2/6 – ¿CÓMO ESTAR ABSOLUTAMENTE SEGURO?

El Amor que Vale

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2/6 – ¿CÓMO ESTAR ABSOLUTAMENTE SEGURO?

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

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Episodio 1 – ¿Qué es el Reino de Dios?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Qué es el Reino de Dios?

Episodio 1

“El reino” es un gran tema para Jesús. En la traducción ESV(English Standard Version)la palabra “reino” se menciona 126 veces en los evangelios. Pero luego,reinosolo se menciona 34 veces en el resto del Nuevo Testamento, lo que motivaa Christopher del Reino Unido a escribirnos“¡Hola, Pastor John! Muchas gracias por su excelente podcast APJ. ¡Estoy maravillado de todo el esfuerzo que usted pone en contestar preguntas complejas y difíciles a total desconocidos, como yo! Mi pregunta para usted es la siguienteEl evangelio de Mateo está lleno de 55 referenciassobre el “reino” venidero. Pero desde el libro deHechos y en las epístolas, parece que hay muy poca mención de “el reino”. Entonces, ¿qué es este “reino de Dios”? ¿Es la iglesia o algo más grande?”.

Escucho dos preguntas cruciales: (1) ¿Qué es el reino de Dios? (2) ¿Por qué el reino Dios tiene mucha prominencia o mucho más enfoque explícito en las enseñanzas de Jesús, peromucho menos prominencia o mucho menos enfoque explícito en las cartasdel Nuevo Testamento? Permítanme hablar un pocosobre cada una de esas preguntas. 

Gobierno y Reinado

Creo que lo más importante que puedo decir sobre el reino de Dios que ayudaría a las personas a entender todos los usos de esta frase es que el significado básico de la palabra reinoen la Biblia esreinado de DiosREINADO, no reino [o imperio] ogente. El reinadocrea un reino [o imperio], el reinadocreaun pueblo, pero el reinadode Dios no es sinónimo de su reino [o imperio] o su gente.

Por ejemplo, consideremos elSalmo 103:19“Jehová estableció en los cielos su trono,Y su reino domina sobre todos.(RVR60). Puede escuchar el significado básico de la palabra reino como gobernar. No significa que su reino gobiernasobre su territorio o imperio; significa que el reinado o la autoridadde Dios gobierna todas las cosas.

Él se sienta como rey en su trono del universo, y su autoridadreal –su reino y su reinado – gobierna todas las cosas. El significado básico de la palabra reino en la Biblia es “la autoridadrealde Dios” —su reinado, su acción, su señorío, su gobierno soberano.

Salvar a los pecadores

 Dado que el propósito de Dios para el mundo es salvar a un pueblo para sí mismo y renovarel mundopara dichopueblo, su gobiernorealimplica unactividadde salvación y redención en su nombre. Es por esto que la venidadel reino en el Nuevo Testamento se le llamabuenas nuevas”.

 En y a través de Jesús, Dios, el rey, viene de una manera– una nueva manera –al mundo para establecer su gobiernode salvación. Primero, en los corazones de su pueblo y en sus relaciones, triunfando sobre el pecado, Satanás y la muerte. Luego, mediante el ejercicio de su reinado, reuniendo un pueblo para sí mismo en congregaciones que viven como ciudadanos de una nueva alianzadel reino– no de este mundo. Luego, Cristo viene por segunda vez y completa el reinado estableciendo cielosnuevos y tierra nueva.

 Ya, pero aun no

 La imagen que se obtiene acerca del reino en los Evangelios según lo revelan las enseñanzas de Jesús,es que éste es ambos: presente y todavía futuro. De hecho, esto es lo que Él quiso decircuando dijo[Mr 4:11que el misterio del reinode Dios”está aquí: presencia sin consumación.

 Por ejemplo, puedes escuchar la dimensión futura del reino en el Padre Nuestro: “Venga tu reino” (Mateo 6:10). Debemos orareso todos los días. Trae el reino, Señor. No esaquí como queremos que esté. Trae tu reino. Trae tu reinadopor completo en la vida de las personas, en mi vida, en el mundo.

 En Lucas 19:11, Jesús procedió a contar una parábola porque estaba cerca de Jerusalén, pero la gente supuso que el reino de Dios debía aparecer de inmediato. Pero Jesús sabía que no iba a venir de inmediato. El reino de Dios no aparecerá de inmediato, y sin embargo, repetidamente, Jesús dice: “El reino está cerca. Arrepentíos, porque el reino de Dios está cerca.

