27/41 – Filipenses 27 – El Apostador

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

27/41 – Filipenses 27 – El Apostador

Stephen Davey

Texto: Filipenses 2:19,23-24 Frecuentemente, la vida va en direcciones muy distintas a las que planeamos o aún queremos. En este programa aprenderemos el balance entre hacer planes para nuestra vida y descansar en los planes de Dios. Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

https://www.sabiduriaespanol.org

¿El matrimonio impide tu relación con Dios?

Got Questions

¿El matrimonio impide tu relación con Dios?

El asunto de que el matrimonio puede interferir con el servicio a Dios era una preocupación de Pablo en 1 Corintios 7. Debido a esto, él afirmó que es mejor para una persona soltera permanecer como él era — soltero. Pero él comprendió que la capacidad de manejar una vida sola sin «quemar» con pasión no fue un don dado a todo el mundo (los versículos 7-9). En los versículos 32-35, Pablo afirma que los solteros son capaces de servir al Señor de una manera «sin congoja», porque no necesitan enfocar una parte de sus vidas en agradar a sus cónyuges. Pero también afirmó que, ya sea casados o no, deberíamos concentrarnos en servir a Cristo (los versículos 28-31).

Pero el hecho de que Jesús no llamó sólo a solteros — y de hecho seleccionó a Pedro, un hombre casado, como uno de los tres discípulos más cercanos (Mateo 8:14) — indica que el matrimonio no tiene por qué ser un obstáculo para la intimidad con Cristo. Asimismo, en el Antiguo Testamento hay dos individuos (entre otros) que eran íntimos con Dios. Uno era Daniel; otro era Moisés. Uno era soltero; uno estaba casado. Por lo tanto, el matrimonio no fue un factor en la determinación de intimidad con Dios.

La clave para que el matrimonio no impida la intimidad con Cristo es estar seguro de casarse «en el Señor» (1 Corintios 7:39) o, para decirlo de otra forma, no entrar en un yugo desigual (2 Corintios 6:14) al casarse con un incrédulo, o un creyente que no tiene la misma base doctrinal o el mismo deseo de servir a Cristo de todo corazón. Si uno se casa «en el Señor», la Escritura promete los beneficios de un buen compañero (Proverbios 27:17; Eclesiastés 4:9-12), y el cónyuge se convierte en una ayuda y estímulo en su caminar con Cristo.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

20 – La ley, el pecado y la muerte | Romanos 7:7-13 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

20 – La ley, el pecado y la muerte | Romanos 7:7-13

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org/sobre-nosotros/

55 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 3

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

55 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 3

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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A27 – Cómo controlar tu lengua

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A27 – Cómo controlar tu lengua

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Carmen Espaillat: ¿Cómo saber si estás a punto de chismear? Nancy Leigh DeMoss tiene este consejo.

Nancy Leigh DeMoss: Pregúntate esto: ¿Es la persona a quien le estás contando parte del problema o parte de la solución? Si no es parte del problema y tampoco parte de la solución, entonces es probable que sea algo que no debas estar diciendo.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

La difamación o calumnia es un asunto serio. Eso fue lo que descubrimos en nuestro programa anterior a través de Tito 2. El pasaje vincula la calumnia con el diablo. Hoy Nancy continúa la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer y explica cómo evitar la difamación.

Nancy: Muchas de ustedes están familiarizadas con el nombre Jonathan Edwards. Saben que fue uno de los hombres que Dios usó de forma significativa en el primer gran avivamiento en los 1700. Él fue pastor, autor, un gran pensador y evangelista.

Su esposa fue Sarah Edwards y quizás has oído hablar o has leído acerca de ella. Ella fue la madre de sus once hijos. Y en la introducción de las “Obras de Jonathan Edwards”—compiladas en dos volúmenes inmensos y maravillosos— encontramos un bosquejo biográfico de Jonathan en él que habla de un poco sobre Sarah Edwards y de su matrimonio con Jonathan.

Una de las cosas que decía de Sarah me impactó mientras pienso en todo esto de cómo usar la lengua. Decía:

“Sarah se hizo una regla de hablar bien de todos, dentro de sus posibilidades, con verdad y justicia para sí y para los demás. No era propensa a deleitarse en las imperfecciones y fracasos de nadie y, cuando oía a otros hablar mal de otros, ella decía lo que consideraba apropiado con verdad y justicia en su defensa o desviaba la difamación mencionando las cosas que eran encomiables de esas personas.”

En otras palabras, si escuchaba a alguien decir algo poco amable acerca de otra persona, ella trataba de cambiar la conversación o de desviarla haciendo comentarios alentadores acerca de la misma persona.

Continúa diciendo: “Ella podía soportar injurias y reproches con gran calma —nunca devolviendo mal por mal— muy por el contrario, siempre estaba dispuesta a extender misericordia y a perdonar a aquellos que parecían ser sus enemigos”.

¡Qué testimonio! ¿Qué tal si dijeran lo mismo de ti? ¡Qué compromiso el de hablar bien de todos! Eso es lo que dicen las Escrituras que debemos hacer.

Estamos en Tito, capítulo 2. Y espero que mientras estudiamos esta larga serie lean Tito ustedes mismas y, en particular, que memoricen y mediten sobre estos versos del capítulo 2. En el versículo uno, Pablo le dice a Tito que debe enseñar lo que está de acuerdo con la sana doctrina. ¿Cómo luce la sana doctrina y el correcto pensamiento bíblico en el contexto de la vida diaria de la vida cotidiana como creyentes y en el contexto de la iglesia local?

Y, en el verso 3, vemos cómo luce para las mujeres de más edad. Primero hablamos de hombres maduros y luego, de mujeres maduras o ancianas—ya llegaremos a las más jóvenes en un corto tiempo. Pero ahora, él está hablando del carácter de las mujeres ancianas, y dice (acerca de la sana doctrina que debe reflejarse en ellas) que deben tener una conducta reverente y no ser calumniadoras.

Esa es la descripción de cómo deben ser las mujeres cristianas de más edad y no solo ellas; esto incluye a las mujeres más jóvenes este texto trata específicamente de la difamación o la calumnia, pero como he venido diciendo, más abiertamente, pienso que él se está refiriendo a los pecados de la lengua en general:

● chismear

● palabras vanas

● mentir

● propagar habladurías (hablar a espaldas de las personas)

● calumniar

● jactarse

● maldecir

● o hablar maliciosamente

Toda esta familia de pecados de la lengua, o la calumnia a la que hicimos referencia en la sesión anterior, están contenidos en el libro “Pecados Respetables” de Jerry Bridges. Éstos son pecados que consideramos respetables, pero Jesús los pone en la misma categoría junto con los pecados de adulterio, asesinato y borracheras. Él los pone todos juntos. Son pecados de la lengua.

Hemos hablado de a qué se parece la difamación, lo que es y los pecados relacionados como divide como destruye pero en esta sesión quiero enfocarme en cómo ser una mujer que no calumnia. Esa verdad se aplica a todas nosotras.

Entonces ¿Cómo convertirnos en mujeres que no pecan con la lengua, cuyas palabras no causen división ni destrucción? Déjenme darles algunas sugerencias, siete para ser exacta, Todo este material lo pueden encontrar en la transcripción; quizás la puedan imprimir o escribirlas en una lista que les ayude luego a recordarlas.

Primero y ante todo, si has sido culpable de difamar, de hablar con maldad o de chismear, humíllate. Reconoce el hecho de que has calumniado; de que has destruido con tus palabras. Hay dos direcciones ante las cuales necesitamos humillarnos—en nuestra relación vertical con Dios y en nuestra relación horizontal con los demás.

Primero y antes que todo, si has difamado o hablado de otros con malas intenciones, dile a Dios la verdad. Él lo sabe, Él lo sabe todo pero reconócelo y confiésalo a Dios.

● Reconoce los pecados de tu lengua—lo que has dicho.

● Reconoce los pecados de tu corazón—lo que causó que dijeras esas cosas. No solamente “Yo difamé, hablé con maldad o chismeé”, pero ¿qué había en mi corazón que causó que lo hiciera?

● Confiésale a Dios la raíz de todo ello—el orgullo, los celos, el deseo de verme mejor, la comparación, el espíritu competitivo, las actitudes pecaminosas que subyacen en el corazón.

Sé honesta con Dios. Dile, “Señor he calumniado; he sembrado discordia entre creyentes.” Eso es, por cierto, una de las siete cosas que Dios aborrece. Es abominación para Dios el que usemos nuestras lenguas para sembrar discordia entre creyentes. ¿Con qué frecuencia hacemos esto en nuestros lugares de trabajo, en nuestras casas, o en nuestras iglesias? Confiésalo humíllate. Reconócelo ante Dios.

Y luego, humíllate frente a otros. Eso está bajo el primer paso de humillarnos. Regresa y confiésalo a la persona con quien hablaste. Te digo algo, si te propones de corazón regresar y reconocer que has difamado o que has hablado mal y chismeado y buscas el perdón, eso acabaría con tu hábito porque te cansarías de tragarte tus palabras, de tener que regresar de nuevo y humillarte ante otros. Proponte ir a esa persona con quien hablaste y humíllate.

Ahora déjame decirte que, quizás también necesitas buscar el perdón de la persona sobre quien has estado hablando. Podrías haber hablado mal y difamado a tu marido ante tus hijos, por ejemplo. Claro está, tendrías que ir a donde tus hijos y confesar lo que hiciste, pero también donde tu marido si es que has causado que los hijos le hayan faltado al respeto. Si has minimizado su autoridad y liderazgo dentro de la familia, tienes que ir y buscar su perdón.

Humíllate. Podrías haberle hecho eso a tu pastor. Podrías haberle restado eficacia a él o al liderazgo de otra persona. Devuélvete, humíllate y busca su perdón.

Hace unas semanas atrás, una mujer solicitó una reunión conmigo y le respondí, “Claro, estoy más que dispuesta para hablar”. Nos sentamos juntas y empezó a sollozar mientras me explicaba una situación (de la que ya yo sabía algunos detalles). A ella la hirieron y ese dolor se tornó en decepción, en amargura y en rabia en su corazón. Había sacado conclusiones, basadas en información parcial, sin tener todos los hechos —raramente los tenemos todos— y ella se sintió ofendida.

Como resultado de esa rabia y de esa amargura en su corazón, había difamado a esas personas y Dios le había dado convicción por esto. El Espíritu Santo estaba trabajando en su corazón y —al momento de venir a mí— estaba quebrantada. Hablamos y oramos juntas. Fue maravilloso ver con cuánta seriedad se tomó el pecado de amargura, de la ira y de la calumnia.

