cuánto tiempo voy a seguir orando mientras Tú no haces nada? ¿Y por qué estás permitiendo que todas estas cosas sucedan? ¿Por qué toda esta lucha, violencia, discusión y destrucción entre tu pueblo? Estás viéndolo sin hacer nada. Estás viendo lo que pasa, y no haces nada al respecto. No parece que estés escuchando.»

Finalmente, en el versículo 5 del capítulo 1, Dios habla. Déjame decirte, por cierto, como hemos dicho a lo largo de esta serie: espero que no estés splo oyéndome enseñar el libro de Habacuc. Espero que estés abriendo tu Biblia, leyéndolo por ti misma, haciendo anotaciones, buscando patrones, tratando de entender lo que Dios está diciendo.

Obtendrías muchísimo más de la Biblia si la escudriñas por ti misma. El Espíritu Santo te enseñaría cosas y aplicaciones del pasaje que quizás yo no he visto.

Ahora, en el versículo 5, Dios finalmente responde la oración de Habacuc. Y le dice a su servidor: «Mirad entre las naciones, observad, asombraos, admiraos, porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara».

Dios le dice «Miren. Miren entre las naciones». Ese verbo mirar y el verbo observar en Hebreo están en plural. Dios no sólo le está hablando a Habacuc. Él le está hablando a todo Su pueblo, a la colectividad y les está diciendo «Ustedes todos». No sólo Habacuc, sino todos ustedes. Miren y observen.

El Señor le está diciendo a sus siervos -Habacuc y a todo el pueblo- «Amplíen su perspectiva. Miren entre las naciones y observen». Dios les está diciendo «La visión de ustedes no es lo suficientemente amplia. Ustedes han estado muy centrados en sus propias situaciones y circunstancias. Ustedes necesitan observar entre las naciones. Su perspectiva es demasiada estrecha».

Muy a menudo nosotros solo podemos ver un pedacito de todo el panorama. Vemos nuestra salud, nuestros problemas, nuestra familia, nuestra iglesia, nuestro país, nuestras circunstancias; y nos vemos absortas en lo que nos está pasando a nosotras. ¿Sabes por qué? porque vivimos como si todo se tratara de nosotras. Esa es nuestra perspectiva de la vida. Tenemos una perspectiva miope cuando estamos centradas en nosotras mismas. Todo se trata de lo que me esté sucediendo a mí. Todo se trata de cómo me afecta a mí.

Pero lo que Dios está diciendo es «Levanta los ojos y mira el panorama completo. No vivas tan absorta en tu situación personal».

Es más, desafortunadamente, tenemos la tendencia de leer la Biblia de esa misma manera. Siempre vemos «lo que dice para mí». Y eso es algo bueno de preguntarnos. Queremos ver cómo se aplica en nuestras vidas. pero también queremos decir «Señor, ¿cómo lo que estás haciendo, o lo que está sucediendo y lo que estás diciendo se aplica a tu plan cósmico del universo para darte gloria ante el mundo y ante las naciones?»

¿Qué tanto te preocupa esto? ¿Qué tanto énfasis y tiempo le dedicas cuando estás orando? ¿O es casi todo «mi familia, mi iglesia, mi situación, mi salud, mis necesidades, mi trabajo -mi, mi y mi? Lo que Dios está diciendo es: «Tu mundo es muy pequeño. Mi corazón es para el mundo. Mira entre las naciones y observa».

A Dios le importa Su gloria y el destino de este planeta. Dios siempre está trabajando para llevar a cabo la inmensidad de sus propósitos. Lo que está pasando en nuestras vidas es un pedacito microscópico de un panorama mucho más amplio. Y nos vamos a desencantar y a frustrar mientras mantengamos los ojos puestos solo en lo que está pasando a nuestro alrededor.

La pregunta que debemos hacer es «Señor, ¿cómo encaja esto en la totalidad de Tu panorama? ¿Cómo se acomoda en el todo? Dame la perspectiva». Mirad a las naciones y observad.

Luego dice «asombraos, admiraos». Si pudiéramos ver lo que Dios ve y supiéramos lo que Él sabe, nos asombraríamos y admiraríamos. La palabra asombraos habla de «ensimismamiento, de estar estupefactas». Nos asombraríamos si pudiéramos ver lo que Dios ve y saber lo que Dios sabe acerca de lo que está pasando en el mundo, pero desde Su punto de vista. La perspectiva de Dios es mucho más grandiosa y diferente que la nuestra. ¡Si pudiéramos tener ojos para ver!

¿Recuerdas al sirviente de Eliseo cuando vio la casa en la que ellos se hospedaban rodeada por el ejército Sirio… que se llenó de espanto de miedo? El Se asustó muchísimo. Eliseo oró pidiendo «Dios, abre sus ojos para que vea lo que en realidad está pasando». Y el sirviente vio los ángeles de Dios, los guerreros, las carrozas de fuego rodeando al enemigo (2 Reyes 6: 15-17, parafraseado)

Una vez el sirviente tuvo ojos para ver la realidad espiritual, ¡quedó asombrado! No tuvo más temor, ni desencanto ni depresión. Si pudiéramos ver la realidad espiritual como Dios la ve, nos maravillaríamos. Nos asombraríamos. Nos quedaríamos estupefactas y sin habla.

Ahora bien, esas dos palabritas «mira y observa, mirar y observar» -una vez más, cuando estés estudiando las Escrituras busca las palabras que se repiten. En el libro de Habacuc es imposible obviar el hecho de que las palabras «mirar y observar o ver» se repiten muchas veces. De hecho, ¡9 veces en los primeros 18 versículos! Mirad, observad, mirad, observad. ¡Abre tus ojos!, es lo que dice Dios.

Tenemos que preguntarnos ¿Qué es lo que estamos viendo? ¿Estás obsesionada con tu propio mundo, o estás mirando entre las naciones para ver todo el panorama de lo que Dios está haciendo?

Levanta tus ojos hacia arriba. Observa la mano de Dios en las cosas del mundo. Cuando leas las noticias en el Internet, las veas en la televisión o las escuches por la radio, no asumas que los periodistas saben lo que está pasando. Ellos pueden relatarte los hechos aparentes, pero lo que no te pueden, ni te van a decir es «¡¿Qué está haciendo Dios en todo esto?!»

Verás, todos esos asuntos mundiales y toda la historia de la humanidad es -en realidad- la historia del plan redentor de Dios para este mundo. Es la imagen y la historia del reino de Dios y la gloria de Dios avanzando en nuestro mundo.

Por lo que cuando escuches acerca de guerras, hambre, peligros inminentes, tsunamis, huracanes, terremotos, plagas, problemas de tránsito o de lo que sea- que no te quepa duda de que Dios está haciendo algo en este mundo para hacer avanzar Su reino, para promover Su gloria. Mira entre las naciones, mira y pregunta «¿Dios qué estás haciendo?»

Pídele a Dios que te de ojos para ver desde Su ventajosa posición – para que veas a tu familia, tu iglesia, el vecindario, el mundo, el gobierno, otros países-para que los puedas ver desde la perspectiva de Dios.

Tengo a un amigo, Dick Eastman, que me viene a la mente en este momento. Él es el líder de un gran ministerio internacional -uno de los ministerios más grandes del mundo. Por muchos años, décadas, Dick Eastman ha orado todos los días por 200 países y protectorados del mundo, con un mapa mundi, orando por cada país y llamándolo por su nombre. Nombres que ni siquiera puedo pronunciar, países que han sido puestos en el mapa desde que él ha estado orando.

Él los presenta al Señor. Él es un hombre que mira entre las naciones y observa. Él dice «Dios, ¿qué estás haciendo? Dios, que Tu Reino venga. Que Tu voluntad sea hecha en la tierra así como se hace en el cielo».

Él, aunque ora por sus asuntos personales, no se centra solo en ellos. Él ora por mí. Él ora por Aviva Nuestros Corazones. Él ora por su familia. Él tiene asuntos que le conciernen y ora por ellos, pero no limita sus oraciones a sus asuntos personales.

Al pensar en tu vida de oración, ¿está debidamente balanceada? ¿Estás buscando entre las naciones? ¿Estás observando lo que Dios está haciendo?

Hay un asunto con esto de ‘las naciones’ y la ‘tierra’. Esas son un par de palabras que se repiten a lo largo del libro de Habacuc. En trece ocasiones se hace referencia a las naciones o a la tierra. Dios quiere que sepamos que Su corazón es para el mundo. A Dios le importan las naciones. A Dios le importa la tierra. Hoy en día, Dios está lidiando con las naciones de este mundo.

  • Vamos a ver en este libro la soberanía de Dios sobre las naciones.
  • Vamos a ver que Dios juzga a las naciones malvadas.
  • Pero Dios tiene un corazón compasivo y tiene misericordia y anhela que las naciones se arrepientan y vengan a los pies de Cristo.

Quiero tener un corazón como el de Dios para con el mundo. Recuerdo que cuando era niña tenía un corazón más así que ahora. Mi familia solía tener un mapa mundi colgado en la pared de nuestro desayunador. Tenía fotos pagadas en el borde de los diferentes misioneros -a quienes mi familia apoyaba- y desde esas fotos salían hilos que los unían con los países en los que estaban esos misioneros trabajando. Orábamos por esos misioneros. Leíamos sus cartas. Mis padres querían que creciéramos con un corazón sensible al mundo.

Pero confieso que -algunas veces- solo me preocupo por mi mundo y el de nuestro ministerio. Una de las cosas que me retan -en el libro de Habacuc- es que necesito tener el corazón de Dios para con el mundo. «Miren entre las naciones y observen. Maravillense y quédense estupefactas».

¿Qué es lo que Dios quiere que Habacuc vea? Mira la segunda parte del versículo 5: «porque haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara». Dios le dice «Habacuc estoy trabajando en tu época y en tus días».

Si has escuchado las primeras sesiones de esta serie, sabrás que Habacuc se estaba quejando de que Dios no estaba haciendo nada. «Oh, Dios, por cuánto tiempo clamaré por ayuda y no vas a escucharme? ¿O gritarte «¡Violencia!» y no salvas?» (1:2) Señor, ¿Por qué no haces nada?

Dios parecía ser indiferente. Dios parecía estar pasivo. Dios parecía estar inactivo. Y Dios le dice a Habacuc «Estoy trabajando en tus días. No estoy siendo pasivo. No estoy siendo indiferente. No estoy inactivo».

¿Podría sugerirte que Dios está siempre trabajando? Dios nunca duerme. Nosotras dormimos. Pero Él nunca está somnoliento ni duerme. Dios siempre está trabajando en cada tiempo, en cada circunstancia, en cada estación, en cada situación de la vida. Dios está trabajando en nuestros días.

Desde que era niña, siempre he tenido una carga en mi corazón por el avivamiento de la iglesia. Y tengo que decir -desde mi perspectiva- que no estoy segura de estar cerca de que ahora suceda uno. Cuarenta años atrás empezó a ser una carga en mi corazón y aun ahora no veo gran diferencia.

Pero esa es solo mi perspectiva. Algunas veces, me quedo mirando las iglesias y pienso «Señor, nada bueno está pasando, nada que evidencie Tu mano. ¿Por qué no lidias con la situaciones de estas iglesias, con esas «que dicen ser cristianas», pero viven como el mundo?»

Pero Dios dice «Mira. Abre tus ojos. Mira las realidades espirituales. Si no lo puedes ver con tus propios ojos, créelo por fe porque sí estoy trabajando en tus días. Dios siempre está trabajando. Incluso cuando aparenta estar en silencio, pasivo o ausente. Incluso cuando no podemos ver lo que está haciendo. Incluso cuando no sabemos lo que está haciendo. Dios está trabajando.

Esto se ha convertido en una de mis frases favoritas del libro de Habacuc: «Estoy trabajando en tus días.» Créelo por fe. Y veremos que en el libro de Habacuc, es la única forma de que encuentres paz en la vida. La única forma en la que tendrás gozo es si vives creyendo que lo que Dios ha dicho es verdad.

Ya sea que lo puedas ver o no, Dios está trabajando.

  • Él está trabajando.
  • Él no es pasivo.
  • Él está presente.
  • Él está activo.
  • Él está comprometido.
  • Él está involucrado.
  • Él es soberano sobre las vidas y los asuntos de Su pueblo y los de este mundo. El hecho de que no lo podamos ver, no quiere decir que Él no esté trabajando.

Jesús dijo en Juan capítulo 5 versículo 17, «Hasta ahora mi Padre trabaja y yo también trabajo». Dios está trabajando. Y Jesús está trabajando. Él está edificando Su iglesia. Él está forjando Su Reino. Él está planificando y trabajando para mostrar Su gloria en la tierra. Y vamos a ver, cuando veamos Habacuc capítulo 2, que el día llegará cuando la gloria de Dios llene y cubra la tierra así como las aguas cubren los mares.

Dios está trabajando para ese día. Su verdad está en marcha. Dios trabaja y Su trabajo es asombroso. Es sobrenatural. Está más allá de todo entendimiento humano. Por lo que el mensaje aquí es créelo dentro de tu corazón. Ten fe. Anímate. Dios está trabajando.

William Cowper fue un poeta y escritor de himnos del siglo XVIII. Él fue un hombre interesante. Era amigo de John Newton y ambos sirvieron y trabajaron juntos en una iglesia de Olney, Inglaterra por muchos años. Pero Cowper sufrió severas depresiones casi toda su vida. Él trató de suicidarse y por momentos pensó en que iba a perder la cabeza. Él tuvo una vida de altas y bajas.

Pero en sus momentos de mayor oscuridad escribió-en medio de lo que llamaríamos una enfermedad mental. No sé exactamente de lo que se trataba, pero -en esos períodos oscuros de su vida- afloraron las ideas más asombrosas acerca del corazón y de los caminos de Dios.

William Cowper escribió un poema que quizás es familiar para algunas de ustedes, pensé en él mientras leía este pasaje de Habacuc que describe cómo Dios está obrando en nuestros días, dice así:

«Dios se mueve de manera misteriosa» :

Dios se mueve de manera misteriosa

para realizar maravillas;

Sus huellas planta en el mar

cabalga sobre la tormenta.

En la profundidad inescrutable

El guarda destrezas y habilidades

Donde atesora sus brillantes diseños

Y obra Su soberana voluntad

Santos temerosos, cobrad nuevo valor;

las nubes que tanto teméis

están llenas de misericordia y se abrirán

con bendiciones sobre vuestras cabezas.

No juzguéis al Señor con vuestros

débiles sentidos,

sino confiad en Su gracia;

detrás de una providencia fruncido

Él esconde un rostro sonriente.

Sus propósitos cumplira con rapidez,

Revelandose hora tras hora;

el capullo tendrá amargo sabor,

mas dulce será la flor.

La fe ciega nos llevará al error,

Y en vano discernir su obra.

Dios es su propio intérprete y lo dejará ver claramente.

(William Cowper. «God Moves in a Mysterious Way»)

Puedes ver aquí un corazón que tiene fe en que Dios siempre está trabajando. Siempre se está moviendo para llevar a cabo Sus santos, maravillosos y eternos propósitos sobre nuestras vidas en esta tierra.

Alguien me señaló recientemente uno de mis versículos favoritos, Isaías capítulo el 50 versículo 10, dice «¿Quién hay entre vosotros que tema al SEÑOR, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz?

Él está hablando de una persona que trata de agradar al Señor, que trata de servir al Señor, pero en un momento de la vida en el que no puede ver lo que está sucediendo.

No lo puedes descifrar. Estás, más bien, confundida y sin respuestas.

¿Y cuál es la respuesta de Dios? ¿Qué debemos hacer? Confía en el nombre del Señor y en Su palabra. Caminamos por fe, no por vista.

El piloto de un avión no se guía por lo que ve. Él confía en sus instrumentos. Incluso cuando no puede ver hacia dónde va y no puede ver lo que está sucediendo, él confía en sus instrumentos.

Confía en quien controla todos los instrumentos. Que no te quepa duda de que Dios está trabajando en nuestros días. Dios está trabajando en tu iglesia, independientemente de si las circunstancias son exasperantes o no. Dios está trabajando en la vida de tu esposo cuando parece que él no le está prestando atención a Dios, que no está cambiando en lo absoluto, que no está siendo sensible. Dios trabaja en tus días.

Dios está trabajando en tus hijos universitarios aunque estén lejos de ti, no los puedas ver y te preguntas con quienes se estarán juntando. Recuerdo llevar al hijo de una amiga a la universidad -hace unos años atrás- dejarlo en el dormitorio que le correspondía, ver algunos carteles colgados en la pared y pensar «Oh, Dios, ¿cómo podemos dejar a este muchacho aquí?»

Y recuerdo orar como una loca cuando partí dejándolo allí. «Señor, mantén el temor de Dios en ese joven mientras sus padres y amigos lo dejan en ese campus». Dios está trabajando y Dios trabajó durante ese tiempo en el que estuvo en la universidad. Dios está trabajando. Cuando no lo puedes ver, cuando no puedes retener el control, cuando no puedes hacer que las cosas sucedan, Dios está trabajando. «Estoy haciendo una obra en tus días».

Dios está trabajando en tu comunidad. Dios está trabajando en países de los que nunca has oído hablar y de los que no sabes nada. Dios está trabajando en el mundo musulmán. Dios está trabajando en China. Dios está trabajando en países pequeñitos en los que el Evangelio está prohibido de manera oficial. Dios está trabajando.

«Yo estoy trabajando en esta época». Por lo que mira. Mira entre las naciones y observad. Maravíllate y sorpréndete. «Estoy trabajando en tus días y no lo creerías si te lo dijera».

Carmen: Nancy Leigh DeMoss va a regresar a orar con nosotras en un minuto. Basado en lo que hemos escuchado hoy, la respuesta a esa oración podría no parecer lo que esperamos. Pero será una buena dádiva de Su mano.

Quizás estás luchando con una oración sin contestar o las cosas no han salido como esperabas. ¿Podrías explorar el libro de Habacuc para que aprendas más de la oración, el silencio y las respuestas inesperadas? Te dará una perspectiva cuando Dios no esté contestando tus oraciones. Profundizará en tu entendimiento de la adoración.

Si estuvieses escribiendo el guión de tu vida, ¿estaría desarrollándose como lo está haciendo ahora? Aprende mañana acerca de cómo confiar en el autor de nuestra fe cuando Nancy continúe escudriñando el libro de Habacuc.

Ahora, Nancy nos va a guiar en oración.

Nancy: Padre cuanto te agradecemos el que estés trabajando en el hoy y ahora. Nunca cesas de glorificarte y redimir a este planeta y este mundo caído. Haces todas las cosas nuevas. Estás trabajando —indistintamente— en aquello que podemos ver y en lo que no podemos ver.

Por lo que ayúdanos, Señor cuando no podamos ver. Ayúdanos a confiar en que lo que has dicho es verdadero y que Tú siempre estás trabajando en aras de lograr tus propósitos para este mundo. Que esta realidad nos traiga gozo. Que esta realidad nos deje maravilladas y asombradas. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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Jul 3 – ¿Por qué?

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Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 3 – ¿Por qué?

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Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestros propios corazones. Hay una diferencia entre esas preguntas sinceras, honestas que le hacemos a Dios y cuando le hacemos acusaciones o somos demandantes con Dios para que nos dé respuestas, queriendo que sean respuestas según nuestros deseos y en el tiempo que queremos. Hay una gran diferencia.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss ¿Le has preguntado a Dios por qué? Si es así, tú estás en la compañía de un grupo de personajes bíblicos que cuestionaron a Dios: Moisés, David, y el profeta del cual oiremos el día de hoy. Aquí está Nancy en la serie titulada: Habacuc: Del temor a la fe.

Nancy: Algunas de ustedes me han escuchado compartir esto antes, porque nunca lo voy a olvidar. Tuvo un gran impacto en mi vida hace muchos años atrás mientras estaba en el servicio fúnebre de mi hermano de 22 años de edad quien había muerto en un accidente automovilístico. Un hermano que había estado preparándose para el ministerio, un hermano que había llegado amar al Señor y que tenía un corazón genuinamente apasionado por Cristo y por las personas, y en un instante había perdido su vida. En la inescrutable elección, voluntad y providencia de Dios, David había partido.

Yo recuerdo estar sentada en el servicio fúnebre y escuchar a uno de los predicadores decir: Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestro propio corazón. No con un puño amenazador sino para examinar la conciencia. Tú puedes decir las mismas palabras y solo Dios sabe algunas veces si tu corazón se está examinando o está amenazando.

Ayer hablamos acerca de Joni Eareckson y de cómo ella fue víctima de aquel accidente de clavado que la dejó paralítica del cuello hacia abajo, y como en los primeros días después de su accidente ella tenía muchas preguntas. Ella se sentía enojada con Dios. ¿Por qué pasó esto? ¿Por qué me pasó esto a mí?

Y después de estas preguntas Joni continúa reflexionando y dice,1

La mayoría de las preguntas que hice en los primeros días de mi parálisis fueron preguntas hechas con un puño amenazante, para descargar mis emociones, para desahogar mi ira. Yo no sé qué tan sinceras eran mis preguntas. Yo estaba simplemente enojada. Pero después de muchos meses, esas preguntas hechas con un puño amenazante hacia Dios se convirtieron en un examen de conciencia. sincera y honestamente, quería encontrar respuestas.

Podemos preguntarle a Dios ¿por qué? mientras no lo hagamos con un puño acusatorio, sino examinando nuestro propio corazón. Hay una diferencia entre esas preguntas solemnes, honestas que le hacemos a Dios y cuando le hacemos acusaciones o somos demandantes con Dios para que nos dé respuestas, queriendo que sean respuestas según nuestros deseos, en el tiempo que queremos. Hay una gran diferencia.

Ahora a medida que he estado estudiando el libro de Habacuc, me he preguntado muchas veces si Habacuc estaba haciendo estas preguntas con un puño amenazante o con un examen de conciencia. En el primer párrafo del capítulo 1, él hace dos preguntas que con mucha frecuentemente son hechas por todos los seres humanos: «Oh Dios, ¿hasta cuándo seguirá esto? ¿Hasta cuándo y Tú no haces nada con mis oraciones? Y Dios, ¿por qué?» (verso 2 parafraseado).

¿Hasta cuándo? y ¿por qué? -Las dos preguntas de la condición humana. Las dos cosas que queremos saber de Dios. Él hace estas preguntas, y él prosigue a formular preguntas severas en el transcurso del primer capítulo.

He tratado de entender el corazón de Habacuc y he tratado de discernir si él estaba haciendo preguntas solemnes y honestas o estaba acusando a Dios. «Tú no oyes. Tú no salvas. Tú no estás haciendo nada». Mientras leía unos comentaristas, algunos están muy seguros que él preguntaba con un puño amenazador pero otros comentaristas están igualmente seguros de que él estaba cuestionando con un corazón humilde.

Yo he concluido que sé la respuesta. y la respuesta es que: Nosotros no sabemos. Nosotros no sabemos qué había en el corazón de Habacuc. Yo no puedo saber qué hay en tu corazón, y tú no puedes saber qué hay en mi corazón cuando hacemos esas preguntas.

Dios es el único que escudriña nuestros corazones y Dios es el único que sabe.

