Aunque el «boom» de los canalizadores de «guías espirituales» ha decaído, su influencia ha dejado un profundo legado en nuestra sociedad. En este programa estudiamos lo que la Biblia dice acerca estas practicas y los peligros de involucrarse con el tipo incorrecto de espiritualidad.
Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.
Continuamos con nuestro estudio del corazón de la Teología Reformada. Hoy quiero que prestemos atención al concepto de pacto. Uno de los nombres más frecuentes que oímos para definir a la Teología Reformada es el término «Teología del Pacto». Para ser sincero con ustedes, yo casi nunca uso ese término, no es que me oponga a él por alguna razón en particular, es solo que creo que puede ser un poco confuso, porque creo que todos los cristianos reconocen que el concepto de pacto es obviamente frontal y central en ambos Testamentos. De hecho, cuando hablamos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, nos referimos al Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto, y todos estamos conscientes de la realidad del lenguaje del pacto que aparece disperso a lo largo de las Escrituras. Oímos hablar de un muchos de pactos en el Antiguo Testamento: el pacto que Dios hace con Noé, con la señal del arcoíris en el cielo; el pacto con Abraham, con la señal de la circuncisión; y el pacto en el Sinaí con Moisés. Y hemos oído de Jeremías hablando acerca de un nuevo pacto; y sabemos que, en el Aposento Alto, cuando nuestro Señor celebra la Pascua con sus discípulos la noche antes de Su ejecución, él instituye el Nuevo Pacto, y habla del Nuevo Pacto que es por su sangre, y así sucesivamente.
Y así tenemos este tema repetido sobre pactos en la Escritura. Y la razón por la que a menudo la Teología Reformada es llamada Teología de Pactos es porque esta ve la estructura o el formato del pacto en la Biblia como un elemento crucial en el que todo el plan de redención funciona, y se convierte en una especie de clave para comprender e interpretar el resto de las Escrituras.
Y debido a esto es que la Teología Reformada destaca este motivo central del pacto como el marco en el que se lleva a cabo la redención. Y de nuevo en las categorías teológicas y en términos de las confesiones históricas las iglesias reformadas tienen una tendencia a distinguir entre los tres pactos principales.
Es una designación general, pero quiero tomarme un tiempo para tratar estos temas. El primero se conoce como el pacto de redención, el segundo se conoce como el pacto de obras y el tercero se conoce como el pacto de gracia.
Y lo que quiero hacer hoy es dar una breve explicación de las características distintivas de estos tres pactos. Normalmente pensamos en un pacto como en un acuerdo entre dos o más partes. Tenemos pactos en nuestra propia cultura. De hecho, la forma de gobierno estadounidense se llama, históricamente, un contrato social o un pacto social que implica el consentimiento de los gobernados, que existe un acuerdo entre el gobierno y el pueblo, y que hay ciertas estipulaciones que definen esa relación que buscamos en la Constitución y la Declaración de Derechos.
Nosotros institucionalizamos y consagramos matrimonios sobre la base de pactos. Se hacen promesas y se acuerdan términos, y así sucesivamente. Del mismo modo está la realidad del pacto empresarial o de los contratos industriales, que se ven en las noticias todo el tiempo. Cuando la mano de obra y la gestión están elaborando un nuevo contrato, lo que están haciendo es un pacto, un acuerdo que impone obligaciones a ambas partes, y así sucesivamente.
Bueno, cuando nos fijamos en los pactos bíblicos, el primer pacto que delineamos no es un pacto que, directa e inmediatamente, involucra gente. El pacto de la redención es un concepto teológico que se refiere a la armonía y la unidad de propósito que ha estado en existencia toda la eternidad en términos de la relación mutua y el acuerdo de las tres Personas de la Trinidad.
En esto es que Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo están todos de acuerdo desde toda la eternidad, en el hecho de llevar adelante la obra de la redención. Distinguimos entre las personas de la Divinidad en cuanto a las tareas específicas que son realizadas por ellos en la obra de redención.
Leemos en Juan 3:16 que «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna». Ahora, el idioma de ese texto de Juan 3:16 es importante. Nosotros no decimos, ni el Nuevo Testamento dice, que Cristo amó tanto al mundo, que convenció al Padre para que perdone sus pecados. Es decir, el Padre envía a su Hijo a este mundo. El hijo no envía al Padre a este mundo.
Es el Padre que diseña el plan de redención y que inicia la obra de redención mediante el envío de su Hijo unigénito al mundo para llevar a cabo su obra redentora como nuestro Salvador y como nuestro Mediador. Y en el Credo de Nicea, en el Siglo IV, se confiesa que después que Cristo lleva a cabo su obra redentora, y Él asciende al cielo, entonces juntos el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo a el mundo para aplicar la obra de Cristo al pueblo de Dios. Así que el Padre envía primero al Hijo y el Padre y el Hijo, juntos, envían al Espíritu Santo.
Ahora bien, esto puede malinterpretarse, ya que sabemos que la expiación, por ejemplo, se atribuye al Hijo, no al Padre o al Espíritu Santo. Y sabemos que el proceso de la santificación es asignado a la obra del Espíritu Santo, no al Padre o al Hijo.
Sin embargo, no es como si el Padre y el Hijo no estuvieran completamente involucrados en nuestra santificación. Toda la creación es una obra Trinitaria. Y el conjunto de la redención es una obra Trinitaria. Toda la dimensión personal de la Deidad está involucrada en todo esto.
Pero el punto para explicar el pacto, el pacto de redención es evitar el error que ha ocurrido más de una vez en la historia de la iglesia de pensar que el Padre y el Hijo están en conflicto entre sí y que el Hijo tiene que persuadir a este Padre enojado para que aparte su enojo del Hijo como si fuera la graciosa idea de Dios, la idea de Dios el Padre en primer lugar, o la idea de que Cristo realiza su obra a regañadientes.
Él viene a Getsemaní y ora al Padre: «pasa de mí esta copa». Entonces ¿que continúa diciendo? «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Y no es como si el Hijo dijera «bien, si tengo que hacerlo lo haré», sino, lo que está diciendo es que, si se trata de agradar al Padre, entonces es mi comida y bebida hacer la voluntad del Padre.
El punto con el tema del pacto de la redención es mostrar la completa unidad y el acuerdo que hay en la Deidad desde toda la eternidad en lo que respecta al plan de salvación. Ahora, cuando nos adentramos en la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia esto genera un poco más de controversia. Pero lo que está a la vista aquí, es esto: el pacto de obras en la teología reformada se refiere al pacto inicial que Dios hace con el hombre, con Adán y Eva en el Paraíso donde Adán representa no solo a él y su esposa, sino su descendencia, toda la gente. Él es Adán, representa la humanidad.
Y Dios creó a Adán y Eva y los pone en una situación de prueba. Él hace promesas de bendición para ellos en caso de que sean obedientes y promesas de juicio sobre ellos en caso de que sean desobedientes, y Él los pone a prueba por así decirlo, diciendo, que si comen del árbol del conocimiento del bien y del mal ciertamente morirán. Y el día que comas de él, ciertamente morirás.
Es decir, se anuncian castigos a las criaturas en el caso de que transgredan el mandamiento de su Creador. Ahora, eso significa que el destino de Adán y Eva y su linaje se determina por su respuesta a la ley de Dios, por su comportamiento, por su obrar. Y por eso se llama el pacto de obras. Dios dice que, si haces buenas obras, vivirás, si haces malas obras morirás. Así de simple.
Ahora a algunas personas no les gusta la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia porque dicen «bueno ya sabes, Dios ni siquiera tenía que hacer un pacto en absoluto con Adán y Eva. El mismo hecho de que Él se inclinara a tener una relación personal con ellos y les diera la oportunidad de la vida eterna de bienaventuranza en Su reino, era en sí gracia. Y no creo que haya realmente disputa alguna acerca de eso.
Es decir, es obvio que Dios no estaba obligado moralmente a dar un camino de salvación a Sus criaturas. Y aceptamos que el pacto de obras está arraigado y fundado en el carácter eterno de la gracia de Dios. Pero lo que esto significa por distinción es que inicialmente los términos de la relación de Dios se establecen con respecto a la obediencia o desobediencia a Su ley.
Y lo qué pasó fue que Adán y Eva desobedecieron. Ellos violaron el pacto de obras trayendo sobre sí mismos, y sobre todos los que ellos representaban, el juicio de Dios, porque el pacto de la creación había sido violado. Ahora permítanme un segundo para hacer un pequeño paréntesis aquí.
Entendemos que vivimos en una cultura en la que hay diferentes tipos de religiones compitiendo y personas que son seculares y que no tienen tiempo para la religión en absoluto. Y no podrían estar menos interesados en toda esa idea de pacto. Y la gente me pregunta ¿están estas personas en el pacto de Dios?
Y yo les contesto así: primero la pregunta es ¿esta gente es gente? Y si respondemos sí, por supuesto, estas personas son personas, y luego la siguiente pregunta es ¿cuándo Dios hizo su pacto con la creación, lo hizo con todos en el mundo o solo con dos individuos aislados que vivían en un bonito jardín en el Edén?
Ahora, la idea bíblica es que el pacto que Dios hizo con Adán y Eva fue un pacto con toda la raza humana. Bueno, la gente puede negar ese pacto, la gente puede repudiar ese pacto, la gente puede despreciar ese pacto, pero lo que no pueden hacer es deshacerse de él. No pueden anularlo. Y una de las razones del porqué las Escrituras nos lleva a todos a comparecer ante el tribunal de Dios y declararnos culpables ante Dios, es que todos hemos quebrantado su ley.
Todos hemos hecho malas obras. Todos hemos fallado en mantener el pacto original de la creación. Todos hemos dejado de cumplir la obligación que toda criatura debe cumplir: glorificar a Dios, honrarlo como Dios, ser agradecidos con Dios, y obedecer Su ley. Así que la conclusión es que el mundo entero está poblado por quebrantadores del pacto.
Cristo fue enviado a un mundo que ya era culpable ante el Padre por romper la ley del Padre, por violar los términos mismos de la existencia humana, la base misma de la vida humana, según fuimos creados ante Dios. Y eso es lo que se quiere decir cuando hablamos del pacto de obras.
Ahora bien, esto se debe a que el primer Adán falló en el pacto de obras, y Dios hubiera tenido todo el derecho moral, en ese momento, de hacer exactamente lo que los términos del pacto establecían. Él pudo haberlos destruido a ellos y a toda la raza y eso habría sido todo. Pero en cambio condescendió para cubrir su desnudez y prometerles redención a través de Aquel que actuaría como su Salvador. De tal manera que Dios, en ese momento, instituye el pacto de gracia, el cual fue dado a Abraham, el cual fue dado a Moisés, que fue dado en todo el Antiguo Testamento: la promesa de que Dios redimiría a su pueblo, el cual era culpable de acuerdo al pacto de obras, de que Él salvaría a su pueblo a través de otro camino. Esto sí es algo fundamental, porque hay cristianos confesos hoy, que creen, que hay una diferencia fundamental entre cómo Dios salvó a la gente en el Antiguo Testamento, y cómo son salvas las personas ahora o después del Nuevo Testamento.
A pesar de que Pablo trata este punto en el tercer, cuarto, y quinto capítulo de Romanos, usando a Abraham como su ilustración de que la salvación se logra en el Antiguo Testamento por gracia, tal como es en el Nuevo Testamento, y que Abraham no fue justificado por las obras de la ley, sino por la fe en el Mesías prometido. La diferencia está en la diferencia entre promesa y cumplimiento. La gente en el Antiguo Testamento miraba hacia el futuro Redentor prometido, ponían su confianza en Él, y eran justificados por fe en Él. Miramos hacia atrás, hacia la obra que ha sido realizada por el Salvador. Ponemos nuestra confianza en Él.
Y la salvación es, básicamente, la misma ahora que como lo fue entonces. Lo distinto es que tenemos una comprensión más profunda de los puntos y los detalles de la misma, y lo que hace una mayor diferencia es que es un hecho consumado, que la obra de Cristo ya fue realizada en el plano de la historia.
Pero una vez que una persona rompe un pacto de obras, la única forma en que se hace posible restaurar la comunión con Dios es por la misericordia de Dios, no por su justicia. Por su gracia, no por nuestras obras. Y esto es crucial, ya que
vivimos en el tiempo en que la gente todavía anda pensando que pueden ser salvos delante de Dios por sus propias obras, que todavía pueden merecer su camino hacia el reino. No creemos en realidad que seamos deudores que no pueden pagar su deuda.
Olvidamos que los términos del pacto de obras eran bastante rígidos. Ellos exigían la perfección. Y si uno peca una vez, no hay nada que se pueda hacer para compensar eso, porque una vez que la mancha cae en tu nombre, ¿qué puedes hacer para llegar a ser perfecto otra vez? No puedes ser perfecto otra vez, porque la perfección no permitía la más mínima imperfección, pero, por supuesto, cuando nos presentamos ante Dios, venimos con más que una leve mancha.
Venimos con un tipo radical de contaminación delante de Él. Así que esta distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia ha sido realmente diseñada para arrojar luz sobre la naturaleza del evangelio. Ahora voy a decir algo que probablemente va a confundir a todo el mundo. Hemos hablado acerca de la doctrina de la justificación solo por fe, y es sólo por gracia que somos salvos.
Ahora voy a decir algo que a lo mejor les va a dar un infarto. En última instancia, la única forma en que alguien es justificado delante de Dios es por obras. Somos salvos por obras. Y somos salvos solo por obras.
No corten el video. Déjenme explicar esto, por favor. Cuando digo que la única forma en que somos salvos es por obras es: Porqué el pacto de gracia debe distinguirse del pacto de obras, pero nunca estar separado de este. El pacto de gracia es el pacto que Dios instituye para asegurar que el pacto original sea finalmente cumplido. Y cuando digo que estamos justificados por obras y por obras solamente, ¿qué quiero decir? Quiero decir que las bases de mi justificación y las bases de tu justificación son las obras perfectas de Jesucristo. Somos salvos por obras, pero no son las nuestras. Por eso decimos que somos salvos por fe, salvos por gracia, porque las obras que nos salvan no son las nuestras, sino que son obras de otra persona, que se sometió en todos los puntos del pacto de obras. El Nuevo Testamento describe a Jesús como el nuevo Adán.
Él es la nueva humanidad que logra aquello que no pudo lograr Adam. Por la desobediencia de un solo hombre, el mundo se hundió en la ruina, y por la obediencia de otro hombre a la ley de Dios, en todas sus demandas y en perfecta conformidad, Cristo redime a su pueblo, al ganar las bendiciones ofrecidas que Dios había prometido originalmente a Sus criaturas en su nombre. Ahora soy salvo por gracia en la medida en que la obra que me salva no es la mía.