Ahora bien, déjenme decirles que —basada en mi perspectiva de la situación— ella estaba menos mal que algunas de las personas involucradas y ella empezó diciéndome “No estoy aquí para hablar del pecado de otros. Estoy aquí para hablar del mío. Quiero lidiar con mi propio pecado”. Y mientras la escuchaba —mi corazón se rompía porque sentí que ella había quedado atrapada en medio de un fuego cruzado de pecados ajenos— pero fue sabia al no culparlos sino asumir toda la responsabilidad, quebrantándose y humillándose ante Dios y ella me preguntó ¿qué debo hacer?

Antes de que terminara nuestra conversación, le dije “Para empezar, ¿estarías dispuesta a hablar con una de esas personas?” y me respondió con un, “Sí, claro lo estoy”. ¿Te gustaría que llamara a esas personas y ver si se pueden reunir con nosotras ahora mismo? y ella respondió, “Sí, quiero lidiar con esto ahora mismo”.

Hice una llamada. Uno de esos individuos vino y se reunió con nosotras en cuestión de minutos. Esta mujer le derramó su corazón a esta persona y le dijo lo que me había dicho a mí. Le dijo, “He pecado contra ti. Te he difamado. He acumulado amargura en mi corazón. He restado autoridad a tu liderazgo. ¿Podrías por favor perdonarme?” y fue tan hermoso ver a esa persona concederle gracia y perdón a esta mujer. Y observé mientras se llevaba a cabo la reconciliación. La difamación divide, pero hablar la verdad, en humildad, une a las personas.

Esta mujer salió de aquel lugar y fue y habló con las dos o tres personas involucradas que faltaban. Ella fue donde cada individuo y le dijo, “Quiero hacer restitución”.

Hablé con ella recientemente y le pregunté: “¿Cómo estás?”, y me respondió, “La amargura se fue. Se fue toda”. Ella tenía esa ponzoña, ese dolor, esa herida en su corazón, pero al tomar los pasos para enfrentar sus actitudes y pecados de la lengua, Dios —a través de Su Espíritu— removió toda la amargura y la liberó.

Quizás tengas a algunas personas a quienes tengas que dirigirte y decirles “He pecado contra ti con mi espíritu, y con mi lengua. He socavado tu liderazgo”. Ve y habla con las personas a quienes has criticado y haz de la humillación un hábito si has sido culpable de la calumnia, si has sido culpable de hablar maliciosamente o de chismear.

Y luego, número dos: elimina la difamación y el hablar malicioso de tu vocabulario. Creo que necesitamos tener tolerancia cero cuando de difamación, habladurías mal intencionadas y de chismes se trata. Eso se aplica tanto a los cristianos en la iglesia como en todas nuestras relaciones. Pablo dice en Efesios 4:31, «Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia”. Todo. Elimínalo.

Y nota, por cierto —en ese pasaje, que la amargura es una raíz pecaminosa que frecuentemente conlleva a pecados de la lengua. Por lo que no simplemente elimines los pecados de la lengua, elimina la amargura de tu corazón. Deshazte de la amargura no te aferres a ella. Suéltala.

Ahora, ¿Qué queremos decir con esto que debemos tapar el pecado? ¿Qué haces si te percatas del pecado en la vida de otro? Creo que es una pregunta importante porque la gente sí peca contra nosotras y —en la ilustración que les di de la mujer que vino a verme— hay pecados que otros han cometido.

Aquí están algunas preguntas que debemos contestar a medida en que pensamos en los pecados de otros y en cómo nos afectan:

• ¿Has orado por ellos?

• ¿Cuál es tu motivación al hablar de eso?

• ¿Quieres verlos restaurados?

• ¿Te importa su restauración espiritual o solamente quieres ponerlos en evidencia; solamente quieres herirlos; solamente quieres castigarlos?

• Si eres parte de la vida de esa persona, si tienes una relación y eres parte de su círculo de amistades, ¿qué debes hacer?

De acuerdo a Mateo 18:15 y a Gálatas 6:1, debes ir a esa persona. No vayas a otra persona. Ve donde la persona que haya pecado contra ti y te haya hecho algún mal. Háblale y busca la reconciliación.

Hazte esta pregunta: El decírselo a alguien, ¿contribuye a redimir este pecado? Pudiera ser así, y esa sería otra serie completa, pero en algunos escenarios y situaciones eso podría contribuir a redimir este pecado y quizás sea necesario y bíblico el que hables con otra persona acerca de la ofensa.

Podría ser acertado el hablar con tu pastor o ancianos acerca de ciertas situaciones, o hasta llamar a la policía, o decirle a tu marido algo que esté pasando en la vida de alguno de tus hijos adolescentes. Hay situaciones donde es apropiado —cuando se ha roto la ley, cuando vidas podrían verse amenazadas o cuando hay un mandato bíblico explícito para ese tipo de situaciones—, pero el motivo debe ser, no su daño, sino su restauración. Tú estás tratando de edificarlos; estás tratando de salvarlos. Quieres ver restaurado al que ha hecho mal.

Por lo que pregúntate esto: ¿Es la persona, a quien le estás hablando parte del problema o parte de la solución? Si no es parte del problema y tampoco parte de la solución, entonces es probable que sea algo que no debas estar diciendo.

Leí, en una discusión sobre este tema, que alguien escribió esta regla o política, una guía para todo este asunto de la difamación o del hablar maliciosamente. Esta persona dijo:

“No pases información derogatoria o poco halagadora acerca de alguien a menos que la Palabra de Dios te esté dando la autoridad y la responsabilidad específicas para hacerlo. Así también la persona a quien le estás informando debe tener una responsabilidad en esta situación y por tanto necesidad de saber esta información.” 1

En otras palabras, y dicho de forma elocuente, “si la persona no es parte del problema ni de la solución, no le digas”.

Por cierto, no es solo lo que decimos verbalmente —como les indiqué en la última sesión— tenemos que ser cuidadosas de no difamar, chismear y hablar con malicia cuando se trata del uso del Internet. He visto una y otra vez el daño que se puede hacer cuando se reenvían correos:

“¿Viste esto? ¿Oíste aquello?” Tenemos cantidades masivas de esos correos. Me los envían con frecuencia. ¿Para qué estamos haciendo circular estos mensajes en Internet? Y, tengo que confesar, que yo lo he hecho. Tenemos que buscar en nuestros corazones y decir “¿Es correcto? o ¿Estoy haciendo lo malo y divisivo contra Dios y otros creyentes?”

No solo necesitamos eliminar la calumnia y el hablar con malicia, pero (en tercer lugar) tenemos que mostrar buen corazón y usar palabras bondadosas con amor, con gracia y con perdón. No solo elimina la difamación, sino reemplázala con un corazón bondadoso, lleno de gracia y amor. “Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo”. Sé intencional al hablar de los demás con palabras que edifiquen, construyan y pongan a otras personas bajo una luz positiva.

Y luego, número cuatro: trae tus pensamientos bajo el control del Espíritu. Esos pensamientos críticos, que buscan las faltas en los demás; pensamientos que salen en forma de palabras. Necesitamos crucificar esos pensamientos; traerlos cautivos a la obediencia de Cristo. Tenemos que ser intencionales acerca de ver a otras personas —en especial si son creyentes— y cualquiera que es creado por Dios con ojos de gracia y misericordia. Recuerda lo mucho que necesitas la misericordia de Dios. Recuerda dónde estarías sin la gracia de Dios. Tenemos que ser cuidadosas con esta curiosidad impía, ese deseo de saber cosas sobre otras personas. Trae esos pensamientos cautivos y frénalos. El Salmo 19:14 dice, «Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía y redentor mío». Coloca tus pensamientos bajo el control del Espíritu.

Luego, número cinco: habla menos. Muy simple. Proverbios 10:19 dice,

En las muchas palabras, la transgresión es inevitable En las muchas palabras, la transgresión es inevitable [¿entendiste eso? La transgresión es inevitable. Vas a pecar si hablas demasiado. Yo voy a pecar, y peco cada vez que hablo demasiado.] Más el que refrena sus labios es prudente.

En Santiago 1:19b, dice “Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira.”

Di menos y tienes menos chance de pecar. Mientras más tiempo pases hablando por teléfono, mientras más tiempo pases conversando con otros, tienes que ser cuidadosa, especialmente si eres de las que habla mucho o la persona con la que conversas lo es. Aprende a frenar tus labios, a guardar confidencias, a no repetir cosas que no tienes libertad de repetir, y ¿si no estás segura? no lo digas. No hagas preguntas innecesarias de las que husmean y te llevan a conversaciones que no debes tener.

Número seis: Piensa antes de hablar. Pregúntate este tipo de cosas:

● ¿Es verdad?

¿Me consta que los hechos son verdaderos? Esto es muy importante. Cuando oyes acerca de un conflicto y sólo estás escuchando una de las campanas, recuerda que sólo estás escuchando una campana. «El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza». No conoces todos los hechos si solo has escuchado a una persona describir la situación.

No puedo decirte cuántas veces he escuchado a un esposo describir las frustraciones acerca de su matrimonio; a una esposa describiendo las frustraciones del suyo y luego pienso “Estos son dos matrimonios distintos, dos perspectivas totalmente diferentes.” Si sólo escuchas un lado, entonces no sabes que lo que estás escuchando es la verdad. No asumas que es todo el cuadro. Pregunta:

● ¿Será verdad?

● ¿Es bondadoso?

● ¿Edificará a la persona de quien hablo?

● ¿Es necesario?

● ¿Debería saber eso la persona con la que hablo?

● Si fuera acerca de mí, ¿querría compartirlo con alguien más?

Esta próxima eliminaría mucho de lo que decimos:

● ¿Me importaría si la persona de quien hablo estuviese aquí presente aquí mismo? ¿Estaría dispuesta a decírselo a la cara?

Por eso es que el salmista oraba diciendo «Señor, pon guarda a mi boca; ¡vigila la puerta de mis labios!” (Salmos 141:3). Piensa antes de hablar.

Número siete: rehúsa escuchar los chismes y las calumnias acerca de otros. Rehúsa escucharlo. No sólo de comentarlo, sino de escucharlo.

En 1ra de Samuel 24:9 David le dijo a Saúl, quién estaba a punto de destruirlo: “¿Por qué escuchas las palabras de los hombres que dicen: ‘Mira que David procura tu mal’?” ¿Por qué les das oído? Saúl escuchaba a quienes se lo decían. Él creía lo que oía y, como resultado se propuso destruir a David. No lo oigas. Dirige la conversación hacia otro tema o dale un giro favorecedor hacia la persona de quien te están hablando.