  • ¿Estamos cuestionando a Dios con un puño amenazante?
  • ¿Estamos enojadas con Dios?
  • ¿Lo estamos acusando?
  • ¿Estamos demandando que Él haga las cosas a nuestra manera?
  • ¿O estamos cuestionando con humildad, concienzuda y honestamente a Dios.

Nosotros sabemos que Habacuc, independientemente de lo que había en su corazón en estas primeras preguntas y en el transcurso del libro, llega a un momento de fe. Tú vas a oír esta palabra una y otra vez durante en esta serie. Fe. Hay un punto decisivo en este libro donde su duda se convierte en fe. Su temor se convierte en fe. Su queja y su preocupación se convierte en adoración. En adoración basada en la fe.

No precisamente porque sus preguntas fueron contestadas, sino porque él llega al punto de descansar en Dios para sus preguntas y decir: «yo no tengo que saber las respuestas, pero si necesito conocer a Dios. Yo quiero conocer a Dios». El luchador (que Habacuc significa «uno que lucha») se convierte en uno que abraza, uno que se aferra fuertemente a Dios diciendo, «Yo confio en ti aunque Tú no me des respuestas».

Como empezamos a ver en la última sesión sobre las circunstancias y la situación de Habacuc, vimos que él estaba muy preocupado por la corrupción, la injusticia, la violencia que había entre el pueblo de Dios.

Esto no está simplemente ocurriendo en el mundo. Esto está sucediendo en medio del pueblo de Dios. Él no estaba tan preocupado por las naciones paganas. De hecho, en la primera parte de este libro, Habacuc no tiene ningún interés por lo que está pasando en las naciones para nada. Él está preocupado por lo que está sucediendo con el pueblo de Dios.

Él está perplejo por la supuesta indiferencia de Dios y por la falta de respuesta a sus oraciones. Él dice, «Yo he estado orando por avivamiento, he estado orando para que tú hagas algo, orando para que tú traigas convicción, orando para que tú cambies los corazones de las personas, pero nada está ocurriendo».

Te da la impresión aquí de que él ha estado orando por mucho tiempo. No era como que él había acabado de orar esa mañana y no había obtenido respuesta en la tarde y se haya enojado con Dios. No, esto ha estado sucediendo por mucho tiempo.

Así que él dice en el versículo 3 del capítulo 1, «¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?» (NVI). En la última sesión, vimos la pregunta del «hasta cuándo». Hoy veremos en este tercer versículo la pregunta del «por qué». Es una pregunta recurrente. ¿Por qué? El pregunta tres veces en este capítulo. ¿Por qué? «¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?» (NVI)

Mientras pensaba en esa frase, «¿por qué debo contemplar el sufrimiento?», recordé una experiencia de años atrás. estaba viajando, y tenía que trasbordar en el Aeropuerto Internacional de Baltimore-Washington. Y fui y me senté en uno de esos pequeños restaurantes del aeropuerto.

En esos días yo tenía un maletín, uno de esos maletines duros y yo lo deje en el piso justo a mi lado mientras ordenaba algo para comer. En un instante durante mi comida, un hombre que estaba sentado cerca de la mesa, vestido con un traje -si mal no recuerdo- se puso de pie de su mesa, caminó hacia mí donde yo estaba sentada, tomo mi maletín y se fue.

Claramente no era su maletín era mi maletín. Estaba justo a mi lado. Bueno, inmediatamente tomé dominio de la situación, y vi que allí cerca había un oficial de la policía, y le dije: «Ese hombre se llevó mi maletín». El oficial de policía no hizo nada.

Ciertamente, me siento agradecida de que la mayoría de los oficiales de policía hacen algo cuando están uniformados y están en la escena del crimen. No quiero decir que esto es una característica de los oficiales de policía, pero en ese momento -si mal no recuerdo la situación- simplemente recuerdo haber estado sorprendida de que este oficial de policía, teniendo una posición de autoridad, y escuchándome decir, que este hombre se había llevado mi maletín, solo se quedará ahí parado sin hacer nada. Y hoy puedes notar, veintitantos años más tarde, que todavía continúo irritada por esto.

Cuando pienso en Habacuc diciéndole a Dios, «Tú contemplas el sufrimiento. Tú ves lo que está pasando. Tú sabes acerca de la situación, y si no sabías acerca de ella, yo te lo acabo de decir, y aún así Dios no estás haciendo nada».

Bueno, tal vez te preguntes qué hice acerca de ese maletín. Hice algo que -en retrospectiva- no puedo creer que lo haya hecho. Fue muy insensato de mi parte pero yo camine tras este hombre yo misma. Él iba cambiando por un pasillo donde había mucha gente.

Caminé hacia él y le dije, «Discúlpeme, creo que eso que usted tiene es mío». Él simplemente me lo devolvió, me dio la espalda y se fue caminando. Cuando pienso lo que pudo haber sucedido, me doy cuenta de que no fue lo mejor que pude haber hecho, pero si el oficial de policía no estaba haciendo nada, yo sí tenía que hacer algo al respecto.

Bueno, hay muchas situaciones mucho más serias en la vida donde se están cometiendo crímenes, donde hay peligro, y hay gente que solo se para a mirar y no hace nada. Recuerdo a una mujer que recientemente escribió a Aviva Nuestros Corazones y compartió que desde niña su padre la había violado cada noche por años, mientras desde la perspectiva de esta niña pequeña, su madre se hizo de la vista gorda y no hizo nada.

Nos da un gran sentido de injusticia. ¿Por qué contemplas el sufrimiento? Dios tú lo estás viendo. ¿Por qué no estás haciendo algo al respecto?

John Stott dice,

La punzada real del sufrimiento no es la calamidad en sí misma, ni siquiera el dolor o la injusticia de esta, es más bien el abandono aparente de Dios en medio de ella. El dolor es soportable, pero la aparente indiferencia de Dios no lo es.

Por cierto, ¿no es esta una ilustración de lo que tal vez Jesús sintió en la cruz cuando dijo, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:47 RV-1960). En un sentir es, «Yo pudiera aguantar esto si tan solo supiera que Tú estás aquí haciendo algo al respecto».

Así que Habacuc le dice a Dios, «Tú me haces ver el mal y Tú ves la maldad, pero no haces nada». Él está preocupado por la aparente pasividad de Dios, Su indiferencia, Su inactividad». «¡No te quedes solo ahí, haz algo por favor! ¿Por qué contemplas el sufrimiento y no haces nada?»

Después él dice, «Veo ante mis ojos destrucción y violencia» (verso 3 NVI). Verás la palabra violencia aparece seis veces en el libro de Habacuc. Es un tema. Es algo por lo cual él está preocupado.

Esto está pasando entre el pueblo de Dios. Destrucción, violencia, riñas y contiendas. Versículo 4:

«Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo; por eso sale pervertida la justicia».

Ahora, es importante que mientras tú lees estos versículos te des cuenta que Habacuc está turbado por la maldad y la injusticia que está sucediendo entre el pueblo de Dios y por la aparente apatía y negligencia de Dios sobre la situación, aún a pesar de las constantes oraciones fervientes de Habacuc. Esto no le parece correcto.

Destrucción, violencia, riña, contienda. Los impíos sobrepasan en número a los piadosos en la iglesia, entre los que se llaman creyentes en la iglesia. Los impíos sobrepasan en número a los piadosos en la iglesia. La ley y el orden dejaron de funcionar. Las personas que deberían ejercer autoridad espiritual están cerrando sus ojos para no ver. Están escondiéndolo debajo del tapete. Ellos no están haciendo nada al respecto.

No te engañes a ti misma al pensar que las cosas que le preocupaban a Habacuc en su tiempo no están sucediendo en las cuatro paredes de nuestros propios hogares cristianos y en nuestras iglesias de hoy en día. La violencia y la injusticia prevalecen. Te preguntarás cómo. Divorcio. Si eso no es violencia, si eso no es riña y contienda, no sé entonces qué es.

No me sorprende o me asombra que los no creyentes se divorcien. ¿Cómo podrían mantener un matrimonio unido? Tienes a dos personas egoístas que no conocen a Dios, pero el pueblo de Dios, que alega tener el amor de Cristo, que ha sido perdonado, ¿no puede mantener sus matrimonios unidos por medio del perdón?

Riña y contienda. Disputas familiares. Divisiones en la iglesia. Conflictos no resueltos. Relaciones rotas en el cuerpo de Cristo.

En las últimas semanas he estado escuchado muchas historias. Estoy prácticamente sola sentada en mi estudio la mayor parte del tiempo. No salgo ni ando por ahí la mayor parte del tiempo. Pero aun en mis breves encuentros y conversaciones con la gente, escucho historias de personas que se llaman cristianos haciendo cosas no muy cristianas. Algunas de estas personas participan activamente en el ministerio. Hay amargura, conflictos no resueltos durante mucho tiempo entre creyentes.

La semana pasada escuché acerca de dos profesores de una universidad cristiana que están involucrados en un romance. Ahora bien, los de la universidad todavía no lo saben, y me pregunto, ¿por qué no saben acerca de esto? Digo, uno escucha estas cosas. Uno piensa, estas personas están enseñando a nuestros hijos en una universidad cristiana, mientras ellos están teniendo una relación adúltera.

Pornografía. Adulterio. Bromas vulgares. Profanación. Baile vulgar. Lenguaje sugestivo. Todo esto he escuchado en tan solo las últimas semanas y está sucediendo dentro el pueblo de Dios. Y la gente lo está justificando, defendiendo, riéndose de esto a veces, siendo entretenido por esto. Personas en posición de liderazgo. Y uno clama con Habacuc, «¡¿O Dios, hasta cuando?! ¿Por qué dejas que esto siga? ¿Por qué te sientas y miras esto y no haces nada al respecto?»

Hace poco un amigo me dijo acerca de un jefe que él tiene que dice ser cristiano. Él es un miembro activo de su iglesia y también es dueño de un comercio, y abiertamente está admitiendo trámites ilegales en su contratación de empleados y en su ética laboral. Y después él va a la iglesia y está involucrado en grupos pequeños y en liderazgo, pero en su trabajo es un hombre completamente diferente, evade la ley, hace cosas que no son triviales y que son totalmente ilegales.

Este joven que trabaja para él está viendo todo esto y está hablando con el hombre, y el hombre reconoce que está mal, pero sigue haciéndolo. ¿Por qué Dios no hace algo al respecto? Uno ve personas en liderazgo que no están haciendo nada al respecto y que algunas veces de hecho están participando en ello. Y uno dice, «Dios, ¿Cómo puedes contemplar esto y no hacer nada?»

¿Quizás piensas que sueno preocupada y alterada en este momento? Ese es el espíritu que percibes de Habacuc a medida que él medita en estas cosas, a medida que él ve que estas cosas ocurren. Tú sientes su preocupación intensa acerca de la condición espiritual y moral de Su pueblo. Esto perturba a Habacuc.

Mientras meditamos en este pasaje, quisiera preguntarte, «¿Te perturba esto a ti?»

  • ¿Te duele ver el pecado, el pecado no arrepentido, el pecado continuo, el pecado habitual, los patrones de pecado en la conducta del pueblo de Dios?
  • ¿Te duele?
  • ¿Te rompe el corazón?
  • ¿Te asombra?
  • ¿Te sientes irritada por esto?
  • ¿Te lamentas del pecado y la violencia entre el pueblo de Dios?

Y pienso, desafortunadamente, que la mayoría de nosotras nos hemos adaptado a esta actitud complaciente: y decimos bueno así son las cosas. Los niños no dejarán de ser niños: esa fue la respuesta que una autoridad le dio a una amiga mía cuando ella le comentó su preocupación de algo que los jóvenes estaban haciendo en una escuela cristiana en particular. «Los niños no dejarán de ser niños. Así son las cosas. Somos solo humanos. Tú eres una perfeccionista. Tú eres una legalista».

Si tú expresas preocupación por algunas de estas cosas hoy en día, este es el tipo de respuesta que vas a recibir. Una amiga me dijo, «cuando menciono estas cosas, la gente me mira como si estuviera loca». «¿Estoy loca porque me preocupan estas cosas? ¿Soy la única que está perturbada por esto?» Bueno, es muy triste que nos tengamos que hacer esta pregunta, ¿verdad? ¿Te sientes contristada? ¿Te cargan las cosas que contristan el corazón de Dios?

Siglos atrás Juan Calvino escribió un comentario sobre el libro de Habacuc, él dijo,

Este pasaje nos enseña que todo aquel que realmente sirve y ama a Dios tiene que arder con una indignación santa en cualquier momento que vean la maldad reinando sin control entre los hombres, y especialmente en la iglesia de Dios. No hay nada que nos debe causar más dolor que ver a hombres violentos, con un desprecio profano hacia Dios y sin ninguna consideración hacia Su ley y por Su verdad divina.

Así que Habacuc hizo esto un asunto sobre el cual interceder; una petición de oración. Él llevó su preocupación a Dios porque él se dio cuenta que no había otro lugar donde llevarla. No hay nadie más que pueda hacer algo al respecto.

Amigas, una cosa es estar molesta, hablar una con la otra acerca de lo terrible que están las cosas, conmiserarse junto a otras, escribir cartas, quejarse, gritarle a la televisión cuando veas algo que te molesta. Pero, la pregunta es: ¿has orado al respecto? ¿Has orado por lo que estás viendo en tu familia, lo que estás viendo en tu iglesia, en nuestra cultura… has orado al respecto? Eso es lo que Habacuc hace.

Y porque la maldad sigue y sigue a pesar de sus oraciones, Habacuc equivocadamente concluye que Dios no está haciendo nada, que Dios es indiferente. Recuerda, Dios parece ser indiferente, solo desde el punto de vista de Habacuc. Pero Dios no es indiferente. Dios nunca está inactivo, Dios nunca está ocioso. Dios siempre está haciendo algo, y lo veremos a medida que avanzamos en este pasaje.

A medida que pensamos en esta maldad que continúa, déjame leerte unos cuantos escritos de creyentes antiguos que me han sido de gran ayuda al pensar en este pasaje.

Primero, he estado leyendo recientemente de uno de mis autores tradicionales favoritos, Fenelon. En su libro «Perfección cristiana» ( Christian Perfection ) él dice,2

Una cosa que me confunde es entender cómo Tú permites que tanta maldad se mezcle con lo bueno.

Él está hablando con Dios. Y él le dice,

Tú no puedes hacer el mal. Todo lo que haces es bueno. ¿Entonces por qué la faz de la tierra está cubierta con crímenes y miseria? Es como si el mal prevaleciera en todas partes por encima del bien. Tú hiciste el mundo solamente para Tu gloria, y estamos tentados a creer que se está volviendo en Tu deshonra. El número de los malvados infinitamente sobrepasa el número de los buenos, aun en la iglesia.

Esto fue escrito siglos atrás. Él sigue diciendo,

Toda carne ha pervertido su camino… todos sufren. Todo está en un estado de violencia… ¿Por qué esperas tanto, Señor, para separar el bien del mal? Apresúrate. Glorifica Tu nombre. Haz saber a esos que lo blasfeman lo grande que es. Te lo debes a Ti mismo, el restablecer el orden de las cosas.

Después él dice, «Pero oh mi Dios, cuán profundos son tus juicios». Aquí es cuando tu preocupación se vuelve adoración. Aquí es cuando el temor se convierte en fe. Él dice,

Tus caminos son más altos que nuestros caminos, así como los cielos están de la tierra. Nosotros estamos impacientes porque nuestra vida entera es solo un momento. En contraste, Tu gran paciencia está fundamentada en Tu eternidad, para la cual mil años son como un ayer que acaba de pasar.

Después está este recordatorio de Oswald Chambers, otro de mis autores favoritos, como lo escribe en » En pos de lo Supremo «3, él dice:

Hay momentos cuando tu Padre aparentarará ser… insensible e indiferente, pero recuerda que Él no lo es… Si hay una sombra en el rostro del Padre por ahora, puedes estar segura de que, al final, Él mal mostrará Su revelación y Él será justificado en todo lo que ha permitido… Mantente firme en tu fe, creyendo que lo que dijo Jesús es cierto, aun si por el momento tú no entiendes lo que Dios esté haciendo. Él tiene asuntos más importantes en mente que las cosas que tu estás pidiendo. Dios tiene un propósito mayor. Dios tiene un plan más grande.

Ahora bien, cuando volvamos en la próxima sesión, vamos a ver que Dios no está en silencio. Él oye las oraciones de Habacuc. Él responde a la oración de Habacuc. Él no es pasivo. Él no es indiferente.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss volverá para orar con nosotras. Ella solo nos dio un adelanto de lo que escucharemos en la próxima sesión de la serie actual llamada Habacuc: Del temor a la fe. Hemos estado viendo unas preguntas serias que Habacuc hizo y a medida que la serie progrese, encontraremos por qué Habacuc pudo cambiar su enfoque para empezar a adorar a Dios.

Cuando Dios responde las oraciones, el resultado puede ser muy diferente a lo que esperabas. Esto es lo que descubrió Habacuc, y es lo que veremos en la próxima sesión. Por favor sintonízanos de vuelta mañana. Ahora oremos con Nancy.

Nancy: Padre, solamente quiero agradecerte porque podemos confiar en Ti. Si algo he aprendido en estos 50 años de caminar contigo, es que Tú eres fiel, sabio, amoroso, y bueno, independientemente de que tan nublada Tu providencia parezca ser a veces o cuán inescrutables tus caminos. Todas las cosas son conocidas por Ti. Todas las cosas son claras para Ti.

Es solo nuestra finitud, nuestra carne, nuestra debilidad que las hace misteriosas para nosotras. Pero gracias, Señor, que un día la fe será por vista. Todo será claro y todo el mundo adorará tus caminos y afirmara que Tú has hecho todas las cosas bien. Así que hasta ese día, Señor, ayúdanos a no vacilar en la fe y aferrarnos a Ti, aunque aún estés velado para nosotros. Te adoramos, Te esperamos y nos entregamos a Ti completamente. En el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1http://www.powertochange.com/changed/jeareckson.html 2 Fenelon. Christian Perfection. (San Francisco: Harper & Brothers, 1947). p. 125-6. 3 Oswald Chambers. My Utmost for His Highest. 9/12.

Música: Oh Que Amigo Nos Es Cristo (What a Friend We Have in Jesus), Integrity Worship Singers, Himnos de Inspiración ℗ 2001 Integrity Media, Inc.

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Jul 2 – Lidiando con oraciones no respondidas

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 2 – Lidiando con oraciones no respondidas

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/lidiando-con-oraciones-no-respondidas/

Carmen Espaillat: Muy probablemente has leído pasajes en la Biblia que prometen que Dios escuchará y contestará la oración. Igualmente Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Pero siendo honestas ¿acaso no es cierto que a veces nuestra experiencia parece contradecir esas promesas? ¡Sé honesta! No te ha sucedido que en ocasiones dices, “yo sé lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche ni conteste mis oraciones.”

Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios un día malo o en situaciones de corta duración. Pero qué pasa cuando tienes un sufrimiento prolongado, y clamas, “¿Hasta cuándo, Señor? Sigo clamando a ti, Señor, ¡pero todavía no haces nada!”

Es esa pregunta “hasta cuándo, ¿Señor, no me escucharás?»

Carmen: Estás escuchando “Aviva Nuestros Corazones” con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continuará hoy una serie que iniciamos ayer sobre un profeta, y que nos ayuda a sobrellevar la oración no contestada. Con ustedes Nancy en la serie llamada: Habacuc: Del temor a la fe.

Nancy: Fue en una calurosa tarde de julio del 1967, cuando una joven de 17 años se tiró al agua en un clavado en un lago poco profundo, y su vida cambió para siempre cuando se fracturó el cuello; un accidente que la dejó paralítica del cuello hacia abajo por el resto de su vida.

Ustedes conocen la historia de Joni Eareckson Tada, sobre cómo sufrió esa fractura de su espina dorsal, algo que la dejó paralítica e incapacitada de sus brazos y sus piernas.

Joni ha hablado y escrito acerca de algunos de los sentimientos y pensamientos que tuvo unos días después del accidente. En una ocasión ella dijo:

“Yo tenía tantas preguntas. Creía en Dios, pero estaba enojada con Él. Si Dios era todo amor y todopoderoso, entonces —lo que me sucedió a mí— ¿cómo podía ser esto una demostración de su amor y de su poder? Seguramente Él pudo haberlo evitado. ¿Cómo puede una parálisis permanente ser parte de su amoroso plan para mí?”

Lo que Joni Eareckson Tada dijo en esos oscuros momentos de desesperación de su vida es muy similar a lo que el profeta Habacuc sintió al iniciar el primer capítulo de su profecía en Habacuc capítulo 1.

Él está clamado a Dios y en esencia lo que él está diciendo es: “¿cómo puedo saber que este Dios merece mi confianza a menos que obtenga una respuesta?

Él tiene preguntas y así lo dice en el capitulo 1, en el versículo 2:

¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás?

Y a propósito, al leer y estudiar todo el libro de Habacuc, busca referencias a la palabra “salvar” o “salvación”. Encontrarás varias. Porque hay un tema recurrente a través de este libro y es que Dios siempre está obrando para la salvación de Su pueblo.

Pero a Habacuc esto no le parece así en este momento. “Señor, estoy clamando a ti, ¡violencia! Pero no salvarás. No pareces ser un Dios que salva”.

Versículo 3:

¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia. Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo; por eso sale pervertida la justicia. (Habacuc 1:3-4)

Lo que Habacuc dice es, “tengo un problema sobre cómo Dios gobierna el universo, o como parece no estar gobernando el universo. Tengo interrogantes.”

Son preguntas intensas. Creo que algunas veces actuamos en nuestros mundo cristiano como si fuera un error, o fuera malo tener preguntas. Como que no deberíamos hacer preguntas, y deberíamos poner nuestras mentes a dormir y sólo decir: “Bueno, esas preguntas no importan.“

Lo que Habacuc está diciendo es, “tengo preguntas sinceras, y yo quiero consultar al que me las puede contestar. ¿Por qué me haces ver la iniquidad?, ¿Por qué me haces mirar la opresión?”

Nos encontramos en el principio del libro donde vemos este diálogo entre Dios y Su profeta, una mirada muy íntima a las preguntas que este hombre hace a Dios. Algunas de sus Biblias tendrán un título para este párrafo: “la queja de Habacuc.”

La queja de Habacuc. Él comienza derramando su corazón a Dios y lo notamos con las primeras dos palabras del versículo 2: “Oh Señor”. Oh Señor.”… Veremos esta pequeña frase seis veces en el libro de Habacuc.

Este es el clamor de un hombre desesperado. Se dice que sus oraciones son las oraciones más fervorosas. “Oh Señor.“ Ahora bien, notemos que Habacuc no clama a Judá, quien inicialmente es el pueblo por el que él está preocupado. Ellos son las personas sobre la que él habla en los primeros versículos; son las personas que han pervertido los caminos de Dios.

Ellos no están viviendo como creyentes.

Habacuc tampoco clama a los babilonios o a los caldeos, a quienes Dios va a usar para traer juicio a Judá. ¿A quién clama Habacuc? Él clama a Dios: “Oh Señor.”

La carga que se produce en su corazón al ver a su alrededor se vuelve una intercesión —se torna en una oración. Es lo que dice Oswald Chambers en “» En pos de lo Supremo” » [My Utmost for His Highest.]