Soy salvo por obras en el sentido de que la base de mi salvación está en las obras del Redentor perfecto, Aquel que desde toda la eternidad estaba dispuesto a asumir la carga de las criaturas de Dios y estaba dispuesto a venir a este mundo a someterse a los términos del pacto original por obras y para cumplirlo por su perfecta obediencia y para que Dios diera a su pueblo todos los beneficios de ese pacto, de tal manera que Él nos da todo lo que Cristo ha ganado, todo lo que Él es, es nuestro cuando confiamos en Él.
Eso es lo que queremos decir con el pacto de gracia. No es que el pacto por obras sea del Antiguo Testamento y el pacto por la gracia sea del Nuevo Testamento. No, el pacto de la gracia está en vigencia desde el tercer capítulo de Génesis, y está en todo el Antiguo y en el Nuevo Testamento, porque está basado sobre la libre gracia de Dios para con los pecadores necesitados.
R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation
Serie: (Salmo 37) Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento
3/5 – La Verdadera Seguridad
Nancy Leigh DeMoss
Leslie Basham:Aquí está Nancy Leigh DeMoss.
Nancy Leigh DeMoss: Esperar en las Escrituras, es algo activo. No es tomar una siesta larga o entrar en modo de hibernación mientras Dios dirige el universo. No, permanecemos conectadas con Él. Estamos atadas e Él de manera que nuestro bienestar, nuestro futuro y nuestra esperanza estén totalmente conectadas con lo que Dios hace. Y Dios lo hace todo bien.
Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMosss en la voz de Patricia de Saladín.
Cuando tienes que esperar, puede ser inquietante. La vida está en suspenso hasta que este gran asunto en tu vida cambie. Encontrarás algo de aliento y esperanza en tus tiempos de espera mientras nos unimos a Nancy Leigh DeMoss.
Nancy: Estamos viendo el Salmo 37, uno de los pasajes más añorados del Antiguo Testamento, pero uno de los pasajes menos vividos, creo yo. Tiene que ver con todo este tema de la maldad y el mal en el mundo y cómo debemos de responder a ello.
Nos ha recordado que no debemos irritarnos por la maldad. Hemos dicho que irritarnos es mucho más que preocuparse. Irritarse tiene que ver con calentarse. No te calientes. No te enojes por lo que está sucediendo. Veremos que existe una ira que es justa, pero la mayoría de las veces nuestra ira no es justa. “Pues en la ira del hombre no obra la justicia de Dios.”(Santiago 1:20).
Así que lo que no debemos hacer es inquietarnos. Lo hemos visto en varias ocasiones en este pasaje. También hemos visto lo que sí debemos hacer, y es mirar hacia arriba, enfocar toda nuestra energía, nuestra atención, nuestro esfuerzo, nuestra respuesta en el Señor.
He utilizado la frase de «atar nuestros corazones y nuestras mentes al Señor.» Si quiero estar segura tengo que atar mi mente mi corazón, mis emociones y mi vida a algo o a alguien que nunca puede ser removido. Ese puente, ese lugar seguro, es Dios mismo.
El salmista David dice en el salmo, no ates tu corazón a los malhechores. No dejes que tu sentido de bienestar suba y baje dependiendo de ellos.
¿Tú sabes cómo hacemos eso? He visto como mis propias emociones pueden ser tan afectadas por alguien a mi alrededor que esté haciendo algo malo. Estoy diciendo, ¿cómo es que todo mi futuro puede estar atado a si esa persona está haciendo bien o mal?
Tengo que atar mi corazón a Dios mismo. Ahí es donde vemos estas exhortaciones, comenzando en el versículo 3, que nos dicen mira hacia arriba, no te irrites. ¿Cuál es la cura para la ira y la inquietud? Mirar hacia arriba.
En la última sesión vimos la primera de las tres exhortaciones. ”Confía en el SEÑOR, deléitate en el SEÑOR, encomienda al SEÑOR tu camino.» Ahora llegamos a la cuarta de estas, y se encuentra en el versículo 7, donde la Escritura dice:» Confía callado en el Señor. »
Algunas versiones dicen: «Descansa en el Señor.» La traducción literal es: «Guarda silencio ante el Señor.» La palabra hebrea traducida es «quieto» o «descanso» o «silente»—significa ser como tonto, pero no como alguien que no tiene inteligencia, sino en el sentido de no poder decir nada.
La implicación es de asombrarse, quedarse sin palabras, paralizado, callado o quedarse quietos. Guarda silencio ante el Señor.Mantente en silencio delante del Señor. Que estés tan asombrada en Su presencia que toda tu rabia, tu ira, tu hiperventilación, tus pensamientos de ansiedad y tus palabras ansiosas cesen. Guarda silencio ante el Señor.
Eso no es solo algo que hacemos hacia el exterior, sino que es algo que empieza como un asunto del corazón. El salmista está diciendo:
• No murmures.
• No te quejes.
• No te resistas a lo que está sucediendo a tu alrededor.
• Sométete en silencio a Dios y a Su trato en tu vida; date cuenta de que —en última instancia— es Dios quien está a cargo de todo lo que está sucediendo en este mundo.
No hay nada pasando en tu vida que Dios no controle o no pueda cambiar, si Él decide hacerlo. Así que deja de luchar contra Él. Estáte quieta.
Algunas de ustedes tienen niños de dos años de edad o los han tenido, y saben que cuando se les mete algo en la cabeza —quizás tener una rabieta o estén determinados a hacer su voluntad— van a patalear, van a quejarse y van a lloriquear. Y tú les dices, «¡Ya basta!» A veces lo que deseas hacer es poner tu cuerpo encima del niño y solo decir: «Cálmate, no te irrites tanto.» ¨
Bueno, muchas veces nosotras pudiéramos enloquecer emocional, espiritual o mentalmente también. La Palabra de Dios nos dice: «Estáte quieta».
• Deja de agitarte.
• Deja de resistirte.
• Deja la rabieta —internamente o externamente.
• Estáte quieta.
• Sométete tranquílamente.
• Cultiva un corazón tranquilo.
Eso es algo que es muy difícil de lograr para la mayoría de nosotras en este mundo. Si no estás en el hábito de hacerlo regularmente, de cultivar un corazón tranquilo, encontrarás que cuando te encuentres en la presencia de la maldad o de malas acciones, o cuando las cosas alrededor de ti estén como un torbellino, hallarás que tu propio corazón, en lugar de estar atado a Dios, está atado a esa circunstancia agitada.
Una amiga me escribió un correo electrónico recientemente, y dijo algo con lo que me identifico y con lo cual la mayoría de nosotras podemos identificarnos. Ella me dijo: «Durante mi tiempo con el Señor, tengo una tendencia de levantarme cada pocos minutos para atender algo: el lavado de la ropa, el fregar los platos, el enviar correos electrónicos, buscar algo por Internet, añadir a mi lista de tareas pendientes… O lo que sea.» Déjenme decirles yo me relaciono tanto con eso, cuando estoy en mi tiempo de quietud de repente, me entra ese anhelo de limpiar todo lo que está sucio en mi casa y a mi alrededor.
Mi amiga me contaba esto, y decía: «Esta mañana cuando me senté en mi tiempo con el Señor, puse la alarma a sonar en 30 minutos y me propuse no levantarme de allí hasta que el reloj sonara. Quiero cultivar el hábito de estar realmente tranquila y callada con el Señor y ser menos distraída.» Esas son unas sabias palabras.
Por la mirada de las que están aquí puedo ver que esto es algo que todas tenemos que cultivar: quietud de corazón. Estamos tan estiradas de aquí para allá, tan distraídas. La mayoría de nosotras sufrimos de una especie de variación del déficit de atención de los adultos. Que esta cultura ha cultivado esto en nosotras.
Lo vemos en actividades familiares —y nos metemos en muchas más actividades de lo que cualquier familia debería— haciendo cosas, ocupadas, en continua actividad, pensando continuamente, hablando, haciendo ruido. Nos metemos en el coche, prendemos la radio. Llegamos a la casa, y prendemos la televisión. Nos levantamos a primera hora de la mañana y revisamos nuestro correo electrónico. Eso no es la manera de cultivar quietud de corazón.
No podemos hacer que el resto del mundo se tranquilice, pero por la gracia de Dios si podemos hacer que nuestro propio corazón lo haga. Estáte quieta ante el Señor.
Blaise Pascal dijo: «La única causa de la infelicidad del hombre es que él no sabe mantenerse en quietud en su habitación.» Creo que hay mucho de verdad en eso. No sé si es la única causa, pero es una gran causa.
Y esto empieza con los niños pequeños y con los adolescentes —siempre tienen que estar haciendo algo. Por cierto, madres de niños pequeños: es importante enseñar a sus hijos a estar quietos. No siempre tienen que estar haciendo algo. Ellos seguro piensan que debe ser así. Seguro se quejarán de aburrimiento, pero deben de enseñar a sus hijos a aprender cómo tener contentamiento de corazón aun cuando no estén ocurriendo muchas cosas.
Lee un libro. Toma una siesta. ¡Piensa —algo que el mundo no hace mucho hoy en día! Estad quietas. Aprende a quedarte en silencio en tu habitación.
Estamos tan inquietos hoy en día, y como resultado nuestras almas están empobrecidas por nuestro movimiento y actividad incesantes. Se necesita tiempo para estar en silencio.
Tú dices: «¡Pero tengo seis hijos! No hay manera de que pueda estar tranquila. “Puedes tener un corazón tranquilo. Mi amiga Vivian me está mirando y sonriendo. Puedes tener un corazón tranquilo en una casa llena de niños, porque no es una cuestión de lo que está sucediendo a tu alrededor. Es cuestión de lo que está pasando dentro de ti.
Eso significa que debes sacar provecho de las oportunidades, cuando las tengas, para estar quieta y en silencio delante del Señor. Deja de correr de aquí para allá todo el tiempo.
A veces es necesario hacer un montón de cosas, y aún así Dios puede darte un corazón tranquilo. Pero necesitas controlar —hasta el punto que puedas hacerlo— el desorden y el ruido en tu vida para que cultives un corazón tranquilo. No vayas ahora a casa a decirle a tus hijos que te he mandado a deshacerte de ellos. Hay algo de desorden que es una parte necesaria de la vida; una parte apropiada y buena de la vida. Pero muchas de nosotras permitimos ruidos extraños, ruidos extras e innecesarios y muchas actividades y desorden. Tenemos que estar haciendo algo siempre y esto un signo de un alma enferma, de un corazón empobrecido. «Estad quietos, reconozcan que yo soy Dios. Cesa de esforzarte.» Suelta. Relájate. Deja que Dios sea Dios.
“Estad quietas ante el Señor”, y luego otra vez en el versículo 7, «espérale con paciencia.» Esa palabra significa esperar con anhelo, que lo esperemos. Estamos hablando otra vez de atar nuestros corazones al Señor. Verás este tema a lo largo de todo el Salmo 37.
El versículo 9: dice “…los que esperan en el SEÑOR poseerán la tierra”
Versículo 34: “Espera en el SEÑOR y guarda su camino”
Esa palabra esperar en los versículos 9 y 34 es una palabra que difiere un poco de la que vemos en el versículo 7. Esta palabra significa «atar por medio de retorcer», es como hacer una trenza; atar algo para que se convierta en una cadena en lugar de hilos separados, «Es agruparse, unirse, juntarse, esperar», Significa «esperar algo con paciencia.» También quiere decir «tener confianza, confiar, y tener perseverancia.»
Charles Spurgeon en su comentario sobre los Salmos, dice acerca de este versículo: «esperar con paciencia santa el momento en el que se aclaren las dificultades de la Providencia.” ¿Qué significa eso? Hay cosas que no podemos ver ahora; hay cosas que no entendemos.
Entonces, ¿qué hacemos? Tenemos la tendencia a irritarnos. “¿Por qué esto? ¿Por qué aquello? ¿Por qué sucede esto? ¿Qué pasa con esto? ¿Qué voy a hacer con esto?”
El salmo dice: No te irrites. Estáte quieta. Espera en paciencia al Señor. ¿Qué estás esperando?Estás esperando pacientemente el día en que Dios hará que todas las cosas se aclaren.Por el momento, confía en que Él sabe lo que está haciendo. Confía que Él está en Su trono, que Él está a cargo para que no te turbes, ni seas un manojo de nervios, ni te aires. Espera pacientemente en el Señor.
Ahora bien, esa espera no es algo pasivo. En las Escrituras esperar es algo activo.
No es como que tomas una larga siesta o entras en modo de hibernación, mientras Dios dirige el universo. No, nos mantenemos conectadas a Él. Estamos entrelazadas a Él. Estamos atadas a Él, para que nuestro bienestar, nuestro futuro, nuestra esperanza esté totalmente relacionada con lo que Dios está haciendo. Y Dios todo lo hace bien.
Es por eso que puedes estar bien. Miro a mí alrededor en esta sala, y veo a mujeres que han pasado por circunstancias muy difíciles. Veo a mi amiga preciosa Kathy aquí, que ha pasado por una larga y penosa experiencia con la leucemia. He visto en Kathy una mujer —y en su familia, una familia que ha aprendido a esperar en el Señor, a estar quietos, a apoyarse en Él.
Kathy ha aprendido que hay algunas cosas en la vida que simplemente no importan tanto. Su perspectiva ha cambiado. Su sentido de las prioridades ha cambiado.Ella ha aprendido. Ha tenido que aprender a tener un corazón tranquilo.
He visto la hermosura de Cristo manifestarse a través de esta mujer, y vemos una paz y una luz y un gozo que envidiamos, pero no queremos pasar por el proceso para llegar allí. Dios usa esas circunstancias. Dios usa el mal. Dios usa a los malhechores para lograr sus propósitos en este mundo si esperamos en Él.
La Escritura dice: «Nadie que Le espera será avergonzado» (Sal. 25:3, parafraseado).Y dice: «Por ti he esperado todo el día» (Sal. 25:5).
Ves, no nos importa esperar si Dios lo resuelve en unos cuatro minutos. Pero el salmista dice: «No, yo voy a esperar todo el día.» Y tú dices: «¿Cuánto dura el día?»
Con el Señor, un día es como mil años. Así que puede parecer una eternidad, pero en realidad no lo es. Es el día de Dios. Te espero todo el día. ¿Pero qué significa eso? No te rindas. No tires la toalla.
