Los Hijos de Eli y Samuel

Faithlife Sermons Español

Los Hijos de Elí y Samuel. Un contraste

Geremias Medrano

Propósito: Presentar a los hermanos la historia de los hijos de Elí y los inicios de la vida de Samuel, contrastar el resultado de sus vidas. Mostrar, como los hijos de Eli no fueron enseñados de acuerdo a los principios bíblicos, Samuel sí. Motivar a la hermandad a educar a sus hijos bajo las directrices de Dios. El resultado es el mejor.

I. Introducción

1. El pueblo de Israel, dirigidos por Josué, se estableció en Canaán después varios años de conquista.

2. A lo largo de varias decadas la nación de Israel creció, y aparecieron jueces que la dirigieron a enfrentar enemigos y progresar en la tierra de Canaán.

3. Sin embargo, el libro de Jueces presenta, que era un tiempo en el que cada cual hacia lo que bien le parecía. ( Jueces 17.6 )

4. Su penúltimo juez y sacerdote se llamo Eli. Este vivía en Silo, lugar donde se establecio el Santuario de Dios. Este lugar se convirtio en el centro de adoración de todo el pueblo de Israel.

5. Desde Silo, Eli dirigía el pueblo. Él era un buen sacerdote y juez. Él hizo bien su trabajo. Disfrutaba trabajar y servir al Señor. Vivió en una tienda de campaña al lado del Tabernáculo.

6. Eli tenía dos hijos, Ofni y Finees. La Biblia los define como hombres malos. El significado real es que eran hombres sin valor.

7. Eli hizo a sus dos hijos, Ofni y Finees, sacerdotes a pesar de que carecian del carácter de su padre. Su conducta cayó en desgracia y conmociono tanto a la gente que “menospreciaban las ofrendas de Jehová.” (1 Samuel 2.17)

II. La vida de Ofnis y Finees. (1 Samuel 2.12-1722-25)

A. Hombres sin valor

1. Eli, aunque había sido nombrado para que gobernara al pueblo, no regía bien su propia casa.

2. Elí era un padre indulgente. Amaba tanto la paz y la comodidad, que no ejercito su autoridad para corregir los malos hábitos ni las pasiones de sus hijos

3. En vez de considerar la educación de sus hijos como una de sus responsabilidades más importantes, manejaba el asunto como si tuviera muy poca importancia.”

B. No conocían a Jehová.

1. El principio bíblico para inculcar en los hijos el conocer a Dios está en (Deuteronomio 6.4-9)

2. Eli conocía este principio, pero se descuidó en aplicarlo en sus hijos.

3. Pero Elí se substrajo a estas obligaciones, porque significaban contrariar la voluntad de sus hijos, y le imponían la necesidad de castigarlos y de negarles ciertas cosas.

4. “Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza, pero no te excedas hasta destruirlo.Enmienda a tu hijo, y te dará descanso y alegría” (Proverbios 19.18, 29.17)

C. Robo, soberbia, usurpación de lugar, Sin valor. (1 Samuel 2.12-17 )

1. El resultado de este descuido por parte Eli fue el de hombres sin valor, impíos. (1 Samuel 2.12-14)

2. Llegaron tan lejos que usurparon el lugar de Dios, al tergiversar la manera en que Dios habia indicado como se debia proceder con las ofrendas traidas por el pueblo al altar(Levitico 7).(1 Samuel 2.15-17)

3. Esta irreverencia por parte de los sacerdotes no tardó en despojar los servicios de su significado santo y solemne.

4. “Era pues el pecado de los mozos muy grande delante de Jehová.” (Vers. 17)

D. Fornicación, acoso sexual contra personas vulnerables, irrespeto a su padre. (1 Samuel 2.22-25)

1. El pueblo se quejaba de sus actos de violencia, y el sumo sacerdote Eli sintio pesar y angustia. No osó callar por más tiempo. Pero sus hijos se habían criado pensando sólo en sí mismos, y ahora no respetaban a nadie.

2. Veian la angustia de su padre, pero sus corazones encallecidos no se conmovían. Oían sus benignas amonestaciones, pero no se impresionaban. No quisieron cambiar su mal camino, cuando fueron amonestados de las consecuencias de su pecado.

3. Pero la amonestación llego muy tarde. Los hijos de Eli estaban corrompidos a lo máximo.

4. “..dormían con las mujeres que velaban a la puerta del Tabernáculo de reunión” (1 Samuel 2.22)

III. Samuel es usado como contraste con estos dos sacerdotes.

A. Servidor, su madre proveía. (1 Samuel 2.18-21.)

1. En este relato se inserta otra historia, la de un joven diferente. (1 Samuel 2.18-21)

2. Después de una descripción de la vida de los hijos de Eli se presenta las acciones de Samuel.

3. Samuel era hijo de Elcana y Ana. Elcana pertenecía a la línea de los sacerdotes. Era descendiente de la tribu de Levi. (1 Crónicas 6.33-38)

4. Su madre lo dedico a Dios llevándolo a vivir a Silo, junto a Eli.

5. Pero nunca lo descuido, siempre venía a visitarlo. (1 Samuel 2.19)

B. Creciendo en gracia delante de Dios y los hombres. (1 Samuel 2.26 )

1. A pesar de vivir junto a los hijos de Eli, Samuel no se corrompió.

2. Se presenta a Samuel creciendo en gracia delante de Dios y los hombres. (1 Samuel 2.26)

3. La educación obtenida por Samuel en su niñez por parte de sus padres contribuyeron a que fuera un hombre fiel y obediente a pesar de vivir en medio de la corrupción de los hijos de Eli.