 De hecho, él es más explícito en Lucas 11:20: “Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros.”. Aún más explícitoLucas 17:21 dice “He aquí, el reino de Dios entrevosotros está.”.

 ¿Cómo puede el reino de Dios todavía no estar presente y ya estar presente? Él dice: “Ora por ello. Está viniendo. Todavía no está aquí. No va a serdeinmediato y, sin embargo, ya está presente entre ustedes, sobre ustedesestá cerca.”¿Cómo puede él decir todo eso?

 La respuesta es,que el reino de Dios,es el reinado de Diossu acción soberana en el mundo para redimir y liberar a un pueblo y luego, en un futuro, terminarlo[completar la obra]y renovar completamente a su pueblo y al universo.

 Cambiando el trono por una cruz

 Si preguntamos por qué el término “reino de Dios” o “reino de los cielos” es prominente y explícito en las enseñanzas de Jesús, pero mucho menos en las epístolas (lo cual es cierto), ¿qué debemos decir?

 Mi sugerencia es esta: Por un lado, durante la vida de Jesús, él caminaba sobre una línea muy fina entre darse a conocer como el Hijo de Dios y la presencia real del rey mismo;por el otro lado, entre guardarsede ser tomadoser hecho rey terrenal(como querían hacer en Juan 6).

 Estaban listos para venir y hacerle rey. Recuerda que Jesús repetidamente le dijo a la gente que no les contara a otros lo que habían visto (Mateo 17:9Marcos 7:36). Así les decía para no suscitarun malentendido generalizado acerca de la naturaleza de su reinadoque provocaraentre la gente una revuelta política paraarrastrarlo al trono como en Juan 6.

 No, él vino a ser crucificado. Por eso vino. Él vino a morir, no para ser puesto en un trono todavía. Él solo sería rey por medio de la crucifixión y la resurrección. Los discípulos apenas podían comprender eso.

 El Resucitado es el Señor

 Después de la resurrección, se podía ver con mucha claridad lo que los discípulos no pudieron comprender durante su vidacon ÉlEsto es,queel reino de Dios se revelaría gloriosamente en un rey crucificado y resucitado. Por lo tanto, el cambio que ocurreenninguna manera disminuye la importancia de lo que se enseñó sobre el reino durante la vida de Jesús. Pero sí cambiaAhora pone unénfasis abrumador en el rey mismo como el Señor crucificado y resucitado del universo.

 Estenuevo énfasis, que es más explícito en las epístolas, declara: “Jesús es el Señor”. De hecho, si me hubieras presionado, diría que “ha llegado a vosotros el reino de Dios” es casi sinónimo de“Jesús es el Señor”. O dicho de otra manera, “Jesús es el Señor” es casi sinónimo en las epístolas con el reino – el reinado– “el reyha llegado a vosotros”.

 No es solo que él ha llegado,sino quevendrá. Creo que probablemente hacemosbien hoy en tener esto en mentecada vez que destaquemos el reino de Dios. Asegurémonos de que nuestra enseñanza en las iglesias y en el mundo tenga como distintivola aplicación apostólica del reinado de Jesús. Es el señorío de Cristo crucificado y resucitado quien debe recibir el énfasis hoy.

¿Quién es este Jesús?

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¿Quién es este Jesús?

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Continuando con nuestro estudio de la santidad de Dios, recordaremos que en nuestra sesión pasada estuvimos viendo las teorías que fueron expuestas en el siglo XIX por hombres como Karl Marx, Ludwig Feuerbach y Sigmund Freud, los cuales buscaban dar una explicación psicológica del origen de la religión, diciendo que la religión humana, en última instancia, está motivada por la profunda necesidad psicológica de auto-preservación; que por el miedo a la muerte, la enfermedad y a las fuerzas de la naturaleza, imploramos una religión atribuyendo personalidad a las tormentas, los tornados, los terremotos y cosas así, con la esperanza de encontrar algún modo de apaciguar a estas deidades que residen en esas fuerzas hostiles, de tal manera que podamos sobrevivir.

Vimos también el trauma que existe con respecto a la santidad; y dije que si inventáramos una religión por pura motivación sicológica para desviar los aspectos amenazantes de la naturaleza, probablemente no inventaríamos una religión que tuviera como núcleo un ser que es absolutamente santo, porque, como trataba de explicar, no hay nada más atemorizante que un Dios santo.

