Regla de Conducta

Iglesia Evangélica Unida

Regla de Conducta

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es

5/17 – La Ley

El Proyecto Biblia

Serie: Temas Bíblicos

5/17 – La Ley

En este video, exploramos la importancia de las antiguas leyes en el Antiguo Testamento. ¿Por qué están en la Biblia y qué le dicen a los seguidores de Jesús? Exploramos cómo estas cumplieron un propósito estratégico en una fase clave de la historia bíblica, conduciendo hacia Jesús quién cumplió la ley y la resumió en el llamado a amar a Dios y a amar a tu prójimo como a ti mismo.

https://thebibleproject.com/international/spanish/

5/27 – La niñez de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

5/27 – La niñez de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ninez-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss tiene una sugerencia para nuevos padres. Pídele  a Dios que te dé una visión para los años que tengas con tus hijos.

Nancy Leigh DeMoss: Eso te ayudará a ser más intencional en la crianza y a darte cuenta de que los patrones establecidos en la niñez de tus hijos, las semillas sembradas, tendrá fruto en su edad adulta.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Durante estas semanas que preceden a la Semana de la Pasión de Cristo y la celebración del Domingo de Resurrección, estaremos enfocándonos en Cristo, meditando en Él, contemplándolo y viendo los diferentes aspectos de Quién es Él, Quién fue, a qué vino a la tierra, y lo que hizo aquí.

Estamos usando una guía, un gran libro devocional titulado “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en inglés]. Algunas de ustedes están siguiendo el estudio con el libro. Hoy estaremos en el capítulo 4, viendo la niñez de Cristo. Quiero recordarles que no es necesario tener el libro para aprovechar al máximo estos programas.

Aparte del incidente que Jesús tuvo a la edad de 12 años (eso lo veremos mañana), casi no tenemos nada registrado sobre Jesús desde que nació hasta que cumplió 30 años, cuando comenzó su ministerio público. Así que, a la luz de ese silencio, no nos sorprende que haya personas que especulen sobre lo que pasó durante todo ese tiempo.

Por ejemplo, a principios del segundo siglo, D.C., la gente escribió libros acerca de este tema, algunos de ellos son conocidos como los libros apócrifos. Uno se llama “El evangelio de la niñez escrito por Tomás”, y es muy especulativo y fantasioso acerca de algunas cosas que el autor pensó que Jesús pudo haber hecho en su niñez.

Y tengo que decirles que, no tiene ninguna relación con los hechos. Son relatos que casi en su totalidad, rayan en la ficción. No son la Palabra inspirada de Dios. Permítanme leer algunas partes de esta obra sobre “La infancia de Jesús” escrita en el siglo 2, D.C., cito:

“El niño Jesús cuando tenía cinco años, jugaba en el vado de un arrollo: reunió las aguas que fluían allí haciendo piscinas, las limpió y les ordenaba tan solo con su palabra.

Y al hacer un barro suave, formó doce gorriones. Y era en sábado cuando hizo estas cosas. Y había también muchos otros niños jugando con él.

Uno de los judíos, cuando vio lo que el niño Jesús había hecho, jugando en día sábado, salió rápido a decirle a su padre José: Mirad, he aquí que tu hijo está en el arrollo y ha tomado barro y ha hecho doce polluelos, y ha profanado el día del Sabbat.”

“Y José vino al lugar y vio: y habló con el niño en voz alta diciendo: ¿Por qué razón haces esto, en sábado, no ves que no está permitido hacerlo? Pero Jesús palmeando sus manos al momento ordenó a las aves: ¡Id! Y los gorriones emprendieron el vuelo y se alejaron cantando.”

“Y al ver esto los judíos se asombraron y se fueron a decir a sus superiores lo que el niño había hecho.” (II, 1-5).

La gente que escribió esto, decía que era cierto. Pero sabemos que no fue así. Tenemos la Palabra de Dios que nos dice lo que necesitamos saber acerca de Cristo, y hay muy pocas referencias en las Escrituras acerca de la infancia de Jesús—casi nada. Lo cual, a propósito, suena muy interesante al ver este mundo en el que vivimos hoy, tan centrado en los niños, donde todo gira alrededor de ellos. Piensan que el mundo gira a su alrededor. Algunos padres de familia también piensan que el mundo se trata todo acerca de sus niños.

Y no es que digamos que los niños no son importantes—porque lo son. Jesús amaba a los niños. Creo que no enseña algo el que las escrituras no mencionen tanto acerca de esos años de Jesús. Fueron años de oscuridad. No que Jesús no haya tenido familia o amigos que le conocieran, pero Él no andaba por ahí haciendo cosas espectaculares. Primero que nada, recordemos que cuando vino a esta tierra, Él restringió el uso de sus atributos divinos. Él se vistió con nuestra humanidad. Era importante que creciera y se desarrollara como un niño normal, como todo ser humano.

Entonces, veamos algo basado en las Escrituras, y no en la ficción. ¿Qué sabemos acerca de Cristo en este periodo de silencio? Primero, sabemos que tuvo una infancia.  Y puedes decir: bueno,  y… ¿qué es lo grande de eso? Bien, hay un gran contraste—algo que seguro no fue pasado por alto entre los griegos del 1er siglo—con la mitología griega, cuyos dioses decían haber venido al mundo ya crecidos y bien armados. Jesús no vino a la tierra como un adulto sino como un pequeño, débil e indefenso recién nacido.

Yo tengo una recién nacida en casa. La primera bebé de una joven pareja, se llama Addie Grace. Mientras yo estudiaba esta serie, yo miraba a Addie con otros ojos, viendo lo desprotegida, dependiente, pequeña y débil que es, y pensaba: así era Jesús cuando se hizo carne. No vino como esos dioses griegos, listo para conquistar al mundo. Él vino al mundo como todos nosotros, débil, pequeño, indefenso y dependiente. Él fue un niño.

Una vez más, cuando lo pones frente a los dioses griegos, Él es el Cristo incomparable. No hay ninguno como Él, ningún líder religioso es como Él. En este mundo pluralista donde la gente nos trata de decir que Él solo fue uno más del montón y que todos los dioses son iguales y del mismo origen… ¡No lo creas! No es verdad. Jesús es el único, Él es el incomparable Cristo. Lo vemos en este pequeño detalle de haber nacido como un bebé y en el haber tenido una niñez normal.

También hemos aprendido de las Escrituras que Jesús nació en un hogar en esta tierra con padres devotos y piadosos, María y José, sus padres terrenales. Sabemos que sus padres fueron fieles adoradores y que se comprometieron a criarlo de acuerdo los mandamientos de la Escritura.

Lucas capítulo 2 nos dice que cuando Jesús nació, “ellos hicieron todo conforme a lo ordenado por la ley de Dios”. (v. 39). Todos los rituales, el ir al templo y ofrecer sacrificios, todo lo ordenado por Dios.

Luego leemos en el versículo 41 de Lucas capítulo 2 que: “Sus padres iban a Jerusalén cada año para la fiesta de la pascua”. No era solo porque les gustaba ir o celebrar la Pascua, (aunque supongo que así era) sino porque Dios había ordenado a los judíos observar esa fiesta. Entonces, Jesús tuvo a Sus padres terrenales que fueron obedientes a la ley de Dios. Él creció en ese tipo de hogar.

Aun así, Su niñez no estaba exenta de problemas. Sólo porque Él era Dios, no estaba exento de las pruebas y las luchas de la vida diaria en un mundo caído. Pensemos en estas cosas. Por ejemplo, Su madre tuvo un embarazo inesperado, podemos suponer que al menos tuvo que enfrentar rumores y malos entendidos. No hay razón para creer que cuando Jesús nació; todos de repente creyeron que este era el Hijo de Dios nacido de una virgen. Estoy segura que hubo gente que juzgo a María como una mujer contaminada y marginada. Así que Jesús creció en un hogar con una mamá rodeada de sospechas, rumores y malos entendidos.

Su madre fue forzada a dar a luz a 120 km de casa. Caminando esa distancia en un ambiente inhóspito. Ella no dio a luz en una maternidad o un moderno hospital, sino en un establo. Donde de inicio su vida tuvo muchos desafíos.

Nació en una era de represión y totalitarismo romano. No era un tiempo fácil para estar vivo. Su vida fue amenazada por un celoso rey cuando todavía era un pequeño infante, por lo que Sus padres tuvieron que huir a Egipto. Aunque ya estaban lejos de casa, recorrieron aproximadamente 480 km, donde se tuvieron que quedar allí cerca de dos años hasta que la amenaza pasara.

Luego tuvieron que regresar a Nazaret. Pensamos de Nazaret como algo muy importante, pero en esos tiempos Nazaret era como algo insignificante, “¿puede salir algo bueno de Nazaret?” no era un lugar del cual estar orgulloso de pertenecer. No era una ciudad popular. Ni era un área comercial. Era muy pequeña, despreciada,  no era una ciudad apreciada.

Jesús nació también en el seno de una familia pobre. Lo sabemos por el tipo de sacrificios que Sus padres hacían en el templo. Así que no nació en un palacio ni en la riqueza. Ni con pompa. Ni nació con una cuchara de plata en Su boca. Aunque Él hizo toda la plata del mundo. Él fue el creador del mundo pero cuando vino a este mundo vino para humillarse.

El solo hecho de nacer como humano, es lo suficientemente bajo, pero la Escritura dice que “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. 2ª Corintios 8:9.

De manera que Él nació en una familia pobre. Eso significa que tuvieron que enfrentar desafíos para salir adelante. Solo piensa lo que es el ser pobre al día de hoy. El vivir en pobreza, haciendo hasta lo imposible para poder dar de comer a la familia.

Hablando de familia. Él nació en lo que ahora llamamos una familia grande, por nuestros estándares, claro. En Marcos capítulo 6 versículo 3, se mencionan cuatro hermanos de Jesús y por lo menos dos hermanas. Nacidos de José y María después del nacimiento de Jesús.  Aquí vemos que Él fue el primogénito de sus medio hermanos y hermanas; hubo al menos siete niños en esa familia.

Fueron pobres y no tuvieron una de esas casas de ocho recámaras. Jesús creció en una casa pequeña y pobre, para una familia grande, considerando el tamaño de Su familia.

Creo que nos ayuda el imaginarnos Su niñez. Pensamos en Él como el Rey, (y lo es), y el Señor del universo (y lo es), y el Señor de los ejércitos (y lo es). Pero también nació y creció en estas pobres, simples y oscuras circunstancias.

Hay un versículo en la Escritura que se encuentra en Lucas capítulo 2 el versículo 40, que relata los años de infancia de Jesús y quisiera que lo viéramos por unos momentos. Dice así: “Y el niño crecía y se fortalecía y se llenaba de sabiduría y la gracias de Dios era sobre él”. Ese versículo,  a excepción del incidente que veremos mañana, es todo lo que se no dice sobre la infancia del niño Jesús.

La Escritura dice que el niño crecía. Pero no saltemos esa parte tan rápido. Jesús tuvo que crecer para convertirse en un hombre; tomando la naturaleza humana. Es parte de la humillación de la encarnación. Él no solo tomó la forma de cuerpo humano sino que se sometió Él mismo a esa naturaleza humana, incluyendo a un alma a humana con mente, emociones, capacidades de razonamiento, etc. Tuvo que pasar por las mismas etapas de desarrollo en cada una de esas esferas; física, intelectual, social y psicológica por las cuales todos tenemos que pasar.

A veces hablamos acerca de los niños y sobre cómo piensan de manera concreta, y cómo luego aprenden a pensar de manera más abstracta… Son etapas de desarrollo. Jesús pasó por esas etapas como niño—físicamente, intelectualmente, socialmente y psicológicamente. Él tuvo que hacerlo para representarnos como nuestro Salvador, verdadera y completamente.