Ahora lo que necesitamos es que Dios traiga este asunto a casa, a nuestros corazones, y traiga convicción y nos cambie donde sea necesario. Hemos dicho que la palabra para “calumniar” es diábolos. Es un nombre para Satanás—él nos acusa delante del Padre, nos condena, miente acerca de nosotras. Él nos acusa.

Pero, por otro lado, tenemos también quien abogue por nosotras. En 1ra de Juan 2:1 dice: “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” ¿Ves? Jesús, como Satanás, sabe que hemos pecado, sin embargo, nos defiende ante el Trono de Dios. Él ruega ante Dios por nosotras; lo hace basado en su muerte sacrificial en la cruz por nuestros pecados.

Cuando hablas acerca de otros creyentes, ¿les acusas como lo hace el maligno o les defiendes como Jesús hace contigo? ¿Estás siendo como Jesús o como Satanás?

No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan.

Ahora la tendencia, cuando se presente algo así, podría ser “Bueno, entonces no voy a decir nada. No voy a poder abrir la boca”. Esa no es la respuesta adecuada tampoco. Es cierto que las palabras pueden ser usadas para destruir, pero las palabras también se pueden usar para dar ánimo, para fortalecer, para edificar a otros, por lo que usa tu lengua para ese propósito. Piensa en toda la gracia que has recibido de Dios y de otros y, luego, usa tu lengua para ministrar la gracia a otras personas así como tú la has recibido.

Carmen Espaillat: Aunque tu lengua haya estado fuera de control, Nancy Leigh DeMoss te ha estado dando esperanza. Las cosas pueden cambiar. No solo puedes aprender a morderte la lengua; puedes aprender a usarla para bendecir a otros. Es una lección importante de nuestra serie titulada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy va a orar con nosotras en un minuto, pero antes queríamos invitarte a escribirnos al final de la transcripción en la página con cualquier comentario o pregunta ,Tito 2 nos dice que las mujeres sabias no deben ser adictas al mucho vino. ¿Cómo vives esto hoy? Recibe consejo bíblico acerca de ello cuando Nancy regrese en el próximo programa. Ahora está de vuelta para cerrar en oración.

Nancy: Oh, Señor, guarda nuestros corazones; guarda nuestras lenguas y ayúdanos a ser abogados aun para aquellos que nos han fallado, como Jesús lo hace con nosotras, en lugar de ser acusadoras de los hermanos como lo hace Satanás perpetuamente. Oh Señor lávanos. Límpianos. Renuévanos, y cámbianos. Que nuestras lenguas ministren gracia para con quienes hablamos y de quienes hablamos y oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

¿Por qué es mejor que Cristo se haya ido (Juan 16:7)?

Soldados de Jesucristo

¿Por qué es mejor que Cristo se haya ido (Juan 16:7)?

John Piper Responde

Episodio 39

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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A24 -Tus palabras revelan tu corazón

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A24 -Tus palabras revelan tu corazónel hermoso

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Tus-palabras-revelan-tu-corazon/

Carmen Espaillat: De acuerdo a Nancy Leigh DeMoss, tus palabras son serias.

Nancy Leigh DeMoss: Alguien ha tildado a la calumnia y al chisme malicioso como homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien—estás cometiendo homicidio verbal, calumniando. Destruye vidas; destruye familias; destruye relaciones. ¿Cuántas veces he contribuido yo a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Un hermoso diseño no se trata primordialmente de la ropa o la decoración. Tito nos dice lo que verdaderamente es el hermoso diseño, como ha sido definido por el máximo Diseñador. Nancy nos ha estado explicando este pasaje y continúa con un componente importante para la belleza de un creyente—sus palabras dulces y suaves.

Nancy: No te puedo decir que tan a menudo me sucede que cuando estudio y me preparo para enseñar algo en Aviva Nuestros Corazones, Dios usa ese mismo estudio para atravesar y penetrar mi propio corazón y traerme convicción. Esto ciertamente ha sido cierto con esta serie en Tito 2, y particularmente con el versículo que estamos viendo en Tito capítulo 2 acerca de que las mujeres no sean calumniadoras.

Pablo le dice a Tito en Tito capítulo 2,versículo 1, “Enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Enseña a la gente cómo vivir de una manera que es consistente con lo que ellos creen.

Y luego él le dice en el versículo 3, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras”. Dijimos que la palabra calumniador aquí es la palabra griega diabolos.

Es una palabra que cuando se usa en la Escritura, usualmente se refiere a Satanás. Pero en ocasiones, esta palabra es usada también para referirse, no solo a Satanás, sino a la persona que actúa como Satanás, porque ellos calumnian, acusan y hablan mentira.

Matthew Henry es un gran comentarista del pasado, y él dijo:

“La calumnia es una falta grave y muy común. No solo es hablar de más, sino que es hablar mal de las personas y separar amigos. Un calumniador es uno cuya lengua está prendida con fuego del infierno. De tal forma y de tantas maneras hace el trabajo del diablo—que por eso se le da el nombre de ‘diablos’ a estas personas”.

Nunca somos más como el diablo que cuando hablamos cosas que no son ciertas o que son calumnias o que son maliciosas.

Dijimos en la última sesión que la calumnia incluye el regar un reporte falso acerca de alguien. Específicamente, la calumnia se refiere a decir algo que no es cierto; que es falso. También puede incluir el esparcir información dañina acerca de otra persona, y esa es una variación, un primo, por así decir, de la calumnia. La Escritura le llama chisme—es regar cosas acerca de alguien que son dañinas.

Algunas de sus traducciones, en lugar de la palabra “calumnia” se referirá a “chismes maliciosos”. Eso tiene que ver con regar la verdad con intención de dañar a alguien. De manera que lo que estarías diciendo, aunque pudiera ser cierto, lo haces con la intención de dañar a alguien.

Te diré algo más que me causó convicción mientras estaba estudiando este tema. La calumnia puede incluir simplemente asumir negativamente sobre las motivaciones de alguien—diciendo algo acerca de lo que hay en su corazón o dando razones de por qué hicieron lo que hicieron, cuando en realidad no sabemos. No conocemos su corazón. No conocemos sus antecedentes. No conocemos sus circunstancias. Rara vez tenemos todos los hechos, y muchas veces sacamos conclusiones acerca del comportamiento de alguien o del carácter de alguien sin conocer lo suficiente como para hablar. Aun si supiéramos lo suficiente como para hablar, ¿acaso es algo constructivo o edificante como para decirlo?

Así que cuando Pablo dice que las ancianas no deben ser calumniadoras, está diciendo que debemos rehusarnos a escuchar o a esparcir reportes o historias acerca de otros que son falsos o que son dañinos. No lo escuches; no lo digas a nadie más si no es cierto o si es dañino.

Recientemente he estado leyendo un libro por Jerry Bridges llamado “Pecados Respetables”. Le he estado pidiendo al Señor que hable a mi vida y a mi propio corazón acerca de pecados que puedan estar en mi propia vida que no son los pecados obvios y grandes que a menudo pensamos cuando decimos “pecados”. Él habla acerca de pecados respetables, y tiene todo un capítulo acerca de los pecados de la lengua. En ese capítulo, él incluye la mentira y el lenguaje áspero o criticón o burlón. En mi opinión, todas estas cosas caen bajo lo mismo que Pablo está advirtiendo aquí.

Como mujeres, tenemos que ser cuidadosas de no pecar con nuestras lenguas. Es interesante que las mujeres en particular somos exhortadas a evitar este pecado, y tenemos que preguntarnos, “¿Por qué?” Bueno, pienso que los hombres —a la hora de ser abusivos— son más inclinados a formas físicas de abuso.

En mi familia hay cuatro mujeres y tres hombres .Y cuando éramos pequeños, si los niños se portaban mal, lo hacían pegando. Lo hacían de forma física. Los hombres son físicos. ¿Pero cómo lo hacen las mujeres? Muy a menudo lo hacemos con nuestras lenguas. Somos más inclinadas a ser verbalmente abusivas, pero ¿podría sugerir que nuestro abuso verbal no es menos destructivo que el de los hombres, cuando quizás se tiran o se pegan el uno al otro? Así que Pablo les dice a las mujeres, “No sean calumniadoras”.

Es una advertencia en contra de pecar con nuestras lenguas—en contra de decir lo indebido, hablar de más, decir cosas que no debemos. Pienso que esta es una tentación muy particular para las mujeres que tienen tiempo en sus manos. Quizás sus hijos ya están grandes; disfrutan el sentarse y platicar. No es más fácil sentarse y escuchar las ultimas historias de la una y la otra sin pensar, “¿será esto cierto? ¿está beneficiando a los que están escuchando? ¿Estamos levantando a las personas de las que estamos hablando?”

Hay un pasaje en 1 Timoteo 5:13-14 donde el apóstol Pablo está hablando acerca de viudas jóvenes. Hay una advertencia acerca de este tipo de conducta ociosa y destructiva. Él dice,

Aprenden a estar ociosas, yendo de casa en casa; y no solo ociosas, sino también charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no son dignas. Por tanto [él dice], quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa y no den al adversario ocasión de reproche. [De calumniar].

Hay unas cuantas cosas que sobresalen en ese pasaje de 1 Timoteo 5. Primero que todo, ¿te das cuenta que los pecados de la lengua frecuentemente van acompañados de la ociosidad, versus tener nuestras prioridades en orden? Pablo dice que estas viudas jóvenes necesitan estar ocupadas haciendo las cosas que Dios les ha llamado hacer. Si estás haciendo las cosas que Dios te llamó a hacer, no vas a tener tanto tiempo como para estar sentada diciendo cosas que no debes estar diciendo.

Y luego fíjate que al final del pasaje él dice que las mujeres deben casarse, tener hijos, cuidar su casa, para que no den ocasión al enemigo de reprochar o calumniar. Si las mujeres calumnian, lo que hacemos es dar ocasión al enemigo, a Satanás, para reprochar y acusar a los cristianos. Así que al participar en conversaciones calumniadoras, en realidad estamos preparando el terreno para que el enemigo ataque con calumnias, y acuse a los creyentes.

Así que pregúntate: “¿Soy culpable de calumnia? ¿Soy culpable de hablar mal? ¿Del chisme? ¿De pecados relacionados con la lengua?” Puede que encuentres, mientras Dios examina tu corazón, que has sido culpable de hablar maliciosamente, que has sido culpable del chisme, de calumnia contra personas que te han hecho daño… quizás un excompañero, quizás un padre, o quizás un jefe que te trató injustamente.