No lo estoy citando exactamente, pero él dice que cuando Dios hace que te apercibas de una situación y pone la carga en tu corazón o en tu mente, Su meta es que la conviertas en intercesión.

“Oh Señor, yo veo esto. Estoy preocupada por esto. No entiendo esto. Oh Señor.” Habacuc sabe que Dios tiene el control. Él sabe que el Señor es el único que en realidad puede hacer algo con sus preocupaciones.

Entonces él dice, “»Oh Señor».” Él dirige su oración al que puede hacer algo por su situación. Y al ir directamente al Señor, él obtendrá Su perspectiva sobre lo que está ocurriendo a su alrededor.

“Señor, ¿cómo ves esto?” ¡Pregúntale a Dios! Medita sobre lo que está pasando en tu vida y pregúntale al Señor, “Señor ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿Qué me estás tratando de decir?¿Qué estás tratando de hacer?

Él recibe el mensaje para ese día. Él obtiene la dirección para su ministerio. Él consigue Su consejo; obtiene su ayuda yendo directamente al Señor. “Oh Señor, oh Señor. “

Pienso en las personas que escriben a Aviva Nuestros Corazones con algunas preguntas y problemas realmente difíciles; ellas se desahogan acerca de esto o aquello que les está sucediendo. Lo leo, y solo pienso, “»Oh Señor, ¿qué hacer? ¿Qué decir?» “ y algunas veces lo mejor que podemos decir a estas mujeres es, ”¡Pregúntale al que sabe! Nosotros no podemos resolverlo, pero Dios tiene una respuesta. Dios conoce los misterios. Él sabe cómo resolverlo. ¡Ve a Él, acude a Él!“

Dile, “oh Señor.” Y viene a mi mente ese himno que dice: «¡Vives débil y cargado

De cuidados y temor? A Jesús, refugio eterno, Dile todo en oración. “¡Cuánto nos preocupamos y nos estresamos y luchamos y nos llenamos de ansiedad y y nos agitamos al contarle a otros nuestras cosas hasta que nos hacemos un manojo de nervios, cuando todo lo que necesitamos es decir “oh Señor!»

“Oh Señor. ¿Qué hacer? ¿Cómo debo ver esto! ¿Cómo responder?“ ¿Quieres un entendimiento de tus circunstancias? Pudieras estar en una situación imposible ahora mismo en el ámbito de tu vida.

¿Quieres entenderlo? ¿Quieres saber cómo responder a las circunstancias de la vida? ¿Quieres saber cómo entrenar a tus hijos cuando se encuentran en esa etapa imposible y nada parece funcionar?

Clama: “Oh Señor. ¿Qué hago? ¿Qué me estás diciendo?¿Cuál es tu propósito?¿Qué quieres? Oh Señor. “

¿Quieres saber cómo ministrar a una amiga en necesidad —a una hermana que te está llamando y te está diciendo: “mi matrimonio se está destruyendo” y tú no sabes qué decir porque no estás allí. No puedes escuchar ambos lados de la historia.

Aun si supieras todos los hechos, no sabes qué hacer. ¿Quieres saber cómo ministrar ánimo y gracia? No solo le des una cantaleta con tus opiniones personales. No le digas simplemente: “bueno, yo creo…”

Ayúdense una a la otra a llegar al trono de la gracia, al trono de Dios donde se puede encontrar misericordia y gracia para encontrar ayuda en el momento de necesidad diciendo, “Oh Señor.” La ministración efectiva de otros proviene de la comunión con Dios.

Ora por esa situación, y di: “Oh Señor, ¿qué debo hacer? ¿Cuál es Tu perspectiva? ¡Búscalo a Él. Escúchalo a Él. Dile, “Oh Señor!”

Necesitamos recordarnos a nosotras mismas que en última instancia, la paz y la perspectiva y las respuestas que necesitamos sobre los misterios de la vida no se encontrarán yendo a un consejero o a un terapeuta o leyendo un libro o desahogándonos con una amiga o un amigo confiable.

En última instancia, la perspectiva, la paz, las respuestas que necesitamos las vamos a encontrar al ir al maravilloso consejero, en clamor diciendo, “¡Oh Señor! ¡Oh Señor!”

Él dice,

Habacuc dice, ¿Hasta cuándo, oh SEÑOR, pediré ayuda, y no escucharás, clamaré a ti: ¡Violencia! y no salvarás? ¿Por qué me haces ver la iniquidad, y me haces mirar la opresión? (Habacuc 1:2-3)

En esos dos versículos, Habacuc le hace a Dios dos preguntas fundamentales, y estas dos preguntas han sido hechas innumerables veces a través toda la historia de la raza humana. ¿Cuáles son estas dos preguntas?

La primera es : ¿Hasta cuándo? Y ¿Cuál es la segunda? ¿Por qué? Hasta cuándo y por qué. Habacuc hace estas preguntas repetidamente. Al final del capítulo 1, él dice: “¿Seguirá esto para siempre?“ ¿Hasta cuándo?

¿Por qué? Él pregunta otra vez en el versículo 13 del capítulo 1”¿por qué?” ¿por qué Dios no escucha? ¿Por qué Dios no socorre? Entonces Habacuc se encuentra a sí mismo enfrentando el desafío de la oración no contestada y la aparente indiferencia de Dios.

A Dios no parece importarle. No parece estar poniendo atención. Piensa en Joni Eareckson y como justo después de su accidente, en esos primeros días, ella clamaba a Dios, ¿Por qué? ¿Por qué a mi?

Y ella confesó cómo luchaba con el silencio de Dios. Dios no escribió ninguna respuesta en el cielo. Dios no envió ningún mensaje grabado, “bueno esto es lo que tengo en mente. He aquí lo que voy a hacer.” Los cielos parecían estar hechos de cobre; parecía imposible que Dios escuchara su clamor.

A veces tú oras por tu pareja o por tu niño o por tu empleo o tu iglesia o tu salud, y sientes como si tus oraciones no fueran a ninguna parte.

“Señor, ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo tengo que seguir orando y Tú sin contestar? ¿Hasta cuándo voy a clamar a Ti y no me das respuesta?”

¿Acaso no tenemos todas esas promesas en la Biblia donde Dios nos dice “»ora por eso y te contestaré. Clama a mí y te responderé» ?”

Pero si somos honestas ¿no es cierto, que a veces nuestras experiencias parecen contradecir esas promesas? ¡Seamos honestas! No te ha sucedido que en ocasiones dices, “yo sé lo que la Palabra de Dios dice, pero he estado orando. He estado clamando, y no parece que Dios escuche o conteste mis oraciones.”

Luego están las ocasiones en las que pedimos cosas que parecen estar alineadas con la voluntad de Dios, pero nada sucede —hasta donde podemos ver. O quizás sucede lo opuesto. Estás orando por algo, y luego parece que Dios hace exactamente lo opuesto.

Recuerdo hace unos años atrás cuando estuve orando por algo junto con un número de personas por mucho, mucho tiempo. Y luego la puerta se cerró totalmente, daba la impresión de que Dios hubiera causado un resultado el 100% contrario a lo que habíamos estado pidiéndole durante todos esos meses.

Les puedo decir que durante meses después, difícilmente podía leer mi Biblia porque cada vez que llegaba a esas promesas donde dice que Dios escucha y responde la oración, me sentía burlada.

Ahora, dentro de mi cabeza y de acuerdo a mi teología, sabia que no podía decir: “Dios no escucha, ni responde la oración,” pero así era que me sentía. Me sentía como “¿por qué puso Dios estas promesas en la Biblia? Parecen no tener veracidad alguna.”

Entonces, la siguiente pregunta es: “¿De qué sirve la oración?” ¿Por qué orar? ¿Por qué seguir orando? ¿En verdad hará algo la oración?¿Valdrá la pena continuar batallando en oración por la salvación de mi marido? O ¿Por el arrepentimiento de mi hijo o de mi hija? ¿Por un cambio en esta situación, por un avivamiento en mi iglesia?

Parece como si no pasará nada. Habacuc le dice a Dios: “»Estoy angustiado por la violencia y la corrupción que veo a mi alrededor, y Dios, te lo digo; clamo por ayuda, pero no hay muestras de que me escuches, y si me escuchas, no estas haciendo nada al respecto».”

Él dice “¿no salvarás?,” podemos escuchar el dolor en la voz de Habacuc, el corazón dolido. Su plegaria, “Dios, ¿por qué no haces algo?”

Algunas veces parece que Dios no está haciendo nada por el sufrimiento, la injusticia, y el abuso a nuestro alrededor. ¿Será Dios olvidadizo? ¿Sabrá Él lo que sucede alrededor? Y decimos, “por supuesto que sabe. Él es omnisciente. Él lo sabe todo.”

Bueno, pues si Él lo conoce todo, entonces ¿será que no le importa? Bueno, si, por supuesto. Él ama y se preocupa por nosotros. Bueno, pues si le importa, ¿será que es impotente para hacer algo sobre esta situación? Bueno, no, Él es todopoderoso. Bueno, pues si Él es todopoderoso, ¿Por qué no interviene?

Y de esta forma nos envolvemos en un círculo de preguntas sin respuesta, y cualquiera de esas posibilidades —la que “Dios no escucha” o que “a Dios no le importa” o “Dios es impotente” o la de que Dios simplemente ha decidido no intervenir— cualquiera de esas posibilidades hace que Dios quede mal parado.

Se estremece tu mundo. ¿Por qué Dios no salva ese hijo?¿Por qué Dios no cambia la situación?

No hace mucho tiempo tuve una conversación con una pareja que estuvo en el ministerio pastoral. Él había sido pastor por muchos años y luego él tuvo una cirugía de corazón, había sufrido casi un infarto y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente.

Como resultado, tuvo que dejar el ministerio, ya que físicamente no pudo continuar con las presiones que este le exigía. Ellos eran una pareja joven, y a raíz de esto vieron como él no pudo encontrar empleo. Tampoco ella pudo encontrar un empleo.

Estaban relatándome su historia, mientras cenábamos juntos esa noche, y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras ella me describía la depresión en la que él había caído, después de años de servir al Señor.

La recuerdo diciéndome, “nos sentimos tan abandonados por Dios. Oramos; clamamos; miramos alrededor; y no podemos encontrar respuestas. Nos sentimos abandonados por Dios.”

¿No es así como ocurre algunas veces? Clamamos. Y aparentemente no hay respuesta, entonces asumimos que Dios no ha escuchado o que no está salvando, y terminamos desilusionadas con Dios.

Sentimos que nos ha abandonado, y en ocasiones, desafortunadamente, el próximo paso es que comencemos a acusar a Dios. Levantamos el dedo hacia Él y lo acusamos falsamente.

Es aquí donde entramos en peligro acusando a Dios falsamente, en el peligro de acusar a Dios, de algo que hizo mal, solo porque no ha llenado nuestras expectativas y nuestras demandas.

“Dios, no me escuchas,” dice Habacuc. “no salvarás. Ignoras la maldad”. Esto me recuerda la historia de Marta y María en Juan capítulo 11 cuando ellos llamaron a Jesús porque su hermano Lázaro estaba enfermo.

Ellas sabían que Jesús podía sanarlo, Él podía hacer algo al respecto, pero Jesús, por razones insondables, decidió quedarse donde estaba unos cuatro días más. Para el tiempo cuando Él llegó a Betania, Lázaro había muerto. Primero Martha y luego María le dicen a Jesús “Señor, si hubieras estado aquí esto no hubiera pasado. Nuestro hermano aún viviría.” Lo que quisieron decir fue, “¿Por qué? ¿Por qué no hiciste algo? ¿Por qué no te importó?

Otra vez el sentimiento de quizás acusar a Dios por el mal. En contraste, pienso en el capítulo 1 de Job. ¿Recuerdan cuando Job enfrentó crisis tras crisis en su vida, una después de la otra?

La Escritura dice que en medio de todo esto, Job no pecó ni acusó a Dios por el mal. Ahora, eso cambió más adelante en el libro del Job, pero al principio él nunca acusó a Dios por el mal. Él supuso que Dios sabía lo que él desconocía.

Bueno, muchas veces no vemos esto. Solo tenemos nuestra perspectiva de las cosas. Decimos, “Señor, ¿será que no te importa? Si hubieras estado aquí… por qué no hiciste algo?»

De manera que tenemos este desafío con los sufrimientos y con el dolor y con los problemas a largo plazo; con esos que perduran.

Escucha. Cualquiera puede confiar en Dios en el día malo o en situaciones de corto plazo. Pero cuando tienes un sufrimiento prologado, la cosa se pone difícil.

Cuando tienes a ese padre envejeciente cuya vida pende de un hilo o atraviesa tanto dolor. El padre o la madre que está a punto de morir de cáncer y que está débil y que tú dices, “Señor, por qué no te lo llevas? ¿Por qué permites que sufra así?”

Es a largo plazo.. en el sufrimiento que se prolonga. Se trata de ese hijo o esa hija que se ha alejado de Dios por años y ha creado un desastre y dolor en tu familia. Y tú clamas, “¿Hasta cuándo, Señor? Sigo clamando a Ti, Señor, pero aún así, no haces nada.” Es esa la pregunta “¿Hasta cuándo?”.

“No escucharás”. Habacuc acusa a Dios de no escucharlo. En última instancia, al ir por este libro, veremos que Habacuc se da cuenta que él no había estado escuchando a Dios.

Dios lo había estado escuchando, pero él necesitaba aprender a escuchar a Dios; de eso se trata la oración. Se trata de aprender a escuchar a Dios. Sí, expresándole nuestras preguntas sinceras y luego escuchando lo que Él tiene que decirnos. Cuando le escuchamos, Él nos da Su perspectiva.

Entonces Habacuc clama persistentemente, él clama a Dios de manera prolongada. Y aparentemente no hay respuesta. A fin de cuentas, Dios va a responder, pero Él dice, “No voy a responder necesariamente de inmediato, y no responderé de la manera que tú esperas, necesariamente,.

Mientras leemos todo el libro de Habacuc, vemos que Dios no contesta todas las preguntas de Habacuc.

(Y a propósito espero que tú estés haciendo lo mismo con nosotras en estas semanas. Te quiero animar no solo a que leas una vez, sino que lo leas una y otra vez para que aprendas a tratar con lo que Habacuc trató).

No significa que Dios no conozca las respuestas, pero no se las da todas a Habacuc, y las respuestas que Dios si le da levantan aun más interrogantes como veremos al adentrarnos más en el capítulo 1.

Quiero decirte que Dios no va a contestar todas tus preguntas. Si conocieras todas las respuestas, serías Dios y no necesitarías de Él. Dios no responderá todas tus preguntas, pero te diré lo que si hará.

Mientras le haces preguntas a Dios y mientras luego lo escuchas, Él se revelará a ti. Dios le dio a Habacuc una perspectiva más amplia y eterna que lo ayudó a continuar y lo capacitó para hacerlo, aun sin conocer todas las respuestas.

Dios te quiere dar una perspectiva que te capacitará para enfrentar tu situación; para enfrentar tus circunstancias, aun sin conocer todos los “porqués”. Habacuc en última instancia, llega a un punto de poder adorar sin entender todo lo que sucede.

Eso requiere fe el tipo de fe que puede adorar cuando no sabes las respuestas es la que agrada a Dios. Joni Eareckson dijo en esos primeros días: “A menos que encontrara respuesta, no podía entender cómo Dios podía ser digno de confianza.”

Y a eso se reduce todo, Es a esa pregunta: “¿Es Dios digno de mi confianza?”¿Se puede confiar en Dios? Quiero decirte que la respuesta es un rotundo, SI!

Él puede ser confiado. Él es digno de tu confianza. Y mientras le haces tus preguntas honestas —sin acusarlo, sino colocándote en una posición donde Dios pueda revelarse a ti y pueda darte Su perspectiva sobre las circunstancias— encontrarás que si se puede confiar en Dios. Y entonces tu preocupación se tornará en adoración. Ya no habrá mas “por qué”, sino “Dios, yo te adoro a Ti.”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss pone nuestra mirada donde necesita estar –aun si hay problemas sin resolver en la vida, problemas que no se irán, u oraciones sin respuesta. Nancy regresará en un momento.

Muchas mujeres están descubriendo palabras de vida a través de series como estas de Habacuc que escuchamos hoy. ¿Es correcto preguntarle a Dios “por qué? Escucha lo que Nancy tiene que decir acerca de esta pregunta mientras nos enseña sobre el libro de Habacuc en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. Ahora está ella de vuelta para orar.

Nancy: Señor, gracias que no respondes a todas nuestras oraciones inmediatamente o en el tiempo que nosotras escogemos y de la forma que elegimos. Como lo dijo un escritor, “si lo hicieras, seríamos unos cristianos empobrecidos”.

No te conoceríamos. No tendríamos el tipo de fe que nos vemos obligadas a desarrollar cuando no podemos ver las respuestas. Cuando no podemos ver todas las respuestas. Por eso Señor, en nuestro cuestionar, recuérdanos siempre que Tú eres digno de nuestra confianza.

Te dejamos las respuestas a Ti. Ponemos nuestros problemas, nuestras preguntas, esos misterios sin resolver, a tus pies. Y queremos ver a través de nuestro estudio de este libro que podemos confiar en Ti.

Que nuestras quejas, nuestras preocupaciones, nuestro estrés, nuestra agitación, puedan convertirse en adoración al verte como en realidad eres. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Intercede Por Mi, Omar Salas, No me Dejarás, ℗ 2011 Omar Salas

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Jul 1 – ¿Has orado por eso?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 1 – ¿Has orado por eso?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/has-orado-por-eso/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de nosotras estamos luchando con Dios. Quizás tú podrás estar luchando con Dios por una situación en tu vida o en tu hogar o en tu iglesia. Y está bien luchar, siempre y cuando llegues al punto de abrazar y aferrarte fuertemente por la fe.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Es Dios realmente bueno? ¿Realmente existe? Si Él de verdad existe, ¿por qué pasan cosas malas? Parece que muchas mujeres están haciéndose preguntas como éstas. Pero el concepto no es nuevo.

Un profeta bíblico también tuvo algunas preguntas muy serias acerca de la bondad de Dios. Conoceremos más sobre esto a medida que Nancy inicia un estudio llamado: Habacuc: del Temor a la fe.

Nancy: ¿Cuántas de ustedes dirían que tienen una situación en su vida sobre la cual han orado por un largo, largo tiempo y parece que nada está pasando? Si yo les pidiera que levantaran sus manos…puedo asumir que casi todas las manos se levantarían. Nada parece cambiar, y tal vez en esta situación te sientes desalentada. Te preguntas, «¿Por qué Dios no está haciendo nada para cambiar esta situación?»

Tal vez sea que tienes un hijo o una hija que está tomando malas decisiones, y tú has orado y orado y orado, pero parece que ellos se están alejando cada vez más, yendo en la dirección contraria.

Tal vez, como algunas mujeres que nos han escrito, tú tienes un esposo que está tomando decisiones insensatas – un esposo que es adicto a la pornografía, o hace cosas que tú sabes que no son bíblicas. Y aún así dice ser cristiano. Tú has orado, Señor, cambia su corazón. Señor, háblale. Señor, por favor cámbialo. Por favor haz algo con esto». Pero parecería que nada está pasando.

Tal vez hay un conflicto en tu iglesia; y hay dos grupos y parece que sigue y sigue. Tienes a los Pérez por un lado y a los González por el otro, y no hay forma de unir estas dos partes.

Tal vez te sientas como algunas mujeres que nos han escrito diciendo, «entre los cristianos que conozco hay mucha falta de santidad, vemos muchas elecciones incorrectas hechas por creyentes o por supuestos creyentes, vemos acciones que no son piadosas». Y tú sigues orando.

Una mujer mayor me dijo esta mañana, «He estado orando por avivamiento en mi iglesia por años». Durante todos esos años me ha parecido que nada está pasando. Hay mucha mundanalidad. Hay indiferencia hacia las cosas de Dios. No hay pasión por las cosas de Dios. Aún así ella ha estado orando, pero parece como si Dios no estuviera haciendo nada.

Tal vez has tenido una experiencia donde Dios estaba haciendo algo, y era obvio que era Dios, pero lo que Dios estaba haciendo no tenía ningún sentido para ti. Parecía que Él se estaba moviendo en la dirección contraria o moviendo las cosas en la forma contraria a como tú sentías que Él debía hacerlo.

De hecho, vi una encuesta en internet esta semana donde se le preguntó a varias personas, «¿Qué te gustaría preguntarle a Dios?» Surgieron diez preguntas que la gente quisiera preguntarle a Dios.

La pregunta número uno, como ya se imaginarán, fue, «¿por qué no detienes el dolor y el mal? ¿Por qué permites que estas cosas sucedan? ¿por qué permites que sucedan desastres? ¿Por qué Dios? Sabemos que Tu mano está sobre todo. Creemos que Tú eres Dios. Creemos que Tú eres todopoderoso pero hay cosas que no tienen sentido. ¿Por qué?»

En las próximas semanas, queremos llegar a conocer en las Escrituras a un hombre que tuvo muchas preguntas, un hombre que supo lo que era orar y orar y orar por algo y ver que no parecía ocurrir ningún cambio. De hecho, parecía que empeoraba, y cuando Dios finalmente se reveló a sí mismo, las respuestas de Dios no tuvieron ningún sentido para el razonamiento de este hombre.

El nombre de este hombre es Habacuc. Quiero pedirte que vayas en tu Biblia al libro de Habacuc. Puede que se encuentre en un lugar en tu Biblia donde las páginas tienden a pegarse; porque no es un libro que frecuentemente leamos. Está en el Antiguo Testamento, escondido en una sección de la Biblia que llamamos los Profetas Menores -no porque sean profetas poco importantes, sino porque son libros más pequeños.

Al final del Antiguo Testamento encontrarás el libro de Habacuc, y consta solo de tres capítulos. y te preguntarás, «¿cómo podemos pasar varias semanas viendo solo tres capítulos?» Bueno, espera y verás.

Ahora bien, estos tres capítulos del libro de Habacuc son realmente un intercambio íntimo entre el profeta Habacuc y Dios. De hecho, este es el único profeta del Antiguo Testamento donde el profeta nunca se ve hablándole al pueblo, en lugar de ello él habla solamente con Dios acerca de su perspectiva de la situación.

De manera que este intercambio que se da entre Habacuc y Dios es como si se leyera el diario de oración de Habacuc. Obtenemos un vistazo del corazón de este hombre. Pero también es como leer el diario de Dios porque obtienes un vistazo del corazón de Dios.

Habacuc mira a su alrededor en su tiempo, y él se abate. Él ve cosas que le preocupan. Él está abatido por el comportamiento poco piadoso de la gente que se llama a sí misma el pueblo de Dios. Así que él le hace unas preguntas a Dios, preguntas honestas, y él lucha con unas situaciones difíciles. Él explora el corazón y los caminos de Dios.

Permítanme darle una sinopsis del libro de Habacuc. Habacuc vivió aproximadamente 600 años antes de Cristo. Él fue contemporáneo de un hombre mucho más conocido para la mayoría de nosotras: Jeremías, al que conocemos como el profeta llorón, un profeta que tiene inquietudes muy similares a las de Habacuc.