Al pensar en el crecimiento del Señor Jesús, permítanme hacer unas cuantas observaciones. Primero que todo, fue un crecimiento balanceado. Fue un crecimiento en todas las esferas—mente, alma, espíritu y cuerpo. Hoy podemos ver algunos niños que son “súper dotados” en algunas áreas. Hay algunos que son sorprendentes atletas, pueden hacer muchas hazañas atléticas, pero no pueden leer o escribir. O hay niños que tienen un gran talento para socializar. Pueden relacionarse muy bien; pero  son débiles en otras áreas. Pueden quizás no darse cuenta de lo que sucede a su alrededor; aunque son tan orientados hacia las personas.

Bueno, Jesús nos mostró la importancia de crecer en cada área, integralmente—en cuerpo, alma y espíritu. Esa es la forma en que debemos crecer. Esa es la forma en la que hubiésemos crecido de no haber sido por la caída. Así que él vino a vivir nuestra vida, y a modelarnos cómo estaba supuesta a vivirse nuestra humanidad. Un crecimiento integral. Crecimiento físico. Crecimiento racional/intelectual.

Ahora, es difícil de entender que Jesús haya tenido que crecer intelectualmente. Porque como Dios, Él era omnisciente; Él lo sabía todo. Pero como hombre, tuvo que crecer en conocimiento. Tuvo que ir a la escuela. A diferencia de lo que dice el “Evangelio de Tomás” acerca de que Él le gritaba a los maestros por algo que no entendían bien, Jesús tuvo que aprender su alfabeto. Tuvo que aprender a juntar las letras y a leer y a escribir. Tuvo que crecer intelectualmente en conocimiento. Y esto es un misterio, pero es verdad.

También creció moralmente. El versículo 52, de Lucas capítulo 2, nos dice que Él “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”.  Aunque Él era Dios, había algún sentido en el que Él tuvo que crecer en su capacidad moral, sus funciones morales—no que hubiera pecado, (porque nunca lo hizo). Pero tuvo que crecer en tomar decisiones sabias y piadosas. Él tuvo un crecimiento balanceado en cada área y así es cómo nosotros deberíamos crecer.

Su crecimiento fue también gradual. ¡No hubo atajos! Él no  saltó ningún grado que sepamos. No saltó ninguna etapa de su vida. No ‘saltó de tener dos a doce ’—por así decirlo, que sepamos. Él fue por esas etapas en un periodo gradual de crecimiento. Le tomó doce años para llegar a esa edad, tú dirás “bueno, pues claro”. Pero creo que es importante el darnos cuenta que cuando Él tomó nuestra humanidad, realmente lo hizo totalmente.

Él tomó nuestra humanidad, Él tuvo que crecer gradualmente tal cual nosotros. Aquí se ve la paciencia. No hay prisa. Nada de  “¡Date prisa que tengo que llegar a los 30 y comenzar mi trabajo!” No, hay que pasar las etapas para llegar allí. Es el proceso del crecimiento. No sucede de la noche a la mañana en nosotros no sucede de la noche a la mañana en nuestros niños. Tampoco pasó así para Jesús.

Requirió tiempo y entrenamiento y una familia con disciplinas. Él obtuvo el conocimiento de la misma forma que nosotros lo obtenemos. Observando, preguntando y siendo enseñado. Esto nos muestra la humildad de Cristo.  El incomparable Cristo, quien sería reducido a esto sin sacrificar nada de Su deidad. Pasó por un crecimiento gradual como hombre. Por un crecimiento balanceado y gradual.

Fue un crecimiento fructífero y con propósito. Fue un crecimiento con un objetivo. Tenía una meta. Hubo un resultado y ese resultado fue la madurez. Se supone que ese debe ser el resultado de todo crecimiento; pero tristemente, para mucha gente hoy, pueden crecer físicamente, pero no intelectual, moral o psicológicamente o relacionalmente. Su crecimiento como que se paraliza. El crecimiento de Jesús nunca se detuvo. Él procedió a ese nivel de madurez, físico y espiritual. Dice que “se fortalecía y se llenaba de sabiduría”. No sucedió de la noche a la mañana, pero sucedió.

Estos años de niñez fueron años de preparación para Su llamado, aprendiendo la Ley y la Palabra de Dios. Aprendiendo los caminos de Dios. Se adaptó a nuestras limitaciones y a nuestra humanidad. Asistió a la escuela hebrea. Se le enseñaron las Escrituras hebreas.  Aprendió estas cosas. Aprendió obediencia. Cada paso de crecimiento lo estaba preparando para cumplir la misión eterna de Su Padre. Un crecimiento balanceado. Un crecimiento gradual. Un crecimiento fructífero y con propósito, que le llevaba finalmente a la madurez.

Vemos perseverancia durante los años de la niñez. Y creo que es significativo el hecho de que la Escritura no nos dice mucho—nos dice poco, realmente, sobre estos años de niñez—. Eso nos dice que fueron años lentos. Sucedieron de la manera que sucedieron y no podemos ignorarlos.

Dice que durante este tiempo, la gracia y el favor de Dios estaban sobre Él. Eso es básico para crecer. No podemos crecer como Dios quiere que crezcamos,  si estamos alejadas de la gracia y el favor de Dios. Vemos a Jesús como un hombre que depende de la gracia de Dios. A pesar de sus circunstancias, algunas de ellas tan adversas. A pesar de las disfunciones, en su entorno y en el mundo en el que vivía, a pesar de los desafíos que tuvo que enfrentar en esa época, el favor y la gracia de Dios estaban con Él.

Él es el Hijo de Dios. Su favor estaba sobre Él; ya Dios le estaba dando el crecimiento aun en medio de esta ciudad corrupta llamada Nazaret, nacido de padres pecadores, nacido en un mundo y una época decadente y pecaminosa.

Y algunas de ustedes que están criando hijos en este mundo, ¿no se sienten desanimadas?  Pensamos: ¿Cómo podrán lograrlo estos niños? La presión de este mundo es tan fuerte. Recordemos que Jesús creció es este tipo de mundo. Pero el favor y la gracia de Dios estaban sobre Él. El favor y la gracia de Dios pueden estar sobre ti y sobre tus hijos, si tú buscas crecer en este mundo caído y fracturado.

Su niñez era congruente con su humanidad y con su deidad.

  • El pasó por etapas ordinarias de su niñez.
  • Tuvo que aprender a desarrollarse y crecer.
  • Fue humano.
  • Tuvo nuestras limitaciones.
  • Tuvo nuestras debilidades.
  • Pero también Él fue Dios. ¡y nunca pecó!

Así que la niñez de Jesús nos demuestra algunas cosas que tienen que ser reales en nuestras vidas. El objetivo de crecimiento gradual y con propósito. La meta de llegar a ser fuerte y sabio. ¡Qué meta para nuestra vida! Jesús llegó a ser fuerte, sabio y espiritualmente maduro en toda faceta por Su dependencia en la sola gracia de Dios. Sin importar lo que leamos sobre Su infancia, en el “Evangelio de Tomás”, Jesús no hizo uso de Sus poderes sobrenaturales para hacer pájaros ni para destruir a las personas que no estaban de acuerdo con Él. Él puso todo esto a un lado y creció—tal y como nosotros debemos crecer—en dependencia de la gracia de Dios.

Y para ustedes que son padres cristianos y que buscan criar a sus hijos para la gloria de Dios, no subestimen la importancia, la necesidad y el valor de esos años de la niñez. No traten de poner a su niño en la edad de doce años cuando todavía tiene tres. Es un proceso. Hay un crecimiento. Toma tiempo toma paciencia. Disfruten cada tiempo. Cada momento. Quizás algunas de ustedes tienen nietos… recuerden esto.

Pídele a Dios que te de una visión. Un sentido de propósito para su infancia. Reconoce que hay patrones que se establecen en su niñez, que hay semillas que deben ser sembradas en este tiempo, y verás cómo dan fruto en su edad adulta.

Lo que tus hijos hacen a la edad de dos, tres, seis, ocho y diez, importa. Importa que estén creciendo, que seas intencional en ayudarles a formarse en la dependencia y gracia de Dios. Porque ellos están siendo formados en la persona que serán de adultos.

Cuando ores por tus hijos,  no ores sólo por protección y seguridad. Claro que quieres eso, pero también ora creyendo que Dios les dará el crecimiento en cada área de sus vidas—desde la infancia, la niñez,  hasta que sean adultos, para la gloria de Dios.

Gracias Señor porque viniste a este mundo como un bebé y creciste como todo niño. Tú creciste hasta la madurez para mostrarnos cómo debemos crecer. Yo oro que hagas una obra de gracia, que Tu favor esté sobre nosotras al buscar nuestro crecimiento,  y sobre nuestros hijos,  representados aquí en tantos hogares y familias, y entre aquellos que amamos, así como también aquellos que pueden escuchar este mensaje lejos de aquí por medio de Aviva Nuestros Corazones.

Oh Señor, que podamos ver niños que crezcan para ser sabios y fuertes como lo fue Jesús.  Que podamos crecer en sabiduría y fuerza nosotras también. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén.

Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss, dándonos una perspectiva sobre la niñez de Cristo a los padres y abuelos. El mensaje es parte de la serie El Cristo incomparable. Si te has perdido algunos programas de esta serie, los puedes escuchar al visitar AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Cómo comenzaste a escuchar Aviva Nuestros Corazones? Nancy regresa para hablar de cómo algunas mujeres descubrieron el programa.

Nancy: Hemos oído de muchas mujeres que se “toparon” con el programa mientras escuchaban la radio. Ellas nos cuentan de los cambios que se han producido en sus vidas desde que comenzaron a exponerse a estas verdades. Eso fue lo que le sucedió a una mujer de nombre Tina. Ella nos escribió:

“No puedo expresar lo mucho que Aviva Nuestros Corazones ha cambiado mi vida.”

Como siempre, nosotros aclaramos que es Dios quien cambia las vidas, solo que usó a Aviva Nuestros Corazones en el proceso. Tina comenzó a escuchar Aviva Nuestros Corazones en la radio varios años atrás. Ella comenta:

“Yo era una nueva creyente, y apenas empezaba a crecer. Estaba pasando por ataques de pánico, angustia, depresión y ansiedad.”

Luego ella explica como Dios usó este ministerio para conectarla con las Escrituras. Todas las luchas por las que ella estaba pasando, fueron disipadas al escudriñar las Escrituras. La transmisión de Aviva Nuestros Corazones continúa animando a Tina y ella y su marido han tomado un paso de fe para ser padres sustitutos a cargo de niños abandonados, por lo que están ahora teniendo nuevos desafíos.

Cuando donas a Aviva Nuestros Corazones nos estás ayudando a ayudar a mujeres como Tina. Si deseas ser parte de lo que Dios está haciendo, haz tu donación visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Leslie: ¿Cómo impartes sabiduría a un adolescente? Nancy Leigh DeMoss nos mostrará cómo al ver la vida de Jesús. Mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Padres, Joivan Jimenez, Hoy Ven Conmigo ℗ 2010 Joi Music Group.

13/63 – El temor que echa fuera todo temor | Marcos 4:35-41

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

13/63 – El temor que echa fuera todo temor | Marcos 4:35-41

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

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Episodio 12 – Cuando el pecado sexual del pasado atormenta tu boda

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Cuando el pecado sexual del pasado atormenta tu boda

Episodio 12

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

El reino dividido

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

El reino dividido

R.C.Sproul

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Hemos titulado esta serie «Del polvo a la gloria” y obviamente las imágenes que usamos de polvo y gloria se refieren a la vista panorámica de la historia de de la redención, empezando con la creación y avanzando inexorablemente hacia las promesas que encontramos en Apocalipsis, que hablan de la venida de la gloria de Cristo.

Pero en un sentido más estricto, podemos considerar este período de tiempo que estamos viendo ahora, en términos de: “Del polvo a la gloria en miniatura”. El reino empieza en el polvo de los llanos del desierto de Sinaí, cuando Dios crea para sí una nación bajo el liderazgo de Moisés y este pueblo, luego, deambula por el polvo a través de la experiencia del desierto y luego a través del período de los jueces.