Ahora, hay episodios donde esta idea se observa muy claramente en las páginas de la Escritura. Me gustaría dirigir nuestra atención en esta sesión al evangelio según San Marcos, donde el evangelista nos relata la historia de un evento que tuvo lugar en el Mar de Galilea. Se encuentra en el capítulo 4 del evangelio de Marcos, empezando en el versículo 35. Dice así: “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas.

Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?”

Creo que este es un relato extraordinario de un evento que tiene lugar en la vida de Jesús. En el mundo literario hay una grupo de lectores de novelas de crimen, misterio y suspenso que se burlan de la trivialidad de esas historias de misterio que empiezan con la expresión: “Era una noche oscura y tormentosa”. Me alegra que Marcos no empiece la sección de su evangelio con esa introducción, pero eso es básicamente lo que dice: “Fue cuando llegó la noche y hubo una tormenta que se levantó en el mar”; Ante eso, es perfectamente correcto decir que fue ‘una noche oscura y tormentosa’ cuando eso ocurrió, tal como se relata aquí en el evangelio.

Era de noche. Y en esa ocasión, el propósito de los discípulos de ir a sus botes, no fue para ir a pescar sino, simplemente, para sacar a Jesús de la presión y empujones de la gente y de la multitud que lo rodeaba; pasándolo al otro lado del lago de Galilea, el cual era bastante grande como para que se le llame el Mar de Galilea. Si alguna vez has estado en Palestina, quizá has tenido la oportunidad de navegar ese mar. Cuando estuve en Israel, tomamos un bote grande para cruzarlo y el guía turístico, en un punto, nos mencionó de esas tormentas repentinas y nos dijo que incluso con el equipo naval y las técnicas de navegación modernos, estas tormentas que aparecen de tiempo en tiempo, todavía pueden poner en peligro la vida. Esto tiene una razón. Si ves un mapa de Palestina y observas donde está ubicado el Mar de Galilea, notarás que está justo al este del Mar Mediterráneo y al oeste del desierto. Y la composición natural es tal que hay una especie de canal, casi como un túnel de viento, que está fijo en tierra de tal manera que estas tormentas pueden acumularse rápidamente y ser expulsadas violentamente desde el mar y atravesar la superficie de la tierra en lo que se asemeja a un túnel de viento, golpeando el Mar de Galilea y convirtiéndose en una tempestad descontrolada y sin previo aviso. Era obvio que se trató de una de esas tormentas repentinas la que azotó precipitadamente el Mar de Galilea esa noche.

Recordamos que Freud dijo que la religión es provocada por nuestra necesidad sicológica de encontrar protección contra las fuerzas de la naturaleza y que las fuerzas naturales como tormentas, tornados, son traumáticas para nuestra psiquis. Les tememos. Y su teoría del temor humano a la naturaleza se observa en la descripción de Marcos y posteriormente también de la descripción de Lucas del mismo evento, porque nos dice que cuando surgió la tormenta, los discípulos tuvieron miedo. Tenían miedo del peligro claro y presente de esa fuerza impersonal de la naturaleza, la tormenta que se había levantado.

Ahora, tengan en cuenta que estos eran pescadores profesionales. Estos no eran novatos inexpertos que no sabían cómo operar un barco en aguas turbulentas. Ellos tenían experiencia. Ellos eran expertos, pero esta tormenta surgió con tanta ferocidad. Fue tan feroz que aún estos veteranos experimentados estaban asustados.

¿Y qué haces cuando ocurre una crisis como esa? Lo primero que hacen las personas es buscar a su líder. Y entonces fueron a buscar a Jesús para pedir ayuda. ¿Y qué leemos? Que Jesús estaba dormido en la parte trasera del bote. ¿Alguna vez has conocido gente así?

Recuerdo una vez, que estaba en un avión con el Dr. James Montgomery Boice. Estábamos en medio de una tormenta violenta y yo estaba sujetándome firmemente. Me incliné para decirle algo a Jim quien tenía la cabeza apoyada sobre la almohada y estaba profundamente dormido. Lo sacudí para despertarlo y le dije: Jim, te habrás dado cuenta que esto está muy turbulento. Él dijo, sí, ¿no es grandioso? Es como estar en un parque de diversiones. Y dije, bueno, aquí hay un verdadero calvinista que disfruta este tipo de cosas. Yo no lo disfruté, pero de seguro conocen a gente así. Como que uno no entiende que sean capaces de dormir bajo esas condiciones traumáticas.