Cerca de los años 600 a.C. – esto fue hacia finales del Imperio Asirio. Recuerden que los asirios conquistaron la nación de Israel, al norte en Palestina. El Imperio Asirio era la potencia mundial.

Pero en este mismo tiempo había una nueva potencia mundial emergiendo, estos eran los babilonios.

Dependiendo de tu traducción, en el libro de Habacuc podrás leer acerca de los babilonios o de los caldeos, se trata del mismo grupo de personas. Los caldeos, o los babilonios, apenas estaban emergiendo como una potencia mundial.

De hecho, en el 586 a.C. ellos conquistaron Judá llevándola cautiva. En este momento donde se encontraba Habacuc esto aún no había sucedido, pero va a ocurrir. Dios lo sabía y va a revelarle Sus planes a Su siervo Habacuc.

Así que se le revela a Habacuc lo que Dios va a hacer, y él interactúa con Dios. Él intercede. Él dice, «Dios, ¿por qué estás haciendo esto? Quiero conocer Tus caminos».

Verán en este libro que es correcto hacerle preguntas honestas a Dios, batallar con Dios, luchar con preguntas serias. En este proceso, si decidimos hacerle preguntas a Dios si hacemos esto honesta y humildemente, encontraremos que conoceremos algo sobre Dios que de otra forma nunca llegaríamos a saber.

Hay una progresión en el libro de Habacuc. Nosotras vemos esta progresión del capítulo uno al capítulo tres. Warren Wiersbe escribió un libro sobre el libro de Habacuc, y él lo tituló «De la Preocupación a la Adoración». Ese título describe la progresión que vemos en el libro – que va de la preocupación a la adoración.

Martyn Lloyd-Jones, un gran predicador de la generación pasada, también escribió un libro sobre Habacuc, y lo tituló «Del Temor a la Fe». De la preocupación a la adoración; del temor a la fe. Esta es la progresión que verán del capítulo uno al capítulo tres de Habacuc.

Así que espero que ustedes nos acompañen durante toda la serie porque si solo escuchan la primera parte, solo obtendrán la preocupación y el miedo. Pero queremos permanecer y seguir adelante hasta ver cómo Habacuc llega a un estado de adoración, de fe y de gozo.

Una de las cosas que amo del libro de Habacuc es que contiene semillas de muchas, muchas verdades y doctrinas del Antiguo Testamento, en tan solo estos tres cortos capítulos. De manera que vamos a ver muchas cosas, muchos conceptos que podrás leer en otras partes de las Escrituras, particularmente en el Nuevo Testamento… Aquí ustedes verán la semilla, tendremos un pequeño atisbo de estos conceptos en el libro de Habacuc.

En este libro también aprendemos mucho sobre el carácter de Dios, sobre sus caminos. Permítanme listarles algunos de los temas. He estado estudiando el libro de Habacuc durante los últimos meses, y estos son algunos de los temas que han surgido.

Dos temas importantes que corren paralelamente a través del libro son el juicio y la salvación. De hecho, al estudiar la Palabra de Dios, encontrarás que estos temas corren a través de todas las Escrituras. Donde veas a Dios juzgando, también verás a Dios salvando, porque no hay salvación sin juicio. Juicio y salvación.

Aprendemos mucho acerca del juicio de Dios, un tema que no es muy popular al día de hoy.

¿Por qué Dios juzga?

¿Cómo son Sus juicios?

¿Por qué debemos adorar a Dios por sus juicios?

Pero, alabado sea Dios… Él no es solo un Dios que juzga. Él es también un Dios salvador. Él es un Dios redentor. Un Dios que busca salvar a Su pueblo. Veremos unas verdades preciosas acerca de la salvación a medida que estudiamos juntas el libro de Habacuc.

Aprenderemos también muchas cosas acerca de Dios. A medida que leas el libro de Habacuc, o cualquier otro libro de las Escrituras, quiero animarte, a que escribas o te hagas una imagen mental de «¿qué es lo que Dios me quiere enseñar con esto?¿Qué me enseña este versículo acerca de Dios? ¿Qué me enseña este capítulo o este libro sobre Dios?»

Solo en el libro de Habacuc:

Veremos que Dios es eterno y lo que eso significa, veremos lo que esto implica.

Veremos que Dios es soberano.

Veremos la santidad de Dios. Habacuc pudo vislumbrar la maravillosa santidad de Dios.

Veremos el poder de Dios.

Veremos la ira de Dios.

Veremos la asombrosa misericordia de Dios.

Veremos mucho acerca de Dios en estos tres capítulos.

También aprenderemos mucho acerca de la fe. ¿Qué es la fe? ¿Cómo trabaja? ¿Por qué es tan importante? De hecho la fe, como veremos, es el tema central del libro de Habacuc.

Aprenderemos algo acerca de esperar, algo que la mayoría de nosotras no hacemos muy bien, algo que no nos gusta hacer. Pero aprenderemos cómo esperar en el Señor.

Aprenderemos sobre el sufrimiento. De hecho, desarrollaremos una teología del sufrimiento a medida que estudiamos este libro -por qué Dios envía adversidad a nuestras vidas y cómo tratar con ésta.

Pero no solo vamos a aprender acerca del sufrimiento y la adversidad. También vamos a aprender acerca del gozo, cómo obtener gozo en medio del sufrimiento y la adversidad.

Aprenderemos mucho en este libro sobre la oración y acerca del problema de la oración no contestada o cuando Dios tarda en responder la oración.

Aprenderemos acerca de la alabanza y la adoración y acerca del plan cósmico de Dios para revelar Su gloria en este mundo, sobre los grandes propósitos y el plan de Dios. Nos veremos a nosotras mismas y nuestro pequeño mundo y veremos que Dios tiene un plan mucho más grande y mucho mejor, superior; y veremos cuál es ese plan.

Aprenderemos acerca de la ley de siembra y cosecha, acerca de la retribución divina. Cosecharás lo que siembras. Aprenderemos sobre la depravación del hombre. Aprenderemos acerca del triunfo final del bien sobre el mal.

Aprenderemos también acerca de un concepto que los teólogos llaman teodicidad. Tal vez esta palabra no sea familiar para algunas ustedes, pero es una rama de la teología que defiende la bondad de Dios y su justicia ante la existencia del mal. ¿Cómo puede un Dios bondadoso, un Dios justo, permitir que sucedan cosas malas? Estudiaremos juntas acerca de esto.

Tomaremos un tiempo explorando estos temas, e iremos versículo por versículo, frase por frase, por todo el libro de Habacuc. Así que quiero animarlas, en estas próximas semanas, a que estudiemos juntas, y no simplemente a que me escuchen enseñar el libro de Habacuc. Quiero animarlas a encontrar Habacuc en sus propias Biblias, a abrirla y estudiarlo, leerlo una y otra y otra vez.

Mi Biblia ya se abre sola en el libro de Habacuc en este momento porque ahí es donde he estado por más de tres meses, examinándolo, meditándolo, memorizándolo. Y si escudriñan conmigo a medida que vemos el libro de Habacuc, estoy segura que le sacarán mucho más provecho.

Cuando ustedes escuchan la Palabra de Dios en su iglesia o en Aviva Nuestros Corazones o en una emisora de radio cristiana, no se conformen con ser alimentadas a cucharadas, no se conformen con dejar que otra persona prepare toda la comida y ustedes solo tengan que tomarla. Eso es lo que hacen los bebés. Hay que alimentarlos a cucharadas. Pero yo quiero animarlas a crecer espiritualmente y a aprender a alimentarse por ustedes mismas.

Algunas de ustedes se van a preguntar, «¿de dónde sacó ella esta enseñanza del libro de Habacuc?» Bueno, lo hice de la misma forma que ustedes pueden hacerlo. Te sumerges en la Palabra de Dios. Te arrodillas delante del Señor con humildad. Le dices, «Señor, no entiendo esto, ¿Tú me enseñarías?

Pídele al Espíritu Santo en ti que te enseñe la Palabra y los caminos de Dios. Ponla bajo un microscopio. Examínala. Permanece en ella. Centra tu atención en ella. Observa palabras y frases repetitivas.

Yo todavía estoy descubriendo cosas acerca del libro de Habacuc, y no estoy del todo lista para enseñarlo porque aún estoy aprendiendo cosas nuevas. Pero decidí que había llegado el momento de enseñar todo esto y mientras lo estudiemos juntas, sé que estaremos aprendiendo más cosas nuevas.

Bueno ahora, empecemos con Habacuc capítulo 1, versículo 1. Es todo lo que veremos en el día de hoy. El versículo 1 dice, «profecía que tuvo en visión el profeta Habacuc».

Habacuc: esta palabra significa «el que lucha» o «el que abraza». Las Escrituras casi no nos dicen nada del hombre que era Habacuc. Lo único que sabemos de él es lo que encontramos en este libro, y no hay mucho allí acerca de su vida personal.

Pero su nombre significa «el que lucha» o «el que abraza» o «el que sostiene fuerte» Así que nos preguntamos, «¿fue Habacuc alguien que abrazó o alguien que luchó? La respuesta es sí a ambas cosas.

Al principio del libro encontramos que Habacuc es un hombre que está luchando con Dios. «Dios, no te voy a dejar ir hasta que me des algunas respuestas». Él lucha con Dios.

Pero el llega al punto de abrazar a Dios, aferrándose fuertemente a Dios por la fe y diciendo, «Señor, aunque no tenga todas las respuestas, confío en ti».

Algunas de nosotras estamos luchando con Dios. Tú tal vez estés luchando con Dios por una situación en tu vida, en tu hogar o en tu iglesia. Está bien luchar mientras llegues al punto de abrazar o de aferrarte fuertemente a la fe.

«Profecía que tuvo en visión el profeta Habacuc». Esta palabra de «profecía» no la usamos todos los días. En algunas de sus traducciones, se traduce «carga», «la carga que vió Habacuc profeta». [Reina-Valera Antigua]. La palabra en Hebreo significa «una carga; algo pesado».

Cuando leemos los profetas del Antiguo Testamento, vemos que ellos tienen usualmente una carga [un pesar] que deben expresar -algo que Dios pone en sus corazones que tiene que salir. Es algo que tiene un peso divino. Es un mensaje, pero usualmente es un mensaje duro porque usualmente es un mensaje de juicio.

Una profecía en contra del pueblo o una profecía en contra de las naciones; ustedes encontrarán esta frase en el Antiguo Testamento. Era un anuncio de que Dios traería juicio al pueblo. Era una profecía, la carga que el profeta Habacuc vio.

Este tipo de profecía, este tipo de carga o mensaje no es fácil de recibir. Es uno difícil para recibirlo de parte de Dios. Pero es aún más difícil transmitirlo a otros, dar este mensaje duro de parte de Dios.

Pero cuando Dios pone ese tipo de carga o de mensaje en tu corazón, te das cuenta que no tienes otra opción que no sea la de recibirlo y transmitirlo porque es el mensaje de Dios. Es un mensaje, es una carga que es dada por Dios.

De manera que cuando los profetas del Antiguo Testamento tuvieron este tipo de cargas que Dios les dio, ellos transmitían este mensaje con autoridad divina. No era Habacuc hablando, ni Jeremías ni Isaías ni Malaquías. Era Dios hablando. El mensaje llevaba una carga divina porque era Palabra de Dios.

Algunos de los contemporáneos de Habacuc prefirieron dar mensajes más suaves; ustedes pueden leer acerca de estos en el Antiguo Testamento. Ellos eran los que decían, «Paz, paz. Todo va a estar bien. Queremos que se sientan bien con ustedes mismos». Ellos predicaron mensajes que la gente quería escuchar.

Puedo imaginarlos a ellos comentando sobre un mensaje de Habacuc, o de Isaías, o de Jeremías, de estos mensajes dados por Dios, «Esa no es la forma de atraer gente a tu iglesia. Ese es un mensaje cruel. Esa no es la forma de atraer a las multitudes. Guarda ese mensaje para otro día de la semana cuando los visitantes no estén aquí. No queremos ofender a la gente. No queremos que se vayan porque este mensaje es difícil de escuchar».

Recuerdo cuando primero comenzamos Aviva Nuestros Corazones años atrás, una de las cosas que Dios puso en mi corazón era que Él me iba a dar Su mensaje de Su Palabra, y que era mi trabajo ser fiel en transmitirlo aun si a la gente le gustaba o no, aun si fuera fácil o difícil de escuchar , aun si lo recibieran bien o no.

Estaba conversando con unas personas que me decían, «si quieres entrar en ciertas estaciones de radio, tienes que hacer más de esto en tu programa». Ahora bien, no había nada esencialmente malo con lo que ellos estaban sugiriendo que hiciéramos, pero mientras escuchaba, pensaba, «Oh, Señor, no quiero ser motivada por lo que se requiere para poder entrar a ciertas estaciones de radio o por lo que es necesario hacer para que un editor publique mi libro. Quiero ser motivada primero por lo que hay en Tu corazón. ¿Qué es lo que Tú quieres que hagamos?»

Quiero ser movida por lo que la gente necesita escuchar. No necesariamente por lo que ellos quieran escuchar, sino por lo que ellos necesitan escuchar. El reto en mi vida y en este ministerio no es ser motivados por el mercado, sino motivados por el mensaje; es poder decir, «Señor, ¿cuál es Tu mensaje, Tu carga, Tu palabra para esta generación?»

La medida del éxito en un ministerio, se trate de tu iglesia o de un ministerio para eclesiástico como el nuestro, no es a qué tanta gente le gusta tu mensaje o qué tan popular seas como predicador. Es simplemente qué tan fiel eres al proclamar la Palabra de Dios.

Habacuc debía rendirle cuentas a Dios. Los profetas del Antiguo Testamento también. Nosotros tenemos que rendirle cuentas a Dios de haber pasado Su mensaje a Su pueblo.

Dios nos ha dado Su Palabra. El libro que sostenemos en nuestras manos, esta Biblia, la Palabra de Dios, no es menos autoritativa o pesada que el mensaje que Dios le dio a Habacuc. Esta es la Palabra de Dios. Dios se ha revelado a Sí mismo a nosotros -ha revelado Su corazón, Su carga, Su mensaje- en este libro.

Una amiga quien ha sido cristiana por muchos años me dijo recientemente,

Nancy, en los últimos años, es como si un velo se hubiera levantado de mis ojos, y recién me he dado cuenta que esta es la Palabra de Dios. Esto ha cambiado mi vida. Ha cambiado la forma en que leo las Escrituras. Ha cambiado la forma en que pienso de las cosas que siempre he conocido de la Palabra de Dios, al darme cuenta que es Dios quien está hablando.

Volvamos a la profecía, a la carga que el profeta Habacuc vio. Dense cuenta que no dice que él la escuchó; él vio algo. Dios le mostró a Habacuc algo en este libro. Dios le mostró a él una carga. Dios le mostró a él la perspectiva de Dios de Su mundo y de la situación que Habacuc estaba enfrentando.

Y quiero decir que a medida que estudiemos este libro juntas, que Dios querrá mostrarles a ustedes algunas cosas. Él quiere mostrarnos Su perspectiva. Él quiere mostrarnos Su corazón. Él quiere mostrarse a Sí mismo a ti. Él quiere revelarse a sí mismo y Sus caminos a ustedes. Él quiere poner una carga fresca en sus corazones -Su carga, Su mensaje para nuestra generación.

A medida que Dios pone esta carga en sus corazones, en nuestros corazones, mi oración es que se convierta en un interceder por otros y en ser fieles en pasar ese mensaje a otros. No es casualidad que hoy ustedes estén oyendo este mensaje. Ustedes están escuchando porque tienen corazones hambrientos, porque necesitan oír a Dios, porque quieren saber lo que Él tiene que decir.

Mientras escuchamos, mientras esperamos en el Señor, mientras miramos y decimos, «Señor, te estoy escuchando; habla, Señor; tu sierva está escuchando», Dios te mostrará algunas cosas.

Tal vez no sea una carga fácil. Tal vez no sea un mensaje sencillo. Pero será el mensaje de Dios, y cambiará nuestras vidas, cambiará las vidas de las personas a quienes le compartamos el mensaje.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha dado una vistazo preliminar de lo que esperamos ver mientras estudiamos juntas la historia de Habacuc. Nancy estará con nosotras de vuelta para guiarnos es oración.

Habacuc es un libro importante para cualquiera que esté luchando con el miedo, luchando con la voluntad de Dios, o cuestionándose sobre la bondad de Dios. ¿Estudiarás el libro de Habacuc más profundamente? Pasa unos minutos al día leyendo este libro y escuchando a Nancy. Espero que este estudio te lleve a entender a Habacuc más a fondo.

¿Por qué a veces no contesta Dios las oraciones? Habacuc se preguntaba esto. Escuchen acerca de sus preguntas y de sus revelaciones cuando regresemos en el próximo programa.

Ahora Nancy está con nosotras de vuelta para orar.

Nancy: Gracias, Señor, gracias porque en nuestros días Tú eres un Dios que le habla a Su pueblo por medio de Tu palabra. Es mi oración Señor que Tú nos des oídos para oír y ojos para ver la carga, el mensaje que está en Tu corazón para nuestra generación. Ayúdanos a ver y a entender Tu perspectiva sobre nuestro mundo, sobre nuestras circunstancias, sobre nuestras preguntas abrumadoras.

A medida que te traemos estas cosas a Ti y a medida que luchamos con estas preguntas, permítenos llegar al punto de abrazar, de aferrarnos, de sostenernos fuertemente a Ti por medio de la fe y por medio de Tu Palabra. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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J29 – ¿Te unirás voluntariamente a la batalla?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una mujer verdadera se une a la batalla

J29 – ¿Te unirás voluntariamente a la batalla?

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Carmen Espaillat: Hoy en Aviva Nuestros Corazones.

Antes de comenzar con el programa de hoy, queremos compartirte el testimonio de Paulina. Ella nos escribe:

“Hola, mi nombre es Paulina. Y así como yo escucho el programa de Aviva Nuestros Corazones me gustaría también que otras mujeres lo escucharan. No saben cuánto me ha cambiado el escuchar sus consejos porque para mí sus consejos y el hablar de Cristo Jesús nuestro Dios han sido maravillosos, nos hacen ser mujeres verdaderas, ser libres de todos nuestros pecados, seguirlo a Él, alabarle a Él y prepararle un camino a Él para cuando venga. Así estaremos listos para luchar contra la maldad porque el diablo es como un león rugiente y anda buscando a quién devorar. Animo a todas las mujeres a escuchar el programa, se lo digo yo, que me ha cambiado.

Y ella continúa diciéndonos. Nos anima a ser mujeres verdaderas y a entregarle nuestro corazón a Jehová, dejarle nuestras cargas a Él y no permitirle al diablo que gane. Así cuando Él venga estaremos preparadas. Con todas las cosas que están sucediendo ahora debemos refugiarnos en Él escudriñando la Biblia, es el momento de entregar sus corazones al Señor pues está cerca”. Ciertamente, damos gracias a Dios por lo que Él está haciendo a través de este ministerio en nuestras mujeres de América Latina.

Aquí está Nancy:

Nancy Leigh DeMoss: La batalla es de Dios. Dios saldrá victorioso y Sus enemigos serán vencidos. Cuando el mal venga devastadoramente, Dios levantará un estandarte contra él. Su nombre, la Cruz de Cristo, el Evangelio de Cristo, la verdad de Dios— es más poderoso que todos los carros, ideologías, filosofías, poderes, ejércitos y religiones falsas del mundo. Dios es el victorioso. Dios es el campeón. La batalla es del Señor.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Ayer comenzamos a escuchar un mensaje que Nancy entregó durante la conferencia “Mujer Verdadera” en Forth Worth hace unos años. Nancy Leigh DeMoss nos contó la historia de Débora en Jueces 4 y 5. Vamos a unirnos a esta historia heroica. Comenzaremos revisando algo de lo que escuchamos ayer.

Nancy: Continuando en el versículo 9 dice: Entonces Débora se levantó —y me encantan esas palabras— porque muy frecuentemente tengo temor de meterme en la lucha, prefiero quedarme en un ambiente más conveniente, más cómodo, no me levanto y comienzo a involucrarme en la batalla. Me alegro que Débora se levantara. Ella sabía que era lo que Dios quería que ella hiciera y ella salió fuera de su zona de seguridad, ella se levantó y fue con Barac a Cedes y Barac convocó a Zabulón y a Neftalí a Cedes y subieron con él diez mil hombres, Débora también subió con él.

Ahora, ella sabía que esto iba a ser una situación peligrosa. La batalla se encontraba lejos de donde Débora vivía. Ella pudo haberse quedado atrás, o permanecer fuera sin involucrarse con ellos, pero ella tenía que involucrarse porque Dios le hizo un llamado para su vida y ella tuvo un corazón para Dios y para Su pueblo.

Nosotras vemos en esta historia que Dios utiliza instrumentos humanos para cumplir los propósitos de Su Reino, pero no siempre usa las personas que nosotros esperamos. En este caso Dios escogió y usó medios poco convencionales para derrotar al enemigo y librar a Su pueblo.

En primer lugar Él utilizó a dos mujeres como parte del plan de la batalla: a Jael y a Débora. de una manera inesperada, esa no es la manera que nosotros hubiéramos escrito el guión y ciertamente no es la manera que se hubiera escrito en esa época.

Él también utilizó, como estamos viendo en este pasaje, soldados de infantería, 10.000 hombres de a pie. Y tú dirás: “¿Y cuál es la gran cosa ? ¿Cuál es el problema con eso?» Recuerda cómo los cananeos estaban viajando, ellos viajaban con novecientos carros de hierro. Estas eran armas de destrucción masiva, eran vehículos de guerra masivos y estos eran los carros con los que habían oprimido a los pueblos por veinte años y ¿vas a enviar soldados de a pie para la batalla?

¿Por qué Dios hace las cosas de esa manera? Para que Él reciba toda la gloria, por lo que no pueden gloriarse en la carne humana. “Oh, sí, un gran general del ejército que nos llevó a la batalla y teníamos todas esas armas grandes”. De ninguna manera. Sabemos cuando leemos esta historia ahora, que solo podemos decir que Dios es el Conquistador. Dios es el único que obtiene la victoria. Él elige y utiliza vasos frágiles, que están listos para ser utilizados.

Ahora, el patrón normal de Dios como tú lo puedes ver mediante las Escrituras, es que los hombres sean llamados y levantados para ser los líderes principales, protectores y proveedores para el pueblo de Dios. Y no podemos tomar el tiempo ahora para ir a todos los pasajes de la Escritura en donde se nos ilustra esto. Y no me malinterpreten, aquellas que están citándome en las redes sociales, ya que podría tener problemas. Pero, la norma de Dios es que el liderazgo principal, la protección y la provisión para Su pueblo viene de los hombres.

Sin embargo, en el periodo de los jueces había una falta de liderazgo masculino. Los hombres estaban asustados. Ellos estaban pasivos. Eran inactivos. Y veo en Débora un modelo de mujer completamente femenino y que fue llamada y fue utilizada por Dios para ayudar a promover y para incrementar un liderazgo masculino en la nación . Y tal vez se preguntarán ¿cómo sabes esto? ¿Te lo estás inventando?