No digas: «He esperado tiempo suficiente, los caminos de Dios no funcionan. Me voy de este matrimonio; me voy de esta circunstancia.» No caigas automáticamente en la irritación o en la ira cuando Dios no cumple Su voluntad de acuerdo a tu calendario, cuando el malhechor no cambia y crees que ha transcurrido tiempo suficiente y que algo debe suceder.
Espera todo el día. Espera en el Señor. Hebreos 10 de los versículos 36 al 38 nos dice que » tienes necesidad de la paciencia, para que cuando hayas hecho la voluntad de Dios, obtengas la promesa. Porque dentro de muy poco tiempo el que ha de venir vendrá, y no tardará.
Y tú dices, «pero no es poco tiempo.» Sí, sí lo es. No parece muy poco tiempo para ti, pero si pudiéramos ver las cosas desde el punto de vista de la eternidad, es muy poco tiempo. Su promesa es, Él vendrá y El no tardará. Así que espera al Señor.
Charles Spurgeon dijo, «El tiempo es nada para Él. Que sea nada para ti. Vale la pena esperar a Dios. En una historia esperamos hasta el final para que se aclare la trama. No debemos prejuzgar el gran drama de la vida, sino permanecer hasta la escena final».
Espera hasta el último capítulo. Ya ha sido escrito, pero Dios está en el proceso de revelarlo a nosotros, y eso es bueno. Vale la pena esperar. Quédate hasta el final de la historia.
Así que la diferencia entre estos dos tipos de respuestas en el Salmo 37 es realmente una cuestión de enfoque. Cuando nos inquietamos, nos centramos en nosotras mismas. Nos concentramos en nuestros sentimientos, nos centramos en los malhechores, nos enfocamos en el mal que está sucediendo alrededor de nosotras, y entonces vamos a vivir molestas, tensas, e irritadas.
Sin embargo, cuando nos concentramos en el Señor, y miramos hacia arriba. No te irrites. Mira para arriba. Confía en el Señor. Haz el bien. Deléitate en el Señor. Encomienda tu camino al Señor. Estate quieta delante del Señor. Espera en Él.
Orienta tu vida en torno al Señor y no en torno a los malhechores. Sé intencional sobre el redireccionamiento de tu mente, de tus emociones, de tu enfoque, y de tu corazón.
Tendemos a pensar, «no puedo evitar lo que siento.» Sí, podemos. Alimentamos nuestras emociones de acuerdo a lo que permitimos que nuestras mentes piensen.Así que sé intencional al dirigir tu atención hacia el Señor y responde a Él en lugar de dirigir tu atención hacia las circunstancias.
¿Estará tu espíritu irritado y enojado, o será manso y tranquilo? Cuando me estaba preparando, haciendo algunos preparativos de última hora para esta serie, me encontré con una lista que mi amiga Kim Wagner me envió hace algún tiempo. Algunos de ustedes la han oído en Aviva Nuestros Corazones. Ella simplemente compara y contrasta el espíritu irritado con el espíritu tranquilo y manso, que es el contraste que vemos en el Salmo 37.
Permítanme leerles a ustedes algunas de esas comparaciones. Los que se irritan tendrán miedo de las tormentas de la vida, pero los mansos estarán en reposo durante las tormentas de la vida. Los que se irritan intentarán manipular a los individuos o las circunstancias, pero los mansos reaccionarán a las circunstancias con confianza y paz.
Los que se irritan tomarán decisiones de la vida basado en las emociones o pasiones fugaces del momento, pero los mansos tomarán decisiones de vida basadas en principios bíblicos.La confianzadel individuo que se irrita está en sus propias habilidades y en su poder de controlar a los demás o controlar los detalles, pero la confianza de la persona mansa está en la seguridad de las verdades de la Escritura y en la fidelidad de Dios.
La persona que se irrita encuentra su valor en sus propios logros y en lo que otros piensan de él, pero los mansos encuentran su valor en saber quiénes son en Cristo. El que se irrita encuentra su fortaleza de carácter en sus propios rasgos de personalidad, pero los mansos encuentran su fortaleza de carácter en Cristo.
La irritación alimenta la tempestad al dejar salir las pasiones y las emociones, mientras que la mansedumbre frena la tempestad de las emociones y las pasiones mandándoles y diciéndoles: «Paz. Estad quietos”.
El que se irrita es demasiado temeroso y débil para confiar en Dios, así que permite que sus emociones y pasiones pecaminosas gobiernen. Pero la mansedumbre nos da la fuerza y el coraje para luchar en la batalla y para vencer nuestra ira pecaminosa y nuestras pasiones, confiando en la providencia del Dios omnipotente.
La persona que se irrita está llena de sospechas, dudas y suposiciones basadas en sus emociones, y permite que esas imaginaciones determinen el curso de acción. La mansedumbre, por el contrario, impide que la mente divague con vanas imaginaciones o que habite en pensamientos que puedan inflamar las emociones volátiles y las pasiones.
Y la mujer que se irrita siempre está sujeta a una montaña rusa de emociones, continuamente de arriba a abajo. Lo único consistente en ella es que nunca se sabe en qué estado de ánimo se encontrará. Pero la mansedumbre proporciona constancia y una serenidad constante y compostura en el espíritu y en el estado de ánimo. Esto refleja la estabilidad consistente de nuestro Señor, que es el mismo ayer, hoy y por siempre.
Entonces la Escritura dice: «No te irrites.»
• No te inquietes.
• No te calientes.
• Confía en el Señor.
• Mira hacia arriba.
• Deléitate en el Señor.
• Encomienda tu camino al Señor.
• Está quieta delante del Señor.
• Espera en Él pacientemente.
Luego el maravilloso versículo 11”Mas los humildes poseerán la tierra, y se deleitarán en abundante prosperidad.”
Permítanme decirles que pudieran estar haciendo todas estas cosas —confiando, deleitándose, encomendándose, estando quietas, y esperando con paciencia y pudieras estar pensando que «todavía no estoy heredando la tierra.» Déjame decirte, que si estás atada al Señor, tú heredarás la tierra. No puedes tener todas las cosas de esta tierra, pero tendrás suficiente para estar satisfecha.
Tendrás abundancia de paz en medio de la tormenta. Sin embargo, no tendrás todo lo que tu alma anhela y espera aquí y ahora, debido a que algunas de estas cosas aún están por venir.
Tu situación no puede cambiar de inmediato. De hecho, puede ser que no cambie en esta vida. Y es por eso que no solo tenemos que mirar hacia arriba, sino también mirar hacia adelante, para mantener nuestros ojos en la meta.
Eso es lo que quiero hablar en el próximo programa a medida que continuamos revisando el Salmo 37. No te irrites, mira hacia arriba, y luego mira hacia adelante.
Oh, Padre, cuánto te pido que tomes nuestras emociones salvajes y errantes que suben y bajan y que causes que nuestros corazones permanezcan atados, no a las circunstancias que pueden cambiar, sino a Ti. Tú eres firme. Tú eres inmutable Tú eres constante. Tú eres estable. Tú eres fiel. Podemos confiar en Tí. Que nuestros corazones permanezcan conectados, atados a Ti mientras miramos hacia arriba, y mientras miramos hacia delante y creemos en Tus promesas de que los mansos heredarán la tierra y se deleitarán en abundante paz. Y todo esto lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.
Leslie:¿Estás atado a Dios, firme y constante? Nancy Leigh DeMoss nos ha dado mucho que pensar. Espero que te hayas tomado el tiempo para asegurarte de que tu sentido de seguridad no se ha alejado de la Persona que es verdaderamente segura.
Dios siempre ha cuidado Aviva Nuestros Corazones. Él es verdaderamente nuestra seguridad. Estamos agradecidas por la manera en que Él ha provisto a través de las oraciones de nuestros oyentes y las ofrendas de Su pueblo.
Pero antes no queremos cerrar sin recordarles que la semana que viene estaremos comenzando con la serie Buscándole a Él y nuestros amigos de la casa de publicación Moody nos dieron una maravillosa noticia. El libro Buscándole a Él (Seeking Him, como se le conoce en ingles) estará disponible en formato electrónico, justo a tiempo para el inicio de la serie que comienza la semana próxima. Estará disponible en tres módulos: lecciones 1-4, 5-8, y 9-12. Para más información sobre cómo puedes adquirir tu material, visita http://www.AvivaNuestrosCorazones.com.
¡Descarga las primeras cuatro lecciones ya para que puedas ir avanzando con nosotros cuando comencemos a partir del lunes próximo!
Bueno, se nos dice que el pecado trae consecuencias. ¿Por qué entonces parece que algunas personas hacen alarde de su conducta terrible año tras año y aún continúan teniendo éxito? Hablaremos de esto la próxima vez en Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.
Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.
El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.
25 – La Ética, los atributos de una palabra olvidada
ENTENDIENDO LOS TIEMPOS
Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.
Hemos estado tratando la pregunta, «¿Qué es Teología Reformada?» y en nuestra última sesión dimos una breve introducción al artículo principal de la teología evangélica histórica. Un artículo que es acogido por la Teología Reformada, así como por todas las otras denominaciones protestantes históricamente; en especial la doctrina de la justificación solo por fe, que fue el tema central. de la Reforma Protestante del siglo 16.
Ahora quiero continuar con nuestra exposición de esta doctrina, y ya hemos visto el sentido básico de la palabra justificación, y también vimos el resto de la fórmula, la justificación por fe solamente. Y quiero que veamos los elementos particulares de esta fórmula.
Recapitulando, el término justificación significa ese acto por el cual Dios declara a los pecadores justos delante de Él. Ahora, parte de la controversia del siglo 16 descansaba en la derivación etimológica de la palabra justificación. Nuestra palabra justificación proviene del latín iustificare, y en la Iglesia Medieval lo que pasó fue que la doctrina de la justificación había comenzado a ser expuesta a la luz de los antecedentes de la Vulgata Latina, una interpretación en latín o traducción de la Biblia; en vez de hacerlo sobre la base del Nuevo Testamento en griego.
Y el problema que surgió ya en tiempos de San Agustín fue que el término iustificare en el viejo sistema judicial romano significaba el hacer justo el hacer justo. Iustus ficare significa hacer, y entonces comenzó a surgir la idea de que Dios nunca declararía a alguien justo a no ser que primero Él lo hiciera justo de alguna manera. Considerando que, según los reformadores, la palabra griega neotestamentaria dikaiosuné tenía que ver con esta declaración de alguien o entender que, o llamar a alguien justo, antes de que realmente se convirtiera en justo. Ahora, también es importante decir aquí que parte del debate sobre la justificación se centró en cómo la justificación ocurriría.
Cuando usamos la fórmula justificación por fe, estamos usando una forma de expresión, aquí la palabra «por», se usa como caso dativo que en español vendría siendo el objeto indirecto, por lo que sirve para expresar la persona que recibe la acción verbal.
Parte del debate del siglo 16 se centró en el tema de cuál es la causa instrumental o los medios por los cuales la justificación se lleva a cabo. Ahora en la Iglesia Romana la justificación se considera como requisito de fe, al menos entre los adultos, pero, inicialmente la justificación se lograba a través de lo que Roma llamó la causa instrumental del bautismo.
Es decir, en el sacramento del bautismo la gracia es infundida en el alma. Y la infusión o el verter esta gracia en el alma humana es. gracia salvadora. Y entonces, cuando uno recibe esta infusión de gracia en la infancia, es puesto en un estado de gracia. Y se mantiene en ese estado de gracia a menos que o hasta que la persona cometa un pecado que sea tan grave que es llamado pecado mortal.
Y el pecado mortal se define como mortal en lugar de venial, porque es un pecado tan grave que mata la gracia que está en el alma. Así que una persona pueda llegar a adulto, cometer un pecado mortal, tener aún fe, pero perder la gracia de la justificación.
Así que aquel que está en un estado de pecado mortal puede aún tener fe verdadera y no estar justificado. Ese es un punto crítico a recordar. Así que esa persona, para poder ser restaurada a un estado de gracia, tiene que pasar a través de lo que el Concilio de Trento llamó «La segunda tabla de justificación para aquellos que han naufragado en sus almas». Y la segunda tabla de justificación es definida por la iglesia como el sacramento de la penitencia.
Ahora bien, en un sentido muy real toda la controversia en el Siglo XVI se centra alrededor del sacramento de la penitencia. Sabemos de la polémica controversial que surgió en Alemania cuando Tetzel andaba vendiendo sus indulgencias, y otras cosas. Eso estaba todo vinculado a la doctrina de la iglesia del sacramento de la penitencia, que incluye varios elementos para que aquel que cometió pecado mortal sea restaurado al estado de la salvación. En otras palabras, recuperar la justificación ellos tuvieron que hacer uso del sacramento de la penitencia, que es realizado por la iglesia. Y esto tiene varios elementos, el primero de los cuales es la confesión sacramental.
La persona tenía que ir al sacerdote y confesar sus pecados – Padre, he pecado. He hecho tal y tal y tal y tal. Y también está incluido en el sacramento de la penitencia está la absolución sacerdotal, donde después que el penitente ha hecho su acto de contrición y ha hecho todo lo que la Iglesia requiere, el sacerdote dice: «Te absuelvo». Yo te absuelvo de tus pecados. Y luego, la siguiente dimensión de la penitencia que era requerida para que una persona sea restaurada a un estado de gracia era realizar obras de satisfacción. Así, la fe era requerida; la confesión era requerida; la absolución sacerdotal y las obras de satisfacción eran requeridas. Ahora, la iglesia fue muy cuidadosa en este punto al decir, que estas obras de satisfacción no proporcionaban lo que ellos llamaban meritum de condigno, un mérito que es tan virtuoso, un mérito tan, auténtico, un mérito tan, meritorio que imponía una obligación a un Dios justo para premiar a la persona, sino más bien se trataba de un menor tipo de mérito que Roma define como mérito congruente, meritum de congruo.
Y ese mérito congruente es mérito que es mérito real pero que se basa en la recepción previa de la gracia y es un mérito menor al meritum de condigno, pero meritorio suficiente, para que sea apropiado o congruente para Dios a fin de restaurar a alguien a la justificación.
Entonces, los medios en que la justificación se llevaba a cabo eran principalmente sacramentales. En primera instancia por el bautismo, en segundo lugar, a través del sacramento de la penitencia. Ahora bien, los Reformadores dijeron “no” , la causa instrumental, y allí, ellos están tomando del lenguaje de la iglesia y del lenguaje de la tradición que tiene sus raíces en las sutiles distinciones de Aristóteles sobre los distintos tipos de causas en donde Aristóteles definió la causa instrumental como aquella a través de la cual un trabajo se lleva a cabo y su analogía era como la de un escultor que estaba haciendo una pieza de escultura y fue esculpiendo un pedazo de roca o de madera en una estatua, la causa instrumental de su trabajo sería su cincel. Esa es la herramienta o el instrumento que utiliza para realizar, para cumplir, su propósito.