C. Samuel Servía a Jehová. (1 Samuel 3.1)

1. Samuel fue un hombre que servía a Dios.

2. El pueblo de Israel lo noto. “Samuel crecía y Jehová estaba con él; y no dejó sin cumplir ninguna de sus palabras. Todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, supo que Samuel era fiel profeta de Jehová. Y Jehová volvió a aparecer en Silo, porque en Silo se manifestaba a Samuel la palabra de Jehová.” (1 Samuel 3.19-20)

3. Gracias a la dedicación de Ana y Elcana a educar y corregir a su hijo a tiempo, la nación de Israel pudo recuperar su confianza en Jehová.

IV. ¿Qué de nuestros hijos hoy? ¿Cómo los estamos educando?

A. ¿Como Ofni y Finees?

1. ¿Siendo permisivos con ellos.?

2. ¿No corrigiendo sus malas acciones?

3. ¿Haciéndolos más importante que Dios? Esa fue la causa por la cual Dios vio que los dos hijos de Eli fueron tan rebeldes y soberbios. (1 Samuel 2.29-30).

4. El final de estos hombres fue un final triste. Murieron en batalla contra los filisteos. (1 Samuel 4.10)

B. No instruyas a tus hijos como lo hizo Eli. (1 Samuel 2.12-17)

1. Herbert Lockyer llama Eli “el hombre que carecía de la autoridad paterna”. Lo pongo de esta manera: el padre que no diría no

2. Eli les advirtió de sus acciones vergonzosas, pero era muy tarde. Debió reprenderlos o detenerlos cuando tuvo la oportunidad y autoridad para hacerlo.

3. Tenia que haber ejercido la autoridad de un padre responsable, pero sus hijos no lo respetaban. Se burlaron de él. Eli sólo razonó ligeramente con ellos: “¿Por qué hacéis cosas semejantes?” Sus hijos descartaron una protesta tan débil e inútil, porque sus corazones eran fríos e insensibles. Ya no tenía sentido para ellos, respetar al Señor o a su padre.

C. Enseñe a sus hijos a obedecer al Señor (1 Samuel 2.22-26)

1. Aunque Eli no podía cambiar los corazones de sus hijos, podría haber evitado su ministerio tan blasfemo ante el Señor. En cambio, “él no los impidió.” Él quería ser amable con ellos, pero era una bondad falsa y equivocada. Una corrección en el momento oportuno los habria salvado de la ruina. Eli no necesitaba ser duro con ellos, sino firme y decidido con relación a la obediencia.

2. . Qué lindo es cuando tu niño tiene 18 meses de edad, pero no es tan lindo cuando tiene 15 años y es rebelde. ¿Está tomando cuidado para enseñar a tu hijo y tu nieto en este momento, y que logren aprender la virtud de la obediencia? Deben enterarse, que obedecer al Señor es lo más importante.

D. Enseña a tus hijos a vivir para el Señor ( 1 Samuel 2.27-36)

1. Eli fue amonestado dos veces sobre el juicio que vendría sobre él y sus hijos, pero la advertencia se olvidó. Amaba a sus hijos, pero no lo suficiente como para tomar medidas con ellos.

2. ¡Qué lamentable espectáculo la del padre Eli. Un anciano de noventa años, casi ciego, esperando escuchar el resultado de la dura batalla entre los israelitas y los filisteos. Cómo temblaba por su nación, sus hijos, y el arca de Dios. Cuando llegó la noticia de la masacre del ejército, con sus hijos, y la captura del Arca, se cayó de su asiento, se rompió el cuello y murió también. (1 Samuel 4.1-18)

Conclusión

1. Elena White dice al respecto: “Muchos están cometiendo ahora un error semilar. Creen conocer una manera mejor de educar a sus hijos que la indicada por Dios en su Palabra. Fomentan tendencias malas en ellos y se excusan diciendo: “Son demasiado jóvenes para ser castigados. Esperemos que sean mayores, y se pueda razonar con ellos.” En esta forma se permite que los malos hábitos se fortalezcan hasta convertirse en una segunda naturaleza. Los niños crecen sin freno, con rasgos de carácter que serán una maldición para ellos durante toda su vida, y que propenderán a reproducirse en otros” (PP cp 56).

3. Además “Aquellos que no tienen suficiente valor para censurar el mal, o que por indolencia o falta de interés no hacen esfuerzos fervientes para purificar la familia o la iglesia de Dios, son calificados responsables del daño que surja de su descuido del deber. Somos tan responsables del detrimento que hubiéramos podido impedir en otros por el ejercicio de la autoridad paternal o pastoral, como si hubiésemos cometido esas acciones nosotros mismos”. (PP cp 56).

4. Apliquemos en nuestros hijos los principios bíblicos registrados en:

Deuteronomio 6.4-9 “Escucha, Israel: El Eterno nuestro Dios, El Eterno es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu poder.

“Y estas palabras que te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés en casa o cuando vayas por el camino, al acostarte y al levantarte. Las atarás a tu mano por señal, y las tendras entre tus ojos como una marca en la frente.Las escribiras en los postes de tu casa y en tus puertas”

Proverbios 19.18 “Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza, pero no te excedas hasta destruirlo.”

