2/13 – Parábola del trigo y la cizaña

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

2/13 – Parábola del trigo y la cizaña

David Barceló

 

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

El engaño tras los derechos de los animales

El Amor que Vale

El Punto de Vista Mundial Cristiano

El engaño tras los derechos de los animales

Adrian Rogers

Proverbios 12:10 dice: “El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel”. “Jamás nunca estaremos a favor del maltrato o crueldad de ningún animal. Ahora bien, es irónico ver cómo muchos defienden a los animales, y sin embargo, estos mismos amenazan con quitarle la vida a bebes en el vientre de sus madres. Para ellos, la vida de un animal es más valiosa que la de un ser humano.

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

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Sola Fide: Justificación

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Sola Fide: Justificación

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Continuando nuestro estudio sobre los temas básicos de la Teología Reformada, recordarán que en nuestra última sesión vimos el principio formal de la Reforma Protestante – la doctrina de Sola Scriptura. Y hoy estaremos viendo lo que los historiadores llaman la causa material de la Reforma – la controversia central sobre la cual se desencadenó todo el debate, me refiero a la doctrina de Sola Fide.

Y el término sola fide contiene la palabra sola, lo que significa solamente, y fide es la palabra para fe que proviene de fidelis. Como el lema de la Infantería Marina estadounidense: semper fi de semper fidelis, o el himno Adeste Fidellis, Venid Fieles Todos.

Sola Fide significa solamente por fe, y esta fue la afirmación central de Martín Lutero que provocó la gran controversia del siglo dieciséis. Y él respondía a la pregunta: «¿Cómo se justifica una persona delante de Dios?». Ahora bien, antes de dar una breve exposición de la doctrina de la justificación solo por fe, quiero tomar unos minutos… para recapitular sobre la urgencia que los maestros reformadores tenían con este tema.

Ellos no pensaban que el debate sobre justificación fuera un argumento de algún punto sutil de la teología en el que los teólogos se reunieran y discutieran asuntos secundarios y demás, sino que estaban convencidos de no solo la verdad de la justificación solo (solo) por fe, sino que también creían que era de vital importancia. Lutero decía que la justificación solo por fe es el artículo sobre el que la iglesia se mantiene o cae.

Ahora podemos ver eso desde el punto de vista del Siglo XX tal vez como una exageración o como una sobrevaloración, pero yo solo estoy mencionando a esta altura, que era claramente la convicción de Lutero de que esta doctrina era muy importante ya que tocaba el corazón y el alma del evangelio mismo.

Y de nuevo, es la afirmación de Lutero que la justificación es el artículo sobre el cual la iglesia se sostiene o cae, y es el artículo sobre el que se sostiene o cae porque es el artículo que nosotros entendemos que nos revela cómo somos redimidos.

Calvino adoptó una visión similar de la importancia de la doctrina. Él utilizó una metáfora diferente. Dijo que la justificación solo por fe es la bisagra sobre la cual todo gira en la vida cristiana. En nuestros días J.I. Packer, en su prefacio a la obra de Buchanan del Siglo XIX sobre la justificación, utiliza otra llamativa metáfora en la que compara la doctrina de la justificación solo por fe con la figura mitológica de Atlas, cuya tarea consistía en llevar el mundo en sus hombros. Y lo que el Dr. Packer estaba diciendo con esta analogía era que, así como Atlas tuvo que sostener el mundo, así la doctrina de la justificación solo por fe es la que mantiene todo lo demás en pie.

Bueno, la controversia tal como la conocemos encendió chispas y terminó quizás, no quizás, sino ciertamente, en la fragmentación más grave y seria de la cristiandad en la historia de la iglesia y se convirtió en la controversia más volátil de todos los tiempos.

Ahora bien, antes de entrar en una exposición de esto me gustaría leer un comentario de Martín Lutero, un par de comentarios de Lutero, en primer lugar, un comentario ampliado de su opinión de la importancia de la misma, y, en segundo lugar, en los últimos años de Lutero, un comentario de su profunda preocupación acerca de que la recuperación de la doctrina bíblica de la justificación solo por fe sería de corta duración.

Primero sus comentarios ampliados sobre la importancia de la misma. Él dijo: «Esta doctrina es la cabeza y la piedra angular. Sólo ella engendra, nutre, construye, preserva y defiende la iglesia de Dios. Y sin ella, la iglesia de Dios no podría existir…ni una hora». Y otra vez dijo: «El artículo de la justificación es el maestro y el príncipe, el señor, el gobernante y el juez sobre todo tipo de doctrinas. Este preserva y gobierna toda la doctrina de la iglesia, y hace crecer nuestra conciencia delante de Dios. Sin este artículo, el mundo está en muerte absoluta y en oscuridad. Ningún error es tan malo, tan torpe y tan gastado de no ser supremamente agradable a la razón humana y de seducirnos si estamos sin el conocimiento y la contemplación de este artículo».

Y luego, como he dicho, en sus últimos años Lutero hizo esta observación: «Son pocos los que conocen y entienden este artículo, y yo lo trato una y otra vez, porque temo mucho que, después de que nuestras mentes se hallan puesto a descansar, esto pase al olvido y vuelva a desaparecer. Y, en efecto, no podemos comprender o agotar a Cristo, la justicia eterna, con un sermón o pensamiento, o para aprender a apreciar que él es una lección eterna, no seremos capaces de terminar ya sea en esta vida o en la venidera».

Ahora, si puedo añadir mi propia observación personal a las de Lutero, Calvino y Packer, sería esto creo que la doctrina de la justificación solo por fe es, de todas las doctrinas de la Teología Sistemática, es relativamente la más fácil de entender con la mente. No es tan complicada o misteriosa o difícil, que solo los expertos especializados en teología pueden entenderla.

Pero llevar la doctrina de nuestras cabezas a nuestro torrente sanguino es algo totalmente distinto, porque una cosa es entender una doctrina, y otra muy distinta es tenerla como el aspecto que controla la fe por la cual vivimos ante Dios.

Y otra cosa que quiero decir antes de proceder a una exposición es que no somos salvos por una doctrina. No es la fe en la doctrina de la justificación solo por fe lo que redime a una persona. Es el contenido al que la doctrina apunta, lo que es tan central y crucial para nuestra salvación. De nuevo, preguntamos ¿por qué? La pregunta fundamental que la doctrina de la justificación está tratando de responder, y triunfa en ese intento, es la pregunta: ¿cómo puede una persona pecadora sobrevivir al juicio final de un Dios justo y santo?»

Y tan pronto hacemos esa pregunta, vemos de inmediato por qué es un tema de gran importancia, no sólo se trata de poner puntos a las íes o acentos o de aprobar un examen en teología sistemática, sino que es el hecho de cómo vamos a presentarnos ante Dios.

Recordamos la angustia y patetismo de David y lo patético de su pregunta, «JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Y fue una pregunta retórica, porque David entendió la respuesta a esa pregunta. Él estaba experimentando algo que todos debemos experimentar, cuando nuestra conciencia nos alerta de la presencia de pecado en nuestras vidas.

Él diría oh, Dios, si guardas un registro, si grabas todo, y si llevas todo esto a juicio, ¿quién podrá mantenerse? Y la respuesta es obviamente ¿qué? Nadie puede mantenerse.

Ayer tuve una conversación con un amigo mío que es judío y él me estaba haciendo preguntas acerca del cristianismo. Él quería saber cuál es la diferencia básica entre la fe cristiana y su propia… formación religiosa. Y yo le dije, ¿qué haces con tu culpabilidad? Y comenzó a titubear y dijo bueno, supongo que solo tengo que seguir intentando más duro, el obedecer las leyes para mantenerme kosher (limpio), y arrepentirme cuando hago mal. Entonces fui más allá y le dije bien,

¿cómo te va a perdonar Dios… si no se ha hecho otra expiación que no sea más que los sacrificios de toros y machos cabríos? Y eso nos llevó a una larga discusión sobre el mismo corazón del evangelio, porque la buena nueva es que Dios, según el apóstol Pablo, es a la vez justo y justificador de personas pecadoras.

Ahora, veamos esos conceptos, ya que exponen en conjunto que Dios es justo y justificador. Pablo dice que estos conceptos tienen que estar claros en nuestra mente si queremos entender el evangelio del Nuevo Testamento. El evangelio no dice que Dios simple y unilateralmente declara el perdón a todos en el mundo.

Ciertamente, la doctrina de la justificación incluye la doctrina de la divina misericordia y del perdón de los pecados. Eso es muy importante para nosotros, y expone ante nuestros ojos a un Dios que es un Dios perdonador. Recuerdo que cuando yo era un estudiante en Holanda, tenía gran dificultad tratando de aprender un idioma extranjero para hacer mis estudios de doctorado, y uno de los mayores problemas que tuve fue el mismo tipo de problemas que todos tenemos cuando aprendemos otros idiomas, y es, el aprendizaje de las expresiones idiomáticas de una nación o de cada lenguaje particular.