Los Reformadores dijeron que la causa instrumental de la justificación es la fe. La fe es el medio por el cual la justicia de Cristo nos. es dada. Ahora, esto plantea otro asunto que tal vez sea, más que cualquier otro punto de la controversia, es el centro de la controversia, y ese es el debate entre la gracia que viene a través de la infusión y la gracia que viene a través de la imputación.
Infusión de gracia fue el punto de vista de la iglesia romana donde a través de los sacramentos, la gracia en términos cuantitativos es descrita en términos cuantitativos es infundida o es vertida en el alma de la persona, y ahora esa persona tiene la justicia de Cristo vertida en su alma.
Ahora, sin esa justicia de Cristo, no hay justificación. Los protestantes, siento decirlo, a menudo han calumniado a la Iglesia Romana por haber dicho que la diferencia entre el protestantismo histórico y el catolicismo histórico es que los protestantes creen que estamos justificados por fe y los católicos creen que estamos justificados por obras, como si no hubiera necesidad de la obra de Jesucristo. Eso es pura calumnia para con la Iglesia de Roma.
La Iglesia Romana ha enseñado siempre que la obra de Cristo es absolutamente esencial para nuestra salvación. Pero aquí está cómo funciona. La pregunta, es entonces, ¿cómo es que me llego a apropiar de la obra de Jesucristo y el mérito de Jesucristo? ¿Cómo me beneficia? Bueno, de nuevo, Roma responde a esto por la infusión sacramental de la justicia de Cristo en el alma individual, y luego el individuo tiene que cooperar y asentir a esta gracia infundida a tal grado que se convierta en realmente justo.
Entonces, como declara Trento, la justicia, la verdadera justicia, está inherente en ellos. Y sólo cuando realmente llegan a ser justos a través de la ayuda y la asistencia de la gracia de Cristo, no es en sus propias fuerzas, ellos cooperan con esa gracia, pero una vez que la gracia infundida de Cristo es dada al alma y el pecador coopera con esta a tal grado que el pecador se hace en realidad justo; entonces, y solo entonces, Dios lo declara persona justa.
Esa es una de las razones por las que tienen que tener una doctrina del purgatorio y miles de años de limpieza y purga para seguir trabajando en el alma hasta que la persona llegue a ser lo suficientemente santa para ser declarada justa por Dios.
Ahora, la doctrina protestante es esta: Rápidamente, los protestantes creen que algo se infunde al cristiano en el momento de su conversión, y que es la entrada del Espíritu Santo de Dios que obra en nosotros para ayudarnos y asistirnos en nuestro crecimiento y santificación.
Pero con respecto a la justificación, el punto de vista protestante es que Dios justifica a quienes tienen fe por la imputación. Ahora, imputación significa esto: se trata de una transferencia de la cuenta de una persona a otra, por lo que la justicia de Jesús es transferida ante los ojos de Dios a la cuenta del creyente.
Así que cuando Dios ve al creyente, Él no ve el pecado del creyente, en términos legales, más bien Él ve a esa persona bajo la cobertura de la justicia de Cristo. Y este concepto de imputación tiene dos dimensiones en sí.
Por un lado, la expiación es vista como esencial para nuestra salvación, porque cuando Jesús muere en la cruz, Él muere como un sustituto por nosotros, Él muere vicariamente como el portador de pecado de Israel como el Cordero sin mancha a quien Dios imputa los pecados del pueblo. El drama del Antiguo Testamento del día de la expiación, el sacerdote ponía sus manos sobre la cabeza del cordero, lo que simbolizaba la transferencia de la culpabilidad de las personas a la víctima que sería expulsada de la presencia de Dios. Y así, en términos de la visión de la cruz del Nuevo Testamento, Cristo es el siervo sufriente que lleva los pecados de su pueblo, no porque Él mismo en Su propia humanidad se volviera inherentemente malo, sino que Él es un sustituto por nosotros, y Dios transfiere nuestra culpa a Él.
Y cuando Él muere en la cruz, Él está tomando el juicio negativo, la ira de Dios, para satisfacer el juicio de Dios. Dios castiga realmente nuestros pecados cuando castiga a Cristo, porque Él ha transferido nuestros pecados a Él.
Con frecuencia digo que, si le preguntas a un niño de seis años en la escuela dominical, ¿qué hizo Jesús por ti? El niño ha aprendido lo suficiente en la escuela dominical como para decir: Jesús murió en la cruz por mis pecados. A lo cual digo sí, es cierto, pero ¿qué más? Si lo único necesario para justificar al impío era que Jesús pagara la pena negativa de la maldición de Dios contra el mal, Él podría haber bajado del cielo y haber ido directamente a la cruz y luego volver en gloria. Pero en cambio, Él nació de una mujer, Él se sometió a la ley, y vivió toda su vida en rigurosa obediencia a cada punto de todos los requisitos que Dios le puso a su pueblo. ¿Por qué? ¿Por qué le dijo a Juan «bautízame, que es necesario que cumpla con toda justicia»?
Aquí los Reformadores entendieron el lugar de la obediencia activa de Cristo, que Cristo no solo pagó el castigo negativo por nuestros pecados, sino que positivamente alcanzó la perfecta justicia. Ven, si todo lo que Él hizo era pagar por nuestra culpa, esto simplemente nos pone de nuevo en el punto de partida, nos regresa al estado que Adán tenía antes de la caída, no culpable, sino inocente en el sentido de no tener ningún pecado. Pero sin tener una obediencia positiva a entregarse ante la justicia de Dios, no hay base para una concesión justa de recompensa, la concesión de la vida eterna y de los cielos.
Pero Cristo no solo muere por nosotros. Él vivió por nosotros. Ese es el punto del evangelio, que no solo mis pecados fueron transferidos a Él en la cruz, sino que su justicia perfecta se transfirió a mí, al poner mi confianza en Él.
Así que, cuando Dios nos juzga y nos declara como justos, nos declara justos porque Cristo es justo y porque estamos en Cristo por fe. Y esta es la razón por la que la causa instrumental de la justificación es la fe, porque esta es la fe que es la herramienta o el instrumento que nos une a Cristo.
Ahora bien, Lutero insistió en que el mérito o la justificación por la que los pecadores son justificados es lo que él llama un iustitium alienum, una justicia foránea o una justicia extraña, una justicia que Lutero dijo que era “extra nos” -fuera de nosotros. Si tengo que esperar a que la justicia verdadera se manifieste perfectamente dentro de mí, ¿cuánto tiempo esperaría para ser justificado? Esperaría por siempre.
Pero la buena noticia del evangelio es que Dios justifica al impío gratuitamente, al darle a todo el que cree una justicia que, por decirlo bien, no es propia. Es la justicia de alguien más. Es la justicia de Cristo que cumple por sí sola con el estándar del juicio perfecto de Dios.
Y así, una vez más, cuando se dice que la justificación es solo por fe, es solo un simple atajo para decir que la justificación es solo por Cristo, porque la base de nuestra justificación es el mérito justo de Cristo el único que tiene la justicia perfecta ante los ojos de Dios.
Y eso se nos da gratuitamente cuando creemos. Y así, lo que nos resta por ver en esta breve exposición es, ¿qué quiere decir que estamos justificados por fe? Santiago nos dice, “tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”
Así que es posible para nosotros pensar en la fe como una simple, aceptación intelectual de ideas correctas, y si dices bien, crees que Jesús murió por ti, y dices sí, sí, yo creo en eso, eso no constituye de por sí fe salvadora. Hay por lo menos tres elementos para la fe salvadora de acuerdo a lo que Reformadores destacaron.
En primer lugar, notitia, que es la información, los datos. Hay contenido en el evangelio que debemos creer. Debemos creer que Jesús es nuestro Salvador. Debemos creer que Él murió en la cruz por nosotros. Debemos reconocer que es cierto que somos pecadores ante un Dios santo. Esa es la información. Y tenemos. El segundo elemento es assensus o la aceptación intelectual. Tengo que aceptar que estas cosas son verdaderas, que Jesús realmente murió por mis pecados.
Pero, de nuevo, no es solo pasar un examen de teología. Una persona puede saber la información, e incluso estar de acuerdo en que es cierto, pero Satanás conoce el contenido y Satanás sabe que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados, pero él no está redimido por eso.
¿Por qué? Debido a que el elemento crucial de la fe salvadora es lo que se llama fiducia o fiduccia, lo que significa confianza personal y dependencia. Y la fe salvadora es dada a todos aquellos que ponen su confianza en Cristo y en Su justicia y ponen su confianza solo allí.
Ahora los Reformadores dijeron que la justificación es solo por fe, pero no una fe que está sola, una fe verdadera, si realmente descansas en Cristo, y eres considerado justo por Dios, si tienes fe verdadera, esa fe inmediatamente, necesariamente, e inevitablemente producirá el fruto de la santificación.
Y si no hay fruto inmediato a la justificación, es prueba perfecta de que no hubo justificación, porque la idea de la fe sin el fruto de la obediencia es lo que Santiago llama una fe muerta y eso no puede justificar a nadie. Así que para Lutero la justificación es por fe, la que describe como una fides viva, una fe que está viva, una fe que es vital, una fe que se manifiesta por la fidelidad.
Pero de nuevo el tema en sí ¿es cómo soy justificado? No por mi propia justicia, no por mi propio mérito, sino por la justicia de Cristo y sólo de Cristo.
R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation
Serie: (Salmo 37) Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento
2/5 – Llena tu mente con la Palabra de Dios
Nancy Leigh DeMoss
Leslie Basham:¿Qué llena tu mente cuando te vas a dormir? Aquí esta Nancy Leigh DeMoss.
Nancy Leigh DeMoss: Me encanta tener la Escritura en mi mente cuando me voy a dormir en la noche y cuando despierto en la mañana —también si despierto durante la noche. Te diré que las veces cuando no lo hago y pienso en las cosas que me perturbaron durante el día en lugar de meditar en la Escritura, esas cosas se vuelven muy grandes.
Leslie Basham: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.
Ahora tienes acceso a las noticias 24 horas al día de múltiples maneras, pero no tan solo porque puedes hacerlo quiere decir que debas hacerlo. En un mundo donde las malas noticias tratan constantemente de captar tu atención, Nancy te ayuda a enfocarte.
Nancy: Estamos viendo los primeros once versículos del Salmo 37 durante unas cuantas sesiones. Quiero animarte a que vayas leyendo estos versículos. Han sido de gran bendición en mi vida. Me encuentro regresando a esos versículos una y otra vez, particularmente cuando me enfrento con cosas inquietantes en este mundo. Y hay mucho en este mundo que nos inquieta. No puedes vivir con otros seres humanos y no ser confrontado por la maldad —en nuestros corazones— pero también en las vidas de otros.
Nuestra tendencia natural cuando somos confrontados con el mal que otros hacen es irritarnos. Como vimos en la última sesión, eso quiere decir “airarse, enojarse, estar desconcertado, molestarse, el tener nuestra paz perturbada.” Estamos viendo en este pasaje que la Escritura nos dice que lo único queno debemos hacer es lo que estamos más propensos a hacer— no debemos irritarnos. Tres veces se nos dice eso: en el versículo 1, en el versículo 7, y en el versículo 8. No te irrites. No dejes que te moleste. No te irrites.
Mientras vemos estos versículos, hoy vamos a ver que hay unas cosas que debemos hacer cuando nos enfrentamos con los hacedores de maldad. Debemos mantenernos calmadas. La pregunta es: ¿Cómo nos mantenemos calmadas? Tú dirás “Me molesta. El comportamiento de esa persona –—de esa persona que trabaja en el cubículo justo a mi lado me irrita; el de esa persona que vive en mi casa que tiene un hábito tan irritante, o que está tomando decisiones incorrectas. ¿Cómo puedo mantenerme calmada?”
Solo déjame resumir estos próximos versículos diciendo que la cura para la irritabilidad y para el enojo es el mirar hacia arriba. ¿Hacia arriba? ¿Hacia dónde? Mira hacia Dios. Dirige tu respuesta hacia Dios en lugar dirigirla hacia los malhechores. Lo que nos lleva a impacientarnos, a enojarnos, es que estamos muy enfocadas en la gente a nuestro alrededor y en lo que están haciendo mal. Tu enfoque está en el lugar incorrecto. Redirige tu respuesta; redirige tu enfoque. Escoge el mirar hacia arriba en lugar de mirar hacia los malhechores. Orienta tu vida alrededor del Señor. Amarra tu corazón a Él. Ancla tus emociones en Él.
Vamos a ver cinco exhortaciones en el Salmo 37 que nos dicen cómo mirar hacia arriba. Déjame enseñártelas en orden, y luego iremos una por una.
La primera la encontramos en el versículo 3: “Confía en el SEÑOR.”
Luego el versículo 4: “Pon tu delicia en el SEÑOR”
Versículo 5: “Encomienda al SEÑOR tu camino.”
Versículo 7: “Confía callado en el SEÑOR” o, como una de las traducciones dice, “guarda silencio ante JEHOVA” (RV).
Luego también en el versículo 7: “Y espérale” — espera en el Señor. Verás esa frase tres veces en este salmo: en el versículo 7 y luego en los versos 9 y 34.
Confía en el Señor; deléitate en el Señor; encomienda tu camino al Señor; guarda silencio ante el Señor, y espera pacientemente en el Señor. ¿Cuál es el denominador común en cada de esas cinco exhortaciones? En el Señor. Orienta tu vida alrededor de Él. ¿Dónde está el hacedor de maldad aquí? Ni siquiera lo estás viendo; estás viendo al Señor. Estás atando tu corazón al Señor, estás atando tus emociones al Señor por lo tanto tus emociones no suben ni bajan basadas en lo que los malos estén haciendo.
Ahora, vamos a verlo uno por uno estos versículos.
Número uno: “Confía en el Señor, y haz el bien; habita la tierra, y cultiva la fidelidad” (v.3). Confía en el Señor. La fe es el punto de partida para cualquier relación con Dios. No puedes tener una relación con Él si no estás ejercitando la fe: “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” Hebreos 11:6(RV).
Tienes que confiar que hay un Dios en esta circunstancia y que el malhechor no tiene la última palabra. Hay un Dios y ese Dios es soberano, ese Dios reina sobre todo, y ese Dios está sobre todos los hacedores de maldad. Tienes que confiar que Dios es sabio, que Él lo conoce todo.