A menudo somos propensos a calumniar aquellos que están en autoridad sobre nosotros si no estamos de acuerdo con la manera en que están manejando las cosas; pueden ser oficiales gubernamentales, un jefe, adolescentes hacia sus padres, esposas hacia sus esposos, miembros de la iglesia hacia los pastores o hacia los ancianos, o hacia aquellos en autoridad. ¿Por qué es que a veces calumniamos o hablamos mal de aquellos que viven dentro de las cuatro paredes de nuestras propias casas, de nuestros familiares, o de nuestros compañeros de habitacion, o sobre las personas más cercanas a nosotros, las personas que nos conocen mejor, las personas que debiéramos estar tratando de proteger? ¿Por qué es que frecuentemente los calumniamos?

Pienso que es fácil hablar mal o maliciosamente de aquellas personas con quienes no estamos de acuerdo. Pienso que durante una temporada política o de elecciones por ejemplo es muy fácil —y he notado esto en semanas recientes en algunas de mis propias conversaciones con las personas— hacer afirmaciones dogmáticas, rotundas, negativas, y feas acerca de personas en el mundo político con quien no estamos de acuerdo.

Esto no es para decir que nunca debemos expresar cuando estamos en desacuerdo. Mucho de esto tiene que ver con el corazón.

● ¿Cuál es mi tono?
● ¿Cuál es mi espíritu?
● ¿Cuál es mi motivación?
● ¿Por qué estoy diciendo lo que estoy diciendo?
● ¿Estoy tratando de edificar o de derribar?
● ¿Es necesario?

Observa que mientras vemos en las Escrituras, nos damos cuenta que nuestra forma de hablar expone nuestros corazones. La forma en que hablamos dice lo que está dentro de nuestros corazones. Déjame leerte dos o tres pasajes que tocan este punto.

Primero, en Salmos en el capítulo 50, comenzando en el versículo 16, dice:

Pero al impío Dios le dice: “Das rienda suelta a tu boca para el mal, y tu lengua trama engaño. Te sientas y hablas contra tu hermano; al hijo de tu propia madre calumnias”. (Versículos 16, 19, 20).

¿Qué tipo de persona dice Dios que habla así? “Al impío Dios le dice”. La persona que calumnia a sus familiares, sus amigos, que habla mal, tiene un corazón perverso.

Piensa en lo que Jesús dijo en Lucas capítulo 6, versículo 45,

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Lo que decimos es un claro indicativo de lo que está en nuestros corazones. Así que Jesús está diciendo, “Si tienes un corazón bueno, lo que va a salir es un buen tesoro. Si tienes un corazón malvado, entonces lo que saldrá son palabras maliciosas y perversas.”

Y de nuevo, en Mateo capítulo 15:18-19, Jesús hace el mismo punto, Él dice,

Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las calumnias.

¿Notaste que Jesús colocó las calumnias allí mismo junto con homicidios y el adulterio? Hace que me pregunte: ¿Estamos tan preocupados y sorprendidos y apenados por nuestros pecados de la lengua como lo estamos de la mala conducta de los demás? Jesús los pone todos juntos, pero Él dijo que las calumnias, el hablar mal, revela lo que está en nuestros corazones.

¿Qué exponen las calumnias y el hablar maliciosamente de nuestros corazones? ¿Y qué tipo de actitudes del corazón salen cuando hablamos mal de los demás? Déjame hacer varias sugerencias aquí, hay otras cosas que podríamos agregar a esta lista, pero yo sé de algo que se revela de mi corazón cuando hablo mal de los demás—revela un corazón orgulloso, revela orgullo. Cuando podemos señalar la culpa de otra persona, a veces eso puede hacernos sentir mejor a nosotros mismos—no somos tan malos como ellos, o no hicimos “eso”… ellos sí—eso es orgullo.

El orgullo puede darme un cierto deseo de lucir como una experta, y quizás intervenir en una conversación porque sé algo que mi interlocutor no sabe; quizás tengo esta pequeña pieza de información que puedo traer a la conversación. A veces es el orgullo que me llevará a decir, “Pero, ¿sabías…?” Esto me ha ocurrido —y lo digo para mi vergüenza— muchas veces cuando alguien está hablando bien de una persona y yo estoy pensando, “Pero no saben que…” ¿Deberé decirlo? A menudo es el orgullo en mi corazón que me lleva a contribuir algo negativo a esa conversación.

Hay algo más que nuestras lenguas pueden revelar acerca de nuestros corazones—envidia y celos. Estamos celosos de la reputación de alguien más, de su relaciones, de su influencia, por eso queremos hacerlos ver mal; hacerlos descender un poco.

El calumniar revela falta de dominio propio . Dejamos que se nos escapen cosas que estamos pensando, sin pensar bien lo que estamos diciendo.

La calumnia puede revelar un espíritu crítico. Mi corazón es crítico; tiende a hacer juicios; por lo tanto, sale en las palabras que digo.

La calumnia y el hablar maliciosamente revelan también falta de amor. Proverbios 10:12, “El odio suscita rencillas, pero el amor cubre todas las transgresiones”. Una falta de amor; se revela el odio.

Y luego está esto de un espíritu contencioso, un espíritu divisivo. Queremos poner a otros de nuestro lado, y qué tan a menudo pasa esto en conversaciones entre miembros de las familias cuando hay alguna disfunción o discordia entre los miembros de la misma familia. Y dices algo negativo acerca de la otra persona causando que la persona con la que estas platicando quiera aliarse contigo. Todos estos juegos tontos, que jugamos, son tan malos, tan perversos. Queremos relatar como alguien nos lastimó, como alguien nos ha hecho daño, y al hacer eso estamos tratando de atraer a la persona con la que estamos hablando para que vea las cosas según nuestra perspectiva.

¿Qué estamos haciendo? Estamos poniendo una barrera entre nuestro interlocutor y la persona de la que estamos hablando, levantando paredes, división, contención. Eso es lo que hay en mi corazón, y sale tan frecuentemente en nuestro hablar. Ese es exactamente el efecto de la calumnia y de hablar maliciosamente. No solo tengo yo contención en mi corazón, sino que cuando calumnio o hablo mal de los demás, el efecto es de dividir relaciones, dividir amigos, el de ser un divisor, el de romper relaciones.

Proverbios 16:28 dice, “El chismoso separa a los mejores amigos”.

Proverbios 17:9, dice “El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos”.

Dividimos el cuerpo de Cristo; dividimos familias; dividimos amistades; dividimos relaciones cuando hablamos mal de los demás. No solo dividimos, sino que destruimos.

Proverbios 25:18, dice “Como maza y espada y aguda saeta es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo”. Esas son armas que no querrías que se usaran contra ti—un garrote de guerra, una espada, o una saeta aguda, pero si tú dices algo de tu vecino, de un amigo, o de un miembro de tu familia, que no es cierto o es una calumnia o es algo innecesario, o es una crítica, el efecto que provocarás es el de destruir a esa persona.

Alguien ha llamado a la calumnia y a los chismes maliciosos homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien. El homicidio verbal, la calumnia, destruye vidas, destruye familias; destruye relaciones; destruye iglesias. Lo he visto vez, tras vez. Si lo piensas seguramente lo has visto una y otra vez. Eso ya es suficientemente grave, pero lo que aflige mi corazón es pensar, ¿cuántas veces yo he contribuido a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el Cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Proverbios 11:9 dice, “Con la boca el impío destruye a su prójimo”. Cuando hablamos maliciosamente, cuando decimos chismes o decimos cosas que no son ciertas o no son buenas, afectamos a la persona que estamos calumniando, aunque no lo escuchen, y afectamos a la persona con la que estamos conversando . Creamos una separación en su relación.

Y mientras me he estado preparando para esta serie, es interesante—no sé si está pasando más a menudo o si solo lo estoy notando más—pero he visto una ilustración tras otra de la necesidad crucial de tratar con este asunto de la calumnia y del chisme malicioso entre el pueblo de Dios, y el gran daño que puede hacer si no tratamos con esto.

Hace unos días recibimos un correo en Aviva Nuestros Corazones de una oyente que quería pasar una información que ella sintió que debíamos tomar en cuenta con relación a alguien que había sido invitado a uno de nuestros programas. Bueno, típicamente, este es el tipo de cosas a las que no me gusta prestar atención, no quiero prestarme para el chisme, no lo quiero escuchar, pero pensé, “Soy responsable por las personas que tenemos en nuestra transmisión, y ¿será esto algo de lo que necesitamos estar conscientes?”

Así que fui al correo electrónico, entré a la página de Internet, y resultó ser muchas páginas juntas en una red que se dedican a derribar y destruir un sinnúmero de ministerios y personas, y cuanto más buscaba, más feo se ponía. Habían tantas calumnias y comentarios llenos de amargura. Este es un esfuerzo para dividir , para derribar, para destruir. Es odioso; es vengativo; es destructivo, y esta es una palabra que me vino a la mente al ser envuelta en algunas de estas cosas esta semana—es diabólico, diabolos, es del diablo. Es satánico. El pasaje que me vino a la mente es Santiago 3:14-16 donde Santiago dice,

Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala.

Tú pensarás, “Bueno, me alegro que yo no tengo una de esas páginas de internet,” o “No estoy haciendo ese tipo de cosas”. Pero esto solo comienza con una raíz de amargura, con pequeñas cosas que se dicen, con un correo electrónico que se envía, con publicar algo en el internet, con hablar una palabra en privado, de repente encuentras que está siendo gritado por los techos, y se está esparciendo como un incendio descontrolado. Cuán gran daño esta chispita puede hacer. Puede quemar bosques y casas enteras, y al final las vidas pueden ser destruidas.

La calumnia divide; destruye, así como lo hace Satanás. Todo esto es contrario a Dios, quien es un Dios de reconciliación. Él es el Dios que reconcilia partes en guerra. Y nosotros Debemos ser como Él.

Pablo dice en Romanos 14:19, “Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua.”

Efesios 4:3, “Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.

Carmen Espaillat: Tus palabras tienen el poder de promover la paz, de acuerdo a Nancy Leigh DeMoss. Ella nos ha estado enseñando cómo hacerlo en una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 Ella estará de regreso con nosotros para orar, porque todos necesitamos el poder de Dios para vivir en paz y para hablar lo correcto. En ninguna parte es esto más cierto que en tu hogar.

Nancy y algunas de sus amigas han escrito acerca de esto. Ella editó un libro llamado Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios  (está disponible en español).

En este libro aprenderás de las semillas de la revolución feminista y descubrirás por qué no cumplió sus promesas. Podrás ver claramente una imagen bíblica del tipo de influencia piadosa que puedes tener sobre tu esposo e hijos. Descubrirás cómo servir a Dios de maneras únicas y femeninas. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita.

Quizás has sentido convicción hoy acerca de la manera que has estado usando tus palabras. Mañana Nancy ofrecerá ideas útiles de cómo responder, cambiar y hacer las cosas bien, y ahora, Nancy regresa con nosotras para orar.