Alguien me estaba hablando el otro día y me dijo bueno yo no le doy “mente” a eso. Y una de las personas que estaba cerca de mí, era un invitado extranjero, que había aprendido español, y estaba completamente aturdido por esa expresión – no dar “mente” a eso. Dijo: Pero ¿qué significa eso? Y tuvimos que explicarle las peculiaridades de esa extraña frase. Pues uno de los modismos que me enredó, cuando fui a Holanda, fue una expresión idiomática usada por uno de mis profesores cuando estaba hablando de cómo Dios responde al pecado de los seres humanos, y él dijo: Dios no mira al pecado a través de sus dedos. Y eso me paró en seco. Jajaja

Le dije que no tenía idea de lo que estaba diciendo que Dios no mira nuestros pecados a través de Sus dedos. No fue hasta mucho después, cuando trataba de aprender más vocabulario leyendo las novelas de detectives en holandés que leí un episodio en el caso de Perry Mason donde un policía estaba hablando con un hombre que estaba mal estacionado pero que tuvo una urgencia para hacerlo y el policía le estaba hablando de otra cosa y quería que el hombre lo acompañara a algún lugar y el hombre le dijo bueno, no puedo dejar mi auto acá, ¿me vas a poner una multa por estacionar acá. Y el policía dijo oh, no te preocupes. Voy a mirar a través de mis dedos.

Ah, la expresión es hacernos de la vista gorda. Y el punto es que cuando Dios, en su misericordia, ofrece el perdón a aquellos de nosotros que somos culpables delante de Él, todo el proceso del perdón divino no significa que Dios se hace de la vista gorda del pecado y por lo tanto y con eso pone en peligro su propio carácter justo o su justicia.

Su manera de justificar a los culpables es trabajando desde toda la eternidad, de tal manera que Dios mismo permanece justo. Pero, de nuevo eso nos lleva a la pregunta original.

Si Dios es justo y yo no lo soy, y tengo que hacer frente a su justo juicio, ¿cómo puedo estar de pie? Lo que estoy necesitando, con desesperación, por toda la eternidad es, ser justificado. Ahora, lo que la Biblia dice es que Dios es tanto justo y el justificador, por lo que la forma en la que Él opera Su justificación será sin comprometer Su propia justicia.

Y el segundo punto aquí que es tan crucial es que es Dios el que da la justificación. Ahora no es difícil de entender que las implicaciones están claras, ¿cierto? Si Dios es quien justifica, ¿qué nos dice eso acerca de nuestra capacidad para justificarnos nosotros mismos?

No puedo hacer nada para justificarme, ni nadie más puede justificarme en este mundo, ni la iglesia puede justificarme. Es Dios, y solo Dios quien puede pronunciar el veredicto final de mi justificación o mi falta de ella. Así que en primera instancia los Reformadores del Siglo XVI insistieron en que la justificación es forense, (legal o judicial) y por eso se enseñaba lo que se llama justificación forense. Ahora, este término es un término que no se usa comúnmente en la iglesia.

El lugar más frecuente donde escuchamos la palabra forense es en juicios penales, o en Perry Mason, o en algún juicio famoso, o donde escuchemos acerca de patología forense o evidencia forense, o tenemos forenses estatales que se involucran en competencias de debates y discursos públicos, etc., porque el término forense aquí tiene que ver con algún tipo de anuncio o pronunciamiento en el campo de la ley.

Así que cuando hablamos acerca de la justificación como algo forense, entendemos por eso que, en el análisis final, Dios nos justifica cuando Él declara, pronuncia, que delante de Él somos nosotros declarados, considerados, juzgados como justos.

Entonces, justificación forense implica que Dios declara a una persona: siendo justa Delante de Él. Y como digo, es una declaración legal por la cual Dios declara a una persona justa. Ahora, yo usé una serie de palabras hace un momento que quiero desarrollar. Dije que Él nos juzga, declara, o considera, o reconoce, o nos cuenta como justos.

Ahora, para sostener esto tenemos que hacer una incursión pequeña en el latín simple, el cual hemos explicado en otros cursos, pero lo vamos a volver a repetir. La recopilación de Lutero de la suma y la sustancia de la doctrina de la justificación solo por fe está en su famoso lema, simul iustus et peccator. Simul, la palabra de la cual proviene en español simultaneo; iustus es la palabra para justo; et es la palabra para y peccator – la obtenemos de la palabra impecable o peccadillo, y así sucesivamente – es la palabra para pecador.

Así que lo que Lutero está diciendo es que en la doctrina de la justificación solo por fe lo que está sucediendo ahí es que los que son justificados son, al mismo tiempo, justos y pecadores. Ahora, aquí Lutero no está entrando en contradicción. Él no dice que somos justos y pecadores al mismo tiempo y en la misma relación.

En otras palabras, es un sentido diferente el que somos justos al sentido en el cual somos pecadores. Ahora, la buena noticia del evangelio, según Lutero, es precisamente en este punto, que lo que Lutero está diciendo es que la gloria del evangelio es que Dios declara a la gente justa aun cuando son pecadores, que Él declara a una persona justa ante Sus ojos y ante su ley, aun cuando bajo escrutinio son aun pecadores.

Ahora bien, es ese juicio de declarar a alguien justo. que de por sí no es justo lo que crea gran parte de la controversia sobre la doctrina y que ha llevado a algunos críticos de la Reforma a decir que los Reformadores postularon una ficción legal que hace a Dios culpable de mentir diciendo que alguien es justo, cuando en realidad no lo es.

Pero el concepto bíblico de la justificación descansa en Dios ajustando cuentas o declarando a la gente a ser algo que en sí y por sí mismos no son. Esto nos lleva de nuevo al libro del Génesis, el capítulo 15 de Génesis, cuando Dios hizo ciertas promesas al patriarca Abraham.

Y el autor de Génesis nos dice que Abraham “creyó a Jehová y le fue contado por justicia”. Y lo que Pablo dice en el Nuevo Testamento es el mismo concepto por el cual Dios cuenta o considera a la gente que ponen su confianza en Cristo como siendo justos, no porque su fe expía todos sus pecados o porque su fe es una forma suprema de justicia que cubre todas nuestras injusticias, sino más bien, la razón por la que Dios nos considera justos es a causa de la obra de Cristo a nuestro favor.

Y así llego a la conclusión de esta introducción a la doctrina de la justificación, que vamos a continuar en nuestra próxima sesión, diciendo que realmente la expresión de la justificación solo por fe es la síntesis teológica para la justificación solo por Cristo, porque el asunto fundamental es el siguiente: ¿Sobre la base de la justicia de quién, Dios declara a alguien justo?

Y la Reforma respondió eso claramente, que el único motivo por el que Dios siempre me va a ver como justo es en base a la justicia de alguien más: la justicia de Cristo.

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¡Porque Él venció hay esperanza!

Mujer Para la Gloria de Dios

¡Porque Él venció hay esperanza!

 

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1/13 – Parábola del Sembrador

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

1/13 – Parábola del Sembrador

David Barceló

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

4/4 – LA MÚSICA DEL MATRIMONIO

El Amor que Vale

Serie: Un futuro para la familia

4/4 – LA MÚSICA DEL MATRIMONIO

Adrian Rogers

La verdadera intimidad implica conocerse y amarse profundamente, esa es la suprema meta del matrimonio. El pastor Adrián Rogers explica cuatro cosas muy significativas para que haya “música en su matrimonio”, y que tienen que ver con la forma en que marido y mujer se comunican entre sí.

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

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Sola Escritura

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La Biblia dice que todos los hombres son mentirosos, y me consta, por lo menos en mi caso, según vimos esto en la última sesión, concluí la última sesión diciendo que a partir de ahora solo íbamos a considerar los distintivos de la teología reformada. Y en las próximas dos sesiones estudiaremos la doctrina de Sola Scriptura y la Sola Fide, como ya lo he mencionado, son doctrinas cruciales que tienen en común los evangélicos, en sus tradiciones. Así que mentí. No mentí intencionalmente, pero me equivoqué. No quiero dejarles con la impresión de que la doctrina de Sola Scriptura es un principio distintivo o teológico reformado singular. Es parte de ese grupo de verdades que tenemos en común con el evangelicalismo histórico.

Dicho esto, veamos a continuación el principio que los historiadores llaman el Principio Formal de la Reforma Protestante: Sola Scriptura. En cierto sentido, este concepto nació públicamente en la famosa confrontación que Lutero tuvo con los jefes de Estado y de la iglesia en la Dieta de Worms, en el cual Lutero fue llamado a retractarse de su enseñanza, y recuerdan esa ocasión cuando se presentó en ese lugar solemne, y dijo: «Si no me convencen con la Sagrada Escritura o por la razón evidente, yo no puedo retractarme porque mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios.