Y el polvo empieza a convertirse en gloria con el reino de David, pero en muy poco tiempo, la gloria se vuelve polvo otra vez y este regreso al polvo se lleva a cabo al final de la vida de Salomón.
Leemos sobre esto en el capítulo 11 del primer libro de Reyes, empezando en el verso 26. Allí leemos: «Y Jeroboam, hijo de Nabat, un efrateo de Sereda, cuya madre, una mujer viuda, se llamaba Zerúa, era siervo de Salomón y se rebeló contra el rey”.

Bueno, así como David tuvo que soportar numerosas revueltas y conspiraciones en su reino, ahora Salomón tiene que soportar un levantamiento contra sí mismo. Ahora bien, el verso 27 es significativo porque leemos estas palabras: «Y ésta fue la causa por la cual se rebeló contra el rey: Salomón había edificado el Milo y cerrado la brecha de la ciudad de su padre David. Este Jeroboam era guerrero valiente, y cuando Salomón vio que el joven era industrioso, lo puso al frente de todo el trabajo forzado de la casa de José».

Ahora, recordarán que dije en nuestra última sesión que una de las cosas que llevó al colapso del reino unido fue el gran error necio de Salomón de esclavizar a una parte de su propio pueblo para ser el instrumento del gobierno para aumentar el esplendor de su reino.

Irónicamente, fue a Jeroboam a quien Salomón seleccionó debido a su coraje, su valentía y su espíritu esforzado; poniendo a Jeroboam al frente de la tarea de dirigir esta fuerza laboral humana. Pues bien, a continuación leemos que, «cuando Jeroboam salió de Jerusalén, el profeta Ahías silonita lo encontró en el camino. Ahías se había puesto un manto nuevo y los dos estaban solos en el campo.

Entonces Ahías tomó el manto nuevo que llevaba sobre sí, lo rasgó en doce pedazos, y le dijo a Jeroboam: “Toma para ti diez pedazos; porque así dice el Señor, Dios de Israel: ‘He aquí, arrancaré el reino de la mano de Salomón y a ti te daré diez tribus’».

Ahora, permítanme hacer una pequeña pausa. Jeroboam sale y se encuentra con este hombre, que es un profeta y los dos están solos, y el profeta tiene esta hermosa túnica nueva. Y una de las cosas características que encontramos en el Antiguo Testamento, con los profetas, es que a menudo comunican la palabra del Señor a sus oyentes por medio de un “ejemplo práctico” donde alguna acción concreta se lleva a cabo de forma gráfica simboliza o representa una inminente acción de Dios, y esto es lo que ocurre en este encuentro pues el profeta toma esta bella prenda de vestir, y la rasga en 12 partes.

Sin duda, el significado del número 12 no es difícil de entender. Las 12 piezas se refieren a las 12 tribus de Israel. Y ahora el profeta le dice a Jeroboam: «Toma para ti diez pedazos» de esta prenda, y luego le explica que Dios le ha hablado, que Él estaba juzgando a Salomón por su pecado y como resultado de la desobediencia de Salomón, el juicio de Dios está viniendo sobre la nación, y que él va a partir el reino unido en dos; y que va a dar 10 tribus a Jeroboam y las va a quitar del control de Salomón.

Bueno, continuemos entonces. El dijo: «(pero él tendrá una tribu, por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén, la ciudad que he escogido de entre todas las tribus de Israel)». Ahora bien, parece que tenemos un problema aquí porque él tiene 12 piezas de tela, y dice que solo dará una tribu a Salomón. Bueno, todo se reduce a que los levitas no fueron considerados como una de las tribus, y más tarde se divide la herencia entre Efraín y Manasés, los hijos de José.

El punto es que la tribu que va a quedar bajo el control de Salomón es la tribu de Judá, la cual nos recuerda la bendición patriarcal de Jacob siglos antes, cuando dijo: «El cetro no se apartará de Judá,» hasta que venga Siloh”. De modo que la dinastía que Dios crea con David es una sucesión real que se da a la tribu de Judá y la única razón que podemos imaginar por la cual Dios no le quita toda la nación a Salomón, sino que conserva un trozo de tela para Salomón, es por respeto a la promesa patriarcal y por el amor de Dios hacia David y la promesa a David, la promesa que Dios hizo a David que él tendría a alguien en su trono para siempre.

Ahora veamos lo que ocurre como resultado de estas cosas. Versículo 36, «Y a su hijo daré una tribu», es decir, al hijo de David, «para que mi siervo David tenga siempre una lámpara delante de mí en Jerusalén, la ciudad que yo he escogido para poner allí mi nombre. Y a ti te tomaré, y reinarás sobre todo lo que desees, y serás rey sobre Israel».

Este es el primer indicio del reino dividido, y cuando hablamos de reino dividido, esta nación que anteriormente había sido llamada Israel, ahora está partida en dos; y entonces el reino del norte se llama, desde entonces, el reino de Israel, y el reino del sur, el cual contiene la ciudad de Jerusalén, se llama el reino de Judá.

De modo que ahora este reino del sur lleva el nombre de la tribu que se reservó para los descendientes de David y de Salomón. Luego, se nos narra la muerte de Salomón y la respuesta de su hijo Roboam. En el capítulo 12, esto a veces es confuso porque estamos hablando de Jeroboam y Roboam.

Ellos no son hermanos. Jeroboam no era hijo de Salomón. Roboam era hijo de Salomón.Y esto es lo que leemos sobre Roboam en el capítulo 12: «Entonces Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había ido a Siquem para hacerlo rey».

Entonces, cuando lo supo Jeroboam, «enviaron a llamarlo, entonces vino Jeroboam con toda la asamblea de Israel, y hablaron con Roboam, diciendo: tu padre hizo pesado nuestro yugo; ahora pues, aligera la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que puso sobre nosotros y te serviremos. Entonces él les dijo: Idos por tres días, después volved a mí. Y el pueblo se fue.

El rey Roboam pidió consejo a los ancianos que habían servido a su padre Salomón cuando aún vivía, diciendo: ¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?

Ahora, ¿ven lo que está pasando? Hay una gran reunión en Siquem y Jeroboam viene con todo su ejército, y él tiene ahora el poder para mover a todas estas tribus contra el sucesor de Salomón, cuyo nombre es Roboam, pero él le da Roboam la oportunidad de preservar la unión, de preservar la nación. Él dice, «la mano de tu padre era dura sobre nosotros».

¿A qué se refiere esto? Se refiere a la misma empresa en la que el mismo Jeroboam estaba envuelto: al trabajo forzado de su propio pueblo; Y debido a eso, el pueblo está impaciente y está listo para escapar. Están listos para una guerra civil.

Pero Jeroboam le dice a Roboam, ‘Si nos prometes que pondrás fin a este tipo de opresión, seremos leales a tu reinado y no habrá ninguna división. No habrá ninguna separación’. Así que, básicamente, Roboam dice, ‘Déjame pensar al respecto’. Él dice: ‘Váyanse por tres días, vamos a reunirnos y veremos que pasa’. Mientras tanto, Roboam consulta a los ancianos en búsqueda de su consejo y dijo, «¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?»

“Y ellos le respondieron, diciendo: Si hoy te haces servidor de este pueblo, y les sirves y les concedes su petición y les dices buenas palabras, entonces ellos serán tus siervos para siempre»
Vaya, es eso gran sabiduría ¿Qué le están diciendo a Roboam? ‘¿Quiere que este pueblo te sirva? Bueno, si quieres que te sirvan, tú tienes que servirles porque el rol del rey no es oprimir a su pueblo, sino servir a su pueblo.

El rey debe ser un siervo de Dios, estando al servicio de las personas que gobierna’. Como dijimos antes, cuando se estableció el reino por primera vez, el rey de Israel nunca tuvo la autoridad de autonomía.
Cada rey en la nación era responsable ante la ley del rey, para estar al servicio de Yahvé, quien solo él era el único rey supremo del pueblo.

Pero el registro que encontramos aquí es el registro de un rey y reina, uno tras otro, quienes se atribuyeron para ellos mismos la autoridad y el respeto que le pertenecen solo a Dios. Así que ahora, el consejo de los ancianos para Roboam es ‘sirve al pueblo y ellos te servirán’.

Bueno, escucha su respuesta: “Pero él abandonó el consejo que le habían dado los ancianos, y pidió consejo a los jóvenes que habían crecido con él y le servían. Y les dijo: ¿Qué aconsejáis que respondamos a este pueblo que me ha hablado, diciendo: ‘Aligera el yugo que tu padre puso sobre nosotros’?

Y los jóvenes que se habían criado con él le respondieron, diciendo: Así dirás a este pueblo que te ha hablado, diciendo: ‘Tu padre hizo pesado nuestro yugo; pero tú hazlo más ligero para nosotros.’
Así les hablarás: ‘Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre. Por cuanto mi padre os cargó con un pesado yugo, yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con látigos, pero yo os castigaré con escorpiones’”.

Los jóvenes están llenos de ellos mismos, y crecen y comparten y disfrutan del poder de Roboam. Ellos le dicen: ‘No escuches a los ancianos que son débiles y que quieren reducir y disminuir el poder que tienes. Déjanos estar contigo. Toma el poder. No cedas ni un milímetro de ese poder, y di a estas personas, «Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre”.

Si piensan que estaban en problemas con él, entonces sométanse o realmente se las voy a poner como nunca se lo imaginaron». Entonces, él hizo este anuncio a Jeroboam, y les habló conforme al consejo de los jóvenes y cuando esto sucedió, el pueblo le respondió, diciendo: “¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia con el hijo de Isaí. ¡A tus tiendas, Israel! ¡Mira ahora por tu casa, David! Y todo Israel se fue a sus tiendas. Pero en cuanto a los hijos de Israel que habitaban en las ciudades de Judá, Roboam reinó sobre ellos”.

Así que ahora empieza la guerra civil, y la nación se divide y la división de este pueblo duraría siglo tras siglo, tras siglo. Y la historia posterior de las condiciones tanto en el norte como en el sur parece un prontuario criminal, sobre todo en el norte.

Tan pronto como Jeroboam asume el poder y el control en el reino del norte, Israel, va y crea dos sitios sagrados especiales y consagra un becerro de oro diciendo: ‘Este es el dios que te sacó de la tierra de Egipto’. Tan pronto él asume el poder del reino del norte, dirige a la gente hacia la práctica de la idolatría, lo que se convierte en un microcosmos de la historia futura del reino del norte.

Permítanme decir un par de cosas acerca de este período del reino dividido que se describe aquí, tanto en el primer y segundo libro de Crónicas como en los libros de Reyes. Y sé que le gente se estanca al leer este período, pero la historia que se desarrolla en los días siguientes es absolutamente crucial para comprender todo el alcance de la fe del Antiguo Testamento.

El reino del norte después del tiempo de la división dura unos 200 años, y en ese período de 200 años hay 20 reyes. Ahora, hagan el cálculo: la duración promedio de la monarquía en el reino del norte por el resto de su historia fue de 10 años. Ahora, algunos de ellos no duraron ni 10 semanas, pero el promedio es de 10 años y en ese período de 200 años, hay 20 reyes, 9 familias. Nueve dinastías diferentes que compiten por la supremacía en el reino del norte.

Ahora, hablamos en la historia británica, de los Tudor y los Windsor, y así por el estilo, y se habla de distintas casas o familias, de donde proceden los monarcas. Pues bien, en el reino del norte hay tanta interrupción, tanta división, tanta intriga, tanta rivalidad fratricida que no hay estabilidad, 20 reyes, 9 familias distintas.