Nancy: Oh Padre, cuánto Te pido que nos des convicción de cómo nuestras palabras han sido destructivas, cómo han dividido, han hecho daño y han sido diabólicas. Yo sé que Tú has hecho que yo me examine en el transcurso de este estudio, y me has llevado a ser más cuidadosa de las cosas que digo. No estoy tratando de destruir la reputación de nadie.

Oh Dios, perdóname por las veces cuando las cosas que he dicho han sido destructivas y han sido diabólicas. Oh Dios, ¿podrías domar nuestras lenguas? No podemos domarlas nosotras mismas, pero ¿podrías hacerlo Tú? Por el poder de Tu Santo Espíritu, podrías cambiar nuestros corazones y perdonarnos por el orgullo y la envidia y los celos y el espíritu competitivo y ese espíritu contencioso que a menudo nos lleva a decir cosas que no son edificantes o alentadoras, sino que son calumniadoras y maliciosas.

Purifícanos, Señor. Perdónanos. Límpianos. Purifica nuestros corazones y nuestras lenguas. Que podamos usar esas lenguas para unir personas, para perseguir unidad, y lo que trae paz y edificación mutua. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.


Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

A23 – La calumnia es grave

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A23 – La calumnia es grave

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/La-calumnia-es-grave/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No hay ningún grado que sea aceptable de malicia ni calumnia ni maledicencia entre las mujeres cristianas. No debemos tolerar esto en nuestras vidas.

A veces pienso que simplemente nos descuidamos. Pero es un área donde no podemos darnos el lujo de ser descuidadas, porque cuando se habla calumnia, estamos haciendo la obra del diablo.

Destruye matrimonios. Destruye a los niños. Destruye los lugares de trabajo. Destruye las iglesias. Destruye las relaciones. Nos destruye a todos nosotros. Ser calumniadora destruye nuestra relación con el Señor.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy ha estado llevándonos a través de un rico estudio de Tito 2 llamado El hermoso diseño de Dios para la mujer. Dios tiene incluso un diseño para las palabras que hables antes de que tu cabeza descanse en la almohada esta noche.

Nancy: Hemos venido hoy a lo que para mí ha sido uno de los puntos más retantes y de mayor convicción de este estudio. Ahora lo compartiré con ustedes para que sean retadas y tengan la misma convicción que yo.

Estamos revisando el capítulo 2 de Tito. El apóstol Pablo le dijo a Tito que tiene que «enseñar lo que está de acuerdo con la sana doctrina» (versículo 1). ¿Cómo luce esto en nosotras las mujeres?

Bueno, empieza con las mujeres mayores. Hemos dicho que estas cosas han de ser ciertas de las ancianas, pero eso significa que las mujeres más jóvenes tenemos que estar trabajando en estas cosas e ir cultivándolas, o no vamos a ser así cuando lleguemos a ser ancianas.

El versículo 3 dice: «Las mujeres mayores también deben ser reverentes en su conducta». Observamos eso en la última sesión.

Entonces dice: «No calumniadoras ni esclavas de mucho vino». «Las mujeres mayores. . . deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras ni esclavas de mucho vino «(versículo 3).

Hablamos de lo que significa ser reverentes en conducta. El apóstol Pablo hace dos aplicaciones prácticas y específicas de cómo luce el comportamiento reverente: Si eres reverente en tu conducta, esto afectará tu lengua y tu templanza.

La lengua—no calumniadora; un estilo de vida de templanza—no esclavas del vino. Las mujeres que son reverentes en su conducta no son calumniadoras, y son templadas en su comportamiento.

Aquí es donde la sana doctrina —que hemos estado viendo durante los últimos programas— se pone de manifiesto. Estas son las cosas que están de acuerdo con la sana doctrina.

No se puede decir que tienes sana doctrina, si no estás viviendo de esta manera. La sana doctrina siempre se traducirá en una correcta manera de hablar y de un cierto tipo de comportamiento en nuestras vidas.

Ahora bien, en cuanto a este tema de la calumnia, yo había planeado hacer una sola sesión sobre esto. Pero en la medida en que me adentraba en el tema, me di cuenta que Dios estaba trabajando con mi propio corazón en esto, y pensé: «Esto necesita más de una sesión».

Así que nos vamos a tomar algunos programas para discutir este tema de la calumnia. Es un problema grave para Dios, y lo veremos cuando abramos Su Palabra. Es un problema grave en la iglesia. Y es un problema grave, particularmente entre las mujeres.

Así que vamos a examinar un poco este tema de la calumnia, y luego pasaremos a la cuestión de no ser esclavos de mucho vino, y las cuestiones más amplias sobre la templanza y las adicciones y lo que la Palabra de Dios tiene que decir al respecto. Así que por aquí es por donde nos dirigiremos en los próximos días.

Las mujeres «deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras». Otra traducción dice que no deben ser «chismosas» (TLA). La Reina-Valera dice: acusadores falsos.

Son traducciones de la misma palabra. Un comentarista sugiere que la palabra significa «proveedores de intriga o escándalo.»1 Me pareció que era bastante gráfico. Las mujeres no debemos ser proveedoras—o personas que producen—intriga o escándalo. No estamos simplemente pasando algunos pequeños y jugosos chismes de aquí para allá.

En la Biblia, la palabra que se traduce como «calumniadoras» o «chismosas” es la palabra griega diábolos. Es la palabra de la cual proviene la palabra diabólica. Viene de dos palabras: dia o dio, que significa «a través», y bolos, lo que significa «lanzar a través de».

Esto adquiere aun más significado cuando vemos este concepto de la calumnia. El término diábolos se utiliza 38 veces en el Nuevo Testamento. Treinta y cuatro de esas veces la palabra es un nombre para Satanás, el diablo.

Satanás es el padre de la mentira. Él es un calumniador. Se le llama diábolos. Treinta y cuatro veces (de esas 38) eso es lo que significa la palabra.

¿Cómo es Satanás calumniador? Lo ves de varias maneras. En primer lugar vemos que desde el inicio de las Escrituras, Satanás ha acusado y calumniado a Dios con el hombre.

Por ejemplo, Satanás se acercó al hombre y a la mujer en el Jardín del Edén, y él acusó y calumnió a Dios. En Génesis 3, dijo, en esencia, «Dios no ha dicho la verdad. ¿Dijo Dios, ciertamente morirás? No vas a morir. Dios no está diciendo la verdad». [Cf. versículos 1-5].

Mintió sobre las consecuencias de comer la fruta, y luego él calumnió a Dios por sugerir que las restricciones de Dios eran innecesarias o excesivas, e irracionales. Él estaba atacando la verdad, la veracidad de la Palabra de Dios. Él calumnió a Dios con el hombre.

No solo ocurrió en el Jardín del Edén. Satanás aún está difamando y acusando a Dios. Y lo hace con nosotros. Pensamientos como estos:

● ¿Dónde estaba Dios cuando lo necesitabas?

● No se puede confiar en Él.

● Su Palabra no es cierta.

● No lo necesitas.

● Puedes hacer esto por ti mismo.

● Dios no te ama verdaderamente.

● Si te amara, habría ___________ [o] no habría ____________.

¿Qué está Satanás haciendo? Calumnia a Dios con nosotros, haciendo que Dios luzca irrazonable, falso, desleal, poco sabio, poco bondadoso. Él está calumniando a Dios.

De manera que Satanás acusa y calumnia a Dios con el hombre. Pero Satanás también acusa y nos calumnia a nosotros con Dios. Él calumnia al pueblo de Dios. En Apocalipsis 12:10 se le llama «el acusador de nuestros hermanos». Continuamente hace acusaciones sobre el pueblo de Dios ante el trono de Dios.

Algunas de ustedes recordarán un ejemplo de esto en Job 1:7-11, donde Satanás se presentó ante Dios y le dijo: «Vamos a hablar de Job.» En realidad, fue Dios quien mencionó a Job, y en ese contexto Satanás lo calumnió.

Él acusó a Job de estar comprometido con Dios solo por lo que podía obtener de esa relación. «Él es un amante pagado.»

Satanás alegó que si Dios le quitara todas las cosas que eran preciosas para Job, este lo maldeciría en su cara. Él calumnió a Job.

Y nos calumnia a nosotros. Nos ataca. Acusa a los hermanos ante el trono de Dios.

Así que diábolos —34 veces en el Nuevo Testamento— se refiere a Satanás, quien es el calumniador, el acusador. En tres de las ocasiones que esta palabra se utiliza está haciendo referencia a una persona que difama o acusa falsamente a los demás.

Déjame darte un ejemplo. Busca en la Biblia 1 Timoteo 3, y verás estos dos usos en el mismo contexto. Comenzando en el versículo 6, hay tres usos de la palabra griega diábolos, en los versículos 6-11. Vamos a leer parte de ese pasaje.

En primer lugar él está hablando sobre aquellos que van a ser los líderes espirituales en la iglesia. El versículo 6:

No un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo. [Esa es la palabra diábolos.]

El versículo 7:

Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo[diábolos].

El versículo 8 y 11:

De la misma manera, también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas. De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras [diábolos], sino sobrias, fieles en todo.

Así que aquí vemos dos veces en este pasaje que diábolos se refiere a Satanás. La tercera vez se está refiriendo a una mujer que habla de tal manera que luce parecida al diablo; es diabólica.

Ser calumniador, hacer falsas acusaciones, ser chismoso y malicioso es ser diabólico. Es parecerse al diablo. Es participar en las obras y el carácter del mismo Satanás. Cuando nosotros calumniamos a los otros, estamos haciendo la voluntad de Satanás y cumpliendo su plan.

Ahora, ¿puedes ver por qué digo que la calumnia no es poca cosa y por qué Dios toma esto tan en serio y por qué es tan mortal y destructivo para la iglesia de Jesucristo?

Es interesante que dos de las tres ocasiones donde diábolos se refiere a la calumnia, se está hablando específicamente a las mujeres. Creo que eso es porque, como mujeres, somos más propensas a caer en esta tentación; es una tentación en la que fácilmente nos vemos inclinadas a tropezar con nuestras lenguas.

¿Qué es exactamente la calumnia? Legalmente, la calumnia es una declaración falsa sobre una persona, que dañe o difame a su reputación. Es dar testimonio falso con la intención de dañar a otra persona o su reputación.

Hay una palabra relacionada en el Nuevo Testamento. En el griego es la palabra blasphemia, de la cual obtenemos nuestra palabra blasfemia . Esa es la palabra griega que más comúnmente es traducida «calumnias» o «maledicencias» en nuestras Biblias.

Esa palabra significa «injuriar, herir a la reputación o golpear con informes o con palabras, hablar mal de otra persona». Es una palabra muy relacionada con esta palabra diábolos.