Y actuar contra la conciencia», dijo Lutero, «no es ni seguro ni saludable.  Aquí estoy. Dios me ayude». Ahora, eso ha sido perpetuado en el cine tradicional, en la historia en libros y así sucesivamente. Pero, aunque este fue el debut en público en un sentido histórico en Worms, no fue un concepto que apareció con Lutero. Lutero había sido más o menos obligado a decir esto en debates anteriores con algunos de los teólogos que trataban de persuadirlo a cambiar su punto de vista. Él había dicho antes, que era posible que los Papas se equivoquen, que cometan errores, aún los concilios de la iglesia podían equivocarse, que la única fuente de revelación divina absolutamente autoritativa es la Escritura misma. Y así tenemos esta palabra ‘sola’ colocamos antes de la palabra Scriptura y la frase significa simplemente por la Escritura sola. Ahora, ¿qué significa esto? ¿Cuál es el punto de vista que nos preocupa aquí con el uso de la palabra «sola»?

En realidad, hay más de una observación, aunque todas están interrelacionadas entre sí. En primer lugar, una de las disputas a nivel del siglo XVI fue el tema de la fuente de la revelación divina. Todos los cristianos en el Siglo XVI creían que el cristianismo era una fe revelada cuyo contenido provenía de Dios, y ambos lados de la disputa —Roma y el protestantismo— en el siglo XVI estaban de acuerdo en que había al menos dos formas distintas donde Dios se revela a sí mismo. Una es en la naturaleza, que se llama revelación natural o revelación general donde los cielos cuentan la gloria de Dios, y la otra, por supuesto, es la Biblia.

Ahora ambas partes acordaron que la Biblia era la revelación. Y ambas partes acordaron que la naturaleza también es reveladora. Pero la disputa sobre «sola» era si había más de una fuente en lo que llamamos revelación especial. Y el Movimiento protestante dijo que solo hay una fuente en lo que se llama revelación especial o escrita, y ésta es la Escritura, en cambio Roma confesó su confianza en dos fuentes de la revelación especial: Escritura y tradición.

He hablado de esto en otros cursos, pero quiero revisar la secuencia de esto ahora en el contexto del estudio de la esencia de la Teología Reformada. En el Concilio de Trento del siglo XVI, el cual fue la respuesta de la Iglesia de Roma a Lutero y al protestantismo, el Concilio se realizó en distintas sesiones en diferentes momentos durante algunos años, y en la cuarta sesión del Concilio de Trento, la Iglesia de Roma declaró que las verdades de Dios se encontraban en las Escrituras y en la tradición.

La palabra latina que está en el texto final del Concilio de Trento y que vincula la Escritura y la tradición es una palabra un tanto llana y simple: et, Se trata simplemente de la palabra latina equivalente a ‘y’. Bueno, esta es una discusión complicada ya que un erudito anglicano del siglo 20 estaba haciendo su investigación de tesis doctoral, y él se estaba basando en la cuarta sesión del Concilio de Trento, la cual terminó de forma inesperada y abrupta debido al estallido de la guerra en el continente y habían quedado algunos cabos sueltos, y algunas cosas difíciles de explicar a partir de los debates que se iniciaron en ese momento.

Y lo que este erudito anglicano observó fue que en el primer borrador de la cuarta sesión del Concilio de Trento. La declaración fue hecha en latín, que la verdad de Dios está contenida en parte, partim, en parte en la Escritura y en parte en la tradición, lo que indicaría claramente que hay dos fuentes distintas y separadas para la doctrina de la iglesia: una viene de la Biblia, y la otra de la tradición histórica de la iglesia.

Ahora, cuando el primer borrador se presentó al Consejo dos sacerdotes que eran delegados en el Consejo se pararon y protestaron por el lenguaje. No sé por qué recuerdo sus nombres, pero sus nombres fueron Bonuccio y Noccianti. Estos dos sacerdotes italianos protestaron por el lenguaje diciendo que socavaba la suficiencia de la Escritura. Y allí el registro se detiene, y no sabemos lo que ocurrió después en los nuevos debates acerca de su objeción.

Todo lo que sabemos es que en el borrador final había un cambio. Y las palabras partim, partim, que claramente indicaban una doble fuente de revelación especial fueron tachadas, y en su lugar se usó la palabra et, que pudiera o no significar dos fuentes separadas. La palabra «y» aquí es un poco ambigua, ¿no creen?

Porque si me preguntan: «¿dónde encuentra usted la fe reformada?», yo diría, » pueden encontrarla en dos lugares. La pueden encontrar en la Biblia, o la pueden buscar en las confesiones que aparecen en la historia de la Iglesia tratando de resumir la Doctrina Reformada».

En la medida en que esos credos son consistentes con la Biblia, lo están repitiendo, y solo es otro lugar donde ir para encontrarlo. La iglesia puede haber querido decir que en primer lugar nos encontramos con la verdad de Dios en las Escrituras y luego tal como se nos presenta de nuevo en los concilios históricos o en los decretos de la iglesia; ese es el otro lugar donde se puede buscar, donde alguien podría decir, y aún sostener la Sola Scriptura.

Ahora, ese debate continúa hasta el día de hoy entre los estudiosos católicos contemporáneos en cuanto a si su iglesia tiene el compromiso de dos fuentes o una. Por desgracia, hay conservadores en la iglesia que dijeron que el cambio de partim, partim desde partim, partim a et no era una modificación de fondo, sino simplemente un cambio de estilo, y que la iglesia estaba claramente confirmando en el siglo XVI dos fuentes de revelación escrita.

Ahora, a pesar de que este debate aún continúa, fue más o menos resuelto por una encíclica papal en el Siglo 20, el cual se refiere inequívocamente a las dos fuentes de la revelación, ese ha sido la corriente principal de pensamiento en la Iglesia romana desde el Siglo XVI, que las verdades que se fundan en la tradición de la iglesia son tan obligatorias para las conciencias de los creyentes como las verdades de las Escrituras.

Mientras que en la herencia protestante el principio de semper reformanda es, es abrazado casi por todos los protestantes, esto es que, la iglesia está siempre llamada a someterse a la reforma y a revisar sus propios credos y confesiones para asegurarse de que están en conformidad con la Sagrada Escritura.

Y prácticamente las iglesias protestantes que tienen un credo o confesión que es única para su comunión se esforzaran en decir que sus propias confesiones no son infalibles y que no llevan el peso de la Escritura, excepto en la medida en que reproducen fielmente las doctrinas de la Escritura, porque se afirma el principio general, a saber, que solo la Biblia es la fuente escrita que tiene la autoridad de Dios mismo, la autoridad para obligar a nuestras conciencias de manera absoluta.

Y aunque estamos llamados a someternos a autoridades menores y respetar otras autoridades. En mi propia Iglesia estoy llamado a someterme a la autoridad del presbiterio o a la Asamblea de la iglesia local. Hay todo tipo de niveles de autoridad, y se me ha dicho que, si conscientemente veo que no puedo someterme genuinamente, entonces es mi deber retirarme de esa comunión en paz.

Pero por lo demás no debo perturbar la paz de la iglesia, actuando en conflicto directo con las confesiones o con el gobierno de la iglesia. Sin embargo, al mismo tiempo, la iglesia dice: sabemos que nuestras confesiones pudieran estar equivocadas y algunas ordenanzas de la iglesia posiblemente pudieran estar incorrectas, pero esto es lo que creemos que es la verdad y durante el tiempo que vamos a servir aquí tenemos esta obligación de someternos. No hay nada en Sola Scriptura que elimine otras autoridades, pero lo que dice es que solo hay una autoridad que puede atar a la conciencia de manera absoluta, y que esa es: la Sagrada Escritura, y que todas las controversias sobre la doctrina y la teología deben ser resueltas en el análisis final por la Escritura.

Ahora bien, hay otros aspectos, como ya he dicho, sobre esta sola, además del asunto de ser la única fuente de revelación escrita y segundo la única autoridad que puede obligar absolutamente pero no la única autoridad en absoluto, pero también estaba involucrada en esta afirmación del siglo XVI una clara afirmación de que la Biblia es la Vox Dei o la Verbum Dei, la palabra de Dios, o la voz de Dios siendo infalible e inerrante, ya que llega a nosotros por la superintendencia de Dios, el Espíritu Santo, que la Biblia es inspirada en el sentido de que su autor es, en última instancia, Dios.

A pesar de que se transmite a través de escritores humanos, la fuente última de su verdad y de su contenido proviene de Dios, y Dios, por supuesto, es infalible. Los escritores humanos en sí mismos son falibles, pero el punto de vista del protestantismo histórico fue que Dios ayudó en las debilidades de nuestra humanidad caída para que se preserve la Biblia de la corrupción que normalmente se esperaría encontrar en los escritos de los seres humanos por su superintendencia divina y por el ministerio especial del Espíritu Santo.