Una de las familias más importantes en el reino del norte fue la denominada casa de Omri. Omri, fue importante por establecer una capital central rival y un lugar central de adoración para Judá y Jerusalén. El hizo que la capital del reino del norte fuera la ciudad de Samaria. Ahora, tal vez no has oído mucho acerca de Omri.

Era tan capaz como administrador y gobernante, pero a la vez despreciablemente malo en su comportamiento religioso. Omri realmente acentuó el cambio del reino del norte a la práctica idolátrica.
Tal vez el más ilustre descendiente de la dinastía de Omri fue uno tipo del que has oído hablar (que se ha inmortalizado, como en ningún otro lugar, como el capitán del Pequod en la novela «Moby Dick» por Herman Melville, Acab, quien se convierte en el rey del reino del norte.

Acab es sinónimo de maldad, este se casa con una mujer que sigue con vehemencia sus costumbres paganas y cuyo deseo es que el reino del norte adore a sus dioses, que haya un renacimiento de la idolatría en la tierra. Y su nombre, por supuesto, es Jezabel. Ella se ha asociado tanto con la maldad que incluso hoy, si una mujer es conocida por su extraordinaria maldad se dice de ella, «Ella es una Jezabel.»

Fue la maldad en el reino del norte que provocó en primer lugar el levantamiento de toda una nueva línea de profetas encabezada por Elías, a quien vamos a ver más adelante. Mientras tanto en la tierra del sur, el reino del sur mantiene cierta estabilidad, aunque, sin duda, no fue una época de gran piedad, aparecen entre algunos de los reyes del sur algunos hombres de Dios. Y hubo reformas que se realizaron ocasionalmente durante este período. Pero el reino del sur, a diferencia del reino del norte, duró aproximadamente 350 años.

Ahora bien, esto es lo que creo que es fascinante: Que el reino del norte, el cual solo duró 200 años, tuvo 20 reyes y 9 familias. Pero, el reino del sur tuvo 20 reyes durante un período de 350 años, casi el doble que el reino del norte, pero el mismo número de reyes.

Y como había sido ordenado por Dios y de acuerdo con su providencia: solo una familia; de modo que permaneció intacta la sucesión dinástica de David por 350 años después de la división del reino, por lo que la casa de David se conserva, de generación en generación, en honor de Jerusalén y de la Casa de Dios.

En el año 722, el reino del norte cayó ante los invasores asirios, y la gente del norte fue llevada cautiva. En el 586 y 587 antes de Cristo, Jerusalén cayó ante los babilonios. Y así, a partir de este período de la división viene el gran cautiverio, donde vemos, finalmente, la caída de los dos reinos, el norte y el sur.

Primero, el reino del norte con la caída de Samaria en el 722 a.C.; luego en el año 586, la caída de Jerusalén y la caída del reino de Judá. La desolación y la oscuridad se apoderaron de las personas, pues habían perdido su patrimonio y como el profeta Amós más tarde declaró que la casa de David había caído y el trono de David se enredó en insidias y malas hierbas, con óxido, y al parecer condenado al olvido eterno, sino fuera por la promesa de Dios a su siervo David que establecería su trono para siempre; Y como diría Amós en el futuro próximo, «En aquel día levantaré el tabernáculo caído de David».

Todo eso apunta a gritos hacia el futuro, a la venida del hijo de David, que es mayor que David, a quien el reino se da por los siglos de los siglos.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

4/27 – La encarnación de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

4/27 – La encarnación de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-encarnacion-de-cristo/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss les invita a quedarse maravillados.

Nancy Leigh DeMoss: Hoy vamos a ver lo que un teólogo ha llamado «el milagro más impresionante de toda la  Biblia – el más sorprendente- más sorprendente que la resurrección y aún más sorprendente  que la creación del universo».

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Mientras Nancy continúa con la serie El Cristo incomparable, ella nos dirá acerca del milagro más sorprendente de toda la Biblia.

Nancy: Bueno, ¿Y de qué se trata todo esto? Permítanme pedirles que abran sus Biblias, si la tienen cerca, en el Evangelio de Juan, capítulo 1. Quiero leer dos versículos de este capítulo, el versículo 1 y después versículo 14.

Juan capítulo 1, versículo 1: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios».

Versículo 14: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su Gloria, Gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad».

Bueno, como ustedes saben, estamos usando estas semanas previas a la Semana Santa y al Domingo de Resurrección—el tiempo que algunos llamaran la Cuaresma— para reflexionar en Cristo, para meditar sobre Cristo. Nosotros estamos usando como guía un libro titulado “El Cristo incomparable” [The Incomparable Christ – disponible en inglés] Su autor es  J. Oswald Sanders. Es un libro que ha sido una bendición para mí, y vamos a ir a través de los capítulos de este libro que habla de la vida, de la obra y de la pasión de Cristo.  En el  programa de hoy  estamos viendo el capítulo 3. Y aun si no estás leyendo el libro, puedes seguir estos programas y meditar en los versículos que podrás encontrar al final de la transcripción en nuestra página de internet, AvivaNuestrosCorazones.com.

Hoy vamos a ver la encarnación de Cristo, lo que este teólogo ha llamado, «el milagro más impresionante de toda la Biblia». 1

Jesús era Dios hecho carne—la encarnación—cuando el Verbo, Dios, se hizo carne.

En este momento en la historia es cuando el Hijo de Dios fue concebido milagrosamente en el vientre de una virgen. No traten de entender esto, porque no podrán. Pero deben creerlo, porque es la verdad. Él fue concebido en el vientre de una virgen, Él se hizo hombre y tomó la naturaleza humana.

En su libro de  “Teología Sistemática”, Wayne Grudem dice, «El hecho de que el Hijo de Dios infinito, omnipotente,  eterno  se haya hecho hombre y se haya unido a la naturaleza humana… seguirá siendo  el milagro más insondable  por la eternidad y el misterio más inescrutable del universo»2

Cuando yo era niña, mis padres conocieron a un hombre llamado James Irwin, él fue uno de los astronautas estadounidenses que fue a la luna. Él ya está con el Señor, pero a su regreso a la tierra después de haber caminado sobre la luna, este astronauta Jim Irwin dijo, «El logro más significativo de nuestros tiempos no es que el hombre haya caminado sobre la luna, sino que Dios en Cristo haya caminado sobre esta tierra».

Esta es otra forma en la que Cristo es incomparable, y en cada una de estas sesiones durante estas semanas, veremos a Cristo y diremos, «¿Cómo es Él único? ¿Qué lo hace incomparable?»

Cuando se habla de Su encarnación, el haberse hecho carne, estamos de acuerdo que no hay nadie como Él en todo el universo, pasado, presente o futuro. ¿En qué temporada del año celebramos la encarnación? En la Navidad. Muchos de los villancicos navideños reflejan este misterio, este milagro, este hecho tan maravilloso de que Dios se haya hecho hombre.

Cantamos «Se oye un canto en alta esfera», y una de las estrofas de este villancico navideño de Charles Wesley habla de la encarnación:

¡Gloria al Verbo encarnado
En humanidad velado!
¡Gloria al Santo de Israel
Cuyo nombre es Emmanuel!

Dios vistiéndose de carne, morando con nosotros en la carne.  Él descendió a morar con nosotros.  Jesús nuestro Emmanuel.

Así que al contemplar la encarnación, vemos la majestad, el poder, y la grandeza de Cristo, quien nació de una virgen — eso es milagroso. Ningún ser humano puede nacer de esa forma. Él es Dios.

Vemos Su poder y Su grandeza, pero también vemos Su mansedumbre, Su humildad, y Su amor, ya que Él no tomó en cuenta Su reputación, quién Él era, como lo dice Filipenses capítulo 2.  Él vino a esta tierra para convertirse en uno de nosotros, para volverse carne. Vemos su grandeza, Su exaltación, y también vemos Su humillación y todo esto en la encarnación de Cristo.

Ahora, ustedes tienen sus Biblias abiertas en Juan, capítulo 1. Miren otra vez el versículo 1: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Esto es incomprensible para nosotras.

  • Cristo es infinito
    • Nosotras somos finitas.
  • Él es santo
    • Nosotras somos pecadoras
  • Él tiene una comunión pura e ininterrumpida con Dios
    • Nosotras estamos alienados, somos enemigas de Dios a causa de nuestro pecado.

Pero en una eternidad pasada—este Verbo que estaba con Dios y  el Verbo que era Dios—en una eternidad pasada Dios diseñó un plan por medio del cual este Verbo, Cristo Jesús, iba a reconciliarnos con Él mismo.

Por eso cuando llegamos al versículo 14: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros».

Él dejo los palacios, los palacios de marfil, la gloria, el esplendor, las riquezas del cielo. Él dejó la maravillosa presencia de Dios, y Él vino a esta tierra. Él atravesó la barrera del tiempo, atravesó la barrera de la geografía. Él vino a esta tierra. Él se convirtió en carne, Él habitó entre nosotros —entre nosotros, los seres humanos.

Esa palabra «habitó» es una palabra que puede ser traducida como «puso su tabernáculo, tabernaculizó, puso su tienda» entre los seres humanos.

  • El infinito se hizo finito.
  • El inmortal se hizo mortal.
  • El Creador se hizo como una de Sus criaturas.

Él vino a vivir donde nosotros vivimos. Él puso Su tienda entre nosotros. Él acampó aquí en esta tierra por 33 años.

Matthew Henry, el gran comentarista de antaño dijo, «El Padre eterno se hizo un niño del tiempo…. El Anciano de días se hizo un infante de muy corta duración.» 3 ¡Es asombroso!

Filipenses capítulo 2 nos dice que «el cual, aunque existía en forma de Dios, Jesús no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres» (Filipenses 2:6-7).

Así que se despojó de sí mismo en la encarnación. Cuando Dios tomó la forma humana, Él se despojó de sí mismo. No que haya dejado a un lado sus atributos divinos —Él seguía siendo Dios — pero lo hizo al tomar nuestra humanidad y voluntariamente restringió el uso de esos atributos divinos.

En la encarnación, al convertirse en hombre, Él tomó nuestras debilidades, nuestras fragilidades, nuestras limitaciones humanas. Solo piensa en esto por un momento.  (Por cierto, ha sido un gran gozo para mí tomarme mucho, mucho tiempo para meditar en estas asombrosas realidades)

  • El que nunca duerme – se cansó, como un hombre.
  • El Creador de los océanos de agua—de todos los cuerpos de agua sobre la tierra, tuvo sed.
  • El que alimentó a Su pueblo con maná en el desierto, tuvo hambre.
  • El que puso las estrellas en su lugar, durmió debajo de las estrellas.
  • El que habitaba en los palacios de marfil del cielo, nació en un establo prestado.
  • El Dios omnisciente tuvo que aprender cómo hablar, a caminar como un niño, como un bebé, como un infante, como un humano.
  • El eterno Verbo de Dios tuvo que aprender a leer.
  • El Ayudador de Su pueblo se hizo indefenso y dependiente.
  • El amado Hijo de Dios se volvió el hijo rechazado del hombre.
  • El que creó a los ángeles, necesitó que los ángeles vinieran  en Su ayuda durante Su tentación en el desierto, y otra vez en Getsemaní.

Así que, ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué hizo eso? Él lo hizo para acercarnos a Dios. Nosotras éramos rebeldes, estábamos separadas de Dios por nuestro pecado, estábamos bajo la ira de Dios. Estábamos sujetos al justo juicio de Dios para los pecadores.

1era a Timoteo nos dice: «Cristo Jesús vino al mundo —¿para qué?— para salvar a los pecadores» (1 Timoteo 1:15).

Juan capítulo 3, versículo 17 —pero el versículo 16 es posiblemente  el versículo más famoso de la Biblia…»Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Pero el siguiente versículo dice, versículo 17,  «porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él» (Juan 3:17).