De hecho, Débora ha llegado a ser algo como un ícono para aquellos que mantienen una teología igualitaria de los roles tanto de hombres como de mujeres. pero me gustaría rescatar a Débora e ir nuevamente con ella para que pueda mostrarte e ilustrar una visión complementaria del hombre y la mujer. Primero que todo, no hay evidencia de que ella misma quisiera o aspirara liderar la nación. Su corazón estaba en servir.

Y si vamos al capítulo 5, al versículo 7, ustedes verán la percepción de Débora misma tenía de su rol, su corazón .

«Quedaron abandonadas las aldeasen Israel;

quedaron abandonadas hasta que yo, Débora, me levanté.

¡Me levanté como (qué?)como una madre en Israel!» (versículo 7)

Ahora, hay muchas otras cosas que ella podría decir. “Me levanté como una profetisa”. “Me levanté como juez”. “Me levanté como una guerrera”. “Me levanté como una estratega”. “Me levanté como alguien que se hizo cargo de la nación pues ninguno de los hombres tuvo el coraje o las agallas para hacer algo para continuar”. Nada de eso.

¿Cómo se veía a ella misma? Como una madre. Esto es una referencia al instinto de protección de crianza. Esto es lo que le dio a ella el coraje para ir hacia la batalla –un corazón de madre. Amigas, no tienen que tener hijos biológicos para tener el corazón de una madre. Dios ha puesto en mí como mujer soltera sin hijos biológicos propios, un corazón de madre por el pueblo de Dios. Dios también puede poner ese corazón en ti. Eso fue lo que la motivó a ella. Ella no se dejó llevar por el deseo de poder, ni de control, tampoco de posición, de reconocimiento, ella estaba motivada como una madre en Israel.

El pastor John Piper ha escrito un material precioso sobre la masculinidad y la feminidad bíblica.

Hay un recurso del pastor John Piper titulado ¿Cuál es la diferencia? Y está disponible en inglés y es una de las referencias más útiles que he leído acerca de las diferencias entre hombres y mujeres, bíblicamente hablando. El pastor habla de lo que significa ser una mujer verdadera. Él dice:

“En el corazón de una feminidad madura hay una disposición o inclinación liberadora…” Es una disposición liberadora. No es para ponernos en prisión. Es liberadora. “Es una inclinación para afirmar, para recibir y cultivar fuerza y liderazgo de hombres dignos, en formas que son apropiadas para las diferentes relaciones de una mujer”.

Esto es feminidad madura—“esa disposición e inclinación para afirmar, recibir y cultivar fuerza y liderazgo de hombres dignos en formas que son apropiadas en nuestras diferentes relaciones”. Tu comportamiento es diferente con tu esposo, con tu jefe o con un colega de trabajo o con un hermano. Diferentes relaciones, diferentes formas que son apropiadas, pero Él dice que es una inclinación liberadora para nosotras como mujeres.

Pienso que Débora ilustra esto de una forma preciosa. Ella actuó de esa forma para afirmar y levantar el liderazgo masculino. Ella no le ordenó a Barac ni le dijo qué hacer. Ella simplemente entregó un mensaje del Señor. Capítulo 4:6, “Esto ha ordenado el Dios de Israel”. Ella estimuló el liderazgo en Barac, sin resaltar lo que ella estaba tratando de lograr. “Sí, nosotras las mujeres vamos a ayudar a los hombres a ser más hombres». No, nada de esta actitud y me encanta esto de ella. Ella le proveyó una oportunidad a Barac de llevar a cabo o cumplir el llamado de Dios como líder, protector y defensor.

La vemos en un rol de ayuda sensible. Ella está acompañando a Barac voluntariamente a la batalla, ante su iniciativa y la solicitud de él. No es una mujer que está tomando las riendas. El capítulo 4:9 dice: “Ciertamente iré contigo” ante la iniciativa de Barac. Ella estaba maravillada al ver un hombre levantado y tomando el liderazgo— así como nuestros corazones son animados al ver que Dios levanta hombres a orar, predicar, y liderar nuestras iglesias y nuestros hogares. Queremos estar agradecidas por esto, deleitarnos y animarnos por ello.

Miremos el versículo 2 del capítulo 5 en el himno de Débora, “¡Por haberse puesto al frente los jefes en Israel, por haberse ofrecido el pueblo voluntariamente, bendecid al SEÑOR!” Ella estaba agradecida por esto. Miremos el vers. 5:9. “Mi corazón está con los jefes de Israel, los voluntarios entre el pueblo”. ¡Bendecid al Señor! Ella afirma el liderazgo masculino.

Así pues vemos en Débora una mujer de fe y una mujer valiente. El legado de su vida es que mediante su influencia y su valor, los hombres de aquellos días llegaron a ser hombres que fueron hacia adelante, con intensidad, aceptando la responsabilidad, para pelear contra el mal y defender a sus esposas y a sus hijos. Esto es, amigas, no el poder del control, sino el poder que tenemos de influenciar como mujeres.

Veo en esta mujer un corazón humilde, hay humildad. Es como la gracia principal y la antítesis es el orgullo— la raíz principal de todo pecado es el orgullo. Pero veo aquí un corazón humilde; una mujer que no está buscando obtener el crédito o ser la heroína de la historia. De hecho, si tú estuviste anoche durante el tiempo de oración , escuchaste a una niña de 9 años llamada Abby, citar para nosotros los últimos versículo de Hebreos capítulo 11. Ella se sentó durante toda la conferencia y tomó notas de cada predicador. Ella llenó todas las páginas con notas y dejó una para esta mañana. (Y necesito seguir porque ella probablemente no tendrá más espacio). Pero ella citó para nosotros los últimos versículos el gran salón de la fe de Hebreos capítulo 11.

Y en este pasaje hay catorce hombres del Antiguo Testamento y son nombradas dos mujeres del Antiguo Testamento. ¿Recuerdas quiénes son? Sarah y Rahab. Ninguna Débora en esa lista. Ella no es nombrada. Pero escuchen esto, Hebreos 11:32

«¿Y qué más diré? Pues el tiempo me faltaría para contar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; quienes por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia».

¿Cómo Barac logró estar en la lista y Débora no? A Débora no se le nombra, pero sí a Barac como un hombre de gran fe. Ciertamente no comenzó de esta manera. Débora vivió en una era donde los hombres fueron pasivos y temerosos, negándose a tomar el rol que les correspondía. Débora tuvo la fe para los inicios y al final la fe de Barac fue la que fue reconocida en Hebreos 11.

¿Saben qué? Creo que esto le habría agradado a Débora. Creo que le habría hecho feliz porque ella estaba cumpliendo su rol creado por Dios como ayuda idónea. Cuando Barac fue reconocido al final como un gran hombre de fe, ¿no crees que ella dijo, “Sí, Señor gracias por haber levantado a este hombre y haberle dado valentía y fe.

Y recuerda, en los libros del cielo, el nombre de Débora está allí, y tu nombre puede estar allí junto con el de hombres a los que Dios ha influenciado a través de tu vida para hacer grandes hazañas, en el capítulo 4, verso 12, tenemos una descripción de la batalla.

«Avisaron a Sísara que Barac, hijo de Abinoam, había subido al monte Tabor. Y juntó Sísara todos sus carros, novecientos carros de hierro (para que no olvidemos lo fuerte que era el enemigo), y a todo el pueblo que estaba con él, desde Haroset-goim hasta el torrente Cisón. Entonces Débora dijo a Barac: ¡Levántate!, porque este es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en tus manos; he aquí, el Señor ha salido delante de ti. Bajó, pues, Barac del monte Tabor seguido de diez mil hombres». (vv. 12-14).

Ahora, Barac está en una situación peligrosa que atenta contra su vida y ¿qué hace Débora? Ella viene a su pedido y anima a este hombre con las promesas de Dios. Sabemos el final de la historia pero todo lo que Barac sabe es que aquellos 900 carruajes acabarán con los 10.000 hombres de a pie. Pero él se armó con las promesas de Dios. ¿Y dónde escuchó él estas promesas? De los labios de una mujer de fe. Ella lo animó con las promesas de Dios y lo inspiró a continuar en la fe.

Amigas, las palabras de una mujer pueden inspirar valentía y fe en los hombres a su alrededor, en esposos e hijos, en pastores y en otros. Así que dejemos de hablar de hombres pasivos y hombres que no saldrán a escena. Seamos mujeres valientes, mujeres de fe, humildes y hablemos palabras que edifiquen en lugar de derribar.

Y déjame hacerte esta pregunta. ¿Viste el video de Kim compartiendo con transparencia de su propia vida, cómo ella, poquito a poco, erosionó la hombría de su esposo hasta que este hombre que había sido hombre valiente simplemente se anuló?

¿Cuántas de nosotras como mujeres con nuestras palabras destruimos la valentía, la fe y la masculinidad de los hombres nuestro alrededor ? ¿Podemos poner un fin a esto y comenzar a hablar palabras de ánimo, palabras de fe? Y quizás tú piensas: “Es que mi esposo no es un guerrero”. ¿Crees que Dios puede hacer de él un guerrero y podría inyectar fe en su corazón? Quizás me dices “Tú no sabes, es que él es un desastre”. ¿Crees que Dios puede redimir desastres? Dios nos ha redimido a nosotras, Él nos está redimiendo.

Y por cierto hay mucha necesidad de redención. Algunos de estos hombres son tan pacientes con nosotras, mujeres controladoras, conspiradoras y manipuladoras, siempre teniendo una mejor idea. Dios ten misericordia de estos hombres viviendo con algunas de nosotras, quienes a veces somos fierecillas. Aquí está la mujer que es el modelo de valentía y cómo sus palabras inspiraron valentía en lugar de desánimo. Miremos el versículo 15:

«Y el Señor derrotó a Sísara, con todos sus carros y todo suejército, a filo de espada delante de Barac; y Sísara bajó de su carro, y huyó a pie. Mas Barac persiguió los carros y el ejército hasta Haroset-goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada; no quedó ni uno.» (vv. 15-16)

¿Quién es el héroe, el campeón de esta historia? No es Débora. No es Barac. ¿Quién es? ¿Quién derrotó a Sísara y todos sus carruajes? Fue Dios. ¿Quién sometió a Jabín el rey de Canaán frente a la gente de Israel en el v.23? El Señor lo hizo. Dios será el victorioso y sus enemigos serán derrotados.

Cuando el enemigo venga como una ola de maldad, Dios se levantará un estandarte en contra de él. El nombre, la cruz de Cristo, el Evangelio de Cristo, la Verdad de Dios —es más poderosa que todos los carros, ideologías, filosofías, poderes, ejércitos y religiones falsas del mundo. Dios es el victorioso. Dios es el campeón. La batalla es del Señor.

Y podemos mirar algo maravilloso en este pasaje. Podemos ver en la vida como Dios usa seres humanos para la batalla. Él utilizó a Barac. Los soldados israelitas pelearon muy duro, pero Dios también intervino con algo sobrenatural y divino para ganar la batalla. Mira el versículo 20 del capítulo 5, tal vez nunca antes has mirado detenidamente esos versículos.

«Desde los cielos las estrellas pelearon, desde sus órbitas pelearon contra Sísara. El torrente Cisón los barrió, el antiguo torrente, el torrente Cisón.»

¿Qué quiere decir todo esto? Mientras estudias este pasaje, parece que Dios envió en medio de esta batalla una tormenta violenta. Rayos, lluvia torrencial, granizo. Y el río Cisón, que normalmente era un arroyo muy pequeño, se desbordó. ¿Y qué fue lo que sucedió con las ruedas de esos carros cananeos que ellos pensaban que era lo mejor que tenían? Se quedaron varados en el lodo de la inundación. Y el enemigo se llenó de pánico y de confusión, y los hombres que estaban en esos carros trataron de huir a pie para escapar de la ira de Jehová Dios y de Su ejército.

Lo mejor de esta historia es que Baal, que era el dios cananeo, era el dios de las tormentas, al menos eso era lo que pensaban. En este momento Jehová Dios demostró ser supremo en Su poder sobre las tormentas, sobre Baal y sobre todos los dioses falsos. Señoras, no hay límite para los recursos de Dios y Su poder. Entrégate, tan débil como eres, a Su disposición y Él moverá el cielo y tierra si es necesario para defenderte y glorificarse a sí mismo. No subestimes el poder, ni la grandeza ni la gracia de Dios.

Ahora al ver esta historia desenvolverse, vemos que hubo algunos israelitas que voluntariamente se unieron a la batalla. Pero hubo otros que se quedaron en casa y rehusaron involucrarse. Los participantes, los voluntarios, fueron premiados y bendecidos por involucrarse voluntariamente.

Mira lo que dice el versículo 11 del capítulo 5 “Entonces el pueblo del Señor descendió a las puertas”.

Versículos 14-15, “De Efraín descendieron los radicados en Amalec, en pos de ti, Benjamín, con tus pueblos; de Maquir descendieron jefes, y de Zabulón los que manejan vara de mando.v.15 Los príncipes de Isacar estaban con Débora; como Isacar, así también Barac; al valle se apresuraron pisándole los talones”.

Verso 18: «Zabulón era pueblo que despreció su vida hasta la muerte. Y también Neftalí, en las alturas del campo».

Estas fueron las tribus que se involucraron en la batalla. Pero hubo otros que se negaron a involucrarse aunque vivían cerca, y estos fueron amonestados.

Continúa leyendo en el capítulo 5:15, “Entre las divisiones de Rubén había grandes resoluciones de corazón”. Ellos se sentaron y pensaron en esto.

Versículo 16, “¿Por qué te sentaste entre los rediles, escuchando los toques de flauta para los rebaños? Entre las divisiones de Rubén había gran escudriñamiento de corazón”. Ellos pensaron en eso, pero no hicieron nada. Optaron por sentarse y dejaron a sus hermanos ir al peligro de la batalla y pelearla.

Mira el versículo 17. “Galaad se quedó al otro lado del Jordán. ¿Y por qué se quedó Dan en las naves? Aser se sentó a la orilla del mar, y se quedó junto a sus puertos”.

Versículo 23 del capítulo 5 “Maldecid a Meroz”, —muchos comentaristas creen que fue una ciudad en Neftalí, cerca de la batalla. “Maldecid a Meroz”, dijo el ángel del Señor, “maldecid, maldecid a sus moradores; porque no vinieron en ayuda del Señor, en ayuda del Señor contra los guerreros”.

En su comentario, Phillips Brooks dice, “Meroz es el ejemplo del bueno para nada. Esta dispuesto a ver a otras personas luchar en las batallas de la vida mientras él viene y toma el botín”. El comentarista Matthew Henry dice, “ Muchos no hacen su deber por miedo a involucrarse en problemas, por aman estar tranquilos, y tienen un afecto exagerado por los negocios mundanos”.

Y esto ha sido un reto para mí, ya que Dios me ha llamado a la batalla todos estos años y a veces he tenido mucho miedo, he querido permanecer atrás, muy lejos del problema. Se me ha recordado que el miedo a tener problemas, el amor a la tranquilidad y un amor por los negocios de este mundo, me mantienen fuera de la batalla.

Amigas, Dios no necesitó esas tribus para darles la victoria. Él lo hizo sin ayuda. Él tiene estrellas, truenos y tormentas y todo eso a Su disposición, pero el problema es que estas personas perdieron la oportunidad de alinearse con Dios. Dieron excusas para no involucrarse y sufrieron la deshonra porque eligieron sentarse fuera de la batalla.

Dios no nos necesita, Dios no te necesita. y no me necesita a mí. Los propósitos del Reino se cumplirán en este mundo con o sin nosotras. Pero Él nos ha dado una oportunidad increíble en nuestra generación para unirnos con Él en lo que Él está haciendo en este mundo. En la batalla entre el bien y el mal, hay una oportunidad de pararnos firmes con Él y Su pueblo, y arriesgar nuestra seguridad y, si es necesario, nuestras vidas para involucrarnos.

¿Vas a ser de las que se unen a la batalla o te vas a sentar fuera de la batalla para estar más segura?

Carmen: Esas son preguntas comprometedoras de Nancy Leigh DeMoss. Escuchamos parte de lo que ella habló en la conferencia Mujer Verdadera. Esta fue en Forth Worth, Texas. La que escuchamos se llama “Una mujer verdadera se une a la batalla”.

Mañana vamos a escuchar el final de la historia de Débora. Nancy compartirá sus luchas para abrazar por completo el llamado de Dios en su vida.

Nancy : Me he cansado de nadar en contra de la corriente. He querido volver a donde es seguro para tener una vida normal. Pero Dios tiene Su mano y Su llamado en mi vida. Él ha puesto hombres y mujeres maravillosos a mí alrededor que han tenido el coraje cuando yo no lo he tenido. Mi vida no me pertenece, está atada a Cristo quien es el autor y el consumador de la fe. He aprendido en mis debilidades que no hay lugar más seguro que estar con Él en medio de la batalla.

Carmen: Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las citas bíblicas están tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique otra cosa.

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Por qué no debes casarte con un inconverso

Coalición por el Evangelio

Por qué no debes casarte con un inconverso

KATHY KELLER

En el transcurso de nuestro ministerio la cuestión más común que Tim y yo hemos enfrentado es la de matrimonios —ya sean actuales o propuestos— entre cristianos y no cristianos.

Muchas veces he pensado lo simple que sería si pudiera alejarme de la conversación e invitar a los que ya están casados ​​con incrédulos a hablarle a los solteros que están tratando desesperadamente de encontrar un resquicio legal que les permita casarse con alguien que no comparte su fe. Así podría pasar por encima todos los pasajes de la Biblia que instan a los solteros a solo “casarse en el Señor” (1 Co. 07:39) y a “no ser yugo desigual” (2 Co. 6:14) y las proscripciones del Antiguo Testamento contra casarse con extranjeros que adoren a un dios que no sea el Dios de Israel (vea Números 12 donde Moisés se casa con una mujer de otra raza, pero de la misma fe). Puedes encontrar pasajes de este tipo en abundancia, pero cuando alguien ya le ha permitido a su corazón comprometerse con una persona fuera de la fe, me parece que la Biblia ya ha sido devaluada como la regla no negociable de fe y práctica. En cambio, variantes de la pregunta que la serpiente le hizo a Eva, “¿Realmente dijo eso Dios?” flotan, como si de alguna manera esta pareja pudiera ser elegible para una exención, teniendo en cuenta lo mucho que se aman, como se apoyan y el no creyente entiende la fe del cristiano, como son almas gemelas a pesar de la ausencia de un real compartir de la fe espiritual.

Sintiéndome cansada e impaciente, quisiera decirles: “No va a funcionar, no a largo plazo. El matrimonio ya es bastante difícil cuando tienes dos creyentes que están en completa armonía espiritual. ¡Solo ahórrense el dolor y supérenlo!”. Sin embargo, tal dureza no está ni en línea con la paciencia de Cristo, ni es convincente.

Más tristes y más sabios
Si tan sólo pudiera confrontar a esas mujeres ahora más tristes y sabias, y a los hombres que se han encontrado en matrimonios desiguales (ya sea por su propia estupidez o porque una persona encontró a Cristo después de que ya se habían casado) con los solteros alegremente optimistas que están convencidos de que su pasión y compromiso superarán todos los obstáculos. Solo diez minutos de conversación —un minuto si la persona es realmente sucinta— serían suficientes.

En las palabras de una mujer que estaba casada con un hombre suficientemente bueno que no compartía su fe: “Si usted piensa que está sola antes de casarse, no es nada en comparación con lo sola que puede sentirse DESPUÉS de estar casada!”. Sinceramente, el único enfoque pastoral eficaz podría ser: encontrar a un hombre o una mujer que esté dispuesto a hablar honestamente acerca de las dificultades de la situación e invitarlos a un ministerio de consejería con los que están a punto de cometer el gran error de formar una pareja desigual. Como alternativa, sería interesante que algún cineasta creativo estuviera dispuesto a recorrer todo el país, filmando a personas que viven con el terrible dolor de estar casado con un no creyente, y crear unos 40 o 50 vídeos cortos (menores de 5 minutos) de testimonios de primera mano. El peso colectivo de sus historias sería de mayor alcance en todo sentido que lo que jamás sería cualquier conferencia de segunda mano.

Tres resultados verdaderos
Sin embargo, un matrimonio desigual puede tener solamente tres resultados, (y por desigual estoy dispuesta a estirar mi punto de vista a incluir al cristiano genuino y comprometido que quiere casarse con un cristiano nominal, o alguien muy, muy lejos en cuanto al crecimiento y la experiencia cristiana):

  1. Con el fin de estar más en sintonía con su cónyuge, el cristiano tendrá que empujar a Cristo a los márgenes de su vida. Esto no necesariamente implicaría repudiar la fe, pero en cuestiones tales como la vida devocional, la hospitalidad a los creyentes (reuniones de grupos pequeños, alojamiento de emergencia de las personas necesitadas), el apoyo misionero, el diezmo, criar a los niños en la fe, la comunión con otros creyentes, aquellas cosas tendrán que ser minimizadas o evitadas con el fin de preservar la paz en el hogar.
  2. Alternativamente, si el creyente se aferra a la vida y la práctica cristiana sólida, su compañero(a) no creyente tendrá que ser marginado(a). Si él o ella no puede entender el asunto del estudio de la Biblia y la oración, o de los viajes misioneros, o de la hospitalidad, entonces él o ella no podrá o no participará junto con su cónyuge creyente en esas actividades. La profunda unidad y comunión de un matrimonio no puede florecer cuando una pareja no puede participar plenamente en los compromisos más importantes de la otra persona.
  3. Así que, o el matrimonio experimentará estrés y se romperá; o experimentará estrés y permanecerá unida, logrando una especie de tregua que implica un cónyuge u otro capitulando en algunas áreas, pero haciendo que ambas partes se sientan solas e infelices.

¿Se parece esto al tipo de matrimonio que quieres? Estar con alguien que estrangule su crecimiento en Cristo o que estrangule su desarrollo como pareja o las dos cosas a la vez?

Piensa nuevamente en 2 Corintios 6:14, donde habla acerca de ser un “yugo desigual”. La mayoría de nosotros ya no vivimos en ambientes rurales, pero trata de visualizar lo que sucedería si un agricultor uniera en yugo desigual, por ejemplo, a un buey y un asno. El yugo de madera pesada, diseñado para aprovechar la fuerza del equipo, estaría torcida, ya que los animales son de diferentes alturas, pesos, caminan a diferentes velocidades y con diferentes ritmos.

El yugo, en lugar de aprovechar el poder del equipo para completar la tarea, solo rozaría y heriría a ambos animales, ya que la carga se distribuiría de manera desigual. Un matrimonio desigual no es solo imprudente para el cristiano, también es injusto para el no cristiano, y va a terminar siendo una carga para los dos.

Nuestra experiencia
Les seré honesta, uno de nuestros hijos empezó a pasar el tiempo hace unos años con una mujer laica de origen judío. Él nos oyó hablar de las penas (y desobediencia) de estar casado con un no cristiano por años, así que sabía que no era una opción (algo que le recordamos bastante). Sin embargo, su amistad creció y se convirtió en algo más. A su favor, nuestro hijo le dijo: “No podemos casarnos a menos de que seas cristiana y no puedes hacerte cristiana solo para casarte conmigo. Voy a sentarme junto a ti en la iglesia, pero si en serio deseas explorar la fe cristiana tendrás que hacerlo por tu cuenta, encontrar tu propio pequeño grupo, leer libros, hablar con otras personas además de mí”.