Y que a pesar de que la Biblia llega a nosotros en palabras humanas, y por autores humanos, se considera que es de origen divino. Ahora me doy cuenta de que a la luz de la controversia hoy en día sobre la infalibilidad de la Escritura, la inspiración de la Escritura y la inerrancia de la Escritura, palabras que han engendrado todo tipo de controversia teológica, están aquellos que han protestado en voz alta de que la idea misma de Escritura infalible o inerrante no era algo que se enseñaba y se abrazaba por los reformadores del siglo XVI, sino que fue el resultado de la intromisión de un tipo de Escolasticismo Protestante que aconteció en el siglo XVII y que se llamó la Edad de la Razón, donde estos racionalistas estaban tan preocupados por la certeza de que tenían casi una necesidad psicológica o emocional por la certeza en tal medida que se inventó este concepto de la inerrancia y la infalibilidad.

Bueno, ahora que el tema no es directamente un asunto de si la Biblia es infalible, es un asunto de dónde viene la doctrina. Es un tema histórico. ¿Será esto algo que fue inventado en el siglo XVII o en el siglo XVI?

Déjenme tomar unos momentos para leerles simplemente algunas citas de los reformadores magistrales del siglo XVI y decidan por ustedes mismos. Estas son algunas observaciones que vienen de la pluma de Martín Lutero que he incluido en mi libro. Lutero dice esto: Cita: «El Espíritu Santo mismo y Dios, el Creador de todas las cosas es el autor de este libro».

Otra cita: «La Escritura, aunque también es escrita por hombres no es de hombres, ni viene de hombres, sino de Dios». Una vez más, «Aquel que no lea estas historias en vano sostiene firmemente que la Sagrada Escritura no es sabiduría humana, sino divina». Otra vez, «La palabra debe permanecer, porque Dios no miente. Y el cielo y la tierra se arruinarán antes que la ‘j’ o una tilde de Su Palabra no se cumpla.” Y entonces cita a Agustín. «San Agustín dice en su carta a San Jerónimo, Cita: ‘he aprendido a tener sólo la inerrante Sagrada Escritura’». No es que Lutero esté citando a un erudito del siglo XVII. Lutero está citando a Agustín de finales del siglo cuarto, donde Agustín dice: «He aprendido a confiar solo en la inerrante Escritura».

Otra vez dice, «En los libros de San Agustín se encuentran muchos pasajes dichos por la carne y la sangre. Y en relación a mí mismo también debo confesar que cuando hablo aparte del ministerio en casa, en la mesa o en otra parte, hablo muchas palabras que no son la palabra de Dios. Es por esto que San Agustín, en una carta a Jerónimo, ha arrojado un hermoso axioma, que sólo la Santa Escritura ha de ser considerada inerrante».

Así que vemos que Lutero apenas cede. Otro pasaje que podía citar de Lutero es el que dice: «Las Escrituras nunca erran». Ahora, no sé si Lutero alguna vez usó la palabra inerrancia. Él solo usó la palabra inerrante.  Y dijo que la Biblia nunca se equivoca, que es la esencia misma del concepto de inerrancia. Así que creo que es una tontería tratar de argumentar que los reformadores del siglo XVI eran ajenos e indiferentes a la idea de la inspiración y la autoridad y la infalibilidad y la inerrancia de la Sagrada Escritura.

Pero otro de los puntos importantes de Sola Scriptura en el siglo XVI, que se ha convertido en un principio muy importante para el evangelicalismo histórico, fue un principio hermenéutico. Y los reformadores no solo confesaron su visión de lo que son las Escrituras y de dónde vienen, sino que también expresaron sus opiniones sobre la forma en que la Biblia debe ser interpretada y quién tiene el derecho y la responsabilidad de leerla.

Una de las cosas radicales que ocurrieron en la Reforma fue la traducción de la Biblia a la lengua vernácula, quitándola de las manos de aquellos que eran capaces de leer latín y/o griego o hebreo y poniéndola en manos de personas que solo podían leer en su lengua nativa.

Como lo hizo Lutero que tradujo la Biblia al alemán y Wycliffe la tradujo en Inglaterra al inglés y así sucesivamente, y en algunos casos la gente que hizo esto, lo pagó con sus vidas, porque el principio que se afirmaba en el evangelicalismo histórico era en primer lugar el principio de interpretación privada, lo que significa que cada cristiano tiene el derecho y la responsabilidad de leer la Biblia por sí mismo.

Y tiene el derecho de interpretarla por sí mismo. Ahora eso llegó a oídos de Roma, como consta en la cuarta sesión de Trento, lo que significa que los protestantes estaban dando licencia a los miembros de la iglesia no solo de leer la Biblia por sí mismos, sino de distorsionarla a voluntad.

Y, por supuesto, los reformadores se horrorizaron ante esa idea. Dijeron que todo cristiano tiene el derecho de interpretar la Biblia por sí mismos, pero ningún cristiano tendrá nunca derecho a malinterpretarla o distorsionarla de acuerdo a sus propios caprichos o sus propios prejuicios.

Pero el principio era que la interpretación privada se basa en otro principio que era el principio de la perspicuidad de las Escrituras, que es una palabra muy compleja. Ahora bien, Lutero dijo que hay muchas partes de la Escritura que son difíciles de manejar y que es por eso que necesitamos maestros en la iglesia y comentarios y todo eso, pero que el mensaje básico, ese mensaje que es necesario que una persona comprenda y asimile es evidente para cualquier persona que lo vea.

Y cuando Lutero habló acerca de cómo obtener la Biblia para los laicos, la iglesia dijo que, si se hace eso, se abriría una compuerta de iniquidad, porque la gente va a empezar a crear todo tipo de distorsiones horribles que es exactamente lo que pasó, pero Lutero dijo: «Si ese es el caso, y si una compuerta de la iniquidad se abre al abrir las páginas de la Biblia a la gente, que así sea».

Pero el mensaje que está claro es tan importante. Contiene el mensaje de nuestra salvación. Es tan importante y tan claro que tomaremos el riesgo de las posibles distorsiones y herejías que vengan con ello. Con tal de asegurar que el centro del mensaje de las Escrituras se oiga. Y como resultado de esta afirmación sobre la Sola Scriptura la Biblia fue puesta en la iglesia y la lectura de las Escrituras y la predicación de las Escrituras se convirtió en el centro de la liturgia y el culto del protestantismo histórico.

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1/5 – No te impacientes

Aviva Nuestros Corazones

Serie: (Salmo 37) Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento

1/5 – No te impacientes

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Si tu mundo está en crisis, Nancy Leigh DeMoss te ofrece buenas noticias.

Nancy Leigh DeMoss: El capítulo final no se ha escrito. Dios está aún en Su trono. Dios está venciendo sobre el mal de este mundo. Y cuando la última palabra sea dicha, Dios habrá obtenido la victoria.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Da la impresión de que siempre estamos oyendo de algún tipo de villano. Puede que sea un terrorista, un dictador, un magnate del entretenimiento de dudosa reputación o un ejecutivo de la Bolsa de Valores tras las rejas. Nancy te va a ayudar a pensar, desde el punto de vista bíblico, sobre aquellos que hacen lo malo en una serie llamada Salmo 37: Un corazón apacible en medio de un mundo turbulento.

Nancy: ¿Eres de las personas que en ocasiones quiere lanzarle algo al televisor cuando ves las noticias? O sea, ¿te encuentras discutiendo, debatiendo o gritando a la persona que está del otro lado de la pantalla?

Quizás no seas de las que reaccionan visiblemente, pero cuando escucho acerca de inmoralidades, violencia, crimen, abuso, terrorismo y corrupción en el mundo de hoy —muchas veces me siento abrumada.

Y pienso “¡Detengan eso! ¿Cómo puede ser? ¡Eso está mal! y quieres hacer algo al respecto. Dondequiera que miras te encuentras con autores, gente de la farándula y con políticos que —contrario a lo que dice la Palabra— promueven las atrocidades que ellos comenten. Promueven estilos de vida impíos: abortos, inmoralidad, la cultura del divorcio, filosofías feministas. Te das cuenta de que vivimos en un mundo caído que no mejora y que va cada vez de mal en peor. La oscuridad parece intensificarse cada día más.

Y no solo es en la cultura de allá afuera o en los asuntos internacionales. También a nivel personal, tenemos que lidiar con esto regularmente ya sea en nuestros hogares, en nuestros lugares de trabajo y —lamentablemente— dentro de nuestras iglesias. Déjenme leerles algunas cosas que mujeres nos han escrito vía correos electrónicos; quizás te identifiques con algunas de estas. Una mujer dijo,

“Estoy comprometida con un hombre que está luchando con su ira. Al menos una vez a la semana peleamos intensamente y —usualmente— todo empieza cuando no lleno alguna de sus expectativas. Nunca me ha golpeado, pero me maldice y trata de justificarlo con un ‘todos nos quedamos cortos.’

Por cierto, después de haber leído ese correo, me comuniqué con nuestro departamento de correspondencia y le mandé a decir que terminara la relación. No te comprometas en un tipo de relación como esa. Ahora bien, si ya estás en un matrimonio, la solución no es tan fácil. ¿Qué haces en el caso de estar casada con un hombre iracundo, comprometida con un hombre iracundo?