Ves,  para podernos salvar, Jesús tuvo que nacer, Él tuvo que vivir. Él tuvo que morir como un ser humano, Él tuvo que tomar la naturaleza humana. Él voluntariamente escogió el camino de la humillación, el condescendió; renunció. Cruzó la brecha infinita entre el cielo y la tierra, entre Dios y nosotros, por nuestro bien, sólo por amor.

¿Ahora qué, qué significa esto para nosotras? ¿Por qué es importante? ¿Qué tan importante es esto realmente? Bueno, es simplemente nuestra salvación eterna lo que está en juego, solo piensen en esto: 

¿Qué tal si no hubiera existido la encarnación? ¿Qué tal si Jesús no hubiera venido a esta tierra? ¿Qué tal si Dios no hubiera dado a Su Hijo por nosotros? ¿Qué tal si Jesús, el Verbo, nunca se hubiese hecho carne?

Bueno, nosotras no pudiéramos conocer a Dios como Jesús nos lo reveló. Juan  capítulo 1 dice, «Hemos visto la gloria de Dios». Hemos visto la gloria de Dios porque nosotras hemos visto a Cristo. En el rostro de Cristo, es que hemos visto a Dios. Somos capaces de conocer a Dios porque Jesús vino a esta tierra y nos lo reveló a nosotros.

Si no hubiera habido encarnación, nosotras no hubiéramos podido ser reconciliadas con Dios. Estaríamos eternamente separadas de Él y estaríamos bajo Su justo juicio. No habría forma de  expiar nuestros pecados, estaríamos sin esperanza, estaríamos eternamente perdidas. Viviríamos unos cuantos años en este planeta y después moriríamos y estaríamos eternamente separadas de Dios.

Es algo en lo que mayoría de la gente no piensa, pero debemos de pensar en esto. Necesitamos pensar en dónde estaríamos si no hubiera ocurrido la encarnación.

La encarnación significa que:

  • Jesús vivió nuestra vida, pero sin pecado.
  • Él perfectamente obedeció al Padre.
  • Él sufrió la muerte por nosotras.
  • Él pagó la penalidad que merecíamos por nuestros pecados para que pudiéramos ser perdonadas, para que fuéramos libres de la penalidad de muerte.

Entonces, al convertirse en un hombre y compartir nuestras experiencias humanas, Jesús se convirtió en un Salvador misericordioso, un Sumo Sacerdote misericordioso, que no solamente nos puede salvar de nuestro pecado — como si esto no fuera suficiente — sino que Él también se puede identificar con nosotras a cada paso, en cada necesidad porque Él ha sido como cada uno de nosotros. Él ha vivido nuestra vida.

Podemos ver este concepto en el libro de Hebreos, en el capítulo 2, empezando en el versículo 14:

«Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo»  (Hebreos 2:14).

El poder del diablo para mantenernos atadas, para hacernos morir eternamente, ese poder se rompió cuando Jesús murió como el Hijo de Dios sin pecado, como nuestro sustituto en la cruz.

El versículo 16 de Hebreos 2 dice:

«Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham. [Jesús vino a la tierra a ayudarnos, a ser nuestro Salvador.]   Versículo 17, Por lo tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo» (Hebreos 2: 16-17).

Esta es una gran palabra teológica que significa que Él satisfizo  la ira de Dios contra nuestro pecado porque Él murió la muerte que nosotros merecíamos por nuestro pecado.

Algunas de nosotras, hemos escuchado esto tantas veces que lo espectacular se ha vuelto ordinario en nuestras mentes. Pero para otras esta es la primera vez que lo escuchan, no habían  escuchado esto antes, y están diciendo «¿en serio?, ¡wow!». Pero algunas de nosotras necesitamos ver esto con nuevos ojos, oírlo con nuevos oídos, como si nunca antes los hubiéramos escuchado antes.

Muchas de nosotras hemos perdido el asombro. Hemos estado alrededor de todos estos conceptos cristianos toda la vida. Han estado en la iglesia todas sus vidas. Es como, «oh, sí, aja, la encarnación, aja, sí, sí, sí».

¡NO! Nada de «sí, sí, sí.» ¡SI! Es el milagro más asombroso en toda la historia del mundo y de la eternidad, que Jesús haya venido a esta tierra para salvar a los pecadores. Él no nos pudo haber salvado sin venir.

Y no solamente Él hace propiciación por los pecados del pueblo —y vamos de regreso a Hebreos capítulo 2 el versículo 18 donde dice, «pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados».

Él es un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel quien continúa sirviéndonos, intercediendo a nuestro favor, para ministrarnos gracia en el momento de nuestra necesidad. Cuando somos tentadas, Él puede ayudarnos porque Él ha sido tentado. Él estuvo ahí, y Él nunca pecó ni una sola vez. Así que Él vive dentro de nosotras para ayudarnos a decir, «Sí», a Dios y «No», a nuestra carne. Él está siempre presente en el momento de nuestra necesidad, todo porque Él vino a esta tierra.

Es muy importante recordar que la Encarnación no está solo en el tiempo pasado. No es algo que ocurrió hace 2,000 años atrás. La encarnación, piensen en esto, no cesó cuando Jesús dejó esta tierra y regresó al cielo.

Tiene valor para nosotras hoy en día porque el Dios que se hizo carne, quien vino e instaló su tienda entre nosotros, quien vivió en esta tierra por 33 años… Él fue crucificado, Él resucitó de nuevo, y Él ascendió a los cielos, y hoy Él está sentado con su cuerpo glorificado a la diestra de Dios —el Dios Hombre. Y desde ese lugar en el cielo, Él es nuestro abogado hoy en día, y Él intercede por nosotros ante el trono de Dios —hoy— El Cristo encarnado.

Pienso que algunas veces tenemos esta imagen de que Jesús nació, Él vivió su vida, Él murió y se fue al cielo, y desapareció. Que ya no existe. ¡Sí, Él existe! Él es aún el Dios Hombre encarnado, Dios en la carne, Dios sentado en el trono en el cielo, el Hijo de Dios, el Cristo encarnado, siempre existiendo para interceder por nosotras. La encarnación tiene mucha importancia.

Algunas de ustedes quizás están familiarizados con el libro de oraciones del “Valle de visión” [The Valley of Vision], el cual es un excelente libro devocional. Es una colección de oraciones tomadas de la era puritana. Una de esas oraciones se llama «El regalo de regalos», Simplemente resume el corazón de lo que tenemos en la encarnación, el regalo que es nuestro porque Cristo vino a la tierra.

Permítanme leerles una porción de esta oración, dice así:

Aquí está la maravilla de maravillas; Él descendió para levantarme a mí en alto; nació como yo para que yo pudiera ser como Él.

Aquí está el amor: cuando yo no puedo elevarme hacia Él, Él me atrae cerca de Él con alas de gracia, para levantarme hacia Él.

Aquí está el poder: Cuando la Deidad y la humanidad estaban infinitamente apartadas, Él las unió en unidad indisoluble, lo no creado y lo creado.

Aquí está la sabiduría: cuando yo estaba deshecho, sin voluntad de volver a Él, y sin intelecto para elaborar un plan de liberación,  Él vino, Dios encarnado, para salvarme hasta lo supremo, como hombre para morir mi muerte, para derramar sangre satisfactoria en mi nombre, para elaborar una justicia perfecta para mí, en Él Tú me has dado tanto que el cielo no me puede dar más.

Amigas, Dios no tiene nada más que darles. No hay nada más que Él les pudiera dar que lo que Él ya les ha dado en Cristo Jesús. Sé que en muchos de nuestros corazones, a medida que estamos hablando de la encarnación de Cristo, hay un sentido fresco de gratitud, de apreciación, de amor por Cristo, al solo contemplar con asombro, la maravilla de que Él haya dejado el cielo y venido a la tierra por nosotros. Es bueno pensar en estas cosas, para recordarlas, para refrescar nuestro amor por Él y nuestra apreciación por lo que Él ha hecho por nosotras.

Pero, sé que hay algunas escuchándome hoy que nunca han experimentado una relación personal con Jesucristo. Tal vez nunca se habían dado cuenta hasta hoy por qué Él vino a esta tierra, de qué se trata todo esto. Tal vez seas un miembro de la iglesia, tal vez escuches la radio cristiana todos los días, tal vez ames  Aviva Nuestros Corazones, pero no conoces a Jesús. No tienes una relación con Él.

Espero que hoy Dios haya abierto tus ojos y tu corazón y tu entendimiento para darte cuenta de la razón por la que Jesús vino a esta tierra. Él vino por ti.

  • Él vino para unir la brecha entre el cielo y la tierra que nosotras nunca hubiéramos podido cruzar.
  • Nosotras nunca hubiéramos podido tener una relación con Dios.
  • Nosotras nunca hubiéramos podido tener vida.
  • Todo lo que hubiéramos podido esperar era el juicio y la ira de Dios por siempre y siempre, si Cristo no hubiera venido a la tierra.

Me pregunto si el Espíritu Santo ha estado tocando tu corazón y diciendo, «Esto es verdad. Yo hice esto por ti, ahora pon tu fe en Mí».

Quiero que inclinemos nuestros corazones en oración solo por un momento, y quiero invitar a cualquier persona que sienta que Dios le ha estado hablando… si te has dado cuenta que no eres una hija de Dios, que todavía estás separada de Dios, pero hoy Dios te ha abierto los ojos. Él ha abierto tu corazón. Él te está dando la fe para creer que Cristo es el Hijo de Dios, que vino a la tierra, y que Él vino a vivir y a morir en tu lugar, y tú simplemente quieres recibirlo, confiar en Él.

¿Pudieras en este momento decir desde tu corazón?, «Señor Jesús, yo creo. Yo no soy digna de que Tú hayas venido a la tierra y muerto en mi lugar, que Tú Te hayas rebajado a hacerte hombre por mi causa, pero Tú lo hiciste, y yo lo creo. Te recibo como mi Salvador. Yo quiero que seas el Señor de mi vida, no solo el Señor de esta creación, el Señor de este mundo, sino el Señor de mi vida. Vengo por Tu gracia, me arrepiento del pecado que me ha separado de Dios. Yo quiero ser una hija de Dios. Confío en Ti para que me salves, para que vengas a mi vida, para perdonar mi pecado, y para hacerme la persona que Tú me has creado para ser».

Las palabras que digas no son tan importantes, si tu corazón ha estado expresando al Señor que quieres ser de Él, para recibirlo como tu Salvador — y Dios conoce tu corazón — por fe tú puedes creer que Él ha escuchado y ha contestado esa petición.

Quiero animarte, si confiaste en Cristo como tu Salvador el día de hoy, quiero animarte a contactarnos aquí en Aviva Nuestros Corazones a través de nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com.  Encontrarás aquí recursos que te ayudaran a dar los primeros pasos de tu nuevo caminar de fe, que te ayudarán a crecer como una hija de Dios.

Oh, Señor, como te agradezco por este misterio, por lo asombroso que es, el milagro que Tú hiciste miles de años atrás cuando tomaste la forma humana, cuando viniste a esta tierra para salvarnos de nuestros pecados. Gracias, Señor, gracias. En el nombre de Jesús, amén.

Leslie: El programa de hoy, la encarnación de Cristo, es parte de una serie titulada, El Cristo incomparable. Nancy se está enfocando en aspectos importantes de la vida de Jesús. Ella está siguiendo un bosquejo de estudio del libro “El Cristo incomparable”, de Oswald Sanders.

¿Cuánto sabemos de la niñez de Jesús? No mucho fue registrado en las Escrituras, pero si reflexionan cuidadosamente en lo que ya sabemos, obtendrán una nueva apreciación de la humildad de Cristo. Síguenos mañana para que veamos la niñez de Jesús, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 Wayne Grudem. Systematic Theology. Zondervan, 1994, p. 563.