Proverbios 29.17, 25 “Corrige a tu hijo, y te dara descanso, y dara alegria a tu alma ” “Temer a los hombres es un lazo, pero el que confía en el Eterno está seguro”.

Proverbios 13.24 “El que retiene la vara, a su hijo aborrece; el que lo ama, desde temprano lo disciplina”

Proverbios 22.6 “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”

Así como samuel estuvo listo para ser usado por Dios en el momento oportuno. El momento cuando el pueblo más necesitaba de un guia espiritual. Así, si te dejas guiar por Dios en la educación de tu hijo, Dios tendrá un momento oportuno para usarlo como canal de bendición en beneficio de los demás y para su gloria y honra.

Artículo publicado por Faithlife Sermons Español

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2 – Sois la luz del mundo

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: El sermón del monte

2 – Sois la luz del mundo

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

04 – La invitación de Dios y el amor

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Mi experiencia con Dios

04 – La invitación de Dios y el amor

Juan Marcos Vázquez

PR. DAVID CONDE PALOMINO

Evangelización y juventud

Desde su conversión en 1995 David Conde no ha dejado de estar vinculado al mundo de la evangelización y de los jóvenes. Participa regularmente en campañas como evangelista y en retiros y campamentos de jóvenes como conferenciante invitado. Su perfil juvenil y dinámico le mantiene siempre activo buscando e innovando con el fin de alcanzar a otros para el Señor.  David transmite un mensaje motivador y desafiante, que confronta a la vez que conmueve, un mensaje apasionado que llega al corazón.

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HAZ QUE LOS HOMBRES VUELVAN A SER MASCULINOS

Lumbrera

HAZ QUE LOS HOMBRES VUELVAN A SER MASCULINOS

Make Men Masculine Again presentado por Allie Stuckey

Violación, asesinato, guerra, todos tienen una cosa en común: los hombres.

La agresión, la violencia, la ambición sin control de la conciencia, todo lo relacionado con la “masculinidad tóxica”, ¿verdad?

Y la solución es obvia: hacer que los hombres sean menos tóxicos.

Haz que los hombres sean menos masculinos.

Haz que los hombres se parezcan más a las mujeres.

Pero estoy aquí para decirte que esta forma de pensar no solo está mal, es peligrosa.

He aquí por qué: Cuando tratas de hacer que los hombres se parezcan más a las mujeres, no obtienes menos “masculinidad tóxica”, obtienes más.

¿Por qué? Porque los hombres malos no se vuelven buenos cuando dejan de ser hombres; se vuelven buenos cuando dejan de ser malos. La agresión, la violencia y la ambición desenfrenada no se pueden eliminar de la psique masculina; solo se pueden aprovechar. Y cuando se aprovechan, son herramientas para el bien, no para el daño.

Los mismos rasgos masculinos que traen destrucción también derrotan la tiranía. Los rasgos que fomentan la codicia también construyen economías. Los rasgos que impulsan a los hombres a tomar riesgos tontos también impulsan a los hombres a asumir riesgos heroicos.

La respuesta a la masculinidad tóxica no es menos masculinidad; es mejor masculinidad. Y sabemos cómo se ve eso.

Es un joven que abre la puerta a una chica en su primera cita. Es un padre que trabaja largas horas para mantener a su familia. Es un soldado arriesgando su vida para defender su país.

El problema creciente en la sociedad actual no es que los hombres sean demasiado masculinos; es que no son lo suficientemente masculinos. Cuando los hombres abrazan su masculinidad de una manera saludable y productiva, son líderes, guerreros y héroes. Cuando niegan su masculinidad, huyen de las responsabilidades, dejando destrucción y desesperación a su paso.

Las consecuencias se pueden ver en todas partes.

Uno de cada cuatro padres ahora vive separado de sus hijos. Y los niños que crecen sin un padre generalmente están más deprimidos que sus compañeros que tienen una madre y un padre. Están en mucho mayor riesgo de encarcelamiento, embarazo adolescente y pobreza. El 71 por ciento de los que abandonan la escuela secundaria son huérfanos.

“De todas las rocas sobre las que construimos nuestras vidas… la familia es la más importante. Y estamos llamados a reconocer y honrar lo crítico que es cada padre con esa fundación”.

Eso dijo el entonces senador Barack Obama en 2008.

“Si somos honestos con nosotros mismos”, continuó, “admitiremos que… demasiados padres están… desaparecidos de demasiadas vidas y demasiados hogares”.

Por mucho que tratemos de negar la necesidad de una fuerza real y masculina en la sociedad, no se puede negar su necesidad. Las familias sanas y las comunidades fuertes dependen del liderazgo y la valentía de los hombres buenos.

Sin embargo, la tendencia actual es feminizar a los hombres jóvenes con la esperanza de lograr alguna noción utópica de igualdad y paz. Y comienza a las edades más tempranas. En el aula de la escuela, los niños son invariablemente “el problema”. En el patio de recreo, los juegos agresivos como el dodgeball han sido desterrados durante mucho tiempo. Le decimos a los jóvenes que su deseo intrínseco de competir es incorrecto. Todo el mundo recibe un trofeo. No suba la puntuación. Esta inclinación anti-masculina continúa a través de la educación superior y en el lugar de trabajo. Ha creado millones de hombres tentativos, mujeres infelices y niños y niñas confundidos.