Cuando oímos estas cosas, cuando vemos lo que está pasando en el mundo — algunas veces vivimos con ellas en nuestro entorno — ¿cuáles son algunas de las respuestas y emociones naturales que sentimos ante las personas que hacen lo malo, los malhechores, o lo que está mal hecho?

Esas cosas son las que nos pueden hacer sentir desamparadas, fuera de control, sepultadas, inundadas en la cultura que nos rodea. Podemos sentirnos abandonadas. Pienso que muchas veces aflora en nosotras un sentimiento de ira y agitación. Nos podríamos sentir —como dijo esa señora— asustadas, descorazonadas, desilusionadas. Todas esas son respuestas naturales al darnos cuenta de que vivimos en un mundo caído y desastroso, y todo esto nos llega por todas partes.

Por eso quiero que en los próximos días quiero que veamos un pasaje de la Escritura que nos dice qué hacer acerca de lo mal hecho en nuestra cultura, lo mal hecho en nuestros hogares, lo mal hecho en nuestras iglesias, lo mal hecho en nuestros lugares de trabajo; nos dice qué hacer al respecto.

Me refiero al Salmo 37. Es un salmo familiar para la gran mayoría. No vamos a ir con detalle por todo el salmo, pero he estado meditando en los primeros once versículos.

Me he detenido ahí y he estado morando en estos versículos, memorizándolos, citándolos, repitiéndomelos a mí misma, y aplicándolos a las diferentes circunstancias de la vida. Quiero que nos tomemos un tiempo meditando estos versículos, no tan profundamente como pudiéramos, pero si echarles un vistazo general a lo que debemos hacer cuando nos rodea intensamente la maldad.

Muchas de ustedes están familiarizadas con el Salmo 37 como dije. Trata con un asunto que el pueblo de Dios en cada generación ha tenido que enfrentar, y es la presencia activa de la maldad y de los hacedores de maldad en nuestro mundo; una maldad que no es pasiva. Una maldad que es activa. Que va en aumento. Que se mueve hacia adelante a nuestro alrededor. La pregunta es, “¿cómo debe responder el pueblo de Dios?”.

Más aún, este pasaje lucha con el hecho de que no solamente nos rodea fuertemente el mal, sino que misteriosamente o de una forma difícil de explicar, las personas que viven vidas piadosas sufren aflicciones mientras que las que viven vidas impías muchas veces prosperan. ¡Vaya usted a ver! ¿Por qué es eso? ¿Cómo podemos lidiar con esa realidad?

¿Y qué tal el gerente que miente, con ética profesional dudosa que pisotea a la gente y entonces, él es promovido? ¿Por qué prosperan los impíos?

¿Y qué del hombre casado que vive una relación adúltera abiertamente, sin preocuparse, divirtiéndose —y que aparentemente le va bien en la vida o por lo menos eso parece— mientras que su esposa y sus hijos sufren en la casa?

¿Y qué me dices de la gente que vive endeudada, que no paga sus facturas, que tienen de todo mientras que tú, siendo responsable con tus finanzas, con dificultad logras llegar a fin de mes? Hay muchas cosas que son inexplicables cuando miras a tu alrededor.

Ahora bien, el Salmo 37, no provee una explicación para esas aparentes injusticias, pero si reta a los creyentes a ver esta realidad bajo una luz distinta.

¿Cómo debemos verlo? Tenemos que verlo a la luz de la eternidad.  Este salmo nos reta a que respondamos ante estas injusticias a la luz de la voluntad y los propósitos soberanos de Dios.

No me cabe duda de que Jesús estuvo muy familiarizado con este salmo. Es posible que lo tuviera presente en medio del Sermón del Monte, cuando Él dijo “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.” (Mateo 5:5)

Cuando Jesús dio esas bienaventuranzas, Él puso la sabiduría convencional de cabeza. Las cosas que dijo fueron diametralmente opuestas a nuestra forma natural de pensar.

¿Felices son los pobres en espíritu? ¿Dichosos son los que lloran? ¿Bienaventurados son los mansos? O sea, el mundo piensa totalmente lo opuesto. Pero Jesús dijo que los mansos son bienaventurados porque ellos van a heredar la tierra.

Creo que Él con toda probabilidad estaba pensando en el Salmo 37 cuando dijo esas palabras porque —como algunos comentaristas han señalado— porque el Salmo 37 es una exposición de la tercera bienaventuranza. “Bienaventurados son los mansos”. El Salmo 37 es uno de ocho salmos acrósticos incluidos en el libro de los Salmos. Salvo unas pocas excepciones, a lo largo de este salmo, cada estrofa o copla empieza con una sucesión de letras del alfabeto hebreo.

Las Escrituras nos dicen, al inicio de este salmo, que fue escrito por David, un David ya maduro. ¿Cómo sabemos eso?

Mira el verso 25. David dice “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.”

Por lo que ya David es un hombre mayor. Ha vivido mucho. Ha visto mucho. Ha estado en muchos lugares y reflexiona acerca de lo que ha visto a lo largo de los años. Ha visto mucha maldad. De hecho, David muchas veces fue víctima de esa clase de opresión: el hijo que trató de quitarle su reino; Simei quien lo maldijo; gente traidora que lo traicionó. Él ha sido el receptor de todo esto.

Pero el también reconoce, con humildad de corazón, que él ha sido el causante de algunas de esas cosas. Él fue el hombre que tomó a la esposa de otro hombre traicionando la confianza de dicho hombre.

Por lo que David ha sido el receptor y el que ha causado maldad en el mundo. Pero a medida que mira hacia atrás y reflexiona, piensa en cómo trata Dios con los justos y cómo trata con los malvados.

David piensa en el rey Saúl y en cómo por años él lo persiguió,  trataba de atacarlo y cómo parecía que Saúl ganaba— y cómo que tenía todas las de ganar. Pero entonces él mira hacia atrás, con la experiencia que le han dado los años, y se da cuenta de cómo Dios venció sobre todo, cómo Dios cuidó de él, de cómo Dios lo guió en medio de los ataques y lo protegió en medio de la oposición.

Se da cuenta de que la última palabra no se ha escrito.

•       El capítulo final no se ha escrito.

•       Dios está aún en Su trono.

•       Dios está venciendo sobre el mal de este mundo.

•       Y cuando la última palabra sea dicha, Dios habrá obtenido la victoria.

A David no le quedan dudas al mirar hacia atrás.

Ahora bien, a medida que avanzamos en este salmo, vamos a ver —ante la maldad de este mundo— algo que no debemos hacer y es en lo que nos vamos a enfocar el día de hoy. Luego, en los días siguientes, ya veremos lo que debemos hacer en respuesta a estos malhechores.

El pasaje empieza en cómo no debemos responder. Vas a ver ese mandato o exhortación tres veces, empezando en el versículo 1 y, luego  en el versículo  7 y en el 8. Y lo que no podemos hacer ante la maldad —ya sea cuando hablamos de algo de gran magnitud o algo pequeño—¿qué no debemos hacer? La única cosa que no debemos hacer es precisamente la que, por naturaleza, somos más propensos a hacer, y pienso que por eso lo dice tres veces. Salmo 37:1 “No te irrites a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que practican iniquidad.” Luego en el versículo 7: “No te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas.” Y, en el versículo 8: “Deja la ira y abandona el furor.”

No te irrites. Ahora bien, cuando usamos la palabra “irritación” pensamos de inmediato en preocupación. “No te preocupes. No te impacientes,  No te pongas ansiosa.” Y ese es un significado de la palabra “irritar”.

Pero la palabra “irritación”, como la vemos en el hebreo original, como la he estudiado, sugiere algo más que simplemente el estar preocupada o molesta. Sugiere  más que eso.

Esta palabra en hebreo significa literalmente “No te acalores.” La palabra significa “quemarse; encenderse; enrojecerse de furia; indignarse.” Significa “el encenderse o enfurecerse; el incomodarse; el resabiar.” No te irrites. No te enfurezcas ante lo mal hecho. No te agites ni te enojes. No dejes que te hierva la sangre.

De hecho, en el versículo 8, se aprecia la conexión entre la ira y el enojo. Mira el verso 8 dice: “¡Deja la ira y abandona el furor! No te enfurezcas.”

En la poesía hebrea, tiene lo que se llama paralelismo, y eso implica que una frase se dice de manera ligeramente distinta, pero con el mismo significado—una detrás de la otra. Por eso dice: “deja la ira” y “abandona el furor”. Lo que se traduce en “no te irrites; no te incomodes.” En el diccionario dice “cesa la ira”. Significa, “déjalo; suéltalo.” Deja la ira significa “déjala atrás; aléjate de ella.” No te aferres a tu enojo. Suéltalo. Déjalo pasar. Apártate de él. Cesa. No te incomodes con eso.

Esa ira, creo, está dirigida primeramente a Dios. Aunque no lo hagamos conscientemente.