Bueno, ahí está Jesús…. Calmado, dormido, sin preocupación alguna. Y entonces los discípulos se acercan a él, lo sacuden, lo despiertan de su sueño y le dicen: Maestro, haz algo o perecemos. No tengo idea porque la Biblia no nos dice qué es lo que esperaban que Jesús hiciera. No lo puedo imaginar. Quizá esperaban que él orara, porque ya habían visto la eficacia de sus oraciones. Pero una cosa que creo que podemos concluir es que no esperaban que Jesús hiciera lo que hizo.

Jesús evaluó la situación, vio la tormenta, abrió la boca y pronunció un mandato. Él le dio una orden a las fuerzas impersonales. No había ningún demonio en el mar, ningún demonio en el viento para que Jesús lo reprenda. Él estaba hablando a lo que llamaríamos fuerzas ciegas e impersonales. Y con una voz fuerte, dirigiéndose al viento y al mar, dijo: “Calla, enmudece” y al instante el mar fue como cristal y no hubo la más mínima brisa en el aire. Hubo calma total en el mar. La calma del viento, la calma del mar, la calma en Jesús, la calma estaba en todas partes, excepto en los corazones de los discípulos.

Es de esperar en esta historia, que la reacción de los discípulos sea de absoluta euforia y alegría. Uno podría pensar que tirarían algo al aire y dirían: Gracias Jesús por salvarnos de esta fuerza terrible de la naturaleza impersonal. En cambio, el punto que quiero resaltar es que las Escrituras describen la reacción de los discípulos después que la amenaza de la naturaleza ya había desaparecido, como una respuesta al aumento de su temor. La Biblia dice: “Entonces temieron con gran temor” o sea que tuvieron mucho miedo; no de la tormenta, ni del viento, ni del agua, sino de Jesús. Se quedaron paralizados pero temblando ante este hombre, quien con un imperativo divino, ordenó a la naturaleza a que hiciera algo y la naturaleza obedeció. Y dijeron: “¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?”

Permítanme una pequeña licencia aquí, con esta pregunta. Ya sea que lo pensemos conscientemente o no, a cada persona que vemos o encontramos en la calle, en la ciudad o en el pueblo, nosotros le hacemos una evaluación instantánea. Como parte de nuestro mecanismo de respuesta, hacemos una evaluación: ¿amigo o enemigo? ¿Esa persona que se me acerca es inofensiva o peligrosa? Mientras caminamos por la calle, simplemente observamos; nuestros ojos están mirando alrededor. Y cuando vemos gente sonriendo, nos sentimos cómodos. Si vemos que alguien se nos acerca con el ceño fruncido, nos ponemos tensos y en alerta. Si levantan un cuchillo delante de nosotros, nos ponemos extremadamente tensos y a la defensiva y, en cierto sentido, estamos haciendo funcionar la computadora de nuestros cerebros categorizando, clasificando los tipos de personas con las que nos topamos, porque en nuestra experiencia nos hemos encontrado con personas amables, gentiles, dóciles, agresivas, enojadas, hostiles, mezquinas y violentas.

Es solo un asunto de defensa humana el tener un mecanismo de clasificación y de catalogación que usamos todo el tiempo a fin de poder conocer a otros seres humanos. Leemos su lenguaje corporal, su postura, para asegurarnos de que sea seguro estar cerca de ellos. Esa es la misma actitud que había en los discípulos. Ellos hicieron lo mismo. Pero ahora acababan de presenciar a Jesús calmando la tormenta y sus cerebros estaban a mil por hora clasificando y catalogando, tratando de encontrar una categoría donde poner a Jesús. “¿Quién es éste?” Y no pudieron encontrar una categoría. Ellos se dieron cuenta que estaban en la presencia de Uno que vino como ser humano, como cualquier otro humano, pero que acababa de hacer algo que lo ponía en una clasificación única, que lo hacía sui generis, completamente distinto o diferente, lejos de cualquier ser humano que hayan conocido, porque nunca se habían topado con una persona que pudiera pararse en un bote, en medio de una tormenta y decir: haya paz, haya calma y que la tormenta desapareciera con esa sola orden.

“¿Quién es este?” Y estaban aterrorizados. Bueno, ¿qué clase de hombre era éste? Era un hombre santo, un hombre diferente en trascendencia y otredad, quien es el supremo foráneo, ante cuya santidad las personas que antes se sentían cómodas en su presencia, ahora estaban aterrorizadas y hubieran recibido con satisfacción el mar embravecido para darles un respiro.