Hay algunos pecados relacionados con la lengua que entran en juego aquí, y creo que todos están bajo la categoría de la calumnia.

● Difundir un informe falso sobre alguien.

● La difusión de información perjudicial sobre otro, lo que la Escritura llama «andar en chismes».

● Reportar la verdad con la intención de hacer daño.

¿Notas los diversos matices allí?

● Puede ser un falso informe, algo que no es cierto.

● Puede ser alguna información perjudicial sobre otro que difundimos—andar en chismes.

● Incluso puede ser decir la verdad con la intención de dañar o perjudicar la reputación de alguien.

Así que cuando Pablo dice que las mujeres mayores sean reverentes en su comportamiento y no calumniadoras, significa que deben rehusarse a escuchar o difundir informes o historias de otros que son falsos (que no son verdaderos) o que son perjudiciales—que podría ser perjudicial para esa persona.

La calumnia es un asunto serio para Dios. Es uno de los Diez Mandamientos. Éxodo 20:16 dice: «No darás falso testimonio contra tu prójimo».

Éxodo 23:1 nos dice, «No propagarás falso rumor; no te concertarás con el impío para ser testigo falso». No lo hagas. No vayas allí.

Proverbios 6:16 dice: «Hay seis cosas que el Señor aborrece, y siete que son una abominación para él», y luego en el versículo 19, justo en esa lista dice, «el testigo falso que respira mentiras». Es una abominación para Dios.

Por cierto, en esa misma lista está la persona que provoca discordia entre los hermanos. Los dos a menudo van de la mano—provocar la discordia y ser un testigo falso que respira mentiras.

La gente que calumnia a otros a menudo lo hace con la intención de dividir. Pero incluso, si esa no fuera su intención, es el efecto. Al final siembran la discordia, la división; crean brechas y barreras entre las personas mediante el uso de la lengua para calumniar.

Efesios 4:31 dice, «Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia». Pablo dice: «Deshazte de eso».

No hay ningún grado aceptable de malicia o calumnia o maledicencia entre las mujeres cristianas. Esto es algo que no debemos tolerar en nuestra vida.

Al estudiar y pensar en esto esta semana, parte de mí se pregunta cuánto diría yo si realmente tuviera niveles de cero tolerancia para esto en mi propia vida. Estoy segura de que no tendría mucho que decir.

la intención no siempre es maliciosa. A veces pienso que simplemente actuamos sin cuidado. Pero es un área en la que no podemos darnos el lujo de ser descuidadas, porque cuando se calumnia, estamos haciendo la obra del diablo.

● Destruye matrimonios.

● Destruye a los niños.

● Destruye los lugares de trabajo.

● Destruye las iglesias.

● Destruye las relaciones.

● Nos destruye a nosotros.

● Ser calumniador destruye nuestra relación con el Señor.

En Tito 2, que es el pasaje que estamos viendo, el versículo 3, dice que las mujeres piadosas, las mujeres ancianas, no deben ser difamadoras. Hay un contraste con esto en el próximo capítulo 3:1, donde Pablo dice: «Recuérdales que estén sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes… que no injurien a nadie” (3:1-2).

La palabra aquí no es la palabra diábolos. Es la palabra blasphemeo—injuriar, blasfemar. Él dice que no debemos «injuariar» a nadie.

¿Qué significa eso, «nadie»? Significa no hablar mal de nadie.

Santiago 4:11 dice: «No habléis mal unos de otros, hermanos». La palabra es otra palabra griega [katalaleo], pero es una palabra similar. Significa «hablar en contra, permitir que salgan palabras que no han sido pensadas».

Como ya he dicho, a veces es inconsciente, es hablar con descuido. Santiago dice: «No lo hagas. No hablen mal el uno contra el otro. No permitas que salgan de tu boca palabras irreflexivas”.

Este es un verso que lo dice muy claramente: (Proverbios 10:18). «El que esparce calumnia es un necio».

¿Quién es el necio? Un necio no es alguien intelectualmente deficiente. Un necio es alguien que es moralmente deficiente. Un necio es alguien que ordena su vida como si Dios no existiera.

Proverbios dice que si esparces calumnia en contra o hacia los demás, eres un necio. Ordenas tu vida como si Dios no existiera y no tuvieras que rendir cuentas.

Pero el hecho es que hay un Dios, y serás responsable de todas las palabras vanas o vacías o inútiles o calumniosas. «El que esparce calumnias es un necio».

En el Antiguo Testamento el castigo fue bastante duro. Permítanme leerles un pasaje de Deuteronomio 19

Si un testigo falso se levanta contra un hombre para acusarle de transgresión, los dos litigantes se presentarán delante del SEÑOR, delante de los sacerdotes y de los jueces que haya en esos días. Y los jueces investigarán minuciosamente; y si el testigo es un testigo falso y ha acusado a su hermano falsamente, entonces le haréis a él lo que él intentaba hacer a su hermano. Así quitarás el mal de en medio de ti. Los demás oirán y temerán, y nunca más volverán hacer una maldad semejante en medio de ti. (Versículos 16-20).

¿Por qué crees que Dios lo toma tan en serio? Porque es tan parecido a Satanás el mentir, engañar, dar falso testimonio, acusar falsamente. Es tan divisivo. Es mortal. Es destructivo.

Dios sabe que esto destruye la comunidad de fe. Él sabe que destruye y divide las relaciones. Entonces Él dice, si vas a hacer acusaciones falsas, si vas a decir cosas que no son verdaderas, entonces vas a dar cuenta por tus palabras.

Ahora bien, me alegra saber que ya no implementan este sistema en la actualidad. Pero Dios dijo que vas a cosechar lo que siembras. Y cualquier daño que intentaste hacer a la otra persona, cualquiera que haya sido tu intención, eso es lo que te va a suceder a ti.

Eso es realmente lo que Jesús ha reiterado en el Nuevo Testamento. Es lo que vamos a experimentar. Vamos a experimentar la misericordia. Pero los que juzgan a otros, aquellos que tienen intenciones maliciosas o hablan mal de los demás, ellos cosecharán lo que sembraron.

Nuestras palabras nos perseguirán. No siempre recogeremos la cosecha inmediatamente. Pero vamos a recoger la cosecha. Así que Dios dice, «Esto es algo que tiene que ser purgado de ustedes. No debe tener lugar en la iglesia de Jesucristo».

Es algo que tenemos que examinar, que tenemos que evaluar y ponderar. Tenemos que decir: «¿Hay calumnia? ¿Hay rumores maliciosos? ¿Hay cosas verdaderas que se dicen con la intención de hacer daño, a espaldas de los demás, a otras personas, incluyendo otras personas en la conversación que no son parte del problema ni parte de la solución?»

Estamos diciendo cosas sobre otros que no son productivas. No son verdaderas. No son edificantes. No están edificando. Están destruyendo.

Dios dice que no debemos hacerlo. Saquen la maldad de en medio de ustedes. Y cuando los demás vean las consecuencias, temerán, y ellos «nunca más cometerán una maldad semejante».

La comunidad de la fe, el cuerpo de Cristo, se supone que sea un lugar seguro para los pecadores que están en proceso de ser redimidos. Pero cuando maliciosamente, con negligencia o descuidadamente decimos palabras que derriban, que difaman, que son engañosas o falsas o perjudiciales en su intención, estamos deshaciendo la obra que el Espíritu de Dios está tratando de hacer en Su pueblo.

«Muerte y vida están en poder de la lengua» (Proverbios 18:21). Podemos construir con nuestras lenguas. Podemos animar a la gente en ese proceso de la santificación, o podemos decir palabras que destruyen y derriban.

Entonces, ¿qué debemos hacer? El primer paso es ser honestos. Simplemente estar de acuerdo. Reconocer: «Señor, he sido calumniador. He difamado a los demás».

En el próximo par de sesiones, vamos a hablar más de lo que hace la calumnia y por qué es tan letal, y también lo que podemos hacer al respecto. Pero podemos empezar diciendo simplemente: «No es mi hermano, no es mi hermana, soy yo Señor, aquí que necesita oración», y reconociendo: «Señor, he pecado con mi lengua».

Ya seas una anciana o una mujer más joven, reconoce: «Yo no he sido reverente en mi conducta, en la forma en que hablo de los demás.» Es posible que no hayas dicho estas cosas en lugares públicos, sino quizás a algunos individuos.

A veces enmascaramos esas cosas como peticiones de oración, como motivo de preocupación. A veces estas cosas se pasan de lo adecuado y si tienes alguna duda o pregunta, quizás no debas decirlo.

Quiero que inclinemos nuestro corazón delante del Señor por un momento. Permite que el Espíritu Santo te escudriñe. Quizás Dios esté trayendo a tu pensamiento conversaciones o situaciones o personas que has calumniado. Si el Espíritu de Dios ha traído convicción a tu corazón, ¿te pondrías de acuerdo con Dios?

Di: «He pecado contra Ti al calumniar con mi lengua. Me he dado cuenta hoy día, Señor, que Tú tomas esto muy en serio, y quiero tomarlo seriamente también».

Señor, Te pido que nos muestres a cada uno de nosotros la raíz de nuestros problemas y nuestros corazones; las cosas que pudieran producir este fruto horrible y diabólico de la calumnia y que nos ayudes a lidiar, no solo con los asuntos superficiales, sino a cortar de raíz aquello que pudiera estar en nuestros corazones que cause la calumnia.

Te pedimos que en los próximos días nos hables, nos traigas convicción y nos recuerdes de esto en la medida que salgamos de este lugar y nos enfrasquemos en conversaciones. Te ruego que al salir de aquí, Señor, llenes nuestras bocas con palabras que sean edificantes y provechosas y beneficiosas y valiosas; palabras que estimulen y fortalezcan y den vida a aquellos sobre quienes las hablamos.

Gracias, Señor. Ayúdanos a ser mujeres reverentes que Te honren y Te glorifiquen—que Te glorifiquemos con nuestras lenguas. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nunca había pensado en el chisme y la calumnia de la manera en que Nancy Leigh DeMoss lo ha estado describiendo hoy. Espero que pases más tiempo en Tito 2 por ti misma. Piensa en la posibilidad de la maldad y en tu lengua, y pídele a Dios que te ayude a hablar palabras de vida.

Si es la primera vez que escuchas este programa, se llama Aviva Nuestros Corazones, y es conducido por Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Nuestra serie actual se titula, El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 Toda mujer necesita entender este pasaje. Gracias por conectarte con nosotros hoy.

Queremos escuchar de ti, el número es 1-800-569-5959. Puedes hacer tus donaciones en línea visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com.