Dirás, “No, no yo estoy molesta con Dios. Es mi hijo de ocho años. O es mi marido que se comporta como un niño de ocho años. O es mi jefe que está siendo totalmente irracional.” “Estoy incómoda con la persona”. Pero, invariablemente, encontramos que nuestra ira —en cierta medida— va dirigida a Dios porque lo que estamos pensando (aunque sea a nivel del subconsciente) es “Si Dios está en control y Él es tan grande y Él es tan maravilloso, ¿por qué no está haciendo algo al respecto? ¿Por qué está pasando esto? ¿Por qué no lo cambia? ¿Por qué no me saca de esta circunstancia? ¿Por qué no derrota a ese malvado dictador?”

Por lo que primero y ante todo, es ira hacia Dios y a Sus caminos. Ira debido a nuestras circunstancias.

Luego, el enojo se enfoca en otros, es cómo impactan nuestras vidas. Tendemos a incomodarnos porque vemos que nuestra obediencia y nuestro esfuerzo de vivir correctamente no parecen darnos ningún beneficio.

¿Para qué ser una mujer de Dios, para qué ser una mujer verdadera? No parece estar proveyendo alivio para mi dolor o para seguir viviendo en este mundo caído. Todavía tengo que darle la cara a esa gente. Somos propensas a incomodarnos. Tendemos a enfurecernos. Tendemos a hervir. Tendemos a ponernos tensas y a agitarnos. Pero la Escritura dice “¡Deja la ira, y desecha el enojo! No te enfurezcas; solo conduce a hacer lo malo.”

En algunas de sus Biblias la traducción dice “al mal” (NVI).  Pienso que en la Nueva Versión Internacional dice “conduce al mal” En hebreo es la misma palabra que se usa donde dice “no te irrites a causa de los malhechores.”

Verás, si miramos a nuestro alrededor y vemos a los hacedores de maldad. Y si reaccionamos agitadas, enojadas o enfurecidas a causa de los malignos, ¿sabes lo que pasa? Nos convertimos nosotras mismas en hacedoras de maldad. “Solo haríamos lo malo”.

Si te irritas y te incomodas con quienes te provocan o quienes provocan a Dios, terminas siendo el mismo tipo de persona que los que te están provocando. Y todas hemos visto eso en nosotras.

Quizás no lo externemos. Aunque algunas sí, pero la mayoría de nosotras lo hacemos internamente. Pero te conviertes en esa persona que te está llevando la contra. Si nos irritamos terminamos siendo hacedoras de maldad. Eso solo nos llevará a hacer lo malo.

De manera que las Escrituras dicen “No dejes que los malvados y aquellos que hacen lo mal hecho, te hagan pecar.” Es por eso que comienza con “No te impacientes. No te enojes. No te enfurezcas. No te abandones a la ira.” por eso debemos ser cuidadosas en no dejar que esta ira desarrolle raíces en nuestros corazones. Si hace raíz invariablemente nos llevará a pecar.  Por lo que ¡córtalo de raíz!

“No te irrites”. Habla de la actitud y condición del corazón. Antes de que se te zafe, antes de que explotes de ira, antes de que digas algo cruel o hagas algo  malo, trata con el enojo en tu corazón.

“No te irrites”. No dejes que florezca en tu corazón. No lo dejes echar raíces. No te incomodes”  Nuestra reacción ante los pecadores, ante las circunstancias y las providencias de la vida, esas respuestas revelan lo que hay dentro de nuestros corazones. Si empezamos a decir groserías, y si empezamos a hiperventilar o a hacer (lo que a veces hago yo) “¡Oh, no! ¡No puedo creer lo que está pasando!”

Si empezamos a proferir palabras, palabras llenas de ansiedad, eso refleja el hecho de que nos estamos incomodando en el interior de nuestro corazón. Nos hemos enfureciendo. Hemos llegado a estado de ebullición. Santiago capítulo  1 versículo 20 dice “porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.” Nunca vas a triunfar sobre lo malo, haciendo lo malo. Y cuando te impacientas y te incomodas te conviertes en una hacedora de maldad.

La razón por la que no tenemos que irritarnos es porque no somos Dios. Dios está en control. Él puede manejar este mundo. Él puede controlarlo. Él puede cambiar a los malhechores y lo va a hacer en Su tiempo. Eso es lo que vamos a ver en este Salmo.

Chambers dijo, “Toda nuestra irritabilidad y preocupación se debe a que calculamos sin tener en cuenta a Dios.” Y, podría añadir que —nuestra irritación, preocupación y furia— se debe a que tratamos de ser Dios, tratamos de tomar las riendas de algo que no nos corresponde. Dios es quien está a cargo.

Entonces, ¿cómo aplicamos esto cuando vemos la maldad en nuestra cultura— en nuestros políticos, en las noticias mundiales, las celebridades haciendo alarde de inmodestia e de inmoralidad? Y lo vemos, no solamente en la cultura, sino en nuestros hogares, en las iglesias y en los lugares de trabajo. Vemos cosas que sabemos están mal. ¿Qué se supone que hagamos?

Debemos contristarnos por el pecado. No nos debemos hacer inmunes ni enterrar nuestras cabezas en la arena —como el avestruz— y pretender que no existe. No dejes que te salga una úlcera. No te enojes. No dejes que lo mal hecho del otro te robe tu gozo y tu paz.

Si le respondemos a los hacedores de maldad con ira, nos convertimos en hacedoras de maldad nosotras también. Más aún, perdemos la oportunidad que Dios quiere darnos para influenciar e impactar a otros y para ayudarles a redimir sus vidas.

Escúchenme, amigas, las cristianas no debemos ser conocidas como personas reaccionarias y airadas. Hay muchas cosas en este mundo que son muy, muy graves y muy pecaminosas. Pero el mundo no debe mirarnos y pensar “Siempre están perdiendo los estribos por todo. Son personas reaccionarias y malhumoradas.”

No te irrites. No pierdas los estribos.  ¿Hay alguna situación en este momento que te tenga en ese estado? ¿Hay algo en tu vida que te está siendo problemático? Estás furiosa. A punto de estallar. Estás hirviendo por dentro y sientes la temperatura subir.

Es como cuando coces algo a fuego lento, pero si no lo retiras del fuego y dejas que se siga calentando. Va a llegar a punto de ebullición y —cuando llega a ese punto— se desborda.

¿Estás irritada con algo? ¿Te has enfurecido en tu interior al punto de exteriorizarlo agitadamente? ¿Te has convertido o te estás convirtiendo en el hacedor de maldad que te está abrumando tanto?

Piensa por un momento en tu matrimonio. Piensa en la dinámica, la química de ese hijo para quien nunca se ha  escrito un libro de texto. ¿Te estás poniendo a su nivel? ¿En tu lugar de trabajo, en esa relación tan tensa, has llegado al punto de ebullición?

Si ese es el caso, antes de que continuemos con este Salmo, el punto de partida es ponerte de acuerdo con Dios y decir.  “Si señor, tienes razón. Estoy equivocada. Me he estado incomodando. Hay furia en mi corazón. Me está devorando por dentro. Lo he dejado que me afecte. Estoy furiosa. Estoy rabiosa. He pecado contra ti al estar de resabiosa.”

Confiésalo. Arrepiéntete. Luego, durante los próximos días, veremos no solamente lo que no debemos hacer — perder los estribos por causa de los hacedores de maldad— sino que veremos lo que Dios nos manda a hacer de una forma positiva y redentora.

Leslie: El irritarse es un hábito arraigado en muchas de nuestras oyentes. Pero Nancy Leigh DeMoss te ha estado invitando a que te liberes de las preocupaciones en la serie llamada Salmo 37: Un corazón en calma en medio de un mundo turbulento.

Ella te estará enseñando cómo evitar la tentación de preocuparte e incomodarte en los próximos programas y espero que nos sigas acompañando.

Podemos traerte este tipo de enseñanzas bíblicas y prácticas gracias a las oyentes que contribuyen con Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: De hecho, hay personas como esas escuchando el programa en el día de hoy. Esposas y esposos teniendo dificultades en sus matrimonios y con la necesidad de la intervención divina; mujeres descorazonadas que necesitan dirección, apoyo, ánimo y —algunas veces— ser confrontadas con la Palabra de Dios.

Escucha, estamos en una batalla espiritual y es por eso que tus oraciones son tan importantes para ayudarnos a llevar la verdad a estos corazones y para verlos responder a esa verdad diciendo “Sí, Señor.”

En adición a tus oraciones, también necesitamos el apoyo financiero del pueblo de Dios, de aquellos que tienen un corazón para este mensaje y que deseen ver cómo hacer una diferencia en las vidas de miles de radioescuchas en nuestro país y alrededor del mundo.

Por lo que gracias por sus oraciones, gracias por el apoyo financiero que el Señor les dirija a hacer para ayudarnos, para ayudarnos a continuar haciendo una diferencia en los corazones y en los hogares de su comunidad.