Tienes que confiar que Él es bueno, que Dios está obrando Sus propósitos en este mundo, que Él tiene un plan, y que el plan de Dios no ha sido coartado por este malhechor, por esta persona que está haciendo tu vida o este mundo imposible. Tienes que confiar que Dios conoce tu situación, que Él no está ciego a ella, que Él no te ha abandonado, y que Dios tiene cuidado de ti.
Así que mientras ves lo que este malhechor está haciendo –quizás la persona en cuestión tiene un mal temperamento, o está siendo inmoral, o está tomando decisiones imprudentes o poco éticas, y está haciendo tu vida imposible. Quizás dirás, “Mi esposo está llevando nuestra familia a la deuda financiera,” o “mi jefe está llevando este negocio al suelo y haciendo mi vida miserable.” Pero no te enfoques en el malhechor.
No estoy diciendo que el malhechor no existe, sino que Dios todavía sigue siendo Dios, y Dios está bien –— más que bien. Él está allí; Él está en control; a Él le importa. Así que confía en el Señor. Confía en Él. Pon tu enfoque en Él.
Esta fe que debemos tener no es una fe pasiva, o algo como, “solamente pretenderé que no está pasando nada malo.” Es una fe activa, la fe siempre se presenta a sí misma con buenas acciones, si estás confiando en el Señor, entonces no te vas a comportar como una necia cuando estés tratando con un necio que te está haciendo la vida imposible. El incrédulo, el hacedor de maldad – él hace maldad. Y eso es porque su corazón es malo. Su inclinación es a lo malo.
Así que no te sorprendas cuando los pecadores actúan como pecadores. Lo que debe sorprendernos es cuando los cristianos actúan como pecadores. Nosotros somos los que debemos estar haciendo el bien porque tenemos un nuevo corazón, una nueva naturaleza. Tenemos la capacidad de hacer el bien porque Cristo vive en nosotros. Nos hizo nuevas criaturas. No tenemos que hacer lo malo para responder a los malos. Podemos hacer el bien. Podemos hacer lo bueno porque Cristo vive en nosotras.
Así que, “Confía en el SEÑOR, y haz el bien; habita en la tierra y cultiva la fidelidad.” Habita en la tierra. Permanece allí. Establécete en el lugar donde Dios te ha puesto, y no siempre andes corriendo en búsqueda de pastos más verdes. Muchas de nosotras pasamos mucha de nuestras vidas tratando de escapar circunstancias difíciles, pero Dios nos dice, “No trates de huir. Quédate allí.” Habita en la tierra donde Dios te puso.
Ahora, esta verdad tiene que ser balanceada con otros principios de la Escritura que dicen que a veces es apropiado removernos de la presencia del mal. Pero si Dios te ha puesto en una situación, entonces quédate allí hasta que Dios te saque. Quédate allí hasta que Dios te deje ver claro que es tiempo de irte. Habita en la tierra; quédate allí. No siempre andes buscado maneras de escapar.
La gente cambia de trabajos, cambia de iglesias, cambia de matrimonios, y lo que hacen es que se encuentran con más hacedores de maldad. Dondequiera que vayas, los vas a encontrar. Así que Dios dice que habites allí — establécete, habita en la tierra — y luego está esa frase “cultiva la fidelidad.” La versión Reina Valera dice, “te apacentarás de la verdad,” y a mí me gusta la versión Reina Valera-Antigua; que dice, “en verdad serás alimentado.”
Habita en la tierra. ¿Cómo no morir de hambre en esta tierra pecadora? Alimentándote de Su fidelidad. Permite que sea Su fidelidad la que te satisfaga. Permanece donde estás, y satisfácete con el pensamiento de la fidelidad de Dios. Confía en el Señor y haz el bien.
Número dos, y encontramos este en el versículo 4: “Pon tu delicia en el SEÑOR, (dos veces) y Él te dará las peticiones de tu corazón.” Deléitate en el Señor. El diccionario Strong dice que esa palabra deleite significa “estar feliz, tomar deleite exquisito.” Deléitate en Jehová.
Toma en cuenta el contexto aquí. Estamos tratando con hacedores de maldad; estamos tratando con maleantes. Estamos tratando con una situación donde nuestra tendencia es de molestarnos, de exaltarnos, de enojarnos, de preocuparnos. En esa situación, él dice, “Pon tu delicia en el Señor.”
Deja que Él sea tu premio. Él es la perla de gran precio. Deja que Él sea tu posesión amada, tu anhelo, eso que tú buscas. Atesora a Cristo. Atesóralo a Él. Dí, “Señor, a pesar de lo que está pasando a mi alrededor, a pesar de lo necias que son estas personas en mi vida, a pesar de las dificultades que me provocan, levanto mis ojos. Y Te veo a Ti, y Tú eres asombroso. Eres maravilloso.” Deléitate en Él.
He estado memorizando y meditando en el libro de Apocalipsis en los últimos meses, y me encanta el capítulo 1— esa increíble, asombrosa imagen del Cristo resucitado. Deléitate en eso. Deléitate en Él. Él está en su trono. Él es el León de la tribu de Judá; Él es el Cordero de Dios. Sus ojos son como llamas de fuego. Habla acerca de lo hermoso que Él es, de lo poderoso, y de lo majestuoso que Él es. Él nos ama; Él nos ha libertado de nuestros pecados por Su sangre. Deleita tus ojos y tu corazón en Él. Deléitate en Él. Deja de estar mirando a la gente, y deléitate en el Señor.
El problema con nosotras es que pasamos mucho tiempo meditando en lo que los malhechores están haciendo, allí es donde está nuestro enfoque. Es lo único en lo que podemos pensar, y eso es lo que nos hace enojar. Eso es lo que nos calienta la cabeza y nos molesta. Eso es lo que nos exalta. Al irte a dormir en la noche, en lugar de meditar en lo que esa persona te hizo ese día que te hirió —haciéndolo más grande de lo que es–— quita tus pensamientos de eso y conscientemente e intencionalmente pon tus pensamientos en el Señor. De paso, allí es donde aprenderse la Escritura es de mucha ayuda: medita en el Señor.
Me encanta tener la Escritura en mi mente cuando me voy a dormir en la noche y cuando despierto en la mañana — también si despierto durante la noche, tener la Escritura en mi mente. Te diré que las veces cuando pienso en las cosas que me perturbaron durante el día en lugar de meditar en la Escritura, esas cosas se vuelven muy grandes. Es como si se me olvidara que Dios está allí, y entonces se me empieza a calentar la cabeza con pensamientos en lugar de deleitarme en el Señor.
Él dice que si nos deleitamos en Él, Él nos concederá los deseos de nuestro corazón. ¿Qué quiere decir eso? Si nos deleitamos en Él, Él mismo se dará a nosotros, porque Él será lo único que verdaderamente vamos a querer. Él será lo que vamos a desear, lo que anhelamos, lo que atesoramos, por lo que vivimos. No hay lugar para perder. Es como si te elevaras a un plano donde puedes vivir por encima de las luchas, por encima de los malhechores, para encontrar deleite en el Señor.
Confía en el Señor, deléitate en el Señor, y luego para el número tres, mira el verso 5: “Encomienda al Señor tu camino.” Esa frase “encomienda tu camino” significa “que muevas tu camino hacia Dios, que lo traslades a Él, transfiérelo a Él.” Un escritor dice que significa “trasladar la carga de tus hombros para entregársela a Dios.” “Señor, esto no es mío para cargar; es Tuyo para que Tú lo cargues.”
Encomienda tu camino. “Señor, Tú ves mi camino. Tú sabes con lo que estoy tratando. Tú conoces esta persona difícil; Tú conoces esta circunstancia difícil.”
Nosotros nos enfrentamos con eso en Aviva Nuestros Corazones. Nosotros tenemos una posición firme sobre algo. Y tratamos de exponerla con amor y con gracia, lo más agradablemente que se puede, pero en ocasiones recibimos correos electrónicos diciendo, “estoy disgustada con ustedes.” Hemos tenido algunos de esos durante los últimos dos días, diciendo, “No puedo creer que dijiste eso. No puedo creer que fuiste tan fría y poco amorosa al decir eso.” Si tú conciencia está limpia, ¿Qué haces? Tú encomiendas tu camino al Señor. Tú dices, “Señor, este correo electrónico es para Ti. Tú trata con eso. Te lo estoy pasando a Ti.”
Yo creo que el apóstol Pedro probablemente estaba pensando en este versículo cuando él dijo en 1 Pedro capitulo 5, en el versículo 7, “echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.” No tiene sentido que me quede despierta toda la noche preocupándome sobre esto, o que me turbe por ello, o me ponga nerviosa por ello. Porque Dios tiene cuidado de mi. Deja que Dios trate con eso.
Ríndete completamente a Él. Encomienda tu reputación a Él: “Señor, mira lo que ellos dicen —y la gente esta creyendo lo que están diciendo, y otra gente cree que es verdad.” No te defiendas. No protejas tu reputación. Encomienda tu camino al Señor. Encomienda tu senda al Señor. Traslada toda tu situación a Él, cuando lo hagas, ya no te vas a estar quejando por la carga.
Así es como te liberas del enojo. Así es como te liberas de la irritación. Tú confías en el Señor, tú te delitas en el Señor, y encomiendas tu camino al Señor. Tú le trasladas tu camino al Señor. Dice, “Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en El” —y allí está de nuevo— confía en Él “y Él actuará”. Permítele a Dios actuar. Él hará lo que sea necesario hacer en esa situación.
Yo creo que una de las razones por las que somos tan propensas a molestarnos, a dejar que se nos caliente la cabeza, y a enojarnos es porque sentimos que Dios no está actuando; sentimos como si Dios no estuviera haciendo nada. Como mujeres, no podemos aguantar ver que nada suceda. Es como, “Alguien tiene que intervenir. Alguien tiene que hacer algo, y si nadie más lo hace, yo lo haré.” Empezamos a cargar todo el peso del mundo sobre nuestros hombros. Amigas, no es nuestra responsabilidad arreglarlo todo. Un comentarista dijo, “Él cumplirá todo lo que tu fe haya puesto sobre Él.” Dáselo, y deja que Dios obre.
Ahora bien, tienes que dejar que Dios actúe a Su manera y a Su tiempo. Uno de nuestros problemas es que nos frustramos cuando Dios no actúa a la manera que nosotros pensamos que Él debe actuar, y cuando Dios no arregla las cosas al momento que nosotras pensamos que Él debe hacerlo. Pero ten en cuenta que Dios tiene más cosas en mente que solo arreglar tus problemas. Dios quiere cambiarte; Dios quiere cambiar a esa persona; Dios quiere exhibir Su gloria en este mundo. Y a veces Dios recibe más gloria al dejar que ese problema permanezca en tu vida que si lo removiese de ella.
Así que tienes que decir, “¿Es mi meta final cambiar esta situación, o es mi meta que Dios sea glorificado? ¿Estoy dispuesta a quedarme en esta situación si eso es lo que le agrada al Señor para Su gloria? Entonces estoy dispuesta a hacerlo.”
“Encomienda al SEÑOR tu camino; confía en Él, y Él actuará.” Él actuará — en Su tiempo y a Su manera. Quizás no lo resolverá en los próximos 28 minutos, como pasa en programas de televisión. Quizás no lo resolverá en la forma que tú lo hubieras hecho. Pero dale gracias a Dios que es Él quien escribe el guión — que Él no actúa en la manera en que yo pienso que Él debe de actuar. Mi visión es muy corta. Yo no sé cuál es el panorama completo. Dios si tiene la imagen completa en Su mente. Él sabe lo que realmente se necesita. Confía en Él, y Él actuará.
Algunas veces pienso qué haría Dios en nuestras circunstancias y en nuestras situaciones de la vida si realmente confiásemos en Él, y le encomendáramos nuestros caminos a Él, y si se lo permitiéramos. Yo creo que Dios quiere hacer milagros en algunas de nuestras vidas — quizás en nuestras finanzas, quizás en esa pareja incrédula, quizás en ese hijo o en esa hija rebelde, quizás en ese jefe imposible, quizás en esa situación difícil en la iglesia. Dios quiere hacer algo verdaderamente maravilloso y grandioso como Él mismo.
Me imagino que a veces que Dios está sentado arriba en el cielo diciendo, “¿Tú quieres tratar con esto? Está bien, hazlo tú.” A veces pienso si Dios no se pondrá a sí mismo en un estado de inactividad —por así decir— porque somos tan intencionales en actuar por nosotras mismas.
“Sigue adelante; hazlo. ¿Tú quieres ser Dios?”
“Bueno, no, no Señor. No puedo.”
“Yo solo estaba esperando a que dijeras eso. ¿Quieres que Yo actúe?”
“Sí, Señor, necesito que actúes.”
“Está bien, encomiéndame tu camino, confía en Mi, y yo actuaré.”
Dios actuará. ¿Qué es lo que Dios quiere hacer en tu mundo que quizás no está haciendo porque tú estás actuando, porque tu estas tomando el asunto con tus propias manos? Confía en Él, y el hará.
Tenemos que ver el versículo 6: “hará resplandecer tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía.” Esa es una cosa que Dios hará. Él hará brillar luz en la situación; El hará todo claro como la luz del día. Él vindicará al justo.
Todos verán la verdad. Si tú eres la parte inocente pero nadie más lo sabe o lo cree, encomienda tu camino al Señor. Confía en Él. Deja que Él vindique tu inocencia. No te defiendas. No trates de probar tu punto. “Hará resplandecer tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía”. Él hará todo claro. Todos, con el tiempo, verán quien estaba en lo correcto.
¿Entonces, qué debes hacer? Hay dos más en la lista. Los tocaremos en la próxima sesión, pero mira los primeros tres: Confía en el Señor y haz el bien. Deléitate en el Señor. Encomienda tu camino al Señor; confía en Él, y Él actuará.
Oh Señor, te pido que hagas que nuestros corazones se aten a Ti, que orientemos nuestras vidas alrededor de Ti en vez de orientarlas alrededor de los hacedores de maldad; de los malvados. Te pido que en lugar de enfocarnos en el mal que hay en el mundo y el mal que nos arropa y nos perturba —en vez de molestarnos, llenarnos de ansiedad e irritarnos— Señor, que podamos tener paz en nuestros corazones, calma; tener corazones firmes, y gozo durante este peregrinaje mientras nos deleitamos en Ti, mientras confiamos en Ti, mientras encomendamos nuestros caminos a Ti.