Afortunadamente, ella es una mujer de gran integridad y carácter y decidió por sí misma explorar las verdades de la Biblia. A medida que se acercaba a la fe salvadora, a nuestra sorpresa, ¡nuestro hijo comenzó a crecer en su fe con el fin de mantenerse al día con ella! Ella me dijo un día: “Su hijo no debería haber salido conmigo nunca”. Ella vino a la fe, y fue bautizada. La semana siguiente el le propuso matrimonio, y han estado casados ​​por dos años y medio, creciendo, ambos unidos tanto en las dificultades como en un arrepentimiento genuino. Nosotros les amamos y estamos muy agradecidos de que ella esté tanto en nuestra familia como también en el cuerpo de Cristo.

Solo menciono la historia personal debido a que muchos de nuestros amigos en el ministerio han visto diferentes resultados en hijos que se casan fuera de la fe.

La lección para mí es que esto puede ocurrir incluso en casas pastorales, donde las cosas de Dios son enseñadas y discutidas, y donde los niños tienen una buena ventana a ver a sus padres aconsejar a los matrimonios rotos y que no siempre tienen un final feliz. Si esto ocurre en familias de líderes cristianos, ¿que se puede esperar de las familias en el rebaño? Necesitamos escuchar las voces de hombres y mujeres envueltos en matrimonios desiguales y conocer su dolor porqué esta no es solo una decisión basada en la desobediencia, sino también en la imprudencia.

Publicado originalmente para The Gospel Coalition. Traducido por Jesús Eddy Garcia.


Kathy Keller sirve como ayudante de dirección de comunicaciones en la Iglesia Presbiteriana Redentor en la ciudad de Nueva York. Es co-autor junto a su esposo, Tim, de El significado del matrimonio.

J26 – Pero ciertamente yo iré contigo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Una mujer verdadera se une a la batalla

J26 – Pero ciertamente yo iré contigo

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/pero-ciertamente-yo-ire-contigo/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss nos recuerda, que las Escrituras están llenas de historias donde Dios usa a los débiles para hacer grandes cosas.

Nancy Leigh DeMoss : Dios es el que se lleva la victoria. Él elige y utiliza los vasos débiles que están dispuestos a ser usados.

Carmen : Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Ha puesto Dios en tu corazón una gran tarea para hacer? ¿Quizás alguna necesidad que ves en tu mundo que puedes suplir de forma exclusiva? Se necesita coraje para seguir adelante y tomar medidas.

Nancy Leigh DeMoss te animará a que abraces el llamado de Dios en tu vida, en un mensaje llamado, “Una mujer verdadera se une a la batalla”. Originalmente ella llevó este mensaje en una de las conferencias de Mujer Verdadera. Escuchemosla.

Nancy: Voy a orar a Dios para que envíe mil mujeres de este lugar, que vivan el mensaje de verdadera feminidad y que reproduzcan este mensaje en las vidas de aquellas a su alrededor.

Ahora bien, pudieras estar pensando, como ya hemos hablado de este movimiento, de la feminidad bíblica, de la nación y el mundo, que tu insignificante vida no es tan importante o que realmente puedas hacer una diferencia.

Permíteme leerles una cita de un pastor y un escritor británico de los años 1700 a 1800. Su nombre era John Angell James, el lenguaje es un poco pintoresco puesto que es muy diferente a la forma en que hablamos hoy en día, pero creo que si sigues la idea de este mensaje y escuchas, verás el punto que estoy tratando de señalar.

Cito, toda mujer, ya sea rica o pobre, casada o soltera, tiene un círculo de influencia (Toda mujer tiene un círculo de influencia y esa eres tú. Tienes un círculo de influencia) en el que de acuerdo a su personalidad, está ejerciendo cierta cantidad de influencia para el bien o para el mal. Toda mujer, por su virtud o su vicio, por su necedad o por su sabiduría, por su ligereza o su dignidad, está añadiendo algo a nuestra exaltación o a nuestra degradación nacional.

Cada una de nosotras como mujeres añade algo a la situación de su país. Estamos ayudando a que sea un lugar mejor o lo estamos destruyendo. No hay punto neutral , y tiene que ver con nuestro carácter y la forma como nos vemos en nuestro círculo de influencia.

Y él continuó diciendo:

Una comunidad donde una mujer cumpla con su misión, no es probable que sea derrocada ya que, por el poder de su noble corazón y de su influencia sobre los corazones de los demás, ella la levantará de entre sus ruinas y la restaurará de nuevo a la prosperidad y la alegría (la influencia que cada una de nosotras tiene como mujer).

Déjame pedirte que abras tu Biblia, si puedes, en el libro de Jueces en el Antiguo Testamento, después del libro de Josué, en el capítulo 4. y Vamos a ver un relato en los siguientes minutos, y confío en que Dios los usará para retar tu corazón sobre como Él quiere usar tu vida.

Esta historia sucedió alrededor de los años 1200 a.C. y es la historia de una mujer que cumplió su misión. Dios usó el noble corazón de esta mujer para levantar a su comunidad de las ruinas y para restaurarla de nuevo a la prosperidad y la alegría. Es la historia de Débora, que es una ilustración de una mujer verdadera, una mujer que ejerció una influencia fuerte y piadosa, de una manera que fue distintivamente femenina y de una manera que alentaba a los hombres a su alrededor a ser más piadosos y a tomar un mayor liderazgo.

Débora no fue una mujer débil. A veces tenemos la idea de que si vas a ser una mujer verdadera de Dios tienes que ser pequeña, débil y endeble. Ella era una mujer valiente, ella fue valiente y al mismo tiempo fue humilde y femenina. Solo te diré que es un equilibrio que sólo el Espíritu de Dios puede hacer realidad en nuestras vidas y ese fue el caso de Débora.

Ahora, en el capítulo 4 tenemos la historia, el relato de cómo Débora fue fundamental en la liberación de Israel de la opresión de un poderoso régimen cananeo. Y luego, en el capítulo 5 tenemos un relato poético de la misma en un canto de victoria, es una canción de liberación, que probablemente fue escrito por Débora. Nos vamos a centrar durante este tiempo sobre todo en el capítulo 4, pero un par de ocasiones voy a ir hacia adelante y hacia atrás, porque hay algunos detalles que se encuentran en el capítulo 5 en el himno, en ese recuento de la historia, que no lo vemos en el capítulo 4.

Así que el capítulo 4, los versículos 1-3 prepara el escenario para este relato. Se describe un ciclo que se repite por lo menos siete veces en el libro de Jueces. Este ciclo se puede resumir en cuatro palabras. Tú puedes seguir este ciclo, no solo a través del libro de los Jueces, sino que probablemente puedes rastrearlo en tu propia vida, porque es un retrato de los caminos de Dios.

En primer lugar está la desobediencia. El Pueblo de Dios le desobedecía. Luego está la disciplina. Dios traía disciplina a las vidas de sus hijos. Y luego, bajo la mano de la disciplina de Dios, el pueblo de Dios es llevado a un lugar de desesperación, y desde esa desesperación ellos clamaba al Señor y Dios enviaba liberación.

Así que tenemos: desobediencia, disciplina, desesperación y liberación .Mira la desobediencia en el capítulo 4:1, es el comienzo de este ciclo:

Cuando murió Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor.

Aod era uno de los jueces de Israel en ese tiempo. y dice que los hijos de Israel volvieron… Este era un patrón en sus vida, no eran paganos los que estaban actuando de esta manera, aunque los paganos también lo hacían , pero este era el pueblo del pacto, el pueblo escogido por Dios y estaba haciendo lo malo ante los ojos del Señor.

Tenemos la tendencia en nuestros días a centrarnos en los pecados de los inconversos y todas las cosas malas que están haciendo en nuestra cultura, pero en realidad Dios está preocupado más por la pureza y la santificación de Su pueblo.

Ahora, ¿qué fue lo que hizo el pueblo de Dios que fue tan malo? Bueno, es posible que desees verlo por ti misma o simplemente escuchar si prefieres, pero vamos de vuelta al capítulo 2 y veamos una descripción de lo que sucedió una y otra vez con los hijos de Israel.

En el capítulo 2:12 dice: «Abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto.» Dios los había rescatado; Él los había redimido y ellos lo abandonaron. Su Salvador, su Redentor, su Señor, su padre, su amante, ellos lo abandonaron, y peor aun, se fueron tras otros dioses, otros amantes de entre los dioses de los pueblos a su alrededor, y se inclinaron a ellos, y provocaron al Señor a ira. Este fue un período de apostasía espiritual de la nación de Israel, de una horrible decadencia moral entre el pueblo de Dios.

Así que, ¿qué trae la desobediencia? la desobediencia trae disciplina. Dios trae Su disciplina y lo vemos en el versículo 2, el capítulo 4,

Y el Señor los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, que reinaba en Hazor.

Ahora, Jabín era un rey poderoso, y Hazor es una ciudad en la región norte de Israel. y Es importante recordar que esto es cerca de diez millas al norte del mar de Galilea, y vas a ver cómo la geografía juega un papel importante en toda esta historia.

El jefe de su ejército era Sísara, que vivía en Haroset-goim, que es un pueblo también en el norte de Israel y voy a volver a la primera parte del versículo 3 en un momento, pero mira la última parte del versículo 3: Este comandante «tenía novecientos carros de hierro y había oprimido duramente a los hijos de Israel por veinte años».

¿Quién entregó el pueblo de Dios para que fuera oprimido por sus enemigos? ¿Quién los vendió? Dios lo hizo. Esta es la mano castigadora de Dios y Dios usa las circunstancias externas y a las personas como sus instrumentos para disciplinar a Sus hijos.

Aquí tenemos una nación, el pueblo de Dios, entregado a la idolatría y bajo la disciplina, la mano castigadora de Dios. Están bajo el régimen opresivo de los cananeos. Escucha, tú no puedes ver a Dios, pero puedes ver los efectos de lo que Él trae en esta disciplina. A veces nos irritamos contra los instrumentos humanos, contra las herramientas que Dios está usando para castigar; cuando lo que Él quiere es que reconozcamos Su mano detrás de todo eso, tratando de llevarnos a un lugar de arrepentimiento. A este punto:

• Los israelitas están abrumados.

• Están completamente sin esperanza y los enemigos son mucho más numerosos que ellos.

• Se sienten vulnerables.

• Carecen de armas.

• Tienen miedo.

• Hay una baja en la moral.

• Y el pueblo está desalentado.

• El pueblo se encuentra en un estado de miedo, de terror y de caos.

• Como veremos en un momento, otra señal de la disciplina de Dios, es que había escasez de un fuerte liderazgo masculino.

Así que la desobediencia trae disciplina y, esperamos que ¿a dónde va a llevar esto? A la desesperación. Mira la parte del versículo 3 que pasamos por alto hace un rato, la primera parte del versículo 3. Entonces… ¿cuándo?… después de la disciplina “Y los hijos de Israel clamaron al SEÑOR”.

Se requirió de una intensa disciplina durante un período prolongado de tiempo para que Dios llamara la atención de las personas. ¿recuerdas cuánto tiempo pasó? ¡Veinte años! y Tú dirás: «¿pero cómo pueden las personas ser tan tontas, tan necias? ¿Cómo es que no lo entendían? ¿Veinte años?”

¿Cuánto tiempo te ha tomado a ti? ¿Cuánto tiempo me ha tomado a mí entenderlo? ¿Ser llevadas a un lugar de desesperación donde clamamos al Señor en humildad y en arrepentimiento? ¿No nos demuestra esto la paciencia y la misericordia de Dios, que durante todos estos años tuvo que esperar? Él continuaba ejerciendo presión, pero todo con el objetivo de restaurar a Su pueblo a un lugar de obediencia y de humildad.

Puedes ver que la disciplina de Dios, Su castigo tiene la intención de humillarnos, de postrarnos, para llevarnos hasta el final de nosotras mismas y entonces hacernos conscientes de nuestra necesidad de Él y volver nuestros corazones hacia Él. Así es el corazón misericordioso y redentor de Dios que cuando Su pueblo clama Él envía Su liberación.

Mira el versículo 4 del capítulo 4.

Débora, profetisa, mujer de Lapidot juzgaba a Israel en aquel tiempo. Ella solía sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bethel, en la región montañosa de Efraín, y los hijos de Israel subían a ella a pedir juicio. (Vv. 4-5)

He aquí una mujer que estaba sirviendo fielmente al Señor, sirviendo a su familia, sirviendo a su gente y utilizando los dones dados por Dios, cumpliendo con su llamado. Ella fue una mujer que vivió para los demás, no para sí misma. Ella no estaba buscando un lugar más grande, una oportunidad más grande, una posición mayor en su ministerio. Ella estaba haciendo fielmente lo que Dios le había llamado a hacer donde Él la había llamado a hacerlo.

Y en este pasaje aprendemos tres cosas sobre Débora, y por cierto, solo voy a dar una pincelada de la superficie de este pasaje. Si quieres escuchar una enseñanza extendida, versículo por versículo a través de todo el pasaje, tenemos una serie de Débora en nuestro programa Aviva Nuestros Corazones. Está disponible en los recursos de nuestro sitio en internet, a este punto yo solo quiero que captes la esencia y el corazón de este pasaje.

En primer lugar, vemos que ella era una profetisa, y sin entrar en detalles sobre el papel de las profetisas en el Antiguo Testamento versus Nuevo Testamento, sabemos que tenía un ministerio de enseñanza de la Palabra de Dios, de advertencia y ánimo basado en la Palabra de Dios.

Luego vemos que ella era esposa. Yo no creo que sea insignificante que la Escritura señale que ella era esposa. Esta era su relación humana primaria, y ella fue capaz de servir al Señor sin descuidar su hogar.

Y además ella era juez. Los jueces en esta época fueron los que Dios puso y capacitó para rescatar a Su pueblo de sus enemigos. Débora fue el cuarto juez en Israel. Observa que ella no se autodesignó. Esta no es una posición que cuando ella tenía nueve años de edad, ella dijo, «me gustaría crecer y ser jueza». Ella no se llamó a sí misma para esta tarea.

Dios la levantó para un momento como este . Y la gente la buscaba para resolver las diferencias, para dar consejo y sabiduría, porque ella era una mujer que conocía a Dios y que conocía a Su Palabra. Ella sabía cómo escuchar Su voz.

Ahora, Débora vivía en esos pequeños pueblos que hemos mencionado. Ellos pueden o no serte familiares, pero ayuda saber la manera en que se desarrollaron los hechos, al darnos cuenta de que ella vivía en el sur de Israel, cerca de Jerusalén, a bastante distancia de las fortalezas cananeas que estaban en la parte norte del país, pero ella estaba consciente de lo que estaba pasando. A pesar de que la opresión no había influenciado su región como lo había hecho en el norte, ella estaba consciente, y estaba lista y disponible y preocupada cuando Dios la llamó a hacer algo al respecto.

Ella mandó a llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí (que está en el extremo norte), y le dijo: «Esto ha ordenado el Señor, Dios de Israel: “Ve, marcha al monte Tabor y lleva contigo a diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón. (estas eran las tribus del norte) “Y yo (El Señor) atraeré hacia ti a Sísara, comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas al torrente Cisón, y lo entregaré en tus manos». (Vv. 6-7)

Así que Débora ha escuchado del Señor y envía a buscar a Barac y le dice que él debe reunir 10.000 hombres de las tribus cercanas, las más afectadas por el conflicto y los llama al Monte Tabor, que se encuentra estratégicamente ubicado en la confluencia de las tribus de Neftalí, Zabulón, e Isacar. Así que Débora ha escuchado del Señor y envía a buscar a Barac y le dice que él debe reunir diez mil hombres de las tribus cercanas, las más afectadas por el conflicto y los llama al Monte Tabor, que se encuentra estratégicamente ubicado en la confluencia de las tribus de Neftalí, Zabulón, e Isacar, era un lugar seguro desde donde podía atacar a las fuerzas cananeas y a sus carros.

Dios había prometido a Débora, que es la que le transmite la promesa a Barac, que Dios sacaría a Sísara y a las fuerzas cananeas a la batalla y que Dios las entregaría en las manos de Barac. He aquí una mujer que creía en Dios, que creía que Él era soberano, que Él era poderoso, y que Él iba a ganar la batalla.

Y una vez más, vemos que se trata de una mujer sabía que sabía cómo escuchar la Palabra de Dios. Ella no solo estaba hablando sus propias palabras o sus propias ideas. Nosotras, las mujeres, hacemos esto muchas veces; y la gente se cansa de escucharnos a nosotras, porque solo estamos dando nuestras propias opiniones. ¿Y sabes qué? Mi opinión no cuenta más que la tuya o la de cualquier otra persona, pero cuando llegamos a ser esas mujeres de la Palabra de Dios, que conocemos la Palabra de Dios, las promesas de Dios, las hemos interiorizado, las vivimos, las creemos y las compartimos con otros; entonces las personas se detienen y son influenciadas por esa Palabra.

Cuando ella habló y le dio las directrices, era la palabra que había recibido del Señor. Ahora, ten cuidado cuando regreses a tu hogar, y no se te ocurra lanzar tus notas a todo el mundo y al liderazgo de las mujeres del ministerio en tu iglesia y decirles: «Tenemos que cambiar las cosas por aquí porque Susan Hunt dijo esto y lo otro, ustedes necesitan leer este libro». Sé amable, sé piadosa. Escucha y espera en el Señor. y Pídele que te muestre el momento adecuado, las palabras correctas y claridad de dirección en cuanto a la forma en que se debe aplicar en tu situación.

Entonces ella le dice a Barac «¿no te ha mandado el Señor, el Dios de Israel?» Debido a que esta mujer tenía confianza en la Palabra de Dios, la gente la miraba a ella en busca de respuestas.

¿Te ven las personas a ti cuando buscan respuestas cuando están luchando en su matrimonio? No sé si has tenido tiempo de ver o escuchar el testimonio de Kim y LeRoy Wagner . He sido amiga de Kim mucho tiempo y he visto a mujeres en masa, por correo electrónico y en las conferencias haciendo fila durante horas para hablar con una mujer que ha vivido y vive el mensaje de la feminidad bíblica y tiene un corazón humilde, arrepentido y conoce y sabe de Su Palabra.

¿Las personas vienen a ti? A ti, mujer de más edad, ¿Viene la gente a ti buscando sabiduría, buscando consejo? y quizás tú me dices: «Es que yo no soy consejera». No necesitas ser una consejera, lo único que necesitas conocer es al Admirable Consejero y la gente necesita saber que tú le escuchas a Él, que conoces Su Palabra y que sabes cómo guiarlas a ellas a las Escrituras. Ellas pueden ir a cualquier programa televisivo para conocer el pensamiento del mundo. Pero, ¿saben realmente cómo llegar a ti para obtener la verdadera visión, la forma de pensar de Dios?

El versículo 8 dice,

Barac le dijo: «Si tú vas conmigo, yo iré, pero si no vas conmigo, no iré». Y ella dijo: «Ciertamente iré contigo. Sin embargo, el honor no será tuyo en la jornada que vas a emprender, porque el SEÑOR venderá a Sísara en manos de una mujer». (Vv. 8-9)

Ahora bien, no se nos dice por qué Barac insistió en que Débora debía ir con él. Quizás quería seguridad de la presencia de Dios, porque él sabía que Dios estaba con esta mujer. Lo que sí sabemos es que Débora accedió en ir, pero ella le dijo a Barac que el honor de la victoria, humanamente hablando, no iría a Barac, sino a una mujer.

Ahora, si conoces el resto de la historia, sabes que ella no estaba hablando de sí misma, ella estaba hablando proféticamente del papel que Jael tendría en la victoria.

Y continuando en el versículo 9 dice: “Entonces Débora se levantó”. Y Me encantan esas palabras, porque muy frecuentemente tengo temor de meterme en la lucha; prefiero quedarme en un ambiente más conveniente, más cómodo; no me levanto y comienzo a involucrarme en la batalla. Me alegro de que Débora se levantara; ella sabía que era lo que Dios quería que ella hiciera. Y ella salió fuera de su zona de seguridad.

Ella se levantó y fue con Barac a Cedes. Y Barac convocó a Zabulón y a Neftalí a Cedes. Y subieron con él diez mil hombres. Débora también subió con él. (vv. 9-10)

Ahora, ella sabía que esto iba a ser una situación peligrosa. La batalla se encontraba lejos de donde Débora vivía. Ella pudo haberse quedado atrás o permanecer fuera, sin involucrarse con ellos, pero ella se tenía que involucrar porque Dios le hizo un llamado para su vida y ella tuvo un corazón para Dios y para Su pueblo.

Nosotras vemos en esta historia que Dios usa instrumentos humanos para cumplir los propósitos de Su Reino, pero no siempre usa las personas que tú esperarías. En este caso, Dios escogió y usó medios poco convencionales para derrotar al enemigo y liberar a Su pueblo.

En primer lugar, Dios utilizó dos mujeres como parte del plan de la batalla, a Jael y Débora. De una manera inesperada— no es la manera que nosotras hubiésemos escrito el guión y ciertamente no la manera que se hubiera escrito en esa época.

Él también utilizó, como estamos viendo en este pasaje, soldados de infantería, 10.000 hombres de a pie. Y tú dirás: «¿Y cuál es la gran cosa, cuál es el problema con eso?» ¿Recuerda cómo los cananeos estaban viajando? Ellos viajaban con novecientos carros de hierro. Estas eran armas de destrucción masiva. Eran vehículos de guerra masivos y estos eran los carros con que los habían oprimido a los pueblos durante veinte años y ¿vas a enviar soldados de a pie a esa batalla?

¿Por qué Dios hace las cosas de esa manera? Para que Él reciba toda la gloria. Por lo que no pueden gloriarse en la carne humana. «Oh, sí, un gran general del ejército que los llevó a la batalla, y teníamos todas esas armas grandes». De ninguna manera. Sabemos cuando leemos esta historia ahora, que solo podemos decir que Dios es el Conquistador. Dios es el que se lleva la victoria. Él elige y utiliza los vasos débiles que están dispuestos a dejarse utilizar.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado invitando a las mujeres a que con valentía se unan a la batalla. Ella relató esta historia de Débora en una de las conferencias de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones hace llegar las conferencias, programas de radio y recursos en línea de forma gratuita, gracias a los oyentes que apoyan el ministerio financieramente. Finalmente, tú nos estás ayudando a poder hablarle a las mujeres como Heather, en Indiana. Ella nos escribió un correo electrónico que decía: «Las enseñanzas de Nancy alimentaron mi rabia».

Ella estaba enfadada con Dios y la iglesia, así que empezó a escuchar las enseñanzas de Nancy Leigh DeMoss porque ella pensó que al hacerlo, esas palabras le “confirmarían como los cristianos eran dañinos».

Así que, Nancy, ¿cómo te sientes cuando mujeres escuchan Aviva Nuestros Corazones solamente para “alimentar su rabia”?