¿Ven lo que Freud se perdió? Freud tenía razón en que estamos temerosos por las fuerzas impersonales de la naturaleza, pero un tornado no es sagrado. La plaga no era santa. Un terremoto no es santo. Y por muy terroríficos que sean, no son tan terroríficos como la santidad personal. El sociólogo, el antropólogo y el sicólogo nos dicen que una de las principales fobias de las que padecemos es aquella llamada xenofobia, miedo a los extranjeros, miedo a los extraños. La gente de color tiende a temer a los blancos; los blancos tienden a temer a los que no son como ellos, porque son extranjeros y extraños. Ellos tienen una forma distinta de hacer las cosas. Tienen una cultura diferente y hay una razón por la cual los pájaros con plumas se juntan y por qué las personas de orígenes similares tienden a reunirse entre sí, de forma segregada; no simple o meramente motivadas por el fanatismo, sino más bien motivadas por el miedo, por la extrañeza de tener que adaptarse a otro entorno, de adaptarse a otra cultura. Y cualquiera que, alguna vez, se haya mudado a otro país y haya tenido que pasar por esa adaptación cultural, entiende lo que es un choque cultural.

Y tenemos la tendencia a temer eso que es diferente de nosotros. La última xenofobia que podemos resistir es el miedo al gran extraño, este extraño misterioso que es santo. No nos sentimos cómodos en presencia de lo santo. De hecho, la santidad es traumática. “¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” La respuesta es clara ¿cierto? Él es santo. Y cuando esa santidad rompe el velo de su naturaleza humana, la gente tiembla.

CORAM DEO

En nuestro pensamiento Coram Deo de hoy, permítanme hacer esta pregunta. ¿Qué clase de hombre cree que era Cristo? ¿Cómo reaccionaría si en su presencia él mostrara esta dimensión trascendente distinta y extraña de santidad? ¿Se asustaría? ¿Cómo ha clasificado a Jesús en su propia evaluación intelectual de clases y tipos de personas que alguna vez ha conocido?

¿Alguna vez ha conocido a uno como éste que tiene la autoridad para mandar a las obras de la creación, que tiene la autoridad por su sola palabra de hacer que el viento deje de soplar y que el mar se calme? Este es el Jesús de la Biblia, no el Jesús manso y benigno, sino el Jesús que es santo y que atemorizó a la gente más cercana a él. ¿Él lo asusta?

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DÍA 18

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El cetro de Su Gracia

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La Alabanza

Samuel Perez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

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1/6 – La Iglesia Triunfante

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Adrian Rogers

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22 – Valores Invertidos – Matrimonio Homoxesual 

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

22 – Valores Invertidos – Matrimonio Homoxesual

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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El Dios Verdadero

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Continuando con nuestro estudio de la Santidad de Dios, recordamos que estuvimos viendo detenidamente el relato del llamado de Isaías al oficio de profeta y cómo Dios le dio el indescriptible privilegio de dar un vistazo detrás del velo y observar la magnífica visión del Señor exaltado en su trono, en el santuario celestial, rodeado de Serafines, cuyas huestes angélicas clamaron repetidamente una y otra vez: “Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos.”

También vimos la reacción y la respuesta traumática que Isaías mismo tuvo ante la presencia de Dios. Como pronunció un oráculo de condenación sobre sí mismo diciendo: “¡Ay de mí! Que soy muerto.” Ahora, lo siguiente que quisiera que veamos es todo el tema del impacto traumático –noten que dije traumático, no dramático— El impacto traumático que la santidad de Dios tiene sobre los seres humanos.

Entendemos que el trauma generalmente se asocia con algún tipo de lesión, ya sea física o sicológica, que deja alguna herida, cicatriz o parálisis a su paso. Bien, lo que experimentamos en nuestra lectura de la respuesta de Isaías a la santidad de Dios, el trauma que le sobrevino, debemos entenderlo como un tipo de trauma que no era infrecuente, sino que, a lo largo de la historia bíblica, cuando la gente estaba cerca de la manifestación de Dios, ellos tenían una experiencia terrible, aterradora y devastadora.

Juan Calvino, al comienzo de su famosa Institución de la Religión Cristiana, cuando hablaba acerca de las respuestas humanas a la santidad de Dios, hizo la siguiente observación, la cual leeré brevemente.

Calvino dijo: “De aquí procede aquel horror y espanto con el que, según dice muchas veces la Escritura, los santos han sido afligidos y abatidos cada vez que contemplaban la presencia de Dios.” Luego continúa diciendo: “el hombre nunca siente de veras su bajeza hasta que se ve frente a la majestad de Dios.”