Gracias, Señor, que Tú eres Dios y eres bueno. Aun en este momento, aunque haya cosas que nos halen; cosas que quieren robar nuestra paz y nuestro gozo, solo queremos decir intencionalmente, “nosotros escogemos confiar en Ti, oh Señor.” En el nombre de Jesús, amén.
Leslie: Observarás a algunos malhechores hoy, sea en persona o en las noticias. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado enseñando cómo responder bíblicamente. Es el tipo de programa que esperas escuchar de Aviva Nuestros Corazones: aplicación práctica de las verdades bíblicas.
Podemos proveer ese tipo de programa por oyentes que creen en el ministerio y que quieren compartirlo contigo.
Quiero decirle “hola” a Noemí, quien está escuchando desde Sídney, Australia. Ella nos mandó un correo electrónico para decirnos que ella descarga los programas todos los días y ella los escucha después de su tiempo de devoción, mientras saca a su perro a caminar. Ella le escribió a Nancy, “He estado orando por ti. Como esposa de pastor yo sé cuánto trabajo mi esposo le pone a cada sermón. ¿Cómo haces para preparar un mensaje diario? Continuaré orando por ti.“
Nancy, ¿Cómo lo haces?
Nancy: Preparar mensajes para Aviva Nuestros Corazones toma mucho tiempo, y tiene sus retos. Me he visto, día tras día, semana tras semana, por los últimos diez años, pidiendo al Señor con desesperación que me de las fuerzas, la sabiduría y la habilidad para hacerlo. Por eso me anima saber que personas como Noemí están orando—orando por mí, orando por el ministerio. Así que necesito las oraciones de todos nuestros oyentes.
Cuando la gente pregunta cómo puede orar por nosotros, yo les digo, “primero que nada, por favor ora que el ministerio sea un desbordamiento del trabajo que Dios está haciendo en mi propio corazón, de mi tiempo con el Señor, en Su Palabra, y que en mi vida yo pueda estar viviendo el mensaje que estamos compartiendo con otros.”
Yo le pido a las personas que oren también por “aceite fresco”, por el trabajo del Espíritu en mi corazón, en mi vida, y a través de mi ministerio, porque el Espíritu puede hacer un trabajo que es más grande, más poderoso que cualquier cosa que yo pueda hacer, apartada de Él.
Ora por vigor, físico, espiritual, mental y emocional; ora que Dios me mantenga perseverando y manteniéndome firme en este ministerio. Finalmente, ¿podrías orar por nosotros que Dios provea los recursos que necesitamos para continuar transmitiendo este programa en tu comunidad?
Muchas gracias por orar y por asociarte con nosotros en este ministerio. Tus oraciones y tu apoyo significan mucho para mí y para este ministerio.. Más de lo que yo pudiera expresar. ¡Muchas gracias!
Leslie: No dejes de visitar nuestra página y déjanos saber cómo estos programas han sido de beneficio para ti. Visítanos en www.AvivaNuestrosCorazones.com.
A ninguno de nosotros nos gusta esperar, pero el aprender a esperar en Dios puede ser una experiencia que nos llene de profunda satisfacción. Para aprender más de eso… bueno… tendrás que esperarte hasta el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.
Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
“Pensemos con el Dr. Ravi Zacharias” es una producción de RZIM y es un excelente recurso para los cristianos que anhelan entender la fe y testificar con inteligencia.
Sermón predicado la Noche del Domingo 18 de Marzo, 1855
por Charles Haddon Spurgeon
En Exeter Hall, Strand, Londres.
“Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.” — Oseas 8:12.
Esta es la queja de Dios en contra de Efraín. No es una insignificante prueba de Su bondad, que Él se incline para reprender a Sus criaturas descarriadas; es una grandiosa evidencia de Su disposición llena de gracia, que incline Su cabeza para observar los asuntos de la tierra. Si Él quisiera, podría envolverse con la noche como si fuese un vestido; podría poner las estrellas alrededor de Su mano como si fueran un brazalete y ceñir los soles alrededor de Su frente como una diadema; puede morar solo, lejos, muy por encima de este mundo, arriba en el séptimo cielo, y contemplar con calma y silenciosa indiferencia todas las actividades de las criaturas.
Podría hacer como Júpiter que, según creían los paganos, se sentaba en perpetuo silencio, haciendo señas a veces con su terrible cabeza, para hacer que las Parcas hicieran lo que le placiera, pero ignorando las cosas pequeñas de esta tierra, y considerándolas indignas de llamar su atención; absorto en su propio ser, absorto en Sí mismo, viviendo solo y apartado. Y yo, como una de Sus criaturas, podría ascender a la cumbre de una montaña y mirar a las estrellas silenciosas, y decirles: «Ustedes son los ojos de Dios, pero ustedes no me miran a mí; la luz de ustedes es un don de Su omnipotencia, pero esos rayos no son sonrisas de amor para mí. Dios, el poderoso Creador, me ha olvidado; soy una gota despreciable en el océano de la creación, una hoja seca en el bosque de los seres vivientes, un átomo en la montaña de la existencia. Él no me conoce, estoy solo, solo.»
Pero no es así, amados. Nuestro Dios es de un orden diferente. Él nos observa a cada uno de nosotros. No existe ni un gorrión ni un gusano que no se encuentre en Sus decretos. No hay una persona sobre la que no se posen Sus ojos. Nuestros actos más secretos les son conocidos. Cualquier cosa que hagamos, que soportemos o que suframos, el ojo de Dios siempre descansa sobre nosotros y Su sonrisa nos cubre, pues somos Su pueblo; o Su enojo nos envuelve, pues nos hemos apartado de Él.
¡Oh! Dios es diez mil veces misericordioso, pues contemplando a la raza del hombre, no la arranca de la existencia con una sonrisa. Vemos por nuestro texto que Dios se interesa por el hombre, por cuanto dice a Efraín: «Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.» Pero vean cómo cuando observa el pecado del hombre no lo destroza ni lo rechaza a puntapiés, ni tampoco lo sacude por el cuello sobre el golfo del infierno hasta hacer tambalear su cerebro por el terror, para, finalmente, arrojarle en él para siempre; por el contrario, Dios desciende del cielo para argumentar con sus criaturas, discute con ellas, se rebaja, por así decirlo, al mismo nivel del pecador, le expone sus quejas y define sus derechos. ¡Oh! Efraín, te he escrito las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.
Vengo esta noche como enviado de Dios, amigos míos, para tratar con ustedes como embajador de Dios; para acusar de pecado a muchos de ustedes; para hacerles ver su condición, con el poder del Espíritu; para convencerlos de pecado, de justicia y de un juicio venidero. El crimen del que los acuso es el pecado que leemos en este texto. Dios les ha escrito las grandezas de Su ley, y fueron tenidas por cosa extraña. Es precisamente sobre este bendito libro, la Biblia, que pretendo hablar el día de hoy. Aquí está mi texto: esta es Palabra de Dios. Aquí está el tema de mi sermón, un tema que demanda más elocuencia de la que poseo; un asunto sobre el que podrían hablar miles de oradores a la vez; un tema poderoso, amplio y un inagotable asunto que, aun consumiendo toda la elocuencia que hubiera hasta la eternidad, no quedaría agotado.
Hoy tengo que decir tres cosas acerca de la Biblia, y las tres se encuentran en mi texto. Primero, Su autor: «Le escribí»; segundo, sus temas: Las grandezas de la ley de Dios; y tercero, su tratamiento generalizado: fueron tenidas por la mayoría de los hombres por cosa extraña.
I. Primero, entonces, en lo relativo a este libro, ¿quién es EL AUTOR? El texto nos dice que es Dios. «Le escribí las grandezas de mi ley.» Aquí está mi Biblia, ¿quién la escribió? La abro y observo que se compone de una serie de tratados. Los primeros cinco libros fueron escritos por un hombre llamado Moisés. Paso las páginas y veo que hay otros escritores tales como David, y Salomón. Aquí leo a Miqueas, luego a Amós, luego a Oseas. Prosigo hacia adelante y llego a las luminosas páginas del Nuevo Testamento, y veo a Mateo, Marcos, Lucas y Juan; Pablo, Pedro, Santiago y otros; pero cuando cierro el libro me pregunto: ¿quién es su autor? ¿Pueden estos hombres, en conjunto, atribuirse la paternidad de este libro? ¿Son ellos realmente los autores de este extenso volumen? ¿Se dividen entre todos ellos el honor? Nuestra santa religión responde: ¡no!
Este volumen es la escritura del Dios viviente: cada letra fue escrita por un dedo Todopoderoso; cada palabra salió de los labios eternos, cada frase fue dictada por el Espíritu Santo. Aunque Moisés fue usado para escribir sus historias con su ardiente pluma, Dios guió esa pluma. Puede ser que David tocara su arpa haciendo que dulces y melodiosos salmos brotasen de sus dedos, pero Dios movía Sus manos sobre las cuerdas vivas de su arpa de oro. Puede ser que Salomón entonara Cantares de amor, o pronunciara palabras de sabiduría consumada, pero Dios dirigió sus labios, e hizo elocuente al Predicador. Si sigo al atronador Nahum cuando sus caballos aran las aguas, o a Habacuc cuando ve las tiendas de Cusán en aflicción; si leo a Malaquías, cuando la tierra está ardiendo como un horno; si paso a la plácida página de Juan, que nos habla del amor, o a los severos y fogosos capítulos de Pedro, que habla del fuego que devora a los enemigos de Dios; o a Judas, que lanza anatemas contra los adversarios de Dios; en todas partes veo que es Dios quien habla.
Es la voz de Dios, no del hombre; las palabras son las palabras de Dios, las palabras del Eterno, del Invisible, del Todopoderoso, del Jehová de esta tierra. Esta Biblia es la Biblia de Dios; y cuando la veo, me parece oír una voz que surge de ella, diciendo: «Soy el libro de Dios; hombre, léeme. Soy la escritura de Dios: abre mis hojas, porque fueron escritas por Dios; léelas, porque Él es mi autor, y Lo podrás ver visible y manifiesto en todas partes.» «Le escribí las grandezas de mi ley.»
¿Cómo sabemos que Dios escribió este libro? No intentaré responder a esta pregunta. Podría hacerlo si quisiera, porque hay razones y argumentos suficientes, pero no pienso robarles su tiempo esta noche exponiendo esos argumentos a la consideración de ustedes. Pero no voy a hacer eso. Si quisiera, les podría decir que la grandeza del estilo está por encima de cualquier escritura mortal, y que todos los poetas que en el mundo han existido, con todas sus obras juntas, no podrían ofrecernos una poesía tan sublime ni un lenguaje tan poderoso como los podemos encontrar en las Escrituras.
Quisiera insistir en que los temas que se tratan en la Biblia están más allá del intelecto humano; que el hombre nunca hubiera podido inventar las grandes doctrinas de una Trinidad en la Deidad; que el hombre nunca hubiera podido decirnos nada de la creación del universo; ningún ser humano hubiera podido ser el autor de la sublime idea de la Providencia; que todas las cosas son ordenadas según la voluntad de un grandioso Ser Supremo, y que todas ellas obran conjuntamente para bien. Podría hablarles acerca de su honestidad, pues relata las fallas de sus escritores; de su unidad, pues nunca se contradice; de su sencillez magistral, para que el más simple pueda leerla. Y podría mencionar cien cosas más que podrían demostrar con claridad que el libro es de Dios. Pero no he venido aquí para hacerlo.
Soy un ministro cristiano, y ustedes son cristianos, o profesan serlo; y ningún ministro cristiano necesita sacar a luz argumentos de los paganos para rebatirlos. Es la insensatez más grande del mundo. Los infieles, pobres criaturas, no conocen sus propios argumentos hasta que nosotros se los decimos, y ellos, juntándolos poco a poco, vuelven a arrojarlos como lanzas sin puntas contra el escudo de la verdad. Es una insensatez sacar estos tizones del fuego del infierno, aun si estamos bien preparados para apagarlos. Dejemos que los hombres del mundo aprendan el error por sí mismos; no seamos propagadores de sus falsedades. Es cierto que hay predicadores que, no contando con los suficientes argumentos, los sacan de cualquier parte; pero los hombres elegidos del propio Dios no necesitan hacer eso; ellos son enseñados por Dios, y Dios les suministra los temas, las palabras y el poder.
Quizás haya alguien hoy que haya venido sin fe, un hombre racionalista, un librepensador. Con ese hombre no voy a discutir. Confieso que no estoy aquí para participar en controversias, sino para predicar lo que conozco y siento. Pero yo también fui como ese hombre. Hubo una mala hora en mi vida, cuando solté el ancla de mi fe; yo corté el cable de mis creencias y, no queriendo estar ya por más tiempo al abrigo de las costas de la revelación, dejé que mi nave anduviera a la deriva, impulsada por el viento. Dije a la razón: «Sé tu mi capitán;» dije a mi propio cerebro: «sé tú mi timón». Y así comencé mi loco viaje. Gracias a Dios ya todo eso terminó. Pero les contaré su breve historia.
Fue una navegación precipitada por el tempestuoso océano del librepensamiento. Conforme avanzaba, los cielos empezaron a oscurecerse; pero, para compensar esa deficiencia, las aguas eran brillantes con fulgores esplendorosos. Yo veía que volaban chispas agradables y pensé: «Si esto es el librepensamiento, es algo maravilloso.» Mis pensamientos parecían gemas y yo esparcía estrellas con mis dos manos; pero pronto, en lugar de aquellos fulgores de gloria, vi horrendos demonios, fieros y terribles, surgiendo de las aguas, y conforme proseguía, ellos rechinaron sus dientes haciendo gestos burlones; se aferraron a la proa de mi barco y me arrastraron. Mientras yo, en parte, me sentía feliz por la velocidad a la que iba, pero sin embargo me estremecía por la rapidez terrífica con la dejaba atrás los viejos pilares de mi fe.
Conforme seguía avanzando a una velocidad espeluznante, comencé a dudar hasta de mi propia existencia; dudaba que el mundo existiera; dudaba que hubiera tal cosa como mi propio yo. Llegué al borde mismo de los dominios sombríos de la incredulidad. Me fui hasta el fondo mismo del mar de la infidelidad. Dudaba de todo. Pero aquí Satanás se engañó a sí mismo, porque la propia extravagancia de las dudas me demostró lo absurdo de ellas. Justo cuando vi el fondo de ese mar, escuché una voz que decía: «¿Acaso esta duda puede ser verdad?» A causa de este pensamiento volví a la realidad. Me desperté de ese sueño de muerte, que, sabe Dios, podría haber condenado mi alma y destruido mi cuerpo, si no hubiese despertado.