Nancy: Bueno, me imagino que quizás ella no es la única. Pero desde el principio de este ministerio, yo sabía que si tenía que enseñar el mensaje que Dios había puesto en mi corazón y enseñar todo el consejo de Dios, estaría nadando contra la corriente. No soy una luchadora por naturaleza. Quiero que la gente me quiera, pero desde el primer momento, mi deseo ha sido el de simplemente hacer lo que Dios me ha llamado a hacer y ser fiel a Su Palabra.

Carmen: Heather continuó en ese correo electrónico:

Después de escuchar día tras día, mi corazón se ha ablandado, y reconozco que me he convertido en una ex-feminista. Le doy gracias por Sus enseñanzas desafiantes y honestas, ya que ha sido un instrumento en mi sanidad.

Nancy : Estoy muy agradecida por la forma en que Dios usa este ministerio para suavizar los corazones como el de Heather. Las mujeres escuchan este programa en todo tipo de circunstancias, y la Palabra de Dios intercepta sus vidas de una manera que no podríamos predecir. Son nuestras oyentes que hacen posible esas conexiones a través de sus oraciones y de sus contribuciones.

Carmen: Si te sientes movida a donar para nuestro ministerio, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Qué harías por el reino de Dios si no tuvieras ningún temor? Aprende a decir NO al temor en nuestro próximo programa en el cual Nancy continúa con esta serie sobre Débora. ¡Te esperamos!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se cite otra fuente.

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22/42 – Lee la Biblia: Amós

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

22/42 – Lee la Biblia: Amós

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Amós, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En este libro, Amós acusa a Israel de romper su pacto con Dios y destaca cómo su idolatría les ha llevado a la injusticia y al descuido de los pobres.

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J25 – Servidores de hoy

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Sirve como el Salvador

J25 – Servidores de hoy

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/servidores-de-hoy/

Carmen Espaillat: Cuando te llamas sierva, estás haciendo una declaración poderosa.

Nancy Leigh DeMoss: Somos más parecidas a Satanás cuando estamos sirviendo por el deseo de ser reconocidas, y somos más como Jesucristo cuando estamos sirviendo sin necesidad de reconocimiento o pendientes de nuestra reputación, sino solo queriendo dar nuestra vida por el bien de Jesús y de otros.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

En los últimos seis programas, hemos estado en una serie llamada «Sirviendo como el Salvador». Hemos visto algunos ejemplos increíbles a través de la Biblia de los siervos. Estás a punto de escuchar de algunos siervos increíbles de nuestros días.

Vamos a escuchar una conversación que Nancy tuvo con unas amigas que escucharon a Nancy enseñar sobre el servicio. Escucharás de Holly Elliff, Judy Hurt y Kim Wagner. Y también vas a escuchar acerca de Kathy Helvey, quien está en la presencia del Señor; ella murió un tiempo después de realizar esta grabación. Fue una sierva hasta el final de sus días. Nancy comienza con un ejemplo.

Nancy: ¿Cuántas de ustedes han tenido que llenar un currículum, o han ido a una entrevista de trabajo? Bueno, la mayoría de nosotras seguramente. Si tuvieras que llenar esa solicitud o el currículum, probablemente querrían saber tus cualificaciones para ese trabajo. ¿Qué has hecho? ¿Qué sabes hacer? ¿Qué te hace pensar que puedes hacer este trabajo?

Tal vez has estado en una posición, como yo, de contratar a alguien para trabajar en tu compañía o en tu empresa o en la organización donde trabajas y quieres saber de ese solicitante, ¿qué cualificaciones tiene? ¿Puede hacer este trabajo? Existen ciertos requisitos que debes buscar cuando vas a contratar a alguien, si has elegido un esposo, aquellas de ustedes que están casadas, hubo ciertos requisitos que estabas buscando. Sé que tenemos algunas jóvenes que nos escuchan que están todavía en la secundaria y no han elegido un esposo todavía, pero es probable que desde el momento que tenían como cuatro años de edad tenían ya una idea: “Así es como quiero que sea el hombre con quien me case, estos son los requisitos”.

Se buscan ciertas cualidades, se buscan ciertas cualidades en un líder, cuando elegimos el presidente de nuestro país por ejemplo quisiéramos que tenga ciertas cualidades. Cuando eliges un pastor para tu iglesia, quieres que él tenga ciertas cualidades. Si vas a tener un matrimonio exitoso, hay ciertas cualidades que debes exhibir en ese matrimonio. Hay ciertas cualidades que necesitan en una iglesia y en las personas de una iglesia si quieren tener una iglesia saludable y funcional.

Pero hoy quiero hablar, ya sea en el trabajo, o en la casa o en la iglesia, sobre una cualidad que determina si alguien va a ser realmente grande, de hecho creo que esta es la mayor cualidad para poner a alguien en el camino hacia la verdadera grandeza. Es una cualidad que probablemente no aparece en la mayoría de las solicitudes o en la mayoría de los currículums, de hecho creo que es una de las más ignoradas y de las menos comunes y una de las cualidades menos valoradas en nuestra cultura, es una cualidad que no se encuentra muy a menudo en las personas en el lugar de trabajo, en los hogares o en las iglesias. De hecho para muchas personas en nuestra cultura, esta cualidad es algo que se desprecia, es algo que en realidad no se respeta, es algo que algunas personas encuentran hasta repulsivo, es una cualidad que a veces queremos que los demás tengan, pero no estamos tan ansiosas de tenerla nosotras mismas y por supuesto estoy hablando de la cualidad de un corazón de sierva.

El servicio es algo de lo que no oímos mucho hoy en día, no es necesariamente algo que se considera impresionante. Si solicitas un trabajo en un restaurante de comida rápida o en alguna empresa local no es algo que piensas poner en la parte superior de tu currículum: “Yo soy una sierva, yo soy una servidora, he desarrollado la cualidad del servicio”.

No es algo que se considera impresionante, la gente quiere saber si eres un líder, o si tienes logros, pero creo que el servicio, el tener un corazón de sierva, es imprescindible para tener un buen desempeño en cualquier rol que tengas en la vida.

En nuestra cultura estamos mucho más enfocados en el éxito que en servir, estamos más enfocados en celebridades que en siervos. Observa a las personas que están en las noticias, la gente que está en las revistas, esas son las celebridades, las estrellas, las personas que tienen todo tipo de logros, no solemos sacar a la luz a alguien porque es un gran servidor. A menudo los servidores son las personas que están detrás de la escena, no están en la mira, nadie los toma en cuenta. Son personas que no se dan a conocer. ¿Quién quiere ser una sierva? Queremos estar en la cima. Queremos ser artistas, queremos ser famosas. Pero la Escritura tiene una perspectiva del servicio de ser un siervo, que es exactamente lo contrario de la perspectiva del mundo.

Y esto se debe a que la perspectiva de Dios sobre la grandeza es exactamente lo contrario de la perspectiva del mundo sobre la grandeza.

Hemos estado describiendo las cualidades de un corazón de sierva, lo que significa ser una sierva de Cristo y servir a los demás. Diakonos, sirviendo para las necesidades de los demás. He sido bendecida por tu corazón, Kathy, todavía tengo en mi congelador un pedazo pan de guineo que apareció en mi puerta con una preciosa tarjeta tuya y estoy preparándome para disfrutarlo.

Kathy Helvey: Pensé que había permanecido allí un mes mientras estabas fuera.

Nancy: No, no fue así, y eso fue un detalle que se convirtió en algo muy especial, muy oportuno. He sido bendecida por las maneras en que las mujeres alrededor de esta mesa han sido siervas para mí y también para otros. ¿Quién viene a tu mente, cuando piensas en alguien que tiene un corazón de sierva? ¿Cómo has visto a alguien demostrar un corazón de sierva, dentro del cuerpo de Cristo?

Kathy: La primera persona para mí es mi madre. Mi madre es un ejemplo perfecto de ello cuando nos reunimos, » ¿A dónde vamos a cenar? ¿A dónde te gustaría ir? ¿Bueno, qué comeremos? ¿Qué les gustaría comer? ¿Qué tipo de empanadas haremos para Navidad? ¿De qué tipo les gustan? «.

Nunca se preocupa por lo que ella quiere. Siempre piensa en todos los demás, y ahora que tiene ochenta seis años de edad y tiene diferentes cosas en su vida. . . Ella vive sola, todavía maneja; ella visita los hogares de ancianos y empuja a las personas están en silla de ruedas que son más jóvenes que ella y es una bendición para ellos.

Nancy: ¡Eso es precioso!

Holly Elliff: Tenemos una chica en la iglesia que se llama Sherry, y su marido es el líder de alabanza. Casi cada domingo, entre los dos servicios, ella cocina un desayuno caliente, que lleva a la iglesia, de modo que los miembros del grupo de alabanza, que llegan muy temprano, puedan comer entre los servicios y disfrutar de su comida. Ella no quiere que nadie sepa que ella hace esto. Ella no obtiene recompensa por hacerlo, lo hace porque ella es una sierva, y tiene un corazón de sierva.

En uno de nuestros seminarios de los grupos de alabanza, ella cocinó todas las comidas. Al final, todos dimos un poco de dinero para darle una ofrenda. Ella estaba avergonzada de que la lleváramos fuera de la cocina y le aplaudiéramos porque ella estaba más cómoda detrás de la escena, sirviendo. Ella estaba en su ambiente, estaba muy muy cómoda allí.

Kathy: Otra persona que viene a mi mente que hace poco entró a nuestra vida, es Judy Hurt, y ella se ha dedicado a cuidar a nuestra hija autista, Stephanie. Tres días a la semana ella sale a la comunidad con ella y hacen cosas diferentes. Pero Judy no solo cuida a mi hija. Ella va más allá. Ella la escucha, y habla con ella. Piensa en diferentes tipos de cosas que pueden hacer juntas. Y le envía cartas y notas.

Pero ella nunca se dará cuenta, de este lado del cielo, la bendición que ella es para mí. Ella ha entrado en la vida de mi hija y me ha ganado para siempre porque ha bendecido nuestra vida como padres. No puedo pensar en una sola persona en la vida de mi hija de veintiún años, que haya tenido tan gran interés por ella y la haya amado y querido conocer realmente como persona.

El otro día me dijo, «Stephanie tiene la personalidad más hermosa». pensé, «¿Personalidad? ¿Has cavado tan profundo como para ver un poco de su personalidad? Ni siquiera puedo distinguirlo a veces, y yo soy su madre.» Ella es una increíble bendición para mí, una increíble bendición.

Nancy: Ylo que nuestros oyentes no saben es que Judy está aquí en nuestra audiencia. «Has venido aquí solo para escuchar, pero estás sentada aquí limpiándote las lágrimas. ¿Qué es lo que piensas de lo que Kathy acaba de compartir, de lo que significas para ella?»

Judy Hurt : En realidad, ha sido una alegría increíble. La verdad es que no tenía ni idea, como me iba a sentir cuidando de Stephanie. Cuando Kathy y yo comenzamos a hablar de esto, yo no le conocía, y las personas que me conocen saben que me encanta servir. Pero muchas veces sirvo porque es lo que quiero hacer, pero fácilmente puedo desviarme.

Cuando llegó esta oportunidad, vi que era del Señor. Era mucho más de lo que yo pensaba que iba a ser. El solo conocer a Kathy y . . . Es interesante porque en el mes de junio en una sesión de grabación de Aviva Nuestros Corazones, yo estaba sentada dos filas detrás de Kathy y recuerdo haber orado, ¡Señor, he disfrutado de Kathy tanto! Me encantaría llegar a conocerla mejor. ¿Hay alguna manera en que pueda llegar a conocerla mejor?»

Nancy: ¿Te has sentido presionada por este trabajo—te ha llevado fuera de tu zona de confort?

Judy: Sí. Recuerdo, que las primeras veces que nos juntamos, pensé, «¿Cómo voy a hablar con esa niña? ¿Cómo voy a relacionarme con ella?»

Nancy: ¿Así que no tenías capacitación profesional para este tipo de trabajo?

Judy: No, definitivamente no yo era la directora de preescolar en mi iglesia.

Kathy: Lo que me ha asombrado en tu cuidado de Stephanie es que tú no tienes una formación para esto; y tú, sin ni siquiera decirme, fuiste a una biblioteca y has consultado libros para conocer sobre el autismo, vídeos sobre el autismo, has leído artículos, y has compartido algunas ideas maravillosas conmigo.

Nancy: Un verdadero corazón de sierva, no solo hace lo que es necesario, sino que va más allá.

Kathy: En varias ocasiones he llegado a casa y la ropa que había dejado en la secadora se encuentra doblada y acomodada en la canasta.

Fue muy interesante el día de Acción de Gracias. Siempre invitamos gente a casa para ese día.

Pensamos, «¿A quién invitaremos este año?» Estábamos pensando en distintas personas. Y le dije a mi marido, a Stephanie y a mi hijo Robby de dieciséis años, «Bien, ¿qué les parece a Judy y a su esposo, Kirk, para el día de Acción de Gracias?» y Robby dijo, «Bueno, por mí está bien, ya es parte de nuestra familia, ¿no?”.

Robby llegó a casa un día y Judy estaba doblando ropa como si fuera una cosa normal. Robby quedó tan impresionado de que no solo cuidara de Stephanie, terminara su trabajo y se fuera. Sino que ella estaba ahí siendo parte de la familia, un increíble corazón de sierva.

Judy: He descubierto que los momentos en los que obtengo mayor gozo en el servicio es cuando estoy totalmente fuera de mi zona de confort. Eso es porque estoy tan consciente de que no soy yo. Yo creo que cuando hacemos las cosas con la perspectiva adecuada y la motivación adecuada, hay un increíble gozo. No se trata solo de lo que obtengo, pero tengo la sensación de que la razón de lo que hacemos es para la gloria de Dios.

Nancy: Judy, lo que has dicho de forma tan hermosa ilustra lo que dijo Jesús cuando dijo que es más bienaventurado dar que recibir. Lo hiciste sonar como que realmente es un privilegio servir, como que es un honor servir, que es un gozo servir, que esto viene de Dios. Creemos que obtendríamos gozo, si alguien viniera a satisfacer nuestras necesidades, pero tú estás ilustrando ese poder de atender las necesidades de otros y esa es verdaderamente la manera que encontramos gran gozo.

Holly: Creo que es un verdadero reto para las mamás, enseñar a sus hijos a tener corazones agradecidos. Tuvimos un suceso curioso esta semana con Jessica, nuestra hija menor. Ella había decidido hacer tarjetas para nuestros vecinos. Yo estaba leyéndolas. Nevó un poco ayer por la noche lo cual es un gran problema en Little Rock. Un poco de nieve es un gran problema, y cuando ella se fue a dormir estaba nevando.

En la tarjeta les decía a nuestros vecinos, «han sido una bendición para mi vida. Gracias por ser nuestros vecinos». Asimismo, mencionó todos sus nombres, y les puso un cupón que decía: válida para palear nieve doce minutos. No sé cuánta nieve pensaba que iba a caer o cuánto podría palear en doce minutos, pero pensé que era muy bonito que ella decidiera poner un cupón para regalarles un trabajo.

Había también otra vecina, y ella solo les dio cuatro minutos de palear nieve. No sé lo que significa, quizá no fueron de tanta bendición en su vida. Esa es una ilustración divertida, pero, mientras meditaba en eso, pensé:

Como mamás, la verdad es que nos encontramos ante la responsabilidad de modelar a nuestros hijos no solo que el servicio es una bendición y una cosa buena para otras personas, sino la actitud del corazón que tiene que ir junto con el servicio que no me molesta como mamá el hecho de que tengo que lavar la ropa, que hacer la comida y niños que vestir.

Hay mamás que me han dicho, «solo necesito espacio, necesito tiempo para mí». Esto es cierto, pero lo que creo que necesitamos más, es más tiempo para el Señor, y si pasamos más tiempo con el Señor, muchas veces, Él nos dará lo que necesitamos en nuestro corazón para que podamos seguir sirviendo.

Kathy: Bueno Holly, lo que me viene a la mente es, cuántas veces hemos escuchado, o nos hemos sentido incluso, cuando nuestros hijos eran más pequeños, ¿y yo qué? No tengo una vida propia. Yo coincido contigo. En una ocasión, recuerdo a una madre joven que me preguntó, «¿Qué harías de nuevo?»

Ella tenía tres hijos pequeños en el momento; los míos ya eran adolescentes. Ella dijo, » ¿Qué harías de nuevo si estuvieran pequeños?» y lo que vino a mi mente de inmediato no fue: «Jugaría más con ellos. Los llevaría más al parque. Leeríamos más libros».

A pesar de que me hubiera gustado hacer más todas esas cosas. La cosa más importante que me vino a la mente fue que me gustaría haber pasado más tiempo de calidad con Dios. Porque como producto de pasar ese tiempo con el Señor vendría sabiduría, comprensión, gozo, paz y visión. No es que yo no haya pasado tiempo con el Señor, pero, ¡oh!, si pudiera hacerlo de nuevo, me gustaría asegurarme de que pasaría más.

Holly: Muchas veces estamos tan cansadas que no tenemos en nosotras la fuerza para hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer. Ese tipo de habilidades sobrenaturales solo provienen de la presencia del Señor.

Nancy: ¿No es ese el punto de la historia de María y de Marta en Lucas capítulo 10? Martha no tiene la perspectiva que necesita. Ella no tiene el equilibrio, la estabilidad, la cordura. Su frustración y su distracción y el estar fuera de control emocionalmente es porque ella está descuidando lo que Jesús le dijo que su hermana había escogido y que era absolutamente necesario, sentarse a los pies de Cristo y escucharlo.

Si yo estoy sirviendo, incluso dentro de este ministerio, dando, enseñando, siendo líder del ministerio, escribiendo libros, haciendo estos viajes pero si no estoy pasando ese momento a los pies de Jesús, voy a terminar como Martha. A menudo termino como Martha y así nos pasa a la mayoría de las mujeres.

Kim Wagner: Eso es tan cierto, Nancy el alma del servicio, es pasar tiempo con Dios.

Holly: Sin eso, perdemos el foco como le pasó a Martha. Tenemos un pequeño lema en nuestra casa, y es muy simple. Las personas siempre son más importantes que las cosas. Por lo tanto, no importa lo que haga si todavía tengo un corazón recto hacia las personas en mi casa, es algo que vale la pena. Si las cosas están dirigiendo mi vida de tal manera que no puedo amar a la gente cercana a mí, estoy fuera de equilibrio.

Kim: Es que no es correcto estar haciendo el ministerio si no estoy en primer lugar sentada a los pies de Jesús, consagrada a Él, escuchándolo a Él y obteniendo de Él la dirección para el ministerio. No necesito hacer otra cosa, debo escucharlo a Él para saber lo que Él quiere que yo haga y recibir todo de Él.

Kathy: Creo que alguien dijo una vez, tu ministerio es tu vida, y tu vida es tu ministerio. Por lo tanto, si estamos sentados a los pies de Jesús, como María, y siendo ministradas por Él, no creo que tengamos que estar trabajando a tiempo completo, como muchas personas creen, para tener un ministerio o ser líder de un estudio bíblico.

Nuestra vida es nuestro ministerio a quien quiera que sea que toque. Pero como lo hemos dicho aquí, si eso no lo está haciendo Dios, el fruto del Espíritu no puede manifestarse en nuestra vida para bendecir a otros.

Holly: Uno de los peligros es que yo le dedique mi energía a alguien más que no sea de mi propia casa, y descuide lo que está pasando en mi casa y me dedique a las necesidades para el bien del ministerio en algún otro lugar donde puedo conseguir más reconocimiento de lo que recibiría en mi propia casa.

Kim: Esto me recuerda un día realmente triste, un día cuando un hombre se acercó a mi esposo y a mí para consejería matrimonial, el fue solo, sin su esposa y nos dijo: «Ella está tan ocupada dando estudios de Biblia. Ella se dedica tanto tiempo durante el día estudiando la Biblia, yendo a grupos de mujeres y actividades de mujeres que no tiene tiempo ni siquiera para cocinar en su casa.»

Holly: Wao qué triste creo que fue Elisabeth Elliot quien dijo, «no estés tan ocupada leyendo tu Biblia que no veas el polvo debajo de la cama». Yo creo que para alguien que es una esposa y madre, eso es una crítica muy balanceada.

Nancy: ¿Pero no creen ustedes que es una tensión constante? La presión para hacer las cosas, las tareas, cumplir con nuestros quehaceres y todas las cosas de nuestra agenda, y el deseo de nuestro corazón de tener una relación más íntima con Cristo. Me parece que todos los días de mi vida hay una tensión entre mi intimidad con Cristo y vivir lo que es un corazón de sierva.

Kathy: Creo que eso es muy cierto también, pero el motivo de por qué sirvo, por qué quiero ir y servir, a veces, no es muy puro. Quiero ir y servir para que me den una palmadita en la espalda. Quiero ir y servir para que me pueda sentir bien conmigo misma. Pero realmente ir y servir con el motivo puro de decir, lo estoy haciendo para ti Señor, porque te amo. Y como Kim dijo, «quiero que esa persona te conozca. Quiero que esa persona vea a Jesús en mí».

Eso es un buen motivo en vez de querer yo el reconocimiento. Querer sentirme bien.

Nancy: Me encanta esa canción que Steve Green que dice, «amar al Señor nuestro Dios es el corazón de nuestra misión, la fuente de donde brota nuestro servicio”.

De nuestro amor hacia Él es de donde fluye nuestro servicio a los demás.

Holly: Y creo que eso es lo que hemos dicho de varias formas diferentes. Si no está fluyendo en primer lugar el amor a Cristo y lo que Él está haciendo en nuestras vidas, terminaremos enfocándonos en nosotras.

Kim: Y eso no es puro. Eso no es pura adoración.

Holly: Correcto.

Nancy: Eso es lo que hace que el servicio sea una carga.

Holly: Si nos enfocamos en nosotras.

Kathy: De esa manera, vamos a esperar que nos elogien, nos agradezcan, nos retribuyan. Todo se trata de mí.

Nancy: Ahí es donde el orgullo y el resentimiento se manifiestan.

Holly: Así es Nancy, como Martha en la cocina, golpeando el pan, diciendo: «¿Por qué nadie me ayuda?»

Kathy: Con lo de Stephanie, en un momento dado, antes de que supiéramos que era autista, nos dijeron que «tenía trastorno generalizado del desarrollo. Lo han llamado TGD». Al ir creciendo en la vida cristiana, creo que hay tres cosas que me llevan lejos del Señor, más que otra cosa. Orgullo, desobediencia y desconfianza.

Creo que nosotras, como cristianas tenemos esta discapacidad que nos hace tropezar.

Holly: Así es la tenemos. Y mientras estemos en estos cuerpos vamos a tener esta discapacidad.

Kathy: Y el orgullo es el primero que nos incapacita de tantas formas. Yo lo odio y Dios también. Recientemente, acabo de leer sobre Satanás cuando cayó del cielo, y la razón por la que esto sucedió fue por su orgullo. En esta porción de las Escrituras, hay siete razones por las que se le echó del cielo, y todas tienen que ver con el orgullo.

¿No es interesante que con lo que los seres humanos luchamos más es con nuestro orgullo, porque el enemigo ha estado alrededor desde el principio de los días sabiendo que este también era su problema?