Lo que Calvino dice aquí y en muchas otras partes es que vivimos la vida, en su mayor parte, en un plano horizontal. A veces cometemos el error fatal de juzgarnos a nosotros mismos y juzgarnos entre nosotros mismos, un criterio que la Escritura señala que no es sabio. Calvino dice que nos permitimos adulaciones, considerándonos a nosotros mismo un poco menos que semidioses, hasta que nuestra mirada se vuelca al cielo.

Y del mismo modo que nos es imposible mirar el brillo directo del sol sin dañarnos los ojos, cuando miramos al cielo y observamos el tipo de ser que es Dios, ésa es una experiencia perjudicial para nosotros, al menos psicológicamente. Como dijo Calvino, quedamos devastados por el contraste evidente que existe entre la santidad de Dios y nuestra propia impiedad. ¡Y esto es traumático!

Recuerdo que al comienzo de mi carrera docente, estaba enseñando en un seminario en el campus de una Universidad en Filadelfia, y uno de los cursos que debía enseñar era sobre ateísmo. Les dije a mis alumnos que leyeran las fuentes primarias de algunos de los pensadores ateos más formidables de la historia occidental. Tuvieron que leer obras de Feuerbach, Nietzsche, Kaufmann, Marx, Sartre, Camus y otros; Descubrimos mientras leíamos las obras de estos ateos, que en el siglo XIX había una corriente común entre los eruditos que hablaban acerca del ateísmo.

Ellos no desperdiciaban mucho su tiempo en tratar de probar que Dios no existe. Eso se podía asumir tácitamente. Lo que ellos decían era que si ahora sabían que no hay Dios, después del período de la Ilustración, ahora se les ha dejado con un pregunta de fondo: Puesto que no hay Dios, ¿cómo podemos explicar la presencia casi universal de la religión?

Si Dios no existe y la religión humana no es una respuesta a la existencia de Dios, ¿por qué el ser humano parece ser incurablemente, no solo homo sapiens, sino homo religiosus, que el ser humano, en todas sus culturas, está involucrado en algún tipo de religión.

La pregunta era simple. Si no hay Dios, ¿por qué hay religión?

Muchos de estos estudiosos en el siglo XIX trataron de dar una explicación creíble de por qué se inventó la religión. Creo que la mayoría de nosotros estamos familiarizados con el comentario atribuido a Karl Marx, aunque realmente lo tomó prestado de otra persona: La religión es el opio de los pueblos. ¿Qué quiso decir con esto? El opio es un estupefaciente. Un narcótico es algo que embota los sentidos. Lo que Marx estaba diciendo era que las personas recurren a la religión para aliviar su dolor, para buscar muletas y poder ayudarse a navegar en el mundo problemático en el que vivimos, para aliviar el dolor, para opacar la sensación de estar solos en un universo indiferente.

Bueno, toda clase de personas, como dije, trata de dar explicaciones acerca de la religión y hay un hilo común que las une, y esa es la explicación psicológica del origen de la religión. Y uno de los argumentos más popular y famoso, fue el argumento dado por Sigmund Freud. Veamos lo que dice. Freud, como psiquiatra, creía que el ser humano tiene un sentimiento de temor muy poderoso y sicológico. Le tememos a muchas cosas, a todo aquello que nos amenaza.

Y hay muchas cosas en el mundo en que vivimos que representan un peligro claro y presente para nuestro bienestar. Gente que podría levantarse enojada y atacarnos físicamente, tratando de matarnos, ya sea de manera individual o en gran escala, en una guerra que infunde terror en nuestros corazones.

Pero además de la esfera humana del miedo y el peligro, también existe el reino impersonal de la naturaleza, en especial en épocas anteriores donde no se contaba con protección contra las fuerzas de la naturaleza tal como contamos hoy en día, tiempos donde la gente estaba más expuesta a los caprichos de la tormentas, las sequías, las inundaciones (aunque esos desastres todavía nos asustan hoy en día), tiempos donde enfermedades como el cólera o la peste podían arrasar con poblaciones enteras; la vida parecía más frágil y la naturaleza parecía tan amenazante para nuestra humanidad.

Una de las tareas de la ciencia que percibimos en nuestros días es domar, de alguna manera, esas fuerzas ingobernables de la naturaleza: como el huracán, el tornado, las inundaciones o el fuego. Y esos fueron los términos en que Freud lo explicó.  Él dijo que hemos aprendido a tratar con personas amenazantes. No, no siempre lo hacemos con éxito, pero si alguien manifiesta ira contra mí y viene hacia mí con una actitud hostil, he aprendido formas que para tratar de desarmarlo y reducir su hostilidad.