Leslie: Visita nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ser de tu interés y hacer una donación. También puedes llamarnos al 1-800-569-5959 desde EEUU y Canadá.

¡Tenemos buenas noticias para ustedes! Nuestros amigos de la casa de publicación Moody recientemente nos dieron una maravillosa noticia. El libro “Buscándole a Él” (“Seeking Him”, como se le conoce en ingles) está disponible en formato electrónico, justo a tiempo para el inicio de la serie que comienza la semana próxima. Estará disponible en tres módulos: lecciones 1-4, 5-8, y 9-12. Visita www.AvivaNuestrosCorazones.com para más informes sobre cómo adquirirlo.

No te pierdas la oportunidad de hacer este estudio junto con nosotros durante las siguientes 12 semanas. ¡Compra tu copia hoy y preparémonos para un avivamiento!

Visita nuestra página de internet, www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás recursos que pueden ser de tu interés y hacer una donación. También puedes llamarnos al 1-800-569-5959 desde EEUU y Canadá.

Bueno, cuando tu mente está llena de las Escrituras, tus días y noches van a ser diferentes. Entérate por qué en nuestra próxima entrega cuando Nancy continúe con el Salmo 37. Te esperamos en Aviva Nuestros  Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

3/4 – Formando jóvenes campeones

El Amor que Vale

Serie: Un futuro para la familia

3/4 – Formando jóvenes campeones

Adrian Rogers

Aprenda a criar un hijo sabio y como comenzar cuando el es lo que la biblia llama simple y evitar que se convierta en un burlador o peor aún, un insensato.

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

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Católica, evangélica, y reformada

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Católica, evangélica, y reformada

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/26707623

Continuamos con el panorama general del tema «Qué es la Teología Reformada». Hace un tiempo publiqué un libro titulado “Gracia Desconocida», y la frase, la frase del subtítulo de este libro es «El Corazón de la Teología Reformada». Lo que estoy tratando de hacer es seguir el bosquejo del libro, el cual detalla a mayor profundidad todo lo que voy a decir en este breve resumen.

En nuestra primera sesión, vimos que la Teología Reformada es una teología, y ahora quiero sugerirles que la Teología Reformada es una Teología Sistemática. Uno de los privilegios en mi vida ha sido poder enseñar la disciplina de la Teología Sistemática a nivel de seminario.

Y sé que, en estos nuevos tiempos, con el advenimiento de la filosofía existencialista, por ejemplo, ha habido esta creciente antipatía o alergia, por así decirlo, contra todo lo que signifique sistemas, y en ocasiones con buena razón. Parte de la preocupación que la gente tiene es que sabemos lo que pasa cuando la gente adopta un sistema de filosofía y luego toma ese sistema y lo traslada a las páginas de la Biblia y luego trata de forzar todo lo que la Biblia dice conforme a ese sistema.

La idea de un pensamiento sistemático va mucho más atrás en la historia de la iglesia, pero aun en el período de la ilustración con la llegada del método científico moderno, los filósofos de aquellos días descubrieron o abogaron por un método o ciencia que llamaron el método analítico de estudio el cual en otros términos y en un lenguaje más común se llamaba: la tarea de búsqueda para encontrar la lógica de los hechos, es decir que los científicos explorarían los detalles del universo físico y dirigirían sus telescopios al cielo para recopilar tanta información particular como les fuera posible, luego de obtener estos datos intentarían encontrarle sentido.

Trataron de ver cómo encajaban juntas todas las piezas en particular. Históricamente, la tarea de la teología sistemática ha sido algo así. No es venir a la Biblia con un sistema preconcebido, sino ir a la Biblia, escuchar la palabra de Dios en todas sus particularidades, en todos sus detalles, y entonces, tratar de discernir cómo todas estas verdades individuales encajan entre sí, porque el supuesto de la teología sistemática es esta: que la Biblia es coherente, que, aunque Dios nos revela muchas cosas a nosotros, toda Su verdad está unificada en su propia persona y en su propio carácter. Me encuentro, de hecho, con la enseñanza.

A veces tengo charlas que se convierten en una especie de discusión abierta con mis estudiantes, y empezamos el seminario mirando una doctrina en particular dentro de la variedad de la teología sistemática, porque si les permito a los estudiantes hacer sus preguntas seguro que terminamos en otros temas muy lejos a la doctrina que empezamos a estudiar.

A primera vista podría parecer que sólo estamos dando vueltas persiguiendo conejos por caminos innecesarios, pero luego les recuerdo a ellos: les dije que esas preguntas que me están haciendo son preguntas que deberíamos hacernos ya que fluyen de la doctrina que estamos estudiando, porque cada doctrina de la Teología Cristiana toca de alguna manera todas las demás doctrinas de la fe.

Es decir que toda la fe cristiana está íntima e intrínsecamente relacionada en todas sus partes. De hecho, una de las cosas que nunca deja de sorprenderme es la manera en que la Biblia habla de tantas cosas durante tantos años y con miles de detalles y sin embargo, la simetría de las Escrituras está allí. Todo esto encaja de una manera tan coherente.

Cuando decimos que la teología reformada es sistemática, eso es lo que estamos diciendo desde el principio, que no estamos tratando de imponer un sistema a las Escrituras, sino de encontrar el sistema de doctrina que está en las mismas Escrituras para ver cómo todas las piezas encajan juntas. Ahora, una de las ironías de la teología reformada, y voy a usar la palabra paradoja a pesar de que a veces choco con esa palabra, les digo a mis alumnos cuando estudiamos teología sistemática que usualmente iniciamos la teología sistemática con el estudio de lo que llamamos teología propia.

No hablamos de lo opuesto a la teología impropia, sino que la teología propia se refiere a un enfoque sobre la doctrina de Dios. A diferencia de la doctrina del pecado o la doctrina de la justificación o alguna otra doctrina, sino más bien sobre nuestra comprensión de la naturaleza y el carácter de Dios mismo. Y aquí es donde la paradoja entra en juego.

Al inicio de este estudio, les digo a mis alumnos que, si nos fijamos en los credos y confesiones reformadas, y leemos lo que dicen sobre la naturaleza de Dios, tendrán que buscar con mucho, mucho esfuerzo para ubicar algo allí que sea claramente reformado.

Me refiero a las confesiones de los metodistas y luteranos y Episcopales y todas las demás denominaciones, tienen básicamente el mismo contenido y las mismas afirmaciones en sus credos. Todos decimos que Dios es eterno. Todos creemos que Dios es invisible, que Él es Espíritu, que Él es inmutable, omnipotente, omnisciente, y todas esas cosas de las que hablamos con respecto a los atributos de Dios.

Por eso digo, por un lado, no hay nada particularmente distintivo de la doctrina de Dios en la Teología Reformada que haga a la Teología Reformada diferente de otra teología. Sin embargo, una vez más, aquí está la paradoja. Si alguien me dijera, Roberto, ¿cuál crees tú que es el aspecto más distintivo de la teología reformada?, no dudaría en responder a esa pregunta diciendo, oh, es nuestra doctrina de Dios.

Ustedes dirán, espera un minuto. Me estás mareando con todo esto. Acabas de decir hace un momento, te oímos decirlo, que no hay nada particularmente distintivo entre la doctrina de Dios y la Teología Reformada. Y ahora estás diciendo que, al mismo tiempo, paradójicamente, lo que más distingue a la Teología Reformada es su doctrina de Dios. ¿Qué estás tratando de decir? Puedo ver las caras de asombro en aquellos que están sentados justo frente a mí, en este mismo instante. cuando hago esta afirmación aparentemente contradictoria. Y resalto «aparentemente». Permítanme tratar de aclarar esto y explicarles lo que quiero decir. Todos los cristianos tienen una afirmación de credo básicamente ortodoxa acerca del carácter de Dios, pero lo que creo que sucede con frecuencia en otras teologías es que cuando se desvía la atención hacia otra doctrina hay una tendencia a olvidar su afirmación sobre el carácter de Dios.

Y la doctrina de Dios es solo una de muchas doctrinas de la fe, más que la doctrina dominante de la fe. Por ejemplo, nunca en mi vida he conocido a un cristiano que me mire a los ojos y me diga que no cree que Dios es soberano. Los cristianos, en esencia, están bastante dispuestos a afirmar la soberanía de Dios.

Pero si orientamos el debate en relación a la soberanía de Dios, por ejemplo, con la doctrina de la elección, con las doctrinas de la gracia, en muy poco tiempo habrá una controversia muy muy seria sobre la naturaleza de Dios. ¿Dios establece todo lo que va a ocurrir?

¿Sabe Él todo lo que va a pasar antes de que suceda? Una vez más, si volvemos a preguntar si crees que Dios es omnisciente, la mayoría de los cristianos dirán que sí. Pero luego, cuando exploramos lo que significa que Dios lo sabe todo, ¿estamos hablando de lo mismo? ¿Estamos diciendo que Él lo sabe, simplemente porque Él tiene percepción de genio?, ¿o decimos que Él sabe todas las cosas porque Él ordena todas las cosas. Es decir, ¿cuál es la relación entre Su soberanía con Su Conocimiento?