2 Ibid.

3 Matthew Henry. Matthew Henry, Comentario Completo de toda la Biblia; (Lk 2:1-7). Peabody: Hendrickson, 1996.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

12/63 – El Poder de la Palabra y el avance del Reino | Marcos 4:21-34 

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

12/63 – El Poder de la Palabra y el avance del Reino | Marcos 4:21-34

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

http://www.ibsj.org

Salomón y el Templo

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Salomón y el Templo

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/34469144

Nosotros hemos visto que fue durante el gobierno del rey David, que Israel entró en su edad de oro. Ahora, se ha dicho de la historia de Israel que, bajo David tuvo lugar el apogeo de esa edad de oro, y que bajo su hijo, Salomón, ese oro empezó a oxidarse un poco y luego de la muerte de Salomón, el reino se empezó a oxidar.

Pero, pasemos algún tiempo, hoy, considerando la relación entre David y los hijos de Salomón, cuando el reino de los judíos se fraccionó en dos y el Reino Unido se desintegró en lo que se denominó el Reino Dividido. Al final de la vida de David, cuando estaba muy enfermo, al parecer su hijo mayor que estaba vivo, de nombre Adonías, supuso que recibiría el trono y que él reemplazaría a su padre en la sucesión dinástica; y así él mismo se declaró rey mientras David aún estaba vivo.

Esta historia se encuentra en el primer capítulo del libro de Reyes, del primer libro. Permítanme leer un breve pasaje al respecto. El versículo 1 del capítulo 1: «El rey David ya era viejo, entrado en días, y lo cubrían de ropas pero no entraba en calor» y luego leemos la historia de Abisag, la sunamita que lo atendía y calentaba.

Después en el versículo 5 leemos: «Entretanto Adonías, hijo de Haguit, se ensalzaba diciendo: “Yo seré rey.” Y preparó para sí carros y hombres de a caballo y cincuenta hombres que corrieran delante de él. Su padre nunca lo había contrariado preguntándole: ¿Por qué has hecho esto? Era también hombre de muy hermoso parecer, y había nacido después de Absalón.  Y había consultado con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar, que respaldaban a Adonías. Pero el sacerdote Sadoc, Benaía, hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y los valientes que tenía David, no estaban con Adonías».

¿Ves ahora lo que está pasando aquí? Es posible afirmar que el hijo mayor de David, que estaba vivo, el hermano menor de Absalón, (Absalón, el que previamente se había rebelado contra su padre y trató de tomar la corona) y después que Absalón murió, ahora su hermano parece estar siguiendo sus pasos.

Lo que Adonías hace es reclamar el reino para sí mismo y conseguir que ciertas personas sean sus aliados, entre ellos Joab, quien es el general de mayor confianza de David.

Y él convence a algunos otros para esta conspiración; pero aquellos que son notablemente eliminados y no contados en este golpe, están personas como Abiatar, el sacerdote, y Natán, el profeta, y muchos otros que habían sido muy leales a David. Es decir, esto es algo trágico, pero es el tipo de cosas que se ven en los golpes de estado a lo largo de la historia, donde hay intentos de tomar el poder para uno mismo.

Entonces tenemos una lucha de poder de la mayor magnitud, que enfrenta David en los últimos días de su vida. Pero él ya había hecho un juramento a su esposa Betsabé, que su hijo Salomón recibiría el trono.

Y así, David se entera sobre esta conspiración de Adonías y en la última parte del capítulo 1 del primer libro de Reyes, versículo 32, leemos estas palabras: «Entonces el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc al profeta Natán y a Benaía, hijo de Joiada. Ellos entraron a la presencia del rey, y el rey les dijo: Tomad con vosotros a los siervos de vuestro señor, haced montar a mi hijo Salomón en mi propia mula y bajadle a Gihón. Que allí el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo unjan como rey sobre Israel; y tocad trompeta y decid: ‘¡Viva el rey Salomón!’».

Así que al final de su vida, David toma estas medidas para asegurar la sucesión dinástica de su trono, que está de acuerdo con sus deseos. Así que, después de que Salomón es anunciado como el sucesor de David, David llama a Salomón a su presencia.

En el capítulo 2, verso 1 leemos esto: «Y acercándose los días de la muerte de David, dio órdenes a su hijo Salomón, diciendo: Yo voy por el camino de todos en la tierra. Sé, pues, fuerte y sé hombre.

Guarda los mandatos del Señor tu Dios, andando en sus caminos, guardando sus estatutos, sus mandamientos, sus ordenanzas y sus testimonios, conforme a lo que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas, para que el Señor cumpla la promesa que me hizo, diciendo: ‘Si tus hijos guardan su camino, andando delante de mí con fidelidad, con todo su corazón y con toda su alma, no te faltará hombre sobre el trono de Israel’».

Esto es prácticamente lo último que hizo David antes de morir. Una vez vi un programa de entrevistas en la televisión, en el que la persona entrevistada era Burt Reynolds, y el conductor del programa hablaba sobre la Transición, el pasar de la juventud a la adultez.

Y preguntó a Burt Reynolds, «¿Cómo sabes cuando te has convertido en un hombre?»  Y Burt Reynolds respondió a esa pregunta en la televisión nacional diciendo: «Tú sabes que eres un hombre cuando tu papá dice que tú eres un hombre».

Nunca he olvidado eso porque mostró un supuesto tácito que tiene raíces profundas en los hombres. Y lo que está pasando aquí al final de la vida de David, es que le dice a su hijo Salomón, «Sé un hombre». Y en el traspaso a Salomón, cuando le entrega el trono, él centra su atención en la solemne responsabilidad que conlleva el reinado: que debe ser obediente a la ley del rey, que debe seguir todos los mandamientos de Dios, todos los estatutos de Moisés, entre otras cosas.

Así es cómo el reino pasa de las manos de David a las manos de Salomón. La rebelión es pulverizada, los enemigos de Salomón son eliminados, y Salomón ahora tiene el camino despejado para ser el rey indiscutible sobre la nación. Ahora, para tener una idea de Salomón, tenemos que ir al tercer capítulo del primer libro de Reyes, donde leemos en el versículo 1: “Salomón se emparentó con Faraón, rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón y la trajo a la ciudad de David mientras acababa de edificar su casa, la casa del Señor y la muralla alrededor de Jerusalén.

Sólo que el pueblo sacrificaba en los lugares altos, porque en aquellos días aún no se había edificado casa al nombre del Señor. Salomón amaba al Señor, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos».

Lo que tenemos en esta declaración introductoria del capítulo 3 es una especie de presagio siniestro de lo que el futuro tiene reservado para Salomón.

Es evidente en nuestra cultura comprender que el nombre de Salomón esté vinculado proverbialmente con la sabiduría. Si vemos a alguien hoy que es particularmente sagaz, podemos decir acerca de esa persona: “Esa persona tiene la sabiduría de Salomón». Nadie en toda la sagrada Escritura se destaca con poseer tal don de sabiduría como este personaje, Salomón.

Su nombre se asocia íntimamente con una gran parte del Antiguo Testamento llamada la literatura sapiencial. Tradicionalmente, se considera a Salomón como el autor del Cantar de los Cantares, el autor de muchos, si no de la mayor parte de los proverbios contenidos en ese libro, y también el autor de una porción de los salmos que perduran hasta nuestros días.

De modo que él era famoso por su extraordinaria manifestación de sabiduría que veremos un poco más profundamente en un par de minutos. Pero fue Aristóteles quien dijo que en el cerebro del más sabio de los hombres siempre se encuentra el rincón del necio.

Ten presente que cuando leemos de estos héroes y heroínas del Antiguo Testamento, la Biblia no teme hacer los retratos de sus héroes y heroínas, con todos sus defectos. Por eso a menudo estas personas que emergen como gigantes de liderazgo y de la fe tienen características que nos recuerdan a una tragedia de Shakespeare, donde hay algún tipo de defecto mortal o imperfección que los lleva a la ruina, tarde o temprano. Y este es el caso de la persona de Salomón. Al inicio de su reinado, él manifiesta una sabiduría extraordinaria y una profunda devoción a las cosas de Dios.

Y como dije, David llevó a Israel a su edad de oro, extendió sus fronteras desde Dan hasta Beerseba y, en realidad, lo que hizo David en lo administrativo fue superado por Salomón, pues Salomón fortaleció los tesoros, se embarcó en ambiciosos programas de construcción y proyectos de obras públicas, e incluso fortaleció el poder militar del reino que heredó de su padre; por una temporada.

Pero lo que empezó con un espíritu de humilde dependencia de Dios empezó a desmoronarse y desintegrarse conforme pasaban los años. Pero una vez más consideremos por un momento esta extraordinaria dimensión de la sabiduría de Salomón.

Leemos en el capítulo 3, verso 6 o verso 5 debería decir: «Y en Gabaón el Señor se apareció a Salomón de noche en sueños, y Dios le dijo: Pide lo que quieras que Yo te dé. Entonces Salomón dijo: Tú has usado de gran misericordia con tu siervo David mi padre, según él anduvo delante de ti con fidelidad, justicia y rectitud de corazón hacia ti; y has guardado para él esta gran misericordia, en que le has dado un hijo que se siente en su trono, como sucede hoy.

Y ahora, Señor Dios mío, has hecho a tu siervo rey en lugar de. mi padre David, aunque soy un muchacho y no sé cómo salir ni entrar. Tu siervo está en medio de tu pueblo al cual escogiste, un pueblo inmenso que no se puede numerar ni contar por su multitud.

Da, pues, a tu siervo un corazón con entendimiento para juzgar a tu pueblo y para discernir entre el bien y el mal. Pues ¿Quién será capaz de juzgar a este pueblo tuyo tan grande?”

Este pasaje huele a un espíritu de humildad de un joven que ahora recibe esta gran carga de gobernar a una nación que había sido organizada con grandeza por su propio padre.

Ocupar el lugar de David era algo poco envidiable por decir lo menos. Es un hombre joven, al parecer ya casado, y su matrimonio fue un matrimonio de diplomacia internacional. Se casó con la hija de faraón por lo tanto, cimentó las relaciones políticas entre el gran imperio de Egipto y la nación de Israel.

Pero, ¿recuerdas que vimos ese toque siniestro anteriormente en el capítulo? Volvamos a donde dice que ‘Salomón la trajo’ que es la hija de Faraón, a la ciudad de David, hasta que terminó la construcción de su propia casa, la casa del Señor, y el muro alrededor de Jerusalén. Entre tanto, es decir, hasta que se construya el templo, no hay un santuario central para que la gente adore, por lo que participan en la creación de sus propios sitios sagrados en los lugares altos

Y leemos mucho en el Antiguo Testamento sobre los “lugares altos”, porque los lugares altos se convirtieron en sinónimo de santuarios paganos y altares paganos. Y el pueblo de Israel ya anda corriendo, haciendo sacrificios en estos lugares altos y Salomón participa en esto también.

Y leemos al final de esta sección, que: “Salomón amaba al Señor, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos”. Esto será su perdición.

Y hay algo más que se insinúa aquí, que será su perdición: que su primer matrimonio es con una mujer pagana de una cultura pagana, lo que ya es en sí un acto de desobediencia puesto se le había ordenado al pueblo judío no casarse con los paganos alrededor de ellos, pero Salomón hace eso.

Pero él es aún joven, es idealista, está abrumado con la enorme responsabilidad que tiene ante él y Dios le dice, «Pide lo que quieras que yo te dé».

Y él no pide por dinero, no pide por fama, no pide por poder. No busca de Dios esos regalos o bendiciones que, tan a menudo, son la pasión que consume a otros jóvenes que buscan la fama y la fortuna.

Salomón lo que más desea es un corazón entendido. Él quiere la sabiduría para poder ser un buen rey. Él quiere sabiduría para poder resolver los conflictos y las diferencias que se producen dentro de la nación; que pueda ser un juez como Samuel, que pueda ser piadoso como su padre.