Aquí hay un secreto que todas las mujeres saben: las mujeres quieren hombres de verdad, hombres con los que puedan contar y, sí, mirar hacia arriba. Ninguna cantidad de teoría feminista cambiará eso. No conozco a ninguna mujer, a ninguna edad, que se sienta atraída por un hombre pasivo que la mira como su proveedora, protectora y líder. Cada mujer que conozco quiere un hombre fuerte y responsable. Eso no es una consecuencia de una construcción social o presión cultural, es innato.

La devaluación de la masculinidad no terminará bien porque los hombres femeninos y pasivos no detienen el mal. Los hombres pasivos no defienden, protegen ni proporcionan. Los hombres pasivos no conducen. Los hombres pasivos no hacen las cosas que siempre hemos necesitado que los hombres hagan para que la sociedad prospere.

En su libro, The Abolition of Man, el filósofo social inglés C.S. Lewis escribe sobre este problema. Describe la tensión “entre el hombre cerebral y el hombre visceral”. “Por su intelecto”, explica Lewis, el hombre “es mero espíritu y por su apetito mero animal”.

Necesitamos ambas cosas. Quítate uno y te quedarás con un hombre que es débil o malo. Y en un mundo de maldad, los hombres débiles no son más que facilitadores de hombres malvados.

Violación, asesinato, guerra: todos tienen dos cosas en común: hombres malos que violan, asesinan y pelean; y hombres débiles que no los detienen. Necesitamos hombres buenos que lo hagan.

No es la masculinidad lo que es tóxico. Es la falta de ella.

Violación, asesinato, guerra – todo eso tiene una cosa en común: los hombres. La solución parece simple: hacer a los hombres menos tóxicos – hacer a los hombres menos masculinos. En este video, Allie Stuckey, presentadora de “Alli” en CRTV y el podcast “Relatable”, explica porque satanizar la masculinidad no es la solución sino el problema. ¡Haga su donación hoy a PragerU! ttp://l.prageru.com/2eB2p0h

12/32 – Romanos 5-16

El Proyecto Biblia

Serie: Nuevo Testamento

12/32 – Romanos 5-16

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Romanos, que desglosa el diseño literario del libro y su línea de pensamiento. Pablo muestra como Jesús creó la nueva familia del pacto de Abraham a través de su muerte, resurrección y del envío del Espíritu.

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¿Puede un cristiano ser homosexual?

Coalición por el Evangelio

¿Puede un cristiano ser homosexual?

GERSON MOREY

La reciente aprobación del matrimonio gay en Estados Unidos reaviva una vez más la siempre acalorada discusión acerca de la homosexualidad. La decisión de la Corte Suprema ha causado un gran revuelo, pero es llamativo que ha encontrado más aceptación que resistencia entre el pueblo americano. Esta decisión seguramente será el comienzo de otras que afectarán el ya debilitado carácter moral de esta nación. Desde hace muchos años, la sociedad norteamericana viene cayendo en un espiral descendente de corrupción. Otros países en América Latina están siguiendo sus pasos.

Entre las cosas que se escuchan de parte de quienes abogan por el matrimonio gay, hay una que merece especial atención y debe ser explicada con claridad. Me refiero al argumento de algunos que se profesan cristianos homosexuales. Personas que dicen ser creyentes, que asisten a la iglesia y leen la Biblia, pero que practican un estilo de vida homosexual.

Algunos cristianos genuinos piensan que de verdad es posible ser creyente y todavía practicar el homosexualismo. Pero esta confusión manifiesta una falta de comprensión bíblica del arrepentimiento, y un defectuoso entendimiento de lo que implica la regeneración, la fe y la conversión del pecador.

Definiendo términos

El estilo de vida homosexual fue practicado desde muy temprano en la historia de la humanidad. El relato de Sodoma y Gomorra nos ofrece bastante luz respecto a esta práctica y la gran influencia que tuvo sobre esa sociedad (Génesis 19). Por eso, desde un comienzo fue prohibido, y se advirtió al pueblo de Israel del castigo correspondiente (Levítico 18:22-23). Mejor dicho, la práctica de la homosexualidad fue considerada como un pecado, condenada por Dios y digna de la reprobación divina (Levítico 20:131 Reyes 14:23-24). Además, toda forma de homosexualismo fue condenada, al punto que se advirtió al pueblo de no vestir ropa del sexo opuesto (Deuteronomio 22:5).

El Nuevo Testamento no presenta una visión distinta de este pecado. Al contrario, es también enfático y contundente en apuntar al carácter pecaminoso del homosexualismo y de condenarlo:

“La ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores…para los homicidas…los fornicarios…los sodomitas…”, 1 Timoteo 1:9-10.

“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos….heredarán el reino de Dios”, 1 Corintios 6:9-10.

“Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”, Judas 1:7.

Ahora bien, como sucede con cualquier otro pecado, la sangre de Cristo es suficiente para hacer remisión y limpiar toda maldad (1 Juan 1:7). Cuando los hombres se arrepienten y abandonan sus malos caminos, son perdonados y reconciliados con Dios. De la misma manera, el homosexual también puede hallar misericordia para el perdón de sus pecados, para su transformación a la imagen de Cristo, y el regalo de la vida eterna.