En nuestra próxima entrega, aprende sobre el homicidio verbal. ¿Qué quiere decir Nancy con esta frase? Regresa para saber de qué se trata, en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Toda la Escritura es tomada de la versión Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Thomas C. Oden, Interpretación: Un Comentario de la Biblia para enseñar y predicar. Primera y Segunda a Timoteo y a Tito (Louisville: John Knox Press, 1989).

2 Zodhiates NT.

3 Ibid.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

A22 – Servicio sagrado

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A22 – Servicio sagrado

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Servicio-sagrado/

Carmen Espaillat: Tu ejemplo habla más que mil palabras. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss : Lo que haces para servir y bendecir y para entrenar a otros fluye de lo que tú eres. Tú no puedes enseñarle a otros lo que no tienes en tu propia vida.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Piensa en la generación que viene detrás de ti, si ellas te vieran a ti como un modelo a seguir, ¿estarían ellas viviendo vidas piadosas? Medita en esta pregunta mientras Nancy continúa con esta útil serie El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Nancy: Recuerdo claramente una vez cuando estábamos orando para iniciar Aviva Nuestros Corazones y le estábamos preguntando al Señor si eso era lo que Él quería que hiciéramos. Nos habíamos reunido con el comité de nuestro ministerio matriz, Life Action Ministries, y estábamos buscando su consejo.

Les pedimos que estuvieran orando para saber si debíamos o no iniciar este ministerio de radio. Sabíamos que habría retos, costos y cambios en mi estilo de vida y compromiso. Después de que todos habían dicho lo que pensaban, nuestro director le pidió la opinión a un anciano piadoso que había estado orando por esto con nosotros por algún tiempo, y le preguntó, “¿T.W., qué ha puesto Dios en su corazón?” Él dijo,

“Saben, a medida que he estado orado por esto, he estado muchos años perturbado en mi espíritu por el aumento generalizado de la corrupción entre las mujeres de nuestra cultura. Ha sido una gran carga en mi corazón y me he preguntado a mí mismo, “Qué se podrá hacer acerca de esto?” Yo realmente creo que Dios te está levantando a ti y a este ministerio para este tiempo, para ayudar a la iglesia a hablar de la creciente corrupción generalizada entre las mujeres de nuestra cultura.”

Ese fue un gran momento. Esa no fue la única cosa que nos trajo la convicción de que debíamos hacer esto, pero ciertamente fue un momento importante.

He pensado en ese comentario muchas veces desde entonces. Tú no tienes que buscar muy lejos para ver la vulgaridad en las mujeres de nuestra cultura, y no solo en la cultura, sino también dentro de la iglesia—en los modales y la vestimenta, en la forma de hablar y en las actitudes. Hemos tomado el sabor y las actitudes del mundo. En muchas ocasiones las mujeres cristianas, tristemente, están contribuyendo al deterioro y a la vulgaridad, en lugar de estar preservando y previniendo y deteniendo el deterioro de la cultura.

Con frecuencia he dicho, y ustedes me han escuchado decirlo antes, que nosotras deberíamos ser como el salmón, nadando contra la corriente y reflejando a nuestra cultura la hermosura y la maravilla del Evangelio y de Cristo y Sus caminos, y de esa manera contribuir a embellecer, suavizar y santificar, en un sentido, la cultura; para hacerla receptiva al Evangelio de Cristo.

Yo creo que este es el corazón de lo que el apóstol Pablo tenía en mente. Vayamos hoy a Tito capítulo 2, versículo 3. Aquí empieza a hablarles a las mujeres ancianas. ¿Cómo deben ser?

Permítanme leer los versículos 3 al 5,

“Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.

Ahora solo tomaremos la primera frase, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta”. En esto es en lo que quiero que nos enfoquemos el día de hoy.

Primero que todo, “las ancianas”. Es la única incidencia de esta frase en la Biblia; de esa frase en griego. Pablo no especifica qué tan anciana debes de ser para calificar. Creo que en realidad es sabio de Pablo no haberlo hecho, porque tal vez algunas de nosotras pensaríamos que no calificamos.

Lo que sí sabemos de 1 Timoteo 5 es que una viuda tenía que tener al menos 60 años para reunir los requisitos para recibir ayuda financiera de la iglesia (ver versículo 9). Tal vez esa era la edad que Pablo estaba pensando cuando se refería a mujeres ancianas. Generalmente, los comentaristas consideran que una mujer anciana es una mujer que ha pasado sus años fértiles y de crianza de hijos. Los años fértiles, la capacidad para tener hijos es alrededor de los 40. Así que la crianza de los hijos entonces terminaría a sus 50 o a sus 60. Algunas de ustedes están empujando este tiempo un poco hacia un lado o hacia el otro, pero esto sería aproximadamente lo que Pablo tenía en mente aquí.

Mantengan en mente también que la longevidad en esos días era menor de lo que es hoy. Así que al día de hoy, él probablemente se estaba refiriendo a mujeres maduras, de mediana edad, que hayan terminado su responsabilidad en términos de dar a luz y de criar a los hijos.

Ahora bien, mientras vemos este párrafo, vemos que al principio de todo, Pablo habla de cómo esta mujer anciana debe lucir—quién es ella. Ella debe ser un modelo. Esto tiene que ver con su carácter—un modelo, no una modelo física, pero un modelo ejemplar, de una vida piadosa y de una actitud de corazón. Esto es lo que ella es. Después él nos habla de lo que ella hace. Lo que ella es corresponde a la primera parte del versículo 3—“las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino”. Esto describe su carácter. Ella tiene un carácter ejemplar.

Lo que ella hace, el efecto de su vida y ministerio empiezan al final del versículo 3 donde dice, “que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes”. No solo es ella un ejemplo de cómo luce un comportamiento piadoso, sino que ella también es una mentora. Ella está activamente involucrada en pasar la verdad y en discipular la siguiente generación.

Dense cuenta del orden aquí. Empieza con lo que es ella, su carácter, su propia vida. Después sigue lo que ella hace—la enseñanza, el entrenamiento, el discipulado de otras mujeres. Lo que haces para servir y bendecir y para entrenar a otros fluye de lo que tú eres. Tú no puedes enseñarle a otros lo que no tienes en tu propia vida.

Es por esto que Pablo lo coloca en ese orden. Él no empieza diciendo que debes ser una persona que discípula o una maestra de la Biblia o que debes entrenar a otras mujeres. Él empieza diciendo, “examina tu propia vida y asegúrate que tu vida esté de acuerdo con la Palabra de Dios en estas áreas en particular”.

De manera que quien ella es, su carácter, está antes que todo, “las ancianas deben ser reverentes en su conducta”. Ahora muchas de las diferentes traducciones y Biblias parafraseadas traducen esto de algunas formas muy diferentes e interesantes. Permítanme leerles algunas de ellas a ustedes.

La Nueva Traducción Viviente dice, “Enseña a las mujeres mayores a vivir de una manera que honre a Dios”.

Otra dice, “Las viejas, asimismo, se distingan en un porte santo” (RVA). Esta es una traducción antigua.

La Palabra de Dios Para Todos lo expresa de esta forma: “De igual manera, enseña a las ancianas a vivir de una manera que muestre reverencia y respeto a Dios”.

La Traducción en Lenguaje Actual dice: “Recomienda a las ancianas que se comporten como personas que aman a Dios”.

Y esta es una de mis favoritas, “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte”. (RV-95)

La palabra reverente —de conducta reverente— se usa esa única vez en el Nuevo Testamento. Es una palabra que significa “sagrado o santo o separado para Dios; ser apropiado o propio, santo, reverente en conducta”. En realidad, la raíz de la palabra significa, “lucir como un sacerdote”.

La persona es reverente en conducta es una persona que se comporta en una forma apropiada con la santidad. Esta mujer se comporta como una persona sagrada. Ella es una santa. Ella está apartada para el servicio de Dios, y ella se comporta de esa forma. Su porte, sus formas, su conducta, son reverentes. Así que las mujeres cristianas deben vivir vidas como aquellas que están involucradas en deberes y servicios santos.

Ahora bien, nosotras no somos sacerdotes, y no somos llamadas a ser pastoras o maestras de la palabra para los hombres o ancianos de nuestras iglesias. Pero nosotras, como mujeres, somos llamadas a deberes y servicios santos. Si tú eres una esposa, servir a tu esposo es un deber y un servicio santo como para el Señor. Si tú eres una mamá, cuidar aquellos niños es un deber y un servicio santo, como para el Señor. Si eres una mujer soltera en un ámbito laboral, sirviendo al Señor, ya sea si es un trabajo secular o en una posición en un ministerio, tú estás involucrada en un deber o un servicio santo.

Nuestra manera de vivir, en cualquier etapa o llamado en el cual Dios nos haya colocado, debe asemejarse a la función de un sacerdote en el templo. Lo que ellos hacen es sagrado; es santo, y ellos deben comportarse de una forma que sea apropiada para las personas que tienen un llamado santo.

Tenemos un gran ejemplo de esta mujer anciana, que es reverente en su conducta y que vive de una forma sacerdotal en su porte; esta mujer es Ana, de la cual has leído en Lucas capítulo 2. Nosotros hemos hablado de ella antes en Aviva Nuestros Corazones, pero permítanme refrescarles su memoria.

Lucas 2 dice,

Y había una profetiza, Ana… Ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio, y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. [Aquí vemos una viuda anciana]. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones. Y llegando ella en ese preciso momento [la hora en que el bebé Jesús fue llevado al templo para ser dedicado—[llegaba en ese momento y al ver a Cristo el Mesías], daba gracias a Dios, y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. (Versículos 36-38).

Así que aquí ven a una mujer que pudiera desperdiciar su vida en un sinnúmero de cosas. Sin embargo, ella está gastando su vida productivamente alabando a Dios—orando, ayunando, esperando, anticipando la redención de Jerusalén, esperando la llegada de Cristo a esta tierra. Es una imagen de una mujer con una conducta reverente.

Ahora bien, tú no tienes que vivir en la iglesia o pasar toda tu vida ayunando y orando para ser una mujer con una conducta reverente. Pero sí significa que lo que sea que hagas, dondequiera que estés, cualquiera que sea el llamado de tu vida, debes estar viviendo como una mujer que ha sido apartada, como una persona consagrada para el servicio de Dios.

Reverente en conducta. La palabra conducta tiene que ver con nuestro porte, cómo actuamos, cómo nos desenvolvemos. Quiero leerles dos pasajes del libro de 1 Timoteo. De hecho, vayan conmigo a 1 de Timoteo capítulo 2, dos pasajes que describen a las mujeres que son reverentes en su conducta. Nos dan algunos detalles estos no son todos los detalles, pero nos dan un buen ejemplo de lo que es tener una conducta reverente.