Esto es lo que él pide de Dios. Ahora leamos la respuesta de Dios a esto. Dice el versículo 10 del capítulo 3: «Y fue del agrado a los ojos del Señor que Salomón pidiera esto. Y Dios le dijo: Porque has pedido esto y no has pedido para ti larga vida, ni has pedido para ti riquezas, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que has pedido para ti inteligencia para administrar justicia, he aquí, he hecho conforme a tus palabras.

He aquí, te he dado un corazón sabio y entendido, de modo que no ha habido ninguno como tú antes de ti, ni se levantará ninguno como tú después de ti. También te he dado lo que no has pedido, tanto riquezas como gloria, de modo que no habrá entre los reyes ninguno como tú en todos tus días. Y si andas en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos como tu padre David anduvo, entonces prolongaré tus días. Salomón se despertó.» Esto es extraordinario.

Su petición fue humilde y Dios dijo: ‘Porque tu petición fue esto, que es tan humilde, estoy muy contento y voy a acceder a dicha petición; pero no solo voy a darte eso, sino que voy a darte todas las cosas que no pediste. Voy a darte poder y fama y ​​gloria y riquezas».

¿Recuerdas la historia sobre las minas del rey Salomón que revelan la fabulosa riqueza que se acumuló durante el reinado de este rey? Su reino llegó a ser tan opulento que la reina de Sabá vino de lejos para contemplar la gloria del reino que pertenecía a Salomón.

Incluso Jesús, hace referencia a ese episodio en el Nuevo Testamento. Bueno, la primera gran tarea de Salomón era cumplir el sueño de su padre y la voluntad del Señor en la construcción de la casa que sería la casa de Dios. Es bajo el reinado de Salomón que el templo del Antiguo Testamento se construye.

Y se construye a través de un tratado que Salomón hace con el rey de Tiro, cuyo nombre es Hiram, el cual proporcionó todos los materiales de construcción necesarios y este programa masivo se completa. Y al momento de la culminación del templo, una vez más vemos a Salomón en su rigurosa dedicación por las cosas de Dios cuando dedica el templo, el templo que su padre quería construir, pero Dios dijo: «No, esto se dejará a la próxima generación”

Y en la dedicación del templo, Salomón sigue manifestando una vida de devoción y obediencia. Pero luego en el capítulo 11 del primer libro de Reyes, empezamos a ver el triste declive de la integridad del hombre. El capítulo 11 inicia con estas palabras: «Pero el rey Salomón, además de la hija de Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras, moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas, de las naciones acerca de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel:

No os uniréis a ellas, ni ellas se unirán a vosotros, porque ciertamente desviarán vuestro corazón tras sus dioses. Pero Salomón se apegó a ellas con amor. Y tuvo setecientas mujeres que eran princesas y trescientas concubinas, y sus mujeres desviaron su corazón.

Pues sucedió que cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre.»

Ciertamente vemos la depravación en la que se hundió en el versículo 5: “Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como le había seguido su padre David.”

Luego construyó un lugar alto, edificó un altar a un dios pagano e hizo esto para complacer a sus esposas extranjeras. Entonces leemos en el verso 9: “Y el Señor se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado del Señor.” Luego, “Y el Señor dijo a Salomón: Porque has hecho esto, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que te he ordenado, ciertamente arrancaré el reino de ti, y lo daré a tu siervo.”

Lord Acton dijo, ‘el poder corrompe. Y el poder absoluto corrompe absolutamente’.  Esto no es exactamente cierto ya que solo Dios tiene poder absoluto y no hay corrupción en él. Pero humanamente parece ser cierto con mucha frecuencia.

Junto a este incidente, hay otro que no he mencionado. La Biblia pone gran énfasis en el pecado de Salomón al excederse con las peticiones de sus mujeres extranjeras de construir altares y santuarios a deidades paganas y esta fue su perdición.

Pero también en su afán de hacer el reino grande, para embarcarse en un proyecto de construcción masiva, Salomón instituyó el corvée, un término usado para referirse al trabajo de esclavo. Y lo más terrible de esto es que Salomón esclavizó una parte de su propio pueblo como algo esencial para completar la construcción de sus proyectos de obras públicas. Y eso, incluso más que la apostasía religiosa, provocó la división del reino, como veremos en el próximo segmento.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

3/27 – La preexistencia de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

el CriSerie: El Cristo incomparable

3/27 – La preexistencia de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-preexistencia-de-cristo/

Leslie Basham: Jesús ha existido desde la eternidad pasada. ¿Qué hacía Jesús antes de descender a la tierra como un bebé? Aquí está Nancy Leigh DeMoss .

Nancy Leigh DeMoss: Jesús no solamente se deleitaba en Su Padre, disfrutando de Su compañía; sino que también se deleitaba en nosotros desde la eternidad pasada.

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demos, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuándo empieza a existir Jesús? Es una pregunta cuya respuesta es esencial para mantener una teología sana. Cuando la respondas y lo comprendas, esto va a afectar tu adoración.

Nancy está abordando este tema a su paso por un libro titulado, “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ — disponible en inglés]. Aquí está ella hablándole a un grupo de mujeres.

Nancy: Desde que yo era una niña pequeña he sido una aficionada a las biografías, disfruto su lectura y he acumulado una enorme colección de ellas. Al paso de los años he leído muchísimas y he descubierto que la gran mayoría inicia haciendo referencia a la era o a las circunstancias alrededor del nacimiento de la persona. La mayoría de las biografías comienzan narrando el nacimiento del protagonista de la historia.

Nosotros estamos comentando en esta serie acerca de El Cristo incomparable; no hay otro como Él. Hoy meditaremos aún en otro aspecto que hace a Cristo único.

Él es único entre los fundadores de religiones, o entre aquellos de quienes se han escrito sus biografías, porque si hablamos sobre cualquiera acerca de quien se haya escrito una biografía, veremos que su existencia comenzó en el momento de su nacimiento—pero este no es el caso de Cristo.

Jesucristo no empezó a existir al nacer de María en Belén, quizás no habías pensado en ello antes, pero esto es un hecho. Él existía mucho antes de que se celebrara la noche de Navidad, mucho antes de Su encarnación y de Su vida aquí en la tierra. En el principio de los tiempos, Él ya era.

Vamos a estar hablando hoy, y a lo largo de esta serie, de algunos temas difíciles de comprender, de cosas que no son fácilmente entendidas, pero que tenemos que aceptar por fe porque estamos tratando con realidades sobrenaturales; con asuntos que nuestras mentes racionales no logran comprender. En el inicio de los tiempos, Jesús ya existía. Él ya era. En el principio, Él ya estaba allí. Él siempre existió.

Algunas sectas, cultos y falsas religiones niegan la existencia eternal de Jesús y alegan que fue una criatura creada. De hecho, averiguar la postura de estas religiones con relación a esta doctrina, nos ayuda a discernir si su doctrina está o no apegada a las Escrituras. Pregúntate, ¿Creen ellos que Cristo siempre ha existido?

En esta serie estamos siguiendo como guía, el libro de Oswald Sanders titulado “El Cristo incomparable”  [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Te invitamos a acompañarnos a través de este estudio durante las semanas previas a la Semana Santa.

Hoy estaremos viendo el capítulo 2 de “El Cristo incomparable”. El capítulo se titula “La preexistencia de Cristo”. Ninguna otra biografía puede iniciar con la preexistencia de su personaje, puesto que esa vida empieza con su nacimiento. Pero Cristo siempre ha existido. Él ha existido eternamente, desde el pasado y a través de toda la eternidad. Este es el testimonio de los profetas del Antiguo Testamento. Ellos hablaron de ese hecho de que Cristo existía aun antes de que el universo fuese formado, antes de que llegase a Belén como un bebé.

Por ejemplo, en Miqueas capítulo 5 en el versículo 2, un versículo que con frecuencia escuchamos citado en Navidad, dice:

“Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. [¿De quién está hablando?] De Jesús y dice “Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad”.

Él saldrá, pero siempre ha sido. La eternal preexistencia de  Cristo— existe desde la eternidad.

Leamos, ahora, un pasaje muy familiar para muchas de nosotras, en Isaías capítulo 6: El profeta dice:

“En el año de la muerte del rey Usías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria”. (vv. 1-3)

Esto fue dicho y escrito cientos de años antes de que Cristo hubiese nacido; desde entonces Isaías vio la gloria de Dios, la gloria del Señor. Pero cuando llegamos al Nuevo Testamento, se hace claro para nosotros que Isaías estaba viendo al Cristo. Él estaba contemplando al Mesías sentado en ese trono.

En el evangelio de Juan, en el capítulo 12—veamos la secuencia aquí—en ese capítulo 12, Juan cita el texto de Isaías capítulo 6, el mismo pasaje que acabamos de leer hace un momento. Pero Él lo aplica a Jesús.

Él dice, “estoy hablando de Jesús.” Y luego dice en Juan capítulo 12 versículo 41, “Esto dijo Isaías porque vio Su gloria, y habló de Él.” ¿La gloria de quien? La gloria de Jesús. “Vio Su gloria y habló de Él”. Isaías vio a Jesús sentado en el trono. Era la gloria de Cristo, la gloria del Padre—uno con el Padre.

De manera que Cristo existía cientos, miles de años antes de su nacimiento como hombre en la tierra; de hecho existía ya desde la eternidad.

No solo dan testimonio los profetas en el Antiguo Testamento acerca de la preexistencia de Cristo; sino que también se hace en el Nuevo Testamento. Juan “el Bautista”; él dio testimonio de  la preexistencia de Cristo.

Juan capítulo 1 versículo 15, dice,  “Juan dio testimonio de Él y clamó, diciendo: Este era del que yo decía: «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo».

Eso suena un tanto complicado, «El que viene después de mí, es antes de mí, porque era primero que yo». Sabemos que Juan nació seis meses antes que Jesús, así que en su naturaleza humana Juan era antes que Jesús. Juan era primero que Jesús. Pero, como el eterno Hijo de Dios, Jesús existía eternamente antes que Juan. Así es que Juan dice: «El que viene después de mí—quien nació después que yo—es antes de mí, porque era primero que yo». El preexistía  desde la eternidad pasada.

Esta preexistencia de Jesús, no fue solamente testimonio de Juan, el Bautista; sino también, en numerosas ocasiones, el testimonio de Cristo mismo sobre sí mismo. En Juan capítulo 3: versículo 13, Jesús dice, “Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo”. Jesús está diciendo: Estoy aquí en la tierra, descendí de los cielos; vine del cielo”.

Nosotros solemos decir que los niños y las niñas vienen del cielo, pero sabemos que no es así. Dios los crea en el vientre de sus madres, pues no existían en el cielo antes de llegar al mundo. Pero Jesús existía en el cielo antes de llegar a esta tierra.

En Juan capítulo 6 versículo 33, Jesús dice, “Porque el pan de Dios es el que baja del cielo, y da vida al mundo”. Luego dice, “Yo soy el pan de vida.” Jesús dice, “Yo estuve en otra parte antes de llegar aquí; vine de algún sitio antes de llegar aquí. ¿De dónde vengo? Vine del cielo.” Jesús dice, “yo anduve por ahí, ya existía antes de bajar del cielo.”

Otro pasaje más,  es Juan capítulo 8, el cual para variar es un poco confuso, pero igual leamos desde el versículo 56 a ver si lo entendemos. Comenzando en el versículo 56, Jesús dice, “Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio y se alegró.” Abraham había vivido miles de años antes. Abraham había visto hacia el futuro y había anticipado el día que Cristo viniera a la tierra. Lo vio por fe y se regocijó.

“Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” [De hecho Jesús apenas pasaba de los treinta años.] “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham,” quien te precede por miles de años? (v.57)

Jesús les responde esto—imagínense cómo debe haberles impactado escuchar esto en aquél tiempo. Jesús les dice,  “En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy.” (v. 58)  De seguro estaban ellos allí rascándose la cabeza y preguntándose, “¿estará loco este hombre?”