Arrepentimiento

¿Qué significa arrepentirnos? ¿Puede una persona decir que se arrepintió y se convirtió a la fe y seguir practicando abiertamente el pecado del homosexualismo? ¿Puede una persona homosexual llamarse creyente?

Para empezar a responder a estas interrogantes debemos establecer una definición de lo que es el arrepentimiento bíblico. Las palabras que se usan en el Nuevo Testamento para describirlo tienen el sentido de un cambio de parecer, o de volver o regresar. El arrepentimiento implica un cambio de mente y un volverse a Dios. Es similar a la idea de conversión que se presenta en el Antiguo Testamento: Volver y convertirse a Dios (Isaías 55:6-7Jeremías 25:5Ezequiel 33:11). En esta misma línea, debemos apuntar que el apóstol Pedro en su primer discurso llamó a los hombres diciendo, “Arrepentíos y convertios” (Hechos 3:19).

De otro lado, el apóstol Pablo nos habla de un aspecto del arrepentimiento que no debe separarse del mismo: el lamento y la tristeza. Cuando escribió a los corintios les dijo: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…” (2 Cor. 7:10). Se entiende que esta emoción es producida por nuestra conciencia de pecado y por haberle fallado a Dios. Tal como lo expresó David cuando confesó su falta: “Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmos 51:4).

A partir de aquí es importante reconocer los elementos que constituyen un arrepentimiento genuino: el elemento intelectual, el emocional, y el volitivo. El intelectual porque reconoce el pecado. El emocional por la tristeza de haberle fallado a Dios. Y el volitivo porque se abandonan los malos caminos. Por eso podemos definir al arrepentimiento como un lamento genuino por el pecado, renuncia al pecado, y propósito sincero de abandonarlo para andar en obediencia a Dios. Cualquier experiencia que no contemple estos aspectos no es arrepentimiento.

Es por eso, que el apóstol Juan fue enfático hablando de aquellos que habían recibido la gracia del nuevo nacimiento al decir: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado…” (1 Juan 5:18). La regeneración es una obra de Dios, y es segura y evidente pues le da nueva vida al pecador (2 Corintios 5:16); Un nuevo corazón para andar en sus caminos (Ezequiel 36:26), le concede el arrepentimiento (2 Timoteo 2:25) y el don de la fe para confiar en Cristo para el perdón de sus pecados (Ef. 2:8-9). Quien ha nacido de Dios, no practica el pecado –como un estilo de vida–, porque tiene una naturaleza divina que lo impulsa a aborrecer el pecado y a amar la justicia.

Entonces ¿Puede un creyente ser homosexual?

De ninguna manera.

La biblia es enfática y clara en describir el carácter pecaminoso del homosexualismo, de prohibirlo y condenarlo. Por lo tanto, podemos y debemos afirmar junto con las Escrituras que aquella persona que practica el pecado, incluyendo el pecado del homosexualismo, no puede llamarse un creyente, porque nunca nació de nuevo, no se arrepintió, ni abandonó sus malos caminos y nunca creyó en Cristo para el perdón de sus pecados.

Ciertamente algunos creyentes puede que sean tentados hacia el pecado homosexual. Pero no tienen por qué caer en tentación, puesto que Dios es fiel en dar la salida para cada situación (1 Corintios 10:13). Pero como acabamos de ver, este creyente no so mofa en su pecado ni lo practica, sino que se lo confiesa y se arrepiente, buscando pureza sexual. No hay categorías en la Escritura para una persona que se goce de ser homosexual y sea cristiano. Sí las hay para pecadores arrepentidos, y eso somos todos.

¿Hay esperanza?

¡Claro que sí!

Los que practican el homosexualismo tienen el mismo llamado al arrepentimiento que se hace a toda clase de pecadores, sean adúlteros, ladrones, mentirosos, homicidas, fornicarios, etc. Ellos también pueden ser recibidos a misericordia, obtener el perdón de sus pecados, ser justificados, aceptados, adoptados y transformados como hijos de Dios para gozar de comunión con él. Esto es precisamente lo que Pablo dijo a los corintios en el mismo pasaje citado anteriormente donde condena al homosexualismo junto a otros pecados:

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”, 1 Corintios 6:11.

Esta es la promesa del evangelio. Un mensaje de esperanza a todos los pecadores. Una gracia que se ofrece a los hombres en Cristo Jesús. Una obra que Dios hace para salvar a los hombres de sus pecados. El único mensaje que salva y transforma al pecador. El mensaje que todavía esta vigente y que sigue llamando a los hombres a reconciliarse con su Creador.

​Gerson Morey es pastor en la Iglesia Día de Adoración en la ciudad de Davie en el Sur de la Florida y autor del blog cristiano El Teclado de Gerson. Está casado con Aidee y tienen tres hijos, Christopher, Denilson y Johanan. Puedes encontrarlo en Twitter: @gersonmorey.

¿Acaso la homosexualidad es un pecado peor?

The Master’s Seminary

Serie: Predica la Palabra

¿Acaso la homosexualidad es un pecado peor?

Josiah Grauman

1. Cualquier pecado es capaz de condenar al infierno

Adán y Eva desobedecieron al mandamiento de Dios al comer del árbol que Dios había prohibido. Como resultado, billones de personas terminarán en el infierno, lo cual nos da una idea de la santidad de Dios y cómo es que él ve el pecado.