Podría, por ejemplo, adularlos. Decimos: espera un minuto. ¿Por qué estás enojado conmigo? Soy el presidente de tu club de fans, te admiro. Me encanta tu carácter tan distinguido. Me estás atacando sin razón. O simplemente podemos tratar de negociar con ellos. El asesino viene y me apunta con el arma y digo: espera un minuto, ¿tú no quieres matarme sólo por un par de billetes que tengo en el bolsillo?

Tengo mucho más en casa o en el banco.  Vamos a hacer un trato. Si perdonas mi vida, te daré todo mi dinero. Puedo intentar sobornarlo y ofrecerle regalos o cosas.  O simplemente puedo apelar a su sentido humano de misericordia y ponerme de rodillas, rogarle y suplicarle que me perdone la vida. Hemos visto este tipo de reacciones.

Estas son algunas de las técnicas que hemos aprendido en cuanto a cómo lidiar con las personas que nos amenazan a nivel personal. Freud dijo, …pero el dilema que tenía el hombre antiguo era ¿cómo negociar, dialogar o defenderse del cólera, de la peste, de un tornado, una inundación o un terremoto? Estas fuerzas de la naturaleza que son peligros claros y evidentes para nosotros, son impersonales. No tienen oídos para escuchar. No tienen corazón al que podamos apelar.  No tienen emociones.

Entonces, Freud dijo que la forma en que la religión surgió fue esta. Lo primero que hizo el ser humano antiguo fue personalizar la naturaleza, es decir que ellos inventaron la idea de que la tormenta estaba habitada por algún tipo de espíritu personal. Había un dios de la tormenta. Un dios en el terremoto, un dios en el fuego y había dioses que estaban relacionados con diversas enfermedades. Las enfermedades venían de espíritus malos o demonios. De esta manera ahora se podía aplicar las técnicas usadas contra fuerzas hostiles personales, a las fuerzas impersonales, las fuerzas impersonales de la naturaleza.

Ahora podemos suplicar al dios de la tormenta, rezar al dios de la tormenta, hacer sacrificios al dios de la tormenta y cosas por el estilo, arrepentirse ante el dios de la tormenta, hacer todo lo posible para aplacar la ira de los dioses a fin de eliminar la amenaza. Así que para Freud esa es la fuerza sicológica impulsora del origen de la religión, por la cual la naturaleza, que es básicamente impersonal, ahora es personal y sacralizada, es decir, hecha sagrada. Y empezamos a adorar a la luna o al terremoto o a la tormenta, como muchas religiones lo han hecho.

Estoy fascinado con la explicación de Freud acerca del origen de la religión, porque es posible. Supongamos que no hay dios. Sin duda sería una explicación razonable para entender cómo las personas pudieron volverse religiosas. Es posible, teóricamente, que no haya Dios, teóricamente, y que aun así haya religión.

Sabemos que somos capaces de fantasear. Sabemos que somos capaces de imaginar y así lograr la creencia en cosas que realmente no existen. De hecho, la biblia está repleta de críticas a la religión falsa que hace precisamente eso, en especial con respecto a la adoración de ídolos.

¡Imagínense!, imaginen lo tonto que puede ser el ser humano como para que una persona vaya a su taller, a su mesa de trabajo, tome un bloque de madera o piedra, lo trabaje minuciosamente con sus herramientas y vaya dando forma a esa pieza de madera amorfa y la convierta en una hermosa estatua de un animal o de una persona.  Luego, con cuidado, la lija, la pule y quizá la pinta, después, cuando ha terminado, limpia el piso, devuelve las herramientas a su lugar, y ya al final, se pone de rodillas ante la estatua de madera y empieza a hablarle y a pedirle que le proteja, le libre, le proporcione alimentos y trata a esta estatua como si fuera una deidad. Cuando recién la acaba de hacer con sus manos, de un trozo de madera o piedra.

Y la Biblia realmente se burla de la idolatría, de forma cruda, de todos aquellos que realmente hacen esto, tomar algo que es impersonal y tratarlo como si fuera una persona sagrada. Eso es lo que hace la idolatría. Ahora, creo que Freud ha demostrado que es posible que las personas inventen a Dios si Dios no existiera. Una cosa es decir que una persona es capaz de cometer un crimen, pero eso no prueba que realmente esa persona cometió un crimen. Puedes tener medios, motivos y oportunidades y aún ser inocente. Puedes encontrar diez mil personas más que tengan medios, motivos y oportunidades, pero solo por el hecho de tener medios, motivos y oportunidades, no significa que lo hicieron.