No ¡no estaba loco! Él es el Cristo incomparable. Él vino a la tierra. Vino a marcar cual bisagra la historia humana. Por años la historia ha clasificado las fechas de los acontecimientos como AC (Antes de Cristo) o como DC (Después de Cristo) —“En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy”

Él no dice “Yo era”; sino dice “Yo soy”. Él es el eternalmente existente YO SOY. Siempre ha sido Yo Soy. Él es Yo Soy y siempre será Yo Soy. Siempre ha sido, siempre es y siempre será el eternalmente existente Cristo. Jamás ha habido tiempos en los que no ha existido en toda su plenitud.

Habiendo establecido lo anterior, ahora me intriga el considerar qué tanto sabemos acerca de la vida de Cristo antes de que viniera a la tierra. Vayamos a Juan capítulo 1 versículo1. Este es un pasaje que visitaremos numerosas veces durante esta serie, Juan dice, “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.”  Sabemos que la palabra “Verbo” se refiere a Cristo—la expresión de Cristo; porque Cristo es la Palabra Viva de Dios.

“En el principio existía el Verbo” —no dice que el Verbo empezó, sino que ya estaba ahí—Cristo estaba ahí, » el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” .

Entonces, ¿Qué sabemos acerca de la vida de Jesús antes de que viniera a la tierra?

Bueno, pues primero que nada sabemos que Él estaba con Dios. Él mantenía una comunión cercana,íntima y personal con Dios. Él estaba con Dios.

Juan capítulo 1 continúa diciendo en el versículo 18: “Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer.” ¿De quién estaba hablando él aquí? De Jesucristo, el único Dios. Él es Dios, pero también está a la diestra del Padre. Él nos ha dado a conocer al Padre.

Algunas de sus traducciones dice, “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer”. (RV60) Está al lado del Padre. La Nueva Versión Internacional dice que “vive en unión íntima con el Padre”. Él está al lado del Padre. Está con el Padre. Desde la eternidad pasada Jesús ha estado cerca de Dios. Él ha estado con Dios en comunión íntima. Ahora eso va a ser importante al comprender por qué Jesucristo  vino a esta tierra.

Pero no solo estuvo con Dios, sino que era Dios. Eternamente ha sido uno con el Padre, aunque son distintos. Él es una persona diferente al Padre; de hecho son tres personas separadas—Padre, Hijo y Espíritu Santo—tres personas distintas pero aún así son uno. No vamos a estudiar la Trinidad completa aquí, nos volveríamos locas tratando de entender esto, pero sabemos que Él es eternamente uno con el Padre.

Él siempre existió en la forma de Dios como nos lo recuerda   Filipenses, capítulo 2, “. . .Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse”. Él es Dios.

Hebreos capítulo1 nos dice que,  “Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza. . .” (v. 3).

Ahora bien, seré la primera en reconocer que aquí estamos entrando en un misterio. Estamos apenas introduciendo un dedo en la profundidad de esta agua, pero Él siempre ha estado con Dios, y siempre ha sido Dios. Él es la expresión exacta de Su naturaleza. Él es el resplandor de Su gloria.

Así que estaba con Dios, Era Dios. Era Dios antes de venir a la tierra. Y luego ¿Qué estaba Él haciendo? Bueno, al estudiar las Escrituras, aprendemos que siempre ha estado activo, trabajando siempre. No solamente cuando vino a la tierra ejecutó obras grandiosas, sino que siempre ha estado ocupado desde la eternidad pasada. Él estuvo ocupado creando el universo. Él es el Creador NO creado.

Juan capítulo 1 versículo 3 dice, “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Él es el Creador. Vemos este hilo a través de todos los registros del Nuevo Testamento.

Colosenses capítulo 1 dice,   “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él.”  (v.16) Jesús estaba ocupado creando todas las cosas.

Hebreos capítulo 1 versículo 3, dice “En estos últimos días [Dios] nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo”. Jesús está activamente involucrado con el Padre creando el universo. Activamente involucrado en el sustento del universo.

Colosenses capítulo 1 dice, “Y Él es antes de todas las cosas,” —la preexistencia de Cristo, — “y en Él todas las cosas permanecen.” (v.17)  Él es el pegamento de nuestro universo. Si no fuera porque Cristo sostiene unido este universo, las cosas simplemente se saldrían fuera de control.

Él no es un Dios que meramente creó el mundo, lo lanzó al universo, para luego permanecer pasivo, alejado de ese mundo. No, Él está activamente involucrado en mantener y sostener este mundo.

Hebreos capítulo 1 versículo 3 nos dice que: “Él es quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…” Él está activamente involucrado en el sostenimiento de Su Creación.

Te pido por favor que vayamos un momento a Proverbios capítulo 8. Un pasaje del Antiguo Testamento que pienso nos permite entrever qué hacía Jesús antes de venir a este mundo.

Proverbios capítulo 8. Este capítulo es la personificación de la sabiduría. Se le considera a la Sabiduría una persona en este capítulo. El capítulo completo habla de la Sabiduría, la sabiduría hace esto,  la sabiduría hace lo otro. . . Muchos estudiosos de las Escrituras opinan que está haciendo referencia a Cristo, quien es la Sabiduría de Dios. Así que donde está la palabra sabiduría en el capítulo 8 del libro de Proverbios, puedes pensar en Cristo. Al leer varios de estos versículos, creo que estarás de acuerdo conmigo de que este pasaje es un retrato de Cristo.

Empezando con el versículo 27, justo por la mitad del capítulo. Está hablando sobre la creación. La Sabiduría dijo,

“Cuando estableció los cielos, [Jesús habla de haber estado presente durante  la creación]; allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo, cuando arriba afirmó los cielos, cuando las fuentes del abismo se afianzaron,  cuando al mar puso límites para que las aguas no transgredieran su mandato, cuando señaló los cimientos de la tierra, yo estaba junto a Él, como arquitecto; y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia. (Prov. 8:27-30)

Jesús dice, “Yo estuve durante la Creación. Yo estaba al lado de Mi Padre, como un maestro arquitecto o como un hábil artesano. La palabra en griego que vemos aquí en el Antiguo Testamento dice, “estaba yo ordenándolo todo. Yo estuve a Su lado.” Él estuvo activamente involucrado con Su Padre como un obrero experto, ordenando las piezas del universo.

Así que cuando Dios creó el mundo, Jesús estuvo con El Padre, a Su lado, no como un espectador pasivo, sino trabajando activamente con Su Padre. Y, de la misma manera trabajaron juntos cuando Dios ideó el plan de salvación en la eternidad pasada. Jesús estaba con Él, ideando el plan con Él.

Y luego, al avanzar en Proverbios capítulo 8, vemos que a lo largo de toda la eternidad, Jesús estuvo gozoso—el Dios gozoso. Dice,

“yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto; versículo 30 y era su delicia de día en día, regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.” (Versos 30-31)

“. . . era su delicia de día en día”, regocijándome en todo tiempo. Jesús nunca sintió nada más que gozo.

Es un cuadro, si se me permites exponerlo así, sin sonar irrespetuosa o trivial, es un cuadro de un Dios feliz, de un Salvador gozoso. El Padre y el Hijo se deleitaron muchísimo el uno en el otro. El Padre se deleitó en el Hijo, se complació de Su obra.  “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.” (Mateo 3:17) ¿Lo recuerdas?

“. . . era su delicia de día en día”. Y el Hijo se regocijaba en el Padre y se regocijaba en Su obra. “Complacido de hacer Su voluntad”. Este es un deleite mutuo; de uno con el otro—un Dios gozoso.

Y luego notamos en este pasaje a un Dios relacional. Ellos se disfrutaban entre sí. Disfrutaron estar juntos. Tenían a diario un sano compañerismo y una comunión inquebrantable entre ellos mismos. Pero Jesús—y esto es asombroso si meditas en esto: Jesús no solo se deleitó en Su Padre y disfrutó la compañía de Su Padre; sino que también desde la eternidad pasada se deleitaba en nosotros—se deleitaba en la humanidad.

“Regocijándome en todo tiempo en su presencia, regocijándome en el mundo, en su tierra, y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.” (Verso 31). Verás, Jesús amó a Su Padre, amaba estar con Su Padre, así que también amó a los seres humanos, quienes habían sido formados a la imagen de Su Padre y se deleitó en nosotros.

Ahora, esto es todo un cuadro, muy diferente a lo que muchos piensan de Dios. Pensamos en Dios como un ser severo, imposible de agradar, sin complacerse en nosotros en lo absoluto, buscando cómo hacer nuestras vidas más difíciles de lo que son.

Y es verdad que existen aspectos del carácter de Dios y del corazón de Cristo que nos resultan difíciles, especialmente cuando pecamos. Cuando somos orgullosas, Él humilla al orgulloso. Pero si retrocedemos,  nos percatamos que desde el principio, Dios inicia deleitándose en nosotros, que es un Dios gozoso, que Jesucristo desde la eternidad pasada, estaba deleitándose en nosotros. Él estaba regocijándose en el mundo aún no habitado de Dios.

Jesús desea que estemos con Él y con Su Padre, que vivamos con Él al lado del Padre, que nos gocemos en Él, que nos deleitemos en Él, que nos deleitemos en servir y en bendecir a otros. Él anhela que nosotros lleguemos a disfrutar de la misma relación con el Padre que Él ha disfrutado por toda la eternidad. Él desea que participemos del gozo que Ellos experimentan como Padre e Hijo.

Eso es lo que Jesús dice en Juan capítulo 15: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto.” (v.11) Eso es lo que Cristo desea para ti. Él anhela que nosotras tengamos esa plenitud de gozo y esa relación que Él tenía con Su Padre Celestial.

Permíteme solo mencionar otro asunto: Sabemos que antes de que Jesús llegara a esta tierra, Él era rico. Él era glorioso. Él tenía gloria con el Padre. Él vivía en un medio maravilloso, libre de pecado; lo sabemos porque en Juan capítulo 17, al final de su vida terrenal, Él ora así, “Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera”. (v.5)

De manera que Jesús dejó todo esto, se vació de Sí mismo, de la gloria que tenía en el cielo, para venir a esta tierra. Él escogió dejarlo todo atrás. ¿Por qué se despojó de todo esto—de ese compañerismo, de esa comunión, de ese gozo, de esa continua celebración, de ese regocijo, y ese deleite? ¿Porque se negó a Sí mismo todo esto y descendió a éste planeta corrupto y pródigo?

Bueno, Él lo hizo en obediencia a la voluntad de Su Padre: “Me deleito en hacer Tu Voluntad.” Y lo hizo por Su gran amor por nosotros.

El viejo himno lo dice así:

Saliendo de los palacios de marfil, a un mundo de dolor; solo su gran amor eterno, impulsó a mi Salvador  “Saliendo de los Palacios” de Henry Barraclough.

Fue Su amor por ti; fue Su amor por mí, Su deleite en nosotros que le movió a venir a la tierra. Fue enviado a la tierra por el Padre, enviado en una misión divina. El Hijo eterno, eternamente preexistente, Él que siempre fue, irrumpió en el tiempo, vino a este planeta— y hablaremos de ello en nuestra próxima sesión.

Pero ¿Por qué lo hizo? Vino para hacer posible que nosotros experimentáramos el gozo, la comunión, la unidad con el Padre que Él había disfrutado con el Padre durante toda la eternidad. 

Leslie: Ella es Nancy Leigh DeMoss explorando una pregunta muy profunda: ¿Qué estaba haciendo Jesús en la eternidad pasada?

Oswald Sanders escribió un capítulo sobre ese tema en su libro, “El Cristo incomparable”. Muchas de nuestras oyentes están leyéndolo y escuchando a Nancy enseñar acerca de esto durante las semanas de preparación para el Domingo de Resurrección.

Nancy volverá mañana con la serie, El Cristo incomparable, y estará enfocando su enseñanza en la encarnación. ¿Qué significa eso de que Dios se hizo carne? Te invitamos a sintonizar mañana Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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