Uno de los pasajes más claros que demuestra la realidad que cualquier pecado nos condena es Santiago 2:10-11, en donde podemos observar cómo el pecado coloca a todos en una misma categoría: por naturaleza y por decisión, todos merecemos el infierno.

Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley (Santiago 2:10-11).

Sin embargo, observe como el texto no afirma que todos los pecados son iguales, ni que uno ha cometido un pecado que también ha cometido todos los demás pecados. El libro de Santiago no está afirma que “si usted no comete adulterio, pero mata, entonces también ha adulterado.” Lo que sí está enseñando es que todo pecado, no importa que cual sea, automáticamente nos pone en la corte de Dios como criminales, criminales siendo enjuiciados y condenados por quebrantar la ley.

2. No todo pecado es igual de abominable delante de Dios

Muchas personas citan el Sermón del Monte para decir que delante de Dios la ira es igual al asesinato, y la codicia igual que el adulterio. Quisiera animarlo a leer Mateo 5:21-30 más detalladamente. Las palabras: “Cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio” y “cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”, no afirman que el uno sea igual de abominable en la mente de Dios. Jesús no está afirmando que el cometer adulterio en su corazón es tan detestable y atroz a los ojos de Dios como cometerlo con su cuerpo, el cual, si eres un cristiano, es “el templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:18-20).

Estos pasajes carecen de sentido si el infierno fuese igual de terrible para toda persona que termine allí

Dios es un juez justo, el cual juzgará a toda persona sin parcialidad—y esto significa—de acuerdo con su propio pecado. Romanos 2:6 nos dice que Dios “pagará a cada uno conforme a sus obras”. Juan nos dice en Apocalipsis que los libros serán abiertos y los muertos juzgados “cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20:13). Estos pasajes carecen de sentido si el infierno fuese igual de terrible para toda persona que termine allí.

Pasajes como estos  demuestran claramente que existen ciertos pecados los cuales son más horrendos delante de Dios. Otro ejemplo aún más claro se encuentra en Ezequiel capítulo 8. Yo le recomendaría que lea todo el capítulo si tiene dudas al respecto. Pero en sí, Dios está describiendo qué tan profundo Israel ha caído en pecado, así que va de un pecado a otro más feo, cada vez repitiendo a Ezequiel: “verás abominaciones mayores que hacen éstos”. Todo pecado es una abominación y capaz de condenar al fuego eterno, pero algunos pecados ofenden más a Dios que otros.

3. La homosexualidad es un pecado especialmente perverso

Romanos 1 demuestra que la homosexualidad es un pecado que se llega a cometer después de que uno ha tocado el fondo de su depravación. Los que lo cometan continúan tanto en su rebeldía en contra de Dios que él “los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos” (Romanos 1:24-27). Ya que va en contra del plan perfecto de Dios para el matrimonio, los cristianos hacen bien al ver la homosexualidad como un pecado especialmente vil y perverso. No sólo eso, sino que la homosexualidad jamás podrá reflejar el propósito por el cual existe el matrimonio: representar la relación de Cristo a la iglesia (Efesios 5:31).

4. Tu pecado es peor que la homosexualidad si no te arrepientas

Desafortunadamente, muchos cristianos caen en la trampa de creer que las personas que practican la homosexualidad están más allá de la gracia de Dios, sucios, y que no merecen amor ni compasión. Pero observe las palabras de Pablo en Romanos 2:1. Justo después de haber descrito la homosexualidad como un pecado completamente vil, declara: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” Usted también ha quebrantado la ley; usted no es el juez, así que cuidado.

Pero todavía más impactantes son las palabras de Cristo. Después de haber predicado las buenas nuevas y haber hecho milagros en Galilea, dijo a los religiosos: “Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti” (Mateo 11:24).

El punto de Jesús es que algunos pecados son peores que otros, y por lo tanto, Dios los castigará de manera más severa, pero Dios no necesariamente los cataloga como nosotros lo haríamos. Cuando una persona escucha el evangelio y lo rechaza, en la mente de Dios su pecado es mucho mayor que el de la persona indocta que practica la homosexualidad.

Usted, mi querido lector, está en mayor peligro de un juicio mucho más severo que la persona que está viviendo en la homosexualidad, pues usted también peca, pero lo hace bajo más luz, es decir, ha recibido un mayor conocimiento de Dios.

Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá (Lucas 12:47-48).

5. ¿Cuál debería de ser nuestra respuesta?

No importa el pecado, sea chico o sea grande, la solución es siempre la misma: el evangelio, pues es el poder de Dios para salvación (Romanos 1:16-17). Asegúrese que lo entiende, que lo vive y que lo proclama.

Finalmente, recuerde que la persona que desobedece a Dios al practicar la homosexualidad necesita el evangelio tanto como usted y yo lo necesitábamos antes de conocer a Cristo. Y al convertirse más popular en nuestra generación (y aún más en la generación de nuestros hijos), debemos asegurarnos que vemos a los que practican la homosexualidad, no como personas raras que debemos temer y odiar, sino como un campo misionero.

Lo que ellos necesitan no es una retórica de cómo es que nuestra nación ha decaído tanto al abrazar la maldad, pues sabemos que ningún movimiento político puede salvar. Al contrario, lo que debemos hacer es confrontar su pecado y compartir el evangelio. Esto es amor. Porque sólo así Dios los ofrece que aunque sus pecados fuesen rojos como el carmesí, podrán ser limpios y hechos blancos como la nieve a través de la sangre del Cordero.