En Teología Reformada constantemente probamos nuestra doctrina, volviendo a nuestra comprensión fundamental del carácter de Dios. Y realmente creo que es el único factor central de la Teología Reformada, o sea que está incansablemente comprometida a mantener la pureza de la doctrina de Dios a través de todos los demás elementos de nuestra teología.

Ahora, hay algunas otras cosas que quiero decir sobre la Teología Reformada, y es que la Teología Reformada no solo es sistemática la Teología Reformada es católica. Ahora, ¿qué quiero decir cuando digo que la Teología Reformada es católica? Por lo general, pensamos en la Reforma como una protesta contra el catolicismo, pero recuerden que la teología que surgió y que se puso al frente del escenario en pleno siglo XVI no fue algo que se inventó por primera vez en el siglo XVI.

Fue una reforma no una revolución. Fue un intento en el siglo XVI de recuperar la fe Histórica Apostólica cristiana. Y en el tiempo de la Reforma prácticamente todas las iglesias que surgieron de ahí continuaron abrazando las Verdades católicas de la fe cristiana, es decir, las verdades que abrazaron y confesaron los cristianos de todas las tendencias, de todas las denominaciones, y de todas las tradiciones.

Quiere decir que aquí la palabra católica no se refiere a la iglesia romana ni a la iglesia católica rusa o a algún otro grupo en particular, sino más bien que el término se usa en el sentido original de su significado universal: toda la iglesia.

Por ejemplo, en los primeros siglos la iglesia tuvo que convocar Concilios claves para hacer frente a los principales problemas teológicos por las amenazas de las grandes herejías, como la controversia Ariana en el siglo IV, la controversia Monofisita en el siglo V, y así por el estilo.

Fue en estos grandes concilios, como el Concilio de Nicea, donde la Deidad de Cristo se abrazó y confesó firmemente. En el siglo V, durante el Concilio de Calcedonia la Iglesia confesó su fe: que Cristo es verdadero hombre y verdadero Dios. Ahora, las afirmaciones del cristianismo histórico acerca de la Trinidad, la deidad de Cristo, la expiación de Cristo, esas son afirmaciones que son compartidas por todos los grupos cristianos ortodoxos históricamente.

Esas afirmaciones se encuentran históricamente en todos los credos de las diversas denominaciones. Así que tanto los luteranos, como metodistas, episcopales y presbiterianos, históricamente, tienen un gran grupo de doctrinas en común que comparten entre todos ellos. Y esa esencia común del pensamiento cristiano es la base sobre la que descansa toda la teología.

Así que cuando hablamos de Teología Reformada como un distintivo para diferenciarla, por ejemplo, de la Teología Dispensacionalista o la Teología Luterana o cualquier otra teología particular de la que estamos hablando, reconocemos ante todo que hay un núcleo común de la doctrina que forma parte de todos estos distintos grupos.

Ahora, la razón por la que digo esto es por la tendencia que hay de pensar en Teología Reformada como si ésta fuera el distintivo de la Teología Reformada. Algunos me dicen: «háblame de la Teología Reformada. ¿No es la de los cinco puntos del calvinismo?». Y yo digo, pues sí, los cinco puntos del calvinismo tienen mucho que decir y mucho que ver con la Fe Reformada, y vamos a explicar esos conceptos más adelante en esta serie. Pero sería un grave error de la Teología Reformada pensar en ella exclusivamente en términos de nuestros distintivos.

Hay que recordar que esas doctrinas descansan sobre una base común que compartimos con muchos otros grupos cristianos. Es decir, tenemos la fe católica. Ahora bien, además de esto, toda Teología Reformada es evangélica. Ahora este es un segundo gran título que estamos usando. El primero era católico, y éste es evangélico.

Ahora todos los que son evangélicos en el sentido histórico también son católicos. No todos los que son católicos son evangélicos, pero todos los que son evangélicos comparten la doctrina común de la Iglesia universal con todos los demás. Ahora no todo el que es evangélico es presbiteriano o luterano o metodista, o cualquiera de estas otras denominaciones, de modo que no todo el que es evangélico es reformado.

Pero todo el que es reformado en el sentido histórico del término también es evangélico. Compartimos no sólo una herencia común de cristianismo católico, sino que, con los hermanos protestantes compartimos una tradición común evangélica. Ahora, el término evangélico está otra vez bajo acoso hoy en día, y es una cuestión de confusión en cuanto a lo que realmente es en nuestros tiempos.

Esta confusión no existe históricamente. Fue en los tiempos de la Reforma donde el término o etiqueta evangélico se acuñó, y fue acuñado por los reformadores porque ellos creían que con la doctrina de la justificación sola por fe ellos estaban recuperando lo evangélico del evangelio del Nuevo Testamento.

Y puesto que el corazón de la controversia del siglo XVI se centró en la doctrina de la justificación, todo el debate se centró en la pregunta: ¿qué es el Evangelio? Así que los protestantes se llamaron a sí mismos evangélicos, entendiendo por esa etiqueta que estaban adoptando la definición de Lutero de la doctrina de la justificación: justificación por fe.

De esa tradición, como sabemos, había muchos en el siglo XVI que abrazaron la posición de Lutero sobre la justificación como la posición bíblica. Y ciertas tradiciones diferentes provienen de allí, todas manteniendo la convicción básica central de que la justificación es solo por fe y que este es el corazón mismo del Evangelio en sí, pero fueron en otras cosas donde diferían, por ejemplo, sobre el asunto de los sacramentos, sobre el gobierno de la iglesia, y sobre otras doctrinas, pero mantuvieron este compromiso común a eso.

La otra doctrina que era común al evangelicalismo histórico fue la doctrina de la autoridad de las Escrituras, o lo que se llama la Sola Scriptura, que vamos a ver más adelante. Y así, los historiadores han dicho que el asunto material o la causa de la Reforma fue la doctrina de la justificación, la causa formal fue la doctrina de la autoridad de la Escritura.

Y una vez más, la Reforma vio una fragmentación de numerosos grupos de protestantes, había una unidad básica de acuerdo entre ellos sobre dos tesis centrales: Primero, la doctrina de la justificación por la fe sola, y segundo, la doctrina de la autoridad de la Escritura. Así que, ahora vamos a la tercera etiqueta, que es: «Reformado». Cuando usamos esta etiqueta estamos haciendo otras distinciones en la taxonomía de la teología.

La taxonomía es la ciencia de la clasificación. Hacemos eso en el mundo biológico. Dividimos en reinos: el reino vegetal y el reino animal. Todas las plantas están en el reino vegetal, y por otro lado, todos los animales forman parte del reino animal. Una vez que tienes los distintos reinos, luego los subdivides, en clase, orden, familia, género, y las especies y todos esos diferentes tipos de clasificaciones. en la medida que refinas más y más las divisiones entre los mamíferos y reptiles y vertebrados e invertebrados y todo ese tipo de cosas, vas haciendo distinciones cada vez más y más finas para tratar de comprender el mundo que nos rodea. Nosotros hacemos lo mismo en teología y en las tradiciones teológicas.

Ahora, hay muchos grupos evangélicos, como ya he dicho: luterano, episcopal, metodista, bautista, y así sucesivamente. Y ellos difieren entre sí en ciertos puntos. Y cuando hablamos de un luterano diremos que un luterano es una persona que se aferra a las doctrinas históricas que son particularmente características del luteranismo.

Ellos también son evangélicos, y también son católicos. Ahora, definiendo la Tradición Reformada, encontramos doctrinas que son exclusivas a la Fe Reformada, que no siempre son compartidas por otros entes cristianos.

Por eso, cuando decimos que alguien es reformado, estamos diciendo, todo al mismo tiempo que esa persona abraza distintivamente los credos reformados de la historia, como el Catecismo de Heidelberg, la Confesión de Bélgica, la Confesión de Westminster, y así sucesivamente.

Además, comparten una herencia evangélica común con otros creyentes, y todo el tema se basa en el fundamento católico. Y a modo de preparación. Tenemos que tener cuidado de no pensar que lo reformado, y solo esto, es la Fe Reformada, porque la Fe Reformada, a pesar de que tiene sus propias características distintivas, contiene en sí doctrinas unificadoras con otros cristianos: con todos los evangélicos y con los que retienen las verdades católicas del cristianismo histórico.

Lo que vamos a hacer en el resto de esta serie es prestar atención a los distintivos que diferencian a la Teología Reformada de otra teología evangélica, y del amplio título de la teología católica. Así que de ahora en adelante vamos a estar examinando los distintivos, pero solo con esta salvedad, ahora, y esta advertencia; voy a recalcar esto para que recuerden que cuando nos fijamos en los distintivos, los distintivos no son todo lo que está ahí. Los distintivos establecidos en la tribuna están establecidos ahí sobre la base del cristianismo católico y evangélico.

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