Cuando me levanté, la fe tomó el timón; a partir de ese momento ya no dudé. La fe condujo mi barca de regreso, la fe gritaba: «¡Lejos de aquí, lejos de aquí!» Arrojé mi ancla en el Calvario; alcé mis ojos a Dios, y heme aquí vivo y fuera del infierno. Por tanto, yo digo lo que sé. He navegado en ese peligroso viaje; he regresado a puerto sano y salvo. ¡Pídanme que sea otra vez un incrédulo! No, ya lo probé. Fue dulce al principio, pero amargo después. Ahora, atado al Evangelio de Dios más firmemente que nunca, parado sobre una roca más dura que el diamante, desafío los argumentos del infierno a que me muevan, «porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día».
Pero no voy a refutar ni a argumentar esta noche. Ustedes profesan ser hombres cristianos, pues de lo contrario no estarían aquí. Aunque la profesión de ustedes bien puede ser falsa; lo que ustedes dicen ser, puede ser exactamente lo contrario de lo que realmente son. Pero, aun así, yo supongo que todos ustedes admiten que ésta es la Palabra de Dios. Voy a compartir un par de pensamientos al respecto: «Le escribí las grandezas de mi ley.»
Primero, mis amigos, examinen este volumen y admiren su autoridad. Este no es un libro común. No contiene los dichos de los sabios de Grecia, ni los discursos de los filósofos de la antigüedad. Si estas palabras hubieran sido escritas por el hombre, podríamos rechazarlas; pero, ¡oh!, déjenme pensar un pensamiento solemne: que este libro es la letra de Dios, que estas son Sus palabras. Déjenme investigar su antigüedad: está fechado en las colinas del cielo. Permítanme que mire sus letras: lanzan destellos de gloria en mis ojos. Déjenme leer sus capítulos: su significado es grandioso y contienen misterios escondidos. Vayamos a las profecías: están llenas de inefables maravillas. ¡Oh, libro de los libros! ¿Y fuiste tú escrito por mi Dios? Entonces me postro ante ti. Tú, libro de vasta autoridad; tú eres una proclamación del Emperador del Cielo. Lejos esté de mí ejercitar mi razón para contradecirte. ¡Razón!, tu función es considerar y averiguar lo que este volumen quiere decir, y no establecer lo que debería decir.
Vamos, ustedes, mi razón y mi intelecto, siéntense y escuchen, porque estas palabras son las palabras de Dios. Me siento incapaz de extenderme en este pensamiento. ¡Oh, si ustedes pudieran recordar siempre que esta Biblia fue verdadera y realmente escrita por Dios! ¡Oh! si se les hubiera permitido entrar a las cámaras secretas del cielo, y hubieran podido contemplar a Dios cuando tomaba Su pluma y escribía estas letras, entonces con seguridad las respetarían. Pero son efectivamente el manuscrito de Dios, tanto, como si ustedes hubieran visto a Dios escribiéndolas. Esta Biblia es un libro de autoridad, es un libro autorizado, pues lo escribió Dios. Oh, tiemblen, tiemblen, no sea que alguien lo desprecie; observen su autoridad, porque es la Palabra de Dios.
Entonces, puesto que Dios la escribió, notemos su veracidad. Si yo la hubiera escrito, habría críticos gusanos que de inmediato la atropellarían, y la cubrirían con sus larvas malvadas. Si yo la hubiera escrito, no faltarían hombres que la destrozarían de inmediato, y tal vez con mucha razón. Pero esta es la Palabra de Dios. Acérquense ustedes, críticos, y encuéntrenle alguna falla; examínenla desde su Génesis hasta su Apocalipsis, y encuéntrenle un error. Esta es una veta de oro puro sin mezcla de ninguna sustancia terrena. Esta es una estrella sin mancha, un sol de perfección, una luz sin sombra, una luna sin su palidez, una gloria sin penumbra.
¡Oh, Biblia!, no se puede decir de ningún otro libro que sea perfecto y puro; pero nosotros podemos declarar de ti que toda la sabiduría se encuentra encerrada en ti, y no hay ninguna partícula de insensatez. Este el juez que pone fin a toda discusión allí donde la inteligencia y la razón fracasan. Este libro no tiene mancha de error; sino que es puro, sin mezclas, la verdad perfecta. ¿Por qué? Porque Dios lo escribió. ¡Ah! Acusen a Dios de error, si quieren; díganle que Su libro no es lo que debería ser.
He oído de hombres llenos de orgullo y falsa modestia, a quienes les gustaría alterar la Biblia, y (casi me ruborizo al decirlo) he oído a algunos ministros que han alterado la Biblia de Dios, porque le tenían miedo. ¿Nunca han oído decir: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere -¿qué dice la Escritura?- «será condenado»? Pero sucede que esto es algo rudo, por lo tanto ellos dicen: «será desaprobado.» ¡Caballeros!, eliminen el terciopelo de sus bocas, y prediquen la Palabra de Dios; no necesitamos ninguna de sus alteraciones. He escuchado a personas que, orando, en vez de decir: «hacer firme vuestra vocación y elección,» dicen: «hacer firme vuestra vocación y salvación.» Es una lástima que no hubieran nacido cuando Dios moraba en los tiempos remotos, hace mucho, mucho tiempo, para que hubieran podido enseñarle a Dios cómo escribir. ¡Oh, deshonestidad más allá de todo límite! ¡Oh, orgullo desmedido! ¡Tratar de dictar al Sabio de los sabios, de enseñar al Omnisciente y de instruir al Eterno! Es extraño que haya hombres tan viles que usen el cortaplumas de escriba de Joacim para mutilar pasajes de la Palabra, porque tienen mal sabor. Oh, ustedes, que sienten aversión por ciertas porciones de la Santa Escritura, tengan la certeza que su gusto es corrompido y que la voluntad de Dios no se sujeta a la pobre opinión de ustedes. Tu desaprobación es precisamente la razón por la que Dios la escribió; porque no se debe acomodar a ti, ni tienes derecho a ser complacido. Dios escribió lo que a ti no te gusta: escribió la verdad. ¡Oh! postrémonos en reverencia ante ella, pues Dios la inspiró. Es verdad pura. De esta fuente mana aqua vitae «el agua de vida» sin ninguna partícula de tierra; de este sol nacen rayos de esplendor sin sombra alguna. Bendita Biblia; tú eres toda la verdad. Bendita Biblia, tú eres toda verdad.
Antes de dejar este punto, detengámonos a considerar la misericordia de Dios al habernos escrito una Biblia. ¡Ah! Él podía habernos dejado sin ella, que anduviéramos a tientas nuestro camino de tinieblas, como los ciegos palpan buscando la pared. Podía habernos dejado en nuestro extravío, con la estrella de la razón como nuestra única guía. Recuerdo una historia del señor Hume, quien constantemente afirmaba que la luz de la razón es suficiente en abundancia. Estando en casa de un buen ministro de Dios una noche, había estado discutiendo sobre este asunto, manifestando su firme convicción en la suficiencia de la luz de la naturaleza. Al salir, el ministro le ofreció una vela, para que se pudiera alumbrar al bajar las escaleras. Él dijo: «no, la luz de la naturaleza será suficiente; con la luna me bastará.» Pero ocurrió que una nube estaba ocultando a la luna, y cayó escaleras abajo. «¡Ah!», dijo el ministro, «a pesar de todo hubiera sido mejor haber tenido alguna lucecita desde arriba, señor Hume.»
Entonces, aun suponiendo que la luz natural fuera suficiente, sería mejor que tuviéramos un poco de luz desde arriba, y de esta manera estaríamos seguros de estar en lo correcto. Es mejor tener dos luces que una. La luz de la creación es muy brillante. Podemos ver a Dios en las estrellas; su nombre está escrito con letras de oro en el rostro de la noche; pueden descubrir Su gloria en las olas del océano, sí, y en los árboles del campo. Pero es mejor leer en dos libros que en uno. Le encontrarán aquí más claramente revelado, porque Él mismo ha escrito este libro y nos ha dado la clave para entenderlo, si ustedes tienen al Espíritu Santo. Amados hermanos, demos gracias a Dios por esta Biblia. Amémosla y considerémosla más preciosa que el oro más fino.
Una observación más, antes de pasar al segundo punto. Si ésta es la Palabra de Dios, ¿qué será de algunos de ustedes que no la han leído durante todo el último mes? «¿Un mes, dice usted? ¡Yo no la he leído durante todo este último año!» Ay, y muchos de ustedes no la han leído nunca. La mayoría de la gente trata a la Biblia muy cortésmente. Tienen una edición de bolsillo bellamente encuadernada, la envuelven en un pañuelo blanco, y así la llevan al lugar del culto. Cuando regresan a casa la guardan en un cajón hasta el siguiente domingo por la mañana. Entonces, la vuelven a sacar para un paseo, y la llevan a la capilla; todo cuanto la pobre Biblia recibe es este paseo dominical. Ese es su estilo de entretener a este mensajero celestial. Hay suficiente polvo sobre algunas de las Biblias de ustedes como para escribir «condenación» con sus propios dedos. Muchos de ustedes ni siquiera la han hojeado desde hace mucho, mucho, mucho tiempo, y, ¿qué piensan?
Les digo palabras duras, pero son palabras verdaderas. ¿Qué dirá Dios, finalmente? Cuando vayan a su presencia, Él preguntará: «¿Leíste mi Biblia?» «No.» «Te escribí una carta de misericordia, ¿la leíste?» «No.» «¡Rebelde! Te envié una carta invitándote a venir; ¿la leíste alguna vez?» «Señor, nunca rompí el sello: siempre la guardé bien cerrada.» «¡Desdichado!», dice Dios. «entonces, tú mereces el infierno; si te envié una epístola de amor, y ni siquiera quisiste romper el sello, ¿qué haré contigo?» ¡Oh! No permitan que eso les suceda a ustedes. Sean lectores de la Biblia; sean escudriñadores de la Biblia.
II. Nuestro segundo punto es: LOS TEMAS DE LOS QUE TRATA LA BIBLIA. Las palabras del texto son estas: «Le escribí las grandezas de mi ley.» La Biblia habla de grandes cosas y solamente de grandes cosas. No hay nada en esta Biblia que no sea importante. Cada versículo contiene un solemne significado, y si todavía no lo hemos encontrado, esperamos hacerlo. Ustedes han visto a las momias cubiertas de vendas. Bien, la Biblia de Dios es algo parecido; hay numerosos rollos de lino blanco, tejidos en el telar de la verdad; de manera que tendrán que continuar desenvolviendo rollo tras rollo hasta encontrar el verdadero significado de lo que está escondido; y cuando crean haberlo hallado, aun continuarán desentrañando las palabras de este maravilloso volumen por toda la eternidad. No hay nada en la Biblia que no sea grandioso. Permítanme dividir, para ser más breve. Primero todas las cosas en esta Biblia son grandiosas; segundo, algunas cosas son las más grandiosas de todas.
Todas las cosas de la Biblia son grandiosas. Algunas personas piensan que no importa la doctrina que uno crea; que da lo mismo asistir a una iglesia o a otra, que todas las denominaciones son iguales. Hay un ser, la señora Intolerancia, a la que detesto más que a nadie en el mundo, y a la que jamás he hecho ningún cumplido ni he elogiado; pero hay otra persona a la que odio igualmente; se trata del señor Latitudinarismo, individuo bien conocido que ha descubierto que todos somos iguales. Ahora, yo creo que una persona puede ser salva en cualquier iglesia. Algunas han sido salvas en la iglesia de Roma, unos pocos hombres benditos cuyos nombres podría citar aquí. También sé, bendito sea Dios, que grandes multitudes son salvas en la iglesia de Inglaterra; en ella hay una hueste de sinceros y piadosos hombres de oración. Creo que todas las ramas del protestantismo cristiano tienen un remanente según la elección de gracia, y necesitan tener, algunas de ellas, un poco de sal, pues de lo contrario se corromperían. Pero cuando me digo eso, ¿se imaginan que las coloco a todas al mismo nivel? ¿Están todas igualmente en lo cierto? Una dice que el bautismo de infantes es correcto, otras afirman que no es correcto. Algunos dicen que ambas tienen razón, pero yo no lo veo así. Una enseña que somos salvos por la gracia soberana, otra dice que no, sino que es nuestro libre albedrío el que nos salva; con todo, otros dicen que las dos están en lo cierto; yo no lo entiendo así. Una dice que Dios ama a Su pueblo y nunca dejará de amarlo; otra afirma que no amó a Su pueblo antes que ese pueblo Lo amara; que unas veces lo ama y otras deja de amarlo, volviéndole la espalda. Ambas pueden tener razón en lo esencial, pero nunca cuando una dice «Sí» y otra «No». Para verlo así necesitaría unos lentes que me ayudaran a ver hacia atrás y hacia adelante al mismo tiempo. No puede ser, señores, que ambas tengan razón, a pesar de que hay quien dice que las diferencias no son esenciales.
Este texto dice: «Le escribí las grandezas de mi ley». No hay nada en la Biblia de Dios que no sea grandioso. ¿Se han detenido a pensar alguna vez cuál es la religión más pura? «¡Oh!», dicen, «nunca nos hemos molestado con eso. Nosotros simplemente vamos donde nuestro padre y nuestra madre fueron.» ¡Ah! Esa es ciertamente una razón muy profunda. Ustedes van donde sus padres fueron. Yo creía que ustedes eran gente sensata, y nunca pensé que se dejaran llevar por otros en vez de por su propia convicción. Yo amo a mis padres sobre todo lo que respira, y el solo hecho de que creyeran que una cosa es verdad, me ayuda a pensar que lo es; pero yo no les he seguido. Pertenezco a una denominación diferente, y doy gracias a Dios por ello. Puedo recibirlos como hermanos y hermanas en Cristo, pero nunca pensé que, porque ellos fueran una cosa, yo tenía que ser lo mismo. Nada de eso. Dios me dio un cerebro y debo utilizarlo; y si ustedes tienen algún intelecto, deben usarlo también.
Nunca digan que no importa. Claro que importa. Todo cuanto Dios ha escrito aquí es de importancia eminente: Él jamás hubiera escrito algo que fuera indiferente. Todo cuanto hay aquí tiene un valor; por lo tanto, escudriñen todos los temas, prueben todo por la Palabra de Dios. No tengo ninguna objeción en que lo que yo predique sea probado por este libro. Denme solamente un auditorio imparcial y ningún favor especial y este libro; y si digo algo contrario a él, voy a retractarme de eso el domingo siguiente. Por esto me mantengo firme o caigo. Busquen y miren, pero nunca digan: «No importa.» Cuando Dios dice algo, siempre es de importancia.