“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11).

Josías Grauman tiene una licenciatura en idiomas bíblicos por The Master’s College y una Maestría en Divinidad (M.Div.) por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como un capellán en el Hospital General de Los Angeles, California. Después de lo que fue como misionero a la Ciudad de México. Actualmente se encuentra completando sus estudios del Doctorado en Ministerio (D.Min.). Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos


Josiah Grauman

Josiah Grauman is the Dean of Spanish Education and Professor of Bible Exposition. He is a graduate of The Master’s University and Seminary (B.A., M.Div., D.Min.). He was ordained at Grace Community Church, where he currently serves as an elder in the Spanish ministry, alongside his wife and three children.

Actualización vacuna Coronavirus

Iglesia Bautista Internacional

Actualización vacuna Coronavirus

Dr. Miguel Núñez | 30 mayo 2021

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

¿Cómo mi orgullo afecta a mis hijos?

Soldados de Jesucristo Blog

¿Cómo mi orgullo afecta a mis hijos?

Por Heber Torres

Hace algunos años, la prensa internacional se hacía eco del fallecimiento de un acaudalado joven portugués. Además de lo precoz de su partida (solamente tenía 42 años), lo que más llamó la atención de los periodistas fue la historia que este hombre escondía detrás. Una suculenta fortuna figuraba a nombre de Luis Carlos de Noronha Cabral da Camara, un enigmático individuo que nunca se casó ni tuvo hijos. Solo y sin herederos, el excéntrico millonario había escogido una fórmula verdaderamente disparatada para determinar quiénes serían los beneficiarios de su patrimonio. Ni corto ni perezoso, agarró una guía telefónica y de entre el total de los inscritos seleccionó a setenta ciudadanos “anónimos” como legítimos herederos. La sorpresa para todos y cada uno de los premiados el día en que los citaron para el reparto fue mayúscula. Pero la variedad de bienes legados no resultó menos insólita: lujosos apartamentos, coches, dinero y hasta pistolas de coleccionista.

Los que somos padres no necesitamos recurrir a la guía telefónica –¡si es que todavía existen! – para escoger a nuestros herederos. La cuestión no es tanto a quiénes, sino cuál será el legado que dejaremos a nuestros hijos. No estoy pensando en bienes materiales. Estos vienen y van, se deprecian y se devalúan, y por mucho que nos afanemos nunca podrán trasladarse más allá de la esfera de lo efímero y lo temporal. Seamos ricos o pobres, tengamos más o menos posibilidades económicas, los padres ejercemos una influencia tan poderosa como duradera en la vida de aquellos sobre los que Señor nos ha puesto. Salomón era muy consciente de que no es necesario, ni sabio, confiar y esperar al testamento para comenzar a influir en la vida de nuestros hijos (Proverbios 22:6). En ese sentido, cada día “repartimos” nuestra herencia haciéndoles receptores y consignatarios de nuestras decisiones, reacciones, instrucciones, así como de nuestras palabras. Como aprendices natos que son, ellos observan y se empapan de lo que somos, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Al punto que cada interacción que tenemos con ellos impacta, moldea y configura su carácter. ¡Qué gran responsabilidad!

En 2 Timoteo 3, Pablo advierte a su pupilo Timoteo acerca del tipo de hombres que abundarán en esta era en la que nos ha tocado vivir, particularmente refiriéndose a aquellos que ocupan una posición de liderazgo e influencia. Entre otras muchas “lindezas” los describe como calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno…. Pero en toda esta lista cada vez más degradante también coloca a los que manifiestan actitudes aparentemente menos “escandalosas” y que se encuentran estrechamente ligadas a lo que conocemos como “orgullo”. El apóstol comienza por los que son amadores de sí mismos, y, del mismo modo, incluye a los jactanciosos, a los soberbios o a los envanecidos. Y es que, finalmente, los que tienen tal alto concepto de sí mismos, terminan también por tener una mente depravada y ser reprobados en lo que respecta a la fe (2 Timoteo 3:7). Definitivamente no quisiéramos que esta clase de personas, ejercieran influencia alguna en la vida de nuestros hijos. Mucho menos ser nosotros los que actuaran de un modo tan orgulloso. Pero, tristemente, se trata de un comportamiento habitual en muchos hogares. Ya sea por alardear nuestros logros buscando la adulación y las lisonjas de nuestra familia, o porque somos incapaces de reconocer nuestros errores y limitaciones, los padres podemos estar actuando de manera orgullosa. Y, por ende, lanzando un mensaje a nuestros hijos que dista mucho de ser el adecuado como súbditos del Rey de reyes.

  1. El orgullo ante el éxito

La Biblia nos enseña que hemos de esforzarnos en aquello que emprendemos, como esa hormiga que es responsable aun cuando nadie la vigila ni le obliga a ello (Proverbios 6:6–8). En un mundo orientado al entretenimiento y dónde muchos viven entregados a la ley del mínimo esfuerzo, como padres debemos ser un ejemplo de dedicación y empeño en todo lo que el Señor traiga a nuestro camino. Pero lejos de jactarnos en aquello que logramos, cuando conocemos a Aquel que nos da la vida queremos vivirla según Su voluntad (Jeremías 9:23–24). El Espíritu de Dios nos recuerda que es Dios mismo el que produce en nosotros tanto el querer como el hacer (Filipenses 2:13). Por eso lo hacemos todo para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31). En palabras de Jerry Bridges:

“Desde el punto de vista humano podría parecer que hemos triunfado como resultado de nuestra gran tenacidad y trabajo arduo. Pero ¿quién nos dio ese espíritu emprendedor y buen juicio para lograrlo? Dios. A los corintios orgullosos Pablo les escribió ‘Porque ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?’ (1 Corintios 4:7). Por lo tanto, ¿qué tienes que no hayas recibido? Nada. Todo lo que tienes es un regalo de Dios. Nuestro intelecto, nuestras habilidades y nuestros talentos naturales, la salud y las oportunidades para triunfar vienen del Señor.”