Kim: Sabes es que pues está en nuestra carne por la caída. Queremos manejar nuestras vidas. Nosotras deseamos ser Dios. Quiero decir, que es la tentación que Satanás puso delante de Eva, porque esa fue la tentación en la que él cayó, el deseo de ser Dios. Su deseo de estar en control. Esa es la raíz del orgullo, y eso es lo que hay en nosotras.

Nancy: Tengamos en cuenta que Satanás fue un siervo de Dios en el cielo. Él estaba sirviendo al Señor. De cierta forma fue como el “director del coro” del cielo, y esta es una imagen de lo insidioso de nuestro servicio si estamos enfocadas en nosotras mismas.

Satanás dijo en esencia, y no es esto lo que sucede en la iglesia a veces en los programas de música: yo quiero ser el principal. Quiero conseguir toda la atención. Quiero mi nombre en ese letrero luminoso. Voy a ser como Dios. Seré semejante al Altísimo. Él se exaltaba a sí mismo.

Y nosotras nunca somos más como Satanás que cuando estamos sirviendo por un deseo de ser reconocidas, y nunca somos más como Jesús que cuando servimos sin necesidad de reconocimiento, sin buscar nuestra reputación, sólo queriendo dar la vida por Su bien y por bien de otros.

Holly: Yo estaba con una de nuestras familias que tuvo un nuevo bebé esta semana. Mientras observaba a aquel pequeño totalmente indefenso. . . La antítesis de ese orgullo es lo que Jesús hizo cuando vino como un siervo, como un líder servidor y se despojó de todo lo que tenía en el cielo de una forma muy humillante, como un bebé indefenso.

Y a lo largo de su vida, Él muestra exactamente lo contrario de lo que estamos hablando cuando hablamos de ese deseo de ser alabado, del deseo de ser el centro de atención. Él siempre, siempre estuvo ilustrando lo que significa liderar y ser un siervo al mismo tiempo. Lo podemos ver a lo largo de toda la Escritura.

Kathy: Una imagen perfecta de la humildad. ¿No es eso lo opuesto al orgullo? La humildad no significa destacar, ser reconocida. Cuando se ve de esta manera, lo que deseas no sólo es ser humilde. Quieres asegurarte de que estás haciendo las cosas con el motivo correcto.

Carmen: Esa fue Kathy Helvey, describiendo lo que significa servir como el Salvador. Ella vivió este mensaje hasta el día que el Señor la llamó a Su presencia en el 2010.

Ella estaba hablando con Nancy Leigh DeMoss acerca de lo que significa servir como el Salvador. Sus amigas Judy Hurt, Kim Wagner, y Holly Elliff también fueron parte de la conversación.

Si te has perdido algunos de estos programas, te invito a visitar www.avivanuestrocorazones.com. Allí podrás encontrar el resto de esta serie y otras de tu interés.

Mañana Nancy iniciará una nueva serie de un mensaje que dio en una de las conferencias Mujer Verdadera, llamado «Una Mujer Verdadera se une a la batalla» describiendo la valentía de Deborah que inspiró a los hombres alrededor de ella a confiar en Dios y a tomar acción.

Te esperamos mañana, en un nuevo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Un Siervo Para Tu Gloria (En Vivo), Sovereign Grace Music & La IBI, El Dios Que Adoramos (En Vivo Desde Por Su Causa 2012) ℗ 2013 Sovereign Grace Music

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

J24 – Siete retratos

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Sirve como el Salvador

J24 – Siete retratos

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/siete-retratos1/

Carmen Espaillat: Jesús lavó los pies de sus discípulos. ¿Cómo vemos esta acción en nuestra cultura? Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Estaríamos hablando de la persona en el hospital que vacía los orinales. Es decir, no se trata de una posición impresionante aquí. Estamos hablando de un trabajo denigrante, a nuestros ojos, humillante. ¿Y qué es lo que está diciendo Jesús con todo esto? «He venido a servir» lo que ÉL está haciendo con esto es elevando el servicio al trabajo más alto del universo, no hay vocación más elevada que la de servir.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Independientemente del trabajo que te toque desempeñar, ya sea que el mismo sea complicado, de poca importancia, sucio, que requiera de gran esfuerzo o aun te encuentres en una posición importante, puedes hacer el trabajo con un corazón de sierva. Nancy nos ayudará a ver esta idea de una manera más clara, en la medida en que continuamos con la serieSirviendo como el Salvador.

Nancy: Llevamos varias sesiones hablando del corazón de un siervo, de ser siervas del Señor, de servirnos las unas a las otras y cómo se ve el corazón de una sierva. Hemos revisado algunos ejemplos bíblicos de cómo responden los siervos ante diversas situaciones.

En la medida en que he estado desarrollando esta serie, he pensado en personas dentro de nuestro ministerio, en amigos y amigas que tienen corazones de siervos. Tengo una amiga que veo muy a menudo, y que invariablemente me dice “¿Hay algo que pueda hacer por ti?” y sé que lo dice de corazón. Tener amigos como ella es un reto y es también una bendición. Ese es el tipo de amiga que a mí me gustaría ser. Conozco algunas personas que realmente tienen un corazón para servir y estar cerca de ellas es una gran bendición.

Cuando pensamos en estas personas que tienen un corazón para servir, independientemente de las circunstancias y el tiempo, terminamos pensando en Aquél que tiene el corazón de siervo más increíble de todos —y ese es el Señor Jesucristo.

Quiero que tomemos una parte del tiempo de hoy para contemplar a Jesús, el Siervo de Dios y el Siervo del pueblo de Dios. Quiero que veamos siete ocasiones de la vida del Señor Jesús en que lo vemos sirviendo, porque el Servir no siempre se ve de la misma forma. Hay etapas de tu vida en que sirves de una forma distinta a como serviste en el pasado y/o servirás en otros momentos futuros.

Algunas de ustedes tienen niños pequeños están sirviendo hoy en día de una manera que puede ser diferente a la que servirán cuando se conviertan en abuelas o experimenten el síndrome del nido vacío. Otras de ustedes son estudiantes, y por lo tanto están sirviendo de una manera diferente hoy a la forma en que servirán cuando se conviertan en esposas o madres. Pero lo que quiero que veas es que un corazón de sierva se aplica en todas las etapas y en todas las situaciones de la vida.

Y esto es lo que vemos en Jesús a través de todo lo que leemos acerca de Él en las Escrituras. Vemos diferentes cosas que son verdad acerca de Él, pero lo que siempre es cierto es que Él es un siervo. Veamos estos siete retratos de cómo sirvió Jesús.

El primero, de manera muy interesante, se encuentra en el Antiguo Testamento, porque es allí, donde encontramos muchas profecías sobre la venida de Cristo. Particularmente en el libro de Isaías donde el profeta se refiere a Jesús como el siervo del Señor.

Ahora bien, cuando leemos el libro de Isaías vemos la frase “el siervo del Señor” y en algunas ocasiones se refiere al pueblo judío, el pueblo elegido por Dios. Dios los llama “mis siervos que yo elegí”. Pero en otras ocasiones la referencia es a Cristo, el Mesías. Por ello, en ocasiones tenemos que leer y entender el contexto para asegurarnos de a quién se está Dios refiriendo.

A través de Isaías sabemos que Dios ha llamado a Su pueblo a ser como Jesús. Todas somos llamadas a ser Sus siervas. Veamos parte de lo que dice el libro de Isaías al referirse a Jesús como el siervo de Dios.

Y voy a estar leyendo primero de Isaías capítulo 42, los versículos del 1 al 3 donde Dios dice,

He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo,
mi escogido, en quien mi alma se complace.
He puesto mi Espíritu sobre ÉL;
ÉL traerá justicia a las naciones.
No clamará ni alzará su voz,
ni hará oír su voz en la calle.
No quebrará la caña cascada,
ni apagará el pabilo mortecino;
con fidelidad traerá justicia.

Él será gentil, Él será bondadoso Él será tierno. Y en el versículo 4 de Isaías 42 nos promete que:

 No se desanimará ni desfallecerá hasta que haya establecido en la tierra la justicia…”

¿Qué es lo que Dios está diciéndonos? Jesús es Mi siervo. El Mesías que vendrá a la tierra vendrá a cumplir Mi propósito en este mundo. Él no se rendirá hasta que lo logre, y ese es el corazón de un siervo.

Luego, en Isaías 52 en el versículo 13 volvemos a leer “He aquí, mi siervo”, donde Dios habla refiriéndose a su hijo, “prosperará, será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado”. Hablando claramente de la exaltación de Cristo, pero mira el siguiente versículo, el versículo 14.

Isaías 52:14 : “De la manera que muchos se asombraron de ti, pueblo mío, así fue desfigurada su apariencia más que la de cualquier hombre, y su aspecto más que el de los hijos de los hombres.”

¿De qué nos habla esto? Esto hace referencia a la humillación de Cristo. El siervo que fue exaltado en los cielos, bajó a esta tierra, se humilló a sí mismo y fue desfigurado a golpes, fue torturado y experimentó persecución al ser llevado a la cruz. Cristo estuvo dispuesto a ser humillado. Cristo fue un siervo sufrido.

Nosotras queremos ser exaltadas, pero no queremos sufrir. Queremos ver nuestro nombre en el cuadro, como “Sierva de la semana”, pero no queremos la parte donde tendremos que sufrir, donde tendremos que sacrificarnos y soportar la humillación.

Entonces, el primer retrato que vemos del Señor como siervo se encuentra en el libro de Isaías. Encontramos que antes de venir a este mundo como ser humano, Él vivía en los cielos, Cristo era Dios y vivía con Dios, como el Hijo de Dios. Y fue identificado, por el Padre como el siervo del Señor.

Y me pongo a pensar lo asombroso que es ver que el Hijo de Dios, el soberano Creador y Dueño del universo estando dispuesto a ser un siervo sufriente. ¿No piensas que esto nos ayuda a estar más dispuestas a servir al darnos cuenta de que eso es lo que hizo Jesús? El Hijo de Dios —ÉL no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse sino que descendió y se hizo un siervo.

Ya vimos esta primera instancia desde la perspectiva del Antiguo Testamento en Isaías, ahora veámoslo en el Nuevo Testamento, leamos sobre el día en el que el siervo de Dios bajó de los cielos y bajó a esta tierra y se convirtió… ¡en un bebé, indefenso, dependiente, necesitado! Él tomó la forma de siervo. Él fue hecho en la forma de un hombre.

Filipenses capítulo 2 nos habla de esto. Al decirnos que tengamos un corazón de siervo.

Filipenses capítulo 2 de los versículos 3-7

Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, (ese no es el corazón de un siervo) sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, (no simplemente busques satisfacer tus propias necesidades) sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, (Él no se aferró a sus derechos como Dios, en cambio) sino que, se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.

Cuando celebramos Navidad, lo que estamos celebrando según los teólogos es la encarnación de Cristo. El hijo de Dios, el Verbo encarnado. Él no nació en el sentido terrenal como un rey o como una persona importante, o como un hombre rico o famoso. Él nació como un bebé humilde, para servir. Ese es el corazón de Jesús. Y este es el segundo retrato—La encarnación y que Él nació para servir.

Luego vemos la tercera imagen durante el ministerio de Jesús en la tierra. ¿Qué hizo Jesús durante los tres años de su ministerio en la tierra? Él caminó haciendo el bien, sirviendo a otros, alimentando, sanando, ministrando a las personas que se sentían solas, avergonzadas, con sentimiento de culpa, rechazadas o despreciadas, como los leprosos, las prostitutas, los ciegos, los sordos, los hambrientos y los oprimidos.

El Señor también ministró a aquellos que tenían una opinión elevada de sí mismos, pero que realmente tenían necesidades espirituales insatisfechas, como los fariseos y Nicodemo. A Él no le importó en qué etapa de sus vidas estuvieran, ni cuál era su posición social. Si tenían una necesidad, Él estaba dispuesto a llenar esa necesidad.

Jesús también bendijo a los niños. Y nadie valoraba a los niños. Vemos también a Jesús hablando con mujeres y nadie valoraba a las mujeres. Los rabinos importantes no perdían su tiempo con las mujeres o los niños. Pero Jesús no nació para ser un maestro importante. ÉL vino a servir.

Él dijo de sí mismo en Mateo capítulo 20 en el versículo 28 “así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido,” aunque Él definitivamente podía exigirlo. Él ciertamente era digno de toda la adoración y de que le sirvieran, pero no fue a eso a lo que Él vino. Él vino a servir.Diakonos, de donde viene la palabra diácono, ministrar, servir, atender a las mesas, tomar una posición insignificante, humilde, dando su vida en rescate por muchos.

No lo vemos tratando de que los demás le ministren, aun cuando hubo momentos en los que Él estuvo hambriento, momentos en los que sintió cansancio, momentos en los que se sintió solo. Sino que siempre lo vemos dando y dándose. Y ese es el tipo de corazón que yo anhelo tener. El corazón de Jesús.

Miremos ahora otro retrato. Este retrato toma lugar al final de la historia de Juan capítulo 13 cuando Jesús y sus discípulos vienen a la última cena. Jesús está preparándose para ir a la cruz, a entregar su vida. Y Juan capítulo 13 versículo 1 dice,

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

¿Y cómo mostró Él su amor? Anteriormente en esta serie dijimos que el ser un siervo fluye de un corazón amoroso y humilde. Jesús amó a sus discípulos, los que estaban preparándose para rechazarlo, para negarlo, para abandonarlo y correr por sus vidas. Él los amó. ¿Cómo lo mostró? Sirviéndoles.

En los versículos 2 al 5 de Juan capítulo 13 dice,

Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el que lo entregara, Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía, se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida.

Para nosotras hoy en día, es un poco difícil entender el significado de esta acción, porque no es algo que vemos en nuestra cultura. Nos subimos en el auto, nuestros pies tienen medias y zapatos, de modo que no es un gesto de amabilidad el que al llegar a la casa de alguien, quien nos reciba instruya a alguien o se dirija a nosotros para lavar nuestros pies antes de ofrecernos la cena. Pero en aquel tiempo, esto era muy importante, era parte de la cultura.

En el tiempo de Jesús, en el Medio Oriente se viajaba a pie de un lugar a otro y caminaban en la calles con sandalias por lo que sus pies se llenaban de polvo. Era una costumbre que al llegar a un lugar a cenar o cuando se reunían con otras personas, que existieran servidores cuyo trabajo era lavar los pies de los visitantes y como un gesto de cortesía y una forma de dar una cordial bienvenida, se acercaran a hacerlo.

Este no era un trabajo noble. Este era un trabajo inferior. Lo hacia el que tenía el puesto más bajo en la jerarquía, ese lavaba los pies. Es decir, no era un trabajo que nadie dijera, “cuando yo sea grande yo quiero ser el que lava los pies”. No era la aspiración de nadie. Era el trabajo de un sirviente. Era denigrante. Era responsabilidad de los sirvientes.

Y para Jesús, ¡lavar los pies de sus discípulos, era impensable!, Primero, porque daba la impresión que no había sirvientes allí. Ellos habían tomado el espacio prestado para tener allí la última cena juntos, y aparentemente cuando llegaron al lugar, no había un siervo que lavara sus pies. Así que uno esperaría que uno de los discípulos se hubiera ofrecido. Pero o no pensaron en ello, o pensaron que tal tarea estaba muy por debajo de su categoría, o cada uno estaba esperando que otro de los discípulos debía ofrecerse. Cualquiera que fuera la razón, nadie había lavado los pies.

Necesitaban lavarse los pies antes de reclinarse a comer. Y Jesús viendo que nadie más lo hacía – y me pregunto si Jesús estaba solamente esperando, ¿Cuánto tiempo esperó para ver si alguien pensaba en lavar los pies de los demás? Es decir, esto era una costumbre. No era algo que pudiera escapar de la mente de los discípulos.

De nuevo, Jesús ve una necesidad, no solamente pies sucios físicamente, sino que Él ve los corazones tienen que ser lavados. Y en este increíble acto de humildad, sin hacer mucho alarde del problema, Él simplemente, humilde y amorosamente, se quita Su manto, se pone una toalla en la cintura y se pone de rodillas, y de inmediato empieza a lavar los pies de sus discípulos.

El simbolismo aquí no se pierde en los discípulos. ¡Es increíble! Ellos ven a Jesús tomar el lugar del siervo, del siervo de menor jerarquía. Ellos llegaron a conocer a Jesús a lo largo de esos 3 años. Ellos conocían su trabajo, sus milagrosos. Ellos habían llegado a creer que Él era Dios. Ellos sabían que Él era el Hijo de Dios. Sabían que Él tenía poder para hacer los milagros. Sabían que había venido a redimir al mundo. Sabían que Él moriría por el pecado del mundo. Ellos no entendían del todo esto, pero ellos sabían que no se trataba de un hombre ordinario.

Habían aprendido a amarlo, a respetarlo, admirarlo y a seguirlo. Ellos entregarían sus vidas por este hombre. Y este hombre que ellos amaban, respetaban y adoraban estaba en el piso haciendo el trabajo de un siervo insignificante.

El equivalente de esta acción en nuestros tiempos es la persona que en el hospital vacía los orinales. Esto no es una posición impresionante. Este es un trabajo denigrante, humillante. ¿Y qué nos está diciendo Jesús con ello? «He venido a servir». Lo que Él está haciendo con esto es elevando el servicio, al trabajo más alto del universo. No hay vocación más elevada que la de servir.

Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto, y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; (estos son títulos respetables y honorables) y tenéis razón, porque lo soy. (Yo soy su maestro y su señor, así que noten lo que he hecho como su maestro y su señor)Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. (Juan 13:12-14)

No busquen otros siervos. No piensen que es la responsabilidad de otras. Díganse, “Ese es mi trabajo”. Miren a su alrededor, identifiquen las necesidades de los que les rodean y digan, “¿Qué puedo yo hacer para servir y ministrar esas necesidades?”

Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis… En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que lo envió. Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis. (Juan 13:15-17)

Te aseguro que serás bendecida. Por lo general pensamos, “si sirvo seré miserable. Si le sirvo a mi familia, si le sirvo a mi esposo…” El movimiento feminista ha vendido que el servirle a tu familia es despreciable. Pero Jesús dijo, “Serás bendecida si sirves”.

Serás bendecida si le sirves a tu esposo. Serás bendecida si le sirves a tus hijos. Serás bendecida si le sirves a tus padres. Serás bendecida si le sirves a tu jefe. Serás bendecida si le sirves a tus compañeros de trabajo. Serás bendecida si le sirves a los niños del área de cuna, a tus hermanos en tu iglesia, ese es el trato especial que Dios te pide que adoptes. Serás bendecida porque, cuando sirves, te pareces a Jesús.

Pero Jesús no se detuvo ahí. En el siguiente punto acerca de una sierva del Señor, el Señor Jesús, unas horas más adelante fue a la Cruz. Y Filipenses capítulo 2 versículo 8 nos dice, “Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Porque Jesús no fue y simplemente murió como un mártir, sino que voluntariamente entregó su vida para morir como si fuera un criminal, avergonzado, reprochado, en medio de burlas y ridiculizado? ¿Por qué lo hizo? Porque Él es un siervo. Él es el siervo del Señor, y Él es el siervo del pueblo de Dios. ÉL vino, no a ser servido, sino a servir.

Y quizás dices, “Si le sirvo a todo el mundo a mi alrededor como ellos esperan ser servidos, ¡me matará! ¿Sabes qué? Probablemente no. Pero si te mata, morirás siguiendo los pasos de Aquél que entregó su vida por ti. Y Él te pide que mueras – a tu reputación, a tus derechos, a tus deseos, a tus propios planes. De lo contrario, lo que viene a tu pensamiento es: “Yo quiero que alguien me sirva a mí”, y esto especialmente en nuestros hogares.

De nuevo, Jesús no terminó de servirnos cuando fue a la cruz. Luego de la resurrección vemos a Jesús en dos ocasiones preparando y sirviendo alimentos a sus discípulos. Lo vemos en Lucas capítulo 24. Lo vemos también en Juan capítulo 21. ¡Jesús preparando un pescado para el desayuno de sus discípulos en la playa! ÉL buscó los alimentos, los preparó y se los sirvió.

¿Qué está Él demostrando? Que ahí estaba el Glorioso, el Cristo resucitado, levantado de la muerte sirviendo a sus discípulos. ¿Te santifica el servir las comidas para tu familia?

Si lo piensas, Jesús solo tenía 40 días en la tierra, después de resucitar y antes de ascender al cielo, y Él se tomó el tiempo para preparar y servir alimentos. ¿No te parece eso algo increíble? Él santificó para siempre todo servicio que hagamos en su nombre, no importa que tan insignificante o trivial pueda parecer.

Pero de nuevo, Jesús no termina de servir ahí. Filipenses capítulo 2 nos dice que “ Él hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, 10 para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra.” Y ahora es el exaltado siervo de Dios. ¿Pero sabes qué? ÉL no ha terminado de servir. Cuando ÉL regrese a la tierra, las Escrituras dicen que Él servirá a sus siervos fieles.

Que pensamiento tan increíble leemos en Lucas capítulo 12 versículo 37. “ Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá.” Es una imagen como la que se presentó en la Última Cena, ¿no te parece? Él se puso una toalla en la cintura. “se ceñirá para servir, los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá.”

No te parece asombroso pensar que en el regreso de Jesús, si hemos sido sus siervas fieles, si hemos servido fielmente a los demás, si le hemos servido fielmente al Señor, que de nuevo Él se vestirá de siervo, tal como lo hizo en la Última Cena, y nos servirá a nosotras.

Me pregunto si nos sentiremos pequeñas como Pedro. “Señor, ¿tú lavarme los pies a mí?” Jesús quiere servir. Él se goza en servir. ÉL recibe plenitud al servir. ÉL cumple su misión al servir. Él ha sido siervo desde la eternidad pasada. Él fue siervo en su encarnación y en sus años de ministerio terrenal, en la Última Cena y cuando fue a la cruz y después de la resurrección antes de ascender. Y aun cuando regrese como el Rey del universo, seguirá siendo un siervo.

¿Sabes lo que esto me dice? Nunca nos parecemos más a Cristo que cuando somos siervas. Nunca te pareces más a Jesús que cuando tomas una toalla, una vasija de agua y dices “Déjame lavar tus pies”.

Carmen: ¿Estás lista para tomar el importante título de sierva? Nancy Leigh DeMoss ha estado mostrándonos porque la actitud de sierva es tan importante, en la serie, “Sirviendo como el Salvador”.

Si no hubiera personas sirviendo fielmente, no habría Aviva Nuestros Corazones. Cada día equipos de personas están traduciendo este programa, editando, grabando, escribiendo, desarrollando recursos para el portal y transcribiendo las enseñanzas de Nancy.

Y otras personas – de hecho, oyentes como tú – nos sirven a través de oración por este ministerio o aportando ayuda financiera al ministerio.

Si Dios está usando Aviva Nuestros Corazones en tu vida, ¿considerarías ayudar a mantener el ministerio con una donación de cualquier monto? Visita AvivaNuestrosCorazones.com y haz tu aporte allí.

¿Alguna vez has sentido que Dios te está pidiendo más que a otros? Nancy nos dará una importante perspectiva en el día de mañana. Por favor, acompáñanos de nuevo en Aviva Nuestros Corazones.

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