Pero, aunque todas las cosas en la Palabra de Dios son importantes, no todo es importante en la misma medida. Hay ciertas verdades vitales y fundamentales que deben ser creídas, o de lo contrario el hombre no podría ser salvo. Si quieren saber qué es lo que deben creer para ser salvos, encontrarán las grandezas de la ley de Dios entre estas cubiertas; todas están contenidas aquí. Como compendio o resumen de las grandezas de la ley, recuerdo lo que dijo una vez un viejo amigo mío: «¡Ah! Predica las tres «erres» y Dios siempre te bendecirá.» Yo pregunté: «¿qué son las tres ‘erres’?» Y él me respondió: «Ruina, Redención y Regeneración.» Estas tres cosas contienen la esencia y el todo de la teología. «R» de ruina. Todos fuimos arruinados en la caída, todos nos perdimos cuando Adán pecó y todos estamos arruinados por nuestras propias transgresiones; todos estamos arruinado por nuestros corazones perversos, por nuestros malos deseos, y todos estaremos arruinados a menos que la gracia nos salve. Luego está la segunda «R» de redención. Somos redimidos por la sangre de Cristo, un Cordero sin mancha ni contaminación; somos rescatados por Su poder, somos redimidos por Sus méritos, y rescatados por Su fuerza. A continuación tenemos la «R» de regeneración. Si queremos ser perdonados, tenemos también que ser regenerados, porque nadie puede ser partícipe de la redención sin ser regenerado. Podemos ser tan buenos como queramos, y servir a Dios según lo imaginemos, según queramos; pero si no hemos sido regenerados, si no tenemos un corazón nuevo, si no nacemos de nuevo, todavía estamos en la primera «R», esto es en la ruina.
Esto es un pequeño resumen del Evangelio, pero creo que hay otro mejor en los cinco puntos del calvinismo: Elección conforme al conocimiento previo de Dios, la natural depravación y pecaminosidad del hombre, la redención particular por la sangre de Cristo, el llamamiento eficaz por el poder del Espíritu, y la perseverancia final por el poder de Dios. Para ser salvos, debemos creer estos cinco puntos; pero no me gustaría escribir un credo como el de Atanasio, que empieza así: «Todo aquel que quiera ser salvo, deberá creer en primer lugar la fe católica, la cual es ésta»; al llegar a este punto tendría que detenerme porque no sabría cómo continuar. Sostengo la fe católica de la Biblia, toda la Biblia y nada más que la Biblia. No me corresponde redactar credos; sino que les suplico que escudriñen las Escrituras, porque ellas son la palabra de vida.
Dios dice: «Le escribí las grandezas de mi ley». ¿Dudan de su grandeza? ¿Creen que no son dignas de la atención de ustedes? Hombre, piensa un momento, ¿dónde te encuentras ahora?
«He aquí, en un estrecho trozo de tierra,
En mitad de dos mares sin límites;
Una pulgada de tiempo, el espacio de un momento,
Puede alojarme en aquel lugar celestial,
O encerrarme en el infierno.»
Recuerdo que una vez estaba yo en la playa, en una estrecha franja de tierra, sin preocuparme que la marea pudiera subir. Las olas lavaban constantemente ambas orillas, y envuelto en mis pensamientos permanecí allí por largo rato. Cuando quise regresar, me encontré ante una dificultad: las olas habían cortado el camino. De la misma manera, todos nosotros caminamos cada día por una estrecha senda, y hay una ola que sube más y más; vean cuán cerca está de sus pies, y otra ola se estrella a cada tictac del reloj: «nuestros corazones, como sordos tambores, están redoblando marchas fúnebres camino de la tumba.» Cada momento que vivimos es un avance hacia la tumba. Pero, este Libro me dice que, si soy convertido, cuando muera me recibirá un cielo de gozo y amor; los ángeles me esperarán con sus brazos abiertos, y yo, llevado por las potentes alas de los querubines, sobrepasaré al rayo, y me remontaré más allá de las estrellas, al trono de Dios, para morar allí para siempre.
«Lejos de un mundo de pecado y dolor,
Moraré allí siempre con Dios.
¡Oh!, esto hace que mis ojos derramen lágrimas tibias, esto hace que mi corazón se vuelva demasiado grande para mi pecho, y mi cerebro gire ante el solo pensamiento de:
«Jerusalén, mi hogar feliz,
Tu nombre es siempre dulce para mí.»
¡Oh!, esa dulce escena más allá de las nubes; dulces campos revestidos de verde vivo y ríos de delicia. ¿No son éstas cosas grandiosas? Pero entonces, pobre alma no regenerada, la Biblia dice que, si tú estás perdido, tú estás perdido para siempre; te dice que si mueres sin Cristo, sin Dios, no hay esperanza para ti; que hay un lugar sin ningún rayo de esperanza, donde leerás grabado con letras de fuego: «conocías tu deber, pero no lo cumpliste». Te dice que serás echado de Su presencia con un: «Apartaos de mí». ¿Acaso no es grandioso todo esto? Sí, señores, tanto como el cielo es deseable y el infierno aborrecible, el tiempo breve y la eternidad infinita, como el alma es preciosa, el dolor debe ser evitado y el cielo debe ser buscado, como Dios es eterno y como Sus palabras son ciertas, estas cosas son grandiosas; son cosas que ustedes deben escuchar.
III. Nuestro último punto es: EL TRATO QUE LA POBRE BIBLIA RECIBE EN ESTE MUNDO. La Biblia está considerada como una cosa extraña. ¿Qué quiere decir que la Biblia sea considerada como una cosa extraña? En primer lugar, quiere decir que es completamente ajena a muchas personas porque nunca la leen. Recuerdo que, en cierta ocasión, yo estaba leyendo la sagrada historia de David y Goliat, y estaba una persona presente, bastante entrada en años, quien me dijo: «¡Dios mío! Qué historia tan interesante; ¿en qué libro está?»
También me viene a la memoria otra persona que, hablando conmigo en privado, yo le hablé acerca de su alma, y ella me dijo cuán profundo era su sentimiento, ya que tenía enormes deseos de servir al Señor, pero encontraba otra ley en sus miembros. Yo abrí la Biblia en Romanos y le leí: «Porque no hago el bien que quiero; sino el mal que no quiero, eso hago.» «¿Está esto en la Biblia?», preguntó ella, «yo no sabía eso.» No la culpé por su falta de interés en la Biblia hasta ese momento, pero me parecía difícil encontrar personas que no supieran absolutamente nada acerca de tal pasaje. ¡Ah! Ustedes saben más acerca de los libros de contabilidad de sus negocios que de la Biblia; más acerca de los diarios de sus vidas que de lo que Dios ha escrito. Muchos de ustedes pueden leer una novela de principio a fin, y, ¿qué provecho sacan de eso? Un bocado de pura espuma al haberla terminado.
Pero no pueden leer la Biblia; este manjar sólido, perdurable, sustancioso y que satisface, permanece sin ser probado, guardado en la alacena del abandono; mientras que todo cuanto escribe el hombre, el plato del día, es devorado con avidez. «Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.» Ustedes nunca la han leído. Tengo esa dura acusación contra ustedes. Tal vez ustedes responden que no debo culparlos por una cosa así; pero siempre pienso que más vale tener una peor opinión de ustedes, que una opinión demasiado buena. Los culpo de esto: ustedes no leen su Biblia. Algunos de ustedes nunca la han leído completa, y su corazón les dice que lo que estoy diciendo es verdad. No sois lectores de la Biblia. Ustedes afirman que tienen una Biblia en la casa: ¿acaso pienso que son tan paganos que no tienen una Biblia en la casa? Pero, ¿cuándo fue la última vez que la leyeron? ¿Cómo saben que los lentes que perdieron hace tres años no están en el mismo cajón que la Biblia? Muchos de ustedes no han leído ni una sola página desde hace mucho tiempo, y Dios podría decirles: «Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.»
Hay otros que leen la Biblia, pero cuando la leen, dicen que es terriblemente árida. Aquel joven que está allá opina que es muy «aburrida»; ésa es la palabra que usa. Él nos cuenta: «mi madre me dijo, cuando vayas a la ciudad, lee un capítulo cada día. Y yo se lo prometí para complacerla. Ojalá no lo hubiera hecho. No leí ningún capítulo ni ayer ni anteayer. Estuve muy ocupado. No pude evitarlo.» Tú no amas la Biblia, ¿verdad? «No, no encuentro en ella nada interesante.» ¡Ah!, eso es lo que yo pensaba también. No hace mucho tiempo yo no podía ver nada en ella. ¿Sabes por qué? Porque los ciegos no pueden ver. Pero cuando el Espíritu tocó las escamas mis ojos, estas se cayeron, y cuando Él pone colirio en los ojos, entonces la Biblia se vuelve preciosa.
Recuerdo a un ministro que fue un día a visitar a una señora ya anciana y se propuso llevarle el consuelo de algunas de las preciosas promesas de la Palabra de Dios. Buscando, encontró en la Biblia de señora, escrito al margen, una «P», y preguntó: «¿Qué significa esto?» «Esto quiere decir preciosa», señor.» Poco más adelante descubrió una «P» y una «E» escritas juntas, y le volvió a preguntar su significado, y ella le respondió: esto, quiere decir ‘probada y experimentada’, porque yo la he probado y la he experimentado». Si ustedes han probado y experimentado la palabra de Dios, si es preciosa para sus almas, entonces ustedes son cristianos; pero esas personas que desprecian la Biblia, «no tienen parte ni suerte en este asunto». Si les parece árida, ustedes estarán áridos al fin en el infierno. Si no la estiman como algo mejor que su alimento diario necesario, no hay ninguna esperanza para ustedes, porque carecen de la evidencia más grande de su cristianismo.
Pero, ¡ay!, ¡ay!, lo peor está por venir. Hay personas que odian la Biblia, y también la desprecian. ¿Acaso tenemos algunas de esas personas aquí? Algunos se habrán dicho: «vayamos y oigamos lo que tiene que decirnos ese joven predicador.» Pues bien, esto es lo que tiene que decirles: «Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced.» Esto es lo que tiene que decirles: «los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios.» Y también tiene que decirles esto: «en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias.» Pero más aún, les dice hoy que si quieren ser salvos, deben encontrar la salvación aquí.
Por lo tanto, no menosprecien la Biblia: escudríñenla, léanla, vengan a ella. Ten la seguridad, oh burlador, que tus carcajadas no pueden alterar la verdad, ni tus burlas te pueden librar de la condenación inevitable. Aunque en tu dureza hicieras un pacto con la muerte y firmaras un tratado con el infierno, aun así, la veloz justicia te alcanzará, y la poderosa venganza te derribará. En vano te burlas y te mofas, pues las verdades eternas son más poderosas que todos tus sofismas; tus ingeniosos dichos no pueden alterar la verdad divina de una sola palabra de este volumen de Revelación.
¡Oh! ¿Por qué altercan con su mejor amigo y maltratan su único refugio? Aun hay esperanza para el burlador. Esperanza en las venas del Salvador. Esperanza en la misericordia del Padre. Esperanza en la obra omnipotente del Espíritu Santo.v Una palabra más y terminaré. Mi amigo, el filósofo, dice que está muy bien que yo exhorte a la gente a leer la Biblia; pero que hay otras muchas ciencias grandiosas más interesantes y útiles que la teología. Muy agradecido, señor, por su opinión. ¿A qué ciencia se refiere usted? ¿A la ciencia de disecar escarabajos y coleccionar mariposas? «No, ciertamente no es a ésa.» ¿A la ciencia de analizar las rocas y de tomar muestras de la tierra y hablarnos de sus diferentes estratos? «No, tampoco a esa precisamente.» ¿A qué ciencia, pues? Él me responde: «todas las ciencias en general son más importantes que la Biblia.» ¡Ah!, señor, ésa es su opinión, y habla de esa manera porque está lejos de Dios. Pues la ciencia de Jesucristo es la más excelente de las ciencias. Que nadie deje la Biblia porque no es un libro culto y de sabiduría. Lo es. ¿Quisieran saber de astronomía? Está aquí: Ella habla del Sol de Justicia y de la Estrella de Belén. ¿Quieren saber de botánica? Está aquí: Ella habla de unas plantas de renombre: el Lirio de los Valles y la Rosa de Sarón. ¿Quieren saber de geología y mineralogía? Pueden aprender eso en la Biblia: pueden leer acerca de la Roca de los Siglos y de la Piedrecita Blanca con un nombre nuevo grabado, el cual ninguno conoce, sino aquel que lo recibe. ¿Quieren estudiar historia? Aquí están los anales más antiguos del género humano. Cualquiera que sea la ciencia de que se trate, vengan y búsquenla en este libro. Esa ciencia está aquí. Vengan, y beban de esta hermosa fuente del conocimiento y de la sabiduría, y descubrirán que serán hechos sabios para salvación. Sabios e ignorantes, niños y hombres, caballeros de cabellos blancos, jóvenes y muchachas, a ustedes les hablo, les pido y les suplico: respeten la Biblia y escudríñenla, porque a ustedes les parece que en ella tienen la vida eterna, y ella es la que da testimonio de Cristo.
He terminado. Vayamos a casa y pongamos en práctica cuanto hemos oído. Conozco a una señora que, cuando se le preguntó sobre lo que recordaba del sermón del pastor, dijo: «No recuerdo nada del mismo. Tenía que ver con pesas falsas y medidas fraudulentas, y yo no recordé nada excepto que cuando llegué a casa tenía que quemar mis medidas de grano.» Así que si recuerdan cuando lleguen a sus casas quemar sus medidas, si recuerdan cuando lleguen a sus casas leer la Biblia, yo habré dicho lo suficiente. Quiera Dios, en Su infinita misericordia, cuando lean la Biblia, poner en sus almas los rayos iluminadores del Sol de Justicia, por la obra del siempre adorable Espíritu; de este modo, todo cuanto lean será de provecho y para salvación.
Podemos decir de la Biblia que es:
«¡Es el escaparate del consejo revelado!
En donde la felicidad y el dolor están colocados de tal manera
Que todo hombre sabe qué le corresponderá
Si interpreta todo correctamente.
Es el índice de la eternidad
No podrá de dejar de recibir la eterna felicidad
Quien se guíe por este mapa,
Ni puede equivocarse quien hable por él.
Es el libro de Dios. Quiero decir
El Dios de los libros, y pido que el que mire
Con enojo esa expresión, como demasiado aventurada,
Ahogue sus pensamientos en silencio, hasta encontrar otra.»