No importa cuán imponente llegue a ser nuestro logro. Por más atractivo que resulte a la vista, el orgullo, cual ponzoña imperceptible, lo contamina hasta convertirlo en un fruto venenoso. Aquello que podría haber despertado el respeto o la admiración de nuestros seres queridos; eso en lo que hemos invertido tiempo, esfuerzo y dedicación; lo que, en definitiva, el Señor nos permite alcanzar, queda oscurecido y mancillado en el momento en el que nos hinchamos ocupando el lugar que no nos corresponde. Nuestra altanería, en lugar de elevarnos, nos hace descender al terreno de lo mediocre, esto es, allí dónde la insolencia y la vanidad campan a sus anchas. Sin embargo, bien sea en lo extraordinario o en lo recurrente, hemos de recordar cuál es nuestra verdadera posición, sabiendo que aun el aire que respiramos es resultado de la gracia de Dios. En lo mismo que el Señor Jesucristo instruyó a sus discípulos, debemos enseñar a nuestros hijos. Una vez, eso sí, que sea una realidad para nosotros primero: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: Siervos inútiles somos, hemos hecho solo lo que debíamos haber hecho”. (Lucas 17:10).

Cada conquista, cada objetivo cumplido, nos proporciona una doble oportunidad de trasladar un ejemplo piadoso a nuestros hijos. Por un lado, siendo responsables ante lo que el Señor nos ha encomendado y, al mismo tiempo, dándole la gloria a Aquel que nos ha permitido llevarlo a cabo.

  1. El orgullo ante el fracaso

Pocos escritores bíblicos han expuesto el peligro del orgullo con la claridad con la que Salomón lo hace en el libro de Proverbios. Además de insistir en la importancia de mantener una actitud humilde delante de Dios (y el prójimo), repetidamente nos advierte del peligro de dejarnos seducir por el orgullo. Resulta significativo que tanto su padre como su hijo experimentaron una gran paliza como resultado de su altivez.

El rey David es, sin duda, uno de los personajes bíblicos más conocidos. A pesar de sus talentos y la admiración que despertaba en sus contemporáneos, este hombre mantuvo una conducta humilde durante gran parte de su vida. Sin embargo, ya casi al final de su trayectoria la magnitud de su dominio lo deslumbró. En 1 Crónicas 21 se nos relata como David, incitado por Satanás y desoyendo las advertencias de sus colaboradores más cercanos, quiso censar al pueblo con la idea de cuantificar su grandeza. Algunos años más tarde, su nieto Roboam, heredero de un reino todavía mayor, se creía infinitamente superior a todos sus gobernados. Al igual que lo había hecho su abuelo, desoyó el consejo de los sabios, pero fue mucho más allá, hasta oprimir al pueblo sin miramientos a fin de imponer su hegemonía (2 Crónicas 10).

Ambas decisiones fueron motivadas por un orgullo ciego y las consecuencias resultaron fatales, tanto para el pueblo como para las familias de estos hombres. Sin embargo, sus respuestas al fracaso resultaron diametralmente distintas. Roboam se afirmó en su dictamen y terminó por dividir un reino que nunca más se volvería a juntar. David, en cambio, reconoció su maldad, y concluyó aquel incidente ofreciendo holocaustos a Dios en la era de Ornán. Pero no solamente eso. Toda aquella situación lo movió a poner en marcha lo necesario para la construcción del Templo– obra que finalmente encargaría a su hijo Salomón– y a hacer esta confesión: “Él ha entregado en mi mano a los habitantes de la tierra, y la tierra está sojuzgada delante del Señor y delante de su pueblo” (1 Crónicas 22). ¡Qué actitud tan sumisa! Salomón fue testigo del fracaso de su padre, pero también de su sincera humillación. Una humillación que lo impulsó a invertir sus mejores recursos en la mayor construcción que el pueblo de Israel jamás ha conocido, haciendo a su hijo parte integral de ese proceso.

Evita la jactancia en tus triunfos y el engreimiento en tus fracasos. Y en todo lo que emprendas da a Dios la gloria debida a Su Nombre. De esa forma, además de vivir en obediencia, estarás legando a tus hijos un tesoro formidable con valor en este mundo y en el venidero.

Heber Torres

Heber Torres

Heber Torres (M.Div.) es profesor de teología en el Seminario Berea (León, España) y pastor en la Iglesia Evangélica de Marín (España). Dirige el sitio «Las cosas de Arriba», que incluye podcast y blog. Está casado con Olga y juntos tienen tres hijos: Alejandra, Lucía y Benjamín.

7 – Felices los de limpio corazón

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Verdadera Felicidad

7 – Felices los de limpio corazón

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.