1 Timoteo capítulo 2, empezando en el versículo 9, Pablo dice:

Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa [de manera que una conducta reverente está relacionada con nuestra forma de vestir; no solamente cómo actuamos, sino también cómo lucimos. Ellas deben adornarse con ropa decorosa], con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos, [no es que estas cosas sean malas, pero estas no deben ser el centro de atención. Lo que debe motivar a una mujer no debe ser su apariencia física o su belleza] sino con las buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad.

Después en el versículo 11 describe las actitudes del corazón de una mujer reverente.

Que la mujer aprenda calladamente, con toda obediencia. Yo no permito que la mujer enseñe ni ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. [Después él dice por qué—nosotros lo ya hemos enseñado sobre este texto en Aviva Nuestros Corazones y no voy a tomar tiempo para hacer una exégesis ahora; pero este es el orden de la creación.] Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y [también es un hecho que] Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión. Pero se salvará [creo que en este contexto cuando se refiere a la salvación está hablando sobre salvarse de la inutilidad, no se refiere a la salvación en cuanto a su justificación, sino que será salvada de una vida inutilidad] engendrando hijos, [haciendo lo que sea que Dios la haya llamado hacer, que para la mayoría de las mujeres envuelve la crianza de hijos]—-si permanece en fe, amor, santidad, con modestia. (Versículos 9-15).

Aquí tienen un retrato de una mujer que es reverente en su conducta. En las funciones que ella tiene en su iglesia local—y en las que no tiene. Se denota en su vestir, en su comportamiento; en su espíritu enseñable; en su corazón humilde; en todas estas cosas al mismo tiempo.

Ahora vayan a una o dos páginas más adelante a 1 Timoteo 5, aquí tienes otra bella descripción de una mujer anciana, esta vez viuda, y es la descripción de una mujer que es reverente en su conducta. En el contexto aquí está hablando de una mujer que califica para ser provista financieramente por la iglesia local.

Ella tiene que ser viuda. “Que la viuda sea puesta en la lista solo si no es menor de sesenta años”. Ella no tiene otra fuente de provisión, en este contexto. “Habiendo sido la esposa de un solo marido”. Ahora esto no significa que ella no pudo haber estado casada en otra ocasión. Ella pudo haber tenido otro esposo que haya fallecido; ella pudo volverse a casar, pero esto significa que ella es mujer de un solo hombre. Ella es fiel a su esposo. Ella no está casada ahora porque enviudó, pero ella le fue fiel a su esposo. Versículo 10,

Que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraños, si ha lavado los pies de los santos, si ha ayudado a los afligidos y si se ha consagrado a toda buena obra.

Con esta descripción nos damos cuenta que esta mujer no desperdició sus años 30, 40, y 50 viviendo una vida frívola e insensata, gastando su vida en sus propios placeres y gustos. Esto no significa que ella nunca hizo nada placentero o que no haya disfrutado o que nunca tomó un descanso, pero, ¿cuál fue el enfoque de su vida? Ella ha vivido una vida de propósito y ha estado intencionalmente sirviendo, dando y bendiciendo a otros. Ella ha sido una esposa fiel, una madre fiel, ha mostrado hospitalidad fielmente, ha amado a los demás, ha suplido sus necesidades. Esta es una persona que tiene una conducta reverente.

La palabra reverencia, de acuerdo a www.rae.es es definida como una actitud de respeto o veneración que tiene alguien hacia otra persona; incluye una “inclinación del cuerpo en señal de respeto o veneración”. Respeto y veneración. Tiene que ver, según el diccionario, con la manifestación externa de esta actitud. Así que es una realidad interior que se expresa en veneración hacia Dios y Su Evangelio. Luego esta realidad interna se expresa en la forma como vives, la forma como vistes, la forma como hablas; todos los aspectos de tu vida son gobernados por esa reverencia a Dios.

Clemente de Alejandría fue un maestro de la iglesia en los finales del siglo segundo y a principios del siglo tercero. Él dijo, “El cristiano debe vivir como si toda la vida fuera una asamblea sagrada”. Ahora bien, no estamos diciendo que debes ser así solo en la vejez. Si quieres ser así en tu vejez, debes empezar a convertirte en esto mientras eres joven; viviendo como si toda la vida fuera una asamblea sagrada.

Creo que el concepto aquí es que entre una mujer anciana piadosa y una mujer joven piadosa no existe división entre lo sagrado y lo secular. Ella no vive su vida en compartimientos. El cristianismo no es un compartimiento de su vida, y después su familia otro compartimiento, y su trabajo otro compartimiento y su vida de golfista en otro compartimiento—sino que su cristianismo es el todo de su vida. Debemos siempre recordar que estamos involucradas en cosas sagradas.

Esto me dice a mí que en lo que respecta a todo ámbito de su vida —a propósito de lo que hablábamos anteriormente sobre el deterioro y la aspereza de las mujeres en nuestra cultura— las mujeres piadosas tienen conductas reverentes y no serán á speras en su forma de hablar, de bromear o de andar. Ellas no serán insensatas. Ellas no serán vulgares. Ellas no usarán humor insinuante o vulgar. Estarás pensando, “¿Realmente necesitas decir esto a un grupo de mujeres cristianas que están aquí para estudiar la Biblia? ¿Y a dónde hemos llegado?”

Estaba hablando con una mujer no hace mucho tiempo; se trata de una mujer anciana que vive este versículo. Ella es un gran ejemplo de la mujer de Tito 2. Ella se estaba lamentando de lo ásperas que lo vulgares que las mujeres cristianas se han convertido. Ella dijo,

“Estuve en una conferencia para mujeres cristianas, y había un comediante que hizo algo allí. Y parte del humor era tan insinúate y grosero; para nada edificante. Estaba tan afligida, y pensé, ‘De seguro que a la gente aquí no le gustará esto.’ Pero ellas se estaban riendo estrepitosa y alegremente.

De camino a casa —ella había asistido con un grupo de mujeres y pensaba que eran mujeres maduras y piadosas; pensaba que de seguro estas mujeres se sentirían preocupadas por lo que habían escuchado— cuando se mencionó algo al respecto, ellas pensaban que había sido maravilloso, ‘¡No era él maravilloso! ¡No era él gracioso! ¡No era él genial!’ Mi corazón estaba muy abrumado y cargado.

Debemos estar conscientes de que siempre le estamos sirviendo a Cristo, conscientes, como dijo Pablo, de que los ángeles están mirando. Somos un espectáculo para los ángeles. Cuando tú estás con un grupo de amigas, pasando una noche divertida —diviértete— pero vive de una forma que refleje una conducta reverente.

Ahora bien, algunas veces tenemos conceptos equivocados de lo que es realmente reverente. Muchas personas piensan que este tipo de mujer no tiene gozo, que es antipática o simplemente que siempre está muy seria, pero yo diría todo lo contrario. Las mujeres piadosas deben ser encantadoras. Debemos vivir en Su presencia, es como se supone que debemos vivir—eso es lo que significa ser reverente en conducta: vivir en la presencia de Dios—y en Su presencia hay plenitud de gozo.

Leía algo de un escritor antiguo que dijo,

“El hábito de mi mamá era todos los días —inmediatamente después del desayuno— retirarse por una hora a su habitación para pasar esa hora leyendo la Biblia, meditando y orando. De este tiempo, tal como de una fuente pura, ella extraía la fortaleza y la ternura que le ayudaban a cumplir con todos sus deberes; manteniéndose imperturbable con las preocupaciones y nimiedades que frecuentemente son el problema de los vecindarios abarrotados de gente.

Al pensar en su vida, [decía el hijo] y todo lo que tuvo que soportar, veo el triunfo absoluto de la gracia cristiana, el ideal hermoso de una mujer cristiana. Yo nunca la vi alterar su temperamento; nunca la escuché decir una palabra airada… o de chisme vano; nunca vi en ella una señal de ningún sentimiento que no estuviese de acuerdo con el de un alma que ha bebido del río del agua de la vida y que se ha alimentado del mana en el árido desierto.” 1

¡Qué testimonio! Él dijo, “Yo vi a mi mamá cuando era niño ir a su habitación y ser llenada del agua de vida, del pan del cielo, del maná de Dios, de la Palabra de Dios, y cuando ella salía de ahí, ella era una mujer diferente”. Lo que él describe de su mamá refleja una mujer con una conducta reverente.

Cuando todo sea dicho y hecho, ¿qué tipo de testimonio tendrán tus hijos de ti? Tus amigos, ¿cómo resumirían la influencia, la fragancia, el perfume de tu vida? Dirían, “Ella era una mujer que bebía abundantemente de Cristo, vivía con reverencia hacia Él, vivía en asombro de Él, y su vida reflejaba el asombro de una vida vivida en Su Presencia?”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss regresará en un momento para dirigirnos en oración.

Sus preguntas finales son importantes. Necesitamos ser cuidadosas de no pasarlas por alto. ¿Qué dirán tu familia y tus amigos de ti algún día? ¿Estás adquiriendo reverencia por Dios en este momento? Para crecer en reverencia, necesitamos el consejo y la perspectiva de mujeres ancianas; del tipo de perspectiva que hemos estado escuchando en esta serie.

La idea de mujeres enseñando a otras mujeres llena las páginas del libro Atrévete a ser una mujer conforme al corazón de Dios ”, Nancy Leigh DeMoss editó este libro. Incluye capítulos de mujeres que conocen la Palabra de Dios, la han experimentado y la viven. Sería un increíble honor sentarse a hablar con autoras tales como Susan Hunt, Mary Kassian, Bunny Wilson, y Dorothy Patterson. Bueno, te puedes sentar con ellas a través de las páginas de este libro. Incluye una guía de estudio que te ayudará a entender el material y aplicarlo a tu vida. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita.

Aquí está Nancy para orar y para recordarnos algo sobre la Escritura que vimos hoy.

Nancy: “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta”.

Oh, Padre, esto es realmente un estándar alto, y aun mientras he estado enseñando, he tropezado un poco, buscando las palabras exactas, mientras Tú me vas mostrando este texto. Apenas estoy encontrando y descubriendo parte de lo que estos versículos quieren decir, pero sé que es algo que quiero para mí. Oro para que Tú nos des a cada una de nosotras la habilidad de vivir vidas reverentes, vidas que vivan de cara a Ti, en Tu presencia, y que al mismo tiempo reflejen la plenitud, el gozo que es encontrado en Tu presencia. Que nuestras vidas hagan la diferencia a medida que veneramos a Cristo como Señor, oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

1 Nancy Leigh DeMoss. A Place of Quiet Rest, p. 256.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

54 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 2

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

54 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 2

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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