Creo que Freud ha demostrado que el ser humano tiene los medios, el motivo y la oportunidad de inventar la religión.  Eso no quiere decir que realmente sucedió así. Pero tengo algunas preguntas. Y quizá usted ahora mismo también tenga preguntas.

¿Qué tiene que ver todo esto con la santidad de Dios?

Tiene mucho que ver con la santidad de Dios. Porque lo que he descubierto leyendo las Escrituras y lo que deseo mostrar en los días venideros es que, si vamos a inventar un dios que nos redima de la amenaza y del peligro del trauma, mi pregunta es: ¿inventaríamos un Dios, quien en su carácter fuera diez veces más amenazante que las amenazas que hemos inventado para que él las venza? Sí, puedo imaginar que podamos inventar a un Dios que habita en la tormenta y demás, un dios benevolente que se apacigua fácilmente y que incluso pueda ser un dios malo, un espíritu malo.

Hasta podría tener todos las características que le atribuiríamos a iconos religiosos, pero, ¿inventaríamos uno que es santo? ¿De dónde viene eso? Lo que espero que empecemos a ver es que no hay nada en el universo más aterrador, más amenazante al sentimiento de seguridad y bienestar de una persona, que la santidad de Dios.

No creo que podamos crear eso, a menos que seamos masoquistas, porque lo que vemos aquí, a través de las Escrituras, es que el Dios a quien la Biblia revela es un Dios que gobierna sobre la tormenta, sí, que gobierna sobre el terremoto, sí, que es un Dios que reina sobre todas las fuerzas amenazantes a las que tememos. Pero qué Dios, dentro y fuera de él, nos asusta más que cualquiera de esas cosas, y con justa razón, porque entendemos que nada representa una amenaza mayor para nuestro bienestar futuro que la santidad de Dios.

Me sorprende la gente cuando discuto con ellos acerca del cristianismo y, a menudo, me dicen: “bueno, está bien que tengas una fe religiosa en Cristo, pero no siento la necesidad de Cristo”. Y yo les digo, bueno, si Dios es santo, entonces necesitas a Cristo. No hay nada más apremiante en la vida que la necesidad de un Salvador, porque si Dios es santo y él es tu juez, y tú no eres santo, entonces tienes algo que temer, algo que temer que finalmente es mucho más devastador que un tornado o el cólera. Como dice la Biblia, es algo terrible caer en las manos del Dios vivo.

Y entonces, lo que quisiera mostrarles en nuestros próximos mensajes, es el retrato bíblico del carácter traumático de la santidad de Dios, el cual implica una amenaza primaria y fundamental a nuestro sentido de seguridad.

CORAM DEO

En nuestro pensamiento Coram Deo de hoy, tengo un par de preguntas simples y prácticas para que se las hagan a ustedes mismos. ¿Usted tiene miedo de Dios? Y la segunda pregunta es ¿Le agrada Dios? ¿Le gusta el concepto bíblico de Dios o es hostil al concepto bíblico de Dios?

Les hago esta pregunta por la siguiente razón: las Escrituras enseñan que, por naturaleza, en nuestra humanidad caída, estamos en enemistad con Dios, no queremos tener a Dios en nuestro pensamiento, pero no somos indiferentes o neutrales con respecto a Dios, sino que hay como un dominio básico que reside en lo profundo de nuestras almas contra nuestro creador.

Y que ese desagrado, ciertamente ese odio, es tan fuerte que cuando Dios se hizo carne, los seres humanos no pudieron esperar hasta destruirlo.

Jonathan Edwards una vez comentó que si Dios mismo hiciera su vida vulnerable y expuesta a manos humanas, no sobreviviría por un minuto.

Así de profunda es nuestra incomodidad en su presencia.

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Satisfacción equivalente a obediencia

Mujer Para la Gloria de Dios

Satisfacción equivalente a obediencia

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Programa de radio transmitido por la emisora cristiana “Radio Eternidad”, que busca ayudar a las mujeres cristianas a vivir de una manera sobria, justa y piadosa, entendiendo y desempeñando el rol que Dios les ha otorgado en una sociedad bajo la constante influencia del engaño del maligno.